jueves, 21 de marzo de 2013

EL PRINCIPIO DEL FIN



Tan larga ha sido tu espera, tan ansiada tu llegada, tan ardiente mi deseo de tenerte un año más que antes siquiera de que llegues ya te estoy diciendo adiós. Siempre lo he dicho: "Quedémonos con las vísperas porque cuando llega se va". Ahora que en casa comienza a oler a canela y miel, ahora que lucen los colores morado y verde en mi corazón, ahora que los costales están planchados, ahora que el papel de estraza elimina los restos de goterones de cera que del año pasado quedasen, ahora que penden de los balcones gallardetes y banderas, ahora que he consumado todos los ensayos, ahora que mi Sevilla querida me espera, ahora que despunta el azahar en esta nueva estrenada primavera, ahora que todavía no he dado el primer paso de costero en la rampa eterna del Domingo de Palmas, ahora ya se intuye tu marcha que no tu llegada.

Porque llegarás, nadie lo duda, pero una vez que lo hagas no te detendrás, pasarás rauda, embrujando nuevamente a los cofrades, a los que te amamos, a los que sabemos exprimirte tu visita anual en una buena revirá de paso palio, a los que nos embobamos viendo las caprichosas formas de la derretida cera al caer de una candelería, a los que detenemos el tiempo en un sonoro golpe de martillo que ordena elevarse a un gran misterio, a los que saboreamos cada nota del corneta solista interpretando música con el alma, a los que pasamos noches soñando con el color de los claveles que más se ajusten al monte de los pasos, a los que sabemos que cada paso dado es un paso que no ha de volver atrás y no se repetirá hasta la siguiente llegada de la luna llena del Parasceve...

Siempre te lo digo llegadas estas fechas, prefiero decirte ¡Hasta la próxima! que decirte ¡Hola!. Un "Hasta la próxima" hace que vuelva la ilusión de tu espera, el oír tambores en Agosto, el pensar con igualás en Navidad, el sacar Cofradías de Gloria fuere cual fuere la fecha, en reunirnos en torno a un incensario y hablar de lo que nos gusta, el planificar itinerarios de idas y recogidas... Un "Hola" es fundirme contigo en un abrazo celestial que no puedo disfrutar. Es tan efímero que cuando abro mis brazos para cogerte ya se ha marchitado el Domingo de Ramos y el Lunes Santo va camino de recogerse. Sin salir de mi asombro en la santidad de estos días el Martes da paso al Miércoles y ya es inminente el amor fraterno que derrocha el Jueves Santo. Por fin te tengo abrazada y de una sacudida para evitar que te impida avanzar ya pendes de la Cruz en un agonizante Viernes Santo que abre un Sábado de luto. Llantos de Soledad dan paso a tu día triunfal de Resurrección en el que los cofrades más que gozo sentimos pena porque nos abandonas de nuevo. Tanta espera para que consumas nuestra ilusión en un fugaz abrazo que durante cuarenta días y cuarenta noches he preparado. Hace un instante estaba en la rampla del Salvador y ya me despides en Santa Marina.


Por eso hoy me anticipo a ti. Hoy soy yo el que sabe que cuando llegue la Gloria comenzará el principio del fin. Cuando llegue la semana que cuenta el tiempo al revés comenzará tu final y ya no se repetirá tu dulce llegada hasta que despertemos del letargo con una nueva imposición de ceniza. Pero antes y aunque sea minúsculo el tiempo que dure nuestro abrazo me uniré a ti con tal pasión que mientras se agiten palmas de bienvenida al Hijo del Hombre, mi costal bajo el Cautivo en su Prendimiento gozará como nunca del Domingo de Ramos a los sones de Santo Tomás, meciendo al Dios de los Ángeles son suaves cimbreos de olivo pasional,  que el Lunes Santo oraré por todos aquellos que nos juntemos y por los que no puedan hacerlo en torno a la Buena Muerte de un fiel Vía Crucis nocturno, que el Martes Santo mientras la Esperanza y su Hijo Esclavo acercan la Barriada del Pilar al centro este costalero cruzará el umbral del Carmelo convirtiéndose mi séptima vertebra cervical en cuna y Cirineo que ayuda a Nuestro Señor de las Penas a portar su cruz.  Que amanecerá el Miércoles Santo y la Bondad de Dios se paseará por las calles anticipando el Consuelo que pregona. Rey de Reyes que convierte sus azotes en caricias derramadas en torno a la columna de la vida. Cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro y poquito a poco, sobre los pies y de costero, dará paso al Jueves Santo en que Santa Justa me abre las puertas de mi Serva la Bari querida y amada donde se pasea la Esperanza del arco y del puente, que no hay enemigo trianero ni macareno, que los puentes no son barreras sino lazos de compañeros como así lo quiso el Nazareno de la Cruz al Hombro que bajó del campo de estrellas para habitar en la Anunciación. Que el Viernes Santo el Dios de la Expiración dará su último sorbo de vida entre Triana y Sevilla y la Piedad de Cristo será mecida en la Ciudad de Reyes. Que el Sábado Santo la comunidad Servita hará su estación de penitencia por las calles donde la Trinidad caminará mostrando su misterio a la mirada del pueblo mientras la Amargura y Soledad conquistarán la gloria de San Pedro. Que llegará el Domingo de Resurrección y al Tercer Día, al alba, escoltado por la Aurora comenzará a caminar triunfal el Dios que emocionó al capataz poeta a las puertas de Sor Ángela y cuando bendiga al pueblo de nuevo volviendo a Santa Marina el paso, se acabará un año más la Gloria que tanto he anunciado, pregonado y esperado. Se acabará nuestro abrazo. Pero el aflorar de sentimientos que emane el pequeño tiempo que dure me dará la vida otra eternidad. Con eso sí que me quedo. Y con ello muero.


Ya se fue el Domingo de Pasión. Brota un nuevo Viernes de Dolores. Comienza el principio del fin. Prefiero ser noble y decirte ¡Hasta la próxima! que decirte ¡Hola! Ya te lo he dicho. Un "¡Hasta la próxima!" depara un nuevo "¡Hola!"; un "¡Hola!" conduce de nuevo a un "¡Hasta la próxima!" Durará poco pero será intenso. Muy intenso. Y sabes que lo disfrutaré como si no fueras a volver más. Se me han ido ya la vísperas sin darme cuenta siquiera. Conforme vienes te vas. Esa es tu magia. Comienzo ya a abrir mis brazos para abrazarte y saco ya mi pañuelo para calmar mi llanto. Todos los años te lo grito...

