jueves, 18 de mayo de 2017

UNA SEMANA SANTA ESPECIAL II

Ciudad Real amanecía distinta. El brillo azul del cielo resplandecía en las buganvillas y geranios que adornan los balcones de las calles que formaban la antigua judería de la ciudad y el azahar empezaba a despuntar en los naranjos de la Plaza de la Virgen de las Lágrimas. Era Miércoles Santo y las históricas piedras de los muros del Perchel rezumaban Bondad y Consuelo. Fui rápido a abrir la ventana y respirar aire limpio como vengo haciendo durante los veintitrés años que llevo siendo su costalero y en el horizonte dibujé un sayón y un patricio blandiendo látigos y flagelos, un sanedrita conversando con un soldado romano y tras ello otro legionario de Roma cabalgando sobre un caballo que relinchaba impetuoso alzando sus patas al aire y moviendo sus crines al viento en un día que se sabe glorioso porque llegará hasta la Morena del Prado. Y sobre ello la mirada de un Dios bueno. Sonreí. Y fui desdibujando la escena a la vez que imaginaba un palio granate que avanza saleroso cobijando a una Reina que porta en sus manos una rosa, un pañuelo y un rosario en cuyas cuentas se enumeran por centenas oraciones de los fieles a su paso. Momento de magia el que se avecinaba en las Puertas del Cielo sitas en la Plaza de Santiago Nº 2.Y me di cuenta que no era un sueño. Era realidad de nuevo. Era Miércoles Santo y no había que soñar lo vivido, había que vivir lo soñado. Por la tarde noche tendría lugar. Preparé las armas para la batalla más anhelada del año: una cuna de arpillera para mecer a Dios y una faja de tela para mantenerme firme en la pelea. Y llegó la gloria...

Estaba rozando el ecuador de la Semana Grande cuando el reloj marcó las siete de la tarde y el ambiente cofrade estallaba de júbilo. El hijo de Dios hecho hombre y amarrado a una columna iba a repartir su nombre por las calles. Y yo bajo Él, primera trabajera, zanco derecho. Sentirlo, pasearlo y darle gracias. Saberme privilegiado en un año en el que la hermana más pequeña de la cofradía es mi hija y llevaba en su carrito mi medalla, mientras la medalla de mi abuela, que fuera también hermana, protege el cabecero de mi cama y ya camino del Cielo, junto a Nuestro Padre Jesús de la Bondad, supo que cuando ella marchaba ya estaba en camino otra vida: tráeme una niña, Carlos. Una niña. Ya está aquí, Lela. Mi niña Claudia. Tú arriba con el Señor, yo bajo Él y Claudia viéndonos a los dos. Y recibiendo el Consuelo de una Madre que si mira hacia arriba ve en su gloria a la Patrona, a la que mi hija y tu bisnieta honrará este año por vez primera con su primer pañuelo de hierbas, en una Pandorga que vendrá con recuerdos de cuando tú me llevabas a su vera. Una Semana Santa muy especial. Mucho. Estuve en el mismo Cielo y logré retratar el momento. Que se pare el mundo. ¡Que se pare! En el frontal del paso: Gemma a mi lado, mi hija en brazos y Dios presidiendo el cuadro.

Fue sin duda un Miércoles Santo de ensueño. Cuando los sentires se hacen realidad y los sentimientos embargan y embaucan cuando se les mira como recuerdos y hacen brotar a la nostalgia mientras una sonrisa inconsciente se dibuja en la cara, es que fue algo grande lo que los produjo. Y así ocurrió. Y así me ocurre escribiendo estas líneas. Volví a casa cansado, satisfecho, con el trabajo bien hecho y mi alma con forma de morral manchego llena de sensaciones de esas que no se pueden describir sino que brillan a través de las retinas, como mi hermandad, la Bondad y el Consuelo. Había que descansar. Este año no me iba a Sevilla al día siguiente. Tenía una cita con San Pedro. La Macarena debía esperar mi visita a la que intento por todos los medios no fallar nunca y mientras Ella repartiese su nombre al mundo entero yo estaría cumpliendo una promesa: hacerme costalero del Dios mismo en esta tierra. Costalero del Señor que vive en los muros pétreos de la calle Lanza y que camina con música el Domingo de Pasión y en silencio y poderoso en la Madrugá del Viernes Santo.

