viernes, 30 de junio de 2023

EL CAMINO ESOTÉRICO

Por no hacer muy compleja la definición, pues el término da para mucho, digamos que "esotérico" es aquello que es difícil de percibir por los sentidos. Sentada esta premisa, la denominación de Camino Esotérico, si bien pudiera ser todo el propio Camino de Santiago por la magia y energía que desprende su transitar y que, finalmente, deja más huella en el alma que en el cuerpo, es la aplicada y cómo se conoce al epílogo final del mismo, esto es, al tramo que une Santiago de Compostela con Finisterre. Es un tramo del Camino que cada vez va cogiendo más fuerza y está siendo más recorrido, pues son muchos los peregrinos que al llegar al Obradoiro sienten la necesidad de continuar sus pasos y su ímpetu en la búsqueda de lo interior les lleva a ello, encaminándose al "Fin de la Tierra". De hecho, hago aquí un inciso basado en una de las cosas que aprendí en el propio Camino, para decir que Finisterre alcanzó una dimensión enorme a nivel mundial por su cargada simbología, no sólo la de ser el fin de la tierra antes del descubrimiento de América, sino por la alabanza y fiesta de honra al conocido como eterno Deus Sol invictus, por el renacer día a día del astro rey tras ocultarse sobre las aguas y por ser el Imperio del Sol Poniente y atraer todas las grandes filosofías y creencias orientales del Imperio del Sol Naciente. Así me lo explicó Yoon Joon Lee, un peregrino koreano que conocí en el año 2013 cuando recorrí por primera vez el tramo entre Saint Jean pied de Port y Santo Domingo de la Calzada, siendo que él venía al Camino con la intención de llegar a "Fisterra" por eso mismo. Lo aprendí de él y, seguramente, cuando se cumplan diez años de aquello estaré llegando a ese punto del Camino.

Sí. Este año quiero llegar a Finisterre caminando. Por muchas cosas. Mi padre, con quien todo empezó, lleva mascando la idea de querer hacer el Camino Esotérico, el gran epílogo, desde el año 2012, año en que por primera vez coronamos O Cebreiro. Lleva queriendo desde entonces llegar a esa mágica línea donde se juntan la tierra y el mar y nunca llega el momento. Prácticamente en el ocaso de sus pasos en largos caminos, se merece llegar. Por él y con él quiero llegar. También porque del real y gran Camino Francés conocemos absolutamente todos los tramos desde Francia menos esas últimas etapas que unen el abrazo del Santo con el mítico -y miles de veces fotografiado- hito del kilómetro cero, pues hemos salido caminando tanto desde Saint Jean pied de Port como de Somport (ambos sitios en Francia) y, además de haber repetido varias veces otros tramos (mi amada Castilla), siempre nos quedábamos con las ganas de conocer esas etapas de Negreira, Olveiroa, Muxía, Lires... Se suma a las ganas de esta aventura que todos los años desde que empecé a gastar botas en la Ruta Jacobea, llegando el estío, me acuerdo de mi buen Iñaki y de los grandes ratos compartidos con él, los cuales se originaron y sucedieron precisamente caminando. Y él, también con varias llegadas a Santiago de Compostela, tampoco ha llegado nunca a Finisterre. Por último, yo mismo siento la necesidad de ver, como peregrino, que hay más allá del Obradoiro y volver a sufrir conmigo mismo duras cuestas y sudores mientras peleo en mi interior un precioso combate de yo contra yo que sólo las mentes que lo han sufrido lo conocen, para, mientras tanto, sin solución de continuidad, alcanzar el Fin del Mundo y despojarme de lo malo bañándome en las aguas del océano para resurgir nuevamente brillante como el Sol invictus hace día tras día.

De este modo, si Dios quiere, pues es mi religión la de creer en un Ser transcendental, cosa que desde que la vida es vida siempre se ha dado y aún a día de hoy pudiéramos hablar de esa mezcla entre lo divino y lo pagano, cuyo nexo es un origen común, el próximo 4 de Agosto, saldré de casa por no sé qué vez, con la mochila colgada y las botas puestas, rumbo a iniciar el Camino donde siempre lo culmino. Conforme voy vertiendo estas líneas me doy cuenta de la predisposición iniciática con la que voy a esta nueva aventura caminera, pues, si algo he aprendido en esta ya superada década en la que llevo recorriendo el Camino de Santiago, es que el Camino es, sin duda, un camino interior de introspección. Y tiene un veneno que se te mete dentro y te atrapa, ya que, a simple vista, madrugar todos los días para cargar una mochila y recorrer unos veinticinco kilómetros a pie finalizando para descansar en un albergue lleno de olores, ronquidos e intimidad compartida, no es que sea un plan de vital atracción. Pero el poso que deja en el interior bien merece la pena y nadie sabe explicarlo. Alguna vez leí que todo peregrino sabe explicar por qué se puso en marcha la primera vez, pero jamás sabrá explicar por qué lo hizo la segunda y sucesivas. Y es una gran verdad. Allá voy de nuevo, querido amigo. Allá voy de nuevo desde tu empedrado Obradoiro hasta el Fin de la Tierra.

Las etapas del Camino Esotérico tienen tal magia que puedes agrandarlas o achicarlas del modo que prefieras y, además, al tratarse de un epílogo con forma triangular puedes ir en el sentido que quieras también. Yo he decidido finalizar en Finisterre recorriendo antes el otro vértice del triángulo que es Muxía, lugar también mágico donde los haya. He considerado para establecer las dichas etapas diversos factores de toda índole, apreciando también las cualidades físicas de mis compañeros de viaje y mías propias (para no hacer borriquerías que ya hicimos entre Somport y Puente la Reina, por ejemplo) y buscando estirar el tiempo para poder compartir más segundos con ellos ya que estando en el Camino raro es el rato que no somos felices. He logrado ajustarlo en seis etapas para tener de todo: cansancio, sufrimiento, pura mente, descanso y alegría. Saldremos de Santiago de Compostela hacia Negreira en lo que será la primera de ellas. De Negreira a Santa Mariña será la segunda etapa para, antes de terminar la tercera, de Santa Mariña a Dumbría, elegir la alternativa que une Dumbría con Muxía, donde terminará la cuarta etapa. La quinta será de Muxía a Lires y la sexta y última, desde Lires a Finisterre, donde llegaremos al faro del cabo del Finis Terrae del que el lugar toma el nombre. Tras ver allí esconderse el sol en las aguas y salir de las mismas de nuevo, volveremos a Santiago, lugar donde todo acaba y todo empieza, incluso el Camino y, más aún, el estérico con sus enseñanzas y mensajes ocultos. ¡Buen Camino!

