viernes, 27 de octubre de 2023

LEYENDA DE ROBIN HOOD


No os sorprendáis con el título de la entrada. Es la verdad. Hoy vengo a contaros la leyenda de Robin Hood, no una leyenda de Robin Hood, sino la suya propia. El primer interrogante que a todo el mundo le asalta cuando oye ese nombre es saber si existió tal personaje o es un mito. Y aunque la versión más extendida es que la existencia de Robin Hood es una leyenda fraguada en similitudes y comparaciones con otros personajes que sí existieron, éste que narra que desde niño ha sido un enamorado de tan entrañable aventura acaecida en los bosques de Sherwood y el Condado de Nottingham, entre arcos y flechas, ha encontrado una historia real. Robin Hood existió y su eterna memoria ya tiene casi ocho siglos de antigüedad. ¡Y estoy más contento con el descubrimiento que el juglar Alan-a-Dale cantando la historia de aquel buen Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres! Tanto es así que he querido dejar escrito en el Rincón, para compartirlo con vosotros (y tenerlo yo para siempre), este capítulo de historia muy desconocida que siempre me traslada a mi infancia y me llena de recuerdos y sonrisas. Jamás antes había sabido que existió y me encantaba su leyenda y, ahora, he descubierto que la leyenda en sí no dirime si existió o no, sino que afirma su existencia y lo que dirime son los asociados tópicos al protagonista que no son todos tal cual los cuentan... Y es que ya sabe, habiendo leyenda, sea en el personaje o sea en su historia, hay algo de invención y algo de realidad.

El caso es existió un sajón llamado Roger Godberd que fue el verdadero Robin Hood. Si os dedicáis nada más que a teclear en Google su nombre y a leer entrelíneas acerca de tal persona, os quedaréis con idea de que tan sólo puede ser una inspiración para respaldar la leyenda del personaje, pero si estudiáis el asunto a fondo, descubriréis que hay sólidas pruebas de que aquel forajido medieval fue, sin duda, a quien tiempo después se conoció universalmente como Robin Hood. De hecho, el propio nombre de "Robin Hood" (hood, del inglés, capucha o truhán) era un sobrenombre que los propios forajidos se ponían haciendo mención al gorro o capuchón que usaban para ocultar su rostro, así como al uso de las pillerías que acometían. Y nuestro protagonista hoy, fue conocido por muchos, haciendo un juego de palabras, como Roger Good, Roger el bueno, por ser el conocido forajido que ejercitó el lema de robar a los ricos para dárselo a los pobres. Nació en Nottingham en la década de 1260 y estuvo bien posicionado socialmente, llegando a ser miembro del equipo de guardia del castillo de Swannington. Al contrario del Robin Hood de leyenda, el verdadero era íntimo amigo de Reginald de Gray, más conocido por su cargo, Sheriff de Nottingham, al cual, también al revés que narra la versión popular, el pueblo quería y respetaba.

Se dice que sus caminos se separaron pues Roger no soportaba el abuso que los empoderados nobles y ricos cometían con los granjeros y las personas de más bajos recursos de aquellos tiempos, lo que le hizo dejar la guardia del castillo y separarse de su buen amigo. Llegó incluso a ser imputado de rebelión por colaborar en la revuelta que organizó contra el Rey Enrique III de Inglaterra su propio hijo, Eduardo. Esto hizo huir a nuestro amigo y refugiarse en los bosques con su camarada Walter Devyas, de quien se cree que pudiera ser el famoso Little Jhon que cuenta la historia. Sobre ambos pesaba también la búsqueda por el delito de de cazar ciervos furtivamente en el Bosque de Sherwood, donde tenían su guarida y formaron, junto con otros huidos, su banda de ladrones. Este grupo de hombres tenía como víctimas principales a los ricos, adinerados y viajeros que, si bien no tendrían culpa de la pobreza o trato de otros, sí se lucraban y beneficiaban del sistema que consentía tal distinción social. Fueron responsables de saqueos, ataques, robos e incendios y existen documentos medievales que cuentan que esos forajidos llegaron a extenderse y a actuar por Leicester, el propio Nottingham y Wilt, aterrorizando a los ricos susceptibles de tener algo que pudiera ser robado. 

Parece ser que el primer robo de Robin Hood, el de verdad, el villano querido, hombre audaz y certero en el uso del arco y la flecha, fue un cargamento de pieles y comida que unos soldados del Rey le habían arrebatado a unas personas de un pueblo en el que Roger pasaba gran parte del tiempo. Y en esa acción quedó atrapado en el arte de ayudar a las personas, ya que todo aquello que "robaba" o recuperaba, lo entregaba a la gente pobre. Su final es lo que no he logrado esclarecer del todo pues he hallado dos vertientes. Una que dice que murió a traición por uno de sus hombres que quiso cobrar su recompensa y otra que cuenta que cuando falleció el Rey Enrique III y alcanzó el trono su hijo, Eduardo I, éste decretó la inocencia de todos aquellos huidos y llamados "Desheredados" que lo ayudaron en su día en la rebelión, por lo que Roger Godberg fue perdonado y volvió a su hogar, consumiendo allí felizmente el fin de sus días, aunque no escapó de los juicios por la caza furtiva de ciervos reales. Curioso. El caso es que fue un personaje entrañable y alabado por todos los habitantes de Nottingham y Yorkshire, donde se encuentra su tumba con prácticamente ochocientos años. Con esto ya habéis visto las similitudes de la popular canción con la historia real pero, lo más fascinante es que Robin Hood, para los que amamos este personaje tan perfectamente encarnado en la gran pantalla por Errol Flynn, no es una leyenda, fue real. ¡Viva Robin de los Bosques!

martes, 5 de septiembre de 2023

MI REENCUENTRO CON AGOSTO

Se me había olvidado tu gusto. El año pasado fue precioso pero extraño para nosotros ya que no tuvimos nuestras rutinas de siempre, esas que se han ido forjando a base de entendernos entre ambos e ir encajando piezas que logran la comodidad perfecta y sin discordias, como los matrimonios consolidados. Eres el mes que más espero, con la venia de mi sempiterno Abril, ya que te exprimo de principio a fin y no se me va la alegría en los treinta y uno días que conforman tu calendario. Sin embargo, ha bastado una ausencia, una sola, para que este año haya paladeado de nuevo el Agosto que tanto amo. Ya sabes que tu última edición vino cargada de momentos inolvidables y no sirven los peros. Quedaron esculpidos en la retina del alma, de los dos, espero, para siempre. Y, aún así, sabes que me acordé de nuestras cosas... Que sí, que sí, que estoy disfrutando de este momentazo pero otro año yo estaría... Sé que lo sabes y sabes que lo sé. Transcurrió y quedó grabado a fuego y llegó tu último día y continuó la rutina de siempre, porque Septiembre, salvo algún retazo añadido del recién estrenado pandorgato, sí fue como siempre. Continuaron sucediéndose los días y, fíjate, el destino, el karma, la bienaventuranza o el sino (incluso Don Álvaro, como opción al anterior, a través del Duque de Rivas), quisieron que no recabase yo tus sabores en mi interior para que así, llegado el reencuentro, explotaran de nuevo en una deliciosa ambrosía que reviviera y viviera de nuevo ese espléndido sabor que me produce tu llegada. Y así ha sido.