"No quiero que llegues; Quiero oírte llegar".


miércoles, 13 de marzo de 2013

MAYORÍA DE EDAD JUNTO AL SEÑOR DE LA BONDAD


Este viernes será tu traslado de nuevo. Nuestra primera toma de contacto en una nueva Cuaresma que marca su cuenta atrás para que se eleve alta y gloriosa la luna llena del Parasceve que coqueteando entre nubes de tinieblas tanto enamora a los cofrades. Nuestra primera toma de contacto en la que tus kilos de oro reposarán sobre mis hombros siendo yo tu caminar por las calles. La primera vez que esta Cuaresma se abra el portón de la gloria de Santo Tomás para que inicies tu reparto de Bondad allá por el Parque de Gasset y los dos, Tú y yo, llevemos una cuerda prendida al cuello: Tú la soga que te amarra a la columna de la Flagelación, yo el cordón de la medalla de la Hermandad que presides como Rey de Reyes. Este viernes será tu traslado de nuevo.
Señor de la Bondad que acogiste mi nacimiento como cofrade, mi infancia y adolescencia con el costal y mi mayoría de edad este año bajo tu reino, bajo tu altar itinerante que navega los Miércoles Santo convirtiendo los latigazos del sayón en miradas bondadosas, gracias. Gracias te doy porque este año bajo el barco de oro para el Pescador de Hombres, bajo tu paso te digo, me haré mayor de edad en el más bello oficio del mundo: la costalería. Cumpliré dieciocho años meciéndote sobre mi cerviz. Dieciocho paseos entre divinas maderas y gruesos faldones que sólo la gente de abajo sabemos lo que son. Será más de la mitad de mi vida bajo tu amparo y así será hasta que Tú lo indiques. Juntos pasearemos de nuevo por nuestra ciudad y recibiremos el Consuelo de Nuestra Madre que vendrá tras nosotros portando una rosa de plata en sus finas manos. Y conquistaremos a Quevedo y a Libertad y a Lanza y San Pedro y a la Plaza y al Ayuntamiento y al Camarín y su Prado, Madre, Reina y Soberana y al Pasaje Mercedario y a Toledo y a Santiago y a Terreras y a Quevedo de nuevo, culminando con un Padre Nuestro un nuevo Miércoles Santo de ensueño que no se narra con prosa ni verso, que se vive con faldón y costal y con empuje de pecho costalero.



Por eso quiero dormirme en Santo Tomás a las ocho contigo, porque paso que demos hacia un nuevo Miércoles Santo paso que no volverá a atrás, paso que quedará marcado para no retornar hasta tu traslado de vuelta, ese en el que mi padre se convierte en uno más de tus hombres y feliz te lleva de vuelta a casa. Y entremedias el día grande, el día de gloria suprema, el día en que las agujas del reloj deberían detenerse para que todo el mundo viera la Bondad Soberana que proclama tu mirada mientras tu espalda soporta los flagelos que te impactan y orgullosos se vanaglorian al aire y se contonean entre izquierdos y costeros, pues para mecerte a Ti hay que mecerlos a ellos, más el bien vence al mal y tus hombres pensamos en tu acunado y mecida únicamente mientras repartes Bondad por las calles y plazas. Quiero y no quiero que llegue tu traslado. Quiero porque comparto contigo uno de esas mágicas noches en las que te siento cercano en lo físico. No quiero porque con ello comienza el principio del fin un año más. Un año que marcará mi historia como hombre de la raza costalera cuando el día grande de tu cofradía lleguen las siete de la tarde y cumpla la mayoría de edad junto a tu infinita Bondad.


Yo hoy escribo con orgullo, con chulería, con poderío, roneo porque puedo presumir de ello. Porque muy pocos hombres pueden decir que te han paseado tantos años de seguido, siempre fieles, siempre aguantando los kilos, siempre ganándole la pelea al palo por Ti y sólo por Ti. El que manda, el que importa, el protagonista eres Tú. Y en ese embrujo anual del Miércoles Santo hay momentos de éxtasis que no sé quién llevo ni detrás, ni al lado, ni cuántos integramos tu cuadrilla y ni cuántos han dejado de hacerlo, ni cuántos quedamos, ni quién viste el terno negro de capataz, ni quién te acompaña sobre el canasto... Sólo estamos Tú y yo. Ese es el momento más grande costalero. La perfecta conjunción. La más solemne unión entre el hombre y Dios a través del vínculo que se forma en la trabajadera. En ese momento es cuando cumpliré mi mayoría de edad con tu Bondad, cuando exprimiré todas las lecciones aprendidas bajo tu reino terrenal con forma de paso penitencial, cuando me haré un hombre bajo tu peso.

El viernes será tu traslado y nos miraremos a los ojos. Y podrás leer en los míos todas las cosas que quiero decirte con sentimiento que, como el poeta dijera, brotan de las miradas, por donde habla el corazón sin que tercien palabras Y podré leer en los tuyos la Bondad que te proclama. Y en el momento en que esté bajo Ti y crucemos el umbral del templo que Don Eugenio te abriera iniciaremos juntos un nuevo camino y quiera yo o no quiera, Señor de la Bondad, hágase Tu Voluntad. Este año me haré mayor contigo.

Gracias por estos dieciocho años, Padre. Un tesoro. Un privilegio. Un regalo. Una fortuna. Una vida.

GRACIAS SEÑOR DE LA BONDAD.

miércoles, 6 de marzo de 2013

EL ARTE DE CÁDIZ

Llevaba ya cierto tiempo rondando la idea de plasmar por escrito la alegría y felicidad que me ha transmitido la Tacita de Plata las veces que la he visitado. Y hoy que dispongo del tiempo necesario para ello procedo a teclear y a compartir con ustedes el derroche de arte y guasa que rebosa en la gaditana capital. Allá donde haya un grupo de gaditanos o cadistas allá está Cádiz. Porque si algo transmiten sus gentes es el amor a su patria chica, a sus raíces y a sus colores, de modo tal, que al más puro estilo americano, allá donde haya un gaditano, allá está Cádiz y, si para más profecía, el gaditano es cadista (que no todos lo son), allá donde haya un cadista, allá está Cádiz, un trocito del Carranza y una bandera del alma que enarbola sus colores amarillos y azules. Y cuán diferentes son entre ellos, ¿eh? Luego mencionaré a dos gaditanos amigos y apreciados por mí que nada comparten entre sí, salvo lo dicho: allá donde ellos estén, está su tierra. Va por ellos esta entrada. Y va por la Tacita también, de las ocho hijas que Andalucía tuviera, para mí una de las más agraciadas. Y es que Cádiz tiene mucho arte...