martes, 30 de mayo de 2023

UNAS CURIOSIDADES MUY CURIOSAS

Aquí en el Rincón me gusta versar de cofradías, arte, cultura, fútbol, leyendas y curiosidades de la vida en general. Ya lo sabéis, más bien ya lo sabíais y, si no, ya sí que lo sabéis. Y en esta ocasión vengo a contar cosas curiosas de esas que dan forma a la vida cotidiana y que todos hemos usado, leído, dicho o padecido alguna vez. Incluso hay curiosidades que tenemos al alcance de la mano y las pasamos por alto porque no sabemos que esconden una curiosidad o cuál es la misma. Por ejemplo, ¿hay alguien que no haya tenido una botella de vino en la mano? Pues, curiosamente, tiene un por qué muy curioso que tengan una cabida de 750 mililitros. O, por ejemplo, ¿hay alguien que no haya oído hablar de Menganito o Fulanito? Pues esos nombres también esconden una curiosidad. Hoy contaré cosas curiosas de esas y prometo dejar, desde ya, de jugar con el término "curioso" (que no quiere decir que dependa de curia) en todas sus vertientes, salvo las estrictamente necesarias, en esta curiosa entrada. Los datos de los que me valdré para dar cuerpo a las presentes líneas me los he ido encontrando de forma totalmente inesperada por internet. Y los que más me llamaban la atención los retenía anotados en algún lugar para plasmarlos algún día en estos lares cibernéticos. Finalmente he seleccionado tres cuestiones que creo que merecen la pena ser sabidas, ésta vez sí, por la curiosidad que las engloba. Espero que os entretenga esta entrega y aprendáis con ella algo que os era desconocido.

Primera Curiosidad: ¿Quiénes fueron los Fulano, Mengano, Zutano y Perengano que son tan mencionados?
En realidad no se sabe si Fulano, Mengano, Zutano y Perengano existieron como tales o no. Al menos no hay ningún hecho histórico en el que poder basar la existencia de estos personajes. Sin embargo son muy conocidos por la cantidad de veces que se menciona su nombre. Podría decirse que se trata de cuatro formas gramaticales que se utilizan para aludir a alguien del que no se sabe su nombre o no se quiere decir por cualquier motivo.
Así pues, la palabra Fulano proviene del árabe, fulān (فلان) que quiere decir "persona cualquiera". Es el más utilizado de los cuatro, siendo el más socorrido a la hora de usarlo como ejemplo: "Ha venido Fulano (o un fulano) preguntando por ti". Otro símil sería “Le pondrán una placa conmemorativa que dirá esto lo inauguró fulano de tal". El término del árabe llegó al español y de allí se extendió a toda Hispanoamérica.
Mengano también proviene del árabe: man kān, cuyo significado es "quien sea". Suele utilizarse (la mayoría de ocasiones) en segundo lugar y acompañado de fulano y/o zutano. Además puede llevar otros determinantes: "A ese fulano y a ese mengano no los quiero ver por aquí".
El vocablo Zutano proviene de citano y éste, muy posiblemente, de la palabra latina scitānus, que significa "sabido". No se sabe muy bien el porqué se añadió a la coletilla, pero en algunas ocasiones también se coloca en segunda posición, tras fulano. "Han venido Fulano, Mengano y Zutano" o "Han venido Fulano, Zutano y Mengano".
Por último, Perengano es una palabra más reciente y la de menos usada de las cuatro. No se han hallado raíces en otras palabras antiguas y/o de otros idiomas, lo que ha llevado a concluir que pudiera ser una combinación que se surgió del apellido Pérez y la palabra mengano.
Es muy común que se usen dichos nombres en diminutivo (Fulanito, Menganita, etc) y con el apellido de Tal o de Cual, por aquello de hacerlos más solemnes cuando sustituyen a un nombre real o haciendo gala de ironía: "Su alteza real Don Fulanito de Tal y Pascual".
Estas cuatro palabras también tiene su variante al femenino (Fulana, Mengana, Zutana y Perengana), si bien el uso de la primera de ellas se suele utilizar para calificar despectivamente a una mujer cuando alguien se quiere referir a ella como prostituta: “finalmente resultó ser una fulana”.
Y éste es el desconocido origen de esos nombres que con tanta frecuencia usamos en nuestro lenguaje coloquial. 

Segunda curiosidad: ¿Quién es Perico, el de los palotes?
Perico, el de los palotes, es un término muy usado tanto en España como en Sudamérica. No puede asegurarse a ciencia cierta el origen de este nombre y no se sabe con certeza de dónde proviene, pero se han encontrado referencias en España que dicen que el término se refiere "al chico que precedía a los pregoneros tocando el tambor con dos palotes (baquetas)". Los pregoneros eran personas que daban a conocer al pueblo las disposiciones oficiales y se anunciaban bien haciendo sonar un instrumento de viento, a modo de corneta, cuerno o trompeta, o bien mediante el redoble de un tambor.
Las primeras referencias a Perico, el de los palotes, las encontramos en el libro "El tesoro de la Lengua Castellana", escrito a principios del siglo XVII por Sebastián de Covarrubias. Palotes se llamaban coloquialmente a las baquetas para tocar el tambor. El tal Perico, según Covarrubias, era "un bobo que tañía con dos palotes". El "bobo" era el que tocaba el tambor y solía situarse detrás del pregonero, que era quien efectivamente se quedaba con el sueldo y las propinas para ambos, de ahí lo de llamar bobo al del tambor. En su obra aclara que la expresión se empleaba para mostrar indignación por el trato recibido, de modo que el que se sentía ofendido exclamaba "¿Qué te crees?, ¿que soy Perico, el de los palotes?", dando a entender su molestia y que era conocedor de que se le había tomado por tonto, se le había usado pícaramente o se había abusado de su bondad.
Y de aquí se extrae la génesis de la expresión "ser más tonto que Perico, el de los palotes", si bien, Perico no era tonto, era simplemente un niño tamborilero al que se le conocía por tal nombre y bajo su inocencia y bondad no se percataba de que las dádivas se las quedaba siempre el pregonero. Curiosamente, también lo menciona Francisco de Quevedo en su libro "El Buscón", donde dice que "Periquito de los palotes, si no tienes cuartos, que dame doblones".
Por último, cabe reseñar que la expresión "Perico, el de los palotes" se usa hoy en día para referirse a alguien sin importancia, a una persona cualquiera. Es común oír "Díselo a Perico, el de los palotes, mismamente" o "Me da igual a quien se lo digas, como si se lo dices a Perico, el de los palotes".
Curiosa esta historia, ¿eh? Sigamos.

