martes, 17 de abril de 2018

NIÑOS Y PEREGRINOS

Yo no sé quién disfrutó más, si los niños viendo la llegada de dos peregrinos a su cole o los dos peregrinos hablando del Camino a los niños. Lo que si sé es que todos disfrutamos lo que no está escrito. La historia comenzó cuando María Eugenia, amiga peregrina con la que coincidí en uno de mis múltiples caminos en el tramo de Sarria a Santiago por el Camino Francés (siendo el mismo la primera vez que ella recorría la Ruta Jacobea y aguantando mis monsergas de que el Camino más atrás es diferente y bellísimo), profesora en el Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel, me pidió si podía asistir un día al centro y hablar con sus alumnos del Camino de Santiago ya que era uno de los temas que se debían desarrollar en la docencia acerca de la Edad Media y lograr de los niños una motivación hacia el propio Camino. Serviría de estudio, de actividad y de animación a la vez. Yo, al ser autónomo, dispongo de ciertas libertades en mi horario laboral, libertades que luego me suponen trabajar un Domingo, un día festivo o hacer turnos de guardia de 24 horas, las cosas como son, pero libertades al fin y al cabo que me permiten amoldar mi tiempo siempre que el Juzgado no me lo impida, a poder escaparme de mi trabajo de abogados un Viernes por la mañana y hacer actividades como la que hice. Por eso acepté. Por eso, porque me lo pidió una amiga y peregrina, porque me sentí enormemente agradecido porque contara con mi persona para ello y porque los mayores beneficiados eran los niños. Estaba claro. Y allá que me presté.

Debía explicar mediante un teatrillo a los alumnos el por qué del Camino de Santiago, cómo surgió, como pervivió, por dónde pasa y cuáles son los principales caminos a día de hoy, de modo tal que los niños aprendieran todo ello y además llegasen a casa con la motivación de querer hacer ellos mismos el Camino. Y debía hacerlo con una ambientación medieval de peregrino antiguo y contarles también cosas de la actualidad. Así es que se me encendió una bombilla ilusionante. Mi padre había sido, como dice el refrán, cocinero antes que fraile, en el sentido que en realidad hubo sido maestro de escuela antes que abogado. Y además conoce el Camino igual de bien que yo. Era la persona idónea para explicar a los niños muchas cosas de la Ruta Jacobea. Así pues, iríamos los dos: él vestido de peregrino antiguo y yo de peregrino actual. Se lo dije a María Eugenia y le encantó la idea. En todos crecía la ilusión por la tarea a realizar. E insisto: los niños serían los verdaderos protagonistas. Estarían en su cole aguardando la llegada de dos peregrinos, uno del medievo y otro de los tiempos que corren, escucharían de ellos vivencias y aventuras y podrían hacerles preguntas, hacerse fotos con ellos y aprender muchas cosas de esos caminantes que aman y siguen las flechas amarillas...



Preparamos con mil amores las indumentarias precisas. De hecho yo mismo me llevé las mismas ropas que uso cuando hago el Camino, el sombrero, la mochila, las desgastadas botas y el bastón. A mi padre le hicimos con fieltro marrón un sombrero típico de peregrino de antaño con su vieira en el frontal, nos dejaron una capa marrón, un bordón con su calabaza y todo y un curioso bolso cuadrado y marrón hacía la suerte de zurrón donde los antiguos caminantes llevaban sus escasas pertenencias. Con algo de imaginación suplimos el resto de carencias en las vestimentas que pudiéramos tener y la alegría y el entusiasmo por la tarea encomendada hizo el resto. Improvisamos un teatrillo que contuviera de todo lo que había que explicar a los niños e ideamos un juego de intervenciones en los que los dos peregrinos nos preguntásemos el uno al otro cuestiones del Camino en la Edad Media y en los tiempos actuales para que, a la vez que los niños aprendían las diferencias y los distintos tipos de peregrinos de ayer y de hoy, fuesen aprendiendo también cómo ha ido evolucionando el Camino de Santiago y supieran que hay varios caminos que llegan a la mismísima Plaza del Obradoiro, conocieran la existencia de los antiguos hospitales y los albergues y cómo son hoy en día, supieran los requisitos necesarios para obtener la compostela y disfrutasen con algunas vivencias, experiencias y leyendas de la mágica Ruta Jacobea que puede seguirse incluso guiándose por las estrellas.


Lo mejor fue enseñar y explicar a los niños los valores del Camino y que centrasen su atención en recorrer el mismo por la experiencia y el aprendizaje y no por obtener la compostela. De hecho me reservé dos cuestiones importantísimas que sabe todo peregrino y que a su vez se aprenden en el Camino, con la esperanza de que alguno de los niños y niñas a los que tuve el enorme placer de hablarles lo descubran por sí mismos en algún tramo del Camino: que es mucho más bello recuerdo la credencial repleta de sellos de distintos lugares que la ansiada compostela y que el saludo más internacional entre todo peregrino es ¡Buen Camino! Parecen evidencias pero es precioso descubrirlo por uno mismo. Confío en que cuando realicen el Camino de Santiago ellos mismos aprendan a decir ¡Buen Camino! a todos y que disfruten del propio tránsito sin buscar en el mismo como objetivo el conseguir la compostela sino que bañen sus pies en las frías aguas de Ribadiso da Baixo, que coman cocido maragato en Astorga, que en plena subida a O Cebreiro en un mes de Agosto paren a refrescar su cabeza sin prisas en la fuente de la Faba, que recuerden con cariño Hornillos del Camino y su peculiar hospitalero y que conversen en un inglés improvisado y bastante erróneo con algún peregrino americano mientras bajan el Alto del Perdón...
Y espero que años después cuando revisen su credencial, detengan la vista en un sello de algún bar de un pueblecito por ahí perdido por Castilla y recuerden que el pincho de tortilla que se comieron allí fue un manjar en aquella calurosa etapa. Deseo que si algún día cuando hayan crecido han de hablarle del Camino a otros niños, como yo lo hice, no se lleven la compostela sino que se lleven credenciales llenas de recuerdos, como las que nosotros les enseñamos. Quiero que cuando esos niños que me miraban extasiados con los ojos bien abiertos y los oídos agudizados deseando escuchar más y más vivencias caminen siguiendo flechas amarillas, saluden con un cariñoso y entrañable ¡Buen Camino! a un peregrino del Congo, que no hable su idioma y que no lo hayan visto nunca jamás antes en su vida pero sepan que tan sólo es un peregrino de la vida más, igual que ellos. Quiero que a los pequeños que con tanto amor presté mi bastón, mi sombrero y mi mochila les haya inculcado el verdadero Camino: el de la vida. Sólo entonces la más bella etapa que he realizado obtendrá su compostela.
Dejad que los niños se acerquen a mí. Soy yo quien aprende de ellos.


