sábado, 20 de agosto de 2022

PANDORGO 2022

Creo no engañar a nadie si digo que lo ocurrido el pasado día 31 de Julio de 2022, mi mente lo hubo forjado para que hubiera acontecido exactamente como aconteció pero dos años antes. Me sonaba bien lo de "Pandorgo 2020" y estaba decidido a ello si el Ayuntamiento y la Hermandad de Pandorgos, claro está, hubiesen aprobado mi candidatura, pero en Marzo de ese año, cuando todo lo tenía dispuesto para empezar a preparar el momento soñado, llegó a nuestras vidas el coronavirus con una pandemia a nivel mundial que cambió absolutamente todo. Ese año no hubo nuevo nombramiento de pandorgo ni dulcinea y me vi obligado a posponerlo todo para el año siguiente. Yo, que anhelaba ser pandorgo, quería una Pandorga plena y que tuviera, ¡qué menos!, que "convidá a limoná y puñao" y Procesión de la Virgen del Prado, además de todo aquello que pudiera hacerme disfrutar a mí y a los míos de unos días de ensueño. Me tocaba esperar otro año con la esperanza de que así fuese pero la situación sanitaria, aunque cambió, ya presagiaba recién iniciada la primavera de 2021 que tampoco iba a ser posible festejar una Pandorga como se venía haciendo años antes. Las cofradías se quedaron sin volver a salir a la calle por segundo año consecutivo, la Romería de Alarcos tampoco se celebró con todos sus actos y las congregaciones de gente que forman las fiestas populares no estaban permitidas. Así es que conforme se acercaron las fechas decidí no presentar tampoco candidatura a pandorgo en aquel año 2021, pues si resultaba elegido no viviría lo que tantas veces había soñado.

Pasados dos años desde aquella nefasta primavera del año 2020 que todo truncó (y cuando digo todo es todo, no mis ganas de ser pandorgo, pues ojalá el covid sólo hubiera roto ilusiones de festejos), llegaba el momento de la vuelta a la vida. Ya se vivió una Navidad con una Cabalgata de Reyes en 2022 casi normal, aún era obligatoria la mascarilla en las vías públicas y se exigía precaución en los gentíos, pero ya se vislumbraba el final de la pesadilla. El Carnaval fue prácticamente como siempre, con un Domingo de Piñata sin mascarillas ya obligatorias y la gente llenando las calles. La Cuaresma empezó con la noticia de que los costaleros volvían a meterse debajo de los pasos. La Semana Santa transcurrió con total normalidad y se anunciaban ya las romerías y fiestas de primavera. Era el momento. Se venía una Pandorga normal que iba a ser como las de siempre y con la alegría de volver a disfrutarla por parte de todos. ¡Menudo reencuentro de emociones, sentimientos y vivencias! Y al igual que el mes de Septiembre de aquel ya lejano año 2019, cuando compré en la Feria de Urda mi garrota para cuando fuera pandorgo, mi mente empezó a imaginar un grabado a fuego, literal, con letras que pusieran "Pandorgo 2020", esta primavera de 2022 mi mente ya soñó con ese pirograbado poniendo "Pandorgo 2022". Y quiso la Virgen del Prado que así fuera. 

Por aquellos caprichos del destino que nunca sabremos pero que dotan a la vida de preciosas coincidencias, corría el año 2002 cuando unos cuantos locos cofrades, entre lo que me encontraba, fundamos la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva, pionera en su ámbito en toda la autonomía manchega. Este año se cumplía su XX Aniversario y dicha corporación sería la institución que presentase ante la Concejalía de Festejos del Ayuntamiento mi candidatura a Pandorgo 2022. Mi banda de toda la vida, mi gente, mis amigos, impulsores de mi nombramiento en un año tan especial para ellos y para mí. Increíble lo que el destino me tenía preparado. A mediados del mes de Mayo sellaron debidamente mi candidatura y quedó la misma presentada. El sueño comenzaba a convertirse en realidad y ya no había nada que pudiera pararlo. Los astros así lo querían y el 31 de Julio brillaba en el calendario como nunca. Pasé el filtro del Consistorio y mi candidatura fue a parar a la Hermandad de Pandorgos, puñado de hombres nobles y buenos quienes en la comida de elección y votación que tuvo lugar el 17 de Junio de este precioso 2022, alzaron mi nombre. Ese mismo día se comunicó a los medios y a toda Ciudad Real que yo iba a ser el Pandorgo. Ya era realidad. Y habría de todo. Quedaba esperar que llegase y vivirlo.


Y llegó. Amaneció un 31 de Julio radiante en el que no sé qué fue más cierto: si que Ciudad Real me esperaba a mí o que yo esperaba a Ciudad Real. La verdad es que la cascada de felicitaciones y el afectivo recibimiento fueron preciosos por parte de todos. Sin colores, sin banderas, sin posicionamientos. Como yo lo quise: Pandorgo por y para Ciudad Real. Para todos sin distinción. El acto de proclamación tuvo lugar como mi cabeza soñaba desde hacia varios años y, además, no pudo tener mejor presentador, mi primer capataz. Paralelamente la mejor cuadrilla nunca imaginada, grupo de gente buena de verdad, orquestaba en el Antiguo Casino la convidá y limoná que tras mi nombramiento y proclamación sería entregada a todo aquel que quisiera. Imposible no mencionarlos. ¡Qué grandes todos! ¡Qué detalles más bonitos! ¡Qué uniformidad, qué buen hacer, qué organización, qué trabajazo! Nunca podré agradecerles lo que han hecho por mí en unas fechas tan importantes. No se ha visto cosa igual. Amigos, amigas, hombres, mujeres, músicos, costaleros, hosteleros, militares, camioneros, ¡había de todo y me sentí super querido por ellos! La Cuadrilla del Pandorgo... Fueron clave total para que la Pandorga fuese como debía ser, aunque no lo crean, sin ellos habría sido imposible. En la garrota, mi nombre; en el frente, mis hermanos; en las gradas, mi familia; a sendos lados, mi mujer y mi hija; en lontananza, La Mancha; Ciudad Real, en el alma; en mi mirada, la Virgen del Prado; en mi corazón, un pañuelo anudado y en el cielo, una sonrisa de abuela al verme proclamado. Así llegué a ser el Pandorgo 2022. ¡Gracias!

