martes, 13 de junio de 2017

COMO LA VIDA MISMA


Señal en algún tramo del inicio del Camino Francés
Hoy me he levantado como muchas otras mañanas desde que lo conocí, pensando en él, deseándolo, añorándolo y mirándolo con la ternura de los ojos del recuerdo y el aliento de la esperanza de tenerlo de nuevo. Mi querido Camino de Santiago. Y ahora que se acerca el verano y ya se me antojan inminentes los días libres de un nuevo Agosto lo tengo muy presente y empiezo a acariciarlo sobre las guías y a soñar con sus etapas de las variantes que aún me quedan por recorrer. Este año me iré al Camino Portugués y desde Valença do Minho caminaré hasta la Plaza del Obradoiro donde concluye la calle más recorrida de Europa. Al caso que me enredo en mis entretelas sentimentales y no narro lo que vengo a narrar. Ya sabéis todos que he escrito varios relatos cortos con temática jacobea y los he ido compartiendo con vosotros. Con uno de ellos, "Niebla del Monte Irago" gané el concurso literario de Relatos del Buen Camino y lo compartí en el Rincón hace un tiempo. Buscadlo si tenéis tiempo, seguro que os saca una lágrima... Otro de los relatos fue "Un trocito de melón" y también lo traje al Rincón de mis Pasiones para que pudierais leerlo quienes quisierais. Y hoy que como antes os decía me he levantado con ese afán peregrino y con muchas ganas de hablar de mi amada Ruta Jacobea os traigo otro de los relatos que escribí con esa temática. 

Para los que conozcan el Camino Francés será un recorrido por el mismo desde Saint Jean Pied de Port hasta el propio Santiago de Compostela. Se titula "Como la vida misma" y hago una comparación de la propia vida de una persona con el transcurrir por el Camino. De hecho siempre he estado convencido de que el Camino es un fiel reflejo de la vida real, con sus subidas, sus bajadas, sus llaneos, gente que va, gente que viene, sorpresas, risas, llantos, etc. Y cuando lo recorro nuevamente más me convenzo de ello. En fin, os dejo con el relato y espero que lo disfrutéis al menos con el mismo cariño que cuando lo escribí. Todos somos queramos o no peregrinos de la vida. Y la vida, al fin y al cabo, es caminar...

Puente la Reina, donde se unen los Caminos a Compostela

COMO LA VIDA MISMA

Ahora que llego al ocaso de mi existencia acaricio las estrías de mi alma y miro para atrás entre recuerdos grabados a fuego en mi retina. He concluido el camino y mi piel antes nívea y lisa se me antoja ahora morena y arrugada. Parece ayer cuando el destino me diera a luz en Saint Jean Pied de Port. Los llantos de peregrino recién nacido expresaban los miedos que me embargaban al enfrentarme a este reto llamado vivir que se fue transformando en caminar. Parece ayer, decía, y me encuentro ya en el Obradoiro extendiendo mis brazos a Santiago para darnos el definitivo abrazo. Sé que allí por donde mis huellas continuaron horadando el firme que otros tantos ya hubieron pisado, seguirán crujiendo pasos. Porque la vida es caminar, caminar de principio a fin.

Comencé titubeante y gateando con destino a Roncesvalles. Mis piernas aún endebles no aguantaban bien el peso y el rumbo era un tanto caprichoso según se tambalease mi recién estrenado cuerpo. Eso hacía que me cayese varias veces al suelo, como toda persona. No sabía muy bien si iba por la Ruta de Valcarlos o por la de Napoleón, pero el instinto me llevaba de la mano y me hacía continuar. Como la vida misma. Y así llegué a la Colegiata con la alegría del bebé que descubre que el andar lo hace libre. Correteaba disfrutando el sentimiento de libertad y eché los dientes entre Zubiri, Pamplona y Puente la Reina. Recuerdo con afecto aquellas etapas. Eran tiempos preciosos de mi infancia como caminante. 

Cuando ya iba dominando el camino y teniendo conocimiento del mismo surgieron las primeras amistades. A algunos los conocí en la salida de Estella tomando un vino en Irache, a otros en Torres del Río y a otros tantos entrando en Logroño. Como buenos compañeros de colegio hicimos varias etapas juntos y ninguno intuíamos que no todos terminaríamos el camino, de hecho algunos se fueron dispersando antes siquiera de llegar a Burgos. Pensábamos que seríamos amigos para siempre y de aquellas jornadas quedaron los que la vida dice que se pueden contar con los dedos de una mano. Con ellos seguí mi periplo y pasamos preciosos momentos por Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Belorado. Pura adolescencia caminera.
Caminando y creciendo llegué a Castilla en el auge de mi juventud. Derrochaba fuerza y coraje. Recuerdo salir de Agés y no tener mella alguna de cansancio tras haber subido los Montes de Oca. Un breve suspiro en San Juan de Ortega fue todo lo necesario para coger resuello. La vitalidad brotaba por todos los poros de mi piel. Contemplaba el camino por Castilla y me daban ganas de galoparlo a pleno pulmón. Caminaba por aquellos tiempos en los que el joven quiere ser viejo y el viejo añora sus tiempos de joven. Burgos, Hornillos del Camino, Castrojeriz y Frómista fueron testigos de aquellos pasos rápidos y livianos que coparon mi tránsito por el páramo. Caminando entre Carrión de los Condes y Terradillos de los Templarios me salió la primera ampolla de la vida. Esa a la que no le das importancia pero te hace empezar a recapacitar en rectas eternas como la de aquel día en que no llegaba nunca a Calzadilla de la Cueza.

