miércoles, 24 de enero de 2024

LEYENDA DE LA AUTORÍA DE LAS ESPERANZAS

Ahora que empieza la pre Cuaresma, aunque, en realidad, ¿cuándo no es pre Cuaresma para un cofrade? O los 40 días estrictos que dura la propia Cuaresma o los siguientes ocho días mágicos que conforman la Semana Santa de Ramos a Resurrección, el resto del año, o lo que es lo mismo todos los días que van desde el Lunes de Pascua hasta el martes previo al Miércoles de Ceniza, ambos incluidos, son pre Cuaresma para un cofrade. Vamos, que los jartibles vivimos en una pre Cuaresma continua. Así somos. Bien, pues ahora que "empieza" esta fecha, pasada la Navidad y viviendo de soslayo el inminente Carnaval, porque ya saben vuesas mercedes que a la que pasa Baltasar se vislumbra la primera cruz de guía, me decido a escribir en el Rincón las primeras líneas de este recién estrenado año 2024, dedicándolas a una leyenda que no dejará indiferentes a ninguno de los que vivimos en esa pre Cuaresma eterna que antes decía. ¿Quién hizo las imágenes de las Esperanzas? Esa es la pregunta. Y hete aquí que, de pura casualidad, escuché una leyenda que una abuela sevillana, con sus sevillanas maneras, contaba a su nieto un día que me hallaba yo en la Plaza de San Lorenzo, allí donde reside el Señor del Gran Poder. Y hoy la traigo por escrito para que perdure lo máximo posible, pues todo cofrade, en el fondo, somos de una u otra, pero en todos reside la fe... y la Esperanza.

Tuve, siendo adolescente, la fortuna de coincidir una vez con el Padre Ramón Cué, jesuita y escritor de varios libros, entre ellos "Cómo llora Sevilla...", el libro más leído de la Semana Santa sevillana, cuando en una charla de cofradías soltó uno de esos pequeños chascarrillos rimados que no sé si recogió por escrito alguna vez, pero que a mí se me quedó marcado a fuego y jamás olvidaré: "Esperanza de Triana y Esperanza Macarena, una madre y una pena, una misma soberana en dos caritas morenas". Y decía el Padre Cué (cosa que yo ya compartía con él antes de aquella preciosa tarde), lo mismo que antes he expuesto: todo cofrade se identifica con una u otra (de las Esperanzas), pero ninguna las obvia. Y, quizás por eso, se habla miles de veces de quién sería la gubia que las tallase. Y, quizás también, buscando respuesta a ese interrogante naciera la leyenda que voy a narrar y que escuché de aquella señora allí donde los vencejos vuelan, donde hasta el aire es distinto y la Giralda se eleva, porque, como el pregonero dijera, el Gran Poder cuando pasa, nunca pasa, siempre se queda y está en el corazón de todo aquel que le reza. Y a eso iba yo cuando escuché la leyenda.

-¿Quiénes hicieron las Esperanzas, abuela?- ¡Qué cosas me preguntas, Eduardito, hijo! No se sabe, pero siempre se ha dicho que los propios ángeles. Anda, vete a jugar un rato, ahora vuelves, te doy la merienda y ya nos vamos a casa. -Abuela, yo quiero ser costalero como mi papá y tocar el tambor en la Centuria Romana Macarena, pero ¿quién hizo las Esperanzas? El primo es de la de Triana... -Anda, ve a jugar. Ya te lo contaré. -¡Abuela! ¿Quién las hizo? Todos las queremos... -¡Ay, Señor! Ven, siéntate aquí a mi lado y te lo cuento como a mí me lo contó mi padre mientras te comes el bocadillo. -¡¡Bien!!- Dijo el pequeño mientras comenzaba a retirar el papel albal que cubría su preciado tesoro y daba el primer bocado al mismo. -¿Por cuál quieres que empiece? -Por la de Triana que es la del primo Andrés, la nuestra déjala para después.- Al oír esa charla me quedé merodeando, haciendo como que trasteaba con el móvil, pues supe que lo que iba a escuchar de boca de aquella señora sería algo precioso. Y así fue. Las palomas jugueteaban por el suelo picoteando semillas, aguardando también saber el secreto. -Mira, Eduardo, mi padre me decía que nunca se ha sabido ni sabrá quien hizo las imágenes de la Madre de Dios. Antiguamente se atribuían a Martínez Montañés o a Juan de Mesa, pero eso es un total despropósito. En el pasado, cuando una imagen era de gran nivel, enseguida se decía que era de ellos, pero sin tener fundamento alguno. De la Esperanza de Triana se conserva muy poco de la imagen original pues ha sido retocada muchas veces en profundidad, destacando los grandes cambios que le hicieron Castillo Lastrucci y Gumersindo de Astorga. Últimamente se dice que podría ser del taller de Astorga, pero de Gabriel, autor de la Soledad de San Buenaventura, aunque yo no le veo parecido alguno. Y otros dicen que, a lo mejor, la hizo Juan Bautista Patroni, pues tiene rasgos parecidos a otras imágenes de ese artista genovés.- El niño miraba a su abuela con los ojos muy abiertos mientras sujetaba su bocadillo. Ni pestañeaba ni lo mordía. Embobado. Yo tenía el móvil en la mano en negro. Sin hacer uso de él. Absorto en la conversación, tras ellos, a unos dos metros del banco donde estaban sentados.