jueves, 21 de julio de 2022

"CONVERSACIONES A DOS METROS"

Quien sea de Ciudad Real y guste de ver la televisión local para saber qué se cuece en estos lares ya sabrá por dónde va el título de la entrada. Para quien no lo sepa pero sea asiduo al Rincón, he de decir que es el nombre del programa de televisión que se inició en el año 2016 grabando y entrevistando a vecinos que les gustase el arte de los fogones y que, llegada la pandemia y las medidas de distancia y seguridad que estuvieron vigentes con la misma, adoptó el nombre de "Conversaciones a dos metros", manteniendo intacta la esencia inicial: entrevista y cocina. Y hete aquí que la buena de Gema Martín, periodista y directora del dicho programa en Ciudad Real TV, ya me venía siguiendo mi afición al guisoteo y estaba tras de mí para echar un buen rato de paleta y sartén. Y ahora, recién nombrado Pandorgo, era el mejor momento para ello y no podía negarme. Aunar en media horita tradición, costumbre, amor por mi tierra y sus gentes y, entre medias y lo que menos importaba al final, cocinar un plato que fuera apetecible y curioso. ¡A la faena! Acepté encantado, cuadramos fecha y pasé un rato muy feliz grabando en la cocina de casa una receta que me encanta hacer: Arroz meloso con pollo marinado y setas. Y hubo sorpresas, por supuesto. Salieron a relucir mis cervecillas caseras, las aceitunas que aliño con Claudia y algún secreto de mi traje de pandorgo. Y eso venía a contaros hoy. Encended la inducción que empezamos. Aceite, fuego medio y pañuelos de hierbas. ¡Oído cocina!

No creo que a estas alturas haya alguien que me conozca y no sepa que me gusta meterme a fogones, que me encanta la cocina tradicional manchega y que hago mis pinitos gastronómicos y culinarios. Y en estas fechas donde las redes sociales se convierten en el escaparate de lo que cada uno quiere mostrar, a mí, personalmente, me gusta enseñar cuando logro cuajar una lustrosa sartén o un apetitoso guiso, cuyo fin siempre es el mismo: disfrutarlo con quienes me rodean. De ahí empezó el seguimiento de fotos y recetas por parte de Gema. Y, claro está, no tardó la susodicha en perseguir mis dotes culinarias, pobres, todo sea dicho, pues seré "buen guisandero" como se dice en La Mancha, pero de cocinero fino tengo poco, ocurriendo que mis platos, la mayoría recetas tradicionales, son resultones y, eso sí, ricos de sabor, pero quien busque en mi quehacer nouvelle cuisine sepa que me gusta más un rudimentario plato de huevos fritos con patatas que un impecable emplatado de una deconstrucción de cocido madrileño que más sacia el objetivo de las cámaras de revistas que el estómago del comensal. Dicho lo cual, no me asusta meterme a sartenes para cuatro, seis, ocho, doce e incluso setenta comensales, como he hecho alguna vez, pero de recetas que domine, claro está. Y el arroz es una de ellas. A la vista está.

Llegó el día y prepare los bártulos. Y como de pasarlo bien se trataba, ideé alguna sorpresa para hacer entretenido el programa y que fuese divertido. Decidí hacer la receta con la chaquetilla de chef que me hizo y regaló mi suegra hace unos años, meter a refrescar algunas de mis cervezas caseras para que salieran en televisión (¡qué nivel! son cosecha propia y ya se las ha visto en algún bar y en las pequeñas pantallas) y, por supuesto, preparar un plato de barro con olivas de las que recojo con mi hija una por una y cuidadosamente tratamos y aliñamos en esas fechas en las que, como dijera el poeta, las aceitunas aguardan las noches de Capricornio... Como antes decía, al final el arroz era lo de menos. Charlar sobre Ciudad Real y la Pandorga bien merecía este rato. Y fue muy entretenido. Tras las cámaras estaba mi hermana con una tarea concreta: hacer algunas fotos para luego plasmar esas "Conversaciones a dos metros" en el Rincón, como hoy vengo a hacer. Luego también se quedó a comer y a disfrutar del arroz, por supuesto. Comentamos alegremente el rato que habíamos tenido y Claudia se puso muy contenta porque papá iba a salir en la tele. A sus cinco años no sé qué pensaría que pasaba o si cree que soy famoso. Su mente de niña disfruta e irradia feliz con esas cosas y yo soy feliz viéndola feliz.

Lo cierto y verdad es que lo que tardó en hacer el arroz meloso hablamos de muchas cosas y Gema sacó a relucir el presente blog. Y ya lo dije y hoy lo reitero: aquí es donde mucha gente conoce mi fondo de verdad. Escribo tal cual me viene del alma y dejo caer las caricias que tanto me gustan a la tradición, la raigambre, la costumbre y la niñez. Expreso a corazón abierto mis sentimientos cuando verso sobre cofradías o el Camino de Santiago, pues son dos de mis grandes pasiones y me aceleran el pulso a su antojo. Y luego, disfruto releyéndome cuando ha pasado un tiempo, porque leer es revivir los momentos que plasmé cuando ocurrieron. En estos días todo el mundo recuerda el programa de televisión, con Gema en casa hablando de mi reciente nombramiento como Pandorgo, pero cuando pase cierto tiempo irá cayendo en el olvido y quedando en un rincón, pero no en un rincón cualquiera, en este Rincón, donde las vivencias del autor perduran y pueden volver a ser vividas. Por eso, de ese sencillo rato de cocina y charla decidí escribir unas líneas para mantenerlo vivo y que no se olvide jamás que el verano de 2022, pocos días después de haber sido nombrado Candidato a Pandorgo, antes siquiera de mi proclamación, abrí las puertas de mi casa a Gema Martín Díaz y a la televisión local, para que, mientras cocinaba un arroz, Ciudad Real entera pudiera verme y conocerme más, pues en realidad no dejo ser otro vecino cualquiera que ama su tierra, su cocina, su gente y su ciudad. ¡Saludos a todos!

