miércoles, 3 de junio de 2015

VIRGEN DE LA CABEZA

Soy consciente de que esta entrada llega un poco tarde, pero he tenido un ajetreo fuera de lo común en mi metódica vida y no he podido verter unas líneas antes en el Rincón. De modo que a los que os haya hecho esperar demasiado os pido perdón a lo Antonio Orozco. Pido perdón a sabiendas que no lo concedas, pido perdón de la única forma que sé: escribiendo. Dicho esto me inmiscuyo de pleno en la gramática y comienzo un incesante tecleo hasta que concluya esta pequeña entrada dedicada a la gente buena que con costal y faja realizan el más bello oficio que exista: pasear la fe por las calles. En esta ocasión y como siempre ocurre en el mes de Mayo la imagen paseada de ferviente manera fue la Virgen de la Cabeza, nuestra querida pequeñita y morenita, la célebre aceitunita bendita. Cuántas oraciones se esconden bajo sus gruesos faldones verdes que reflejan la esperanza. Cuántas ilusiones y cuánta amistad compartida en esa calurosa tarde de Mayo en que la Morenita sale a las calles...

Esta cofradía de Gloria quizás sea de las que mejores ratos me ha dado por muchas cosas: por compartir trabajadera con quien la comparto, por ser el primer paso que saqué a costal fuera de la Semana Grande, por los buenos ratos en la igualá y en la desarmá, por acercar la imagen mariana a unas monjitas residentes en la periferia de la ciudad, etc, etc. La verdad es que me gusta por varios motivos y este año fui feliz con Ella (como siempre) y más aún cuando al salir de relevo estaba Gemma viéndome. Fue emotivo y ella sabe por qué, aunque puedo adelantar que a ella no le gustan las cofradías  y yo no me esperaba que finalmente viniera, por lo que, que ella viniera y verla, me alegró mucho. Espero algún día explicar el por qué y eso me haría triplemente feliz: feliz por pasear a la Virgen de la Cabeza, feliz por estar Gemma por allí y feliz por poder explicar por qué aquello me hizo tan feliz. El caso es estar feliz fuere de la manera que fuere y ojalá estuviera en mi mano que todo el que leyere estas líneas también estuviera siempre feliz. Si yo puedo contribuir a ello que no dude en decírmelo. Al fin y al cabo la vida es mucho más bella así.

Lo que es la procesión en sí transcurrió con la elegancia y buen hacer que viene demostrando esta cuadrilla de amigos desde hace años. La conjunción entre veteranos y noveles (como en el Himno del Real Madrid) viene siendo total y ello se transmite de parihuela para arriba meciendo a la Aceitunita con gracia y salero por un lado y con arte y esmero por otro. El caloret (como diría Rita Barberá) hizo acto de presencia y la cuadrilla de los chiquinines que hacía la salida nos dio el relevo a la cuadrilla alta con las maderas ya humedecidas por el sudor y el termostato autoregulado a 40 grados aproximadamente. Cuánto nos gusta el oficio costalero para meternos en estas faenas, de verdad. Pero la satisfacción y la sonrisa no se comprenden si no se ha estado nunca bajo los pasos. Por eso me siento orgulloso de ser costalero. Conozco bien esa satisfacción y esa sonrisa generadas por el esfuerzo hecho con el más profundo sentimiento que oculta y merma todo resquicio de cansancio físico que pueda aparecer.

Un año más me quité el costal con los ojos humedecidos y mirando a la Madre de Dios le suspiré un "Ahí quedó" cargando la suerte hacia la nostalgia y la esperanza. Ella me entiende y aunque no sea mi Macarena del alma ni la Virgen de la Salud a la que tanto afecto estoy cogiendo, no dejan de ser una representación más de la misma y única que escucha cuando desde el corazón sale un Ave María sin que se tercien palabras. ¡Viva la Virgen de la Cabeza! ¡Viva la Morenita! ¡Viva la Aceitunita Bendita! ¡Y viva la Madre de Dios!

martes, 19 de mayo de 2015

SENDERISMO POR LA SIERRA DE MALAGÓN

Como no todo es sacar cofradías y jugar al pádel, me refiero, evidentemente, al tiempo libre pues el resto lo ocupo ejerciendo la abogacía, también gusto de patear caminos con mochila y bordón. Y además del Camino de Santiago, en especial el Camino Francés, madre de todos los caminos, me encanta caminar por senderos y rutas de mi tierra que, en ocasiones, no llevan a ningún lugar sino a la mera satisfacción y encuentro con uno mismo. Si bien he recorrido ya bastantes caminos y todos me han llevado a algún lugar, hay rutas que son de ida y vuelta y al lugar al que te llevan no es visible a los ojos sensoriales sino a los ojos del corazón. Ya lo decía el Principito: "lo esencial es invisible para los ojos". Y en esta ocasión así fue la ruta. El punto de salida y retorno comenzó donde el coche quedó aparcado. Lo esencial es lo que acaeció entremedias. Unos cuántos kilómetros que nos llevaron hasta la "Plaza de los Moros" y nos volvieron a regalar vivencias y pasos a cuatro amigos, dos padres y dos hijos, que llevamos recorridos algo más que un puñado de kilómetros juntos en esta vida: Jesús Cecilio Velascoín y su hijo Alberto, mi padre y yo.