 Gracias al Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel (Ciudad Real) 
y a su profesora María Eugenia 
por hacer posible esta preciosa etapa de un camino sin igual.

viernes, 6 de abril de 2018

MÁS DE 100.000 VISITAS

Jamás de los jamases imaginé que algún día haría un blog. Jamás de los jamases imaginé que me empeñaría en mantenerlo pues es parte de mí, de mis vivencias, de mis memorias y de mis sentimientos expuestos abiertamente a quien quiera leerlos y eso conlleva que pueda ser alabado o criticado. Jamás de los jamases imaginé que tanta gente leería mis líneas. Y jamás de los jamases imaginé que llegase a tener más de cien mil visitas en este humilde Rincón, en concreto 100.864 ahora mismo. Ya no sé si me abruma, me sorprende, me halaga o me asombra haber recibido tal número de lectores a mis entradas o si la sonrisa de bobo que asoma a mi cara es porque inconscientemente consciente he logrado el fin que propuse cuando construí el Rincón de mis Pasiones: disfrutar y hacer disfrutar. En todo caso, una sola palabra de siete letras es lo que soy capaz de expresar tras estos años y estas cifras: GRACIAS.

Todavía no sé como he caído en la obligación moral de mantener el blog por vosotros y no por mí, pero es maravilloso pues me hace sentir querido. Me explico. Si a alguien le interesa continuar con la libre expresión de sentimientos y el plasmar sus recuerdos en líneas es a mí, pues tiempo después me resulta precioso volver a releer algunas entradas y revivir los momentos que cuento en ellas y rememorar los sentimientos que se me despertaron en esas vivencias. Sin embargo sé que muchos esperáis alguna entrada en el Rincón para degustar conmigo el amor por las cofradías, compartir un chiste en torno a la hoguera en una romería, debatir de fútbol con sus más y sus menos, empaparos de mi enorme afecto al Camino de Santiago, simplemente leer alguna de las curiosidades, leyendas o historias que cuento de vez en cuando o disfrutar de esos ratos y cositas cotidianas que forman el más puro día a día y dan lugar a la historia de nuestra propia vida. Y como sé que lo hacéis, el leerme digo, porque así me lo decís y porque si no las famosas más de cien mil visitas no tendrían lugar, me siento en la obligación de mantener el blog, además de por mí, por todos vosotros que sois, como he dicho infinidad de veces, los que hacéis grande este Rincón. Soy consciente de que al escribir en un blog, como al principio decía, se abran al público mis narraciones y eso conlleve pros y contras pero viendo el respaldo obtenido me alegra el hacerlo y me anima a mantenerlo. ¿Otras cien mil visitas por delante? Vamos allá. Ya llegarán... Espero.

Y por ello mismo os debía esta entrada que gira en torno únicamente a daros las gracias por aguardar mis escritos, por leer los mismos, por visitar este espacio y por hacerme sentir que es útil. Es genial sentir respaldo a una empresa iniciada que no sabes cómo avanzará y, aunque el trabajo sembrado garantiza cosecha para uno mismo, se agradece la confianza del resto de agricultores. Bien está que el blog es por y para mí pero un blog sin público y lectores sería algo ridículo. Para eso escribiría un diario y no compartiría con vosotros mis líneas e impresiones. Y es por ello que aun sabedor de que el éxito de mi "periódico de internet" (como decía mi abuela) depende de mí mismo y lo que en él publique, sois vosotros quienes lo hacéis funcionar y lo mantenéis. Prometo seguir versando sobre cofradías, arte, cultura, fútbol y curiosidades de la vida en general. Prometo seguir ilustrando a mis vecinos en nuestras historias, tradiciones y costumbres. Prometo seguir contando aventuras del Camino de Santiago y amando al mismo en todo su ser. Prometo seguir expandiendo la Mancha y ser un Don Quijote coetáneo ejemplar. Prometo seguir manteniendo por mí y por vosotros el Rincón de mis Pasiones. ¡¡¡Gracias!!!

miércoles, 7 de marzo de 2018

DESCONTANDO DÍAS PARA LA GLORIA

"Todo pasa y todo llega, nazareno del Amor. La vida no es más que un seise al que le cambia la voz..." Esas palabras todavía flotan por el escenario del Teatro Quijano desde aquel pregón que se pronunciase y me dejase marcado que en la vida cofrade, como en la real, el tiempo pasa y no vuelve y hay que disfrutarlo paso a paso como buen costalero. Por ello cada Cuaresma como vengo haciendo desde hace ya años, descuento día a día los que quedan para la Gloria dando el pistoletazo de salida de la anhelada cuenta atrás el mismo Miércoles de Ceniza en el que quedan cuarenta días y cuarenta noches, pero ¡qué cuarenta días y qué cuarenta noches! Y, si bien, desde que llegase al mundo mi niña Claudia no puedo asistir a todos los eventos que quisiera por razones obvias y porque ella se merece todo el tiempo del mundo, siempre guardo para mí ratitos de esos que me gustan en los que el aroma a pregones, costales y ensayos se elevan como vaharadas de incienso dentro de mi ser. Y este año, por supuesto, no iba a ser menos. Y aquí ando "cuaresmeando", disfrutando de palabras salidas tras los atriles, de levantás potentes y de costales nuevos cargados de ilusión.

