jueves, 20 de abril de 2023

VOLVÍ A CASA. VOLVÍ A "STV".

En realidad el título que he regalado a estas líneas es engañoso. No volví porque jamás me fui. Santo Tomás de Villanueva, mi banda, será siempre mi banda porque, más allá de ser una formación musical, es una familia de amigos en la que algunos ya nos conocemos desde hace aproximadamente tres décadas. Hemos crecido juntos y nos hemos visto reír, llorar, casarnos, ser padres y transcurrir la vida entre unos y otros. Iniciamos la andadura juntos en la Banda de Cornetas y Tambores de la Santa Cena, después pasamos a ser la Banda de Cornetas y Tambores "Santo Tomás de Villanueva" y de ahí, unos cuantos, fundamos la Agrupación Musical, pionera en toda Castilla - La Mancha. En mi caso y tras varios años disfrutando de nuestra familia musical y la creación que habíamos logrado, tuve que abandonar las filas de la cornetería cuando empecé la vida laboral, pero siempre he permanecido junto a ellos. Y así seguiré. Me he seguido considerando un componente más y ellos me han seguido tratando como tal. En sus tres trabajos discográficos hay retazos míos en forma de letra o audio, no me he perdido ninguna actuación en los escenarios y siempre he hecho gala de las siglas STV allá por donde he ido, de cofrades maneras. Incluso desempolvé y limpié mi vieja corneta y volví a tocar con ellos una marcha, muchos años después, el día de la boda de uno de mis grandes amigos, fundador también de la Agrupación. Y este año que se cumplía el XX Aniversario de la andadura musical como Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva, lo menos que debía hacer era estar en sus filas de nuevo.

Lógicamente, sin tener embocadura ninguna y sin conocer las partituras de las marchas nuevas que engrosan el repertorio, no podía tocar instrumento alguno de viento metal y tampoco iba a ir infiltrado en las filas haciendo "playback cornetero". Quedaba únicamente la opción de salir de escolta en la fila de alabarderos que abren paso a la Agrupación Musical por las calles. Y allá que fui. Tenía que estar e iba a estar. Me prestaron un traje con todos los complementos necesarios para poder desempeñar la función: alabarda, sable, canana, capa y tricornio. Casi nada. Me agencié un par de guantes blancos y me invadió la misma felicidad que cuando con once años de edad me presenté por primera vez en un ensayo de la Banda de la Santa Cena diciendo que me quería apuntar. Faltaba sólo un detalle. Pero, ¡qué detalle! Cuadrar en mi apretadísima agenda cofrade de Semana Santa qué día podría salir con ellos. El Domingo de Ramos mi sitio está con la familia, con la explosión de júbilo del inicio de una semana que cuenta el tiempo al revés y en el zanco izquierdo delantero del paso del Rabí que viene cautivo y prendido desde el Barrio de los Ángeles por la tarde noche del Día de Palmas. El Lunes Santo la Agrupación toca fuera y yo, por motivos laborales, me quedo en Ciudad Real. El Miércoles Santo la banda marcha a las tierras califales de Córdoba a poner sus sones y yo estoy bajo el reino de las maderas que conforman el paso del Señor de la Bondad en su misterio de la Flagelación. De Jueves Santo a Domingo de Resurrección me hallo en Sevilla, donde la Virgen de la Esperanza, entre Rosario y Sentencia, bajó del cielo a Sevilla para hacerse Macarena. Quedaba sólo el único día de la Semana Grande no mentado: el Martes Santo.

¡Y qué preciosa casualidad! Ese día era 5 de Abril. ¿Y cuándo se presentó la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva al público? Un 5 de Abril también. Hacía justo veinte años ese día. El 5 de Abril de 2003 comenzaron a sonar las marchas interpretadas por nuestra banda y el 5 de Abril de 2023, Martes Santo, siguieron sonando (y que sigan y sigan y sigan). Más de una decena de fundadores volvimos a reunirnos en sus filas para celebrar tal efeméride y fue un día para el recuerdo. Un precioso Martes Santo acompañando al Cristo de Medinaceli desde su barrio, ida y vuelta, al corazón de esta Civita Regia que nos vio nacer. Mi lugar, sin duda privilegiado, me permitió ir disfrutando del andar del paso y escuchar todos y cada uno de los acordes interpretados a la perfección por mis compañeros. ¡Menuda forma de disfrutar! La sonrisa interior no me la quitaba nadie por metido que fuera en mi papel, portando la alabarda en el hombro diestro y agarrando el sable con la mano izquierda. Un sentimiento paternofilial enorme sobre el puñado de personas buenas que llevaba detrás y a las que quiero a rabiar. Una legión de tricornios armados con instrumentos de viento metal y percusión que si me preguntasen si me voy con ellos a la guerra, mi respuesta sería "¿a qué hora?"

