martes, 13 de junio de 2017

COMO LA VIDA MISMA


Señal en algún tramo del inicio del Camino Francés
Hoy me he levantado como muchas otras mañanas desde que lo conocí, pensando en él, deseándolo, añorándolo y mirándolo con la ternura de los ojos del recuerdo y el aliento de la esperanza de tenerlo de nuevo. Mi querido Camino de Santiago. Y ahora que se acerca el verano y ya se me antojan inminentes los días libres de un nuevo Agosto lo tengo muy presente y empiezo a acariciarlo sobre las guías y a soñar con sus etapas de las variantes que aún me quedan por recorrer. Este año me iré al Camino Portugués y desde Valença do Minho caminaré hasta la Plaza del Obradoiro donde concluye la calle más recorrida de Europa. Al caso que me enredo en mis entretelas sentimentales y no narro lo que vengo a narrar. Ya sabéis todos que he escrito varios relatos cortos con temática jacobea y los he ido compartiendo con vosotros. Con uno de ellos, "Niebla del Monte Irago" gané el concurso literario de Relatos del Buen Camino y lo compartí en el Rincón hace un tiempo. Buscadlo si tenéis tiempo, seguro que os saca una lágrima... Otro de los relatos fue "Un trocito de melón" y también lo traje al Rincón de mis Pasiones para que pudierais leerlo quienes quisierais. Y hoy que como antes os decía me he levantado con ese afán peregrino y con muchas ganas de hablar de mi amada Ruta Jacobea os traigo otro de los relatos que escribí con esa temática. 

Para los que conozcan el Camino Francés será un recorrido por el mismo desde Saint Jean Pied de Port hasta el propio Santiago de Compostela. Se titula "Como la vida misma" y hago una comparación de la propia vida de una persona con el transcurrir por el Camino. De hecho siempre he estado convencido de que el Camino es un fiel reflejo de la vida real, con sus subidas, sus bajadas, sus llaneos, gente que va, gente que viene, sorpresas, risas, llantos, etc. Y cuando lo recorro nuevamente más me convenzo de ello. En fin, os dejo con el relato y espero que lo disfrutéis al menos con el mismo cariño que cuando lo escribí. Todos somos queramos o no peregrinos de la vida. Y la vida, al fin y al cabo, es caminar...

Puente la Reina, donde se unen los Caminos a Compostela

COMO LA VIDA MISMA

Ahora que llego al ocaso de mi existencia acaricio las estrías de mi alma y miro para atrás entre recuerdos grabados a fuego en mi retina. He concluido el camino y mi piel antes nívea y lisa se me antoja ahora morena y arrugada. Parece ayer cuando el destino me diera a luz en Saint Jean Pied de Port. Los llantos de peregrino recién nacido expresaban los miedos que me embargaban al enfrentarme a este reto llamado vivir que se fue transformando en caminar. Parece ayer, decía, y me encuentro ya en el Obradoiro extendiendo mis brazos a Santiago para darnos el definitivo abrazo. Sé que allí por donde mis huellas continuaron horadando el firme que otros tantos ya hubieron pisado, seguirán crujiendo pasos. Porque la vida es caminar, caminar de principio a fin.

Comencé titubeante y gateando con destino a Roncesvalles. Mis piernas aún endebles no aguantaban bien el peso y el rumbo era un tanto caprichoso según se tambalease mi recién estrenado cuerpo. Eso hacía que me cayese varias veces al suelo, como toda persona. No sabía muy bien si iba por la Ruta de Valcarlos o por la de Napoleón, pero el instinto me llevaba de la mano y me hacía continuar. Como la vida misma. Y así llegué a la Colegiata con la alegría del bebé que descubre que el andar lo hace libre. Correteaba disfrutando el sentimiento de libertad y eché los dientes entre Zubiri, Pamplona y Puente la Reina. Recuerdo con afecto aquellas etapas. Eran tiempos preciosos de mi infancia como caminante. 

