martes, 30 de junio de 2026

AMIGO CAMINO

Me gusta cuando escribo a algo etéreo como si aquello pudiera leerme. Sé que no, pero seguro que puede sentirme. No lo dudo. Cuando una tormenta de verano me pilla de improviso y alguna gota de agua me resbala por la mejilla la siento desvanecerse en su recorrido y sé que, de alguna manera, ella me siente a mí alegrarme del frescor que me produce y sabe de mi sonrisa interior despertada por su causa, agradeciendo esos pequeños detalles que son la esencia de la más pura vida. Y fallece la gota con su alma henchida, sabedora de haber cumplido su misión. Igual me pasa a mí cuando te recorro hecho un manojo de emociones. Sé que en cada pisada te siento y me sientes. Me conoces bien. Te conozco bien. Nos conocemos bien pues hace más de quince años que te recorro y paso por ti a la vez que tú lo haces por mí. Y quien, a priori, me tachase de loco por escribirte, pues un camino no siente ni padece, seguro que si ha leído estas poquitas líneas que abren lo que hoy vengo a decirte ya no lo hace, pues en su interior, quizás, haya recordado que deshojar una margarita es mucho más que quitar uno a uno los pétalos de una flor. La vida es sentimiento y el sentimiento puede plasmarse de mil maneras. A mí, particularmente, me gusta hacerlo por escrito para poder revivirlo cuando pasado cierto tiempo me topo de nuevo con mis letras. Y hoy, amigo Camino, me acuerdo de ti y sé que cuando me calce las botas y me cuelgue la mochila volveremos a fundirnos en nuestras cosas. Y que nos quiten lo bailado. A ti, cómo me exprimes por dentro y por fuera, removiéndome el interior, enfrentándome a mi mismo y haciéndome sudar en cada cuesta. Sonríes entre maliciosa y afectuosamente porque sabes que es así. A mí, el vencerte etapa tras etapa mientras me queden fuerzas para ello, entregándome a la lucha contigo porque, aunque exhausto, me viene bien y me depura, más por dentro que por fuera. Y luego nos abrazamos ambos porque nos queremos y sabemos que los dos hemos cumplido. Y seguimos fraguando recuerdos.

Por eso te escribo. Porque sé que me lees. Y al igual que yo un día cualquiera de marzo me pregunto quién te estará recorriendo, quién estará en Hontanas, mismamente, a mitad de etapa o quién se estará enfrentando a la subida a la Faba, confío en que tú, amigo mío, en algún momento inesperado de noviembre, pienses qué estaré haciendo con mi vida (más bien, mi vida conmigo) en ese instante. Igual estoy en algún Tribunal ejerciendo el oficio con el que lleno la nevera. Lo mismo estoy evadido de la rutina compartiendo algún rato de ocio con la familia. O, a lo mejor, estoy recorriendo algunos kilómetros en algún camino cercano recordando tramos tuyos y pensando en ti, a la vez que, sin yo saberlo, tú estás pensando en mí. Magia pura. Y sin que ninguno lo sepamos. Pero nos sentimos. Ya lo he dicho. Estando juntos y en la distancia. Y hoy, mira tú por dónde, me acuerdo yo de él. De ti, amigo. De ti. De tus flechas amarillas, las cuales persigo y cuando no hay más las busco de nuevo. ¿A dónde me llevan? ¿A Santiago? No lo creo. Porque he llegado ya muchas veces y sigo siguiéndolas. El camino en sí es estar en el Camino. La propia meta eres tú. Una charla, un albergue desconocido, una ducha al mediodía, un pueblo casi deshabitado si no fuera por los peregrinos que le damos vida durante unas horas días tras día, unas ruinas del Convento de San Antón rescatado para su labor de Hospital, un Lugar de Pregontoño, in crescendo, donde cada vez hay más arraigo, un rinconcito en Bentartea oculto por la niebla que esconde el pesar de un caminante...