En definitiva, fue, sin duda, mi momento de la pasada Semana Santa 2023. He tenido oportunidad de hablar de ello en el programa "Paso a paso" en la radio y de contarlo en tertulias y, la verdad, es que conforme iba ocurriendo, me iba aumentando la felicidad y sabía que le dedicaría unas líneas. Fue como volver de mayor al lugar de vacaciones donde te llevaban tus padres y del que nunca querías marchar y reencontrarte con la misma gente y las mismas sensaciones. Los veteranos recordamos antiguas vivencias, lo que nos costó ponernos por primera vez en la calle, contamos batallitas del pasado y reímos de nuevo juntos hablando de aquellos antiguos motes que aún perduran. Cuando hicimos la Agrupación éramos muy jóvenes, adolescentes prácticamente y, no se olvide, ya llevábamos años juntos. Imaginad ahora que han pasado dos décadas desde entonces y somos padres de familia, lo que podríamos escribir si nos diera por verter líneas de lo que es y significa para nosotros la "Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva". Es mucho más que un sentimiento o las tres sílabas que llevamos marcadas a fuego en nuestro corazón y alma. Es algo que, verdaderamente, sólo entiende quien lo ha vivido y cuando ve la formación en la calle se emociona y piensa "fui arena de su cemento, fui piedra de su basamento y soy campana su viento". Siempre será mi banda, siempre será mi casa. No he vuelto. Jamás me fui. Siempre, siempre, siempre: STV.

miércoles, 12 de abril de 2023

18 Y 19 DE MARZO DE 2017 Y DE 2023

No me cabe duda de que hay una mano que hila las casualidades hasta tal punto que dejan de serlo. Siempre lo he pensado y, por si acaso, cada equis tiempo obtengo de nuevo una señal de ello. Si lo enfoco bajo la fe, llego a una pluma que escribe renglones que sólo con el tiempo puedo leer derechos. Y si lo incardino bajo el destino, me convenzo más aún de que la fuerza del sino existe. Fuere como fuere, el resultado es el mismo. Podemos llamarlo "bendita casualidad" o "feliz coincidencia", pero la señal es inequívoca. Al menos mi lectura. Ya no sé si es que quiero yo leerlo así o es que realmente es así, pero siempre he defendido que una concatenación de casualidades deja de ser casual. Cuando se dan coincidencias que nos hacen sonreír y bonitos retazos de casualidad que nos alegran el alma, hay que aprovecharlos y exprimirlos, pues sea el destino, el karma o el ser transcendental, ocurren por algo y son regalos que la vida nos da. Vividlos por cuando nos toca perder, pues de todo ocurre. Hoy pienso en ello pues los días 18 y 19 de Marzo del año 2017 fueron muy especiales para mí y este año los mismos días han vuelto a serlo. Lo mismo es una tontería visto desde fuera, pero para mí es una marca en la memoria con algo más que una simple coincidencia de fechas. Algo inexplicable esconden las vivencias para quien las goza y ha sido como una preciosa mezcolanza de presente y pasado en la que mientras recibía un regalo recordaba el ocurrido en tal fecha hace ya seis años.

