miércoles, 27 de junio de 2018

LEYENDA DE CROSBY BEACH: ANOTHER PLACE

Hace unos días he regresado de una pequeña escapada a Inglaterra. Evidentemente he tenido mis habituales charlas con la Reina Madre mediante las cuales quiero que aprenda a hacer gachas, comer en sartén y beber en porrón. Y como la cosa no fructifica pues, además de hacer el gañanazo, me he dedicado a empaparme de rincones desconocidos y a admirar una vez más la grandeza de la mente humana, culpable de que todo lugar de la esfera terrestre esté hoy en día comunicado de una u otra manera y de que exista una bellísima pluriculturalidad conviviendo pacíficamente (salvando los extremos de siempre que no necesitan explicación). Y de esta forma llegué a una playa situada a unos 20 kilómetros del centro de Liverpool llamada Crosby en la que me esperaba una gran sorpresa. Jamás hubiera imaginado encontrarme lo que allí me encontré: una obra de arte al aire libre que ocupa unos tres kilómetros lineales y que causa un efecto y sentimiento distinto según esté la marea y el estado de las aguas del mar. Esconde una bonita leyenda desde el propio nombre de la obra hasta el cómo llegó a dicho lugar pasando por lo que hace sentir. Y, desde luego, una vez conocido el sitio no te deja indiferente y te hace reflexionar en los tres interrogantes más antiguos que existen en la historia del hombre: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
Another place ("Otro lugar") es el nombre de la obra de Antony Gormley instalada en Crosby Beach. Se trata de un conjunto de cien esculturas modernas, numeradas, con forma humana, representadas totalmente desnudas, réplicas del cuerpo del autor, de aproximadamente 1,90 metros de altura que se encuentran enclavadas en la misma dirección, todas mirando al mar a lo largo de la playa desde Waterloo hasta Blundellsands. En un principio iba a ser una obra itinerante que sería expuesta en distintos lugares del mundo pero finalmente tras varias exposiciones quedó fija en Liverpool. De hecho antes de quedarse definitivamente en Crosby Beach hubo estado en Alemania, Noruega, Bélgica y tras su paso por Inglaterra estaba previsto que se trasladase a Nueva York a finales del año 2006. Sin embargo la obra es de tal calado que al llegar a Liverpool comenzó a incrementarse el turismo en esa zona y a surgir restaurantes y tiendas por lo que por votación popular se decidió solicitar que se quedase inamovible en ese emplazamiento y se consiguió. Las autoridades británicas aceptaron que la obra quedase para siempre en dicho lugar. Así pues desde que llegasen las cien esculturas de hierro fundido a Crosby Beach en el año 2005 se quedaron enclavadas en esa peculiar playa de Liverpool donde las aguas las bañan a su antojo y quedan sumergidas o descubiertas dependiendo de las mareas. Es una lástima para otras ciudades que se van a perder esta gran e impactante obra pero en realidad no creo que haya mejor lugar que donde están para lograr el efecto pretendido: una playa enorme, libre de gentíos y con gran afección por las mareas. Evidentemente desde que quedaron enclavadas allí no se permiten en Crosby Beach las prácticas de deportes de navegación por razones de seguridad tanto de las personas como de las propias esculturas.

La leyenda dice que las esculturas son las grandes protagonistas de una playa en las que antes de su llegada y su peculiar forma de quedarse en ella apenas había vida. Era una enorme playa solitaria cercana a la zona portuaria en la que a un lado se hallaban los grandes muelles con enormes grúas y en el otro una infinita costa a merced de las grandes mareas del atlántico, sin dotación turística ninguna, sin actividad y donde los biólogos estudiaban las aves y especies del lugar, la gente del barrio bajaba a pasear al perro y poco más. Sin embargo desde la llegada de Another place la playa se ha llenado de vida en el más puro sentido. Vida, reflexiones, sentimientos, divagaciones, pensamientos y filosofías. Justo lo que parece ser que quería el autor, Antony Gormley, que su obra fuese interpretada de miles de maneras distintas y cobrasen vida sus esculturas. El nombre de la obra no podía ser mejor pues ya invita a la reflexión: "Otro lugar". Al estar en una zona muy afectada por las mareas el espectáculo es totalmente cambiante dependiendo de la hora del día. Hay esculturas que quedan totalmente sumergidas por el mar, otras que se les ve sólo la cabeza, de otras se aprecia cabeza y parte del tronco, otras sólo quedan cubiertas hasta las rodillas, algunas se libran prácticamente del agua, etc. La visión de las mismas es un tremendo shock a la mente pues da la impresión de ser personas a las que les rompen las olas encima y van siendo sumergidas lentamente sin mostrar oposición ninguna hacia un trágico final. Cuando el estado de las aguas es revuelto cuesta incluso mantener la vista aún a sabiendas de que son estatuas de hierro que cuando baje la marea volverán de nuevo a estar al descubierto. Es tremendo. Sobre ellas hay mil sentimientos de ahogo y desahogo del alma que dan pie a la leyenda: la existencia de cien esculturas de hierro fundido, hieráticas, inertes, inmóviles e impasibles que cobran vida gracias a quien las contempla. 

Existen tantas interpretaciones de la obra como personas que la contemplen. Pero hay algunas que desde luego son dignas de destacar. Hay quien dice que las esculturas están representadas totalmente desnudas mostrando al hombre frente al mundo y al destino, dando a significar que las pertenencias y propiedades no son nada para afrontar o protegernos del destino entendido como el paso del tiempo: las esculturas quieran o no son engullidas por el mar y devueltas a la luz una y otra vez. En la vida es igual. Todo es cíclico. Otra interpretación dicen que son fiel reflejo de cuando contemplamos el vasto mar y admiramos que es una enorme fuente de vida y que en él habitan seres que ni conocemos quedándonos absortos en nuestros pensamientos. Y otra de las destacables, mi favorita, es que evocan el sentimiento del hombre itinerante por el mundo: un inmigrante mirando allende el mar, el horizonte y soñando con volver a su hogar y sus raíces y a su lado un emigrante mirando allende el mismo mar, el mismo horizonte y soñando con un futuro mejor lejos de su hogar, sin importarle a ambos el tener que ahogarse primero para salir a la luz triunfal después. 
Another place en la Playa de Crosby en Liverpool es una preciosidad de esas que están por el planeta  y que os recomiendo visitar si podéis. Sin duda y como decía al principio no os dejará indiferentes y os hará reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Quizás a "Otro lugar".

lunes, 11 de junio de 2018

SIETE AÑOS CASADO

Pues sí, pues sí. Siete años han pasado ya desde que Gemma y yo nos uniéramos en matrimonio y venía mascando el narrar en unas líneas lo que significa vivir bajo su yugo, digo... contar estos entrañables años de feliz vida como esclavo, digo... como marido. Entended mis deslices al escribir pues no es fácil teclear estando pendiente de que se abra la puerta de la habitación y entren dos sicarios con afán de malherirme por órdenes de mi dueña y señora, digo... de mi mujer. Y es que aunque ser letrado sea mi oficio ya se ha encargado ella de la total destrucción de pruebas y de tenerme bajo el prisma de la mirada inquisitorial si susurro que quiero un pacharancito para aliviarme de las penas que me causan sus torturas, digo... anécdotas de la convivencia. Intentaré desplegar en este humilde Rincón lo que ha venido conllevando esta suma de años igual a los enanitos de Blancanieves estando sometido al régimen dictatorial e imperativo de una cruel esposa, digo... estando felizmente casado con una alegre y risueña mujer que me ha dado mil disgustos, digo... alegrías a raudales y momentos inolvidables. Sirvan las fotos que iré intercalando en el texto como contundente acreditación de las calamidades que paso desde que estoy casado con mi chiquitilla.

