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lunes, 26 de octubre de 2026

PANTA REI Y ETERNO RETORNO

Hace algunos años, décadas más bien, cuando el que narra iba al instituto, una de las asignaturas obligatorias que se cursaba era Filosofía, de la que tengo grandes recuerdos y de la que obtuve grandes aprendizajes. Recuerdo a Don Francisco, el profesor y a la sazón director del colegio, explicándonos y escribiendo en griego en la pizarra la teoría del "Panta rei" (pronunciado con erre suave, como el decía). Dicha teoría, nos decía, era atribuida al presocrático Heráclito de Éfeso y venía a decir que "todo fluye". Heráclito sostenía, según decía Platón (discípulo éste de Sócrates y presocrático aquel que emitió el teorema) que el universo está en constante cambio por lo que es imposible que algo se repita. Ponía de ejemplo la metáfora del río: "No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque el agua fluye y quien se baña de nuevo en él ya no es en el mismo agua". Y ante esto, años después, otro enorme filósofo,  Friedrich Nietzsche, dio a luz su teoría del "eterno retorno de lo idéntico mediante la repetición cíclica". Uno decía que cada cosa ocurrida ya era consumada y el otro decía que cada cosa ocurrida estaba condenada a repetirse. Y con esos pensamientos iba yo en la sesera por esos Caminos de Dios, recorriendo kilómetros entretenido, hilvanando mi propia teoría filosófica de que, fuere como fuere, la vida sigue. Tanto si fluye todo en constante cambio como si todo se repite cíclicamente, el sol sigue saliendo por el mismo sitio día tras día. Y aquí viene el propio transcurso de la vida y de darnos cuenta que, de verdad, no somos nada. Y no, no es una frase hecha, no somos nada en realidad. 

Si mañana mismo faltamos alguno, la vida continúa igual. No hablo de los sentimientos ni los sentires. Obviamente si mañana faltamos alguno todos los que nos rodean y aprecian no estarán igual. Habrá lágrimas y llantos, pero, en el resto del mundo (y no me refiero con ello a miles de kilómetros de distancia más allá, bastan unos pocos metros) la vida seguirá igual. Las farolas de nuestra calle volverán a encenderse por la noche, el panadero del barrio seguirá amasando el pan y los gorriones, al alba, volverán a piar en el alféizar de nuestra ventana. ¿Dónde está entonces el cambio constante que proclamaba Heráclito si todo seguirá impasible a nuestra ausencia sin inmutarse? ¿Y dónde radica el retorno idéntico si ya se ha agotado nuestra vida y jamás se repite una igual? Es curioso. Esto me lleva al interrogante que siempre se hacía mi abuelo: "¿qué hay que decirle al futuro?". Porque la única función de todo ser vivo que hace que continúe la existencia es la reproducción. Se nace, se agota el tiempo que te toque en suerte y se muere. Y entre tanto, se reproduce para que continúe el ciclo. ¿Para qué? ¿Qué debemos transmitir al futuro nosotros, los gorriones, los grillos, las medusas, las ardillas, los cangrejos, las petunias, los olivos, etc? ¿Cuál es la meta real de la vida? Algo debe haber. No puede ser que sólo sea vivir, sin más. No habría, entonces, evolución continua. Y de eso, me planteo, ¿acaso todo el desarrollo de una vida en concreto, la tuya, la mía, la de un gorrión, la de un grillo, la de una medusa, es simplemente consumir el tiempo que te toca vivir en una edad concreta y con unos contemporáneos concretos? ¿Formamos parte de ese "todo fluye" que nunca tiene fin? ¿O cada vez que se consume una vida surge una nueva y formamos parte de ese "eterno retorno"? Fuere la opción que fuere, ¿para qué? ¿Cuál es la misión del fluir constante o de la repetición cíclica?

Perdonadme si hoy mis letras son espesas y carecen del ritmo alegre que suelo plasmar, pero también tengo pensamientos internos e intrínsecos que me gusta dejar escritos. Ya sabéis que conforme transcurre el tiempo me releo de vez en cuando y el Rincón alberga mucho de mí. Me ayuda a recordar cosas, a ver cómo he ido evolucionando en todo y a volver a tener pensamientos y sentimientos que estaban olvidados por lo que fuera. En realidad escribo para mí, no para quien me lee, si bien, comparto lo que escribo y agradezco a quien me lee, pues es una bella simbiosis: yo me desahogo alegre, triste o llanamente y quien me lee se entretiene y/o empatiza con mis palabras más de una vez. Eso sí, mi humilde blog no se sostendría sin todos vosotros. Eso es real y lo tengo muy claro. Cada comentario recibido y cada visita registrada es un aliento para continuar expresándome abiertamente. Y dejar sentimientos por escrito y que haya quien los lea dará lugar, de una manera u otra, a la permanencia temporal de modo que, cuando yo no esté, ya sea porque alguien reviva los recuerdos y todo fluya o porque, sin seguir patrón alguno, cada equis tiempo se repita aleatoriamente la lectura de los mismos y así retornen, continuará mi existencia. Mientras tanto, prometo seguir escribiendo por y para mí, por y para vosotros, por y para transmitirle algo al futuro aunque no sepa qué ni por qué, por y para que la vida siga igual en mi ausencia o no, por y para el panta rei y el eterno retorno.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

UN MAGNÍFICO AGOSTO

No es la primera vez que digo que cuando no me es posible escribir unas líneas es porque estoy muy felizmente ocupado. De no ser así, siempre busco un resquicio en las horas del reloj para teclear un rato. Y ahora que veo que el blog lleva más de un mes sin tener una entrada de texto me doy cuenta de que ha sido un mes de agosto magnífico. Además, lo he exprimido, como gusta, de principio a fin. Literal. El mismo día 1, de madrugada, llegaba a casa tras rematar la Pandorga como está mandado. Y ese mismo día 1, horas después, iba en un tren con la mochila de peregrino rumbo a Logroño, a hacer un gran tramo de mi amado Camino de Santiago. Y tras treinta días llenos de actividad que ahora desglosaré, el propio día 31 en el que concluye el mes, estaba agotando mi período de vacacional tranquilamente en el chalet. Cuando logro desconectar de la vida jurídica es fabuloso. Bastante tengo durante once meses del tirón con guardias y jaleos más de un fin de semana y festivos como para seguir pendiente de plazos, consultas y dilemas en el único mes que puedo parar de hacerlo, porque, ojo, a decir verdad con riguroso tenor, los autónomos no tenemos vacaciones, pues las vacaciones son un período temporal de inactividad laboral retribuido y, sin embargo, los autónomos, decía, lo que tenemos es un período en el que dejamos de trabajar por pura necesidad y descanso mental y no ingresamos un duro por ello. Así es que mi mesecito de agosto es sagrado para mí. Ya volví a la faena, con británica puntualidad, el día 1 de septiembre a las 09;00 horas de la mañana y a las 11;30 estaba con la toga puesta. Estos leguleyos respetan ya ni el cultismo que reza "prima non datur et ultima dispensatur"...


En definitiva, conseguida ¡al fin! la desconexión (otro día hablaré de lo que cuesta obtener la desconexión digital con los tontos del whatsapp) fui libre mentalmente y pude dedicarme a lo que me gusta hacer cuando descanso. Básicamente es sencillo y creo que toda persona lo hace: dedicarse a su familia, a sus amigos y a practicar las actividades que te dan felicidad. Yo gasto casi la mitad de mis vacaciones haciendo tramos del Camino de Santiago, ¿qué queréis que os diga? Me gusta. Me llena. Me hace feliz. Me levanto todos los días sobre las 05;45 horas de la mañana, cargo con una mochila grande donde llevo todo lo necesario para vivir, camino una media de 25 kilómetros al día y duermo en albergues de peregrinos rodeado de extraños. Hay gente que piensa y dice que estoy loco. Pues puede ser. Pero mis locuras me gustan y eso es lo que me importa a mí. A mí. Que para eso soy el que gasta sus días de descanso así, igual que otros se van a la playa, de casa rural, al pueblo o hacen lo que les agrada que para eso es el asunto. A mí, insisto, por ejemplo, ir a la playa me parece un penadero total y absoluto: pasar un calorazo de muerte porque sí, porque mola estar sudando y pasando calor, por supuesto, lo deseamos todos, que haga cuarenta grados y ponernos al sol embadurnados de crema, ¡qué deleite, oiga!, para que se nos pegue arena en todo el cuerpo, hasta en el chirri y todas tus cosas y llevarte arena pegada en la toalla, en la sillita plegable, en la nevera, en la bolsa de tela, en la mochila, en la esterilla y en todos los santos trastos y bártulos que te has llevado (que esa es otra, ir a la playa es una mini mudanza y si vas con niños más) y que luego tengas arena en el coche, en tu casa y en el armario. ¡Qué alegría, chica! Pues mira a ti te encanta, pero yo me quedo con mis madrugones y mis pateadas y los dos tan felices porque a ambos nos gusta lo que hacemos.

