martes, 29 de junio de 2021

¡¡¡ES PA ÑA!!!

Yo no sé que tiene la selección que me hace vibrar. Para bien o para mal. Desde niño, cuando juega España, para mí es especial. Los colores rojo y azul corriendo por el campo de fútbol me aceleran. Mi país, mi gente, un sentimiento, un grito. España. Eso sí, en el plano deportivo me dan unos disgustos del copón. No hablaré del pasado donde muchos enfados no tuvieron origen en el equipo, pues muchas de las eliminaciones sufridas fueron totalmente injustas. Me viene a la cabeza la imagen de Luis Enrique, actual seleccionador, con la nariz rota y ensangrentada por el codazo de Tassotti. Me acuerdo también en estos momentos del pésimo arbitraje de Al Ghandour, robándonos literalmente la clasificación contra Korea, curiosamente anfitriona en aquel mundial del año 2002. Y me enciendo. Pero lo dicho, esas humillaciones no fueron gestadas por la selección. Vinieron de fuera. Y me hicieron vibrar por dentro. La palabra España la llevo grabada a fuego en mi interior y verla pisoteada de esa manera no lo tolero. Es mucho más que fútbol. Años después llegó la triple corona. Eurocopa, Mundial y Eurocopa. España en lo más alto. Y vibré de nuevo. Y mucho. En lo deportivo y en lo sentimental. Ya os digo que es mucho más que fútbol. Es un sentimiento unido, es abrazarte con un desconocido sabiendo que amáis lo mismo, es ser consciente de que el equipo en tal año no sirve ni para el tute y animarlo a muerte, es saber que el equipo se viste de favorito y tener cautela, es meterse con nosotros mismos pero no consentir que nadie de fuera lo haga, es... es... ESPAÑA.

Y en esas estamos en esta época anómala celebrando en el 2021 la Eurocopa del 2020. Ya saben ustedes los desbarajustes que ha traído y sigue trayendo el coronavirus de las narices. Igualmente se festejarán este año, de aquí a unos días, los Juegos Olímpicos de Tokio que se debieron haber celebrado el año pasado. En un futuro sonará a guasa y a pillería de trivial pursuit la pregunta "¿En qué año se celebraron los Juegos Olímpicos de 2020?" Parece como la mítica "¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?", pero no. Habrá quien diga "pues en 2020, claro". Pues no. En 2021. Cositas de la historia que algún día será divertida mientras nosotros la estamos construyendo a base de mascarillas. Sigo. Estamos celebrando la Eurocopa y sigo vibrando. Ya está España en la palestra. Lo primero la lista de Luis Enrique, ¿qué decir? Cuando la vi pensé que nos mandaban a casa en la fase de grupos. Y ojo que ahora, recién clasificados para cuartos de final, sigo pensando lo mismo pero mantengo la ilusión que antes no tenía. No es que la mantenga, es que me la han creado a base de ratos como el que nos dieron los chavales ayer. Ni Ramos, ni Nacho, ni Aspas, ni Albiol, ni Canales... ¿Pero qué lista es ésta? Aluciné. Pero es la lista, nuestra lista, la de España. Y con ella muero. Más que fútbol, ya sabéis.

Tras ello, el primer partido. El desmorone. Un pírrico empate a cero contra Suecia. Claro, con Morata como referente de ataque, con Unai Simón en la portería y con otros nueve futbolistas que al único que más se le conoce es a Koke, ¿qué esperamos? Pues es España. Y me hace vibrar. Para bien o para mal. Le pegamos palos, no damos un duro por ellos, pero es nuestra selección. Y España no es una palabra cualquiera. Los que la amamos somos incondicionales. Dice un antiguo dicho que esas cosas son como el que tiene una novia fea, que él lo sabe, pero la quiere con locura y como alguien le diga algo se inicia la afrenta. Pues igual. En este caso, el equipo salió como un cabizbajo David enfrentándose a Goliat. Y sin honda. Teníamos menos peligro que una pistola de agua. Pero será porque además de español soy manchego y aquí tenemos el espíritu forjado de otra manera. Como dice el paisano José Mota, "si va a ser que no, pero, ¿y si sí?", y, claro, vibro de nuevo. Hay que seguir. Y seguimos. Empatito a cero, empate a uno con Polonia y luego, quizás un espejismo, un lustroso cinco a cero a Eslovaquia. Y vibro, sí, no dejo de decirlo. Vibro de mala leche viendo las oportunidades perdidas, viendo, a mi entender, mejores jugadores que los convocados que no han sido citados y viendo como un puñado de chavales me hacen gritar y desbordarme cuando les hacen una falta o meten un gol.

