martes, 7 de marzo de 2017

ENTREVISTA AL CHEF ALBERTO CHICOTE

Sé que lo esperabais. Sé que la queríais. Sé que sabéis que tuiteo a menudo con él y que soy su seguidor y él mi maestro de cocina. Hace tiempo le hice una pequeña entrevista al amigo Alberto Chicote y hoy os la traigo al Rincón para compartirla con vosotros. Entremedias me ha resuelto alguna duda sobre los usos de la pimienta de sichuan, me ha mandado alguna recetilla o me ha dado algún consejo para seguir formándome en el arte de los fogones que tengo como afición. Él siempre dice que los dos ingredientes principales para asegurarnos el éxito en un buen plato son el tiempo y el cariño. Y no le falta razón. Probadlo y ya me diréis. Y meteros a cocinar, meteros sin miedo. Es apasionante, te despeja de la rutina y te hace concentrarte en lo que estás haciendo. Hacer creaciones y elaboraciones. Pero, ojo, con conocimiento de causa y siguiendo una finalidad que no es sino la correcta consecución del plato, pues como dice Chicote a lo largo de la entrevista "crear mola, pero no todo es crear".


Alberto se define como "Cocinero de esos que le corre el aceite de oliva por las venas, que cocina más con las tripas que con la cabeza y que se come la vida a bocados de placer". Es amante del rugby y de la saga de Star Wars, además de estar enamorado de su trabajo, claro. Estudió cocina por puro convencimiento y vocación y a día de hoy cuenta con dos restaurates propios en Madrid, el ultra conocido "Yakitoro" en el Paseo de la Castellana y el "PuertalSol" ubicado en la terraza de la quinta planta del Corte Inglés de la Puerta del Sol. Suele vestir chaquetillas de colores vivos, llamativos y chillones diseñadas por Agatha Ruiz de la Prada, presenta dos espacios televisivos de enorme audiencia como son Top Chef y Pesadilla en la Cocina y, desde hace unos meses, dirige y edita una revista que lleva su nombre y es mucho más que una revista de cocina, pues cuenta con infinidad de recetas, consejos, entrevistas y otros datos (sé de lo que hablo pues no fallo a la cita mensual con el kiosco de prensa). En fin, sin más prolegómenos os dejo con Alberto para que disfrutéis de esta pequeña y breve pero interesante entrevista de la que, sin duda, en pocas líneas conoceréis un poquito más a Chicote y aprenderéis bastante más de amor por la cocina que de cocina en sí (que en realidad es lo más necesario para disfrutar con ella y de ella).


Nombre completo y edad: 
Alberto Chicote Del Olmo. 47 a día de hoy.

¿Cuándo y cómo empezaste a cocinar?
Empecé hace 29 años en la Escuela de Hostelería de la Casa de Campo de Madrid

¿Y hacerte profesional de ello?
Me enamoré del oficio el primer día que entre en la cocina de la escuela, ese día supe que esto era lo mío y que me iba a dedicar a cocinar profesionalmente.

¿De dónde viene tu amor por los fogones?
De que me parece magia pura poder lograr, o intentarlo al menos, que alguien sea más feliz con algo que yo puedo hacer con mis manos. Me parece apasionante.

¿nde estudiaste cocina?
En la escuela de hostelería de la casa de campo comencé a estudiar, desde entonces no he dejado ni de estudiar, ni de aprender.

Tu plato favorito para elaborar:
Me da un poco lo mismo pero soy muy muy fan de las aves en general.

Tu plato favorito para comer:
Hay muchas cosas, pero me encanta el conejo con tomate de mi madre.

Un truco de cocina:
Guardar extrema concentración en lo que estás haciendo.

¿Prefieres la comida tradicional o las nuevas técnicas?
La tradición no es más que la vanguardia de otra época que se ha quedado con nosotros. No creo en la batalla Tradición vs Vanguardia.
La tortilla de patatas fue vanguardia el día de su creación y el primer día que alguien sumergió un producto en una grasa caliente... inventó el principio de la fritura.

Una receta sencilla pero deliciosa:
Puerros cocidos, fríos, aliñados con mayonesa de pistachos y una pizca de mostaza.

Algún consejo a los que amamos la cocina:
Crear mola, pero no todo es crear.

Quizás esperabais una entrevista más profunda y con muchas cuestiones de cocina, pero Chicote no es demasiado dicharachero y de hablar por hablar, sino directo y frontal. El chef habla con contundencia y sin rodeos. Además tampoco quise ser muy pesado con él que bastante me atiende muchas veces con el lío que tiene. Y, por supuesto, para aprender de él como cocinero ya están sus redes sociales y su canal de youtube en el que, por cierto, encontraréis la receta del famoso conejo con tomate que le chifla e infinidad de consejos y trucos. Y aunque escueta la entrevista seguro que habéis obtenido datos y curiosidades que ignorábais a través de estas líneas. Lanzaros a la cocina sin miedo si de verdad os gusta. Probad, combinad, experimentad y sobre todo disfrutad viendo que lográis un plato agradable y que guste a familiares y amigos. Y poneros el delantal. Ponéroslo y cocinar. Merecerá la pena. ¡Ah! ¡Y no dejéis de probar la receta de los puerros que ha mencionado Alberto Chicote! Os encantará y no os defraudará en absoluto.