Bueno pues mi querido octavo mes del calendario me ha regalado de todo este año. Y cuando digo de todo es de todo, bueno y malo. Algún problemilla de salud ha habido también. Y algunas cosas de esas feas que la vida te pone por medio para seguir siendo vida. Forma parte del juego y han sido salvadas ya. Que queden todo lo posible diluidas en el tiempo. Por lo general ha sido un precioso mes. He vuelto a recorrer el gran tramo de Castilla en el Camino de Santiago y por tercera vez he llegado a Burgos y León caminando. ¡Qué cosas tiene la meseta! Cruzas la Rioja, te adentras en la provincia burgalesa y piensas que ya mismo estás acariciando la maragatería y el Bierzo, pero no, en absoluto. Te aguarda más de una semana de etapas andando entre una capital y otra y, entremedias, debes cruzar toda la Tierra de Campos de Palencia. En esas etapas soy feliz. Mucho. Grandes recuerdos en los Montes de Oca, en Agés, en Hornillos del Camino, en Carrión de los Condes, en Bercianos del Real Camino Francés y en tantos y tantos sitios que la mente guarda codiciosamente en la más preciada alacena de los instantes vividos. Este año fue distinto, pero bonito también. Me emociono al escribirlo porque de antaño tengo preciosas vivencias, tanto de la primera vez que conocí aquellos tramos, como de la segunda vez, cinco años después, que los volví a recorrer. Bueno, pues concluido mi Camino de este año volví a la Civita Regia el mismo día grande de inicio de sus Ferias y Fiestas. Quiso el destino que lloviera y estuviera la tarde metida en tormentas, por lo que me quedé recogido en casa y me vino bien para dar descanso a la tendinitis aquiliana que me dejó este año la caminata.

¿Y qué decir? Hubo de todo lo que debía haber. Feria, fiestas, Tiro con Arco, quedadas con amigos, días en el chalet, lumbre, guisos, excursiones, etc. En definitiva, lo que me hace feliz. Pasé momentos divertidos con mis queridos Hermanos Pandorgos, estuve en la Feria con mi familia y mis amigos, recargué el leñero con buena leña de encina y olivo, llené alguna sartén de nuevo con aromas que sólo el campo puede y sabe dar y volví a disfrutar muchísimo de mi estancia en Fernán Caballero, con lágrimas de emoción, ilusión y felicidad incluidas, pues tras seis veranos sin que ocurrieran, este año, volvieron a darse situaciones felices que en su día se vivieron y que jamás pensé que volverían. Muy pocos saben a lo que me refiero y no lo explicaré. Escrito queda y con eso sobra para que perdure en mi memoria y cuando pasado el tiempo relea estas líneas reavive el recuerdo y sonría de nuevo porque ocurrió y volvió a ocurrir cuando nadie lo aguardaba. Y, entre tanto, se fueron consumiendo así mis últimos quince días de descanso, conjugando aficiones y ratos entretenidos en los que no he sabido absolutamente nada de la vida jurídica con la que honradamente me gano la vida. Me ha dado tiempo incluso a no hacer nada. A gastar algunas horas tumbado porque sí. Ya sabéis todos que no sé estarme quieto y que si no tengo ocupación la busco, pero estas pasadas vacaciones he buscado algunos momentos de decir "no voy a hacer nada, porque me lo merezco, sin más". Y he ido exprimiendo día a día, como decía, los 31 días, hasta tal punto que el mismo 31 lo viví como un plácido Domingo que pone fin a un fin de semana espléndido. Y así volteé a la mañana siguiente el calendario marcando de nuevo septiembre hasta que alcance tras once meses del tirón, en 2027, otro magnífico Agosto. ¡Vuelta al cole, amigos!

martes, 28 de julio de 2026

GALLAECIA ETERNA

Gallaecia fue originalmente el nombre con el que los romanos identificaron al territorio situado en el extremo noroccidental de la península ibérica, una provincia romana que abarcaba los territorios de la actual comunidad autónoma de Galicia, norte de Portugal y parte del territorio de las actuales provincias de León, Zamora y Asturias, habitado por pueblos indoeuropeos de lengua céltica denominados galaicos (gallaeci) al oeste y astures al este. Y allá que fuimos en familia hace unos días puesto que, debido a todos los Caminos de Santiago que ya he recorrido, he conocido ciertos lugares que quería que conocieran mi mujer y mi hija y estar con ellas en ese momento y explicarles lo que significan para mí (los lugares y ellas). Santiago de Compostela es, sin duda, uno de los hitos de mi vida, junto con Sevilla por mi amor a la Semana Santa y a las cofradías, Pamplona por la amistad que el propio Camino de la vida me regaló y mi amada Ciudad Real natal, capital de La Mancha, por ser donde se hunden mis raíces y de donde proviene mi esencia y génesis. Santiago es especial porque allí estuve de niño con mis abuelos y jamás imaginé lo que el destino me deparaba con tal lugar. De hecho, era 1989, contaba con ocho años de edad y no volví a ir, siendo, además, de pura carambola y casualidad, hasta pasados veintiún años más y por motivos laborales. Y ya no estaban mis abuelos ni era yo niño, pero perduraban los recuerdos y me encontré allí con él, con el Camino de Santiago, siendo hasta entonces, año 2010, un total desconocido para mí y sin haberme llamado ni atraído en absoluto nunca. Y desde entonces hasta hoy, gracias a Dios, lo visito a menudo. A él y a Galicia. Con sus rincones, historias, mitos y leyendas.

Yo llegué a aquella Galicia maravillosa de la mano de mi abuelo, del que tanto aprendí. Con él pisé por vez primera la Praza do Obradoiro, contemplé el Pórtico de la Gloria e hice el ritual del "Santo dos croques". Aquel viaje, por lo que sea, me marcó por dentro. Se generó el típico recuerdo que anida en el cerebro, más bien queda aletargado, aguardando el momento de revivirse de nuevo por dentro y de, a poder ser, recrearse por fuera otra vez evocando cómo se gestó. Y quizás fue así y por capricho del destino como llegué allí de nuevo y se avivó la llama. Mi trabajo como abogado me llevó hasta la La Coruña y, concluido el pleito, cogí un autobús para ir a Santiago de Compostela. Quería volver a pisar otra vez aquel empedrado mágico que pisé con mi abuelo cuando tenía ocho años de edad. Me planté de nuevo en aquella Plaza y me ví rodeado de recuerdos y peregrinos. Se despertaron en mí las vivencias pasadas y surgieron las ganas de ser como ellos para acumular otras vivencias nuevas. Vivencias que ahora, quince años después, ya son recuerdos como aquel recuerdo que me llevó a generarlas. Y estos días he podido compartirlas con mi hija reviviendo los recuerdos y generando, ojalá, el germen de otras futuras vivencias, pues si hay algún Camino que hemos de recorrer sí o sí es el de la vida. Al menos así lo he aprendido yo recorriendo desde aquel 2010, ya como peregrino, el Camino de Santiago al que, sin duda, de alguna manera llegué por aquel viaje con mis abuelos y me llamó cuando debió hacerlo.

Y este 2026 he hecho partícipe a mi vida de mi vida. A mi hija de mis vivencias. Aquí empezó todo y espero que empiece para ti. Aquí estuve con mi abuelo y con el tuyo. Aquí me cambió la vida. Aquí se fraguó mi sueño. Aquí se cumplió. Y aquí te cogí en brazos cuando el año que naciste volví a llegar caminando y me esperabas en el centro de la mismísima Praza do Obradoiro que yo pisé cuando era niño como tú. Santiago de Compostela es un hito en mi vida, ya lo he dicho antes. Lo que he vivido caminando hacia esa ciudad es parte muy profunda de mí y he comprobado que, de verdad, el Camino empieza allí, no termina, pues si estás llamado a ello, por motivos que sólo el destino y Dios sepan, ten por seguro que allí será donde comiences a dar los primeros pasos. Mucha gente que ni siquiera sabe que en cualquier lugar inesperado de España (y de mil lugares de Europa) puede haber una flecha amarilla indicando el Camino, visita Santiago y allí se produce la magia. Esa Gallaecia eterna de leyendas que atrapan, de la Santa Compaña, de mitos, de embrujos, de meigas y conjuros te involucra en sus rituales y creedme que merece la pena. Así ocurrió conmigo y así lo narro. Y ahora que lo plasmo y revivo estas nuevas vivencias ocurridas hace unos días soy feliz de haber estado con mi hija donde tantas y tantas cosas viví y reviví. Y enseñarle mis costuras más internas y hacerla protagonista de ellas con el deseo, Santiago quiera, de volver allí con ella y que abrace el busto del Santo como mis abuelos y los suyos lo hicieron. 