Jesús y mi padre subiendo hacia la Plaza de los Moros
Al grano. La ruta empezaba atizando nada más empezar. Me gusta llanear unos kilómetros antes para templar bien las piernas antes de comenzar una ascensión pero en esta ocasión el camino comienza con una cuesta arriba, no muy exigente al lado de otras que ya he pateado pero sí lo justo para hacerte brotar las primeras gotas de sudor en la frente. Al menos hay camino y digo esto porque conforme continúa el ascenso el camino se va convirtiendo en una vereda minúscula que finalmente pasa a ser una senda de tamaño para una sola persona y por último desaparece entre las hierbas primaverales. Pero el objetivo estaba claro: seguir y seguir hasta coronar el cerro. A decir verdad yo llevaba años sin trepar por riscos y, entre eso y el tendoncillo de la rodilla izquierda que me da guerra cuando quiere, iba con cierto respeto en la aventura. Pero feliz. Caminar con Jesús, Alberto y mi padre me gusta. Vamos, mi padre es mi padre y Jesús y Alberto son como de la familia pero sin el "como". ¡Qué coño! Jesús me ha tenido a mí en brazos y yo he tenido a Alberto en los míos. Son más que de la familia. A Albertucho lo quiero como a un hermano pequeño y su padre fue mi padrino jurídico cuando juré la Constitución. Son muchos recuerdos, muchas experiencias y no concibo la vida sin saber que están ahí al lado. Por eso iba feliz. Y con la mochila y el bordón subiendo y caminando. La ruta la habían elegido ellos y fue un acierto. Y mi padre también estaba contento. Compartir ratos con su amigo Jesús le llena el espíritu.
En la Cruz a mitad de subida. In memoriam
Entre piedras y riscos fuimos subiendo por un sendero en el que a mitad de camino a mano derecha se levanta una cruz metálica que no sé bien lo que conmemora, pero desprende hálitos de tiempos de guerra y sierra de maquis. A la altura de la dicha cruz ya se aprecia bastante la subida acometida y comienzan a merecer la pena las vistas de la comarca que desde allí se aprecian. Pero lo mejor estaba por llegar. Había que continuar subiendo hasta llegar a la cima del cerro, al punto álgido de la sierra. En las siguientes fotos se ve a Alberto ya arriba y a mi padre y a mí continuando la subida. Fue una preciosa aventura sin lugar a dudas.
Alberto coronando el cerro
Mi padre y yo continuando el ascenso
Arriba del todo, coronando el conjunto se halla un rollo de piedra que indica un punto geodésico nacional: una de las puntas de la corona de la Mancha, uno de los puntos más altos de la región sobre el nivel del mar, uno de los vértices geográficos que se usan para la medición de coordenadas en los gps. Para acceder al mismo hubo que trepar (literalmente) por peñascos y rocas y, finalmente, llegamos a él. Se asienta en la llamada "Plaza de los Moros" y bajo la misma se esconden restos de una antigua fortaleza. En el paraje todavía se ven grandes piedras pertenecientes a las cimentaciones de lo que allí hubo. Muchas de ellas están desprendidas y dan un aire histórico-medieval al lugar. Mejor hacer la ruta y comprobarlo in situ. Con las fotografías que os voy poniendo intento ilustraros lo que pudimos disfrutar en la mañana de senderismo. Tanto los lugares por los que estuvimos como las caras de felicidad y las vistas que os decía creo que quedan patentes.


Placa hallada a los pies del vértice geodésico

De izquierda a derecha: mi padre, Alberto y Jesús.
La mañana concluyó saboreando una fresca jarra de cerveza con limón que nos hizo recuperar los líquidos perdidos y escondernos un poco del calor primaveral que ya empezaba a hacerse notar de forma más que directa. Previamente y para ganarnos aún más la recompensa pateamos un tramo de la Ruta del Quijote viendo el viejo molino Carrillo, las esclusas de agua, el río Bañuelos y el canal del mismo que va a parar al Pantano de Gasset. No sé los kilómetros que haríamos en la jornada, pero volvería a hacerlos sin duda más de una vez y con los mismos. Vale.

Finalmente llegué al vértice geodésico. Y fui feliz.
Al fin y al cabo... La vida es caminar.

martes, 5 de mayo de 2015

UNA ROMERÍA MÁS EN LA VIRGEN DEL MONTE

Los que seáis asiduos lectores del Rincón os habréis fijado que el reloj de eventos siempre descuenta el tiempo que queda para cuatro fechas: Vacaciones de Verano, Navidad, Semana Santa y la Romería de la Virgen del Monte. Quizás en alguna ocasión haya metido alguna fecha más entremedias por considerar que era merecedora de ello, pero lo normal es que siempre figuren esas cuatro y llegada una actualice el reloj cuenta atrás a la siguiente. Bien, pasada La Gloria de las Cofradías (Semana Santa) la siguiente fecha es la de la Romería de la Virgen del Monte. Van seguidas y su diferencia temporal lo más que llega es a un mes mal contado, pues la Semana Grande siempre es en Marzo o Abril dependiendo de la luna del Parasceve y la Romería es siempre el último Domingo del mes de Abril. De esta manera el relojillo que marca la cuenta para la fiesta mariana entre lumbres, calderetas y chozos, es el que menos luce puesto en el blog pues enseguida caduca. Pero no por ello es el que menos saboreo. Al contrario. La romería es una de esas fiestas que siempre estoy deseando que llegue por todos los momentos de felicidad que me regala. Y este año vuelvo con ilusión a hablar de ella tras no hacerlo el año pasado por motivos que, igual que me los quitó la vida, espero que me los dé pronto. Vamos a ello. Por cierto, si miráis ahora el reloj ya no está el de la Romería. Está el que va restando días para las vacaciones de Verano un año más. Cuenta atrás para el día 31 de Julio... Y ahora sí, vamos con la Romería.