Quien sea fiel lector recordará (y si no, puede buscarlo aquí en el blog) un artículo que escribí cuando se cumplió el primer aniversario de la boda. En él ya reflejaba todos los descubrimientos que había ido haciendo de mi nuevo estado civil a lo largo de los primeros 365 días del mismo. Y, bueno, ahora algunos han sido favorables y otros no. Descubrí que paso muy bien la aspiradora. ¡Qué orgullo! ¡Cómo la manejo! Llego a todos los rincones, le limpio los filtros, dejo la tarima impecable...Y esto, esto no es favorable porque ahora me toca a mí hacerlo siempre. Mal descubrimiento. Descubrí también que el mando de la televisión además de cambiar los canales evita discusiones. Sí, sí. Es verídico. Cuando la señora que convive conmigo, sí, esa, la que tiene el anillo único de Tolkien para doblegarme, cuando esa señora decía, se enfada, aprovecho y le doy el mando de la tele y le digo "pon lo que quieras, total yo me voy a dormir..." y, oye, maravilloso. Ella se pone sus películas esas románticas que además favorecen más aún mi sueño y yo me dedico a soñar tranquilamente con la Macarena por calle Parras o con un mini de calimocho fresquito a la sombra de un olivo en una tarde de romería. ¡Qué gran descubrimiento ese.
Pero también estos siete años dan para tomar conciencia de otras tantas cosas. Si tras un año de casado las salidas nocturnas se redujeron en un 90% ahora que ya hace siete años de las nupcias dichas salidas se han reducido en un 99,99 periódico%, esto es, que queda un margen del 0,01% en el que habita la esperanza que es lo último que se pierde y en el que, con suerte, presentado la instancia por escrito, superando altas pruebas de todo tipo de tribunales, haciendo una gymkana americana en tiempo récord, depositando cuantía suficiente en concepto de indemnización, sanción, intereses de demora y posibles costas de ejecución y tras el veredicto final del aquelarre celebrado en la Noche de Beltane por las vecinas en el portal, si se alinean los planetas puedes obtener el beneplácito de salir a tomarte un mosto. ¿Qué esperabais? ¿Obtener licencia para salir de copas hasta altas horas de la mañana? Sois unos cachondos. Conformaros con un chupito de manzana sin alcohol tras la paella de los Domingos y no olvidéis pasar la aspiradora. De copas, dicen. ¡Ay, Señor! Mi 100 Pipers...



A cambio de todo ello hemos sido padres. Y eso sí es lo más grande. Tiene mi niña Claudia casi 16 meses. Y ese es el tiempo que llevo sin dormir, con la espalda rota, cambiando pañales, limpiando cacotas, con visitas de pediatras, con citas de vacunas, limpiando la cocina de salpicones de potito, preparando biberones de madrugada, recogiendo juguetes del suelo, etc, etc. Lo más grande. No hay duda. Cuando llego a casa hasta las partes pudendas de un duro día en el trabajo y me toca litigar con Gemma la cual, siempre, siempre, siempre, de una manera u otra tendrá algún motivo para regañarme por algo y litigar también con los llantos de una bebé... sonrío. Sonrío mucho porque es lo más grande como decía. Porque es el hogar y la familia que estamos construyendo. Porque es la mujer que me dijo "Sí, quiero" aguantando mis tonterías y mis formas de hacerla de rabiar como este texto. Y la que aguanta mi eterna Cuaresma durante todos los días del año y me lava y me plancha los costales sin quejarse. Y la que no se cansa de oírme hablar de cofradías o al menos no lo demuestra. Y la que pone cordura a mi locura manchega y mi amor a mi tierra y sus costumbres. Y la que soporta mi amor por el Camino de Santiago y que todos los veranos me marche a patear la Ruta Jacobea unos días. Y la que consiente mis excursiones a Sevilla y mi calendario cofrade en su más amplio sentido. Y la que me ayuda cuando las cosas van mal. Y la que me ha dado mil lecciones de fortaleza, saber estar, integridad y avance. Y la que me ha regalado a mi hija. Y la que me acompaña sin dudarlo aunque no le guste el destino. Ya os decía que las fotos eran contundentes.

Y eso compensa todo lo malo si es que lo hubiera. Incluso compensa vivir bajo el miedo de que aparezcan los sicarios contratados por la malvada y perversa dueña de la casa, digo... por Gemma y me avasallen a latigazos por resumir mis siete años de casado en calamidades y penurias, digo... en miles de momentos felices que han llegado finalmente. Cuando nació #MiNiñaClaudia todo cambió. Me dan igual las horas que pase con la aspiradora como compañera, las veces que tenga que limpiar la cocina, los horribles recuerdos sufridos con Gemma como protagonista (la pobre mía) hasta que llegó la niña, las veces que tenga que dar arcadas cambiándole una cacota y las ataduras y limitaciones que supone tener un bebé en casa. Es lo más grande. Llegar a casa y que te dedique una sonrisa y te diga "papá" no tiene descripción, ni precio, ni comparación. Y abrazar a tu mujer, darle un beso y coger a tu hija en brazos a la vez que piensas "algo debo estar haciendo bien" cuando tengo esta casa y esta familia, es maravilloso.


Siete años de casado. Siete años construyendo un hogar con cimientos del pasado, momentos del presente y esperanzas del futuro. Siete años felicísimos con Gemma. Y que sean setenta veces siete más. Os quiero. Y dicho esto... me voy a pasar la aspiradora. ¡Ay! ¡Con la goma del butano no! ¡Qué duele! ¡Ay, ay! Snif... Así todos los días.
Por cierto, me acaba de llamar el Papa desde el Vaticano. Dice que de seguir aguantando estoicamente este régimen matrimonial se planteará la canonización e inclusión en el santoral. Aunque no sé si se refería a mí o a Gemma... Sigo aspirando. ¡Hasta otra!