Llegamos incluso a Fisterra. Allí donde la tierra muere y el mar nace. Y como uno de los Caminos ya lo hice con mi esposa le enseñé el epílogo donde todo acaba. Fuimos andando en familia desde el mismo pueblo de Fisterra hasta allí donde está el Cabo de Finisterre y se acaba el mundo. Incluso más allá. Dejamos atrás el emblemático hito del kilómetro cero no ya del Camino si no de su prolongación esotérica y nos adentramos en las rocas donde el océano se estrella. Sonaba el azote de las aguas, el soplido del viento y la música de un gaitero. Esa escena no es para contarla. Es para vivirla y así lo quiso la Diosa Fortuna. ¡Qué contradicción! Llegar andando al final del Camino sin no haberlo recorrido. Esa parece la misión. Recorrerlo para completarlo. Firmó ahora mismo con mi sangre que así fuera y con ellas. Y volver a sudar cada cuesta y a crujir los huesos en cada litera, con la sonrisa por bandera porque merece la pena. Llegar de nuevo a esas doradas conchas que indican el centro de la compostelana ciudad y saber que allí estuvimos y estuvieron de los que venimos. Y que así sea con ella. Y saber que hay más allá y que caminando por la Costa da Morte, como ellos y yo lo hicimos, llegas a esa bota de bronce donde sí que yace el fin. Vivirlo y revivirlo de nuevo con esa magia que envuelve la esencia más interna, que deja poso, que anuda los recuerdos convirtiéndolos en historia real, vivida y por vivir y que hace que quien la vive, revive y transmite sienta lo que yo por esa querida Gallaecia eterna.

lunes, 8 de junio de 2026

EL ESPEJO DE LA VIDA

Este pasado mes de mayo ha sido extraño en el calendario de mi vida. Mucho. Si bien lo miro ahora, a toro pasado, parece que ha transcurrido rápido, pero ha sido agotador de tiempo. Y cuando digo agotador de tiempo me refiero a que parecía tener mucho más tiempo del debido, a que no avanzaban las agujas del reloj y, menos aún, cuando atravesábamos en casa una situación delicada de esas que quieres solventar cuanto antes y quisieras que las agujas volasen y llegase el punto final. Curioso. Agotador de espeso y lento, pero raudo y veloz a la par. Me deja una sensación extraña. Ni siquiera me permitió, con todo el tiempo que tuvo, dedicarle unas líneas al Rincón. Claro, el tiempo debí consumirlo (por imperativo) en otro lugar y otros quehaceres. Cosas de la vida. Y mirad por donde el tiempo que no pude escribir y que lo fui agotando, grano a grano del reloj de arena, entre pensamientos de todo tipo, fue dejando un poso que es el origen de lo que hoy escribo. Me vi reflejado en situaciones que cuando era niño veía en otros. Y, sí, como el tiempo pasa queramos o no y como el tiempo va siempre a su son queramos también o no, nos demos cuenta o lo ignoremos, se nos haga más o menos rápido o lento, la vida te enseña situaciones en las que cuando eras espectador no te imaginarías que algún día serías el protagonista. Y mirabas la escena sin saber que la misma vida ya te estaba diciendo que llegaría el momento en que fuese al revés y alguien ocuparía tu papel de espectador sin saber que el reloj también avanza para él y se convertirá en actor, antes o después, pero lo hará. Es lo que yo he llamado el espejo de la vida. Pues cuando te conviertes en actor miras la escena presente o a través de los recuerdos y el reflejo, directo, sin filtros y con la crueldad del paso de los años, te devuelve tu misma imagen haciéndote ver que ya no eres quien contempla, sino quien vive la escena. Una obra de teatro real. La vida misma...

Así pues, cuando eres niño y oyes a los mayores preguntarse "¿qué tal todo?, ¿cómo está tu madre?", no eres consciente de que algún día serás tú quien reciba esas preguntas. ¿En qué momento nos convertimos de ser el niño que escucha eso a diario a ser el adulto que debe responderlo? Y es ahí cuando te das cuenta del tiempo transcurrido. Y eres (creo) más consciente aún de los años que peinas, de que te enfrentas a problemas de verdad, de que en las calles ya no hay la inocencia, la bondad y la risa que te acompañaron durante otras etapas, que te has convertido en un verdadero padre de familia y que hay gente que depende de ti y es quien observa la escena sin saber que algún día será el actor. Muchas horas de este pasado mes de mayo me han hecho pensar y pensar y pensar. Y entrelazar recuerdos con el presente y ver cómo el guion jamás lo hemos tenido dominado. Cuando era niño y mi abuelo estaba en el Hospital, oía cómo le preguntaban a mi padre "¿cómo está tu padre?", ahora, años después que han pasado sin ser siquiera consciente de ello, a diario recibo yo preguntas similares acerca del estado de salud de mi madre y de "cómo va todo", con ese tono de rutina inevitable que te va dando la vida conforme pasa el tiempo y te moldea, a su manera, como a un pater familias cuya génesis, no en vano, se fraguó en la antigua Roma y ha perdurado, a golpe de realidad, generación tras generación.

Y es que este recién expirado mayo ha traído consigo una visión de la vida que se desconozca o no es real y está ahí. Cuando cada día nos enfrentamos a nuestro plato de comida, a escasas manzanas, en un sombrío centro de salud, hay personas que tienen sus problemas. Quizás estamos tan acostumbrados a apartar esas imágenes (aunque sabemos que existen) que cuando la vida nos refleja en ellas nos parecen nuevas. Pero no lo son. Todos las han pasado y/o todos las pasaremos. Y es inevitable. Y no, no es algo de solidaridad. No es la típica campaña de que cuando tú estás celebrando la Navidad con turrón y sidra, al mismo tiempo hay alguien en tratamiento de oncología. Es la vida misma. Tiene imágenes para todos y podemos ser el espectador o el actor sin que dependa de nosotros. Por eso creo que, de vez en cuando, vernos en el espejo nos hace ser conscientes de la realidad y de que hay que hacer que cada día sume, porque, de no hacerlo, luego puede ser tarde. Hay que vivir todo lo alegremente que se pueda, siempre lo digo. Y lo decía el Maestro: estad preparados porque nunca se sabe el momento ni la hora. Tampoco quiero decir que vivamos siempre alerta y preocupados por un "por si", pero sí que seamos conscientes de que la vida no la dominamos nosotros y que ella misma aliada con el tiempo es una combinación indominable.

Concluyo mi reflexión con la frase que tantas veces he oído el mundo del costal. ¿Cuánto tiempo hace que no le das un beso a tu padre o a tu madre? Hazlo. Hazlo siempre que puedas. No los guardes, porque llegará un día que no podrás. Dales un beso y diles que los quieres. A ellos y a la gente buena que te rodea. Somos ínfimos al lado del rodillo de la vida y ésta actúa o sin avisar o avanzando el reloj aunque no queramos. Fuere como fuere llegarán días duros, por eso y mientras tanto, no des la espalda a la realidad, pero vive, sonríe, quiere, ama, besa, abraza y ríe. Este pasado mes de mayo, por una causa ajena a mí, he estado la mitad del mismo en el Hospital y hubo momentos críticos. No era yo el que estaba enfermo ni ingresado, pero pasé allí más de una noche y he tenido muchas horas horas de angustia y desesperación. Y este recién estrenado mes de junio, en su día tercero, me ha dado un regalo que dudé si volvería a tener. Fue un día muy cargado para mí, todo tipo de obligaciones se me juntaron en veinticuatro horas y no podía esquivar ninguna. Pero logré capturar el momento. Y eso es lo más grande porque lo tengo en la retina y en la cámara. Quise ser actor por un instante y mi hija fue espectadora como yo lo era de niño. Algún día verá el reflejo en el espejo y sabrá que su padre la ama como a él lo amo su madre. Alma joven que de eso se trata. Voy a darle un beso a ambas, a mi madre y a mi hija. No hay tiempo que perder.

miércoles, 29 de abril de 2026

OTRA ROMERÍA DISFRUTADA

Decía un verso antiguo, dedicado al paso de Cristo de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla, a Nuestro Padre Jesús de la Salud: "Llegó somo llega siempre y Sevilla lo esperaba, [...], y se fue sin que Sevilla quisiera que se marchara...". Así ha sido esta pasada Romería para mí. Ha llegado como siempre y se ha marchado sin que quisiera que pasase. ¡Qué bien me lo paso en estos días! Ha sido una romería entre familia y amigos que ha tenido de todo. Y he sido feliz. Muy feliz. Mucho. Sigo conservando ese espíritu joven que tanto me ha hecho (y sigue) disfrutar. Mi gorro de siempre, el vaso de mini lleno, la sonrisa, mis amigos, la lumbre y las ganas comunes de pasarlo bien. Y así debía ser y lo fue. La Virgen del Monte es un lugar especial para mí. Por unas cosas u otras llevo ligado a aquel lugar desde mi más tierna infancia. Yo tendría la edad que mi hija tiene ahora, incluso menos, y ya estaba por allí. Algunos ya no están, pero cuando miro al cielo sé que están y siguen sonando las sonoras carcajadas de Amalio y los comentarios de Ángel acerca de su querido Atlético de Madrid. Allí donde me enseñaron a volar una cometa y hoy hay cientos de árboles que dan sombra a los romeros sigue oliendo a aliño de berenjenas. Y cuando veo el humo subir coqueteando con los pinos, sé que su origen está en un fuego en el que se están tostando unas migas o borbotea una caldereta. El último fin de semana del mes de abril el cielo es distinto en el Paraje de la Dehesa de la Moheda. Y no. No es casualidad. Se repite año tras año y evoca siempre recuerdos que no volverán y que te hacen disfrutar el momento con fuerza.