Y parece ayer cuando comenzó una nueva cuenta atrás y ya hemos consumido más la mitad de la misma. Apenas una veintena de días nos separan de la rampa eterna del Domingo de Ramos que da comienzo a lanzarnos, otra vez, sin fin ni escapatoria, a una semana que cuenta el tiempo al revés consumiendo a su vez una Cuaresma que ha sido preludio de esa misma Semana Grande que se convertirá, nuevamente y cerrando el círculo de nuevo, en el proemio de otra cuenta atrás que arrancará el Miércoles de Ceniza venidero. Y así sea per saecula saeculorum. Vamos, en román paladino, que para los cofrades no deje nunca de reanudarse el bucle que nos apasiona y enlaza Miércoles de Ceniza, Cuaresma y Semana Santa, sabiendo que para nosotros, los jartibles, es Cuaresma todo aquel día del año que no está dentro de la Semana Santa. Y aquí seguimos. Descontando días para la Gloria y saboreando las intensas vísperas y preludios que nos depositarán en ella.
En estas fechas mi agenda se aprieta y no faltan citas a ensayos, pregones, tertulias, diversos actos de culto y compromisos. Vuelvo a los micrófonos de Onda Cero Radio con el programa Paso a Paso, vuelvo a pasar Domingos enteros fuera de casa por tener ensayo de costalero por la mañana y por la tarde, vuelvo a robar tiempo a mi familia para asistir a eventos y vuelvo a jugar con la paciencia de mi mujer en estos cuarenta días que para ella son el año entero. Los jartibles somos así. Podemos estar en Agosto en la playa y andar con la toalla como si fueran las bambalinas de un palio. Eso sí, nunca, nunca, nunca dejamos de evocar momentos preciosos e íntimos ya ocurridos o soñar con los que están por venir. Para nosotros el tiempo consta sólo de dos fases: "Esto acaba de terminar" o "Esto ya está aquí". Y en ambos períodos hablamos de cofradías. "Esto acaba de terminar" sirve para revivir todo lo pasado y soñar con lo vivido y abarca los meses de Abril, Junio, Julio, Agosto, Septiembre y Octubre. Y conforme comienza a olerse la Navidad llegamos al "Esto ya está aquí" que sirve para desear lo venidero y vivir lo soñado y conlleva los meses de Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero y Marzo. Y es que esto (la Semana Santa) ya está aquí (y de verdad). Mirad el calendario y planchad la túnica que os pilla el toro.



Y mientras tanto yo a lo mío. A disfrutar, a escribir poemas, a soñar pregones y vivencias, a entrevistar a gente en la radio, a debatir sobre cofradías, a tomarme algo con los amigos en la Casa Hermandad, a charlar con mis capataces, a degustar y paladear el proemio de los días mágicos que están por venir, a soñar con perderme por las calles de Sevilla, a anhelar el bacalao con tomate, a cocinar espinacas con garbanzos, a preparar almíbar de torrijas, a encender carbón para el incienso, a escuchar marchas de palio, a desear el Domingo de Ramos, a aguardar el Miércoles Santo, a imaginar el bamboleo de la blanca túnica del Rabí, a disfrutar otra primavera con el Señor de la Bondad, a querer que la Salud y el Consuelo nos cojan de la mano, a preparar un nuevo Martes Santo de una manera que llevo sin gozar muchos años, a entregarme al tintineo de cinco verdes esmeraldas donde habita la Esperanza, a encogerme por el silencio y el frío de la Plaza de Gavidia cuando el Gran Poder vuelve de recogida, a comerme un cartuchito de adobo o dos de la Freiduría La Isla, a coincidir donde siempre y con los de siempre en la esquina de Zaragoza con Doña Guiomar y a terminar toda la vorágine repetida y deseada en las puertas de Santa Marina. Y, por supuesto, a inculcar a mi hija los valores y la felicidad de ser cofrade y a inundarme de su carita de inocencia cuando ve la pasión de su padre. ¡¡A la Gloria!! Ya queda poco...

lunes, 12 de febrero de 2018

LEYENDA DE CASA LABRA

Hace algún tiempo, en uno de los viajes que me surgen a la capital del país, descubrí un lugar de solera que seguramente sea bien conocido por muchos pero que yo ignoraba de su existencia: el bar-restaurante Casa Labra. Me sorprendió hallar junto al Corte Inglés de la Puerta del Sol una taberna más que centenaria que esconde en sus muros una verdadera leyenda, una historia real que, esta vez, es desconocida para mucha gente. Y es que las cosas son como son. Casa Labra es muy conocida desde hace muchos años por sus sabrosas tajadas de bacalao, especialidad del lugar, de las que se dice que son las mejores del mundo. Pero no es tan conocida (aunque también debiera) por ser un sitio íntimamente ligado a la historia política de nuestro país. Así es, en Madrid, calle Tetuán Nº 12, llevan sirviendo tapas de bacalao desde el año 1860 y eso perdura y son muy famosas. Y en ese mismo lugar, en el año 1879, se fundó "clandestinamente" el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Y este dato muchas personas lo desconocen y mientras degustan una tapa de pavías de bacalao o atún con tomate ignoran la historia que los contempla y no saben que están en un lugar protagonista de la propia historia política de España.

