lunes, 31 de julio de 2017

UN VERANO APRETADO

Este año tengo la dicha de que Agosto cuenta con prácticamente cinco semanas y entre robarle el último fin de semana a Julio y el primer día y fin de semana a Septiembre logro enlazar algo inédito para mí desde que empecé a trabajar la abogacía con veinticuatro años: cinco semanas naturales de vacaciones. El resto del año para los autónomos no existen vacaciones, ni puentes, ni absolutamente nada y menos para los que nos debemos a los plazos procesales y además tenemos turnos de guardias. Y si bien me reservo únicamente cinco días libres para disfrutarlos cuando no me aprieten los plazos, entre Semana Santa y alguna extraña ocasión quedan rápidamente agotados. Así es que imaginad mi alegría este año cuando voy a tener en escasos días las dichas cinco semanas enteritas para mi disfrute. He hecho tantos planes para llenar los días que voy a tener un verano apretado. Y, claro está, no faltará un poco de Camino de Santiago, de disfrute familiar en "Villa Ana María" y en la Virgen del Monte y alguna visita a las ferias cercanas. Y unos días en Galicia y una semana en mi querido Mediterráneo y mil momentos de esos fugaces e inesperados que quedan grabados a fuego con la misma intensidad con la que se viven cuando son anhelados y llegan de sorpresa.
Nuestro grupo: "De manchegas maneras"



Puente internacional que une Portugal con España
De momento he debutado en vacaciones con un precioso y último fin de semana antes de partir a recorrer el Camino Portugués este próximo día 2 de Agosto. Y ha dado de sí el fin de semana. Entre otras cosas hemos estado de prolegómenos de la Pandorga participando en el Concurso Tradicional de Limoná y pasando un gran rato y mucha risa. Y a la par preparando la que será nuestra primera ofrenda a la Virgen del Prado en familia, pues vendrá Gemma vestida con el traje de segadora, Claudia con sus ropitas tradicionales de bebé y yo vestido de gañán con manchegas maneras. Como manda la tradición que en mi tierra se ensalza el 31 de Julio. Pandorga, mi pueblo cantará. Tras ella me tocará ultimar la mochila y meter en ella ropas camineras para lanzarme a mi amada ruta jacobea esta vez desde Valença do Minho en Portugal hasta que llegue de nuevo a la Plaza del Obradoiro. El Camino me ocupará desde el 2 de Agosto que viaje para iniciar andando el cruce del Puente Internacional que une Portugal con España hasta el día 9 del mismo mes que, tras alcanzar de nuevo Compostela, iré a las playas gallegas por la zona de O Grove. Quien quiera localizarme en este apretado verano en el que ya tengo la agenda copada de viajes y eventos me tendrá disponible entre el 9 y el 15 de Agosto por Portonovo, Sanxenxo, Islas Cíes...

Del mismo 15, día de la Virgen del Prado, hasta el siguiente fin de semana estaré en mi tierra natal. La Carpa del Baile del Vermú me verá disfrutar en ella y alguna que otra noche la Feria gozará de mi presencia. ¡Ay las Ferias y Fiestas! Las Ferias las llevo bien pero las fiestas me matan. Recuerdo la primera vez que le dije esa frase a mi madre la cara que puso. Por unos momentos me vi protagonista de la película "Vente a Alemania, Pepe" pero sin llamarme José. Vamos que las maletas se disponían a colocarse en la puerta solas para que me buscase ferias en otro lado. En fin, que este año también disfrutaré del estío en mi querida Ciudad Real. La ciudad es como es, pero es mi raíz y en ella nací y en ella me crié y en ella vivo felizmente. Amo mi tierra, sus gentes y sus costumbres. Y, por supuesto, a Ella. A la Morena del Prado.

Feria de Ciudad Real

Playa de Jávea
Tras la Feria y disfrutar de la Patrona, nos iremos una semana, del 20 al 27 de Agosto, a ver a un buen amigo. Como diría el Arrebato, ese que nunca se olvida, ese que vive en tu mente. Mi colega de siempre: el mar Mediterráneo. Y me hace especial ilusión volver a bañarme en las aguas que me conocieron siendo niño y que serán las primeras que bañen a mi hija Claudia. Y además en compañía de esos amigos que te da la vida y que puedes contar con los dedos de una mano. Jávea será el destino. Y allá que iremos a pasar unos días que a buen seguro se antojan inolvidables. No puede ser de otra manera porque estando bien rodeado la vida sonríe sola. Y en este verano apretado que se me avecina y que llevo dos días disfrutando voy a estar bien rodeado todo el mes. Y hay tiempo para que al principio, entremedias y al final pueda disfrutar de los rincones que tanto me gustan entre barbacoa, piscina y algún lebrillo de zurracapote. Ya os digo que es la primera vez que me enfrento a cinco semanas de vacaciones y estoy con la agenda más que apretada pero la vida es para vivirla y me gusta ver los días copados de planes que traen momentos de felicidad. ¡Bendito verano apretado! ¡A por él! Que Septiembre ya mismo llega y ese sí que aprieta. ¡A vivirlo!

martes, 25 de julio de 2017

¡SANTIAGO Y CIERRA... LOS OJOS, CARLOS!

Hoy es un día grande para mí. Grande y especial. Cierro los ojos y me trae aromas de infancia, recuerdos de adolescencia, sentires de mi barrio, esencia de mis caminos y lazos de amistades con cofradías de por medio. Se dice pronto. Y se lee con gusto.Y es que el día 25 de Julio viene siempre cargado de emociones para mi persona. Incluso un año me deleitó con un inesperado ataque de gota que hizo las delicias de los guasones en mi contra y los agudos dolores en mi pie afectado por el ácido úrico de una persona (yo) que no come marisco. Tiene bemoles la cosa. Y lo que duele, ¿eh? Telita. El caso es que hoy es un día de júbilo. Me acuerdo de niño en la verbena, de adolescente ya trabajando en el chiringuito de la Hermandad de la Santa Cena, de más joven tomando las consumiciones al otro lado de la barra, con algún año más y la cabeza poco más ajustada caminando por caminos (obviamente) que llegan a las dos altas  y pardas torres que tanto me han visto llorar y reír allá en Santiago de Compostela y, por último, desde unos años con el costal por herramienta pasear al Santo Patrón de las Españas por la Villa de Granátula ejerciendo el oficio más bonito del mundo. Creo que si digo que hoy es un día grande para mí no miento. Hoy es de nuevo 25 de Julio y cerrando los ojos puedo soñar despierto arropado por tantos y tantos recuerdos que me apetecía dedicarle unas líneas, sencillas pero emotivas por lo que desprenden.

