Hace algunos años, décadas más bien, cuando el que narra iba al instituto, una de las asignaturas obligatorias que se cursaba era Filosofía, de la que tengo grandes recuerdos y de la que obtuve grandes aprendizajes. Recuerdo a Don Francisco, el profesor y a la sazón director del colegio, explicándonos y escribiendo en griego en la pizarra la teoría del "Panta rei" (pronunciado con erre suave, como el decía). Dicha teoría, nos decía, era atribuida al presocrático Heráclito de Éfeso y venía a decir que "todo fluye". Heráclito sostenía, según decía Platón (discípulo éste de Sócrates y presocrático aquel que emitió el teorema) que el universo está en constante cambio por lo que es imposible que algo se repita. Ponía de ejemplo la metáfora del río: "No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque el agua fluye y quien se baña de nuevo en él ya no es en el mismo agua". Y ante esto, años después, otro enorme filósofo, Friedrich Nietzsche, dio a luz su teoría del "eterno retorno de lo idéntico mediante la repetición cíclica". Uno decía que cada cosa ocurrida ya era consumada y el otro decía que cada cosa ocurrida estaba condenada a repetirse. Y con esos pensamientos iba yo en la sesera por esos Caminos de Dios, recorriendo kilómetros entretenido, hilvanando mi propia teoría filosófica de que, fuere como fuere, la vida sigue. Tanto si fluye todo en constante cambio como si todo se repite cíclicamente, el sol sigue saliendo por el mismo sitio día tras día. Y aquí viene el propio transcurso de la vida y de darnos cuenta que, de verdad, no somos nada. Y no, no es una frase hecha, no somos nada en realidad.
Si mañana mismo faltamos alguno, la vida continúa igual. No hablo de los sentimientos ni los sentires. Obviamente si mañana faltamos alguno todos los que nos rodean y aprecian no estarán igual. Habrá lágrimas y llantos, pero, en el resto del mundo (y no me refiero con ello a miles de kilómetros de distancia más allá, bastan unos pocos metros) la vida seguirá igual. Las farolas de nuestra calle volverán a encenderse por la noche, el panadero del barrio seguirá amasando el pan y los gorriones, al alba, volverán a piar en el alféizar de nuestra ventana. ¿Dónde está entonces el cambio constante que proclamaba Heráclito si todo seguirá impasible a nuestra ausencia sin inmutarse? ¿Y dónde radica el retorno idéntico si ya se ha agotado nuestra vida y jamás se repite una igual? Es curioso. Esto me lleva al interrogante que siempre se hacía mi abuelo: "¿qué hay que decirle al futuro?". Porque la única función de todo ser vivo que hace que continúe la existencia es la reproducción. Se nace, se agota el tiempo que te toque en suerte y se muere. Y entre tanto, se reproduce para que continúe el ciclo. ¿Para qué? ¿Qué debemos transmitir al futuro nosotros, los gorriones, los grillos, las medusas, las ardillas, los cangrejos, las petunias, los olivos, etc? ¿Cuál es la meta real de la vida? Algo debe haber. No puede ser que sólo sea vivir, sin más. No habría, entonces, evolución continua. Y de eso, me planteo, ¿acaso todo el desarrollo de una vida en concreto, la tuya, la mía, la de un gorrión, la de un grillo, la de una medusa, es simplemente consumir el tiempo que te toca vivir en una edad concreta y con unos contemporáneos concretos? ¿Formamos parte de ese "todo fluye" que nunca tiene fin? ¿O cada vez que se consume una vida surge una nueva y formamos parte de ese "eterno retorno"? Fuere la opción que fuere, ¿para qué? ¿Cuál es la misión del fluir constante o de la repetición cíclica?
Perdonadme si hoy mis letras son espesas y carecen del ritmo alegre que suelo plasmar, pero también tengo pensamientos internos e intrínsecos que me gusta dejar escritos. Ya sabéis que conforme transcurre el tiempo me releo de vez en cuando y el Rincón alberga mucho de mí. Me ayuda a recordar cosas, a ver cómo he ido evolucionando en todo y a volver a tener pensamientos y sentimientos que estaban olvidados por lo que fuera. En realidad escribo para mí, no para quien me lee, si bien, comparto lo que escribo y agradezco a quien me lee, pues es una bella simbiosis: yo me desahogo alegre, triste o llanamente y quien me lee se entretiene y/o empatiza con mis palabras más de una vez. Eso sí, mi humilde blog no se sostendría sin todos vosotros. Eso es real y lo tengo muy claro. Cada comentario recibido y cada visita registrada es un aliento para continuar expresándome abiertamente. Y dejar sentimientos por escrito y que haya quien los lea dará lugar, de una manera u otra, a la permanencia temporal de modo que, cuando yo no esté, ya sea porque alguien reviva los recuerdos y todo fluya o porque, sin seguir patrón alguno, cada equis tiempo se repita aleatoriamente la lectura de los mismos y así retornen, continuará mi existencia. Mientras tanto, prometo seguir escribiendo por y para mí, por y para vosotros, por y para transmitirle algo al futuro aunque no sepa qué ni por qué, por y para que la vida siga igual en mi ausencia o no, por y para el panta rei y el eterno retorno.





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