Pues qué cosas. Al final nos clasificamos para octavos de final y pensamos (y sigo pensando, ojo) que es engordar para morir. En octavos nos eliminan, está claro. Y si ganamos, que será de chorra, nos coge Francia en cuartos y nos hace un traje. ¡Tú verás! ¡Francia! Casi nada... La favorita. Equipazo. Mbappé, Griezmann, Benzemá, Pogbá, Kanté, Camavinga, etc. Nos funden. Bien, pues ayer en el partido de octavos, contra Croacia, empezamos como se esperaba. No es que juguemos mal, es que encima logramos que se rían de nosotros. Una cesión desde cuarenta metros al portero, éste pone el pie para controlar de aquella manera, el balón que le pasa por encima de la bota tranquilamente y entra rodandito, placentero y cómodo hasta las redes de nuestra portería. ¿Y ahora qué? ¡La madre que los parió! Somos una chirigota. Hemos llegado hasta aquí a base de creer y "milagros" y ¿hacemos esto? ¡Camarero! Cóbrame que me voy. Esto no lo levantamos... Bueno, pues llegó el empate. Y metimos otro. Y otro. Tres a uno. ¡Os quiero! Vibrando a lo loco y para bien. ¡Enormes! Y en esas, casi festejando el pase a cuartos, nos enchufaron dos goles y a la prórroga. Tres a tres. ¡Os odio! Vibrando a lo loco y para mal. Y en la prórroga otros dos goles, a favor, uno de Morata, golazo. Increíble. España mandando cinco a tres en el luminoso. Croacia a casa. Y Francia eliminada por Suiza. ¡Arrea! ¡Estamos en cuartos de final! ¡Y no nos espera Francia! Vibrando de nuevo. Que sí, que no doy un duro por la selección, pero que ese grupo de hombres me tienen loco y sin sentido en los dos lados de la balanza. España. ¡¡¡ES PA ÑA!! Es mucho más que fútbol. De verdad que creo que va a ser que no, pero, ¿y si sí? ¡¡¡ESPAÑA!!!

lunes, 14 de junio de 2021

CAMINO 2021

Va camino de diez años que nos conocimos. Yo en el Obradoiro cargado de recuerdos de niño, vestido con traje y corbata, recién salido de un juicio en La Coruña y llegado allí en autobús. ¿Te acuerdas? Tú plagado de peregrinos por las calles y con una larga fila en la Plaza de Quintana para pasar a abrazar a Santiago. Yo entre ellos siendo el punto de mirada de todos. Ellos hablando de sus aventuras hasta llegar, yo escuchándolos. Ellos mencionado albergues, vivencias, momentos y sonriendo a cada instante. Yo oyéndolos, llenándome de intriga y envidia, serio y pensando en la sentencia que recaería. Tú cautivándome y atrayéndome sin yo saberlo. Mis botas de peregrino ya estaban listas en algún lugar de Sevilla. Mi primera credencial ya me aguardaba allí mismo, en la propia Casa del Deán. ¿Te acuerdas, decía? Sé que sí. Yo también y no se me olvidará. Era Año Santo. Era Mayo de 2010. Fuel tal el embrujo que en Septiembre de ese mismo año te recorrí por primera vez y llegué hasta tus entrañas caminando y no en avión. Y me hiciste tuyo para siempre. Quedaban once años para el próximo Año Santo Compostelano. ¡Qué lejano se veía el 2021! Ya ha llegado. Entre tanto nos hemos conocido mucho, pero mucho. Te he recorrido íntegro saliendo tres veces desde el extranjero y otras tantas partiendo desde nuestra propia España. Esa que te engendró y crio para disfrute de todo el mundo. Y nunca dejo de soñar con abrazarte de nuevo. Hoy he vuelto a sentir esas mariposas de enamorado en el estómago. Vamos a volver a encontrarnos pronto. Te quiero, Camino. Te quiero.

Habría culminado la aventura iniciado en el Somport este mes de Agosto venidero, pues el año pasado iba a ser especial. Mucho. Y llegaría a la Plaza del Obradoiro de nuevo a enjugarme las lágrimas que siempre me brotan cuando alcanzo de nuevo las altas y pardas torres de Compostela siendo otra vez Año Santo. Pero el año pasado no fue lo especial que debía y además me trajo dos malas nuevas. Una para mí y para todos. La pandemia. La otra en casa y, creo que ya, superada. A lo que iba. Estaba programado recorrerte de nuevo en tres años. Uno desde el Somport francés hasta Santo Domingo de la Calzada. Otro desde donde cantó la gallina después de asada hasta la sombra de la Catedral de la Pulchra Leonina. Y desde allí, mi querido León, padre de la Maragatería y el Bierzo, hasta el propio Santiago de Compostela. Y, entremedias, en el 2020, haría paréntesis, un Camino dentro del Camino, para ir desde el mismo Campus Stellae hasta Fisterra. La ruta esotérica que tanto deseo y aún no he podido recorrer para ver las aguas del mar azotar las rocas de Muxía y Finisterre en el más bello ocaso de la tierra. Lo intenté incluso en tiempo de invierno pero no pudo ser. Lo haré. Lo sabes. Lo sabemos. Pero este año te retomo pues la situación creo que se viene propicia. Este año reanudo el plan iniciado en 2018. Otro gran camino me aguarda. Prácticamente dos semanas recorriéndote y disfrutando de lugares a los que amo y están cargados de recuerdos, sentimientos y amistades.

No sé si llegaré a León en tren o en autobús, lo que sé es que en ese lugar comenzaré a caminar de nuevo y ya llegaré a Santiago de Compostela. Y sé que desde allí vendré como siempre, con una mezcolanza de sentimientos de alegría, cansancio, nostalgia y esperanza. ¡Qué rápido pasa todo! No dejo de pensar estos días en que quiero volver a ti, a cansarme, sudar, enfadarme, pensar quién me mandaría a mí volver a exprimir mis vacaciones en madrugones y caminatas de una media de veinticinco kilómetros al día y llevar mi vida en una mochila. Pero sé que a cambio volveré a la Virgen del Camino, a ver en la lejanía el depósito de agua de San Martín del Camino, a comerme un señor cocido maragato en Astorga, a pasar calamidades ascendiendo a Foncebadón, a coronar la Cruz de Ferro, a charlar con Tomás en Manjarín, a llegar agotado a Ponferrada, a ver a gentes buenas de Villafranca del Bierzo, a volver a subir hasta O Cebreiro disfrutando cada gota de sudor en mi frente, a abrazar el castaño de ocho siglos cuando llegue a Triacastela, a pasar por el Monasterio de Samos y volver a mi querida Sarria, a subir las escalinatas de Portomarín, a llegar a Casa Benito sonriente en Palas de Rei, a salir contento en la última etapa dura que queda hasta Arzúa, parando entre medias en Melide y en Ribadiso, a alcanzar Pedrouzo otra vez y a llegar feliz y con el deseo de volver a volver otra vez hasta Santiago.