lunes, 28 de mayo de 2018

13 CONCEPTOS DE EUROPA

Era el mes de Noviembre del pasado año cuando escribí en este pequeño Rincón un artículo llamado "Aquí estoy yo dando la cara" en los momentos en los que el Real Madrid jugaba de pena, acababa de perder contra el Betis en su propio campo y afloraban los cachondeos literales de aquellos que dicen ser culés o atléticos pero lo que son es simplemente antimadridistas. Bien, aquella entrada concluía diciendo (y podéis comprobarlo) "Ya cambiarán las tornas y volveré a estar dando la cara". Y mira por donde así ha sido y ha llegado el momento. El Real Madrid ha vuelto a ganar la Champions League. ¿Otra vez? Sí, otra vez. Y aquí estoy yo dando la cara de nuevo. Y de qué manera. Irradio felicidad por los cuatro costados porque creo que futbolísticamente, salvo ver a tu selección ganar un Mundial, ver al club al que sigues día a día levantar la Copa de Europa es lo más grande que hay. Y he tenido la suerte de verlo siete veces ya, siendo cuatro en los últimos cinco años y las tres últimas consecutivas. ¡Qué celebración más brutal! Y en cuanto alguien cercano me menta a los rivales contrarios aplico respeto. Celebro triunfos propios, jamás derrotas ajenas. Eso no va conmigo. Pero con muchos otros sí. Y contra ellos irán estas líneas porque quieran o no es una muestra de inferioridad. Barre tu casa, Paco, deja la del vecino. El Real Madrid es trece veces Campeón de Europa. Trece. Se dice pronto. Trece. No somos conscientes de la grandeza que eso conlleva. Madridistas, por favor, cuando esta generación de futbolistas falle no les regañéis. Aplaudidles. Son pura historia. Son los responsables de varias de las Copas de Europa que lucen las vitrinas de Concha Espina. ¡Qué bonito es ser del Real Madrid! ¡Qué suerte estar viviendo esta época y este ciclo!
Dicho esto, estoy recibiendo enhorabuenas y felicitaciones de gente de bien, educada y que son seguidores de su club, sin más. Igual que yo lo soy del mío. De los que no están pendientes del mal ajeno, sino del bien propio. Pero, a la vez, estoy recibiendo berridos, despotriques y súplicas de respeto de todos aquellos energúmenos que se pasan la vida embistiendo con sus cuernos cibernéticos en redes sociales contra el Real Madrid y ahora que se les pone el punto a la i lloran como quinceañeras suspensas en matemáticas porque se les dicen las verdades. Y ante esa jauría de sarnosos animales mi texto es incluso pacífico. No se merecen absolutamente nada. Pero nada. Y disfruto viendo sus pataletas sin sentido por dedicarse a desear un mal ajeno que ahora se les vuelve en contra. Un ejemplo: tres minutos después de que el Atlético de Madrid ganase la Europa League y yo hiciera pública mi felicitación a través de Twitter (podéis comprobarlo de nuevo), recibí por respuesta un "Madridistas, hijos de puta, ojalá perdáis contra el Liverpool, ladrones de mierda", cuya fuente omitiré por evitarle más de un disgusto a esa persona. ¿Por qué esa respuesta?  No lo sé. Creo que es simplemente porque la felicitación salió de mi perfil en el cual pone claramente que soy madridista y para esa gentuza no es concebible que un madridista de bien tenga la clase suficiente de dar una merecida enhorabuena sin más comentarios. Me quedé helado. Otro ejemplo: en un grupo de whatsapp con unos 75 miembros, nada más acabar la final que hacía al Madrid nuevamente campeón, hubo madridistas metepatas (que también los hay y no pocos) que lo primero que hicieron fue burlarse de los culés. Mis palabras en ese grupo fueron "¡Enhorabuena madridistas! Dejad a los culés en paz y disfrutemos de lo nuestro". Bien, pues ya hubo gente de ese grupo que se dedicó en otros foros y registros a arremeter contra toda la afición del Madrid usando sus típicos calificativos con los que bien puede describir a sus progenitores. ¿Tengo que aguantar yo eso? ¿Y ahora esos mismos pedís respeto? Iros al carajo. ¿Os pasáis la vida escupiendo a quien os ignora y ahora suplicáis que el agraviado os trate bien u os vuelva a ignorar pasando por alto vuestras afrentas así sin más? No, queridos, no. Ahora también doy la cara. Ya lo dije. Y veros despotricar sin argumento es plácido. Muy plácido. Es precioso ver cómo sufrís sin tener por qué y haberos metidos vosotros mismos una inyección de veneno. No me hace falta deciros nada, el silencio es mucho más hiriente para vosotros, pero daros trece conceptos nunca viene mal sobre todo cuando os los habéis ganado a pulso.

Siempre mantengo que yo quiero al Madrid hasta en las victorias. Sí, hasta en las victorias porque ahí es cuando se le quiere fácil. Cuando se le quiere difícil es cuando juega mal, cuando las aficiones rivales hacen escarnio y cuando aguantamos los palos estoicamente sin decir ni mú. Nadie podrá decir de mí que manifiesto absolutamente nada en contra de otros clubes. Me limito a animar al mío y punto. Por eso me revienta estar recibiendo guantazos de los oportunistas antimadridistas cuando tienen ocasión. Y esos mismos ahora huyen a sus cloacas enfermos de rabia simplemente porque el Real Madrid ha ganado. "¿Pero tú no eres del Barcelona? Sí, pero es que el puto Madrid ha ganado la Champions... ¿Pero no ha ganado tu equipo Liga y Copa? Sí, pero el puto Madrid lleva tres champions seguidas... ¿Pero tú eres culé o antimadridista? Yo soy antimadridista, si gana el Barça disfruto pero si pierde el mandril disfruto más". Y así siempre. Y si por lo menos lo reconocieran y fueran de frente, pues vale, pero no. Se esconden tras la careta de la falsedad y cuando los desenmascaras vienen los llantos y las muestras de envidia e inferioridad convertidas en negaciones de la evidencia y en ataques gratuitos cargados de mal perder. Y a esa chusma no le paso ni una. Ni una. Ni quiero sus mentirosas enhorabuenas cargadas de envidia. Id de frente, joder. Id de frente, desgraciados. Jordi Alba va de frente: Quiero que pierda el Madrid. Lo dice. Y no pasa nada. Pero no vayáis de callados para luego soltar espumarajos por la boca cuando os llega la ocasión. Porque llega el momento en que se os vuelve en contra y no os gusta que os laven los dientes llenos de putrefacción rabiosa y bilis. Los hombres se visten por los pies. Las hienas comen carroña.
Me sienta mal que luego hay lectores de mis palabras que me dicen sorprendidos "Carlos, ¿cómo pones eso?" y es porque ignoran lo que me ha llevado a ello o porque lo quieren ignorar adrede. Al menos, quien comenta conmigo o en mis redes lo que pongo o dejo de poner tienen el reconocimiento de no esconderse y dar la cara también. Lamentablemente no son la diana de mis dardos. Los destinatarios reales, que ellos saben quien son, callan como mujeres de partido aguantando que sea su chulo quien les pague los servicios de su sueldo de falda corta. Es muy sencillo. Miren ustedes, yo en esto del fútbol soy un señor. Y no es un farol ni que no tenga abuela. Es una realidad. Un puta realidad. Soy el primero que hago burlas y guasas a mis allegados y me gusta recibirlas de ellos. Están a la vista mis piques sanos en redes sociales con amigos seguidores de otros clubes. Y creo que sin ello esto del fútbol perdería mucho. Pero aguantar lo que no debo, jamás. Y menos tolerar que me digan "¿Y eso es señorío?". Por supuesto. Lo es. Señorío es disfrutar de mis victorias, con los míos, sin mentar para nada al derrotado ni a otros clubes ni aficiones. Señorío no es aguantar tus verborreas y esputos sin poder replicarlos porque entonces me digas que pierdo el señorío. Lo que sería es gilipollas si aguanto eso. Yo y cualquiera. Si me dedico a estar jodiendo sin motivo a un seguidor azulgrana, rojiblanco o de cualquier color, y éste, harto de mí, me contesta y le replico que está perdiendo sus "valors", lo menos que puede hacer es mandarme a tomar por culo. Y con razón. Y sería gilipollas si no lo hiciera y aguantase mi escarnio solo porque no le digan que pierde la compostura. Pues aquí igual.  Soy un señor y me considero tal y no tengo porque aguantar las imbecilidades de ciertos sectores. Y si cargo las tintas en líneas como éstas es porque estoy harto. HARTO. Con mayúsculas. 

Por todo lo anterior disfruto enormemente siendo seguidor del Real Madrid, disfruto de sus triunfos, de sus victorias y de la racha de suerte que nos acompaña estos años: el gol de Ramos en el descuento, el penalty de JuanFran al palo, las paradas in extremis de Keylor, el penalty de Benatia sobre la bocina, etc. Me río ya de los argumentos adversos de siempre: los árbitros, Franco, los robos, los maletines, la flor... Puede colar una vez, dos... pero siempre no. Es de inferiores y envidiosos negar la evidencia. Igual que cuando el Barcelona ganaba todo apelar siempre al "Villarato". Que no, amigos merengues, que no. Que es lo mismo. Que una vez puede ser y dos también... pero siempre no. Merecían ganar lo que ganaban. Y nosotros ahora también. Es de justos y nobles reconocerlo. Cuando una casualidad se repite constantemente deja de ser casualidad. Y hay que saber ver la verdad, lo que es y cuando es. Y por eso mismo y ya puesto el punto a la i a quien debo ponérselo, cierro el post con los 13 Conceptos de Europa, uno por cada una de las Champions que tiene el Real Madrid. Y que se los autoaplique en el orden que quiera y quien quiera, igual que yo me los he tenido que autoaplicar muchas veces cuando estaba mi club en horas bajas y debía reconocer la realidad. Las definiciones, por supuesto, son de diccionario y no mías. Ya sabéis y reitero que yo siempre doy la cara. Y me la parto si es necesario recibiendo bofetadas o golpeo con ella misma defendiendo la verdad y no teniendo que aguantar afrenta no merecida o malintencionada sin motivo. Abrazos a todos mis amigos culés, atléticos y de otros equipos que se comportan como señores. Abrazos y mis reiteradas enhorabuenas por los logros de este año. Al resto no. Claro, conciso y contundente. Aquí os espero.

