miércoles, 4 de octubre de 2017

LOS BAÑOS DEL EMPERADOR

En este tiempo de horrible sequía que nos invade he decidido hacer una excursión que llevaba tiempo mascando y que ha de ser cuando los niveles de agua están muy bajos. Es de las cosas que piensas "Ya lo haré" y pasa el tiempo y los años y no la haces. Así es que esta vez alentado por unas fotos que ví en internet decidí que era el momento y que no esperaba más. Y además el destino me pillaba a unos diez minutos en coche desde casa y llevábamos meses sin que cayera una gota de lluvia, así es que no había excusa. La vista a los Baños del Emperador cogió su turno con día y hora. No podía fallar más y es de las cosas curiosas que tiene mi tierra y que merece la pena ver. En una tierra volcánica como es la del Campo de Calatrava con emanaciones de CO2 en algunos puntos, hay ocasiones en que cuando confluyen con acuíferos se aprecia en las aguas un burbujeo constante que hace que se conozca popularmente a dichos sitios como "hervideros". Es muy conocido el Hervidero y Bombo del Chorrillo, sito en la Carretera de Aldea, prácticamente enfrente del cerro de la Virgen de los Santos, al que se accede por la Cañada Real que aparece a la izquierda. Tiene una fuente natural hoy ya entubada y con grifo de la que se pueden beber sus aguas ferruginosas. Pero esa es otra visita que también merece la pena hacer. Hoy la que nos ocupa es la de los Baños del Emperador que aunque el paisaje de sequía es aterrador y desolador por las impresionantes vistas que ofrece el terreno cuarteado que debería estar lleno de agua, nos regala una curiosa visita a la más pura historia del lugar.
Desoladora visión actual del fondo del embalse
Antiguo cartel de la "Casa de Baños"
Empezaré diciendo que estos baños se encuentran en el Cerro de Palos, muy cerca de Peralbillo, siguiendo el cauce natural del Guadiana, en su margen derecha. Datan de la época romana y se construyeron para que la gente tomase baños de aguas medicinales, pues las mismas afloraban de la tierra en forma de balsas y su composición y constante bullir eran beneficiosos para los males del estómago y el riñón, así como úlceras o erupciones cutáneas. Los baños como tal se trata de dos pequeñas piscinas construidas en piedra, destinándose una al baño de hombres y otra al de mujeres, separadas entre sí y formando todo ello un recinto amurallado por un muro de un metro y medio de altura y unos cincuenta centímetros de grosor que impedía las vistas desde el exterior. En su día no existía el Pantano del Vicario (ni la presa, evidentemente) y las instalaciones estaban cerca del río Guadiana pero nunca quedaban sumergidas, de modo que se accedía a las mismas por un camino hecho con piedra volcánica que permitía llegar a las piscinas sin mojarse y sorteando el agua que se hallaba a ambos lados. Transversalmente y a intervalos regulares unos grandes bloques de piedra facilitaban abandonar el camino por uno u otro lado hacia las orillas del río. Con la hechura del Pantano del Vicario y originarse una zona inundable los baños quedaron ocultos bajo las aguas, de ahí que sólo puedan ahora apreciarse en épocas de sequía.
Camino que va a los Baños
Históricamente tomaron el nombre por un viejo molino llamado "El Emperador" que se encontraba aguas abajo, si bien se les conoció también como "Los Hervideros de Trujillo" por ser el apellido de quien fuera dueño de la finca en que se encuentran. Dice la historia que a principios del siglo XIX un señor llamado Ramón Trujillo Delgado adquirió la finca para su explotación ganadera y agrícola y un pescador asiduo a esa zona le informó acerca de aquellos baños termales que se conocían desde años romanos, por lo que decidió relanzarlos, convertirlos en balneario y darles un uso comercial, habilitando también para ello una vieja quintería con habitaciones para hospedarse y consultas médicas. Hay crónicas del año 1882 que manifiestan que por entonces contaban con dos casas y diez habitaciones y se anunciaba el Balneario de los Hervideros del Emperador ofertando habitaciones con cuarto y alcoba a precio de una peseta y cincuenta céntimos diarios y cuartos sin alcoba a una peseta. Y eso sí, con la expresa advertencia de que no se permitía bañarse juntas a personas de diferente sexo. Lógicamente los baños contaban con una piscina para varones y otra para mujeres. Sin embargo, no prosperaría como se esperaba el asunto ideado por Trujillo y se vería abocado al fracaso porque a día de hoy, además de estar los baños en la zona inundable del embalse (lo que ya significa un total abandono y desinterés por los mismos) se encuentran totalmente derruidos y tan sólo quedan vestigios de cómo fueron en su día las piscinas termales. Podemos ver en la vieja hospedería hoy destinaba a nave de labores agrícolas un viejo un letrero cerámico con la leyenda "Casa de Baños".

Para terminar, decir que está datado por profesoras de la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla la Mancha que su descripción figuraba en el Anuario Oficial de las Aguas Minerales de España de la siguiente manera: "Hay un baño, llamado de las mujeres, donde caben a la vez veinte enfermas; tiene gradería de piedra labrada, está cercado de tapias, provisto de andenes enladrillados y de cuatro cuartitos para desnudarse y vestirse las concurrentes. La balsa grande, llamada de los hombres, es capaz para cien personas y sólo se aprovecha en ejercicios de natación y baños de recreo, aunque pudiera aplicarse a fines terapéuticos. Se ha levantado una hospedería a cuatrocientos pasos a fin de que los enfermos estén protegidos de los males afectos que pudieran causarle los efluvios de la ribera". Son datos relevantes que nos hacen forjarnos una idea de cómo estuvo adaptada la zona en aquellos tiempos y el uso que se hacía de estos antiquísimos baños naturales.
Piscina de Hombres