Te escribo estas líneas y sonrío. Si miro de soslayo a la mesa veo un folio que tú bien conoces pues se va repitiendo su contenido año tras año. Es el primer borrador de fechas, etapas, nombres y albergues que dará forma a la aventura, aunque tú bien sabes que en mi cabeza está grabado a fuego. Hay cosas que no haría falta ni escribirlas pero me gusta apuntarlas por volver a escribir ese nombre. Hay otras que las voy cambiando. Y hay otras, finalmente, que sé cómo van a ser sin duda. ¿Dónde voy a dormir en Villafranca del Bierzo si no en el Albergue Leo? A la salida de Triacastela, rumbo a Sarria, ¿por Samos o por San Xil? Por Samos. ¿Todavía no sabes, querido, qué variante tomo siempre? Días antes, en O Cebreiro, ya suspiro con volver a la Venta Celta... Y así todo. Sólo con empezar a soñarte y saber que podremos reencontrarnos ya me invade la alegría. ¡Vaya tiempos malos he pasado sin ti! Ya no por no patearte sino por no tenerte. Amigo, cada vez que se te recorre se hace tres veces: cuando se te sueña, cuando se está en ti y cuando se te recuerda. Y estos tiempos no me han dejado ni soñarte para tenerte cerca. Pero ya sí. Y además va a ser muy especial. Mucho. Se ha puesto la maquinaria en marcha. Va camino de diez años que nos conocimos, ¿te acuerdas? Era Año Xacobeo, el 2010. Ya está aquí el siguiente Año Santo Compostelano. Ya es 2021. Prepara tus kilómetros, repinta tus flechas y espérame con un cuenco de vino y un plato de pulpo... ¡Allá voy! 

lunes, 31 de mayo de 2021

QUE SÍ, QUE SÍ, QUE CELEBRÉ LA ROMERÍA

No me lo preguntéis más. Además ya lo sabéis y quienes me conocéis sabéis que soy hombre de costumbre y tradición. Por supuesto que celebré la Romería de la Virgen del Monte. No falté a la cita el año pasado encerrado en casa y celebrándolo sólo, ¿cómo iba a faltar éste? Último Domingo de Abril, Romería de la Patrona de Bolaños de Calatrava, Nuestra Señora del Monte. Sí o sí. Con coronavirus de marras o sin él. Con restricciones o sin ellas. Con más gente o menos gente. Con migas manchegas, chuletas de cordero, paella y dulces. Con botellines de cerveza, copas pacharán y minis de whisky con naranja. ¡Ea! Y todavía hay quien me pregunta que si la festejé. ¡Que sí! ¡Que no te enteras o no te quieres enterar! ¡Cansino! ¡Pesao! ¡Tontol´haba! ¡Aburreovejas! ¡Licenciao! ¡Somarro! ¿Es que lo dudas? Me preguntas tontás, tontás na más que no sirven pa ná. Igual que si uno quiere a una y esa una no lo quiere, es lo mismo que si un calvo en la calle encuentra un peine. ¡Modorro! ¡Mangurrián! ¡Zanguángano! ¡Que sí la celebré! Y lo haré siempre. ¿Te enteras? Madre mía... No me lo preguntéis más, de verdad. Y si me vais a preguntar si me templé, pues también. Y sí, me puse el gorro y la gafas de sol. Eso es impepinable llueva o no. Y fui feliz un año más cometiendo tropelías de las mismas que lo más que afanan es la sonrisa de algún desconocido. De eso se trata al pasarlo bien y desconectar de lo que nos rodea rutinariamente. 

Comenzó la Romería 2021 el Viernes, 23 de Abril, Día del Libro, ¿qué mejor fecha? A mediodía, sobre las 14;30 horas, ya me había quitado el traje y la corbata y vestía la indumentaria romeril. El coche cargado de ilusión y bártulos ponía rumbo a la Ermita de la Virgen del Monte. Allí me esperaban mi mujer, mi hija y mis suegros. Y una sartén de migas en la lumbre. El pacharán ya lo llevaba yo escondido, ¿a que eso no os sorprende? Me puse en el coche el cd de música para la ocasión y olvidé los asuntos jurídicos por un par de días. ¡Al lío! Que con tanto encierro, tanta restricción y tanta pandemia, un desfogue de estos viene mejor que mil chatos de vino. Fui por la carretera silbado y canturreando. A decir verdad, me iba relamiendo de lo que se avecinaba. Ya me conozco, ya me conocéis. Y no defraudó la cosa. Una romería, sea del modo que sea, no puede salir mal. Además, para los que amamos y disfrutamos esas fiestas se nos suele poner de cara el asunto pues ya vamos predispuestos a ello. Es como el que va a los toros con la cuadrilla de amigos, al tendido de sol, con las neveras llenas de fiambre, tortilla y calimocho, la bota de vino, medio jamón y un melón. Muy mal se tiene que dar la cosa para que no salga en hombros de allí. No me refiero al torero y su faena, sino al espectador y la suya. Ya me entendéis. Pues eso.