Ha amanecido el día y he visto en el corazón perchelero el chiringuito del Tintorro, el castillo hinchable y sonreír a las viejas piedras de la iglesia. He sacado del armario las tirantas blancas, el costal y la faja y he preparado los botines negros para meterme bajo el paso de nuevo. También he comprado ya las credenciales para un nuevo Camino que me llevará a abrazar el busto del Santo cuya onomástica se celebra hoy. Y con los ojos llenos de recuerdos he mirado los balcones de la calle Refugio, Calatrava y Altagracia donde aprendí a querer mi barrio mientras jugaba en la Plazuela, Jacinto, Norte y Ángel. Aún conservo canicas de aquel entonces y sigo bebiendo refresco en mi vaso rojo de plástico que no miento al decir que tiene más de treinta años. Santiago es día emocionante para mí y víspera de San Joaquín y Santa Ana, onomástica del Tormento y prácticamente pistoletazo en ciernes de las vacaciones de verano a las que me debo desde que empecé mi vida laboral. Y es que el día de la Fiesta en el Perchel anuncia muy cercano el octavo mes del calendario. Mes en el que con mochila y bordón pateo los caminos que llevan al Obradoiro y, a decir verdad, sé porque me puse en marcha la primera vez pero no sé porque me puse en marcha las siguientes. Pero el Camino engancha y eso lo sé. De Santiago tenía que ser, del barrio donde radica el único cruceiro que hay en la ciudad que me vio nacer.

Y si el complemento del día ya grande de por sí es ejercer el arte del costal ya no hay parangón que iguale esta festividad. En Granátula de Calatrava se procesiona al Santo de la villa de Espartero con los más preciosos honores que puede brindarle la humilde población que lo venera junto a la Virgen de Oreto, su mariana patrona. Y desde hace ya un año bisiesto se pasea a costal por hombres buenos y amigos. Y qué bonito es sacar un paso con amigos. Y hoy vamos a ello de nuevo. Mientras en el barrio que lleva su nombre en Ciudad Real y en la ciudad donde se halla enterrado el Apóstol, así como en otros tantos lugares de España que quieren al Patrón Nacional, se festeja y se cubre el cielo de pólvora y color en su nombre, en un pequeño pueblo del Campo de Calatrava un puñado de hombres trabajarán el arte de la arpillera para portar en sus cervices a Santiago apóstol. Y entre ellos yo. El año pasando pidiendo y éste agradeciendo. Así es la vida. Ya sabe Santiago de qué hablo.

Y pocos días después, con el recuerdo recién pasado de su verbena en mis más profundas raíces, pondré de nuevo mi cuerpo en marcha para ir a abrazarlo otra vez. Y será la sexta vez, Dios mediante, que llegue a Santiago de Compostela caminando desde que aquel año Xacobeo de 2010 el Camino llegase a mí de la forma más recóndita que pudiera haber. Desde entonces kilómetros que se cuentan alcanzando la cifra de 1.500 han ido desgastando mis botas siempre en pro de un objetivo: buscarlo y buscarme. Nadie se asombre de la cifra recorrida, eso es lo de menos. Y os aseguro que es ridícula al lado de lo que se recorre en el Camino de la Vida, donde cada paso debe recoger un sentimiento y dejar poso para otro. 
Santiago, Santiago, Santiago... Barrio, Camino y Patrón. Para mí es día grande, sí, sin duda. Me trae mil vivencias que afloran a mi piel y me hace sonreír de una manera especial. No sé si el tan conocido "¡Santiago y cierra, España!" es aplicable en su significado a mí mismo en el día de hoy (en otros muchos sí que lo es) pero hoy y a esperas de que no me dé gota o surha otro inconveniente que también se convierta en recuerdo me tomaré un pacharán y diré para mí "¡Santiago y cierra... los ojos, Carlos!". El sueño está servido. Y los recuerdos con él. ¡Feliz día de Santiago!

miércoles, 12 de julio de 2017

SEÑOR DE LAS PENAS

Hace muchos años, quizás una veintena, en una madrugada de Miércoles Santo, cuando ya regresaba la Cofradía de la Humillación de Nuestro Padre Jesús de las Penas de su recorrido penitencial y se disponía a hacer su entrada, un incipiente amigo cofrade, a día de hoy amigo verdadero, compañero de costal y agraciado con la paternidad que nos regaló el Rabí de los Ángeles cuando compartíamos cuadrilla bajo Él (ahora yo sigo en el misterio pero él está en el palio) me dijo: "Este Cristo se hace querer. ¿Y sabes por qué? Porque va muy sólo. Y se le quiere y se le acompaña porque da pena". Aquella frase se quedó grabada a fuego en mi memoria pues yo era de las personas que sin ser hermano de aquella cofradía la seguía de principio a fin y me gustaba ver el vaivén de la túnica granate del Señor cuando caminaba por la silente noche desde la una y media de la mañana. A su entrada apenas una veintena de capillitas quedábamos, pues se rondaban las cinco de la mañana y el día siguiente era laboral. Y yo estaba en esa veintena viendo al Señor. Y desde aquella madrugada lo quise más todavía porque iba muy sólo y ni siquiera estaba Simón de Cirene con Él sobre el paso. Me llamaba esa cofradía. Y entre eso y muchos amigos que formaban parte de la misma y compartíamos sones de corneta juntos, el año siguiente me hice hermano de las Penas...

Y llegó el momento porque Él lo quiso. Mascullando la idea despacito algunos años al final dí el paso. Iba a ser su costalero. La afición a la herramienta de trabajo que desarrolla el pasear la fe bajo las divinas maderas y ese Cristo sólo que se hacía querer precisamente por su soledad me atrajeron a su reino, si bien por entonces ya salía a las 21;30 de la noche del Martes Santo culminando su estación en la recién estrenada madrugada del Miércoles Santo. Y el marco era incomparable. Soledad, silencio y oscuridad que se rompían con la llamada del muñidor a las puertas del Convento del Carmen y salía el Señor ya con un Cirineo a dejarse abrazar por las miradas y sentimientos del pueblo. Un repeluco que sólo el costalero comprende recorría mi cuerpo escuchando tan sólo el racheo y la voz de quien fuera mi primer capataz en el oficio y con el que disfruté verdaderos momentos íntimos con el Dios que vive en el Carmelo. Mi recuerdo para Marcelino Abenza, maestro de capataces y costaleros.


