jueves, 30 de julio de 2015

EL GRAN CAMINO

Parecía ayer cuando comencé a planear este gran camino. Me planteé recorrer entero todo el gran Camino Francés en tres tramos. Estaba recién iniciado el año 2013 y fraguaba en mi mente los trancos que recorrería y cómo hacerlo para en un futuro y semi lejano año 2015 llegar al Obradoiro de nuevo. Y ya ha llegado. El proyecto se fraguó, calculé los trancos y se fueron haciendo realidad. Pasó el año 2013 y paso a paso recorrí desde Saint Jean Pied de Port hasta Santo Domingo de la Calzada. Nueve etapas en las que crucé los Pirineos a pie, pasé de Francia a España, recorrí toda Navarra y prácticamente toda La Rioja, quedándome a escasos kilómetros de adentrarme en Castilla. Empezaba esta aventura que en unos días finalizaré. Me detuve en Santo Domingo de la Calzada concluyendo aquel primer tramo. Todavía quedaba muy lejano Santiago y hoy ya sé que se acabará este camino. Y otro empezará. Santiago no es el final es el principio. Con esa idea llegaba el año 2014 y reanudaba mi marcha desde Santo Domingo de la Calzada hasta los pies de la Catedral de León. Once etapas en las que concluí de atravesar La Rioja y crucé íntegramente las provincias de Burgos y Palencia, adentrándome ya bastantes kilómetros en la provincia de León. Estaba cruzando toda Castilla León de este a oeste, con mochila, botas y bordón. Era el verano pasado de 2014 y estaba a caballo entre el inicio de la aventura en 2013 y el fin de la misma en 2015. Pero el sol no para. Ha llegado el 2015 y el día 1 de Agosto parto hacia León para retomar mi andadura. Desde la Catedral reanudaré mis pasos con un único final en mente: Santiago de Compostela. Hoy vengo a contaros lo que me depara el Camino de este año, mi mayor camino de todos los recorridos hasta ahora. Pondrá fin al proyecto iniciado en 2013 y merecerá la pena sin duda. Trece etapas me separan del templo catedralicio de Compostela. Y allá voy.



Este día 1 de Agosto que ya llega partiré en tren desde Ciudad Real hasta Madrid, donde cogeré un autobús que me llevará a León y allí haré noche para iniciar la caminata el Domingo día 2. El albergue donde pernoctaré es Check in León y desde él saldré para comenzar la primera etapa: León - San Martín del Camino. Llegado a este pueblo descansaré en el Albergue Vieira y sellaré mi credencial dando testimonio de mi paso. Al día siguiente me enfrentaré a una de las etapas que más ganas tengo, la que culmina en Astorga. Punto emblemático del Camino de Santiago donde me reencontraré con el amigo Iñaki, peregrino que conocí el año pasado y que este año retoma la andanza con mi padre y conmigo, aunque Astorga también me llama por el cocido maragato. El yantar y yo. Desde que comencé el Camino estoy deseando llegar a esta etapa para comerme el famoso cocido. Comido que sea el cocido y allá en Astorga habrá que descansar bien en el Albergue de las Siervas de María pues al día siguiente la etapa será dura: comienza la dura subida hasta la Cruz de Ferro, punto más alto de todo el Camino Francés. La etapa concluirá sin haber coronado dicho punto, en Foncebadón, donde dormiremos en el Albergue La Posada del Druida y desde allí saldremos al amanecer siguiente para concluir la subida de la Cruz de Ferro y tocar el techo del Camino. Ese día pasaremos por otro enclave mágico y conocido por todos los peregrinos que amamos esta aventura: Manjarín y el refugio de Tomás, el último templario. La jornada será bella y dura pues la bajada por El Acebo y Riego de Ambrós hasta que lleguemos a Ponferrada es agotadora. En Ponferrada nos detendremos en uno de los albergues parroquiales que con más afecto recuerdo de todo el camino: San Nicolás de Flüe. Este punto viene a ser para los bicigrinos ideal para cumplir el mínimo objetivo, pues dista (según hito enclavado en los propios jardines del albergue) 202,5 kilómetros de Santiago y para obtener la compostela haciendo el Camino en bici se exige haber recorrido mínimo 200. Podría decirse que Ponferrada es al bicigrino como Sarria al peregrino.

Recorridas esas cuatro etapas ya conoceré todo el Camino Francés íntegramente, pues las otras etapas ya las he pateado alguna vez. De hecho una de las veces que llegué al Obradoiro fue saliendo precisamente desde Ponferrada, en el año 2012. Este año será un lugar de paso y desde allí realizaré las etapas igual que la otra vez. Así pues, la siguiente parada con descanso y pernocta será en Villafranca del Bierzo en el Albergue Leo. La otra vez me alojé en el Albergue La Piedra del que tengo gran y bonito recuerdo. Al día siguiente toca la etapa reina de la Ruta Jacobea: la temida subida al Cebreiro. Durísima pero eternamente recordada después. "Yo subí el Cebreiro, el Monte de la mala faba". La verdad es que yo que he hecho las dos etapas más duras que hay en todo el Camino, Saint Jean Pied de Port - Roncesvalles y Villafranca del Bierzo - O Cebreiro, prefiero ésta última a la etapa pirenaica. Pero de largo. La subida a O Cebreiro es dura, muy dura, pero de toda la etapa que es aproximadamente de unos veintinueve kilómetros, la crudeza máxima son doce kilómetros. Sin embargo el cruce de los Pirineos es criminal, pues de los veintisiete kilómetros de etapa que te separan de Roncesvalles, veintidós son en desgarradora y continua ascensión. Eso sí, el triunfo moral que deja el haberlas recorrido las dos lo recomiendo a todo caminante. Ahí quedan. Dicho esto y retomando mi querido O Cebreiro, cuando llegue el final de esa etapa descansaré en la Venta Celta, al igual que ya hiciera la otra vez. Y desde allí mismo dirigiré al día siguiente mis pasos hacia Triacastela, no sin antes enfrentarme a los últimos coletazos montañosos que nos ofrecen el Alto de San Roque y el Alto do Poio, para después dar lugar a un llaneo y un brusco descenso hasta la referida Triacastela, donde encontraremos comida y descanso en el Albergue Refugio del Oribio. Al alba del sía siguiente tendremos dos opciones, ambas con el mismo destino: Sarria. O elegimos la opción larga que pasa por Samos y su monumental Monasterio, variante que mi padre y yo ya conocemos de caminos anteriores, o elegimos la variante corta que pasa por San Xil pero comienza con una dura cuesta. Mi idea es esta vez ir por la variante de San Xil para conocerla y para recorrer la etapa más corta del camino que cuenta con sólo dieciocho kilómetros. La más larga debe ser la de Estella a Torres del Río o la de Logroño a Nájera, peinando ambas la treintena de kilómetros. Sea la que sea ya la he recorrido. Ojo, hablo de etapas preestablecidas a nivel medio, hay peregrinos que se aprietan de golpe la cifra de treinta y siete kilómetros que distan entre Burgos y Hontanas y se quedan tan anchos. En fin, fuere como fuere, Sarria nos espera, en concreto el Albergue Monasterio de la Magdalena. Será la cuarta vez que camino por Sarria y le tengo un cariño especial. Allí comenzó mi espíritu peregrino y allí nacen los 112 kilómetros más recorridos de toda la ruta jacobea. Antes hacía referencia a que Ponferrada es al bicigrino lo que Sarria al peregrino y os explico por qué. Si Ponferrada está a una distancia ideal de Santiago de Compostela para que el bicigrino obtenga su compostela por haber recorrido su mínimo exigido que son 200 kilómetros, Sarria está excelentemente colocada en la geografía gallega, distanciada con Santiago en 112 kilómetros y siendo 100 los kilómetros mínimos exigidos a los peregrinos para obtener su compostela, por lo que es el mayor punto de salida de peregrinación de todo el Camino. Sarria, mi querida Sarria.