Llegaste como siempre, entremezclado con Julio al alba ensalzando la tradición. Y fue tumbarme esa noche y ver en el techo ese camino de estrellas que conducen al Obradoiro. En ese momento supe que era Agosto de nuevo. ¡Qué bien conozco esa sensación y que alegría sentirla de nuevo! El año pasado tuve otros quehaceres y hube de cambiar constelaciones por Ángeles, allí donde vive el Rabí y, créeme si te digo que, como dicen los del Primitivo, para mí fue como el dicho de "quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor", aunque ya sabes que yo, en estas causas, soy más del criado, al Señor lo visito (creo) a diario. A lo que iba. Concluida mi encomienda de modo satisfactorio, preparé la mochila y limpié las botas, como siempre, amigo, ya lo sabes. Son tus días y parte de ellos los paso caminando hacia el Oeste, donde se funden horizonte y mar en la misma línea y, este año, precisamente, con más motivo, pues el punto final de otros Caminos fue el origen esta vez. Y así es como nos reencontramos y llegué a Finisterre caminando. Además visité al criado sin siquiera haber caminado hacia él. Muy pagano yo en esta ocasión, ¿no? Lo anotaré como una sorpresa en nuestro abrazo de costumbre que nos ha hecho revivir nuestras maneras con tanto mimo logradas. Eso sí, la felicidad fue la misma, la que comenzamos a hilvanar en aquel Año Xacobeo 2010 y que ya es un tejido fornido que nos une. La que conocemos tú y yo y se deja asomar cuando en Noviembre te recuerdo y en Febrero te sueño.

A mi regreso del epílogo del Camino de Santiago, iniciado en los últimos metros del Real Camino Francés y concluido más allá del hito que marca el fin de la tierra, justo antes del Faro de Fisterra, allende las aguas chocan con las rocas, se vestía mi ciudad de fiesta en honor a su Patrona. Volví justo a casa para embellecerme por dentro musitando en la Catedral: "Santa María del Prado, Reina de Ciudad Real, a quien siempre han invocado tus hijos con fe filial, líbranos de todo mal, líbranos de todo mal". Era el día quince de Agosto y la Morena de ojos azules se encontraba radiante en su paso. Siempre al verla así me acuerdo de mi infancia y de mis abuelos. Es otra de las costuras del alma que me has tejido tú, Agosto. Y a quien dude de por qué es la Reina de La Mancha que se acerque tal día cuando procesiona escoltada de fieles y contemple la cantidad de gente venida de un sinfín de lugares que le rinde pleitesía, bien peregrinando hasta Ella, bien acompañándola en su transitar. No se ve cosa igual por estos lares por mucho que susurren las envidias. Y es que entre tus días, querido Agosto, están los días de la Virgen. Y aunque sean los días de Ferias y Fiestas no dejan de ser en honor a Ella. Cierto es que los viví muy intensamente el año pasado. Y no miento si digo que fue desde privilegiada posición. Pero hoy te hablo de mi reencuentro contigo. Y fue maravilloso. Estuve donde me gusta estar: rodeado del misterio de ir a solas sabiendo que habrá compañía que a priori no puedo saber. Y como nexo de unión su magnificencia que tanto me atrapa. ¡Vaya sonrisa me dibujaste, canalla! Muy parecida a la de las mañanas de Viernes Santo...

Y como colofón e hilo conductor de todo lo anterior durante, antes y después, mis retazos de costumbre y felicidad en Fernán Caballero. Aunque este año ha faltado la guinda final de la elaboración de la conserva, pues el clima ha castigado duramente las matas solanáceas y no ha habido cosecha buena para ello. No preocuparse. El tomate frito para el bacalao más carismático del año no faltará. Tengo tarros del pasado verano preparados para ello. La Semana Santa del 2024 tendrá retazos del estío del 2022. Entre tus días, sobre todo los finales, he consumido tus hojas consumiendo mi Agosto particular de vacaciones. Y este año ha sido próspero. Ha crecido mucho el chalet en detalles, comodidad, orden y limpieza. Y lo que es más. Ha crecido en fechas, participación y arraigo de las viejas maneras y las nuevas costumbres. No ha faltado lumbre en el hogar, ni limoná en el lebrillo. No se ha echado nada de menos y eso ya es mucho y lo firmaría por más veranos tan plácidos como este. Otros años, hoy, recién bautizado Septiembre ya estaría forjando en mi mente cómo querría que fuera el siguiente Agosto. Sin embargo, éste último ha sido tan precioso que sigo regodeándome de haberlo vivido tan intenso y exprimido de principio a fin. Camino, Feria, Virgen del Prado y mis cosas (que no son pocas). El año que viene no quiero que te superes, quiero que te mantengas igual, por favor. Y es que ¡menudo reencuentro hemos tenido, Agosto!

jueves, 27 de julio de 2023

JULIO, MI SIEMPRE QUERIDO JULIO: PREGONERO DEL PERCHEL.