Y como lo primero es lo primero, antes del cachondeo me gusta cumplir marianamente con la protagonista de todo esto que es quien lo hace posible (se piense como se piense y se crea como se crea sin Ella no existiría este evento). Me gusta ir a verla, darle recuerdos de otros, hablarle un ratito y evocar en su santuario aquellos años de tierna infancia en los que un pequeño infante al que enseñaban a volar una cometa y se quemaba (literalmente) el culo sentándose en una piedra al sol por mojar pan con avidez en el caldo de un bote de berenjenas, era feliz en el dominio de sus rasos sin saber que la vida le depararía unirse a ellos unos veinticinco años después. Y año tras año me embargan la mente esos recuerdos y fiel a la cita sonrío ante la Virgen del Monte comenzando la romería que tanto me entusiasma.
Así pues llegó la Fiesta de la Virgen y con ella la alegría de los romeros. Me gusta sacar del cajón mi gorro feo de romerías y ponérmelo en estos días en los que la máxima celebración humana es festejar a base de comer y beber. Me gusta reencontrarme con los mismos y en los mismos sitios. Soy tradicional y me gusta serlo y sentirlo. Me apasiona estar de lumbre en lumbre pasando buenos ratos y risas, recordando esos buenos ratos y risas de otros años y brindando por los venideros. Y este año no iba a ser menos y allá que fui y allá que estuve, evidentemente. Y me pasó una cosa muy curiosa. Yo soy fiel a mi 100 Pipers con naranja pero este año no me tomé ni una copa igual. Fui buscando mi 100 pipers y no lo encontré y a lo tonto me transformé de romero a controlador. Y me dediqué a controlar donde podría estar el puñetero elixir de los 100 gaiteros. No lo encontré pero probé siete u ocho whiskys diferentes. Pero ¡eh! por aquello del control de calidad, no por estar de romería. Hombre, por favor. Pasaron con nota la prueba el Jameson, el Cutty Shark, el Ballantines, el Dyc reserva 8 años, el J.B (Justerine and Brooks, como domino el asunto) y los otros que ya no recuerdo pero que estaban muy ricos y fresquitos. De alguno incluso repetí porque quedaban dudas de si se habían curado en la barrica adecuada o no. Cuando me dí cuenta que mi estado etílico era más de romero que de controlador, decidí dejar el alcohol de romero y volver al alcohol de controlador, pero ya era tarde porque el romero es una hierba aromática y el alcohol me controlaba a mí y deambulaba cual marioneta, total que junto con Justerine and Brooks seguí buscando a 100 Pipers y volví a encontrarme a mi buen Jameson que se había convertido en romero, romero, romero que salga lo malo y entre lo bueno y tocando palmas nos fuimos Justerine, 100 Pipers, Jameson y yo a buscar a Brooks que había discutido con Jack Daniel´s y se había ido a ver a Cutty al chozo de Dyc.




Al final yo no sé que pasó pero terminé harto de ellos (los whiskys)  y opté por tomarme un botellín de cruzcampo que para eso estábamos de Romería. La gente me miraba raro pues deambulaba por la romería con un caminar un tanto curioso a la vez que contaba chistes y cantaba coplillas, algunos y algunas se reían diciendo "¿cuántos botellines te has tomado?" y yo les decía que ese era el primero y se meaban de risa. No entienden la dura vida romera del controlador y encima se toma uno un botellín y ya se creen que va templado... Pues el año que viene a 100 Pipers lo buscáis vosotros. Eso sí, si me tiemplo a botellines no me digáis luego "¿cuántas copas de whisky te has tomado?" Bacines que sóis unos bacines. Hombre ya. ¡Viva la Romería!


Por la noche no sé muy bien que pasaría pero según Gemma pegué unos ronquidos que no sabía si estaba en el paraje de la Virgen del Monte o en Mordor convertido en orco. Se ve que en sueños encontré el 100 pipers y empecé a gritar: ¡¡Es míoooo!! ¡¡¡Mi tesssoorooo!!! pero en un dialecto entre la lengua de Gollum y arameo antiguo. Según ella eran ronquidos y ruidos guturales dignos de bestias del jurásico. Según mi leal saber y entender (como dicen los peritos) un botellín de cruzcampo (sólo uno) no provoca eso. Y cuando me dijo: "Va a ser del 100 Pipers", le dije "imposible. Ni una copa de eso me tomé". Y bien verdad que es porque no lo ví en toda la romería. De Justerine, Jameson, Ballantines y esa gente no le hablé. Son buenos chicos, la verdad, además os recuerdo que aprobaron con nota el control de calidad. Y en mi faceta de romero me alegraron bastante.

En fin que entre el control de calidad, los inseparables elixires que iban introduciéndose en el vaso que yo portaba, los unos, los otros, los de siempre en sus lugares y el cumplir con la tradición, me pasé una buena romería y disfruté todo lo que me dejaron que no todo lo que pude, porque uno además de controlador es controlado y hay veces que lo ponen a escuadra y se le quedan las orejas como a un pachón. Pero, vaya, eso se cura debatiendo si eran ronquidos o dulces respiraciones fuertes melódicas y acompasadas en torno a una lumbre en la que se está guisando una buena sartén de gazpachos manchegos o una rica fideuá. Y entre medias unas tapejas que estamos de romería, mujer. ¡Que no nos falte de ná, que no que no! ¡¡Viva la Virgen del Monte!! ¡¡Y su Niño!!


