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lunes, 20 de julio de 2026

DOS ESTRELLAS

"¿Y por qué no?". Esas cuatro palabras han retumbado en la cabeza de todo español durante estos últimos cuarenta días que ha durado la última edición de la Copa del Mundo. España tenía la etiqueta de ser una de las selecciones favoritas para ganar el trofeo, pero es dificilísimo hacerlo. Ya se sabe. Los que llevamos varias décadas viendo fútbol, el recuerdo que tenemos de los Mundiales es que España caía en fase de grupos o, si lograba clasificarse para octavos de final, tras el pitido había que hacer las maletas. Eso de levantar la copa estaba destinado a grandes nombres: Brasil, Argentina, Alemania, Italia... Nosotros éramos meros invitados al torneo y, si algún año creíamos que podíamos llegar un poco más lejos y nos colábamos en cuartos de final, aparecía Tasotti o Al-Ghandour y nos mandaban para casa injustamente, a codazos o a silbatazos, sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. Si no sabes de quiénes hablo eres aún bastante joven o no has visto tanto fútbol. El caso es que llegó una hornada de jugadores excepcionales, cosas que parecen ocurrir sólo una vez en la vida y que conllevan una confabulación y alineación de astros que es tan casual y bella que se duda de su veracidad. Y en el año 2008 ese grupo de chavales (ahora sí te sonarán los nombres) compuesto por Casillas, Ramos, Puyol, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, David Villa, Fernando Torres, etc, nos llevaron a ser Campeones de Europa. Dos años después era el mundial de Sudáfrica y empezó a haber cierto runrún en España porque, quizás, esta vez, sí pudiéramos hacer algo más. En ese momento en realidad (y no ahora recientemente) es cuando comenzó a fraguarse la pregunta "¿Y por qué no?". Debutamos en aquel Mundial y perdimos 0-1 contra Suiza. Parecía el bofetón de siempre. Pero no fue así...

Conscientes de que igual no volveríamos a ver ni a tener una plantilla como la que tenía España en aquel tiempo, toda la nación se unió y comenzó una campaña de ánimo, empuje y aliento que, yo al menos, no había visto jamás. Por primera vez los colores rojo y amarillo unían al territorio y dejaban la política fuera. El tropiezo del primer partido no modificó el rumbo, empezamos a creer y a ver que se podía. Y ocurrió. Pasamos a octavos, a cuartos, a semifinales ¡por primera vez en nuestra historia! y a la final. Ya no había quien nos parase. Era el camino a nuestra primera estrella bordada en la camiseta. Era el momento. La pregunta "¿Y por qué no?" se convirtió en la orden "Hágase". Y se hizo. España fue campeona del mundo. Era posible. Hubo sido posible. Lo hicimos. Nuestra camiseta nacional tendría ya para siempre un distintivo que había sido anhelado, deseado y soñado por miles y miles de españoles. Muchos habían muerto antes de que ocurriera, pues los mundiales de fútbol se vienen celebrando de 1930 y muchas almas de España marcharon a las estrellas antes de que una de ellas llegase a nuestra camiseta, convencidas de que ese bordado jamás llegaría a nuestras elásticas. Y por ellos y por nosotros, lo hicimos. Y fuimos afortunados de vivirlo porque nunca habíamos creído que lo lograríamos. Honramos su memoria y fuimos muy felices. España era noticia en todo el mundo. Ya no sólo se hablaría de la pica en Flandes. Se hablaría de que España tenía una estrella sobre su escudo. Cosa reservada a muy pocos elegidos.

Dos años después volvimos a levantar la Eurocopa y ganamos la triple corona: Eurocopa, Mundial y Eurocopa. Éramos historia viva. Pero toda historia tiene un principio y un final. Y aquí se desvaneció la nuestra y los siguientes mundiales volvimos a lo que había sido nuestro recorrido antes de la cita de 2010. En las siguientes tres ediciones caímos en la fase de grupos y dos veces consecutivas en octavos de final. Otra vez España en la normalidad en la que tantos años hubo estado instalada. Hasta que la historia se reescribió de nuevo. La selección logró ganar con un buen fútbol, como aquella vez en 2008, la Eurocopa de 2024. Y la mala memoria que habíamos tenido con los capítulos vividos años atrás y de nuevo el runrún volvieron a despertar. No éramos conscientes de que si lo habíamos hecho una vez podíamos hacerlo más. Resurgieron de nuevo los ímpetus y la célebre frase del humorista manchego José Mota comenzó a popularizarse por toda la geografía nacional: "Va a ser que no, pero ¿y si sí?". Y volvimos a creer de nuevo en que una nueva generación de futbolistas (que cuando ganamos el único -por entonces- mundial de nuestra historia eran unos niños) pudiera llevarnos a la gloria del deporte rey. Y esta vez sí creímos que, aunque dificilísimo, pudiera ser posible porque ya lo habíamos hecho más de quince años atrás. Comenzamos a latir, a susurrar España de nuevo y a mirar de tú a tú a los grandes que tenían varias estrellas bordadas, puesto que ellos alguna vez tuvieron sólo una como nosotros y la gran mayoría de naciones no tiene ninguna.

El resto ya lo sabéis. Nos clasificamos para el Mundial con triple sede en Estados Unidos, Canadá y México. Desde el primer momento nos preguntamos "¿Y por qué no?", pero esta vez creyendo que de verdad era posible y no una mera utopía. Debutamos contra Cabo Verde y empatamos a cero. Mal inicio, como aquel año 2010. Pero dependíamos de nosotros mismos. Y en eso los españoles somos genios. Tenemos, para todo, el gen de "Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como". Empezamos a ganar y nos plantamos en la final del mundial con un único gol en contra en todos los partidos. Y con cruces que no ha sido fáciles y ya son historia escrita y pasada: Austria, Portugal, Bélgica y Francia. Quedaba el gran escollo. La Argentina de Lionel Messi, la FIFA e Infantino. No lo digo yo. Ahí está el recorrido en la cita de una y otra selección y en la hemeroteca pueden verse los favores recibidos. Por algo ha de ser que España finalmente ha sido arropada por todo el mundo y ha quitado las caretas dejando al descubierto tanto oscurantismo escondido en federaciones y silbatos. Y ganó España. Ganó el fútbol. Se hizo justicia en nombre de muchos y España se alzó a lo más alto del mundo futbolístico otra vez. Una nueva hornada de hombres que han llevado el nombre de nuestra nación por todos los confines: Unai Simón, Pau Cubarsí, Laporte, Pedro Porro, Rodri, Oyarzábal, Merino, Baena, Nico Williams, etc. Un puñado de guerreros que creyeron y nos hicieron creer de nuevo. Gracias eternas. Ahora nuestra camiseta no tiene una estrella bordada sobre el escudo. Tiene dos. Yo no sé si volveré a ver en mi vida a España ganar un mundial. Sé que nunca lo habría esperado y la he visto ganarlo dos veces. Igual alguna vez pudiera ser una tercera. No lo sé. Por los que no están. Por los que estuvimos. Por los que estarán. Por España. "¿Y por qué no?".

jueves, 18 de junio de 2026

QUERIDO REAL MADRID...

Querido Real Madrid, ¿qué te han hecho? Más bien, ¿quiénes te lo han hecho? Porque el qué lo tengo claro, pero en el quiénes dudo algo más. Te han herido en el orgullo. Y eso es malo y mucho. ¿Cuántas veces te dije que habría que rendir honores a aquella época de Modric, Kroos, Casemiro, Marcelo, Cristiano Ronaldo, Benzema, Carvajal, Casillas, Sergio Ramos, etc, que nos dieron tanta gloria y que la caída luego sería grande? Te lo dije muchas veces. Y lo dejé por escrito otras tantas. Maldita hemeroteca. Y llegaron las vacas flacas, por supuesto. El equipo no ha hecho una transición dulce como muchos creían que sería y el golpe de realidad ha sido duro. Muy duro. Y lo pagamos, como siempre y en todos los equipos, los aficionados. Y aquí empiezo a resolver los interrogantes. ¿Qué te han hecho? No cuidarte. Te han llenado el estómago hasta la saciedad y te han quitado el hambre. Y eso, al contrario de lo que muchos crean, es malo. Muy malo. Pues un estómago saciado jamás peleará por un plato como uno hambriento. ¿Que no ganamos esta Liga? ¡Que más da! ¡Venimos de ganar tres Champions! ¿Que nos eliminan de la Copa del Rey haciendo el ridículo? ¡Que más da! Mira todo lo que hemos ganado recientemente. Y eso va metiendo al club en una barrera de conformismo apoyado en el pasado que es mortal. Un equipo y un club serio tiene que seguir siempre hacia delante. Desde el minuto uno. ¿Que hemos metido un gol? A por otro. ¿Que hemos ganado un partido? A por el siguiente. ¿Que hemos ganado la Liga? A revalidarla. Eso es lo que debía haber hecho el Real Madrid en estos años aciagos.