¿Qué esconden tus días, Julio? No es normal que siempre, año tras año, sigas sorprendiéndome. Mira que nos conocemos los dos y sabemos el uno del otro lo que nos significamos, pero juegas con ventaja, truhan. Como buen mago siempre escondes un as bajo la manga y logras entusiasmarme de nuevo. Creí que no tendrías ya más trucos cuando el último 31 de Julio que vivimos juntos hace casi un año me diste el mayor regalo que me habías dado nunca: mi ciudad me hizo Pandorgo. Sin embargo, siempre sacas cualquier sorpresa del más mínimo resquicio. Ya hemos agotado juntos muchos momentos entre tus días del calendario y, además, disfrutando, por una cosa o por otra, de todos mis gustos y pasiones que vierto en este blog. En tu período temporal como séptimo mes del almanaque hemos vivido momentos de cofradías, de costal, de ferias, de verbenas, de fiestas, de tradiciones, de costumbres y de los más preciados recuerdos de mi infancia y retazos del presente. Eres el mes de mi abuela, de mi niñez y de mi barrio. Eres el mes en el que sueño recorrer el Camino de Santiago y en el que tacho los días para que lleguen las vacaciones y liberar mi mente, por un tiempo, de los periplos de la abogacía. Eres, sin lugar a dudas, el mes que más exprimo en tiempo mezclado de trabajo y disfrute y eres también, desde este año, el mes de las sorpresas. Nunca defraudas y ya no me fío de pensar que teníamos todo lo vivible vivido y perfectamente atado en el baúl de los sentimientos, pues siempre, siempre, siempre, tienes alguna sonrisa nueva. Y la de este año ha sido magistral.

Tenía que ser en tus días cuando ocurriera. No podía ser de otra manera. En tus días de plena canícula, llegando al ecuador de la misma, cuando el Santo Patrón de España llena de alegría mi barrio y es la verbena en su honor, me pillaste, otra vez desprevenido y eso que te conozco y sé que aguardas este tiempo, para apretar con media vuelta más la tuerca que nos une. ¿Cuándo lo planeaste? Hacerme pregonero en mi casa y vestirme por última vez con el paño negro siendo Pandorgo de Hogaño... Es que ni me lo creo. Jamás lo hube soñado y llegas tú, Julio eterno, para darme este regalo. Pregonero de Santiago, mi barrio amado. E invitado a su procesión que salía de nuevo. ¡Tenía que ser este año, bribón! Y lo ha sido. ¿Quién te escribe los renglones, amigo? No puede ser más grande. Por si era poco el regalo de debutar entre los guardianes de la tradición hace justo un año, en el empedrado más carismático de la ciudad, a la sombra de los rincones donde crecí, vas y aguardas que sea ya nombrado el cargo y, cuando casi expira el mismo para pasar de hogaño a antaño, me subes, nada más y nada menos, que al atril de mi Perchel para poner voz y sentimiento y rematas la faena colocándome en la presidencia de Santiago, como Peregrino de todos los caminos. ¿Cómo no te voy a querer, Julio mío? Lo que hemos vivido tú y yo este año ha sido precioso y, además, aún nos quedan cositas hasta el momento, incluso, en que no quieres despedirte hasta el año que viene y abrazados los dos comienza un Agosto al que le robamos unas cuantas horas... Eres un golfo, pero te quiero. Bien lo sabes.

Y me subí al escenario en el corazón del barrio, escoltado por la Iglesia de Santiago a un lado y el Convento de las Hermanas de la Cruz al otro. A mi espalda el antiguo lugar donde ubicaba el rollo de piedra que hacía la suerte de jurisdicción, posteriormente trasladado a los jardines de Agustín Salido y coronado con una Cruz de Santiago encima y hoy en día ocupado por un Cruceiro (diría que el único que tenemos en la capital de la Mancha) que indica el punto de salida del Camino de Santiago Manchego. Y al frente mi Perchel puro. Porque no hay más Perchel que hablarle al Perchel del Perchel. Así de claro. Sus gentes, sus vecinos, sus lugares, sus costumbres y sus vivencias. ¡Qué privilegio, Julio! Día 24 de ti, verbena de Santiago y yo pregonando con un torrente de voz nacido de mi sentimiento que no de mi garganta al barrio más viejo de la ciudad, el que guarda los viejos tesoros de las leyendas, origen y génesis de esta tierra nuestra. El regalo más inesperado que podría darme esa Plaza de Santiago donde tantas horas he pasado y tantas vivencias he acumulado. ¡Qué bonita es la vida cuando quiere ser bonita! Y tenía que ser en tus días, Julio. ¡Qué callado te lo tenías aguardando tu momento! Gracias, compañero, gracias. Otro año estaría planchando el costal o preparando el blusón de mil rayas, pero este ha sido rematando versos para mi barrio. ¿Me quedará algo por hacer en el mismo y en tus días? No me lo digas, mes de las sorpresas. Actúa como hasta ahora y sorpréndeme cuando quieras.


Amaneció el día 25 de Julio, siempre mi querido Julio. Con la resaca de emociones aún latiéndome en el pecho y retumbando en mi cabeza "A Santiago, ¿qué decirle? Que no sé vivir sin él y aunque vaya a Compostela mi Santiago es el Perchel", la sonrisa se me hizo fija en la faz, pues ese día es mucho día. Es la fiesta del Santo del Patrón de España, el día grande de mi barrio (siempre con la venia del Viernes de Dolores), la fiesta de los peregrinos, la fecha en que me puse el blusón y la boina con mis nuevos hermanos y, este año, magia escrita por ti de nuevo, volvía la procesión a las calles tantas veces pisadas por mí, habiéndome invitado a presidir la misma, todavía como Pandorgo de Hogaño, pregonero y perchelero. Imposible superarlo por mí, por lo que significa para mí, aunque me espero cualquier cosa de Julio. Nunca puedo ya fiarme de sus días porque, el muy puñetero, convierte cualquiera en una muesca al alma de las que hacen soñar al cerrar los ojos y revivir de nuevo el momento. Se abrieron las puertas del templo y se derramó el Perchel. Salió Santiago de nuevo. Yo, en una nube, crucé cientos de miradas con caras conocidas de las de siempre, de las que vivimos allí y en todas vi reflejadas lo mismo: barrio. La sonrisa se me hizo más enorme todavía y enseguida supe por qué. Una comisura la elevó un balcón de la calle Altagracia y la otra fue subida por otro balcón de la calle Calatrava. Noté su fuerza como la noto ahora al pensar en ellas. Mis abuelas, también percheleras. En Julio tuvo que ser...

