martes, 31 de agosto de 2021

SE CONSUMIÓ OTRO AGOSTO

Siempre lo exprimo al máximo y esta vez no iba a ser menos. Tras un Agosto "habilitado a medias" el pasado año, llevaba dos años sin tener vacaciones. A ver, entiéndase lo de vacaciones, sí, sí, entiéndase y no de la manera que lo están entendiendo. Por supuesto que no he podido parar de trabajar pues mi agenda no la marco yo, la marcan los plazos judiciales. Así es que no iba por ahí. ¡Ya estabais pensando "se va a quejar de que no ha parado y seguro que sí"! Pues no. No me quejo de eso y no he parado. Mayormente no me han dejado. Me refiero a que entendáis lo de vacaciones aplicado a la vida de un autónomo. Vacaciones, laboralmente hablando, es un período inactivo de trabajo y además remunerado. Pues en mi (nuestro) caso, no. Vacaciones es un período de tiempo en el que paralizamos la actividad y desconectamos mentalmente de la rutina. Por supuesto no nos pagan por ello sino que dejamos de cobrar el trabajo que pudiéramos realizar. Así sin más. Como suena. Pero o dejamos de trabajar o explotamos mentalmente. Así está montado el chiringuito. Y no, no nos dan paguita, ni ayudita tampoco. Ser autónomo en España es una aventura total. De eso sí me quejo. Y mucho. No lo comprenderéis salvo que seáis autónomos también. Ojo, por otro lado tiene sus cosas buenas, ¿eh? Que las hay. Y muchas.  Así es que, como antes decía, tras dos años sin vacaciones, este año me han parado la actividad jurídica en Agosto, como es costumbre en este mundillo leguleyo y he logrado tener ese estado mental de vacaciones y ese parón en el despacho. Todo un mes entero tras llevar prácticamente veintitrés atado a los plazos procesales. Inicié, por tanto, el disfrute el mismo día uno del mes y hoy, día treinta y uno, lo doy por finalizado. He exprimido Agosto entero y de la mejor manera posible.

El primer día del mes, mochila hecha y billete de tren en mano, me dirigí a la estación de tren para culminar la aventura iniciado en el verano de 2018: el Camino de Santiago desde Somport (Francia) hasta Compostela. Me quedaba hacer el tramo final, desde León hasta el centro de la Plaza del Obradoiro, unos 315 kilómetros y en ello iba a gastar (y así lo hice) los primeros quince días de mi querido Agosto. Un día de viaje de ida, trece etapas andando y otro día de viaje de vuelta. A mediados de mes, el propio día 15, Asunción de María y con la Virgen del Prado en la cabeza, volvía a Ciudad Real, capital de La Mancha. Tocaba disfrutar de ella así es que sin perder ni unas horas, cambié la mochila y el bastón por el bañador y la lumbre. El chalet me esperaba y conforme llegué me reencontré con él. Piscina, barbacoa, lumbre, conserva, familia, tradición y costumbre. Vacaciones. Mientras mi mente ha estado libre de plazos, escritos, recursos, procuradores, oficinas y tribunales, ha estado feliz toda mi persona entera. Y eso, gracias a Dios, ha ocurrido durante todo el mes. En el Camino he estado muy tranquilo y disfrutando de todo lo que me reporta y tanto me gusta, aunque visto desde fuera sea nada más que madrugar y caminar, os aseguro que es mucho más. Y la segunda quincena, entre mi familia y el chalet, con sus batallas que no son pocas, he estado entretenido e igualmente feliz. No he parado quieto un solo instante y Agosto ha ido desgranando sus días casi sin enterarme pero de manera muy satisfactoria.


Y ha llegado el último día de este maravilloso mes. Es como las últimas horas del Domingo a la semana. Una sensación de haber disfrutado el descanso y de estar ya iniciando la vorágine diaria que te impide disfrutar con consciencia de lo últimos momentos de relax. Al igual que un viernes por la tarde ya está la mente difusa, el Domingo por la tarde ya está activando el modo lunes. Así es el final de Agosto, más centrado en el inicio de Septiembre que en su propio cierre. Y eso que yo doy de los que se niega a interrumpir el descanso. Lo gozo de principio a fin y luego lo que haya de ser que sea. Hasta ahora me ha ido bien así y vuelvo con ganas, ¿eh? De verdad que cuando uno descansa vuelve con las pilas cargadas. Así creo que estoy. Ha sido un Agosto a la antigua usanza y me ha reportado una tranquilidad que ya me hacía falta. Así es que mañana vuelta a la batalla. Y ni depresión post vacacional ni inventos o moderneces. Al lío. Así cuando llegue de nuevo Agosto, nos acordaremos siempre de esos ratos malos y veremos qué merecido es el descanso que nos traemos entre manos. Estos últimos días en el campo son ajetreados, los dedico a hacer conserva y me pego unos palizones de miedo, pero cuando luego, en el frío mes de Febrero, hago macarrones con tomate, ¡qué ricos salen con aquel tomate de conserva que se hizo a la lumbre en la decadencia de Agosto! Pues con el curro y las vacaciones igual. Sembrar para recoger.