¡Qué tiempos aquellos en los que parecía no pasar el tiempo! Pero el tiempo pasa y amanecía una nueva jornada en el albergue de Bercianos del Real Camino. Allí continué mi caminar por la vida. Al sellar la credencial en Sahagún fui consciente de que ya había transcurrido la mitad de mi aventura. Me ajusté la mochila y caminé hacia Mansilla de las Mulas reparando en lo lejos que quedaban ya aquellos primeros gateos cerca de la Virgen de Biakorri. Paso a paso llegué hasta el corazón de León y ya caminaba de otra manera tanto física como mentalmente. Muchos peregrinos se habían ido quedando atrás. La planicie de Castilla me enseñó que no por ser el camino liso era fácil de recorrer. Derramé muchas lágrimas por la marcha repentina de peregrinos muy allegados, pero el camino seguía y yo con él. Otros peregrinos fueron llegando. Como la vida misma, os digo. 

Me despedí de la Pulchra Leonina dirección a San Martín del Camino y buscando ya Astorga en el horizonte. Qué etapas más duras aquellas entre la Maragatería y el Bierzo. Ya no subía las cuestas hacia Rabanal, Foncebadón y la Cruz de Ferro con la agilidad que ascendí hacia el Alto del Perdón durante mi infancia. Y el descenso hasta Molinaseca se me hizo muy duro. Ponferrada fue punto de inflexión. Ya había caminado mucho y creo que allí comenzó el principio del fin. La mochila me pesaba como nunca pues estaba repleta de experiencias y sabiduría. Y con ella como fiel compañera pasé por Villafranca del Bierzo y encaré la última etapa dura que me quedaba por sortear sin yo saberlo: la subida al Cebreiro. Lo logré y coroné el llamado antaño Monte de la Malafaba. Desde su cumbre casi podía adivinar mi destino. Mis piernas que se mostraban curtidas y torneadas por el camino avanzaron sin detención por Triacastela y Samos hasta detenerse ya prácticamente agotadas en Sarria.
Con todos los kilómetros que llevaba acumulados, los últimos cien eran un mero trámite. Me había convertido en verdadero peregrino y había subido, bajado y llaneado según me iba deparando el destino del camino que yo iba descubriendo día a día. Como la vida misma. Portomarín, Palas de Rei, Arzúa y Pedrouzo fueron mis últimas etapas antes de llegar al Obradoiro de mi existencia terrenal y detenerme por última vez. Las piernas temblorosas apenas se sustentaban en mis desgastadas botas que habían dado sus últimos pasos. 

Toda una vida. Todo un camino. Miré la Catedral y supe que el Camino no termina en Santiago sino que allí empieza. Ha terminado solamente una etapa más. Extendí mis brazos hacia el Santo y nos fundimos en un sentido y definitivo abrazo. Termina una vida. Empieza un Camino.

FIN

Bien, pues ese es el pequeño relato que hoy me he animado a compartir con vosotros. La verdad es que lo releo y me quedo melancólico. Me viene a la mente Antxon, el Gran Caminante. Y seguro estoy que sigue caminando por ahí. La vida no puede ser tan simple y sus padres se reencontrarán con él y charlarán tranquilamente bajo la sombra del árbol de Paula. Hay que seguir caminando por la vida. El Camino es así... Como la vida misma. Desde estas líneas os deseo a todos Buen Camino. ¡Hasta otra! Ultreia et Suseia.
D.A.Y.S.I.

miércoles, 7 de junio de 2017

DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA

Pues sí, pues sí. Hoy lo haré. No escribo nunca en redes sociales cuestiones referentes al fútbol para denostar a equipos rivales, sólo para alabar al propio. Y no comulgo con la gente que es más anti que pro. Pero ante la avalancha durante los últimos meses de pseudoaficionados del Atlético de Madrid y del F.C. Barcelona copando el ciberespacio sideral propio, ajeno y pajamental en el que viven y, por suerte o desgracia, nos hacen vivir a otros, con sus mensajes de antimadridismo cargados simplemente de envidia y odio por no tener otros argumentos, me veo en la obligación de hacer leña del árbol caído. Siempre me he vanagloriado de no expresar mi alegría en las derrotas de los rivales y ahí está la historia de mi vida avalada por quien me conoce y mis comentarios en las redes habituales que diariamente utilizo. Veréis un ¡Hala Madrid! pero jamás un ¡Puta Barça! o ¡Puto Atleti! Y, sin embargo, yo esas últimas dos exclamaciones las veo prácticamente de seguido y referidas al club de Chamartín por ciertos sectores de chusma forofa que se hacen llamar "seguidores" del tal o cual club. Y ya se cansa uno de oír borricos rebuznar. Así es que si eres de los lectores que se van a dar por aludido deja de leer porque vienen las tintas cargadas. Si eres un señor aficionado continúa leyendo porque verás que tú te escapas de ser de la escoria de afición que mancha vuestro nombre (y en mi club también la hay).
Y sí. Contra aquellos cafres que hacen indebido uso del #NoLoPuedenEntender (ni falta que nos hace, payasos) habrá que dar un poco de cera que les ponga los pies en el suelo. Con vuestro anormal comportamiento tiráis por tierra el buen hacer del resto de personas que comparten vuestra afición. Me paso por el forro de los güitos vuestras milongas diciendo que preferís perder contra el eterno rival y seguir animando a vuestros jugadores. Los jugadores se deben a vosotros y no vosotros a ellos. Deben dar todo de sí como profesionales y asalariados para defender sus colores, por eso en el Bernabéu en cuanto alguno no lo hace es pitado como lo fue Ronaldo Nazario, Zidane y Cristiano. Y eso sí que no lo entendéis y seguís idolatrando a vuestros jugadores que se ven una y otra vez derrotados en eliminatorias mientras os bailan el agua con un supuesto amor al club, véase Griezzman, por ejemplo. #NoLoPuedenEntender dicen. Me meo. Jajajaja. Los que no podéis entender que se siente ganando una Copa de Europa sois vosotros, patéticos, porque no habéis ganados ni una y nosotros doce. Los que no podéis entender que se siente eliminando cuatro veces seguidas al rival de la ciudad en la máxima competición continental sois vosotros, patéticos, porque nosotros os hemos echado en las últimas cuatro ediciones consecutivamente. Los que no podéis entender que se siente levantando la Champions dos veces frente al vecino en la final sois vosotros, patéticos, porque nosotros lo hicimos en vuestra cara en Lisboa y Milán. Y los que no podéis entender que se siente al ser Madridista sois vosotros, patéticos, porque nosotros sí lo entendemos y no nos metemos en lo que vosotros sentís o dejáis de sentir. Dedicaos a lo vuestro y os irá mejor. Haceros pro y no anti, pero claro, la envidia os ciega y el odio os invade. Es duro. Lo sé. Si fuera al revés también lo sería para nosotros. Por eso mismo y cansado de ver que sois incapaces de hablar de vuestro equipo sin mentar al nuestro, hoy me cachondeo de vosotros totalmente y me descojono recordando que con todo lo que lleváis encima seguís preguntando (algunos incluso afirmando falazmente y creyéndolo ellos solos) quién es el equipo que manda en la capital. Treinta y tres ligas y doce Copas de Europa son la respuesta. Honrada la Juventus que perdió en la final. Gloria a su afición que animaba a su equipo. ¿Pero los rojiblancos que animaban a la Juve? Patéticos de nuevo. "Bro, hazlo tú que yo no puedo". Como yo no les puedo, animo a otro que lo haga. Jajajajaja. Eso tiene un nombre: Inferioridad. Y mientras tanto el Madrid a lo suyo. Os elimina y no os menciona. Y ahí está el resultado final: una nueva champions en la vitrina.
Y también los aférrimos del club politizado que defiende un referéndum anticonstitucional y mantienen que no mezclan deporte con política mientras usan el Barça como plataforma ilegal secundada por sus chanergos aficionados. También. De esos hay otros pocos. Desde que cayeron eliminados precisamente contra un equipo que llegó a la final se dedicaron a despotricar contra el rival. ¿Has caído? Levántate y vuelve a intentarlo. Pero no. Es más fácil patalear e intentar que el enemigo no logre el triunfo a tener los santos huevos de intentar lograrlo tú. Así funcionan muchas mentes blaugranas. Critico duramente a los que se dedican a fomentar el sentimiento anti. No sois culés. Sois únicamente antimadridistas. Tener la valentía de ir de frente, cobardes. El "hachedelagranpé" de Piqué al menos lo hace. Pero claro, el pobre mío... Cuando nació en 1987 su amado Barça tenía cero Copas de Europa. El Madrid ya tenía seis. Y ahora en los últimos años en los que dice que el club que aspira a presidir ha ganado aplastantemente al Real Madrid en dichos títulos, resulta que su amado Barça ya tiene cinco Copas de Europa pero el Real Madrid tiene doce. ¡Vaya, Gerardo! Doce. Cuando naciste teníamos seis más. Ahora tenemos siete más. ¡Qué cosas! Pero es más fácil hablar de Cristiano, de Ramos y de Benzemá que reconocer la verdad.

