sábado, 28 de febrero de 2026

TEMPUS FUGIT, NAZARENO DEL AMOR

Decía un antiguo pregonero: "Tempus fugit, nazareno del Amor, la vida no es más que un seise al que le cambia la voz. El blanco antifaz de la vida en negro ruan se tornó". Y tengo esa frase marcada en el alma. Jamás tal parábola escrita para cofrades podía describir tan bien el avance del tiempo. La Hermandad del Amor de Sevilla procesiona con el paso de la Borriquita a partir del mediodía del Domingo de Ramos, con nazarenitos blancos en una explosión de júbilo y alegría cuando esos pequeños capirotes blancos bajan por la "rampla" del Salvador. Sus caras de niños van cubiertas por blanca tela, color de la inocencia y carencia de mácula en sus almas. A la media tarde regresan al templo y sale otra vez la cofradía, pero esta vez con los pasos del Cristo del Amor y de la Virgen del Socorro, alumbrados por altos y adultos nazarenos vestidos con túnica de ruan negro, color del desgaste y las manchas adquiridas por la experiencia. Un resumen maravilloso del rápido transcurrir del tiempo. Lo que por la mañana eran niños vestidos de blanco, al ocaso del día son adultos vestidos de negro. En un parpadeo pasa la vida. In ictu oculi. Y como los niños nazarenos dan caramelos a la gente que hay viendo la procesión, seguía diciendo el pregonero que, cuando esa misma persona que salió siendo infante vestida de blanco, volvía de nuevo al templo ya con su túnica negra, ni se hubo dando cuenta que había consumido su tiempo y habían tornado del blanco al negro tanto él como los espectadores y "entonces un niño antiguo una mano le extendió, quiso darle un caramelo, pero ya no lo encontró". Y llevo días con recuerdos cofrades que me llevan a acordarme muchas veces de aquellas frases del pregonero...

Sería el año 1987, ¡qué lejano suena ya!, ¿verdad?, hablo de cuatro décadas atrás, era un año del siglo pasado y, sin embargo, quiero creer que no hace tanto. Era mi tierna infancia cuando la semilla cofrade que en mí depositaron mis padres comenzaba a enraizar. Aquella incipiente primavera vestía la túnica de la Hermandad de la Santa Cena y la calle Altagracia era mi hogar cofrade: mis abuelos, mis primos, mis tíos, mis padres... Todos estábamos allí en torno a la fuente de torrijas que había hecho mi abuela mientras se oían tambores por el Perchel. Algunos de aquellos ya no están y, sobre todo, faltaban muchos por venir. Hoy, paso por aquella acera donde se estrellaba el sol en las fachadas recién jalbegadas, miro al balcón de mi infancia y está vacío. Pende a jirones una parte del toldo que allí quedó abandonado y atisbo a contemplar una sonrisa en el cielo, entre beca verde universitaria y azul de la Dolorosa, mis recuerdos siguen evocando aquellos años. Parece que hubiera pasado un rato y, sin embargo, han pasado muchos años. Agarro la mano de mi hija y le cuento lo que yo viví allí, en ese balcón del un tercer piso de la calle Altagracia, porque ella, dentro de otro rato, recordará también lo que su padre le contaba hace años. La tuve en mis brazos en esa misma acera recién nacida y, desde hace escasas dos semanas, ya va camino de abandonar el conteo de cumpleaños con un única cifra. El tic tac sigue impasible.

Siguieron (y siguen) las agujas del reloj sus derroteros de giro hacia la derecha, sin volver nunca para atrás. Y con ello pasando los días, los meses, los años, las Cuaresmas... Y sin darme cuenta de lo que eso significaría cambié el blanco antifaz por una corneta. Iría a cara descubierta y comenzarían un par de décadas que, sin duda, me han hecho llegar a ser, cofrademente hablando, lo que soy a día de hoy, para bien o para mal. Me involucré en la música cofrade y, conforme pude, en el oficio costalero. Eso me llevó a mis primeras excursiones a Sevilla y a aprender a conocer y a vivir la Semana Santa que amo: la de la calle, la de las bullas, la de la revirá eterna de un palio en una estrechez, la de un misterio aguantando el solo de corneta para lanzar un izquierdo y quedarse de costero, la de las petalás en un balcón lleno de juventud y cajas donde un abuelo en su silla sonríe, la de un grupo escultórico que camina racheado, sin música, sin aplausos, derrochando arte en cada zancada, la de las vísperas preciosas viviendo cofradías desde dentro que a la vez que limpian plata prestan túnicas, la de las tertulias (y post tertulias) en la barra de un bar, la de la familia y amigos conjugados en un reencuentro de tradición, gastronomía y rincones... En definitiva, la Semana Santa de verdad. La que creo que es la de verdad. La que aquellos críos ochenteros y noventeros logramos ir adaptando y arraigando en nuestra tierra sin perder nunca nuestra génesis. Hoy en día citan una igualá en esta tierra mía y se congregan dos cuadrillas y aspirantes para un mismo paso. Antes de que yo empezase a tornarme en negro ruan apenas había peones y no sabíamos ni hacer bien un costal. Pasa el tiempo y veo con orgullo que aporté mi granito como honradamente pude a mi Ciudad Real querida.