-Y de la Macarena, ¿qué decirte? Es una talla anónima también, aunque se hacen ciertas atribuciones, pero sin sentido ninguno. Se dijo que era de Juan de Mesa, ¡cómo no! Ya te he comentado que todo se decía que era suyo. Cuando se descartó esa idea se dijo que era del taller de Pedro Roldán, pero es que por allí pasaron muchos imagineros y a todos se les iba atribuyendo su autoría: Cristóbal Pérez, la Roldana o al propio maestro Pedro Roldán. Nunca se supo. De hecho, mi pregón favorito, el de Rodríguez Buzón, dice que la Macarena fue tallada en jardín de brisas con las gubias celestiales del dolor y la sonrisa y la bajaron los ángeles para dejarla en Sevilla. Así es que Eduardito, hijo, no se sabe quién hizo a las Esperanzas, pero mi padre decía que la leyenda cuenta que las hicieron los ángeles que las acompañan, porque no hay explicación humana. Y si a la Macarena la bajaron los ángeles a San Gil, a la Esperanza del primo Andrés la bajaron también a Triana, que los puentes no son barreras, sino lazos entre hermanos.- El niño sonrió enormemente al escuchar esa leyenda de boca de su abuela, quitó más papel albal y comenzó a merendar. Yo sonreí más aún y me dirigí a la Basílica del Gran Poder a decirle que ya sabía quien esculpió a su Madre, a rezarle un Padre Nuestro y a besarle el talón. No tarde más de cinco minutos. Al salir, pasé por delante del banco donde estaba aquella señora. Eduardito iba corriendillo a la papelera a tirar el papel albal hecho una bola. Ya se había comido el bocadillo. Le dije son una sonrisa enorme brotada del corazón "¡Buenas tardes, señora!" Era mi manera de darle las gracias, aunque no me conociera, por el rato que me hubo regalado. Me contestó "Ve con Dios", a la antigua usanza, recordándome a las abuelas de la Mancha. Seguí mi marcha con el móvil en la mano, esta vez sí, dándole uso, tecleando en un whastapp que indicaba a quien me esperaba que ya iba hacia la Plaza de Duque. Conforme me alejaba oí la voz del niño: "Abuela, cuando vaya a la Basílica le diré a la Macarena lo que me has contado. ¡Y seré costalero con el primo Andrés!" Lo escuché saltar felizmente. Inolvidable.

domingo, 31 de diciembre de 2023

¡FELIZ NAVIDAD, AMIGOS!

Utilizo la expresión que da título a esta entrada para desearos a todos una preciosa Navidad entre familia, amigos, hogar y reuniones varias que acontezcan entre el día de la Lotería, como pistoletazo de salida de tan entrañable período y el día 7 de Enero, como regusto del último trozo de roscón, siendo tal cúmulo de días lo que conforma, verdaderamente, la Navidad. Solemos decir "¡Feliz Navidad!" los días previos a la Nochebuena y el Día de Navidad en sí y luego pasamos, de manera casi automática, al "¡Feliz Año!" cuando, en realidad, quedan unos días para que el mismo empiece y, no sé, será porque soy un costumbrista, pero me gusta decirlo una vez iniciado o, como excepción a los más cercanos y/o por compromiso y devolución, cuando me lo dicen a mí y ya es totalmente (y cuando digo totalmente es totalmente) inminente la llegada del mismo, la tarde de Nochevieja, vaya. Pero eso de decir "¡Feliz Año!" un 27 de Diciembre... No. Vamos, que no. No rotundo. ¿Qué leche "¡Feliz Año!" cuando ya han pasado 361 días del año? Dime "¡Feliz Año!" el 1 de Enero, el 2, el 3 o el 4, pero no cuando ya se está acabando. En esas fechas hay que seguir diciendo, como toda la vida de Dios, ¡Feliz Navidad! Como los propios 26, 27, 28, 29 y 30 de Diciembre, están incluidos en el período navideño que ya he dicho que va del 22 de Diciembre al 7 de Enero, se dice ¡Feliz Navidad! Y punto pelota.  En Nochevieja hay que templarse y recién arrancado el año, nada más medio atragantarse con las uvas, ya se puede decir "¡Feliz Año Nuevo!" Pero antes no, leche. Antes se agota el año actual. Y ya. Y si, además, estás en La Mancha y me sueltas en estas fechas un ¡Felices Pascuas! me pones más contento aún y es cuando te doy punto, juego, set y partido, un gallifante y un nicolasillo (¿los recordáis? los que no, podéis googlear qué son dichos nombres. Pista: Mascotas retro de la historia de la tele. Como la calabaza Ruperta. Va a ser verdad que me hago mayor...). ¡Felices Pascuas! Sí, señor. Porque las abuelas de mi tierra siempre lo han dicho y ¿quiénes somos nosotros para contradecirlas o no seguir sus costumbres? ¡Felices Pascuas, hombre!

Dicho lo cual y sentada una base incuestionable e inapelable, pues en esta entrada hago de parte, juez de instrucción y órgano revisor, por lo que anticipo que no cabe recurso alguno, aprovecho que estamos en pleno período navideño para desearos a todos los lectores del Rincón una ¡Feliz Navidad! Y ya cada uno que se lo aplique, entienda o administre como quiera. Podéis entenderlo como 1. Suerte en la lotería (a ver si os toca algo), 2. Feliz Nochebuena, 3. Feliz Navidad (únicamente referido al día 25 de Diciembre), 4. Feliz Nochevieja, 5. Feliz final de año e inicio del nuevo, 6. Felices Reyes Magos, 7. Felices días de reencuentro, amistad, hogar y familia, 8. Felices tiemplas en común, 9. Felices abstinencias rodeados de ebrios, 10. Felices borracheras rodeados de sobrios, 11. Felices sentimientos, risas y momentos mágicos y 12. Felices elecciones con total libertad de entre las once anteriores (pudiendo escoger una, varias, todas o ninguna). Más fácil no os lo puedo poner. Pero ¡Feliz Navidad a todos!, eso sí. Y si, a mayor abundamiento, sois de los tradicionales que así lo entendéis, que escogéis casi todas las opciones y que disfrutáis de la tradición de saborear un poquito el Concierto de Año Nuevo tocando las palmas con la Marcha Radetzky y os queda un pellizquito de esperanza para jugar el "último décimo del año" en la Lotería del Niño, os quiero siempre en mi equipo. Como diría Don Harry, los tuiteros de verdad saben de sobra de quién hablo, "se me enumeren, por favor. Los espero a las 06;00 de la mañana en la frontera de Polonia". Ustedes sí saben de qué va la cosa. ¡Felices Pascuas, hombre!