Y de Sarria para adelante, ¿qué decir? Las míticas y clásicas cinco últimas etapas del Real Camino Francés. Las he realizado varias veces y he dormido en el Albergue Don Álvaro, en el Albergue Internacional y en el Albergue Monasterio de la Magdalena, en el que este año repetiré descanso para enfrentarme a "los últimos cien" y obtener la que será mi cuarta compostela, si bien mi meta en el Camino no es ganar un título escrito sino la experiencia y sabiduría personal. Desde Sarria y por la placentera salida del Ponte Áspera encaminaré mis pasos a Portomarín, donde me esperan por cuarta vez en el Albergue Ferramenteiro. Es de los mejores albergues por los que he pasado y como buen animal de costumbres repito en él. Si algo va bien, ¿por qué cambiarlo? Saliendo de Portomarín, cruzando el Miño y subiendo la cuesta hacia Gónzar iniciaremos la etapa que pondrá fin en Palas do Rei, pueblo en el que también voy siempre al mismo refugio de peregrinos: Albergue Mesón de Benito. Sus literas azules y su vino peleón me conocen bien. Y yo a ellos, claro. En Palas do Rei empieza la última etapa dura del Camino hasta llegar a la Praza do Obradoiro. Palas do Rei - Arzúa. Etapa larga, dura y rompepiernas por los continuos toboganes de subidas y bajadas que hacen imposible mantener un ritmo constante. Pero preciosa sin duda. Atravesar San Xulián do Caminho, Leboreiro, Furelos, Melide, Boente, Castañeda y Ribadiso da Baixo es mágico y reconfortante. Etapa dura pero bella que pondrá su fin en Arzúa, en concreto en el Albergue Don Quijote. ¡Que me gusta a mí ese albergue con nombre de mi tierra allá en el Camino! Repuestos del etapón anterior se continúa con una etapa más corta y liviana que nos conduce en unas cuatro horas y media a Pedrouzo (Arca O Pino). Allí nos alojaremos en el Albergue Edreira, el mismo donde me hospedé en el Año Santo Xacobeo 2010 y el mismo que me ofreció cama cuando estaba todo desbordado en Agosto de 2013. Se merece mi total confianza. Y los últimos pasos que darán forma a la treceava y última etapa de este gran camino son los que unirán Pedrouzo (Arca O Pino) con Santiago de Compostela. Veinte kilómetros nos separarán ese día de la Ciudad del Apóstol y allá irán nuestras botas dejando huellas y descontando metros, paso a paso, de este largo camino iniciado hace años ya.

Cuando llegue a Santiago lloraré, habré cumplido un gran camino, un precioso reto de tres años de duración, habré recorrido prácticamente toda España caminando y le pediré al Santo Patrón que continúe dándome fuerzas para poder visitarlo. Le daré gracias por todo y un gran abrazo. Comeré mi último menú del peregrino de esta aventura en "Casa Manolo" y llenaré de nuevo mi mochila de recuerdos, vivencias y emociones para seguir caminando en esta vida. Al fin y al cabo la vida es caminar...

Feliz verano a todos y ¡Buen Camino!

viernes, 17 de julio de 2015

EL GRAN CAPITÁN

No sabía si escribirle unas palabras o no. No sabía si pesaba más lo bueno que lo malo. No sabía si, quizás, la falta de dignidad demostrada en alguna ocasión sería mayor que los aplausos generados hace años. No sabía si denominarlo grande o no. No sabía si en los peores momentos debió defendernos más o tendió la mano en gala de educación. No sabía si hacerlo en caliente o esperarme. Finalmente he aguardado unos días y son estas líneas las que salen de mi alma cuando hablo de Iker Casillas. Que no os confunda el título del texto pues si he optado por llamarlo "Gran Capitán" no quedará exento de heridas de bala que, como todo capitán, tiene de las batallas y gestas, algunas forzadas y otras voluntarias. En todo caso he llegado a la conclusión de que, como siempre, no es tan fiero el león como lo pintan y ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, pero conjugado todo ello con el doble filo del orgullo, buen orgullo de todo ser humano y a su vez mal compañero también llamado orgullo, se dan situaciones como ésta.

Iker ha sido el mejor portero del mundo y es el mejor portero que ha pasado por la historia del Real Madrid. Indiscutible e impepinable. Forjado con alma blanca desde que era niño me duele que no haya terminado su carrera deportiva en nuestro club. Me duele y mucho. Pero el Real Madrid está por encima de cualquier jugador que haya vestido su camiseta. Hala Madrid y nada más. La verdad es que no sé muy bien por qué se ha llegado a esta situación con Casillas pero sí que es sabido que el punto de inflexión fue Mourinho. El portugués dejó dividida a la afición y eso es tangible y verídico. Ahora hay que estudiar el por qué. Casillas venía ya de un tiempo estando entronado indiscutiblemente. La portería era su trono y se había acomodado. Suele ocurrir que cuando una persona está en un lugar año tras año y no recibe más que halagos a su tarea se aferra a su poltrona y no hay quien lo quite. Ocurre con los políticos, con los reyes, con los papas y con todo ser humano que se precie. Bien, Iker llevaba aferrado a su poltrona muchos años ya, ¡ojo!, con todo el merecimiento del mundo pues estaba un nivel inigualable. Pero también hay que reconocer que llevaba ya un tiempo finalmente esforzándose lo mínimo y viviendo de las rentas. Esto Mourinho supo verlo y darle un toque de atención. Lo veo lógico y por simple respeto al compañero así debe ser. Y aquí radica todo lo que ha desembocado en lo vivido los últimos días que ha supuesto su final de 25 años vistiendo la camiseta del Real Madrid.



El "toque de atención" (en el club que no en la selección) se convirtió en un doble ataque, algo merecido por no luchar por la titularidad y el excesivo acomodamiento, las cosas como son, pero totalmente desproporcionado técnica y públicamente. Además de perder su puesto sin fecha de vuelta se hizo patente un acoso y derribo hacia todo balón que tocase el guardameta por parte de la afición dominada por el entrenador, hasta tal punto que algunos que dicen ser madridistas iban al Bernabéu exclusivamente a pitarle y silbarle al jugador. Y si una persona, como aficionada, va al campo únicamente a despotricar contra un miembro de su equipo... mal vamos. El daño que se hace es irreversible. Ello generó una tensión que ha sido palpable hasta nuestros días. Y la prensa, gran culpable de todo lo ocurrido también, mientras tanto, contraatacando esa campaña "antiCasillas" haciendo otra campaña "antielotroportero", lo que llevó también al ojo del huracán a inocentes como Adán, Diego López y, últimamente y con otro entrenador, a Keylor Navas. Eso enfadó aún más a los anticasillas generados por Mourinho, pues veían como otros porteros del club eran también metidos en una batalla que ni les iba ni les venía. El debate de la portería culminó con Mourinho fuera del club y con una trayectoria pírrica de títulos para lo que se esperaba de él: Liga, Copa y Supercopa. Lo peor es que dejaba el peor legado que podía dejar: la afición partida y un debate abierto bajo los palos. Y mira que había sido grande la trayectoria...