Tercera curiosidad: ¿Por qué las botellas de vino son de 750 mililitros y no de un litro?
Normalmente la medida estándar para comerciar con líquidos suele ser el litro. Un litro de leche, un litro de aceite, un litro de zumo, etc. Sin embargo, las botellas de vino son generalmente de 750 mililitros y no de un litro (1.000 mililitros). Y esto no es casualidad, no. Tiene su por qué y es realmente curioso. 
La capacidad de una botella de vino se normalizó en el siglo XIX y surgieron las explicaciones más recónditas a este hecho. Se dijo que era debido a que era la capacidad pulmonar de un vidriero que era quien las fabricaba, que era el consumo medio en una comida, que era por la mejor capacidad para conservar el vino, que era por la facilidad de transporte, etc. Y no. No es nada de esto. 
En realidad se trata simplemente de una organización práctica con una base histórica. Por aquel entonces, ojo que viene una curiosidad dentro de la curiosidad, los principales clientes de los productores de vino franceses eran los ingleses. ¡Sorpresa! (Yo no lo sabía tampoco). El caso es que ellos nunca adoptaron el mismo sistema de medidas que los franceses. Esto tampoco me sorprende. Ya se sabe con los hijos de la Gran Bretaña... Kilómetros, yardas. Euros, libras. Litros, galones. Y aquí radica el asunto: la unidad de volumen de los ingleses era el "galón imperial" que era equivalente a 4.54609 litros.
De esta manera, para simplificar las cuentas de conversión, transportaron vino de Burdeos en barriles de 225 litros, es decir, exactamente 50 galones, correspondientes a 300 botellas de 750 mililitros. Siendo más fácil el cálculo, adoptaron que un barril de 50 galones era igual a 300 botellas. De esta forma, un galón correspondía a 6 botellas. Y éste es el motivo de que las botellas tengan una cabida de setecientos cincuenta mililitros (tres cuartos de litro) y no de un litro entero. Y es por eso también que todavía en la actualidad las cajas de vino suelen tener seis o doce botellas. Es que... ¡El vino también es cultura!

Y hasta aquí las curiosidades de hoy. Espero que las hayáis disfrutado y os haya descubierto cosas que no supierais. Dicho esto, me voy con Fulanito a tomarme una botella de vino a la salud de Perico, el de los palotes. ¡Adiós!

jueves, 18 de mayo de 2023

REMEMBRANZAS DE LA SEMANA SANTA 2023

Ahora que han pasado unos días y puedo volver la vista atrás, se me llena la mente de los cercanos recuerdos vividos esta última Semana Santa. Ha sido, sin duda, de las mejores que puedo recordar. He tenido de todo y he sido muy feliz. Momentos de tradición pura, de costumbre, de familia, de costal, de volver a salir con mi amada Agrupación Musical, de llenarme de Esperanza y macarenismo en las callejuelas de Sevilla, de disfrutar las cofradías con familia y amigos y de volver a vivir un Santo Entierro Magno, evento que ya tuve la dicha de vivir en el Sábado Santo del año 2004 y que no sabía si tendría la fortuna de revivir, pues son acontecimientos históricos que se orquestan sólo por causas muy concretas y no son fáciles de repetir. Así pues, ahora que la botella de las vivencias va dejando su poso en el vaso del alma, es el momento de plasmar unas líneas acerca de lo vivido, para que cuando las lea y relea pasado un tiempo, brillen de nuevo esos recuerdos con la nitidez que el buen gusto de la felicidad pasada les otorga. Una Semana Santa difícil de olvidar y cargada de muchos momentos preciosos en los que podrían haber girado más despacio las agujas del reloj, pues el aura mágica que los rodeaba bien era propicia para ello y, ojalá, hubiera estado en mi mano detener el tiempo, pero el encanto de lo sublime es precisamente eso, su perecimiento a manos del péndulo temporal. Eso es lo que, precisamente, nos deja ese regustillo en el paladar que nos despierta la consciencia de que lo vivido ha sido magnífico. Y, hoy, con el buqué del buen vino acontecido en esta incipiente primavera, es el momento de escribir per saecula lo sentido.

Si bien el día que la Gloria comienza es el Domingo de Ramos, el descorche de sentimientos apretados tiene lugar en casa, por costumbre y creo yo que por tradición también, pues así viene siendo desde que era niño, el Viernes de Dolores. Cuando la cocina huele a leche con canela y limón y las primeras torrijas se bañan con un jarabe hecho con agua, miel, azúcar moreno y una estrella de anís (truco que me dio el propio Alberto Chicote), me evocan esos sabores de nieto que marcaron mi memoria en la calle Altagracia y empieza la Semana Santa. Se intuyen por el Perchel balconeras que anuncian el día grande de Dolores, se enciende la primera candelería y se ponen sobre las incandescentes pastillas de carbón las adecuadas cantidades de incienso, resultando un éxtasis cofrade que sirve de preámbulo a lo que ha de llegar y, a la vez, de cierre a las vísperas que se iniciaron cinco días antes al salir el Nazareno por la ojiva de San Pedro. Así empezaron los días grandes que vengo a almacenar en el vivo recuerdo de las letras. Y cuando amaneció el Domingo de Ramos y el astro rey brilló con fuerza, mi mirada se clavó en la del Rabí de los Ángeles, anunciándole que iba a pasearlo de nuevo y que poco me queda bajo su reino de madera, pues he empezado mi retirada del costal y mi arpillera ha de consumirse allí donde por vez primera rozó una trabajadera. Fue un Domingo de Ramos espléndido en el que mi hija continuó acercándose a esta bendita locura que son las cofradías y se durmió soñando ser nazarena, mientras su padre derrochó corazón en el zanco izquierdo de esa parihuela azul, revestida de caoba y plata que eleva un olivo a los Ángeles que escoltan la Salud de un barrio.

