miércoles, 29 de enero de 2020

VOLVEMOS A ESTAR DE DULCE

En el fútbol sólo hay dos sabores. El dulce y el amargo. Es la tónica general. Un partido puede estar o ser aderezado con un toque salado o  agrio, incluso ser un partido umami, pero en cuanto pite el árbitro el final se vuelve a lo que es: o dulce en la victoria o amargo en la derrota. Y eso no es que yo lo diga, es que es así. Cualquier futbolero lo sabe. Sí que hay ocasiones en que una derrota o un empate te deja un sabor agridulce pero, como antes decía, la tónica general es estar de dulce o estar de amargo. Y parece ser que el Real Madrid vuelve a estar de dulce. La magia del fútbol es así. Cuando todo pinta negro torna en blanco y cuando todo pinta en blanco torna en negro. No hay medias tintas. Al principio de temporada todo se veía oscuro. Nada más iniciar se pedía la cabeza del entrenador, la confianza era nula, la plantilla era coja y no se habían acometido los ilusionantes y novedosos fichajes que se esperaban. Ahora a mitad de la liga todo parece de color de rosa. No han hecho falta fichajes, la plantilla está equilibrada y con fondo de armario, la confianza es total y el entrenador es el mejor inquilino que pudiera tener el banquillo.

Y así están las cosas. El fútbol es una montaña rusa en la que las emociones suben y bajan constantemente. Basta un mal partido para que el vagón comience una bajada sin parangón y basta estar atravesando un bache que no parece tener fin para que se inicie sin motivo aparente una aplastante mejoría. Y hoy, el Real Madrid, ya no sé si está en plena fase ascendente o está de nuevo recorriendo las vías por su parte más alta. Eso sí, sigue faltando gol. Sin embargo apenas se encajan, el centro del campo funciona a la perfección, cualquier jugador saber en qué dirección hay que remar y el vestuario está unido. ¿Quién lo diría en Octubre? Venía la cosa de un inicio de liga regular, de una pretemporada espantosa y de un debut en Champions para olvidar. Tanto era así que ciertos sectores ya afirmaban el fracaso de Zidane, daban por perdidos a Modric, Isco y Kroos y esperaban un soberano revés para señalar culpables a discreción. Esos sectores hoy aplauden las decisiones de Zizu, ovacionan a Fede Valderde, disfrutan de las paradas de Courtois e incluso sonríen con cada arrancada de Vinicius degustando cierto futuro. Al respecto diría el típico tópico "Increíble pero cierto" pero en este ámbito no es necesario ni sería adecuado. En el fútbol estas cosas, son, más bien, "creíbles pero inciertas", si bien, totalmente reales.

La senda correcta ha vuelto a tomarse. De eso no hay duda. Los partidos disputados se cuentan últimamente por victorias, somos el equipo menos goleado de la liga y tenemos la cara de suerte de cara. Hay partidos que faltando piezas claves del equipo y con la alarmante falta de gol de esta temporada logran sacarse adelante con el esfuerzo y tesón de todos. Basta ver que Benzemá, el goleador del equipo, lleva ahora una racha de sequía que está siendo suplida por los hombres de la segunda y tercera línea, como por ejemplo Casemiro que está en un estado de forma aplastante, logrando así que los tres puntos en disputa se queden en el casillero del equipo y lo alcen a la primera posición de la tabla. Para ello está siendo clave, a mi entender, la situación de compañerismo y unión que atraviesa el vestuario. Desde fuera se aprecia un clima de verdadero equipo que además cierra filas en torno a su entrenador. Algunos titularísimos han aceptado correctamente su posición en el banquillo y los nuevos integrantes siguen respetándolos, animándolos y compartiendo con ellos el triunfo, pues realmente es de todos. Especial mención a Ferland Mendy. ¿Quién pensaba antes de año nuevo que sentaría a Marcelo cada vez más y que el brasileño lo encajase sonriente?
Estos momentos hay que aprovecharlos. La afición lo nota y lo transmite. El campo vuelve a estar lleno y el runrún que acometía en la grada se ha disipado. Solo queda que la racha perdure y de triunfos importantes. Si algún equipo siempre vuelve y renace ese es el Real Madrid. Lo he visto morder el polvo y no rendirse jamás, lo he visto ganar títulos imposibles, lo he visto estar eliminado de una competición y levantar la copa. Como antes decía, creíble pero incierto aunque real. Oración la anterior tan contradictoria como ver a un equipo eliminado y que finalmente sea el campeón. Sensación imposible y al mismo tiempo real. De la derrota al triunfo en unos segundos. De ser palpable el fracaso a acariciar la gloria. De estar sumergido bajo las aguas a estar en la cresta de la ola. De pedir la dimisión del órgano presidencial, el entrenador y las vacas sagradas a tener dibujada la sonrisa cada vez que se ve a Florentino Pérez, a Zinedine o a cualquiera de los once que salten al césped. No hay duda y ojalá dure: volvemos a estar de dulce.

lunes, 13 de enero de 2020

LA CABALGATA DE LA ILUSIÓN

Ilusión e ilusionante. Son las palabras con las que he de definir lo vivido el pasado día 5 de Enero en la Cabalgata de Reyes Magos de mi querida Ciudad Real. Vaya por delante que son unas líneas personales para plasmar lo que yo sentí en dicho evento y lo que viví con mi pequeña hija Claudia en el mismo, ergo quien busque en estas palabras críticas, valoraciones o juicios sobre la organización, atuendo, innovación o cambios habidos por el nuevo equipo de gobierno o agravios comparativos entre las cabalgatas de otros años y la de este recién estrenado 2020 que dé por finalizada aquí su lectura pues nada de ello hallará. Quien quiera compartir mis vivencias abiertas puede continuar. El Rincón es donde vierto mis alegrías y pesares y me gusta plasmarlo sin cerrojos ni ataduras sea quien sea quien lo lea. Y en esta ocasión he considerado digno de mención y almacenaje el conjunto de vivencias acaecidas en los días previos, durante y después de la Cabalgata de Reyes, pues los ojos brillantes de Claudia así lo merecen y algún día espero que lea este recuerdo que con tanto afecto he decidido guardar.