Esto siguió así con la llegada de Ancelloti al banquillo del Real Madrid. El nuevo técnico apostó de inicio por Diego López bajo los palos en el trofeo doméstico y por Iker como guardameta en Copa y Champions. Por supuesto el nivel de Iker Casillas ya no era el que fue y cometió muchos errores, algunos garrafales. De hecho si no aparece la cabeza salvadora de Ramos en el minuto 92;48 de la final de Champions no habríamos ganado La Décima. Y aquí vino el gran error de Iker en esa temporada que podía haber sido la reconciliación: no reconocer su parte de culpa. Estaba tan cansado de la campaña que estaba sufriendo en contra que se cerró en banda a reconocer sus errores y que su nivel iba bajando. No reconoció nada y la prensa arropándolo terminó de avivar fuegos y de cargárselo. Estuvimos apunto de no ganar la Champions por él, estuvimos apunto de perder la Copa por él,  nos metían goles impensables por él, no atajaba balones que antes lo hacía con los ojos cerrados, no despejaba bien, no salía de debajo del larguero... Y en la grada pitos, silbidos y más tensión. La presión para él era insufrible hasta tal punto que, este mismo año, un día se encaró con ese sector de la afición y mandó al personal a tomar por donde amargan los pepinos. Por otro lado, un enorme sector de la afición jamás dejó de confiar en él, de darle tiempo, de animarle, de corear su nombre. Y en ese maremágnum, el capitán logró levantar varios títulos. Pero su sonrisa no era igual. Es digno de alabanza lo que ha conseguido ese hombre: sobreponerse a la peor de las situaciones, aguantar carros y carretas y seguir levantando títulos. Y a la larga el único beneficiado de todo ello es el club, el Real Madrid. Curiosamente esa temporada Iker ganó los dos trofeos que jugó y la liga que la jugaba otro portero se esfumó. Mero dato.


Pero Iker, confiando de nuevo y haciendo todavía exquisitas paradas, aunque menos que antes, quiso volver a aferrarse a la poltrona. Habría tenido un final glorioso si conforme levantó la última conquista europea del Real Madrid se hubiese ido. Se habría machado a lo grande. Podría incluso haber dejado el sabor de boca en el club de decir: "Y aún con todo he vuelto a ser el Rey. Aquí os dejó mi legado y me voy siendo un campeón. Por la puerta grande y laureado". Pero no. Quiso continuar y además imponiendo su titularidad. Otro error. Si los guardametas impusieran como condición "me quedo si soy titular", Casillas jamás habría jugado en el Real Madrid, pues no habrían salido ni Buyo, ni Cañizares, ni Illgner, ni Adán, ni Diego López, ni tantos otros. Iker, amigo, el club está por encima de los jugadores. El escudo pesa más que cualquiera de vosotros. Te quisiste quedar sabiendo lo que había y la herida estaba sin cicatrizar y en la grada seguías recibiendo críticas por ese sector que jamás te perdonó ciertas cosas como que aguantases que el Barça se cachondease de nosotros y tu tendieses la mano a Xavi por el bien común. No. Un capitán muerde defendiendo lo suyo. Tu no lo hiciste. Se mofaban de nosotros y tu callabas otorgando. Eso dolió en los cimientos del club, pero tan grande era tu gloria que se te perdonaban muchas cosas. Y por el Real Madrid no dabas la cara en las derrotas y por la Selección sí. Eso no se hace. Te comportabas como capitán dependiendo de la elástica que vistieras: la del Madrid o la de España. Mal. Si eres hombre, lo eres siempre. Y el club es quien te paga. Tenías que dar la cara y no lo hacías. Aún así tus guantes deteniendo balones te hacían merecedor del perdón y de olvidar esas cuestiones. Y la prensa, culpable, muy culpable de lo ocurrido, la tenías a tu favor. Sus campañas ayudándote en esas situaciones innegables, incendiaban otros focos. Esos que te ensalzaban han sido tus verdugos. Y sabiendo todo eso, quisiste mantener el pulso y continuar aquí. Fuiste grande.

Y si quiso seguir es porque amaba el club sin duda, ya podéis decir lo que digáis. Un hombre que en esa situación sigue queriendo vestir la camiseta es porque ama el club y los colores. Y espero que nadie dude de todo lo que Don Iker Casillas ha dado al Real Madrid. Este último año se ha dado cuenta que ya no paraba como antes y que hemos encajado goles muy dolorosos por su culpa personal. Véase parte del 4-0 que nos endosó el Atlético o la derrota 3-4 en casa contra el Shalke que casi nos deja fuera de la Champions... Se ha dado cuenta e iba cambiando su conducta. Iba cediendo terreno. Pero sus detractores ya no tenían marcha atrás. Lo querían fuera. Y no recordaban ni respetaban toda la gloria que nos han dado sus guantes, incluso esta misma campaña, ha habido más paradas que cantadas. Sí señor. Ahí está la hemeroteca. Si lamentable fue su último partido en liga, 7-3 contra el Getafe, partido en el que se comió él solito los tres goles en contra, gloriosas fueron muchas otras intervenciones. Y repito: ahí está la hemeroteca. Pero ya era tarde. Muchas lágrimas esconde la historia.

Tendría que haber seguido pues se lo tenía ganado. Él solo se habría ido dosificando, él solo iba siendo consciente de que ya no era como era, él solo iba reconciliándose con todo. Habría ido diluyéndose poro a poco y habría finalizado sin vestir otro escudo que no fuera el de Concha Espina en el pecho. Él siempre quiso terminar aquí. Hay que tener memoria y recordar todo lo que nos ha dado. Sí, la famosa frase que tanto molesta a sus enemigos. "Todo lo que nos ha dado". Cierto es que todo lo conseguido no es suficiente para continuar, pues el tiempo pasa y las personas igual, pero no hay que olvidarlo. Recordad toda su trayectoria y ponerla en una balanza. ¿Qué pesa más: lo bueno o lo malo? Por supuesto que tiene manchas en el currículum. Todos las tenemos. Pero con todo para mí siempre será el gran capitán. El que levantó más trofeos, el que más gloria ha dado a este club en los últimos años, el que dio dos Eurocopas y un mundial a España y el hombre que lloró sinceramente al verse metido en una situación indominable que lo hizo tener que irse del club que amaba. Gracias capitán. Gracias Iker. Ya eres leyenda y tu despedida dejó a la afición coreando tu nombre y pidiendo la dimisión del presidente. Por algo será. Recordaremos tus paradas imposibles, tus vuelos inimaginables y tu magia en el uno contra uno. Disfruta del ocaso de tu carrera placenteramente. Y cada vez que la historia grite ¡¡Hala Madrid!! un trozo de nuestras gargantas llevará por eco tu nombre. Casillas: el gran capitán. Y ahora hay que seguir. El Real Madrid es grande. Siguió sin Juanito, siguió sin Di Stéfano, siguió sin Raúl... y seguirá sin Iker. Pero todos son historia. Historia honrada. Historia que tú haces, historia por hacer. ¡¡HALA MADRID!! Y nada más.