Buscad en el blog mis entradas de fútbol. Buscadlas y leedlas los del #NoLoPuedenEntender y los fanáticos y culés-antimadridistas cegados de envidia. Veréis como cuando hablo del Madrid me dedico a eso: hablar del Madrid. Y no menciono a vuestros equipos. Y la gran mayoría del madridismo es así. Sin embargo, vosotros, ignorantes, los que no sois aficionados normales sino que sois escoria futbolera y presumís del falso "seny, valors y humildat", cuando habláis de vuestros clubes os limitáis a decir "Es que el Madrid...", ¿es que el Madrid qué? Bastardos. ¿Qué pinta el Madrid en vuestra eliminatoria contra el París Saint Germain? ¿Qué pinta el Madrid en las pancartas de vuestra afición? Incluso cuando ganáis algún título lo primero que hacéis en mentar al Real Madrid. Y si lo perdéis más. Y con saña. Y nos hartamos. Evidentemente. Nos hartamos. En el Real Madrid impera el señorío. Y el señorío no es aguantar vuestros cachondeos y callarnos porque si respondemos faltamos a él. El señorío es ser pro y no ser anti. Y eso en el Madrid abunda. Y no tenemos porque tolerar vuestros cánticos de "Hijos de Puta" y demás lindeces simplemente porque vuestras vitrinas están cargadas no de títulos sino de los dos sentimientos que ya os he mencionado varias veces: envidia y odio. Pues ahora os jodéis. Ahora vuestros deseos se convierten en nuestras carcajadas y las expresamos maliciosamente igual que vosotros lo hacéis con vuestra inquina. El yunque se convierte en martillo y golpea. Y con los antecedentes habidos que golpee sin piedad. Contra vosotros. Contra la chusma que me ha llevado a escribir estas líneas. Quien las lea se verá identificado o no. Él sabrá... Y ahora podéis seguir animando al Celta a que nos gane el partido aplazado y perdamos la liga. Ahora podéis seguir animando a la Juventus de Turín para que nos derrote en la final de Champions. Ahora podéis seguir siendo patéticos y ridículos. Incluso podéis seguir animando a vuestro equipo y a vuestros jugadores sin mencionar al resto, pero dudo que sepáis porque sois gentuza que no sabe de deporte sino de fanatismo.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos haciendo historia. Vosotros la contaréis a vuestra manera. Pero la realidad es la que es: 
DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA...


...Y TREINTA Y TRES VECES CAMPEÓN DE LIGA. 

¡¡¡HALA MADRID!!!

martes, 30 de mayo de 2017

LEYENDA DE LAS LÁGRIMAS DE SAN PEDRO

Ahora que es inminente la llegada del verano y que se avecinan de nuevo las tradiciones de cada uno para dar su pistoletazo de salida al estío, he recordado una leyenda que quería contaros en este pequeño Rincón. Más que una leyenda es la explicación de una costumbre sevillana llamada "Las Lágrimas de San Pedro" que no es muy conocida salvo por aquellos estudiosos de las tradiciones y festividades. Y quiero contarla ahora porque en pleno verano, desde el día de San Juan en adelante, hay muchas historias y costumbres de este tipo repartidas por toda la geografía española como el Salto de las Hogueras, Carrera sobre Brasas, la Noche de Beltane, las Lágrimas de San Lorenzo o las Lluvias de Estrellas. Muchas de estas costumbres suelen aparecer en los medios de comunicación cuando tienen lugar pero otras pasan totalmente desapercibidas. En mi querida ciudad de Sevilla, la noche de San Pedro, del 28 al 29 de Junio, era muy celebrada y se solían hacer repiques de campanas y luminarias, datándose esta tradición desde el siglo XV. Y con este motivo y unos datos históricos nació la leyenda de unos sones de clarines que hoy vengo a relataros...