El reloj de la vida avanza y la cofradía cambió su horario de salida a las 21;00 horas, adelantando todavía media hora más el horario para hacer más liviano el esfuerzo de los hermanos de luz y de los hombres buenos y valientes que formaban su cuadrilla y tenían que trabajar al día siguiente. Y, por supuesto, pensando también en la gente de la ciudad que quería acompañar las Penas del Señor e igualmente debía ganarse el pan en la mañana laboral del Miércoles Santo. Y allí seguíamos las mismas caras que en aquellas madrugadas acompañábamos a Dios por las calles. Y me gustaba verlas. Y seguro que ellos al ver la mía también recordaban y recuerdan aquellos años de sonidos de un tambor destemplado marcando el son de los costaleros. Algunos tras el antifaz del hábito nazareno, otros con costal y faja y otros callados por las calles caminando junto al paso. Pero fuere como fuere queriendo al Señor. Queriéndolo y caminando con Él porque ahora hay mucha gente a su lado y la hermandad está de babero, pero hubo unos años en que el Cristo estaba sólo, muy sólo. Y por eso aquella gente cercana lo quiere. Porque empezó a quererlo entonces. Y así siguen. Y me enorgullece formar parte de ese grupo humano que sin duda Él eligió.


He pasado diez años bajo su paso y parece que fue ayer cuando me acerqué a la igualá. Diez noches de Martes Santo que tras los faldones me han traído una enormidad de sonrisas recordando preciosas tardes y noches de Martes Santo con amigos y un sentimiento común: amor por las cofradías. Diez noches maravillosas ejerciendo el oficio costalero bajo una imagen que me caló muy hondo y no por belleza estética, ni artística, ni calidad de su talla, sino por su humanidad y soledad, por ser el primer paso que saqué en silencio y que me enseñó la unión del hombre con Dios a través del costal. El Cielo, los kilos y yo. Sin aplausos, sin gente abarrotando las calles, sin música, sin cambios. Racheo y zancada poderosa y de frente, silencio en las maderas y el Hijo del Hombre caminando sobre ti. Sólo el que va debajo lo sabe. Diez años maravillosos que han cerrado un ciclo precioso y cuyo recuerdo permanecerá por siempre en mi interior. Diez años a los que he querido poner fin ahora para ir empezando mi retirada del costal y enfrentarme a lo que más temo en la Semana Grande: ver los pasos que he sacado desde fuera. El próximo Martes Santo será duro, muy duro. El Señor de las Penas seguirá caminando con gente y quién estará sólo seré yo. Volveré a ver sus faldones por fuera y no por dentro. Pero he disfrutado mucho. Muchísimo. Y eso para mí se queda.


Llegará otra vez el Martes Santo y llamará el muñidor a las puertas del Carmelo. El silencio se hará oración y el terno negro dará las órdenes para pasear a Dios por las calles. Dos lágrimas rodarán por mis mejillas. No tendrán el sabor salado que las caracteriza cuando alcanzan la comisura labial. Serán agridulces fruto de la nostalgia, la memoria, el recuerdo, la esperanza y las gracias. Y lo seguiré. Lo seguiré en soledad por las calles. Recordaré cómo aprendí a quererlo hace veinte años. Y su soledad será la mía y estoy convencido que me querrá como yo lo quiero a Él. Son muchos recuerdos, muchas vivencias, muchos momentos. Me cuesta ya escribirlo en pasado porque no soy su costalero desde que arrié el zanco el pasado Martes Santo en el templo carmelitano, pero para mí es un orgullo y un privilegio decir "fui costalero del Señor de las Penas". Seguiré queriéndolo siempre sea la talla que sea porque lo que Él me enseñó no me lo enseñó nadie. Y lo hizo en soledad, en silencio, transmitiendo su nombre, sin música, sin aplausos y sintiéndose arropado por aquel grupo de personas que seguíamos su camino. Un Maestro, sin duda, como cuando lo hizo en Galilea: el Señor de las Penas.

martes, 13 de junio de 2017

COMO LA VIDA MISMA


Señal en algún tramo del inicio del Camino Francés
Hoy me he levantado como muchas otras mañanas desde que lo conocí, pensando en él, deseándolo, añorándolo y mirándolo con la ternura de los ojos del recuerdo y el aliento de la esperanza de tenerlo de nuevo. Mi querido Camino de Santiago. Y ahora que se acerca el verano y ya se me antojan inminentes los días libres de un nuevo Agosto lo tengo muy presente y empiezo a acariciarlo sobre las guías y a soñar con sus etapas de las variantes que aún me quedan por recorrer. Este año me iré al Camino Portugués y desde Valença do Minho caminaré hasta la Plaza del Obradoiro donde concluye la calle más recorrida de Europa. Al caso que me enredo en mis entretelas sentimentales y no narro lo que vengo a narrar. Ya sabéis todos que he escrito varios relatos cortos con temática jacobea y los he ido compartiendo con vosotros. Con uno de ellos, "Niebla del Monte Irago" gané el concurso literario de Relatos del Buen Camino y lo compartí en el Rincón hace un tiempo. Buscadlo si tenéis tiempo, seguro que os saca una lágrima... Otro de los relatos fue "Un trocito de melón" y también lo traje al Rincón de mis Pasiones para que pudierais leerlo quienes quisierais. Y hoy que como antes os decía me he levantado con ese afán peregrino y con muchas ganas de hablar de mi amada Ruta Jacobea os traigo otro de los relatos que escribí con esa temática. 