Y no lo ha hecho. Y le han hecho daño, claro. Y mucho. Lo han dejado expuesto a su deriva y a las burlas del vecino. Y le han entregado las llaves del poder a quien peor puede gestionarlas: al vestuario. Y ahí sí tengo claro quién ha sido el culpable: el presidente. Don Florentino Pérez ha entregado la jerarquía a los jugadores y les ha consentido que hagan y deshagan a su antojo anteponiéndose al propio entrenador. Tras culminar con debacle la que debió ser la transición dulce que antes decía, primer año sin títulos, se iniciaba un nuevo proyecto ilusionante. Se habían ido incorporando piezas nuevas en los dos años previos y se iban encajando y engranando. La explosión de Vinicius, Arda Güler en la creación, Bellingham en la sala de mandos, Mbappé metiendo goles sin problema, Valverde al cerrojo, Courtois bajo los palos y una aparente calma. Todo falso. Se quiso iniciar una nueva era con Xabi Alonso, hombre de la casa, en el banquillo. Pintaba bien la nueva era. Pero los jugadores, con la aquiescencia del presidente que les hubo entregado ¿sin saberlo? el poder, se encargaron de arruinarlo en pocos meses. Y malcriar a un grupo de niñatos engreídos que no saben lo que representa el escudo es arruinar todo proyecto en cualquier empresa. Y así ha sido. Otra vez un añito en blanco y la afición comiéndose el marrón de ver la mala deriva del club. Poco se le ha pitado a los jugadores para los motivos que han dado. Poco. Muy poco. Pero menos aún al palco.

Dicho lo cual y como ésta situación, a mis cuarenta y tantos, la he vivido ya varias veces, sé que te recompondrás, querido Real Madrid. Fíjate que no me han gustado nunca las discordias internas, ni cuando se generan, ni, mucho menos, cuando se airean. Y cuando fue el entrenador José Mourinho hubo mil discordias e incluso división de la afición. Su legado fue ínfimo en sus tres años: una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Fin. Y se fue dejando al Real Madrid a quince puntos del Barcelona en Liga, eliminado por el Borussia Dortmund en Champions jugando la vuelta en el Bernabéu (dejando a Karim Benzema en el banquillo -sin comentarios-) y perdiendo la Final de Copa en casa contra el Atlético de Madrid, Pero puso el punto en la i en muchísimas cuestiones y dejó sembradas unas semillas que germinaron adecuadamente y dieron muchos frutos. Muchos. Y ahora, tras casi una década y media y habiendo salido mal de todos los clubes donde ha ido estando y no haber ganado títulos gordos, vuelve al Real Madrid como solución. Ojo. Y lo refrendamos todos. ¿Por qué? Porque sabemos que tiene vara. Y que la usa. Y ahora mismo hace falta vara. Y mucha. No queda ni rastro de aquellas semillas ni de aquellos frutos. Y hace fala estopa y vara en el vestuario, en el banquillo y en el palco. En eso Mourinho es el mejor, el adecuado y el idóneo. Vuelve como algo más que un entrenador. Vuelve a entrenar al equipo y a ayudar al presidente, Florentino, recién reelegido de nuevo, por cierto, a enderezar el rumbo del club. Es un polémico, sí. Es necesario, también y mucho. Adelante, Don José.

Y desgranados los interrogantes de aquella en manera en cuanto al qué y al quién y analizada la trayectoria y el momento actual, queda por iniciar la contienda y retomar la senda correcta. Para eso hay que hacer un desembolso, una reestructuración, una aclaración de roles y determinar una jerarquía inamovible. Lo primero es que nada ni nadie está por encima del escudo. Ni Florentino, ni Mourinho, ni Vinicius, ni Mbappé, ni el utillero, ni la afición. Que esa es otra. Cuidadito con los gurús de las redes sociales generando discordias entre la propia afición, imponiendo criterios y repartiendo carnets de buen madridista a quien les ríe las gracias y/o les aplaude las milongas. ¡Cómo si no tuviéramos bastante ya con la prensa y sus mamandurrias como para que los gurús se dediquen a lo que se dedican! Hace falta autocrítica interna Y mucha. Pero, ¿qué es eso de azotar a sectores de la afición? Una cosa es hacer autocrítica del equipo y otra aprovechar tal ejercicio para apalizar a jugadores, técnicos y aficionados por no compartir los gustos personales propios. Luego vienen las facturas y las lloreras. No siembres y no recogerás. No menciones y no te mencionarán. En definitiva, ya ha empezado la revolución y con ella el volteo de la noria hacia el lugar que nos gusta. Ya sabemos qué y quiénes. Ya sabemos cómo y cuándo. Siéntense y revivan la historia. No es nueva. Simplemente, por estadística, se vienen tiempos grandes. Mal augurio para los antis. Y ya han llegado Florentino, Mourinho, Bernardo Silva, Konaté, Dumfries y Cucurella. Y faltan... Más los cracks mundiales con lo que ya contamos. Empieza el baile. ¡Hala Madrid!

jueves, 15 de enero de 2026

EL ALBACETAZO

Miren ustedes que no me planteaba yo hablar de fútbol en la primera entrada de este año 2026, pero no queda otro remedio. En esta pequeña ágora cibernética donde se versa, prácticamente, de todo, el fútbol tiene un baúl concreto en la alacena. Y yo que nunca me escondo, por más sonrojante que haya sido la derrota, aquí me hallo. He vivido el Alcorconazo, he vivido el Alcoyanazo y he vivido momentos muy duros, tristes y feos del Real Madrid. Y siempre he estado. Podéis tirar de hemeroteca los incrédulos. Y hoy vengo a hablar del Albacetazo. Otro ridículo espantoso del club al que amo. Muchos madridistas reconocemos cuando una caída no tiene excusas. Me encuentro entre ellos. Por otro lado, muchos gurús que se dedican en sus foros a repartir, a su antojo y creencia, carnets de buen o mal madridista, nos llamarán a los que decimos las cosas como son "bienquedas". A mí la verdad el término me da risa. Engloba esa modernidad ni siquiera aceptada por la R.A.E. (y miren que la R.A.E. ya acepta cualquier cosa, véase "almóndiga" o "cocreta") para señalar a quien no piensa igual. Así es que pueden sus usuarios irse a la Venta del Nabo con su "modernez" y pensamiento cada vez que intenten señalar así a un madridista que dice la verdad transparente. A mis cuarenta y medios sé de sobra ya lo que es el señorío y es estar a las victorias y a las derrotas reconociendo las verdades. Y si se ha de reconocer que lo de anoche en la Copa del Rey es una vergüenza, se reconoce. Y si por ello, algún simpatizante de mi club quiere llamarme "bienqueda", que lo haga y acto seguido coteje su podrido pensamiento con la realidad verdadera, no con la virtual que puedan darle sus seguidores en redes (que ni conoce ni sabe lo que esconden) politizando su pensamiento y alabándolo cual macho alfa que se auto atribuye la verdad, el camino y la vida ante un pueblo inculto.

Yo quiero al Real Madrid hasta en las victorias (porque cuando es difícil quererlo es en las derrotas como la de ayer con el Albacete). Y le atizo. Le atizo a los míos, por supuesto. Porque igual que reconozco el bochorno y el ridículo que se vio sobre el verde y doy la enhorabuena al Albacete, les mido el lomo a ese séquito de niñatos que mancharon la blanca camiseta de vergüenza. Y a los que los idolatran también. Y no me atengo a paños calientes ni a rulos que allanen el terreno antes de soltar la primera estocada. Vinicius. Te quiero fuera. Pero ya. Los que vengan  ahora a decirme que tengo poca memoria y que recuerde todo lo que nos ha dado, son los mismos a los que se le decía eso cuando llegó el fin de Iker Casillas y echaban espumarajos por la boca llamándole de todo. Ya saben donde está la puerta (para los modernos, tecleen junto alt + F4 y listo). Que Vini nos ha dado incluso Champions, sí. Que es un traidor, un mercenario y un engreído, también. Adiós y gracias. Un tío que exige para su renovación treinta millones de euros, que se le entrega el liderato en un partido de eliminatoria de Copa del Rey y que no es capaz ni de irse del lateral del Albacete que juega en segunda división, tiene que estar fuera del Real Madrid hoy mismo. Fuera. Vender. Para pasearse por el campo ya están los turistas que pagan la entrada del Tour Bernabéu. Tira a Arabia, sé feliz y baila. Te vendrá bien. Y cuenta con mi espada, por supuesto, cada vez que alguien te ataque por tu color de piel. Eso por descontado.

Sigamos. Algunos de los que no comparecieron ayer son tan culpables o más que los que vagabundearon por el césped. Jude Bellingham, Mbappé, Camavinga y Valverde, por ejemplo. No salvo a nadie, pero menciono dos que no estuvieron y otros dos que sí. ¿Veis normal con su status que un humilde Albacete apee de la Copa del Rey al Real Madrid en un vergonzante partido en el que el equipo quince veces campeón de Europa (que se os llena la boca diciéndolo) estuvo a remolque todo el tiempo? No. No es normal. Y menos aún cuando esa panda de pueriles viene de cargarse al mejor entrenador que podríamos tener, Don Xabier Alonso, haciéndole la cama en el vestuario y quejándose al presi de sus métodos de entreno. Logran que el míster sea cesado y la primera oportunidad que tienen de darle respaldo al nuevo, a Álvaro Arbeloa, demuestran que lo de Xabi era un mero capricho (que querían echarlo y listo) y que ellos lo que quieren es no correr y alimentar su ego personal, sea quien sea el míster. Les importa la cartera, no el escudo. Y sí, estoy hablando de Kylian y de Federico, pues son, entre otros, quienes han boicoteado al entrenador siendo, ojo, el máximo goleador del equipo y el capitán del mismo. Pues anoche, uno sin estar en el tapete y otro correteando menos que en un patio de colegio, consintieron que el debut del nuevo entrenador fuese un esperpéntico 3-2 y los aficionados madridistas (que somos los que de verdad sufrimos estas cosas) nos llevásemos otro bofetón tejido a puntadas de sus infantiles actitudes. Que os den mucho y gordo.