jueves, 30 de junio de 2022

Y CARLETES FUE PANDORGO

Sería el año 1987, aproximadamente, recién iniciado el verano, cuando estaba en casa de la Lela, mi abuela Carmen, jugando con Coco, el perro que más paciencia ha tenido conmigo por las travesuras que le dispensaba. Me dijo que teníamos que ir a hacer un recado a comprar. Yo tenía seis años de edad y aunque en la escala de nietos no era el mayor, pues Andy me saca unos meses, para la Lela yo era "su nieto", el nieto, sin más. Siempre conmigo y yo con ella. Venía a verme al colegio en la hora del recreo y me llamaba a voces desde la reja del patio para que me acercase. O en plena calle gritaba mi nombre, frente a casa de mis padres, para que me asomase al balcón. Por entonces ni habían nacido el Tormento, ni mis primas Julia y Marina. Aquel día me cogió de la mano y me llevó a la tienda de ultramarinos que tanta esencia dejó en esa bendita esquina de la calle Calatrava con Cardenal Monescillo, frente a la Plaza de la Virgen de las Lágrimas. La regentaban Carmen y Elisa, quienes sean muy de Ciudad Real y tengan ya algunos años, las recordarán bien. ¿Cuántas barras de pan, legumbres al peso, hortalizas, bacalaos en salazón, conservas de atún, encurtidos y chucherías no habrían vendido en el Barrio del Perchel? Allí nos encontrábamos cuando llegó Pablo Romero, uno de los hijos de Carmen, la dueña de la tienda. Yo era un crío y escuché la conversación. Recuerdo aquellas palabras entre mi abuela y Pablo: "-¿Este año también lo vas a llevar? -¡Pues claro! Como siempre. A ver a la Virgen, a ver los bailes, a disfrutar de la fiesta. -Carletes algún día será pandorgo. -Por supuesto. Y me hará muy feliz". Mi abuela sonreía y me acariciaba el pelo.

-Lela, ¿quién era ese hombre que te ha dicho que si me vas a llevar al Prado? -Es Pablo, el pandorgo del año en que tú naciste. -¿Qué es un pandorgo? -Algún día lo sabrás, ¡venga!, que tenemos que volver a casa y en unos días será la Pandorga. Ahí te explicaré las cosas. ¿Tienes tu pañuelo de hierbas preparado?- Se me iluminaba la cara porque ir con la Lela a la Pandorga era muy especial. Lo malo era el rato de calor que tenía que pasar esperando sentado en las sillas que ponían en el Paseo del Prado hasta que los grupos regionales empezaban a bailar. A mi abuela le gustaba estar en primera fila y "me usaba" como guardador de las sillas, mientras ella charlaba con su amiga Anselma y se tomaba algún vaso de limoná y se comía alguna fruta de sartén típica manchega, como flores, barquillos o borrachuelas. Grupos de bailes venidos de diversos pueblos cercanos (y no tan cercanos) ofrecían a la Virgen del Prado frutos de la cosecha estival y flores. Luego, en el tablón elevado que hacía la suerte de escenario, danzaban y bailaban a los pies de la Catedral. Yo disfrutaba viendo todo aquello con mi pañuelo anudado al cuello y de la mano de mi abuela, hasta que venían mis padres a recogerme. Era feliz y no lo olvidaré jamás. Aquellas fueron mis primeras pandorgas.

Han pasado tres décadas y media. La Lela ya está con la Morena del Prado y ve los toros de fuego desde el Cielo. Entre tanto tuvo tres nietas y siguió anudándome el pañuelo, mi pañuelo, el de la raya roja (de los que hace más de veinticinco años que dejaron de fabricarse y que guardo en casa como un tesoro) hasta que yo ya fui algo mayor y me lancé a la Pandorga por mí sólo. Comencé a hacer limoná con mis amigos en los Jardines del Prado, ¡qué años aquellos! Siempre miraba de reojo a la Catedral y el 31 de Julio era un día esperado y grande. La Lela ya barruntaba la fecha desde la Verbena del Carmen, a la que me llevaba también de niño a ver la procesión y comerme una berenjena de Almagro, su pueblo, del que tanto hablaba siempre. Siendo mozo le gustaba verme en la Ofrenda de la Virgen de la propia Pandorga. Luego empezó a estar mayor y yo era adolescente y ni ella podía estar horas sentada en las sillas, pasando calor para ver los bailes regionales, ni yo tenía ganas de ello pudiendo estar alternando en los chiringuitos. Los años, el tiempo, la vida... Pero la Pandorga ya era parte de mí. Me gustaba interesarme por saber quién era el Pandorgo de Hogaño, estar en su proclamación y ver el desfile de aquellos hombres, guardianes de la tradición y mantenedores de la costumbre, vestidos de negro, sonrientes y felices. "Carletes algún día será Pandorgo" le había dicho uno de ellos a la Lela cuando yo era niño...

Y llegó el año 2015 y lo decidí. Supe que, efectivamente, quería ser Pandorgo. Amo Ciudad Real, sus tradiciones, sus costumbres, sus leyendas, sus rincones, sus gentes y quería ser uno de esos hombres que hacen gala de ello y mantienen viva la fiesta más importante de la ciudad en la que la principal protagonista es Nuestra Patrona, la Virgen del Prado, a cuyos pies me inculcó mi abuela el querer a nuestra tierra. Marqué como meta el año 2020 para presentarme a pandorgo y empecé a soñarlo. Mi abuela, ya muy mayor, me decía que le trajera una niña y que fuera pandorgo. Era su ilusión. En el verano del 2016 marchó hacia el Camarín eterno, allí donde habita la vecina más antigua de Ciudad Real, la de los ojos azules que baja al altar mayor cada víspera de San Lorenzo a la puesta del sol y que tiene en sus brazos al Niño Jesús, al que mi abuela tanto quería desde los tiempos de la post guerra y ahora ya puede jugar con Él. Se me fue la Lela pero el guión ya estaba escrito. Mi mujer estaba embarazada de una niña, mi hija Claudia y yo, antes o después, iba a ser Pandorgo. Lloro al escribir estas líneas, pero cuando la Lela marchó, su anciana mente que ya apenas retenía datos, hizo un esfuerzo y supo de mi boca que su nieto iba ser padre y pandorgo. Sonrió felizmente, me miró con sus ojos grises y dos días después los cerró para siempre. En el año 2017 nació Claudia, la niña que mi abuela quería y que ya no conoció. En el año 2020 explotó la pandemia y no pudo ser. El resto ya lo sabéis. Este año 2022 he sido nombrado candidato oficial. El 31 de Julio seré Pandorgo. Pablo, ya está aquí Carletes. Lela, lo hemos hecho. ¡Viva la Virgen del Prado!