Se consumió otro Agosto. Y ya van más de quince vividos a mí manera, de principio a fin, desde que me embarqué en la fragata de la abogacía. Me gusta, por eso muchas veces al año pienso en este maravilloso octavo mes del año y, en especial, en el mes de Enero comienzo a soñar en cómo lo disfrutaré cuando llegue, saboreando sus días uno a uno y copándolos de tareas que el resto del año no puedo hacer. Así ha sido, ¡por fin!, este año otra vez. Y eso que no ha habido Ferias y Fiestas de Ciudad Real por el asunto de la pandemia (ya más política que sanitaria), de lo contrario habría sido un espectacular mes de Agosto y mira que ha sido bueno. De todos modos y a pesar de que la corbata me aguarda ya preparada para mañana, Septiembre es un mes plagado de ferias y con aroma a las últimas romerías del años, ¿qué pensabais? ¿que me las iba a perder? Mañana mismo, día uno de la vuelta al cole, empieza la feria de Daimiel, pueblo natal de mi suegra. ¿Cómo no ir a ver si está todo bien montado? Me veo obligado a ello. Y pasado mañana primer jueves laboral, ¿vuelta al pádel? Y al otro amanece un nuevo viernes de sueños brillantes, un día preciso para programar algún viajecito en Otoño, mi querido Otoño, ya metidos en rutina de juzgados hay que darse un respiro, digo yo. Y llega el fin de semana y enseguida otra feria y otra y otra. Muy pronto será Navidad, cambiamos de año y ya mismo, aunque no lo creáis, será Agosto de nuevo. Y habrá que exprimirlo hasta que se consuma. ¡Al ataque!

sábado, 21 de agosto de 2021

¡QUÉ DÍAS MÁS BONITOS!

Te dije que seguramente volveríamos a vernos por estos lares antes de que marchase, con la mochila a la espalda, a recorrer mi amado Camino de Santiago. Y, es más, creo recordar que te prometí que intentaría que así fuera. Finalmente no pudo ser, querido Julio. Pero mira, aquí estoy. Escribiéndote de nuevo a ti y eso que ya ha pasado el ecuador de Agosto. A lo mejor vuestros diez hermanos se ponen celosos pero Enero y tú siempre desprendéis para mí una fragancia especial. Fíjate que Abril me encanta con sus palmas y su incienso y que Agosto me da la paz y tranquilidad que tanto deseo en ocasiones, pero Enero me permite llenar la agenda de sueños y metas y tú siempre me guardas alguna sorpresa. Este año me has hecho seguir integrándome y disfrutar con y en esa hermandad de hombres buenos, guardianes de la tradición, mantenedores de la esencia de nuestra raigambre que tan bien me acogen sin que yo sea uno de ellos, tratándome casi como uno más. Y que tengan ciertos detalles con mi hija es lo que más feliz puede hacerme. La veo a ella contenta entre ellos y sonrío. Lo confieso, a la par, también miro al cielo y evoco esa mirada almagreña que me anudó mi primer pañuelo de hierbas al alma. Y sé que desde arriba ella mira a mi pequeña Claudia y me ve a mí mismo feliz, recordándola y amando a mi hija en la más pura esencia de lo que el Prado, empapado de Catedral, Virgen del Prado y costumbre, rezuma en los últimos días del mes de Julio.

"Mi papá es pandorgo", dice mi niña. Me enternezco y pienso que debo serlo si ella lo dice, pero que, quizás, en ese sentido de amante de lo propio, ya lo soy. Amo mi Ciudad Real natal, sus tradiciones y sus gentes. Y me gusta que perduren, ayudar a que lo hagan, mantenerlas, enseñarlas, difundirlas y enorgullecerme de ellas. Y es lo que le inculco. Entiendo que ella ve que esos hombres que visten blusón y boina o traje de rico, dependiendo de la ocasión, hacen tales cosas y me asocia a mí con ellos. Y vuelvo a acordarme de mi abuela cuando desde niño me decía "tú tienes alma de pandorgo, ya actúas como tal". Y cuando, muchos años después, se lo conté a Gemma, mi mujer, me dijo "pues claro, ya lo eres, amas tu tierra profundamente". Y estos días tan bonitos cuando luzco mi pañuelo, impuesto por el pandorgo de hogaño -como debe ser- y lo paseo con todo el pecho lo más henchido posible, mi hija dice de nuevo "mi papá es pandorgo" y realmente pienso que, por y para ella, lo soy. Por ella, mi Lela, por ella, mi mujer y por ella, mi pequeña. Y por Ella, mi Patrona, por supuesto. Así actúo y me sale de dentro. Los tres consabidos vivas ya los gritaré en su momento, si no me quedo sin aliento por la emoción y, entonces, sí lo seré en todos los sentidos y acepciones. No sé cuándo será pero el caso es que volvamos a vernos con unos días tan preciosos como estos. Cada recuerdo me aflora una sonrisa al alma.

No ha corrido la limoná por los lebrillos pero para los que amamos la Pandorga ha sido especial. Hartos ya de mascarillas, restricciones y de este maldito virus, ladrón de abrazos y besos, poder aunar los sentimientos hacia la Morena del Prado y brindarle de nuevo una fiesta por y para Ella, lo es todo. Mientras sigan los ignorantes diciendo que la Pandorga es un macro botellón y no se impregnen de la fiesta de verdad, no se aprenderá nunca. Hay muchas actividades que pasan desapercibidas y son "pura pandorga". Pero, vamos, si los que consideran la fiesta de la tradición únicamente una borrachera social, no participan en ella, ¿qué decir? Pues que mejor. Más esencia y pureza para los que la vivimos de verdad. Así lo pienso. Eso sí, luego cuando quieran participar, puerta cerrada. Aunque siempre habrá alguno que se cuele y se dé de bruces con la realidad. Tampoco será malo eso. ¡Ya está bien! Pues lo dicho. Este año, tan extraño, tan anómalo, tan diferente al anterior y, espero, tan distinto al que viene, los que de corazón sentimos el pañuelo de hierbas anudado profundamente, hemos vivido la Pandorga intensamente. Se ha proclamado nuevo pandorgo que en nombre del pueblo ha dado gracias a la Patrona, ha habido ofrenda de frutos y flores y, como dice el himno, entre el Prado viejo y la Catedral se ha elevado un largo tablón y, por la noche, las agrupaciones han bailado a su alrededor. El año pasado no hubo nada. Este año, en esencia, ha habido de todo. Botellón, no. Pandorga, sí. Tomen nota aquí.