La taberna conserva tanto en su fachada como en su interior la decoración de hace más de un siglo y mantiene, a la vieja usanza, el servicio separado, de modo que la comida se pide a través de una especie de taquilla con mostrador y la bebida en la barra. No dejan de salir de la cocina tajadas de bacalao frito, croquetas también de bacalao y buenos platos de tacos de atún. Y de beber sirven cañas de cerveza, vino de Valdepeñas y un exquisito vermú de grifo. Es de reseñar un gran espejo de época donde se aprecia una leyenda que reza "El que bien bebe hace lo que debe" cuyo mensaje ha de ser interpretado como la obligación de abonar lo consumido. En el interior del local existe un comedor donde se sirven "las recetas más clásicas de bacalao junto con alguna más innovadora". Y en cuanto a la decoración estrictamente dicha se aprecian mesas de mármol, mostrador de cinc, ventiladores en el techo, lámparas de la abuela y un aspecto generalizado intacto de hace más de ciento cincuenta años. En la fachada conserva la decoración estética que siempre tuvo.


Casa Labra es entrañable puesto que de más de las 1.500 tabernas que hubo en Madrid en aquellos tiempos, ésta ha pervivido y se ha mantenido prácticamente intacta hasta nuestros días. En sus servilletas puede leerse la historia de esta más que centenaria taberna. El texto dice así: "Estimado cliente: Existían más de 1.500 tabernas en Madrid en el año 1.900 para una población de 840.000 habitantes. Sólo en esta calle de Tetuán junto a Casa Labra éramos tres tabernas. Madrid nos ha premiado y la historia nos contempla. Hoy en día apenas somos una docena para dar testimonio de una cultura y una forma de vida tradicionales de esta villa y corte y que constituyen una gran parte de las señas de identidad de esta acogedora ciudad que es el Madrid de todos los españoles. Gracias. Bienvenido a ésta tu casa. Teresa Hernández". Cuando llegas al local y ves a los ciudadanos de hoy en día en un áurea fielmente conservada aprecias una curiosa escena. La gran mayoría del público acude al reclamo del bacalao, sobre todo en barra y en las mesas altas que se instalan a pie de calle, pues lo que es el comedor cuenta con escasas mesas que se encuentran entre paredes forradas de madera y espejos donde se pueden comer delicias gastronómicas de las de siempre: grandes tortillas de patata, suculentas raciones de callos a la madrileña, colmados platos de rabo de toro y postres que no fallan nunca como son las torrijas, las tartas de queso y el emblemático chocolate con churros. 

Y, por supuesto, el hálito histórico político que allí radica. En Casa Labra se han alcanzado grandes acuerdos, se han firmado importantísimos contratos y se ha fundado uno de los principales partidos políticos de nuestro país. Dice la leyenda que en un tiempo en el que los trabajadores no disponían de los derechos de libertad de reunión y asociación, se juntaron en esta taberna un grupo de ellos y, con Pablo Iglesias (el de verdad, las cosas como son) a la cabeza y Benito Pérez Galdós, fundaron el Partido Socialista. Se habla de que se hizo en clandestinidad por la ausencia que había de los derechos antes mencionados de cara a los trabajadores, pero por aquellos tiempos la práctica habitual para originar una tertulia, un debate o crear cualquier "asociación" era juntarse en una taberna. Ejemplo de ello es que también en Madrid, en aquel entonces, concretamente en el conocidísimo Café Gijón que abrió sus puertas en 1888, se juntaban a debatir en animadas tertulias grandes personajes como Ramón y Cajal, Pío Baroja, Ramón María del Valle Inclán y, nuevamente y también entre ellos, el propio Benito Pérez Galdós, quienes, como no eran trabajadores estereotipados no levantaban esas "sospechas" de "reunión ilegal".

Lo cierto es que en esta ocasión la leyenda está contrastada y es real. Es historia verdadera que en Casa Labra se produjo la base y fundación del PSOE, seguramente entre el olor a su característico bacalao frito. En la fachada se encuentra una placa que un siglo después conmemora dicho hito histórico y menciona que el 2 de Mayo de 1879 se fundó en aquella casa el Partido Socialista Obrero Español. Así es que ya sabéis, cuando vayáis a Madrid por cualquier motivo, o si queréis adrede por conocer un rincón de nuestra historia, acercaros a Casa Labra, muy cercana a la Puerta del Sol. Disfrutaréis de un lugar íntimamente ligado a nuestro país, a su gastronomía y a sus costumbres que se mantiene prácticamente igual desde que vio la luz. Os trasladaréis a otra época y os sentiréis partícipes de nuestra propia España. Disfrutad la visita y, por supuesto, probad el bacalao. Y el vermú también. ¡Hasta otra!

martes, 30 de enero de 2018

VENTA DE BORONDO

En el corazón de la Mancha, al sur del término municipal de Daimiel, cerca de Bolaños de Calatrava, en un singular cruce de caminos y en pleno despoblado de los Campos de Ureña, se encuentra una auténtica joya patrimonial que tomó su nombre del personaje daimieleño Diego López Borondo. Se trata de una venta cuya construcción del siglo XVI aún se mantiene en pie y cuya singularidad radica en que es la única que, a la vista de los campos llanos de la Mancha, se vislumbra desde la lejanía gracias a su torre emblemática. Seguramente fue en la que se inspiró Don Miguel de Cervantes para escribir su obra más universal y en la que se desarrolla el capítulo en que Don Quijote veló las armas y fue nombrado caballero. Este singular enclave, sin embargo, es desconocido para muchos castellano manchegos y, aún habiendo sido declarado Bien de Interés Cultural, no ha gozado del amparo que debiera por parte de las administraciones públicas, encontrándose en la actualidad en un estado ruinoso que hace que pueda desplomarse para siempre un monumento histórico-cultural y parte de un patrimonio irrecuperable. Con ustedes, la Venta de Borondo.