Dedicado a todos aquellos que año tras año me hacen reír y ser feliz de chozo en chozo.

miércoles, 15 de abril de 2015

MI SEMANA SANTA 2015

Hacía mucho tiempo que quería disfrutar de una Semana Santa tan plácida y feliz como la recién acabada. Y este año por fin ha llegado el momento de disfrutar lo soñado y de no dejar de soñar lo vivido esos días. Espléndido tiempo de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, incluidas las vísperas del Viernes de Dolores y el Domingo de Pasión aunque en el último tramo de este día la lluvia apareció de manera testimonial, si bien no volvió a dar noticias de existencia en todos los posteriores días de gloria cofrade. Felicidad máxima en mi persona al poder pasear mis cofradías en un año tan especial como éste en el que cumplía veinte primaveras paseando sin interrupción al Señor. Veinte años siendo los pies de Dios es un privilegio.

Llegó el Domingo de Ramos y se acabó la más preciosa de las esperas cuando el pueblo recibió con palmas y olivos la primera de las hermandades que habrían de caminar por esta civita regia. Encendí el incensario que humea de año y año y me eché a la calle a ver los primeros nazarenos de la Hermandad de la Borriquita que dan comienzo a la Gloria. Y así fue bajó un sol espléndidamente azul y una temperatura óptima. Ví con Gemma la cofradía en varios puntos y marchamos a casa pues por la tarde sacaba la primera de las tres cofradías que saco a costal. A media tarde con los Legionarios de los Ángeles sacamos al Dios Cautivo en su Prendimiento hasta el corazón de la ciudad. Para mí es especial esta cofradía y cada vez más. Impera el buen ambiente en la cuadrilla, cada vez son más amigos los que tengo allí y mi amada Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva es la que pone los sones al caminar del Señor. Todo un disfrute para los sentidos que culminó cuando mi cuadrilla, que este año hacía la entrada, arrió el paso con la última orden del capataz. Y para más honra y orgullo debutó en las trabajaderas mi último costal. Hecho con amor de madre y esposa y conjugando la inocencia y juventud de "Manolín, el niño costalero" y la sapiencia y legado del capataz poeta Don Manolo Santiago. Savia nueva y experiencia. "Que los años se rompan en el tiempo pero el amor del costalero siga vivo". Así moría el Domingo de Ramos. Ahí quedó.

El Lunes Santo transcurrió como siempre en esta ciudad en la que todavía (incompresiblemente) no se ha abierto la veda a las hermandades en dicha jornada. Por la noche, fiel a mi cita, acudí al Vía Crucis de Penitencia. Me gusta reencontrarme allí con mi amigo Willy y rezar con él por los tiempos pasados y los que han de venir. Todavía resonando el eco en la Catedral de los últimos rezos de las gentes marchaba para casa a descansar y a soñar con un Martes Santo de ensueño que comienza para mí cuando el muñidor llama por tres veces a las puertas del Carmelo.

El día amaneció tal cual iba a ser la tónica general de la semana. Totalmente despejado e invitando a disfrutar de las cofradías en la calle. A las nueve en punto de la noche se abrían las puertas del Convento del Carmen y mi Hermandad de las Penas comenzaba su caminar. Yo me encontraba en el sitio que más me gusta. Bajo el paso del Señor. En esta ocasión no suenan aplausos ni bandas. Suena racheo de costaleros y el silencio de la noche. Es indescriptible lo que siento siendo peón de esta cofradía. Recogimiento y fe. Los kilos del caminar de Dios sobre mi cerviz. Y esto no es un autopiropo, ni una medalla de calle a la galería. Es un orgullo y un privilegio: el pasado Martes Santo no hubo relevo en la primera trabajadera que es la mía y desde el zanco izquierdo saqué al Señor de mármol a mármol, de salida a entrada. Ahí queda en mis recuerdos el paseo carmelitano al Nazareno de la túnica granate. Esa mezcla de sentimientos, de fe, de oración, de trabajo, de esfuerzo, de emoción, de hermanamiento, de sudor, de aroma a incienso de canela, de letanía y de sabor rancio y añejo que deja la Hermandad de las Penas en la calle solo es apta para paladares cofrades sublimes.


Casi sin darme cuenta amanecía ya un nuevo Miércoles Santo y debía cumplir de nuevo con raza costalera con la última de las tres cofradías que paseo. Día grande para mí desde mi más incipiente juventud cofrade. Veinte años ya amarrado a la columna del Dios bueno de la Flagelación siendo sus pies por las calles. Qué honor. Este año la unión de la cuadrilla ha sido enorme. No recuerdo nada igual en las dos décadas que llevo ahí debajo. He echado de menos a muchos amigos y he conocido a otros tantos. Jamás me cansaré de decir que lo mejor de las cofradías son las amistades que regalan. Aquella frase de Don Rafael Díaz Palacios me marcó y cuán cierta es. El paseo con mayúsculas que le dimos a Nuestro Padre Jesús de la Bondad todavía no me lo creo. El espíritu siempre arriba y la gente del costal derrochando casta y raza. El barco de oro para el Pescador de Hombres surcó la ciudad y nos regaló momentos tan emotivos como el rezo a los pies del Camarín de la Patrona y la levantá en las Puertas del Cielo (Convento de las Hermanitas de la Cruz) en la Plaza de Santiago.