Quien haya llegado leyendo hasta aquí habrá obviado que publico esta entrada el propio día de Nochevieja, aunque alguien quedará rumiando en su subconsciente que podía haberos deseado una Feliz Navidad al principio del período y no a mitad del mismo. Bien, pues a esos, si los hay, les digo ¡Feliz Navidad! dos veces: una de mi parte y otra por la que ellos no lo han dicho a nadie. Siesos. Que sois unos siesos, no le decís un triste "Morri Crisma" (a lo Sergio Ramos) a nadie y encima os quejáis de si otros lo hacen (hacemos) demasiado pronto o demasiado tarde. Invitarme a un mísero botellín y decirme un "¡Felices Pascuas!" un 28 de Diciembre, mismamente, veréis qué pronto echamos un rato bueno y nos reímos sin necesidad de inocentada alguna. Que para eso es la Navidad. Para pasar grandes momentos y recordarlos año tras año. Y esos momentos surgen inesperados y son los mejores. Por eso nunca es tarde, ni para vivirlos ni para desear felicidad al comienzo de una fiesta, a su mitad o a su final. Pero, oye, que también me vale un pacharán si no queréis un botellín. ¿Acaso hay alguien que llegadas estas fechas no recuerda con cariño, risa o nostalgia momentos de navidades pasadas? Es más, muchas veces los momentos fueron tan intensos que son recordados año tras año y despiertan los mismos sentimientos. ¡Qué bonitas son estas fechas si se viven cómo se deben! Y como no hay dos sin tres, tercera vez que lo exclamo: ¡Felices Pascuas, hombre!

Para concluir, permítanme, ojo que les hablo ahora de usted, terminar haciendo un pequeño repaso a lo que llevo almacenado en el alma durante estas entrañables Navidades que estamos viviendo. Permítanme, por favor. Y si no lo hacen, lo haré igual. Que para eso el Rincón es mío, hombre. Y lo comparto con vosotros y vuelvo al tuteo porque os considero cercanos a todos los que sé que me leéis y me lo hacéis saber. A los que no, os deseo Feliz Navidad igual, estéis dónde estéis, leáis lo que leáis, entendáis lo que entendáis y penséis lo que penséis. No le debo nada a nadie. Empezó la cosa poniendo con mi mujer y mi hija el Portalito de Belén y el Árbol de Navidad, como manda la costumbre socialmente expandida, en el Puente de la Inmaculada. Siguieron los derroteros adquiriendo nuevas figuritas para el Belén que estamos construyendo en casa en familia, para el cual, incluso, me he venido arriba con media vena belenista que no sabía que tenía y he hecho (literal, hecho, construido, fabricado, erre con erre guitarra, erre con erre barril, erre con erre qué rápido ruedan las ruedas del ferrocarril) un pozo para el mismo. Entre tanto una Nochebuena y Navidad preciosas en las que el tránsito de la vida me ha dado la fortuna de pasar de ir a un hogar donde se me acogía a ser yo ahora el hogar que acoge. Comidas varias, momentos especiales, reencuentros con amigos y enredos de botellines inesperados... Serme entregada la estatuilla del Pandorgo, mi sempiterna Diana y otras tantas vivencias y acontecimientos que están por pasar en estas fechas que aún no han concluido y que, a buen seguro, recordaré con afecto y cariño tanto cuando terminen como en tiempos venideros. Y todo ello con el deseo que todos os hayáis visto reflejados, a vuestra maña y manera, en estas líneas y haya contribuido a removeros los recuerdos y vivencias, que recordéis y que disfrutéis, lo de antaño, lo presente y lo futuro. ¡Feliz Navidad, amigos!

miércoles, 20 de diciembre de 2023

CUÉNTAMELO OTRA VEZ, ABUELO.

Era el mes de Octubre de este año 2023 que ya se nos está yendo cuando Choche, amigo y Pandorgo 2018, en un acto solidario en el que colaborábamos toda la Hermandad de Pandorgos, me contó la idea que había tenido y me ofreció participar en ella. Resulta que la Asociación de Coros y Danzas "Nuestra Señora del Prado" que él preside, celebraba su XXV Aniversario y para conmemorar tal efeméride habían decidido organizar un Festival de Folklore llamado "Cuéntamelo otra vez, abuelo". En el mismo, a través de la visión y recuerdos de un anciano folclorista, se iría interpretando mediante teatro, cantes y bailes la vida del abuelo protagonista, desde su juventud cuando empezó a dar sus primeros saltos en ese mundillo de la danza y las castañuelas, hasta la actualidad con sus piernas temblorosas que ya le impiden bailar, siendo el hilo conductor de todo el festival una entrañable conversación entre ese abuelo y su nieta que simularían ir a ver el propio festival e irían comentando el mismo. Todo ello tendría lugar el sábado 9, de Diciembre de 2023, fecha ya imborrable para mí por lo que acaeció. Choche me preguntó si en esa fecha, coincidente con el Puente de la Constitución y la Inmaculada, estaría en Ciudad Real y si podríamos ser mi hija y yo quienes encarnásemos los papeles de abuelo y nieta para dar vida al festival. Y creedme si os digo que estas cosas que así surgen más que un compromiso son una bendición. Por supuesto que lo haríamos. Es una fortuna que pensasen en nosotros para ello. Un regalazo actuar en las tablas del Teatro Quijano y hacerlo de la mano de mi hija lo convierte en inexplicable. Sólo quedaba aprendernos el papel, ensayar y forjar unas gracias eternas por haber contado con nosotros para algo tan especial como era para la Asociación de Coros y Danzas "Nuestra Señora del Prado" su XXV Aniversario.