Yo la conocí haciendo rutas de senderismo. Cual Quijote la vi en lontananza y a ella llegué buscando posada que en mi caso era descansar un rato, comer algo de fruta y echar un trago de agua. Nada sabía de su historia, ni de los secretos que sus muros guardan, ni del áurea cervantina que se esconde en sus moradas, ni del patio empedrado donde se velasen las armas. Y ya me atrajo. Y me puse a indagar sobre esa construcción de mi tierra y su historia. Y descubrí mucho acerca de ella. Y mucho más aún desde que tuve la suerte de contactar con la Asociación Cultural Venta de Borondo y Patrimonio Manchego que nació en torno al sueño de restaurar la misma y a la que, a día de hoy, pertenezco y me entrego lo que puedo. Aunque parezca increíble que una joya de tal calibre pase desapercibida para la gente, es cierto que muchas personas han comenzado a saber de la Venta de Borondo desde que la Asociación y algunos manchegos puramente arraigados hemos empezado a expandir su nombre y a concienciar sobre la misma. No es moco de pavo que una construcción del siglo XVI se mantenga en pie pese a su mal estado actual y sea vivo ejemplo de las típicas ventas que antaño poblaban los campos de la Mancha, máxime cuando ésta en concreto pudiera ser, sin problema alguno, una de las que realmente conoció Cervantes y en las que pernoctó alguna vez cuando era recaudador de impuestos por la zona.
Detalle de la torre de la Venta
Sobra con estudiar un poco su localización y su historia para darnos cuenta de que no es ninguna locura quijotesca el pensar con tanto cariño en ella. La Venta, así se ha constatado, se enclava sobre restos de época romana en un cruce de caminos de especial relevancia: el Camino de las Carretas y el Camino Real de Alicante a Ciudad Real. A quien no conozca dichos caminos un par de datos lo ilustrarán bastante. El Camino de las Carretas va uniendo puntos de singular importancia desde hace siglos. Basta decir que si salimos andando por el mismo desde la Ermita de la Virgen de Alarcos, pasaremos por el Santuario de Virgen de las Cruces, por la propia Venta de Borondo, por la desaparecida Ermita de la Virgen de Ureña, llegaremos a la Ermita de la Virgen de Fátima en Alhambra y el camino seguirá su curso uniendo curiosos lugares de los que, religión aparte, emanan fuerzas telúricas por algún motivo ignoto. Y en cuanto al Camino Real de Alicante a Ciudad Real, decir que ciertamente une ambas ciudades desde hace varios siglos, que era de los más transitados en la época puesto que recorría España de Este a Oeste, sirviendo la Mancha como punto neutro para enganchar otros caminos que bajaban al Sur dirección a Andalucía (pues antes de que se abriese el Paso de Despeñaperros había que cruzar Sierra Morena), al Norte dirección Madrid e, inclusive, siendo el mismo uno de los ramales del Camino de Santiago que termina en la misma Plaza del Obradoiro. Dicho camino era vía comercial paralela a la antigua calzada romana que recorría Sierra Pelada, a cuyas faldas se encuentra la Venta de Borondo, de obligado paso para todo aquel que por aquellos siglos del XVI al XX se movilizase por la zona, con especial mención al tránsito que había hacia Almagro que era la capital económica del Campo de Calatrava. Vamos que la Venta no se hizo por hacer en un descampado llano perdido por Castilla la Nueva, sino en un enclave que todo viajero que cruzase España transversalmente tuviera que pasar por ella y localizarla desde la distancia con facilidad. Alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVII y en la actualidad se encuentra en muy mal estado y amenaza derrumbe inminente. Y repito y tomen nota aquí de nuevo: está declarada Bien de Interés Cultural. Incomprensible su estado a la fecha. El caso es que desde la creación de las nuevas carreteras y con la paulatina desaparición de la trashumancia, los caminos que a ella conducen, aunque no perdieron su importancia y ambos se mantienen tal cual estaban trazados, sí que perdieron casi la totalidad de su tránsito y con ello, evidentemente, comenzó la decadencia de la Venta de Borondo que se vio separada de las grandes vías de circulación. Y es curioso, cuanto más decae la misma más crece su leyenda. ¡¡Salvemos Borondo!!

Patio interior de la Venta de Borondo
Su construcción es la típica de las antiguas ventas en las que hallaba "parada y posta" tanto el caminante y el comerciante, como el viajero y sus animales, contando entre sus muros con varias dependencias en torno a un patio central repartidas en dos alturas y un torreón en una de sus fachadas laterales. Cuenta con todo tipo de alcobas para distintos huéspedes que se clasificaban según su nivel económico, corrales, cuadras, pajares, establos y diversas cocinas de gañanes con chimeneas y hogariles. Y posteriormente se anexionaron otras construcciones. No cabe duda que sus muros rezuman historia, curiosos acuerdos de pernocta para los pastores y miles de vivencias. Todo ello le da un nivel de romanticismo histórico que merece la pena mantener y más todavía para los que estamos plenamente enamorados de nuestras raíces, nuestra historia y nuestro patrimonio que tanto habla con sólo ver su tipo de construcción, preparada para sobrellevar de la mejor manera posible el asfixiante calor del verano y el cruel frío del invierno que se dan en la Mancha. Hay que tener muy en cuenta que otras ventas han sido modificadas y reformadas para seguir manteniéndose pero ésta se conserva fiel a su origen primitivo, lo que la hace un ejemplar único de estudio y del que se extraen claras ideas de cómo se construían estas edificaciones en los tiempos de atrás. Os animo desde ya a que contactéis con la Asociación (si queréis a través mía) y a visitar la Venta y su entorno. Todos los primeros fines de semana al mes organizamos visitas guiadas. ¡Apuntadlo! Es una bonita y enriquecedora experiencia que no os dejará indiferentes. Repito: ¡¡Salvemos Borondo!!