La cosa es que a media tarde yo ya llevaba las gafas de sol incrustadas entre los carrillos y las cejas, los mofletes como Heidi, caminaba entre Chiquito de la Calzada y Bambi y hablaba tres idiomas. Tampoco es que fuese muy perjudicado pero ya canturreaba cancioncillas tipo "Tigres y Leones", "La Cabra", "Libre" y otros grandes éxitos de gasolinera y karaoke a la hora del cierre. Menos mal que sólo estábamos en el chalet mis suegros, mi mujer, mi hija y yo, porque lo que ocurrió fue dantesco. Pero genial. Al rato, como cuando estás ya entregado a los efluvios nocturnos en una discoteca de playa, ya le daba la mano tres veces al mismo (a mi suegro) y conté algún chiste de Arévalo, de Paco Gandía y de Eugenio. Aún recuerdo el de ¿saben aquel que diu que un pintor le dice a otro que si de verdad le gusta la pintura y diu el otro que sí pero más de un bote ya empalaga? ¡Maravilloso! También lo conté. ¡Qué momentazo! La gente (es decir, mi suegra y mi hija) no paraba de reír (creo), sobre todo mi mujer que, además, me decía insistentemente que me fuese a la cama. Y yo le decía que otra copita me cabía. Y ella que sí pero en el calabozo. Y yo con mi botella de 100 Pipers. Y ella con la cara más seria que cuando a Falete le ponen brócoli para cenar. Y yo le preguntaba a mi suegra que si me tomaba otra. Y mi suegra me decía que si quería un cola cao y una magdalena. Y yo le decía a mi hija de cuatro años que si me tomaba otro chispalibre. Y mi hija me decía "papá, hablas raro". Y yo venga a reír. Y Falete venga a cabrearse. Y así estaba la cosa...

Total que cuando fui a echarme otra copa no quedaba nada en la botella. Así tal cual. Me la había bebido. ¡Vaya tiempla, tú! Y me tuve que ir a acostar ya sí o sí porque no me aguantaba ni yo. No sabía ni qué hora era. A estas alturas de la película mis suegros ya llevaban mucho rato en la piltra, mi pequeña Claudia ya estaba dormidita desde hacía un porrón de horas y Falete se había comido el brócoli, las acelgas, las espinacas y medio boniato. Yo sigilosamente me metí en la cama y creo que si no es porque se me cayó un vaso con agua al suelo, sonó la alarma diaria del móvil de las 07;15 y me reí un par de veces a carcajadas yo solo acordándome del chiste de la pintura, habría logrado que Gemma ni se enterase de mi hazaña. Pero nada. Al final se despertó, me miró con más mala leche que las gitanas que te quieren dar una rama de romero y tú les dices que prefieres orégano de monte y me dijo ¡otra vez! Yo la corregí y le dije la consabida frase anual: "Estamos de romería, mujer". Lo que pasa es que a esas horas, gracias al móvil descubrí que era la hora de levantarse pero yo me iba a acostar, ya hablaba más de tres idiomas. En concreto siete. Y se lo dije en un nuevo dialecto inventado y creado en el momento que aúna bable, mallorquín y ruso. Una delicia. Más que una pizza cuatro quesos. De verdad. Gemma me miró como siempre hace en esas ocasiones, poniendo una expresión de seriedad, ternura, cabreo, desesperación y risa. No sé cómo lo hace. Pero lo hace. Es como si metiera todos los sentimientos en una thermomix y saliera esa mirada. Me conoce, me quiere, me aguanta. Sabe que esas son mis maldades y, leche, una al año no hace daño. No doy mucha guerra, creo. No os riais. Y yo sé que a ella la van a canonizar. Y será gracias a mí. O a las romerías. Un año más la celebré. ¡Hombre, por favor! ¡Viva la Virgen del Monte!

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL REFLEJO DE LA VIDA

Hay muchas ocasiones en las que la vida parece un espejo mágico. Y digo esto porque en ocasiones vemos el reflejo antes que la imagen. Quizás con el paso de los años y las experiencias y sapiencias acumuladas logramos entender el por qué de ciertas cosas. Algunos dirían que Dios escribe con renglones torcidos y no es sino cuando hemos concluido la lectura cuando nos damos cuenta del discurrir del guión. A lo mejor la historia la sabíamos de ante mano pero lo que no sabíamos es cómo acontecería la misma. Perdón si hoy es de los días que estoy más filosófico o metafísico, pero he amanecido así y es complejo evadir el estado de ánimo cuando se vierten líneas. De hecho, cuando releo antiguas entradas de este querido Rincón, recuerdo cómo me encontraba cuando las narré y veo entre las líneas el reflejo de mi estado de ánimo en ese momento. Y sonrío con nostalgia o picardía. Ahora sonrío de nuevo porque en cuestiones laborales también me ocurre y cuando leo ciertas demandas narradas por mí, contestaciones a recursos de apelación o las escaletas de los juicios, veo el reflejo de cómo tengo el ánimo en el momento de la redacción. Y se nota, se nota sin dudas. En la vida ocurre igual. Y siempre, siempre, siempre lo vemos a toro pasado cuando la vida nos ofrece el reflejo o, en ocasiones, la imagen real de la que más tarde veremos el reflejo.