Y hoy, creo que ya voy saliendo de la Carrera Oficial para empezar mi recogida. Quedaron muy atrás mis saltos de niño en el Domingo de Palmas y cada vez soy de más rancio abolengo en lo heredado. Me gusta (intentar) detener el tiempo en cada bocado de torrija con el sabor del almíbar de la miel que me lleva a aquel balcón de la calle Altagracia. Enseño a mi hija a entender las cofradías. Le explico lo duro que es para un músico ensayar todo el año, haga frío o calor, para mantener la embocadura y la afinación de las marchas para que, luego, se consuma todo en un instante que dura siete días contando el tiempo al revés. Y así, año tras año. Y el afán que pone una madre planchando la túnica de su hijo, esa que le hizo con mucha bastilla para irle sacándole del bajo un poquito a cada año y, sin darse cuenta siquiera, ya le queda corta y, por más que se suba los calcetines, la siguiente Cuaresma habrá de hacerse una nueva. Cierro los ojos y vuelo hacia atrás, hasta el año 1996. Aquel Miércoles Santo, a las siete de la tarde, fue mi primero bajo el Señor de la Bondad. Ni siquiera bajo su misterio. Únicamente bajo Él. Todavía no existía ninguna de las imágenes secundarias que hoy conforman la escena de ese barco que se va haciendo de oro para el Pescador de Hombres. Eran años también de blanco antifaz en los que mis manos igual daban un caramelo que lo pedían. Quizás era por entonces un seise al que le iba cambiando la voz. Y hoy, entre recuerdos, habitan en mí las palabras del pregonero. Por eso me empeño en exprimir las vísperas, las Cuaresmas, las Semanas Santas, porque para mí, sin ser nazareno del Amor, también siguen su carrera las agujas del reloj.

martes, 3 de febrero de 2026

LOS SANTOS VIEJOS

Me apetecía a mí que amo las tradiciones y costumbres de mi tierra dedicar unas líneas a algunas de ellas. Normalmente van de la mano las celebraciones y la tradición por aquello de que es costumbre repetir el modo año tras año. Así les llegó la liturgia a nuestros abuelos y así la transmitieron ellos a nuestros padres y éstos a nosotros, siendo ahora nosotros mismos los que debemos mantenerla y dejarla como legado a nuestros hijos y nietos. Y casi siempre se asocia el arraigo de las fiestas a la primavera, verano y otoño por ser el clima más favorable y haber aflorado en ellos, desde tiempo ancestral, las verbenas, ferias y romerías. Sin embargo, aquí en La Mancha, también hay unas fechas en  pleno invierno que unen Navidad con Carnaval a través de varios festejos del Santoral. Los Santos Viejos, también llamados frioleros, nos llevan a recordar tiempos pasados al calor de la lumbre: San Antón, San Sebastián, San Ildefonso, la Virgen de la Paz, la Candelaria y San Blas. Todos se enclavan entre el 17 de enero, el primero y el 3 de febrero, el último. Ya dice el dicho (y hoy diré varios) que "Hasta San Antón, Pascuas son" y añade otro conocido refrán que "Con San Antón, el Santo y la Paz, la Candelaria y San Blas, despídete niña hasta Carnaval" lo que viene a reafirmar esa unión de fechas eclesiales entre la Natividad del Señor y las carnestolendas previas a la Cuaresma. En torno a grandes hogueras y luminarias que se prenden en honor a los Santos y como purificadoras y protectoras del hogar y de todos los que en él habitan, personas, animales y bestias, se oyen dichos, coplillas y chascarrillos con esa sorna y retranque manchego tan característicos, mientras se degustan dulces típicos como caridades u hornazos y se desparraman por el gañote limonás, mistelas, vino de misa y otros licores.