Y tras un Lunes Santo vacío de cofradías, pero cargado de costumbre en mi casa, llegó un día muy esperado que muchos no creían que llegaría: cuando vistiera el uniforme de la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva. El pasado Martes Santo hacía exactamente veinte años desde que un grupo de jóvenes, entre los que me enorgulleció estar y me enorgullece, más aún, haber seguido a su vera, fundamos tal corporación. Justo el año que se estrenó el uniforme de gala debí abandonar sus filas por motivos laborales, pero estaría escrito en los renglones torcidos de Dios que algún día y en preciosa coincidencia, me pusiera yo el atuendo que jamás vestí y estuviera rodeado de ellos de nuevo. Y ocurrió y emané felicidad por cada poro de la piel. No se me olvidará jamás. Fui escolta de "STV". Todo caras conocidas y la mayoría de los que dimos a luz a la formación musical nos juntamos de nuevo tal día. Fue, sin duda, el regalo más grande que me hizo la pasada Semana Santa, con la venia del Santo Entierro Magno y los retazos que me dejó bien cosidos al alma. Pero antes de ello llegó El Miércoles Santo, unido a la madrugada del día anterior, cuando me quité el traje que no sé si volveré a vestir, aunque confío en el destino que ya me lo ha puesto una vez. Dicho día es de Bondad y Consuelo. Y no puede ser de otra manera, ni lo concibo, ni quiero. El mágico y sagrado ritual de dividir en tres partes el costal y poner paño con paño dos de ellas para hacer de la tercera una cuna de arpillera, lleva repitiéndose en mí veintiocho primaveras, para alcanzar la gloria bajo el altar itinerante de la Bondad de Dios por las calles. ¡Cuántas horas de raza costalera meciendo la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro! Y fue magistral este año aunar juventud y veteranía en las maderas. Me sentí pleno y mi hija me esperaba en el relevo por si todavía no era suficiente todo para decir que estaba en el mismo Cielo...

Cuando llega el Jueves Santo en mi corazón huele a Sevilla. Y allá que voy a cumplir la cita con una mujer que dicen que vive en San Gil y se llama Macarena. Me ha costado años encajar las piezas de mi Semana Santa. Y digo mía porque he estado mucho tiempo estudiando los días de la Semana Grande, hora por hora, hasta encadenarlos de tal manera que un cuarto de hora puede cambiarlo todo. Así he logrado hacerme el plan exacto para poder disfrutarlo todo al máximo: todo lo que quiero y todo como lo quiero. Las cofradías que quiero ver, donde las quiero ver y con quien las quiero ver. No pregunto, sino que afirmo. Y me da tiempo a disfrutar de la receta que más tardo en hacer: el bacalao con tomate del Viernes Santo. Ese tomate frito que empiezo a freír en la decadencia del estío y que guardo en tarros, aguarda a juntarse con el bacalao enharinado que frío el Miércoles Santo y, todo unido y metido en la maleta que vendrá a Siviglia, toma el gusto del majado de ajo que lo acompaña. Meses pasan desde que empiezo a elaborar el plato hasta que lo degusto. Y entre tanto los Negritos, la Exaltación, las Cigarreras, el Valle, Montesión, el Señor de Pasión, la Quinta Angustia y la amanecida más mágica del año, cuando sale el Gran Poder y Triana es un tumulto. Y cuando la negrura de la noche se confunde en el cielo con el color del agua anisada y no sabe uno si ya es el alba o aún sigue de madrugada, la Sentencia del Señor, escoltado por un mar de plumas blancas, va volviendo a su templo donde habita la Esperanza. Y allí, año tras año, aguardo al mediodía para volver a ver tu mirada. Y reencontrarme con mi gente... ¡Anda que no cabe nada entre que cojo la maleta y me enfrento cara a cara con la vigilia del Viernes Santo! 

Recién desanclado de una siesta reparadora, me regaló este año otra dosis de costumbre y tradición. Un Viernes Santo de romanticismo cargado de sentimiento. Sirve ver la Carretería o el discurrir de San Isidoro para llenar otro cajón del alma de recuerdos que se suceden (y así siga siendo) año tras año cuando la memoria se despereza de nuevo. Y qué decir, entre otras, de la O de ida y de Montserrat de vuelta en la revirá, a poco de salir de Molviedro, de Doña Guiomar con Zaragoza, allí donde se conjugan, al cerrar los ojos, los olores de la memoria en una mezcolanza de cansancio, incienso y años de costumbre y papelones de pescaíto recién traídos de La Isla, donde, a fuerza de ir durante ya casi tres décadas, me conocen y saludan dos generaciones. De la que viene del Puente de la Expiración ya está todo dicho diciendo que el Cachorro nunca ha visto ni Sevilla, ni Triana, sólo ha visto los balcones y las tejas de la Cava, sólo ve a los saeteros y las blancas espadañas, Él no ha visto nunca el río, ni el barrio de sus entrañas... Por eso este año lo vimos dos veces: el mismo Viernes Santo y el Sábado Santo en el Santo Entierro Magno. O Grande, como se le dice comúnmente. ¡Y tan grande! No podían salir mejores pasos en tal evento. Además de las cinco cofradías del día, otra vez Roma paseando por Sevilla dejó el regusto de las cosas bien hechas en una entrada de ensueño, en la que sonando "En tus manos macarenas", se perdía, de noche en vez de al mediodía, el paso del Señor de la Sentencia entre el atrio y su basílica. Rafaé, esta vez con plumas rojas, a lomos de Calamar, marcaba el andar del Cristo de las Tres Caídas que se daba cita con el Soberano Poder de San Gonzalo, a los sones de Virgen de los Reyes, en una jornada de ensueño. Por otro lado el Cristo de la Victoria proclamando la Paz, mientras las Cigarreras volvía a pasear su Columna y Azotes, a la vez que Judas daba un beso de traición al Maestro en un derroche de costalería por los Jardines de Murillo y la Amargura venía al compás de su marcha a guardarse en San Juan de la Palma. Otras tantas cofradías, al mismo tiempo, seguían dando testimonio de fe por las calles de una mágica y mítica Serva la Bari. ¡Imborrables serán los recuerdos de lo vivido! Si ya los revivo escribiéndolos, veré yo mismo, cuando el olvido quiera hacer su aparición, la sorpresa del tenerlos escritos y saborear las vivencias de nuevo. Enorme suerte el haber vivido un Santo Entierro Grande de la magnitud que tuvo el mismo. Otro regalo digamos que de la Diosa Fortuna, pues el verdadero Dios se encontraba por las calles sobre la cerviz de sus costaleros y así fue hasta el final de esta maravillosa Semana Santa 2023, cuando en su advocación milagrosa de la Resurrección, muy cerquita de Santa Ángela de la Cruz, el Domingo que lleva su nombre, puse el punto y final a la colección de remembranzas que hoy narro, mientras aún suena en mi sesera el clan-clan de las bambalinas del palio de la Aurora y doy gracias por lo vivido, disfrutado y sentido en esta última edición de los ochos días que conforman la Semana más esperada para los cofrades, cuando dejamos de soñar lo vivido y volvemos a vivir lo soñado. ¡Para vivirlo! ¡Abajo sin martillo!