Y ahora viene cuando la matan. Todo lo anterior ha ocurrido con la aquiescencia y el beneplácito del palco. Señor Florentino Pérez, hágase un favor (y háganoslo a todos, inclusive a esos gurús que le consienten y alaban) y márchese. Dimita. Haga uso de la dignidad (si tiene) esa que no ha usado para bajar al vestuario y cantarle a esa chusma crecida que forma la plantilla cuatro verdades y váyase. Contemple su obra. Fíjese lo que trae maleducar a los jugadores. Observe lo que conlleva que le echen un pulso público al entrenador y usted los respalde. Si de verdad quiere al Real Madrid, baje de una puñetera vez a ponerle el punto a la i a esas ratas forradas de oro y dele plenos poderes al entrenador. Deje que el que dirige al grupo haga la alineación y no la haga usted. El Real Madrid no es un juguete suyo. O lo acepta o salga ya de una vez. Está a tiempo de que se le recuerde como a un grande. Verá que estoy narrando una sarta de verdades sin parangón. No hablo de lo deportivo, puesto que ya quedó evidenciada la nula planificación de la temporada y ha traído consigo la ruptura del vestuario hasta las costuras y bochornos, como la pírrica victoria ante el Talavera y la ridícula derrota de ayer. Haga limpia. Hágala. Basta ya de mercenarios empezando por usted el primero. El Real Madrid merece un equipo y un presidente de verdad. Hemos tenido todo (y sin Negreira) y hemos perdido todo (nosotros mismos). Ayer, sin ir más lejos, contra el Albacete. Para ellos épico, para nosotros otro capítulo más en el libro de los ridículos históricos (que también tenemos varios): el Albacetazo.

viernes, 8 de noviembre de 2024

TANTAS VECES LO HE VIVIDO...

Por lo general las cosas son cíclicas. En el fútbol también, evidentemente. Y lo he vivido tantas veces que ya no me sorprenden ciertos tiempos. Es más, se les ve venir y se sabe que volverán. No digo por ello que no sean molestas algunas situaciones cuando llegan, sino que, como se sabe que van a llegar, cuando llegan se asimilan de otra manera. ¿Me entendéis ya por dónde voy? El Real Madrid viene de una época dorada donde ha ganado un montón de títulos e, incluso, varias champions al trantrán, como si no costase nada hacerlo, con peor plantilla que otros equipos y jugando con un estilo indefinido totalmente. Cuando se inició la era post-Cristiano, tras ganar la Liga de Campeones tres veces seguidas, nadie daba un duro por volver a ganar la orejona hasta que pasasen unos cuantos años y, sin embargo, Benzemá, se hizo con el timón y, a base de remontadas inéditas y eliminar a los mejores equipos de Europa, el Real Madrid volvió a ser campeón sólo un par de años después. Bueno, los milagros ocurren de vez en cuando. Pero es que hay más. Dos temporadas después, ya sin Benzemá en la plantilla y con las risas de todo el antimadridismo por el fichaje de Joselu como delantero centro y la lesión de Courtois para casi todo el año, otra vez y como si fuera algo normal, lógico y carente de esfuerzo, el Real Madrid volvía a ser campeón de Europa ganando la champions por quinceava vez (con varios y definitivos goles de Joselu y con varios y definitivos paradones de Lunin). Increíble. Una vez puede ser, dos también, tres ya es milagroso como antes decía, pero cuando son una y otra y otra y otra y otra no es casualidad. Y que eso desemboca en caída, también es una realidad. Y, final, ocurre.

Era imposible mantener esa estela por más que la afición merengue creyésemos estar acostumbrándonos a ella. Los que llevamos ya muchos años disfrutando del fútbol, lo sabíamos. Ya lo hemos vivido muchas veces. La plantilla se sacia, el entrenador se relaja y la directiva cree que va todo sobre ruedas. Se hace una planificación regular, se gana algún partido solo porque "somos el Real Madrid", llega el primer empate ramplón, no se quiere ver la realidad, se hace un fichaje estrella y con ello se quiere tapar lo demás y elevarlo a salvador, llega el segundo empate, hay un fogonazo fugaz de orgullo blanco, aparece la primera derrota en casa, te pinta la cara el eterno rival, empieza el runrún en la grada, otro destello por mero amor propio y empuje, te meten varios goles en el Bernabéu, llega la segunda derrota, la situación no mejora, llega la tercera, la afición se harta y ya, por fin, tras varios descalabros que se veían venir a la legua y se evitaba mirar hacia ellos, la realidad se hace patente y se instala. Fin de la época en la que se ganaba todo por merecimiento y luego por inercia. Y cuanto antes se interiorice, mejor. Suele ocurrir. Cuando se gana todo, absolutamente todo, por más que se quiera seguir manteniendo la tensión, la relajación llega a todos los rincones: cuerpo técnico, vestuario y gerifaltes. Se trata a los rivales incluso con menosprecio y pasa lo que pasa. Y ante ello, siempre, siempre, siempre, hay un sector que no perdona y quiere que el equipo esté siempre dando la cara: la afición.

¿Cómo le explicas tú a un aficionado de pro, de esos que defiende el escudo por donde va, de esos que proclama tu nombre por el mundo, de esos que las palabras "Real Madrid" las lleva grabadas en el corazón y alma que una temporada debe ser de transición porque ya toca por no haberlo querido ver en su momento? Pues no. Inexplicable. El aficionado exige. Y con razón. Porque es el que va al campo. Porque es el que paga el abono. Porque es el que se ilusiona con los fichajes. Y por que es el que en el bar da la cara por los suyos mientras la plantilla, forrada de oro, se pasea por el estadio sin actitud ninguna. Y ahora, ¿qué hacemos? ¿Culpamos a Ancelotti de mala gestión de la plantilla? ¿Culpamos a Florentino por no fichar y reforzar los puestos débiles? ¿Culpamos a los jugadores por falta de contundencia y piernas? Ahora nos toca tragar y comernos a Lucas Vázquez en el lateral porque no hay otro. Y saber que la culpa es de todos los dichos. De todos menos nuestra, de los aficionados. Y encima somos quienes sufrimos la situación. Tantas veces lo he vivido... Por eso sé ya capear estas rachas. Hay que empezar a remar de nuevo y tener algo más de paciencia, pero ya con el cuchillo entre los dientes. Y si no cambia nada drásticamente y en breve, adiós y gracias a quien proceda. Nada ni nadie por encima del escudo. Anda que no se ha ido gente ya en nuestra historia y hemos seguido... Di Stefano, Paco Gento, Santillana, Juanito, Hierro, Raúl, Ronaldo, Casillas, Cristiano, Benzemá, ¿sigo? El Real Madrid siempre vuelve. Siempre. Esa es su grandeza y esa es la exigencia de la afición. Sabíamos todos que este momento iba a llegar. No lo neguemos. Claro que lo sabíamos. Pues ahora a seguir. Yo siempre digo que quiero al Real Madrid hasta en las victorias. Sí, lo que le leéis. Lo quiero hasta en las victorias porque es lo fácil. Lo jodido es quererlo ahora en los baches. Pues estos son los bueyes y con ellos hay que arar...

Lo dicho. Ahora hay que seguir y volver a la senda del triunfo, sea como sea, pero con cabeza y sentido. ¿Que ganamos un partido de liga jugando mal y con un gol de rebote? Pues no es lo que queremos, pero son tres puntos y una victoria que lo mismo sirve para que la plantilla vuelva a empezar a coger confianza y para ponernos arriba en la tabla. Ya nos encargamos en la grada de ser jueces y de silbar a Tchouameni por su falta de conducta y nos encargaremos de aplaudirle si pone empeño y corta un balón con orgullo. En el templo se ha silbado a leyendas como Zidane. Ojo. Saben los once que están sobre el verde que si la afición no confía en ellos, malo. Y saben también que si se ganan la confianza, aunque sea de manera ramplona, los llevamos en volandas hasta que llegue la excelencia de nuevo. Juntos. Ya lo dijo el futuro balón de oro. Porque llegará y os callará como ha hecho muchas veces ya. También lo he vivido en varias ocasiones. Y Bellingham volverá a marcar. Y Mbappé nos regalará algún hat trick. Y llegarán caras nuevas. Y si entremedias hay que cargarse alguna vaca sagrada, pues es lo que hay, sea del cuerpo técnico, sea de la plantilla. Y si mientras tanto caemos en alguna eliminatoria, pues hacemos hambre para la próxima. No se puede estar siempre en el triunfo, pero sabemos (y lo sabéis los antis) que tampoco estamos siempre en la derrota. ¿Que se veía venir? Pues claro. Pero que el Real Madrid resurge y te mata. También. Preguntadle a Guardiola, bien lo sabe. 1-2 en el minuto 89. 3-2 en el minuto 92. Y hace poco, al Borussia Dortmund. 0-2 al descanso. 5-2 al final. Cosas que sólo hace el Real Madrid. No tratéis de entenderlo. Me esperaba este bajón. Disfrutadlo. Y aguardo el nuevo subidón. Lo sufriréis. Es puro Real Madrid. Tantas veces lo he vivido...

