martes, 11 de junio de 2019

ELLA ASÍ LO QUISO

Fue él quien me enseñó media Europa viajando en un autobús cargado de juventud, de adolescencia, de sacos de dormir y de recuerdos imborrables. Fue él quien años después me casaría con mi esposa. Fue él quien en la jura de reglas de la Hermandad del Nazareno me impusiera la medalla. Fue él quien bautizó a mi hija. Fue él quien acuñó la costumbre de encontrarnos los Sábado Santo en Sevilla. Y fue él quien me inculcó ese amor por María Auxiliadora. Don Joaquín Torres Campos,  sacerdote, salesiano, cofrade, bético y, sobre todo, amigo. Estas líneas son para él. Aunque no sea el mismo el protagonista de lo que voy a narrar estoy convencido de que algo tuvo que ver aún sin saberlo. Y es que hay cosas que no suceden porque sí. Y a la vez y me enorgullece, esta dádiva de la vida, me sirvió para engrosar la nómina de imágenes que he tenido la fortuna de pasear en pública demostración de fe. Cuando yo me introduje en el oficio de las trabajaderas de madera jamás pensé que algún día tendría la suerte de haber portado lo que a la fecha figura en mi currículum. Y mucho menos que compartiría con mi padre la suerte de pasearlo a Él y a Ella. Y así ha sido. Y el Padre Joaquín se alegrará de ello...

Estaba tranquilamente trabajando cuando me llegó un curioso whatsapp. Se necesitaban portadores para el Rosario de la Aurora de María Auxiliadora y me pedían ayuda para ello. Al momento la imagen de Don Joaquín hablando con ternura de esa Virgen me inundó la cabeza. ¿Cómo negarme? Me apunté sin dudarlo. Por Ella, por él y porque sí. Y al momento pensé en mi padre y en su buen amigo (y mío) Jesús Velascoín. Ambos son "amigos" de María Auxiliadora y les gustaría echar una mano y tener la dicha de portarla en su rosario. Sin titubear ni un segundo les comuniqué la cita y ambos afirmaron. Sonrío al teclearlo. No pudo salir todo así sin más. Ella así lo quiso. La verdad es que a mí personalmente me hacía ilusión. Siempre he sido muy mariano y jamás he podido sacar un palio. Y compartir esta aventura con mi padre y mi padrino jurídico de veras que se convertía en una fortuna. Si Don Joaquín hubiera estado en Ciudad Real habría sido muy feliz de vernos. E insisto en que de una u otra manera algo tuvo que ver.

La cita era el 24 de Mayo, día de la festividad salesiana de María Auxiliadora, a las 06;35 de la mañana. Había que igualar, explicar algunas cosas y la hora de comienzo del Rosario de la Aurora era a las 07;00. Al alba pura. A dicha hora allí estábamos con una sonrisa en la cara y Ella nos esperaba. Mi mente puesta en los recuerdos del Padre Joaquín y en la preciosa alfombra de sal que habían preparado en el Pasaje Ramírez de Arellano. No exagero si digo que más de doscientas personas se congregaron para rezarle y cantarle a la Virgen por el pequeño recorrido a realizar. Hay que ver con qué cariño trata la gente de los Salesianos, en nuestro caso concreto del Colegio Hermano Gárate, a María Auxiliadora. Digno de mención. Y no me cansaré de decir que fue un privilegio poder portarla a hombros. Y más aún hacerlo con ellos. Y más todavía dedicarle a la Virgen alguna oración por Don Joaquín. Poco más hay que añadir a la felicidad que nos regaló ese ratito. Bueno sí. Sonreír al saber que Ella así lo quiso.

jueves, 9 de mayo de 2019

ALGUNOS SECRETOS DE CIUDAD REAL

Detalle del perfil de Don Quijote en el pañuelo de Dulcinea
Amo mi tierra. Eso es así. Y doy la cara por ella. Nací en Ciudad Real y defiendo mi ciudad a capa y espada. Hago patria chica siempre. Y quien la critique encontrará en mí la afrenta. Lo digo sin tapujos: para hablarme de ella ponte a mi altura siquiera. Conócela, paséala, domínala como yo lo hago y luego, si quieres, me hablas de mi tierra. Yo no iré a dar lecciones de nada pero que no me vengan de fuera a hablarme mal de mi tierra sin conocerla como debieran. Y eso ocurre muchas veces. "-Ciudad Real es muy fea. -Perdona, ¿la conoces de veras? -No, pero se ve mientras paseas. -¿Mientras paseas ves San Pedro, las columnas de Santiago, la Catedral y el Prado Viejo como de verdad  merece verlo? ¿Mientras paseas descubres la alcantarilla con solera del Pozo Seco de Don Gil, los secretos de la guerra marcados en las rejas del Palacio Episcopal y el Quijote más pequeño oculto en una Dulcinea? -¿Cómo dices? No te entiendo. -No, desde luego. Pero ya entiendo yo tus nociones de belleza, tu inconsciencia y tu sutileza. -Ciudad Real es muy fea. -Y a ti te parió cualquiera".