¡Qué días más bonitos! Se respira aroma de Ciudad Real, de capital de La Mancha y de Virgen del Prado a la que en peregrinación vienen a rendirse desde pueblos lejanos. Y, es curioso, estas letras que, como antes decía, quería haber publicado antes de que terminase Julio, finalmente están siendo plasmadas a mitad de Agosto, en plenos días de Ferias y Fiestas en honor a Ella, ¿a quién si no? Veo alegremente que la Hermandad de Pandorgos está muy activa, que la Asociación de Dulcineas y Damas Manchegas está disfrutando también estos días preciosos y que en los Jardines del Prado el ambiente no puede ser mejor. Se juntan en los mismos nuestras raíces, nuestros sentimientos, nuestros orígenes. Allí nació y se fundó la ciudad, allí se levantó la Catedral, allí surgió la Pandorga y allí preside toda Ciudad Real la vecina más vieja de esta villa, la de los ojos azules, la que habita en el Camarín donde se unen las miradas y oraciones de nuestros mayores y nuestras propias. Y yo, personalmente, viviendo y disfrutando todo ello con la mejor compañía posible. ¿Ya te he dicho que te quiero, mes de Julio? No te sorprendas si lo repito. Mi hija, desde niña, entre Pandorgos y Dulcineas. No puedo estar más feliz de enseñarla a amar nuestra tierra. ¡Qué días más bonitos!

lunes, 19 de julio de 2021

NUESTRA CITA, JULIO

Hola, truhán. Todos los años te dedico unas líneas porque tenemos una relación de amor-odio que sólo tú y yo entendemos. Me estresas mucho mientras descuento días para las vacaciones pero me regalas ratos de raigambre, tradición y festejos que dan pistoletazo de salida a mi descanso. Me aplomas con tu calor pero me refrescas con la limoná que desprenden los lebrillos estos días. Me saturas con la agenda que has podido llenar en huecos libres desde los meses de Marzo en adelante pero me desahogas con ratitos de verbenas. Incluso, fíjate, los que amamos el mundillo del costal gozamos en tu calendario de citas, igualás y ensayos que nos sacian el hambre cofrade que tenemos a todas horas. Y aunque la pandemia de marras te arrancó la magia, no dejas de ser especial. Este año te esperaba con fuerza pero aún no está la cosa para festejar como quisiera. No obstante, has vuelto a traer alegría, buenos ratos, planes y esperanza. A ver si para el 2022 podemos abrazarnos íntegramente de nuevo, sudar juntos bajo las trabajaderas, refrescarnos con cervezas rodeados de buena gente, asar chuletas y sardinas, colar alguna raclette una noche inesperada, que nos sorprenda un cubata de más en la verbena del Carmen tras pasear a la Virgen Marinera evocando a mi abuela, volver a doblar con mimo la arpillera en Granátula de Calatrava y derrochar oficio costalero con el Santo Patrón de España, celebrando, el día antes y esa misma noche, la verbena de mi barrio de la infancia, mi querido Santiago que perchelero me hizo desde niño, para que sólo cinco días después estalle el júbilo en un dornillo de barro y entre resaca y algarabía mi pueblo cante Pandorga mientras se anudan pañuelos bajo la celeste mirada de la Virgen del Prado.

¡Cuánto te anhelo, Julio! Me abrasas entre tus calores acentuados en esta tierra manchega cuando me obligas a ponerme el traje y la corbata en los últimos pleitos del año laboral. Y, a la vez, me refrescas cuando planifico mi bien querido Camino de Santiago pues es allí donde abanico mi mente. Te quiero pues eres especial para mí, como Enero, mes de planificar los sueños a cumplir en el año que empieza. Es en tus días del almanaque donde empiezo a tocar esos ratos de liberación que llevo buscando el resto del año entre expedientes. Y te odio porque hay ocasiones que o me das días con más horas o es imposible que termine las tareas diarias sino concateno día tras días hasta que llego exhausto a un nuevo Viernes, en el que los sueños brillan más y apago el ordenador un par de días. No sé que clase de embrujo tienes que todo el mundo viene con prisas durante tus horas. Eso cansa. Cansa mucho y más cuando ves llegar el descanso y todo el mundo te dice "házmelo antes de irte". ¿Por qué no vino usted los once meses anteriores? Y en los momentos de máxima apretura siempre sacas un ratito de liberación entre viejas costumbres de barrio y olores de antaño. Haces una combinación exquisita de tus dos perfiles y finalmente me atrapas entre ellos jugando a un contigo pero sin ti en el que siempre pesa más lo bueno. No dudes que de no ser así, no te escribiría.

Y ya estás aquí un año más. El año pasado, sumisos de pleno en el puñetero rollo este del coronavirus, me robaste un sueño que llevaba años fraguando y a la vez me regalaste inolvidables momentos. Pusimos la esperanza en reencontrarnos de nuevo con total normalidad pero tampoco ha sido así. Sin embargo, me vas a permitir terminar una tarea que inicié en 2018 cuando salí caminando desde el Somport francés. Este año, todavía estando tú presente, cargaré mi mochila de nuevo para que conforme arranque Agosto al pasar la última hoja de tus treinta y un días, salga hacia León donde paré mis pasos en el año 2019 y los retomé hasta el mismísimo corazón de Compostela. Y en tus días, Julio, donde hago los últimos entrenamientos y caminatas y vuelvo a calzarme las botas mientras pienso en la cita de notaría del día siguiente o en tal o cual informe del fiscal. No me escapo de tu mezcolanza ni en los ratos de ocio. A la vez, añoro esos nervios y alegrías de hacer caramelo de limón y azúcar para cubrirlo de vino y echarle el hielo justo que tanto me encandilan. ¿Volverás ya el año que viene? Te quiero, Julio, pero como eres. No con medias tintas. Te quiero con tus verbenas y tus gentes de año en año. Y te odio con tus agobios, tus llamadas insistentes y tus últimos coletazos resistiendo a la espera de Septiembre. Espero el año que viene escribirte de nuevo con la ilusión de siempre.