San Antón al ser el primero de los Santos Viejos quizás sea el que más dichos acumule. "San Antón, como es tan viejo, tiene barbas de conejo. Y su tía, Catalina, tiene barbas de gallina". Es el Patrón de los animales y por eso se le representa con un cerdo al lado, el conocido "guarrillo de San Antón". Ahí va otro dicho: "San Antón es un francés que de Francia a España vino y lo que lleva a sus pies, San Antón, es un gorrino". Raro es el lugar de La Mancha donde no se celebre San Antonio Abad, aunque sea mínimamente y con una muy humilde fiesta. Aunque a decir verdad, la víspera de su fiesta y el propio día de la misma, gozan de buen arraigo por muchos puntos de España. Se encienden hogueras en su honor, hay procesión, bendición de animales y es común la venta de dulces típicos. En Ciudad Real, por ejemplo, existe la Hermandad de San Antón y, la víspera de la fiesta del Santo, en la Iglesia de Santiago celebra cultos en su honor, fuera prende una gran lumbre en la Plaza y convida a todos los asistentes a una torreznada popular y un vaso de limoná, friendo los torreznos de carne adobada y elaborando la bebida la Hermandad de Pandorgos, quien también procede al reparto. Al día siguiente, Fiesta de San Antón, es la bendición de animales y Función principal. Ha de celebrarse sí o sí. De lo contrario el propio Santo se enfada. Dice la coplilla que "San Antón tiene jurado, por la vida de su cochino, que si no le hacen la fiesta vuelve a volar el molino". Esto es debido a que cuenta la tradición que el propietario de un molino de pólvora de Alcázar de San Juan, encargado de cuidar la Ermita del Santo, descuidó su tarea un año y el Santo enfadado le hizo explotar el molino. 

Tres días después, nada más, 20 de enero, amanecemos con San Sebastián. El segundo de esta ristra de Santos Viejos que también goza de celebración. En su honor se tiran petardos, tracas y se convida al tradicional "puñao". Es muy celebrado en pueblos como Villanueva de los Infantes y Fernán Caballero, donde se le llama, a secas, el Santo. Todo el pueblo sabe que se refiere a él. Y, por supuesto, tiene sus coplillas y dichos. Es Patrón de los arqueros (parece guasa sabiendo que el Santo fue martirizado con saetas) y se le representa con varias flechas clavadas por todo el cuerpo. Se hacen bailes populares en las calles y, entre vasos de mistela y para quitarse un poco el frío, la chavalería aprovecha para hacerse arrumacos, por lo que se expandió otro dicho que reza "San Antón, viejo y gruñón, deja a las muchachas en un rincón. San Sebastián, joven y galán, saca a las mismas a pasear". Y de mano del último baile de San Sebastián seguimos la celebración de los Santos Viejos y llegamos a Almagro, donde están las celebraciones de San Ildefonso y la Virgen de la Paz, entre los días 23 y 25 de enero. Santa Misa en honor al Santo y petición por la paz del mundo a través de la Virgen que lleva, precisamente, Paz por nombre, bailes y juegos populares, aperitivos y bebidas en el "Chozo del Santo", degustación de migas manchegas, sorteos y un poquillo duz (como por aquí se dice): hornazos recién hechos. Devoción, tradición, música y gastronomía. Celebración manchega pura.

