lunes, 30 de septiembre de 2013

ASÍ HABLA UN MADRIDISTA

Aviso a navegantes: Hoy vengo a hablar de fútbol y vengo encabronado. A quien no le guste el deporte rey o pase olímpicamente de este asunto (como el COI de Madrid 2020) ya puede clicar el aspa roja de arriba a la derecha y salirse del blog. Ya podrá leer otras cosas otros días. Hoy la cosa va de lo que va. Fútbol, debate, opiniones, polémica y batallas. El Real Madrid y sus eternas imbecilidades creadas por su propia afición, en la cual me integro. Y digo eternas imbecilidades metiéndome ya en faena porque soy madridista desde que tengo uso de razón y siempre ha habido y habrá varios sectores en la propia parroquia blanca, pero lo que está pasando últimamente clama al cielo ya. Y aquí seguimos los seguidores pegándonos de leches entre nosotros mientras los once mamarrachos que deben sudar la camiseta viven poderosamente en lujosas mansiones cachondeándose plenamente de nuestra ilusión.

Sí, once mamarrachos he dicho. ¿Hace falta que os los nombre o ya sabéis todos quiénes son los once tíos que el sábado en el derbi se tocaron las pelotas en vez de jugar con una sola de ellas con los pies? Y creo que en la debacle del pasado sábado contra el Atlético de Madrid (excelso señor al que hoy no se merece que le diga Patético, Pateti, ni segundón, pues habló en el campo lo que nuestra panda de imbéciles no fue capaz ni de susurrar) tan sólo podría salvar a uno: el guardameta. Y cuando esto ya comienza a ser habitual... mal asunto. Si siempre el mejor del equipo es el portero, malo, malo, malo y malo. Y si para colmo tenemos a dos de los mejores porteros del trofeo doméstico y encima los aficionados seguimos divididos en ensalzar a uno en detrimento del otro, peor aún. Ya no hay ni unión grada-equipo, ni respaldo al vestuario, ni nada de nada. Y nosotros aficionados seguimos en nuestras luchas mouriñistas, casillistas-diegolopecistas y señorio-resultadistas en vez de dar un golpe en la mesa ya. De una puta vez.

No me vengan los del sector del portugués diciendo la subnormalidad de moda de "Esto con Mou no pasaba". Traeré un par de recuerdos y zanjaré el asunto. 1) El año pasado a estas alturas y con José Mourinho en el banquillo, la liga ya estaba tirada. Y quedaba lo mejor por venir. 2) Hicimos historia en la Historia de la Liga Española. Logramos que por primera vez ganase un equipo un partido sin tirar a puerta. Sí señores. Granada 1 - 0 Real Madrid. Gol de Cristiano Ronaldo en propia meta. Vistas esas cosas, esto con Mou sí pasaba. Y que nos metiera el Barça 5-0 en un derbi también pasaba...
Pero no estoy para hablar de Mou, no. Mourinho ya es pasado. Queramos o no, Mou ya no está. Y mientras los aficionados sigamos hablando de que si Mou esto, Mou lo otro, el equipo seguirá dando tumbos. Y no es que esté partiendo una lanza a favor de Carletto Ancelotti, actual entrenador, es que estoy señalando directamente a los jugadores. A los once mamarrachos que antes citaba y que los he calificado así por no querer ofender demasiado el interior de mis lectores catalogando a esos personajes con otros vocablos. Me importa una mierda si el presidente es Florentino Pérez o Ramón Calderón, si el entrenador es Mou o es Carlo, si juega Casillas o juega Diego López, si se ha vendido a Özil y se ha comprado a Bale... Me importan una enorme mierda todas esas milongas. Pero exijo que mi equipo gane. O que si pierde sea luchando.