martes, 9 de mayo de 2023

UNA ROMERÍA MUY ESPECIAL

Aguardaba con ganas la Romería de la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños de Calatrava, pueblo al que llevo vinculado de una forma u otra toda mi vida. Y sabía que este año sería especial aunque no me imaginaba que tanto. La verdad es que suelo escribir sobre la romería año tras año pues siempre me regala vivencias que me gusta revivir, pero este año hay motivos más que de sobra para hacerle un hueco en la alacena de los recuerdos bonitos. Cuando era niño recuerdo comer migas en el paraje de la Virgen del Monte, en el chalet de Amalio y Pilar, bajo la atenta mirada de Ángel y Anselma quienes siempre fueron como unos abuelos para mí. En el despacho donde trabajo siempre ha habido una postal, cuyo origen desconozco, de la advocación mariana patrona de los bolañegos. El caso es que la misma siempre está cercana a mí. Y pasados los años, cuando me hice novio con Gemma y nos casamos, sé que la Virgen del Monte también tuvo algo que ver. Cerca de su Santuario tienen mis suegros un chalet y voy a verla a menudo. Hablo con Ella y sabe que su Romería es de las fechas marcadas en mi calendario particular. Y este año, siendo Pandorgo, quería que fuese inolvidable y se me ocurrió orquestar un hermanamiento entre la Hermandad de la Virgen del Monte y la Hermandad de Pandorgos, de modo tal que ambas corporaciones estuviésemos compartiendo bonitos momentos. Mi querido Ángel que marchó a la casa del Padre días antes de mi nombramiento y al que ya mencioné en mis palabras en la Plaza Mayor, ha ayudado seguro a que fuese posible todo. Las dos hermandades accedieron y lo que ocurrió fue mágico, sin duda.

Y salió todo según lo previsto y más. Espectacular. Tuve momentos de pura romería, de los de siempre, de los de vaso de mini, calimocho y brasas. Vino malo de cartón y Coca-Cola como tradición de una amistad y risas que duran ya más de veinte años y ocultan miles de vivencias bajo los recuerdos de los años. Hubo también paella a la lumbre y chispalibres. Estuvieron mis amigos, sin ellos ninguna de mis travesuras sería posible e hicimos alguna visita a los corros y nos tomamos algún cacharro todos juntos. Se rezumba alegría y felicidad y ya, simplemente por ello, estaba disfrutando de la romería como llevo haciendo siempre. Y quedaba el día grande de la Virgen, el último Domingo de Abril, verdadero día en su honor. Este año daba la coincidencia de que el último Domingo de Abril era precisamente el último día de Abril, Domingo, 30, lo que hacía que el día siguiente, 1 de Mayo, al ser festivo, permitiese alargar el disfrute de la romería más tiempo. Normalmente el lunes siguiente a la Fiesta de la Virgen es festivo local y los bolañegos siguen en el paraje pero este año podía seguir todo el mundo. Fecha perfecta para seguir descorchando vino y abriendo botellines, pues siempre hay algún motivo por el que brindar. No se me caía la sonrisa de la cara, ni se apagaban la ascuas del hogaril. Llevaba desde el viernes disfrutando de la romería y el colofón que me aguardaba iba a ser precioso y mucho más bello de lo que había imaginado: la asistencia a la Romería como Pandorgo de hogaño.

Amaneció el último Domingo de Abril y en el chalet de mis suegros estaban preparados los trajes tradicionales manchegos con "tós sus avíos", como se dice en esta tierra mía. Mi traje de pandorgo, el traje de rico de mi mujer y el de mi hija. La Hermandad de la Virgen del Monte nos había invitado a una representación de la Hermandad de Pandorgos a compartir y convivir con ellos en todos los actos principales de la Romería en honor a su Patrona. Así pues, tres pandorgos con sus tres mujeres, representado a nuestra hermandad de guardianes de la tradición, estaríamos en la función principal eucarística, en la comida de convivencia y en la salida procesional. No puedo expresar de manera correcta, pues todo lo que narre quedaría corto, la recepción y trato distinguido con el que nos obsequió la Hermandad de la Virgen del Monte. Dentro de la Ermita nos ubicaron en un lugar principal, junto a las autoridades, para hacernos partícipes en todo momento de la celebración. En la comida nos ofrecieron de todo lo posible y más y nos dispensaron un rato inolvidable. Y la mayor de las sorpresas es cuando antes de iniciarse la procesión nos comunicaron que iríamos presidiendo a la Virgen del Monte, justo delante de Ella, a sus pies, donde todo paisano querría estar. Me quedé mudo y a mi mente volvió la cara de Ángel y mi infancia jugando en aquel lugar donde ahora me encontraba vestido de pandorgo y hermanándome con la gente de la Virgen.