Y ahora que llega el estío tengo ganas de ti. Fíjate que hemos compartido ratos en primavera y en otoño. En invierno no. Todavía. Y como la gran mayoría de veces ha sido en verano, cuando hemos compartido incluso semanas juntos, conforme el calor se va instalando me acuerdo más a menudo de ti pues veo venir en el calendario las fechas que solemos coincidir. Siempre te decía que era yo el que iba a verte, hasta que descubrí en mi tierra que también hay flechas amarillas y ya he perseguido algunas. Pero tú, eres tú. Y sabes que me refiero a ti. Te he caminado en tus variantes. He alcanzado Compostela viniendo por el Camino del Somport, el Portugués, el Inglés y el Primitivo. Incluso una vez fue la propia Compostela el punto de salida y allá que fui, en tu prolongación que para muchos es el epílogo, en tu vertiente esotérica, hacia Fisterra. Pero tú, gran y real Camino Francés, eres especial por muchas cosas. Cuando hablo del Camino, mi mente y corazón piensan y sienten en ti. Me bulle la alacena de la memoria con recuerdos y vivencias. ¿Te acuerdas la primera vez que subí las escaleras de Portomarín? ¿Y recuerdas mi subida a O Cebreiro aquel septiembre? ¡Oh! ¡Castilla! ¿Qué me dices? Aquellas etapas por las tierras del Cid que me llevaste a ver el Papamoscas de Burgos que ni sabía que existía. Y las penurias por Arrés, Ruesta y Sangüesa... Inolvidables. Mis rodillas destrozadas bajando hacia Molinaseca también te mandan un abrazo. Y las lágrimas de mi cara al llegar, no me acuerdo qué vez era ya, a tu concha cero y alzar a mi hija victorioso hacia tus altas y pardas torres catedralicias donde resuenan ecos de la tuna más carismática. ¡Cuánto sabes de mi vida, truhán! Y es por ello que te quiero porque la he fraguado mucho sentimentalmente contigo.

Dentro de un mes estaré haciendo la mochila de nuevo. Este año estreno botas. Ya les estoy haciendo unos kilómetros de rodaje mientras te evoco. La tirada será larga: desde Logroño hasta León. Nos veremos donde te dejé en el año 2022 que necesitaba recorrerte unos días. Nunca nos hemos dejado y reencontrado en la calle Laurel y mira que he pasado veces por ella siguiendo tus dominios. Tampoco nunca te recorrí en desorden y esta vez inicié en Pamplona y tiempo después volví a Saint Jean pied de Port porque siempre, siempre, siempre, si te recorro, lo hago entero y me faltaban en esa ocasión esas tres etapas. Y ahora que voy a retomarte me aguardas con mi querida Castilla de por medio. Entre medias me llevaste cerca de las salinas y atlánticas aguas hasta Muxía, desde Ferrol hasta Santiago mismo y desde Oviedo hasta la conclusión del camino más duro que he conocido hasta ahora. Toca rehilar de nuevo y recorrer tus entrañas sin alternancia de tramos, Real Camino Francés. Y para eso volveré a llenar mi credencial de sellos en orden y a revivir recuerdos en Santo Domingo de la Calzada, Agés, Hornillos, Bercianos y Sahagún, por ejemplo, ya sabes por qué menciono cada uno de tus lugares. Volveré a llenarme de ciego sol, sed y fatiga. Otra vez a mi vera el sonido del bordón. Henchiré el alma con polvo, sudor y barro. Y volveré a sonreír por dentro al sentirte sabiendo, ya con certeza, que no eres etéreo y albergo la creencia íntegra de que puedes leerme. Y nos veremos sabiendo que charlas conmigo y yo contigo a través de las pisadas, esas que poso por donde antes miles de peregrinos ya te horadaron. Y nos sentiremos recíprocamente. Allá voy de nuevo. Te quiero, amigo Camino.

jueves, 18 de junio de 2026

QUERIDO REAL MADRID...