lunes, 30 de mayo de 2022

Y EL MADRID, ¿QUÉ? ¿OTRA VEZ CAMPEÓN DE EUROPA?

Era el año 1994 cuando se hizo famoso un anuncio de televisión en el que un señor mayor, cabrero, en una aldea perdida decía la frase "Y el Madrid, ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa?", haciendo alusión a las seis Copas de Europa que ganó en los años 50 y a que a su aldea no llegaba la evolución, la actualidad, ni las noticias. Esa frase se hizo viral y más en aquellos años en los que se anhelaba por el madridismo volver a ganar la máxima competición continental a nivel de clubes y, más aún, desde que el formato de la competición cambió. Bien, pues a día de hoy, Majaelrayo, pequeña localidad de Guadalajara donde vivía el entrañable cabrero, ya no es un lugar recóndito donde apenas llegaba la vida o algún Mitsubishi Montero que se hubiera extraviado, sino que también llegan las noticias actuales y saben que el Real Madrid vuelve a ser, efectivamente, campeón de Europa. Y no es que lo sea flamantemente desde hace un par de días, no, es que lo ha sido desde entonces ocho veces. Llegó la ansiada séptima Copa de Europa en 1998, la octava en el año 2000 y la novena en el 2002. Doce años se tardó en conquistar la décima que cayó en el 2014 y, hoy, ocho años después, están en las vitrinas la undécima, duodécima, décimo tercera y décimo cuarta, logradas en los años 2016, 2017, 2018 y 2022. Increíble. Normal que la pregunta del anciano alcarreño esté de moda otra vez.

Peino cuatro décadas casi recién estrenadas y he visto a mi equipo ganar ocho Champios. El que pueda que empate. Así. Sin paños calientes. El que pueda que empate, repito. Claro, es que con Franco... Claro, es que con Aznar... Claro, es que Florentino... Claro, es que era fuera de juego... Claro, es que los árbitros sin var... Claro, es que los árbitros con var... Claro, es que el vino con gaseosa... Claro, es que mi tía la del pueblo... Y así. Cualquier discurso es bueno como excusa para intentar tapar lo evidente y real: 14 Copas de Europa. Y tal cosa no admite discusión, es impepinable e inapelable. Se puede buscar como ayudita a la Diosa Fortuna una vez, quizás dos, milagrosamente tres, ¿pero catorce? Podéis ir en paz y con vuestro cuento a otro lado. Y precisamente este año en los que no ha habido eliminatoria sencilla, más todavía. Os recuerdo, amigos, los cruces que ha tenido el Real Madrid en esta edición. Cuando de nuevo estabais los antis y odiadores con vuestro relato de la suerte y las ayudas nada más concluir el sorteo de los octavos de final, pues el rival que salió de la bola era el Benfica, se hubo de repetir el sorteo y quiso la ventura que el rival final fuese el París Saint-Germain. ¡Qué de risas, ¿eh?! El Madrid contra Mbappé, Di María, Messi, Neymar, Ramos, Icardi, Verrati, Paredes... ¡Hasta ahí han llegado estos suertudos! El resto ya lo sabéis, pero os lo voy a contar porque sois muy majos. ¡Ah! Entremedias de dicho resto también ganamos la liga, por si se os olvida. Y quedaban todavía cuatro jornadas por disputarse... En fin, que hoy estamos con la Champions. Sigo.

Se plantó el Real Madrid en la Galia y en un ejercicio de supervivencia total logró salir derrotado sólo por un gol en contra. No pasa nada, en el Bernabéu los funden. Y a otra cosa. Y pasó que en el Bernabéu nos metieron otro pero nosotros metimos tres. ¡Oh! Sorpresa. El Madrid pasaba el cruce con un hat trick de Benzemá que remontó la eliminatoria y la adversidad. Comenzó a llorar la llorería y las redes a llenarse de los argumentos de siempre nacidos de la envidia, la rabia y la ira. Nosotros a lo nuestro que los cuartos de final no pintaban fácil. Contra el Chelsea fue a tocar jugársela. Nos vinimos de allí con un tres a uno a favor, pero, ojito, que ya no existe la norma del valor doble a los goles metidos fuera de casa en caso de empate. Y en el Santiago Bernabéu se puso la cosa en plena Semana Santa entre flagelos y cruces. Tres cero a favor del Chelsea hasta que la bota de Modric envió una delicatessen a Rodrygo y éste metió la bola en las redes. Prórroga cuando ya los antimadridistas descorchaban el champán. Lo siguiente fue que, en el tiempo añadido, Karim culminó otra vez la remontada y el Madrid a semifinales. Vuelta a que Twitter y Facebook se llenasen de bilis que lo que hace es agrandar aún más al club de Concha Espina. Siguiente eliminatoria contra el Manchester City de Guardiola. Aquí sí que sí. Los blaugranas felones apelando a Pep: "¡Elimínalos, amado líder! A nosotros nos han eliminado de la Champions y también de la Europa League... ¡En el mismo año! ¡Pero tenemos a Pedri! Estamos a 12 puntos de ellos en la liga... ¡Pero les ganamos 0-4, tú! ¡Somos más que un club! En ti confiamos Pep, elimínalos con tu super poderoso equipo construido a base de escuela, ¡ah!, que no... que es con los petrodólares... bueno, elimínalos, Guardiolita mío". Y sí, casi. Casi de verdad. En el partido de ida perdió el Madrid por uno a cero y pudieron ser más. Y en el partido de vuelta, en el minuto 89 (de los 90 reglados) perdía el Madrid uno a cero también, en total 2-0 en contra en la eliminatoria. Quedaba un minuto más el descuento. ¿Qué pasó, queridos? Que somos el Real Madrid. Otra remontada épica y antes de que pitase el árbitro el final ya iba el marcador con un empate a dos. En la prórroga cayó el tercero y se acabó el asunto. Guardiola, el inventor y creador del fútbol, a su casa, los culés llora que te llora con él y los atléticos con sus argumentos sólidos de siempre basados en el insulto que origina la rabia cuando nada se puede objetar. El resto del mundo antimadridista planchando camisetitas del Liverpool para la final.