Y de verdad digo que no sé quién estaba más ilusionado, si mi hija sabiendo que papá iba a ser paje de los Reyes Magos o yo sabiendo que Claudia me esperaría feliz para que le diera las chucherías y caramelos que me habían dado para ella Melchor, Gaspar y Baltasar quienes, además, vendrían a casa mágicamente y nos dejarían regalos a todos. Desde que supe que podría participar ya estuve gozando de la intranquilidad nerviosa que se adueña de uno cuando sabe que algo grande va a ocurrirle. Y, por si fuera poco, fui invitado personalmente por un buen amigo para que me decidiera a ello. Mi pensamiento inicial fue llevar a Claudia y que se subiese a la carroza de algún Rey Mago pero como es aún muy pequeñita, no llega a tres años de edad, me dijo que le daba miedo. Así que opté por dejarla disfrutar con Gemma de la cabalgata y explicarle que yo iría con los Reyes Magos que son amigos míos y le daría caramelos y muchos besos y la cogería en brazos para que los viera de cerca y los saludase. Sonrió mucho y me dijo que sí tan contenta. La idea era ilusionante al máximo y sus ojitos brillaban de felicidad escuchándome mientras yo me derretía en emoción. Jamás hubiera imaginado ser partícipe de un momento tan bello.

Llegó el día 4 de Enero y fui a probarme el traje. Yo tenía en mente que iría en el séquito de Melchor (quien normalmente es representado por la figura del pandorgo de hogaño) pues con él iban a ir la gente que me invitó al evento, sin embargo, este año la Hermandad de Pandorgos y los que fuésemos invitados con ellos iríamos con la carroza de Gaspar. Y allí me tocó, claro. Así salí a media mañana de casa y le dije a Claudia que iba a ver a los Reyes Magos, a probarme un traje muy chulo y a ayudarlos a preparar todos los juguetes para los niños. Se quería venir y le dije que no podía ser pero que por la tarde la llevaría a ver a los pajes para que les dijera lo que les había pedido a los Reyes. Ella, tan pequeñita, me escuchaba y entendía a la perfección y reía feliz de todo lo que acontecía. Se sabía partícipe y a mí se me ablandaban las costuras del alma. Y además tenía muy claras sus peticiones de regalos: una hamburguesa y un cuento de Don Quijote de la Mancha para niños. Lo de la hamburguesa lo estuvo diciendo toda la Navidad y quien lo ha oído se ha reído bastante por la ocurrencia y la originalidad. Claro, podéis imaginar la cara de los Pajes Reales cuando la cogieron en brazos y le preguntaron qué le había pedido a sus Majestades de Oriente y les contestaba lo de la hamburguesa. Y el remate fue cuando los propios pajes de Gaspar le preguntaron quién era su Rey Mago favorito y ella espetó: "Melchor, Gaspar, Baltasar, la mulilla, el buey, la Virgen María, San José y el Niño Jesús. Todos son mis favoritos". El momento fue entrañable y quedó para el recuerdo de todos los presentes. Así es #MiNiñaClaudia.

Y, al fin, amaneció el día 5 de Enero cargado de ilusión para todos. No era Viernes, era Domingo, pero los sueños brillaban más que nunca y para los niños todavía más. Y ya no os digo nada para mí que iba a ser paje y a tener a mi hija en brazos en la cabalgata y enseñarle regalos, caramelos, juguetes y que viera muy cercanos a los Reyes Magos. Estaba pleno de felicidad y viviendo un sueño que además estaba aderezado con la más bella mezcolanza de recuerdos de mi infancia y mis años de niñez. ¡Bendito día 5 de Enero y bendita inocencia de los niños! No se me olvidarán tantos y tantos ojos de niños y niñas que me miraban atónitos y llenándome de la magia que ellos derramaban a través de sus miradas mientras yo les daba caramelos, gusanitos y chucherías. Increíble la limpieza, transparencia y bondad que mostraban esas caritas inocentes. ¡Qué ilusionante era hacerles una caricia y regalarles una sonrisa! Mencionaré a un niño que estaba con su abuelo y tenía la mirada tan limpia y noble que le entregué mis dos manazas llenas de caramelos para él. El niño sonrió y cogió sólo uno. Vaya lección de educación y saber estar. Le dije que eran todos para él y se quedó mudo. Me miró emocionado y se guardó caramelos en todos los bolsillos que pudo. Otra anécdota fue con una niña que se llama Daniela, hija de mis amigos Alicia y Javier. Yo tenía preparado para ella un regalo escondido y había quedado con sus padres que cuando la cabalgata pasase a su lado, se acercasen a mí. Y así fue. Me llamaron y Alicia trajo a la niña a mi vera. Cogí a Daniela en brazos y saqué un paquete con su nombre. La niña alucinaba y sus ojos brillaban mucho. Le dije que me lo habían dado los Reyes Magos para ella y se me abrazó. Magia pura y otra vez el alma enternecida y un nudo en la garganta. Y de la mirada de la madre viendo la escena no me salen palabras... Esos detalles vaciaban el zurrón que yo llevaba de caramelos y regalos y lo llenaban de preciosos momentos. Ilusionante todo.