Jaén tiene olivares nuevos y sureños que dan al hombre dorado y virginal aceite nacido de aceitunas veladas por la luna llena en las frías noches de Capricornio. Córdoba, tierra de califatos, alumbra Al-Andalus con su resplandor del sol del mediodía al estrellarse en sus patios blanqueados y macetas en flor de gitanillas y geranios. Huelva conquista los sentidos y los paladares a base de delicados pescados y mariscos y de hermosas playas de donde Colón partiera a las Indias bajo el amparo de las marismas de la Blanca Paloma. Málaga ofrece esencias de alegrías en ferias, aromas de rebujitos y espetos, albero en tacones de flamenco y galopes de caballos por peregrinos caminos rocieros. Granada, tumba de los Reyes Católicos, reposo de Isabel y Fernando, piedra angular de la belleza andaluza, ciudad universitaria y cultura que embelesa con su raza gitana al Sacromonte calé, a la Alambra y al Generalife. Almería, tierra privilegiada de mar y desierto, conjunto de barcos amarrados a mediterráneas costas y áridos interiores de cine que permite a sus habitantes vivir el clima a la carta, fantasía sólo posible en Andalucía donde el erguido cactus alimenta la sombra de la palmera. Sevilla, noble, leal, invicta, heorica y mariana ciudad de la Esperanza, cuna del costal, niña de mis ojos verdes como el color de la región que capitanea, orillas del Guadalquivir, calles y plazas de recuerdos, añoranzas y sentires donde se eleva la Giralda en repique de campanas de Macarena a Triana. Y Cádiz, tierra de gentes artistas y calles de arte en sus gentes, pescaíto en papelón y cartucho, coros, comparsas, cuartetos, chirigotas, alegrías derramadas en cuplés y pasodobles con rimas pegadizas, espíritu atrayente del Gran Teatro Falla, ánimos provenientes del Carranza, tacita de plata que enamora y cautiva hasta el punto de decirte que estás líneas son tu entrada y que esta entrada... ¡Va por ti!


Y no puedo sino seguir pregonando que cuando la conocí vestía sus mejores galas. Me recibió con sol radiante, con altivas palmeras, con suave clima, con desparpajo futbolero porque esa tarde abría sus puertas el estadio Ramón de Carranza y con un espíritu carnavalero que, pese a los comentarios que ya me habían hecho, yo no podría haber imaginado jamás hasta vivirlo in situ. Si algo recuerdo con cariño y no olvidaré nunca es la primera vez que tuve el privilegio de haber estado en su campo de fútbol y más aún en fechas de carnaval. Cádiz y cadismo en estado puro. La gente metida en la película, disfrazada, viviéndolo, gozando su fiesta mayor a tope pero animando a su equipo siempre, en todo momento, con él ánimo de llevarlo en volandas que sólo y estrictamente sólo tiene, para mí, la mejor afición de España: la marea amarilla cadista. Para muestra un botón: si algún equipo ha dejado marca en su paso por primera división ha sido el Cádiz. Su afición se ganó el cariño de todos los estadios. Mucho arte, ¿eh? No me vengan ahora los resabiados de turno hablando de rivalidades o de oscuros pasados en categorías inferiores... Estas líneas son para gloria y alabanza de la Tacita. Otro día discutimos.
De tal manera es el embrujo de la ciudad que con pisar su suelo te contagias del mismo. Y lo que es mejor... Sus gentes, sus propias gentes, te hacen partícipe de su arte, de su guasa, de su ciudad. Te involucran con ellos. Eso sí, hay que dejarse involucrar, son andaluces y son muy suyos (y lo digo como piropo, ustedes hacéis patria por donde váis, no todos los españoles pueden decirlo), por lo que hay que dejarse llevar. Y aprovecho y parto una lanza a su favor: el gaditano no tiene la altanería y chulería que otros provincianos andaluces. Y ahora equilibro la balanza de nuevo: sin embargo no dejan de aplicar el "Esto es Cái y aquí hay que mamá" y el "Pisha, no to er mundo puede ser de Cái". Es algo innato en ellos y repito, si uno colabora, rápidamente lo involucran. En la foto al margen podéis apreciar mi "involucración". Vamos que me dejo llevar, ¿no? Y es que Cádiz tiene mucho arte...

Si algo es digno de mención de Cádiz es su carnaval. Sé que no es justa la descripción que pueda hacer y por ello manifiesto que hay que conocerlo para entenderlo. A mí desde luego me tiene encandilado y me gustaría hacerme asiduo a la visita anual en esas fechas. De muchos aficionados son gusto las comparsas y chirigotas más conocidas: la de Selu, la de Kike Remolino, la del Canijo de Carmona, la de Juan Carlos Aragón, etc, pero no todo el arte y salero pasa por el escenario del Falla. Hay agrupaciones muy buenas que han pasado por el Gran Teatro y no son muy conocidas y otras tantas que no han actuado en el escenario del COAC y tienen las calles y plazas como lugares de actuación. Si tuviera que mencionar a alguna de ellas me quedaría con "Los Messenger Z" como uno de los ejemplos que ha pasado por el Teatro Falla y que sin ser de "las conocidas" ha deleitado a la gente por las calles con sus pasodobles cibernéticos y tecnológicos.
Chirigota "Los Messenger Z" actuando en el Teatro Falla
Y sin duda, para mí la verdadera sorpresa de las chirigotas "ilegales" (las que no van al concurso), por sus letras, por su disfraz, por su puesta en escena en cualquier rincón callejero, por su forma de involucrarse con el público, por sus cuplés pegadizos y la diversidad de temas abordados es "El Secreto es Nuestro". Desde estas humildes líneas aplaudo y reconozco su labor y el detalle que han tenido de enviarme el disco con sus cánticos chirigoteros y el libreto de letras para disfrutar en la distancia de ellos. Sóis los mejores:  "Marqués de Bellota y Duque del Barrio Alto de San Jamón... Ese que está a tu lado será muy guapo, está muy fuerte y es muy chulito... ¡pero yo tengo dos rabitos!" No paro de tararearos y alegrarme el día con vuestros cuplés y vuestro magnífico popurrí. Quien no conozca a estos "cerdos sibaritas" se pierde uno de los tesoros más humanos y carnavaleros de la Tacita. Los amigos de "El Secreto es Nuestro" han sido para mí el mayor regalo de esta aventura en Cádiz. Y es que Cádiz tiene mucho arte...
Chirigota "El Secreto es Nuestro"