Y os gustará más aún si ya habéis indagado algo al respecto y tenéis ganas de conocerla y visitarla. Terminaréis, igual que yo y otros tantos, plenamente convencidos de que fue el lugar donde realmente Don Quijote veló las armas y fue nombrado caballero. Y no lo digo por decir y profundizo ya en el asunto. Está estudiado. Veamos. Desde el siglo XVIII comienzan diversos autores a decir que la Venta de Borondo es a la que se refiere Miguel de Cervantes en su obra cuando habla de la primera salida del ingenioso hidalgo, por lo que sería la primera venta que se menciona en la novela. Esa afirmación se mantiene inalterada por otros autores del siglo XIX y del XX. Y tiene su por qué y su fundamentación. Cuando Don Quijote abandonó el Campo de Montiel (abro paréntesis aquí para indicar que posiblemente según los últimos estudios el "lugar de la Mancha" fuese Villanueva de los Infantes), cabalgó desde el alba hasta el anochecer, siendo en ese momento cuando decidió tomar descanso. Bien, por aquella época, cabalgar, como es el caso, durante una jornada completa equivale a recorrer entre 45 y 60 kilómetros. Y Don Quijote cabalgaba siempre hacia poniente que era donde ocurrían todas las aventuras de los libros de caballerías, dato igualmente contrastado. Reitero que está todo estudiado y no son cosas mías. Pues, qué casualidad, que si se sale del Campo de Montiel y se recorren a caballo entre 45 y 60 kilómetros con dirección hacia poniente sólo se llegaría al anochecer a dos posibles ventas: la de Puerto Lápice o la Venta de Borondo. Y si seguimos desgranando el texto de Cervantes veremos que dice que donde llegó nuestro protagonista es a una venta como salida de la nada que confundió con un castillo. La venta de Puerto Lápice, de acuerdo a los datos topográficos ya existentes en tiempos de Felipe II, se encontraba dentro de la propia aldea y rodeada de casas y población pero, sin embargo, la Venta de Borondo estaba tal cual está: en mitad del campo y solitaria.
Por todo ello, la distancia entre el Campo de Montiel y la propia venta, por su orientación y por su situación aislada es prácticamente seguro que es a la que se refirió Cervantes en su gran obra, quien, por cierto y como antes adelantaba, casi con toda certeza la conoció personalmente y en alguna ocasión dormiría en la misma. Estoy plenamente convencido de ello tras haber investigado y contrastado todos los datos obtenidos: Don Quijote de la Mancha veló sus armas y fue nombrado caballero en la Venta de Borondo, aquella que "vio no lejos del camino por donde iba y que a él le parecía castillo". Interesante, ¿verdad? Hay que mantenerla viva como sea.

Podría daros muchos datos y detalles más, pero hay gente mucho más preparada y sabia que yo para ello. Así es que solo espero que quien haya leído estas líneas y haya sabido por primera vez algo de tan singular enclave, haya disfrutado de ello y aprendido un poquito sobre mi querida venta, se le haya despertado el gusanillo por querer conocerla y visitarla y, sobre todo, hable y difunda su existencia ayudándonos entre todos a concienciar sobre la importancia que tuvo y tiene este monumento catalogado, de lo que significa su riqueza patrimonial para nuestra tierra y de su necesaria reparación urgente para que no se desmorone y caiga en el olvido una construcción que tiene siglos de historia muy ligada a la más pura esencia de la Mancha. ¿Hace falta que lo diga de nuevo o ya lo sabéis? Quijotes y Dulcineas: ¡¡¡Salvemos Borondo!!!


jueves, 11 de enero de 2018

Y YO FUI TU COSTALERO, NAZARENO

Mañana es la igualá del Nazareno. Y yo fui su costalero. Un año tan sólo. Lo que me prometí, lo que le prometí. Un año nada más, como las cosas cuando ocurren y no deben volver. Una y no más pero hágase Tu voluntad. Y así fue. Cada paso dado en esta andadura no ha de repetirse y ya va para un año que fui a la igualá de la cuadrilla. A mi primera y a la vez última igualá para ser los pies del Dios de la túnica morada que habita en San Pedro y hace estación de penitencia cada madrugada. Exprimí momento a momento toda mi promesa sin faltar al cumplimiento ni un sólo instante en los ensayos, la mudá y las dos ocasiones de mecerlo sobre mi costal: el Domingo de Pasión y la madrugá del Viernes Santo. Mi consigna estaba clara: ser los pies de Dios y llegar bajo Él a los pies de la casa de Santa Ángela en mi tierra y cuando sonase el último aldabonazo en San Pedro y se dejase con cuidado el zanco, salir del paso y rezar un Padre Nuestro. Ahí quedó, mi promesa, Nazareno.

Y mañana ya hace un año que empezó para mí todo y que todo concluyó. Y la promesa más dura quizás no fue la de pasearte sino la de no volver a hacerlo. ¡Qué de sentimientos en cada pisada bajo tus maderas! Y al llegar a casa, verla a ella. Y abrazarla. Y cumplir un sueño que un día en Tu presencia me fue arrebatado y que ahora se ha logrado. Me ha costado quererte pero cada vez que paso por General Rey o Lanza sé que fui tu costalero y que compartí oficio con los mejores generadores de sentimientos y sonrisas que puede haber en el oficio, los amigos costaleros que llevas en tus entrañas. No olvides nunca, Señor, que el primer paso que mi hija vio en el que su padre iba debajo fue el tuyo. ¡Caprichos del destino! Más bien voluntad tuya, igual que en Sevilla, camino de la Esperanza me llevaste primero a San Lorenzo, a tu presencia. Así había de ser y así fue. Y por el destino quizás o a través tuya y la mano del capataz también se cumplió lo que quería. Me daba igual el relevo del Domingo de Pasión. Sólo quería en la madrugada llegar a Ti debajo de ti, oír cómo te cantan y hacer la entrada. ¡Qué rápido pasó esa madrugada! Hace un año soñaba con ella y ahora sueño que la viví y no me llegará otra nueva. Siempre cerca de Ti, de tus gentes, de sus maneras, calmando la sed bajo los faldones, haciendo ropas o lo que Tú me mandes. Hágase Tu voluntad de la forma que sea. Pero yo fui tu costalero, Nazareno. Y eso para mí se queda, envuelto entre oraciones, vigas y crujidos de madera que tantos recuerdos me trajeron a la cabeza.