Entre tanto y avanzando la cabalgata llegó lo más esperado. Me llamaron a voces mis padres, mi hermana, mis suegros y mi mujer. Estaban todos con mi hija Claudia que me miraba atónita. "¡Papá es paje! ¡Papá es paje!" Y yo al cogerla en brazos y verla así de feliz casi lloro. No miento. ¡Qué sensación! Le dí mil besos, le entregué sus chuches favoritas (yo mismo las había comprado por la mañana) para ella eran recién traídas por los Reyes Magos, la acerqué a la carroza del Rey Gaspar y le puse el "gorro chulo con una pluma amarilla" como ella decía. Me dio el tiempo justo a hacerme un par de fotos con ella y con Gemma y reingresar al séquito de sus majestades para seguir repartiendo ilusión y magia entre los niños de Ciudad Real. ¡Jamás olvidaré esta cabalgata! Y al día siguiente los regalos. Ni que decir tiene que los Reyes Magos cumplieron los deseos y Claudia tuvo su hamburguesa. No os quedéis con la intriga. La tuvo y fue feliz. Y yo más.

martes, 31 de diciembre de 2019

LOS PROPÓSITOS DE AÑO VIEJO

Todos los años empezamos el año (valga la redundancia en este caso) con los propósitos que queremos cumplir en el año nuevo. Y pensando hoy en ello, en plenas fechas navideñas, me planteaba si en vez de proponerme nuevas metas había cumplido las que hace un año empecé a maquinar. Y hete aquí que he visto propicio cerrar este año el blog con esta entrada y trasladando el interrogante a quien tenga a bien leerme. ¿Habéis cumplido los propósitos de este año que ya despedimos? ¿Habéis cumplido los propósitos de año viejo? Los que tuvierais como meta, por ejemplo, dejar de morderos las uñas, ¿lo habéis hecho? Los que os hubierais mentalizado para hacer deporte asiduamente, ¿lo habéis hecho? Quienes os propusisteis leer más, hacer el Camino de Santiago, pasar más tiempo con la familia, escribir un libro, iniciar una afición, acometer un proyecto, perder unos kilos o modificar alguna conducta, ¿lo habéis hecho? Pues estáis a tiempo. Y no lo digo con sorna hoy que es 30 de Diciembre, lo digo de corazón. Si no habéis cumplido los propósitos de año nuevo de este año que ya es viejo, proponedlos de nuevo en vuestra vida. Y afrontadlos. No los dejéis en el cajón del olvido y propongáis otros nuevos cada año. Cumplidlos, intentadlo, aunque sea alguno nada más. Siempre podréis decir: Cumplí los propósitos de año viejo. Mejor eso que nada.

Hay que ser consciente que hay propósitos que se abandonan porque no pueden cumplirse en un año. Y, claro, cuando vamos por el mes de Mayo y empezamos a vislumbrarlos como imposibles, los damos de lado. Y pensamos: "total, no lo iba a poder cumplir. El año que viene me marco otro". Y así pasa. El propósito de año nuevo se va al carajo. Y así un año y otro y otro y otro. Y los propios propósitos igual. Y así uno y otro y otro y otro. Y siempre nos ponemos tareas nuevas. ¿No hay forma de acometer las labores que nos ponemos y que llegando fin de año podamos celebrarlo? Claro que es posible pero hay que tener voluntad y constancia. Y, sobre todo, saber que un propósito de año nuevo no pasa nada porque se convierta en propósito de año viejo. Lo importante es lograrlo aunque nos lleve más de un año. Eso nos mantendrá activos. Y nos hará sentir vivos. Ojo, hay veces que sí los cumplimos. He logrado dejar de fumar. He logrado ser más ordenado en el trabajo. He logrado pasar más tiempo con los amigos. Y nos asoma una sonrisa de victoria, satisfacción y alegría que no tiene parangón. Y esa sonrisa sí que nos da fuerza para decir: "Ahora sí, nuevos propósitos de Año Nuevo".