El día que Jevi Junior inauguró su bar en el Torreón (voy a meter publicidad aquí), llamado Supreme y al que bien merece la pena una visita, nos emplazó al evento Jevi Senior, dícese, Jesús Vicente Castillo, Pandorgo 2009 y magno pregonero 2023 y entre pandorgos estaba la cosa pues fuimos varios los que acudimos y nos dimos cita en el local. En un determinado momento, el bueno de José Antonio López Rubio (Choche), Pandorgo 2018, el bueno de José Luis Vendrell García de León (Chichi), Pandorgo 2016 y el que narra, Pandorgo 2022, nos apartamos y estuvimos hablando de cómo afrontar el teatro que sería la columna vertebral del festival, pues el director de todo ello era Choche y merecía el día  de la función, 25 Aniversario de su grupo de coros y danzas, disfrutar del festival con la bandurria y no tener que estar pendiente de la dirección de la obra en la que Chichi, mi hija Claudia y yo seríamos los actores. Acordamos que Chichi hiciera de pregonero y diera los golpes cómicos a la actuación, pues su forma nerviosa de ser y sus maneras encuadraban perfectamente en el perfil del personaje a encarnar y lograría, enseguida, sacar la risa del público. Yo pondría el aspecto sentimental basándome en los recuerdos y nostalgias de un viejo folclorista nacido en los años cuarenta, haciendo que el público mayor se acordase de su juventud y tiempos pasados, cuando los quintos eran llamados a filas y marchaban lejos del hogar y mi niña Claudia, en su tierna infancia, sería la guinda interpretando el papel de nieta y preguntando cómo eran las cosas antaño comparándolas con las de ahora, con una inocencia pura y no teatralizada pues su edad es idónea ahora para ello. El presentador del acto, entre bambalinas, podría ir coordinando todo y dando las entradas de unos y otros actores en su momento y Choche, como director que ya hubiera dejado todo bien preparado, se dedicaría a lo que acordamos: disfrutar del festival.

Es de justicia resaltar que toda la función, de principio a fin, fue creada por el propio Choche, quien compuso las escenas, redactó los diálogos e ideó por dónde iniciar cada una de las apariciones que hiciésemos, lo que debería haber en ese momento en el escenario y de qué manera ir uniendo las intervenciones teatrales con las actuaciones de cantes y bailes y viceversa. Para colmo de bienes, el presentador del acto no pudo ser otro mejor: Juan Domínguez, la voz de Ciudad Real. Su bien hacer y desparpajo en los escenarios lo han llevado a ser el presentador y mantenedor de actos todoterreno ya que domina a la perfección ese papel, haciendo todo muy ameno y salvando, sobre la marcha, cualquier tropiezo o error de última hora o que ocurra de imprevisto. Así, a bote pronto, recuerdo verlo presentar los siguientes eventos: Nombramiento de Ciudadano Ejemplar, Pregón de Ferias, Pregón Taurino, Nombramiento de Pandorgo y Dulcinea, Desfile y Ofrenda a la Patrona, Cabalgata de Reyes Magos, Feria de Abril, Desfile de Carnaval, Retransmisiones de Semana Santa y diversas entregas de premios. Lo que os decía. No podía haber alguien mejor. Se le explicó lo que debía hacer y, además, se le encomendó la tarea de venir a los ensayos generales de la actuación y aprenderse todo el guion general de la obra para saber cuándo se escenificaba cada escena, quien intervenía en ella, desde que lado del escenario aparecían los actores, qué cante o danza correspondía, etc. Y como es un maestro en ello, se quedó rápido con la copla y tanto al grupo de coros y danzas como a los actores, su presencia nos daba una confianza y tranquilidad enorme.

Y llegó el día. Si bien la noche antes ya hicimos un ensayo general en la sede de la Asociación de Coros y Danzas "Nuestra Señora del Prado", el día amaneció con ilusión y nervios a partes iguales. Por la mañana volvimos a tener un ensayo general ya en el Teatro Quijano, haciendo las últimas y definitivas pruebas de sonido y luces. Quedaba sólo ponerse el atuendo y vestuario necesario y disfrutar haciendo disfrutar al público. Eso es lo más grande. Claudia y yo habíamos ensayado muchas veces nuestro papel en casa. Ella se lo sabía mejor que yo y yo cogido de su mano estaba más tranquilo. ¡Iba a actuar con mi hija! Todavía no me lo creo y ya han pasado días... Mi pequeña bordó su personaje y de verdad no son palabras ni orgullo de padre cuando os cuento que todo el teatro terminó aplaudiéndole cuando al final de la actuación salimos a saludar. Fue real. Entre bambalinas se portó como una actriz experimentada, aguardó sus turnos y se movía con cautela de un lado a otro del escenario sin que se la viera ni molestase a los músicos, cantantes o bailarines en descanso. La primera entrada la hicimos a través del propio patio de butacas para sorpresa de un teatro lleno de gente, actuando entre ellos y avanzando hacia el escenario. El resto de entradas las hicimos ya desde las tablas, pero cada vez desde un sitio diferente, lo que también ayudaba a la sorpresa del público y daba alegría al festival. La rondalla interpretó las piezas de maravilla, los bailes en honor a la Mancha llenaron de color y movimiento el acto, Juan estuvo magistral (era una apuesta segura), Choche disfrutó lo más grande y los actores, viendo las caras de los presentes y los aplausos recibidos, deduzco que no lo hicimos mal. Fui muy feliz y disfruté muchísimo por mí y por mi hija. Y así es como tres Pandorgos nos dimos cita en las tablas del Teatro Quijano, gracias a la Asociación de Coros y Danzas "Nuestra Señora del Prado" que celebró por todo lo alto su XXV Aniversario con el festival "Cuéntamelo otra vez, abuelo". Gracias eternas.


miércoles, 29 de noviembre de 2023

ES COMO EL REAL MADRID, NACIÓ GRANDE

El otro día me encontré en el Parque de Atocha a un perito con el que alguna vez he trabajado en asuntos judiciales. Estábamos charlando de nuestras cosas de trabajo y de fútbol, a la vez, pues compartimos en eso los mismos gustos. Su hijo pequeño y mi hija van al mismo colegio y se pusieron a jugar juntos y su hijo mayor (que está ya en edad pre adolescente y se entretiene lo mismo que una cabra en un garaje, es decir, a mirar las telarañas y dejar pasar el tiempo a la luna de Valencia) se acomodó en un columpio y no sé si es porque el chico es grande (¡qué cosa esta contradicción para expresar la realidad!) o porque el columpio era pequeño, apenas cabía y hacía ver al muchacho más grande de lo que era, pero el caso es que espeté ¡qué grande está tu zagal, Juan Ángel! El perito, actuando como padre esta vez y no como topógrafo que es con lo que se gana el pan y llena la nevera del hogar, sonrió y usando el argot futbolístico con el que estábamos hablando, lanzó como respuesta a mi exclamación (que no interrogación pero si merecedora de la misma) dos afirmaciones en una: mi hijo es como el Real Madrid, nació grande. Y yo que no aguardaba tal expresión cargada de bonhomía, locuacidad, afirmación, ingenio, confraternización y humor a iguales partes en un 50% de la misma, siendo en el otro 50% adulación, nobleza, reconocimiento y piropo a la grandeza del club de Chamartín, me prometí que no olvidaría la misma y que la plasmaría en mi humilde rincón cibernético como título de la próxima publicación de fútbol que hiciera en el mismo, a la sazón la que estás leyendo, amigo.