Piscina de Mujeres
Lo cierto es que una vez ilustrados en la materia y aprovechando que ahora están a la vista os invito a todos a realizar, sin duda, la excursión y visita a los Baños del Emperador. No os arrepentiréis, lleva poco tiempo, el acceso no es complejo y a niños y adultos les gustará contemplar esas aguas burbujeantes e imaginarse a los bañistas de antes en ellas. Merece la pena por conocer algo más la historia de nuestros parajes, las costumbres sociales de la época, lo que hubo en su día y, quien sabe, si volverá a haber. Y, sobre todo, por saber y ver in situ que pase lo que pase, sumergidas o al descubierto, de noche o de día, con multitud o con soledad, hay en nuestra tierra unas aguas que incesantes, incansables e impasibles al paso del tiempo nunca dejan de bullir.

lunes, 25 de septiembre de 2017

VEINTICINCO AÑOS DE BONDAD

Veinticinco años de Bondad por las calles, veinticinco años de izquierdos por el Pasaje de la Merced, veinticinco años de mirada dulce e infinita, veinticinco años de cunas de arpillera que te mecen con todo el amor del mundo porque no conozco cuadrilla más fiel que la tuya. Digo sin miedo a equivocarme que he conocido cuadrillas mucho más potentes, mucho más técnicas, mucho más de todo, pero ninguna ha demostrado ese amor y fidelidad que emana la cuadrilla de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, luchando contra mil adversidades venidas de fuera y de dentro y siempre contigo en favor de pasearte, de defenderte, de mecerte, de quererte de la forma más real y humana que existe: entregándose a Ti en cuerpo y alma. Veinticinco años hace que el Señor de la Bondad llegó a Ciudad Real y llenó un Miércoles Santo que antes estaba vacío y desconsolado. Y este año repleto de actos por tal efeméride se celebró una salida extraordinaria en la que el Señor salió a la calle de nuevo a repartir su nombre que tanta falta hace entre propios y extraños: Bondad. Y tuve el privilegio de ser sus pies de nuevo. Que nadie se engañe: aquí si alguien es costalero es porque el Titular quiere. Sólo Dios escribe el destino aunque muchas veces creamos que podemos escribirlo nosotros. Yo, personalmente, así lo creo y por eso doy gracias al Rey de Reyes por haberme permitido pasearlo de nuevo.

Y llegó el día que Él quiso salir a la ciudad a llenarla de bondad de manera extraordinaria. Quedará para el recuerdo y en la memoria de todos aquellos que de una manera u otra lo vivieron, lo disfrutaron o lo criticaron. La única verdad es que el Señor estaba en la calle y tras llevar cinco lustros viviendo en Santo Tomás jamás había paseado por las calles de su barrio. Y Pío XII lo esperaba. Fue una tarde preciosa y de pelea dura del costal. Muy dura. Pero saberse privilegiado por poder ser los pies de Dios en la tierra supera  todo. Llegué a sus plantas con sólo catorce años y, hoy, veintidós años después, lo he paseado una vez por cada año que está entre nosotros: veinticinco. Veintitrés han sido bajo la atenta mirada de la luna del Parasceve en Miércoles Santo de ensueño, otra por motivo del Año de la Misericordia con racheo silente y oración libre de lamentos de corneta y la que completa la suma ha sido la salida extraordinaria por la efeméride de las dos décadas y media de su hechura y acogida en esta Ciudad de Reyes. Veinticinco años tiene Nuestro Padre Jesús de la Bondad y veinticinco veces lo he acunado en la arpillera de mi costal.

Y es que las cosas de la fe vienen dadas por motivos que no se pueden explicar. No es la imagen más bonita, puede ser, pero es la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro. No es la hermandad que mejor trabaja, seguramente, pero es la mía. No fue la salida extraordinaria que todo el mundo hubiese deseado, quizás, pero es la que se realizó. No nos han compuesto la marcha más bonita de todas, por supuesto, pero es con la que nos identificamos. Y no hay más. La humildad por bandera y la fe en Él por creencia es lo que me hace seguir a su vera. Hablo constantemente a título personal, no venga nadie a manifestar que es un sentir generalizado o que el pregonero de la hermandad dice o deja de decir. No se confundan, yo no soy nadie. Solo soy un costalero que permanece a su lado y que expreso en este Rincón mis sentimientos. Y lo que yo siento con el Señor de la Bondad es algo muy grande, de lo contrario ya me habría ido. Fe en Él y por Él. No hay más. Gracias a ella he salido de momentos muy duros con más o menos cuadrilla y creo que todos igual: sólo cada costalero sabe por qué está ahí o deja de estar y hay tantos motivos como costaleros haya o hubiera. No existe más vuelta de hoja. E insisto que habrá mejores cofradías, mejores tallas, mejores cuadrillas y mejores de todo, pero para cada uno existe un motivo para estar donde está y dejar de estar donde estaba (en lo que a cofradías se refiere). Y el mío lo tengo claro para estar. Devoción y fe.