La verdad es que yo, como soy más simple que el mecanismo de un chupete, no me marco propósitos de año nuevo. Lo que hago es marcarme pequeñas metas novedosas para estar entretenido y ocupado y mantener los que creo que vengo cumpliendo y me hace feliz. Así, al final del año siempre cumplo propósitos de una manera u otra. Dícese: mis propósitos de Año Viejo han sido cumplidos. He continuado con mi gente cercana, he seguido dando guerra con el pádel, he continuado haciendo un tramo del Camino de Santiago en vacaciones, he seguido siendo fiel al oficio costalero entregándome en todos los pasos que he sacado, he continuado guardándome unos ratitos para mí y plasmarlos en el Rincón, he afrontado tareas nuevas y divertimentos como aliñar aceitunas, hacer cerveza casera e innovar recetas y he afianzado todo aquello que he ido aprendiendo tras enfrentarme a ello. Meta pequeña lograda, propósito conseguido. Mucho más sencillo y además garantiza casi al cien por cien cerrar el año recordando muchas victorias chiquitinas cumplidas. Y muchas victorias son mucha felicidad. Y mucha felicidad se refleja en muchos recuerdos bonitos.Y muchos recuerdos bonitos son una forma preciosa de cerrar un año. Siempre lo digo porque así lo creo. Y además ya lo decía Sócrates también: en las pequeñas cosas es donde en realidad radica la esencia de la vida. ¡Cuánto sabía para no saber nada! De este modo y si os da por plantearos propósitos pequeños (sin olvidar luchar por los grandes, esos que conllevan, a veces, varios años para cumplirse), os lanzo un reto. Más que un reto os lanzo una labor para este año que ya llega. Va, os pongo yo el propósito de año Nuevo. Sólo uno. El único. El mejor. "Propósito: Cumplir los propósitos". A ver cómo se da. Ya me iréis diciendo con el tiempo. Espero que tengáis muchas metas pequeñas logradas que contarme.
Y así nos hemos plantado en una nueva Nochevieja. Y que no decaigan las empresas chiquitinas. Yo, por ejemplo, tengo una por delante y voy a ver si también la cumplo y la recuerdo esta noche cuando suenen las campanadas entre años y sonrío por ello. Cosa de poco pero, como todo, hay que hacerlo y eso es cuestión de voluntad. A mediodía quiero ir a comerme un plato de migas con los amigos pandorgos. ¿Qué os parece? Seguro que me reporta alegría si lo consigo. No os riáis. No dejar de ser un propósito aunque ligero, asequible y resultón. Y no por ello desdeñable pues todo conlleva un coste de oportunidad. Si estás en un sitio con una gente no puedes estar a la vez en otro sitio y con otra gente. El tiempo es oro y ese sí que no vuelve. Elegid bien pues vuestros propósitos porque podéis tener todos los que queráis pero tiempo para ellos no. Ahí está la clave del éxito o el fracaso muchas veces. Queremos comprometernos a algo sin voluntad y/o sin ser conscientes de lo que ello nos costará. ¡Ah! También quiero enfrentarme a la tarea de llegar a la hora de las uvas con las mismas peladas y sin pepitas. Parece una tontería pero es otra pequeña tarea y traerá su satisfacción. Me gusta ir pasito a paso. Una vez en el Camino de Santiago un peregrino italiano me dijo que "piano, piano se va lontano". Y qué verdad es. Así es que lo pongo en práctica en cualquier oportunidad que tengo.

Y poco más, amigos. Ya estamos prácticamente diciendo adiós al año 2019 y recibiendo el año 2020. Y os confieso una cosa, propósitos grandes y cuyo cumplimiento no dependa de mí no voy a marcarme pero sueños sí que tengo en mente. Ojalá dentro de un año pueda deciros que se han cumplido. Y los vuestros igual. Y vuestras metas también. Que así sea. Al menos que lo hayamos intentado todos que para eso es la vida. Ya hablaremos de los propósitos de Año Viejo dentro de 366 días (el que llega es bisiesto) mientras empezamos a vislumbrar otros. Ahora os dejo repasando los de Año Nuevo y cogiendo fuerza para lograrlos. ¡¡Feliz Año Nuevo!!

jueves, 19 de diciembre de 2019

¡AY, CAMINO!

Hoy tengo ganas de ti. De recorrerte, de caminarte, de estar en algún punto tuyo entre Saint Jean pied de Port y Santiago de Compostela. Foncebadón, por ejemplo, el Alto del Perdón, Hornillos del Camino, Zubiri, Villafranca del Bierzo, Carrión de los Condes... ¡Yo que sé! Donde fuera pero contigo. Con tus sensaciones latiendo en mis venas a flor de piel. Despotricándote y amándote a la vez. Con tu olor característico de cansancio, sentimientos, sonrisas y lágrimas. Perdido en algún albergue hablando con algún peregrino sobre algo transcendental de la manera más natural que exista. Burgos no sería mal sitio. Ni Logroño. Fíjate, incluso en Sarria que para mí fue el principio y ahora cuando paso es el final, estaría hoy tan feliz. O subiendo en busca del Refugio Orisson, a mitad de camino entre La Faba y Laguna de Castilla o prácticamente coronando la Cruz de Ferro. Tampoco estaría mal bajando hacia Roncesvalles, buscando Molinaseca o llegando hasta Triacastela. Y también me viene a la mente la llanura palentina entre las tierras del Cid y los límites de Castilla. Donde sea pero con mochila, bordón y botas. Persiguiendo tus flechas y conquistando tus lugares, recorriendo tus kilómetros con la agridulce mezcolanza del triunfo y el saber que ya no volverán. Jugando continuamente con un imperante carpe diem que se acentúa en la magia de Bercianos, Torres del Río o Ponferrada. Hoy tengo ganas de ti.


Y es que no sé por qué hay días que me invades íntegramente. ¿Qué veneno es ese? Un día cualquiera de Diciembre que no está señalado en rojo en el calendario por motivo alguno, mientras cumplo con mis rutinas laborales, me embargas la sesera y empiezan a bullir los recuerdos, los anhelos, los momentos y el deseo de volver a ellos. Hoy me tienes loco recordando la sonrisa de Isis, los abrazos con Palmiro, las charlas con Yoon Joon, aquella agotadora llegada a Arzúa, el Horno de Irozt, la hornacina de San Fermín, a mi querido amigo Iñaki, todas las risas compartidas, las lágrimas por las preguntas sin respuesta, un por qué mudo, silente, hiriente, incomprensible, el hálito de esperanza, el descanso del alma en la litera, el vino tinto en chato, en vaso y en cuenco, el arco iris en Frómista, la eterna recta de Calzadilla de la Cueza, el peregrino escondido en la Plaza de Quintana, el ascensor de Rabé de las Calzadas, los nervios alegres y simpáticos de María, risueña, traviesa, encantadora, la hospitalidad de Nacho Nájera, una oración callada en Furelos, los ojos de Alba contemplando arquitectura férrea y pétrea testigo del paso del tiempo, la espera en la antigua Casa del Deán para obtener mi primera compostela, mis queridas y amadas botas marrones que dos mil kilómetros recorrieron, el poder compartir unos kilómetros con Gemma y hacerla partícipe de uno mis amores, la cristalina y celeste mirada de Amanda que se fotografía per saecula en la memoria... ¡Cuántas cosas, amigo! ¡Cuántas cosas!