Pero antes era Jueves Santo y mi barrio de la infancia bullía de sentimiento como el que tuve en la adolescencia cercano a sus costaleros y amarrado a sus faldones de Caridad perchelera. Llevaba treinta años sin ver desde la calle como espectador las cofradías del Jueves Santo de mi tierra. Desde niño he participado en ellas: nazareno de la Santa Cena, corneta de su banda, miembro del cuerpo de capataces del Cristo de la Caridad, costalero en el Valle de Sevilla, invitado a la presidencia o perdido por Híspalis buscando almas cofradieras. Entre unas cosas y otras tres décadas de mi vida sin ser espectador de las mismas hasta este año. Restan los otros seis años que tengo, apenas con recuerdos, sólo con retazos de Altagracia en mi memoria: las torrijas de mi abuela y de la mano de mi abuelo. Una Semana Santa muy especial. Y tras disfrutar con conocimiento de lo que ofrece un Jueves Santo en las calles de mi Civita Regia, fui a casa de mis padres a cumplir con la promesa. Me vestí de costalero de nuevo y marché con la inocencia, la alegría y el entusiasmo de disfrutar la madera como quien bajo el paso se estrena. Y para mí era un estreno pese a mi raza costalera. Sacaba un paso nuevo, un paso hecho promesa que al posarse sobre el suelo traería la paz a mi cabeza. Un año debía hacerlo. Un año tan sólo. Un año. Como las cosas que pasan en la vida y son historia nada más consumarse. Y se entregan al olvido pero quedan en memoria. Y no sé si porque el capataz lo sabía, porque alguien lo hubiera dicho, si por azar, por destino o porque el propio Nazareno jugó los dados tuve el relevo que quería: Estación de Penitencia a las Hermanitas de la Cruz y entrada para posar al Señor en el mármol de San Pedro. Dos capítulos se llevó mi costal, dos tan sólo: una vida entre mis brazos y una espalda con la firma de Madre Angelita. Se cumplió. Y no lo olvidaré nunca. Podré sacar muchos pasos y haber sacado ya otros tantos, pero siempre podré decir que yo fui costalero del Señor, costalero del Nazareno, costalero del Dios mismo que camina por San Pedro.Y fui feliz en aquella Madrugá bajo Él. Sabiendo que esa noche mi sitio suele ser entre el tintineo de cinco verdes esmeraldas que adornan la pechera de la Esperanza Macarena y el racheo silente y cadencioso del Gran Poder cuando vuelve por la Gavidia y enfila las últimas horas de la noche y los vencejos se desperezan al amanecer el día, me sentí costalero del Dios mismo y le hablé de tú a tú, como se le habla a un amigo.

Para terminar esta Semana Santa especial al día siguiente marché a mi Sevilla del alma. No podía faltar a la llamada que me hace la que vive en San Gil allí donde se unen la calle Bécquer con San Luis, al lado de la muralla y tras el Arco que lleva su nombre. Gracias Mamá por hacerme macareno. Y disfruté de Ella en su paso de palio. Y de las cofradías que tanto me gustan. Disfruté viendo como la Carretería salía bajo un sol de justicia a las calles de Siviglia y como el Cachorro que "nunca ha visto ni Sevilla ni Triana" volvía tan sólo a ver "los balcones y las tejas de la Cava". Y me acerqué al otro lado del puente a ver al Jorobaíto salir de su barrio y marché en busca del recogimiento de San Isidoro por la Alcaicería. ¡Ay, Señor de las Tres Caídas...! ¿Quién sabe? Y la Soledad de San Buenaventura por Arfe. Y la Mortaja por el Duque. Y Montserrat en la vuelta mágica de Doña Guiomar con Zaragoza donde todo se convierte. ¿Y comiste bacalao con tomate? Por supuesto, para eso es Viernes Santo. Y por la tarde compré agua en los puestos callejeros. Era necesario. Y costumbre y tradición. ¿Y hubo pescaíto? Claro que lo hubo. Y almendras fritas de postre. La Isla sin mí no es la Isla. Y yo sin la Isla no concibo Sevilla. Y acabé el Viernes Santo en la entrada del palio de la O. Una Semana Santa muy especial.

El Sábado Santo también dejó recuerdos. La cofradía del Sol llegando a la Alfalfa, los Servitas por las Setas, la Trinidad por la amplitud de Imagen y dentro de la presidencia de mi querida Hermandad de los Panaderos en la puerta de su capilla de la calle Orfila, donde me reencontré con un gran amigo que me ha dado parte de su corazón y detalles que llegan al alma antes de que Claudia siquiera naciera, el Santo Entierro por la Plaza del Duque de la Victoria y la Soledad de San Lorenzo por Jesús del Gran Poder. Hubo tiempo para una segunda vuelta a todas menos al Sol que ya iba de recogía. Me gusta ver los Servitas por el Cristo de Burgos, la Canina por Tetuán y la Soledad despidiendo los días de penitencia camino de San Lorenzo para aguardar la gloria de la Resurrección que cierra la Semana Santa.
Y este año no pudo ser mejor y brillar más el broche de oro. Tras un Sábado Santo muy bueno llegó el Domingo de Resurrección que pone sentido a todo lo anterior. Día de gloria que culmina la Semana más esperada del año. Para mí, el cambio de hora de la lasaliana hermandad no podía ser más acertado. ¡Qué disfrute ver el paso del Resucitado en la estrechez de Francos a plena luz del día y gozar de la Aurora de vuelta con gentío antes de llegar a Santa Ángela! No hay más preciado cierre para el paladar cofrade que clausurar la Semana Grande con la Resurrección de Santa Marina. Esa joven cofradía tiene un áurea especial. Me gusta. Y así cerré una vez más una Semana Santa pletórica y con pleno de cofradías en las calles. Conviviendo con amigos, con familia, con recuerdos, con anhelos, con mi mente entre Ciudad Real y Sevilla y sabiendo que esta Semana Santa especial ha sido de las mejores de mi vida. Muy difícil de superar. Para siempre: ahí quedó.