viernes, 30 de junio de 2023

EL CAMINO ESOTÉRICO

Por no hacer muy compleja la definición, pues el término da para mucho, digamos que "esotérico" es aquello que es difícil de percibir por los sentidos. Sentada esta premisa, la denominación de Camino Esotérico, si bien pudiera ser todo el propio Camino de Santiago por la magia y energía que desprende su transitar y que, finalmente, deja más huella en el alma que en el cuerpo, es la aplicada y cómo se conoce al epílogo final del mismo, esto es, al tramo que une Santiago de Compostela con Finisterre. Es un tramo del Camino que cada vez va cogiendo más fuerza y está siendo más recorrido, pues son muchos los peregrinos que al llegar al Obradoiro sienten la necesidad de continuar sus pasos y su ímpetu en la búsqueda de lo interior les lleva a ello, encaminándose al "Fin de la Tierra". De hecho, hago aquí un inciso basado en una de las cosas que aprendí en el propio Camino, para decir que Finisterre alcanzó una dimensión enorme a nivel mundial por su cargada simbología, no sólo la de ser el fin de la tierra antes del descubrimiento de América, sino por la alabanza y fiesta de honra al conocido como eterno Deus Sol invictus, por el renacer día a día del astro rey tras ocultarse sobre las aguas y por ser el Imperio del Sol Poniente y atraer todas las grandes filosofías y creencias orientales del Imperio del Sol Naciente. Así me lo explicó Yoon Joon Lee, un peregrino koreano que conocí en el año 2013 cuando recorrí por primera vez el tramo entre Saint Jean pied de Port y Santo Domingo de la Calzada, siendo que él venía al Camino con la intención de llegar a "Fisterra" por eso mismo. Lo aprendí de él y, seguramente, cuando se cumplan diez años de aquello estaré llegando a ese punto del Camino.

Sí. Este año quiero llegar a Finisterre caminando. Por muchas cosas. Mi padre, con quien todo empezó, lleva mascando la idea de querer hacer el Camino Esotérico, el gran epílogo, desde el año 2012, año en que por primera vez coronamos O Cebreiro. Lleva queriendo desde entonces llegar a esa mágica línea donde se juntan la tierra y el mar y nunca llega el momento. Prácticamente en el ocaso de sus pasos en largos caminos, se merece llegar. Por él y con él quiero llegar. También porque del real y gran Camino Francés conocemos absolutamente todos los tramos desde Francia menos esas últimas etapas que unen el abrazo del Santo con el mítico -y miles de veces fotografiado- hito del kilómetro cero, pues hemos salido caminando tanto desde Saint Jean pied de Port como de Somport (ambos sitios en Francia) y, además de haber repetido varias veces otros tramos (mi amada Castilla), siempre nos quedábamos con las ganas de conocer esas etapas de Negreira, Olveiroa, Muxía, Lires... Se suma a las ganas de esta aventura que todos los años desde que empecé a gastar botas en la Ruta Jacobea, llegando el estío, me acuerdo de mi buen Iñaki y de los grandes ratos compartidos con él, los cuales se originaron y sucedieron precisamente caminando. Y él, también con varias llegadas a Santiago de Compostela, tampoco ha llegado nunca a Finisterre. Por último, yo mismo siento la necesidad de ver, como peregrino, que hay más allá del Obradoiro y volver a sufrir conmigo mismo duras cuestas y sudores mientras peleo en mi interior un precioso combate de yo contra yo que sólo las mentes que lo han sufrido lo conocen, para, mientras tanto, sin solución de continuidad, alcanzar el Fin del Mundo y despojarme de lo malo bañándome en las aguas del océano para resurgir nuevamente brillante como el Sol invictus hace día tras día.

De este modo, si Dios quiere, pues es mi religión la de creer en un Ser transcendental, cosa que desde que la vida es vida siempre se ha dado y aún a día de hoy pudiéramos hablar de esa mezcla entre lo divino y lo pagano, cuyo nexo es un origen común, el próximo 4 de Agosto, saldré de casa por no sé qué vez, con la mochila colgada y las botas puestas, rumbo a iniciar el Camino donde siempre lo culmino. Conforme voy vertiendo estas líneas me doy cuenta de la predisposición iniciática con la que voy a esta nueva aventura caminera, pues, si algo he aprendido en esta ya superada década en la que llevo recorriendo el Camino de Santiago, es que el Camino es, sin duda, un camino interior de introspección. Y tiene un veneno que se te mete dentro y te atrapa, ya que, a simple vista, madrugar todos los días para cargar una mochila y recorrer unos veinticinco kilómetros a pie finalizando para descansar en un albergue lleno de olores, ronquidos e intimidad compartida, no es que sea un plan de vital atracción. Pero el poso que deja en el interior bien merece la pena y nadie sabe explicarlo. Alguna vez leí que todo peregrino sabe explicar por qué se puso en marcha la primera vez, pero jamás sabrá explicar por qué lo hizo la segunda y sucesivas. Y es una gran verdad. Allá voy de nuevo, querido amigo. Allá voy de nuevo desde tu empedrado Obradoiro hasta el Fin de la Tierra.

Las etapas del Camino Esotérico tienen tal magia que puedes agrandarlas o achicarlas del modo que prefieras y, además, al tratarse de un epílogo con forma triangular puedes ir en el sentido que quieras también. Yo he decidido finalizar en Finisterre recorriendo antes el otro vértice del triángulo que es Muxía, lugar también mágico donde los haya. He considerado para establecer las dichas etapas diversos factores de toda índole, apreciando también las cualidades físicas de mis compañeros de viaje y mías propias (para no hacer borriquerías que ya hicimos entre Somport y Puente la Reina, por ejemplo) y buscando estirar el tiempo para poder compartir más segundos con ellos ya que estando en el Camino raro es el rato que no somos felices. He logrado ajustarlo en seis etapas para tener de todo: cansancio, sufrimiento, pura mente, descanso y alegría. Saldremos de Santiago de Compostela hacia Negreira en lo que será la primera de ellas. De Negreira a Santa Mariña será la segunda etapa para, antes de terminar la tercera, de Santa Mariña a Dumbría, elegir la alternativa que une Dumbría con Muxía, donde terminará la cuarta etapa. La quinta será de Muxía a Lires y la sexta y última, desde Lires a Finisterre, donde llegaremos al faro del cabo del Finis Terrae del que el lugar toma el nombre. Tras ver allí esconderse el sol en las aguas y salir de las mismas de nuevo, volveremos a Santiago, lugar donde todo acaba y todo empieza, incluso el Camino y, más aún, el estérico con sus enseñanzas y mensajes ocultos. ¡Buen Camino!