Cuentan que en el año 1403 cuando el infante Don Fernando volvía de conquistar Antequera la ciudad lo recibió con gran regocijo y doblaron las campanas y hubo también luminarias, igual que se hacía antaño en la noche de San Pedro. Aquel hecho fue acogido con gran entusiasmo y perduró el recuerdo de aquella noche durante muchos años. Ello  dio pie a que el canónigo Rivera, en el año 1551, decidiera rescatar de nuevo y querer afianzar aquella conmemoración para que año tras año se recordase en la tarde-noche del 28 de Junio aquella llegada triunfal de Don Fernando. De este modo el canónigo ordenó que su partida de dinero se destinase a comprar fuegos de artificio para festejar de nuevo aquel retazo histórico y así se hizo hasta el año 1629 en que el Cabildo Catedralicio dispuso que sólo podrían lanzarse fuegos artificiales en la noche de San Pedro (día 29 de Junio). Se cumplió lo dispuesto hasta el año 1839 en que se interrumpió la tradición ignorándose el motivo hasta 1865. En dicho año de nuevo volvió ya continuadamente hasta 1961 que volvió a caer en el olvido, resurgirendo de nuevo en 1986 y progresivamente afianzándose hasta el día de hoy, sobre todo gracias al Canónigo de Sevilla, Reverendo Padre Don Federico María Pérez Estudillo y a Don Eusebio Álvarez Ossorio, director por entonces de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol, quienes hicieron realidad la idea de recuperar aquella arraigada costumbre histórica que impulsaron hasta su consecución el hostelero Don Rogelio Gómez y el periodista del ABC Don Antonio Burgos, verdaderos responsables de rescatar tan íntima tradición sevillana.


Como tal, las "Lágrimas de San Pedro" son una tradición que se remonta como antes decía al siglo XV consistente en repiques de campanas y luminarias. Su nombre proviene del propio Apóstol San Pedro, primer Papa de la Iglesia, que negó tres veces a Jesús en el atrio de la casa de Caifás en Jerusalén, cumpliéndose la escritura que rezaba "Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Por eso la tradición de las Lágrimas se celebra el día de San Pedro (29 de Junio) al alba. A día de hoy consiste en unos toques de clarines con sonidos lastimeros que evocan aquellas amargas lágrimas de San Pedro tras negar a su Maestro y se interpretan tres veces, una por cada negación, desde el cuerpo de campanas de la Giralda: el día 28 a las 00;00 horas de la medianoche entrando ya en el día de San Pedro y el propio día 29 a las 09:30 horas de la mañana y a las 12:00 horas del mediodía. Los sones que interpretan miembros de la Banda del Sol simbolizan las lágrimas del Apóstol y también se repiten tres veces en cada cara de la torre en recuerdo de las tres negaciones de San Pedro. Comienzan los sones en dirección a los Reales Alcazares, después dirección hacia el Aljarafe, en penúltimo lugar hacia la Plaza de San Francisco y finalmente hacia la Plaza de la Virgen de los Reyes. Entre tanto se interpretan los toques, alabarderos de la Banda hacen guardia en la Puerta de Palos de la Catedral y, una vez que terminan de sonar "Las Lágrimas de San Pedro", se reúnen con toda la banda a los pies de la Giralda y van juntos hasta la Capilla Real y rinden honores a los pies de la Virgen de los Reyes cuya imagen, precisamente, fue regalada a Sevilla por el Rey Don Fernando, íntimamente ligado a la historia de esta leyenda.


Es muy normal entre los cofrades "banderos" el silbar la melodía de las Lágrimas de San Pedro, pues es muy conocida en ese mundillo e inclusive la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol la incluyó como grabación en uno de sus trabajos discográficos. El ritual de interpretación está cargado de simbología y protocolo siendo de destacar que son siete los alabarderos que hacen guardia y seis los clarineros que suben al cuerpo de campanas de la Giralda a interpretar los sones. A día de hoy cuando algún turista se encuentra en Sevilla y escucha las Lágrimas de San Pedro seguramente no sabrá el por qué de esos sones, su origen, su historia, su leyenda... Sin embargo, vosotros, si habéis dedicado unos minutitos a leer esta entrada del Rincón de mis Pasiones sabréis el por qué de ello, incluso podréis programar a conciencia un viaje a los pies de la Giralda el mismo día 29 de Junio para ver el ritual en directo. Merecerá la pena seguro. Yo lo tengo en mente...

jueves, 18 de mayo de 2017

UNA SEMANA SANTA ESPECIAL II

Ciudad Real amanecía distinta. El brillo azul del cielo resplandecía en las buganvillas y geranios que adornan los balcones de las calles que formaban la antigua judería de la ciudad y el azahar empezaba a despuntar en los naranjos de la Plaza de la Virgen de las Lágrimas. Era Miércoles Santo y las históricas piedras de los muros del Perchel rezumaban Bondad y Consuelo. Fui rápido a abrir la ventana y respirar aire limpio como vengo haciendo durante los veintitrés años que llevo siendo su costalero y en el horizonte dibujé un sayón y un patricio blandiendo látigos y flagelos, un sanedrita conversando con un soldado romano y tras ello otro legionario de Roma cabalgando sobre un caballo que relinchaba impetuoso alzando sus patas al aire y moviendo sus crines al viento en un día que se sabe glorioso porque llegará hasta la Morena del Prado. Y sobre ello la mirada de un Dios bueno. Sonreí. Y fui desdibujando la escena a la vez que imaginaba un palio granate que avanza saleroso cobijando a una Reina que porta en sus manos una rosa, un pañuelo y un rosario en cuyas cuentas se enumeran por centenas oraciones de los fieles a su paso. Momento de magia el que se avecinaba en las Puertas del Cielo sitas en la Plaza de Santiago Nº 2.Y me di cuenta que no era un sueño. Era realidad de nuevo. Era Miércoles Santo y no había que soñar lo vivido, había que vivir lo soñado. Por la tarde noche tendría lugar. Preparé las armas para la batalla más anhelada del año: una cuna de arpillera para mecer a Dios y una faja de tela para mantenerme firme en la pelea. Y llegó la gloria...