El caso es que mi hija me ha regalado un dibujo. Me ha hecho un dibujo y me ha dicho "Papá, quiero que lo pongas en el despacho". Y sin dudarlo así lo he hecho. Mi pequeña Claudia, a sus cuatro años, me ha hecho convertirme en el protagonista de otro de esos reflejos de la vida. ¿Por qué? Fácil. Cuando yo era niño, pero niño ya grande, de unos diez años, veía en algunas oficinas o bancos los dibujos que los niños, pero niños pequeños, de la edad que tiene mi hija ahora, les habían hecho a sus papás y a sus mamás y estos lucían con total orgullo. Yo veía esas pinturas como horribles, destartaladas y más feas que una nevera por detrás. Lo que yo no veía y ahora me refleja la vida es la enorme carga de cariño y amor que rezumaban tanto por el artista creador como por el progenitor receptor. Esas cosas son lecturas que se aprenden con el paso de los años cuando descubres lo que puede significar u ocultar un silencio o una mirada. Y hoy soy yo un padre homenajeado por un dibujo de una hija pequeña. Y sonrío viendo su obra con el rostro enternecido y el corazón henchido. ¡Cómo cambia la imagen dependiendo de quién la vea! ¡Qué reflejo infancia más bonito he tenido entendiendo el verdadero significado!

Ni que decir tiene que mi pequeña le ha dicho a Gemma que tenía que venir al despacho de papá a ver si había puesto su dibujo en la pared. Y por supuesto lo ha hecho en cuando ha podido. ¡Faltaría más! Y me ha abrazado tan feliz al verlo colgado en la pared. Acto seguido ha ido corriendo a su rincón favorito a jugar con las virutas de la destructora de papel. Y a mí se me cae la baba, ¿qué os voy a decir? Es curioso cómo cuando hace unos años yo veía un "horrendo dibujo" en alguna pared pensaba "¿pero cómo les gusta eso? Vale que lo haya dibujado un niño pequeño, pero ¡¡es horrible!! " y, sin embargo, ahora, sabiendo que haya quien pueda pensar lo mismo al ver el dibujo de mi pequeña en la pared de mi despacho, luzco con todo el orgullo de padre del mundo el retrato que mi hija me ha hecho. Fijáos que visión más distinta y en realidad la acción es la misma sólo que desde otro prisma, desde otro lado del espejo donde la imagen refleja un significado totalmente diferente. Y, tal cual antes decía, el significado es diferente porque la experiencia de la vida así lo hace en nosotros, pero esa imagen lleva existiendo años: fuimos niños pequeños que hacíamos dibujos, fuimos niños grandes que nos reíamos de esos dibujos y fuimos personas adultas que supimos ver mucho más en esos dibujos que una simple expresión artística que un pequeño nos regala. Y con el paso de los años miramos la misma estampa en el mismo espejo mágico de la vida y nos ofrece un reflejo acorde a cada etapa. ¿No es maravilloso?
La obra en sí, además del cariño y amor con que me la ha hecho mi niña Claudia y el afecto inmedible con el que me la ha regalado de sorpresa, refleja lo que ella ve en mí y lo que le gusta resaltar de su papá. Me pone una sonrisa grande porque sabe que soy feliz con ella y siempre me rio mucho y jugamos un montón, me pone unas piernas largas porque dice que papá es muy alto y la coge en brazos muy arriba, me pone manos con un montón de dedos para hacerle cosquillas y comidas ricas y, el detallazo, me pone entremedias del pelo un mechón de flequillo porque le encanta darme golpecillos en el mismo y despeinarme. A vista de un niño pequeño es un dibujo de otro niño pequeño. A vista de un niño grande es un dibujo feo y horripilante que ha hecho un niño pequeño. A vista de un adulto es un dibujo de un niño como el que él mismo puede tener en casa o en la oficina hecho por su hermano, su hijo, su sobrino o su nieto. A vista mía es una preciosidad, un recuerdo permanente, un motivo de sonrisa, un pilar donde sustentarme, una lección más de aprendizaje, otra experiencia acumulada, otra vuelta de tuerca en el tornillo de la sabiduría y, por supuesto, un precioso y mágico reflejo de la vida.


lunes, 26 de abril de 2021

CITAS JAMÁS DICHAS

El otro día hablando con un viejo amigo me sorprendí de los acontecimientos que me estaba narrando y, al ver mi cara, me dijo "Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras". Y mirad por donde, amigos del Rincón, es una cita que yo uso mucho porque, las cosas como son, ayuda a expandir mi querida tierra de La Mancha, pues nada más oírla nos trae el recuerdo del ingenioso hidalgo hablándole a su fiel y noble escudero Sancho Panza. Sin embargo, dicha sentencia jamás fue dicha por Don Quijote y al mentarla parece que lo citamos él. En efecto, ¡qué "cosas veredes"! Y por tal motivo decidí contar en este espacio de la red algunas de las más famosas citas que nunca fueron dichas y que casi toda la población que las usa cree que sí. "Elemental, querido Watson". Pues no, no lo es. No es que no sea elemental es que esa cita tampoco salió de la boca de Sherlock Holmes. ¡Anda! ¡Qué sorpresa! Pues sí. Y de esas hay unas cuantas. Por eso la entrada de hoy os traerá un puñadito de citas que jamás fueron dichas ni escritas y que se han colado como tales haciéndose su hueco en el uso común, hasta tal punto que cuando alguien las menta, lo hace con rotunda creencia de su origen y sentando cátedra al enfatizar con un "como diría tal". Y es un error. Ya os adelanto que mucha culpa de ello la tiene el cine pues se cuela más en la memoria que la literatura. ¿Preparados? Empezamos.