He aguardado unos días, algo más de una semana, para verter estas líneas, precisamente para no dejarme llevar por sensaciones en caliente, momentos de euforia o de decepción, sino para ser juicioso y cabal y, sobre todo, fiel a mi mismo y a mi sentir. Y no hago sino reiterarme en que no serán para muchos de los cofrades de Ciudad Real las mejores maneras de realizar una salida extraordinaria, ni la mayor participación de los hermanos dando luz al Señor, ni el mejor andar del paso de misterio, ni el mejor recorrido que se hubiera podido planificar, pero sí la mejor honra, la más fiel manera y el más devoto amor que yo he sentido en mucho tiempo bajo el paso que me hizo costalero. Y ahí los espero. No me sirva la pompa y boato que muchos aguardasen. Me sirven egoístamente mis sentimientos y lo que viví y aprecié en primera persona. Recuerdo de nuevo que habló por mí y sólo por mí y puede que muchos esperaseis unas letras poéticas y retóricas ensalzado todo lo vivido simplemente por la rúbrica de lo que lleva detrás. Pero no. Hablo de mi vivencia. Y hoy vengo solo a decir lo que yo vi en la salida extraordinaria por el XXV Aniversario de Nuestro Padre Jesús de la Bondad. Vi a gente emocionarse, vi abuelitas llorando, vi a chiquillos que inician su sueño de faja y costal, vi a veteranos pasar por su Pasaje otra vez, vi una bulla agolpada entre incienso aguardar un izquierdo para clamar un óle nacido de las entrañas del sentir y que espera su momento para salir como un raudal de sentimiento, vi una cuadrilla mermada hacer levantadas de ensueño, vi la sonrisa de un hijo mirando a su padre de negro, vi a compañeros del palio hacer conmigo costeros, vi a una niña pequeña asomarse al respiradero, vi la promesa de un padre, la oración de un compañero, la ilusión del que confía en la esperanza sabiendo que no defrauda, vi mis entretelas de joven costalero reflotar por mi morrillo veterano y consumado, vi agarrarse a la madera un mal trago del pasado, vi unos ojos brillantes por lágrimas agridulces acariciar con afecto el zanco, vi Bondad en tu mirada cuando estaba de relevo y vi, como siempre veo, la cara de Dios mismo al rezar el Padre Nuestro.

martes, 5 de septiembre de 2017

YA ESTAMOS AQUÍ

Ya estamos aquí. ¿Quiénes? Pues el Rincón de mis Pasiones y yo, está claro. Terminaba mi anterior entrada diciendo que ya mismo llega Septiembre, et voilá!, ya ha llegado y ya ha gastado unos días y medio de su calendario. Hay que ver cómo pasa el tiempo queramos o no. Y no me refiero a que se me hayan pasado voladas las vacaciones y mis eventos programados para ellas, que también, sino a que ya llevo seis años sin fumar y me parece hace un rato cuando apagué mi último chesterfield, a que era el 2010 cuando recorrí por vez primera el Camino de Santiago y ya van siete años soñando con él a diario, a que era hace una década cuando conocí a Gemma y ya llevamos un lustro más un año casados o a que mi hermana ha cumplido ya 27 años y parece ayer cuando me dijeron que iba a tener un hermanito o hermanita. Sí, queramos o no, nos demos cuenta o no, nos parezca más rápido o más lento, los segundos son segundos, los minutos son minutos y el tiempo avanza siempre al mismo ritmo y sin dilación. Y ya estamos aquí. Vuelta al cole y delante del ordenador otra vez. Venga papeles, venga llamadas y venga jaleos. Lo normal, lo de siempre, lo de mi vida cotidiana durante los once meses del año que no son Agosto. Y ojo que no me quejo que entremedias tengo pádel, cofradías y excursiones (aunque sea a los juzgados de la provincia). Vamos que no me disgusto con la vuelta al tajo siempre que tenga proyectos que cumplir. Teniendo la mente activa estoy feliz y ya estoy maquinando cositas para corto, medio y largo plazo. Y mientras tanto cierro los ojos y siento aún muy cercanos los recuerdos de este recién exprimido Agosto que si bien inolvidable es ya es pasado...

Y ya estamos aquí. Tras unas buenas fiestas de la Pandorga y tener el magnífico honor de presentar a mi niña Claudia de manchegas y tradicionales maneras a la Morena del Prado, dormí plácidamente feliz con la satisfacción que sólo el hombre costumbrista conoce tras hacer realidad la continuidad de la honra adquirida desde la infancia y saberse con el deber cumplido y libre de ataduras. En román paladino, a pierna suelta y entre aromas de memorias de mi abuela, mis amigos y mi hija. Como diría el amigo Víctor García Rayo "yo me entiendo". Y amaneció el primer día de Agosto y me dediqué a una de las labores que más me gusta: preparar la mochila del Camino de Santiago. Este año iba a ser especial, muy especial. Y sin duda lo fue. Por muchas cosas. Entre otras porque dejaba de lado mi bien amado Real Camino Francés, madre de todos los caminos jacobeos, embarcándome en la fragata de recorrer el Camino Portugués, enfrentándome con ese gusanillo de la aventura en la barriga a nuevas y desconocidas etapas que tantas y tantas veces había estudiado ya en guías. También porque me disponía a estar una semana sin ver a mi pequeña Claudia y la iba a echar de menos lo inimaginable, aún bien sabiendo que cada paso que diera en mi aventura me acercaba a ella pues estaría en la Plaza del Obradoiro a mi llegada, no poderla coger en brazos en un tiempo era muy duro de afrontar. Y, por último, porque los tramos en los que caminase junto a Madame Soledad como bien atinó en llamarla mi admirado Antxón, mi mente bulliría de sensaciones afloradas entre los más amargos recuerdos y las más preciosas esperanzas, todo ello forjado en el sonido de las pisadas y de un bordón lanzado con la pericia del peregrino avezado: una vez cada cuatro pasos. Y al final ella. Ella y ella. Gemma y mi niña Claudia. Santiago me perdone pero esta vez el sentido abrazo tenía otro destino. Y tras él, Portonovo. Unos días en las playas de Galicia comiendo el pescado que de niño no quería. Y todavía quedaba medio Agosto...