Y para terminar, como empecé diciendo, donde hay un gaditano, allí está Cádiz. Eso me encanta de esta ciudad y de su gente. El orgullo con que llevan su tierra y proclaman de donde son a los cuatro vientos de la veleta cardinal. Nada ni nadie les arruga en ello. Y eso lo envidio, lo envidio sanamente muchísimo. Por estos lares no todo el mundo se vanagloria de su lugar de origen. No dejo de acordarme de los dos gaditanos que al principio mencionaba. Uno cofrade a rabiar. El otro con pasión futbolera. El cofrade pasa del fútbol. El futbolero pasa de las cofradías. Uno grandote y fornido. El otro chiquitito y delgado. El uno blanquito y con gafas. Otro moreno y sin ellas. Uno vive en su tierra. El otro fuera de ella. A los dos los he conocido fuera de sus raíces. A los dos se les llena la boca al decir "Cádiz". A los dos se les enciende el alma con el Carnaval de su hogar. Los dos son grandes a su manera. Los dos hablan por derecho y sin vaivenes. Los dos son bandera de su tierra estén donde estén... Popi y Nacho, vosotros sóis gente de los que hacéis que Cádiz sea grande. Cádiz sin gente como vosotros no sería Cádiz. Gaditanos orgullosos de su Cádiz natal, vital y terrenal. Este homenaje a vuestra tierra es para ustedes también. Vuestra tierra es grande, vosotros también. Vosotros hacéis que los que somos de fuera sintamos la curiosidad y atracción de conocer la ciudad a la que tanto amáis. Vosotros sóis de Cádiz y sóis Cádiz en vosotros mismos. Sentiros privilegiados de haber nacido allí, de disfrutar del arte y salero de vuestra ciudad, de expandir su guasa por donde vayáis y de hacer patria siempre. Ya os digo que una patria sin patriotas en nada se queda. Con vosotros eso no ocurre, ni ocurrirá. Y todo ello en conjunto hace más patria y gana patriotas. A mí ya me ha ganado la Tacita, el Carranza, el Carnaval, el clima, la forma de vivir la calle, las gentes, las playas, "El Secreto es Nuestro" y vosotros. Y es que Cádiz tiene mucho arte...

martes, 26 de febrero de 2013

LEYENDA DE LA CRUZ DE LOS CASADOS

Sé por muchos de vosotros que cuando escribo alguna entrada en el blog y véis la etiqueta de "Leyenda" os alegráis por ello y son vuestros post predilectos. Hoy tenía ganas de traeros nuevamente una leyenda que os gustase y, además, os sintiérais atraídos por ella los lectores de aquesta Villa que fundase el Rey Sabio, Alfonso X, allá por el 1255. Villa que conservaría el nombre hasta el año 1420, año en el que durante el reinado de Juan II, obtuvo el nombre de ciudad, llamándose desde entonces Ciudad Real. Una leyenda nuestra, manchega, de Ciudad Real capital, ocurrida aquí e ignorada por muchos. Ya era hora de narrar en el blog algo puramente ciudadrrealeño. Soy hombre de tradiciones y orígenes y, aunque siempre alabo la sureña autonomía de Al-Andalus, siempre mantengo que mi tierra es mi tierra (y el orgullo de la meseta central de España es tan grande como la cabezonería y terquedad de sus habitantes, por más que la fama la tengan los maños).

Al final del Parque de Gasset, en el lugar que se conoció como "El Humilladero",  existe una columna de orden corintio coronada con una cruz de hierro de forja. Todo el conjunto reposa sobre una escalinata circular de tres escalones y conmemora la dramática historia de amor de Sancho y Blanca, cuyo relato os voy a regalar. Así pues y con un ¡ea! como interjección manchega pura, a la vez que simulo dar un pase de pecho taurino, les dejo con la Leyenda, la cual, y como in fine comprobarán "no es suficientemente conocida..."

"Tras la fundación de Villa Real por el Rey Alfonso X, apodado "El Sabio", era vox populi la enemistad manifiesta entre villarrealenses y la Orden de Calatrava, siendo continuos los saqueos, rencillas y batallas entre ambos bandos, incrementado el odio, sin duda, por la necesidad que tenían los de la villa de buscar leñas, pastos y otros elementos de vida de agricultura y ganadería más allá de sus pequeños límites, con el beneplácito del monarca para ello. Para ello invadían el territorio de Miguelturra, su adusta enemiga y población que se creó por la Orden en las mismísimas puertas de Villa Real con el afán de anularla. La discordia entre Villa Real, defendida por los nobles fieles al Rey, y Miguelturra, defendida por los Caballeros de la Orden, estaba servida. Y no había manera de conciliar ambas partes. Muchas fueron las refriegas y batallas entre ambos bandos y numerosas las veces en que fue destruida Miguelturra. El odio iba in crescendo y se dieron grandes y recordadas batallas como la conocida con el nombre de "Malas Tardes".

El cronista Ramírez de Arellano narra que en aquellos tiempos, principios del siglo XIV, siendo Maestre de la Orden de Calatrava Don Garci López de Padilla, volvió a su hogar el acaudalado vecino de Miguelturra Don Alvar Gómez, encontrándose a su padre asesinado, deshonradas sus hermanas y totalmente saqueada su hacienda, jurando al instante cruel venganza al autor de tales fechorías que no podía ser otro que el cabecilla de sus enemigos, Don Remondo Nuñez de Villa Real.
Todos los años y coincidiendo con el aniversario de la tragedia, citaba Don Alvar a sus varios hijos a renovar el juramento de venganza y muerte a aquellos que cometieron los nefastos actos, pero hubo un año en el que Sancho, su hijo primogénito, no prestó con vehemencia la renovación del juramento, cuestión que no agradó a su padre y le hizo desconfiar. El motivo es que el varón se encontraba ciegamente enamorado de Blanca, quien no podía ser otra sino la doncella hija de Don Remondo, eterno enemigo de su padre Don Alvar, por lo que por su amor el muchacho no esbozaba como plan asesinar al padre de su deseada.
Rápidamente fueron conocidos estos amoríos por la vecindad de ambos pueblos, viendo en ellos la posibilidad de reconciliar ambos bandos y dando por finalizadas las tensiones. Fray Ambrosio, Padre Prior del Convento Franciscano de Ciudad Real, intervino deseoso de erradicar los odios entre las dos familias de Villa Real y Miguelturra mantenidos por Don Alvar y Don Remondo. Por más que el fraile intentó calmar los ánimos, tal era la fiera enemistad entre las dos partes que fue recriminado el doncel y encerrada la novia, llegando inclusive el infante Sancho a recriminar a Fray Ambrosio su intervención y confesándole que tenía previsto secuestrar a Blanca y huir juntos en amor hacia tierra de moros, lejos de Castilla, donde obtendrían el doble perdón paterno.