TRECE CONCEPTOS DE EUROPA:

1) CAMPEÓN (COPA DE EUROPA DE 1956): Dícese del ganador de una competición.

2) NOBLE (COPA DE EUROPA DE 1957): Persona que va de frente, sin maldad y sin doble intención.

3) SUPERIOR (COPA DE EUROPA DE 1958): Estar situado por encima o ser más alto que otro.

4) ENVIDIA (COPA DE EUROPA DE 1959): Deseo de hacer o tener para uno lo que hace o tiene otro, en ocasiones, considerado superior.

5) ORGULLO (COPA DE EUROPA DE 1960): Amor propio, pundonor, satisfacción por un triunfo que se considera meritorio.

6) RESPETO (COPA DE EUROPA DE 1966): Consideración de que algo es digno y debe ser tolerado.

7) INFERIOR (CHAMPIONS LEAGUE DE 1998): Estar situado por debajo o ser más bajo que otro.

8) LEYENDA (CHAMPIONS LEAGUE DE 2000): Composición poética que narra hechos legendarios.

9) RIDÍCULO (CHAMPIONS LEAGUE DE 2002): Lo que provoca risa por ser grotesco, extraño o extravagante. En el caso de argumentos: falaces e insostenibles por faltar a la verdad.

10) EVIDENCIA (CHAMPIONS LEAGUE DE 2014): Situación real que es conocida por todos y carece de explicación.

11) SEÑORÍO (CHAMPIONS LEAGUE DE 2016): Dignidad de señor, moderación y elegancia en la forma de actuar y comportarse. Aplicable a título individual o colectivo.

12) ANTI (CHAMPIONS LEAGUE DE 2017): Que es opuesto o contrario. Deportivamente es quien desea la derrota ajena antes que la victoria propia.

13) AMAPOLAS (CHAMPIONS LEAGUE DE 2018): Plural de amapola. Planta herbácea de tallo erecto, largo y delgado, con flor grande formada por cuatro pétalos de color rojo vivo.

¡ENHORABUENA MADRIDISTAS! TRECE VECES CAMPEONES DE EUROPA. 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HALA MADRID!!!!!!!!!!!!!

Y para los antis, amapolas...

viernes, 18 de mayo de 2018

LA VENTA DEL QUIJOTE

Como casi todas las grandes aventuras, ésta también surgió improvisada. Y es inevitable no acordarme que el Camino de Santiago al que tanto amo también llegó a mí de la mano de los pleitos. Mi condición de abogado me llevó a un juicio en La Coruña, de allí cogí un autobús a Santiago de Compostela, era Mayo de 2010, Año Santo Xacobeo... El resto ya lo sabe quien me conoce. En unas horas me empapé de aquello, me invadió el espíritu peregrino y, bueno, ya son seis veces las que he llegado a la Praza do Obradoiro como peregrino. Y las que quedan... Este mismo verano, en menos de tres meses, marcho a Somport (Francia) a iniciar desde allí otro gran Camino que espero concluir en tres años llegando de nuevo a abrazar a Santiago. Pero de eso ya hablaré en otro momento no muy lejano. Hoy venía a contaros otra aventura que surgió inesperada y también por un pleito. En esta ocasión el trabajo me llevó a Puerto Lápice a un deslinde de fincas. En tal pueblo hay una preciosa venta que algunos dicen que es en la que Don Quijote veló las armas y fue nombrado caballero. El caso es que yo no recuerdo haber estado allí jamás y, enamorado de las tradiciones y costumbres de mi tierra y siendo tan amante del mundo quijotesco, aproveché la ocasión para, una vez concluida mi tarea letrada, visitar la venta y disfrutar una excursión no planeada con buen regustillo manchego.

Y así me planté en la llamada "Venta del Quijote", aunque yo me mantengo en la creencia (llamadme loco si bien antes estudiad el asunto al menos igual que yo) de que la venta donde Don Quijote veló armas no fue ésta sino la Venta de Borondo. Luego explicaré por qué. Pero a lo que iba hoy es hablar de la Venta sita en Puerto Lápice y, sin duda, es maravillosa y te transporta cuatrocientos años atrás a los tiempos en que, a los ojos de nuestro personaje más universal, los molinos de viento se convertían en gigantes, las bodas de Camacho duraron tres días y tres noches, Doña Ruidera y sus siete hijas dieron lugar al río Guadiana o a la luz de la luna y entre huéspedes, jarrillos de vino y alguna "mujer de partido" que por allí anduviera, velase armas Don Alonso Quijano. Imperan el color blanco encalado y azul añil, los gruesos muros con aperos de la época y un aroma cervantino flotando en el ambiente que va desde el portón a la bodega y desde ésta hasta las alcobas. Una maravilla, vamos. Y bien conservada, restaurada y cuidada. Ubicada en el Camino Real de Andalucía, evocando cuando en aquellos tiempos del siglo XVI se bajaba de Madrid a Sevilla atravesando la más pura Mancha por sus pueblos, se mantiene en pie una señora venta que continúa ofreciendo parada y posta al viajero.


El lugar ofrece restaurante para comer con un menú cuyos platos a elegir son pura gastronomía manchega y/o quijotesca, entre los que se puede escoger los típicos que llevan pisto y recetas tradicionales como las migas del pastor o los que sin duda Miguel de Cervantes conoció y degustó como el guiso de las bodas de Camacho que, precisamente, está recogido en su obra universal y del que Sancho Panza dio buena cuenta. La venta te recibe también con una exposición de acceso gratuito donde se observan recreaciones de estancias de la época y capítulos del Quijote y una tienda de recuerdos donde pueden adquirirse todo tipo de detalles quijotescos, manchegos y españoles que tanto gustan a los turistas, desde un imán de nevera evocando a los molinos de viento hasta un par de castañuelas de flamenca. No hemos de olvidar que a estos lugares llegan muchas excursiones de extranjeros que consideran que lo único "tipical hispanis" es el mundo taurino y el flamenco. El caso es que la venta ofrece de todo a los turistas y viajeros tanto nacionales como de otros países y su visita es muy recomendable, sobre todo para los que aman su tierra y sus costumbres y son apasionados del Quijote pues, como antes indicaba, te traslada a aquellos tiempos de aventuras de caballeros.

Y ahora lo siento pero si no lo digo no soy fiel a mi mismo. He mencionado por ahí arriba la Venta de Borondo y ya anticipaba al principio de esta entrada que luego explicaría por qué me mantengo en la creencia de que fue en ésta y no en la ubicada en Puerto Lápice de la que vengo hablando en la que veló las armas Don Quijote. Y ojo que como amante de la Mancha y del mundo quijotesco recomiendo a todo el mundo que visite la Venta. Es un disfrute. Pero que se conozca a la misma como "La Venta del Quijote" y se haga publicidad de que fue en ella donde al hidalgo se nombró caballero... Mire usté, pero no. Como reclamo me parece muy bien. Y como fuente de ingresos también. Pero como historia y realidad no. En absoluto. Y no, no me dejo llevar por mi pasión hacia la Venta de Borondo. Me dejo llevar por datos recabados, estudiados y contrastados.