jueves, 11 de mayo de 2017

UNA SEMANA SANTA ESPECIAL I

De Domingo de Ramos
Este año la Semana Grande ha sido especial. Muy especial. Ha tenido de todo empezando por un precioso pleno de cofradías en la calle y pasando por sacar un paso que nunca había sacado y dejar otro que llevaba sacando diez años. Y por supuesto tener por primera vez a mi hija en brazos en estos días que me dan vida, sensaciones y recuerdos para el resto del año. Y como ha sido todo tan especial no hago sino embaucarme en mil recuerdos y querer dejar todos los posibles plasmados por escrito para que el paso del tiempo no los borre y me ayude a recordarlos en un futuro. Ha sido como digo especial de principio a fin. Una precuaresma preciosa, una cuaresma que he podido exprimir gota a gota convirtiéndola en un saboreo constante para mi paladar cofrade, unos intensos días de vísperas y una Semana Santa que será, sin duda alguna, de las mejores de mi vida. Sólo Dios y yo sabemos lo que ha sido para mí salir de relevo en los pasos y ver a mi niña Claudia. Lo más grande.

Comenzó todo el Domingo de Pasión cuando el Nazareno enfiló la ojiva de piedra de la puerta de San Pedro para caminar por la rampa más cofrade de Ciudad Real y derrochar arte por las calles. Tenía que sacarlo. Tenía que sacarlo un año. Tenía que abrochar nuestra historia de Domingos de Pasión en la que me hice hermano, comenzó a irse una vida, comenzó a gestarse otra, una promesa y una espalda sana. Y llegó el año de mecerlo, de disfrutar de la primera de las vísperas y el primer paso de Cristo que pasea por la ciudad y de aguardar una madrugá diferente. Una madrugá que para mí este año sería mágica: lejana a mi Macarena y al Gran Poder, pero siendo los pies del Señor en mi tierra. Y así fue pero más adelante hablaré algo de ella. Dos retazos nada más. Dos retazos que fueron dos trozos de cielo bordados en mi costal con los que se obró lo anhelado.




Y llegó como llega siempre. Amanecía un espléndido Domingo de Ramos dando lugar a la Gloria del cofrade y a la vez al marchitar de la flor más esperada del año. Una semana que cuenta el tiempo al revés y que rezuma sentimiento desde al arrabal hasta el centro y desde el centro al arrabal salpicando de recuerdos las retinas que la contemplan. Vestido como la ocasión merece y estrenando siempre algo en ese día tan señalado bajé en familia a ver la procesión de la Borriquita, la que significa el inicio de todo. A mediodía me quité las galas y me puse el mono de trabajo que tanto amo: pantalón de costalero, camiseta de tirantes, sudadera de hermandad y botines negros para ser los pies de Dios Cautivo. El Rabí me esperaba. Y yo a Él. Como cada Domingo de Ramos la añoranza me tira un dardo desde la calle Sol pero los sones de Santo Tomás, mis amigos bajo el paso y la Hermandad del Prendimiento, me recuerdan que Dios sólo hay uno y las advocaciones son solo nombres de una misma fe. Y lo que vivo debajo del Cautivo es una preciosidad. Y cada año más.


La siguiente parada en el metro del costal llegaba el Martes Santo al andén de las puertas del Carmelo. Y allí me bajé. Costal y terno negro bajo un Señor de las Penas con oración carmelitana y discurrir añejo y rancio por las calles del centro. Empecé de la mano de Marcelino padre en el mundo del costal, pasaron años y llegué junto a él de nuevo en la cofradía seria y silente del Martes Santo, con amigos, con gente buena, con gente de oficio y raza costalera. Se fueron yendo algunos y el Señor llamó a su vera al capataz, pero seguí ahí con Marcelino hijo, amigo, compañero y también capataz y costalero. A sus órdenes señeras. Y este año, tras ser cuna de arpillera de Nuestro Padre Jesús de las Penas durante diez años, me he retirado de esa cuadrilla y de ese rachear en silencio que empecé de la mano de un padre y terminé en la de su hijo. Cuando posé el zanco del paso en el mármol de la iglesia me invadieron mil sentimientos. Ahí quedó, Marcelino Abenza. Y es que es un Cristo que se le quiere, que se le coge cariño, porque va muy solo, me dijo una vez un amigo. Y es así. Desde que lo conozco los Martes Santo son especiales. Ya no estaré bajo Él pero seguiré a su vera y luchando para que resplandezca la Luz, esa Luz de la Plazuela, esa Luz que habita en el Carmen con su túnica medio abierta y que, quién sabe, si me haría de nuevo costalero de las Penas...


 Continuará en UNA SEMANA SANTA ESPECIAL II...

viernes, 28 de abril de 2017

ROMEREANDO RO ROMEREANDO

Señoras y señores, ladies and gentlemans, romeros y romeras (rameras no, ojito con lo que se lee), calimochos, pacharanes, botellines varios, chispalibres de colores y sabores, amigos todos, un año más llega esta entrañable fecha que no es otra sino el último Domingo de Abril, en el que las buenas costumbres, tradiciones, arraigos y fiestas populares se dan cita en torno a una lumbre y una buena comida manchega (aceptamos caldereta en su más pura expresión) para hacer exaltación de la amistad y la familia, de manchegas maneras, claro está, en honor a la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños de Calatrava. Y aún siendo este un año especial, primero de la era #MiNiñaClaudia en mi vida, allá me dispongo a ir pues el pacharán me apremia y hay gentes que tengo ganas de ver. Espero mantener las buenas costumbres y llegar andando de cofrades maneras, como un buen misterio avanzando con poderío y de frente. Y de recogía ya saben ustedes que soy macareno, así es que no se asusten si vuelvo de los corros como el Sentencia, de costero a costero y con algún derecho para atrás. Serán alucinaciones suyas (o efecto de los chispalibres) pero jamás hechos realizados adrede por mí. Homepofavó.