Hoy traigo una colección de pequeños secretos de Ciudad Real que no todos conocen y menos aún los que se dedican a criticarla sin saber nada de ella ni residir en la misma. Evidentemente no me voy a dedicar a descubrirlos yo puesto que están a la vista de cualquiera que quiera verlos o se interese por ellos. Pero claro, hay que querer. Y es más fácil hablar sin saber que ponerse a indagar y a conocer para algunas personas. Seguramente si a esas gentes les preguntase si alguna vez han subido al Camarín de la Patrona, si saben en qué bar los camareros visten con blusones de mil rayas o si conocen dónde está el pozo de agua dulce que da nombre a una calle, las respuestas fueran todas negativas. Y a la par dirían que Ciudad Real no tiene nada. Cierto es que no es una gran urbe y que el patrimonio que tenía no se ha conservado pero goza de sus encantos y tiene sus secretos por las calles. Eso de tildarla de vacía es cuanto menos discutible. Lo primero para hablar de algo con cierto conocimiento de causa es conocerlo y mucha gente no conoce Ciudad Real. Me refiero inclusive a muchos de los que aquí residen y conviven. Esos son quienes cuando reciben alguna visita lo primero que hacen es llevarla a la Plaza Mayor de Almagro porque no saben ni qué lugares mostrar de su ciudad. Esas gentes que no saben ni el significado del pañuelo de hierbas y que confunden limoná con sangría. A todos ellos estas líneas les mostrarán algunos secretos y retazos de Ciudad Real que creo que les gustará saber que existen. Y lo mismo hasta los buscan y los visitan...
Detalle de los impactos de las balas en las rejas del Obispado

Por ejemplo, un ciudadrealeño de pro además de saber que existen diversas representaciones de Don Quijote repartidas por toda la ciudad, debe saber que el más emblemático es el situado en la Plaza del Pilar, el mayor en tamaño el situado en la rotonda de la Estación de Autobuses y el más pequeño el que se encuentra grabado en el pañuelo que luce la estatua de Dulcinea situada tras el Ayuntamiento. ¡Qué menos! Digo yo. Pues no. Casi ninguno lo sabe. Sigo. Gentes de esta muy noble y leal villa no es que ni sepan quién nos concedió el título de ciudad, es que ni siquiera saben que fue Juan II y que tiene dedicada una calle y una estatua ecuestre ubicada en el paseo central de los Jardines del Torreón. Cuanto menos si les hablo de que en las rejas de las ventanas del Obispado pueden verse aún los impactos de las balas de la Guerra Civil. Ni que decir tiene que ignoran la existencia del Callejón donde se encuentra el antiguo pozo que antes mencionaba y que da nombre a la calle Pozo Dulce que conecta la Ronda con el centro de la ciudad. Y si ya les preguntamos si alguna vez han visitado por dentro la Puerta de Toledo, si saben por qué está inclinada una columna de San Pedro, si conocían que Ciudad Real formaba parte de la Santa Hermandad (primer cuerpo de seguridad ciudadana de España) o si se han molestado en observar la tapa de alcantarilla que rememora la fundación de Villa Real, apaga y vámonos. Pero claro. Es que Ciudad Real no tiene nada que enseñar o contar. Y lo que no tienen nada son sus tristes mentes que no conocen ni la historia del lugar en el que viven.
Tapa conmemorativa de la fundación de Ciudad Real.

Y si seguimos rascando me gustaría saber cuántos de los que critican mi ciudad saben por qué se llama el Perchel al Barrio de Santiago, dónde estuvo la casa de Sarah "la judía conversa", qué peculiaridad a nivel europeo tiene nuestra Catedral, quién nos otorgó la Carta Puebla, de dónde viene el mote de culipardos, quiénes fueron los protagonistas de la leyenda de la Cruz de los Casados, cuál es la administración de lotería "El árbol de la suerte" y por qué se llama así, en qué bar puedes pedir una ración de salsipuedes, cuál es la estatua más conocida de Kiriko, dónde ocurrió la batalla de Malastardes, en qué lugar se encuentra la cabeza de toro más antigua de la ciudad, cuál es la más carismática y antigua edificación de Ciudad Real, etc etc. Y así podría seguir llenando líneas y líneas de preguntas en cuya respuesta se halla un lugar que esconde algún secreto de esta pequeña capital manchega.