viernes, 10 de julio de 2015

DE QUIJOTES Y DULCINEAS

Sierra de los Molinos. Campo de Criptana.
Excúsenme vuesas mercedes si aqueste texto complicado fuere de leer para sus entendederas, más la ocasión, amén de merecerlo, lo requiere, pues versa sobre aquel ingenioso hidalgo llamado Alonso Quijano, mundialmente conocido como Don Quijote de la Mancha, y la ruta en parte que el mismo recorriere en sus andanzas, fazañas y desventuras, así como en sus ataques de locura por la lectura continua y febril de libros de caballerías, cuestión tal que lo llevó a enfermar de la sesera y cometer actuaciones tan cómicas e hilarantes, así narradas por su creador Don Miguel de Cervantes Saavedra, a la sazón casado en únicas nupcias que se conozcan con Doña Catalina de Salazar,  como su ataque con lanza en ristre hacia los molinos de viento que volteando sus aspas le parecieran a nuestro manchego caballero gigantes agitando sus brazos en retadora actitud o, quien sabe, amenazantes o desafiantes extremidades para la honra de tal caballero andante. Y de tal guisa y presente menester, todavía perdurable hoy en el tiempo, fueron las aventuras del literario y noble caballero que, en símil con el génesis del libro que lo cuenta, diré que en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo olvidarme, aún yerguen en pie los molinos que originaron aquella afrenta con Don Quijote, los cuales, dignos de visitar por todo infante y lozana que de estas tierras se precie, abren sus puertas para que se admiren sus entrañas. Y allá que nos dirigimos sin briosos corceles pero si con el ánimo de visitar aquel lugar llamado Campo de Criptana y sus gigantes que facen del trigo la harina para amasar el pan. Un viaje que he atinado en llamar "De Quijotes y Dulcineas" si bien por nuestras trazas pudiera ser "De Sanchos y Rucios", pero que he optado en denominar de esa primera manera en honra de las mujeres que con nosotros vinieren, quedando además más fino y caballeroso nombrarlas como Dulcineas que no como vulgares Aldonza Lorenzos y a mis compadres como Quijotes que no como Sancho Panzas y borricos. No os riáis, malandrines.

Molino "El Burleta"
Ha mucho que hubiere, según la obra de Cervantes, 30 o quizás hasta 40 de estos molinos en aquel paraje carente de toda sobra y cobijo y, si bien, Don Quijote no derrumbase ninguno con su lanza, ante la atenta mirada llena a partes iguales de admiración por el envite y de mofa por la locura que desprendían los ojos de su escudero Sancho, en pie quedan a día de hoy únicamente una decena cuyos nombres son los siguientes: Burleta, Infanto, Sardinero, Poyatos, Inca Garcilaso, Culebro, Cariari, Pilón, Lagarto y Quimera. Hallábanse los mismos repartidos por el paraje llamado Sierra de los Molinos entre la ladera y cima de ésta y fueren bien censados por el Marqués de la Ensenada en número de 34 en otros tiempos, sin obstar y como antes se decía, que a la fecha se mantienen los diez mentados. Y allá que fuimos en su busca y captura, no bélica sino fotográfica, los caballeros Junior, Narciso y el que versa y las dulcineas Mar, Eva y Gemma. Aventurera excursión en ardiente día, pues al igual que en la llanura castellano leonesa el ciego sol se estrella y entre polvo, sudor y hierro el Cid cabalga, en la llanura de aquesta castellano manchega tierra nuestra, el sol de igual guisa se estrella y la flama que desprende abrasa allí donde los molinos baten sus aspas.

Dulcineas y Quijotes
Vieron nuestros ojos las redondas edificaciones por fuera y por dentro y en pos de guiada visita conocieren el interior de los enemigos quijotescos, observando ruedas, mástiles y cuerdas que son el alma de la molienda. Inevitable fue acordarse por continuo de la curiosa estampa que se reproduce en el capítulo VIII de la insigne obra cervantina, antes mentada, en la que el hidalgo del yelmo de mambrino los catalogase de desaforados gigantes con los que iba a hacer fiera y desigual batalla al tiempo que, espoleando a su caballo Rocinante, los acometiera al galope al grito de "non fuyades viles criaturas". Y del mismo modo que en tal paraje Don Quijote se encomendase a su amada Dulcinea para acometer su fazaña, nosotros nos encomendamos a las mujeres que tuvieron a bien de acompañarnos para marcar nuestra ruta y destino en aquesta excursión que os narro.


Nuestras mercedes

Estatuas de Quijote y Sancho en Alcázar de San Juan.
Concluyó aquesta salida, no sin antes reponernos de viandas, visitando otro lugar de la Mancha que por nombre llevare Alcázar de San Juan. En la susodicha villa hállase el lugar donde es dicho que otrora nació Don Miguel de Cervantes, manco de Lepanto que con su sana extremidad y a la luz de un candil, algunos dicen que en prisión por batallas fue el comienzo, escribiere el libro "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Fíjense, vuesas mercedes, ávidas en la lectura de estas líneas mías, en un detalle cuanto menos curioso: dio la excursión para dar por visita los parajes de un personaje literario y la casa de su creador en un mismo día. Curioso, decía. Y más curioso aún que no se sabe a ciencia cierta donde naciere el autor. La gran tradición impera que fuere Cervantes de Alcalá de Henares, madrileño a la sazón, si bien y por las aventuras de su personaje le fuere más como anillo al dedo ser manchego de nacimiento a más que de adopción. Y si otro sector dijera que fuera nacido el escritor en la citada villa de Alcázar de San Juan, no lo hiciera sin razón, pues todavía rezan las cerámicas que así fue en algún rincón de dicho pueblo. Lo que a bien se sabe de Don Miguel es que su partida de bautismo da lugar a muchas interpretaciones que dejan flotando ideas como que fuere de Alcalá, fuere de Alcázar o ni siquiera fuese Miguel su verdadero nombre y se le bautizara con éste por ser el del día en que vi la luz. Válganme los dichos que él usase, referidos por mí para él mismo, de aquesta ocasión y guisa como honra de su memoria y destino: "Con la Iglesia hemos topado" y "Ladran, luego cabalgamos". Gran legado el suyo, Don Miguel, y gran excursión la nuestra. Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, gratas compañías, cultura, gastronomía y a vivir que son dos días.

Azulejo conmemorativo sito en la Plaza de Cervantes. Alcázar de San Juan.

Y como cierre de las presentes letras no ha mejor colofón que el verso que a esta tierra mía brindase mi querido amigo salesiano, buen hombre que mis aventuras europeas generase, pater que en matrimonio me uniera, cofrade que su sendero me muestra y hospitalero que en Burgos me acogiere, amén de bautizador de mis retoños cuando quiera Dios que al mundo lleguen. Mi muy querido Don Joaquín, la Mancha, nuestra Mancha, no tiene mar, tiene cielo y yo la quiero.
Vale.

La Mancha no tiene mar,
tiene cielo.

Ancha tierra
donde galopa indómito el espíritu.
Sabroso pan y generoso vino,
amor que se cuaja en queso,
quehacer sufrido y sentido.

La Mancha no tiene mar,
tiene cielo.

El cielo de los mil vientos
que mueven los molinos del alma,
de ardientes quijotes
en pos del menesteroso,
de sanchos de viva traza,
cabales y juiciosos.

La Mancha no tiene mar,
tiene cielo.

Que en la Mancha
quiso plantar Dios su tienda
y vino a Ciudad Real
y bebió agua de un pozo,
del pozo de un tal Don Gil.
Y se hizo caballero andante
de la causa del Buen Reino
y se dejó triturar
en la cruz de aspas briosas,
amasando el mejor pan
y regando el mejor vino.