martes, 30 de mayo de 2023

UNAS CURIOSIDADES MUY CURIOSAS

Aquí en el Rincón me gusta versar de cofradías, arte, cultura, fútbol, leyendas y curiosidades de la vida en general. Ya lo sabéis, más bien ya lo sabíais y, si no, ya sí que lo sabéis. Y en esta ocasión vengo a contar cosas curiosas de esas que dan forma a la vida cotidiana y que todos hemos usado, leído, dicho o padecido alguna vez. Incluso hay curiosidades que tenemos al alcance de la mano y las pasamos por alto porque no sabemos que esconden una curiosidad o cuál es la misma. Por ejemplo, ¿hay alguien que no haya tenido una botella de vino en la mano? Pues, curiosamente, tiene un por qué muy curioso que tengan una cabida de 750 mililitros. O, por ejemplo, ¿hay alguien que no haya oído hablar de Menganito o Fulanito? Pues esos nombres también esconden una curiosidad. Hoy contaré cosas curiosas de esas y prometo dejar, desde ya, de jugar con el término "curioso" (que no quiere decir que dependa de curia) en todas sus vertientes, salvo las estrictamente necesarias, en esta curiosa entrada. Los datos de los que me valdré para dar cuerpo a las presentes líneas me los he ido encontrando de forma totalmente inesperada por internet. Y los que más me llamaban la atención los retenía anotados en algún lugar para plasmarlos algún día en estos lares cibernéticos. Finalmente he seleccionado tres cuestiones que creo que merecen la pena ser sabidas, ésta vez sí, por la curiosidad que las engloba. Espero que os entretenga esta entrega y aprendáis con ella algo que os era desconocido.

Primera Curiosidad: ¿Quiénes fueron los Fulano, Mengano, Zutano y Perengano que son tan mencionados?
En realidad no se sabe si Fulano, Mengano, Zutano y Perengano existieron como tales o no. Al menos no hay ningún hecho histórico en el que poder basar la existencia de estos personajes. Sin embargo son muy conocidos por la cantidad de veces que se menciona su nombre. Podría decirse que se trata de cuatro formas gramaticales que se utilizan para aludir a alguien del que no se sabe su nombre o no se quiere decir por cualquier motivo.
Así pues, la palabra Fulano proviene del árabe, fulān (فلان) que quiere decir "persona cualquiera". Es el más utilizado de los cuatro, siendo el más socorrido a la hora de usarlo como ejemplo: "Ha venido Fulano (o un fulano) preguntando por ti". Otro símil sería “Le pondrán una placa conmemorativa que dirá esto lo inauguró fulano de tal". El término del árabe llegó al español y de allí se extendió a toda Hispanoamérica.
Mengano también proviene del árabe: man kān, cuyo significado es "quien sea". Suele utilizarse (la mayoría de ocasiones) en segundo lugar y acompañado de fulano y/o zutano. Además puede llevar otros determinantes: "A ese fulano y a ese mengano no los quiero ver por aquí".
El vocablo Zutano proviene de citano y éste, muy posiblemente, de la palabra latina scitānus, que significa "sabido". No se sabe muy bien el porqué se añadió a la coletilla, pero en algunas ocasiones también se coloca en segunda posición, tras fulano. "Han venido Fulano, Mengano y Zutano" o "Han venido Fulano, Zutano y Mengano".
Por último, Perengano es una palabra más reciente y la de menos usada de las cuatro. No se han hallado raíces en otras palabras antiguas y/o de otros idiomas, lo que ha llevado a concluir que pudiera ser una combinación que se surgió del apellido Pérez y la palabra mengano.
Es muy común que se usen dichos nombres en diminutivo (Fulanito, Menganita, etc) y con el apellido de Tal o de Cual, por aquello de hacerlos más solemnes cuando sustituyen a un nombre real o haciendo gala de ironía: "Su alteza real Don Fulanito de Tal y Pascual".
Estas cuatro palabras también tiene su variante al femenino (Fulana, Mengana, Zutana y Perengana), si bien el uso de la primera de ellas se suele utilizar para calificar despectivamente a una mujer cuando alguien se quiere referir a ella como prostituta: “finalmente resultó ser una fulana”.
Y éste es el desconocido origen de esos nombres que con tanta frecuencia usamos en nuestro lenguaje coloquial. 

Segunda curiosidad: ¿Quién es Perico, el de los palotes?
Perico, el de los palotes, es un término muy usado tanto en España como en Sudamérica. No puede asegurarse a ciencia cierta el origen de este nombre y no se sabe con certeza de dónde proviene, pero se han encontrado referencias en España que dicen que el término se refiere "al chico que precedía a los pregoneros tocando el tambor con dos palotes (baquetas)". Los pregoneros eran personas que daban a conocer al pueblo las disposiciones oficiales y se anunciaban bien haciendo sonar un instrumento de viento, a modo de corneta, cuerno o trompeta, o bien mediante el redoble de un tambor.
Las primeras referencias a Perico, el de los palotes, las encontramos en el libro "El tesoro de la Lengua Castellana", escrito a principios del siglo XVII por Sebastián de Covarrubias. Palotes se llamaban coloquialmente a las baquetas para tocar el tambor. El tal Perico, según Covarrubias, era "un bobo que tañía con dos palotes". El "bobo" era el que tocaba el tambor y solía situarse detrás del pregonero, que era quien efectivamente se quedaba con el sueldo y las propinas para ambos, de ahí lo de llamar bobo al del tambor. En su obra aclara que la expresión se empleaba para mostrar indignación por el trato recibido, de modo que el que se sentía ofendido exclamaba "¿Qué te crees?, ¿que soy Perico, el de los palotes?", dando a entender su molestia y que era conocedor de que se le había tomado por tonto, se le había usado pícaramente o se había abusado de su bondad.
Y de aquí se extrae la génesis de la expresión "ser más tonto que Perico, el de los palotes", si bien, Perico no era tonto, era simplemente un niño tamborilero al que se le conocía por tal nombre y bajo su inocencia y bondad no se percataba de que las dádivas se las quedaba siempre el pregonero. Curiosamente, también lo menciona Francisco de Quevedo en su libro "El Buscón", donde dice que "Periquito de los palotes, si no tienes cuartos, que dame doblones".
Por último, cabe reseñar que la expresión "Perico, el de los palotes" se usa hoy en día para referirse a alguien sin importancia, a una persona cualquiera. Es común oír "Díselo a Perico, el de los palotes, mismamente" o "Me da igual a quien se lo digas, como si se lo dices a Perico, el de los palotes".
Curiosa esta historia, ¿eh? Sigamos.