Ya lo de visitar el Palacio de la Diputación, el Palacio de Medrano, la Casa de Hernán Pérez del Pulgar, el Museo Elisa Cendrero, el Museo Diocesáno, el Parque Juan Pablo II, el Parque de los Poetas, el Convento de los Mercedarios, el Convento de las Carmelitas, el Salón de Baile del Casino, el antiguo Hospital de la Misericordia, etc, lo dejamos para otro día, no vaya a ser que descubramos que Ciudad Real tiene muchas cosas por ver para quién no la conoce o para quien la ignora aún estando en ella y los etiquetemos de estultos. Y con razón. En fin, quien quiera ver que vea que hay y no poco. Respeto a los que tantas veces pasan por delante de un lugar que ya ni los asombra pero que lo valoren y sean conscientes del mismo. Un parisino no se asombra a diario de la Torre Eiffel porque está acostumbradísimo a ella. Pero, ¡ojo!, es consciente de lo que es, de su valor y de su historia. Tomen nota. ¡¡Viva Ciudad Real!! Salud y limoná.

martes, 30 de abril de 2019

OTRA SEMANA SANTA

Otra más. Otra que se ha ido rápida y fugaz. Como dijo Charo Padilla en su Magno Pregón de la Semana Santa de Sevilla: "la vida se cuenta en Semanas Santas". Y este año ya hace algo más de una semana que se fue la Semana. Más de un año estuvimos de espera y cuando llegó se marchó. Yo no sé cómo decirle que ya que viene se quede, se detenga, no tenga prisa en marcharse y nos deleite con su presencia. Pero no hay manera. Viene gustándose, anunciándose, dejándose querer en su preciosa espera y, una vez que llama a la puerta y toca el timbre de nuestra alma, avanza rauda como un huracán, arrasando a su paso las hojas del calendario y cambiando en un suspiro a un Domingo que pasa de apellidarse Ramos a Resurrección. No existe forma de aferrarse a ella que no sea el carpe diem. Eso le da su magnificencia. Hay que quererla en cada gota de cera derramada, en cada nota exhalada de una corneta agotada, en cada golpeo de bambalina, en cada orden de capataz, en cada racheo de alpargata costalera, en cada mirada anónima de antifaz, en cada revirá, en cada segundo de espera y cada momento presente que la tengamos delante. Porque cuando viene, se va.
Este año no iba a ser menos y además vino con su peor compañera. La lluvia no quiso perderse la Semana Grande e hizo aparición a su manera. Caprichosa, antojada, detonante, rompiendo la tradición por sus costuras y deshilachándola en llantos. No me digan lastimeramente (porque lo odio) que llovió en los días grandes. Grandes son todos en una semana mágica. No me digan "se salvó el Martes Santo" como lanzando el mensaje de que vale menos ese día que el Jueves Santo. No, no y no. Un costalero de los Javieres merece la misma gracia que uno del Viernes Santo. No es menos día un Lunes Santo en el Museo que un Viernes Santo en la Mortaja. Igual llora un monaguillo de las Penas que uno de la Perchelera. La lluvia es nefasta en estos días de esencia cofradiera fuere cual fuere el momento en que apareciera. ¿O van a decirme ustedes que puede llover cuando vuesas mercedes quieran? Las nubes van y vienen a su manera y despedazan las ilusiones sea en el momento que sea. Este año nos dejaron sin la Caridad perchelera, sin un palio de malla blanca que va cerrando la Santa Cena, sin el paso de Pilatos derrochando sus maneras, sin la Virgen que se pasea entrelazando con sus manos los Dolores de su nombre. Y allí por la Siviglia que es la cuna de arpilleras, no salió la Victoria al son de sus Cigarreras, ni tampoco en Santa Catalina hubo relinchos de caballos, ni siquiera San Isidoro se despidió de la Alcaicería para bajar oficialmente, este año sí, por las calles nuevas sin que la lluvia le sorprendiera. Fueron rotas las esperanzas de la espera de un año entero, menos la esperanza de las Esperanzas, la Esperanza Macarena. Ella salió radiante como el sol de la primavera. Y al otro lado del puente, mirándose en un espejo y reflejándose en Santa Ana, salió a la calle Esperanza, Esperanza de Triana. Y entre ambas el Gran Poder. ¿Quién le aguanta la mirada?

Comenzó mi gloria un buen día, de sol, de palmas y olivos siendo los pies de Cristo. Divino Rabí de los Ángeles al que llaman el Cautivo. Por la mañana en los palcos de la Plaza vi pasar la Borriquilla con sus formas salesianas. Y por la tarde, entre relevos, descubrí un palio mercedario siguiendo el reguero de arte que iba dejando a su paso el Señor Coronado y Ultrajado cuando iba avanzando entre cambios. Sin pena ni gloria pero entre costumbres me planté en el Martes Santo y a las nueve en el Carmelo sonaron los golpes de antaño. El muñidor llamaba a las puertas y las Penas se acercaban al centro de una placita donde la gente se amontonaba. Regustillo de vivencias que de nuevo afloraban sentí acariciando el zanco donde Abenza me llamaba. Siempre en el recuerdo el maestro. Siempre honra y gloria eterna al que introdujo en Ciudad Real las maneras costaleras. Y terminada mi tarea la familia me esperaba. Al día siguiente, Miércoles Santo, casi ecuador de la semana, la Flagelación se derramaba entre izquierdos, costeros y lentos que iban tejiendo los pasos precediendo a su Consuelo. Camino de dos décadas y media siendo yo su costalero. ¿Qué palabras he de usar para hablar del privilegio? En las puertas de su convento se arrió el paso en el suelo que bien pudiera ser el Cielo y allí terminó el oficio que durante todo el año espero. Hizo aparición la lluvia como si fuera un canto eterno que reflota por Santiago en memoria de una chica, la hija de un zapatero, que hoy ya es Santa en el Cielo. Madre Angelita esperaba y no podíamos faltar a la llamada.