Así pues y a escasos dos días de que llegue el evento, vierto estas líneas en el Rincón previniendo de mi ausencia y desconexión. No piensen que pondré el móvil en modo avión porque sí, tiene un motivo: que no me localice Gemma porque si no se acaba el pacharán y me toca volver a casa raudo y veloz a la voz de "te viá partir la escoba en las costillas". Y, creánme, es desagradable. No tanto la escoba en las costillas como las voces cuando va uno harto de whisky. Pero bueno, palos a gusto saben a almendras. Lo que no sé es cómo hacerlo con la niña. En la romería no hay carreras de carricoches, lanzamientos de pañal o concurso de llanto por lo que no podré estar mucho tiempo con Claudia en esos parajes. Además los botellines son para gente mayor y ella es muy pequeñita. Espero sepan entender que lo hago por su bien y no por ponerme hasta la cencerreta. Su madre la cuidará a las mil maravillas y cuando quiera podrá reclamar mi ayuda que allí acudiré en cuanto me localicé por teléfono (si puede claro, por lo del modo avión... jur jur jur, pero ustedes a callar a ver si la vamos a tener, ¿eh?). Y repitan conmigo: ¡¡Viva la Virgen del Monte!! ¡Y su Niño! ¡Bien hecho! No olvidemos que estas fiestas son en su honor y Ella es la protagonista. A mí me gusta la guasa lo que no está escrito, pero mi primer pensamiento en la romería que cierra el mes de Abril siempre es para Ella. Y así ha de ser.
Total que de esta guisa y cantando eso que dice romereando ro romereando con la musiquilla de un conocido anuncio televisivo, me dispondré a disfrutar un año más de la fiesta mariana que más me gusta: una romería. Y no una cualquiera, sino la de la Virgen patrona del pueblo de mi familia política y de la tierra que vio crecer a mi mujer y casarnos ambos. Y tierra también de mi historia personal independientemente de todo lo dicho, pues cuando el que escribe contaba con pocos años de edad ya transitaba por aquellos parajes donde una Virgen vestida de pastora velaba por nosotros. Total que ya huele a humo, a romero y a chuletas asadas y eso a mí me trae loco, por las viandas en sí y por los buenos ratos que paso alrededor de grandes gentes. Y de verdad que no sé cómo lo haré, pero tengo que hacerlo. Cumplir con los trámites romeros es algo que me encanta y este año no será menos. Y, por supuestísimo, empezaré a inculcarle a mi hija el amor por las costumbres y tradiciones. Lo mismo no me entiende muy bien porque mi voz emita balbuceos y trabalenguas no voluntarios sino producto del vino peleón (contiene sulfitos) mezclado con coca cola (fórmula secreta), pero mi mirada alegre lo dirá todo. Y eso sí, si me parten la escoba en las costillas espero se apiaden ustedes de mí. ¡Ay de mí! Total lo hago por imperativo romeril. ¡¡Allá voy!! Gorro puesto, zapatillas calzadas, móvil en modo avión... ¡Botellín aquí!

viernes, 7 de abril de 2017

PREGONAR A TU COFRADÍA

Esta Cuaresma está siendo distinta. Y sin duda ha sido Dios quien lo ha querido. Me consta que mi nombre llevaba sonando un tiempo en el seno interno de mi Hermandad de la Flagelación para ser elegido pregonero. E igualmente llevaba un tiempo aguardando la llegada de mi paternidad y por unas cosas o por otras no ha sido hasta este mismo año. Y aquí juega el Señor de la Bondad que es quien ha tejido las entretelas del destino para que algo tan maravilloso para un cofrade se hiciera realidad en mi persona: mi hija Claudia con apenas un mes y una semana de vida se convertía en la hermana más pequeña de la cofradía el día que su padre subía al atril a pregonar su hermandad. No hay palabras para explicar la grandeza que ello conlleva a quien es un cofrade convencido y empapado de su sentir como yo. No me canso ni me cansaré de recordarlo jamás: mi hija juró reglas minutos antes de que yo tuviera el honor de pregonar nuestra hermandad. Grande, enorme, inmenso, incalificable e indescriptible lo que ello significó para mi humilde persona.


El día que me llamó el Hermano Mayor para comunicarme que la Junta de Gobierno había elegido mi nombre para ser el pregonero no supe decir que sí a la primera. He tenido ciertos problemas de enfrentarme al atril y además la responsabilidad de pregonar a la hermandad en un año tan especial como era éste, XXV Aniversario de la hechura y llegada de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, era muy grande. Pasé el día dándole vueltas y pensando que no había nada más bonito que pregonar a la hermandad de uno mismo, que muchos querrían estar en mi posición y, sobre todo, que otros muchos merecían que yo rompiera miedos y ataduras y lo hiciera por ellos y por aquellos que ya no están. Por la tarde le dije a los más cercanos que lo haría. Y al día siguiente llamé a Emilio, nuestro Hermano Mayor, y le comuniqué que contase conmigo. Pregonaría a mi cofradía el día 18 de Marzo de 2017 a las 20;00 horas de la tarde en la Iglesia de Santo Tomás de Villanueva. Y así fue.