lunes, 29 de julio de 2024

CAMPEONES DE LA EUROCOPA

Lo primero de todo y para pasar sentar cátedra es decir el nombre de quien lo ha logrado y cómo. Y empezaré con el cómo y luego daré el nombre. Sin sacar un documento excel de sus triunfos y derrotas, sin tener un canal de Twitch para contar milongas pre y post partido, sin convocar a sus amiguitos porque sí y hacer inventos raros (Guillamón, Alba, Balde, Rodri de central...), sin hacer de la Selección su cortijo y hacer que muchos seguidores se desenganchasen de ella, sin rodearse de Piqué y Rubiales, sin ser un completo imbécil como Luis Enrique. Don Luis de la Fuente Castillo. Ese es el nombre. Ese hombre, por el que nadie de la fauna pseudo futbolística daba un duro ni un segundo de confianza, nos ha llevado de nuevo a dominar el viejo continente en fútbol. Y, lo más importante, lo ha hecho volviendo a unir a la afición. Haciendo que un culé disfrute de Carvajal, que un madridista disfrute de Lamine Yamal y que un atlético disfrute de los dos anteriores. Siempre habrá los cuatro cafres que quieran meter baza en el fútbol de selecciones llevándose el asunto al terreno de clubes, pero es fácil callarles la boca. Sobre todo a aquellos que se reían de algún jugador, como, por ejemplo, de Nacho. Y pedían, entre carcajadas que lo llevasen a la Selección, simplemente por ironizar y seguir con la burla. Pues bien, Nacho, este año ha vuelto a la Selección y ha ganado con ella la Eurocopa, habiendo ganado, previamente y con su club, claro, la Liga y la Champions. Ahora volvéis a la risa, pero con vuestros jugadorcitos idolatrados y puestos en la lista por su compadre Luisen... En cuanto ha llegado alguien con cabeza, han salido de la lista pero rápido. Y no es que hayan salido de una lista en la que, quizás, jamás debieron estar, es que ha vuelto el fútbol, el de verdad, las ganas de ver a la Selección y el triunfo. ¡Viva España!

Y, ojo, escribe esto un madridista. Algún culé desnortado ya decía en anteriores ediciones que queríamos que la Selección perdiera porque llevaba pocos jugadores del Madrid. Y esto no va de clubes. Ya lo he dicho. Y el mismo culé, que no sabe ni para quién vendimia, me decía en esta pasada Eurocopa que los madridistas íbamos con Francia porque es donde juegan Camavinga, Tchouameni o Mbappé, jugadores del Madrid. Y yo le decía que la palabra ESPAÑA vale más que todos esos nombres o el equipo que los contrata y que sus razonamientos estaban cargados de absurdez, imbecilidad e inmadurez sustentados en el arcaico y romano arte de la felatio inolvidable a los colores de su club. Algún imbécil acérrimo habrá que prefiera la victoria de su jugador favorito extranjero antes que la de su país natal, pero ni ese representa a la afición de un club, ni el culé arrodillado representa a la suya. ESPAÑA y solamente ESPAÑA. Y cuando salen once tíos al campo a defender esa palabra, sobra todo lo demás. Y esta vez los once si lo eran por meritocracia. Antes molaba más llevar a Jordi Alba que a Cucurella porque, claro, Jordi es amiguete y conocido y Marc juega en el Chealsea y no se le conoce tanto, pero la diferencia sobre el césped entre uno y otro ha sido abismal, porque el ser invitado al cortijo no tiene nada que ver con merecer serlo. Y esto de la lista lo ha hecho a la perfección el seleccionador actual (el otro dimitió, ¡qué cosas!, tras el enésimo ridículo) y la afición ha sabido entenderlo, unirse y remar bajo una misma palabra: ESPAÑA.

Ha sido la Eurocopa perfecta. Hemos derrotado, entre la fase de grupos y los cruces eliminatorios, a Italia, Francia, Alemania e Inglaterra. Para ser ya matrícula de honor "cum laude" ha faltado que hubiera sucumbido también Holanda (me niego a sumarme a la moda esa de llamarla "Países Bajos") ante nosotros. Toda la vieja guardia de Europa eliminada por ESPAÑA. ¡Qué grandeza! También Croacia y Albania. ¡Eh! Y ganando todos los partidos. El que pueda que lo iguale. Arrancó el torneo para la Selección con un partido bueno, grande, de esos de rival fuerte y que quita la careta dejando ver la verdadera cara que se va a dar en el campeonato: Croacia. Pues se fue al descanso ya con un contundente y maravilloso tres a cero en el luminoso, cosa que hizo que, estando el partido ganado, no se pisase más el acelerador en la segunda parte. Primer trámite culminado y con nota. El segundo partido de la fase de grupos era fuerte y todo un clásico: Italia. Tras dominarlos todo el encuentro y aguantar sus arreones (que los tuvieron), finalmente sucumbieron, uno a cero y nos plantamos ya en octavos de final. No obstante, el último partido de grupos, contra Albania, también se saldó con victoria española, otro uno a cero y a seguir soñando. El equipo enganchaba, no como en la última edición. Las cosas como son. No me cansaré de decirlo tantas veces como pamplinas tuve que aguantar de los pesados amigos del tío del cortijito.

El sorteo nos deparó a Georgia para los octavos de final y empezó la cosa fea, pues llegábamos mil veces y no marcábamos y ellos llegaron una y de carambola y ¡zas! a la jaula. España por debajo en el marcador por primera vez (luego hubo sólo otra única) en toda la Eurocopa. Se solucionó el asunto endosándole cuatro chicharros y esperando rival para cuartos de final. Cuatro a uno y a otra cosa. Cayó el destino deparando a Alemania, anfitriona y rival, para poder seguir avanzando hacia el trofeo. Poca broma. El partido era chungo y aquí decidió España abonarse al dos a uno hasta alzarse con la copa. El cabezazo de Mikel Merino cuando ya se olían las tandas de penaltis eliminó a los germanos. ¡Viva España! Y a seguir doblegando a los míticos de Europa. El siguiente en llegar fue Francia y ¿qué os decía antes? Tiramos de abono y otro dos a uno para apearlos del camino a la final. Semifinales de la Eurocopa y en el minuto nueve se ponía la azul, blanca y roja por delante. Bien, pues en el minuto veinticinco ya perdía. C´est fini, mon ami. ESPAÑA a la final y Francia a sus labores. El último escollo sería Inglaterra. Había que hundir a los piratas sajones, a los hijos de la Gran Bretaña. Y así fue. Último reparto del dos a uno y fuera los británicos. Campeones de la Eurocopa por cuarta vez desde 1992 que se comenzó a celebrar tal torneo. ESPAÑA, ESPAÑA, ESPAÑA Y ESPAÑA. ¡¡¡CAMPEONES!!! 
¡Ah! Y todo lo anterior lo he escrito, "Sólo por poner las cosas en contexto", ¿os acordáis de esa frase? Pues, ale. 
¡¡VIVA ESPAÑA!!

viernes, 7 de junio de 2024

¿OTRA VEZ? SÍ, OTRA VEZ. Y VAN QUINCE.

No sé ni cómo plasmar lo que quiero plasmar. Es algo que de costumbre se ha normalizado pero que ni los seguidores más acérrimos logramos entender. Ya lo decía en anteriores entradas: el Real Madrid nació grande. No juega competiciones, las gana. Sea el rival que sea, lo doblega. Es increíble en el sentido más propio y literal de la palabra. Y no, no es casualidad. Pudiera serlo una vez. O dos. Pero van quince. Algunas de ellas, obviamente, ha sido superior y claro favorito. Pero en otras, era claramente inferior y llevaba colgada la etiqueta de perita en dulce. Y, al final, ha ganado unas y otras. Todo eran risas de aquellos infames antimadridistas que gustan más de celebrar las derrotas del club de Chamartín que las victorias propias, cuando, al principio de temporada, se lesionaban para casi toda la campaña el portero titular, los dos centrales de la defensa y no se había fichado a un delantero centro de máximo nivel, sino al humilde Joselu, madridista de cuna que venía de jugar en el Espanyol recién descendido. "Cobetes, verbenas y jolgorios" de aquella fauna que ahora se ha convertido en nueva dosis de envidia exteriorizada a través de espumarajos de rabia y bilis salidos de sus podridas bocas. Es lo que tiene ser tan inferior como para festejar el mal ajeno que el tiempo, cuando pasa, te abofetea con más fuerza para ponerte en tu lugar. Y el Madrid, ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa? Pues sí, mirusté. Y de liga.