Cuando ya iba dominando el camino y teniendo conocimiento del mismo surgieron las primeras amistades. A algunos los conocí en la salida de Estella tomando un vino en Irache, a otros en Torres del Río y a otros tantos entrando en Logroño. Como buenos compañeros de colegio hicimos varias etapas juntos y ninguno intuíamos que no todos terminaríamos el camino, de hecho algunos se fueron dispersando antes siquiera de llegar a Burgos. Pensábamos que seríamos amigos para siempre y de aquellas jornadas quedaron los que la vida dice que se pueden contar con los dedos de una mano. Con ellos seguí mi periplo y pasamos preciosos momentos por Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Belorado. Pura adolescencia caminera.
Caminando y creciendo llegué a Castilla en el auge de mi juventud. Derrochaba fuerza y coraje. Recuerdo salir de Agés y no tener mella alguna de cansancio tras haber subido los Montes de Oca. Un breve suspiro en San Juan de Ortega fue todo lo necesario para coger resuello. La vitalidad brotaba por todos los poros de mi piel. Contemplaba el camino por Castilla y me daban ganas de galoparlo a pleno pulmón. Caminaba por aquellos tiempos en los que el joven quiere ser viejo y el viejo añora sus tiempos de joven. Burgos, Hornillos del Camino, Castrojeriz y Frómista fueron testigos de aquellos pasos rápidos y livianos que coparon mi tránsito por el páramo. Caminando entre Carrión de los Condes y Terradillos de los Templarios me salió la primera ampolla de la vida. Esa a la que no le das importancia pero te hace empezar a recapacitar en rectas eternas como la de aquel día en que no llegaba nunca a Calzadilla de la Cueza.

¡Qué tiempos aquellos en los que parecía no pasar el tiempo! Pero el tiempo pasa y amanecía una nueva jornada en el albergue de Bercianos del Real Camino. Allí continué mi caminar por la vida. Al sellar la credencial en Sahagún fui consciente de que ya había transcurrido la mitad de mi aventura. Me ajusté la mochila y caminé hacia Mansilla de las Mulas reparando en lo lejos que quedaban ya aquellos primeros gateos cerca de la Virgen de Biakorri. Paso a paso llegué hasta el corazón de León y ya caminaba de otra manera tanto física como mentalmente. Muchos peregrinos se habían ido quedando atrás. La planicie de Castilla me enseñó que no por ser el camino liso era fácil de recorrer. Derramé muchas lágrimas por la marcha repentina de peregrinos muy allegados, pero el camino seguía y yo con él. Otros peregrinos fueron llegando. Como la vida misma, os digo. 

Me despedí de la Pulchra Leonina dirección a San Martín del Camino y buscando ya Astorga en el horizonte. Qué etapas más duras aquellas entre la Maragatería y el Bierzo. Ya no subía las cuestas hacia Rabanal, Foncebadón y la Cruz de Ferro con la agilidad que ascendí hacia el Alto del Perdón durante mi infancia. Y el descenso hasta Molinaseca se me hizo muy duro. Ponferrada fue punto de inflexión. Ya había caminado mucho y creo que allí comenzó el principio del fin. La mochila me pesaba como nunca pues estaba repleta de experiencias y sabiduría. Y con ella como fiel compañera pasé por Villafranca del Bierzo y encaré la última etapa dura que me quedaba por sortear sin yo saberlo: la subida al Cebreiro. Lo logré y coroné el llamado antaño Monte de la Malafaba. Desde su cumbre casi podía adivinar mi destino. Mis piernas que se mostraban curtidas y torneadas por el camino avanzaron sin detención por Triacastela y Samos hasta detenerse ya prácticamente agotadas en Sarria.
Con todos los kilómetros que llevaba acumulados, los últimos cien eran un mero trámite. Me había convertido en verdadero peregrino y había subido, bajado y llaneado según me iba deparando el destino del camino que yo iba descubriendo día a día. Como la vida misma. Portomarín, Palas de Rei, Arzúa y Pedrouzo fueron mis últimas etapas antes de llegar al Obradoiro de mi existencia terrenal y detenerme por última vez. Las piernas temblorosas apenas se sustentaban en mis desgastadas botas que habían dado sus últimos pasos. 

Toda una vida. Todo un camino. Miré la Catedral y supe que el Camino no termina en Santiago sino que allí empieza. Ha terminado solamente una etapa más. Extendí mis brazos hacia el Santo y nos fundimos en un sentido y definitivo abrazo. Termina una vida. Empieza un Camino.