Sólo me queda dar las gracias a mi mentor en el arte de los fogones por atender mi correo y darse a conocer un poquito más. ¡Gracias Chef! Y, por supuesto, a vosotros por seguir leyendo lo que muestro en mi humilde Rincón. Gracias a todos y hasta la próxima.

lunes, 30 de enero de 2017

LEYENDA DE LAS MARIQUILLAS DE LA MACARENA

La leyenda de las mariquillas de la Macarena va íntimamente ligada a la vinculación que un torero tenía con la hermandad. No era otro que Joselito, "el Gallo", por el cual se visitó la Macarena de luto en su entierro y al cual se le recordó en numerosas canciones y coplillas populares unido a la figura de la Virgen de la Esperanza Macarena. Muy conocido es el Romance de Valentía cuya letra tras referirse varias veces a la devoción que el torero tenía a la Virgen y narrar que murió en el ruedo, termina diciendo que dice que a su muerte “nadie rezó tan siquiera ni un Padre Nuestro por él, por él ninguna serrana lloró de luto vestida, por él ninguna campana dobló amaneciendo el día, sin embargo entre azucenas y entre velas enrizás, en San Gil, la Macarena sí que lloraba de pena por la muerte del chaval". Y como no podía ser de otra manera fue él quien regaló a la Reina de la Esperanza su joya más característica: las cinco verdes esmeraldas que en su pecho tintinean para realzar su belleza. Y la historia de dicho distintivo de la Macarena es lo que hoy vengo a contar en el Rincón. Todo el mundo metido en la preciosa afición de las cofradías sabe de la existencia de esos broches llamados popularmente "mariquillas de la Macarena", ¿pero sabéis cómo llegaron a Ella y desde dónde?

Detalle de las mariquillas de la Macarena
José Gómez Ortega, conocido como Joselito "el Gallo", nació en el municipio sevillano de Gelves y viajó con frecuencia a París, la ciudad de la luz, de donde trajo en el año 1913 una preciosa y valiosísima corona de oro para donarla a la hermandad de su amada Virgen de la Macarena. Sin embargo, además de la corona, trajo en otro de sus frecuentes viajes a la capital de Francia un regalo que ni él mismo sabía la dimensión histórica y emblemática que adquiriría. Se trataba de cinco pequeños broches art decó con forma de flor, compuestos a su vez cada uno de cinco pétalos hechos en cristal de roca francés de color verde esperanza que adquirió en una prestigiosa joyería con la finalidad de regalarlos a su devoción nada más volver a Sevilla. Y así lo hizo, si bien hasta años después esas cinco joyas no se convirtieron en el emblema que a día de hoy todo cofrade conoce. Lo que fue comentado en la época se trató de la donación de la corona y casi nadie habló nada de las mariquillas hasta tiempo después. Y lo que son las cosas, a día de hoy el dato conocido es al revés: casi todos saben el origen de esos broches pero pocos el de la corona de la Reina de San Gil y de Sevilla.


Así las cosas, tuvo que ser Juan Manuel Rodríguez Ojeda, ¿quién si no?, persona de plena confianza de la hermandad y que hacía de todo por ella (hermandad) y por Ella (Virgen), quien decidiese y colocase los broches en el pecherín de la Macarena poco antes de realizarse la imposición de la corona donada por Joselito. Y desde ese momento las mariquillas se convirtieron en el distintivo seguramente más conocido y característico de la Virgen de la Esperanza desde entonces hasta nuestros días. La acogida no pudo ser mejor y desde entonces la Macarena luce las mariquillas en su pecho, si bien no siempre en el mismo orden, pues aunque lo más normal es que las tenga repartidas estando tres en el lado izquierdo y dos en el derecho, se las colocan de diversas maneras como, por ejemplo, imitando la forma del puñal tan típico que llevan las imágenes de vírgenes dolorosas en su pecho o ubicando cuatro broches en un lado y uno sólo en el otro.

Algún tiempo después, no se sabe el por qué, se dotó a esos broches de unos muelles que daban más viveza a los mismos y los dotaban también de mayor movimiento y realismo, cautivando con su temblor a todo aquel que observa a la Macarena llevada sobre su paso por su cuadrilla de costaleros hasta tal punto que se dice que parece que está viva. El caso es que esos broches que regaló Joselito a la Virgen se convirtieron en algo tan íntimamente ligado a Ella que es inconcebible no asociar el vaivén de las mariquillas al caminar de la Señora.
E históricamente, como decía al principio, es también inevitable no asociar la vida de Joselito "el Gallo" a la Macarena. El día 16 de Mayo de 1920 Joselito murió en la Plaza de Toros de Talavera de la Reina por una cogida de astado. El cuerpo fue trasladado a la Iglesia de San Gil en Sevilla (donde se encontraba por entonces la imagen de la Macarena pues la construcción de su Basílica fue posterior), se celebraron allí las honras fúnebres del que fuera conocido como "el torero de la Virgen" y se vistió de luto a la propia Macarena para la ocasión, pues tal era la devoción que le tenía Joselito que es la única vez que la Virgen se ha vestido de luto por la muerte de una persona. Ya lo dice el Romance de Valentía, del que recomiendo la lectura de su letra para entender mejor la íntima unión afectiva entre Joselito y la Madre de Dios: "Era muy poco en la vida, tan poco que nada era, por no tener no tenía ni madre que lo quisiera. [...] Embiste, toro bonito, embiste por caridad [...] y como no tengo madre, la Macarena me ampare si me cuelgas de un pitón". Y así fue.