Comprendiendo el Padre Prior que no podría evitar el rapto pues Sancho ya tenía trazado su plan, no quiso que se produjera la huida sin antes casar a los enamorados de modo que, puestos de acuerdo, se dieron cita una noche en el lugar del Humilladero, en Villa Real, junto a la puerta de Alarcos. Allí acudieron el fraile, Sancho que ya residía fuera del hogar familiar y Blanca que acababa de escapar del suyo. Al instante unió Fray Ambrosio a los amantes en matrimonio y, recién acabados los votos y antes de emprender su huida, se personó violenta y precipitadamente en el lugar Don Remondo Nuñez en busca de su hija y escoltado por su gente armada. El Prior se interpuso y suplicó paz pero Remondo ciego de odio y furor quiso traspasar con su espada al fraile que había unido a su hija Blanca en matrimonio con el infante Sancho, hijo de su eterno enemigo Don Alvar Gómez. De tal fortuna fue el lance que la espada traspasó el hábito del franciscano sin herirle pero alcanzando de pleno a la joven Blanca que se amparaba tras él, su propia hija, cayendo muerta al suelo. Sancho al ver yacer a su amada quiso vengarse y blandió su espada contra el padre de aquella, Don Remondo, pero al instante cayó abatido por las lanzas de la gente armada que lo escoltaba.

Tan inesperado desenlace arrancó de Fray Ambrosio las más tristes lamentaciones viendo a los dos jóvenes, emblema del triunfo del amor entre enemigos, casados, sí, pero fallecidos en el acto y de tan violenta manera que se impuso de nuevo el luto en ambas vecindades y se vio truncada la posibilidad de reconciliar aquella rivalidad familiar que sólo el tiempo lograría extinguir. Y culmina la leyenda diciendo que allí mismo fueron enterrados juntos los dos amantes, colocándose sobre su tumba una cruz conmemorativa que atinó en llamarse "La Cruz de los Casados", recuerdo de la trágica historia de amor entre Sancho de Miguelturra y Blanca de Villa Real."


Espero que os haya gustado y que si visitáis el Parque de Gasset sintáis la curiosidad de acercaos al final del mismo, al lugar donde se haya la memoria de Sancho y Blanca y recordéis entonces el por qué de ese monumento: La Cruz de los Casados.
Se dice que antiguos textos, además de las crónicas de Ramírez de Arellano,  recogieron esta leyenda y que algunos rezan: "En Ciudad Real, en el rollo del antiguo Humilladero, una cruz pregona un poema de amor y sacrificio, cuya leyenda no es suficientemente conocida..."

martes, 19 de febrero de 2013

EN ESTE VALLE DE LÁGRIMAS...

No podía empezar sino diciendo que esta entrada se la prometí a mi buen amigo Albertito Laguna y que era de justicia escribirla ahora en estos días. Va por ti, compadre. "Pisarás La Campana antes que yo".

Corrían tiempos de igualás y ensueños, los que amamos los cofrades, cuando un fin de semana se citó el sábado el primer ensayo del paso del Decreto allá por el Polígono Calonge. El Domingo de ese mismo fin de semana, a las 11 de la mañana estaba citada también la igualá del Nazareno de la Hermandad del Valle, el Señor de la Cruz al Hombro, paso en el que Alberto se había fijado y tenía ganas de ir a igualar a ver qué pasaba. Yo un año más me disponía a pedir hueco bajo las trabajaderas del Divino Rabí de la Hermandad de la Cena y el sábado intentaría hacerme hueco también en el grupo de hombres que pasean el Misterio alegórico de la Trinidad por la bética urbe. Tenía que ir a Sevilla sí o sí. Por mi mente no pasaba la igualá del Valle, pero por la de mi compadre sí. Me dijo que si nos íbamos juntos a pasar el fin de semana de enredo cofrade a Sevilla el Domingo iríamos a la igualá del Cruz al Hombro, que tenía una premonición. Así pues, allá que nos fuimos los dos en amor y compañía y como acompañante Jesús Laguna, hermano de Albertito y también compadre mío al que conozco desde que era niño y lo quiero igualmente como a un hermano. Viaje cofrade y de cofrades. Pintaba bien.


Recuerdo que el sábado nos cayó una tunda de agua del carajo en el ensayo y regresamos al lugar de hospedaje empapados de agua y yo sin hueco en el Decreto. Al menos cada vez que estoy en aquella mariana ciudad estoy radiante. Me enamora Andalucía y más todavía una de las más bellas hijas que tiene: Sevilla. De esta guisa (y yo con sabor agridulce) nos disponíamos a dormir y al día siguiente, tal y como le prometí a mi compadre, iríamos a la igualá del Cruz al Hombro. Total ya que estábamos allí, que teníamos los botines negros y que nos gusta sacar pasos a la calle, probaríamos suerte en las trabajaderas del que todo lo perdona alzando su mano en la tarde-noche del Jueves Santo.

El día amaneció radiante y el sol se estrellaba con fuerza en los adoquines amarillentos de la Alameda de Hércules. Desayunamos un zumo de naranja y una tostada con tomate y aceite. Típicamente andaluz y una verdadera delicatessen en tan singular enclave. Todavía quitándonos migajas de pan tostado de la cazadora y con paso casi racheado nos dirigimos a la igualá del Nazareno del Valle. Gentío de costaleros se agolpaba en la puerta del almacén, abrazos, besos y saludos de sevillanas maneras colmaban los aledaños del lugar de la cita. Y allí nos presentamos. El capataz Pepe Mesa dirigió unas palabras a los presentes y comenzó la igualá. Alberto igualó en la quinta y yo en la tercera. De ahí a entrar en la cuadrilla había un mundo... Mundo que se redujo cuando Jaime el subcapataz nos dio a firmar los papeles del seguro de costalero y Pepe nos entregaba la tarjeta con fechas de ensayos y horarios. ¡¡Nos citaron a ensayar!! No echar las campanas al vuelo... Eso no quería decir que estuviésemos dentro de la cuadrilla. En mi caso había un hueco en el palo y estábamos tres aspirantes en la lucha por él. En el caso de mi compadre había otro hueco y estaban cinco peones pidiendo trabajo. Habría que verlo pero habíamos dado un paso de gigante, en nuestro estatus una zancada costalera con potente izquierdo y sin tambaleo.