No podía tener mejor compañía en el altar de la parroquia que el mismo Dios de la Bondad y su Madre del Consuelo. Me puse frente a Ellos un ratito antes de la misa y les brindé una oración. Después celebramos la eucaristía en hermandad y al comulgar me llené de Ti, de la cara que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro. Siguió el acto con la Jura de Reglas de nuevos hermanos y comenzaron las palabras a salir tras el atril. Primero el mantenedor del acto dio lugar a la presentación del cartel de la cofradía para este año 2017, segundo mi presentador como pregonero, Chefo, mi capataz y amigo, quien dedicó a mi persona unas palabras y halagos que considero inmerecidos y al que desde estas líneas del Rincón agradezco de nuevo y, tercero y último, mi humilde pregón y yo, anudados con un atado lazo de nervios, subimos al atril y se obró la maravilla. Pregoné a mi cofradía de la mejor manera que supe y pude: con sentimiento a flor de piel, rozando el llanto en ocasiones y exaltando el sentir personal y general. Sin duda disfruté e hice disfrutar. Esa era mi tarea autoimpuesta desde que acepté ser el pregonero. A más de romper mis miedos, claro está. Y lo hice. Y la satisfacción fue y es enorme. Todavía no me creo el haberlo superado y, como dicen los capataces para cerrar una chicotá, ahí quedó.




Y a juzgar por las palabras y gestos que me abrazaron al terminar de elevar la voz en nombre de toda la hermandad, debió ser bueno lo que hice y, cuanto menos, emotivo. Pero ya lo dije en el pregón y lo vuelvo a repetir: yo no tengo mérito alguno. ¿Quién, mi hermandad, te pregone que tenga buen pregonar? Este año recayó en mí la labor y me considero un afortunado por haber podido estar a la altura de lo que se me encargó y haber seguido la estela de muchos de mis hermanos que han sido magníficos predecesores en el pregón de la hermandad. La Flagelación es la hermandad en la que me he hecho cofrade, en la que he sabido lo que es hacerse costalero, en la que he tenido sonrisas y lágrimas y en la que mi alma se ha hecho conciencia de fe al mirar a la cara a Nuestro Padre Jesús de la Bondad y a María Santísima del Consuelo. Y me honra decirlo y ser su hermano, su costalero y haber hecho hermana a mi hija, porque no sé si habrá día más bonito para mí que el día que pregoné a mi cofradía y mi hija Claudia formó a engrosar nuestra nómina de hermanos. Siento el haberlo repetido, pero ya he anunciado al principio de estas líneas que no me canso ni me cansaré de decirlo. Y, es más, ojalá estuviera en mi mano el poder concederos a todos los que esta entrada leáis el mismo caudal de de sentimientos desmedidos que yo tuve ese día en este arrabal de la ciudad llamado Santo Tomás. Muchos pregoneros que tuvieron el don de pregonar a su hermandad me lo dijeron y lo pude comprobar y hoy lo digo a pecho abierto: qué grande es pregonar a tu cofradía.

Gracias al Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno, a mis hermanos y mis compañeros costaleros de la Fábrica de los Sueños por confiar en mí para esta misión de ser la voz de toda la cofradía en un año tan señalado como en el que celebramos el XXV Aniversario de la Hechura del Señor de la Bondad. No lo olvidaré jamás. Y gracias a mi familia y mis amigos por aguantar a este loco cofrade que soñaba todos los días del año con retazos de pregón que se hicieron realidad en esta inolvidable cuaresma del año 2017. ¡¡Gracias!!

...Y si Dios, el Padre bueno, 
te da la oportunidad
de decir si te reencarnas,
no lo hagas esperar.
Dile que te mande presto
de nuevo a Santo Tomás,
a volver a jurar las reglas
de una grandiosa hermandad
donde siempre serán eternos
el Consuelo y la Bondad.

He dicho.

martes, 28 de marzo de 2017

ÚLTIMA VISITA AL VICENTE CALDERÓN

Corría el 25 de Mayo de 1996 cuando mi amigo Tinín me invitaba al fútbol al Estadio Vicente Calderón. Ese día precisamente era su cumpleaños y sumaba quince primaveras. Colchonero desde que nació irradiaba felicidad. Su Atleti se jugaba ganar la liga y el Albacete se jugaba permanecer en primera división. Y estuve presente con él en aquel inolvidable partido que fue, a la sazón, la primera vez en mi vida que iba a un campo de fútbol. Evidentemente luego he estado es otros tantos más, entre ellos, obviamente el Santiago Bernabéu y el Benito Villamarín, como buen madridista y bético que soy. Y hoy recordaba aquella visita porque hace poco estuve de nuevo en ese campo y será la última vez que lo visite, pues el Atlético de Madrid se traslada al nuevo estadio Wanda Metropolitano. Conforme me invitaron ir al ver el duelo futbolístico entre el Atleti y el Real Betis Balompié no dude en aceptar y allá que fui. El partido, la verdad es que fue para aburrir a las ovejas y no mostrarlo jamás en escuelas de fútbol. Malo, malísimo. Y se saldó con una pírrica y muy sufrida victoria por 1-0 en el marcador a favor del equipo local. Pero echamos un buen día y eso se pretendía.