Tenemos que despedirnos y sólo llevas la mitad de tus días avanzados. Inclusive has tenido un Martes y Trece, parece que tientes a la suerte, aunque conmigo sabes que triunfarás porque me gustas más de lo que me alejas. A decir verdad siempre te aguardo. Tienes días de muchos recuerdos y pesos emotivos para mí. El 7, el 16, el 25, el 30 y el 31. Ya sabes tú las razones de cada uno de ellos y prácticamente los cinco pueden darse la mano pues algo comparten: arraigo, memoria, recuerdos, amistades, cofradías, tradiciones y reencuentros. Avanzas raudo aunque no lo parece y dejas un regustillo para paladares entendidos. Prometo seguir queriéndote y aguardar a nuestra cita. El odio que te tenga ya no es cuestión tuya sino de los que abusan de tu calendario. Quizás no tengas culpa de las prisas de la gente pero todos acuden a ti, así es que entiende que siempre es Julio y Julio y Julio el nombre que repiten y hacen que llegue mi hastío. Sabes compensarlo, bribón. Con unos ratos de lumbre y barbacoa, entre chuletas y sardinas, hacemos las paces y enseguida brindamos con un par de vasos limoná mientras hago la mochila para recorrer el Camino. Tienes de todo, puñetero, por eso aunque en ocasiones pronuncie tu nombre con desgana siempre te aguardo. Y a pesar de que mañana empiezas la cuenta atrás de la veintena que conduce hasta el ahnelado Agosto, intentaré saludarte de nuevo a finales de tus calendas. Te lo mereces, querido Julio. Un abrazo.

martes, 29 de junio de 2021

¡¡¡ES PA ÑA!!!

Yo no sé que tiene la selección que me hace vibrar. Para bien o para mal. Desde niño, cuando juega España, para mí es especial. Los colores rojo y azul corriendo por el campo de fútbol me aceleran. Mi país, mi gente, un sentimiento, un grito. España. Eso sí, en el plano deportivo me dan unos disgustos del copón. No hablaré del pasado donde muchos enfados no tuvieron origen en el equipo, pues muchas de las eliminaciones sufridas fueron totalmente injustas. Me viene a la cabeza la imagen de Luis Enrique, actual seleccionador, con la nariz rota y ensangrentada por el codazo de Tassotti. Me acuerdo también en estos momentos del pésimo arbitraje de Al Ghandour, robándonos literalmente la clasificación contra Korea, curiosamente anfitriona en aquel mundial del año 2002. Y me enciendo. Pero lo dicho, esas humillaciones no fueron gestadas por la selección. Vinieron de fuera. Y me hicieron vibrar por dentro. La palabra España la llevo grabada a fuego en mi interior y verla pisoteada de esa manera no lo tolero. Es mucho más que fútbol. Años después llegó la triple corona. Eurocopa, Mundial y Eurocopa. España en lo más alto. Y vibré de nuevo. Y mucho. En lo deportivo y en lo sentimental. Ya os digo que es mucho más que fútbol. Es un sentimiento unido, es abrazarte con un desconocido sabiendo que amáis lo mismo, es ser consciente de que el equipo en tal año no sirve ni para el tute y animarlo a muerte, es saber que el equipo se viste de favorito y tener cautela, es meterse con nosotros mismos pero no consentir que nadie de fuera lo haga, es... es... ESPAÑA.

Y en esas estamos en esta época anómala celebrando en el 2021 la Eurocopa del 2020. Ya saben ustedes los desbarajustes que ha traído y sigue trayendo el coronavirus de las narices. Igualmente se festejarán este año, de aquí a unos días, los Juegos Olímpicos de Tokio que se debieron haber celebrado el año pasado. En un futuro sonará a guasa y a pillería de trivial pursuit la pregunta "¿En qué año se celebraron los Juegos Olímpicos de 2020?" Parece como la mítica "¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?", pero no. Habrá quien diga "pues en 2020, claro". Pues no. En 2021. Cositas de la historia que algún día será divertida mientras nosotros la estamos construyendo a base de mascarillas. Sigo. Estamos celebrando la Eurocopa y sigo vibrando. Ya está España en la palestra. Lo primero la lista de Luis Enrique, ¿qué decir? Cuando la vi pensé que nos mandaban a casa en la fase de grupos. Y ojo que ahora, recién clasificados para cuartos de final, sigo pensando lo mismo pero mantengo la ilusión que antes no tenía. No es que la mantenga, es que me la han creado a base de ratos como el que nos dieron los chavales ayer. Ni Ramos, ni Nacho, ni Aspas, ni Albiol, ni Canales... ¿Pero qué lista es ésta? Aluciné. Pero es la lista, nuestra lista, la de España. Y con ella muero. Más que fútbol, ya sabéis.