Y ya estamos aquí. ¡Qué vivencias! ¡Qué recuerdos! ¡Qué sonrisa al narrarlo! Y que picardía la Feria. Como engaña y te deja engañarte. Un poquito de vermú, un poquito más, una copita, otra si es cortita, otra me cabe y pon otra, artista y... y... Y chimpón. Con la melopea en lo alto a dormir musitando "¡Viva la feria de mi tierra!". Qué grande es echar un ratito con tu gente sin perder la costumbre año tras año. Y es que parece ayer cuando empezamos a juntarnos y ya ha pasado media vida quizás. Media vida a su lado y matizando que los amigos están a tu lado aunque haya tiempo que estén desconectados. Otra feria que se me escapa de las manos pero siempre me deja alguna muesca en el grabado, algún retazo de su paso, algún recuerdo de la niñez cuando todo se remontaba a un pequeño recorrido por el Parque de Gasset. Y llegó la adolescencia y con ella las casetas. Y cambiar las carabinas por el más barato vino. Y empezó a forjarse el grito con el que me gusta adormilarme al menos una noche al año: ¡Vivan las ferias y fiestas! Y ya peino más de tres décadas y media pero eso es así. Y hoy que voy citando a gente para hacer suyas mis frases tiro ahora del compadre Javier, el Arrebato, que dice en su canción Noche con Arte (que viene al pelo) que "si no fuera por estas cositas, si no fuera por estos momentos, ¿qué sentido tendría la vida si pasamos un kilo de los sentimientos?" Pues eso. Hay que sentirse vivo y eso se hace viviendo. Y yo vivo mis costumbres y me gusta recordarlas y reavivarlas. Y así lo haré mientras pueda con mi gente. Y así lo hice este Agosto que no ha de volver...

Y ya estamos aquí. Avanzando por Septiembre despacito pero con la alegría de saber que "El Gañán" está terminado y que lleva el nombre que mi abuela me decía. Una cocinilla de lumbre para hacer guisos de puchero, asar chuletas y sardinas y comer todo aquello que rezuma sabores de las andanzas de Quijote y Sancho: migas, gachas, tiznao, revientalobos, atascaburras, galianos, pisto, asadillo, patatas caldilleras y mil etcéteras de la más profunda Mancha. He puesto todo mi empeño en ella y he aprobado satisfactoriamente y alguna vez con nota las instalaciones que me ha tocado realizar, desde las eléctricas hasta las de fontanería. Y entremedias unos días a Jávea con la familia y con la otra familia que uno elige en el camino de la vida: los amigos. Y otro momento imborrable: presentar a Claudia al Mare Nostrum. Hija, he aquí el Mediterráneo, fuente de vida, fuente de la madre donde venimos. Mediterráneo, he aquí a mi hija. Mi niña Claudia, la deseada, la esperada, la anhelada... "Carlos, tráeme una niña" decía mi Lela. Aquí está. Y yo volveré al Mediterráneo. En la ladera de un monte, más allá del horizonte, quiero tener buena vista. Mi cuerpo será camino... Nací en el Mediterráneo. Y por Jávea quedó que la primera inmersión total de Claudia en el mar que está grabado a fuego en mi alma se la hizo su padre allí. Una semana de playa en las orillas del mar de la vida y otra semana alternando oficio y descanso en Fernán Caballero. ¡Buen otoño se avecina! Y así he despedido Agosto exprimiéndolo entero tal cual vaticiné.

Y ya estamos aquí. Y ahora hay ferias en los pueblos y me gusta visitarlas. Daimiel, Miguelturra, Bolaños, Urda... Y con proyectos en mente. Y no pocos. Varios los reflejaré aquí en el Rincón como una entrada especial al Camino Portugués, otra de una inminente excursión a los Baños del Emperador, otra explicándoos que es eso de "El Gañán" y como se ha desarrollado y otras tantas que irán surgiendo y que tengo atrasadas. Os debo unas cuantas líneas a los que me leéis. Y yo me las debo también. Y las habrá. He cerrado un Agosto en el que no he podido teclear pero he estado  muy ocupado sonriendo. Ha llegado Septiembre y el Rincón y yo... Ya estamos aquí.

lunes, 31 de julio de 2017

UN VERANO APRETADO

Este año tengo la dicha de que Agosto cuenta con prácticamente cinco semanas y entre robarle el último fin de semana a Julio y el primer día y fin de semana a Septiembre logro enlazar algo inédito para mí desde que empecé a trabajar la abogacía con veinticuatro años: cinco semanas naturales de vacaciones. El resto del año para los autónomos no existen vacaciones, ni puentes, ni absolutamente nada y menos para los que nos debemos a los plazos procesales y además tenemos turnos de guardias. Y si bien me reservo únicamente cinco días libres para disfrutarlos cuando no me aprieten los plazos, entre Semana Santa y alguna extraña ocasión quedan rápidamente agotados. Así es que imaginad mi alegría este año cuando voy a tener en escasos días las dichas cinco semanas enteritas para mi disfrute. He hecho tantos planes para llenar los días que voy a tener un verano apretado. Y, claro está, no faltará un poco de Camino de Santiago, de disfrute familiar en "Villa Ana María" y en la Virgen del Monte y alguna visita a las ferias cercanas. Y unos días en Galicia y una semana en mi querido Mediterráneo y mil momentos de esos fugaces e inesperados que quedan grabados a fuego con la misma intensidad con la que se viven cuando son anhelados y llegan de sorpresa.
Nuestro grupo: "De manchegas maneras"



Puente internacional que une Portugal con España
De momento he debutado en vacaciones con un precioso y último fin de semana antes de partir a recorrer el Camino Portugués este próximo día 2 de Agosto. Y ha dado de sí el fin de semana. Entre otras cosas hemos estado de prolegómenos de la Pandorga participando en el Concurso Tradicional de Limoná y pasando un gran rato y mucha risa. Y a la par preparando la que será nuestra primera ofrenda a la Virgen del Prado en familia, pues vendrá Gemma vestida con el traje de segadora, Claudia con sus ropitas tradicionales de bebé y yo vestido de gañán con manchegas maneras. Como manda la tradición que en mi tierra se ensalza el 31 de Julio. Pandorga, mi pueblo cantará. Tras ella me tocará ultimar la mochila y meter en ella ropas camineras para lanzarme a mi amada ruta jacobea esta vez desde Valença do Minho en Portugal hasta que llegue de nuevo a la Plaza del Obradoiro. El Camino me ocupará desde el 2 de Agosto que viaje para iniciar andando el cruce del Puente Internacional que une Portugal con España hasta el día 9 del mismo mes que, tras alcanzar de nuevo Compostela, iré a las playas gallegas por la zona de O Grove. Quien quiera localizarme en este apretado verano en el que ya tengo la agenda copada de viajes y eventos me tendrá disponible entre el 9 y el 15 de Agosto por Portonovo, Sanxenxo, Islas Cíes...