Me gusta porque siempre me atrapas. Y sé que estás agazapado y por más alerta que yo esté aguardando tu llegada encuentras el momento y me sorprendes. Aún recorriéndote las veces que voy premeditado a enfrentarme a ti y te espero y ansío con ganas de cura me encauzas, me das confianza, me das serenidad y, cuando pierdo por un segundo la concentración, me atrapas con tus fauces psicológicas que, si bien son necesarias, son más temidas que las físicas. El cansancio es parejo a ti pero la cabeza de cada peregrino juega un papel trascendental en la travesía y la conjunción de ambas cosas puede resultar demoledora y reconfortante a la vez. Tal es la fuerza de tu hechizo que no he conocido a nadie que tras recorrerte unos cuántos días no tenga ganas de volver a ti a de nuevo. Cuando sale tu nombre afloran dos sonrisas en la gente que sobre ello conversa y, te garantizo que, quien te ha transitado alguna vez tiene un don especial para acertar a ver tus flechas amarillas estén donde estén. Es como un imán entre la mirada y la pintura que impulsa las piernas a seguir la dirección al Obradoiro. Y así es como me encuentro hoy. Con ganas de seguir esas indicaciones amarillas que iniciase Elías Valiña preparando una gran invasión.


Y sigue tu embrujo embaucándome a través del silencio, del molesto sonido de una chirriante litera en mitad de la madrugada, de una ampolla en el sitio más incómodo cuando todavía quedan kilómetros para llegar al albergue, de una ducha indominable que te abrasa la espalda o te deja helado en pleno Agosto y de un menú del peregrino que te sabe a gloria incluso frío, a deshora y mal guisado. Tienes el don de obtener de todo una ventaja y, lo que es mejor, a través de uno mismo. Enfrentas a quien te recorre a ti y a su yo interior. Y para todos tienes un triunfo, una victoria, un recuerdo, una lágrima agridulce de entre felicidad y tristeza aderezada en su conjunto con nostalgia. Cerraría ahora mismo la tarea que estoy desarrollando, haría la mochila, compraría los billetes y con una enorme sonrisa me iría a verte de nuevo, a saciarme de tus encantos, esos que hallo en mi propia mente y en el grupo de personas que te recorren en las mismas fechas que cuando yo lo hago año tras año. Es la familia que me regalas por unos días y siempre es mágica y dispar. Y me acuerdo de todos ellos y ¿sabes qué? Me encantaría juntarlos en un mismo espacio y tiempo en tu presencia y caminarte juntos a la vez. Pero eso ya es la propia vida, con sus sorpresas y balanzas. Por eso mismo, la vida, al fin y al cabo, es caminar. Hoy tengo ganas de ti, Camino de Santiago.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

CERVEZA CASERA. PARTE II.

¡Hola, hola, amigos del Rincón! Estaba la cosa en que la primera fase estaba hecha y quedaba la futura cerveza fermentado en la barrica, con el azúcar y la levadura trabajando incesantemente. Bien, pues os sigo contando. El airlock comenzó a tener actividad y a borbotear, síntoma inequívoco de que el proceso había iniciado bien. No os imagináis la alegría que da cuando se observa que ha empezado la fermentación y está todo correcto. La elaboración de cerveza es un proceso en el cual hay que insistir terca y cabezonamente en la higiene y la desinfección, sin saber el resultado final hasta la primera cata seria tras el embotellado. Por eso, los pequeños triunfos que van surgiendo durante toda la elaboración son tan celebrados, pues son clarísimos indicadores de que, por el momento, va todo bien. Ahí radica mi felicidad cuando ví burbujear la válvula airlock. El fermentador estaba activo y la elaboración de mi primera cerveza casera iba correctamente o, como dicen las notas de un estudiante de primaria, progresa adecuadamente. Y aquí entra en juego la paciencia. Además con doble dosis: hay que dejar que la levadura haga su trabajo y hay que condescender con todos los que te dicen "quiero probarla". Y claro, ni la levadura coge el ritmo que nos gustaría ni la cerveza se puede probar aún. Hay que seguir, con paciencia y cariño.

Es recomendable ir apuntando las fechas y evolución de todo el proceso en una libreta. Yo no lo hecho porque como buen manchego soy cabezón físico y psíquico. Tengo cabeza para guardar todos los datos sin problema y también para ponerme una gorra del tamaño de una paellera. Pero no es excusa. Hay que tomar notas para que no se escapen detalles. En futuras ocasiones, pues estoy convencido de que las habrá, lo iré apuntando todo. En nuestro caso la elaboración comenzó un Domingo, el día 10 de Noviembre, se añadió un kilogramo de azúcar al mosto, la gravedad inicial de la cerveza era de 1042 y se incorporó la levadura para que actuase, al menos, durante una semana. Transcurrida la semana, Domingo 17 de Noviembre, la gravedad que ofrecía el densímetro era de 1015, seguía habiendo fermentación y aunque ya se podía añadir el lúpulo decidimos esperar tres días más. La cerveza que estamos haciendo, una Helles con dry hopping, necesita un tiempo mínimo de diez días de proceso antes del embotellado, siendo siete de ellos de fermentación y tres de aromatización. Para ello es preferible seguir tirando de paciencia y dejar que la cerveza fermente  a su amor pero siempre entre temperaturas de 16 a 25 grados. Yo la he mantenido entre 18 y 20 constantemente. Y si a los siete días y tomando una muestra se debe seguir esperando, pues se espera. Todo sea por el resultado final, como en las paellas. ¡Ah! Y no hay que desesperarse buscando a cada momento que probemos una muestra un sabor perfecto porque de lo contrario abandonaremos el proyecto. Cada vez que he medido densidad he aprovechado para probarla y casi lloro creyendo que se había ido la aventura al traste. Pero no. Hay que seguir. Paciencia es la clave, no lo olvidéis si los que leéis estas vivencias os decidís por haceros con un equipito de fabricación de cerveza casera.