Tercera curiosidad: ¿Por qué las botellas de vino son de 750 mililitros y no de un litro?
Normalmente la medida estándar para comerciar con líquidos suele ser el litro. Un litro de leche, un litro de aceite, un litro de zumo, etc. Sin embargo, las botellas de vino son generalmente de 750 mililitros y no de un litro (1.000 mililitros). Y esto no es casualidad, no. Tiene su por qué y es realmente curioso. 
La capacidad de una botella de vino se normalizó en el siglo XIX y surgieron las explicaciones más recónditas a este hecho. Se dijo que era debido a que era la capacidad pulmonar de un vidriero que era quien las fabricaba, que era el consumo medio en una comida, que era por la mejor capacidad para conservar el vino, que era por la facilidad de transporte, etc. Y no. No es nada de esto. 
En realidad se trata simplemente de una organización práctica con una base histórica. Por aquel entonces, ojo que viene una curiosidad dentro de la curiosidad, los principales clientes de los productores de vino franceses eran los ingleses. ¡Sorpresa! (Yo no lo sabía tampoco). El caso es que ellos nunca adoptaron el mismo sistema de medidas que los franceses. Esto tampoco me sorprende. Ya se sabe con los hijos de la Gran Bretaña... Kilómetros, yardas. Euros, libras. Litros, galones. Y aquí radica el asunto: la unidad de volumen de los ingleses era el "galón imperial" que era equivalente a 4.54609 litros.
De esta manera, para simplificar las cuentas de conversión, transportaron vino de Burdeos en barriles de 225 litros, es decir, exactamente 50 galones, correspondientes a 300 botellas de 750 mililitros. Siendo más fácil el cálculo, adoptaron que un barril de 50 galones era igual a 300 botellas. De esta forma, un galón correspondía a 6 botellas. Y éste es el motivo de que las botellas tengan una cabida de setecientos cincuenta mililitros (tres cuartos de litro) y no de un litro entero. Y es por eso también que todavía en la actualidad las cajas de vino suelen tener seis o doce botellas. Es que... ¡El vino también es cultura!

Y hasta aquí las curiosidades de hoy. Espero que las hayáis disfrutado y os haya descubierto cosas que no supierais. Dicho esto, me voy con Fulanito a tomarme una botella de vino a la salud de Perico, el de los palotes. ¡Adiós!

jueves, 18 de mayo de 2023

REMEMBRANZAS DE LA SEMANA SANTA 2023

Ahora que han pasado unos días y puedo volver la vista atrás, se me llena la mente de los cercanos recuerdos vividos esta última Semana Santa. Ha sido, sin duda, de las mejores que puedo recordar. He tenido de todo y he sido muy feliz. Momentos de tradición pura, de costumbre, de familia, de costal, de volver a salir con mi amada Agrupación Musical, de llenarme de Esperanza y macarenismo en las callejuelas de Sevilla, de disfrutar las cofradías con familia y amigos y de volver a vivir un Santo Entierro Magno, evento que ya tuve la dicha de vivir en el Sábado Santo del año 2004 y que no sabía si tendría la fortuna de revivir, pues son acontecimientos históricos que se orquestan sólo por causas muy concretas y no son fáciles de repetir. Así pues, ahora que la botella de las vivencias va dejando su poso en el vaso del alma, es el momento de plasmar unas líneas acerca de lo vivido, para que cuando las lea y relea pasado un tiempo, brillen de nuevo esos recuerdos con la nitidez que el buen gusto de la felicidad pasada les otorga. Una Semana Santa difícil de olvidar y cargada de muchos momentos preciosos en los que podrían haber girado más despacio las agujas del reloj, pues el aura mágica que los rodeaba bien era propicia para ello y, ojalá, hubiera estado en mi mano detener el tiempo, pero el encanto de lo sublime es precisamente eso, su perecimiento a manos del péndulo temporal. Eso es lo que, precisamente, nos deja ese regustillo en el paladar que nos despierta la consciencia de que lo vivido ha sido magnífico. Y, hoy, con el buqué del buen vino acontecido en esta incipiente primavera, es el momento de escribir per saecula lo sentido.

Si bien el día que la Gloria comienza es el Domingo de Ramos, el descorche de sentimientos apretados tiene lugar en casa, por costumbre y creo yo que por tradición también, pues así viene siendo desde que era niño, el Viernes de Dolores. Cuando la cocina huele a leche con canela y limón y las primeras torrijas se bañan con un jarabe hecho con agua, miel, azúcar moreno y una estrella de anís (truco que me dio el propio Alberto Chicote), me evocan esos sabores de nieto que marcaron mi memoria en la calle Altagracia y empieza la Semana Santa. Se intuyen por el Perchel balconeras que anuncian el día grande de Dolores, se enciende la primera candelería y se ponen sobre las incandescentes pastillas de carbón las adecuadas cantidades de incienso, resultando un éxtasis cofrade que sirve de preámbulo a lo que ha de llegar y, a la vez, de cierre a las vísperas que se iniciaron cinco días antes al salir el Nazareno por la ojiva de San Pedro. Así empezaron los días grandes que vengo a almacenar en el vivo recuerdo de las letras. Y cuando amaneció el Domingo de Ramos y el astro rey brilló con fuerza, mi mirada se clavó en la del Rabí de los Ángeles, anunciándole que iba a pasearlo de nuevo y que poco me queda bajo su reino de madera, pues he empezado mi retirada del costal y mi arpillera ha de consumirse allí donde por vez primera rozó una trabajadera. Fue un Domingo de Ramos espléndido en el que mi hija continuó acercándose a esta bendita locura que son las cofradías y se durmió soñando ser nazarena, mientras su padre derrochó corazón en el zanco izquierdo de esa parihuela azul, revestida de caoba y plata que eleva un olivo a los Ángeles que escoltan la Salud de un barrio.