Y sí. El Real Madrid nació grande. Con esa grandeza que sólo los grandes tienen. No tratéis de buscarla ni de negarla los que no seáis madridistas, pues bien sabéis que existe y no tiene explicación. Y si no no lo creéis así, repasad la última champions que ganó. Una plantilla envejecida, saciada de títulos, sin hambre, a remolque en casi todos los partidos y, sin embargo, se cargó a los mejores de Europa remontándolos en un puñado de minutos épicos y volvió a ganar la orejona con gol de Vinicius. Ya tiene más champions que muchos de los que ladran. Así es que sí, no tiene explicación. Que nació grande y punto. Si el hijo del perito cuando llegó a este mundo estaba destinado a crecer por encima de la media, el Real Madrid desde sus orígenes está llamado a hacer historia. Y la está haciendo. Año tras año. Contra todo y contra todos. Y quien se atreve a negarlo al final sucumbe y nos tacha a los merengues de que nos creemos superiores. Error. No nos lo creemos. Lo somos. Nosotros no, nuestro club. Ahí está el palmarés. No lo digo yo. Las vitrinas hablan. Nos dedicamos simplemente a sacar pecho de honor y gloria cuando cualquier mala lengua menciona al Real Madrid por su insana envidia. No es que seamos superiores es que quien hace esas cosas es inferior. Juega el Depor con las Palmas y algún imbécil (calificativo ajustado, real y merecido) saca a (mal) relucir al Madrid. Pues claro. Zascazo por idiota. Y, por supuesto, eso es señorío. Callar cuando se debe y soltar un latigazo a quien lo merece. ¡Y qué señorío, dice! ¡Me insulta! Por supuesto, ¿crees que señorío es aguantar silente lo que tu vil interior quiera manifestar a fuerza de espumarajos de rabia? No, hombre no. No tengo culpa de la inferioridad de tu club ni del que el mío naciera grande. Entérate de una vez y haz tu guerra con los tuyos.

Y todo esto, ¿por qué? Pues simplemente por la cantidad de risas que hubo a principio de temporada cuando Mbappé dijo que no salía del PSG. ¿Acaso el Madrid quiso ficharlo este pasado verano? No. Pero la campaña de la prensa expandió que sí mientras el club se mantenía en silencio. Al final el jugador se limitó a decir que seguiría en su equipo (no que no venía al Madrid, sino que seguía en el París Saint Germain), el Real Madrid no dijo ni mú (pues no lo había dicho en todo el verano) y las hordas de antimadridistas venga jaja jiji porque creían que el Madrid no sería nadie sin un delantero puro. Y venga risas. Benzemá se fue. Más risas. El Real ficha a Joselu para que haga de 9. Muchas más risas. En la primera semana de la llamada a la competición se lesionan Courtois y Militao, el portero titular (y actualmente mejor del mundo -insisto, son datos que nos lo digo yo sino que son así-) y el jefe de la defensa. El despiporre absoluto. El Madrid encomendado a hacer su juego con el nuevo fichaje, un tal Jude Bellingham, que no ganó no sé qué premio juvenil quedando quinto y, encima, quedaron por delante de él Gavi y Pedri, todopoderosos a la sazón de quienes así lo creen y los elevan al Olimpo del fútbol por encima de Cristiano Ronaldo, Messi, Maradona y Pelé y, en cuestión de pólvora, a los tantos que metieran Vinicius, el Joselu ese que habían fichado y el repescado Brahim. Se revolcaban los ingratos por el suelo. Pero el Real Madrid nació grande.

Peor aún para la plantilla y más risas para los Cristóbales de Escoria y JotaJorges de la vida. Se lesionó Tchouameni en el clásico y en el parón de selecciones cayeron para otras tantas semanas Vinicius y Camavinga. Sin embargo, hete aquí que la historia juega de nuevo y vuelve a callar a los bocazas. Tirando de Fran García en una banda, de Rudiger y Nacho como eje de la zaga, de los veteranos y ¿agotados? Kroos y Modric en el centro del campo, encomendando la faceta goleadora a un desaparecido Rodrygo objeto de mil burlas y con la enfermería llena, resulta que el Real Madrid gobierna la clasificación de la liga siendo el equipo más goleador y menos goleado y del mismo modo en su grupo de Champions. ¡Qué cosas, oigan! Y al tal Jude Bellingham que es un Don Nadie al lado de los golden boys que habitan en Narnia y que se dedica sólo a empujar baloncitos en la línea de gol (que le digan al Barça el chicharrazo que les endosó desde fuera del área), le ha dado por reventar la historia del club y ser el primer jugador que en sus quince primeros partidos marca catorce goles. Cifras que no lograron ni Di Stéfano, ni Ronaldo Nazario, ni Raúl, ni Benzemá, ni Cristiano Ronaldo, ni nadie, las tiene el fichaje nuevo. ¡Mare de Deu! Y sin Mbappé y sin portero y sin los defensas principales y con el medio del campo que no está nada más que para media horita y con Joselu y con Brahim de delanteros y estamos primeros en Liga y estamos clasificados en Champions y... y... Y... sin risas ya, ¿eh, antis? Que no os enteráis y os cortamos la carcajada rápido. Y eso pasa por no saber la verdad. Y no, no la dije yo, la dijo el perito: el Real Madrid nació grande.