Del mismo 15, día de la Virgen del Prado, hasta el siguiente fin de semana estaré en mi tierra natal. La Carpa del Baile del Vermú me verá disfrutar en ella y alguna que otra noche la Feria gozará de mi presencia. ¡Ay las Ferias y Fiestas! Las Ferias las llevo bien pero las fiestas me matan. Recuerdo la primera vez que le dije esa frase a mi madre la cara que puso. Por unos momentos me vi protagonista de la película "Vente a Alemania, Pepe" pero sin llamarme José. Vamos que las maletas se disponían a colocarse en la puerta solas para que me buscase ferias en otro lado. En fin, que este año también disfrutaré del estío en mi querida Ciudad Real. La ciudad es como es, pero es mi raíz y en ella nací y en ella me crié y en ella vivo felizmente. Amo mi tierra, sus gentes y sus costumbres. Y, por supuesto, a Ella. A la Morena del Prado.

Feria de Ciudad Real

Playa de Jávea
Tras la Feria y disfrutar de la Patrona, nos iremos una semana, del 20 al 27 de Agosto, a ver a un buen amigo. Como diría el Arrebato, ese que nunca se olvida, ese que vive en tu mente. Mi colega de siempre: el mar Mediterráneo. Y me hace especial ilusión volver a bañarme en las aguas que me conocieron siendo niño y que serán las primeras que bañen a mi hija Claudia. Y además en compañía de esos amigos que te da la vida y que puedes contar con los dedos de una mano. Jávea será el destino. Y allá que iremos a pasar unos días que a buen seguro se antojan inolvidables. No puede ser de otra manera porque estando bien rodeado la vida sonríe sola. Y en este verano apretado que se me avecina y que llevo dos días disfrutando voy a estar bien rodeado todo el mes. Y hay tiempo para que al principio, entremedias y al final pueda disfrutar de los rincones que tanto me gustan entre barbacoa, piscina y algún lebrillo de zurracapote. Ya os digo que es la primera vez que me enfrento a cinco semanas de vacaciones y estoy con la agenda más que apretada pero la vida es para vivirla y me gusta ver los días copados de planes que traen momentos de felicidad. ¡Bendito verano apretado! ¡A por él! Que Septiembre ya mismo llega y ese sí que aprieta. ¡A vivirlo!

martes, 25 de julio de 2017

¡SANTIAGO Y CIERRA... LOS OJOS, CARLOS!

Hoy es un día grande para mí. Grande y especial. Cierro los ojos y me trae aromas de infancia, recuerdos de adolescencia, sentires de mi barrio, esencia de mis caminos y lazos de amistades con cofradías de por medio. Se dice pronto. Y se lee con gusto.Y es que el día 25 de Julio viene siempre cargado de emociones para mi persona. Incluso un año me deleitó con un inesperado ataque de gota que hizo las delicias de los guasones en mi contra y los agudos dolores en mi pie afectado por el ácido úrico de una persona (yo) que no come marisco. Tiene bemoles la cosa. Y lo que duele, ¿eh? Telita. El caso es que hoy es un día de júbilo. Me acuerdo de niño en la verbena, de adolescente ya trabajando en el chiringuito de la Hermandad de la Santa Cena, de más joven tomando las consumiciones al otro lado de la barra, con algún año más y la cabeza poco más ajustada caminando por caminos (obviamente) que llegan a las dos altas  y pardas torres que tanto me han visto llorar y reír allá en Santiago de Compostela y, por último, desde unos años con el costal por herramienta pasear al Santo Patrón de las Españas por la Villa de Granátula ejerciendo el oficio más bonito del mundo. Creo que si digo que hoy es un día grande para mí no miento. Hoy es de nuevo 25 de Julio y cerrando los ojos puedo soñar despierto arropado por tantos y tantos recuerdos que me apetecía dedicarle unas líneas, sencillas pero emotivas por lo que desprenden.

Ha amanecido el día y he visto en el corazón perchelero el chiringuito del Tintorro, el castillo hinchable y sonreír a las viejas piedras de la iglesia. He sacado del armario las tirantas blancas, el costal y la faja y he preparado los botines negros para meterme bajo el paso de nuevo. También he comprado ya las credenciales para un nuevo Camino que me llevará a abrazar el busto del Santo cuya onomástica se celebra hoy. Y con los ojos llenos de recuerdos he mirado los balcones de la calle Refugio, Calatrava y Altagracia donde aprendí a querer mi barrio mientras jugaba en la Plazuela, Jacinto, Norte y Ángel. Aún conservo canicas de aquel entonces y sigo bebiendo refresco en mi vaso rojo de plástico que no miento al decir que tiene más de treinta años. Santiago es día emocionante para mí y víspera de San Joaquín y Santa Ana, onomástica del Tormento y prácticamente pistoletazo en ciernes de las vacaciones de verano a las que me debo desde que empecé mi vida laboral. Y es que el día de la Fiesta en el Perchel anuncia muy cercano el octavo mes del calendario. Mes en el que con mochila y bordón pateo los caminos que llevan al Obradoiro y, a decir verdad, sé porque me puse en marcha la primera vez pero no sé porque me puse en marcha las siguientes. Pero el Camino engancha y eso lo sé. De Santiago tenía que ser, del barrio donde radica el único cruceiro que hay en la ciudad que me vio nacer.