Para los que conozcan el Camino Francés será un recorrido por el mismo desde Saint Jean Pied de Port hasta el propio Santiago de Compostela. Se titula "Como la vida misma" y hago una comparación de la propia vida de una persona con el transcurrir por el Camino. De hecho siempre he estado convencido de que el Camino es un fiel reflejo de la vida real, con sus subidas, sus bajadas, sus llaneos, gente que va, gente que viene, sorpresas, risas, llantos, etc. Y cuando lo recorro nuevamente más me convenzo de ello. En fin, os dejo con el relato y espero que lo disfrutéis al menos con el mismo cariño que cuando lo escribí. Todos somos queramos o no peregrinos de la vida. Y la vida, al fin y al cabo, es caminar...

Puente la Reina, donde se unen los Caminos a Compostela

COMO LA VIDA MISMA

Ahora que llego al ocaso de mi existencia acaricio las estrías de mi alma y miro para atrás entre recuerdos grabados a fuego en mi retina. He concluido el camino y mi piel antes nívea y lisa se me antoja ahora morena y arrugada. Parece ayer cuando el destino me diera a luz en Saint Jean Pied de Port. Los llantos de peregrino recién nacido expresaban los miedos que me embargaban al enfrentarme a este reto llamado vivir que se fue transformando en caminar. Parece ayer, decía, y me encuentro ya en el Obradoiro extendiendo mis brazos a Santiago para darnos el definitivo abrazo. Sé que allí por donde mis huellas continuaron horadando el firme que otros tantos ya hubieron pisado, seguirán crujiendo pasos. Porque la vida es caminar, caminar de principio a fin.

Comencé titubeante y gateando con destino a Roncesvalles. Mis piernas aún endebles no aguantaban bien el peso y el rumbo era un tanto caprichoso según se tambalease mi recién estrenado cuerpo. Eso hacía que me cayese varias veces al suelo, como toda persona. No sabía muy bien si iba por la Ruta de Valcarlos o por la de Napoleón, pero el instinto me llevaba de la mano y me hacía continuar. Como la vida misma. Y así llegué a la Colegiata con la alegría del bebé que descubre que el andar lo hace libre. Correteaba disfrutando el sentimiento de libertad y eché los dientes entre Zubiri, Pamplona y Puente la Reina. Recuerdo con afecto aquellas etapas. Eran tiempos preciosos de mi infancia como caminante. 

Cuando ya iba dominando el camino y teniendo conocimiento del mismo surgieron las primeras amistades. A algunos los conocí en la salida de Estella tomando un vino en Irache, a otros en Torres del Río y a otros tantos entrando en Logroño. Como buenos compañeros de colegio hicimos varias etapas juntos y ninguno intuíamos que no todos terminaríamos el camino, de hecho algunos se fueron dispersando antes siquiera de llegar a Burgos. Pensábamos que seríamos amigos para siempre y de aquellas jornadas quedaron los que la vida dice que se pueden contar con los dedos de una mano. Con ellos seguí mi periplo y pasamos preciosos momentos por Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Belorado. Pura adolescencia caminera.
Caminando y creciendo llegué a Castilla en el auge de mi juventud. Derrochaba fuerza y coraje. Recuerdo salir de Agés y no tener mella alguna de cansancio tras haber subido los Montes de Oca. Un breve suspiro en San Juan de Ortega fue todo lo necesario para coger resuello. La vitalidad brotaba por todos los poros de mi piel. Contemplaba el camino por Castilla y me daban ganas de galoparlo a pleno pulmón. Caminaba por aquellos tiempos en los que el joven quiere ser viejo y el viejo añora sus tiempos de joven. Burgos, Hornillos del Camino, Castrojeriz y Frómista fueron testigos de aquellos pasos rápidos y livianos que coparon mi tránsito por el páramo. Caminando entre Carrión de los Condes y Terradillos de los Templarios me salió la primera ampolla de la vida. Esa a la que no le das importancia pero te hace empezar a recapacitar en rectas eternas como la de aquel día en que no llegaba nunca a Calzadilla de la Cueza.

¡Qué tiempos aquellos en los que parecía no pasar el tiempo! Pero el tiempo pasa y amanecía una nueva jornada en el albergue de Bercianos del Real Camino. Allí continué mi caminar por la vida. Al sellar la credencial en Sahagún fui consciente de que ya había transcurrido la mitad de mi aventura. Me ajusté la mochila y caminé hacia Mansilla de las Mulas reparando en lo lejos que quedaban ya aquellos primeros gateos cerca de la Virgen de Biakorri. Paso a paso llegué hasta el corazón de León y ya caminaba de otra manera tanto física como mentalmente. Muchos peregrinos se habían ido quedando atrás. La planicie de Castilla me enseñó que no por ser el camino liso era fácil de recorrer. Derramé muchas lágrimas por la marcha repentina de peregrinos muy allegados, pero el camino seguía y yo con él. Otros peregrinos fueron llegando. Como la vida misma, os digo. 

Me despedí de la Pulchra Leonina dirección a San Martín del Camino y buscando ya Astorga en el horizonte. Qué etapas más duras aquellas entre la Maragatería y el Bierzo. Ya no subía las cuestas hacia Rabanal, Foncebadón y la Cruz de Ferro con la agilidad que ascendí hacia el Alto del Perdón durante mi infancia. Y el descenso hasta Molinaseca se me hizo muy duro. Ponferrada fue punto de inflexión. Ya había caminado mucho y creo que allí comenzó el principio del fin. La mochila me pesaba como nunca pues estaba repleta de experiencias y sabiduría. Y con ella como fiel compañera pasé por Villafranca del Bierzo y encaré la última etapa dura que me quedaba por sortear sin yo saberlo: la subida al Cebreiro. Lo logré y coroné el llamado antaño Monte de la Malafaba. Desde su cumbre casi podía adivinar mi destino. Mis piernas que se mostraban curtidas y torneadas por el camino avanzaron sin detención por Triacastela y Samos hasta detenerse ya prácticamente agotadas en Sarria.
Con todos los kilómetros que llevaba acumulados, los últimos cien eran un mero trámite. Me había convertido en verdadero peregrino y había subido, bajado y llaneado según me iba deparando el destino del camino que yo iba descubriendo día a día. Como la vida misma. Portomarín, Palas de Rei, Arzúa y Pedrouzo fueron mis últimas etapas antes de llegar al Obradoiro de mi existencia terrenal y detenerme por última vez. Las piernas temblorosas apenas se sustentaban en mis desgastadas botas que habían dado sus últimos pasos. 