Estaba rozando el ecuador de la Semana Grande cuando el reloj marcó las siete de la tarde y el ambiente cofrade estallaba de júbilo. El hijo de Dios hecho hombre y amarrado a una columna iba a repartir su nombre por las calles. Y yo bajo Él, primera trabajera, zanco derecho. Sentirlo, pasearlo y darle gracias. Saberme privilegiado en un año en el que la hermana más pequeña de la cofradía es mi hija y llevaba en su carrito mi medalla, mientras la medalla de mi abuela, que fuera también hermana, protege el cabecero de mi cama y ya camino del Cielo, junto a Nuestro Padre Jesús de la Bondad, supo que cuando ella marchaba ya estaba en camino otra vida: tráeme una niña, Carlos. Una niña. Ya está aquí, Lela. Mi niña Claudia. Tú arriba con el Señor, yo bajo Él y Claudia viéndonos a los dos. Y recibiendo el Consuelo de una Madre que si mira hacia arriba ve en su gloria a la Patrona, a la que mi hija y tu bisnieta honrará este año por vez primera con su primer pañuelo de hierbas, en una Pandorga que vendrá con recuerdos de cuando tú me llevabas a su vera. Una Semana Santa muy especial. Mucho. Estuve en el mismo Cielo y logré retratar el momento. Que se pare el mundo. ¡Que se pare! En el frontal del paso: Gemma a mi lado, mi hija en brazos y Dios presidiendo el cuadro.

Fue sin duda un Miércoles Santo de ensueño. Cuando los sentires se hacen realidad y los sentimientos embargan y embaucan cuando se les mira como recuerdos y hacen brotar a la nostalgia mientras una sonrisa inconsciente se dibuja en la cara, es que fue algo grande lo que los produjo. Y así ocurrió. Y así me ocurre escribiendo estas líneas. Volví a casa cansado, satisfecho, con el trabajo bien hecho y mi alma con forma de morral manchego llena de sensaciones de esas que no se pueden describir sino que brillan a través de las retinas, como mi hermandad, la Bondad y el Consuelo. Había que descansar. Este año no me iba a Sevilla al día siguiente. Tenía una cita con San Pedro. La Macarena debía esperar mi visita a la que intento por todos los medios no fallar nunca y mientras Ella repartiese su nombre al mundo entero yo estaría cumpliendo una promesa: hacerme costalero del Dios mismo en esta tierra. Costalero del Señor que vive en los muros pétreos de la calle Lanza y que camina con música el Domingo de Pasión y en silencio y poderoso en la Madrugá del Viernes Santo.

Pero antes era Jueves Santo y mi barrio de la infancia bullía de sentimiento como el que tuve en la adolescencia cercano a sus costaleros y amarrado a sus faldones de Caridad perchelera. Llevaba treinta años sin ver desde la calle como espectador las cofradías del Jueves Santo de mi tierra. Desde niño he participado en ellas: nazareno de la Santa Cena, corneta de su banda, miembro del cuerpo de capataces del Cristo de la Caridad, costalero en el Valle de Sevilla, invitado a la presidencia o perdido por Híspalis buscando almas cofradieras. Entre unas cosas y otras tres décadas de mi vida sin ser espectador de las mismas hasta este año. Restan los otros seis años que tengo, apenas con recuerdos, sólo con retazos de Altagracia en mi memoria: las torrijas de mi abuela y de la mano de mi abuelo. Una Semana Santa muy especial. Y tras disfrutar con conocimiento de lo que ofrece un Jueves Santo en las calles de mi Civita Regia, fui a casa de mis padres a cumplir con la promesa. Me vestí de costalero de nuevo y marché con la inocencia, la alegría y el entusiasmo de disfrutar la madera como quien bajo el paso se estrena. Y para mí era un estreno pese a mi raza costalera. Sacaba un paso nuevo, un paso hecho promesa que al posarse sobre el suelo traería la paz a mi cabeza. Un año debía hacerlo. Un año tan sólo. Un año. Como las cosas que pasan en la vida y son historia nada más consumarse. Y se entregan al olvido pero quedan en memoria. Y no sé si porque el capataz lo sabía, porque alguien lo hubiera dicho, si por azar, por destino o porque el propio Nazareno jugó los dados tuve el relevo que quería: Estación de Penitencia a las Hermanitas de la Cruz y entrada para posar al Señor en el mármol de San Pedro. Dos capítulos se llevó mi costal, dos tan sólo: una vida entre mis brazos y una espalda con la firma de Madre Angelita. Se cumplió. Y no lo olvidaré nunca. Podré sacar muchos pasos y haber sacado ya otros tantos, pero siempre podré decir que yo fui costalero del Señor, costalero del Nazareno, costalero del Dios mismo que camina por San Pedro.Y fui feliz en aquella Madrugá bajo Él. Sabiendo que esa noche mi sitio suele ser entre el tintineo de cinco verdes esmeraldas que adornan la pechera de la Esperanza Macarena y el racheo silente y cadencioso del Gran Poder cuando vuelve por la Gavidia y enfila las últimas horas de la noche y los vencejos se desperezan al amanecer el día, me sentí costalero del Dios mismo y le hablé de tú a tú, como se le habla a un amigo.