Querido Real Madrid, ¿qué te han hecho? Más bien, ¿quiénes te lo han hecho? Porque el qué lo tengo claro, pero en el quiénes dudo algo más. Te han herido en el orgullo. Y eso es malo y mucho. ¿Cuántas veces te dije que habría que rendir honores a aquella época de Modric, Kroos, Casemiro, Marcelo, Cristiano Ronaldo, Benzema, Carvajal, Casillas, Sergio Ramos, etc, que nos dieron tanta gloria y que la caída luego sería grande? Te lo dije muchas veces. Y lo dejé por escrito otras tantas. Maldita hemeroteca. Y llegaron las vacas flacas, por supuesto. El equipo no ha hecho una transición dulce como muchos creían que sería y el golpe de realidad ha sido duro. Muy duro. Y lo pagamos, como siempre y en todos los equipos, los aficionados. Y aquí empiezo a resolver los interrogantes. ¿Qué te han hecho? No cuidarte. Te han llenado el estómago hasta la saciedad y te han quitado el hambre. Y eso, al contrario de lo que muchos crean, es malo. Muy malo. Pues un estómago saciado jamás peleará por un plato como uno hambriento. ¿Que no ganamos esta Liga? ¡Que más da! ¡Venimos de ganar tres Champions! ¿Que nos eliminan de la Copa del Rey haciendo el ridículo? ¡Que más da! Mira todo lo que hemos ganado recientemente. Y eso va metiendo al club en una barrera de conformismo apoyado en el pasado que es mortal. Un equipo y un club serio tiene que seguir siempre hacia delante. Desde el minuto uno. ¿Que hemos metido un gol? A por otro. ¿Que hemos ganado un partido? A por el siguiente. ¿Que hemos ganado la Liga? A revalidarla. Eso es lo que debía haber hecho el Real Madrid en estos años aciagos.

Y no lo ha hecho. Y le han hecho daño, claro. Y mucho. Lo han dejado expuesto a su deriva y a las burlas del vecino. Y le han entregado las llaves del poder a quien peor puede gestionarlas: al vestuario. Y ahí sí tengo claro quién ha sido el culpable: el presidente. Don Florentino Pérez ha entregado la jerarquía a los jugadores y les ha consentido que hagan y deshagan a su antojo anteponiéndose al propio entrenador. Tras culminar con debacle la que debió ser la transición dulce que antes decía, primer año sin títulos, se iniciaba un nuevo proyecto ilusionante. Se habían ido incorporando piezas nuevas en los dos años previos y se iban encajando y engranando. La explosión de Vinicius, Arda Güler en la creación, Bellingham en la sala de mandos, Mbappé metiendo goles sin problema, Valverde al cerrojo, Courtois bajo los palos y una aparente calma. Todo falso. Se quiso iniciar una nueva era con Xabi Alonso, hombre de la casa, en el banquillo. Pintaba bien la nueva era. Pero los jugadores, con la aquiescencia del presidente que les hubo entregado ¿sin saberlo? el poder, se encargaron de arruinarlo en pocos meses. Y malcriar a un grupo de niñatos engreídos que no saben lo que representa el escudo es arruinar todo proyecto en cualquier empresa. Y así ha sido. Otra vez un añito en blanco y la afición comiéndose el marrón de ver la mala deriva del club. Poco se le ha pitado a los jugadores para los motivos que han dado. Poco. Muy poco. Pero menos aún al palco.

Dicho lo cual y como ésta situación, a mis cuarenta y tantos, la he vivido ya varias veces, sé que te recompondrás, querido Real Madrid. Fíjate que no me han gustado nunca las discordias internas, ni cuando se generan, ni, mucho menos, cuando se airean. Y cuando fue el entrenador José Mourinho hubo mil discordias e incluso división de la afición. Su legado fue ínfimo en sus tres años: una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Fin. Y se fue dejando al Real Madrid a quince puntos del Barcelona en Liga, eliminado por el Borussia Dortmund en Champions jugando la vuelta en el Bernabéu (dejando a Karim Benzema en el banquillo -sin comentarios-) y perdiendo la Final de Copa en casa contra el Atlético de Madrid, Pero puso el punto en la i en muchísimas cuestiones y dejó sembradas unas semillas que germinaron adecuadamente y dieron muchos frutos. Muchos. Y ahora, tras casi una década y media y habiendo salido mal de todos los clubes donde ha ido estando y no haber ganado títulos gordos, vuelve al Real Madrid como solución. Ojo. Y lo refrendamos todos. ¿Por qué? Porque sabemos que tiene vara. Y que la usa. Y ahora mismo hace falta vara. Y mucha. No queda ni rastro de aquellas semillas ni de aquellos frutos. Y hace fala estopa y vara en el vestuario, en el banquillo y en el palco. En eso Mourinho es el mejor, el adecuado y el idóneo. Vuelve como algo más que un entrenador. Vuelve a entrenar al equipo y a ayudar al presidente, Florentino, recién reelegido de nuevo, por cierto, a enderezar el rumbo del club. Es un polémico, sí. Es necesario, también y mucho. Adelante, Don José.