La Mancha no tiene mar,
tiene cielo.

Que en la Mancha
María tiene su casa,
enjalbegada y de añil,
tiernamente inmaculada.

La Mancha...
Mi Mancha no tiene mar,
es de tierra 
y bien me sabe,
¡que es de cielo!
y yo la quiero.

(Don Joaquín Torres Campos.
Extraído del libro Passio).

lunes, 29 de junio de 2015

LEYENDAS DE TRIANA

Si bien ya saben todos ustedes que yo soy macareno de pro, en estos tiempos en los que no dejo de buscar dónde habita la esperanza, he de acordarme de la otra Esperanza que vive cruzando el río. Y si bien siempre pico a mis compadres de Triana diciéndoles el dicho de "Esperanza sólo hay una y no pasa por el puente" hoy vengo a decirles el otro dicho que reza "Que los puentes no son barreras sino lazos que se estrechan como abrazos entre hermanos". Y es que si algo hay que a mí me gustaría que fuese universal es la esperanza. Ese sentimiento es el que nunca debe perderse y es el que mantiene siempre un hilo de anhelo en lo deseado, añorando que se cumpla. Hay quien lo llama fe, hay quien lo llama deseo, hay quien lo llama sueño. Yo lo llamo Esperanza Macarena, Spes Nostra y Mater Dei. Y los del barrio allende el Puente de Isabel II lo llaman Esperanza de Triana. En todo caso esperanza, siempre esperanza. Y hoy esperanzado de nuevo vengo a acordarme de algunas de las leyendas más bellas que conozco acerca de la Hermandad de la Esperanza de Triana. Pero con un matiz, la protagonista no es Ella, la Reina de la Capilla de los Marineros, sino Él, el vecino más viejo de la calle Pureza: el Señor de las Tres Caídas. Y en una de ellas, más en concreto, el romano que le guía el camino al Señor en la Madrugá, digamos que conocido como Rafaé que cabalga a lomos de Calamar, como así se llama cariñosamente al caballo más conocido del barrio marinero de Sevilla. Les dejo con ellas. Me limito a transcribirlas tal cual las conocí. Emociónense y llénense de Esperanza.

"Y SOÑÓ SER COSTALERO DE TRIANA EL MISMO DIOS..."

La escuché en "El Llamador" de la semana después de la voz sevillana y cofrade de Charo Padilla. Pudo suceder en el año de gracia de 2004, no lo recuerdo exactamente, pero es tan digna de un relato de José María de Mena, extraído de su célebre "Tradiciones y Leyendas de Sevilla", como lo podía ser de la mejor literatura romántica y costumbrista.
Sucedió en Triana (natural de Sevilla) la noche más hermosa: Madrugá del Viernes Santo. La calle Ancha-Pureza como cada año estallaba de júbilo en apretada multitud recibiendo el paso de misterio del Santísimo Cristo de las Tres Caídas. En plena apoteosis de devoción la gente iba tomando posiciones. Detrás del paso, entre la muchedumbre que lo rodeaba, se colocó un niño de edad incierta y aspecto montañesino: pelo ensortijado, moreno, de facciones perfiladas y natural rubor en las mejillas. Caminaba sólo, marcando los pasos del tambor y las alpargatas costaleras y pronto se situó a la altura del zanco trasero derecho. Comenzó a disfrutar del delirio y de la plena conjunción de banda y cuadrilla: el izquierdo por delante, los solos de corneta interminables de Enmanuel y Rocío y la gracia y la anarquía del andar más genuino de Triana. El niño absorbido por la emoción del ambiente se hizo notar e intimidó al patero con la primera pregunta "¿pesa mucho el paso?", "¡Esto que va a pesar, miarma!", respuesta inmediata. Cruzó el puente, relente y mareadilla del puerto camaronero. Permanecía en su sitio. Inmune. Nada podía afectarle puesto que sus manos habían tocado la madera forrada del zanco y se habían aferrado a ella como a un clavo ardiendo. En los refrescos de Reyes Católicos los costaleros habían reparado en él. Le preguntaron si venía sólo, se preocuparon por buscar algún pariente, le recomendaron que tuviese cuidado con la bulla, insistieron en protegerlo y arroparlo casi pegado a los faldones. Sabían que se llamaba Jesús de nombre y como costaleros de Triana generosamente iniciaron una serie de dedicatorias al niño que iba acompañándolos desde la salida. En la Magdalena estando el paso parado a la altura de la entrada principal de la Parroquia, el niño se adelantó hasta el capataz, lo miró fijamente con sus ojos radiantes de asombro, "¿puedo llamar?", preguntó en inocente tono. Paco Ceballos quedó deslumbrado por ese brillo en la mirada que se confundía con el dorado esplendente del canasto. Lo miró con cariño y no pudo menos que dedicarle la mejor de sus sonrisas a la par que acariciaba tiernamente su pelo. El niño lo entendió y marchó a su sitio en la trasera del paso donde los costaleros comenzaban a echarlo de menos. "¿Dónde está Jesús? ¿Ha encontrado a sus padres? ¡Jesús! ¡Vente para acá, miarma, que vamos a entrar en Campana y allí se forma mucha bulla!" El niño se hizo un hueco en la trasera. Su peso y estatura se lo permitían. Iba a vivir todo el esplendor de la llegada oficial a Sevilla. Jesús casi no respiraba. Bajo la oscuridad sonora de los faldones sentía el estado febril de un costalero más, el sudor helado de la máxima concentración y responsabilidad, el entusiasta anhelo de rayar la perfección del trabajo bien hecho en Triana... Se confundían en sus oídos los aplausos y los solos de la blanca infantería marinera, los óles del público, las arengas y consignas de la gente de abajo, el trueno de la unánime ovación con que despide la Campana al paso cuando emboca Sierpes y los zancos se posan en el suelo después de una nueva chicotá de ensueño. Jesús despertó de su letargo emocional, levantó los faldones, respiró aire fresco de la anchura de los Palcos, pero continuó absorto pegado a la pata que ya lo consideraba su ahijado. Se lució por la Avenida y coronó junto a sus padrinos la cumbre de la Estación de Penitencia bajo el silencio gótico de la Catedral. Padeció las puñaladas en los pulmones que le asestó el frío de la Plaza de la Virgen. Comenzaba a amanecer. Jesús no había visto nunca en la calle un crepúsculo igual que el de las luces de la aurora en el Triunfo. Olor a calentitos de plata en el Postigo, color de la mañana para abrir el estómago. "¡Jesús, esto no ha hecho más que empezar!" le gritan los costaleros. "Esta levantá va por ti, miarma". Todos los celebraban por unanimidad. Esplendor en el Baratillo. En la calle Pastor y Landero el niño iba cogido de la mano del patero marcando el compás con sus menudos pies. El sol lo recibía en el puente y brillaba el lucero como Estrella de la mañana en San Jacinto. El niño aguantó la muchedumbre en Santa Ana protegido por todos. Ya formaba parte de la cuadrilla. Todos tomaban debida nota de él: desde del hombre de la caña hasta el de la escalera, pasando por contraguías, diputados y auxiliares. Tanto era así que cuando el paso enfiló de nuevo la calle Ancha-Pureza, Paco Ceballos reclamó su presencia y lo llevó de la mano hasta el frontal. Tocó el llamador con enjundia y se hizo el silencio. "¡Niño! Esta levantá va por el niño Jesús que ha salido con nosotros y va a entrar con nuestro Cristo aquí a mi vera. Lo quiero ver volar. ¡Oído que él toca el martillo! ¡Tos poriguá, valientes! ¡Al cielo con Triana! ¡A esta es!"
En plena efervescencia de emociones entre abrazos y besos plagados de lágrimas en los ojos, cuando todo acabó y el paso reposaba en el lugar que ocupa dentro de la Capilla, alguien confundido aún por los parabienes gritó su nombre: "¡Jesús! ¿Dónde está el niño? ¿Alguien ha visto a Jesús?" La cuadrilla entera salió a su encuentro pero ni rastro de Jesús...
Recuerdo que una representación de la cuadrilla del Santísimo Cristo de las Tres Caídas acudió al programa "El Llamador" para dar cuenta de esta historia y aprovechar los micrófonos para recabar información acerca de su paradero. Quizás la leyenda no fuera así como la he recreado, al pie de la letra, pero creo en ella como creo en ese Niño Jesús que, ¿por qué no?, bajó del cielo a Sevilla en la noche más hermosa para acompañar a los costaleros de Triana.
(Antonio Sierra Escobar)