Para terminar esta Semana Santa especial al día siguiente marché a mi Sevilla del alma. No podía faltar a la llamada que me hace la que vive en San Gil allí donde se unen la calle Bécquer con San Luis, al lado de la muralla y tras el Arco que lleva su nombre. Gracias Mamá por hacerme macareno. Y disfruté de Ella en su paso de palio. Y de las cofradías que tanto me gustan. Disfruté viendo como la Carretería salía bajo un sol de justicia a las calles de Siviglia y como el Cachorro que "nunca ha visto ni Sevilla ni Triana" volvía tan sólo a ver "los balcones y las tejas de la Cava". Y me acerqué al otro lado del puente a ver al Jorobaíto salir de su barrio y marché en busca del recogimiento de San Isidoro por la Alcaicería. ¡Ay, Señor de las Tres Caídas...! ¿Quién sabe? Y la Soledad de San Buenaventura por Arfe. Y la Mortaja por el Duque. Y Montserrat en la vuelta mágica de Doña Guiomar con Zaragoza donde todo se convierte. ¿Y comiste bacalao con tomate? Por supuesto, para eso es Viernes Santo. Y por la tarde compré agua en los puestos callejeros. Era necesario. Y costumbre y tradición. ¿Y hubo pescaíto? Claro que lo hubo. Y almendras fritas de postre. La Isla sin mí no es la Isla. Y yo sin la Isla no concibo Sevilla. Y acabé el Viernes Santo en la entrada del palio de la O. Una Semana Santa muy especial.

El Sábado Santo también dejó recuerdos. La cofradía del Sol llegando a la Alfalfa, los Servitas por las Setas, la Trinidad por la amplitud de Imagen y dentro de la presidencia de mi querida Hermandad de los Panaderos en la puerta de su capilla de la calle Orfila, donde me reencontré con un gran amigo que me ha dado parte de su corazón y detalles que llegan al alma antes de que Claudia siquiera naciera, el Santo Entierro por la Plaza del Duque de la Victoria y la Soledad de San Lorenzo por Jesús del Gran Poder. Hubo tiempo para una segunda vuelta a todas menos al Sol que ya iba de recogía. Me gusta ver los Servitas por el Cristo de Burgos, la Canina por Tetuán y la Soledad despidiendo los días de penitencia camino de San Lorenzo para aguardar la gloria de la Resurrección que cierra la Semana Santa.
Y este año no pudo ser mejor y brillar más el broche de oro. Tras un Sábado Santo muy bueno llegó el Domingo de Resurrección que pone sentido a todo lo anterior. Día de gloria que culmina la Semana más esperada del año. Para mí, el cambio de hora de la lasaliana hermandad no podía ser más acertado. ¡Qué disfrute ver el paso del Resucitado en la estrechez de Francos a plena luz del día y gozar de la Aurora de vuelta con gentío antes de llegar a Santa Ángela! No hay más preciado cierre para el paladar cofrade que clausurar la Semana Grande con la Resurrección de Santa Marina. Esa joven cofradía tiene un áurea especial. Me gusta. Y así cerré una vez más una Semana Santa pletórica y con pleno de cofradías en las calles. Conviviendo con amigos, con familia, con recuerdos, con anhelos, con mi mente entre Ciudad Real y Sevilla y sabiendo que esta Semana Santa especial ha sido de las mejores de mi vida. Muy difícil de superar. Para siempre: ahí quedó.

jueves, 11 de mayo de 2017

UNA SEMANA SANTA ESPECIAL I

De Domingo de Ramos
Este año la Semana Grande ha sido especial. Muy especial. Ha tenido de todo empezando por un precioso pleno de cofradías en la calle y pasando por sacar un paso que nunca había sacado y dejar otro que llevaba sacando diez años. Y por supuesto tener por primera vez a mi hija en brazos en estos días que me dan vida, sensaciones y recuerdos para el resto del año. Y como ha sido todo tan especial no hago sino embaucarme en mil recuerdos y querer dejar todos los posibles plasmados por escrito para que el paso del tiempo no los borre y me ayude a recordarlos en un futuro. Ha sido como digo especial de principio a fin. Una precuaresma preciosa, una cuaresma que he podido exprimir gota a gota convirtiéndola en un saboreo constante para mi paladar cofrade, unos intensos días de vísperas y una Semana Santa que será, sin duda alguna, de las mejores de mi vida. Sólo Dios y yo sabemos lo que ha sido para mí salir de relevo en los pasos y ver a mi niña Claudia. Lo más grande.

Comenzó todo el Domingo de Pasión cuando el Nazareno enfiló la ojiva de piedra de la puerta de San Pedro para caminar por la rampa más cofrade de Ciudad Real y derrochar arte por las calles. Tenía que sacarlo. Tenía que sacarlo un año. Tenía que abrochar nuestra historia de Domingos de Pasión en la que me hice hermano, comenzó a irse una vida, comenzó a gestarse otra, una promesa y una espalda sana. Y llegó el año de mecerlo, de disfrutar de la primera de las vísperas y el primer paso de Cristo que pasea por la ciudad y de aguardar una madrugá diferente. Una madrugá que para mí este año sería mágica: lejana a mi Macarena y al Gran Poder, pero siendo los pies del Señor en mi tierra. Y así fue pero más adelante hablaré algo de ella. Dos retazos nada más. Dos retazos que fueron dos trozos de cielo bordados en mi costal con los que se obró lo anhelado.




Y llegó como llega siempre. Amanecía un espléndido Domingo de Ramos dando lugar a la Gloria del cofrade y a la vez al marchitar de la flor más esperada del año. Una semana que cuenta el tiempo al revés y que rezuma sentimiento desde al arrabal hasta el centro y desde el centro al arrabal salpicando de recuerdos las retinas que la contemplan. Vestido como la ocasión merece y estrenando siempre algo en ese día tan señalado bajé en familia a ver la procesión de la Borriquita, la que significa el inicio de todo. A mediodía me quité las galas y me puse el mono de trabajo que tanto amo: pantalón de costalero, camiseta de tirantes, sudadera de hermandad y botines negros para ser los pies de Dios Cautivo. El Rabí me esperaba. Y yo a Él. Como cada Domingo de Ramos la añoranza me tira un dardo desde la calle Sol pero los sones de Santo Tomás, mis amigos bajo el paso y la Hermandad del Prendimiento, me recuerdan que Dios sólo hay uno y las advocaciones son solo nombres de una misma fe. Y lo que vivo debajo del Cautivo es una preciosidad. Y cada año más.