Otra Semana Santa. Otra muesca en el baúl del alma. Otra ración de bacalao viajera por los trenes de mis costumbres y maneras. Me ha costado muchos años establecer en mi sesera cómo cuadrar mis cosas sevillanas y manchegas. Y sólo ha sido año tras año con torpezas y experiencias hasta encajar las cofradías y mis entrañas macarenas. No concibo en estos días no saborear la espera, degustar una torrija y una copa de mistela. No imagino que las vísperas no rebosen de sentires y cantares en atriles anunciando primaveras. No imagino ni concibo y me niego así a asumirlo que no estén las alacenas  llenas con aromas de recetas esperando menesteres de quienes las gustan y critican. No me gusta a mí el potaje pero sí las espinacas. A mí es al revés, compadre. ¿Y te gusta el pacharán? Otra copita me cabe. ¿Y si pedimos pescaíto? ¡Hombre! Ni lo dudes: calamares, adobo y pedacitos. Así da gusto, miarma, yo macareno y tú de Triana pero juntos en esencia. Y sí, amigos, sí. Otra Semana Santa que da paso ya a la espera y al recuerdo. Que el momento es un regalo y por eso lo llaman presente. Ha habido tiempo para todo. Para el costal, la familia, los amigos, las sonrisas y los llantos. Y no tiene más truco esta magia. Otra Semana Santa. ¡¡Que las sigamos contando!!

viernes, 29 de marzo de 2019

CONSUMIENDO LAS VÍSPERAS

Parece ayer cuando empecé a descontar días para una nueva Semana Santa y ya ha pasado más de media Cuaresma. Y parece ayer cuando empecé a poner en Facebook la cuenta atrás de cuarenta días y cuarenta noches y ya llevo muchos años haciéndolo. Tanto que es famosa en el círculo cofrade de la ciudad. Las vísperas. Las vísperas de las vísperas. Y el tiempo pasa incólume ante ellas y ante nosotros. Siempre digo que hay que exprimir estos días previos a la Gloria porque cuando llega se va. Por supuesto que queremos que llegue, pero pasa tan rauda y veloz que aún estamos agitando las palmas del Domingo de Ramos cuando ya suena Amarguras en Santa Marina y está entrando el palio de la Aurora. ¡Qué larga es la espera y qué corta la Semana más bella del año! Me queda el regustillo de que logro exprimirla lo mejor que puedo entre amigos, costales, pregones, actos, vivencias, programas de radio y gastronomía de vigilia. Y eso me da la vida. Son días cargados de emociones y de una vorágine enorme de agenda repleta de compromisos que me dejan realmente agotado pero que me llenan el alma. Y llegar a casa cansado por disfrutar una afición y que la sonrisa no caiga de tu cara es algo maravilloso.

Este año se ha dado la circunstancia de que he vuelto a meterme debajo de un paso que ya no sacaba, que le he dado una vueltecita más de tuerca a la receta de las espinacas con garbanzos y que Gemma ha llevado a mi niña Claudia a verme ensayar algunas veces. Tres detalles que bien pudiera pasar por alto y que sin  embargo me gusta dejar aquí plasmados. Y os digo el por qué. Cuando dentro de unos meses, en la víspera de las vísperas, vuelva a despertarse internamente el duende cofrade que todo capillita llevamos dentro, volveré a leer mis propias líneas y a buen seguro disfrutaré de esos detalles y ya empezaré a buscar la forma de soñar con actualizar los mismos en una Cuaresma venidera. Somos así de incansables los que vivimos las cofradías día a día. Estamos anclados en una víspera eterna que se detiene de vez en cuando de manera efímera en una semana mágica que cuenta el tiempo al revés. Una semana de ocho días y no de siete en la que dejamos de soñar lo vivido para vivir lo soñado. A los que nos gusta la Semana Santa no sabemos despedirnos de ella y volver a esperarla. Sabemos vivirla y soñarla, pero nunca despegarnos de la misma.

¡Ay las vísperas! Se nos acelera el pulso con las mismas pues ya es todo tan inminente que casi se puede tocar. Y hay que mantener la paciencia. Llega el Domingo de Pasión y no empieza la Semana Santa, pero quién lo diría. Las calles llenas, los tambores sonando y el paso del Nazareno andando. Nos embriaga el incienso pero todavía no llega. Ese día tan precioso junto con el Viernes de Dolores, antesala de la Semana Grande en el que camina todo el Barrio del Perchel en el paso de palio de la Virgen de entrelazadas manos, son los últimos segundos de las vísperas y a la vez clarines que avisan lo que está por llegar. Y eso para mí es lo más bonito: cuando algo que deseas ya llega y puedes tocarlo de verdad. No me canso de decirlo: "no quiero que llegues, quiero oírte llegar". Y conforme me voy haciendo más viejo me gusta empezar a oírte llegar. Así te imagino, te sueño, te deseo, te vivo sin vivir en ti y cuando llegas al fin... ya no sé si te sueño, te vivo o te siento a partes iguales sin ser ni siquiera consciente de ello.