Veamos. Si estudiamos el texto literal de la obra de Cervantes veremos que cuando Don Quijote abandonó el Campo de Montiel, lugar del que partió en su primera salida, cabalgó desde el alba hasta el anochecer, siendo en ese momento cuando decidió tomar descanso tras toda la jornada. Bien, por aquel entonces, verano en la Mancha, sol abrasador y caminos carentes de sombra, cabalgar a lomos de un caballo con la descripción de Rocinante equivaldría a recorrer entre 45 y 60 kilómetros. Reitero aquí que está estudiado el asunto. Y ha de considerarse también que Don Quijote cabalgaría siempre hacia poniente pues era allí donde ocurrían todas las aventuras de los libros de caballerías, dato igualmente contrastado. Sigamos. Si se sale del Campo de Montiel y se recorren a caballo entre 45 y 60 kilómetros con dirección hacia poniente sólo se llegaría al anochecer a dos posibles ventas: la de Puerto Lápice o la Venta de Borondo. Hasta aquí correcto. Pero si seguimos desgranando el texto de Cervantes veremos que dice que donde llegó nuestro ingenioso hidalgo es a una venta como salida de la nada que confundió con un castillo. Y hete aquí que la venta de Puerto Lápice, llamada "Venta del Quijote", de acuerdo a los datos topográficos ya existentes en tiempos de Felipe II, se encontraba dentro de la propia aldea, rodeada de casas y población y así continúa y basta una mera visita para observar que tiene construcciones adosadas de su misma edad y no nuevas, pero, sin embargo, la Venta de Borondo estaba tal cual está y tal cual sigue hoy en día: en mitad del campo y solitaria. Y además, la única de las dos ventas que tiene un torreón a modo de castillo es la de Borondo. Por eso se ha de descartar la venta ubicada en Puerto Lápice como el lugar donde ocurrió el capítulo de velar las armas. Todo coincide: la distancia entre el Campo de Montiel y la venta a la que llegó, su orientación y su situación aislada. Con toda certeza llegó el protagonista a la Venta de Borondo y no a la Venta de Puerto Lápice. Y es más, estoy plenamente convencido que Don Miguel de Cervantes conoció ambas ventas cuando fue recaudador de impuestos de la zona y sabía cual de ellas estaba describiendo en su obra. Por eso, tras haber investigado y contrastado todos los datos obtenidos: Don Quijote de la Mancha veló sus armas y fue nombrado caballero en la Venta de Borondo, aquella que "vio no lejos del camino por donde iba y que a él le parecía castillo". Lo siento por la, mal llamada en este sentido, "Venta del Quijote" de Puerto Lápice, pero la historia es la que es y los datos no mienten.


Y dicho esto, os animo a todos, pero a todos, a ir a Puerto Lápice y conocer la Venta del Quijote, empaparos de la historia e imaginaros co-protagonistas de aquellos episodios que allí reflotan. Y luego y con la mente llena de retazos quijotescos visitad la Venta de Borondo previa lectura del capítulo II de la primera parte del Quijote. Ya me diréis... Una perfectamente conservada y restaurada. Otra prácticamente derruida pese a ser declarada Bien de Interés Cultural. Una cargada de fantasía y atracción turística. Otra cargada de realidades que hablan a través de sus muros. Una en Puerto Lápice. Otra en un lugar de la Mancha... Me lo dijo un buen amigo. ¡¡Hasta otra!!

jueves, 10 de mayo de 2018

EL CANGREJO, UN LUGAR PECULIAR

En el pueblo de La Solana, en pleno campo de Montiel, reside José Luis Salcedo, mi buen Selu, cofrade, compañero y amigo que pone voz a las cofradías en las ondas de Radio Horizonte a través del programa "El Escapulario". No es la primera vez que me acerco con él al estudio de la radio local solanera a pasar un agradable rato entre micrófonos charlando de lo que más nos gusta. Pero en esta ocasión, además, le dije que quería conocer el restaurante "El Cangrejo" pues me habían comentado que era parecido al famoso "Casa Pepe" de Despeñaperros, con todo tipo de ambientación franquista y de la más profunda España Nacional, siendo un reclamo turístico para todos aquellos curiosos de una u otra ideología que quieran conocer el lugar dejando aparte sus políticas.

Es evidente que a un lugar con tal decoración se ha de ir aislado de pensamientos y simplemente a observar la cantidad de detalles que lo plagan y a pasar un rato agradable en un lugar tan peculiar. De lo contrario es mejor no ir. Porque, a lo José Mota, "Que no es por no ir... que si hay que ir se va... pero ir pa ná... ir pa llevarte un mal rato... Si hay que ir se va pero a lo que hay que ir, no al zanganeo". Pues eso. Valga un mero detalle: si un aficionado del Real Madrid va a ver un partido al Wanda Metropolitano con la afición colchonera, debe ir mentalizado de que se mete en casa del enemigo y dedicarse a disfrutar del partido que va a ver, sea el que sea, obviando los insultos que oiga hacia el club de sus amores. Si a lo que va es a hacer gala de su madridismo en corral ajeno y a encararse con todo lo que allí ocurra o va a provocar a la casa del vecino y a imponer su criterio en un ejercicio de uno contra mil, es fácil que se vaya con los hocicos calientes por imbécil. Así de claro.
Sentada esa apreciación y con ganas de conocer el local y su ambientación pues había oído mucho hablar de ello, Selu reservó mesa para los cuatro que nos juntamos en el pueblo a grabar a la radio y a pasar un día entrañable: José Luis Fernández (Panuchero), el propio Selu, mi primo Fer y yo. Nos recibió en la entrada aparcado el coche del propietario del restaurante a modo de anticipo de lo que espera nada más pasar al local: los colores de la bandera nacional por toda la estancia y todo tipo de apología y memoria a los tiempos de la dictadura de Francisco Franco de principio a fin. Por supuesto José Antonio Primo de Rivera también está presente. Faltaría más. No queda rincón del restaurante sin decorar de una manera u otra y por los altavoces suena a menudo el "Cara al sol". Desde luego es digno de conocer el lugar. Los parroquianos que lo regentan, ya acostumbrados a ello, actúan con total naturalidad y normalidad, siendo los visitantes curiosos los que nos quedamos con cara de asombro ante todo aquello. Insisto una vez más en que merece la pena la visita pues entretenida es un rato y, las cosas como son, se come bastante bien y barato. Eso sí, lo recalco, se debe ir concienciado de lo que nos vamos a encontrar y obviar todo tipo de detalles y pensamientos. Es como el ateo que visita el Vaticano: "mire usté, admire el arte y olvide la religión". Aquí igual. Déjate llevar puesto que nadie te obliga a ir y saborea un lugar tan peculiar en plena Mancha y échate unas risas.


Llaman a la atención todo tipo de detalles que lanzan mensajes que logran incluso sacar una sonrisa bondadosa. Son destacables una gran fotografía del Caudillo ataviado con la camiseta del club de Concha Espina, a modo cartel, en la que puede leerse "En el Cangrejo se ven todos los partidos del Real Madrid" o una pancarta colgada del techo como si fuera una bandera de España con sendas águilas de San Juan a los lados con la leyenda "Las mejores gachas de España te las puedes comer aquí". Se encuentran también mil reseñas sobre la victoria del conflicto bélico, la falange, la Guardia Civil, el Valle de los Caídos y todo tipo de imágenes o reminiscencias que tenga algo que ver con Franco, su papel en la guerra y su posterior dictadura. La apología que hace el lugar a los tiempos pasados del dictador llega hasta tal punto que a la entrada del local, en la propia puerta, pone bien claro en un cartel: "¡Aviso! Entras en zona nacional. Si no te gusta vuelve por donde viniste. ¡Arriba España!". Y los manteles de las mesas del comedor llevan estampados el águila de San Juan y la leyenda "Una, grande y libre". No queda lugar del restaurante que se libre de vítores, imágenes, recuerdos o mensajes ajenos a la temática común del mismo. Incluso en la tienda de recuerdos (que los hay y muy curiosos) las bolsas de harina de almortas o pitos para hacer las famosas gachas manchegas también llevan por decoración una pegatina de la bandera de España con el águila. Y no, no es una exageración. Adjunto foto pues me reí bastante con tal detalle.