Y llegó el 28 de Mayo pero antes hubo traca. Justo la semana antes estallaba el final del culebrón Mbappé y los antis festejaron como un título que no viniera la temporada que viene al Madrid y que se montase ese circo mediático que también podía influir en desestabilizar al Real de su concentración para afrontar la final. Tras años de mareo con el fichaje de Kylian, éste decidió prorrogar su etapa en el PSG. Pues muy bien, cada uno elige lo que quiere. Fue un mazazo porque se daba por hecho que vendría y al final no. Risas otra vez de los odiadores que luego, como siempre, se convierten en lágrimas para ellos mismos. Las cosas del fútbol, es un toma y daca, correcto, pero algunos nunca aprenden. El Real Madrid siguió a lo suyo y no permitió despiste alguno. Se jugaba la final de la Champions, se había llegado a ella sin que nadie diera un duro por el equipo ni por la temporada, había costado mucho y había que pelearla como fuera. El Liverpool, además, el otro finalista, era un gran rival. Salah, Mané, Luis Díaz, Firmino, Thiago Alcántara, Alexander-Arnold, Fabinho... Poca broma en esos nombres. Y pitó el árbitro. Eso sí, pitó treinta y seis minutos después de lo previsto por la nefasta organización de Ceferín y sus secuaces y por la cantidad de chusma que habita en Francia a sus anchas, pero eso es otro capítulo. El caso es que el árbitro pitó en París y rodó el esférico. No voy a resumir el partido, para eso ya tenéis la prensa, cada uno la que quiera. Y lo que diré lo vio todo el mundo: Courtois, portero del Real Madrid, hizo varias veces de las suyas y negó que el balón llegase a las redes. Los que sí lo enviaron dentro y por dos veces fueron Benzemá y Vinicius. El primer tanto no subió al marcador por las cosas de diferente criterio que ocurren en la comunidad arbitral: unas veces sí y otras veces no. El segundo si apareció en el luminoso y con eso sobró y se acabó. Galopada de Valverde y el brasileño batió a Alisson. El Madrid, quizás, no sea el mejor en juego, pero es el mejor compitiendo. Y si este año ha batido por el camino a PSG, Chelsea, Manchester City y Liverpool, no hay excusa, es el mejor, sin duda. Y ya lo ha sido 14 veces. Querido jeque, querido Ceferín, querido Mbappé, querida UEFA, querido Guardiola, queridos antis todos: la copa a Cibeles, donde debe estar. Señor Klopp y señor cabrero de los años noventa, mis respetos y admiración. El Madrid otra vez Campeón de Europa.

jueves, 19 de mayo de 2022

EXCURSIÓN A ARGAMASILLA DE ALBA

Voy a decir una cosa que no creo que sorprenda a nadie: amo La Mancha. Pero hay una cosa que amo más aún y es enseñar a mi hija cómo hay que amarla. Desde que nació la hago partícipe de costumbres, tradiciones, romerías, ofrendas y todo lo que conlleve un arraigo de manchegas maneras. Tanto es así que Claudia, a sus cinco años que tiene, tiene pañuelos de hierbas impuestos por el Pandorgo de Hogaño desde el año en que nació, ya ha participado desde bebé en la ofrenda de la Virgen del Prado, en Bolaños ha salido en la procesión del Cristo de la Columna, ha visitado la Venta de Borondo, ha correteado por las cercanías del Castillo de Calatrava, ha trasnochado por escuchar cantar los Mayos, ha jugado con las estatuas quijotescas de la Plaza de Villanueva de los Infantes, conoce los entresijos más internos (y no miento) del Corral de Comedias de Almagro, ha librado "fiera y desigual batalla" con los molinos de Campo de Criptana y ha disfrutado de las Ferias de Fernán Caballero, Daimiel, Urda, Bolaños, Almagro y su Ciudad Real natal. Si hablamos de la faceta gastronómica, con lo pequeña que es, ya colabora en las conservas anuales de tomate, sopla las lumbres con fuelle, aliña aceitunas, te dice de memoria los ingredientes del pipirrana o moje manchego, disfruta comiendo migas, gachas y asadillo. Ve los paisajes y te señala la Atalaya, las grúas de Colomer y San Isidro. Y todo eso es porque le voy enseñando a amar nuestra tierra, a integrarse en ella y con sus gentes y, por supuesto, a identificarse con la obra literaria más universal: El Quijote. Y le encanta. Eso sí que le encanta. Desde los tres años recita el primer párrafo del tirón, conoce a todos los personajes, ojo, no sólo al hidalgo, su escudero, Rocinante, Rucio y Dulcinea que son los cinco elementales, no, no, también al ama, a la sobrina, a Teresa Panza, a Sanchica, al cura, al barbero, al porquero, a Clavileño, al ventero, al cuervo y, por supuesto, al galgo corredor.