La procesión transcurrió alegremente entre bailes tradicionales y vivas por y para la Virgen y su Niño. Fuimos unos invitados que disfrutamos lo que no está en los escritos pues pudimos ver con cercanía todo lo que acaecía. Nuestra privilegiada ubicación nos permitía observar cualquier detalle y sentirnos plenamente integrados. Mi plena satisfacción era ver sonriente a mi mujer entre su gente y delante de nosotros a mi hija vestida de manchega viviendo desde niña nuestros modos y maneras. No es consciente de lo que está ocurriendo en este año tan especial pero lo recordará con cariño siempre y le contaremos cómo participaba en todo y empezó a amar La Mancha a través de los lugares de sus abuelos. Y ambos lados de Gemma y mío otro pandorgo junto con su esposa. Escoltando la tradición, la costumbre y llevando a gala las raíces del Campo de Calatrava que los vio nacer. Tres trajes de paño negro y cuatro faldas de rayas vivas presidiendo el paso de la Virgen del Monte porque así lo quiso Ella y le dieron forma mi Hermandad de Pandorgos y la Hermandad mariana de la Patrona Bolaños. La palabra "gracias" jamás abarcará lo suficiente en significado para transmitir el sentimiento merecido hacia esas gentes. Fue una romería muy especial y mezcló antaño y hogaño con el aliño que sólo el destino sabe darle a las cosas. Y lo sé. Sé que me has visto con los ojos humedecidos. Mirando las puertas de tu chalet, cerrado, volví a verme de niño jugando contigo. ¿Quién lo diría, Ángel? Como Pandorgo y junto a la Virgen de tu pueblo... Te debo un pañuelo. Abrazos al Cielo.


jueves, 20 de abril de 2023

VOLVÍ A CASA. VOLVÍ A "STV".

En realidad el título que he regalado a estas líneas es engañoso. No volví porque jamás me fui. Santo Tomás de Villanueva, mi banda, será siempre mi banda porque, más allá de ser una formación musical, es una familia de amigos en la que algunos ya nos conocemos desde hace aproximadamente tres décadas. Hemos crecido juntos y nos hemos visto reír, llorar, casarnos, ser padres y transcurrir la vida entre unos y otros. Iniciamos la andadura juntos en la Banda de Cornetas y Tambores de la Santa Cena, después pasamos a ser la Banda de Cornetas y Tambores "Santo Tomás de Villanueva" y de ahí, unos cuantos, fundamos la Agrupación Musical, pionera en toda Castilla - La Mancha. En mi caso y tras varios años disfrutando de nuestra familia musical y la creación que habíamos logrado, tuve que abandonar las filas de la cornetería cuando empecé la vida laboral, pero siempre he permanecido junto a ellos. Y así seguiré. Me he seguido considerando un componente más y ellos me han seguido tratando como tal. En sus tres trabajos discográficos hay retazos míos en forma de letra o audio, no me he perdido ninguna actuación en los escenarios y siempre he hecho gala de las siglas STV allá por donde he ido, de cofrades maneras. Incluso desempolvé y limpié mi vieja corneta y volví a tocar con ellos una marcha, muchos años después, el día de la boda de uno de mis grandes amigos, fundador también de la Agrupación. Y este año que se cumplía el XX Aniversario de la andadura musical como Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva, lo menos que debía hacer era estar en sus filas de nuevo.

Lógicamente, sin tener embocadura ninguna y sin conocer las partituras de las marchas nuevas que engrosan el repertorio, no podía tocar instrumento alguno de viento metal y tampoco iba a ir infiltrado en las filas haciendo "playback cornetero". Quedaba únicamente la opción de salir de escolta en la fila de alabarderos que abren paso a la Agrupación Musical por las calles. Y allá que fui. Tenía que estar e iba a estar. Me prestaron un traje con todos los complementos necesarios para poder desempeñar la función: alabarda, sable, canana, capa y tricornio. Casi nada. Me agencié un par de guantes blancos y me invadió la misma felicidad que cuando con once años de edad me presenté por primera vez en un ensayo de la Banda de la Santa Cena diciendo que me quería apuntar. Faltaba sólo un detalle. Pero, ¡qué detalle! Cuadrar en mi apretadísima agenda cofrade de Semana Santa qué día podría salir con ellos. El Domingo de Ramos mi sitio está con la familia, con la explosión de júbilo del inicio de una semana que cuenta el tiempo al revés y en el zanco izquierdo delantero del paso del Rabí que viene cautivo y prendido desde el Barrio de los Ángeles por la tarde noche del Día de Palmas. El Lunes Santo la Agrupación toca fuera y yo, por motivos laborales, me quedo en Ciudad Real. El Miércoles Santo la banda marcha a las tierras califales de Córdoba a poner sus sones y yo estoy bajo el reino de las maderas que conforman el paso del Señor de la Bondad en su misterio de la Flagelación. De Jueves Santo a Domingo de Resurrección me hallo en Sevilla, donde la Virgen de la Esperanza, entre Rosario y Sentencia, bajó del cielo a Sevilla para hacerse Macarena. Quedaba sólo el único día de la Semana Grande no mentado: el Martes Santo.

¡Y qué preciosa casualidad! Ese día era 5 de Abril. ¿Y cuándo se presentó la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva al público? Un 5 de Abril también. Hacía justo veinte años ese día. El 5 de Abril de 2003 comenzaron a sonar las marchas interpretadas por nuestra banda y el 5 de Abril de 2023, Martes Santo, siguieron sonando (y que sigan y sigan y sigan). Más de una decena de fundadores volvimos a reunirnos en sus filas para celebrar tal efeméride y fue un día para el recuerdo. Un precioso Martes Santo acompañando al Cristo de Medinaceli desde su barrio, ida y vuelta, al corazón de esta Civita Regia que nos vio nacer. Mi lugar, sin duda privilegiado, me permitió ir disfrutando del andar del paso y escuchar todos y cada uno de los acordes interpretados a la perfección por mis compañeros. ¡Menuda forma de disfrutar! La sonrisa interior no me la quitaba nadie por metido que fuera en mi papel, portando la alabarda en el hombro diestro y agarrando el sable con la mano izquierda. Un sentimiento paternofilial enorme sobre el puñado de personas buenas que llevaba detrás y a las que quiero a rabiar. Una legión de tricornios armados con instrumentos de viento metal y percusión que si me preguntasen si me voy con ellos a la guerra, mi respuesta sería "¿a qué hora?"