¡¡Qué gran cuadrilla tiene el Señor de la Bondad!! Cuánto oficio costalero se esconde tras esos faldones. Mi gente, mis hermanos, mi sangre. Si la palabra "orgullo" tiene significado es pertenecer a esa cuadrilla. Al terminar la Estación de Penitencia y quitarme el costal dos sentimientos, uno externo y uno interno. Externo el abrazo a todos mis compañeros. Interno el regustillo de las cosas bien hechas y cumplidas. Gracias, Señor de la Bondad.

Jueves Santo ecuador de la Semana Grande y día que por la noche sale la Esperanza. La Madre de Dios sale a repartir su nombre por Sevilla y por el mundo entero. Y eso no hay macareno que deba perdérselo. Yo juré las reglas de la Hermandad de la Macarena y allí estaba. Conforme me levanté de la cama tras bien descansar de mi última salida de costalero en la Semana Santa, prendí mi maletilla y puse rumbo a Serva la Bari. En la mágica y bética urbe ya bullía el ambiente de lo que estaba por venir. A las cuatro de la tarde abandonaba mi querido Hostal Jentotf y partía hacia el centro de Sevilla a empaparme de cofradías con la compañía de mis primos que ya estaban por allí. Había mucho por ver y muchas horas por vivir en esa tarde-noche. Fue todo un bucle. Vimos juntos todas las cofradías de la recién estrenada tarde del Jueves Santo: Negritos, Cigarreras, Exaltación, Monte Sión, Quinta Angustia, Pasión y Valle. Cayó la noche y fuimos a verla salir. El pueblo esperaba a su Esperanza. Miles de personas nos dimos cita en los alrededores de la muralla y el Arco donde dicen que vive la Madre de Dios, que lleva por nombre el nombre de su barrio y que según la mires sonríe o llora de pena, Macarena. Y salió radiante a pregonar su sentimiento por las calles. Y allí estuve yo. A la salida y a la entrada. Unas doce horas entremedias desde la salida a la entrada me sirvieron para ver al Dios mismo caminando por las calles, Jesús del Gran Poder, "El Señor" sin más, y a otras grandes hermandades como El Silencio, El Calvario y La Esperanza de Triana. En esta ocasión Los Gitanos hicieron su recorrido sin que me diera tiempo a verlos. Tras quince horas seguidas viendo cofradías, pues desde las 16:00 que salí de mi alojamiento me retiraba a dormir a las 07;00 de la mañana, caí en la cama rendido y me puse la alarma a las 13:30 horas para irme de nuevo a San Gil, a la Basílica de la Macarena, a disfrutar de la entrada del palio de mi hermandad. Cuando se recogió la Esperanza de su paseo anual marché a comer y a prepararme para ver todas las cofradías del Viernes Santo. Qué grandes y macarenos momentos pasé este año con mis hermanos de morado y verde. Somos ya más de 15.000 las almas las que conformamos esa familia.

Con igual énfasis seguí mi gloriosos días en la Gloria. Pateando Sevilla el Viernes Santo que llegó de la mano del Jueves Santo a través de otra imborrable Madrugá. Disfruté de todas las hermandades de este gran día. Son dispares entre sí y cada una con su encanto: el sabor antiguo de la Soledad de San Buenaventura, el luto y llanto de la Mortaja, las tres cruces que vienen de Real de la Carretería, las otras tres de la cofradía de Montserrat, el Nazareno y palio de la O, el silencio de las Tres Caídas de San Isidoro y el Cachorro expirando por el Puente de Triana camino del centro de Sevilla. Tras tan ardua batalla para las piernas y pies, acompañado de mis primos, cerré un precioso Viernes Santo con una buena dosis de pescaíto frito y paseando con un helado camino del hostal. En esos momentos la palabra felicidad me invadía.


Continuó la Semana Grande siendo espléndida y dejándose acariciar como hacía años que no lo hacía. El Sábado Santo llegó con una agradable bajada de temperatura que hizo que el día fuera más delicioso todavía para disfrutar de las cofradías. Las hermandades del Sol, Los Servitas, La Soledad de San Lorenzo, La Trinidad y el Santo Entierro plagaron las calles de la mariana ciudad de Sevilla con capillos, cirios e incienso. Me encanta la solemnidad de la cofradía que representa el entierro del Señor. Me apasiona el señorío de la Soledad en todo su recorrido. Me gusta muchísimo la cofradía de la Trinidad desde la Cruz de Guía hasta la presidencia del Palio. Me sigue sorprendiendo la joven Hermandad del Sol con su alegoría del Varón de Dolores y su llamativo palio. Pero si para mí el Sábado Santo hubiese de describirse en dos palabras sería "Comunidad Servita". El romanticismo y buen hacer de esta cofradía en la calle es de babero. Impresionante la Hermandad de los Servitas.