Quedarían antes de Carnaval un par de fiestas frioleras: la Candelaria y San Blas. Ambas van seguidas pues son los días 2 y 3 de febrero. Y lo primero a decir de la Candelaria es otro dicho popular: "Si en la Candelaria plora, el invierno va fora". Dícese, si para el 2 de febrero llueve, se acaba el invierno y comienza la transición hacia la primavera. Eso sí, otro dicho nos afirma que "Si hiela en San Blas, treinta días más". No requiere explicación. Si el 3 de febrero hay escarcha o cencellada en las tierras de La Mancha, hasta la primera semana de marzo nos vienen tiempos de bufanda. Ya se sabe que "Febrerillo loco que sacó a su padre al sol y lo apedreó". En todo caso ya sería malo para los carnavaleros, pero, en lo que a nosotros atañe hoy, ya estaríamos fuera  de las celebraciones de los Santos Viejos. La Candelaria, fuertemente arraigada en Alcázar de San Juan, Almodóvar del Campo y Fuencaliente, viene manteniendo esta celebración ancestral y que se pierde en la memoria gracias a la tradición oral. En algunos lugares las gentes se tiznan la cara con un corcho quemado (una corcha de alcornoque), manchándose simpáticamente y luego rondan en la hoguera para purificar esas manchas y quedar limpios como lo fue la Virgen sin pecado concebida. Antiguamente se tiznaba sólo a las mujeres, sin importar su estado civil ni condición social y dando igual la edad. Era el simbolismo de que el mal quería manchar la pureza de María. Los hombres perseguían a las mujeres para tiznarlas con la corcha. Si bien, lo cierto es que la Candelaria tiene su origen en una fiesta pagana celebrada por los pueblos celta, germano y romano, a día de hoy, ya como fiesta católica, recibe tal nombre por la celebración que se hace en la misa de honor a la Virgen a la que acuden los fieles portando una vela o candela. Por igual motivo, la Virgen de la Candelaria es representada con una vela en la mano. Hay bendición de candelas para que "iluminen y purifiquen el alma y hogar de sus portadores" y se da por finalizada la fiesta cuando se apaga la gran hoguera prendida en la Plaza. Evidentemente hay concursos de migas, bailes y fiesta popular. Y nos resta el último de los Santos Viejos o frioleros, el que cierra el ciclo de estas fiestas: San Blas. Patrón de la garganta, pues fue médico especialista en curar dolencias en tal zona. Caridades, procesión de niños, hogueras, "las cigüeñas verás", fiestas, hogueras y verbenas en muchos lugares y la primera de las romerías de La Mancha, en Moral de Calatrava con cuatro días de celebración. Ya lo dice el dicho "San Blas, Resan Blas, San Blasillo y el más chiquitillo". Por fiestas no es. Y ahora sí que sí, "¡Hasta Carnaval que acabando San Blas bien harto vas!".

jueves, 15 de enero de 2026

EL ALBACETAZO

Miren ustedes que no me planteaba yo hablar de fútbol en la primera entrada de este año 2026, pero no queda otro remedio. En esta pequeña ágora cibernética donde se versa, prácticamente, de todo, el fútbol tiene un baúl concreto en la alacena. Y yo que nunca me escondo, por más sonrojante que haya sido la derrota, aquí me hallo. He vivido el Alcorconazo, he vivido el Alcoyanazo y he vivido momentos muy duros, tristes y feos del Real Madrid. Y siempre he estado. Podéis tirar de hemeroteca los incrédulos. Y hoy vengo a hablar del Albacetazo. Otro ridículo espantoso del club al que amo. Muchos madridistas reconocemos cuando una caída no tiene excusas. Me encuentro entre ellos. Por otro lado, muchos gurús que se dedican en sus foros a repartir, a su antojo y creencia, carnets de buen o mal madridista, nos llamarán a los que decimos las cosas como son "bienquedas". A mí la verdad el término me da risa. Engloba esa modernidad ni siquiera aceptada por la R.A.E. (y miren que la R.A.E. ya acepta cualquier cosa, véase "almóndiga" o "cocreta") para señalar a quien no piensa igual. Así es que pueden sus usuarios irse a la Venta del Nabo con su "modernez" y pensamiento cada vez que intenten señalar así a un madridista que dice la verdad transparente. A mis cuarenta y medios sé de sobra ya lo que es el señorío y es estar a las victorias y a las derrotas reconociendo las verdades. Y si se ha de reconocer que lo de anoche en la Copa del Rey es una vergüenza, se reconoce. Y si por ello, algún simpatizante de mi club quiere llamarme "bienqueda", que lo haga y acto seguido coteje su podrido pensamiento con la realidad verdadera, no con la virtual que puedan darle sus seguidores en redes (que ni conoce ni sabe lo que esconden) politizando su pensamiento y alabándolo cual macho alfa que se auto atribuye la verdad, el camino y la vida ante un pueblo inculto.