Y tras un Lunes Santo vacío de cofradías, pero cargado de costumbre en mi casa, llegó un día muy esperado que muchos no creían que llegaría: cuando vistiera el uniforme de la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva. El pasado Martes Santo hacía exactamente veinte años desde que un grupo de jóvenes, entre los que me enorgulleció estar y me enorgullece, más aún, haber seguido a su vera, fundamos tal corporación. Justo el año que se estrenó el uniforme de gala debí abandonar sus filas por motivos laborales, pero estaría escrito en los renglones torcidos de Dios que algún día y en preciosa coincidencia, me pusiera yo el atuendo que jamás vestí y estuviera rodeado de ellos de nuevo. Y ocurrió y emané felicidad por cada poro de la piel. No se me olvidará jamás. Fui escolta de "STV". Todo caras conocidas y la mayoría de los que dimos a luz a la formación musical nos juntamos de nuevo tal día. Fue, sin duda, el regalo más grande que me hizo la pasada Semana Santa, con la venia del Santo Entierro Magno y los retazos que me dejó bien cosidos al alma. Pero antes de ello llegó El Miércoles Santo, unido a la madrugada del día anterior, cuando me quité el traje que no sé si volveré a vestir, aunque confío en el destino que ya me lo ha puesto una vez. Dicho día es de Bondad y Consuelo. Y no puede ser de otra manera, ni lo concibo, ni quiero. El mágico y sagrado ritual de dividir en tres partes el costal y poner paño con paño dos de ellas para hacer de la tercera una cuna de arpillera, lleva repitiéndose en mí veintiocho primaveras, para alcanzar la gloria bajo el altar itinerante de la Bondad de Dios por las calles. ¡Cuántas horas de raza costalera meciendo la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro! Y fue magistral este año aunar juventud y veteranía en las maderas. Me sentí pleno y mi hija me esperaba en el relevo por si todavía no era suficiente todo para decir que estaba en el mismo Cielo...

Cuando llega el Jueves Santo en mi corazón huele a Sevilla. Y allá que voy a cumplir la cita con una mujer que dicen que vive en San Gil y se llama Macarena. Me ha costado años encajar las piezas de mi Semana Santa. Y digo mía porque he estado mucho tiempo estudiando los días de la Semana Grande, hora por hora, hasta encadenarlos de tal manera que un cuarto de hora puede cambiarlo todo. Así he logrado hacerme el plan exacto para poder disfrutarlo todo al máximo: todo lo que quiero y todo como lo quiero. Las cofradías que quiero ver, donde las quiero ver y con quien las quiero ver. No pregunto, sino que afirmo. Y me da tiempo a disfrutar de la receta que más tardo en hacer: el bacalao con tomate del Viernes Santo. Ese tomate frito que empiezo a freír en la decadencia del estío y que guardo en tarros, aguarda a juntarse con el bacalao enharinado que frío el Miércoles Santo y, todo unido y metido en la maleta que vendrá a Siviglia, toma el gusto del majado de ajo que lo acompaña. Meses pasan desde que empiezo a elaborar el plato hasta que lo degusto. Y entre tanto los Negritos, la Exaltación, las Cigarreras, el Valle, Montesión, el Señor de Pasión, la Quinta Angustia y la amanecida más mágica del año, cuando sale el Gran Poder y Triana es un tumulto. Y cuando la negrura de la noche se confunde en el cielo con el color del agua anisada y no sabe uno si ya es el alba o aún sigue de madrugada, la Sentencia del Señor, escoltado por un mar de plumas blancas, va volviendo a su templo donde habita la Esperanza. Y allí, año tras año, aguardo al mediodía para volver a ver tu mirada. Y reencontrarme con mi gente... ¡Anda que no cabe nada entre que cojo la maleta y me enfrento cara a cara con la vigilia del Viernes Santo! 

Recién desanclado de una siesta reparadora, me regaló este año otra dosis de costumbre y tradición. Un Viernes Santo de romanticismo cargado de sentimiento. Sirve ver la Carretería o el discurrir de San Isidoro para llenar otro cajón del alma de recuerdos que se suceden (y así siga siendo) año tras año cuando la memoria se despereza de nuevo. Y qué decir, entre otras, de la O de ida y de Montserrat de vuelta en la revirá, a poco de salir de Molviedro, de Doña Guiomar con Zaragoza, allí donde se conjugan, al cerrar los ojos, los olores de la memoria en una mezcolanza de cansancio, incienso y años de costumbre y papelones de pescaíto recién traídos de La Isla, donde, a fuerza de ir durante ya casi tres décadas, me conocen y saludan dos generaciones. De la que viene del Puente de la Expiración ya está todo dicho diciendo que el Cachorro nunca ha visto ni Sevilla, ni Triana, sólo ha visto los balcones y las tejas de la Cava, sólo ve a los saeteros y las blancas espadañas, Él no ha visto nunca el río, ni el barrio de sus entrañas... Por eso este año lo vimos dos veces: el mismo Viernes Santo y el Sábado Santo en el Santo Entierro Magno. O Grande, como se le dice comúnmente. ¡Y tan grande! No podían salir mejores pasos en tal evento. Además de las cinco cofradías del día, otra vez Roma paseando por Sevilla dejó el regusto de las cosas bien hechas en una entrada de ensueño, en la que sonando "En tus manos macarenas", se perdía, de noche en vez de al mediodía, el paso del Señor de la Sentencia entre el atrio y su basílica. Rafaé, esta vez con plumas rojas, a lomos de Calamar, marcaba el andar del Cristo de las Tres Caídas que se daba cita con el Soberano Poder de San Gonzalo, a los sones de Virgen de los Reyes, en una jornada de ensueño. Por otro lado el Cristo de la Victoria proclamando la Paz, mientras las Cigarreras volvía a pasear su Columna y Azotes, a la vez que Judas daba un beso de traición al Maestro en un derroche de costalería por los Jardines de Murillo y la Amargura venía al compás de su marcha a guardarse en San Juan de la Palma. Otras tantas cofradías, al mismo tiempo, seguían dando testimonio de fe por las calles de una mágica y mítica Serva la Bari. ¡Imborrables serán los recuerdos de lo vivido! Si ya los revivo escribiéndolos, veré yo mismo, cuando el olvido quiera hacer su aparición, la sorpresa del tenerlos escritos y saborear las vivencias de nuevo. Enorme suerte el haber vivido un Santo Entierro Grande de la magnitud que tuvo el mismo. Otro regalo digamos que de la Diosa Fortuna, pues el verdadero Dios se encontraba por las calles sobre la cerviz de sus costaleros y así fue hasta el final de esta maravillosa Semana Santa 2023, cuando en su advocación milagrosa de la Resurrección, muy cerquita de Santa Ángela de la Cruz, el Domingo que lleva su nombre, puse el punto y final a la colección de remembranzas que hoy narro, mientras aún suena en mi sesera el clan-clan de las bambalinas del palio de la Aurora y doy gracias por lo vivido, disfrutado y sentido en esta última edición de los ochos días que conforman la Semana más esperada para los cofrades, cuando dejamos de soñar lo vivido y volvemos a vivir lo soñado. ¡Para vivirlo! ¡Abajo sin martillo!