Transcurridos tres días más desde los siete primeros de fermentación, esto es, al décimo día, volví a comprobar la gravedad de la cerveza y arrojó un resultado de 1010. Era idóneo para añadir el lúpulo así es que para dentro que fue. Era el Miércoles, 20 de Noviembre. Se ve que el fermentador recibió de buena gana los pequeños gránulos de pellet del lúpulo pues la válvula airlock cogió una actividad imparable. ¡Qué de burbujas y gases salían por ella! Otra vez una alegría enorme. Íbamos dando los pasos poquito a poco pero todos bien. Ésta vez sí, se iba acercando el final. Ya estábamos en la última fase antes del embotellado. Había que esperar (¡cómo no!) unos tres días como poco para que el lúpulo hiciera su efecto, desprendiera su aroma y cumpliera su misión. Eché cuentas y calculé que para el Domingo 24 sería un buen día para el embotellamiento. Habría durado la parte de elaboración casi quince días. Eso es un tiempo perfecto antes de afrontar la parte de última fermentación con dextrosa y ya en botella que se lleva otras dos semanas. Luego hay que esperar otra más de refrigeración natural en un sitio algo más frío y, por fin, se pueden meter algunas en la nevera y disfrutar la creación.

Entre fechas y fechas, muestras y muestras y días y días llevé a cabo la faena más laboriosa y delicada: la limpieza y desinfección de las botellas a utilizar. Ahí sí que hubo momentos que el cuarto de baño convertido en bodega-laboratorio-fábrica parecía una desastrosa zona de zafarrancho de combate. Por el suelo había agua, solución desinfectante, cepillos, las cajas de los tercios, botellas mojadas, botellas secas, botellas escurriendo, botellas en la bañera, botellas en un capacho con agua y jabón desprendiendo las etiquetas, etiquetas en la bañera, en el suelo, en el lavabo, pegatinas de Heineken, de Ámstel, de Cruzcampo, etc. Una locura. Pero, vaya, una locura que se soluciona con trapos, cubo y fregona en un ratito y se queda nuevamente en orden. De hecho el cuarto de baño ya ha sufrido vorágines de esas cuando me he puesto a guisar aceitunas u otras faenas de campo que tanto me gustan y que debo acoplar y adaptar a mi pequeño espacio urbanita. El caso es que tras tener todas las botellas listas y la cerveza en perfecto estado de fermentación, graduación y aroma, procedimos a valernos del chapador y las propias chapas y, añadiendo la justa proporción de dextrosa en cada botella, fuimos cerrándolas y agitándolas una a una. Ahora reposan ya debidamente apiladas y en cajas esperando su turno de ser refrigeradas y consumidas. Parece jaleoso y trabajoso pero merece la pena. ¡Animáos y haced la vuestra! No es tan complejo.

Concluyendo, ha sido una gran aventura compartida con mi hermana en la que nos hemos iniciado e este mundillo, hemos aprendido términos cerveceros, hemos trabajado a la par y hemos disfrutado de esta empresa. El resultado final no lo sabemos a ciencia cierta todavía. Hay que... esperar. Me da pereza hasta escribirlo pero así es. Esperar, esperar y esperar. Luego merece la pena, ya os lo he dicho. Pero cuento con la certeza de que hemos ido haciendo todo correctamente y que la prueba final antes del embotellado fue positiva en aroma, sabor y graduación. ¡Ah! 4,2 grados tiene nuestra cerveza. No ha salido mal para ser la primera. Una pena sería que la tan temida contaminación que hemos ido laboriosamente esquivando durante todo el proceso hiciese acto de presencia en la fase final, pero no lo creo por lo concienzudos que hemos sido con ello. Para antes de Navidad tendré la nevera llena así es que ya sabéis... Os compráis un kit y la hacéis. ¿O pensáis todos venir a gorronear?  Jajaja. ¡¡Hasta otra!!


lunes, 18 de noviembre de 2019

CERVEZA CASERA. PARTE I.

Me llegó la cosa de rebote y sin esperarlo, como suelen llegar las aventuras nuevas y las invitaciones a los retos. Estaba tranquilo en casa y pitó el móvil. Un whatsapp de mi hermana diciéndome que podíamos hacer cerveza casera. Que lo habían visto ella y mi padre en televisión y les había llamado la atención. No sabía ni por dónde cogerlo. Jamás me lo había planteado, ni sabía lo más mínimo de ello pero, como siempre estoy entretenido con algo, le dije que cuando terminase las empresas que traía entre manos podíamos verlo. Así pues culminé mis tareas de guisar aceitunas y hacer pacharán durante esos días y me dispuse a indagar sobre el asunto y empaparme algo del tema. ¡Menudo mundillo! Debe ser una afición con arraigo y muy extendida porque hay infinidad de información sobre la misma. Mi mente no daba a basto asimilando términos al respecto: fermentador, lúpulo, extracto de malta, dextrosa, airlock, chapador, etc. Y todo ello venía en el mismo kit para iniciarse. Sí, sí, para iniciarse. Los kit cerveceros para gente que ya sabe son alucinantes. Yo no era capaz de procesar todos los datos pero iba surgiendo en mí la atracción del reto y la aventura: hacer mi propia cerveza. Mi hermana tan feliz añadía más ganas ideando ya el poder embotellarla y ponerle etiquetas personalizadas. Y para colmo, el precio de un señor kit bien completo que incluía todo el material necesario y los ingredientes para hacer prácticamente veinticinco litros de cerveza no era nada caro. Mi mujer, la pobre, estaba ajena a mi mente maquinando estas trastadas. Vamos allá y ya veremos por donde sale la cosa, pensé. Y en eso estamos.