Y desgranados los interrogantes de aquella en manera en cuanto al qué y al quién y analizada la trayectoria y el momento actual, queda por iniciar la contienda y retomar la senda correcta. Para eso hay que hacer un desembolso, una reestructuración, una aclaración de roles y determinar una jerarquía inamovible. Lo primero es que nada ni nadie está por encima del escudo. Ni Florentino, ni Mourinho, ni Vinicius, ni Mbappé, ni el utillero, ni la afición. Que esa es otra. Cuidadito con los gurús de las redes sociales generando discordias entre la propia afición, imponiendo criterios y repartiendo carnets de buen madridista a quien les ríe las gracias y/o les aplaude las milongas. ¡Cómo si no tuviéramos bastante ya con la prensa y sus mamandurrias como para que los gurús se dediquen a lo que se dedican! Hace falta autocrítica interna Y mucha. Pero, ¿qué es eso de azotar a sectores de la afición? Una cosa es hacer autocrítica del equipo y otra aprovechar tal ejercicio para apalizar a jugadores, técnicos y aficionados por no compartir los gustos personales propios. Luego vienen las facturas y las lloreras. No siembres y no recogerás. No menciones y no te mencionarán. En definitiva, ya ha empezado la revolución y con ella el volteo de la noria hacia el lugar que nos gusta. Ya sabemos qué y quiénes. Ya sabemos cómo y cuándo. Siéntense y revivan la historia. No es nueva. Simplemente, por estadística, se vienen tiempos grandes. Mal augurio para los antis. Y ya han llegado Florentino, Mourinho, Bernardo Silva, Konaté, Dumfries y Cucurella. Y faltan... Más los cracks mundiales con lo que ya contamos. Empieza el baile. ¡Hala Madrid!

lunes, 8 de junio de 2026

EL ESPEJO DE LA VIDA

Este pasado mes de mayo ha sido extraño en el calendario de mi vida. Mucho. Si bien lo miro ahora, a toro pasado, parece que ha transcurrido rápido, pero ha sido agotador de tiempo. Y cuando digo agotador de tiempo me refiero a que parecía tener mucho más tiempo del debido, a que no avanzaban las agujas del reloj y, menos aún, cuando atravesábamos en casa una situación delicada de esas que quieres solventar cuanto antes y quisieras que las agujas volasen y llegase el punto final. Curioso. Agotador de espeso y lento, pero raudo y veloz a la par. Me deja una sensación extraña. Ni siquiera me permitió, con todo el tiempo que tuvo, dedicarle unas líneas al Rincón. Claro, el tiempo debí consumirlo (por imperativo) en otro lugar y otros quehaceres. Cosas de la vida. Y mirad por donde el tiempo que no pude escribir y que lo fui agotando, grano a grano del reloj de arena, entre pensamientos de todo tipo, fue dejando un poso que es el origen de lo que hoy escribo. Me vi reflejado en situaciones que cuando era niño veía en otros. Y, sí, como el tiempo pasa queramos o no y como el tiempo va siempre a su son queramos también o no, nos demos cuenta o lo ignoremos, se nos haga más o menos rápido o lento, la vida te enseña situaciones en las que cuando eras espectador no te imaginarías que algún día serías el protagonista. Y mirabas la escena sin saber que la misma vida ya te estaba diciendo que llegaría el momento en que fuese al revés y alguien ocuparía tu papel de espectador sin saber que el reloj también avanza para él y se convertirá en actor, antes o después, pero lo hará. Es lo que yo he llamado el espejo de la vida. Pues cuando te conviertes en actor miras la escena presente o a través de los recuerdos y el reflejo, directo, sin filtros y con la crueldad del paso de los años, te devuelve tu misma imagen haciéndote ver que ya no eres quien contempla, sino quien vive la escena. Una obra de teatro real. La vida misma...