Y si el complemento del día ya grande de por sí es ejercer el arte del costal ya no hay parangón que iguale esta festividad. En Granátula de Calatrava se procesiona al Santo de la villa de Espartero con los más preciosos honores que puede brindarle la humilde población que lo venera junto a la Virgen de Oreto, su mariana patrona. Y desde hace ya un año bisiesto se pasea a costal por hombres buenos y amigos. Y qué bonito es sacar un paso con amigos. Y hoy vamos a ello de nuevo. Mientras en el barrio que lleva su nombre en Ciudad Real y en la ciudad donde se halla enterrado el Apóstol, así como en otros tantos lugares de España que quieren al Patrón Nacional, se festeja y se cubre el cielo de pólvora y color en su nombre, en un pequeño pueblo del Campo de Calatrava un puñado de hombres trabajarán el arte de la arpillera para portar en sus cervices a Santiago apóstol. Y entre ellos yo. El año pasando pidiendo y éste agradeciendo. Así es la vida. Ya sabe Santiago de qué hablo.

Y pocos días después, con el recuerdo recién pasado de su verbena en mis más profundas raíces, pondré de nuevo mi cuerpo en marcha para ir a abrazarlo otra vez. Y será la sexta vez, Dios mediante, que llegue a Santiago de Compostela caminando desde que aquel año Xacobeo de 2010 el Camino llegase a mí de la forma más recóndita que pudiera haber. Desde entonces kilómetros que se cuentan alcanzando la cifra de 1.500 han ido desgastando mis botas siempre en pro de un objetivo: buscarlo y buscarme. Nadie se asombre de la cifra recorrida, eso es lo de menos. Y os aseguro que es ridícula al lado de lo que se recorre en el Camino de la Vida, donde cada paso debe recoger un sentimiento y dejar poso para otro. 
Santiago, Santiago, Santiago... Barrio, Camino y Patrón. Para mí es día grande, sí, sin duda. Me trae mil vivencias que afloran a mi piel y me hace sonreír de una manera especial. No sé si el tan conocido "¡Santiago y cierra, España!" es aplicable en su significado a mí mismo en el día de hoy (en otros muchos sí que lo es) pero hoy y a esperas de que no me dé gota o surha otro inconveniente que también se convierta en recuerdo me tomaré un pacharán y diré para mí "¡Santiago y cierra... los ojos, Carlos!". El sueño está servido. Y los recuerdos con él. ¡Feliz día de Santiago!

miércoles, 12 de julio de 2017

SEÑOR DE LAS PENAS

Hace muchos años, quizás una veintena, en una madrugada de Miércoles Santo, cuando ya regresaba la Cofradía de la Humillación de Nuestro Padre Jesús de las Penas de su recorrido penitencial y se disponía a hacer su entrada, un incipiente amigo cofrade, a día de hoy amigo verdadero, compañero de costal y agraciado con la paternidad que nos regaló el Rabí de los Ángeles cuando compartíamos cuadrilla bajo Él (ahora yo sigo en el misterio pero él está en el palio) me dijo: "Este Cristo se hace querer. ¿Y sabes por qué? Porque va muy sólo. Y se le quiere y se le acompaña porque da pena". Aquella frase se quedó grabada a fuego en mi memoria pues yo era de las personas que sin ser hermano de aquella cofradía la seguía de principio a fin y me gustaba ver el vaivén de la túnica granate del Señor cuando caminaba por la silente noche desde la una y media de la mañana. A su entrada apenas una veintena de capillitas quedábamos, pues se rondaban las cinco de la mañana y el día siguiente era laboral. Y yo estaba en esa veintena viendo al Señor. Y desde aquella madrugada lo quise más todavía porque iba muy sólo y ni siquiera estaba Simón de Cirene con Él sobre el paso. Me llamaba esa cofradía. Y entre eso y muchos amigos que formaban parte de la misma y compartíamos sones de corneta juntos, el año siguiente me hice hermano de las Penas...

Y llegó el momento porque Él lo quiso. Mascullando la idea despacito algunos años al final dí el paso. Iba a ser su costalero. La afición a la herramienta de trabajo que desarrolla el pasear la fe bajo las divinas maderas y ese Cristo sólo que se hacía querer precisamente por su soledad me atrajeron a su reino, si bien por entonces ya salía a las 21;30 de la noche del Martes Santo culminando su estación en la recién estrenada madrugada del Miércoles Santo. Y el marco era incomparable. Soledad, silencio y oscuridad que se rompían con la llamada del muñidor a las puertas del Convento del Carmen y salía el Señor ya con un Cirineo a dejarse abrazar por las miradas y sentimientos del pueblo. Un repeluco que sólo el costalero comprende recorría mi cuerpo escuchando tan sólo el racheo y la voz de quien fuera mi primer capataz en el oficio y con el que disfruté verdaderos momentos íntimos con el Dios que vive en el Carmelo. Mi recuerdo para Marcelino Abenza, maestro de capataces y costaleros.


El reloj de la vida avanza y la cofradía cambió su horario de salida a las 21;00 horas, adelantando todavía media hora más el horario para hacer más liviano el esfuerzo de los hermanos de luz y de los hombres buenos y valientes que formaban su cuadrilla y tenían que trabajar al día siguiente. Y, por supuesto, pensando también en la gente de la ciudad que quería acompañar las Penas del Señor e igualmente debía ganarse el pan en la mañana laboral del Miércoles Santo. Y allí seguíamos las mismas caras que en aquellas madrugadas acompañábamos a Dios por las calles. Y me gustaba verlas. Y seguro que ellos al ver la mía también recordaban y recuerdan aquellos años de sonidos de un tambor destemplado marcando el son de los costaleros. Algunos tras el antifaz del hábito nazareno, otros con costal y faja y otros callados por las calles caminando junto al paso. Pero fuere como fuere queriendo al Señor. Queriéndolo y caminando con Él porque ahora hay mucha gente a su lado y la hermandad está de babero, pero hubo unos años en que el Cristo estaba sólo, muy sólo. Y por eso aquella gente cercana lo quiere. Porque empezó a quererlo entonces. Y así siguen. Y me enorgullece formar parte de ese grupo humano que sin duda Él eligió.