Es nefasto que un equipo como el Real Madrid tenga que ganar a un recién ascendido como el Elche de puro milagro en el último instante y con polémica arbitral. Eso es una vergüenza. Una jodida vergüenza. Y lo que es peor, en vez de servir de toque de corneta y cambio de ritmo, salen al siguiente partido y vuelven a hacer lo mismo. Pero esta vez no estaba el pobre Elche enfrente. Tampoco estaba el engominado de Muñíz Fernández. Esta vez estaba un equipo serio y enemigo. El máximo rival madridista en la capital de la nación. Don Atlético de Madrid. Y mientras Diego Costa jugó como un jabato, luchó todos los balones y nos asestó un bello gol, mientras Arda Turán se marcó un partidazo y tuvo incluso tiempo de atusarse su islámica barba, mientras Koke hizo y deshizo a su antojo con el esférico y casi nos cuela el segundo de preciosa factura si no es por la madera, mientras nos creaba peligro incluso Filipe Luis que es de los hombres más retrasados en posición del equipo contrario, nuestro delantero centro, Karim Benzemá se paseaba con frialdad y apatía por el césped fuera de lo normal, nuestros centrales Pepe y Ramos, se dedicaban a no achicar bien los espacios y a pegar pelotazos arriba sin sentido alguno y nuestro portero Diego López a intentar que la renta no fuera aún mayor. Y de eso no tiene culpa ni Mou, ni Ancelotti, ni madre que los parió a ninguno. ¿Qué coño esperamos de un equipo cuya máxima jugada de creación de juego corría a cargo de Arbeloa y Khedira?

Un equipo se hace grande cuando su afición lo lleva en volandas. Y a día de hoy no es el caso del Real Madrid. Pero ¡ojo!, no es el caso no porque la afición no quiera, si no porque nos sumergimos en gilipolleces sobre un portero u otro, un entrenador u otro, un presidente u otro... Y mientras tanto se chotean de nosotros los once payasos que campan por el terreno de juego. Son ellos los que deben jugar. ¡¡Ellos!! Y no los entrenadores que están en el banquillo. Somos nosotros los que debemos exigir y pitar y silbar y aplaudir. No nos de miedo pitar a nuestro equipo si se mofa de nosotros. Dejemos ya de decir "Esto con Mou no pasaba", "Iker es amigo de la prensa", "Ancelotti no sabe qué hacer..." Que no, coño, que no. Que los que luchan son los jugadores. Y el otro día hasta Cristiano lo dijo y lo reconoció: La culpa es de los jugadores.

Hay que dejarse ya de milongas del pasado y del futuro y e ir avanzando, exigiendo, aplaudiendo y conjuntando la unión partido a partido. Tenemos que ganarnos el respeto como afición de cara a nuestros jugadores. Sí, señores. Hay que hacerlo. Ese mismo equipo que el sábado nos dió una lección de fútbol tiene una soberbia afición que le sobran bemoles para plantarse en un entrenamiento y decirle a sus jugadores mercenarios si hace falta. Y lo han hecho. Y más de una vez. Y lo sabéis. La afición rojiblanca, en tiempos en que sus jugadores no sentían el escudo, se plantaron de una vez por todas y le cantaron las cuarenta en bastos al plantel de jugadores. Y ahora ahí los tenéis. Una conjunción perfecta graderío-campo que lleva en volandas a los jugadores a la victoria. Y si les tienen que aplaudir, les aplauden. Y si les tienen que decir desgraciados, se lo dicen. No pierden el tiempo en si juega Raúl García o juega Gabi, en si entrena el Cholo o entrena Quique Sánchez Flores o entrena Gregorio Manzano, en si preside Gil Marín o preside Enrique Cerezo... 

Y así, sólo así, se logra la victoria. El sábado quedó patente. Lección de fútbol, lección de unión y lección de triunfo. Derbi perdido en casa y tres puntitos al rival enemigo. Mi más sincera enhorabuena al Atlético de Madrid. Y a su afición por la labor que han hecho. Y no me refiero a los piques, guasas, cachondeos y antimadridismo que demuestran metiendo las narices en todo aquello que huela a Real Madrid y que nada tiene que ver con su equipo, no. Me refiero a cómo han tratado de tú a tú a su plantilla y a su entrenador y han logrado la unión que conduce a la victoria. En la Casa Blanca podemos hacerlo igual. Ya lo hemos hecho muchas veces. No caigamos en errores del pasado. Exijamos como aficionados y verdadera alma del club todo lo que podemos exigir. Y cuando en el césped respondan a la exigencia entenderán el ánimo. Y entonces sí volverá la gloriosa afición. Mientras tanto... piperío, batallas internas y mercenarios por el campo. ¡¡Vamos, joder!!