Tras ello, el primer partido. El desmorone. Un pírrico empate a cero contra Suecia. Claro, con Morata como referente de ataque, con Unai Simón en la portería y con otros nueve futbolistas que al único que más se le conoce es a Koke, ¿qué esperamos? Pues es España. Y me hace vibrar. Para bien o para mal. Le pegamos palos, no damos un duro por ellos, pero es nuestra selección. Y España no es una palabra cualquiera. Los que la amamos somos incondicionales. Dice un antiguo dicho que esas cosas son como el que tiene una novia fea, que él lo sabe, pero la quiere con locura y como alguien le diga algo se inicia la afrenta. Pues igual. En este caso, el equipo salió como un cabizbajo David enfrentándose a Goliat. Y sin honda. Teníamos menos peligro que una pistola de agua. Pero será porque además de español soy manchego y aquí tenemos el espíritu forjado de otra manera. Como dice el paisano José Mota, "si va a ser que no, pero, ¿y si sí?", y, claro, vibro de nuevo. Hay que seguir. Y seguimos. Empatito a cero, empate a uno con Polonia y luego, quizás un espejismo, un lustroso cinco a cero a Eslovaquia. Y vibro, sí, no dejo de decirlo. Vibro de mala leche viendo las oportunidades perdidas, viendo, a mi entender, mejores jugadores que los convocados que no han sido citados y viendo como un puñado de chavales me hacen gritar y desbordarme cuando les hacen una falta o meten un gol.

Pues qué cosas. Al final nos clasificamos para octavos de final y pensamos (y sigo pensando, ojo) que es engordar para morir. En octavos nos eliminan, está claro. Y si ganamos, que será de chorra, nos coge Francia en cuartos y nos hace un traje. ¡Tú verás! ¡Francia! Casi nada... La favorita. Equipazo. Mbappé, Griezmann, Benzemá, Pogbá, Kanté, Camavinga, etc. Nos funden. Bien, pues ayer en el partido de octavos, contra Croacia, empezamos como se esperaba. No es que juguemos mal, es que encima logramos que se rían de nosotros. Una cesión desde cuarenta metros al portero, éste pone el pie para controlar de aquella manera, el balón que le pasa por encima de la bota tranquilamente y entra rodandito, placentero y cómodo hasta las redes de nuestra portería. ¿Y ahora qué? ¡La madre que los parió! Somos una chirigota. Hemos llegado hasta aquí a base de creer y "milagros" y ¿hacemos esto? ¡Camarero! Cóbrame que me voy. Esto no lo levantamos... Bueno, pues llegó el empate. Y metimos otro. Y otro. Tres a uno. ¡Os quiero! Vibrando a lo loco y para bien. ¡Enormes! Y en esas, casi festejando el pase a cuartos, nos enchufaron dos goles y a la prórroga. Tres a tres. ¡Os odio! Vibrando a lo loco y para mal. Y en la prórroga otros dos goles, a favor, uno de Morata, golazo. Increíble. España mandando cinco a tres en el luminoso. Croacia a casa. Y Francia eliminada por Suiza. ¡Arrea! ¡Estamos en cuartos de final! ¡Y no nos espera Francia! Vibrando de nuevo. Que sí, que no doy un duro por la selección, pero que ese grupo de hombres me tienen loco y sin sentido en los dos lados de la balanza. España. ¡¡¡ES PA ÑA!! Es mucho más que fútbol. De verdad que creo que va a ser que no, pero, ¿y si sí? ¡¡¡ESPAÑA!!!

lunes, 14 de junio de 2021

CAMINO 2021

Va camino de diez años que nos conocimos. Yo en el Obradoiro cargado de recuerdos de niño, vestido con traje y corbata, recién salido de un juicio en La Coruña y llegado allí en autobús. ¿Te acuerdas? Tú plagado de peregrinos por las calles y con una larga fila en la Plaza de Quintana para pasar a abrazar a Santiago. Yo entre ellos siendo el punto de mirada de todos. Ellos hablando de sus aventuras hasta llegar, yo escuchándolos. Ellos mencionado albergues, vivencias, momentos y sonriendo a cada instante. Yo oyéndolos, llenándome de intriga y envidia, serio y pensando en la sentencia que recaería. Tú cautivándome y atrayéndome sin yo saberlo. Mis botas de peregrino ya estaban listas en algún lugar de Sevilla. Mi primera credencial ya me aguardaba allí mismo, en la propia Casa del Deán. ¿Te acuerdas, decía? Sé que sí. Yo también y no se me olvidará. Era Año Santo. Era Mayo de 2010. Fuel tal el embrujo que en Septiembre de ese mismo año te recorrí por primera vez y llegué hasta tus entrañas caminando y no en avión. Y me hiciste tuyo para siempre. Quedaban once años para el próximo Año Santo Compostelano. ¡Qué lejano se veía el 2021! Ya ha llegado. Entre tanto nos hemos conocido mucho, pero mucho. Te he recorrido íntegro saliendo tres veces desde el extranjero y otras tantas partiendo desde nuestra propia España. Esa que te engendró y crio para disfrute de todo el mundo. Y nunca dejo de soñar con abrazarte de nuevo. Hoy he vuelto a sentir esas mariposas de enamorado en el estómago. Vamos a volver a encontrarnos pronto. Te quiero, Camino. Te quiero.