jueves, 16 de noviembre de 2023

DE MI VIDA, PILARICA

Seguramente Tú fueras la única que sabías que ocurriría lo que ocurrió. Yo, como humano mortal cuya agenda del destino tiene fraguados unos designios desconocidos por mi mano, no tenía ni la más remota idea de que el plan estaba escrito y trazado para que fuera a verte. Quizás, las rocambolescas situaciones que conllevan una concatenación de casualidades no son tanto cuando, con el paso del tiempo, se asientan los posos y comprendes el por qué de su existencia, eso sí, siempre a toro pasado, pues ser conocedor de las mismas de antemano nos pondría en una situación que las personas ni esperaríamos ni sabríamos dominar. Siempre he creído que es así y que nada surge por fortuna. De una forma u otra, la conexión espacio-tiempo que conlleva un aquí y un ahora no la elegimos libremente, aunque creamos que sí. ¡Pero hombre! Si veo a Juan en la taberna, a una hora concreta y habiendo quedado previamente con él en ese sitio y a esa hora, es porque yo he querido, no porque así estuviera trazado por el destino. Pues créetelo: sí. Si el destino no quisiera o no fuera ese su renglón escrito en la agenda, no ocurriría. E igual que culpamos a la mala suerte o al infortunio cuando se nos chafa un plan, simplemente porque llueva, debemos agradecer, no sé, ¿a la mano que mece la cuna?, cuando algo ocurre inesperadamente y sale a la perfección haciéndonos disfrutar, lo que comúnmente llamamos "una alineación de los planetas". Me entendéis, ¿verdad? Pues así es como fui a dar con mis huesos en las Fiestas del Pilar de Zaragoza.

Surgió en una de las asociaciones a la que pertenezco, la idea de ir a honrar a la Virgen del Pilar, Patrona de España, participando en el desfile que acaece anualmente en Zaragoza a tal fin. Y la idea cayó en buena lid si bien no pudo llevarse a cabo por otros motivos. Sin embargo, ya había arraigado en mí y, como antes decía, estaría de la mano de Dios que yo, finalmente, terminase allí del modo más inverosímil. A mi buen Junior, hermano que la naturaleza no me dio y la vida me regaló, le comenté un día de los muchos que quedamos nuestras familias a comer, cenar y tripear sea la hora que sea con el fin de pasar unos ratos juntos, que se estaba fraguando la idea de ir a la capital aragonesa en sus días grandes, pero que parecía que no saldría bien la operación por ciertos devenires que se barruntaban, los cuales catalogo de subsanables y aguardo que en próximos ejercicios no sean obstáculo de forma ni de plazo y allá que vayamos con el plan original. Y miren ustedes por donde, le brillaron los ojos a mi compadre y sin dudarlo dijo "pues si esta gente no puede, yo me voy contigo". A mí me brillaron igual y a nuestras mujeres se les frunció el ceño como a las manchegas viejas cuando dicen "ná bueno estáis tramando, mangurrianes". Y hete aquí que los dados del destino jugaron de nuestro lado.

Y entre la suerte de los dados y los planetas alineados el navegador del coche marcaba como destino la antigua Caesar Augusta. Y allí que nos plantamos José Ramón y yo con las maletillas llenas de ganas de pasarlo bien en una perfecta conjunción cultural-festiva que muchos años en común nos han dado y enseñado. No se trata de ver un museo con un chispalibre en la mano, sino de ver el museo y disfrutarlo como no lo haríamos con una veintena de años y luego tomarnos los chispalibres como sí lo haríamos con esa veintena de años. Maestros en estas lides que se dice. Y, además, con la experiencia, control y comodidad que la vida te va enseñando y, ¿por qué no decirlo?, exigiendo con el paso del tiempo. Así se desencadenaron dos días preciosos con sus dos noches preciosas y estuve ante Ti, Pilarica. Disfruté de tu basílica en los días más grandes que podría hacerlo. Vi cómo te quiere toda España y las gentes de América latina, que por algo se celebra en tu día el Día de la Hispanidad. No exagero ni miento al decir que me sorprendió la cantidad de latinos que, mientras aquí algunos tergiversan y tachan la historia de genocidio, ellos vienen felices a la Madre Patria a estrechar vínculos y apretar, aún más, los lazos que nos unen. No he visto cosa igual. ¡Qué de gentes venidas de cualquier sitio para ofrendarte flores y frutos! Te dediqué, Virgencica, algunas palabras, oraciones y lágrimas y deposité en el pilar que te da nombre, como siempre, lo más arraigado de mi alma: la gratitud y la esperanza. Sólo Tú sabías que iría a verte y solo Tú sabes cuándo haya de volver.

Eran las siete menos cuarto de la mañana, hora que como peregrino avezado me gusta para comenzar la etapa, cuando el primer ramo de flores se depositaba en la estructura metálica instalada a tal fin a las puertas de la Basílica de la Virgen del Pilar. Tal maniobra de desfile, ofrenda, entrega de ramo y colocación del mismo se dio ininterrumpidamente hasta las diez y media de la noche. Jamás había visto ni imaginado tal cosa. Cuando Junior y yo fuimos al lugar, algo antes de las doce del mediodía, para disfrutar del apogeo de la ofrenda, la rendición de honores con aeronaves a la Patrona de España y el ambiente festivo que inundaba Zaragoza, ya había cientos de grupos maños y forasteros desfilando ataviados con sus trajes regionales. Este año se dieron cita más de novecientos. El año que viene espero que estemos entre ellos ese puñado de hombres buenos y guardianes de la tradición que residimos en la capital de La Mancha. El espectáculo visual y sensitivo despertaba un maremágnum de emociones difícil de expresar con palabras: gente y gente y gente y gente ofrendando a la Pilarica. Era admirable contemplar a los grupos, peñas y asociaciones aguantar estoicamente al sol (que pegaba pero bien), impasibles, férreos, pétreos, hasta que llegaba su turno y, poco a poco, avanzando hasta la Virgen entregaban sus presentes. Sinceramente, fue un deleite de excursión y una experiencia preciosa. También hubo chispalibres, claro. Lo imaginabais, ¿verdad? Y cervecitas y conciertos y ferias... Incluso "Tómbola Antojitos". Pero eso es otra historia, maño. Hoy sólo venía a contarte una pincelada mi vida, Pilarica.