Y no, no es casualidad. Ya lo he dicho. Son muchas veces repetidas ya para que sea casualidad. Se caen todas las excusas que ponen los forofos y fanáticos de otros clubes para no ceder a la realidad: los árbitros, los rivales, las bolas calientes... No hay más que ver en las dos últimas Copas de Europa que ha ganado el Real los rivales que ha doblegado y la forma de hacerlo. Ha habido que tirar de supervivencia, de ultra defensa en bloque bajo, de tandas de penales y de la garra y la euforia que sólo tiene el club de Chamartín. Y fíjense que siempre hay algo que coincide: cuando todos creen que está muerto, te golpea y te elimina. ¿Cuántas veces lo hemos visto? Celebraban los antis el resultado de los sorteos de los cruces pues el cuadro por donde iba el Madrid era difícil y mucho. Vamos, o lo elimina el City o se lo carga el Bayern, pero a semis no llega. Y, sin embargo, por el otro lado ya celebraban los antis que, prácticamente, el Barcelona ya estaba en la final. ¡Tu verás! Un Paris Saint Germain descafeinado, un pobre Borussia Dortmund y un Atlético de Madrid ramplón... ¡¡A Canaletas!! ¡¡Que dice Jota Jordi que este año la ganamos!! Y la historia, como siempre, volvió a escribir sus renglones poniendo a cada uno en su lugar. Que sí, que sí, que el City era mejor... Dos veces nos lo hemos cargado ya, que os lo diga vuestro gurú Guardiola. Que sí, que sí, que el Bayern nos tuvo fuera... Dos goles de Joselu (del que tanto os reíais) y a dormir. Que sí, que sí, que el Barça oooootra vez de ridículo en ridículo y el Atleti... Bueno, el Atleti es que tiene una afición que canta bajo la lluvia y que sus jugadores usan Twitter. Cuando queráis volvéis. Hasta Cristóbal Soria se ha doblegado a la verdad. Es lo que tiene estar más pendiente de lo ajeno que de lo propio.

Quince veces, sí. Quince. Y llegados a este punto conviene escribir, describir, matizar, recalcar y recordar cómo ha sido esta edición. Esta champions la ha ganado el Real Madrid de manera casi perfecta. Se ríen los antis, otra vez, pero porque no se han parado ni a pensarlo. Y si fuera fácil lo haría su equipucho, claro. Bueno, su equipucho, allá el que quiera identificarse o ponerle nombre porque yo no lo hago, no gana una champions, como para ganar tres seguidas o seis en la última década... En fin,  a lo que iba. La última edición se ha ganado como nunca se había hecho: de manera invicta. Nunca, hasta ahora, el Real Madrid había sido campeón sin perder ni un partido. Dicen los antis corrompidos por la envidia y deseosos del mal ajeno y quitar mérito "¡¡Es que el Madrid ha eliminado a equipos sin ganarles!!", claro. Y sin perder tampoco. Pero eso no lo decís. Para eso hay que saber atacar cuando hay que atacar y defender cuando hay que defender. Y por eso se ha hecho campeón. Y lo ha hecho sin perder ni un partido en toda la fase de grupos, ni en todas las eliminatorias. Tomen nota aquí antes de decir sandeces. Lo ha hecho superando todo tipo de obstáculos aparecidos desde el inicio de temporada en forma de lesiones e imprevistos. Lo ha hecho en un ejercicio enorme de supervivencia y reinvención. Y lo ha hecho haciendo gala de equipo y compañerismo donde todos han sido vitales: desde el arranque fulgurante de Bellingham, la batuta cronométrica de Toni Kroos, los goles de Rodrygo al City, los minutos revolucionarios de Brahim, las pausas dominantes de Modric, el penalti marcado por Rüdiger, la capitanía de Nacho, los once metros detenidos por Lunin, la explosividad de Vinicius, los latigazos de Valverde y el instinto rematador de Carvajal hasta el alma de Joselu. Así se gana una Champions. Y van quince.

La final la viví en Pamplona. Tenía planeada una escapada al Camino de Santiago para volver a cruzar los Pirineos andando cuando me di cuenta de que si el Madrid llegaba a la final de Wembley me pillaría en la capital navarra el día del partido. Y así fue. Bueno, así fueron ambas cosas: que el Madrid llegó a la final y que yo me encontré allí. Mal territorio para cantar los goles del Madrid cuando allí, casi todo el mundo, es del Osasuna y del Bilbao y, claro está, bastante anti madridista. En fin, así surgió y así tenía que afrontarlo. Estos son los bueyes y con ellos hay que arar. Me metí en una taberna llamada "La Especial" sita en Ansoáin y allí aguanté todo tipo de improperios que la chavalada vasco-navarra dedicaba a los jugadores del Madrid a través de insultos y expresiones hacia la televisión. Conforme iban pasando los minutos y veían que el Borussia Dortmund, justísimo finalista, no materializaba sus opciones (que las tuvo y buenas), se iban callando y temiéndose lo peor. El desenlace ya lo sabéis: gol de Carvajal, gol de Vinicius y colorín colorado, otra Champions con papá. Y van quince. Sí. Quince. La chavalada y los antis a la Venta del Nabo. Una de dos, o no aprenden, o les gusta el lugar... Pues eso.  ¡Ah! Y Vinicius ya tiene dos champions y ha marcado en las finales de las dos. E igualando a Paco Gento ya hay otros jugadores con seis Copas de Europa cada uno... Cosas del Madrid. Otros que aprendan antes de rebuznar. Al terminar el partido las caras y miradas nos delataban a los cuatro infiltrados merengues que estábamos allí. Nos sonreímos mutuamente entre nosotros. El Real Madrid lo había vuelto a hacer. Contra todo y contra todos, inclusive muchos aficionados que se han dedicado toda la temporada a apostar cuando caería el equipo, tuvieron que agachar las orejas como un pachón. El Madrid nació grande. Está en su adn, no juega competiciones, las gana. ¿La champions? ¿Otra vez? Sí, otra vez. Y van quince.

martes, 23 de abril de 2024

DON REAL MADRID

El respeto no se exige, se gana. Y, menos algún fanático descerebrado en barra de bar, todo el mundo respeta al Real Madrid porque se lo ha ganado. Esta temporada está callando más bocas que nunca, sobre todo propias, ojo. Empezó la temporada y se lesionaron de gravedad, vamos que no podrían jugar prácticamente en todo el año, el portero titular y los dos centrales. La planificación deportiva en cuanto a la posición de ataque el del equipo había sido nula. Una plaga de lesiones de los jugadores habituales iba desmantelando el equipo y se iban obteniendo resultados positivos a base de encomendarnos al brillante fichaje de Jude Bellingham (que marcaba gol en todos los partidos) y de la cordura que imponía la vieja guardia pretoriana, con Kroos y Modric a los mandos. Pero la cosa pintaba fea. Muy fea. El anti madridismo reía feliz. "No tienen portero, no tienen eje de defensa, los veteranos están muy viejos para mantener este equipo y los jóvenes muy verdes para la solvencia que necesita el Madrid". Era una realidad. Y los de la casa diciendo que con la plantilla que teníamos no nos daba ni para el Trofeo Escolar. Pero, claro, viendo cómo iba avanzando la temporada, el Madrid comenzó a ganarse el respeto. Y se pasó de las risas a los resultados que, al fin y al cabo, es lo que cuenta. Y llegó el respeto que decía. Obviamente, con la careta de hooligan del equipo que sea (que yo también me la sé poner), se vierten excusas: la suerte, los árbitros, otra vez la suerte... Pero al final la verdad es la que es. En su momento, podíamos decir quiénes fuéramos lo que quisiéramos del Barça, pero, "Negreira" aparte hasta que se arregle el asunto y con la cabeza al mando y no el corazón, se ganó el respeto en los campos porque gobernaba con puño de hierro y buen fútbol los campeonatos en los que estaba. Fanatismo fuera. El respeto se gana, no se exige.

Y, vean ustedes, lo ocurrido recientemente. Cuando grandes jugadores y señores entrenadores, hablo de gente como Jürgen Klopp, Guardiola, De Bruyne, Haaland, Piqué, Henry, etc, que nos podrán gustar más o menos, pero de fútbol saben, dicen que del Madrid no se fían, que el Madrid es el Madrid siempre y que al Madrid hay que respetarlo, es porque saben o han experimentado que el club blanco tiene un don para ganar que es inexplicable. Rizando el rizo, con su columna vertebral lesionada, con mil y un contratiempos, con un juego que no es definible, con lo que se quiera decir, a estas alturas de temporada, entrando en el tramo decisivo, lidera la Liga con once puntos sobre el segundo y se ha metido en semifinales de Champions doblegando con un enorme ejercicio de defensa al super Manchester City, equipazo construido con jugadorazos de envergadura mundial. Y tan sólo cuatro días después, jugando al ralentí y con una defensa inventada, ganó el partido clásico de la liga, contra el eterno rival, endosándole tres goles en contra (por dos de los visitantes), dejando la competición doméstica más que encarrilada y vista para sentencia. Y eso, es de respetar. Obviamente los Jota Jordis de la vida y los Cristóbales de Soria de turno vendrán son su relato de siempre para negar lo evidente. Y, ojo, hay quien los cree y los sigue. Allá ellos, tristes de espíritu, pues saben que la realidad es la que es y no la que les proclaman y ellos tragan. De los atléticos que expanden sus lloros mentando al estamento arbitral como benefactor del Real Madrid, mientras ellos pierden incluso contra el Alavés y están a veinte puntos del líder, hablamos otro día que hoy la cosa es seria y esos chistes se cuentan solos.