Habría culminado la aventura iniciado en el Somport este mes de Agosto venidero, pues el año pasado iba a ser especial. Mucho. Y llegaría a la Plaza del Obradoiro de nuevo a enjugarme las lágrimas que siempre me brotan cuando alcanzo de nuevo las altas y pardas torres de Compostela siendo otra vez Año Santo. Pero el año pasado no fue lo especial que debía y además me trajo dos malas nuevas. Una para mí y para todos. La pandemia. La otra en casa y, creo que ya, superada. A lo que iba. Estaba programado recorrerte de nuevo en tres años. Uno desde el Somport francés hasta Santo Domingo de la Calzada. Otro desde donde cantó la gallina después de asada hasta la sombra de la Catedral de la Pulchra Leonina. Y desde allí, mi querido León, padre de la Maragatería y el Bierzo, hasta el propio Santiago de Compostela. Y, entremedias, en el 2020, haría paréntesis, un Camino dentro del Camino, para ir desde el mismo Campus Stellae hasta Fisterra. La ruta esotérica que tanto deseo y aún no he podido recorrer para ver las aguas del mar azotar las rocas de Muxía y Finisterre en el más bello ocaso de la tierra. Lo intenté incluso en tiempo de invierno pero no pudo ser. Lo haré. Lo sabes. Lo sabemos. Pero este año te retomo pues la situación creo que se viene propicia. Este año reanudo el plan iniciado en 2018. Otro gran camino me aguarda. Prácticamente dos semanas recorriéndote y disfrutando de lugares a los que amo y están cargados de recuerdos, sentimientos y amistades.

No sé si llegaré a León en tren o en autobús, lo que sé es que en ese lugar comenzaré a caminar de nuevo y ya llegaré a Santiago de Compostela. Y sé que desde allí vendré como siempre, con una mezcolanza de sentimientos de alegría, cansancio, nostalgia y esperanza. ¡Qué rápido pasa todo! No dejo de pensar estos días en que quiero volver a ti, a cansarme, sudar, enfadarme, pensar quién me mandaría a mí volver a exprimir mis vacaciones en madrugones y caminatas de una media de veinticinco kilómetros al día y llevar mi vida en una mochila. Pero sé que a cambio volveré a la Virgen del Camino, a ver en la lejanía el depósito de agua de San Martín del Camino, a comerme un señor cocido maragato en Astorga, a pasar calamidades ascendiendo a Foncebadón, a coronar la Cruz de Ferro, a charlar con Tomás en Manjarín, a llegar agotado a Ponferrada, a ver a gentes buenas de Villafranca del Bierzo, a volver a subir hasta O Cebreiro disfrutando cada gota de sudor en mi frente, a abrazar el castaño de ocho siglos cuando llegue a Triacastela, a pasar por el Monasterio de Samos y volver a mi querida Sarria, a subir las escalinatas de Portomarín, a llegar a Casa Benito sonriente en Palas de Rei, a salir contento en la última etapa dura que queda hasta Arzúa, parando entre medias en Melide y en Ribadiso, a alcanzar Pedrouzo otra vez y a llegar feliz y con el deseo de volver a volver otra vez hasta Santiago.

Te escribo estas líneas y sonrío. Si miro de soslayo a la mesa veo un folio que tú bien conoces pues se va repitiendo su contenido año tras año. Es el primer borrador de fechas, etapas, nombres y albergues que dará forma a la aventura, aunque tú bien sabes que en mi cabeza está grabado a fuego. Hay cosas que no haría falta ni escribirlas pero me gusta apuntarlas por volver a escribir ese nombre. Hay otras que las voy cambiando. Y hay otras, finalmente, que sé cómo van a ser sin duda. ¿Dónde voy a dormir en Villafranca del Bierzo si no en el Albergue Leo? A la salida de Triacastela, rumbo a Sarria, ¿por Samos o por San Xil? Por Samos. ¿Todavía no sabes, querido, qué variante tomo siempre? Días antes, en O Cebreiro, ya suspiro con volver a la Venta Celta... Y así todo. Sólo con empezar a soñarte y saber que podremos reencontrarnos ya me invade la alegría. ¡Vaya tiempos malos he pasado sin ti! Ya no por no patearte sino por no tenerte. Amigo, cada vez que se te recorre se hace tres veces: cuando se te sueña, cuando se está en ti y cuando se te recuerda. Y estos tiempos no me han dejado ni soñarte para tenerte cerca. Pero ya sí. Y además va a ser muy especial. Mucho. Se ha puesto la maquinaria en marcha. Va camino de diez años que nos conocimos, ¿te acuerdas? Era Año Xacobeo, el 2010. Ya está aquí el siguiente Año Santo Compostelano. Ya es 2021. Prepara tus kilómetros, repinta tus flechas y espérame con un cuenco de vino y un plato de pulpo... ¡Allá voy! 

lunes, 31 de mayo de 2021

QUE SÍ, QUE SÍ, QUE CELEBRÉ LA ROMERÍA

No me lo preguntéis más. Además ya lo sabéis y quienes me conocéis sabéis que soy hombre de costumbre y tradición. Por supuesto que celebré la Romería de la Virgen del Monte. No falté a la cita el año pasado encerrado en casa y celebrándolo sólo, ¿cómo iba a faltar éste? Último Domingo de Abril, Romería de la Patrona de Bolaños de Calatrava, Nuestra Señora del Monte. Sí o sí. Con coronavirus de marras o sin él. Con restricciones o sin ellas. Con más gente o menos gente. Con migas manchegas, chuletas de cordero, paella y dulces. Con botellines de cerveza, copas pacharán y minis de whisky con naranja. ¡Ea! Y todavía hay quien me pregunta que si la festejé. ¡Que sí! ¡Que no te enteras o no te quieres enterar! ¡Cansino! ¡Pesao! ¡Tontol´haba! ¡Aburreovejas! ¡Licenciao! ¡Somarro! ¿Es que lo dudas? Me preguntas tontás, tontás na más que no sirven pa ná. Igual que si uno quiere a una y esa una no lo quiere, es lo mismo que si un calvo en la calle encuentra un peine. ¡Modorro! ¡Mangurrián! ¡Zanguángano! ¡Que sí la celebré! Y lo haré siempre. ¿Te enteras? Madre mía... No me lo preguntéis más, de verdad. Y si me vais a preguntar si me templé, pues también. Y sí, me puse el gorro y la gafas de sol. Eso es impepinable llueva o no. Y fui feliz un año más cometiendo tropelías de las mismas que lo más que afanan es la sonrisa de algún desconocido. De eso se trata al pasarlo bien y desconectar de lo que nos rodea rutinariamente. 