Mi amigo Julián, al que el Camino de Santiago y las cofradías pusieron en mi vida, me prestó dos abonos para disfrutar del evento que se disputaría el 14 de Enero de este año 2017 y me llevé a mi padre que siempre le ha gustado asistir de vez en cuando a ver un partido en directo. Abonamos a la Peña Atlética de Ciudad Real las dos plazas de autobús que significaban la reserva del viaje y allá que nos fuimos. Se antojaba un día grande y así fue. Llegamos un poco antes de la hora de comer a Madrid y nos metimos entre pecho y espalda u buen menú y su cuartillo de vino. Hubo tiempo de pasear un rato por las inmediaciones y estuvimos observando el Puente de los Franceses y los aledaños donde ocurrieron los desafortunados episodios de violencia entre aficiones que debería erradicarse del mundo del fútbol y conllevaron a la tragedia del "Caso Jimmy". Se hace duro pensar que algo tan grande como es un espectáculo deportivo que mueve a millones de personas tenga infortunios como aquel, pero la mente humana es capaz de lo más bello y de lo más aterrador. En fin, el día iba a ser una feliz excursión y eso es lo que importaba y a lo que íbamos. Y a despedirnos para siempre de ese estadio de fútbol. Y así fue.

Avanzamos lentamente hacia el estadio y lo bordeamos entero para observar todo lo que se cuece en los momentos previos. La llegada de la prensa, los jugadores, los aficionados, la reventa de entradas, la gente que sólo va por ver el ambiente y los numerosos puestos de bufandas y banderas convierten la zona en un verdadero hervidero de sensaciones y un espectáculo digno de ver y sentir. Es indefinible la cantidad de sentires, emociones y sentimientos que despierta el fútbol en la sociedad. Es, sin duda, el deporte rey. Y si el partido es de máxima categoría como lo son los de Champions o los enfrentamientos entre rivales históricos de multiplica todo mucho más. Creo que todo el mundo debería asistir alguna vez a ver un partido de fútbol en el estadio aunque no le guste el fútbol. Simplemente ver casi cien mil personas juntas sentadas en torno al terreno de juego, animando, gritando, cantando, aplaudiendo, etc, ya es un soberano espectáculo que merece la pena conocer. A mí desde luego me impacta cada vez que voy.


Y esta vez no fue menos. Un bonito día y una alegre excursión para despedir un campo de fútbol que me ha regalado bellos recuerdos desde aquel año de 1996 en que lo pisé por primera vez. Fue una jornada diferente que me apetecía contar en el Rincón y desde que se fraguó la misma supe que lo haría. Me sentí como cuando tenía quince años y me iba con los amigos al fútbol bajo la supervisión del padre de alguno de ellos, disfrutando de un Sábado distinto, con viaje a Madrid, partido de fútbol disfrutado (lástima no ganara el equipo al que animaba) y sobre todo anécdotas por contar y un capítulo más en el libro de recuerdos de la vida. Al fin y al cabo es de lo que se trataba. Y así fue. Sonreí aquel 14 de Enero de este 2017 como sonreí aquel 25 de Mayo de hace casi veintiún años y sonrío ahora al recordarlo. Y cuando relea estas líneas pasado un tiempo sonreiré de nuevo. ¡Hasta siempre Vicente Calderón!

martes, 7 de marzo de 2017

ENTREVISTA AL CHEF ALBERTO CHICOTE

Sé que lo esperabais. Sé que la queríais. Sé que sabéis que tuiteo a menudo con él y que soy su seguidor y él mi maestro de cocina. Hace tiempo le hice una pequeña entrevista al amigo Alberto Chicote y hoy os la traigo al Rincón para compartirla con vosotros. Entremedias me ha resuelto alguna duda sobre los usos de la pimienta de sichuan, me ha mandado alguna recetilla o me ha dado algún consejo para seguir formándome en el arte de los fogones que tengo como afición. Él siempre dice que los dos ingredientes principales para asegurarnos el éxito en un buen plato son el tiempo y el cariño. Y no le falta razón. Probadlo y ya me diréis. Y meteros a cocinar, meteros sin miedo. Es apasionante, te despeja de la rutina y te hace concentrarte en lo que estás haciendo. Hacer creaciones y elaboraciones. Pero, ojo, con conocimiento de causa y siguiendo una finalidad que no es sino la correcta consecución del plato, pues como dice Chicote a lo largo de la entrevista "crear mola, pero no todo es crear".