martes, 9 de mayo de 2023

UNA ROMERÍA MUY ESPECIAL

Aguardaba con ganas la Romería de la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños de Calatrava, pueblo al que llevo vinculado de una forma u otra toda mi vida. Y sabía que este año sería especial aunque no me imaginaba que tanto. La verdad es que suelo escribir sobre la romería año tras año pues siempre me regala vivencias que me gusta revivir, pero este año hay motivos más que de sobra para hacerle un hueco en la alacena de los recuerdos bonitos. Cuando era niño recuerdo comer migas en el paraje de la Virgen del Monte, en el chalet de Amalio y Pilar, bajo la atenta mirada de Ángel y Anselma quienes siempre fueron como unos abuelos para mí. En el despacho donde trabajo siempre ha habido una postal, cuyo origen desconozco, de la advocación mariana patrona de los bolañegos. El caso es que la misma siempre está cercana a mí. Y pasados los años, cuando me hice novio con Gemma y nos casamos, sé que la Virgen del Monte también tuvo algo que ver. Cerca de su Santuario tienen mis suegros un chalet y voy a verla a menudo. Hablo con Ella y sabe que su Romería es de las fechas marcadas en mi calendario particular. Y este año, siendo Pandorgo, quería que fuese inolvidable y se me ocurrió orquestar un hermanamiento entre la Hermandad de la Virgen del Monte y la Hermandad de Pandorgos, de modo tal que ambas corporaciones estuviésemos compartiendo bonitos momentos. Mi querido Ángel que marchó a la casa del Padre días antes de mi nombramiento y al que ya mencioné en mis palabras en la Plaza Mayor, ha ayudado seguro a que fuese posible todo. Las dos hermandades accedieron y lo que ocurrió fue mágico, sin duda.

Y salió todo según lo previsto y más. Espectacular. Tuve momentos de pura romería, de los de siempre, de los de vaso de mini, calimocho y brasas. Vino malo de cartón y Coca-Cola como tradición de una amistad y risas que duran ya más de veinte años y ocultan miles de vivencias bajo los recuerdos de los años. Hubo también paella a la lumbre y chispalibres. Estuvieron mis amigos, sin ellos ninguna de mis travesuras sería posible e hicimos alguna visita a los corros y nos tomamos algún cacharro todos juntos. Se rezumba alegría y felicidad y ya, simplemente por ello, estaba disfrutando de la romería como llevo haciendo siempre. Y quedaba el día grande de la Virgen, el último Domingo de Abril, verdadero día en su honor. Este año daba la coincidencia de que el último Domingo de Abril era precisamente el último día de Abril, Domingo, 30, lo que hacía que el día siguiente, 1 de Mayo, al ser festivo, permitiese alargar el disfrute de la romería más tiempo. Normalmente el lunes siguiente a la Fiesta de la Virgen es festivo local y los bolañegos siguen en el paraje pero este año podía seguir todo el mundo. Fecha perfecta para seguir descorchando vino y abriendo botellines, pues siempre hay algún motivo por el que brindar. No se me caía la sonrisa de la cara, ni se apagaban la ascuas del hogaril. Llevaba desde el viernes disfrutando de la romería y el colofón que me aguardaba iba a ser precioso y mucho más bello de lo que había imaginado: la asistencia a la Romería como Pandorgo de hogaño.

Amaneció el último Domingo de Abril y en el chalet de mis suegros estaban preparados los trajes tradicionales manchegos con "tós sus avíos", como se dice en esta tierra mía. Mi traje de pandorgo, el traje de rico de mi mujer y el de mi hija. La Hermandad de la Virgen del Monte nos había invitado a una representación de la Hermandad de Pandorgos a compartir y convivir con ellos en todos los actos principales de la Romería en honor a su Patrona. Así pues, tres pandorgos con sus tres mujeres, representado a nuestra hermandad de guardianes de la tradición, estaríamos en la función principal eucarística, en la comida de convivencia y en la salida procesional. No puedo expresar de manera correcta, pues todo lo que narre quedaría corto, la recepción y trato distinguido con el que nos obsequió la Hermandad de la Virgen del Monte. Dentro de la Ermita nos ubicaron en un lugar principal, junto a las autoridades, para hacernos partícipes en todo momento de la celebración. En la comida nos ofrecieron de todo lo posible y más y nos dispensaron un rato inolvidable. Y la mayor de las sorpresas es cuando antes de iniciarse la procesión nos comunicaron que iríamos presidiendo a la Virgen del Monte, justo delante de Ella, a sus pies, donde todo paisano querría estar. Me quedé mudo y a mi mente volvió la cara de Ángel y mi infancia jugando en aquel lugar donde ahora me encontraba vestido de pandorgo y hermanándome con la gente de la Virgen.

La procesión transcurrió alegremente entre bailes tradicionales y vivas por y para la Virgen y su Niño. Fuimos unos invitados que disfrutamos lo que no está en los escritos pues pudimos ver con cercanía todo lo que acaecía. Nuestra privilegiada ubicación nos permitía observar cualquier detalle y sentirnos plenamente integrados. Mi plena satisfacción era ver sonriente a mi mujer entre su gente y delante de nosotros a mi hija vestida de manchega viviendo desde niña nuestros modos y maneras. No es consciente de lo que está ocurriendo en este año tan especial pero lo recordará con cariño siempre y le contaremos cómo participaba en todo y empezó a amar La Mancha a través de los lugares de sus abuelos. Y ambos lados de Gemma y mío otro pandorgo junto con su esposa. Escoltando la tradición, la costumbre y llevando a gala las raíces del Campo de Calatrava que los vio nacer. Tres trajes de paño negro y cuatro faldas de rayas vivas presidiendo el paso de la Virgen del Monte porque así lo quiso Ella y le dieron forma mi Hermandad de Pandorgos y la Hermandad mariana de la Patrona Bolaños. La palabra "gracias" jamás abarcará lo suficiente en significado para transmitir el sentimiento merecido hacia esas gentes. Fue una romería muy especial y mezcló antaño y hogaño con el aliño que sólo el destino sabe darle a las cosas. Y lo sé. Sé que me has visto con los ojos humedecidos. Mirando las puertas de tu chalet, cerrado, volví a verme de niño jugando contigo. ¿Quién lo diría, Ángel? Como Pandorgo y junto a la Virgen de tu pueblo... Te debo un pañuelo. Abrazos al Cielo.