Decía que mucha culpa la tiene el cine y comenzaré con una cita jamás dicha que vio la luz a través de las pantallas. "Mi nombre es Bond, James Bond". ¿Cómo os quedáis? Todos diréis ¡¡pero si la he oído mil veces!! Claro, oído, pero jamás leído. El autor del agente secreto 007, Ian Fleming, nunca escribió en sus novelas tal expresión, habiéndose popularizado la misma por la presentación cineasta. Podéis comprobarlo. Y acomodaos porque esto acaba de empezar. He mencionado antes a Sherlock Holmes y a su ayudante Watson y os he contado que la mítica "Elemental, querido Watson" tampoco es real. Su autor, Arthur Conan Doyle, nunca escribió esas palabras tal cuales en su obra holmesiana. Sí que podemos hallar expresiones tales como "interesante pero elemental" o "elemental" a secas en otras creaciones del mismo autor como "El Jorobado" o "El sabueso de los Baskerville", pero quien las puso en boca del más conocido detective fue la gran pantalla, no su creador. Curioso, ¿verdad? Y otra muy expandida cuya culpa también la tiene el cine es la cita tan expandida que reza "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos". No la busquéis en el Quijote. No está. De hecho no se sabe cómo se originó, lo que sí se sabe es que se popularizó y extendió cuando Orson Welles la colocó en boca de Don Quijote en su versión cinematográfica. Desde luego... "Cosas veredes", sí. Y no pocas.

Otra cita jamás dicha y muy expandida es la que da lugar a la máxima de la ultra conocidísima Ley de Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". El creador de la Ley que siempre se cumple, Edward Murphy, nunca expresó tal cosa. Su hijo explicó varias veces que la frase de su padre era "Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en un desastre, alguien lo hará de esta manera". Y eso dista mucho de la cita que tenemos asociada a Murphy. De este estilo es otra joya que vamos a descubrir ahora mismo a ver qué os parece. ¿Alguien no ha oído "Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña"? Bien, ¿de dónde viene esa frase? Pues sí, acertáis. Mahoma no la pronunció. ¿No os sonaba raro? La cita la originó el filósofo británico sir Francis Bacon y la incluyó en sus ensayos cuando contaba la vida del profeta. Y ahora otra de las míticas: "Houston, tenemos un problema". Esa frase tan repetida por todos en tono de réplica, guasa o broma no se pronunció tal cual aunque sí muy similar. El astronauta Jack Swigert lo que dijo en el aparatoso viaje del Apolo 13 al Centro Espacial tras observar una luz de emergencia y oír un estallido fue "Bien, Houston, hemos tenido un problema aquí".

Y he dejado para el final otras dos en concreto y ambas son quijotescas. Una es con la que empezaba esta entrada "Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras" y la otra es la tan manida y repetida "Con la Iglesia hemos topado". La primera ahonda su origen en el Cantar de Mío Cid cuando Don Rodrigo Díaz de Vivar le dice al rey Alfonso VI "Muchos males han venido por los reyes que se ausentan" y el monarca le contesta "Cosas tenedes, Cid, que farán fablar a las piedras" como diciéndole "¡vayas cosas dices (tienes)!". Ahí observamos que al principio no era "veredes" sino "tenedes" el verbo usado en la cita y cómo la misma nada tenía que ver con los personajes de Cervantes. Sin embargo, la derivación y el lenguaje arcaizante instauró la frase como una máxima del Quijote cuando jamás lo fue. Y la última, aunque algo más fiel a su origen también ha visto alterada su configuración y sobre todo su resultado. Os cuento. En una de sus aventuras, siendo de noche, iban Don Quijote y Sancho Panza buscando a ciegas la casa de Dulcinea y lo que hallaron fue, sin embargo, la Iglesia del Toboso. Así pues exclamó el ingenioso hidalgo "Con la iglesia hemos dado, Sancho". Ese contexto que plasmó Cervantes en su inmortal obra nada tiene que ver con la sorna anticlerical con la que hoy pronunciamos "Con la Iglesia hemos topado" cuando nos surge alguna traba compleja y terca de superar. Curioso, ¿verdad? Pues ya sabéis unas cuantas citas que jamás fueron dichas. Y os aseguro que hay muchas más. ¡Hasta otra, amigos!

miércoles, 31 de marzo de 2021

Y YA VAN DOS...

En ocasiones han sido incluso tres o más los años en que una o varias cofradías no han podido salir a la calle. Condiciones meteorológicas adversas así lo han propiciado. Pero una sequía tan aterradora como la presente no la habríamos imaginado jamás. Sequía no por la ausencia de lluvia sino por la carencia más absoluta de pasos en la calle. Y, además, de una manera dura. El pasado año 2020 nos pilló todo esto del coronavirus de sorpresa, en mitad de una preciosa Cuaresma que iba exprimiendo sus días entre ensayos, charlas y preparaciones. De hecho, los pasos estaban ya a medio montar prácticamente cuando llegó el confinamiento. El palo moral fue enorme. Y no sabíamos lo que nos esperaba. No lo sabíamos en ningún sentido, en ningún ámbito. Como humanos que somos comenzamos a forjar sueños de futuro que nos ayudasen a salir de esa pesadilla de presente. Empezó a tomar fuerza el "Volveremos" y se empezó a fraguar el año 2021 como el año de la esperanza, el año en que todo volvería a su cauce, el año en que la vida nos devolvería lo que el puñetero virus este nuevo nos estaba robando. Pero no. El tiempo siguió pasando entre olas y altibajos de contagios, los meses caían del calendario y llegó el esperado año. Y tampoco. El maldito covid seguía estando muy presente y la lucha de la vacunación tan deseada, si bien comenzó en tiempo récord, lo hizo a una desesperante y lenta velocidad que nos hizo darnos de bruces con la realidad. Ni el 2021 iba a ser al año del "Volveremos" ni se solucionarían los males del modo que esperábamos. Y en la parcela cofrade nos quedábamos otro año sin Semana Santa. Y ya van dos...