La Semana Santa concluía ya y sólo quedaba ver la última cofradía y, aviso los resabiados que dicen que la Semana Santa termina en San Lorenzo, la que pone sentido a todo lo anterior. La Resurrección. Sin ella todas las cofradías anteriores no servirían. El gozo del cofrade es el Domingo de Ramos y el gozo de la Semana Santa el Domingo de Resurrección. Y no es que yo lo diga. Es que es así. Y por tanto la Semana Santa termina en Santa Marina con el Dios Resucitado y su Madre Aurora sin lágrimas en la cara. Y volvió a pasear por las calles la Cofradía de la Resurrección y allí estaba yo para verlo. El aroma de esta hermandad a su paso por el Convento de las Hermanitas de la Cruz es de lo mejor de la Semana Grande. Y desde ahí hasta su entrada el cofrade disfruta de las últimas chicotás y marchas que a la vez que ponen fin a una Semana Santa comienzan la cuenta atrás para la próxima.
Este año ha sido espectacular. A ver cuándo es el siguiente que sea como este: pleno de cofradías en la calle y sentimiento, unión y disfrute en iguales partes. Mi Ciudad Real natal y mi Sevilla del alma. Y como compañeros un Dios Cautivo con blanca túnica, un Nazareno de Penas en el Carmen, la Bondad de Dios que pasea los Miércoles Santo y la mirada siempre puesta en la Esperanza. Así sea.

jueves, 26 de marzo de 2015

"PASO A PASO" EN LA RADIO

Mi primera intervención en Paso a paso de Onda Cero
Estas líneas narrarán mi trayectoria radiofónica. Es novísima y por supuesto muy escueta y ligera pero quería dedicarle unas palabras y un agradecimiento a Onda Cero Radio por confiar ciegamente en este loco cofrade y atreverse a ponerlo delante de sus micrófonos para dar voz a las cofradías. La verdad es que nunca me había planteado ni ponerme delante de un micrófono, ni tan siquiera ponerme unos cascos en la cabeza y meterme en un estudio de radio. Pero por las cofradías puedo hacer cualquier locura y ésta fue una de ellas. Amigos de las hermandades me invitaron a suplir el hueco dejado por el colaborador literario en el programa radiofónico cofrade "Paso a paso", cuya labor era redactar y recitar en la radio como cierre del magazine un poema de temática cofrade. Acepté sin pensarlo pues me gusta escribir. Y además hacerlo hacia algo que amo como es la Semana Grande y, para mayor abundamiento, poderlo expresar abiertamente era una oportunidad que no podía dejar pasar. Así es que, nuevamente tirando de raza costalera, venga de frente y al lío.


El debut fue como lo esperaba. Lleno de nervios y me tocó recitar la poesía dos o tres veces pues no atinaba a pronunciarla entera de manera correcta y no quería dejar en mal lugar a quienes hubieron apostado por mí y, evidentemente, no quería quedar yo mismo mal en antena la primera vez que se escuchase mi voz. El caso es que salió finalmente todo bien y acorde a lo esperado y ya me guardaron un sitio como colaborador literario e incluso me dieron voz como contertulio en alguno de los programas. Aguardaba cada Lunes de antesala a la Gloria con ilusión para grabar mi colaboración en el magazine cofrade y que la gente pudiera escucharlo en Onda Cero cada Martes de Cuaresma. Y hoy sigo haciéndolo con la misma alegría que entonces. El pasado año 2013 grabamos cinco programas de "Paso a paso" y en todos ellos puse el cierre poético, mientras disfrutaba de charlar de cofradías con los invitados y aprendía de Paco Pérez y de Gonzalo López de Coca, directores del programa, la actitud y aptitud ante los micros dependiendo de la situación.


Paco Pérez Corrales, Gonzalo López de Coca y Carlos Lillo
Directores del programa radiofónico cofrade "Paso a paso"
Esperaba con ganas una nueva Cuaresma para continuar mi pequeña aportación radiofónica al programa cuando recibí la noticia a través de Paco Burgos. Este año "Paso a paso" contaba con un nuevo miembro en el magazine que se incorporaba junto a Paco Pérez y Gonzalo. Cuando pregunté quién era para darle la enhorabuena se rió y me dijo que era yo. Me quedé mudo. Mudo y blanco. Contaban conmigo para co-dirigir el programa junto con los dos fenómenos que ya lo hacían. No me lo esperaba para nada ni sabía en absoluto que eso ocurriría. No me lo creí hasta que en la primera grabación de este año, Consoli Romero, "la jefa" de Onda Cero que nos permite grabar nuestro programa, dio presentación al programa y, efectivamente, me nombró como uno de los directores del espacio. No olvidaré la sintonía promocional del magazine ni el inicio de cada uno de los programas de esta Cuaresma donde se ha escuchado: "Aquí comienza Paso a paso, con Francisco Pérez Corrales, Gonzalo López de Coca y Carlos Lillo Talavera".

Antonio Centellas y Daniel López, invitados al programa
Así pues este año he colaborado en los programas participando en las entrevistas a los invitados, poniendo a alguno de ellos en apuros, haciéndoles baterías de preguntas cortas para que los oyentes los conozcan mejor, proponiendo nombres de personas que podríamos llevar al magazine, preparando el programa, eligiendo alguna marcha, aportando algún detalle y, siempre, adaptándome a la decisión de Gonzalo y sobre todo de Paco Pérez como directores con solera del programa. Yo soy el último en llegar y demasiado han confiado en mí y me han dejado colaborar en todo, incluso en el programa que dedicamos a tertulia de capataces y costaleros me dotaron de libertad total para elegir a los invitados. No puedo olvidarme del enganche entre el mundillo cofrade y Onda Cero que recae en la persona de Paco Burgos. Capillita, costalero, contraguía, trabajador de la radio, buena persona y amigo que hace posible que podamos emitir "Paso a paso" y que lidia entre nosotros y Consoli para que salga todo lo mejor posible. Su trabajo en la sombra es gran culpa de que todo esto sea posible y de que yo me encuentre tan feliz entre ellos.