Y ahora quien me lea y sepa del amor que profeso a esas revirás con las que paso un año soñando, a ese cartuchito de pescado frito en la tarde del Viernes Santo, a ese momento mágico en que veo a mi Macarena cara a cara y a ese recién salido sol que acompaña al Gran Poder en San Lorenzo, pensará que estoy como loco porque llegue. Y así es. Pero que llegue despacito, gustándose, andando suavemente, impregnándose de azahar recién despuntado y empapándose de almíbar de torrijas y pestiños recién hechos. Esa es la mejor forma de consumir las vísperas disfrutando de lo que ya llega. Y cuando al fin llegue dejemos que surja la magia porque dura tan poco la Gloria que cuando queramos hacer la caricia que tanto hemos ideado ya se habrá escapado el momento. Lo que perduran no son los anhelos, son los momentos. Disfrutemos de ellos, de los inesperados, de los que sorprenden a nuestra espera, de los que improvisan en la hoja de ruta, de los que son tan deseados que luego no ocurren pero nos regalan otros que no contábamos con ellos. La Gloria, amigos, la Gloria. Para los cofrades es lo más grande. Y así es como voy anudándome el babero en estos días de Cuaresma. Poquito a poco y soñando y disfrutando a iguales partes. Consumiendo las vísperas...

miércoles, 13 de marzo de 2019

GRACIAS Y... ¡ADIÓS!

Muchos aguardaban estas líneas tras la hecatombe sufrida por el Real Madrid estos días de atrás. Y aquí están. Se les olvida o no se acostumbran a verme la cara siempre. Y siempre es siempre: en las buenas y en las malas. Me he hartado de decir que yo quiero al Real Madrid hasta en las victorias porque en las derrotas lo quiero por supuesto. Igualmente me he hartado de decir que me dan pena todos aquellos que disfrutan de un deporte aguardando una derrota ajena más que una victoria propia. Y por último me he hartado de repetir siempre durante estos últimos años (y tirad de hemeroteca si queréis o de las entradas aquí publicadas) que cuando llegase el batacazo (porque iba a llegar) de esta generación de futbolistas que nos han dado cuatro Champions League en cinco años, no quedaría otro remedio que aplaudirles por todo lo logrado en vez de abuchearles y pitarles por grande que fuera la caída. Y el momento ha llegado y la caída ha sido enorme: adiós a la liga, a la Copa del Rey y a la Champions League en una semana, con tres partidos jugados en casa y dos de ellos ante el Barcelona. Tal cual. El Madrid es grande para ganar y para perder.

Y ahora al lío. Es fácil crucificar a Marcelo por la temporada que ha estado haciendo. Un coladero total por su banda. En ataque no era el de siempre y en defensa no era el de nunca. Un desastre total. Es fácil también darle estopa a Bale porque ni está ni se le espera, ni está a la altura, digo, ni se le espera como goleador tirando de las riendas que dejó libres Cristiano Ronaldo. Es simple culpar a Modric de la falta de creación de juego en el centro del campo. Si no juega él, no juega el equipo. Por lo mismo pasa Toni Kroos. Hay motivos más que de sobra para criticarle la temporada que lleva jugando a medio gas y no haciéndose respetar en la medular con el carácter germánico que antes tenía. No digamos más si se trata de Casemiro. Lleva unos meses indignos del jugador que hace de muro de contención y piedra angular entre la defensa y el ataque del equipo. 
Y así podría seguir uno por uno con la gran mayoría de titulares y suplentes de un equipo que tras venir de la gloria se ha embarrado en el fango.

Sin embargo, lo que es digno de recuerdo y no se puede borrar, es que Marcelo era el lateral más temido en Europa porque igual que rápidamente cubría su hueco en defensa achicando espacios se unía al ataque entrando por la banda como un cuchillo en mantequilla y gracias a él llegaban muchos goles de su sociedad con Cristiano. Bale, el galés que nunca ha aprendido bien nuestro idioma pese a los años que lleva aquí viviendo, nos regaló el año pasado el gol hasta la fecha más vistoso en una final de Champions League: una preciosa e inesperada chilena que entró como un obús para levantar la decimotercera Copa de Europa. Modric, quien llevó a su selección a la final del último Mundial y poco después ganaba el mayor galardón deportivo existente en el mundo del fútbol, el balón de oro, tomó las riendas en el medio campo de una manera antológica en la final de champions contra la Juventus para que el Real Madrid ganase el título. Toni Kroos, dueño y señor del pase corto y entrelíneas, ha dado un recital en todas las competiciones europeas ganadas por el club de Chamartín estos años de atrás teniendo un mérito enorme en el triunfo de su equipo y armando el juego de toque que ha llevado a la gloria en las finales. Y de Casemiro no hace falta que diga nada de su evolución en el equipo, siendo pieza fundamental de sustento en los partidos complicados y erigiéndose como líbero intocable por Zidane para lograr las tres champions consecutivas.