Total que Selu, Panuchero, Fer y yo pasamos un agradable rato en un sitio muy curioso. Y la gente que estando en tal lugar nos oía hablar de cofradías pasó mejor rato aún. Éramos una curiosidad dentro de la curiosidad. Y como decía por ahí arriba se come bastante bien. Un amplio y abundante menú por 10 euros que incluye primero, segundo, postre, bebida y pan y con unos platos de buen yantar entre los que hay patatas a la riojana, fideuá, chuletas, calamares, paella, entrecot, bistec, tarta de queso, suspiro de queso manchego, flan casero, etc. Vamos que nos pusimos como el quico y la visita mereció la pena pues el buen ambiente entre nosotros y la peculiaridad del local, evadiéndose de ideologías y políticas, ya lo he dicho, hacen que merezca la pena la visita a este reducto franquista que pervive en la Solana y que está, las cosas como son, bien asentado pues lleva más de treinta y cinco años existiendo y ganando fama. Y con los tiempos que corren políticamente no es fácil ganar turismo y visitantes con campañas permanentes de este tipo. Ese es el mérito de lugares como este: saber equilibrar lo extremo con la curiosidad. Para ello el fiel de la balanza es el respeto entre los de dentro y los de fuera. No existe otra manera. Os ánimo a conocer el local como si fuera un parque temático. Olvidad ideologías y visitad el Cangrejo. Un lugar diferente, sin duda.




jueves, 26 de abril de 2018

LA SEMANA GRANDE 2018

Cuando al llegar el Domingo de Resurrección estoy abatido mentalmente y agotado físicamente es que la Semana Santa ha sido plena. Y así ha sido, por fortuna, este año. Abatido por la cantidad de vivencias, añoranzas, recuerdos, sensaciones, nostalgias y lágrimas que he derrochado estos días por tener las emociones a flor de piel. Agotado por los kilos de los pasos, las noches cortas de descanso, la cantidad de kilómetros recorridos andando, las horas esperando de pie y el dolor de espalda que todo ello acumula. Una Semana Santa plena. Y eso que amenazaba la nefasta lluvia con hacer acto de presencia en los días más intensos para todo cofrade. Entiéndase por nefasta la precipitación atmosférica indeseada en un oportuno momento. Las cosas como son. La lluvia era muy necesaria y gracias a Dios hemos tenido un final de invierno y un comienzo de primavera bien cargado de agua, lo que ha hecho que los pantanos y ríos se llenen de nuevo y los arroyos corran. Pero en Semana Santa hubo un parón y los capillitas lo agradecimos lo que no está en los escritos. Y más aún los que hemos podido disfrutar de nuestros planes hechos desde hacía meses atrás e inclusive nos hemos llevado alguna pincelada no esperada y precisamente regalada por una pequeña intrusión final de la odiada lluvia en esos días que quedó en una mera anécdota y unas estampas sin par. Pero las cosas han de empezarse por el principio y antes de la Gloria fue la Cuaresma. Cuarenta días y cuarenta noches que me dejaron algunos regalos inigualables y el sin sabor de no poder disfrutar del palio azul y plata que pasea por el Perchel el Viernes de Dolores consumándose la espera eterna de un nuevo Domingo de Ramos.

Entre ensayos, calendarios, tertulias, barras de bar y los fogones haciendo torrijas se fueron consumiendo los días que dan lugar lugar a la amanecida del gran Domingo aguardado por todos los cofrades. Este año he sacado sólo dos pasos y así será en los años venideros muy seguramente. El Rabí de los Ángeles Cautivo en su Prendimiento y el Señor de la Bondad que se erige Rey de reyes en su Flagelación. Soy inmensamente feliz en las dos cuadrillas y me considero un afortunado por poder pertenecer a las mismas. Y sí, me gustan las vísperas por todo lo que disfruto en y con ellas. Recordad: no quiero que llegues, quiero oírte llegar... ¡Qué bonita es la Cuaresma! Además este año mi muy querida Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva cumple quince años y celebró la efeméride a finales ya de los cuarenta mágicos días con un precioso y magistral Acto de Acción de Gracias en el que interpretaron diversas composiciones litúrgicas y hubo una enorme carga sentimental y emocional. Volvimos a juntarnos prácticamente todos los miembros de esta gran familia y surgieron inéditas estampas entre lágrimas. Para mí, personalmente, fue muy emotivo que los fundadores de tan magna Agrupación volviéramos a encontrarnos y abrazarnos con los ojos humedecidos por todo lo vivido y lo logrado. No puedo expresar lo sentido y haré uso de un pequeño extracto de las palabras que ya plasmé en su momento cuando se grabó el primer disco que creo que recogen mi amor por las siglas STV:
[...] Siempre la he tenido presente.
Si no es uno es otro...
y hasta Santo Tomás me informa
de lo que ocurre en su seno,
de cómo va mi señora,
de cómo trabaja y evoluciona.

Porque ya no es joven...
¡Que es “doña”! ¡Que es señora!
¡Que ya tenemos disco en la calle!
¡Que sois grandes, compañeros!
Que me inundo de emoción,
que esto va por vosotros
que os llevo en el corazón
que sois parte de mi ilusión,
que estéis donde estéis
sois todos mi Agrupación...
No me salen más poemas;
¡No puedo decir más!
¡Somos Santo Tomás! [...]

Y fue precisamente por la tarde, en ese mismo y quinto Domingo de Cuaresma, cuando se abrieron las puertas de San Pedro y enfiló la rampa la Hermandad del Nazareno. ¡Qué cúmulo de sensaciones al ver al Hijo del Hombre salir a vernos! Y entre la multitud me hallaba. Recuérdalo, Señor: fui yo tu costalero. Y los hombres que forman tu cuadrilla y vieron mis ojos mojados, vinieron a secarlos de la mejor forma que existe: mojándolos todos conmigo. Y eso sí que fue la Gloria. El sentirme de nuevo con ellos pero de la mano de mi hija. Sonaron marchas de Linares y con el bamboleo de la túnica morada te despediste de San Pedro escoltado por sus propios símbolos señeros: una mitra de santidad en el frontal, un gallo que cantó tres veces al alba ubicado en la trasera, un evangelio en un costero y en el otro las mismas llaves del Cielo. Mil derroches de arte puro caminaron por el centro. Y aquí murió mi Cuaresma y mi sueño perchelero. De las dos vísperas gloriosas sólo caminó el Nazareno ya que la Virgen de los Dolores fue privada por la lluvia de verter su salero por la Plaza de Santiago y su barrio pescadero. Fin de una Cuaresma de ensueño que me robó las primeras lágrimas grabándolas a fuego.

Así llegó el Domingo de Ramos y la mirada puesta en el Rabí y su Madre de Salud. Mi Hermandad del Prendimiento procesiona poniendo la guinda del día en que todo empieza a la vez que todo acaba. Por la mañana disfruté en familia de la Hermandad de las Palmas y por la tarde me entregué al oficio costalero, con amigos de los que te regalan las cofradías, con compañeros verdaderos de batalla y con Santo Tomás de Villanueva detrás. Apostando a dichos caballos el éxito estaba asegurado. Y así fue. Un año más que será inolvidable lo vivido bajo las trabajaderas del Cautivo. Volví a vivir lo soñado y a mecer al Maestro de la Blanca Túnica. Y aunque la lluvia acechaba con hacer acto de presencia conforme fue avanzando el día se fue diluyendo su porcentaje de aparición y se pudo vivir un Domingo de Ramos de ensueño con preciosos momentos protagonizados por el Rabí de Galilea que fue prendido en un huerto de olivos y por la Virgen de la Salud que acercó su nombre a quien más lo necesita.
Aún soñando con lo recién vivido amanecí el Lunes Santo, día de Vía Crucis y oración por estas calles de la Civita Regia. Cansado y dolorido pero con sonrisa costalera. Y como es costumbre y tradición compartí el día con mi padre como vengo haciendo desde que tengo uso de razón y al terminar el acto, con la Catedral abarrotada, marché a casa con la esperanza de que algún día llevaré a mi niña Claudia conmigo.
Al día siguiente, tras diez años ejerciendo el oficio costalero en la carmelitana hermandad de las Penas, disfruté de un Martes Santo diferente. Ya ni conocía los recorridos nuevos de las hermandades que vienen del Barrio del Pilar y tenía muchas ganas de verlas en la calle. Y conmigo vinieron mi padre, mi hermana y el carrito de mi hija que recibió mil detalles de todos aquellos que me conocen: galletas, pulseras de la banda, nazarenos de juguete, estampitas... Otra vez llorando por todo el cariño recibido y que por dentro algo me hace sentir que es merecido. Pero que sea partícipe de ello mi hija pequeña me supera y para ella eran los regalos. Jamás lo olvidaré. ¡Qué gran Martes Santo! Aunque he de reconocer que un repeluco me recorrió el cuerpo cuando vi al Señor de las Penas y yo no estaba debajo. Muchos recuerdos de Martes Santo... Concluyó la jornada viendo la Virgen del Mayor Dolor a su salida de San Pedro y, tras disfrutar un poquito de esta cofradía, seguí dirigiendo mis pasos a la entrada del Cristo de Medinaceli para disfrutar tranquilamente de mi gente, de mi banda, de Santo Tomás y del Barrio del Pilar donde se bautizó mi retoño y donde habita la Esperanza de Ciudad Real. Como antaño, como hace más de veinte años, era ya muy de madrugada cuando me acostaba nervioso porque al día siguiente saldría a la calle el Cristo que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro.