"EL ROMANO RAFAÉ"

Cierto día, uno de esos días en hora temprana cuando la tranquilidad y el sosiego invaden la capilla, cuando de verdad se puede contemplar la dulce cara de la Esperanza y el bello mirar del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, ví que un abuelo con su nieto estaban de visita para ver el montaje de los pasos de la hermandad cuando el niño de ojos azules, tan azueles como el cielo de Triana, le preguntó al abuelo por el romano. "Abuelo, ¿por qué el romano tiene ese mirada? ¿Qué le dice al Señor?" Y el abuelo le contó la siguiente historia...
"Mira Daniel, ese romano se llama Rafaé, porque aunque lo veas así vestido no era de Roma sino de la Cava de los Gitanos, el cual se apuntó a las legiones romanas, lo mismo que hoy puede haber gitanos en la Guardia Civil y siempre estuvo en el paso acompañando al Señor. Hubo un tiempo en que fue detrás con las mujeres pero como el Señor ya tiene bastante con cargar con esa cruz que tanto le pesa, decidió un día ponerse delante para indicarle en la mágica y maravillosa Madrugá de Sevilla el camino que tiene que recorrer. Pero, además, va hablando con Él, con su Señor de Triana, y le va contando de los trianeros que por un motivo u otro no están ese día cuando ellos van camino de Sevilla. Le dice: -Mira en ese balcón falta fulanito, en esa esquina no está ese hombre o esa mujer que siempre estaba esperándonos con su pareja y hoy está sólo, aunque creo que no nos ve muy bien porque las lágrimas no lo dejan... -Y va uno a uno explicándole todos los que hoy no están en el barrio sino en la Gloria de Dios Padre-.
Y ya, por la mañana al salir de la Catedral, contempla como al Señor le va cambiando poco a poco el semblante, como cuando se cruza con la Señora en correos, en el Postigo se le tiene que abrir el apetito con el olor de los calentito que hacía Juana, casi igual que cuando llegan al puente, pero cuando entran en el Altozano el romano Rafaé le dice: - Maestro, que ya estamos otra vez en Triana, pero ya no nos falta nadie, todo lo contrario, hay muchos trianeritos nuevos, como aquel que está en brazos de su madre con la túnica de la hermandad, o el que está en el cochecito y los que antes nos faltaban son esos ángeles que están revoloteando de alegría por ver como siempre que Triana está con su hermandad, con su Cristo y con su Esperanza.
Así es que ya sabes, Daniel, quién es y cómo se llama ese romano que va a caballo delante del Señor, sirviéndole de cicerone en la Madrugá. Rafaé, un gitano de la Cava que se enroló en las legiones romanas..."

Y cuando abandonaron la capilla oí al chaval decirle "Adiós, Rafaé, hasta otro día" y mirando al romano me pareció ver que le contestaba haciéndole un guiño de complicidad.


Tras estas dos preciosidades de leyendas me despido hasta otra, no sin antes desearos de nuevo a todos que, bien a través de las cinco verdes esmeraldas tintineantes en su pechera de reina que se encuentran allá en el Arco, o bien a través del puñal cercano al corazón que también reposa en la pechera de reina que se halla cruzando el puente, os llenéis de Esperanza siempre. Y lo creáis o no, Jesús camina entre nosotros como aquella Madrugá y Rafaé le habla a Dios de nuestra vida. Hay que seguir, valientes, hay que seguir. De costero paseando a Roma por Sevilla o con izquierdos levantado al Señor de las Tres Caídas. Pero siempre de frente y con Esperanza.


martes, 9 de junio de 2015

EL TRIPLETE Y EL "HACHEDEPÉ" DE PIQUÉ

Podría decirse que en dialecto manchego de la zona del Campo de Montiel es un triple pequeño o un triple denominado con afecto. Pónganse en situación. Partido de baloncesto. Un jugador lanza desde la zona de los tres puntos y encesta. "¡Miá que triplete ha metío el chaval!" exclamaría un manchego, por ejemplo, de Alcubillas. Está claro, ¿no? Sin embargo hoy la acepción de triplete de la que vengo a hablar es la de "tres veces campeón", Triplete de títulos que ha ganado el Fútbol Club Barcelona en esta campaña 2014/2015. Narraré más que de ello, de su celebración. Y más aún del "hachedepé" de Piqué. A lo largo del texto iré desgranando el por qué y prometo desde ya no escribir ningún vocablo malsonante para referirme al "machocabríodegrantamaño" mencionado. Podría enervarme y enredarme en elípticas mentales interrogatorias como, por ejemplo, ¿por qué Pedrito que es canario celebra el título hablando en catalán? O, ¿qué pinta un extranjero como Rakitic diciendo "Visca Catalunya" en una celebración deportiva? O, ¿a cuento de qué un club deportivo se politiza desde arriba y usa el deporte como reinvidicación política? Pero no lo haré. Hoy se habla sólo de fútbol y de la conducta del "hachedelagranpé" de Piqué. Política no. Me quedo con la alegría de que por dos años consecutivos la Copa de Europa se queda en España. Sí, como leen. En España. Porque Barcelona ni es un condado de la Corona de Aragón, ni Cataluña es un país independiente, ni la milonga de los Països Catalans, ni nada. Cataluña es una Comunidad Autónoma de España, tiene en Barcelona (que es una de sus provincias) un equipazo de fútbol (que es el Barça) y dicho equipo es el justo vencedor de la recién concluida edición de la Champions League. Y el año pasado la Copa se quedo en España gracias al Real Madrid (y al Atlético de Madrid, pues ganase quien ganase el título era español) y este año la Copa se queda en España gracias al Barcelona. Sí señor. Y enhorabuena de nuevo. Dignos campeones. Y el que venga con rollos independentistas se ha equivocado de entrada. Ya lo he dicho varias veces: en el Rincón se habla de fútbol, entre otras cosas. Jamás de política.