viernes, 27 de octubre de 2023

LEYENDA DE ROBIN HOOD


No os sorprendáis con el título de la entrada. Es la verdad. Hoy vengo a contaros la leyenda de Robin Hood, no una leyenda de Robin Hood, sino la suya propia. El primer interrogante que a todo el mundo le asalta cuando oye ese nombre es saber si existió tal personaje o es un mito. Y aunque la versión más extendida es que la existencia de Robin Hood es una leyenda fraguada en similitudes y comparaciones con otros personajes que sí existieron, éste que narra que desde niño ha sido un enamorado de tan entrañable aventura acaecida en los bosques de Sherwood y el Condado de Nottingham, entre arcos y flechas, ha encontrado una historia real. Robin Hood existió y su eterna memoria ya tiene casi ocho siglos de antigüedad. ¡Y estoy más contento con el descubrimiento que el juglar Alan-a-Dale cantando la historia de aquel buen Robin Hood que robaba a los ricos para dárselo a los pobres! Tanto es así que he querido dejar escrito en el Rincón, para compartirlo con vosotros (y tenerlo yo para siempre), este capítulo de historia muy desconocida que siempre me traslada a mi infancia y me llena de recuerdos y sonrisas. Jamás antes había sabido que existió y me encantaba su leyenda y, ahora, he descubierto que la leyenda en sí no dirime si existió o no, sino que afirma su existencia y lo que dirime son los asociados tópicos al protagonista que no son todos tal cual los cuentan... Y es que ya sabe, habiendo leyenda, sea en el personaje o sea en su historia, hay algo de invención y algo de realidad.

El caso es existió un sajón llamado Roger Godberd que fue el verdadero Robin Hood. Si os dedicáis nada más que a teclear en Google su nombre y a leer entrelíneas acerca de tal persona, os quedaréis con idea de que tan sólo puede ser una inspiración para respaldar la leyenda del personaje, pero si estudiáis el asunto a fondo, descubriréis que hay sólidas pruebas de que aquel forajido medieval fue, sin duda, a quien tiempo después se conoció universalmente como Robin Hood. De hecho, el propio nombre de "Robin Hood" (hood, del inglés, capucha o truhán) era un sobrenombre que los propios forajidos se ponían haciendo mención al gorro o capuchón que usaban para ocultar su rostro, así como al uso de las pillerías que acometían. Y nuestro protagonista hoy, fue conocido por muchos, haciendo un juego de palabras, como Roger Good, Roger el bueno, por ser el conocido forajido que ejercitó el lema de robar a los ricos para dárselo a los pobres. Nació en Nottingham en la década de 1260 y estuvo bien posicionado socialmente, llegando a ser miembro del equipo de guardia del castillo de Swannington. Al contrario del Robin Hood de leyenda, el verdadero era íntimo amigo de Reginald de Gray, más conocido por su cargo, Sheriff de Nottingham, al cual, también al revés que narra la versión popular, el pueblo quería y respetaba.

Se dice que sus caminos se separaron pues Roger no soportaba el abuso que los empoderados nobles y ricos cometían con los granjeros y las personas de más bajos recursos de aquellos tiempos, lo que le hizo dejar la guardia del castillo y separarse de su buen amigo. Llegó incluso a ser imputado de rebelión por colaborar en la revuelta que organizó contra el Rey Enrique III de Inglaterra su propio hijo, Eduardo. Esto hizo huir a nuestro amigo y refugiarse en los bosques con su camarada Walter Devyas, de quien se cree que pudiera ser el famoso Little Jhon que cuenta la historia. Sobre ambos pesaba también la búsqueda por el delito de de cazar ciervos furtivamente en el Bosque de Sherwood, donde tenían su guarida y formaron, junto con otros huidos, su banda de ladrones. Este grupo de hombres tenía como víctimas principales a los ricos, adinerados y viajeros que, si bien no tendrían culpa de la pobreza o trato de otros, sí se lucraban y beneficiaban del sistema que consentía tal distinción social. Fueron responsables de saqueos, ataques, robos e incendios y existen documentos medievales que cuentan que esos forajidos llegaron a extenderse y a actuar por Leicester, el propio Nottingham y Wilt, aterrorizando a los ricos susceptibles de tener algo que pudiera ser robado. 

Parece ser que el primer robo de Robin Hood, el de verdad, el villano querido, hombre audaz y certero en el uso del arco y la flecha, fue un cargamento de pieles y comida que unos soldados del Rey le habían arrebatado a unas personas de un pueblo en el que Roger pasaba gran parte del tiempo. Y en esa acción quedó atrapado en el arte de ayudar a las personas, ya que todo aquello que "robaba" o recuperaba, lo entregaba a la gente pobre. Su final es lo que no he logrado esclarecer del todo pues he hallado dos vertientes. Una que dice que murió a traición por uno de sus hombres que quiso cobrar su recompensa y otra que cuenta que cuando falleció el Rey Enrique III y alcanzó el trono su hijo, Eduardo I, éste decretó la inocencia de todos aquellos huidos y llamados "Desheredados" que lo ayudaron en su día en la rebelión, por lo que Roger Godberg fue perdonado y volvió a su hogar, consumiendo allí felizmente el fin de sus días, aunque no escapó de los juicios por la caza furtiva de ciervos reales. Curioso. El caso es que fue un personaje entrañable y alabado por todos los habitantes de Nottingham y Yorkshire, donde se encuentra su tumba con prácticamente ochocientos años. Con esto ya habéis visto las similitudes de la popular canción con la historia real pero, lo más fascinante es que Robin Hood, para los que amamos este personaje tan perfectamente encarnado en la gran pantalla por Errol Flynn, no es una leyenda, fue real. ¡Viva Robin de los Bosques!