Yo quiero al Real Madrid hasta en las victorias (porque cuando es difícil quererlo es en las derrotas como la de ayer con el Albacete). Y le atizo. Le atizo a los míos, por supuesto. Porque igual que reconozco el bochorno y el ridículo que se vio sobre el verde y doy la enhorabuena al Albacete, les mido el lomo a ese séquito de niñatos que mancharon la blanca camiseta de vergüenza. Y a los que los idolatran también. Y no me atengo a paños calientes ni a rulos que allanen el terreno antes de soltar la primera estocada. Vinicius. Te quiero fuera. Pero ya. Los que vengan  ahora a decirme que tengo poca memoria y que recuerde todo lo que nos ha dado, son los mismos a los que se le decía eso cuando llegó el fin de Iker Casillas y echaban espumarajos por la boca llamándole de todo. Ya saben donde está la puerta (para los modernos, tecleen junto alt + F4 y listo). Que Vini nos ha dado incluso Champions, sí. Que es un traidor, un mercenario y un engreído, también. Adiós y gracias. Un tío que exige para su renovación treinta millones de euros, que se le entrega el liderato en un partido de eliminatoria de Copa del Rey y que no es capaz ni de irse del lateral del Albacete que juega en segunda división, tiene que estar fuera del Real Madrid hoy mismo. Fuera. Vender. Para pasearse por el campo ya están los turistas que pagan la entrada del Tour Bernabéu. Tira a Arabia, sé feliz y baila. Te vendrá bien. Y cuenta con mi espada, por supuesto, cada vez que alguien te ataque por tu color de piel. Eso por descontado.

Sigamos. Algunos de los que no comparecieron ayer son tan culpables o más que los que vagabundearon por el césped. Jude Bellingham, Mbappé, Camavinga y Valverde, por ejemplo. No salvo a nadie, pero menciono dos que no estuvieron y otros dos que sí. ¿Veis normal con su status que un humilde Albacete apee de la Copa del Rey al Real Madrid en un vergonzante partido en el que el equipo quince veces campeón de Europa (que se os llena la boca diciéndolo) estuvo a remolque todo el tiempo? No. No es normal. Y menos aún cuando esa panda de pueriles viene de cargarse al mejor entrenador que podríamos tener, Don Xabier Alonso, haciéndole la cama en el vestuario y quejándose al presi de sus métodos de entreno. Logran que el míster sea cesado y la primera oportunidad que tienen de darle respaldo al nuevo, a Álvaro Arbeloa, demuestran que lo de Xabi era un mero capricho (que querían echarlo y listo) y que ellos lo que quieren es no correr y alimentar su ego personal, sea quien sea el míster. Les importa la cartera, no el escudo. Y sí, estoy hablando de Kylian y de Federico, pues son, entre otros, quienes han boicoteado al entrenador siendo, ojo, el máximo goleador del equipo y el capitán del mismo. Pues anoche, uno sin estar en el tapete y otro correteando menos que en un patio de colegio, consintieron que el debut del nuevo entrenador fuese un esperpéntico 3-2 y los aficionados madridistas (que somos los que de verdad sufrimos estas cosas) nos llevásemos otro bofetón tejido a puntadas de sus infantiles actitudes. Que os den mucho y gordo.

Y ahora viene cuando la matan. Todo lo anterior ha ocurrido con la aquiescencia y el beneplácito del palco. Señor Florentino Pérez, hágase un favor (y háganoslo a todos, inclusive a esos gurús que le consienten y alaban) y márchese. Dimita. Haga uso de la dignidad (si tiene) esa que no ha usado para bajar al vestuario y cantarle a esa chusma crecida que forma la plantilla cuatro verdades y váyase. Contemple su obra. Fíjese lo que trae maleducar a los jugadores. Observe lo que conlleva que le echen un pulso público al entrenador y usted los respalde. Si de verdad quiere al Real Madrid, baje de una puñetera vez a ponerle el punto a la i a esas ratas forradas de oro y dele plenos poderes al entrenador. Deje que el que dirige al grupo haga la alineación y no la haga usted. El Real Madrid no es un juguete suyo. O lo acepta o salga ya de una vez. Está a tiempo de que se le recuerde como a un grande. Verá que estoy narrando una sarta de verdades sin parangón. No hablo de lo deportivo, puesto que ya quedó evidenciada la nula planificación de la temporada y ha traído consigo la ruptura del vestuario hasta las costuras y bochornos, como la pírrica victoria ante el Talavera y la ridícula derrota de ayer. Haga limpia. Hágala. Basta ya de mercenarios empezando por usted el primero. El Real Madrid merece un equipo y un presidente de verdad. Hemos tenido todo (y sin Negreira) y hemos perdido todo (nosotros mismos). Ayer, sin ir más lejos, contra el Albacete. Para ellos épico, para nosotros otro capítulo más en el libro de los ridículos históricos (que también tenemos varios): el Albacetazo.