Hoy tecleo estás líneas en un día muy especial para mí. Miércoles Santo. El ecuador de mi Semana Santa particular entre Ciudad Real y Sevilla. A estas alturas de la Semana Grande, en una situación normal, hoy sería un día espléndido. Ya habría disfrutado del oficio del costal el Domingo de Ramos paseando al Rabí de los Ángeles, Nuestro Padre Jesús Cautivo, con los sones de mi querida Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva y, también ya, entre dos días extraños de trabajo mezclados con cera e incienso, ayer mismo, en la noche del Martes Santo habría paseado al Señor de las Penas con zancada firme, seria y elegante, con una mezcla de aroma entre rancio y añejo que sólo el cofrade de paladar fino sabe apreciar en ciertos rincones. Y hoy, estaría a escasas horas de volver a ser costalero del Señor de la Bondad, de la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro, de esas divinas maderas en las que me forjé como hombre y costalero, de ese paso de misterio que aún ni lo era cuando yo, hace ya más de dos décadas y media, comencé a ir debajo. Hoy es Miércoles Santo y ni el Consuelo de María me quita de la cabeza que estoy frente a un día precioso en el que no se llenará de capirotes blancos el corazón de la ciudad. He pasado del mal sueño a la sumisión. Sé que es real. Hoy se abrirían las puertas de la gloria y saldría mi hermandad a la calle. Y no va a ocurrir. ¿Cómo encajar eso de nuevo? Muy difícil.

Y además flota la incertidumbre del año que viene. Tras el guantazo de pleno que nos ha pegado este año 2021 destrozando las esperanzas y las ilusiones del "volveremos" que antes decía, ¿quién se aventura a lanzar una nueva versión del "volveremos" de marras para el 2022 sabiendo que puede ser otro bofetón al alma? Y mañana amanecerá Jueves Santo. Otro día señalado en rojo en el calendario. Maleta preparada, medalla de la Esperanza Macarena, batería portátil del móvil para hacer las grabaciones de voz, un tupper de bacalao con tomate, ilusión, alegría, satisfacción por el trabajo bien hecho en Ciudad Real y billetes de AVE en la mano con destino a Sevilla. La sonrisa, imborrable. El alma, plena. El corazón, latiendo a mil por mil. Híspalis más bella que nunca. Pues tampoco. Llevo sin poder pisar mi amada bética urbe desde aquella Navidad de 2019 en la que nadie presagiaba lo que estaba por llegar. Me despedí de Ella con un beso en la mano y le dije en Primavera nos vemos. Y ya va por la segunda primavera que no la veo. Vamos que me quedo sin mi otra Semana Santa, la de los reencuentros, la de repetir las vivencias, la de los pies cansados y los programas de mano. ¿Hasta cuándo, Macarena? Tú eres la Esperanza en su más amplio sentido. Y tu hijo el Gran Poder al que aferrarse en estos días en que estaríamos viviendo lo soñado y sólo podemos soñar lo vivido. Haced que todo esto pase pronto y vivamos de nuevo.

No puedo mencionar ni el resto sin que me caigan lágrimas. Sigo mirando por la ventana. El cielo está azul como el del Domingo de Pasión y el del palio perchelero, antecedentes de la Gloria venidera, azul como el azul Hiniesta que se esparce por Sevilla cada Domingo de Ramos, azul como el color del Prendimiento, como el del babero de la túnica de los Negritos, como el del Domingo de Resurrección cuando embargados por una nostalgia ya bien conocida que significa que todo acaba y que todo empieza, el palio de la Aurora se pierde en la fresca sombra de Santa Marina. Este año ni la Carretería por el Arenal, ni la O por la Magdalena, ni el Cachorro por el Puente de Triana, ni la Soledad de San Buenaventura en Carlos Cañal, ni San Isidoro por la Cuesta del Rosario, ni la Mortaja en Dueñas, ni Montserrat por Doña Guiomar con Zaragoza, ni el pescaíto frito de La Isla, ni las copas en el Iscariote, ni dormir apalizado de cofradías en el Jentoft, ni el Sol por la Plaza Nueva, ni el Santo Entierro por Tetuán, ni la Trinidad en la Encarnación, ni los Servitas en el Cristo de Burgos, ni la Soledad de San Lorenzo por Cuna buscando ya su regreso a San Lorenzo, ni las risas entre amigos, ni el deseo de que ese momento se repita siempre, ni la Resurrección  por la estrechez de Francos, ni nada de nada. ¡Qué sensación más horrible! Quiero salir de esta pesadilla ya. Hoy es Miércoles Santo. Esta tarde me dan un reconocimiento por cumplir veinticinco años como hermano pero yo lo que quiero ya lo he dicho y, sobre todo, lo que más quiero es pasearte, Señor de la Bondad, pasearte con los míos y entre los míos. Y otro año más no podré hacerlo. Y ya van dos...