Y, es por ello, que en mi afán de seguir recorriendo La Mancha con ella y verla feliz, le dije a Gemma que me había enterado que en Argamasilla de Alba (que bien pudo ser "...un lugar de la Mancha de cuyo nombre...") habían puesto hace un tiempo dos figuras de Don Quijote y Sancho Panza inspiradas en los dibujos animados que Pepe Romagosa nos regaló hace más de cuarenta años y que quería hacer una excursión para que Claudia los viese y jugase y, además, todo sea dicho, visitar de nuevo la Cueva de Medrano donde estando preso Miguel de Cervantes ideó y empezó a escribir las aventuras de Don Quijote. Yo llevaba muchos años sin ir, Gemma no había estado jamás y a nuestra niña Claudia le encantaría la sorpresa de sentarse en el sitio donde Don Miguel, pluma en mano y candil a la vera, comenzase a escribir el libro más vendido y traducido del mundo. Así se forjó la excursión y estuvimos toda la semana desde que se lo dije, aguardando la llegada del Domingo por la mañana para ir a Argamasilla de Alba e impregnarnos otro poquito más de nuestra amada Mancha y su cervantina y quijotesca historia. Teníamos muchas ganas e ilusión y Gemma estaba también contenta pues hacía tiempo que no íbamos los tres solos a disfrutar de una aventura por estos lares que tanto amo.

Llegó el día y allá que fuimos. Claudia estaba muy contenta y sólo por verla ya merecía la pena todo. Gemma, en su papel de madre y excursionista, preparó una mochila con picoteos, refrescos y agua, como si fuésemos a un lugar que estuviera a varias horas de viaje y tuviéramos que ir matando al gusanillo cada equis tiempo, aunque en realidad lo hizo porque le gusta que si el viaje se denomina "excursión" tenga tal carácter. Y una excursión sin mochila y patatas fritas no es excursión. En fin, puse en el navegador la dirección exacta de la Oficina de Turismo de Argamasilla de Alba y salimos. Nos aguardaba una buena mañana de disfrute y conocer lugares ligados a nuestra historia. Claudia quería ver los "muñecotes" de Quijote y Sancho pues le había contado que era como los que vemos en la televisión de casa y las figuritas que tenemos en la estantería y tengo yo en el despacho pero grandes y que nos haríamos fotos con ellos. Estaba deseando verlos y me contagiaba a mí las ganas. Y fue una mañana de disfrute y vimos todo lo que queríamos y jugamos a ser quijotes y dulcineas que comían duelos y quebrantos. Lo único que tuvimos que descartar fue ver la casa del bachiller Sansón Carrasco, pues la están construyendo de nuevo y, aunque la están recreando tal cual era, no queda resto de lo que fue y se encuentra en plena edificación así es que es como visitar cualquier obra en construcción, echarle imaginación y pensar cómo fue y cómo será.

Ni que decir tiene que nada más llegar al pueblo se respira ese aire manchego que tanto nos gusta a las gentes de aquí. Los modos, las costumbres y las maneras desprenden formas quijotescas por donde vayas y rápidamente se ven estatuas, bustos, imágenes y pinturas por cualquier calle o plaza de los protagonistas del libro que allí se ideó y comenzó a fraguarse a través de la mente y mano de Cervantes. Y esto sí que es impepinable por más que los hispalenses digan que fue durante su cautiverio en la Cárcel de Sevilla cuando inició a redactar su gran obra. No está demostrado en modo alguno. Y, además, no ha de pasarse por alto la figura de Rodrigo de Pacheco, hidalgo de ojos espantadizos y largos bigotes, aquejado de locura, quien, sin duda, por el parecer tanto físico como psíquico debió ser inspiración de Don Miguel para el personaje de Don Quijote, resultando que, no sólo fueron coetáneos, sino que además, vivía en Argamasilla de Alba y fue precisamente él quién ordenó que se encarcelase a Cervantes en la Cueva de Medrano (que en realidad no era cueva ni prisión, sino la subterránea bodega de la vivienda). Todas estas cuestiones encajan más que las suposiciones sevillanas acerca de la cuna del Quijote. Maravilloso estar de nuevo en la Cueva de Medrano y explicarle mil cosas a mi niña Claudia. Pero id, amigos. Id y disfrutad in situ de estas cuestiones, de nuestras raíces y nuestra génesis, mientras pasáis un rato agradable. Id a visitar los lugares de La Mancha. Y amadla, amadla como yo lo hago.

lunes, 9 de mayo de 2022

¿ROMERÍA? ¡HOMBRE, POR SUPUESTO!

Faltaría más. A ver si van a volver el fútbol, los toros, el carnaval y la Semana Santa y no va a volver la fiesta popular por antonomasia en cada paraje: la romería. No podía ser de otra manera. Aquí no caben medias tintas, ni grises. Es o todo o nada. Y en España nos gusta que sea todo. Y en La Mancha os podéis imaginar. Todo, todico, tó. Ha habido romería a la vieja usanza, con sus chozos, sus corros, sus lumbres, sus calderetas, sus chuletas y todos sus avíos. ¿Y con el gorro feo? ¡Por supuesto! ¿Y con minis de calimocho? ¡Claro! Si no, no es romería. Sigo sumando años pero la esencia es la misma. Me adapto a los momentos pero hay cosas que nunca cambian y mi amor por las tradiciones y costumbres es invariable y cada vez más arraigada. Ya sabéis que incluso en el año 2020, en pleno confinamiento, celebré la romería encerrado en casa y a través de videollamadas, humor y ganas de pasarlo bien, salió la cosa medio redonda. No hubo lumbre ni carne asada en la parrilla, pero no me puedo quejar. No faltó el ingenio, ni las risas, ni los momentos divertidos. Y, claro está, tampoco faltó el pacharán, ni las copitas, ni los cánticos populares. El pasado año ya se avanzó más y hubo fogata y guiso campero, pero aún no regresaron los chozos y los ratos de corro en corro. Eso sí, pude ver a la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños en honor a quien se hace la romería y pedirle por la pronta vuelta a la vida que se nos había ido. Y este año hemos vuelto. Con todo. ¡Qué alegría! Esta vez sí que sí. Como siempre, como nos gusta, como la queremos.