martes, 5 de septiembre de 2023

MI REENCUENTRO CON AGOSTO

Se me había olvidado tu gusto. El año pasado fue precioso pero extraño para nosotros ya que no tuvimos nuestras rutinas de siempre, esas que se han ido forjando a base de entendernos entre ambos e ir encajando piezas que logran la comodidad perfecta y sin discordias, como los matrimonios consolidados. Eres el mes que más espero, con la venia de mi sempiterno Abril, ya que te exprimo de principio a fin y no se me va la alegría en los treinta y uno días que conforman tu calendario. Sin embargo, ha bastado una ausencia, una sola, para que este año haya paladeado de nuevo el Agosto que tanto amo. Ya sabes que tu última edición vino cargada de momentos inolvidables y no sirven los peros. Quedaron esculpidos en la retina del alma, de los dos, espero, para siempre. Y, aún así, sabes que me acordé de nuestras cosas... Que sí, que sí, que estoy disfrutando de este momentazo pero otro año yo estaría... Sé que lo sabes y sabes que lo sé. Transcurrió y quedó grabado a fuego y llegó tu último día y continuó la rutina de siempre, porque Septiembre, salvo algún retazo añadido del recién estrenado pandorgato, sí fue como siempre. Continuaron sucediéndose los días y, fíjate, el destino, el karma, la bienaventuranza o el sino (incluso Don Álvaro, como opción al anterior, a través del Duque de Rivas), quisieron que no recabase yo tus sabores en mi interior para que así, llegado el reencuentro, explotaran de nuevo en una deliciosa ambrosía que reviviera y viviera de nuevo ese espléndido sabor que me produce tu llegada. Y así ha sido.


Llegaste como siempre, entremezclado con Julio al alba ensalzando la tradición. Y fue tumbarme esa noche y ver en el techo ese camino de estrellas que conducen al Obradoiro. En ese momento supe que era Agosto de nuevo. ¡Qué bien conozco esa sensación y que alegría sentirla de nuevo! El año pasado tuve otros quehaceres y hube de cambiar constelaciones por Ángeles, allí donde vive el Rabí y, créeme si te digo que, como dicen los del Primitivo, para mí fue como el dicho de "quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor", aunque ya sabes que yo, en estas causas, soy más del criado, al Señor lo visito (creo) a diario. A lo que iba. Concluida mi encomienda de modo satisfactorio, preparé la mochila y limpié las botas, como siempre, amigo, ya lo sabes. Son tus días y parte de ellos los paso caminando hacia el Oeste, donde se funden horizonte y mar en la misma línea y, este año, precisamente, con más motivo, pues el punto final de otros Caminos fue el origen esta vez. Y así es como nos reencontramos y llegué a Finisterre caminando. Además visité al criado sin siquiera haber caminado hacia él. Muy pagano yo en esta ocasión, ¿no? Lo anotaré como una sorpresa en nuestro abrazo de costumbre que nos ha hecho revivir nuestras maneras con tanto mimo logradas. Eso sí, la felicidad fue la misma, la que comenzamos a hilvanar en aquel Año Xacobeo 2010 y que ya es un tejido fornido que nos une. La que conocemos tú y yo y se deja asomar cuando en Noviembre te recuerdo y en Febrero te sueño.

A mi regreso del epílogo del Camino de Santiago, iniciado en los últimos metros del Real Camino Francés y concluido más allá del hito que marca el fin de la tierra, justo antes del Faro de Fisterra, allende las aguas chocan con las rocas, se vestía mi ciudad de fiesta en honor a su Patrona. Volví justo a casa para embellecerme por dentro musitando en la Catedral: "Santa María del Prado, Reina de Ciudad Real, a quien siempre han invocado tus hijos con fe filial, líbranos de todo mal, líbranos de todo mal". Era el día quince de Agosto y la Morena de ojos azules se encontraba radiante en su paso. Siempre al verla así me acuerdo de mi infancia y de mis abuelos. Es otra de las costuras del alma que me has tejido tú, Agosto. Y a quien dude de por qué es la Reina de La Mancha que se acerque tal día cuando procesiona escoltada de fieles y contemple la cantidad de gente venida de un sinfín de lugares que le rinde pleitesía, bien peregrinando hasta Ella, bien acompañándola en su transitar. No se ve cosa igual por estos lares por mucho que susurren las envidias. Y es que entre tus días, querido Agosto, están los días de la Virgen. Y aunque sean los días de Ferias y Fiestas no dejan de ser en honor a Ella. Cierto es que los viví muy intensamente el año pasado. Y no miento si digo que fue desde privilegiada posición. Pero hoy te hablo de mi reencuentro contigo. Y fue maravilloso. Estuve donde me gusta estar: rodeado del misterio de ir a solas sabiendo que habrá compañía que a priori no puedo saber. Y como nexo de unión su magnificencia que tanto me atrapa. ¡Vaya sonrisa me dibujaste, canalla! Muy parecida a la de las mañanas de Viernes Santo...

Y como colofón e hilo conductor de todo lo anterior durante, antes y después, mis retazos de costumbre y felicidad en Fernán Caballero. Aunque este año ha faltado la guinda final de la elaboración de la conserva, pues el clima ha castigado duramente las matas solanáceas y no ha habido cosecha buena para ello. No preocuparse. El tomate frito para el bacalao más carismático del año no faltará. Tengo tarros del pasado verano preparados para ello. La Semana Santa del 2024 tendrá retazos del estío del 2022. Entre tus días, sobre todo los finales, he consumido tus hojas consumiendo mi Agosto particular de vacaciones. Y este año ha sido próspero. Ha crecido mucho el chalet en detalles, comodidad, orden y limpieza. Y lo que es más. Ha crecido en fechas, participación y arraigo de las viejas maneras y las nuevas costumbres. No ha faltado lumbre en el hogar, ni limoná en el lebrillo. No se ha echado nada de menos y eso ya es mucho y lo firmaría por más veranos tan plácidos como este. Otros años, hoy, recién bautizado Septiembre ya estaría forjando en mi mente cómo querría que fuera el siguiente Agosto. Sin embargo, éste último ha sido tan precioso que sigo regodeándome de haberlo vivido tan intenso y exprimido de principio a fin. Camino, Feria, Virgen del Prado y mis cosas (que no son pocas). El año que viene no quiero que te superes, quiero que te mantengas igual, por favor. Y es que ¡menudo reencuentro hemos tenido, Agosto!