Así pues, cuando eres niño y oyes a los mayores preguntarse "¿qué tal todo?, ¿cómo está tu madre?", no eres consciente de que algún día serás tú quien reciba esas preguntas. ¿En qué momento nos convertimos de ser el niño que escucha eso a diario a ser el adulto que debe responderlo? Y es ahí cuando te das cuenta del tiempo transcurrido. Y eres (creo) más consciente aún de los años que peinas, de que te enfrentas a problemas de verdad, de que en las calles ya no hay la inocencia, la bondad y la risa que te acompañaron durante otras etapas, que te has convertido en un verdadero padre de familia y que hay gente que depende de ti y es quien observa la escena sin saber que algún día será el actor. Muchas horas de este pasado mes de mayo me han hecho pensar y pensar y pensar. Y entrelazar recuerdos con el presente y ver cómo el guion jamás lo hemos tenido dominado. Cuando era niño y mi abuelo estaba en el Hospital, oía cómo le preguntaban a mi padre "¿cómo está tu padre?", ahora, años después que han pasado sin ser siquiera consciente de ello, a diario recibo yo preguntas similares acerca del estado de salud de mi madre y de "cómo va todo", con ese tono de rutina inevitable que te va dando la vida conforme pasa el tiempo y te moldea, a su manera, como a un pater familias cuya génesis, no en vano, se fraguó en la antigua Roma y ha perdurado, a golpe de realidad, generación tras generación.

Y es que este recién expirado mayo ha traído consigo una visión de la vida que se desconozca o no es real y está ahí. Cuando cada día nos enfrentamos a nuestro plato de comida, a escasas manzanas, en un sombrío centro de salud, hay personas que tienen sus problemas. Quizás estamos tan acostumbrados a apartar esas imágenes (aunque sabemos que existen) que cuando la vida nos refleja en ellas nos parecen nuevas. Pero no lo son. Todos las han pasado y/o todos las pasaremos. Y es inevitable. Y no, no es algo de solidaridad. No es la típica campaña de que cuando tú estás celebrando la Navidad con turrón y sidra, al mismo tiempo hay alguien en tratamiento de oncología. Es la vida misma. Tiene imágenes para todos y podemos ser el espectador o el actor sin que dependa de nosotros. Por eso creo que, de vez en cuando, vernos en el espejo nos hace ser conscientes de la realidad y de que hay que hacer que cada día sume, porque, de no hacerlo, luego puede ser tarde. Hay que vivir todo lo alegremente que se pueda, siempre lo digo. Y lo decía el Maestro: estad preparados porque nunca se sabe el momento ni la hora. Tampoco quiero decir que vivamos siempre alerta y preocupados por un "por si", pero sí que seamos conscientes de que la vida no la dominamos nosotros y que ella misma aliada con el tiempo es una combinación indominable.

Concluyo mi reflexión con la frase que tantas veces he oído el mundo del costal. ¿Cuánto tiempo hace que no le das un beso a tu padre o a tu madre? Hazlo. Hazlo siempre que puedas. No los guardes, porque llegará un día que no podrás. Dales un beso y diles que los quieres. A ellos y a la gente buena que te rodea. Somos ínfimos al lado del rodillo de la vida y ésta actúa o sin avisar o avanzando el reloj aunque no queramos. Fuere como fuere llegarán días duros, por eso y mientras tanto, no des la espalda a la realidad, pero vive, sonríe, quiere, ama, besa, abraza y ríe. Este pasado mes de mayo, por una causa ajena a mí, he estado la mitad del mismo en el Hospital y hubo momentos críticos. No era yo el que estaba enfermo ni ingresado, pero pasé allí más de una noche y he tenido muchas horas horas de angustia y desesperación. Y este recién estrenado mes de junio, en su día tercero, me ha dado un regalo que dudé si volvería a tener. Fue un día muy cargado para mí, todo tipo de obligaciones se me juntaron en veinticuatro horas y no podía esquivar ninguna. Pero logré capturar el momento. Y eso es lo más grande porque lo tengo en la retina y en la cámara. Quise ser actor por un instante y mi hija fue espectadora como yo lo era de niño. Algún día verá el reflejo en el espejo y sabrá que su padre la ama como a él lo amo su madre. Alma joven que de eso se trata. Voy a darle un beso a ambas, a mi madre y a mi hija. No hay tiempo que perder.