En definitiva, fue, sin duda, mi momento de la pasada Semana Santa 2023. He tenido oportunidad de hablar de ello en el programa "Paso a paso" en la radio y de contarlo en tertulias y, la verdad, es que conforme iba ocurriendo, me iba aumentando la felicidad y sabía que le dedicaría unas líneas. Fue como volver de mayor al lugar de vacaciones donde te llevaban tus padres y del que nunca querías marchar y reencontrarte con la misma gente y las mismas sensaciones. Los veteranos recordamos antiguas vivencias, lo que nos costó ponernos por primera vez en la calle, contamos batallitas del pasado y reímos de nuevo juntos hablando de aquellos antiguos motes que aún perduran. Cuando hicimos la Agrupación éramos muy jóvenes, adolescentes prácticamente y, no se olvide, ya llevábamos años juntos. Imaginad ahora que han pasado dos décadas desde entonces y somos padres de familia, lo que podríamos escribir si nos diera por verter líneas de lo que es y significa para nosotros la "Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva". Es mucho más que un sentimiento o las tres sílabas que llevamos marcadas a fuego en nuestro corazón y alma. Es algo que, verdaderamente, sólo entiende quien lo ha vivido y cuando ve la formación en la calle se emociona y piensa "fui arena de su cemento, fui piedra de su basamento y soy campana su viento". Siempre será mi banda, siempre será mi casa. No he vuelto. Jamás me fui. Siempre, siempre, siempre: STV.

miércoles, 12 de abril de 2023

18 Y 19 DE MARZO DE 2017 Y DE 2023

No me cabe duda de que hay una mano que hila las casualidades hasta tal punto que dejan de serlo. Siempre lo he pensado y, por si acaso, cada equis tiempo obtengo de nuevo una señal de ello. Si lo enfoco bajo la fe, llego a una pluma que escribe renglones que sólo con el tiempo puedo leer derechos. Y si lo incardino bajo el destino, me convenzo más aún de que la fuerza del sino existe. Fuere como fuere, el resultado es el mismo. Podemos llamarlo "bendita casualidad" o "feliz coincidencia", pero la señal es inequívoca. Al menos mi lectura. Ya no sé si es que quiero yo leerlo así o es que realmente es así, pero siempre he defendido que una concatenación de casualidades deja de ser casual. Cuando se dan coincidencias que nos hacen sonreír y bonitos retazos de casualidad que nos alegran el alma, hay que aprovecharlos y exprimirlos, pues sea el destino, el karma o el ser transcendental, ocurren por algo y son regalos que la vida nos da. Vividlos por cuando nos toca perder, pues de todo ocurre. Hoy pienso en ello pues los días 18 y 19 de Marzo del año 2017 fueron muy especiales para mí y este año los mismos días han vuelto a serlo. Lo mismo es una tontería visto desde fuera, pero para mí es una marca en la memoria con algo más que una simple coincidencia de fechas. Algo inexplicable esconden las vivencias para quien las goza y ha sido como una preciosa mezcolanza de presente y pasado en la que mientras recibía un regalo recordaba el ocurrido en tal fecha hace ya seis años.

El caso es que aquel 18 de Marzo de 2017 quedará siempre anclado en mi interior por ser el día en que pregoné a mi cofradía. Y fue precioso. Enfrentar al atril y hablarle con el corazón al propio Santo Tomás  de la Bondad de Dios y del Consuelo de María resultó mágico. De mi interior brotaron los versos que lancé como caricias al aire en agradecimiento a que minutos antes, mi hija Claudia, con tan sólo un mes y cinco días de edad, en mis brazos y a través de mi garganta, juró las reglas de mi eterna Hermandad de la Flagelación de la que engrosó su nómina de hermanos nada más nacer. Aquel 18 de Marzo será inolvidable. La Bondad y el Consuelo habitaron en mí y en mi pequeña. No sé cómo expresar lo que fueron aquellas escasas dos horas de puro sentimiento pero me marcaron el alma para siempre. Y este año, pasado un lustro y otros trescientos sesenta y cinco días más desde aquella tarde de Cuaresma, se ha dado la casualidad. El Ayuntamiento de Ciudad Real junto con la Base Militar BHELA I de Almagro organizaron una Jura de Bandera para civiles en la que me inscribí felizmente. Siempre había querido tener oportunidad de hacerlo y fue precisamente el pasado 18 de Marzo de este año en curso 2023. Quizás sea, como decía al principio, tan sólo una feliz coincidencia, pero os prometo que dos cosas tan dispares y tan importantes para mí como lo son ser pregonero de mi hermandad y jurar bandera, acaecidas en un mismo día del calendario pero en distintos años, hacen que jamás olvide esa fecha.

Y si inolvidable fue aquella jornada en 2017, al día siguiente, el 19 de Marzo, Día del Padre, me aguardaba otra vez un día para guardarlo con amor en el baúl de la memoria. No iba a ser menos el 19 que su hermano el 18. Amanecía un Domingo radiante, con una inmensa resaca emocional de lo vivido el día anterior, cuando sin solución de continuidad me anudaba la corbata de nuevo y marchaba hacia la Parroquia del Barrio de los Ángeles. Mi niña Claudia iba a pasar a ser hermana de la Hermandad del Prendimiento y se le impondría la medalla. Un mes y seis días de vida tenía y yo no podía estar más feliz llevándola en brazos y mostrándola a esa cuadrilla de costaleros y amigos que tanto la han querido desde que estaba dentro del vientre de su madre. Su conexión con el Rabí siempre ha sido grande por muchos motivos que desconozco, pero de los que tengo conocimiento puedo decir que me inundan el alma de sonrisas. Mi primer Día del Padre como padre y mi hija en mi regazo. ¿Cómo no marcar con oro esa fecha en el calendario? Inolvidable. Y el azar jugó de nuevo. Este año llegó también el mismo día. 19 de Marzo de 2023. Tenía ensayo de costalero precisamente con el Prendimiento. Era Domingo por la mañana como lo fue en 2017 y mi hija me hizo el mayor regalo que podía hacerme. Quiso venir a verme y estar de mi mano bajo el paso. Siempre cercana a la cuadrilla, siempre protegida por el oficio costalero, siempre al lado del color azul emblema de la hermandad. Cuando apareció en el ensayo y se aferró a mi mano me brotaron dos lágrimas. Hacía seis años de un 19 de Marzo precioso y este otro 19 de Marzo también se estaba convirtiendo en inolvidable. ¡Qué bendita casualidad! Para mí que amo las cofradías y los sentimientos que regalan, estas caricias al alma son la vida misma.