La Macarena vestida de luto por la muerte de Joselito
Hoy en día las mariquillas son tan emblemáticas que todos los macarenos se sienten (nos sentimos) identificados con ellas y se han comercializado infinidad de artículos con la forma de las mismas: rosarios, pines, broches, pisa corbatas, gemelos, pulseras, cubre botones, medallas, pendientes, colgantes, etc. Y esta es la leyenda y la historia de las famosas mariquillas de la Macarena y de su corona, no se olvide ese detalle. Personalmente y como macareno cerrado que soy (y por supuesto hermano) tengo un pin con forma de una de ellas que lo estrenaré un día muy especial que ya tengo en mente y ya escribiré sobre ello y unos pendientes que dos amigos le han regalado a mi futura hija Claudia (que también será hermana nada más nacer). Quizás no sea muy común saber con tanto detalle la leyenda de estas joyas pero sí encontrar imitaciones de aquellas "cinco verdes esmeraldas que Joselito te trajera del otro confín del mundo para realzar tu belleza, porque reinas habrá, pero como Tú ninguna, Macarena". Ahí quedó.

Juego de pendientes imitando las mariquillas

lunes, 26 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD UN AÑO MÁS

Sí, Feliz Navidad un año más. Porque en estas fechas lo que se celebra es la Navidad y ninguna otra cosa. Y la Navidad es motivo de alegría. Y quien haya leído esas primeras frases y ya esté poniendo trabas, refunfuñando o asociando estas fiestas a la religión y/o a la política que deje de leer y por la misma puerta que ha entrado en el Rincón que se marche (para los quejicas y de la E.S.O., hacer click con el ratón arriba a la derecha, sobre el aspa). Que la Navidad es celebrar el nacimiento de Dios, sí. Que sirve para (creyentes o no) pasar unos días de reencuentro en familia y tener los momentos más entrañables del año con nuestros seres queridos, también. Que nos afloran los recuerdos más tristes y las añoranzas de años atrás, evidentemente. Que hay intolerantes que con tal de no decir "Feliz Navidad" porque eso pudiera contener connotaciones político-religiosas que les agravian profundamente en esta España fascista y ditactorial en la que el PSOE ya es tachado de partido derechista y todo lo que no sea lo que ellos piensen-opinen-impongan es ser un facha y prefieren decir que celebran el solsticio de invierno que queda más progre, moderno y lanza una vez más su odio a esa fiesta que se lleva celebrando más de dos mil años porque la inventó Franco, pues claro. Que esos intolerantes que no respetan otras creencias ni a la propia ley pero hacen un puente festivo precioso uniendo los días de fiesta de la Constitución y de la Inmaculada Concepción y que se ponen hasta la cencerreta de comer y de beber en el día de Nochebuena, de Navidad y de Reyes también los engloba mi felicitación, por supuesto. Feliz Navidad un año más.

Porque para todos estos días son especiales. Hay quien vuelve a casa tras un año ausente, quien tiene una silla más en la mesa, quien tiene una silla menos, quien disfruta feliz, quien disfruta de ver felices a los demás, quien bebe porque festeja, quien festeja porque bebe, quien no sabe que se festeja pero bebe, quien bebe y festeja lo que no debe, quien abraza al enemigo, quien te abraza siendo amigo, quien se reconcilia con la familia, quien llora, quien ríe, quien de todo. Y eso es así todos los años y en todas las casas. Y esa unión fraternal nada tiene que ver con el origen de la celebración, con el por qué de la misma, con la religión como decía, ni con la política. Eso ocurre simple y llanamente porque son unas fechas especiales llamadas Navidad pero tienen mucho más fondo que simplemente celebrar que nació el Niño Dios. Lo más precioso es celebrar que los sentados en torno a una mesa son los mismos que el año anterior.

Pero la Navidad es puñetera. Trae de la mano regalos para los más pequeños y recuerdos para los más mayores, risas para los niños y lágrimas para los adultos. Por eso mucha gente no quiere que llegue la Navidad, no quiere celebrarla o reniega de su verdadero significado. Pero no. La Navidad, para mí, es feliz siempre y así quiero que sea para todos. Para todos, sí. Ya he dicho que para los antitodo también. Son personas, tienen corazón y alma y quieran o no también tienen familia y sentimientos. Que ellos no respeten los retrata. Que yo los respete me retrata a mí. Ya sabrá la vida en su destino que retrato es más honrado. Yo no lo juzgaré, me limitaré a decir Feliz Navidad para todos. Y Felices Fiestas también. Por Nochevieja lo digo en concreto. Porque el cotillón de Nochevieja es una fiesta. Disfruten. Sean felices. Eso sí, no quieran vender la moto de que siguen celebrando el solsticio de invierno porque lo que celebran es el cambio de año, mire usted, quieran o no. A ver si ahora eso también es ofensivo porque como se cambia de año se hace historia y lo histórico que no les interesa es malo y me dicen que siguen en la celebración del solsticio de invierno como en Nochebuena y en el Día de Navidad. Vamos que resultaría que la llegada del invierno trae varios días de fiesta, pero en verano cuando se celebra San Juan (solsticio de verano), sólo hay un día de fiesta. Que morro tiene el invierno. Y encima en familia. Y el pobre Verano sólo trae de fiesta una noche para pedir deseos y saltar hogueras. No cuadra, así es que la película del solsticio cuéntensela a otro y no se esfuercen más en renegar de la Navidad. Disfrutadla. No digáis si la creéis o no, hacedlo y sed felices un año más sin dar tanta explicación y tanta milonga. ¡Feliz Navidad a todos! Insisto.