Miércoles Santo y casi ecuador de la Semana Grande. Yo conocí al Señor allí donde los vencejos vuelan al claudicar la primavera. Y allí empezó mi amor por Él y así comenzó este año mi Miércoles Santo: en la Plaza de las Terreras. Son 23 años ya bajo sus maderas y con la misma ilusión que el primer día. El Rey de Reyes todo lo puede. Esa mirada de Bondad y amor infinito que precede al mismo Consuelo bajo palio se derramó por la ciudad de principio a fin. Y la Fábrica de los Sueños volvió a cerrar por un día para cumplir uno de ellos en realidad. ¡Qué cuadrilla más fiel! Es imposible enumerar la cantidad de sensaciones, emociones, escalofríos, recuerdos, esperanzas, anhelos, sonrisas y lágrimas que se esconden en mis costales cada Miércoles Santo. Y este año no ha sido menos y he tenido una pizca de todos aquellos sustantivos que dar cuerpo a la anterior oración de este texto. Y tras otro sueño hecho realidad a casa de mis padres como madrugada ya de Jueves Santo. Ese olor a torrijas costumbristas y esa fuente de bacalao con tomate son los últimos aromas y estampas que cerraron para mí un nuevo año de gloria costalera.
Amaneció el Jueves Santo y con él mi macarenismo desbordado y mi maleta para ir a Serva la Bari preparada. Algo grande se presiente cuando Mamá va a repartir su nombre al mundo entero: Esperanza. Dicen que vive en los restos de una antigua muralla, tras un Arco que se llama como Ella, en la Basílica adherida a la antigua Iglesita de San Gil, donde confluyen Bécquer y San Luis, en la muy noble, leal, invicta, heroica y mariana ciudad de Sevilla y que nadie, nadie se explica cómo con su pasar hasta el corazón nos hiela y nos lleva en volandas, sin darnos cuenta si quiera, hasta el barrio que lleva el nombre de su nombre: Macarena. Y eso son palabras mayores y allí que fui. Este año me iba a pegar una dosis de mi hermandad hispalense grande, pero grande. Llevaba soñándolo un año entero. Y la lluvia nuevamente respetó. Por delante un Jueves Santo lleno de amigos, primos, Negritos, Cigarreras, Monte Sión, Valle, Exaltación, Pasión y Quinta Angustia sería preludio de la noche más esperada del año. No hacen falta más palabras pero sí una pincelada. El palio de las Lágrimas por Sales y Ferré de vuelta con Soleá dame la mano. Para paladares cofrades selectos y de buen gusto fue lo presenciado. El disfrute fue enorme y la paliza física iba siendo ya considerable a esta alturas de la Semana Santa. Y por la noche, en la Madrugá, cinco verdes esmeraldas que Gallito le trajera del otro confín del mundo para realzar su belleza se repartieron por el planeta. Y salieron también a la calle la Madre y Maestra, el Calvario, la Hermandad de la Esperanza de Triana cuya avanzadilla con Rafaé y Calamar llenó los sentidos de los que admiran sus andares, los Gitanos y el Gran Poder. ¡Si sale Mamá cómo no va a salir Papá! Palabras mayores de nuevo. Se cumplió la maravilla. Otra vez Gran Poder y Macarena por las calles de Sevilla.

El Viernes Santo comenzó para mí muriendo el Jueves Santo frente a la Basílica que me tiene enamorado. Antes la lluvia quiso dejar su impronta e impidió que la Hermandad de los Gitanos llegase a la Catedral siendo así la única que este año no completó en Sevilla su estación de penitencia. Cosas que quedan para los anales de los estudiosos cofrades. Todas menos una. Pudo haber sido pleno y no lo fue. Cuatro gotas sueltas nada más pero ya mojaron lo que estaba siendo una Semana Santa de escándalo. Tras pegarme entre la Madrugá y la mañana varias horas de macarenismo tal y como quería fui al ataque y fin del último Viernes de abstinencia: el buen plato de bacalao con tomate que me llevé a Sevilla desde Ciudad Real. Eso es así y así seguirá. Igual que por la noche de ese tan mágico día cenar calamares de campo y cazón en adobo de la Isla a pie de calle en la esquina de Doña Guiomar con Zaragoza donde todo se convierte. Pero antes de ese gusto gastronómico estaban por las calles la Carretería, la Soledad de San Buenaventura, el Cachorro, la O, San Isidoro, la Mortaja, Montserrat y debía cumplir mi plan de todos los años que esta vez se vio alterado por la lluvia que, si bien, no impidió que procesionaran todas las hermandades me dejó imágenes inesperadas y algún disgustillo pues hubo cambios de recorrido. Me quedé sin ver San Isidoro por la estrechez de la Alcaicería como a mí me gusta y sin ver el portentoso misterio de la Conversión del Buen Ladrón en mi querida esquina de Zaragoza con Doña Guiomar. Pero como decía al principio, quedó todo en mera anécdota y unas estampas sin par. A cambio disfruté de San Isidoro por la Cuesta del Rosario y, al contrario de lo que viene siendo normal en el resto de pasos, bajándola en vez de subiéndola. Y en cuanto a Montserrat logré ver la entrada en primera fila tanto del misterio como del palio que venían en sentido opuesto al habitual por la Magdalena. Fin a un día precioso sin duda. Y agotador también.

Llegaba el fin de semana con su regustillo a añoranza y a que todo se acaba. El Sábado Santo disfruté de todas las cofradías en nuevos lugares y horarios que otros años venía haciéndolo, así es que pude repetir algunas y terminar, ésta vez sí, en la entrada de la Trinidad dentro del callejón. El Sol dirigiéndose desde la Catedral a su barrio, los Servitas en la Encarnación, el Santo Entierro por Hernando Colón y la Soledad de San Lorenzo por Orfila desde un lugar privilegiado: la presidencia de la Hermandad de los Panaderos gracias al bueno de Ángel Corpas. Y, desde allí mismo, poder saludar a Don Joaquín, sacerdote y amigo que es el Preste de dicha hermandad de la Soledad y que me unió en matrimonio con Gemma y bautizó a mi pequeña Claudia. Recuerdos imborrables de un Sábado Santo encantador junto con mil vivencias más de esas que se irán diluyendo con el tiempo dando paso a otras nuevas.
Y llegó el día contrario al primer Domingo de la Gloria. Domingo de Resurrección: día en que todo acaba a la vez que todo empieza. Me encanta la lasaliana hermandad y siempre digo que la Semana Santa acaba en Santa Marina y así es. La Resurrección pone fin y sentido a todo lo anterior por eso es la única gloria que se encuentra en Semana Santa. Desde el cambio de horario de esta hermandad no me quedo ya hasta la entrada pues debo volver a casa a media tarde y el viaje a Ciudad Real se me hace melancólico y triste. Este año la vi en el mismo sitio que al Señor de las Tres Caídas y a la Virgen de Loreto de mi admirada y esperada Hermandad de San Isidoro pero en sentido contrario. E iba de babero tanto el paso del Señor como el de la Virgen. El Resucitado subió del tirón la Cuesta del Rosario en una chicotá de escándalo que concluyó a los sones de Alma de Dios. Y la Virgen de la Aurora no iba a ser menos y su cuadrilla igualó la chicotá con un andar precioso y saleroso que hicieron las delicias de los que nos gusta ver un paso de palio irse alejando al compás de la música. Todavía me dio tiempo a ver el paso de Cristo en la Plaza del Cristo de Burgos y verlo revirar perdiéndose hacia Santa Ángela de la Cruz. Y ahí concluyó mi Semana Grande 2018. Plena, casi perfecta, para el recuerdo. Y yo abatido mentalmente y agotado físicamente. Buena señal como al principio decía. Y otra vez soñando lo vivido y esperando vivir lo soñado con la familia y los amigos. ¡Ahí quedó! Se acabó la Gloria. Comienza la cuenta atrás...