Toda una vida. Todo un camino. Miré la Catedral y supe que el Camino no termina en Santiago sino que allí empieza. Ha terminado solamente una etapa más. Extendí mis brazos hacia el Santo y nos fundimos en un sentido y definitivo abrazo. Termina una vida. Empieza un Camino.

FIN

Bien, pues ese es el pequeño relato que hoy me he animado a compartir con vosotros. La verdad es que lo releo y me quedo melancólico. Me viene a la mente Antxon, el Gran Caminante. Y seguro estoy que sigue caminando por ahí. La vida no puede ser tan simple y sus padres se reencontrarán con él y charlarán tranquilamente bajo la sombra del árbol de Paula. Hay que seguir caminando por la vida. El Camino es así... Como la vida misma. Desde estas líneas os deseo a todos Buen Camino. ¡Hasta otra! Ultreia et Suseia.
D.A.Y.S.I.

miércoles, 7 de junio de 2017

DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA

Pues sí, pues sí. Hoy lo haré. No escribo nunca en redes sociales cuestiones referentes al fútbol para denostar a equipos rivales, sólo para alabar al propio. Y no comulgo con la gente que es más anti que pro. Pero ante la avalancha durante los últimos meses de pseudoaficionados del Atlético de Madrid y del F.C. Barcelona copando el ciberespacio sideral propio, ajeno y pajamental en el que viven y, por suerte o desgracia, nos hacen vivir a otros, con sus mensajes de antimadridismo cargados simplemente de envidia y odio por no tener otros argumentos, me veo en la obligación de hacer leña del árbol caído. Siempre me he vanagloriado de no expresar mi alegría en las derrotas de los rivales y ahí está la historia de mi vida avalada por quien me conoce y mis comentarios en las redes habituales que diariamente utilizo. Veréis un ¡Hala Madrid! pero jamás un ¡Puta Barça! o ¡Puto Atleti! Y, sin embargo, yo esas últimas dos exclamaciones las veo prácticamente de seguido y referidas al club de Chamartín por ciertos sectores de chusma forofa que se hacen llamar "seguidores" del tal o cual club. Y ya se cansa uno de oír borricos rebuznar. Así es que si eres de los lectores que se van a dar por aludido deja de leer porque vienen las tintas cargadas. Si eres un señor aficionado continúa leyendo porque verás que tú te escapas de ser de la escoria de afición que mancha vuestro nombre (y en mi club también la hay).
Y sí. Contra aquellos cafres que hacen indebido uso del #NoLoPuedenEntender (ni falta que nos hace, payasos) habrá que dar un poco de cera que les ponga los pies en el suelo. Con vuestro anormal comportamiento tiráis por tierra el buen hacer del resto de personas que comparten vuestra afición. Me paso por el forro de los güitos vuestras milongas diciendo que preferís perder contra el eterno rival y seguir animando a vuestros jugadores. Los jugadores se deben a vosotros y no vosotros a ellos. Deben dar todo de sí como profesionales y asalariados para defender sus colores, por eso en el Bernabéu en cuanto alguno no lo hace es pitado como lo fue Ronaldo Nazario, Zidane y Cristiano. Y eso sí que no lo entendéis y seguís idolatrando a vuestros jugadores que se ven una y otra vez derrotados en eliminatorias mientras os bailan el agua con un supuesto amor al club, véase Griezzman, por ejemplo. #NoLoPuedenEntender dicen. Me meo. Jajajaja. Los que no podéis entender que se siente ganando una Copa de Europa sois vosotros, patéticos, porque no habéis ganados ni una y nosotros doce. Los que no podéis entender que se siente eliminando cuatro veces seguidas al rival de la ciudad en la máxima competición continental sois vosotros, patéticos, porque nosotros os hemos echado en las últimas cuatro ediciones consecutivamente. Los que no podéis entender que se siente levantando la Champions dos veces frente al vecino en la final sois vosotros, patéticos, porque nosotros lo hicimos en vuestra cara en Lisboa y Milán. Y los que no podéis entender que se siente al ser Madridista sois vosotros, patéticos, porque nosotros sí lo entendemos y no nos metemos en lo que vosotros sentís o dejáis de sentir. Dedicaos a lo vuestro y os irá mejor. Haceros pro y no anti, pero claro, la envidia os ciega y el odio os invade. Es duro. Lo sé. Si fuera al revés también lo sería para nosotros. Por eso mismo y cansado de ver que sois incapaces de hablar de vuestro equipo sin mentar al nuestro, hoy me cachondeo de vosotros totalmente y me descojono recordando que con todo lo que lleváis encima seguís preguntando (algunos incluso afirmando falazmente y creyéndolo ellos solos) quién es el equipo que manda en la capital. Treinta y tres ligas y doce Copas de Europa son la respuesta. Honrada la Juventus que perdió en la final. Gloria a su afición que animaba a su equipo. ¿Pero los rojiblancos que animaban a la Juve? Patéticos de nuevo. "Bro, hazlo tú que yo no puedo". Como yo no les puedo, animo a otro que lo haga. Jajajajaja. Eso tiene un nombre: Inferioridad. Y mientras tanto el Madrid a lo suyo. Os elimina y no os menciona. Y ahí está el resultado final: una nueva champions en la vitrina.
Y también los aférrimos del club politizado que defiende un referéndum anticonstitucional y mantienen que no mezclan deporte con política mientras usan el Barça como plataforma ilegal secundada por sus chanergos aficionados. También. De esos hay otros pocos. Desde que cayeron eliminados precisamente contra un equipo que llegó a la final se dedicaron a despotricar contra el rival. ¿Has caído? Levántate y vuelve a intentarlo. Pero no. Es más fácil patalear e intentar que el enemigo no logre el triunfo a tener los santos huevos de intentar lograrlo tú. Así funcionan muchas mentes blaugranas. Critico duramente a los que se dedican a fomentar el sentimiento anti. No sois culés. Sois únicamente antimadridistas. Tener la valentía de ir de frente, cobardes. El "hachedelagranpé" de Piqué al menos lo hace. Pero claro, el pobre mío... Cuando nació en 1987 su amado Barça tenía cero Copas de Europa. El Madrid ya tenía seis. Y ahora en los últimos años en los que dice que el club que aspira a presidir ha ganado aplastantemente al Real Madrid en dichos títulos, resulta que su amado Barça ya tiene cinco Copas de Europa pero el Real Madrid tiene doce. ¡Vaya, Gerardo! Doce. Cuando naciste teníamos seis más. Ahora tenemos siete más. ¡Qué cosas! Pero es más fácil hablar de Cristiano, de Ramos y de Benzemá que reconocer la verdad.