Y cierro esta entrada y este año 2016 en el Rincón con un texto que forma parte del emblema "¡Feliz Navidad!" que publiqué en el blog Pictura et Verba en el que detallo que la Navidad trae recuerdos malos pero debemos incluso brindar por ellos. Aunque no lo creáis siempre busco una sonrisa en todos. Sí, en vosotros que habéis refunfuñado nada más empezar a leer estas líneas y que os he dado la opción de dejarlo de hacer pero habéis seguido, también. En todos. Y en los enfadados porque he mencionado su formación en la E.S.O. también. ¡Si yo soy uno de ellos, hombre! Tenéis humor, ironía y guasa sólo para lo que queréis. Y esto no es política ni religión, leche. Estáis siempre con el run run y es lo que tiene. ¡¡Feliz Navidad un año más!! Y el año que viene, Dios mediante y solsticios también, sea Feliz Navidad de nuevo. Y riáis y os emborrachéis y seáis felices fuere como fuere. Os dejo con el texto que os decía y os espero con mi copa ya levantada para brindar. Deseo que seáis todos los que alcéis la vuestra. ¡Hasta el 2017!


Sé que la Navidad no es agradable ni esperada por todos. Sé que cuando comienza a haber ausencias en la mesa familiar cambia el sentido de la Navidad en el hogar. Lo sé. Lo sabemos. Lo sabéis. Ya no está el abuelo contando sus historias de niño, quizás ya no está papá cortando el jamón, tal vez no está mamá contando las uvas en los platos o nos falta un marido, una mujer, un hijo o un hermano. No queremos que sea Navidad. Pero también sé que es la fiesta más entrañable que podemos vivir en familia los que aún quedamos. Y que es la época del año que trae los mejores regalos: los reencuentros, los abrazos, los besos, las miradas, la ternura de una madre, el abrazo de un abuelo, las primeras palabras de un bebé, las travesuras con un primo lejano, el perdón de una hermana... Y, ¿por qué no?, algún regalo material que también nos alegra a todos de vez en cuando.
Por eso os deseamos a todos Felices Fiestas y aunque sea difícil os animamos en estos días a abrazaros, a besaros, a reencontraros, a perdonaros, a disfrutar y a sonreír antes de que ya sea tarde y no podáis hacerlo. No reneguéis de la Navidad por los que ya no están, al revés, vividla en su honor, porque ellos nos enseñaron a quererla y a disfrutarla, la compartían con nosotros y por eso los recordamos. Siempre habrá algún recuerdo que nos eche para atrás en ello, pero por cada recuerdo habrá siempre, siempre, siempre, un brillo de ojos, una ilusión, una esperanza, un presente y un futuro por el que merecerá la pena alzar nuestras copas y brindar.
¡¡FELIZ NAVIDAD!!

jueves, 10 de noviembre de 2016

PEREGRINANDO A URDA

Hace unos años, en una de mis muchas salidas a caminar por el mero placer de evocar mi querido Camino de Santiago descubrí unas flechas de esas que indican dirección, invitan a seguirlas y marcan un destino. Sí, iguales que las amarillas que amamos los jacobipetas pero de color morado. Al instante me puse a indagar sobre ellas y descubrí que eran las flechas que señalan al peregrino el Camino de Urda. Evidentemente me fui a casa mascullando la idea de que ese camino sería recorrido antes o después. Y por fin lo he terminado. Tres años he tardado y no por la distancia a recorrer sino porque no encontraba el momento de culminar la tercera etapa. La distancia por caminos era de unos sesenta kilómetros y mi padre y yo, caminantes ya avezados, determinamos hacer tres etapas de más o menos veinte kilómetros cada una: Ciudad Real - Malagón, Malagón - Venta El Toro (pasado ya Fuente el Fresno) y Venta El Toro - Urda, hasta llegar a visitar al Cristo de la Mancha que tantos peregrinos recibe y que nosotros solemos visitar anualmente en sus días de fiesta. En esta ocasión fuimos ambos a visitarlo a pie como antaño, saliendo desde la puerta de casa y paso a paso hasta besar su talón. Y esta es la historia de esa peregrinación planificada desde hace años y recientemente acabada.

Amanecía una mañana de Octubre del pasado año 2014 en Ciudad Real. Los primeros albores de un incipiente otoño se dejaban caer sobre los caminos de la mancha cuando los dos peregrinos salimos a caminar dirección a Urda siguiendo las flechas moradas que en su día descubrimos. La jornada no debía ser excesivamente compleja y rondaría los veintidós kilómetros que luego por una equivocación en una bifurcación de un camino se convirtieron en casi treinta y dos. Pero la primera etapa fue cumplida y arribamos a Malagón a pie. Objetivo logrado. Entremedias atravesamos parajes que no se conocen salvo que avances a pie entre ellos y por los que jamás ha rodado automóvil alguno. Y, cosas del destino, que fuimos a dar a un lugar llamado Campomojado que jamás habíamos oído nunca mencionar. Es una pedanía de Torralba de Calatrava y la descubrimos porque el camino nos llevó hasta allí. Pura casualidad. Desde aquel día le guardamos un cariño especial a dicho paraje y a la Ermita de la Virgen Blanca que allí se halla. Nos vimos fuertes de ánimo y quisimos llegar hasta Fuente el Fresno ese mismo día pero los kilómetros en exceso por el error cometido, que hasta dicho pueblo nos quedarían aún unos siete u ocho más y que ya el reloj marcaba casi la una del mediodía optamos por retroceder de nuevo y coger otro camino para concluir la primera etapa tal cual estaba previsto: en Malagón.


Desde el propio centro de Malagón fuimos recogidos y desde el mismo lugar retomamos la ruta días después. Comprobé que el Camino de Santiago Manchego discurre en dicho tramo por el mismo Camino de Urda así es que la consigna fue fácil: seguir las flechas amarillas como si fuesen las moradas. No hubo lugar a confusión alguna y avanzamos varios kilómetros entre olivares nuevos y la propia Ruta del Quijote. Camina que te camina fuimos ganando metros y acercándonos a concluir la segunda etapa de esta peregrinación hacia la Ermita del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz de Urda. Atravesamos Fuente el Fresno y seguimos hasta un restaurante de carretera llamado El Toro. Y allí detuvimos nuestros pasos hasta que llegase el día en que volviéramos a reanudarlos para completar este camino. Es curioso que entre medias haya llegado más veces andando a Santiago de Compostela que a la propia Urda, pero así ha sido. Cosas del destino que uno no conoce a priori. Me gusta caminar y así pienso seguir haciéndolo mientras pueda.