FIN

Bien, pues ese es el pequeño relato que hoy me he animado a compartir con vosotros. La verdad es que lo releo y me quedo melancólico. Me viene a la mente Antxon, el Gran Caminante. Y seguro estoy que sigue caminando por ahí. La vida no puede ser tan simple y sus padres se reencontrarán con él y charlarán tranquilamente bajo la sombra del árbol de Paula. Hay que seguir caminando por la vida. El Camino es así... Como la vida misma. Desde estas líneas os deseo a todos Buen Camino. ¡Hasta otra! Ultreia et Suseia.
D.A.Y.S.I.

miércoles, 7 de junio de 2017

DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA

Pues sí, pues sí. Hoy lo haré. No escribo nunca en redes sociales cuestiones referentes al fútbol para denostar a equipos rivales, sólo para alabar al propio. Y no comulgo con la gente que es más anti que pro. Pero ante la avalancha durante los últimos meses de pseudoaficionados del Atlético de Madrid y del F.C. Barcelona copando el ciberespacio sideral propio, ajeno y pajamental en el que viven y, por suerte o desgracia, nos hacen vivir a otros, con sus mensajes de antimadridismo cargados simplemente de envidia y odio por no tener otros argumentos, me veo en la obligación de hacer leña del árbol caído. Siempre me he vanagloriado de no expresar mi alegría en las derrotas de los rivales y ahí está la historia de mi vida avalada por quien me conoce y mis comentarios en las redes habituales que diariamente utilizo. Veréis un ¡Hala Madrid! pero jamás un ¡Puta Barça! o ¡Puto Atleti! Y, sin embargo, yo esas últimas dos exclamaciones las veo prácticamente de seguido y referidas al club de Chamartín por ciertos sectores de chusma forofa que se hacen llamar "seguidores" del tal o cual club. Y ya se cansa uno de oír borricos rebuznar. Así es que si eres de los lectores que se van a dar por aludido deja de leer porque vienen las tintas cargadas. Si eres un señor aficionado continúa leyendo porque verás que tú te escapas de ser de la escoria de afición que mancha vuestro nombre (y en mi club también la hay).
Y sí. Contra aquellos cafres que hacen indebido uso del #NoLoPuedenEntender (ni falta que nos hace, payasos) habrá que dar un poco de cera que les ponga los pies en el suelo. Con vuestro anormal comportamiento tiráis por tierra el buen hacer del resto de personas que comparten vuestra afición. Me paso por el forro de los güitos vuestras milongas diciendo que preferís perder contra el eterno rival y seguir animando a vuestros jugadores. Los jugadores se deben a vosotros y no vosotros a ellos. Deben dar todo de sí como profesionales y asalariados para defender sus colores, por eso en el Bernabéu en cuanto alguno no lo hace es pitado como lo fue Ronaldo Nazario, Zidane y Cristiano. Y eso sí que no lo entendéis y seguís idolatrando a vuestros jugadores que se ven una y otra vez derrotados en eliminatorias mientras os bailan el agua con un supuesto amor al club, véase Griezzman, por ejemplo. #NoLoPuedenEntender dicen. Me meo. Jajajaja. Los que no podéis entender que se siente ganando una Copa de Europa sois vosotros, patéticos, porque no habéis ganados ni una y nosotros doce. Los que no podéis entender que se siente eliminando cuatro veces seguidas al rival de la ciudad en la máxima competición continental sois vosotros, patéticos, porque nosotros os hemos echado en las últimas cuatro ediciones consecutivamente. Los que no podéis entender que se siente levantando la Champions dos veces frente al vecino en la final sois vosotros, patéticos, porque nosotros lo hicimos en vuestra cara en Lisboa y Milán. Y los que no podéis entender que se siente al ser Madridista sois vosotros, patéticos, porque nosotros sí lo entendemos y no nos metemos en lo que vosotros sentís o dejáis de sentir. Dedicaos a lo vuestro y os irá mejor. Haceros pro y no anti, pero claro, la envidia os ciega y el odio os invade. Es duro. Lo sé. Si fuera al revés también lo sería para nosotros. Por eso mismo y cansado de ver que sois incapaces de hablar de vuestro equipo sin mentar al nuestro, hoy me cachondeo de vosotros totalmente y me descojono recordando que con todo lo que lleváis encima seguís preguntando (algunos incluso afirmando falazmente y creyéndolo ellos solos) quién es el equipo que manda en la capital. Treinta y tres ligas y doce Copas de Europa son la respuesta. Honrada la Juventus que perdió en la final. Gloria a su afición que animaba a su equipo. ¿Pero los rojiblancos que animaban a la Juve? Patéticos de nuevo. "Bro, hazlo tú que yo no puedo". Como yo no les puedo, animo a otro que lo haga. Jajajajaja. Eso tiene un nombre: Inferioridad. Y mientras tanto el Madrid a lo suyo. Os elimina y no os menciona. Y ahí está el resultado final: una nueva champions en la vitrina.
Y también los aférrimos del club politizado que defiende un referéndum anticonstitucional y mantienen que no mezclan deporte con política mientras usan el Barça como plataforma ilegal secundada por sus chanergos aficionados. También. De esos hay otros pocos. Desde que cayeron eliminados precisamente contra un equipo que llegó a la final se dedicaron a despotricar contra el rival. ¿Has caído? Levántate y vuelve a intentarlo. Pero no. Es más fácil patalear e intentar que el enemigo no logre el triunfo a tener los santos huevos de intentar lograrlo tú. Así funcionan muchas mentes blaugranas. Critico duramente a los que se dedican a fomentar el sentimiento anti. No sois culés. Sois únicamente antimadridistas. Tener la valentía de ir de frente, cobardes. El "hachedelagranpé" de Piqué al menos lo hace. Pero claro, el pobre mío... Cuando nació en 1987 su amado Barça tenía cero Copas de Europa. El Madrid ya tenía seis. Y ahora en los últimos años en los que dice que el club que aspira a presidir ha ganado aplastantemente al Real Madrid en dichos títulos, resulta que su amado Barça ya tiene cinco Copas de Europa pero el Real Madrid tiene doce. ¡Vaya, Gerardo! Doce. Cuando naciste teníamos seis más. Ahora tenemos siete más. ¡Qué cosas! Pero es más fácil hablar de Cristiano, de Ramos y de Benzemá que reconocer la verdad.