Mientras sigamos nosotros los madridistas en gilipolleces, mouriñadas, ancellotadas, etc, así nos va ir. O esos cabrones de manga corta se enteran de lo que es el Bernabéu o se cachondearán de nosotros una y otra vez. Y sí, prefiero mil veces el señorío a lograr tres puntos como sea. El Madrid es señorial y volverá a ganar recibiendo aplausos del rival. Como siempre fue y como nunca debió dejar de haber sido. Esos aplausos hoy se los doy yo al Atleti. Y bien merecidos. Y doy ejemplo de señorío desde ya. Culpo a los jugadores de lo ocurrido y siempre lo haré. Ellos son los que corren. Os animaré siempre que vosotros respetéis a la afición. Honrad la camiseta, cabrones, cabrones os digo.

Enhorabuena de nuevo, Atlético. Así habla un madridista.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

LAS FIESTAS DEL PUEBLO: BOLAÑOS DE CALATRAVA

Ya saben ustedes que soy manchego cerrado, un gañán, profundo amante de mis raíces, de mi tierra, de mis pueblos, de sus gentes y de sus costumbres. Y hete aquí que fui a nacer en la capitaleja y a casarme con una moza que vivía en un pueblo, ¡ea!, por lo que para satisfacción mía puedo disfrutar de las tradiciones que allí acontecen y que a mí tanto me gustan. Muchas veces he manifestado que Gemma, mi mujer, lleva residiendo en Bolaños desde que tenía tres añitos de edad y como la bestia es de donde pace y no de donde nace (refrán machegote puro, no asocien bestia con mi mujer por la cuenta que me trae, gracias) conoce las fiestas y costumbres de su pueblo a la perfección y me ha introducido a mí en ellas. Y miren ustedes por donde yo las vivo con más intensidad que ella por mi amar al buen yantar, al buen beber y al buen vivir que se traen a colación en toda verbena, romería, fiesta o feria que acontezca en un pueblo manchego.


Estos días han sido las Ferias y Fiestas de Bolaños de Calatrava en honor al Santísimo Cristo de la Columna, cuya festividad es, como en muchos otros lugares, el día de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de Septiembre, y allá que he ido a disfrutarlas y estudiarlas con las gentes del pueblo que me acogió. Desde que comenzaron las mismas no dudé ni un instante en que una entrada en el blog sería para ellas y por eso me enfrasqué en los acontecimientos móvil en mano en hacer algunas fotejos para compartirlas aquí en el Rincón. Y cuando digo a estudiar las fiestas sé lo que estoy diciendo. No conjugo los verbos a lo loco y las costumbres de nuestros lugares son dignas de estudio.
En el caso de Bolaños en particular, la víspera del día grande de la fiesta, las peñas y grupos de gente que se juntan para la ocasión ofrecen en honor del Cristo diversos productos de la tierra que bien pueden ser parte de las cosechas de las tierras de labor o animales de ganado. Estas ofrendas son subastadas la tarde del día grande en el atrio de la Ermita del Cristo, cuidadosamente decorada para la ocasión pues por la mañana se procesiona al Titular en cuyo honor son las ferias y fiestas.



Tras finalizar la solemne procesión del Santo Cristo comienzan las fiestas y la gente, como es común por estos lares, se reúne en chiringuitos y barras de bar en torno a unos botellines y tintos de verano que concluyen con los ultraconocidos café, copa (casi siempre en plural) y puro. Al más puro estilo romero-manchego la celebración deviene en una buena dosis de beber y comer.


Como en la mayoría de los pueblos de la Mancha las fiestas cuentan con una procesión principal, algún evento taurino y un concierto que suele tener gran afluencia, así como actividades y juegos para las peñas formadas por gente joven. Bolaños no iba a ser menos y cuenta en sus días de fiesta con una tarde de vaquillas para los más (etílico) valientes, divertidos juegos y concursos para las peñas, una buena corrida de toros y un concierto de algún conocido cantante o grupo. Este año en particular el cartel taurino contaba con Juan José Padilla, Víctor Puerto y Joselito Adame, novillero que venía de triunfar en Las Ventas. Por su parte el concierto musical ha corrido a cargo de "El Arrebato", artista sevillano del que soy fan hace años cuando me enganchase su mítica canción "Una noche con arte".