Desde aquel día en que llegamos a la Venta El Toro han transcurrido dos años en los que no ha habido momento para cumplir esta peregrinación, sin embargo siempre la he tenido en mente y no la he olvidado. De hecho la primera etapa incluso la he repetido alguna vez. Y llegó el momento. Había que terminar el camino hacia el Señor de la Mancha. Programamos la ruta y decidimos ir a Urda en dos coches para dejar uno allí, volver en el otro y al día siguiente ir hasta el Toro en un coche, desde ahí iniciar andando hasta Urda la tercera etapa y allí recoger el coche que habíamos dejado el día anterior y regresar en él hasta la Venta, recoger el otro coche y ya, en los dos vehículos de nuevo, volver a nuestra Ciudad Real natal. Y así lo hicimos mi padre y yo. Son muchos los caminos ya recorridos juntos y tenemos el espíritu peregrino bien arraigado. De hecho siempre estamos pensando en nuevos caminos que iniciar y, como bien dice el refranero del buen caminante, el camino siempre se recorre tres veces: cuando se sueña, cuando se está en él y cuando se recuerda. Así es que ya soñamos con nuevos caminos y por lo tanto estamos recorriendo nuevos senderos. Pero éste en particular culminó en Urda besando el pie del Señor en su barca. Y con la sonrisa de los dos.

La última etapa comenzó con una baja temperatura como se dice ahora en las cocciones de cocina moderna. Y hacía frío. Mucho frío. Los últimos kilómetros de la provincia de Ciudad Real hasta adentrarnos en Toledo discurrieron al alba y cuando salió el sol fue agradable notar su calor. Fuimos acompañados en todo momento de las flechas amarillas y moradas y de alguna indicación con el emblema del Cristo de Urda sobre su barca de Pescador de Hombres y, antes de darnos cuenta, estábamos ya en el Camino Jubilar que señala la dirección hacia la ermita. La sierra de la Calderina se va bordeando y la ruta no tiene subidas ni bajadas, por lo que acostumbrados al Camino de Santiago, sobre todo en sus etapas de montaña, descontábamos kilómetros a muy buen ritmo. Paramos en la Venta la Andaluza a tomar algo de fruta y agua y seguimos ya hasta un descansadero de la Ruta del Quijote que se encuentre entre el Camino Jubilar y el que va a Consuegra, donde nos detuvimos de nuevo a descansar un poco. Desde ahí hasta Urda en una hora aproximadamente lo habíamos hecho. Reconozco que llegar hasta el propio altar mayor no me causó la emoción de las veces que he llegado andando al Obradoiro, pero sí que me emocionó, sí que me quedé con el pecho henchido de orgullo por el trabajo bien hecho y sí que el Cristo despertó en mí las ganas de hacer su camino de nuevo. Espero no tardar tres años de nuevo, pero eso sólo Él lo sabe. Cuando quiera sabe que mi bastón y mis botas están listas. ¡Gracias Señor de la Vera Cruz!



lunes, 17 de octubre de 2016

HISTORIA DE UNA EXCURSIÓN A LA VIRGEN DE LA CABEZA

Sea como sea y lo crea y quien lo crea hay alguna fuerza que mueve el mundo. Algunos la buscan a a través del conocimiento y se dan cuenta que como no todo puede saberse algo debe ser el origen de lo que ignoran. Lo llaman investigación y ciencia. Otros no la buscan pero saben que actúa y son sumisos a ello: cuando la vida te quita algo otra cosa te da. Lo llaman karma. Y otros ni buscan ni son sumisos al destino, sino que confían en la bondad de un ser trascendental al que encomiendan sus peticiones. Lo llaman fe. Y como decía, sea de la manera que sea y lo creáis o no lo creáis, algo de ello hay. Y quien diga que no que nos explique al resto el origen y el destino del mundo: cómo empezó todo y cómo acabará. Se dará cuenta el osado que ni la ciencia, ni las creencias, ni la fe tienen respuesta para ello. Por lo tanto, algo hay. Lo quieran o no. Y en lo que hoy vengo a contaros ese algo fue la Virgen de la Cabeza. Y ojo que no he mencionado si ha sido por ciencia o religión pero que la Morenita ha tenido algo que ver lo tengo muy claro. Y que le debía una visita también. Al final me diréis si digo la verdad o no.


Cuando las casualidades se enlazan una tras otra ya no es casualidad. Y así comenzó esta historia y el por qué de la excursión que realicé. Con una casualidad... Era mediados del mes de Mayo de este año 2016 cuando salía la procesión de la Virgen de la Cabeza de Ciudad Real y yo, con costal y faja, me disponía a pasear a nuestra querida Morenita por las calles de su barriada. En uno de los relevos, Pedro, el Hermano Mayor de la cofradía, me dio una pegatina de la Virgen para que la regalase a alguien y, sin embargo, la guardé bajo la funda de mi teléfono móvil de casualidad, porque se me ocurrió en ese momento por algo que desconozco, ya que normalmente la habría regalado pues ese era su fin o, en todo caso, la habría guardado en la cartera. El caso es que ahí se quedó. Era el día 14 de Mayo.