Este año no pude llegar directo a comer allí el mismo viernes, como siempre me gusta hacer. Ponerme las ropas viejas que da igual que se manchen, encajarme el gorro en la cabeza, subirme al coche, darle caña al viejo cd de pasodobles taurinos y llegar a la romería sonando de fondo "España cañí". No hay mejor manera de iniciar la romería. Este año, como decía, por siembras laborales de futuro de mi mujer, las cuales aguardo que den fruto porque se lo merece, llegamos al chalet mi hija y yo a media tarde. Y ya a la batalla. Este año tuvimos una aliada que no suele faltar tampoco a las citas de gente de bien y de orden: la baraja. ¡Qué de risas nos regala! Y qué buena maestra es para enseñar a los pequeños sus primeras picardías y guiños de ojo. Con el primer mini de calimocho a la vera estuvimos jugando a las siete y media, al reloj (¿te acuerdas, Lela? ahora juego yo con mi hija), al burro y a las carreras de caballos. Tarde noche tranquila y sin muchos efluvios etílicos que el sábado se barruntaba fuerte. Y así fue. No falla. El día de la Virgen del Monte es el último Domingo de abril. Sea el día que sea. Pero el sábado previo... ¡Ay, Gregoria! Ese día es magistral. Es el día de echar lumbre desde bien temprano, calarse la gorra manchega, hacer almuerzo, arroz con pollo, gachas, migas, patatas con arroz y bacalao o cualquier gañanada buena, ancestral y saciante que te deje el gaznate y la panza de hormigón armado para la ingesta de licores que se avecina. Los años merman el aguante, pero enseñan el dominio. Ojo que la combinación es peligrosa, no así la del 100 Pipers con naranja que es perfecta.

Y no faltó de nada. Jamón, queso, patatas, anchoas, aceitunas, patatera, mejillones y botellines "maemil" como dirían en el Moral. No era mala la base. Y luego el arroz con pollo con su pan de cruz al corte y remojado con morapio, de morro fino para quien guste y de cartón y mezclado para los amantes del porrón de pienso (vino blanco con coca cola) o del ya citado mini de calimocho, siendo en estos dos últimos donde me encuentro. Remátese la faena con pasteles varios y un trozo de tarta. Añádase un café (sin cafeína que me pongo muy nervioso) y queda el cuerpo listo para echarle los brebajes que procedan de modo que, siendo varios y diversos, no afecten a la verticalidad hasta que pasen unas horas. No es plan de cantar el Cocoguagua a las seis de la tarde, así es que la preparación ha ser cumplida íntegramente. Y si luego en torno a las nueve de la noche ya hay exaltación de la amistad, cánticos varios y algún traspiés, es romería, mujer. No te vayas a ofuscar que va más de medio pueblo igual y una al año no hace daño. Puede imaginarse el lector lo que acontece... Y, lo mejor, cuando los integrantes de un corro van a otro y los del otro al propio y se conjunta ese mágico batiburrillo, es romería pura. ¿Con quién y dónde estás ahora? Pues no lo sé, pero son muy majos, me han dado una cerveza y estamos asando chuletas. ¡Viva la Virgen del Monte!

Claro, luego aparece en tu bolsillo una navaja que no es tuya, llevas puesta una gorra nueva, tienes fotos en el móvil que no recuerdas y lo que quieres es catorce vasos de agua y dormir tres días seguidos. Pero como eso no puede ser, pues amanece el Domingo y es fiesta de guardar. El día verdadero de la Romería y el día de Ella, de la Virgen y de los honores que se le rinden. Suenan cohetes y otra vez a la casilla de salida, aunque esta vez, no sé por qué, se lo toma uno con más mesura que el día anterior. Seguramente lo que viene siendo la resaca así lo aconseja y, más de una ocasión, lo impone. La caravana de coches enfila por el Carreterín y lo llena desde el pueblo hasta la romería. ¡Qué cantidad de gente viene a ver a la Virgen y Su Niño! Y llegan amigos que no vinieron el día anterior, "lechugos como una fresca", que quieren tomarse un botellín. A ver cómo les dices que no... Y ya sabes lo que conlleva eso. Uno y otro y otro y ya estamos de lío. Este año, a decir verdad, el propio Domingo no hubo demasiado enredo etílico, pues no procede que en el ejercicio de padre te recuerden los cachorros en pleno éxtasis romeril, pero hubo el que debe de haber y es, ojo cuidado, incluso sano, pues evade y hace disertar el interior de uno mismo. Eso también es romería y máxime cuando se está rodeado de la verdadera familia y de los amigos de verdad. Vamos que se ha dado bien y ha habido de todo en estos preciosos días que con tanto afecto espero y comparto. Otra romería disfrutada. Y que sean muchas más.

miércoles, 25 de marzo de 2026

LAS MIGAS DEL LETRADO

Estaba en la sala de entrenamiento del club de tiro con arco cuando apareció mi compañero Romualdo y me preguntó: "Carlos, ¿tú sabes hacer migas?". No sabía si estaba de broma o en serio por varios motivos. El primero porque no me esperaba la pregunta para nada y menos en el lugar donde estábamos y sin habernos dicho aún ni buenas tardes. El segundo porque Romu y yo solemos estar de guasa y picándonos el uno al otro y pensé que la pregunta tendría alguna trampa y conforme respondiese me soltaría alguna rima o chascarrillo de esos habituales. Y el tercero porque quien preguntó sabe de sobra que yo amo La Mancha y su gastronomía y me encantan los fogones, por lo que la obviedad caía sola y rompiendo la retórica de la pregunta. Me reí y le dije "¡Pues claro!". Y ya me contó el plan. Resultaba que un amigo suyo tiene un bar céntrico, muy céntrico, en la ciudad (luego diré el nombre) y muchos parroquianos le preguntan los sábados si hay migas manchegas de tapa. Alguna vez las habían hecho, pero no era el resultado deseado y quería desquitarse y sacar a la barra un día unas migas de categoría que dieran en el clavo total de la petición, el sabor y el deseo. Así se lo contó el gerente tomando un café y Romu, zorro viejo, hilvanó la idea en décimas de segundo y le dijo "Tengo la solución". Y, miren ustedes por donde, estaba yo tirando flechas sin saber que yo mismo era dicha solución. Así es que sí. La pregunta del principio tenía trampa y, cuando la contesté, caí. "Pues te vas a venir un sábado al bar que yo te diga y haces una sartén. Que ya lo tengo yo hablado con el dueño". Así surgió el asunto.

Días después, quedamos en el bar para concretar la fecha, ultimar todo y que yo inspeccionara lo que sería mi campo de batalla, pues no es lo mismo cocinar en tu casa o a la lumbre en el campo que en una cocina profesional de hostelería de un bar. Las dos primeras las domino. La última no lo había hecho jamás. Ni los fogones son iguales, ni se manejan del mismo modo, ni los utensilios son los mismos, ni se controla el espacio como en la casa de uno, ni se sabe dónde están las cosas ubicadas con sólo ver los muebles, ni nada de nada. A mí que me encantan los programas de cocina, me apasionaba la situación, pero, debo decir la verdad, me daba algo de respeto. Se convertía en un reto. Meterme a la cocina de un bar para hacer una buena sartén de migas manchegas con unos fuegos que no controlo, con la confianza ciega del hostelero (y su equipo en mí) que conllevaba la presión de no poder fallar, pues si la clientela del lugar quedase insatisfecha, yo seguiría con mis pleitos, pero el problema que habría dejado en el bar sería grande y feo, crearía mala fama para el local y, además, Romualdo tendría ya excusa para incordiarme de por vida. El resultado debía ser el esperado. El examen era complejo y todos me miraban con la total honradez de hacerme saber que habían apostado por mí sabiendo que ganaría, pero yo estaba asustado aunque con confianza. Me arremangué y di la comanda de lo que necesitaría.