Todo ese torrente de sensaciones descrito que es por y para mí, es mi propia historia. Y decidí plasmar tan bellas coincidencias en fechas en este periódico de internet como la Lela lo llamaba. Seguro que sonríe, allá donde esté, cuando la menciono y tecleo su nombre pues sabe de lo feliz que fui en los cuatro momentos narrados, cada uno por un motivo: el día que mi hija se hizo hermana de la Flagelación y fui pregonero de mi cofradía de siempre, el día que Claudia pasó a formar parte de la lista de hermanos de la Hermandad del Prendimiento, el día que tuve el honor y fortuna de ser uno de los jurandos inscritos en la Jura de Bandera de mi querida España que se orquestó y tuvo lugar en mi Ciudad Real natal y el día que mi pequeña vino a verme y ayudarme en el oficio costalero de llevar el zanco izquierdo en la cuadrilla del Rabí. Momentazos que para mí se queden y que hicieron que aferre a mi memoria con cariño las fechas de los días 18 y 19 de Marzo, en precioso recuerdo ya, tanto del año 2017 como de este 2023. Y, lo mejor, es que estoy seguro (y si dejo de estarlo ocurrirá algo para que vuelva a estarlo de nuevo) que habrá más "casualidades" que harán inolvidables ciertos retazos del transcurrir de nuestra vida. Insisto, disfrutadlas cuando ocurran. Son la más pura esencia y prueba de que la felicidad, bajo el prisma del tiempo, es pequeña y efímera, pero enorme en el recuerdo.

jueves, 16 de marzo de 2023

ALICE, AGENCIA DE CONTRATACIÓN

Pongámonos a media mañana de un sábado cualquiera de Cuaresma. Estoy tranquilo en casa prestándome a la aspiradora, los recados y la mente puesta en qué hacer en los fogones llegado el mediodía. De pronto mi móvil recibe un whatsapp que dice "¡Hola, encantado de conocerte! Soy Alice de la agencia de contratación". No sé si podréis adivinar lo que vino después pero ya os adelanto que siendo abogado de profesión y estando los delitos informáticos a la orden del día, fue divertido. Veo a menudo en los tribunales delitos de estafa y suplantación de identidad que comienzan siempre con un alegre mensaje como el que me llegó al teléfono, por lo que al recibirlo y saber de los derroteros y quehaceres de las personas que se ocultan tras esos números pensé: Alice, no sabes dónde te has metido... En el acto dejé la aspiradora, me senté en el sofá y me dispuse a contestar debidamente el mensaje y a pasar un rato entretenido. Estafarme no me iban a estafar y reírme me iba a reír. Fue maravilloso el destino haciendo que el mensajito inicial de la conversación me llegase a mí y no a cualquiera que se deje embaucar por estas prácticas delictivas que ofertan trabajo rápido, fácil y con curiosa remuneración a cambio de que se les indiquen datos personales con los que, una vez obtenidos, se acaba la conversación y te dejan la cuenta corriente a cero o bien, a tu nombre, contratan productos y servicios siéndote luego las deudas reclamadas a ti. Mi querida Alice, elegiste mal destinatario... Y no descarto escribirte yo algún sábado, a media mañana también, para decirte "¡Hola, encantado de conocerte! Soy Anthony de la agencia de contratación". Así veo por dónde sales si cambiamos los papeles, ¿qué te parece? Seguramente no seas tan cordial como yo lo fui, pero te haré entender lo molesta que puedes llegar a ser para quien caiga en tus triquiñuelas. No lo dudes.

En fin, suspiré, sonreí y contesté el whatsapp educadamente y sin mareos. "Hola, Alice. ¿Quieres un pacharán?". Ya os podéis hacer a la idea de cómo iba a ser la charla que tendría con ella... Ni corta ni perezosa ella sigue a lo suyo y me hace la propuesta de trabajo. "¿Está interesado en un empleo a tiempo parcial o a tiempo completo? Actualmente tenemos trabajos de medio tiempo/tiempo completo. Jornada completa: 800€-1500€ por semana. Jornada parcial: 50€-60€ la hora. Ofrecemos puestos desde el nivel inicial hasta la alta dirección ¿Estás interesado?". Ni puñetero caso a mi invitación a pacharán. ¡Hay que ver! Continué con calma la charla y le contesté acerca de mi interés, a lo que ella, más interesada que yo, me envió un número de teléfono y me dijo que era el contacto del Departamento de Recursos Humanos. ¡Genial! Me recosté en el sofá y comencé a hablar con ella seriamente, sin titubeos, con informaciones precisas, concisas, trascendentales y directas. Y no sé por qué, Alice, súbitamente, dejó de contestar a mis whatsapp. No lo comprendo, de verdad. Os dejo las capturas de pantalla de la conversación a ver si entendéis vosotros el motivo. Jamás le dije términos malsonantes, ni usé un vocabulario inapropiado, ni nada de nada. Guardé íntegramente la compostura y la traté con afecto. Tanto que podríamos haber tenido un idilio y todo. Le regalé mi tiempo y le escribí con cariño, pero se ve que advirtió pronto que la agencia de contratación, por lo que fuera, no contaría conmigo. ¡Una pena! Creo sinceramente que les habría dado caché y glamour. Alice, si quieres echamos otra parrafada. Hay muchas cosas que se me quedaron por decir. Bueno, os dejo la conversación a vosotros, queridos lectores. Ya me diréis...


Y así quedó la cosa. Lástima que Alice no quisiera entrar al juego y quitarse la careta. Estafarme no me habría estafado, pero lo mismo habíamos terminado de botellines juntos (aunque fuesen virtuales) brindando por su agencia y sabiendo si era Alice, Alica o Alico. ¡Anda con Dios, Amparito!, como diría mi abuela. Vete por la sombra y cuando esté servidor un sábado en sus ajetreos domésticos, déjalo en paz que bastante tiene con la aspiradora y los fogones como para que le toquen los... whatsapp.