domingo, 31 de octubre de 2021

LEYENDA DE LAS DOS MARÍAS

Existe en Santiago de Compostela una colección de secretos enorme escondida por las calles. Esa mágica ciudad tiene sorpresas y leyendas para todos. A los jacobipetas los conquista con el "Peregrino escondido", a los tunos y estudiantes con las historias que rezuman los muros de Fonseca, a los turistas con las historias que ocurren en las rúas Franco y do Vilar, a los más cercanos con la ruta llamada "París-Dakar" por dos bares con tales nombres y, a quienes ya creemos saberlo casi todo de esa encantadora ciudad, siempre nos descubre algo nuevo a la sombra de sus altas y pardas torres catedralicias. En esta ocasión me enteré, como siempre, de casualidad. Y eso hizo que disfrutase más aún de esa leyenda y decidiera plasmarla en el Rincón. Las serendipias de la vida son así, nos sorprenden. Y, a mí, particularmente, me gusta compartirlas. Además, plasmarlas por escrito sirve para que no las olvide y para poder releerlas de vez en cuando. Así las tengo nítidas. ¡Mi querido Santiago! ¡Cuánto me has enseñado y regalado! Y quiero que sigas haciéndolo. Raro es el día que no te recuerdo por algo y me sonríe el alma. En esta ocasión quiero volver a tus callejas y empaparme de tus leyendas, cosa que cuando llego como peregrino no lo consigo de la forma que quiero porque la mezcolanza de sentimientos y ese final agridulce que tiene pisar el Obradoiro, no me lo permiten. Se acabó, ¿y ahora qué? Ya me entendéis los que habéis llegado andando alguna vez allí. Pero hoy no estoy en el Rincón para hablar del Camino, sino de una leyenda que existe en la ciudad que le da nombre.

Tras la Catedral de Santiago, la fotografía más repetida en la capital gallega es la de una escultura en bronce situada en el Parque de la Alameda. Representa la imagen de dos mujeres y al conjunto se le conoce popularmente como "Las dos Marías" o "As dúas en punto" (las dos en punto). La obra es del escultor vasco César Lombera y se instaló en pleno corazón de Compostela en el año 1994. Pero, ¿quiénes fueron estas mujeres? ¿Por qué se les hace un recuerdo en un lugar tan emblemático? Eso precisamente es lo que vengo a contaros: La Leyenda de las dos Marías. Hago el inciso, necesario por cierto, de aclarar que como toda leyenda, esta historia, tiene algo de fantasía y algo de realidad. Los datos exactos que verteré son ciertos y contrastados, el resto no sé la pura credibilidad que se les haya de otorgar, pues me he nutrido de diversas fuentes y, como el asunto tiene un fondo político innegable, cada versión puede haber añadido o recortado algún detalle de factura propia. El caso es que ambas mujeres formaban parte de una familia anarcosindicalista en plena dictadura y ello conllevó, para bien o para mal, el origen de esta leyenda que, si bien ya era pública y perenne, quedará per saecula saeculorum en este humilde Rincón.

Maruxa y Coralia Fandiño Ricart fueron dos hermanas, en concreto la cuarta y la duodécima respectivamente, en una familia de trece hijos. La primera de ellas nació en 1898 y falleció en 1980 y la segunda llegó al mundo en 1914 y murió en 1983.  Sus nombres íntegros y verdaderos fueron María y María Argentina Coralia. Hijas del zapatero Arturo Fandiño y de la costurera Consuelo Ricart, estas dos mujeres tuvieron una vida muy peculiar. Por entonces la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), entidad anarcosindicalista fundada en Barcelona en 1910, tenía delegación en Santiago de Compostela desde el año 1925 y varios de sus hermanos varones militaban en la misma, coincidiendo históricamente con la dictadura de Primo de Rivera, el conflicto bélico civil y el posterior régimen de Franco. Los activistas, posteriormente al fin de la guerra, fueron duramente represaliados, teniendo que esconderse o huir. Y ante la imposibilidad de someter a la justicia a aquellos miembros de la familia que habían militado en la CNT y que se encontraban en paradero desconocido, la policía se dedicó a acosar y a presionar al resto de los Fandiño en el propio hogar familiar donde residían en Santiago, lugar en el que hubieron permanecido durante el proceso represivo. Así empezó la pesadilla para nuestras protagonistas. La presión continua, política y social, ejercida constantemente y a cualquier hora del día sobre las hermanas para dar con ellos, pudo ser el desencadenante de secuelas traumáticas que hizo que Maruxa, Coralia y Sarita adquirieran costumbres atípicas. Se dice que ellas mismas se diseñaban la ropa, vestían de manera totalmente estrafalaria y excéntrica, se maquillaban de forma peculiar e, incluso fumaban y se atrevían a piropear a los jóvenes universitarios, cosa totalmente impensable culturalmente para las mujeres de la época.

Solían salir a pasear a diario en torno a las dos del mediodía por el centro de Santiago, lo que les originó el sobrenombre de "As dúas en punto" (las dos en punto), antes dicho. También eran llamadas "Las dos Marías", "Cara de Palo", "las locas" y "las solteronas". Se convirtieron en personajes populares por el horario de su paseo, amén de sus prendas de ropa. A la hora que salían a las calles céntricas era el momento en que más bullicio había por el trasiego de estudiantes, universitarios y trabajadores que se dirigían a sus hogares o mesones a comer. Era en esos ratos cuando ellas aprovechaban para mostrar sus coloridas vestimentas que contrastaban con la mayoría de prendas serias de entonces y para hacer sus flirteos con los varones. Siempre juntas y llamativas, las hermanas Maruxa y Coralia Fandiño Ricart, pues la mencionada Sarita falleció joven, no dejaban a su paso a nadie indiferente por sus atípicas conductas, recordemos el momento histórico en que vivieron. Diariamente eran tachadas y su difícil vida estuvo marcada por una persecución social tan asfixiante hasta su óbito que, años después, el Ayuntamiento compostelano, en 1994 como antes citaba, haciendo gala de educación y merecimiento, decidió honrarlas a título póstumo encargando su escultura y situando la misma en el céntrico Parque de la Alameda. Además, la Asociación del Ateneo de Santiago, ese mismo año, sabiendo que estaban enterradas separadas y las tumbas se iban degradando, realizó una colecta popular y se agruparon en una misma sepultura los restos mortales de las dos hermanas para que descansasen juntas, como era su deseo. El artista vasco, César Lombera, autor de la escultura, fue quien propuso personalmente al alcalde hacer una obra en su memoria y las representó tal y como se las veía por la calle, con los atuendos de colores, sus raros maquillajes y sus peculiares poses. Inclusive, años después de inaugurar la escultura, se le cambió el colorido a la misma ajustándolo más aún a la historia  y leyenda de sus protagonistas. Si tenéis oportunidad de verlas en Santiago, recordad que esta divertida imagen es el eterno recuerdo de dos mujeres que hicieron y hacen historia al ser más queridas ahora que en sus días de vida. Honor y honra a las dos Marías. Va por vosotras, Maruxa y Coralia.