Llegó el viernes que antecedía al fin de semana del último Domingo de Abril y me levanté ya sonriente y con ganas de lo que se avecinaba. Antes de ir al trabajo ya dejé los bártulos preparados para a mediodía salir hacia Bolaños de Calatrava, adentrarme en el Paraje de la Moheda y, una vez en los rasos de la Virgen del Monte, entregarme a la antigua y buena tradición de festejar la romería y perderme allende los cerros donde la cobertura móvil no habita, el vino peleón se derrama por los gaznates y se come con cualquiera al son de "cuchará y paso atrás". Vamos, que tenía unas ganas locas de disfrutar de aquella manera y emitir algún que otro cántico pseudo etílico cuando hubiera ingerido ya una curiosa cantidad de botellines que contarse con los dedos de ambas manos pudiera y no llegase aún a la docena, digamos que, por narices, entre seis y diez, aunque luego suelen ser más, no los dedos sino los botellines, incluso en ocasiones exceder de la docena antes mentada. Así pues, lo dicho, en llegando la hora del almuerzo fui aflojando el nudo de la corbata, me despojé del traje y la mentalidad jurídica por un par de días y puse rumbo (y rumbas en la radio) hacia el lugar que debía. Nada más llegar el gorro de siempre coronó mi cabeza y el vaso de mini se convirtió en mi fiel compañero.

Lo demás es fácilmente imaginable. Ratos buenos, risas, disfrute y alegría, entre lumbres y sartenes, todo ello conjugado con familia y amistades. Si debiera dar mi definición de romería sería esa. Y me encanta, me hace feliz y me gusta transmitírselo a mi hija y vivirlo con ella. Este año, además, ha sido especial pues Claudia no recordaba cómo era la romería con todo montado. Ha cumplido cinco años y no veía toda esa vorágine desde que tenía dos. Ha sido totalmente una novedad para ella y se lo ha pasado pipa pues, el que suscribe, entre mini y mini, la subía a los cacharritos. Se ha divertido y reía mucho viéndome con el gorro puesto. Gemma también ha sido feliz, en familia y regañándome si ya canturreaba demasiado, pero, vamos, todo en orden. El sábado por la tarde que es el rato más peligroso estuvimos juntos y si quería descarriarme rápidamente me recogía la correa. Y, para colmo, algún iluminado ordenó poner una antena portátil que dotara de cobertura el lugar, por lo que ya no podía poner el móvil en modo avión y alegar que no había red... Me localizaba sí o sí. Es por ello que desde aquí no puedo dejar de mentar a la madre que parió al antenista y al que dio la orden, pues se ha cargado la pura tradición romeril de decir "voy a por tabaco y ahora vuelvo", sabiendo que ni fumo ni voy a volver (hasta que proceda). Y ya que si lo haces, vas listo y vas listo si no lo haces, pues, leche, hágase, pero que no haya cobertura hasta que tengas a bien volver al redil y la bronca del pastor te resbale. Se me entiende, ¿no?

Y poco más que añadir. Quien me conoce lo sabe. A mí estas cositas me enamoran y he disfrutado como un guarro harto de bellotas bañándose en un charco de barro. Lo que antes decía, si ya lo disfruté en pleno confinamiento y tirando de ingenio, como para no disfrutarlo ahora que la vida vuelve a ser vida y he tenido una romería como las de antes... Pasan los años y sigo con la misma mente juvenil, con las mismas ganas de relío, con los mismos alambres de tradición y costumbre y con la misma ilusión que un niño cuando se acercan los Reyes Magos o un adolescente al llegar las fiestas del colegio. Y de verdad que me gusta y no quiero cambiar en ello. Cuando miro el calendario y veo que ya llega el último Domingo de Abril, sonrío pensando cómo se dará y con quién, porque lo que sí tengo claro es lo que haré yo mismo. Y mientras pueda, así será. Y ojo que el gorro es feo, pero duradero el puñetero. Parece ayer cuando mi amigo Narciso, allí mismo de romería, se acercó a un puestecillo y dijo "Quiero el gorro más feo que haya" ante el asombro del mercader que se meaba de risa. Atinaron ambos en ser uno en concreto, reversible y llamativo. Y me lo regaló diciendo "A ver lo que te dura". Y desde entonces ha llovido y que siga lloviendo, oiga. Pero que no me falte el gorro. Ni la alegría. Ni el vino. Ni la Romería. ¡Viva la Virgen del Monte!

martes, 26 de abril de 2022

VOLVIERON LAS COFRADÍAS

Ha sido tan precioso que no sé por dónde empezar a narrarlo. Cuando la sensación el Domingo de Resurrección por la tarde es de tristeza y agotamiento es porque la Semana Santa ha sido espléndida. Y ya os digo que más triste y más cansado no pude estar la pasada Pascua. Ha sido todo muy rápido tras una espera tan prolongada. ¡Qué chicotá más cortita después de un relevo tan largo! ¡Qué rápido se nos ha escapado de nuevo! Llegó dejándose querer, con mimo, con dulzura, como siempre había llegado hasta que en plena vorágine de la Cuaresma de 2020 se nos parase la vida. Vino como a mí me gusta, susurrando y marcando la cuenta atrás de cuarenta días y cuarenta noches que han durado sólo unos segundos, pues conforme abríamos los brazos para estrecharla ya se nos estaba escapando. Su esencia pura. Siempre le digo que no quiero que llegue, que quiero oírla llegar. Y este año ha sido así. Me ha dejado gozar de su retorno entre amigos, buenos ratos, tertulias y ensayos, todo aderezado con familia, tradición, recuerdos y buenas costumbres. Ha habido de todo. ¡La quiero tanto que ya la sueño de nuevo! Desde ya anuncio que la que venga será diferente, al menos para mí, pues los años no pasan en balde y debo cambiar el modo de disfrutar de ciertas cosas, aunque no deje de exprimir los sentimientos. Ha sido precioso, decía. Y seguramente me quedo corto. Además, egoístamente, ha sido pleno mi calendario tal cual estaba trazado, tanto aquí como en Sevilla. Una vuelta a lo grande. La merecía, creo.