En definitiva, he podido "degustar" de las ferias y fiestas del pueblo de mi mujer en todos los actos en los que el tiempo y el trabajo me han permitido hacer acto de presencia. Así pues estuve viendo la ofrenda al Cristo, la procesión, los chiringos y bares del Parque, las casetas de la feria y el concierto del Arrebato. Y todo ello con la mejor compañía posible: mi mujer, mi hermana y mi compadre Narciso, sin contar a los amigos que siendo bolañegos, evidentemente, estaban allí. De esta manera he disfrutado, una vez más, de las costumbres manchegas que tanto me gustan. Me agrada ver a las gentes como disfrutan de las fiestas de su pueblo tal cual lo hicieran sus antepasados años atrás... Y me sumo a ellos y estos días he disfrutado de la procesión del Cristo (una cuadrilla de costaleros debajo ¡ya!, por favor), he visto los frutos y animales que se iban a subastar, he tomado cervecitas, vinos y copas en los chiringos y casetas y he disfrutado de "Una noche con Arte" gracias al gran Arrebato.

Quizás estas líneas no os traigan las entrañables historias y aventuras que os narro otras veces, pero me apetecía escribirlas y hacéroslas llegar. Y es que soy todo un purista, lo sé. Aunque a veces me llevan obligado a disfrutar de estos eventos festivos y lo paso mal. Y para prueba un botón..................

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Yo no quería...

jueves, 12 de septiembre de 2013

LEYENDA DEL PEREGRINO ESCONDIDO

Parece mentira que siendo tan amante del Camino de Santiago haya tenido que ser la tercera vez que he llegado a Compostela con mochila y bordón cuando haya descubierto tan enigmática, singular, preciosa y oculta leyenda. A mí que me apasiona la Ruta Jacobea, a mí que me enamoró la vida peregrina desde que la conocí, a mí que he recorrido kilómetros y kilómetros del fascinante Camino Francés, a mí que ya tengo cuatro credenciales de sellos repletas y tres compostelas acreditando mis andanduras, a mí que estoy embarcado de nuevo en el Camino y recorriendo por años sus desconocidos tramos, a mí que me sé de memoria guías y etapas, albergues y refugios, subidas y bajadas... ¡A mí! Como si todo lo supiera de él, pero en realidad no sé nada, pues él, el Camino, siempre se guarda un as bajo la manga para seguir atrayéndome a descubrirlo. A mí me sorprendió esta leyenda y conforme supe de ella no dudé en que algún día la escribiría en el blog para todos vosotros. Y hoy me pongo manos a la obra y pido disculpas con antelación a quien ya le haya mostrado la fotografía que desvela el paradigma de la leyenda, pero el entusiasmo que sentí al conocerla me llevó a ello lleno de furor con algunos de los más allegados en ese momento. Lo siento.

Permitidme esta vez que no vaya introduciendo fotografías ilustrativas entremedias del texto para no desvelar la incógnita del personaje hasta el final. Igualmente os ruego a todos aquellos que no conozcáis la leyenda que vayáis degustando el texto que vengo a ofreceros poquito a poco, que lo vayáis saboreando con la justa impaciencia que da el ocaso de la incertidumbre a punto de ser descubierta y, sobre todo, que aguantéis las ganas de desplazaros rápidamente hasta el final de la entrada para observar las instantáneas que revelan al personaje. Sólo así el final de esta bella y corta leyenda os causará el efecto deseado, el efecto que a mí me causó cuando descubrí el enigma. De otra manera es como si escucháis de la dulce voz de un abuelo un cuento cuyo final ya sabéis, lo disfrutaréis pero... el clímax final no tendrá el impacto que el autor quiso imprimirle y que el contador ha querido transmitiros. Sed pacientes; prometo no alargar improductivamente el texto. Y esta vez, y sin que sirva de precedente, introduciré líneas de mi siembra y cosecha en la Leyenda, por aquello de que toda leyenda tiene algo de mito y algo de realidad. Seguro que así disfrutaréis más de la historia y yo aprovecharé para dar rienda suelta a las palabras que broten de mi interior como una exhalación de sentimientos que recogen mis vivencias de peregrino. Vamos allá...