La siguiente parada en el metro del costal llegaba el Martes Santo al andén de las puertas del Carmelo. Y allí me bajé. Costal y terno negro bajo un Señor de las Penas con oración carmelitana y discurrir añejo y rancio por las calles del centro. Empecé de la mano de Marcelino padre en el mundo del costal, pasaron años y llegué junto a él de nuevo en la cofradía seria y silente del Martes Santo, con amigos, con gente buena, con gente de oficio y raza costalera. Se fueron yendo algunos y el Señor llamó a su vera al capataz, pero seguí ahí con Marcelino hijo, amigo, compañero y también capataz y costalero. A sus órdenes señeras. Y este año, tras ser cuna de arpillera de Nuestro Padre Jesús de las Penas durante diez años, me he retirado de esa cuadrilla y de ese rachear en silencio que empecé de la mano de un padre y terminé en la de su hijo. Cuando posé el zanco del paso en el mármol de la iglesia me invadieron mil sentimientos. Ahí quedó, Marcelino Abenza. Y es que es un Cristo que se le quiere, que se le coge cariño, porque va muy solo, me dijo una vez un amigo. Y es así. Desde que lo conozco los Martes Santo son especiales. Ya no estaré bajo Él pero seguiré a su vera y luchando para que resplandezca la Luz, esa Luz de la Plazuela, esa Luz que habita en el Carmen con su túnica medio abierta y que, quién sabe, si me haría de nuevo costalero de las Penas...


 Continuará en UNA SEMANA SANTA ESPECIAL II...

viernes, 28 de abril de 2017

ROMEREANDO RO ROMEREANDO

Señoras y señores, ladies and gentlemans, romeros y romeras (rameras no, ojito con lo que se lee), calimochos, pacharanes, botellines varios, chispalibres de colores y sabores, amigos todos, un año más llega esta entrañable fecha que no es otra sino el último Domingo de Abril, en el que las buenas costumbres, tradiciones, arraigos y fiestas populares se dan cita en torno a una lumbre y una buena comida manchega (aceptamos caldereta en su más pura expresión) para hacer exaltación de la amistad y la familia, de manchegas maneras, claro está, en honor a la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños de Calatrava. Y aún siendo este un año especial, primero de la era #MiNiñaClaudia en mi vida, allá me dispongo a ir pues el pacharán me apremia y hay gentes que tengo ganas de ver. Espero mantener las buenas costumbres y llegar andando de cofrades maneras, como un buen misterio avanzando con poderío y de frente. Y de recogía ya saben ustedes que soy macareno, así es que no se asusten si vuelvo de los corros como el Sentencia, de costero a costero y con algún derecho para atrás. Serán alucinaciones suyas (o efecto de los chispalibres) pero jamás hechos realizados adrede por mí. Homepofavó.

Así pues y a escasos dos días de que llegue el evento, vierto estas líneas en el Rincón previniendo de mi ausencia y desconexión. No piensen que pondré el móvil en modo avión porque sí, tiene un motivo: que no me localice Gemma porque si no se acaba el pacharán y me toca volver a casa raudo y veloz a la voz de "te viá partir la escoba en las costillas". Y, creánme, es desagradable. No tanto la escoba en las costillas como las voces cuando va uno harto de whisky. Pero bueno, palos a gusto saben a almendras. Lo que no sé es cómo hacerlo con la niña. En la romería no hay carreras de carricoches, lanzamientos de pañal o concurso de llanto por lo que no podré estar mucho tiempo con Claudia en esos parajes. Además los botellines son para gente mayor y ella es muy pequeñita. Espero sepan entender que lo hago por su bien y no por ponerme hasta la cencerreta. Su madre la cuidará a las mil maravillas y cuando quiera podrá reclamar mi ayuda que allí acudiré en cuanto me localicé por teléfono (si puede claro, por lo del modo avión... jur jur jur, pero ustedes a callar a ver si la vamos a tener, ¿eh?). Y repitan conmigo: ¡¡Viva la Virgen del Monte!! ¡Y su Niño! ¡Bien hecho! No olvidemos que estas fiestas son en su honor y Ella es la protagonista. A mí me gusta la guasa lo que no está escrito, pero mi primer pensamiento en la romería que cierra el mes de Abril siempre es para Ella. Y así ha de ser.
Total que de esta guisa y cantando eso que dice romereando ro romereando con la musiquilla de un conocido anuncio televisivo, me dispondré a disfrutar un año más de la fiesta mariana que más me gusta: una romería. Y no una cualquiera, sino la de la Virgen patrona del pueblo de mi familia política y de la tierra que vio crecer a mi mujer y casarnos ambos. Y tierra también de mi historia personal independientemente de todo lo dicho, pues cuando el que escribe contaba con pocos años de edad ya transitaba por aquellos parajes donde una Virgen vestida de pastora velaba por nosotros. Total que ya huele a humo, a romero y a chuletas asadas y eso a mí me trae loco, por las viandas en sí y por los buenos ratos que paso alrededor de grandes gentes. Y de verdad que no sé cómo lo haré, pero tengo que hacerlo. Cumplir con los trámites romeros es algo que me encanta y este año no será menos. Y, por supuestísimo, empezaré a inculcarle a mi hija el amor por las costumbres y tradiciones. Lo mismo no me entiende muy bien porque mi voz emita balbuceos y trabalenguas no voluntarios sino producto del vino peleón (contiene sulfitos) mezclado con coca cola (fórmula secreta), pero mi mirada alegre lo dirá todo. Y eso sí, si me parten la escoba en las costillas espero se apiaden ustedes de mí. ¡Ay de mí! Total lo hago por imperativo romeril. ¡¡Allá voy!! Gorro puesto, zapatillas calzadas, móvil en modo avión... ¡Botellín aquí!