Alberto se define como "Cocinero de esos que le corre el aceite de oliva por las venas, que cocina más con las tripas que con la cabeza y que se come la vida a bocados de placer". Es amante del rugby y de la saga de Star Wars, además de estar enamorado de su trabajo, claro. Estudió cocina por puro convencimiento y vocación y a día de hoy cuenta con dos restaurates propios en Madrid, el ultra conocido "Yakitoro" en el Paseo de la Castellana y el "PuertalSol" ubicado en la terraza de la quinta planta del Corte Inglés de la Puerta del Sol. Suele vestir chaquetillas de colores vivos, llamativos y chillones diseñadas por Agatha Ruiz de la Prada, presenta dos espacios televisivos de enorme audiencia como son Top Chef y Pesadilla en la Cocina y, desde hace unos meses, dirige y edita una revista que lleva su nombre y es mucho más que una revista de cocina, pues cuenta con infinidad de recetas, consejos, entrevistas y otros datos (sé de lo que hablo pues no fallo a la cita mensual con el kiosco de prensa). En fin, sin más prolegómenos os dejo con Alberto para que disfrutéis de esta pequeña y breve pero interesante entrevista de la que, sin duda, en pocas líneas conoceréis un poquito más a Chicote y aprenderéis bastante más de amor por la cocina que de cocina en sí (que en realidad es lo más necesario para disfrutar con ella y de ella).


Nombre completo y edad: 
Alberto Chicote Del Olmo. 47 a día de hoy.

¿Cuándo y cómo empezaste a cocinar?
Empecé hace 29 años en la Escuela de Hostelería de la Casa de Campo de Madrid

¿Y hacerte profesional de ello?
Me enamoré del oficio el primer día que entre en la cocina de la escuela, ese día supe que esto era lo mío y que me iba a dedicar a cocinar profesionalmente.

¿De dónde viene tu amor por los fogones?
De que me parece magia pura poder lograr, o intentarlo al menos, que alguien sea más feliz con algo que yo puedo hacer con mis manos. Me parece apasionante.

¿nde estudiaste cocina?
En la escuela de hostelería de la casa de campo comencé a estudiar, desde entonces no he dejado ni de estudiar, ni de aprender.

Tu plato favorito para elaborar:
Me da un poco lo mismo pero soy muy muy fan de las aves en general.

Tu plato favorito para comer:
Hay muchas cosas, pero me encanta el conejo con tomate de mi madre.

Un truco de cocina:
Guardar extrema concentración en lo que estás haciendo.

¿Prefieres la comida tradicional o las nuevas técnicas?
La tradición no es más que la vanguardia de otra época que se ha quedado con nosotros. No creo en la batalla Tradición vs Vanguardia.
La tortilla de patatas fue vanguardia el día de su creación y el primer día que alguien sumergió un producto en una grasa caliente... inventó el principio de la fritura.

Una receta sencilla pero deliciosa:
Puerros cocidos, fríos, aliñados con mayonesa de pistachos y una pizca de mostaza.

Algún consejo a los que amamos la cocina:
Crear mola, pero no todo es crear.

Quizás esperabais una entrevista más profunda y con muchas cuestiones de cocina, pero Chicote no es demasiado dicharachero y de hablar por hablar, sino directo y frontal. El chef habla con contundencia y sin rodeos. Además tampoco quise ser muy pesado con él que bastante me atiende muchas veces con el lío que tiene. Y, por supuesto, para aprender de él como cocinero ya están sus redes sociales y su canal de youtube en el que, por cierto, encontraréis la receta del famoso conejo con tomate que le chifla e infinidad de consejos y trucos. Y aunque escueta la entrevista seguro que habéis obtenido datos y curiosidades que ignorábais a través de estas líneas. Lanzaros a la cocina sin miedo si de verdad os gusta. Probad, combinad, experimentad y sobre todo disfrutad viendo que lográis un plato agradable y que guste a familiares y amigos. Y poneros el delantal. Ponéroslo y cocinar. Merecerá la pena. ¡Ah! ¡Y no dejéis de probar la receta de los puerros que ha mencionado Alberto Chicote! Os encantará y no os defraudará en absoluto.

Sólo me queda dar las gracias a mi mentor en el arte de los fogones por atender mi correo y darse a conocer un poquito más. ¡Gracias Chef! Y, por supuesto, a vosotros por seguir leyendo lo que muestro en mi humilde Rincón. Gracias a todos y hasta la próxima.

lunes, 30 de enero de 2017

LEYENDA DE LAS MARIQUILLAS DE LA MACARENA

La leyenda de las mariquillas de la Macarena va íntimamente ligada a la vinculación que un torero tenía con la hermandad. No era otro que Joselito, "el Gallo", por el cual se visitó la Macarena de luto en su entierro y al cual se le recordó en numerosas canciones y coplillas populares unido a la figura de la Virgen de la Esperanza Macarena. Muy conocido es el Romance de Valentía cuya letra tras referirse varias veces a la devoción que el torero tenía a la Virgen y narrar que murió en el ruedo, termina diciendo que dice que a su muerte “nadie rezó tan siquiera ni un Padre Nuestro por él, por él ninguna serrana lloró de luto vestida, por él ninguna campana dobló amaneciendo el día, sin embargo entre azucenas y entre velas enrizás, en San Gil, la Macarena sí que lloraba de pena por la muerte del chaval". Y como no podía ser de otra manera fue él quien regaló a la Reina de la Esperanza su joya más característica: las cinco verdes esmeraldas que en su pecho tintinean para realzar su belleza. Y la historia de dicho distintivo de la Macarena es lo que hoy vengo a contar en el Rincón. Todo el mundo metido en la preciosa afición de las cofradías sabe de la existencia de esos broches llamados popularmente "mariquillas de la Macarena", ¿pero sabéis cómo llegaron a Ella y desde dónde?