Cuando terminamos la última grabación de esta Cuaresma me quedé unos minutos sólo en el estudio, hice algunas fotografías, pensé por enésima vez que estas pequeñas cosas son la esencia de la vida y tuve claro que vertería unas líneas sobre ello en el Rincón. Aquí están y sirvan de agradecimiento a Onda Cero Radio Ciudad Real, a Consoli Romero, a Paco Burgos, a Paco Pérez y a Gonzalo López de Coca. ¡¡Gracias!! Espero repetir muchas veces más mi característico "Buenas tardes. Un Martes más, poniendo voz a las cofradías" y seguir con vosotros paso a paso en "Paso a paso". Gracias de nuevo. Gracias.


viernes, 13 de marzo de 2015

RESQUICIOS DE CIUDAD REAL

Hace ya algunos años, el padre de mi tío Juan, hombre mayor que hoy camina por senderos de estrellas con los peregrinos de verdad, que alguna vez ejerció conmigo de abuelo y que me enseñó de pequeño a comer migas canas (in fine lo aclararé), nos contaba a mi padre y a mí que todavía quedaban en Ciudad Real algunos restos de las luchas de la Guerra Civil que aquí ocurrieron. Yo escuchaba con atención y recuerdo aquello con afecto pues aunque pequeño y travieso siempre me han gustado las historias de mis mayores sobre todo si contaban leyendas o curiosidades de la ciudad donde habito. Y aquella frase quedó marcada en la retina de mi memoria: "En las rejas del Obispado todavía quedan muescas de los disparos de la guerra". Mi padre tampoco sabía aquel dato y fuimos a comprobarlo en cuanto tuvimos ocasión. Hoy es sabido por muchos pero por aquellos entonces, hablo de hace más de veinte años, no era algo en lo que hubiese recalado mucha gente (al menos de mi quinta, años arriba, años abajo) y yo ya rondaba en mi mente el contarlo alguna vez abiertamente. No crean por ello que vengo hoy a revelar íntimos secretos de mi ciudad, pues no lo son y están al alcance de cualquiera, vengo tan sólo a contar un dato conjugado con una vivencia mía y a narrarlo aquí en el Rincón para quien quiera leerlo, albergando, eso sí, también la esperanza de descubrirle esta curiosidad de Ciudad Real a algunos paisanos coetáneos.

En las verdes rejas de las ventanas del Obispado, sitas en la céntrica calle Caballeros, pueden apreciarse en algunos de sus barrotes los impactos de las balas que fueron disparadas en la guerra contra la gente que allí se encontraba. No haré gala de un bando ni ataque del otro pues en una guerra civil todos pierden y, en nuestro caso, España quedó huérfana de aproximadamente un millón de españoles. Historia pura y viva de nuestro país y en este caso de mi natal Ciudad Real. Si bien el último parte de guerra se firmó en Burgos a uno de Abril de 1939, Ciudad Real fue centro neurálgico de batalla a pie de calle dos días antes más o menos, en el avance de las tropas nacionales hacia Madrid que aquí se dice que apenas encontraron resistencia pero sí que la hubo en parte. Se deduce y sabe por las crónicas de la época que Ciudad Real apenas fue frente de guerra durante un par de días ya que fue de la últimas ciudades en ser tomadas bélicamente. Y aquí hago merecido hincapié en mencionar que la ausencia de frente de guerra propio en las calles de esta ciudad no quiere decir que no se cometieran verdaderas atrocidades y enfrentamientos entre un bando y otro durante los tres años que duró el conflicto armado. Y lo mismo ocurrió en los pueblos cercanos en los que aún se narran bestialidades, como por ejemplo en Almagro, Carrión o Damiel. Hubo de todo y para todos. Ya he dicho antes que los horrores de una guerra civil lo único que traen es minar los listados de ciudadanos que forman parte de un país.

En las fotografías con las que ilustro esta entrada podéis ir viendo los barrotes de hierro dañados por los balazos que allí impactaron. Si ya es impresionante verlo en imágenes, comprobarlo in situ es realmente impactante. Barrotes puros de acero fundido, totalmente macizos, metales fraguados en forja literalmente reventados y combados por los impactos de las balas. Imaginad ahora cuando esas municiones hicieran blanco en su objetivo que no eran sino personas. Escalofriante. Y eso ocurrió de verdad. Y ocurrió en nuestra ciudad. Las rejas que os pongo fotografiadas son testigo de aquello. Según me informaron en su momento, uno de los bandos se encontraba en el antiguo Convento de los Mercedarios y el otro bando estaba en el edificio del Obispado. No recuerdo cual era cual y en realidad me da lo mismo pues no dejaba de ser guerra entre ambos bandos. Los disparos se cruzaron de un lado al otro y las balas silbaban en el aire destrozando lo que pillasen a su paso, ya fuesen objetos materiales o personas.
Hoy quedan esas secuelas materiales que demuestran lo ocurrido. Y muchas secuelas personales que todavía lloran aquellos sucesos y que los políticos de turno se empeñan en avivar. Ya lo dijo Don Antonio Machado en su momento y no le faltaba razón y, por desgracia, sigue siendo así a día de hoy: "Españolito que llegas al mundo te guarde Dios, una de las dos españas ha de helarte el corazón". Pues estos son algunos resquicios que existen Ciudad Real sobre la guerra civil y que hoy quería narrar para compartir con vosotros esa pequeña parcela de historia y realidad. Gentes buenas que poblaban España. Gentes de mi tierra que de niños y en la Mancha comían migas canas. "Cada uno en su plato se comía los torreznos, ajos y trozos de pimiento o chorizo que le hubiesen caído, con alguna cucharada de migas pero dejando casi todo el pan picado para el final. Y estando el plato limpio de tropiezos se cubrían las migas con leche y se espolvoreaban con azúcar por encima. Migas canas, Carlos,  migas canas. Pruébalas y acuérdate de mí. Y acércate a ver las rejas del Obispado y verás lo que te digo". In memoriam, Don Juan Barrejón.