Dos semanas después, mi buen amigo Jesús Velascoín fue al Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar y rezó porque Gemma se quedase embarazada y me hiciera padre. Evidentemente yo no sabía nada al respecto y me emocionó que cuando volvió me llamó y me dijo: "He estado en la Virgen de la Cabeza y he pedido por vosotros. Cuando Gemma se quedé embarazada, que se va a quedar, tienes que rezarle el rosario a la Morenita e ir antes de cuatro meses a su santuario a oír misa". Agradecí tal confianza depositada en su petición, pero con todos los antecedentes que habíamos pasado no supe si resultaría ese arreón de fe o no. Sin embargo ahí estaba una nueva casualidad: la oración de mi amigo fue a recaer en la misma advocación mariana que la pegatina que yo casualmente guardé, la Virgen de la Cabeza. Aquella llamada tenía algo más que fe. Era el día 27 de Mayo.

Terminé mi turno de guardia como letrado y fui rápido a casa. Eran las nueve en punto de la mañana y Gemma me aguardaba para estar los dos juntos en el momento esperado, saliese el resultado que saliese. Conforme llegué se levantó a orinar en el test de embarazo que había comprado la noche de antes. Las dos rayas que indican el positivo y te dan a conocer la noticia de la buena esperanza no tardaron en aparecer. Me quedé inmóvil. No sólo esperaba que saliera negativo sino que automáticamente recordé todo lo que hicimos Gemma y yo el fin de semana que salía la cofradía de la Virgen de la Cabeza. Fue en esos días Gemma se quedó embarazada: entre la Virgen de la Cabeza y la Virgen de Alarcos. Pero la cofradía que yo saqué, la pegatina, la visita de Jesús Velascoín al santuario y la llamada "sólo" tenían causalmente un nexo común: la Virgen de la Cabeza. Retumbaron en mi cabeza las palabras "Cuando Gemma se quedé embarazada, que se va a quedar, tienes que rezarle el rosario a la Morenita e ir antes de cuatro meses a su santuario a oír misa". Las había oído tan sólo tres días y ahora tenía ante mi una prueba de embarazo con resultado feliz. Era el día 30 de Mayo.


Por supuesto cumplí el encargo y recé el rosario. Iba todo avanzando bien pero se agotaba el plazo de los cuatro meses para ir al Cerro del Cabezo a ver a la Aceitunita bendita. Y llegó Septiembre y con él el fin del tiempo y había que ir. Con la fe, el destino, el sino, el karma, las energías o como quieras considerarlo, lector, no se juega. Y menos cuando estás comprobando en primera persona que una suma de casualidades ya no es casualidad. Cuadramos fecha y antes de que pasasen cuatro meses de embarazo fuimos al Santuario de la Virgen de la Cabeza a oír misa allí y a cumplir la oración de Jesús, a darle gracias a la Morenita y, mi padre y yo personalmente, a conocer todo aquello pues jamás habíamos estado en aquel lugar tan cargado de historia y energía al que, sin duda, volveré y no sólo una vez. Había muchos motivos para hacer esa excursión y allí que fuimos mi padre, Jesús, su hijo Alberto y yo. Decir que fue un día entrañable es poco. Esas cosas quedan para el recuerdo.  Las casualidades quedan para reflexionar. Y la Virgen de la Cabeza queda por siempre. Otro día hablaré del paraje, de toda su historia, de las hermandades filiales, de las Casas Hermandad, etc. Hay mucho que contar de aquello. Pero hoy tocaban estas líneas, sólo éstas. ¿Casualidad? No lo creo.Y esta es la historia de por qué el hacer aquella excursión. Era el 24 de Septiembre.



Morenita y pequeñita, lo mismo que una aceituna, una aceitunita bendita. ¡¡Viva la Virgen de la Cabeza!!

jueves, 29 de septiembre de 2016

UN CAMINO UN TANTO ESPECIAL

Este año no tenía en mente hacer el Camino de Santiago. No tocaba darle uso al bordón ni visitar Compostela y otra vez el destino jugó de nuevo. Y con cofradías de por medio, mire usted. Era el 25 Aniversario de la fundación de la Cuadrilla de Hermanos Costaleros de Nuestro Padre Jesús de la Bondad de la Hermandad de la Flagelación, a la cual llevo perteneciendo 22 primaveras y se postuló como uno de los actos de tal efeméride recorrer el Camino de Santiago. Esta vez no llamé yo al Camino, el Camino me llamó a mí. Como siempre hace, vaya. Y como lo amo profundamente no pude sino calzarme las botas y preparar la mochila. Bendito veneno jacobeo el que me recorre pues simplemente caminando soy feliz. No me pregunte nadie cuando llego al final de una etapa sudoroso y cansado por qué lo hago, por qué camino durante horas, no sabré contestar pero seguiré haciéndolo. Así viene siendo desde aquel bendito Año Santo Xacobeo 2010 que conocí a mi querido Camino de Santiago iniciándome con más miedo que vergüenza en un ultraconocido tramo: "los últimos cien", desde Sarria a Santiago. Y así seguirá siendo, mi amor a caminar digo, siempre que pueda. A la fecha ya he recorrido todo el Camino Francés, he pasado por varios tramos repetidas veces, tengo en casa cinco compostelas si bien lo que quiero al recorrer el Camino no es acreditar mi llegada sino exprimir cada paso (menos compostelas y más camino, como decimos los puristas, me sobra tanta "Casa del Deán" y me falta más "Castilla") y en mente tengo el Portugués, la Plata y mi gran camino: desde la puerta de casa hasta el Obradoiro. O Fisterra, quizás.