Buscad en el blog mis entradas de fútbol. Buscadlas y leedlas los del #NoLoPuedenEntender y los fanáticos y culés-antimadridistas cegados de envidia. Veréis como cuando hablo del Madrid me dedico a eso: hablar del Madrid. Y no menciono a vuestros equipos. Y la gran mayoría del madridismo es así. Sin embargo, vosotros, ignorantes, los que no sois aficionados normales sino que sois escoria futbolera y presumís del falso "seny, valors y humildat", cuando habláis de vuestros clubes os limitáis a decir "Es que el Madrid...", ¿es que el Madrid qué? Bastardos. ¿Qué pinta el Madrid en vuestra eliminatoria contra el París Saint Germain? ¿Qué pinta el Madrid en las pancartas de vuestra afición? Incluso cuando ganáis algún título lo primero que hacéis en mentar al Real Madrid. Y si lo perdéis más. Y con saña. Y nos hartamos. Evidentemente. Nos hartamos. En el Real Madrid impera el señorío. Y el señorío no es aguantar vuestros cachondeos y callarnos porque si respondemos faltamos a él. El señorío es ser pro y no ser anti. Y eso en el Madrid abunda. Y no tenemos porque tolerar vuestros cánticos de "Hijos de Puta" y demás lindeces simplemente porque vuestras vitrinas están cargadas no de títulos sino de los dos sentimientos que ya os he mencionado varias veces: envidia y odio. Pues ahora os jodéis. Ahora vuestros deseos se convierten en nuestras carcajadas y las expresamos maliciosamente igual que vosotros lo hacéis con vuestra inquina. El yunque se convierte en martillo y golpea. Y con los antecedentes habidos que golpee sin piedad. Contra vosotros. Contra la chusma que me ha llevado a escribir estas líneas. Quien las lea se verá identificado o no. Él sabrá... Y ahora podéis seguir animando al Celta a que nos gane el partido aplazado y perdamos la liga. Ahora podéis seguir animando a la Juventus de Turín para que nos derrote en la final de Champions. Ahora podéis seguir siendo patéticos y ridículos. Incluso podéis seguir animando a vuestro equipo y a vuestros jugadores sin mencionar al resto, pero dudo que sepáis porque sois gentuza que no sabe de deporte sino de fanatismo.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos haciendo historia. Vosotros la contaréis a vuestra manera. Pero la realidad es la que es: 
DOCE VECES CAMPEÓN DE EUROPA...


...Y TREINTA Y TRES VECES CAMPEÓN DE LIGA. 

¡¡¡HALA MADRID!!!

martes, 30 de mayo de 2017

LEYENDA DE LAS LÁGRIMAS DE SAN PEDRO

Ahora que es inminente la llegada del verano y que se avecinan de nuevo las tradiciones de cada uno para dar su pistoletazo de salida al estío, he recordado una leyenda que quería contaros en este pequeño Rincón. Más que una leyenda es la explicación de una costumbre sevillana llamada "Las Lágrimas de San Pedro" que no es muy conocida salvo por aquellos estudiosos de las tradiciones y festividades. Y quiero contarla ahora porque en pleno verano, desde el día de San Juan en adelante, hay muchas historias y costumbres de este tipo repartidas por toda la geografía española como el Salto de las Hogueras, Carrera sobre Brasas, la Noche de Beltane, las Lágrimas de San Lorenzo o las Lluvias de Estrellas. Muchas de estas costumbres suelen aparecer en los medios de comunicación cuando tienen lugar pero otras pasan totalmente desapercibidas. En mi querida ciudad de Sevilla, la noche de San Pedro, del 28 al 29 de Junio, era muy celebrada y se solían hacer repiques de campanas y luminarias, datándose esta tradición desde el siglo XV. Y con este motivo y unos datos históricos nació la leyenda de unos sones de clarines que hoy vengo a relataros...


Cuentan que en el año 1403 cuando el infante Don Fernando volvía de conquistar Antequera la ciudad lo recibió con gran regocijo y doblaron las campanas y hubo también luminarias, igual que se hacía antaño en la noche de San Pedro. Aquel hecho fue acogido con gran entusiasmo y perduró el recuerdo de aquella noche durante muchos años. Ello  dio pie a que el canónigo Rivera, en el año 1551, decidiera rescatar de nuevo y querer afianzar aquella conmemoración para que año tras año se recordase en la tarde-noche del 28 de Junio aquella llegada triunfal de Don Fernando. De este modo el canónigo ordenó que su partida de dinero se destinase a comprar fuegos de artificio para festejar de nuevo aquel retazo histórico y así se hizo hasta el año 1629 en que el Cabildo Catedralicio dispuso que sólo podrían lanzarse fuegos artificiales en la noche de San Pedro (día 29 de Junio). Se cumplió lo dispuesto hasta el año 1839 en que se interrumpió la tradición ignorándose el motivo hasta 1865. En dicho año de nuevo volvió ya continuadamente hasta 1961 que volvió a caer en el olvido, resurgirendo de nuevo en 1986 y progresivamente afianzándose hasta el día de hoy, sobre todo gracias al Canónigo de Sevilla, Reverendo Padre Don Federico María Pérez Estudillo y a Don Eusebio Álvarez Ossorio, director por entonces de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol, quienes hicieron realidad la idea de recuperar aquella arraigada costumbre histórica que impulsaron hasta su consecución el hostelero Don Rogelio Gómez y el periodista del ABC Don Antonio Burgos, verdaderos responsables de rescatar tan íntima tradición sevillana.