El caso es que aquel 18 de Marzo de 2017 quedará siempre anclado en mi interior por ser el día en que pregoné a mi cofradía. Y fue precioso. Enfrentar al atril y hablarle con el corazón al propio Santo Tomás  de la Bondad de Dios y del Consuelo de María resultó mágico. De mi interior brotaron los versos que lancé como caricias al aire en agradecimiento a que minutos antes, mi hija Claudia, con tan sólo un mes y cinco días de edad, en mis brazos y a través de mi garganta, juró las reglas de mi eterna Hermandad de la Flagelación de la que engrosó su nómina de hermanos nada más nacer. Aquel 18 de Marzo será inolvidable. La Bondad y el Consuelo habitaron en mí y en mi pequeña. No sé cómo expresar lo que fueron aquellas escasas dos horas de puro sentimiento pero me marcaron el alma para siempre. Y este año, pasado un lustro y otros trescientos sesenta y cinco días más desde aquella tarde de Cuaresma, se ha dado la casualidad. El Ayuntamiento de Ciudad Real junto con la Base Militar BHELA I de Almagro organizaron una Jura de Bandera para civiles en la que me inscribí felizmente. Siempre había querido tener oportunidad de hacerlo y fue precisamente el pasado 18 de Marzo de este año en curso 2023. Quizás sea, como decía al principio, tan sólo una feliz coincidencia, pero os prometo que dos cosas tan dispares y tan importantes para mí como lo son ser pregonero de mi hermandad y jurar bandera, acaecidas en un mismo día del calendario pero en distintos años, hacen que jamás olvide esa fecha.

Y si inolvidable fue aquella jornada en 2017, al día siguiente, el 19 de Marzo, Día del Padre, me aguardaba otra vez un día para guardarlo con amor en el baúl de la memoria. No iba a ser menos el 19 que su hermano el 18. Amanecía un Domingo radiante, con una inmensa resaca emocional de lo vivido el día anterior, cuando sin solución de continuidad me anudaba la corbata de nuevo y marchaba hacia la Parroquia del Barrio de los Ángeles. Mi niña Claudia iba a pasar a ser hermana de la Hermandad del Prendimiento y se le impondría la medalla. Un mes y seis días de vida tenía y yo no podía estar más feliz llevándola en brazos y mostrándola a esa cuadrilla de costaleros y amigos que tanto la han querido desde que estaba dentro del vientre de su madre. Su conexión con el Rabí siempre ha sido grande por muchos motivos que desconozco, pero de los que tengo conocimiento puedo decir que me inundan el alma de sonrisas. Mi primer Día del Padre como padre y mi hija en mi regazo. ¿Cómo no marcar con oro esa fecha en el calendario? Inolvidable. Y el azar jugó de nuevo. Este año llegó también el mismo día. 19 de Marzo de 2023. Tenía ensayo de costalero precisamente con el Prendimiento. Era Domingo por la mañana como lo fue en 2017 y mi hija me hizo el mayor regalo que podía hacerme. Quiso venir a verme y estar de mi mano bajo el paso. Siempre cercana a la cuadrilla, siempre protegida por el oficio costalero, siempre al lado del color azul emblema de la hermandad. Cuando apareció en el ensayo y se aferró a mi mano me brotaron dos lágrimas. Hacía seis años de un 19 de Marzo precioso y este otro 19 de Marzo también se estaba convirtiendo en inolvidable. ¡Qué bendita casualidad! Para mí que amo las cofradías y los sentimientos que regalan, estas caricias al alma son la vida misma.

Todo ese torrente de sensaciones descrito que es por y para mí, es mi propia historia. Y decidí plasmar tan bellas coincidencias en fechas en este periódico de internet como la Lela lo llamaba. Seguro que sonríe, allá donde esté, cuando la menciono y tecleo su nombre pues sabe de lo feliz que fui en los cuatro momentos narrados, cada uno por un motivo: el día que mi hija se hizo hermana de la Flagelación y fui pregonero de mi cofradía de siempre, el día que Claudia pasó a formar parte de la lista de hermanos de la Hermandad del Prendimiento, el día que tuve el honor y fortuna de ser uno de los jurandos inscritos en la Jura de Bandera de mi querida España que se orquestó y tuvo lugar en mi Ciudad Real natal y el día que mi pequeña vino a verme y ayudarme en el oficio costalero de llevar el zanco izquierdo en la cuadrilla del Rabí. Momentazos que para mí se queden y que hicieron que aferre a mi memoria con cariño las fechas de los días 18 y 19 de Marzo, en precioso recuerdo ya, tanto del año 2017 como de este 2023. Y, lo mejor, es que estoy seguro (y si dejo de estarlo ocurrirá algo para que vuelva a estarlo de nuevo) que habrá más "casualidades" que harán inolvidables ciertos retazos del transcurrir de nuestra vida. Insisto, disfrutadlas cuando ocurran. Son la más pura esencia y prueba de que la felicidad, bajo el prisma del tiempo, es pequeña y efímera, pero enorme en el recuerdo.