El caso es que al Real Madrid hay que hablarle de usted. Tras el arranque de forofismo de Xavi tras la jornada de Champions, él mismo reconoció, en la previa del clásico, que el Madrid ha eliminado dos veces ya al City (considerado por muchos el mejor equipo del mundo) y eso no es casualidad. Dícese, hasta Xavi sabe la realidad: el Real Madrid, de una forma u otra, se gana el respeto. No es cuestión baladí que calle hasta las bocas propias, pues en estos meses pasados y, sobre todo, en estos días recién acabados, he leído y oído de ciertos madridistas (de algunos ya incluso dudo que lo sean) que el equipo no tenía nada que hacer y que la temporada estaba acabada, en blanco, por supuesto. Han pedido incluso la venta o jubilación de alguno de los baluartes del club, como el propio entrenador o uno de los jugadores franquicia. Y hete aquí que han vuelto a ignorar el peso del escudo y éste los ha vuelto a callar. ¡Qué deleite para los que de verdad decimos "¡Hasta el final!"! De verdad, no aprenden. "No vamos a llegar a nada, este año va a ser horrible, que acabe todo cuanto antes, no vamos a meter ni un gol en toda la eliminatoria, no tenemos preparación, el entrenador no sabe de esto, etc, etc, etc". Pero, vamos a ver, ¿calla Don Real Madrid las bocas ajenas y te crees que no va a callar las propias? Esta maravillosa semana anterior os ha metido en la cueva a los anti madridistas y a los madridistas que os entregáis sin siquiera plantar batalla. Que una cosa es ser realista y otra ser de la Real Sociedad. Y una cosa es vuestra realidad y otra muy distinta la verdadera. O lo que es lo mismo, quien se enfrente al Madrid que lo venza porque el Madrid jamás saldrá a entregarse. Y si eres de los que diciendo ser madridista prefiere bajar los brazos a que se los bajen, háztelo ver. El escudo del Real Madrid se ha ganado el respeto a base de triunfos cuando todos apostaban por él y, también, cuando nadie daba un duro por él. ¿O no recordáis ya la última Champions? Nos va a fundir el PSG... ¡Arrea! Hemos pasado. El Chelsea nos vapulea... ¡Atiza! Estamos en semis. El City nos manda a casa... ¡Caramba! Nos hemos metido en la final. El Liverpool nos pondrá los pies en la tierra... ¡Leche! El Real Madrid campeón de la Copa de Europa. Callando bocas siempre. La tuya también.

Ahora, a toro pasado, es fácil subirse al carro y decirse ser muy y mucho madridista. Pero algunos decimos que al Real Madrid lo queremos hasta en las victorias. Sí, has leído bien. Hasta en las victorias porque ahí es cuando es fácil quererlo. Pero en lo difícil, más. ¿Cuántos han querido bajarse del barco cuando la cosa pintaba fea? Y eso encima da alas a los antis. Y luego se convierte en mayor gozo para los incondicionales cuando vemos un nuevo guantazo ( y van no sé cuántos) a los anti madridistas de siempre y a los pro pesimistas cansinos que encima vienen a dar lecciones. Ojo que alguien puede ver la cosa turbia en algún momento y luego llevarse una sorpresa. Yo mismo dudaba mucho de pasar la eliminatoria contra el Manchester City, pero había que jugarla, obviamente. Tras el empate a tres del primer cruce no es que viera más luz, sino que seguí defendiendo la idea de siempre: gáname, rendirme jamás. No por ello me imaginaba al Madrid clasificado, pero el triunfo hay que pelearlo. El antes mencionado Jude Bellingham, ha asimilado el madridismo rápidamente y en la rueda de prensa dijo el Evangelio. "No sé si podremos o no, pero si sé que somos el Real Madrid". Pelos de punta al escucharlo. Así es. Y en el partido de vuelta se hizo realidad. El escudo del Real Madrid cuando crees que queda enterrado, resucita de nuevo y vuelve a poner el punto a la i. Te recuerda, me recuerda, nos recuerda a todos, propios y extraños, a base de resultados, quién es y por qué. Nunca lo deis por vencido. Preguntadle a Guardiola que lo ha sufrido bien varias veces. O preguntadle a Xavi cómo ha perdido los dos clásicos de la liga con goles en el descuento. El Real Madrid es mucho Real Madrid. Es Don Real Madrid. Y se hace respetar.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

ES COMO EL REAL MADRID, NACIÓ GRANDE

El otro día me encontré en el Parque de Atocha a un perito con el que alguna vez he trabajado en asuntos judiciales. Estábamos charlando de nuestras cosas de trabajo y de fútbol, a la vez, pues compartimos en eso los mismos gustos. Su hijo pequeño y mi hija van al mismo colegio y se pusieron a jugar juntos y su hijo mayor (que está ya en edad pre adolescente y se entretiene lo mismo que una cabra en un garaje, es decir, a mirar las telarañas y dejar pasar el tiempo a la luna de Valencia) se acomodó en un columpio y no sé si es porque el chico es grande (¡qué cosa esta contradicción para expresar la realidad!) o porque el columpio era pequeño, apenas cabía y hacía ver al muchacho más grande de lo que era, pero el caso es que espeté ¡qué grande está tu zagal, Juan Ángel! El perito, actuando como padre esta vez y no como topógrafo que es con lo que se gana el pan y llena la nevera del hogar, sonrió y usando el argot futbolístico con el que estábamos hablando, lanzó como respuesta a mi exclamación (que no interrogación pero si merecedora de la misma) dos afirmaciones en una: mi hijo es como el Real Madrid, nació grande. Y yo que no aguardaba tal expresión cargada de bonhomía, locuacidad, afirmación, ingenio, confraternización y humor a iguales partes en un 50% de la misma, siendo en el otro 50% adulación, nobleza, reconocimiento y piropo a la grandeza del club de Chamartín, me prometí que no olvidaría la misma y que la plasmaría en mi humilde rincón cibernético como título de la próxima publicación de fútbol que hiciera en el mismo, a la sazón la que estás leyendo, amigo.

Y sí. El Real Madrid nació grande. Con esa grandeza que sólo los grandes tienen. No tratéis de buscarla ni de negarla los que no seáis madridistas, pues bien sabéis que existe y no tiene explicación. Y si no no lo creéis así, repasad la última champions que ganó. Una plantilla envejecida, saciada de títulos, sin hambre, a remolque en casi todos los partidos y, sin embargo, se cargó a los mejores de Europa remontándolos en un puñado de minutos épicos y volvió a ganar la orejona con gol de Vinicius. Ya tiene más champions que muchos de los que ladran. Así es que sí, no tiene explicación. Que nació grande y punto. Si el hijo del perito cuando llegó a este mundo estaba destinado a crecer por encima de la media, el Real Madrid desde sus orígenes está llamado a hacer historia. Y la está haciendo. Año tras año. Contra todo y contra todos. Y quien se atreve a negarlo al final sucumbe y nos tacha a los merengues de que nos creemos superiores. Error. No nos lo creemos. Lo somos. Nosotros no, nuestro club. Ahí está el palmarés. No lo digo yo. Las vitrinas hablan. Nos dedicamos simplemente a sacar pecho de honor y gloria cuando cualquier mala lengua menciona al Real Madrid por su insana envidia. No es que seamos superiores es que quien hace esas cosas es inferior. Juega el Depor con las Palmas y algún imbécil (calificativo ajustado, real y merecido) saca a (mal) relucir al Madrid. Pues claro. Zascazo por idiota. Y, por supuesto, eso es señorío. Callar cuando se debe y soltar un latigazo a quien lo merece. ¡Y qué señorío, dice! ¡Me insulta! Por supuesto, ¿crees que señorío es aguantar silente lo que tu vil interior quiera manifestar a fuerza de espumarajos de rabia? No, hombre no. No tengo culpa de la inferioridad de tu club ni del que el mío naciera grande. Entérate de una vez y haz tu guerra con los tuyos.

Y todo esto, ¿por qué? Pues simplemente por la cantidad de risas que hubo a principio de temporada cuando Mbappé dijo que no salía del PSG. ¿Acaso el Madrid quiso ficharlo este pasado verano? No. Pero la campaña de la prensa expandió que sí mientras el club se mantenía en silencio. Al final el jugador se limitó a decir que seguiría en su equipo (no que no venía al Madrid, sino que seguía en el París Saint Germain), el Real Madrid no dijo ni mú (pues no lo había dicho en todo el verano) y las hordas de antimadridistas venga jaja jiji porque creían que el Madrid no sería nadie sin un delantero puro. Y venga risas. Benzemá se fue. Más risas. El Real ficha a Joselu para que haga de 9. Muchas más risas. En la primera semana de la llamada a la competición se lesionan Courtois y Militao, el portero titular (y actualmente mejor del mundo -insisto, son datos que nos lo digo yo sino que son así-) y el jefe de la defensa. El despiporre absoluto. El Madrid encomendado a hacer su juego con el nuevo fichaje, un tal Jude Bellingham, que no ganó no sé qué premio juvenil quedando quinto y, encima, quedaron por delante de él Gavi y Pedri, todopoderosos a la sazón de quienes así lo creen y los elevan al Olimpo del fútbol por encima de Cristiano Ronaldo, Messi, Maradona y Pelé y, en cuestión de pólvora, a los tantos que metieran Vinicius, el Joselu ese que habían fichado y el repescado Brahim. Se revolcaban los ingratos por el suelo. Pero el Real Madrid nació grande.