Y ahora voy a lo que voy. El triplete. Y el "hachedepé" de Piqué. Además de la "orejona" el Barça ha ganado la edición de la Copa del Rey y el trofeo de la regularidad. Las cosas como son. Histórico triplete que ya consiguieran en 2009 y vuelven a hacer en 2015: Liga, Copa y Champions. Y eso es digno de aplauso. Y yo, madridista, llevo felicitando a los culés por su hazaña ya unos días. Y educadamente he dado la felicitación a todos los seguidores del Barça conforme ganaron la liga, la copa y la champions. En ese orden. Y todo esto del triplete es una pasada y es una gozada y es una maravilla y es digno de admirar y es histórico y es todo hasta que llega la celebración, Gerard Piqué abre la boca, suelta una de las suyas y se le ríe la gracia y se le aplaude. Y entonces toda esa maravilla se convierte en lamentable. Por eso hoy vengo a despotricar contra el "hachedelagranpé" de Piqué. Si sóis dignos vencedores, si habéis hecho historia, si tenéis un equipo de dulce, si habéis ganado todo, si estáis celebrando a vuestra manera, si está todo bien y correcto, ¿por qué tiene que soltar una tontería de las suyas?


¿Cuántas Champions nos saca todavía el Madrid?
Gracias, Gerardo.
Y no me vengan ahora los culés haciendo gala como los políticos del "Y tu más" trayendo a colación cuando Raúl cantó o cuando Guti bailó, porque tiro de hemeroteca y les pongo el famoso "¡Madrid! ¡Ca***n! Saluda al campeón" de Samuel Eto´o o, sin ir más lejos, el "Boti, boti, boti, madridista el que no boti" del propio Piqué no hace tanto. Sí, del mismo. Del mismo "hachedepé" que también hizo burla con la manita y los cinco dedos desplegados cuando el Barça le endosó un tremendo 5-0 al Real Madrid hace pocos años. Por cierto y como mero apunte, en el mítico 5-0 que le metió el Madrid al Barça, uno de los goleadores fue Luis Enrique, precisamente actual técnico entrenador del Barcelona. Bueno, que uno puede equivocarse una vez. Incluso dos. Y llevarse reprimenda, o no. Pero equivocarse adrede continuamente y encima ser aplaudido por ello, ya pasa de castaño a oscuro. Y el único que sigue y sigue y sigue siempre con la misma cantinela de cara a la galería para que le rían la gracia es el "hachedepé" de Piqué. Y madridistas serios como yo (y sabe quien me conoce que no lo digo por decir) no merecemos que un "hachedelagranpé" se mofe gratuitamente de nuestro club, de sus jugadores ni de su afición. Repito que he sido de los primeros en dar mi enhorabuena y en felicitar a los seguidores del Barça por su merecido triunfo y su triple corona en una misma campaña. Y sigo diciendo que es una gesta grandiosa. Y me quito el sombrero ante ello. Y sigo aplaudiendo la temporada magnífica que ha hecho el Barcelona. Y a mí, noblemente, me gusta celebrar el triunfo propio, no la derrota ajena. Por eso mi indignación con el "hachedepé" de Piqué, el desfasado en momento y lugar que celebra el no-triunfo de otro en vez del triunfo propio. Valiente "hachedepé".



Piqué, hijo mío, me retiro y no te educo. Eres muy tonto. (Carles Puyol)
Es asombroso que el club que se vanagloria de inculcar a sus jugadores lo que ellos dicen ser "seny, valors y humildat" permita conductas como las de Piqué. Estoy convencido de que si llega a estar el señor Carles Puyol en esa celebración, rápidamente le da un capón al pedazo de "machocabríodegrantamaño" conforme dijo su imbecilidad de Kevin Roldán. Puyol si que llevaba "seny, valors y humildat" por donde iba. Por eso era un gran capitán, un emblema y un tío respetado por los madridistas de bien como el que escribe. No se puede decir lo mismo del "hachedelagranpé" de Piqué. Pero claro, siempre ha habido gente con clase y clases de gente. Y ese "hachedepé" no se qué clase de gente será, pero desde luego no es gente con clase. Es muy importante saber perder y mantener las formas. Pero es mucho más importante saber ganar y comportarse. Y el "hachedepé" de Piqué lleva ya demostrado en varias ocasiones que no sabe. Buscar un minuto de gloria cuando no es necesario... incluso es comprensible por estar de celebración, pero que el minuto de gloria sea a costa de mofa, befa y burla del rival cuando no hay motivo para ello, es totalmente innecesario. Y el "hachedelagranpé" de Piqué es lo que hizo. Seny. Valors. Humildat. Retratado una vez más.

Lo dicho. Mi enhorabuena y reiterada felicitación al Fútbol Club Barcelona por el triunfo conseguido. Mi máxima congratulación para la hinchada y simpatizantes del Barça. Óle, óle y óle por el triplete conseguido y revalidado, por el fútbol de Iniesta, por el espléndido juego de Luis Suárez, por las genialidades de Messi, por las grandes paradas tanto de Claudio Bravo como de Ter Stegen, por el gran entrenador Luis Enrique, etc, etc. Aquí un madridista cerrado os aplaude. Pero a ti, Piqué, a ti no me cansaré de decirte que eres un "hachedelagranpé". ¡Ojo! Y sin haber escrito ni un taco en todas las líneas. Búscalo, lector, búscalo a ver si lo encuentras. Ni uno. Y con el seny, valors y humildat que tu no tienes, yo que no estoy de celebración, ni tengo por qué ganarme a nadie, ni mi pequeño blog va a tener minuto de gloria por ello, vuelvo a repetirte que eres un "hachedepé". Con todas las letras. Vamos, mayormente para que veas lo que es una mofa sin sentido y fuera de lugar. "Hachedepé" que eres un "hachedelagranpé".


miércoles, 3 de junio de 2015

VIRGEN DE LA CABEZA

Soy consciente de que esta entrada llega un poco tarde, pero he tenido un ajetreo fuera de lo común en mi metódica vida y no he podido verter unas líneas antes en el Rincón. De modo que a los que os haya hecho esperar demasiado os pido perdón a lo Antonio Orozco. Pido perdón a sabiendas que no lo concedas, pido perdón de la única forma que sé: escribiendo. Dicho esto me inmiscuyo de pleno en la gramática y comienzo un incesante tecleo hasta que concluya esta pequeña entrada dedicada a la gente buena que con costal y faja realizan el más bello oficio que exista: pasear la fe por las calles. En esta ocasión y como siempre ocurre en el mes de Mayo la imagen paseada de ferviente manera fue la Virgen de la Cabeza, nuestra querida pequeñita y morenita, la célebre aceitunita bendita. Cuántas oraciones se esconden bajo sus gruesos faldones verdes que reflejan la esperanza. Cuántas ilusiones y cuánta amistad compartida en esa calurosa tarde de Mayo en que la Morenita sale a las calles...

Esta cofradía de Gloria quizás sea de las que mejores ratos me ha dado por muchas cosas: por compartir trabajadera con quien la comparto, por ser el primer paso que saqué a costal fuera de la Semana Grande, por los buenos ratos en la igualá y en la desarmá, por acercar la imagen mariana a unas monjitas residentes en la periferia de la ciudad, etc, etc. La verdad es que me gusta por varios motivos y este año fui feliz con Ella (como siempre) y más aún cuando al salir de relevo estaba Gemma viéndome. Fue emotivo y ella sabe por qué, aunque puedo adelantar que a ella no le gustan las cofradías  y yo no me esperaba que finalmente viniera, por lo que, que ella viniera y verla, me alegró mucho. Espero algún día explicar el por qué y eso me haría triplemente feliz: feliz por pasear a la Virgen de la Cabeza, feliz por estar Gemma por allí y feliz por poder explicar por qué aquello me hizo tan feliz. El caso es estar feliz fuere de la manera que fuere y ojalá estuviera en mi mano que todo el que leyere estas líneas también estuviera siempre feliz. Si yo puedo contribuir a ello que no dude en decírmelo. Al fin y al cabo la vida es mucho más bella así.