Así las cosas, muchos de los que esperaban esta entrada querían que pusiera que el Madrid es un desastre, que lo que han hecho los jugadores es de Juzgado de Guardia, que el circo de Florentino no para, que el Barcelona es el único, inimitable, inigualable y divino club merecedor de todo piropo y título, que el Atleti incluso ha derrotado a la todapoderosa y nueva Juventus de Cristiano Ronaldo en el partido de ida y que hiciera leña del árbol caído así sin más, olvidando todo lo anterior. Y sí. Llevan razón y encontrarán en mis líneas la autocrítica y los varapalos merecidos a los causantes de ello. Por supuesto que la actuación de Florentino es circense al vender a Cristiano, no traer a nadie que ocupe ese vacío y hacer una ridícula planificación deportiva para la presente campaña. Eso es innegable y hay que reconocerlo. Igualmente hay que reconocer que la plantilla del Real Madrid ha hecho y sigue haciendo una temporada horrenda y a estas fechas del año ya no aspira a título alguno. Del mismo modo hay que ser realista y decir que el Barcelona nos ha pasado por encima y ha devorado a esta plantilla que viene de hacer historia en el Libro del Fútbol ganándole todos los enfrentamientos de habidos en Liga y en Copa, salvo el empate a uno cosechado en la ida. Y también es verdad que el Atlético puede estar en cuartos de la Champions y que el Real Madrid ya es seguro que no lo va a estar. Todo ello es cierto y hay que reconocerlo.


Pero también es cierto que esta plantilla de la que hoy me despedido ha levantado cuatro Champions en la época del antes dicho único, inimitable, inigualable y divino club merecedor de todo piropo y título Fútbol Club Barcelona liderado por el mejor jugador de la historia. También es cierto que el Madrid de los Kroos, Modric, Casemiro, Marcelo, Bale, etc, vienen de mandar en Europa durante más de mil días seguidos. También es cierto que Florentino elevó a la mayor de las glorias deportivas al club que preside. También es cierto que esto no lo quieren ver ni reconocer los que viven más en su antimadridismo que en su ánimo a un equipo. También es cierto que quien se expone a dar se expone a recibir. También es cierto que yo no me escondo ni en las buenas ni en las malas. También es cierto que Manolas.También es cierto que Juanfran al palo. Y también es cierto que aplaudo a esta plantilla de la foto y que ya dije que el día que llegase el momento lo haría y, acto seguido, gracias y... ¡Adiós!

jueves, 28 de febrero de 2019

ADIOS, PREGONERO

Los cofrades somos ese grupo de personas tan diverso y homogéneo a la vez que somos capaces de sin conocernos siquiera defendernos mutuamente, unirnos en un sentimiento y/o compungirnos y estremecernos con alguna noticia de uno de los nuestros que solo hemos conocido a través de sus obras o de lo que de ellas nos cuentan los noticiarios, las redes sociales o la propia historia. Y hete aquí que hoy es uno de esos días en los que el mundo cofrade se aúna y todos los que tenemos ese sentimiento capillita estamos dolidos y lloramos la pérdida de Don Rafael González-Serna Bono. No hay cofrade que no sepa quién era o no conozca de su amor por el Señor de la Sentencia. Todos los que formamos esta familia de locos enamorados del incienso y la cera estamos hoy con el corazón encogido por la marcha de Rafa. Nos dijo adiós el último e ínclito pregonero que dejó a Sevilla entera aplaudiendo en el Real de la Maestranza. Todo el teatro en pie reconociendo un pregón que pasó a la historia conforme Rafa lo fue narrando. Se me ponen los pelos de punta recordando sus versos.

Rafa Serna, como era conocido, se ha ido al Cielo de la mano de la Macarena a los cincuenta y tres años de edad tras luchar hasta el último momento contra una maldita enfermedad. Ejemplo de garra, coraje y corazón nos emocionaba a todos con sus letras. Poeta y cantautor, personaje muy querido y un caballero de a pie, como las pequeñas divinidades que bajan de las nubes y altares y caminan por las calles y plazas de su ciudad natal. Me es imposible no llorar mientras tecleo estas humildes letras en honor de alguien de mi familia cofrade, de un hermano macareno, de una persona a la que jamás conocí y seguramente en múltiples ocasiones estuvimos a escasos metros el uno del otro, de un hombre al que sin haberle ni estrechado la mano lo he sentido muy cercano. Será porque alguna vez me he emocionado con su recitar, será porque alguna vez hemos interactuado el uno con el otro en Twitter o será porque compartimos la misma fe, su marcha me ha dejado algo huérfana mi parte de alma cofrade y vestido de luto el atril de mis sueños.