Peor aún para la plantilla y más risas para los Cristóbales de Escoria y JotaJorges de la vida. Se lesionó Tchouameni en el clásico y en el parón de selecciones cayeron para otras tantas semanas Vinicius y Camavinga. Sin embargo, hete aquí que la historia juega de nuevo y vuelve a callar a los bocazas. Tirando de Fran García en una banda, de Rudiger y Nacho como eje de la zaga, de los veteranos y ¿agotados? Kroos y Modric en el centro del campo, encomendando la faceta goleadora a un desaparecido Rodrygo objeto de mil burlas y con la enfermería llena, resulta que el Real Madrid gobierna la clasificación de la liga siendo el equipo más goleador y menos goleado y del mismo modo en su grupo de Champions. ¡Qué cosas, oigan! Y al tal Jude Bellingham que es un Don Nadie al lado de los golden boys que habitan en Narnia y que se dedica sólo a empujar baloncitos en la línea de gol (que le digan al Barça el chicharrazo que les endosó desde fuera del área), le ha dado por reventar la historia del club y ser el primer jugador que en sus quince primeros partidos marca catorce goles. Cifras que no lograron ni Di Stéfano, ni Ronaldo Nazario, ni Raúl, ni Benzemá, ni Cristiano Ronaldo, ni nadie, las tiene el fichaje nuevo. ¡Mare de Deu! Y sin Mbappé y sin portero y sin los defensas principales y con el medio del campo que no está nada más que para media horita y con Joselu y con Brahim de delanteros y estamos primeros en Liga y estamos clasificados en Champions y... y... Y... sin risas ya, ¿eh, antis? Que no os enteráis y os cortamos la carcajada rápido. Y eso pasa por no saber la verdad. Y no, no la dije yo, la dijo el perito: el Real Madrid nació grande.

viernes, 17 de febrero de 2023

UN POQUITO DE FÚTBOL, ¿NO?

Creo que ya tocaba. Hace tiempo que no dedico unas líneas al peloto (como dicen los argentinos) y es el momento. Siempre, cuando escribo acerca de mi versión futbolera, lo hago tanto en las buenas rachas como en las malas y, ahora, el Real Madrid no sé si está en buena o en mala porque en la liga ha dejado escapar puntos muy valiosos y, paralelamente, se ha proclamado de nuevo (y ya van ocho veces) Campeón del Mundo. Así es que sí, toca dedicar unas líneas al deporte rey. Sí. Toca eso, hacer autocrítica de los errores que viene cometiendo el club y darle en los morros a los antis que siempre los hay y no aprenden. Si eres uno de ellos, detén aquí tu lectura, pues avisado estás de que vas a llevar cuatro verdades que te bajen de tu nube de necedad de la que haces gala cada vez que abres la boca o escribes en las redes sociales buscando lana. Si te dedicases a hablar de tu equipo en vez de a criticar al rival no saldrías trasquilado. Pero, claro, la envidia y el odio son lo que tienen. Y sabemos bien todos que una cosa es el pique sano y el hacer chuflas sobre el rival y otra cosa es meter la pata con conocimiento. Y como esto último gusta a muchos estultos, vaya por delante, como ya he dicho, el aviso de que aquí encontrarán bozal a sus ladridos desmedidos y fuera de lugar con la misma agresividad que alegría ponen en sus malintencionadas imbecilidades. Más claro no lo puedo decir. Y antes de sacar la vara de avellano, procedo a mirarme el ombligo que hay mucho fondo que tratar.

Caminaba el Real Madrid alegremente por la competición doméstica hasta que, como en otras ocasiones, decide poner fin a tan dulce transitar sin saber por qué. Parece que es, incluso, costumbre. Siempre tratamos los madridistas de buscar la explicación o la excusa para tal trance, pero ya hemos barajado todas las posibilidades y no hay solución. Es que la plantilla está saciada de títulos. No. Es que la plantilla aún no ha ganado nada y con tanta presión fallan. No. Es que el equipo está viejo. No. Es que el equipo es muy nuevo. No. Vamos que no, no y no. Nos ha pasado varias veces y de todos los colores, así es que no cabe réplica alguna. Parece que nos gusta complicar la situación cuanto más a favor la tenemos. Y que nos peguen un bofetón de realidad y un baño de humildad, cositas que siempre vienen bien, todo sea dicho. Pues en esas estábamos tan contentos pensando que la presente campaña de liga sería nuestra, cuando de pronto nos encontramos a ocho puntos del líder y con un guantazo deportivo en la final de la Supercopa de España a manos del eterno rival. ¿A cuento de qué? ¿Qué ha pasado? Parece que al Real Madrid no le gusta lo fácil nunca. ¿Que jugamos con un rival de categorías inferiores y debería ser un triunfo fácil? Pues empezamos perdiendo y nos obligamos a remontar. ¿Que vamos líderes de la liga con un colchoncito majo? Pues encadenamos tres empates y un par de derrotas y tiramos por la borda todo. Y así. Es incomprensible pero así es el Real Madrid. Y, ojo, al final los títulos llegan. No lo olvidéis. Pero que los madridistas debemos hacernos mirar eso, también. Hay que auto exigir y prefiero que nos tapen la boca los propios jugadores a que lo hagan los rivales. Hay que barrer la casa, ¿eh? Seamos serios. De eso no tiene culpa nadie salvo nosotros.

Sentado lo anterior y teniendo muy presente que veo complicadísimo ganar la liga esta temporada por la distancia que hemos regalado (y ha sabido ganar) el Barcelona, no puedo pasar por alto que hemos vuelto a ganar el Mundialito de Clubes. Contra el Al-Hilal, sí, contra ese equipo prácticamente desconocido y que tanta risa genera en el "Tristóbal de Escoria" de turno, sus palmeros y los antis que pululan en las redes. Sin embargo, ocurre que para ser Campeones del Mundo (y esto lo obvian esa caterva de ignorantes, envidiosos, imbéciles y perdedores que quieren quitar mérito al trofeo) hay que haber ganado la Champions League. Es muy fácil golear al Al-Hilal, dicen. Claro, hacedlo vosotros. Ganad la champions primero. Ganadla como lo hizo el Real Madrid. Eliminando a los más grandes de Europa y del modo que lo hizo. No tendría ni que recordar esto a estas alturas pero a ese manojo de estúpidos hay que darles de bruces con la realidad siempre. El Madrid eliminó al Paris Saint Germain, al Chelsea, al Manchester City y al Liverpool. Una trayectoria sufridísima y con remontadas. ¿Lo hizo el Barça? ¿Lo hizo el Atleti? ¿Lo hizo el Sevilla? ¿Lo hizo el Conquense? No. Pues chitón. A la "europalí" (o a vuestro corrito de romería) que es lo vuestro y a ver cómo el Madrid levanta la champions, se clasifica así para el Mundialito de Clubes, gana sus partidos en tal competición y levanta por octava vez la copa del mundo. Sí, contra el Al-Hilal. Ya sabéis la ruta a seguir para llegar a ello. Sé que es más sencillo escupir bilis y ponerse la venda en los ojos pero ya estoy yo para daros un almax y unas gafitas para ver la realidad. Ocho veces campeones del mundo. Empatadlo.

Y cuando lo empatéis venís luego a contarlo y a decir que es fácil golear a un equipillo para ganar el mundialito, pandilla de cafres. Que digo yo que es más fácil y bonito sacar pecho con los triunfos propios que vivir agazapado mirando de reojo (en vuestro caso, directamente) al rival para decir si deja o no de hacer o deshacer. En mi caso, hablo de mí, cuando el Madrid va mal estoy calladito y cuando el Madrid gana lo celebro. Lo que, paralelamente, hagan o deshagan vuestros clubes me la trae al pairo. Eso sí, a todos aquellos mamandurrias que están siempre ejerciendo de anti lo suyo en vez de pro lo suyo, les caliento los hocicos y con razón. Y eso es señorío. Saber cuando callar y saber cuando hablar. No venga nadie a decirme que he soltado muchos calificativos y epítetos y eso no es señorío. No. En la victoria no me acuerdo de vosotros y al acordaros vosotros de mí es cuando ya saco la vara a paseo. Por imbéciles. Ya os lo he dicho. Los señores vestimos zapatos y si nos pisan un pie sabemos dar patadas. Cuando el Barça nos pegó un baile en la Supercopa de España fui el primero en reconocerlo y callar. Y ya hubo colchoneros metepatas hablando de lo que ni les va, ni les viene. No entré en su juego. Cuando hemos ganado el Mundialito ni los he mentado, ni a unos ni a otros, pero ellos solitos ya han venido a opinar en corral ajeno y a decir que si contra el Al-Hilal, que si es una copita menor, que si es muy sencillo, etc, obviando, como antes decía, lo que hay que ganar para llegar ahí y metiéndose donde no los llaman. Son entrañables. E imbéciles. Imbéciles también. Así es que todo aquel que se haya visto reflejado en estas líneas que vuelva al principio donde avisé que si era uno de esos antis detuviese su lectura. Si no lo ha hecho, confirmado queda, es imbécil. De manual. Ale, a rebuznar a otro lado que yo, mientras reconozco que el Real ha tirado la liga y es reprochable, sigo celebrando que es Campeón del Mundo. Suerte en vuestra andadura de champions... ¡Ah! ¿Que no...? En fin, para perder algo hay que jugarlo. Y para ganarlo, también. ¡Hala Madrid!

lunes, 30 de mayo de 2022

Y EL MADRID, ¿QUÉ? ¿OTRA VEZ CAMPEÓN DE EUROPA?