Llegó el primer ensayo, nos hicimos la ropa y nos metimos bajo el palo cuando nos fueron indicando. Al finalizar le preguntamos al capataz si estaba contento con nuestro trabajo y nos dijo que tendría que seguir viendo y observando detalles. Una vez más Sevilla nos despedía con la duda pero nos emplazaba nuevamente a un nuevo ensayo. Esperanza, siempre Esperanza. Para mi Albertito la que cruza el puente, para mí la que vive en la muralla. "Esperanza Macarena y Esperanza de Triana, una Madre y una pena, una sola Soberana en dos caritas morenas." Al menos habíamos ensayado en un paso de Sevilla y eso para nosotros ya era un súmun de felicidad. Nos subimos al coche y escuchando marchas volvíamos a nuestra Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Reyes con las vistas puestas en el siguiente ensayo, día que nos dirían si contaban con nosotros o no. ¡Bendita locura la del corazón costalero que sin saber con certeza se aventura a viajar en busca de ser los pies de Dios!

Pasaron volando los días del calendario en una nueva Cuaresma y llegó el día del segundo ensayo. Como de costumbre entre nosotros, trabajadores forasteros del arte del costal, a las seis de la mañana salíamos para Híspalis rumbo al encuentro de la parihuela de vigas de hierro para disfrutar de nuestra oportunidad. Pepe Mesa nos recibió minándonos la moral y apunto estuvimos de volvernos para Ciudad Real antes siquiera del ensayo: "Hay buenos costaleros y hermanos de la cofradía, tienen prioridad a ustedes y no lo tengo muy claro". Vamos que todo apuntaba a que no formaríamos parte de la cuadrilla. Con orgullo herido y dándolo todo en cada levantá nos quedamos al ensayo y al terminar el mismo nos fueron llamando por palos al almacén a la inversa de como se había igualado, es decir, de la última a la primera. Cuando llamaron a la quinta pasó mi compadre. Desde fuera yo veía un corrillo: dieciséis costaleros en torno al capataz. Seis formaban parte de la cuadrilla alta y tenían su hueco hecho. La cuadrilla baja la formarían otros seis y estaban diez hombres. Cinco tenían hueco ya y el otro hueco era el que se rifaba Alberto con otros cuatro peones. Yo en ese momento no daba un duro por mi compañero. La cosa estaba más que fea cuando empezaron a salir del almacén. Los que ya tenían hueco en la cuadrilla salían hablando entre ellos. Cuatro caras cabizbajas y serias entre los cinco aspirantes y una de ellas sonriente como jamás la había visto: mi compadre estaba dentro de la cuadrilla. Alberto había sido el elegido. Había demostrado su valía como costalero, su bondad como persona y su humildad bajo las trabajaderas. Había entrado en el paso que quería. Yo sé (por envidia en unos casos y por ser envidiado en otros) lo que eso significa y la felicidad que tenía mi amigo en ese momento. El abrazo que me dio ya lo dijo todo...
¡La cuarta! La voz de Paco y Jaime retumbó llamando a los hombres que debían pasar al almacén. El siguiente palo en pasar era la tercera. ¡Oído! ¡La tercera! La mía. Llegó el momento y pasamos al almacén. Pepe nos dijo que el formar parte de esa cuadrilla era una lucha constante y que al igual que en ese momento estábamos dos aspirantes entregados debían estarlo los que ya tenían el hueco y no relajarse nunca porque otros tantos aspirantes llegarían con fuerza pidiendo trabajo bajo el Cruz al Hombro. Y recuerdo perfectamente como volviéndose a Camacho y a mí nos dijo: "Y ustedes dos... cuiden el hueco que hoy adquieren porque es muy difícil de obtener. Son buenos los dos y me los quedo. Enhorabuena y bienvenidos a la cuadrilla".

Albertito Laguna y yo con Pepe González Mesa,
Capataz del paso del Nazareno de la Cruz al Hombro

Salí del almacén radiante. ¡¡Era costalero en Sevilla!! Cuando Alberto me vio la cara se le iluminó como cuando empieza la Cuaresma. Para él era un sueño. Una aventura que empezamos juntos y culminábamos juntos años después: los dos costaleros en Sevilla del mismo paso. Comenzamos nuestros viajes para los ensayos, noches de madrugón, desayunos en Abades, pernoctas en baratos hostales... Todo esfuerzo merecía la pena porque éramos felices. Llegó el Jueves Santo y el Maestro de la mano alzada no pudo pasearse porque la odiosa lluvia hizo su aparición en el peor momento. Primeras lágrimas en el Valle...
Al siguiente año, de nuevo ilusionados, sintiéndonos ya miembros y unidos a la que siempre será mi cuadrilla querida de Sevilla, la que me abrió las puertas, la que me acogió sin tapujos, la que me enseñó que los huecos en los pasos se ganan por derecho y trabajando recto y no a través de cervezas y copas en los bares, iniciamos de nuevo la andanza de igualá, ensayos, viajes, desayunos, comidas en carretera,  frías noches de mudá y cansancio y sueño. La recién estrenada Cuaresma volvió inexorablemente a deshojar el calendario de la primavera y se avecinó pronto el Jueves Santo. Maldita la hora en que la nefasta lluvia volvió a arruinar por segundo año consecutivo el paseo de nuestra hermandad. Otra vez el templo del Valle se convertía en valle de lágrimas...

Este año, por unas cosas y otras, compromisos, coincidencias y jaleos, no puedo sacar el paso. He de irme de la cuadrilla que me recibió sin haber podido disfrutar con ellos de Jueves Santo de gloria y disfrute. Jamás olvidaré el buen trato recibido por todos ellos: Pepe, Jaime, Paco, Alfonso, Ismael, Diego (Waly), Santos, Iván, Emilio Simón, Coleta, Canalo, (perdón a los que me deje en el tintero sin quererlo)... El Señor de la Cruz al Hombro me ha regalado mucho, más de lo que podría regalarme y permitirme siendo su costalero. Muchísimos ratos agradables y muchísimas vivencias. Pero el mejor y mayor regalo es que mi compadre salga con ustedes, que mi compadre Albertito sea los pies del Rey del Valle. Cuidadlo. Él es feliz con ustedes. Se hizo hermano de la cofradía y la siente muy hondo. Para él es un orgullo ser costalero del Valle, ser los pies del Dios de la Cruz al Hombro que gobierna el Jueves Santo en la calle Laraña. Sé que se acordará de mí bajo el paso lo que no está en los escritos. Y yo me acordaré de él, de ustedes y del Nazareno del Valle durante toda mi vida. Y algún año volveré a vuestra vera a pasearlo. Varias veces lo he mirado a los ojos y le he hablado. Y si en su momento no hallaba respuesta alguna, ahora la sé. Ser costalero muchas veces no es sólo coger tus kilos y avanzar de frente con ellos. También se es costalero de fe y no de kilos. Y muchas veces, muchísimas, pesan más los kilos que no se ven.