Cuenta la leyenda que hay una sombra, una fuerza, una energía, un peregrino oculto que acompaña al caminante en su arduo trecho hacia Santiago en los momentos más duros. Y cuando las duras rampas de subida aprietan, el peregrino escondido nos alivia la mochila y nos alienta. Y cuando las temerosas bajadas acechan nuestras rodillas, el peregrino escondido clava nuestro bordón al terreno para afianzar el paso. Y dicen que lo notamos aunque no queramos y que esa fuerza es un extraño peregrino que a todos nos ayuda y nos muestra que el camino es un resumen de la vida y debemos saber aprender a subir y a bajar y a llanear...
Sin embargo nunca podemos verlo, nunca podemos tocarlo, nunca podemos decirle un "Gracias" y sólo, exclusivamente sólo, aquellos peregrinos que lleguen a Santiago de Compostela podrán al fin verlo. Es un símil de la fe, del esfuerzo, de la siembra... Sólo al llegar a la meta podremos alcanzar la Gloria, la recompensa, la cosecha...
En mis caminos ya recorridos he tenido momentos de soledad y decadencia, momentos duros y de fatiga, momentos en los que desfallecía y creía no poder llegar al fin de etapa y, mucho menos, al fin del Camino. Y el peregrino escondido siempre, sin yo saberlo, me ha ayudado. Y fue esta última vez que llegué a Santiago cuando lo descubrí. Sabía de su leyenda pero no sabía buscarlo. Más que no saber buscarlo no creía en su búsqueda. ¿Un peregrino que nos ayuda sin ser visto y sólo aparece en Santiago cuando llegamos? ¡Milongas!

Me habían hablado de él y los maestros jacobipetas se extrañaban de que no lo conociera. ¿Y tú has hecho ya el Camino otras veces?, me decían. Yo entre incrédulo y asombrado les miraba de soslayo. Me habían contado muchas leyendas acerca de él pero si algo me enseñó (y me enseña) el Camino es que cada persona que lo transita forma parte de su leyenda. Cada caminante es camino y hay tantos caminos como caminantes existan. Por eso he creado mi propia leyenda del peregrino escondido a mi antojo. Para mí es un monumento al peregrino tras el que se ocultan muchas historias, muchas verdades, muchos caminos... Tantos como caminantes lo vean y se sientan identificados con él. Pudiera ser Thomas, el californiano con el que descendí desde el Collado de Lepoeder hasta Roncesvalles y no lo volví a ver... Pudiera ser Joon Yoon Lee, el koreano con el que compartí viaje desde Madrid hasta Saint Jean Pied de Port... Pudiera ser Aitor, el entrañable vasco de Portugalete con el que mantuve una muy trascendental charla sobre la vida del ser... Pudiera ser el manchego conquense, residente en Barcelona, con cara de llamarse Blas con el que llegué hasta Los Arcos... Pudiera ser Pancho, el mexicano con el que me tomé una Coronita allá por el albergue de Villafranca del Bierzo... Pudieran ser José Ramón y Paco, dos grandes madrileños que me descubrieron los secretos de Santa María de Leboreiro y Furelos... Pudiera ser Palmiro, mi amigo brasileño con el que intercambié ronquidos en Puente la Reina y en Santo Domingo de la Calzada... Pudiera ser el bruselés barbado con el que me fotografié en O Cebreiro... Pudiera ser Rubén, el templario, con el que anduve desde Logroño hasta Nájera... Pudieran ser muchos los (mis) peregrinos escondidos en el Camino que me han ayudado a superar los tramos difíciles. Incluso pudiera ser yo el peregrino escondido que he ayudado a otros caminantes. Y al ser imposible identificarnos a todos y unirnos en uno sólo surge el por qué, la génesis y la magia del Camino que hacen que la leyenda tome fuerza y poder y nos reúna a todos de manera simbólica una vez llegados a Santiago. En un monumento magistral, capricho de luces y sombras allende el cable del pararrayos de las altas torres de Compostela se une con el suelo en una pequeña columna, aparece el peregrino escondido. Leed sobre él y en él las varias leyendas que ya existen. Y si peregrinos sois, junto a la única realidad de la leyenda que no es otra que la aparición del peregrino escondido cada día al anochecer, cread vuestro mito, aliñad con recuerdos la aventura y dad paso a originar  vuestra leyenda con retazos de las experiencias vividas. Yo os he contado mi leyenda del Peregrino Escondido: aquel que aparece fielmente cada anochecer en Santiago en recuerdo de todos los peregrinos que, sin duda, hemos sido ayuda los unos de los otros. Todos somos el peregrino escondido de alguien. Como dijera mi admirado Antxón, el Gran Caminante, "el día que los peregrinos nos nos ayudemos los unos a los otros... el Camino no tendrá sentido". Y haciendo gala de compartir su filosofía y estrujando un poco mi pluma para compartir su idea, per secula seculorum, dejaré narrado este verso...