Era el año 1994 cuando se hizo famoso un anuncio de televisión en el que un señor mayor, cabrero, en una aldea perdida decía la frase "Y el Madrid, ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa?", haciendo alusión a las seis Copas de Europa que ganó en los años 50 y a que a su aldea no llegaba la evolución, la actualidad, ni las noticias. Esa frase se hizo viral y más en aquellos años en los que se anhelaba por el madridismo volver a ganar la máxima competición continental a nivel de clubes y, más aún, desde que el formato de la competición cambió. Bien, pues a día de hoy, Majaelrayo, pequeña localidad de Guadalajara donde vivía el entrañable cabrero, ya no es un lugar recóndito donde apenas llegaba la vida o algún Mitsubishi Montero que se hubiera extraviado, sino que también llegan las noticias actuales y saben que el Real Madrid vuelve a ser, efectivamente, campeón de Europa. Y no es que lo sea flamantemente desde hace un par de días, no, es que lo ha sido desde entonces ocho veces. Llegó la ansiada séptima Copa de Europa en 1998, la octava en el año 2000 y la novena en el 2002. Doce años se tardó en conquistar la décima que cayó en el 2014 y, hoy, ocho años después, están en las vitrinas la undécima, duodécima, décimo tercera y décimo cuarta, logradas en los años 2016, 2017, 2018 y 2022. Increíble. Normal que la pregunta del anciano alcarreño esté de moda otra vez.

Peino cuatro décadas casi recién estrenadas y he visto a mi equipo ganar ocho Champios. El que pueda que empate. Así. Sin paños calientes. El que pueda que empate, repito. Claro, es que con Franco... Claro, es que con Aznar... Claro, es que Florentino... Claro, es que era fuera de juego... Claro, es que los árbitros sin var... Claro, es que los árbitros con var... Claro, es que el vino con gaseosa... Claro, es que mi tía la del pueblo... Y así. Cualquier discurso es bueno como excusa para intentar tapar lo evidente y real: 14 Copas de Europa. Y tal cosa no admite discusión, es impepinable e inapelable. Se puede buscar como ayudita a la Diosa Fortuna una vez, quizás dos, milagrosamente tres, ¿pero catorce? Podéis ir en paz y con vuestro cuento a otro lado. Y precisamente este año en los que no ha habido eliminatoria sencilla, más todavía. Os recuerdo, amigos, los cruces que ha tenido el Real Madrid en esta edición. Cuando de nuevo estabais los antis y odiadores con vuestro relato de la suerte y las ayudas nada más concluir el sorteo de los octavos de final, pues el rival que salió de la bola era el Benfica, se hubo de repetir el sorteo y quiso la ventura que el rival final fuese el París Saint-Germain. ¡Qué de risas, ¿eh?! El Madrid contra Mbappé, Di María, Messi, Neymar, Ramos, Icardi, Verrati, Paredes... ¡Hasta ahí han llegado estos suertudos! El resto ya lo sabéis, pero os lo voy a contar porque sois muy majos. ¡Ah! Entremedias de dicho resto también ganamos la liga, por si se os olvida. Y quedaban todavía cuatro jornadas por disputarse... En fin, que hoy estamos con la Champions. Sigo.

Se plantó el Real Madrid en la Galia y en un ejercicio de supervivencia total logró salir derrotado sólo por un gol en contra. No pasa nada, en el Bernabéu los funden. Y a otra cosa. Y pasó que en el Bernabéu nos metieron otro pero nosotros metimos tres. ¡Oh! Sorpresa. El Madrid pasaba el cruce con un hat trick de Benzemá que remontó la eliminatoria y la adversidad. Comenzó a llorar la llorería y las redes a llenarse de los argumentos de siempre nacidos de la envidia, la rabia y la ira. Nosotros a lo nuestro que los cuartos de final no pintaban fácil. Contra el Chelsea fue a tocar jugársela. Nos vinimos de allí con un tres a uno a favor, pero, ojito, que ya no existe la norma del valor doble a los goles metidos fuera de casa en caso de empate. Y en el Santiago Bernabéu se puso la cosa en plena Semana Santa entre flagelos y cruces. Tres cero a favor del Chelsea hasta que la bota de Modric envió una delicatessen a Rodrygo y éste metió la bola en las redes. Prórroga cuando ya los antimadridistas descorchaban el champán. Lo siguiente fue que, en el tiempo añadido, Karim culminó otra vez la remontada y el Madrid a semifinales. Vuelta a que Twitter y Facebook se llenasen de bilis que lo que hace es agrandar aún más al club de Concha Espina. Siguiente eliminatoria contra el Manchester City de Guardiola. Aquí sí que sí. Los blaugranas felones apelando a Pep: "¡Elimínalos, amado líder! A nosotros nos han eliminado de la Champions y también de la Europa League... ¡En el mismo año! ¡Pero tenemos a Pedri! Estamos a 12 puntos de ellos en la liga... ¡Pero les ganamos 0-4, tú! ¡Somos más que un club! En ti confiamos Pep, elimínalos con tu super poderoso equipo construido a base de escuela, ¡ah!, que no... que es con los petrodólares... bueno, elimínalos, Guardiolita mío". Y sí, casi. Casi de verdad. En el partido de ida perdió el Madrid por uno a cero y pudieron ser más. Y en el partido de vuelta, en el minuto 89 (de los 90 reglados) perdía el Madrid uno a cero también, en total 2-0 en contra en la eliminatoria. Quedaba un minuto más el descuento. ¿Qué pasó, queridos? Que somos el Real Madrid. Otra remontada épica y antes de que pitase el árbitro el final ya iba el marcador con un empate a dos. En la prórroga cayó el tercero y se acabó el asunto. Guardiola, el inventor y creador del fútbol, a su casa, los culés llora que te llora con él y los atléticos con sus argumentos sólidos de siempre basados en el insulto que origina la rabia cuando nada se puede objetar. El resto del mundo antimadridista planchando camisetitas del Liverpool para la final.

Y llegó el 28 de Mayo pero antes hubo traca. Justo la semana antes estallaba el final del culebrón Mbappé y los antis festejaron como un título que no viniera la temporada que viene al Madrid y que se montase ese circo mediático que también podía influir en desestabilizar al Real de su concentración para afrontar la final. Tras años de mareo con el fichaje de Kylian, éste decidió prorrogar su etapa en el PSG. Pues muy bien, cada uno elige lo que quiere. Fue un mazazo porque se daba por hecho que vendría y al final no. Risas otra vez de los odiadores que luego, como siempre, se convierten en lágrimas para ellos mismos. Las cosas del fútbol, es un toma y daca, correcto, pero algunos nunca aprenden. El Real Madrid siguió a lo suyo y no permitió despiste alguno. Se jugaba la final de la Champions, se había llegado a ella sin que nadie diera un duro por el equipo ni por la temporada, había costado mucho y había que pelearla como fuera. El Liverpool, además, el otro finalista, era un gran rival. Salah, Mané, Luis Díaz, Firmino, Thiago Alcántara, Alexander-Arnold, Fabinho... Poca broma en esos nombres. Y pitó el árbitro. Eso sí, pitó treinta y seis minutos después de lo previsto por la nefasta organización de Ceferín y sus secuaces y por la cantidad de chusma que habita en Francia a sus anchas, pero eso es otro capítulo. El caso es que el árbitro pitó en París y rodó el esférico. No voy a resumir el partido, para eso ya tenéis la prensa, cada uno la que quiera. Y lo que diré lo vio todo el mundo: Courtois, portero del Real Madrid, hizo varias veces de las suyas y negó que el balón llegase a las redes. Los que sí lo enviaron dentro y por dos veces fueron Benzemá y Vinicius. El primer tanto no subió al marcador por las cosas de diferente criterio que ocurren en la comunidad arbitral: unas veces sí y otras veces no. El segundo si apareció en el luminoso y con eso sobró y se acabó. Galopada de Valverde y el brasileño batió a Alisson. El Madrid, quizás, no sea el mejor en juego, pero es el mejor compitiendo. Y si este año ha batido por el camino a PSG, Chelsea, Manchester City y Liverpool, no hay excusa, es el mejor, sin duda. Y ya lo ha sido 14 veces. Querido jeque, querido Ceferín, querido Mbappé, querida UEFA, querido Guardiola, queridos antis todos: la copa a Cibeles, donde debe estar. Señor Klopp y señor cabrero de los años noventa, mis respetos y admiración. El Madrid otra vez Campeón de Europa.