Y cuando llegue este nuevo Jueves Santo y el sol brille en lo alto de la Plaza de la Encarnación también habrá lágrimas. Pero no serán por la lluvia. Serán porque mis lacrimales darán paso a sentimientos como lo están haciendo ahora mientras escribo. Serán porque veré salir del templo al Nazareno de la Cruz al Hombro perdonando pecados por Sevilla y bajo Él irá mi Albertito del alma. Y sé que estará feliz. Y sé que ustedes lo cuidaréis. Y sé que cuando pise la Campana por primera vez se acordará de mí. Y sé... tantas cosas que he aprendido durante esta etapa en el Valle que me es imposible narrarlas todas. Gracias una vez más. Gracias a todos. Gracias a ti, compadre, por haberme hecho partícipe de esta gloriosa aventura. Yo ya no estaré en la foto pero estaré contigo. Y con Él. El Jueves Santo estaré a vuestra vera y lloraré de alegría y felicidad por ti en el Valle. Lágrimas de sentimiento puro que no de tristeza. Disfruta y vívelo. Te lo mereces. Y pisa la Campana por mí. Marca tu huella que a la vuelta te esperaré en nuestra iglesia y lloraré de nuevo al abrazarte... en este Valle de lágrimas.



¡Va por ti Albertito, compadre! Te quiero taco. ¡Al cielo con Él!

miércoles, 6 de febrero de 2013

MI PARTICULAR VISIÓN DE DON CARNAL Y DOÑA CUARESMA

Ahora que es inminente su llegada, ahora que la chiquillería rebusca en los cajones su antifaz del pasado año, ahora que nacen los entendidos de las chirigotas y comparsas que el resto del año sólo se acuerdan de Cádiz por su pescaíto frito, ahora que cualquier cosa vale escondidos tras la máscara, ahora que la Sardina tiene contados sus días, ahora que las viandas y carnestolendas rebosan en las alacenas...

Ahora que se cree su lucha ganada para sucumbirla después, ahora que el colorido de las calles y plazas de las ciudades donde se vive se tiñe multicolor con telas y disfraces, ahora que las letras de coros y murgas son tarareadas por los rincones de la calle y del hogar, ahora que ha transcurrido un año desde la última elección de su Reina...Es el momento del Carnaval.

Representación de Don Carnal
Ahora que aflora el azahar, ahora que los sueños de infancia costalera se visten de hábito nazareno tachando días en el calendario, ahora que por las oscuras callejuelas se aparecen parihuelas de ensayo, ahora que el adobo empieza a impregnar el cazón que será frito y servido en cartuchos de estraza...

Ahora que se limpia la plata, ahora que los garbanzos se ablandan en puchero con aroma de potaje, ahora que las cererías envuelven mechas de candelería, ahora que se determinan las fechas de ensayos e igualás, ahora que el pregonero su pregón escribe, ahora que los cofrades dejaremos de soñar lo vivido para vivir lo soñado, ahora que ya llega la Gloria... Es el momento de la Cuaresma.

Representación de Doña Cuaresma
Muchas veces se ha hablado de la lucha entre Don Carnal y Doña Cuaresma y se han contado versiones variopintas y diferentes de sus enfrentamientos que distan mucho de la narración de la conocida Batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma que Don Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, escribiera en su célebre obra Libro de Buen Amor. Sin embargo yo hoy vengo a derramar tinta en son de ambos a mi manera. Sin batallas. Sin odiosas comparaciones. Sin interpretaciones ocultas que busquen reflejos en la vida real.
¿Por qué hemos de entender que el Carnaval y la Cuaresma sean contrapuntos? Si bien el Carnaval es festivo también concluye la Cuaresma en una celebración. ¿Por qué han de ir enfrentados? Don Carnal gusta de opulentas comidas, bailes, fiestas y disfraces ocultos bajo caretas. Doña Cuaresma gusta de una mayor abstinencia, de seriedad, de recogimiento y de dar la cara con valentía. Me pregunto yo: ¿no serán ambos más que enemigos complementarios entre sí? Tras una buena ingesta de carnes asadas (carnaval), en vez de un dulce y chocolatado postre una frugal pieza de fruta (cuaresma) equilibraría la balanza, por así decirlo. Don Carnal y Doña Cuaresma no debieran verse como opuestos, sino como piezas de un mismo puzzle de modo tal que sin una no encaja la otra. Sin uno de los platillos la balanza está incompleta. La cal y la arena son piezas de un mismo puzzle también y siempre se ha dicho "una de cal y otra de arena". No se dan a elegir: una de la una y otra de la otra. ¿A qué nunca hemos dicho "o cal o arena"? Del mismo modo apunto yo hacia los protagonistas de tan épicos y medievales combates, convirtiéndolos no en acérrimos enemigos sino en compañeros de batalla. La batalla de la vida donde todo exceso se acompaña de un defecto y al revés.