En todo caso este ha sido un camino un tanto especial. Mucho. No soy partidario de hacer el Camino en grupo porque sé la guerra que puede dar un grupo en un albergue al peregrino solitario que se encuentra descansando, de hecho la he sufrido yo mismo, no soy partidario del "turigrinaje" que usa el Camino como unas vacaciones deportivo-gastronómicas, no soy partidario de que el Camino sirva para ridículas estadísticas de la nueva Oficina de la calle Carretas y se desvíen los tramos verdaderos por antojo de Concellos y amigotes de turno, no soy partidario de muchas cosas y, aún "sufriéndolas" he vuelto encantado. El Camino es el Camino y jamás dejará de ser mágico por muchos atentados que le perpetren los actos "político-vandálicos" consentidos por la Xunta del  momento. Hay tantos caminos como peregrinos lo transitan y cada uno tiene su particular motivo para hacerlo. Si yo he llegado varias veces a abrazar a Santiago os puedo asegurar que ninguna de las veces el motivo ha sido el mismo. Y este año que no tenía en mente ir y mucho menos abrazarlo, he vuelto a ir y he vuelto a abrazarlo. Y quizás más con el corazón de la vida que con el de peregrino que llevo dentro.


Formamos el grupo en su mayoría integrantes de la cuadrilla cuyo 25 Aniversario celebrábamos: Chefo, Dani López, Antoñaco Romero, Víctor Manuel, Tomás Pardo y yo. Y se unieron a nosotros Julián (cuñado de Víctor Manuel), Ana María (mujer de Dani) y su amiga María Eugenia. Y así las cosas nueve peregrinos salimos desde Ciudad Real con el proyecto "Peregrinos de Bondad" hacia el corazón compostelano. Hicimos camisetas para la ocasión y paseamos con orgullo el motivo de nuestra peregrinación, el nombre de nuestra hermandad y el de nuestro titular "Nuestro Padre Jesús de la Bondad". Pero como antes decía, cada peregrino escondía su motivo personal e interno. Y el mío tenía relación con Santiago, por supuesto. Él lo sabe. Y este año haría en Compostela lo que tenía en mente hacer el año pasado a mi llegada y el destino truncó. El ánimo era distinto y la ilusión también. Siempre que llego al Obradoiro me emociono, claro, pero esta vez fue especial. Mucho. Pero mucho. Las sensaciones de revivir mis primeras etapas como peregrino, de volver a caminar por donde el año pasado me embargaba la desazón de sueños frustrados, de recorrer de nuevo los últimos cien esta vez con la ilusión por bandera y de volver a disfrutar de ciertos lugares con la esperanza de volver a volver y en la mejor compañía y, sobre todo, (respiro, cojo aliento y tecleo esperando poner todos los lugares para mí emblemáticos que nunca olvido), de saborear de nuevo mi querida Sarria, el Ponte Áspera, el roble centenario, la escalinata a Portomarín, contemplar su iglesia fortaleza, caminar al alba hasta Gónzar, sellar en Ventas de Narón, parar en la Fuente del Peregrino, llegar a Palas de Rei por su trazado de pizarras, adentrarme en el bosque a oscuras camino de San Xulián do Caminho y encontrarme con peregrinos saliendo de O Abrigadoiro, arrodillarme ante Santa María de Leboreiro, dar la mano al Cristo de Furelos, comer pulpo en Casa Ezequiel, detenerme en Boente, relajar los pies en Ribadiso da Baixo, llegar a Arzúa con la mueca del triunfo, pararme en Pregontoño, visitar a Guillermo Watt, mirar de reojo a Santa Irene, adentrarme en Pedrouzo y cruzar a Arca O Pino sin saber dónde está el límite entre ambos, enfilar hacia Lavacolla, almorzar en Casa Botana, coronar el verdadero Monte do Gozo y bajar con una mezcolanza sentimental agridulce, inexorablemente rodeado de alegría y tristeza por el mismo motivo que no es si no llegar al final, hasta el mismísimo corazón compostelano y el centro de la Plaza del Obradoiro donde contemplo (y ellas a mí) las dos altas torres que tantas añoranzas y esperanzas me traen.


Amo el Camino. No me canso de decirlo ni de recorrerlo. Siempre me regala algo y me toca la fibra interna con su magia y leyenda jacobea. Este año a los nueve peregrinos que salimos desde Ciudad Real nos regaló una nueva compañera que se convirtió en amiga, como no podía ser de otra manera: nuestra querida Nadia. Formamos el grupo las diez personas prácticamente todo el Camino con una unión y trabajo en equipo perfecto. Desde Portomarín en adelante ha sido un Camino de diez en todos los sentidos: calificación, integrantes, entendimiento y alternancia entre todos. Este Camino ha sido un tanto especial, ya lo he dicho. Una vez adentrado en el mundillo caminero nunca pensé que volver a hacer únicamente Sarria-Santiago me sirviera más que aquella primera vez en la que me inicié en la Ruta Jacobea y que dicho tramo sólo sería ya para mí un lugar de paso y no de inicio, sin embargo lo he realizado ya tres veces y lo sueño de nuevo otras tantas. Tiene rincones que son tesoros para mí. La pena es que el año pasado que recorrí el Camino desde León a Santiago no disfrutase de las ultraconocidas últimas cinco etapas lo que he disfrutado este año. Habría sido grandioso. Pero esa es la magia del Camino: cada camino es diferente aunque se haga por la misma senda. Y la verdad es que de las veces que he pasado por Sarria, Portomarín, Palas de Rei, Arzúa, Pedrouzo (Arca O Pino) y el propio Santiago de Compostela ninguna ha sido con la misma gente ni de la misma manera. Eso sí, siempre alma de peregrino. El turigrinaje, los lujos, el camino a la carta y los sellos comprados no van ni irán conmigo jamás. Me mantengo firme en pasar por el Camino y que el Camino pase por mí. Y este año lo he hecho y lo ha hecho.Una vez más. Y las que quedan. Precioso camino con mis Peregrinos de Bondad, con Nadia y con Claudia en la esperanza. Ya aguardo una nueva llegada al Obradoiro que será muy especial por muchas cosas. Pero antes, lo reitero de nuevo, este Camino sí que ha sido un tanto especial, como todos los anteriores y como todos los venideros, pero éste... Muchas lágrimas en el Obradoiro. Por muchas cosas. ¡Ultreia et Suseia!
DAYSI.