Comenzó la Romería 2021 el Viernes, 23 de Abril, Día del Libro, ¿qué mejor fecha? A mediodía, sobre las 14;30 horas, ya me había quitado el traje y la corbata y vestía la indumentaria romeril. El coche cargado de ilusión y bártulos ponía rumbo a la Ermita de la Virgen del Monte. Allí me esperaban mi mujer, mi hija y mis suegros. Y una sartén de migas en la lumbre. El pacharán ya lo llevaba yo escondido, ¿a que eso no os sorprende? Me puse en el coche el cd de música para la ocasión y olvidé los asuntos jurídicos por un par de días. ¡Al lío! Que con tanto encierro, tanta restricción y tanta pandemia, un desfogue de estos viene mejor que mil chatos de vino. Fui por la carretera silbado y canturreando. A decir verdad, me iba relamiendo de lo que se avecinaba. Ya me conozco, ya me conocéis. Y no defraudó la cosa. Una romería, sea del modo que sea, no puede salir mal. Además, para los que amamos y disfrutamos esas fiestas se nos suele poner de cara el asunto pues ya vamos predispuestos a ello. Es como el que va a los toros con la cuadrilla de amigos, al tendido de sol, con las neveras llenas de fiambre, tortilla y calimocho, la bota de vino, medio jamón y un melón. Muy mal se tiene que dar la cosa para que no salga en hombros de allí. No me refiero al torero y su faena, sino al espectador y la suya. Ya me entendéis. Pues eso.

La cosa es que a media tarde yo ya llevaba las gafas de sol incrustadas entre los carrillos y las cejas, los mofletes como Heidi, caminaba entre Chiquito de la Calzada y Bambi y hablaba tres idiomas. Tampoco es que fuese muy perjudicado pero ya canturreaba cancioncillas tipo "Tigres y Leones", "La Cabra", "Libre" y otros grandes éxitos de gasolinera y karaoke a la hora del cierre. Menos mal que sólo estábamos en el chalet mis suegros, mi mujer, mi hija y yo, porque lo que ocurrió fue dantesco. Pero genial. Al rato, como cuando estás ya entregado a los efluvios nocturnos en una discoteca de playa, ya le daba la mano tres veces al mismo (a mi suegro) y conté algún chiste de Arévalo, de Paco Gandía y de Eugenio. Aún recuerdo el de ¿saben aquel que diu que un pintor le dice a otro que si de verdad le gusta la pintura y diu el otro que sí pero más de un bote ya empalaga? ¡Maravilloso! También lo conté. ¡Qué momentazo! La gente (es decir, mi suegra y mi hija) no paraba de reír (creo), sobre todo mi mujer que, además, me decía insistentemente que me fuese a la cama. Y yo le decía que otra copita me cabía. Y ella que sí pero en el calabozo. Y yo con mi botella de 100 Pipers. Y ella con la cara más seria que cuando a Falete le ponen brócoli para cenar. Y yo le preguntaba a mi suegra que si me tomaba otra. Y mi suegra me decía que si quería un cola cao y una magdalena. Y yo le decía a mi hija de cuatro años que si me tomaba otro chispalibre. Y mi hija me decía "papá, hablas raro". Y yo venga a reír. Y Falete venga a cabrearse. Y así estaba la cosa...

Total que cuando fui a echarme otra copa no quedaba nada en la botella. Así tal cual. Me la había bebido. ¡Vaya tiempla, tú! Y me tuve que ir a acostar ya sí o sí porque no me aguantaba ni yo. No sabía ni qué hora era. A estas alturas de la película mis suegros ya llevaban mucho rato en la piltra, mi pequeña Claudia ya estaba dormidita desde hacía un porrón de horas y Falete se había comido el brócoli, las acelgas, las espinacas y medio boniato. Yo sigilosamente me metí en la cama y creo que si no es porque se me cayó un vaso con agua al suelo, sonó la alarma diaria del móvil de las 07;15 y me reí un par de veces a carcajadas yo solo acordándome del chiste de la pintura, habría logrado que Gemma ni se enterase de mi hazaña. Pero nada. Al final se despertó, me miró con más mala leche que las gitanas que te quieren dar una rama de romero y tú les dices que prefieres orégano de monte y me dijo ¡otra vez! Yo la corregí y le dije la consabida frase anual: "Estamos de romería, mujer". Lo que pasa es que a esas horas, gracias al móvil descubrí que era la hora de levantarse pero yo me iba a acostar, ya hablaba más de tres idiomas. En concreto siete. Y se lo dije en un nuevo dialecto inventado y creado en el momento que aúna bable, mallorquín y ruso. Una delicia. Más que una pizza cuatro quesos. De verdad. Gemma me miró como siempre hace en esas ocasiones, poniendo una expresión de seriedad, ternura, cabreo, desesperación y risa. No sé cómo lo hace. Pero lo hace. Es como si metiera todos los sentimientos en una thermomix y saliera esa mirada. Me conoce, me quiere, me aguanta. Sabe que esas son mis maldades y, leche, una al año no hace daño. No doy mucha guerra, creo. No os riais. Y yo sé que a ella la van a canonizar. Y será gracias a mí. O a las romerías. Un año más la celebré. ¡Hombre, por favor! ¡Viva la Virgen del Monte!