Como tal, las "Lágrimas de San Pedro" son una tradición que se remonta como antes decía al siglo XV consistente en repiques de campanas y luminarias. Su nombre proviene del propio Apóstol San Pedro, primer Papa de la Iglesia, que negó tres veces a Jesús en el atrio de la casa de Caifás en Jerusalén, cumpliéndose la escritura que rezaba "Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Por eso la tradición de las Lágrimas se celebra el día de San Pedro (29 de Junio) al alba. A día de hoy consiste en unos toques de clarines con sonidos lastimeros que evocan aquellas amargas lágrimas de San Pedro tras negar a su Maestro y se interpretan tres veces, una por cada negación, desde el cuerpo de campanas de la Giralda: el día 28 a las 00;00 horas de la medianoche entrando ya en el día de San Pedro y el propio día 29 a las 09:30 horas de la mañana y a las 12:00 horas del mediodía. Los sones que interpretan miembros de la Banda del Sol simbolizan las lágrimas del Apóstol y también se repiten tres veces en cada cara de la torre en recuerdo de las tres negaciones de San Pedro. Comienzan los sones en dirección a los Reales Alcazares, después dirección hacia el Aljarafe, en penúltimo lugar hacia la Plaza de San Francisco y finalmente hacia la Plaza de la Virgen de los Reyes. Entre tanto se interpretan los toques, alabarderos de la Banda hacen guardia en la Puerta de Palos de la Catedral y, una vez que terminan de sonar "Las Lágrimas de San Pedro", se reúnen con toda la banda a los pies de la Giralda y van juntos hasta la Capilla Real y rinden honores a los pies de la Virgen de los Reyes cuya imagen, precisamente, fue regalada a Sevilla por el Rey Don Fernando, íntimamente ligado a la historia de esta leyenda.


Es muy normal entre los cofrades "banderos" el silbar la melodía de las Lágrimas de San Pedro, pues es muy conocida en ese mundillo e inclusive la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Sol la incluyó como grabación en uno de sus trabajos discográficos. El ritual de interpretación está cargado de simbología y protocolo siendo de destacar que son siete los alabarderos que hacen guardia y seis los clarineros que suben al cuerpo de campanas de la Giralda a interpretar los sones. A día de hoy cuando algún turista se encuentra en Sevilla y escucha las Lágrimas de San Pedro seguramente no sabrá el por qué de esos sones, su origen, su historia, su leyenda... Sin embargo, vosotros, si habéis dedicado unos minutitos a leer esta entrada del Rincón de mis Pasiones sabréis el por qué de ello, incluso podréis programar a conciencia un viaje a los pies de la Giralda el mismo día 29 de Junio para ver el ritual en directo. Merecerá la pena seguro. Yo lo tengo en mente...

jueves, 18 de mayo de 2017

UNA SEMANA SANTA ESPECIAL II

Ciudad Real amanecía distinta. El brillo azul del cielo resplandecía en las buganvillas y geranios que adornan los balcones de las calles que formaban la antigua judería de la ciudad y el azahar empezaba a despuntar en los naranjos de la Plaza de la Virgen de las Lágrimas. Era Miércoles Santo y las históricas piedras de los muros del Perchel rezumaban Bondad y Consuelo. Fui rápido a abrir la ventana y respirar aire limpio como vengo haciendo durante los veintitrés años que llevo siendo su costalero y en el horizonte dibujé un sayón y un patricio blandiendo látigos y flagelos, un sanedrita conversando con un soldado romano y tras ello otro legionario de Roma cabalgando sobre un caballo que relinchaba impetuoso alzando sus patas al aire y moviendo sus crines al viento en un día que se sabe glorioso porque llegará hasta la Morena del Prado. Y sobre ello la mirada de un Dios bueno. Sonreí. Y fui desdibujando la escena a la vez que imaginaba un palio granate que avanza saleroso cobijando a una Reina que porta en sus manos una rosa, un pañuelo y un rosario en cuyas cuentas se enumeran por centenas oraciones de los fieles a su paso. Momento de magia el que se avecinaba en las Puertas del Cielo sitas en la Plaza de Santiago Nº 2.Y me di cuenta que no era un sueño. Era realidad de nuevo. Era Miércoles Santo y no había que soñar lo vivido, había que vivir lo soñado. Por la tarde noche tendría lugar. Preparé las armas para la batalla más anhelada del año: una cuna de arpillera para mecer a Dios y una faja de tela para mantenerme firme en la pelea. Y llegó la gloria...

Estaba rozando el ecuador de la Semana Grande cuando el reloj marcó las siete de la tarde y el ambiente cofrade estallaba de júbilo. El hijo de Dios hecho hombre y amarrado a una columna iba a repartir su nombre por las calles. Y yo bajo Él, primera trabajera, zanco derecho. Sentirlo, pasearlo y darle gracias. Saberme privilegiado en un año en el que la hermana más pequeña de la cofradía es mi hija y llevaba en su carrito mi medalla, mientras la medalla de mi abuela, que fuera también hermana, protege el cabecero de mi cama y ya camino del Cielo, junto a Nuestro Padre Jesús de la Bondad, supo que cuando ella marchaba ya estaba en camino otra vida: tráeme una niña, Carlos. Una niña. Ya está aquí, Lela. Mi niña Claudia. Tú arriba con el Señor, yo bajo Él y Claudia viéndonos a los dos. Y recibiendo el Consuelo de una Madre que si mira hacia arriba ve en su gloria a la Patrona, a la que mi hija y tu bisnieta honrará este año por vez primera con su primer pañuelo de hierbas, en una Pandorga que vendrá con recuerdos de cuando tú me llevabas a su vera. Una Semana Santa muy especial. Mucho. Estuve en el mismo Cielo y logré retratar el momento. Que se pare el mundo. ¡Que se pare! En el frontal del paso: Gemma a mi lado, mi hija en brazos y Dios presidiendo el cuadro.

Fue sin duda un Miércoles Santo de ensueño. Cuando los sentires se hacen realidad y los sentimientos embargan y embaucan cuando se les mira como recuerdos y hacen brotar a la nostalgia mientras una sonrisa inconsciente se dibuja en la cara, es que fue algo grande lo que los produjo. Y así ocurrió. Y así me ocurre escribiendo estas líneas. Volví a casa cansado, satisfecho, con el trabajo bien hecho y mi alma con forma de morral manchego llena de sensaciones de esas que no se pueden describir sino que brillan a través de las retinas, como mi hermandad, la Bondad y el Consuelo. Había que descansar. Este año no me iba a Sevilla al día siguiente. Tenía una cita con San Pedro. La Macarena debía esperar mi visita a la que intento por todos los medios no fallar nunca y mientras Ella repartiese su nombre al mundo entero yo estaría cumpliendo una promesa: hacerme costalero del Dios mismo en esta tierra. Costalero del Señor que vive en los muros pétreos de la calle Lanza y que camina con música el Domingo de Pasión y en silencio y poderoso en la Madrugá del Viernes Santo.