miércoles, 17 de marzo de 2021

DÍA DE ESPÁRRAGOS

Sinceramente, a mis cuarenta cuaresmas, creo que habré ido a coger espárragos premeditadamente sólo en dos ocasiones. Una fue siendo niño de la mano de mi abuelo Casildo. La otra fue el pasado Domingo. Mi abuelo falleció cuando yo tenía ocho años y hace unos días cumplí mi cuarta década. Es decir, entre una y otra vez han pasado, como poco, treinta y dos inviernos aunque, seguramente y por los recuerdos que tengo, fuesen alguno más. Eso sí, sin duda, reviví aquellos momentos de niñez grabados a fuego y los trasladé al presente con la mirada entre mi hija Claudia y el cielo. Es increíble como una cosa tan simple como una excursión dominguera puede llenarme tanto. Y es más increíble aún como sabiendo que esos planes los tenemos a mano los vamos dejando hasta que ellos mismos, de improviso, se hacen realidad. Fue mi hija, con cuatro añitos recién cumplidos, quien dijo "vamos a ir a coger espárragos". Ella no sabía bien ni lo que decía, ni lo que eso conllevaba, pero lo habría oído en la televisión o a algún amigo y le soltó muy ilusionada. De hecho conforme lo dijo nació esta pequeña aventura y se programó la excursión. Puedo asegurar que el espíritu de mi abuelo tuvo algo que ver y sonrió desde el cielo azul manchego que cubre Moral de Calatrava. Dicho y hecho. El Domingo pasado fuimos a coger espárragos trigueros. Con que poco soy feliz.

Amaneció soleado en el paraje de la Virgen del Monte donde fuimos a pasar el fin de semana al chalet de mis suegros. Claudia estaba muy contenta porque íbamos a ir en familia a coger espárragos y ella había tenido la idea. ¿Qué se le pasaría por la cabeza a ella que iba a ocurrir? Las cosas de los niños y su bendita imaginación. Mis suegros, Gemma y yo preparamos unos cuantos cuchillos, un par de bolsas y una mochila para llevarlo todo y salimos en busca de Lucío, sí, sí, Lucío (no Lucio) que se conoce el campo como la palma de su mano y sabe qué lugar es mejor para cada cosa. Unos cuantos kilómetros entre caminos de esta tierra nuestra nos separaban de unos olivares en los que a los pies de los olivos se encontraban lozanas esparragueras. Y, hala, a buscar se ha dicho. Lógicamente no somos los únicos "domingueros busca espárragos" por lo que la zona ya había sido visitada pero aún así obtuvimos un buen manojo de ricos espárragos trigueros. Y lo más importante, tuve ratos de soledad buscando a los pies de las olivas y sentí ese cosquilleo impaciente que tenía cuando aprendía cosas de campo con mi abuelo. Un viaje a mi niñez como el recuerdo que quizás le quede de este día a mi hija y recuerde cuando pasen los años. Estas vivencias son la pura historia de la vida.

A media mañana volvíamos contentos con un puñado curioso de espárragos que nos daría de sobra para hacer algunas tortillas y revueltos. De hecho, en la cocina me quedan unos cuantos y van a ir a la sartén con ajetes y jamón. Lo tengo claro. Y miento si digo que no me relamo pensando en ello. Como otras tantas veces he contado y como es clásico en mí, el resultado del plato no será bueno o malo por su sabor, será bueno o malo dependiendo de la compañía que haya en la mesa y de que cada bocado sea una caricia al alma, una evocación de tiempos pasados y un anhelo de esperanza para el futuro. Es por eso que estas cositas tan simples son la más pura esencia de la vida, al menos, de mi vida, por eso las disfruto tanto y me gusta compartirlas y dejarlas almacenadas en el Rincón, pues cuando las releo me refrescan los recuerdos y me hacen revivir una aventura tan cotidiana y al alcance de la mano de cualquiera como es coger espárragos una mañana de Domingo. Si tú mismo, lector de estas líneas, entornas los ojos y rebuscas vivencias en tu interior, a base de recuerdos, escribirás tu vida entera. Verás entonces que no es cosa mía ni que yo sea optimista como muchos me dicen, es realidad y lo tienes en tu mano.

Y precisamente a mi hija trato de inculcarle cosas como las que hoy plasmo. Nimiedades quizás pero que llenan el arcón de la memoria. Pues sí, un día de espárragos, ¿qué cosas, eh? Y fijaos para todo lo que da: un buen rato de campo, disfrutar de la familia, enseñar a los pequeños lo que aprendimos de los mayores, hacer un plato con tu propio logro, compartirlo con los tuyos y, además, dejarlo escrito para siempre. De verdad digo que estos planes inesperados me llenan por dentro. Espero y deseo que surjan y haya muchos más y que me reporten la misma felicidad que esta aventurilla me reportó. De hecho hoy mismo, viendo entradas del Rincón, estoy recordando cosas tan sencillas pero con tanta historia detrás como cuando hice mermelada de ciruela, cuando me compré un puchero de barro, cuando aliñé unas aceitunas, cuando aprendí a hacer pacharán, cuando me inicié en el mundillo de la cerveza casera, etc. Son, sin duda, cosas banales para muchos de quienes las lean pero son para mí retazos de mi propia historia, de mi vida, la que se va construyendo sola y día a día como el pasado Domingo que fue un simple día de espárragos...