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL REFLEJO DE LA VIDA

Hay muchas ocasiones en las que la vida parece un espejo mágico. Y digo esto porque en ocasiones vemos el reflejo antes que la imagen. Quizás con el paso de los años y las experiencias y sapiencias acumuladas logramos entender el por qué de ciertas cosas. Algunos dirían que Dios escribe con renglones torcidos y no es sino cuando hemos concluido la lectura cuando nos damos cuenta del discurrir del guión. A lo mejor la historia la sabíamos de ante mano pero lo que no sabíamos es cómo acontecería la misma. Perdón si hoy es de los días que estoy más filosófico o metafísico, pero he amanecido así y es complejo evadir el estado de ánimo cuando se vierten líneas. De hecho, cuando releo antiguas entradas de este querido Rincón, recuerdo cómo me encontraba cuando las narré y veo entre las líneas el reflejo de mi estado de ánimo en ese momento. Y sonrío con nostalgia o picardía. Ahora sonrío de nuevo porque en cuestiones laborales también me ocurre y cuando leo ciertas demandas narradas por mí, contestaciones a recursos de apelación o las escaletas de los juicios, veo el reflejo de cómo tengo el ánimo en el momento de la redacción. Y se nota, se nota sin dudas. En la vida ocurre igual. Y siempre, siempre, siempre lo vemos a toro pasado cuando la vida nos ofrece el reflejo o, en ocasiones, la imagen real de la que más tarde veremos el reflejo.

El caso es que mi hija me ha regalado un dibujo. Me ha hecho un dibujo y me ha dicho "Papá, quiero que lo pongas en el despacho". Y sin dudarlo así lo he hecho. Mi pequeña Claudia, a sus cuatro años, me ha hecho convertirme en el protagonista de otro de esos reflejos de la vida. ¿Por qué? Fácil. Cuando yo era niño, pero niño ya grande, de unos diez años, veía en algunas oficinas o bancos los dibujos que los niños, pero niños pequeños, de la edad que tiene mi hija ahora, les habían hecho a sus papás y a sus mamás y estos lucían con total orgullo. Yo veía esas pinturas como horribles, destartaladas y más feas que una nevera por detrás. Lo que yo no veía y ahora me refleja la vida es la enorme carga de cariño y amor que rezumaban tanto por el artista creador como por el progenitor receptor. Esas cosas son lecturas que se aprenden con el paso de los años cuando descubres lo que puede significar u ocultar un silencio o una mirada. Y hoy soy yo un padre homenajeado por un dibujo de una hija pequeña. Y sonrío viendo su obra con el rostro enternecido y el corazón henchido. ¡Cómo cambia la imagen dependiendo de quién la vea! ¡Qué reflejo infancia más bonito he tenido entendiendo el verdadero significado!

Ni que decir tiene que mi pequeña le ha dicho a Gemma que tenía que venir al despacho de papá a ver si había puesto su dibujo en la pared. Y por supuesto lo ha hecho en cuando ha podido. ¡Faltaría más! Y me ha abrazado tan feliz al verlo colgado en la pared. Acto seguido ha ido corriendo a su rincón favorito a jugar con las virutas de la destructora de papel. Y a mí se me cae la baba, ¿qué os voy a decir? Es curioso cómo cuando hace unos años yo veía un "horrendo dibujo" en alguna pared pensaba "¿pero cómo les gusta eso? Vale que lo haya dibujado un niño pequeño, pero ¡¡es horrible!! " y, sin embargo, ahora, sabiendo que haya quien pueda pensar lo mismo al ver el dibujo de mi pequeña en la pared de mi despacho, luzco con todo el orgullo de padre del mundo el retrato que mi hija me ha hecho. Fijáos que visión más distinta y en realidad la acción es la misma sólo que desde otro prisma, desde otro lado del espejo donde la imagen refleja un significado totalmente diferente. Y, tal cual antes decía, el significado es diferente porque la experiencia de la vida así lo hace en nosotros, pero esa imagen lleva existiendo años: fuimos niños pequeños que hacíamos dibujos, fuimos niños grandes que nos reíamos de esos dibujos y fuimos personas adultas que supimos ver mucho más en esos dibujos que una simple expresión artística que un pequeño nos regala. Y con el paso de los años miramos la misma estampa en el mismo espejo mágico de la vida y nos ofrece un reflejo acorde a cada etapa. ¿No es maravilloso?
La obra en sí, además del cariño y amor con que me la ha hecho mi niña Claudia y el afecto inmedible con el que me la ha regalado de sorpresa, refleja lo que ella ve en mí y lo que le gusta resaltar de su papá. Me pone una sonrisa grande porque sabe que soy feliz con ella y siempre me rio mucho y jugamos un montón, me pone unas piernas largas porque dice que papá es muy alto y la coge en brazos muy arriba, me pone manos con un montón de dedos para hacerle cosquillas y comidas ricas y, el detallazo, me pone entremedias del pelo un mechón de flequillo porque le encanta darme golpecillos en el mismo y despeinarme. A vista de un niño pequeño es un dibujo de otro niño pequeño. A vista de un niño grande es un dibujo feo y horripilante que ha hecho un niño pequeño. A vista de un adulto es un dibujo de un niño como el que él mismo puede tener en casa o en la oficina hecho por su hermano, su hijo, su sobrino o su nieto. A vista mía es una preciosidad, un recuerdo permanente, un motivo de sonrisa, un pilar donde sustentarme, una lección más de aprendizaje, otra experiencia acumulada, otra vuelta de tuerca en el tornillo de la sabiduría y, por supuesto, un precioso y mágico reflejo de la vida.