Llegó el día y quedamos en el bar para almorzar, echar la mañana y hacer unas migas que cumplieran con las expectativas y, por supuesto, con todos los controles de cualquier tipo que requiere la hostelería. Durante la semana previa ya se corrió la voz, Romu se encargó de ello, de que el sábado, 14 de marzo de 2026 (pongo la fecha entera para que perdure), habría migas en "La Vermutería de Chencho" y los parroquianos estaban con ganas. Por la mañana, antes del mediodía, ya estaba preparando los ajos, los pimientos y las carnes para llenar una buena sartén. Nos comimos los presentes a temprana hora una buena ración de "Huevos con porras" (huevos revueltos con cebolla. Tomen nota del por qué de tan curioso nombre: en la Mancha somos mucho de comer ajos y cebollas tiernas, llamados aquellos ajos porros y éstas cebollas porras, de ahí el nombre del plato) y seguí manos a la obra con la preparación y el dominio del lugar. La cocina tenía dos trabas: que no era muy espaciosa y que el doble techo obligaba a cocinar doblado si tenías cierta altura, cosa que en mi caso era así. Y tratándose de hacer migas que, una vez hechas las frituras correspondientes, te obligan a estar pegado a la sartén con la paleta removiendo y removiendo, se convertía en un rato molesto. Y digo removiendo porque ya dice el refrán: "Las migas del gañán, a la media vuelta van. Y las migas del pastor, vueltas y vueltas hasta que salga el sol". Y, aunque las primeras son más livianas de cocinar, pero, ¡ojo!, bien hechas están muy buenas, las segundas son las que más se demandan y tocaba hacer.

Sobre las trece quince horas el local estaba lleno y las migas hechas. Desde la barra llegó la orden a la cocina de que debían empezar a salir raciones, platos y tapas pues la gente tenía ganas de migas manchegas y preguntaban por ellas. Me santigüé por dentro y llené la primera fuente para que empezasen a repartirlas. Vi cómo salía mi creación por la puerta de la cocina y aguardé que llegasen las primeras críticas. Los minutos que transcurrieron se me hicieron eternos. De pronto se abrió la puerta y entró Romu con un vermú en la mano. Me miró, me lo alargó y me dijo "Toma que te lo has ganado" a la vez que sonreía. Respiré. Le pregunté "entonces, ¿bien?" y me dijo que sí, que a Luis (el jefe) le habían encantado y que la parroquia fiel del local estaba satisfecha y pidiendo más. Me relajé, esperé un poquito más en la cocina para salir a la zona de ocio y que nadie supiese que yo había sido el cocinero y me encontré en la barra, precisamente, a mi hermana charlando con Romu y tomándose un plato de migas. Veía a la gente por todo el bar comiendo y pidiendo migas y fui consciente de que el trabajo había sido correcto y a la altura de lo esperado. Fui feliz. Mucho. Estaba ensimismado viendo mis migas servidas como tapa y comidas por muchas personas que ni conozco ni sabían (ni sabrán) las historia que había tras ellas y que le daban la enhorabuena al jefe del negocio. Pensaba, ya relajado, que había cumplido un reto hostelero. Entendedme lo de reto, no es algo muy complejo lo que hice, pero, para mí, hombre de letras puras, meterme a una cocina profesional en un local del centro de la ciudad y ver el resultado que tuvo mi humilde obra, era un orgullo y un gran logro. Y en esas estaba cuando, a bote pronto, le preguntó Romu a un cliente "¿te gustan las migas?" y éste le respondió "¡están riquísimas!", a lo que añadió aquel "las ha hecho éste", señalándome. Me sonrojé y me preguntaron varias personas si era cocinero, diciéndoles yo que en absoluto, que soy un mero abogado. Y algunos, pidiendo otro plato y dándome una palmada en la espalda, rieron y dijeron "pues están muy buenas las migas del letrado".

martes, 30 de diciembre de 2025

SIEMPRE FELIZ NAVIDAD

¡Feliz Navidad! Se nos va otro año y trae consigo los últimos coletazos que son, precisamente, los días de Navidad. Cierto es que jamás nos pondríamos de acuerdo en determinar en qué momento empieza y en qué momento acaba la Navidad. Quizás sea más difícil determinar el empiece, porque el final tirando de tradición podría ser cuando vuelven los niños al colegio y dejan de jugar con sus nuevos regalos traídos por los Reyes Magos o, en su defecto, tirando de refranero el día 17 de Enero, San Antón, pues "Hasta San Antón, Pascuas son". Ahora, para fijar el empiece es más complejo. Para unos en el Puente de Diciembre (llámese de la Constitución o de la Inmaculada, a gusto de cada uno), para otros cuando su ciudad, localidad o pueblo enciende el alumbrado especial de estas fechas, para otros cuando montan el Belén o ponen el Árbol y, para mí personalmente (y me consta no ser el único), la Navidad empieza el día de la Lotería, 22 de Diciembre, conforme ruedan las bolas de los bombos y los niños del Colegio San Ildefonso comienzan a cantar los premios. Y para mí, también, finaliza el 7 de Enero, al retirar y guardar nuevamente los adornos navideños puestos en casa. En todo caso y fuere como fuere para cada uno, Feliz Navidad, siempre Feliz Navidad. Y tiene su cosa, ¿eh? Esas dos palabras que repetimos tanto en estas fechas esconden mucho más de lo que parecen. Y de eso quería narrar un poquito hoy y expresar mi pensamiento al respecto.

Cuando alguien expresa un ¡Feliz Navidad!, ¡Felices Fiestas! o ¡Felices Pascuas! te está queriendo decir algo que va mucho más allá. Cuando un cristiano te dice un ¡Feliz Navidad! no te está diciendo únicamente que disfrutes nuevamente del nacimiento del Niño Dios. Te está diciendo a ti, amigo no creyente, de corazón, que disfrutes de estos días que conmemoran para él tal hecho y que lo hagas fuere como fuere (y ahora viene el sentido de la Navidad de verdad) en compañía de tu familia y amigos, en el calor del hogar, en el recuerdo de los que ya no están, en la esperanza de los que vendrán y que cada brindis sea una sonrisa y cada regalo te llene de felicidad tanto al entregarlo como al recibirlo. Eso es la Navidad. Y cuando alguien no creyente te diga adrede un ¡Felices Fiestas! pues para él la Navidad no conlleva celebración religiosa alguna, tú, amigo cristiano, entiéndelo como lo que es, un deseo, de corazón, igual que el tuyo, de que pases entrañables y alegres momentos rodeados de tus seres más cercanos y queridos, con los que te juntas, abrazas y ríes. Es una época preciosa y se viene celebrando ancestralmente por un motivo u otro y ¿de verdad nos vamos a quedar únicamente con el motivo cuando nos desean felicidad? Sea por lo que sea nos deseamos mutuamente días felices e, independientemente del motivo que celebremos cada uno, es un deseo sano. Un mero ¡Feliz Navidad! va mucho más allá de lo que estrictamente esas dos palabras significan.

Por eso, desde el Rincón, ahondo también en otra cuestión. Esa felicidad recíproca que nos deseamos en Navidad, ¿no deberíamos deseárnosla todos los días del año? Aunque fuera con la boca chica, ¿no? Es fácil en estos días de familia y hogar desear a alguien felices fiestas, pues son los días típicos para emitir tal expresión y así, disimuladamente (y no tan disimuladamente) nos subimos al carro de tal felicitación y hacemos un elegante uso del "bienquedismo" (vocablo aún no aceptado por la R.A.E., pero sí reconocido su uso coloquial por la misma) y regalamos una sonrisa a quien escasos días atrás hemos intentado hasta esquivar saludar en un encuentro accidental. Da que pensar. Es como, sin salirnos del hilo conductor de la Navidad, esos falsos deseos de ¡Feliz Año! que te dicen algunas personas que el mismo día 30 de Diciembre se han cruzado contigo por la calle y ni te han dicho "¡Buenos días!". ¿Feliz año nuevo? ¡Pero si me viste ayer y no me dijiste ni hola! Pues eso. "Bienquedismo" oportunista. Sin embargo, todos sabéis de lo que hablo, un ¡Feliz Navidad! o un ¡Felices Fiestas! no se dice tan a la ligera y sí conlleva un deseo real. Y pregunto: ¿no deberíamos desearnos siempre esa felicidad recíproca y no únicamente en Navidad?

En este humilde blog yo lo tengo muy claro. Feliz Navidad siempre. Como expresión, como deseo y como durabilidad. A la gente que aprecio (y a la que no y a la que me lea aunque ni la conozca) si le expreso verbalmente o por escrito ¡Feliz Navidad! que no dude que mi petición para con quien sea es de felicidad sin límites, sin condiciones, sin matices. No es un deseo atado a unos días en concreto que pueda ser real entre el 22 de Diciembre y el 7 de Enero, mis fechas navideñas, no, es un deseo que quiero que permanezca y os saque una sonrisa a todos durante cualquier momento, porque una mera mirada en Carnaval también es Navidad, o un chiste contado en una Romería, o una tarde de Feria o un ratito de barra de bar con alguien que aprecias y no ves tanto como quisieras. Mi Feliz Navidad esconde eso cada vez que lo pronuncio y, sí, por supuesto y también, celebro que el Niño Dios, al que he mecido hecho hombre sobre mi costal tantas veces, vuelve a nacer y a regalar su Bondad. Pero esa Navidad íntima me la guardo y quedo para mí. Cada uno con su creencia, ¿no? La Navidad genérica es la que quiero para todos: familia, calor y hogar. Y en la familia entran los amigos de verdad. No hace falta más explicación. Os deseo a todos: siempre Feliz Navidad.

jueves, 20 de noviembre de 2025

DISNEYLAND Y PARÍS, VOLVÍ Y VOLVEREMOS.