Creo que la cantidad de muestras de cariño y lágrimas vertidas por tu adiós por todos los rincones de España donde se supiera de ti, te darán, maestro pregonero, una muestra del cariño que se te tenía. Al rezarle al Señor de la Sentencia le he notado la voz rara. A Él, sí. A Él. Estaba en mi oración hablándole como tú lo hacías y le he sentido la voz como la de un niño recién acabado el llanto. Entre la pena y la emoción me hablaba Dios. La pena de que te hayas ido dejándonos un huequito en San Gil que nadie podrá llenar y la emoción de que estás a su vera, mirando juntos cara a cara a la que pende cinco verdes esmeraldas en su pechera y que es la Madre suya y nuestra. A la Esperanza Macarena. Oye, Rafa, ¿cómo estará ahora el armario del que hablabas al final de tu pregón? Faltaba la túnica de negro ruán que vestía tu padre y que se llevó con él al Padre. Yo me entiendo como dice García Rayo. Y ahora faltará la tuya, esa que pasaba el invierno adormecida y con olor a naftalina. El armario queda vacío y huérfano como el atril del magno pregonero, pero tu voz sigue flotando en el recuerdo.

Por las calles se musita tu pregón, los macarenos miran al Señor y te ven en Él, el Gran Poder susurra  en San Lorenzo los versos que le dedicaste, a la Giralda se le nota en la mirada que algo a Sevilla le falta, al Real Betis Balompié se le desprende una emoción en su himno propia del lloro de la afición que recuerda a quién escribió su letra por el centenario, a la Cabalgata de Reyes del Ateneo de Sevilla le falta un Rey Mago, un Baltasar mágico y sevillano que trataba a los niños con encanto, en la Aldea del Rocío la Blanca Paloma te añora porque fuiste tú el único que la pregonó dos veces, ¡dos! que Ella misma te eligió y, cuando María del Monte cante ahora el "Cántame" cuando vaya de peregrina, ten por seguro, Rafalito, que dos lágrimas rodarán por las marismas. Todo eso eras tú, Rafa. Nos dejas un enorme legado a esta familia de cofrades maneras que con mirarnos nos entendemos y compartimos sentimientos. Quiso Dios llamarte a su vera porque tú... tu no tenías sangre normal. Y no lo digo por la maldita leucemia. Tú tenías por las venas trozos puros de tu Sevilla, de poesía, de música, de arte y de letras. ¡Adiós, pregonero! Descansa y que sepas que no te has ido... ¡que estás con la Macarena!

jueves, 21 de febrero de 2019

PACHARÁN CASERO

Uno de los licores digestivos que me más me gusta desde hace años es el pacharán. Su toque fuerte de endrina y a la vez anisado deja un regustillo en boca que me es muy agradable. Siempre comienzo mi Navidad particular brindando con uno y cada sobremesa que se tercia igual. Por no decir que cuando concluyo las etapas del Camino de Santiago, tras ducharme y dar cuenta del menú del día, un pacharancete me cabe entre la pequeña sobremesa y la siesta en la litera. Y el destino tenía guardada una sorpresa conjunta. Digo conjunta porque han sido varias y al final han encajado en una misma. Quiso el porvenir que conociera a Don José Ignacio Sagardoy Urrutia, natural de Navarra y afincado en Pamplona bajo el manto de San Fermín, a la sazón, mi amigo Iñaki, que fuera ello en la Ruta Jacobea y que compartiese con él algunos tragos de pacharán. Y quiso la fuerza del sino que volviésemos a caminar juntos y a seguir forjando amistad y compartiendo recuerdos, vivencias y experiencias. Y hete aquí que el pasado año, caminando por su tierra desde que llegamos a la misma por Sangüesa habiendo salido días antes del Somport francés, fuimos probando varios pacharanes caseros a cada cual mejor. Y llegó el día y el lugar: 8 de Agosto de 2018 en Estella (Lizarra).
Preparativos para hacer el Pacharán
Sepa Dios cómo terminamos ese día con una chispa encima que bien pudiera ser del vino morapio que nos acompañó en la comida, del alegre espíritu que llevamos esa jornada, de estar Estella en fiestas o del rótulo de "Pacharanería" que atiné a ver en algún rincón, cuya mezcolanza no hizo sino dejarnos ebrios y con aroma dulzón en la garganta. El caso es que llegó la sorpresa: Iñaki sabía hacer pacharán y se le ocurrió decirme cómo. Ipso facto trasladé la noticia a mi mujer a través de la aplicación de mensajería instantánea "Whatsapp" y su respuesta fue contundente, escueta, sin palabrería y con un claro mensaje. La conversación fue tal que así: "-¡¡Chiquitilla!! ¡He aprendido a hacer pacharán!" a lo que Gemma contestó enviándome el emoticono cuya imagen es una cara de mujer con una mano  que oculta el rostro y cuya lectura bien pudiera ser una de estas tres opciones: 1) Lo que faltaba ya... 2) ¡Madre mía la que me espera! o 3) ¡Ay, Señor! ¿Por qué? 
Acompaño el mismo para que le deis oportuna interpretación. Mi alegría porque iba a aprender a hacer pacharán la podéis suponer.