He pasado diez años bajo su paso y parece que fue ayer cuando me acerqué a la igualá. Diez noches de Martes Santo que tras los faldones me han traído una enormidad de sonrisas recordando preciosas tardes y noches de Martes Santo con amigos y un sentimiento común: amor por las cofradías. Diez noches maravillosas ejerciendo el oficio costalero bajo una imagen que me caló muy hondo y no por belleza estética, ni artística, ni calidad de su talla, sino por su humanidad y soledad, por ser el primer paso que saqué en silencio y que me enseñó la unión del hombre con Dios a través del costal. El Cielo, los kilos y yo. Sin aplausos, sin gente abarrotando las calles, sin música, sin cambios. Racheo y zancada poderosa y de frente, silencio en las maderas y el Hijo del Hombre caminando sobre ti. Sólo el que va debajo lo sabe. Diez años maravillosos que han cerrado un ciclo precioso y cuyo recuerdo permanecerá por siempre en mi interior. Diez años a los que he querido poner fin ahora para ir empezando mi retirada del costal y enfrentarme a lo que más temo en la Semana Grande: ver los pasos que he sacado desde fuera. El próximo Martes Santo será duro, muy duro. El Señor de las Penas seguirá caminando con gente y quién estará sólo seré yo. Volveré a ver sus faldones por fuera y no por dentro. Pero he disfrutado mucho. Muchísimo. Y eso para mí se queda.


Llegará otra vez el Martes Santo y llamará el muñidor a las puertas del Carmelo. El silencio se hará oración y el terno negro dará las órdenes para pasear a Dios por las calles. Dos lágrimas rodarán por mis mejillas. No tendrán el sabor salado que las caracteriza cuando alcanzan la comisura labial. Serán agridulces fruto de la nostalgia, la memoria, el recuerdo, la esperanza y las gracias. Y lo seguiré. Lo seguiré en soledad por las calles. Recordaré cómo aprendí a quererlo hace veinte años. Y su soledad será la mía y estoy convencido que me querrá como yo lo quiero a Él. Son muchos recuerdos, muchas vivencias, muchos momentos. Me cuesta ya escribirlo en pasado porque no soy su costalero desde que arrié el zanco el pasado Martes Santo en el templo carmelitano, pero para mí es un orgullo y un privilegio decir "fui costalero del Señor de las Penas". Seguiré queriéndolo siempre sea la talla que sea porque lo que Él me enseñó no me lo enseñó nadie. Y lo hizo en soledad, en silencio, transmitiendo su nombre, sin música, sin aplausos y sintiéndose arropado por aquel grupo de personas que seguíamos su camino. Un Maestro, sin duda, como cuando lo hizo en Galilea: el Señor de las Penas.

martes, 13 de junio de 2017

COMO LA VIDA MISMA


Señal en algún tramo del inicio del Camino Francés
Hoy me he levantado como muchas otras mañanas desde que lo conocí, pensando en él, deseándolo, añorándolo y mirándolo con la ternura de los ojos del recuerdo y el aliento de la esperanza de tenerlo de nuevo. Mi querido Camino de Santiago. Y ahora que se acerca el verano y ya se me antojan inminentes los días libres de un nuevo Agosto lo tengo muy presente y empiezo a acariciarlo sobre las guías y a soñar con sus etapas de las variantes que aún me quedan por recorrer. Este año me iré al Camino Portugués y desde Valença do Minho caminaré hasta la Plaza del Obradoiro donde concluye la calle más recorrida de Europa. Al caso que me enredo en mis entretelas sentimentales y no narro lo que vengo a narrar. Ya sabéis todos que he escrito varios relatos cortos con temática jacobea y los he ido compartiendo con vosotros. Con uno de ellos, "Niebla del Monte Irago" gané el concurso literario de Relatos del Buen Camino y lo compartí en el Rincón hace un tiempo. Buscadlo si tenéis tiempo, seguro que os saca una lágrima... Otro de los relatos fue "Un trocito de melón" y también lo traje al Rincón de mis Pasiones para que pudierais leerlo quienes quisierais. Y hoy que como antes os decía me he levantado con ese afán peregrino y con muchas ganas de hablar de mi amada Ruta Jacobea os traigo otro de los relatos que escribí con esa temática. 

Para los que conozcan el Camino Francés será un recorrido por el mismo desde Saint Jean Pied de Port hasta el propio Santiago de Compostela. Se titula "Como la vida misma" y hago una comparación de la propia vida de una persona con el transcurrir por el Camino. De hecho siempre he estado convencido de que el Camino es un fiel reflejo de la vida real, con sus subidas, sus bajadas, sus llaneos, gente que va, gente que viene, sorpresas, risas, llantos, etc. Y cuando lo recorro nuevamente más me convenzo de ello. En fin, os dejo con el relato y espero que lo disfrutéis al menos con el mismo cariño que cuando lo escribí. Todos somos queramos o no peregrinos de la vida. Y la vida, al fin y al cabo, es caminar...

Puente la Reina, donde se unen los Caminos a Compostela

COMO LA VIDA MISMA

Ahora que llego al ocaso de mi existencia acaricio las estrías de mi alma y miro para atrás entre recuerdos grabados a fuego en mi retina. He concluido el camino y mi piel antes nívea y lisa se me antoja ahora morena y arrugada. Parece ayer cuando el destino me diera a luz en Saint Jean Pied de Port. Los llantos de peregrino recién nacido expresaban los miedos que me embargaban al enfrentarme a este reto llamado vivir que se fue transformando en caminar. Parece ayer, decía, y me encuentro ya en el Obradoiro extendiendo mis brazos a Santiago para darnos el definitivo abrazo. Sé que allí por donde mis huellas continuaron horadando el firme que otros tantos ya hubieron pisado, seguirán crujiendo pasos. Porque la vida es caminar, caminar de principio a fin.