viernes, 7 de abril de 2017

PREGONAR A TU COFRADÍA

Esta Cuaresma está siendo distinta. Y sin duda ha sido Dios quien lo ha querido. Me consta que mi nombre llevaba sonando un tiempo en el seno interno de mi Hermandad de la Flagelación para ser elegido pregonero. E igualmente llevaba un tiempo aguardando la llegada de mi paternidad y por unas cosas o por otras no ha sido hasta este mismo año. Y aquí juega el Señor de la Bondad que es quien ha tejido las entretelas del destino para que algo tan maravilloso para un cofrade se hiciera realidad en mi persona: mi hija Claudia con apenas un mes y una semana de vida se convertía en la hermana más pequeña de la cofradía el día que su padre subía al atril a pregonar su hermandad. No hay palabras para explicar la grandeza que ello conlleva a quien es un cofrade convencido y empapado de su sentir como yo. No me canso ni me cansaré de recordarlo jamás: mi hija juró reglas minutos antes de que yo tuviera el honor de pregonar nuestra hermandad. Grande, enorme, inmenso, incalificable e indescriptible lo que ello significó para mi humilde persona.


El día que me llamó el Hermano Mayor para comunicarme que la Junta de Gobierno había elegido mi nombre para ser el pregonero no supe decir que sí a la primera. He tenido ciertos problemas de enfrentarme al atril y además la responsabilidad de pregonar a la hermandad en un año tan especial como era éste, XXV Aniversario de la hechura y llegada de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, era muy grande. Pasé el día dándole vueltas y pensando que no había nada más bonito que pregonar a la hermandad de uno mismo, que muchos querrían estar en mi posición y, sobre todo, que otros muchos merecían que yo rompiera miedos y ataduras y lo hiciera por ellos y por aquellos que ya no están. Por la tarde le dije a los más cercanos que lo haría. Y al día siguiente llamé a Emilio, nuestro Hermano Mayor, y le comuniqué que contase conmigo. Pregonaría a mi cofradía el día 18 de Marzo de 2017 a las 20;00 horas de la tarde en la Iglesia de Santo Tomás de Villanueva. Y así fue.

No podía tener mejor compañía en el altar de la parroquia que el mismo Dios de la Bondad y su Madre del Consuelo. Me puse frente a Ellos un ratito antes de la misa y les brindé una oración. Después celebramos la eucaristía en hermandad y al comulgar me llené de Ti, de la cara que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro. Siguió el acto con la Jura de Reglas de nuevos hermanos y comenzaron las palabras a salir tras el atril. Primero el mantenedor del acto dio lugar a la presentación del cartel de la cofradía para este año 2017, segundo mi presentador como pregonero, Chefo, mi capataz y amigo, quien dedicó a mi persona unas palabras y halagos que considero inmerecidos y al que desde estas líneas del Rincón agradezco de nuevo y, tercero y último, mi humilde pregón y yo, anudados con un atado lazo de nervios, subimos al atril y se obró la maravilla. Pregoné a mi cofradía de la mejor manera que supe y pude: con sentimiento a flor de piel, rozando el llanto en ocasiones y exaltando el sentir personal y general. Sin duda disfruté e hice disfrutar. Esa era mi tarea autoimpuesta desde que acepté ser el pregonero. A más de romper mis miedos, claro está. Y lo hice. Y la satisfacción fue y es enorme. Todavía no me creo el haberlo superado y, como dicen los capataces para cerrar una chicotá, ahí quedó.




Y a juzgar por las palabras y gestos que me abrazaron al terminar de elevar la voz en nombre de toda la hermandad, debió ser bueno lo que hice y, cuanto menos, emotivo. Pero ya lo dije en el pregón y lo vuelvo a repetir: yo no tengo mérito alguno. ¿Quién, mi hermandad, te pregone que tenga buen pregonar? Este año recayó en mí la labor y me considero un afortunado por haber podido estar a la altura de lo que se me encargó y haber seguido la estela de muchos de mis hermanos que han sido magníficos predecesores en el pregón de la hermandad. La Flagelación es la hermandad en la que me he hecho cofrade, en la que he sabido lo que es hacerse costalero, en la que he tenido sonrisas y lágrimas y en la que mi alma se ha hecho conciencia de fe al mirar a la cara a Nuestro Padre Jesús de la Bondad y a María Santísima del Consuelo. Y me honra decirlo y ser su hermano, su costalero y haber hecho hermana a mi hija, porque no sé si habrá día más bonito para mí que el día que pregoné a mi cofradía y mi hija Claudia formó a engrosar nuestra nómina de hermanos. Siento el haberlo repetido, pero ya he anunciado al principio de estas líneas que no me canso ni me cansaré de decirlo. Y, es más, ojalá estuviera en mi mano el poder concederos a todos los que esta entrada leáis el mismo caudal de de sentimientos desmedidos que yo tuve ese día en este arrabal de la ciudad llamado Santo Tomás. Muchos pregoneros que tuvieron el don de pregonar a su hermandad me lo dijeron y lo pude comprobar y hoy lo digo a pecho abierto: qué grande es pregonar a tu cofradía.

Gracias al Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno, a mis hermanos y mis compañeros costaleros de la Fábrica de los Sueños por confiar en mí para esta misión de ser la voz de toda la cofradía en un año tan señalado como en el que celebramos el XXV Aniversario de la Hechura del Señor de la Bondad. No lo olvidaré jamás. Y gracias a mi familia y mis amigos por aguantar a este loco cofrade que soñaba todos los días del año con retazos de pregón que se hicieron realidad en esta inolvidable cuaresma del año 2017. ¡¡Gracias!!

...Y si Dios, el Padre bueno, 
te da la oportunidad
de decir si te reencarnas,
no lo hagas esperar.
Dile que te mande presto
de nuevo a Santo Tomás,
a volver a jurar las reglas
de una grandiosa hermandad
donde siempre serán eternos
el Consuelo y la Bondad.

He dicho.