miércoles, 4 de marzo de 2015

CUARESMEANDO


¡Cómo me gusta el cuaresmeo! Andar metido debajo de los pasos y viendo ensayos de los demás. Comer pescado en la vigilia, ir a tomarme algo a la casa hermandad, recitar poemas en la radio y no dejar de soñar con volver a vivir lo soñado durante un año. Este tiempo de vísperas me encanta y lo disfruto y saboreo exprimiendo al máximo cada bocado. He tenido un fin de semana intenso en este sentido. El Viernes noche estuve viendo el ensayo de mi hermandad de San Pedro, la cuadrilla en la que tantos amigos tengo y que pasean a Dios Nazareno con el bamboleo de su túnica morada. Después me pasé un rato por la Casa Hermandad del Prendimiento y allí estuve con algunos compañeros de la primera trabajadera y con el capataz echando un rato bueno de cofradías. El Sábado tuve ensayo con la cuadrilla de Las Penas y pasé la tarde entre costales y fajas. Y el Domingo sesión doble: por la mañana ensayo en el Barrio de los Ángeles con los legionarios del Dios Cautivo en su Prendimiento y por la tarde pelea gorda bajo el barco del Señor de la Bondad con mi cuadrilla de la Flagelación, en la que este próximo Miércoles Santo cumpliré veinte primaveras meciendo al Jefe. Vamos que he tenido unos días en los que he estado más tiempo con el costal puesto que sin él. Benditos y locos días de Cuaresma con y por mi gente.





La cuenta atrás hacia el Domingo más esperado del año comenzó hace ya casi dos semanas y el tiempo vuela en las vísperas. Ya hemos empezado con los potajes de vigilia y el acopio de miel, limón y canela para hacer pestiños, torrijas y arroz con leche. El bacalao ya se está desalando y el tomate frito lo espera camino de un Viernes Santo cargado de Esperanza entre la muralla y el puente. Ya huele a incienso y a palmas de Domingo de Ramos. Ya abundan los carteles y pregones. Ya hay ese batiburrillo en la calle de capirotes que vienen y van, túnicas que huelen a naftalina, costales planchados y compact disc sonando en los coches. Y lo mejor es que va in crescendo conforme avanza la rampa eterna hacia el Domingo de Ramos. ¡Cómo me gusta la Cuaresma y cómo la disfruto! Es la viva espera de lo que está por venir. Pero no es una espera sin más aguardando que pase el tiempo. Es una espera viva y que te hace partícipe. Es una espera de ensayos y de preparación en la que cada día que pasa se consume con una alegría y con una cruz más en el calendario hacia la Gloria.


Y ahora mientras escribo estas líneas vuelvo a ver mi nombre plasmado en algún artículo de la Guía Oficial de la Semana Santa de Ciudad Real y en algún sobre que me trae el boletín de mi hermandad sevillana de la Sagrada Cena. Y lo ojeo y sonrío. Soy feliz cuaresmeando y leyendo guías, boletines y programas. Soy feliz estrujando estos fines de semana cargados de parihuelas con vigas que entrenan a los hombres que tienen la dicha de ser costaleros. Y viendo como emergen en las calle conversaciones cofrades y comentarios de tal ensayo o cual pregón. Y la, Dios lo quiera, eterna juventud cofrade camino de sus ensayos con un tambor o una corneta y un nuevo costal aguardando que el capataz lo iguale y empiece su andadura bajo los pasos. Me gusta cuando bulle la ciudad esperando estos días. Me gusta cuando afloran los cofrades (aunque sólo sean de cuota) y hablan de su hermandad. Me gusta cuando los amigos se juntan en torno a una foto en el ensayo de turno. Me gusta cuando voy a las tertulias y me junto con mi gente y hablamos de los que nos une a todos. Me gusta la gente y amigos que he conocido a través de este mundillo. Me gusta todo lo que sea al respecto de hermandades y cofradías y ver que hay gente que lo vive menos, igual y más que yo. Me gusta cuando desde "Paso a paso" puedo ponerle voz a las cofradías y recitar escritos hechos con el alma que ensalzan el andar de un palio o el racheo de un misterio por las calles de una ciudad que los espera.



Cuaresmeando decía. Y después de un buen día de cofradías un papelón de adobo y una cervecita en la Taberna del Volapié. Y venga a seguir disfrutando de estos días. Como el pregonero dijera al hablar de estas cuatro decenas "Quedan cuarenta días y cuarenta noches, pero qué cuarenta días y qué cuarenta noches". Y no le faltaba ni le falta razón. Días de limpieza de plata, días de puesta a punto de enseres, días de plancha y tintorería, días de matices de marchas, días de balcones engalanados y paredes encaladas, días de pueblos de la mancha que jalbegan sus muros, días en que la Luna del Parasceve encandila los muros de los templos y coquetea con las torres que vigilan las puertas de la gloria por las que empezarán a salir los pasos el Domingo de Ramos, cuando se ponga fin a esta nueva y bendita Cuaresma. Mientras tanto a seguir disfrutando en la gloria camino de La Gloria. Ya lo decía al principio... ¡Cómo me gusta el cuaresmeo!