miércoles, 9 de septiembre de 2026

UN MAGNÍFICO AGOSTO

No es la primera vez que digo que cuando no me es posible escribir unas líneas es porque estoy muy felizmente ocupado. De no ser así, siempre busco un resquicio en las horas del reloj para teclear un rato. Y ahora que veo que el blog lleva más de un mes sin tener una entrada de texto me doy cuenta de que ha sido un mes de agosto magnífico. Además, lo he exprimido, como gusta, de principio a fin. Literal. El mismo día 1, de madrugada, llegaba a casa tras rematar la Pandorga como está mandado. Y ese mismo día 1, horas después, iba en un tren con la mochila de peregrino rumbo a Logroño, a hacer un gran tramo de mi amado Camino de Santiago. Y tras treinta días llenos de actividad que ahora desglosaré, el propio día 31 en el que concluye el mes, estaba agotando mi período de vacacional tranquilamente en el chalet. Cuando logro desconectar de la vida jurídica es fabuloso. Bastante tengo durante once meses del tirón con guardias y jaleos más de un fin de semana y festivos como para seguir pendiente de plazos, consultas y dilemas en el único mes que puedo parar de hacerlo, porque, ojo, a decir verdad con riguroso tenor, los autónomos no tenemos vacaciones, pues las vacaciones son un período temporal de inactividad laboral retribuido y, sin embargo, los autónomos, decía, lo que tenemos es un período en el que dejamos de trabajar por pura necesidad y descanso mental y no ingresamos un duro por ello. Así es que mi mesecito de agosto es sagrado para mí. Ya volví a la faena, con británica puntualidad, el día 1 de septiembre a las 09;00 horas de la mañana y a las 11;30 estaba con la toga puesta. Estos leguleyos respetan ya ni el cultismo que reza "prima non datur et ultima dispensatur"...


En definitiva, conseguida ¡al fin! la desconexión (otro día hablaré de lo que cuesta obtener la desconexión digital con los tontos del whatsapp) fui libre mentalmente y pude dedicarme a lo que me gusta hacer cuando descanso. Básicamente es sencillo y creo que toda persona lo hace: dedicarse a su familia, a sus amigos y a practicar las actividades que te dan felicidad. Yo gasto casi la mitad de mis vacaciones haciendo tramos del Camino de Santiago, ¿qué queréis que os diga? Me gusta. Me llena. Me hace feliz. Me levanto todos los días sobre las 05;45 horas de la mañana, cargo con una mochila grande donde llevo todo lo necesario para vivir, camino una media de 25 kilómetros al día y duermo en albergues de peregrinos rodeado de extraños. Hay gente que piensa y dice que estoy loco. Pues puede ser. Pero mis locuras me gustan y eso es lo que me importa a mí. A mí. Que para eso soy el que gasta sus días de descanso así, igual que otros se van a la playa, de casa rural, al pueblo o hacen lo que les agrada que para eso es el asunto. A mí, insisto, por ejemplo, ir a la playa me parece un penadero total y absoluto: pasar un calorazo de muerte porque sí, porque mola estar sudando y pasando calor, por supuesto, lo deseamos todos, que haga cuarenta grados y ponernos al sol embadurnados de crema, ¡qué deleite, oiga!, para que se nos pegue arena en todo el cuerpo, hasta en el chirri y todas tus cosas y llevarte arena pegada en la toalla, en la sillita plegable, en la nevera, en la bolsa de tela, en la mochila, en la esterilla y en todos los santos trastos y bártulos que te has llevado (que esa es otra, ir a la playa es una mini mudanza y si vas con niños más) y que luego tengas arena en el coche, en tu casa y en el armario. ¡Qué alegría, chica! Pues mira a ti te encanta, pero yo me quedo con mis madrugones y mis pateadas y los dos tan felices porque a ambos nos gusta lo que hacemos.

Bueno pues mi querido octavo mes del calendario me ha regalado de todo este año. Y cuando digo de todo es de todo, bueno y malo. Algún problemilla de salud ha habido también. Y algunas cosas de esas feas que la vida te pone por medio para seguir siendo vida. Forma parte del juego y han sido salvadas ya. Que queden todo lo posible diluidas en el tiempo. Por lo general ha sido un precioso mes. He vuelto a recorrer el gran tramo de Castilla en el Camino de Santiago y por tercera vez he llegado a Burgos y León caminando. ¡Qué cosas tiene la meseta! Cruzas la Rioja, te adentras en la provincia burgalesa y piensas que ya mismo estás acariciando la maragatería y el Bierzo, pero no, en absoluto. Te aguarda más de una semana de etapas andando entre una capital y otra y, entremedias, debes cruzar toda la Tierra de Campos de Palencia. En esas etapas soy feliz. Mucho. Grandes recuerdos en los Montes de Oca, en Agés, en Hornillos del Camino, en Carrión de los Condes, en Bercianos del Real Camino Francés y en tantos y tantos sitios que la mente guarda codiciosamente en la más preciada alacena de los instantes vividos. Este año fue distinto, pero bonito también. Me emociono al escribirlo porque de antaño tengo preciosas vivencias, tanto de la primera vez que conocí aquellos tramos, como de la segunda vez, cinco años después, que los volví a recorrer. Bueno, pues concluido mi Camino de este año volví a la Civita Regia el mismo día grande de inicio de sus Ferias y Fiestas. Quiso el destino que lloviera y estuviera la tarde metida en tormentas, por lo que me quedé recogido en casa y me vino bien para dar descanso a la tendinitis aquiliana que me dejó este año la caminata.

¿Y qué decir? Hubo de todo lo que debía haber. Feria, fiestas, Tiro con Arco, quedadas con amigos, días en el chalet, lumbre, guisos, excursiones, etc. En definitiva, lo que me hace feliz. Pasé momentos divertidos con mis queridos Hermanos Pandorgos, estuve en la Feria con mi familia y mis amigos, recargué el leñero con buena leña de encina y olivo, llené alguna sartén de nuevo con aromas que sólo el campo puede y sabe dar y volví a disfrutar muchísimo de mi estancia en Fernán Caballero, con lágrimas de emoción, ilusión y felicidad incluidas, pues tras seis veranos sin que ocurrieran, este año, volvieron a darse situaciones felices que en su día se vivieron y que jamás pensé que volverían. Muy pocos saben a lo que me refiero y no lo explicaré. Escrito queda y con eso sobra para que perdure en mi memoria y cuando pasado el tiempo relea estas líneas reavive el recuerdo y sonría de nuevo porque ocurrió y volvió a ocurrir cuando nadie lo aguardaba. Y, entre tanto, se fueron consumiendo así mis últimos quince días de descanso, conjugando aficiones y ratos entretenidos en los que no he sabido absolutamente nada de la vida jurídica con la que honradamente me gano la vida. Me ha dado tiempo incluso a no hacer nada. A gastar algunas horas tumbado porque sí. Ya sabéis todos que no sé estarme quieto y que si no tengo ocupación la busco, pero estas pasadas vacaciones he buscado algunos momentos de decir "no voy a hacer nada, porque me lo merezco, sin más". Y he ido exprimiendo día a día, como decía, los 31 días, hasta tal punto que el mismo 31 lo viví como un plácido Domingo que pone fin a un fin de semana espléndido. Y así volteé a la mañana siguiente el calendario marcando de nuevo septiembre hasta que alcance tras once meses del tirón, en 2027, otro magnífico Agosto. ¡Vuelta al cole, amigos!