Contaba con once años de edad cuando mis tíos Juan y Mari Carmen me llevaron de viaje a Francia y pasé unos días en Euro Disney y en París. Treinta y tres años han pasado, los mismos que vivió Cristo, hasta que algún capricho de la vida ha querido que volviera a estar yo por allí. Y me sorprendió la cantidad de datos, imágenes y recuerdos que es capaz de almacenar la mente humana y volver a revivir como si fueran recientes. Sonrío de nuevo al escribirlo porque es una maravilla natural de la que somos dueños y no somos conscientes en profundidad. El caso es que a base de trabajo (ese es el único secreto) logré apartar una pequeña hucha para llevar a mi hija a Disneyland y a mi mujer a París o, lo que es lo mismo, a mi mujer a Disneyland y a mi hija a París, pues, como diría mi abuela "Donde va Cañizares va la guitarra". Nos iríamos los tres en familia a ambos destinos y en viaje único, pues suele ser lo normal, impuesto por "el Teorema de Yaque", ¿lo conocéis? Fijo que sí. "Ya que hago esto, hago lo otro". ¡Ojo! ¡Atención! ¡Peligro! ¡Calavera con dos tibias! No apliquéis nunca el teorema en reformas del hogar que luego pasa lo que pasa... "Ya que estamos de albañiles, acuchillamos el parquet. Ya que acuchillamos el parquet, pintamos la cocina. Ya que hemos movido los muebles para pintar, cambiamos dos estanterías y un sofá...". Y lo que tenías presupuestado se convierte en una ecuación maravillosa en la que, al despejar X, el resultado es X²+1.500. Y, claro está, no salen las cuentas. En resumen, esta vez y al no ser cuestiones de reformas del hogar, ya que íbamos a Disney, iríamos a París. Y así fue.

Unos mismos billetes de avión y unos mismos traslados para dos destinos diferentes, pero separados entre sí sólo unos cuarenta kilómetros. Merecía la pena. Más aún cuando Gemma no conocía París, Claudia está en una edad preciosa para disfrutar de Disneyland (aunque, a decir verdad, pienso que para ello toda edad es buena) y yo disfrutaría de todo ello simplemente viéndolas disfrutar a ellas. Además recordaría aquel viaje mío de la infancia. Y, con lo que no contaba, es que recordando y disfrutando de nuevo, nacerían ganas de repetir en el futuro. Hechos los preparativos y concretadas las fechas quedó todo planificado para el mes de septiembre de este año 2025. La ilusión comenzó a ir creciendo conforme avanzaba el pasado verano y empezó a desbordarse cuando en el calendario restaban días para que llegase el momento de la partida. Claudia soñaba con un gran parque temático de atracciones donde hubiera una sorpresa en cada rincón: ver a Mickey Mouse, subir en la atracción de Nemo, hacerse una foto con Mary Poppins, navegar en un galeón de los Piratas del Caribe, encontrarse de golpe a Peter Pan y mil cosas más. Gemma sonreía pensando en pasear por los Campos Eliseos, subir a la Torre Eiffel, visitar el Museo del Louvre, observar las gárgolas de Notre Dame y callejear por Montmartre. Y yo tan feliz de poder ser testigo de todo ello y estar con ellas en esta magnífica aventura que duraría una semana.

El primer destino fue Disneyland. Hotel Sequoia. Nada más llegar y para aprovechar que teníamos gran parte del día por delante fuimos directamente al Parque. Me sorprendió que recordaba muchas de cosas de cuando hube estado de niño y me sorprendió, aún más, la cantidad de cosas nuevas que había y cómo el Parque se había ido (y sigue) adaptando al mismo ritmo que la vida marca. Parece una obviedad, pero habían pasado treinta y tres años como antes he dicho. Por entonces apenas había gente que tuviera teléfono móvil, imaginad el recuerdo que tenía de Disneyland en aquellos recién iniciados años 90. El contraste de verlo ahora dominado con miles de tecnologías que te dicen, a tiempo real en una aplicación al alcance de cualquiera, el tiempo de espera en cualquier atracción o si hay mesa libre o no en los restaurantes temáticos que allí se encuentran es brutal. Cosas que hoy en día son de lo más trivial, cuando yo estuve eran delirios inimaginables. Por eso chocaba mucho mi recuerdo con la realidad actual. Pero todo quedaba bajo una misma magia cuando disfruté viendo que el Castillo sigue igual de precioso que estaba, que la espada del Rey Arturo sigue en el mismo sitio y nadie ha logrado sacarla y cuando aquellas atracciones en las que yo monté de niño siguen teniendo la misma ambientación, música, trayecto y visitas que hace más de tres décadas. Y allí pasamos tres días y medio entre el Disney clásico y el Disney más nuevo que ya engloba a Pixar y Marvel. Una fantasía total para nosotros, sobre todo para Claudia que ha visto todas las películas y conoce a los personajes y tramas. Fue muy feliz mi hija allí y yo ¿qué deciros? Más aún y por partida triple: por verla, por disfrutar de nuevo y por revivir memorias.

Marchamos de EuroDisney con la sonrisa anudada a la cara, el corazón y el alma hacia la capital de Europa. París aguardaba. Hotel en el centro que nos permitiera poder estudiar la ciudad y organizar las visitas. De nuevo recuerdos en mi sesera: de niño disfruté mucho en Disney, pero me aburrí enormemente en París. Cosas de la edad... ¿Le pasaría lo mismo a mi pequeña? Tal cual. Intenté sembrar en ella la fortuna que era poder ver la Mona Lisa en primera fila y sin gentío (cosas de una huelga inesperada y mucha suerte), el disfrute que es ver dónde descansa eternamente Napoleón y saber por qué, el orgullo de poder bajar andando 327 escalones de la Torre Eiffel y decir "¡Yo lo hice!", la belleza de un paseo en barco por el Sena, pero, evidentemente, con su pequeña edad ella no aprecia eso, aunque, sin duda, si vuelve como yo lo he hecho, varios años después, saboreará de otra manera esas cosas. A una niña recién salida de un mundo de fantasía como lo es Disneyland no hay Sacré Coeur que la embelese. A mí me pasó exactamente igual y lo recordé bien. Palizas de andar viendo monumentos que ni entendía ni me interesaban. ¡Qué distinto ha sido ahora y cuánto he disfrutado! Gemma sí que disfrutó. Más que yo. Le tenía ganas a París, aunque, siendo honesto, he de decir que no le gustó tanto como ella pensaba que lo haría. Pero fue feliz. Y mucho. Paseando por sus avenidas y calles, viendo sus historias y leyendas y disfrutando de los lugares más emblemáticos y conocidos de la ciudad de la luz. En definitiva ha sido un viaje que perdurará por siempre en nosotros y que nos ha dejado ganas de repetir. Por eso afirmo que volví y quiero afirmar que volveremos. Y antes de que pasen muchos años... Au revoir!

miércoles, 3 de septiembre de 2025

UN MARAVILLOSO AGOSTO

Sé que Agosto ha sido pleno cuando no he tecleado absolutamente nada en el blog durante sus treinta y un días por absoluta falta de tiempo. Eso implica que ha sido un gran mes vacacional. Mi mes de vacaciones. Bueno, realmente de vacaciones no. Vacaciones es un período de descanso laboral retribuido. En mi caso, siendo autónomo, no tengo retribución alguna si dejo de trabajar, por que mis "vacaciones" son, simplemente, un parón laboral. Digamos vacaciones y nos entendemos todos. ¡Qué gran mes! Me encanta exprimirlo y este año lo he hecho pero bien. Arrancó el mes, sin fallar a su cita, en la noche de la Pandorga. A las 00;01 estaría yo rodeado de tradición y folclore seguramente con un vaso de limoná en la mano y, tan sólo horas más tarde, cerca de las 06;30 de la mañana con la mochila a la espalda dispuesto a recorrer otra vez mi querido Camino de Santiago. Me despedí de mis hermanos pandorgos iniciando la madrugada y siendo madrugada aún ya iba en un tren rumbo a Madrid. Así empecé Agosto, a tope, indicándole cómo lo iba a consumir sin desperdiciar ni un segundo. Y lo nombro con mayúscula porque lo uso como nombre propio y le hablo de usted por todo lo que me regala. De modo que en su mismo día 1 que empezó con garbanzos torrados, a mediodía me encontraba ya instalado en la Hospedería de Peregrinos en Oviedo y con un plato de fabada y posterior cachopo delante. Marché a recorrer el Camino Primitivo por aquello de que "Quien visita a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor", aunque realmente marché porque a ese Camino le tenía ganas, había oído hablar de su dureza y era un reto a cumplir y superar, siendo este año perfecto para ello y en el que consumiría más de la mitad de Don Agosto.