Comencé titubeante y gateando con destino a Roncesvalles. Mis piernas aún endebles no aguantaban bien el peso y el rumbo era un tanto caprichoso según se tambalease mi recién estrenado cuerpo. Eso hacía que me cayese varias veces al suelo, como toda persona. No sabía muy bien si iba por la Ruta de Valcarlos o por la de Napoleón, pero el instinto me llevaba de la mano y me hacía continuar. Como la vida misma. Y así llegué a la Colegiata con la alegría del bebé que descubre que el andar lo hace libre. Correteaba disfrutando el sentimiento de libertad y eché los dientes entre Zubiri, Pamplona y Puente la Reina. Recuerdo con afecto aquellas etapas. Eran tiempos preciosos de mi infancia como caminante. 

Cuando ya iba dominando el camino y teniendo conocimiento del mismo surgieron las primeras amistades. A algunos los conocí en la salida de Estella tomando un vino en Irache, a otros en Torres del Río y a otros tantos entrando en Logroño. Como buenos compañeros de colegio hicimos varias etapas juntos y ninguno intuíamos que no todos terminaríamos el camino, de hecho algunos se fueron dispersando antes siquiera de llegar a Burgos. Pensábamos que seríamos amigos para siempre y de aquellas jornadas quedaron los que la vida dice que se pueden contar con los dedos de una mano. Con ellos seguí mi periplo y pasamos preciosos momentos por Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Belorado. Pura adolescencia caminera.
Caminando y creciendo llegué a Castilla en el auge de mi juventud. Derrochaba fuerza y coraje. Recuerdo salir de Agés y no tener mella alguna de cansancio tras haber subido los Montes de Oca. Un breve suspiro en San Juan de Ortega fue todo lo necesario para coger resuello. La vitalidad brotaba por todos los poros de mi piel. Contemplaba el camino por Castilla y me daban ganas de galoparlo a pleno pulmón. Caminaba por aquellos tiempos en los que el joven quiere ser viejo y el viejo añora sus tiempos de joven. Burgos, Hornillos del Camino, Castrojeriz y Frómista fueron testigos de aquellos pasos rápidos y livianos que coparon mi tránsito por el páramo. Caminando entre Carrión de los Condes y Terradillos de los Templarios me salió la primera ampolla de la vida. Esa a la que no le das importancia pero te hace empezar a recapacitar en rectas eternas como la de aquel día en que no llegaba nunca a Calzadilla de la Cueza.

¡Qué tiempos aquellos en los que parecía no pasar el tiempo! Pero el tiempo pasa y amanecía una nueva jornada en el albergue de Bercianos del Real Camino. Allí continué mi caminar por la vida. Al sellar la credencial en Sahagún fui consciente de que ya había transcurrido la mitad de mi aventura. Me ajusté la mochila y caminé hacia Mansilla de las Mulas reparando en lo lejos que quedaban ya aquellos primeros gateos cerca de la Virgen de Biakorri. Paso a paso llegué hasta el corazón de León y ya caminaba de otra manera tanto física como mentalmente. Muchos peregrinos se habían ido quedando atrás. La planicie de Castilla me enseñó que no por ser el camino liso era fácil de recorrer. Derramé muchas lágrimas por la marcha repentina de peregrinos muy allegados, pero el camino seguía y yo con él. Otros peregrinos fueron llegando. Como la vida misma, os digo. 

Me despedí de la Pulchra Leonina dirección a San Martín del Camino y buscando ya Astorga en el horizonte. Qué etapas más duras aquellas entre la Maragatería y el Bierzo. Ya no subía las cuestas hacia Rabanal, Foncebadón y la Cruz de Ferro con la agilidad que ascendí hacia el Alto del Perdón durante mi infancia. Y el descenso hasta Molinaseca se me hizo muy duro. Ponferrada fue punto de inflexión. Ya había caminado mucho y creo que allí comenzó el principio del fin. La mochila me pesaba como nunca pues estaba repleta de experiencias y sabiduría. Y con ella como fiel compañera pasé por Villafranca del Bierzo y encaré la última etapa dura que me quedaba por sortear sin yo saberlo: la subida al Cebreiro. Lo logré y coroné el llamado antaño Monte de la Malafaba. Desde su cumbre casi podía adivinar mi destino. Mis piernas que se mostraban curtidas y torneadas por el camino avanzaron sin detención por Triacastela y Samos hasta detenerse ya prácticamente agotadas en Sarria.
Con todos los kilómetros que llevaba acumulados, los últimos cien eran un mero trámite. Me había convertido en verdadero peregrino y había subido, bajado y llaneado según me iba deparando el destino del camino que yo iba descubriendo día a día. Como la vida misma. Portomarín, Palas de Rei, Arzúa y Pedrouzo fueron mis últimas etapas antes de llegar al Obradoiro de mi existencia terrenal y detenerme por última vez. Las piernas temblorosas apenas se sustentaban en mis desgastadas botas que habían dado sus últimos pasos. 

Toda una vida. Todo un camino. Miré la Catedral y supe que el Camino no termina en Santiago sino que allí empieza. Ha terminado solamente una etapa más. Extendí mis brazos hacia el Santo y nos fundimos en un sentido y definitivo abrazo. Termina una vida. Empieza un Camino.

FIN

Bien, pues ese es el pequeño relato que hoy me he animado a compartir con vosotros. La verdad es que lo releo y me quedo melancólico. Me viene a la mente Antxon, el Gran Caminante. Y seguro estoy que sigue caminando por ahí. La vida no puede ser tan simple y sus padres se reencontrarán con él y charlarán tranquilamente bajo la sombra del árbol de Paula. Hay que seguir caminando por la vida. El Camino es así... Como la vida misma. Desde estas líneas os deseo a todos Buen Camino. ¡Hasta otra! Ultreia et Suseia.
D.A.Y.S.I.