Lo que es la procesión en sí transcurrió con la elegancia y buen hacer que viene demostrando esta cuadrilla de amigos desde hace años. La conjunción entre veteranos y noveles (como en el Himno del Real Madrid) viene siendo total y ello se transmite de parihuela para arriba meciendo a la Aceitunita con gracia y salero por un lado y con arte y esmero por otro. El caloret (como diría Rita Barberá) hizo acto de presencia y la cuadrilla de los chiquinines que hacía la salida nos dio el relevo a la cuadrilla alta con las maderas ya humedecidas por el sudor y el termostato autoregulado a 40 grados aproximadamente. Cuánto nos gusta el oficio costalero para meternos en estas faenas, de verdad. Pero la satisfacción y la sonrisa no se comprenden si no se ha estado nunca bajo los pasos. Por eso me siento orgulloso de ser costalero. Conozco bien esa satisfacción y esa sonrisa generadas por el esfuerzo hecho con el más profundo sentimiento que oculta y merma todo resquicio de cansancio físico que pueda aparecer.

Un año más me quité el costal con los ojos humedecidos y mirando a la Madre de Dios le suspiré un "Ahí quedó" cargando la suerte hacia la nostalgia y la esperanza. Ella me entiende y aunque no sea mi Macarena del alma ni la Virgen de la Salud a la que tanto afecto estoy cogiendo, no dejan de ser una representación más de la misma y única que escucha cuando desde el corazón sale un Ave María sin que se tercien palabras. ¡Viva la Virgen de la Cabeza! ¡Viva la Morenita! ¡Viva la Aceitunita Bendita! ¡Y viva la Madre de Dios!

martes, 19 de mayo de 2015

SENDERISMO POR LA SIERRA DE MALAGÓN

Como no todo es sacar cofradías y jugar al pádel, me refiero, evidentemente, al tiempo libre pues el resto lo ocupo ejerciendo la abogacía, también gusto de patear caminos con mochila y bordón. Y además del Camino de Santiago, en especial el Camino Francés, madre de todos los caminos, me encanta caminar por senderos y rutas de mi tierra que, en ocasiones, no llevan a ningún lugar sino a la mera satisfacción y encuentro con uno mismo. Si bien he recorrido ya bastantes caminos y todos me han llevado a algún lugar, hay rutas que son de ida y vuelta y al lugar al que te llevan no es visible a los ojos sensoriales sino a los ojos del corazón. Ya lo decía el Principito: "lo esencial es invisible para los ojos". Y en esta ocasión así fue la ruta. El punto de salida y retorno comenzó donde el coche quedó aparcado. Lo esencial es lo que acaeció entremedias. Unos cuántos kilómetros que nos llevaron hasta la "Plaza de los Moros" y nos volvieron a regalar vivencias y pasos a cuatro amigos, dos padres y dos hijos, que llevamos recorridos algo más que un puñado de kilómetros juntos en esta vida: Jesús Cecilio Velascoín y su hijo Alberto, mi padre y yo.

Jesús y mi padre subiendo hacia la Plaza de los Moros
Al grano. La ruta empezaba atizando nada más empezar. Me gusta llanear unos kilómetros antes para templar bien las piernas antes de comenzar una ascensión pero en esta ocasión el camino comienza con una cuesta arriba, no muy exigente al lado de otras que ya he pateado pero sí lo justo para hacerte brotar las primeras gotas de sudor en la frente. Al menos hay camino y digo esto porque conforme continúa el ascenso el camino se va convirtiendo en una vereda minúscula que finalmente pasa a ser una senda de tamaño para una sola persona y por último desaparece entre las hierbas primaverales. Pero el objetivo estaba claro: seguir y seguir hasta coronar el cerro. A decir verdad yo llevaba años sin trepar por riscos y, entre eso y el tendoncillo de la rodilla izquierda que me da guerra cuando quiere, iba con cierto respeto en la aventura. Pero feliz. Caminar con Jesús, Alberto y mi padre me gusta. Vamos, mi padre es mi padre y Jesús y Alberto son como de la familia pero sin el "como". ¡Qué coño! Jesús me ha tenido a mí en brazos y yo he tenido a Alberto en los míos. Son más que de la familia. A Albertucho lo quiero como a un hermano pequeño y su padre fue mi padrino jurídico cuando juré la Constitución. Son muchos recuerdos, muchas experiencias y no concibo la vida sin saber que están ahí al lado. Por eso iba feliz. Y con la mochila y el bordón subiendo y caminando. La ruta la habían elegido ellos y fue un acierto. Y mi padre también estaba contento. Compartir ratos con su amigo Jesús le llena el espíritu.
En la Cruz a mitad de subida. In memoriam
Entre piedras y riscos fuimos subiendo por un sendero en el que a mitad de camino a mano derecha se levanta una cruz metálica que no sé bien lo que conmemora, pero desprende hálitos de tiempos de guerra y sierra de maquis. A la altura de la dicha cruz ya se aprecia bastante la subida acometida y comienzan a merecer la pena las vistas de la comarca que desde allí se aprecian. Pero lo mejor estaba por llegar. Había que continuar subiendo hasta llegar a la cima del cerro, al punto álgido de la sierra. En las siguientes fotos se ve a Alberto ya arriba y a mi padre y a mí continuando la subida. Fue una preciosa aventura sin lugar a dudas.
Alberto coronando el cerro
Mi padre y yo continuando el ascenso
Arriba del todo, coronando el conjunto se halla un rollo de piedra que indica un punto geodésico nacional: una de las puntas de la corona de la Mancha, uno de los puntos más altos de la región sobre el nivel del mar, uno de los vértices geográficos que se usan para la medición de coordenadas en los gps. Para acceder al mismo hubo que trepar (literalmente) por peñascos y rocas y, finalmente, llegamos a él. Se asienta en la llamada "Plaza de los Moros" y bajo la misma se esconden restos de una antigua fortaleza. En el paraje todavía se ven grandes piedras pertenecientes a las cimentaciones de lo que allí hubo. Muchas de ellas están desprendidas y dan un aire histórico-medieval al lugar. Mejor hacer la ruta y comprobarlo in situ. Con las fotografías que os voy poniendo intento ilustraros lo que pudimos disfrutar en la mañana de senderismo. Tanto los lugares por los que estuvimos como las caras de felicidad y las vistas que os decía creo que quedan patentes.


Placa hallada a los pies del vértice geodésico

De izquierda a derecha: mi padre, Alberto y Jesús.
La mañana concluyó saboreando una fresca jarra de cerveza con limón que nos hizo recuperar los líquidos perdidos y escondernos un poco del calor primaveral que ya empezaba a hacerse notar de forma más que directa. Previamente y para ganarnos aún más la recompensa pateamos un tramo de la Ruta del Quijote viendo el viejo molino Carrillo, las esclusas de agua, el río Bañuelos y el canal del mismo que va a parar al Pantano de Gasset. No sé los kilómetros que haríamos en la jornada, pero volvería a hacerlos sin duda más de una vez y con los mismos. Vale.

Finalmente llegué al vértice geodésico. Y fui feliz.
Al fin y al cabo... La vida es caminar.