Primera tarea. Adquirir el kit, identificar las piezas, montarlo y recibir las sorpresas no esperadas. Es que en este universo de cerveceros caseros hay mil cosas y cuestiones que no sabes que te van abordando sobre la marcha. Forma parte de la aventura el ir poniendo soluciones a lo que surja, claro está. Y me surgieron dos primeros impedimentos que hube de superar con paciencia. El primero fue mi mujer. Y, ojo, no la culpo. Me aguanta mil aficiones y recibir la noticia de que pretendes convertirle una parte de la casa en un especie de laboratorio y fábrica de cerveza no debe ser muy ilusionante. Máxime cuando tienes una niña pequeña de dos años y medio de edad campando a sus anchas por todos los rincones del hogar y puede haber como novedosa atracción un fermentador de unos treinta litros, probetas, un hidrómetro, dextrosa, botellas, un chapador, etc, aunque intentaría que no fuera así y hacerlo en otro lugar. La solución fue seguir estudiando el asunto, ver cómo aminorar problemas y cargas y trastear lo menos posible en casa. Cuando me empapé bien de todos los pasos a dar y ví que la elaboración tiene sus complejidades pero es en momentos puntuales cuando más guerra da, me lancé a comprar el kit, pensando que en "El Gañán" (nuestra cocina campera del chalet) podría hacerlo todo. Elegimos un buen kit de iniciación, uno en condiciones, claro está. Si nos ponemos, nos ponemos bien. Lo consensué con mi hermana, culpable original de todo este embolado y, no sin antes tomarme dos pacharanes para envalentonarme del todo y agregar algo de premeditación y alevosía al caso, pues Gemma aún refunfuñaba cuando le hablaba del proyecto, hice el pedido on line. El daño ya estaba hecho y el paquete en camino.

La segunda tarea fue más compleja. Una vez que recibí el material descubrí una noticia que yo hasta entonces ignoraba. La cerveza en su fase de fermentación ha de estar en un determinado rango de temperatura y, en "El Gañán", eso no podía lograrlo, pues en estas fechas de frío la levadura no haría el efecto deseado al estar la estancia a menos de quince grados. Había que buscar otro sitio. Bueno, buscado estaba. En casa. No quedaba otro remedio. Pero explicarle a mi mujer que lo que tenía que montar en la cocina campera iba a ir a parar a casa y por qué era ardua misión. Y no tenía escapatoria. Tenía el kit en el coche, los ingredientes, todos los bártulos y había que darle salida. Finalmente logré que Gemma me dejase instalar los aperos en uno de los cuartos de baño. Y, esta vez sí, logré montar todo, ubicar las piezas y empezar a funcionar. En realidad, no miento, no ocupa tanto y se trata sólo de tenerlo todo en orden, limpio y cada cosa en su sitio. Es verdad que el hacerse con botellas, limpiarlas y tenerlas preparadas para la fase de embotellado es más engorroso. Tened en cuenta que la aventura en la que me he embarcado es la de hacer casi veinticinco litros de cerveza y hacen falta muchas botellas para guardar esa cantidad. Y limpiarlas, desinfectarlas, quitarles las etiquetas, etc. En fin, en las fotos podéis ir viendo cómo está el cuarto de baño. Y, creedme, no es para tanto y algunas imágenes son de momentos puntuales.

Finalmente he de decir que el laboratorio y fábrica de cerveza me va a tener el baño medio ocupado durante más o menos veinte días. Pero lo tengo totalmente utilizable y ordenado. Faltaría más. Y el resultado seguro que valdrá la pena. Seguramente para un poco antes de Navidad esté lista mi primera cerveza casera. Si sale todo bien quizás me embarque en hacer más tiradas e incluso crearme una propia birra y etiquetarla. Me trae de cabeza el lograr una cerveza negra que se bebe con sprite que me recuerda a mis tiempos de hace unos años en un conocido pub irlandés de Ciudad Real. Y creo que perseguiré la idea hasta lograrlo. De hecho tengo en mente ya varios bocetos de nombres y diseños para la cerveza. Veremos a ver cómo va todo. En cuanto a esta primera vez decir que la cosa va bien. He empezado con una elaboración no demasiado compleja en la que mi hermana y yo mezclamos extracto de malta con agua y le disolvimos azúcar y levadura para que comenzase la fermentación. Cuando baje la graduación inicial y para terminar el proceso de fermentar hay que añadir unos lúpulos y dejar que actúen unos días. Después embotellaremos con dextrosa y dejaremos reposar. Pero esto ya os lo contaré en otra entrada. De momento hay que continuar la espera y ver como el fermentador va convirtiendo en cerveza los ingredientes que le pusimos. Hay que tener paciencia. Es la clave del éxito de esta empresa. En la segunda entrega de esta aventura os daré más detalles y os contaré cómo ha ido todo. ¡¡Hasta otra, amigos!!