Buscad en el blog mis entradas de fútbol. Buscadlas y leedlas los del #NoLoPuedenEntender y los fanáticos y culés-antimadridistas cegados de envidia. Veréis como cuando hablo del Madrid me dedico a eso: hablar del Madrid. Y no menciono a vuestros equipos. Y la gran mayoría del madridismo es así. Sin embargo, vosotros, ignorantes, los que no sois aficionados normales sino que sois escoria futbolera y presumís del falso "seny, valors y humildat", cuando habláis de vuestros clubes os limitáis a decir "Es que el Madrid...", ¿es que el Madrid qué? Bastardos. ¿Qué pinta el Madrid en vuestra eliminatoria contra el París Saint Germain? ¿Qué pinta el Madrid en las pancartas de vuestra afición? Incluso cuando ganáis algún título lo primero que hacéis en mentar al Real Madrid. Y si lo perdéis más. Y con saña. Y nos hartamos. Evidentemente. Nos hartamos. En el Real Madrid impera el señorío. Y el señorío no es aguantar vuestros cachondeos y callarnos porque si respondemos faltamos a él. El señorío es ser pro y no ser anti. Y eso en el Madrid abunda. Y no tenemos porque tolerar vuestros cánticos de "Hijos de Puta" y demás lindeces simplemente porque vuestras vitrinas están cargadas no de títulos sino de los dos sentimientos que ya os he mencionado varias veces: envidia y odio. Pues ahora os jodéis. Ahora vuestros deseos se convierten en nuestras carcajadas y las expresamos maliciosamente igual que vosotros lo hacéis con vuestra inquina. El yunque se convierte en martillo y golpea. Y con los antecedentes habidos que golpee sin piedad. Contra vosotros. Contra la chusma que me ha llevado a escribir estas líneas. Quien las lea se verá identificado o no. Él sabrá... Y ahora podéis seguir animando al Celta a que nos gane el partido aplazado y perdamos la liga. Ahora podéis seguir animando a la Juventus de Turín para que nos derrote en la final de Champions. Ahora podéis seguir siendo patéticos y ridículos. Incluso podéis seguir animando a vuestro equipo y a vuestros jugadores sin mencionar al resto, pero dudo que sepáis porque sois gentuza que no sabe de deporte sino de fanatismo.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos haciendo historia. Vosotros la contaréis a vuestra manera. Pero la realidad es la que es: 
DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA...


...Y TREINTA Y TRES VECES CAMPEÓN DE LIGA. 

¡¡¡HALA MADRID!!!