Vicarie pro Claudiam.

jueves, 8 de septiembre de 2016

MERMELADA DE CIRUELA

Las cositas del día a día son las que ponen sentido a la vida. Y eso es así y no admite discusión. Y por eso me encantan y me gusta cuando las hago inesperadamente y aprovecho para compartir esos retazos de alegría con vosotros. Hoy es muy simple lo que vengo a contaros: mermelada de ciruela. Tal cual. Sí, lo que leéis: mermelada de ciruela. Nunca pensé que haría mermelada de ciruela natural y llegó el momento. Y como siempre de improviso y sin pensarlo. Regalos de la vida como me gusta denominarlos. Un ciruelo plagado de fruta en el chalet, mi querida thermomix, azúcar, unos limones y unas fructíferas mañanas de Sábado y Domingo en la cocina. Et voilá, un rato agradable, entretenido y siendo feliz con una cosa tan simple que muchas veces ni se valora. Pequeñas cosas que son la esencia de la vida. Ya escribí una vez sobre ello en el blog. Hoy vuelvo a reafirmar mi teoría. Y por eso, con la sonrisa por bandera, vengo a contaros cómo ha sido eso de la "mermelada de ciruela".


Empezó la cosa con la avanzada primavera. El ciruelo que tenemos en el chalet estaba plagado de frutas y le pegué buenas sacudidas para quitarle muchas pues no podría criar y engordar tantas ciruelas como habían nacido. Aún así se ve que me quedé corto (y mira que le quité) porque luego en verano el árbol frutal estaba con las ramas llenas de frutas para recolectar, así es que me dediqué a coger una por una todas las ciruelas y fueron varios kilos de ellas. Y, claro, como es imposible comer tanta fruta antes de que se estropee, se me encendió la bombilla culinaria del chef que llevo dentro de mí y pensé en hacer mermelada y repartir algunos botes. Era la única manera de aprovechar todas las ciruelas recogidas y que no se echasen a perder. Y me puse manos a la obra y salieron varias remesas. Vamos que comieron mermelada mis padres, mi hermana, mi mujer, mis suegros, los tíos de mi mujer, los vecinos de la urbanización, mis amigos, etc, etc,, la cosa fue a más y ya cuando me llamó Merca Madrid para comunicarme que las ventas eran un éxito y que se había otorgado el primer premio culinario a la mermelada de ciruela al stand de la Feria de la Mermelada de Ciruela hecha en mi honor, pensé que era mejor parar la fábrica mermeladera por un tiempo... Les prometí que la temporada que viene vuelvo a la faena y exportamos botes de este manjar a los imperios de Peralbillo, Picón y la Villa de Granátula.



Y la cosa es que jamás con tan poco cree tanto. Ciruelas, un robot de cocina, un kilo de limones, un paquete de azúcar y tarros vacíos de los que guardo para conserva (los más pequeños claro, los grandes los destino al tomate, al pisto, la fritada y esos manjares inesperados que me como en algún caprichoso día de invierno). Por planta de trabajo la cocina de mi casa, por obrera y gerente mi santa madre y por director y encargado del departamento de calidad y "probación" el que suscribe. Anda que no probé veces la mermelada y no terminaba de cogerle el gusto... Me relamo todavía, oye. Dale que dale al cuchillo pelando y deshuesando una a una las ciruelas entre mi madre y yo. Ardua labor la nuestra en ello. Dale que dale a la themormix cociendo las frutas con el azúcar. Dale que dale a pelar y despepitar los limones que dan el toque ácido y conservante y dale que dale a la alegría para que el resultado fuera el correcto. Y luego dale que dale al embotado y arrope de los frascos para que hagan el vacío y conserven el producto obtenido. Claro el resultado fue tan primoroso que finalmente llegó el dale que dale al reparto de los botes de mermelada y el resto ya lo conocen: Merca Madrid, expansión, Primera Feria de la Mermelada de Ciruela "Carlos Lillo", etc. Toda una cadena de éxitos que desde el primer momento decidí contaros en el blog.

Fueron ratos entrañables de esos que me gustan, como guisar en puchero, como comprar hortalizas en las portadas de los pueblos, como hablar con nuestros mayores de la vida de antaño, como mirar a la Esperanza a los ojos, como desayunar chocolate con churros el día de la Lotería de Navidad o como escribir estas líneas cuando tengo un ratito y compartir estas pequeñas gotas de esencia del día a día con quien me conoce y tiene a bien leer mi pequeño Rincón. Y estas cosas son las que de verdad nos enriquecen y se quedan en la mochila de la vida con la que hacemos el Camino. ¿Quién me diría a mí cuando siendo niño sembré aquel ciruelo que algún día haría mermelada y la repartiría entre mis más cercanos coetáneos? Pues eso. Y tal cual venía ilusionado a contarlo. Espero que hayáis disfrutado de esta entrada como yo escribiéndola y haciendo las remesas de mermelada. Termino como empecé: Las cositas del día a día son las que ponen sentido a la vida. Y eso es así y no admite discusión.