Pero antes era Jueves Santo y mi barrio de la infancia bullía de sentimiento como el que tuve en la adolescencia cercano a sus costaleros y amarrado a sus faldones de Caridad perchelera. Llevaba treinta años sin ver desde la calle como espectador las cofradías del Jueves Santo de mi tierra. Desde niño he participado en ellas: nazareno de la Santa Cena, corneta de su banda, miembro del cuerpo de capataces del Cristo de la Caridad, costalero en el Valle de Sevilla, invitado a la presidencia o perdido por Híspalis buscando almas cofradieras. Entre unas cosas y otras tres décadas de mi vida sin ser espectador de las mismas hasta este año. Restan los otros seis años que tengo, apenas con recuerdos, sólo con retazos de Altagracia en mi memoria: las torrijas de mi abuela y de la mano de mi abuelo. Una Semana Santa muy especial. Y tras disfrutar con conocimiento de lo que ofrece un Jueves Santo en las calles de mi Civita Regia, fui a casa de mis padres a cumplir con la promesa. Me vestí de costalero de nuevo y marché con la inocencia, la alegría y el entusiasmo de disfrutar la madera como quien bajo el paso se estrena. Y para mí era un estreno pese a mi raza costalera. Sacaba un paso nuevo, un paso hecho promesa que al posarse sobre el suelo traería la paz a mi cabeza. Un año debía hacerlo. Un año tan sólo. Un año. Como las cosas que pasan en la vida y son historia nada más consumarse. Y se entregan al olvido pero quedan en memoria. Y no sé si porque el capataz lo sabía, porque alguien lo hubiera dicho, si por azar, por destino o porque el propio Nazareno jugó los dados tuve el relevo que quería: Estación de Penitencia a las Hermanitas de la Cruz y entrada para posar al Señor en el mármol de San Pedro. Dos capítulos se llevó mi costal, dos tan sólo: una vida entre mis brazos y una espalda con la firma de Madre Angelita. Se cumplió. Y no lo olvidaré nunca. Podré sacar muchos pasos y haber sacado ya otros tantos, pero siempre podré decir que yo fui costalero del Señor, costalero del Nazareno, costalero del Dios mismo que camina por San Pedro.Y fui feliz en aquella Madrugá bajo Él. Sabiendo que esa noche mi sitio suele ser entre el tintineo de cinco verdes esmeraldas que adornan la pechera de la Esperanza Macarena y el racheo silente y cadencioso del Gran Poder cuando vuelve por la Gavidia y enfila las últimas horas de la noche y los vencejos se desperezan al amanecer el día, me sentí costalero del Dios mismo y le hablé de tú a tú, como se le habla a un amigo.

Para terminar esta Semana Santa especial al día siguiente marché a mi Sevilla del alma. No podía faltar a la llamada que me hace la que vive en San Gil allí donde se unen la calle Bécquer con San Luis, al lado de la muralla y tras el Arco que lleva su nombre. Gracias Mamá por hacerme macareno. Y disfruté de Ella en su paso de palio. Y de las cofradías que tanto me gustan. Disfruté viendo como la Carretería salía bajo un sol de justicia a las calles de Siviglia y como el Cachorro que "nunca ha visto ni Sevilla ni Triana" volvía tan sólo a ver "los balcones y las tejas de la Cava". Y me acerqué al otro lado del puente a ver al Jorobaíto salir de su barrio y marché en busca del recogimiento de San Isidoro por la Alcaicería. ¡Ay, Señor de las Tres Caídas...! ¿Quién sabe? Y la Soledad de San Buenaventura por Arfe. Y la Mortaja por el Duque. Y Montserrat en la vuelta mágica de Doña Guiomar con Zaragoza donde todo se convierte. ¿Y comiste bacalao con tomate? Por supuesto, para eso es Viernes Santo. Y por la tarde compré agua en los puestos callejeros. Era necesario. Y costumbre y tradición. ¿Y hubo pescaíto? Claro que lo hubo. Y almendras fritas de postre. La Isla sin mí no es la Isla. Y yo sin la Isla no concibo Sevilla. Y acabé el Viernes Santo en la entrada del palio de la O. Una Semana Santa muy especial.

El Sábado Santo también dejó recuerdos. La cofradía del Sol llegando a la Alfalfa, los Servitas por las Setas, la Trinidad por la amplitud de Imagen y dentro de la presidencia de mi querida Hermandad de los Panaderos en la puerta de su capilla de la calle Orfila, donde me reencontré con un gran amigo que me ha dado parte de su corazón y detalles que llegan al alma antes de que Claudia siquiera naciera, el Santo Entierro por la Plaza del Duque de la Victoria y la Soledad de San Lorenzo por Jesús del Gran Poder. Hubo tiempo para una segunda vuelta a todas menos al Sol que ya iba de recogía. Me gusta ver los Servitas por el Cristo de Burgos, la Canina por Tetuán y la Soledad despidiendo los días de penitencia camino de San Lorenzo para aguardar la gloria de la Resurrección que cierra la Semana Santa.
Y este año no pudo ser mejor y brillar más el broche de oro. Tras un Sábado Santo muy bueno llegó el Domingo de Resurrección que pone sentido a todo lo anterior. Día de gloria que culmina la Semana más esperada del año. Para mí, el cambio de hora de la lasaliana hermandad no podía ser más acertado. ¡Qué disfrute ver el paso del Resucitado en la estrechez de Francos a plena luz del día y gozar de la Aurora de vuelta con gentío antes de llegar a Santa Ángela! No hay más preciado cierre para el paladar cofrade que clausurar la Semana Grande con la Resurrección de Santa Marina. Esa joven cofradía tiene un áurea especial. Me gusta. Y así cerré una vez más una Semana Santa pletórica y con pleno de cofradías en las calles. Conviviendo con amigos, con familia, con recuerdos, con anhelos, con mi mente entre Ciudad Real y Sevilla y sabiendo que esta Semana Santa especial ha sido de las mejores de mi vida. Muy difícil de superar. Para siempre: ahí quedó.