Comenzó el retorno propiamente dicho, por llamarlo así porque jamás nos fuimos, con mucha ilusión y ganas. Y con una sorpresa en forma de llamada telefónica. Pensaron en mí para ser el presentador y pregonero del XXIV Acto de Exaltación a la Saeta. Me encanta el atril para poner voz y sentimiento a las miradas que lo contemplan. Disfruté mucho en la vecina localidad de Miguelturra haciendo disfrutar a quienes tuvieron a bien de asistir a escucharme, deleitarse con la saetera invitada, Alicia Notario, antigua compañera de Universidad y a saborear las marchas que interpretó la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Piedad. Fue una tarde-noche preciosa y preludio del Domingo de Pasión, cuando se abre la puerta ojival de San Pedro y la primera de las procesiones de vísperas anuncia la Gloria que está por llegar. Había llegado a este punto agotando una Cuaresma como la de antaño, cargada de emociones dispares y con las agujas del reloj volando. Su quinto Domingo volvió el Nazareno a pasear por las calles y Ciudad Real entera se echó a las calles. ¡Qué bonito todo! Los reencuentros, las miradas, los abrazos, las sonrisas, las lágrimas, la vida. Volvíamos a la vida los cofrades. Casi sin darnos cuenta amanecía el Viernes de Dolores y el Perchel se engalanaba para su día grande. Me gusta ser perchelero. Me gusta mucho. Día azul y plata con banderolas en los balcones, torrijas en las cocinas y la Plaza de Santiago reluciente. La Dolorosa en su palio volvía a hacer latir el corazón del barrio y ya estaba todo consumado para que llegase la Semana Santa. Se acabaron las vísperas.

Y, por fin, Domingo de Ramos. El desborde de sentimientos y alegría se trasladaba a las caras de la gente. No he visto más emociones en los rostros que este año. ¡Cuánta falta nos hacía a los cofrades volver a pasear la fe! Las miradas de nuestros mayores clavadas en el rostro de María, las sonrisas de los niños, mezcladas entre la admiración y la novedad, al contemplar cómo anda un misterio, los rostros callados y hablando por el corazón de los costaleros... ¡Qué bonito ha sido todo! Volví a ver en mi Ciudad Real natal donde la Semana Santa empieza. A las 12 del mediodía del día más esperado del año para nosotros, me encontraba en la calle Ramírez de Arellano y vi salir la Borriquilla. Ya estaba la primera en la calle. Mi traje puesto, algo de estreno en el Domingo de Ramos por aquello de no quedarse sin pies y sin manos, la mariquilla de la Macarena en la solapa y el pecho lleno de orgullo. Aquí estamos de nuevo, en las calles huele a incienso y suenan marchas en la Semana Grande. Vi la cofradía en varios puntos y me fui a casa de mis padres a vestirme de costalero con la misma ilusión que hace más de dos décadas y media cuando empecé en el oficio. Por la tarde volví a pasear al Rabí de la blanca túnica que viene desde Los Ángeles ante un olivo Cautivo en su Prendimiento. ¡Que derroche de oficio costalero y qué manera de cerrar el día! ¡Cuántas sonrisas y cuántos abrazos! Y Santo Tomás de Villanueva, claro. Mi familia.


Lunes Santo de Vía Crucis de oración. Allí estuve de nuevo, con mi padre, como cuando era niño. Los dos entre el gentío acompañando al Cristo del que él es hermano. Incluso pude llevarlo un ratito sobre el hombro. Con la negrura del día amenazando agua volví a casa y amaneció el Martes Santo, lleno de Esperanza en el Barrio del Pilar y con silente racheo carmelitano en la Hermandad de las Penas. La lluvia no se atrevió a romper el sueño de los despiertos. Le prometí al Señor llevarlo de nuevo en mi cerviz cuando me necesitó. Y tras no poder despedirme de su zanco izquierdo hasta este año, lo hice como Él dispuso: de mármol a mármol, en argot cofrade. Ahí quedó, cansado y sonriente a descansar. Llegó el Miércoles Santo. Palabras mayores. La Bondad de Dios en las calles y el Consuelo de su Madre bajo palio. ¡Qué maravilla! Volver a la vida, volver a llevar en mi costal la cara que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro. Sin palabras lo que vivo ahí debajo. Una mezcla de lágrimas de recuerdos, presentes y porvenires me recorrieron el alma. Agotado cerraba el que viene siendo mi día grande desde que era pequeño. Y me quedaba algo sublime...

Enorme fue el verla de nuevo y llorar al tenerla cara a cara. ¡Te echaba de menos, Macarena! El reencuentro con mi querida Sevilla llegó el Jueves Santo a mediodía. Fui raudo y veloz a Santa Catalina a iniciar la jornada. Mayoría de edad se cumplía desde que la Exaltación no salía desde su templo y este año volvía a ser realidad. Allí empecé el disfrute de ese día. Tras ello fui viendo el resto de cofradías entre amigos, familia y tradición. Y llegó la noche... La Madrugá. Gran Poder y Macarena en las calles. Y con eso basta para mí. ¡Qué grandeza veros de nuevo! El Viernes Santo no pudo ser más radiante. Despedirme del Señor de la Sentencia y de la Esperanza en ambiente puro macareno, rodeado de alegría, comerme el tradicional bacalao con tomate y empezar la tarde-noche del día más romántico que tiene la Semana Santa disfrutando de cofradías con las que sueño todo el año. Inmejorable. Por supuesto, no faltó el pescaíto frito y se cumplieron las usanzas. Sábado Santo de contrastes y viejos reencuentros. Es una jornada peculiar pero bien disfrutada. Y, entre tanto, Don Joaquín en su Soledad. Fieles a la cita estuvimos ambos. Culminó todo el Domingo de Resurrección despidiéndome de la Virgen de la Aurora entrando en la Catedral y disfrutando luego de una preciosa chicotá del Señor de la Vida a los sones de Salud para los Enfermos. Inolvidable la Semana Santa vivida por muchas cosas. He sido tremendamente feliz. ¡A la Gloria!