martes, 17 de abril de 2018

NIÑOS Y PEREGRINOS

Yo no sé quién disfrutó más, si los niños viendo la llegada de dos peregrinos a su cole o los dos peregrinos hablando del Camino a los niños. Lo que si sé es que todos disfrutamos lo que no está escrito. La historia comenzó cuando María Eugenia, amiga peregrina con la que coincidí en uno de mis múltiples caminos en el tramo de Sarria a Santiago por el Camino Francés (siendo el mismo la primera vez que ella recorría la Ruta Jacobea y aguantando mis monsergas de que el Camino más atrás es diferente y bellísimo), profesora en el Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel, me pidió si podía asistir un día al centro y hablar con sus alumnos del Camino de Santiago ya que era uno de los temas que se debían desarrollar en la docencia acerca de la Edad Media y lograr de los niños una motivación hacia el propio Camino. Serviría de estudio, de actividad y de animación a la vez. Yo, al ser autónomo, dispongo de ciertas libertades en mi horario laboral, libertades que luego me suponen trabajar un Domingo, un día festivo o hacer turnos de guardia de 24 horas, las cosas como son, pero libertades al fin y al cabo que me permiten amoldar mi tiempo siempre que el Juzgado no me lo impida, a poder escaparme de mi trabajo de abogados un Viernes por la mañana y hacer actividades como la que hice. Por eso acepté. Por eso, porque me lo pidió una amiga y peregrina, porque me sentí enormemente agradecido porque contara con mi persona para ello y porque los mayores beneficiados eran los niños. Estaba claro. Y allá que me presté.

Debía explicar mediante un teatrillo a los alumnos el por qué del Camino de Santiago, cómo surgió, como pervivió, por dónde pasa y cuáles son los principales caminos a día de hoy, de modo tal que los niños aprendieran todo ello y además llegasen a casa con la motivación de querer hacer ellos mismos el Camino. Y debía hacerlo con una ambientación medieval de peregrino antiguo y contarles también cosas de la actualidad. Así es que se me encendió una bombilla ilusionante. Mi padre había sido, como dice el refrán, cocinero antes que fraile, en el sentido que en realidad hubo sido maestro de escuela antes que abogado. Y además conoce el Camino igual de bien que yo. Era la persona idónea para explicar a los niños muchas cosas de la Ruta Jacobea. Así pues, iríamos los dos: él vestido de peregrino antiguo y yo de peregrino actual. Se lo dije a María Eugenia y le encantó la idea. En todos crecía la ilusión por la tarea a realizar. E insisto: los niños serían los verdaderos protagonistas. Estarían en su cole aguardando la llegada de dos peregrinos, uno del medievo y otro de los tiempos que corren, escucharían de ellos vivencias y aventuras y podrían hacerles preguntas, hacerse fotos con ellos y aprender muchas cosas de esos caminantes que aman y siguen las flechas amarillas...



Preparamos con mil amores las indumentarias precisas. De hecho yo mismo me llevé las mismas ropas que uso cuando hago el Camino, el sombrero, la mochila, las desgastadas botas y el bastón. A mi padre le hicimos con fieltro marrón un sombrero típico de peregrino de antaño con su vieira y todo en el frontal, nos dejaron una capa marrón, un bordón con su calabaza y todo y un curioso bolso cuadrado y marrón hacía la suerte de zurrón donde los antiguos caminantes llevaban sus escasas pertenencias. Con algo de imaginación suplimos el resto de carencias en las vestimentas que pudiéramos tener y la alegría y el entusiasmo por la tarea encomendada hizo el resto. Improvisamos un teatrillo que contuviera de todo lo que había que explicar a los niños e ideamos un juego de intervenciones en los que los dos peregrinos nos preguntásemos el uno al otro cuestiones del Camino en la Edad Media y en los tiempos actuales para que, a la vez que los niños aprendían las diferencias y los distintos tipos de peregrinos de ayer y de hoy, fuesen aprendiendo también cómo ha ido evolucionando el Camino de Santiago y supieran que hay varios caminos que llegan a la mismísima Plaza del Obradoiro, conocieran la existencia de los antiguos hospitales y los albergues y cómo son hoy en día, supieran los requisitos necesarios para obtener la compostela y disfrutasen con algunas vivencias, experiencias y leyendas de la mágica Ruta Jacobea que puede seguirse incluso guiándose por las estrellas.


Lo mejor fue enseñar y explicar a los niños los valores del Camino y que centrasen su atención en recorrer el mismo por la experiencia y el aprendizaje y no por obtener la compostela. De hecho me reservé dos cuestiones importantísimas que sabe todo peregrino y que a su vez se aprenden en el Camino, con la esperanza de que alguno de los niños y niñas a los que tuve el enorme placer de hablarles lo descubran por sí mismos en algún tramo del Camino: que es mucho más bello recuerdo la credencial repleta de sellos de distintos lugares que la ansiada compostela y que el saludo más internacional entre todo peregrino es ¡Buen Camino! Parecen evidencias pero es precioso descubrirlo por uno mismo. Confío en que cuando realicen el Camino de Santiago ellos mismos aprendan a decir ¡Buen Camino! a todos y que disfruten del propio tránsito sin buscar en el mismo como objetivo el conseguir la compostela sino que bañen sus pies en las frías aguas de Ribadiso da Baixo, que coman cocido maragato en Astorga, que en plena subida a O Cebreiro en un mes de Agosto paren a refrescar su cabeza sin prisas en la fuente de la Faba, que recuerden con cariño Hornillos del Camino y su peculiar hospitalero y que conversen en un inglés improvisado y bastante erróneo con algún peregrino americano mientras bajan el Alto del Perdón...
Y espero que años después cuando revisen su credencial, detengan la vista en un sello de algún bar de un pueblecito por ahí perdido por Castilla y recuerden que el pincho de tortilla que se comieron allí fue un manjar en aquella calurosa etapa. Deseo que si algún día cuando hayan crecido han de hablarle del Camino a otros niños, como yo lo hice, no se lleven la compostela sino que se lleven credenciales llenas de recuerdos, como las que nosotros les enseñamos. Quiero que cuando esos niños que me miraban extasiados con los ojos bien abiertos y los oídos agudizados deseando escuchar más y más vivencias caminen siguiendo flechas amarillas, saluden con un cariñoso y entrañable ¡Buen Camino! a un peregrino del Congo, que no hable su idioma y que no lo hayan visto nunca jamás antes en su vida pero sepan que tan sólo es un peregrino de la vida más, igual que ellos. Quiero que a los pequeños que con tanto amor presté mi bastón, mi sombrero y mi mochila les haya inculcado el verdadero Camino: el de la vida. Sólo entonces la más bella etapa que he realizado obtendrá su compostela.
Dejad que los niños se acerquen a mí. Soy yo quien aprende de ellos.


 Gracias al Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel (Ciudad Real) 
y a su profesora María Eugenia 
por hacer posible esta preciosa etapa de un camino sin igual.