Subirás y bajarás,
llanearás y caminarás,
sonreirás y sufrirás.
En todo momento te ayudaré
pero verme no podrás.
Sólo mi aliento notarás
y sólo al llegar a la meta
el mensaje entenderás...

Cuando llegues a Santiago
y abraces al Santo Patrón,
anocheciendo, al caer el sol,
en la Plaza de Quintana
me hallarás en un rincón.

Descubrirás mi silueta
con capa parda y bordón.
Y una vez aparecido
tendrá sentido tu Camino.
Con el peregrino escondido,
recuerdo de lo vivido,
deberás seguir tu destino.

Con tus pasos alentarás
a caminantes que conocerás.
Tú también serás
un peregrino inmortal
y reflejado te verás
en la sombra de la Catedral.





El Peregrino escondido...

lunes, 2 de septiembre de 2013

VUELTA AL COLE

Con la infantil pero cada vez más añorada frase que da título a esta entrada, retomo de nuevo el escribir unas líneas en mi humilde rincón cibernético, pues hoy no sólo he vuelto al trabajo iniciando un nuevo año laboral, sino también retomando todas mis actividades de la vida rutinaria y diaria que ocupan mi camino durante once de los doce meses del año natural: vuelven los Lunes de pádel, los relojes cuenta atrás para Navidad y Semana Santa, mis pasiones y arrebatos futboleros, mis sueños cofradieros y costaleros y, por supuesto, la vida jurídica en su pleno esplendor, gracias a la cual logro ganarme el pan. Vuelve en definitiva el estreno de año laboral, el cual, sin uvas ni brindis, abre cual 31 de Diciembre un nuevo período cargado de nuevas voluntades y quehaceres, así como de esperanzas y experiencias que la vida depare. Y así se ha de afrontar, como cuando los kilos aprietan bajo la parihuela de un paso y frunciendo el ceño te dices por dentro: ¡Venga de frente!

A modo de resumen de mi tiempo estival y disfrute vacacional con un solo vocablo podría resumirlo: Camino. Este año he gastado prácticamente todas mis vacaciones en una de las aficiones que más me gusta: El Camino de Santiago. Como ya anticipé en algún escrito he estado caminando con Gemma y con Eva desde Sarria hacia Santiago y, conforme llegué a la ciudad apostólica, volví a mi Ciudad Real natal para volver a irme a caminar, esta vez con mi padre, iniciando en Francia en Saint Jean Pied de Port y no concluyendo en Santiago de Compostela, sino en Santo Domingo de la Calzada. En total he hecho alrededor de 350 kilómetros a pie y tengo el Camino Francés ya recorrido en su mitad: el inicio y el final. Me queda pendiente el tramo del medio, el cual, Dios mediante, intentaré recorrer el año próximo. Así pues y siguiendo las flechas amarillas he conocido lugares como Zubiri, Puente la Reina, Estella, Pamplona, Nájera... Y lo mejor de todo, he vuelto a sentir la magia del Camino, vivencias con personas de todo tipo, charlas trascendentales compartiendo un puñado de kilómetros con gentes que, seguramente, no vuelva a ver en este estadio de la vida, y sin duda, el descubrir que aún quedan muchos sueños por cumplir. 

Además de invertir mi tiempo veraniego en el gran titán de todos los caminos, comenzaba mi temporada de descanso con las fiestas de la Zurra y la Pandorga, a las cuales como buen ciudadrrealeño clásico y tradicional no dudé en asistir. Faltaría más. Tres días después del inicio del mes de Agosto tan ansiado, se casaba uno de mis maestros jurídicos, entrañable persona, pequeño de cuerpo y gigante de corazón: Don Juan de la Cruz. Reza el refranero que "Don sin dín, cojones en latín", pero en este caso hago un más que correcto uso del "Don" para referirme a Juan, pues además de merecerlo se lo tiene ganado a pulso. Desde aquí vuelvo a felicitarle por su enlace y a desearles a Ana (su esposa) y a él la mayor de las fortunas en esta nueva etapa.