Detalle de las mariquillas de la Macarena
José Gómez Ortega, conocido como Joselito "el Gallo", nació en el municipio sevillano de Gelves y viajó con frecuencia a París, la ciudad de la luz, de donde trajo en el año 1913 una preciosa y valiosísima corona de oro para donarla a la hermandad de su amada Virgen de la Macarena. Sin embargo, además de la corona, trajo en otro de sus frecuentes viajes a la capital de Francia un regalo que ni él mismo sabía la dimensión histórica y emblemática que adquiriría. Se trataba de cinco pequeños broches art decó con forma de flor, compuestos a su vez cada uno de cinco pétalos hechos en cristal de roca francés de color verde esperanza que adquirió en una prestigiosa joyería con la finalidad de regalarlos a su devoción nada más volver a Sevilla. Y así lo hizo, si bien hasta años después esas cinco joyas no se convirtieron en el emblema que a día de hoy todo cofrade conoce. Lo que fue comentado en la época se trató de la donación de la corona y casi nadie habló nada de las mariquillas hasta tiempo después. Y lo que son las cosas, a día de hoy el dato conocido es al revés: casi todos saben el origen de esos broches pero pocos el de la corona de la Reina de San Gil y de Sevilla.


Así las cosas, tuvo que ser Juan Manuel Rodríguez Ojeda, ¿quién si no?, persona de plena confianza de la hermandad y que hacía de todo por ella (hermandad) y por Ella (Virgen), quien decidiese y colocase los broches en el pecherín de la Macarena poco antes de realizarse la imposición de la corona donada por Joselito. Y desde ese momento las mariquillas se convirtieron en el distintivo seguramente más conocido y característico de la Virgen de la Esperanza desde entonces hasta nuestros días. La acogida no pudo ser mejor y desde entonces la Macarena luce las mariquillas en su pecho, si bien no siempre en el mismo orden, pues aunque lo más normal es que las tenga repartidas estando tres en el lado izquierdo y dos en el derecho, se las colocan de diversas maneras como, por ejemplo, imitando la forma del puñal tan típico que llevan las imágenes de vírgenes dolorosas en su pecho o ubicando cuatro broches en un lado y uno sólo en el otro.

Algún tiempo después, no se sabe el por qué, se dotó a esos broches de unos muelles que daban más viveza a los mismos y los dotaban también de mayor movimiento y realismo, cautivando con su temblor a todo aquel que observa a la Macarena llevada sobre su paso por su cuadrilla de costaleros hasta tal punto que se dice que parece que está viva. El caso es que esos broches que regaló Joselito a la Virgen se convirtieron en algo tan íntimamente ligado a Ella que es inconcebible no asociar el vaivén de las mariquillas al caminar de la Señora.
E históricamente, como decía al principio, es también inevitable no asociar la vida de Joselito "el Gallo" a la Macarena. El día 16 de Mayo de 1920 Joselito murió en la Plaza de Toros de Talavera de la Reina por una cogida de astado. El cuerpo fue trasladado a la Iglesia de San Gil en Sevilla (donde se encontraba por entonces la imagen de la Macarena pues la construcción de su Basílica fue posterior), se celebraron allí las honras fúnebres del que fuera conocido como "el torero de la Virgen" y se vistió de luto a la propia Macarena para la ocasión, pues tal era la devoción que le tenía Joselito que es la única vez que la Virgen se ha vestido de luto por la muerte de una persona. Ya lo dice el Romance de Valentía, del que recomiendo la lectura de su letra para entender mejor la íntima unión afectiva entre Joselito y la Madre de Dios: "Era muy poco en la vida, tan poco que nada era, por no tener no tenía ni madre que lo quisiera. [...] Embiste, toro bonito, embiste por caridad [...] y como no tengo madre, la Macarena me ampare si me cuelgas de un pitón". Y así fue.


La Macarena vestida de luto por la muerte de Joselito
Hoy en día las mariquillas son tan emblemáticas que todos los macarenos se sienten (nos sentimos) identificados con ellas y se han comercializado infinidad de artículos con la forma de las mismas: rosarios, pines, broches, pisa corbatas, gemelos, pulseras, cubre botones, medallas, pendientes, colgantes, etc. Y esta es la leyenda y la historia de las famosas mariquillas de la Macarena y de su corona, no se olvide ese detalle. Personalmente y como macareno cerrado que soy (y por supuesto hermano) tengo un pin con forma de una de ellas que lo estrenaré un día muy especial que ya tengo en mente y ya escribiré sobre ello y unos pendientes que dos amigos le han regalado a mi futura hija Claudia (que también será hermana nada más nacer). Quizás no sea muy común saber con tanto detalle la leyenda de estas joyas pero sí encontrar imitaciones de aquellas "cinco verdes esmeraldas que Joselito te trajera del otro confín del mundo para realzar tu belleza, porque reinas habrá, pero como Tú ninguna, Macarena". Ahí quedó.

Juego de pendientes imitando las mariquillas