Así pues, el día 1 lo dediqué a viajar y a caminar los días que van desde el 2 de Agosto hasta el 15 de Agosto, día de la Virgen del Prado y día que llegué a Santiago de Compostela habiendo cumplido y superado los avatares del Camino Primitivo en catorce etapas. Volví a mi Civita Regia el día 16, recién iniciadas las Ferias y Fiestas y habiendo explotado ya con botas, mochila y bordón, un poco más de medio mes. Me encanta. Gasto la mitad de las vacaciones levantándome entre las 05;00 y las 06;00 de la mañana, cargando una mochila de unos 9 kilos, pateando montes llenos de desnivel hasta la hora de comer, pasando calamidades y duchándome y durmiendo en albergues de peregrinos rodeado de extraños. Estaré loco, quizás, pero soy feliz así, desconecto de la mundanal rutina y, creedme, estoy donde quiero estar y tengo tranquilidad y alegría. Digo yo que si no fuera así no lo haría y llevo quince años gastando días de Agosto en ello. De hecho, todavía flotan en mi cabeza Grado, Salas, Tineo, Pola de Allande, Berducedo, Grandas de Salime, etc, y ya pienso en qué Camino o tramo recorreré el año que viene... Pues eso. Que volví para la Feria y la disfruté mucho. Y eso que salí poco. No sé si es porque los años pasan, porque mis gustos cambian o por un poco de todo. Pero lo conjugué diferente y disfruté mucho. No me faltó ni mi familia, ni mis amigos, ni mis aficiones. Y eso para mí es la vida misma.

La Feria 2025 ya es un bello recuerdo. Mi hija y yo ganamos, cada uno en su categoría, el Trofeo de Tiro con Arco. ¡Un regalazo de la vida! El que escribe, desde niño, siempre ha estado enamorado de los arcos y las flechas. Mi película favorita era Robin Hood y aprovechaba cada escapada al campo con mis abuelos y mis padres para abastecerme de ramas y vástagos y hacerme un buen arco y flechas como los de las películas. Imaginación no me faltaba y creatividad tampoco. Con plumas de paloma y clavos viejos logré hacer flechas que volaban bastante bien y se clavaban con  facilidad en maderas y árboles. Y con ramas de álamo, pino y almendro logré arcos más que aceptables. Bien, pues quiso la vida que a mis cuarenta y tantos volviese esa afición a renacer en mí al descubrir que hay en Ciudad Real un club de arqueros al que no dudé en inscribirme nada más conocerlo. Hice el curso de iniciación en Febrero del año en curso, me adentré en el mundillo, mi hija Claudia cogió el gustillo y se animó también a tirar con arco, adquirimos nuestros primeros equipos de arquería (¡¡arcos y flechas de verdad!!), en Mayo fuimos a la primera competición a la que pudimos apuntarnos y, sorpresón, fue tal la evolución que en la Feria ganamos el trofeo. Una preciosidad de experiencia y vivencia que me tenía mi querido Agosto preparada. Tampoco faltaron en las Ferias y Fiestas noches de cacharritos y atracciones con algún botellín a destiempo. Y así exprimí los días del 17 a 22 de mi querido mes vacacional, entre ratitos de alegría compartidos con todos los cercanos en el corazón de la ciudad. Y, por supuesto, bajo la atenta mirada de la Virgen del Prado que me echaría de menos la noche del 14 al 15 de Agosto, pero escucharía mi oración desde Lavacolla.

Los últimos días del mes, en concreto del 23 al 31, encaminados irremediablemente ya a un nuevo curso laboral, los consumí en Fernán Caballero. Es mi refugio y donde no me faltan tareas cotidianas de esas que me entretienen y gustan: podar el seto, repintar la puerta, trasplantar una higuera, limpiar la piscina, etc. Y, entremedias, lumbres y limoná. Eso no puede faltar nunca. Me encanta oír a mi hija bañarse y jugar en la piscina mientras yo estoy preparando los avíos para hacer un buen arroz o unas patatas a la riojana. En el campo y con fuego todo sabe mejor. Y hacer alguna excursión cercana al Pantano de Gasset a merendar, a Malagón a comprar un queso de la fábrica o acercarnos al Sotillo a bombear agua del pozo y rellenar un par de garrafas. Cositas pequeñas que hacen que los días sean grandes. Además, en estos días, se fragua la conserva y cuando en los fríos meses de invierno abrimos algún tarro de tomate o pisto nos acordamos de aquellos ratos a finales del estío. Mi pequeña Claudia se ha pasado muchos días con nosotros en el chalet y ha disfrutado mucho "de la vida campera" como ella dice, con especial mención a la preparación del cumpleaños del Tormento (su tita del alma) en los que ayuda a decorar y ambientar temáticamente la fiesta a celebrar. Algún día hemos disfrutado de las fiestas del pueblo, otro de comida con amigos, otro de alguna receta nueva y así he ido saboreando cada minuto de un mes en el que no tocado ni un papel. Por ello decía al principio que para mí es un mes genial de descanso y, más todavía, cuando ni siquiera le araño media hora para teclear algo. Y quiero teclear, sí. Tengo cosas para narrar...  El mismo día 31, fin de mes, lo pasé gastando hasta el último minuto en el chalet. Y amaneció un nuevo septiembre y me hizo sonreír: hace justo un mes iba de camino a Oviedo. ¡Cómo se ha pasado Agosto! ¡Cómo lo he exprimido a tope! Sí señor: un maravilloso Agosto.

martes, 29 de julio de 2025

SIEMPRE MI SEMPITERNO JULIO

Julio es eterno. En todos los sentidos. O en todas sus acepciones, como prefiera usted. Y si hace querer año tras año a su manera. Se forjó su amor en mi infancia a fuerza de verbenas, Pandorgas y de la mano de mi abuela Carmen. Me llevaba a la vera del convento carmelitano a ver a la Virgen y a comerme una berenjena de Almagro, su pueblo, que expande ese sabor tan característico de vinagre, ajo y comino por toda la geografía nacional mediante tinajillas y orzas de barro que rezuman esa mancheguía tan nuestra. Más adelante, en mi incipiente juventud, acudía yo sólo a la verbena de la Morería, del Carmen y de Santiago en ese mes de Julio veraniego y vacacional del que se disfrutaba con los amigos entre charla y bolsas de pipas hasta la madrugada. Algunos años después, ya en edad universitaria, Julio seguía siendo especial. El día 7, San Fermín, ya arrancaba el período festivo. Y me prometía a mi mismo que alguna vez tendría que recorrer las calles de Pamplona en esas fechas. El día 16 de dicho mes, inicio de la canícula, siempre buscaba un hueco para ir a casa de la abuela y felicitarle su santo. A poder ser le compraba "recortes", le recordaba que fue ella quien me inició en ese mundillo del verbeneo y la Pandorga, le hacía caricias, le sacaba una sonrisa y le prometía que me comería una berenjena del puesto y echaría un trago de vino de la bota sin mancharme la camisa. Luego veía con los amigos la procesión de la Virgen del Carmen y nos daba la madrugada verbeneando entre vasos con hielos repletos de tintos de verano. Julio se ganaba mi corazón sin yo saberlo fraguando recuerdos...

Ocho días después, en mi amado Perchel, era la verbena de Santiago. Hablar de ella es hablar de mí mismo. Calle Ángel, Jacinto, Agustín Salido, Altagracia, Calatrava, Refugio y Plaza de Santiago. Todo en un apretado puñado de metros cuadrados donde me forjé como niño, joven y adulto. El empedrado más conocido de la ciudad, la orquesta, los bailes, los chiringuitos y los Pandorgos haciendo limoná. La vida entera cabe en el Perchel. Y eso terminó de hacer que te hicieras eterno para mí, Julio. Eterno en la acepción de tenerte siempre presente, repetirte con frecuencia en mi sesera y ganarte el respeto de los tiempos. En otro sentido ya hablaremos luego. Ya era "talludico" que se dice por estos lares y llevaba años en el oficio del costal. Y tú, Julio, me regalaste disfrutar del oficio entre las ferias de verano: costalero de la Virgen del Carmen en honra de mi nombrada abuela y costalero de Santiago, Patrón de las Españas y de la Villa de Granátula de Calatrava. ¡Cómo para no quererte! Aunabas mis pasiones en tus días de calendario y ya me tenías cautivado desde niño cuando yo todavía no había desarrollado mi querencia hacia otras cosas. Imagínate cuando han ido pasando los años y te habías guardado el as bajo la manga de que llegaría a ser proclamado Pandorgo el último día de tu mes, querido Julio, en el año 2022, ese día que el cielo de la calle Calatrava sonreía, olía a limoná y tenía un color azul como el de los ojos de la Virgen del Prado. Eterno por siempre.