Y ahora que llegan las fechas y tu sangre se renueva en la de aquellos que con su costal te pasean, sigue viva mi promesa. No asistiré a la igualá. Quizás vaya a algún ensayo a echarte de menos por fuera. No podré estar a Tu vera de la forma que yo quisiera, pero el día que llegue la Gloria a ese portón de madera allí estaré viéndote fuera. Y pidiéndote por otra vida nueva, esa que te pedí por él, hombro con hombro, el de mi compadre a la izquierda, mientras llorábamos ambos al crujir de tu parihuela. Yo fui tu costalero, Nazareno. Y eso para mí se queda. Una vida y una espalda nueva eran los pilares de mis lacrimales y ahora cuando las veo a la una con la otra, cara a cara, con sonrisas y juegos que parecen de hermanas, recuerdo cómo llegué hasta Ti y aún hay algo que no me encaja. No puedo saber por qué porque sería entender tu escritura y esa sólo se entiende según el tiempo que pasa. Va camino de un lustro de aquella tarde de primavera. Hacía solo unas horas que hube jurado tus reglas. Ya sabes Tú lo ocurrido y jamás quiero que vuelva. Y mirando ahora detalles, otra vez a Tu manera, el mismo que me convirtiera en marido, colgó mi medalla al cuello y bautizó a mi pequeña. ¿Cómo podría saberlo sin entenderlo siquiera? Ahí radica tu grandeza y por más que muchos quieran sólo Tú la paseas.

Tuve que hacer encaje de cuadrantes y de ensayos e incluso faltar a otros actos y perderme algún traslado. Pero esa Cuaresma era tuya, de tu andar, de tus trabajaderas y de agotar paso a paso la historia de una promesa. Concentrado en el trabajo, sin despistarme siquiera un mínimo momento cuando estaba en la parihuela ejerciendo el más bello oficio de acunar a la madera en un saco de arpillera. Rodeado de amigos, compañeros y gente de antaño con la que me inicié en el camino de ser costalero y nuevamente ante Ti nos juntamos de nuevo. Noches de frío invierno y un Sábado por la tarde fueron parte del bagaje que me dejó tu vivencia. Y muchos momentos de gloria. De gloria sin fin ni escapatoria que tenías establecidos que para mí lo fueran. Tuve que enfrentarme a ellos y salí en todos satisfecho pero siempre me recordaba que ya eran historia pasada. A cada paso, a cada zancada, la promesa se marchitaba. Y llegó el Domingo de Pasión. Y tras él la madrugada. Y mi cara era un poema de sentimientos, déjame Nazareno, por una vez, a mi manera. Mañana es tu igualá de nuevo. Y cuando pasen lista yo no estaré en la primera. 

Escúchame, Señor. Quiero que llenes mi hueco de oraciones y promesas. Quiero que mi  lugar lo ocupe un costalero, el que sea, uno que te pasee y te quiera. Y quiero, Señor, que colmes a tu cuadrilla de primaveras nuevas, de sonrisas, de alegrías, de felicidad en tus maderas. Y que cada costalero haga realidad su promesa como yo hice la mía porque Tú así lo quieras. Y sigan bajo tu paso agradeciendo tu grandeza y sigan bajo tu paso suplicando por la misma cuando las hijas de Santa Ángela arrodilladas te rezan. Y quiero Señor que sepas que soy fui tu costalero y que en aquella madrugada mientras me esperaba la Esperanza, yo estaba en tu reinado de la forma más humilde paseando en mis entrañas una túnica morada, sin bordados, sin potencias, porque así camina el Hijo del Hombre entre las calles llenas. Y nunca podré olvidar que es siempre todo a tu manera y que una sobrina se alza en los brazos de su tía y de su espalda nueva. Y déjame, Nazareno que cosa mis entretelas con lágrimas de savia nueva, con hábitos marrones y pardos que sus hijas llevan, con oraciones y peticiones que para mí se quedan, con Domingos y Pasiones que disfrutar yo pueda de la mano de mi hija caminando a tu vera. Déjame, Señor, que siga llorando promesas como lloro ahora mismo al escribirte estas letras porque Tú eres el que sabe la verdad que se esconde en ellas. Y recuerda, Señor, que yo fui tu costalero. Y eso, Nazareno, eso para mí se queda.
Ahí quedó.

martes, 2 de enero de 2018

LOS PROYECTOS DE AÑO NUEVO

¡¡Feliz Año Nuevo!! A todos los lectores del Rincón os deseo un próspero año nuevo que acabamos de empezar y que tengáis una permanente sonrisa. Y, a poder ser, que la misma vaya aparejada siempre a la esperanza que surge al plantearse proyectos nuevos y a la satisfacción que se causa al cumplir los mismos. El tener la mente ocupada y activa siempre he creído que es saludable y yo, desde luego, es comenzar el año nuevo y empezar a dibujarme propósitos en el horizonte y motivarme para cumplirlos. ¿Hay algo más bonito que plantearse sueños voluntariamente y luchar por cumplirlos? Sueños asequibles, claro. Y que dependan de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo y de nuestra voluntad, no del azar, por supuesto. Lo que no está en nuestra mano no podemos decidirlo ni planificarlo. Y lo que sí está a nuestro alcance bien merece una parcela reservada a la sorpresa o lo imprevisto pues no hay nada al cien por cien que podamos planificar y realizar sin que exista riesgo de fracaso. Eso es, sin duda, el ingrediente principal del sabor que deja el plato fuerte de la satisfacción una vez ingerido el triunfo y recordado el proceso de cocina que habíamos ideado.