Y todo ello, ¿por qué? Pues por la sencilla razón de que una cosa no quita la otra. Existe la falsa creencia de que quien gusta de carnavales no gusta de cofradías por la simple y llana razón de que son celebraciones opuestas. Y yo vuelvo a preguntarme: ¿Quién inventó tal milonga? Y no me vengan ustedes con el rollo de que el Carnaval es una fiesta pagana y la Semana Santa (cúlmen de la Cuaresma) es una fiesta cristiana, que a todos nos gusta estar de farra y cachondeo dejando al margen el origen de la celebración. Reconozcámoslo: somos españoles. Mil y una vez hemos visto "al ateo perroflauta más rojazo del mundo" disfrutando entre botellines y lumbre de una Romería (fiesta mariana) y al "ultracatólico opusiano derechón yoamoaLauraperoesperaréhastaelmatrimonio" gozando como el que más en una carpa de carnaval disfrazado de monja sexy. Y el que diga que no, una de dos, o no es español o jamás ha asistido a un evento de tal índole.
Así pues, se aprecia que es del todo viable el "celebrar" una cosa y la otra siempre y cuando impere el respeto entre creencias y pensamientos. Pero, ¿privarse de una en virtud de la otra? No veo el por qué.  Y sí, señores y señoras, yo soy del club de aquellos que lo hacen. Y no me considero mejor ni peor por ello. Y, quizás por eso mismo, también entiendo que ambas cosas pueden ser complementarias. Y acepto que me digan que tanto como complementarias... No. Nadie tiene por qué gustar de ambas. Eso sí, suplementarias tampoco. Por ese aro no paso. Y sí, llevo años disfrazándome en Carnaval. Y sí, también llevo años participando a sacar cofradías a la calle. Y por la gente con la que me codeo y veo, no, no soy el único que disfruta de una de las fiestas o incluso de las dos. Si me excedo en Don Carnal ya me cuidaré en Doña Cuaresma y si me abstengo en Doña Cuaresma ya me excederé en Don Carnal. Complementando que se dice. Una de cal y otra de arena, ¿qué no?


















Concluyendo, ¿saben qué les digo? Que dos caminos he descubierto en esta antigua historia de Don Carnal y Doña Cuaresma: la del enfrentamiento continuo que proclamase a modo de parábola Don Juan Ruiz y la del disfrute de ambos que yo les brindo. Elijan ustedes mismos. Yo mientras tanto voy preparando mi disfraz para estos días y perfumando mi casa de incienso para lo que se avecina después. Eso sí, como buen español, una copita me cabe entre chirigota y comparsa y otra entre misterio y palio. ¡Ahí lo dejo!

jueves, 31 de enero de 2013

DE LAS FOBIAS CURIOSAS...


No todo en esta vida iba a ser de color de rosa. Siempre me he preguntado por qué ese color y no otro para describir una agradable sensación. Se ve que ese color transmite calma, paz, serenidad y alegría, y claro, como suma de todo ello felicidad. A mí el color rosa me recuerda a los chicles Boomer y al típico vestidito de bebé niña, qué queréis que os diga... A lo que iba. Como no todo en esta vida es fácil y sencillo existen cuestiones que son difíciles y complejas y, para colmo, la mente humana crea u origina más impedimentos para rizar más aún el rizo y que nos cueste todavía más. Dícese: si ya cuesta lo suyo el mero arte de vivir, los traspiés se generan solos, surgen problemas, cuestiones fuera de nuestro control y otros obstáculos que impiden que "todo sea de color de rosa",  va la mente e imaginación y nos deleita con las fobias. "¡Manda huevos!" que diría el conocido político.

Las fobias son aquellos miedos intensos, irracionales e inexplicables que crea la propia mente humana acerca de una situación concreta y cotidiana. (Reitero la expresión del político otra vez). La etimología de la palabra viene de la palabra griega "Fobos", personaje mitológico hijo de Ares y Afrodita que personificaba el miedo. Curiosos orígenes para tan curiosos miedos. Todo el mundo ha oído alguna vez términos como claustrofobia, ¿o no? Hasta ahí bien, sabemos que hay gente que padece miedo a los espacios cerrados y ese miedo (intenso, irracional e inexplicable) les invade en situaciones (tan concretas y cotidianas) como subir en ascensor. Y nos llama la atención que eso les ocurra, sin embargo, todos (y cuando digo todos es todos, usted también) padecemos alguna fobia. No todas son conocidas y tan mentadas como la dicha claustrofobia, pero, cual meigas, "haberlas haylas" y de todos los colores. (Sí, rosa también). Y algunas son tan curiosas que me han llevado a escribir a esta entrada. Y es que no dejo de preguntarme a cuento de qué la mente puede originar miedos tan curiosos como los siguientes. Les dejo una colección de las quince fobias más extrañas que he descubierto. Lean, lean: 

-Astrofobia: Miedo al impacto de cuerpos celestes. (Vivo pensando que el cometa Halley algún día me caerá encima).

-Aliumfobia: Miedo al ajo. (Sería la fobia de Drácula, fijo).

-Alodoxafobia: Miedo a las opiniones. (Di que sí. Lo que yo digo va a misa y sin rechistar, ¿eh?).

-Anglofobia: Miedo a los ingleses. (¿Tan malos son los guiris? Hombre, por favor).

-Cacofobia: Miedo a la fealdad. (Pobre Picio y pobre feo de los Hermanos Calatrava).

-Colpofobia: Miedo a los genitales femeninos. (Sin comentarios).

-Crematofobia: Miedo al dinero o a los valores de capital. (¡Coño! La fobia de Urdangarín).

-Escalofobia: Miedo al colegio. (¿Quién no la ha tenido alguna vez?).

-Hipopotromonstrosesquipedaliofobia: Miedo a la pronunciación de palabras largas. (El que le puso el nombre... se coronó).

-Numerofobia: Miedo a los números. (Las matemáticas y yo nunca nos llevamos bien, pero tenerles miedo... tampoco).

-Penterafobia: Miedo a la suegra. (Jajajajaja. ¡Impresionante!).

-Somnifobia: Miedo a dormir. (Vamos, vamos, vamos... Una fobia anti-siesta. ¿Estamos locos?).

-Telenofobia: Miedo a los teléfonos. (Cuenta la leyenda que hubo un adolescente sin móvil...).

-Triskaidekafobia: Miedo al número 13. (Hasta que punto llegan los supersticiosos, por favor).

-Venustrafobia: Miedo a las mujeres bellas y hermosas. (Ahí que van las misses provocando miedos, desde luego...).

¿Qué? ¿Curiosas o no? Bien, pues hay muchísimas más. Todos tenemos alguna. Y lo realmente curioso es que son inexplicables e irracionales. ¿Qué miedo puede infundir un ajo? ¿Y qué miedo puede infundir el número 13? ¿Y si juntamos 13 ajos y un teléfono? ¿Dormir también produce miedo? ¿Y si vemos a un inglés muy feo comprando ajos y/o hablando por teléfono? Y... y... y... ¡¿Qué miedo puede infundir la suegra?! (Risa y comentarios jocosos en los lectores). ¡Ché! Esto ya son palabras mayores, ¿eh?

Ya os lo decía... No todo es de color de rosa. Ufff. Qué hartura de colores... Por cierto, la fobia a los colores se llama Cromatofobia. También existe. Tenía que decirlo.