Casado que fue Don Juan comencé a preparar mi mochila para el primer camino junto con mi mujer y nuestra amiga Eva. Inició la aventura el día 6 de Agosto y culminó la misma el día 13 del mismo mes y año. Una Compostela más acredita mi nueva llegada a Santiago y una credencial más repleta de sellos que simboliza cada uno de ellos una vivencia, una experiencia, un recuerdo, un lugar. Sin duda un entrañable camino en el que pude disfrutar de recorrer de nuevo el embrujo de la más profunda Galicia celta con la compañía de Gemma, mi chiquitilla, mi mujer y compañera por la senda de la vida, gozando con ella de los lugares y anécdotas que tantas y tantas veces le había narrado. Un deleite para un amante de la ruta jacobea como yo.
Tras volver a la capital manchega en la que resido, mis pies tuvieron un pequeño descanso de tres días (14 a 16 de Agosto, ambos inclusive) antes de introducirse de nuevo en las botas y volver a patear montes y montañas. En esos días tuvo lugar la festividad de la Virgen del Prado, Madre, Reina, Patrona y Soberana, Virgen de las Batallas y se iniciaron las Ferias y Fiestas de Ciudad Real en su honor. Tuve el tiempo justo para pasar un día con los amigos y juntarnos en torno a unos licores espirituosos en el tradicional Baile del Vermú y Casetas de Feria. Ave María a la Patrona de Ciudad Real y disfrute de la amistad coparon mi único día libre íntegramente. Otro día lo dediqué a la familia política y otro a la familia de casa. San Seacabó el "rato" en la villa.


De nuevo con la mochila cargada salía el Sábado, día 17, camino a Saint Jean Pied de Port, donde comenzaría mi mayor aventura como jacobipeta. Un proyecto que me durará tres o cuatro años en el que recorreré íntegramente el Camino Francés. Y cuando digo íntegramente es íntegramente: desde Saint Jean hasta Fisterra. Son muchos los kilómetros a restar y se necesitan unos cuarenta días para realizarlo, motivo por el cual me veo en la obligación de irlo recorriendo poco a poco por trancos, aunque el bocado que le he pegado este año no ha estado nada mal. He cruzado de Francia a España atravesando los Pirineos a pie en lo que ha sido, sin duda, la mayor proeza física en mi vida (ahí tenéis la etapa quienes queráis comprobarlo. Un total de 27 kilómetros repartidos en 22 kilómetros en continua y dura ascensión y 5 kilómetros de brusco y abrupto descenso hasta la Real Colegiata de Roncesvalles con una mochila a cuestas y un bastón como compañero. Realmente dura prueba. Tan dura como satisfactoria una vez acabada). Vuelvo a ver el perfil de esa etapa y sigo asombrándome del logro.


Ya en la Madre Patria he atravesado enteras de este a oeste las provincias de Navarra y La Rioja. Han sido nueve jornadas de peregrinación cargadas de altos sentimientos que concluyeron en el mejor albergue de todos los que he conocido hasta ahora (y son unos cuantos ya): Albergue de la Cofradía del Santo, en Santo Domingo de la Calzada. Tantísimo me agradó el sitio y la amabilidad de sus gentes, hospitaleros voluntarios, que me inscribí como futuro voluntario para compartir con ellos la labor de calmar la sed del peregrino y dar posada al caminante sin recibir más a cambio que la sonrisa que se dibuja en las agotadas caras de los que allí llegan. Bellísima labor la del hospitalero voluntario, sin duda de las grandes magias que esconde el Camino. Algún día ofreceré agua fresca a quien exhausto llegue al albergue, como conmigo hicieron.

Volví de nuevo a Ciudad Real el día 27 de Agosto y agoté mis últimos días del mes vacacional en el chalet de mis padres, disfrutando de la familia, de la piscina y del buen yantar. Y hoy, primer lunes del de Septiembre, día 2 del dicho mes, he vuelto al trabajo con las pilas cargadas e incluso con ganas de laborar para seguir caminando por la vida y cumpliendo sueños. El trabajo bien hecho da sus frutos antes o después. Y ahora es tiempo de trabajar... Sueño ya con una pronta Navidad. Una plancha en Cuaresma sobre un costal. Una eliminatoria de Champions. Una pisada tras otra preparatorias de un nuevo camino. Una charla. Un libro...

Vuelta al cole.