Este año 2018 mis propósitos son seguir igual. Y os aseguro que parece fácil pero no lo es. Pretendo seguir creciendo laboralmente y afrontar asuntos más complejos, disfrutar de estos días que quedan de Navidad y seguir excediéndome un poquito de pacharán y turrones para luego sudarlos con senderismo y pádel, sonreír juntos a mis compañeros de afición y raza costalera en cada igualá y ensayo que están por venir, festejar el primer cumpleaños de mi niña Claudia, pasar un día o dos de Carnaval disfrazado y haciendo el tonto por la calle (el tonto en casa lo hago a diario y continuamente), exprimir cada segundo de la Cuaresma y disfrutar en los micrófonos de Onda Cero en el programa cofrade "Paso a Paso" un año más, saborear intensamente en mi Ciudad real natal y en mi Sevilla querida los siete días de esa Semana con mayúsculas que cuenta el tiempo al revés y tengo presente todo el año, acudir a la Romería que tanto me gusta, celebrar felizmente otro aniversario de boda, disfrutar con mis amigos de un nuevo Concursó de Limoná en torno a un lebrillo de zurra, rezarle a la Morena del Prado en el día de la Pandorga por segunda vez con mi hija en brazos, recorrer unos ciento y pico o doscientos kilómetros a pie en mi amado Camino de Santiago iniciando otra vez en los Pirineos y llegando hasta La Rioja, Navarra o donde mis botas me permitan, tomarme unas cuantas copas en la feria y llegar a casa con los ojos como el Coyote cuando ve al Correcaminos, bañarme de nuevo en las aguas del Mare Nostrum que tantas alegrías me ha dado, seguir poniéndome la corbata y la toga aguantando el calor en ciertos momentos, disfrutar de alguna escapada si logro cuadrar agenda, afrontar un nuevo otoño, mi querido otoño, con castañas asadas y metido en la rutina que precede a un nuevo invierno y alzar otra vez una copa de sidra el día de la Lotería de Navidad para brindar por todos y empezar a forjar nuevos propósitos para el siguiente año. Soy feliz así, así es que seguiré haciendo lo mismo.
Y, entremedias, ir al campo a comer, hacer excursiones los Sábados, jugar al pádel tantos días como logre encajar las tardes con Gemma, hacer kilómetros y kilómetros de senderismo los Domingos por la mañana, seguir aprendiendo guisos tradicionales y disfrutando del Gañán, publicar más entradas en este humilde Rincón, subir emblemas a Pictura et Verba, presentar el libro que estoy escribiendo de Cocina Tradicional, involucrarme aún más en la Asociación Venta de Borondo y seguir en la lucha por defender nuestro patrimonio, seguir locamente enamorado de mis costumbres y tradiciones, disfrutar de buenos ratos con mis amigos, pasar grandes momentos con mi familia y continuar viviendo lo más dulcemente posible con mi Chiquitilla Gemma y mi niña Claudia.

Efectivamente. Esos son mis propósitos. Básicamente es lo que llevo haciendo año tras año y por eso digo que quiero seguir igual. La vida me ha ido sumando cosas y yo insisto en seguir igual. He ido confeccionando la hoja de ruta como buen peregrino añadiendo las sorpresas que han ido apareciendo. Si ya era feliz así, ahora con mi mujer y mi hija añadidas a mi ritmo de vida y cada vez más encajadas en mi gente, no puedo pedir nada más. Es como todo. Cuando aprendes a ser feliz en el trabajo, a aspirar a lo alcanzable dentro de tus posibilidades, a disfrutar de lo que tienes alrededor y sonreír con cada humilde dádiva que la vida te ofrezca, te sientes realizado. Y si te notas querido por la gente que te rodea más todavía. Por eso decía que parece sencillo que los propósitos sean seguir igual pero lograrlo no lo es. Hay cosas que cambian y se no se pueden evitar y toca seguir amoldándose a ello y seguir esperanzado en pequeños proyectos a lograr. Eso sí, proyectos siempre presentes. Aunque sean pequeños. Pero la mente activa y ocupada. Rutina sistemática no, por favor. 

Yo me contento con tener en mente mi vigésimo tercer cumpleaños como costalero bajo el Señor de la Bondad, mi segunda publicación de un libro y, si Dios quiere, mis momentos de soledad y esfuerzo en un nuevo mes de Agosto mientras camino siguiendo flechas amarillas. Si lo consigo, seré feliz. Y si no, cogeré a mi hija en brazos y le contaré sueños que pretendo perseguir. Mientras tanto seguiré intentando seguir igual y disfrutar de pequeños propósitos que me planteé a mi mismo y crea que puedo lograr. El primero disfrutar de la primera Cabalgata de Reyes con mi niña Claudia...

Sed felices y estar activos en proyectos asequibles, encuadrar las pequeñas sorpresas que lleguen y sonreíd todo lo que podáis hoy, mañana y siempre. El triunfo de la esperanza os hará felices y realizados y os dará fuerza para nuevos proyectos o para seguir igual en vuestro día a día si os hace plenos. No hay nada más bonito que disfrutar la vida a cada instante siendo consciente de ello y planear al estrenar el año proyectos a cumplir. ¡A por ellos! ¡¡Feliz Año 2018!!