martes, 29 de octubre de 2019

UN VIAJE A ROMA

Ya tocaba hacer una escapada de este estilo. Sobre todo por Gemma que no ha tenido vacaciones este año pues es una trabajadora nata y se sacrifica mucho por defender su actividad laboral. Como si un duende mágico nos avisase de que este año no tendríamos vacaciones en común decidimos en Mayo irnos tres días a conocer El Rocío y Matalascañas. Acto seguido no hemos logrado tener unos días de descanso juntos en todo el período estival. De este modo, en el mes de Septiembre decidimos planear un viaje que nos sirviera de desahogo, de mini vacaciones conjuntas y de escapada a ver lugares del mundo que nos gustaría visitar juntos. He de decir que yo tengo la fortuna de haber viajado mucho en mi juventud y haber visitado muchos sitios, pero me gusta regresar a ciertos lugares y disfrutar de los mismos con la fantástica mujer que tengo de compañera en la vida. Gemma siempre me ha dicho que existen ciertos monumentos en el mundo que ella quería conocer y que, aunque yo ya hubiera estado antes, alguna vez estaríamos juntos. Y, evidentemente, así lo estamos haciendo. Uno es el Empire State sito en Nueva York, otro es la Torre Eiffel de París y el otro la Fontana de Trevi en Roma. El Empire lo conocimos juntos en nuestro viaje de novios en el año 2011, la Torre Eiffel ya la conozco pero planea por nuestras mentes para un futuro a medio plazo el viaje juntos y la Fontana de Trevi, cumplidora de sus leyendas, aceptó la moneda que le eché hace veinte años y por ello he vuelto, acaba de ser conocido por los dos en común. Un viaje precioso por Roma.

Personalmente elegí ese destino porque quería que Gemma conociera lo que yo llamo un Museo en la calle. Roma es digna de ser visitada. Es una magnífica convivencia de lo nuevo con lo antiguo y entre la marabunta actual, el tráfico y los edificios nuevos, siguen destacando los vestigios del que fue el mayor imperio del mundo.Yo la recordaba con mucho cariño desde que estuve hace dos décadas y quería rememorar vivencias, volver a ciertos lugares y disfrutar todo ello con mi chiquitilla del alma. Además surgió la posibilidad de ir con nuestros amigos José Ramón y Mar, casados este mismo verano, y con ganas de conocer ese destino, lo que hacía el viaje más atractivo aún. Ninguno de los cuatro, salvo yo por fortuna y casualidad, conocía Roma y el reclamo de la ciudad es enorme tanto para veteranos como para noveles: San Pedro Vaticano, la Plaza Navona, el Coliseo, la Boca de la Verdad, San Juan de Letrán, la Escala Santa, la Plaza Venecia, el Circo Máximo, el Palatino, el Foro, la Plaza de España, el Castillo del Santo Ángel, el Barrio del Trastévere, Santa María la Mayor, la Plaza Venecia, el Teatro Marcelo, el Panteón de Agripa, la Fontana de Trevi, el Moisés de Miguel Ángel, etc. Así pues fuimos dándole forma al viaje y nos decidimos a hacerlo con cierto margen de tiempo para llevarlo todo bien organizado.
Ha sido un viaje justo y cabal. Hemos exprimido al máximo para visitar y conocer todos los monumentos y atracciones posibles. Hemos disfrutado de tres visitas guiadas de las que hemos aprendido mucho. En dos de ellas, la ruta por el centro de Roma y la ruta del Foro, Palatino y Coliseo, coincidió que nos tocó el mismo guía, sin duda una persona entrañable de las que disfruta con su trabajo y se entusiasma con ello, ganándose al público y sumergiéndote en las profundidades de la historia que va narrando. Romano de nacimiento, arqueólogo y numismático, trabajó unos años en España y es afable y simpático. Un abrazo, Vicenzo, estés donde estés. Del mismo modo un recuero a Marisa, la otra guía que amplió nuestros conocimientos sobre los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro. Muy correcta también. Inolvidable también la aventura en la que nos embarcamos nosotros mismos: la subida a la cúpula de San Pedro. 551 escalones en total los cuales se pueden subir todos a pie o subir los primeros 231 en ascensor y los últimos 320 andando. Vamos, que de los 320 escalones a pie no te libras sea como sea si lo que quieres es coronar la cúpula. Pero merece la pena y mucho. La experiencia es genial y las vistas de la ciudad desde el punto más alto del Vaticano son una gozada.

En definitiva ha habido tiempo para todo. Hemos visto muchas cosas, pero muchas. He conocido lugares que no conocía, he revivido momentos de hace mucho tiempo, he sido feliz con mis compañeros de viaje, hemos reído, nos hemos emocionado, hemos caminado y hemos disfrutado de la gastronomía de la ciudad. Un viaje muy completo en el que todo ha salido bien y que repetiría sin pensarlo. Y no podía sino mencionar a mi amigo Don Joaquín con el que conocí la ciudad de Roma. Jamás imaginé entonces que sería él quien me casase y quien bautizase a mi hija. Y mucho menos podría suponer en aquel momento que volvería a subir la Escala Santa de rodillas, como él me enseñó, teniéndolo muy presente y recordando tantas y tantas cosas que me han ocurrido durante todos estos años. La escapada ha sido precisa, certera, aprovechada y productiva. Y siempre se dice que un viaje no termina hasta que se elige destino para el siguiente. A ver, en Milán ya he estado un par de veces (una con Gemma) pero tengo la espinita de no haber visto todavía la Última Cena de Leonardo da Vinci y, además, podemos aprovechar y ampliar viaje a Florencia y Venecia. No sería mala una nueva ruta por Italia. Y por otro lado, París se forja y erige como fuerte candidato a la próxima escapada europea. Veremos a ver qué ocurre cuando sea el momento pero creo que las bases para cerrar el viaje de Roma y empezar otro están sentadas. ¡Ciao bellos!