Quedó pues la cosa en que llegado el momento de la cosecha me enviaría Iñaki una cantidad considerable de endrinas para elaborar el pacharán. La receta en sí es fácil: macerar endrinas en licor anisado durante unos tres meses y medio. ¿Así sin más? Sí. Así. Pero claro ya que nos ponemos, nos ponemos bien. Aquí en mi tierra ni venden licor anisado para ello ni hay buenas endrinas. Lo que respecta a la fruta lo tenía salvado porque me las enviaría mi amigo y peregrino desde la bella Pamplona, pero el licor anisado es otro rollo. No vale echar anís tal cual y ya. No, no, no. Tiene que ser licor anisado. No es lo mismo. Me puse a indagar y el licor de marras ha de tener una graduación que permita a la fruta macerar pero que impida la formación de impurezas, vamos, que tenga unos treinta y cinco grados para que las frutas suelten sabor pero no se pudran y que a la vez tenga un cierto nivel de azúcar que ayude a la maceración y rebaje un poco el grado final de la bebida. Menuda historia, ¿eh? Y el puñetero licor anisado ya os he dicho que no se vende por mi tierra. No me tocaba más remedio que hacerlo yo. Necesitaba una bebida alcohólica que tuviese alcoholes neutros sin sabor y con una graduación de unos cuarenta grados, anís de no menos de treinta y cinco grados y azúcar. Y, claro, de algo sirvieron mis horas de juventud a ambos lados de las barras de los bares. ¡¡Vodka!! El vodka es una bebida sin sabor determinado y compuesta de alcoholes neutros. ¡Al ataqueeer! como diría mi querido Chiquito de la Calzada. Problema resuelto. Y los ingredientes secretos que son granos de café y ramas de canela localizados sin problema en cualquier supermercado. Lo dicho, si nos ponemos, nos ponemos. Apunté y aprendí cómo hacer pacharán con aroma de café, de canela y de naranja. ¡Y cómo se toma! Que no es tan sencillo como llegar a la taberna y decir "¡Jefe! ¡Un pacharán!" y que te pongan un chorreón de Zoco en un vaso de tubo con dos hielos. Hombre, por favor. Esto tiene su arte.



En cuanto fue mediados de Octubre me llegó un gran paquete de Pamplona con remite de una frutería del Mercado central de allí. El gran Iñaki había cumplido. Ahora me tocaba a mi montar la licorería casera. Calculé las proporciones que necesitaba para obtener un resultado final de unos treinta y cinco grados de alcohol por litro, resté la graduación que bajaría el azúcar y estudié lo que ocuparían las endrinas en cada botella. Ecuación hecha. Conforme salí del juzgado de trabajar, me fui a Mercadona y compré siete botellas de vodka, una botella de anís y un kilo de azúcar. Sí, sí, con el traje y el maletín. La cajera flipaba. Ni una triste barra de pan. Nada. Vodka para una boda, anís y azúcar. ¡Aire! Habría molado que hubiera estado mi mujer y se mirasen las dos. Yo habría visto in situ y doble la misma cara que el emoticono que me mandó por whatsapp...




Total que al día siguiente me fui con mi padre al Gañán (nombre que tiene nuestra cocinilla campera) y nos pusimos manos a la obra. En un lebrillo mezclamos en su justa proporción (que no la diré, copiotas, ya os he dicho antes incluso ingredientes que no debía) el vodka, el azúcar y el anís hasta que todo se integró bien. Rellenamos las botellas hasta su debida altura con las mejores endrinas que seleccionamos y vertimos sobre ellas el licor anisado ayudándonos de una jarra y un embudo. Incluimos en ciertas botellas unos cuantos granos de café, en otras una ramita de canela y otras ambas cosas. Y, por supuesto, algunas quedaron sólo como pacharán puro en potencia. Sin nada más. Y ¡ale! a macerar. El resto ha sido lo más sencillo: ir yendo una vez cada semana a remover las botellas para que se fuese mezclando bien la fruta y la sustancia liberada con el licor. Y así hasta que pasados unos tres meses y medio llegó la hora de la cata. Seleccionamos algunas de las botellas, filtramos el preciado elixir casero y lo depositamos en las botellas donde aguarda ya ser ingerido.
El resultado no pudo ser mejor. Eso sí, hay que tomarlo como se toma en su lugar de origen. Tomad nota: en un vaso de boca ancha se pone un hielo y sobre él se vierte pacharán hasta que lo cubra. Se incorpora una tira de cáscara de naranja finita sin nada de blanco y se aprieta la misma con una cuchara en un lado del vaso para que suelte el saborcejo cítrico. Se remueve el contenido haciendo rotar el hielo en el vaso en círculos y... ¡¡pura ambrosía!! Vamos que no vuelvo a comprar pacharán sabiéndolo hacer yo. ¡Bendito Camino lo que me enseñó! ¡¡Salud!!