Y eterno también lo eres por lo que tardas en pasar. Ya en mi vida adulta y siguiendo los derroteros de la abogacía con la que me gano el pan desde hace más de dos décadas, sigues siendo eterno. No avanzan los días como lo hacen en otros de tus hermanos meses. Ojo, no me quejo de tu lentitud porque eres un mes que amo, me quejo de que ya vislumbro Agosto, cuando me despojo de la corbata y los papeles que me visten a diario y te me haces eterno en transcurrir hasta que llega mi descanso. Sin ir más lejos, hoy mismo que tecleo un poquito sobre ti, es día 28 y he tenido cuestiones del trabajo en el Registro de la Propiedad de Almagro, en el Juzgado y, obviamente, en el despacho. Dos días quedan, dos, para un descanso que entiendo merecido y parece que no llega nunca para que, una vez llegado, al igual que mi amada Semana Santa, se marche en un suspiro. Eres eterno, Julio. En todas sus acepciones como antes te decía, pero me atrapas desde tu inicio porque eres especial. Llegas cuando es cercano San Fermín regalándome una sonrisa y te marchas en el día más grande de La Mancha. Y entre medias te adueñas de la mitad de la canícula y me desesperas de calor a la vez que me regalas más de un ratito de taberna inesperada. Sabes jugar muy bien tus cartas y por eso haces grandes tus bazas.

Fíjate si eres diferente que todos los años gozas de una entrada para ti en el Rincón. Suelo repetir algunas de ciertos retazos anuales que, aunque se repiten año a año, nunca son iguales, como la Semana Grande, la Romería o mi querido Camino de Santiago. Pero tú que, perdóname que te diga, sí que eres siempre igual, siempre, eterno y desesperante a la vez que mágico y esperado, logras subir al podio de los ganadores entre los textos que, sin ser iguales, también se repiten, cosas al alcance de muy pocas vivencias y recuerdos. Y, sí, es por tu conjugación de la esperanza y desesperanza. En todos los sentidos, ya lo sabes tú. Mientras me desesperas con tareas imprevistas, me esperanzas con la renovada excursión familiar a visitar, precisamente a la Esperanza, a aquella la que vive en San Gil. Excursión que será, si lo quiere Ella, en tiempo de Navidad y que siempre comienza a tener forma en tus días. Y mientras me desesperas con un calor mal llevadero por los golpes que atiza el astro Rey, me esperanzas con una nueva plegaria a la Morena del Prado con la que cierras tus puertas y se abren las de Agosto con mi mochila de peregrino al hombro. Fuerzas renovadas. Agotamiento en tus calendas y un empujón para lo que viene. Y eso lo haces tú, Julio. Por eso, un año más, eres eterno.

martes, 22 de julio de 2025

EXCURSIÓN AL PARQUE DE ATRACCIONES DE MADRID

Al igual que el año pasado la A.M.P.A. del Colegio Ángel Andrade, en el que cursa estudios mi hija Claudia, organizó, dentro de las actividades del fin de curso, una excursión a un parque de ocio, siendo el destino de este año el mítico Parque de Atracciones de Madrid. Me hizo ilusión por doble motivo: ir en familia a pasar un entretenido día y volver a tal lugar al que llevaba sin ir quizás unos treinta años. Así es que nos apuntamos a la excursión sin dudarlo. Personalmente me traía recuerdos de haber estado allí en mi primera infancia y en aquellos lejanos años de quinto, sexto o séptimo de E.G.B. Recordaba algunas atracciones y tenía ganas de ver si seguían funcionando (incluso existiendo) para revivir aquellos momentos y contarle a mi hija las típicas batallitas de "aquí estuvo papá". El sábado 14 de Junio de 2025 era la fecha elegida para el evento y ya apretaba el calor en estos lares, así es que las atracciones de agua estarían a la orden del día para el disfrute (y refrescamiento) del personal. Llegó el día. Las caras sonrientes, las mochilas llenas, las gorras puestas y la crema del sol a mano porque se preveían latigazos del astro rey sin piedad. Arrancó el autobús y los excursionistas dentro alegremente rumbo a Madrid. Para los pequeños era un destino paradisíaco, pues que te cuenten en el cole que te llevan de excursión a un parque enorme con un montón de "cacharritos" para subirte es algo maravilloso. Todos los hemos vivido y sabemos la ilusión que genera. Allá que fuimos y allá que volvimos.

El hombre del tiempo que de cada diez pronósticos falla nueve ésta vez acertó en el único día que era imposible fallar: soletón, cielo raso y temperaturas altas. Fue bajarnos del autobús y decir el clima "aquí estoy yo". Haciendo cola para pasar al Parque los niños y niñas ya iban jugando con sus flusflús de agua aliviándose el calor y calentando motores de lo que sería un día el que más valía estar mojado a menudo. La puerta principal sigue igual que cuando se inauguró el Parque de Atracciones el 15 de Mayo de 1969, Día de San Isidro, Patrón de Madrid. Enclavada en el paraje único de la Casa de Campo, cercana al Zoo (que era otra de las grandes, míticas y obligadas excursiones de aquellos años ochenta y noventa) y con su características letras y color gris sobre el que parece que no han pasado más de cinco décadas y media si no fuera porque te hacer viajar en el tiempo a través de la memoria. Y lo que sigue igual es el acceso: apertura a las 12;00 horas del mediodía y, para los grupos, entradas en papel. Parece que las tecnologías del siglo XXI no han llegado al emblemático Parque de Atracciones de la capital del Reino. Ale, pues una vez dentro todos corriendo a las atracciones para no tener que hacer mucha cola. Y aquí llegó la primera sorpresa: recién abierto el Parque el tiempo media de espera en cada atracción era de más de una hora. ¡¿¡¿What the fuck?!?!

Y sí, descubrí que el Parque de Atracciones ya no es lo que era. El paso del tiempo no perdona y la competencia surgida con otros parques temáticos y ciudades le ha hecho daño. Lo vi pequeño y obsoleto, falto de mimos y cuidados, acostumbrado a vivir de las rentas de haber sido el único y grande durante muchos años. No puede ser que en días de 40 grados de calor, de las cinco atracciones de agua que son la más deseadas, se encuentren tres cerradas. Y en las dos abiertas, el tiempo de espera (para cinco escasos minutos de disfrute) sea de una hora y media. Tampoco puede ser que se encuentren igual, exactamente igual que hace mas de cuarenta años, ciertas atracciones y se quiera seguir explotando las mismas con el mismo éxito que tuvieron cuando fueran instaladas. Cierto es que el mítico Tiovivo del Parque de Atracciones de Madrid es la atracción más antigua de España, pero, ¿de verdad eso dato que ni siquiera se molestan en dar a conocer es un gran aliciente a día de hoy para los visitantes al Parque? Los nostálgicos lo ven, lo valoran, viajan en su memoria y alguno de ellos se sube, si bien la realidad palpable es totalmente distinta: no hay cola, apenas se sube ningún niño y el anciano carrusel se ha convertido en una atracción sin atracción. Una pena que no se renueve lo que podía ser un emblema mantenido a la orden del día, un verdadero reclamo actualizado y sin perder jamás su génesis.

Los niños de ahora, verdaderos protagonistas y fuerzas vivas que mantienen activo el Parque, demandan otras cosas. Y eso lo saben (o deberían) los gestores del Parque de Atracciones. Hay falta de atracciones y falta de mantenimiento. Volví a subirme en la Jungla, seguro que todos la conocéis. Atracción que consta de un paseo en barcas simuladas que navegan por unos raíles instalados en una suerte de río, desde las que vas observando una decoración temática de parajes de la naturaleza y animales. Bien, éste que narra recuerda haberse subido en dicha atracción en los primeros años de la década de los 80. Y sigue exactamente igual. El Parque, como antes decía, sigue viviendo de las rentas de lo que algún día fue y necesita un fuerte empujón y, sobre todo actualización, que lo devuelva a su lugar. La zona infantil, centrada en el personaje de Bob Esponja, tampoco es que sea la panacea y, aunque a los más pequeños les llama la atención, los niños de diez años se cansan enseguida de ella pues tiene "lo de siempre": coches de choque, una pequeña montaña rusa, etc. Cuando el Parque de Atracciones de Madrid vio que empezaba a tener competencia y podía perder su podio, instaló un par de atracciones nuevas y poderosas como la Lanzadera (caída libre) y la Máquina (una plataforma repleta de asientos en los que cada persona parece una pieza y va volteando hacia cualquier lado). Con ello creyó seguir siendo imbatido, pero de eso hace ya veinte años. Y no ha habido más. Hay que darle otra pequeña/gran vuelta al asunto.

El caso es que no le faltan visitantes nunca y sigue recibiendo excursiones como la nuestra, la cual, finalmente, fue satisfactoria para los pequeños que es de lo que se trata y se pudo sobrellevar a pesar del calor y los enormes tiempos de espera, pues los niños con poco disfrutan mucho.
Me resta agradecer a la A.M.P.A del colegio estas iniciativas y el empeño que ponen en ellas pues, a buen seguro, quedarán en el baúl de los recuerdos de nuestros hijos. Y esperar que, si vuelvo dentro de un puñadito de años, el Parque de Atracciones de Madrid haya vuelto a ser el Parque de Atracciones de Madrid.