jueves, 31 de marzo de 2022

EL CUARESMEO

Como decía la conocida voz en el antiguo compact disc que tantas veces hemos escuchado todos los cofrades: Llegó como llega siempre. Y así ha sido. Este año ha llegado la Cuaresma como siempre, como la conocíamos, como venía haciéndolo año tras año hasta que irrumpió la puñetera pandemia. Ha llegado dejándose querer, deshilachándose en charlas y mimos, entregándonos igualás, ensayos, corcheas de cornetas, ratitos de casa hermandad y, sobre todo, reencuentros. Eso es lo más bonito. Abrazos, besos, paño con paño, vueltas de faja, limpieza de plata, nervios en la priostía y todo ese batiburrillo que tanto hemos añorado. Pero ya está aquí y se nos va demasiado rápido. Siempre lo digo: no quiero que llegues, quiero oírte llegar. Bien es cierto que este año estoy deseando que llegue mi amada Semana Santa pero "el cuaresmeo" me encanta y ya hemos pasado y repasado más de su ecuador. Esos viernes de espinacas con garbanzos, esos Domingos de parihuelas, esos martes de papeletas de sitio, esos jueves de tertulias, esos lunes de radio, esos sábados de pregón y esos miércoles de un desorden ordenado, son los que nos hacen descontar día a día los cuarenta días y cuarenta noches que preceden a la explosión del júbilo desatado cuando sale la primera cruz de guía. ¡Qué bonita es la Cuaresma! ¡Cuánto me gusta el cuaresmeo!

Estos días tan bonitos mi agenda cofrade se dispara y no me supone agobio ninguno, al revés, voy con una sonrisa a cada cita. Termino muchas veces agotado, eso sí, pero satisfecho y feliz. Han sido ya dos fines de semana los que me han coincidido tres ensayos de costalero en menos de día y medio. Al terminar el último voy para el arrastre pero estos días son así. Se convierten estas fechas en un no parar constante. Y aquel cofrade que diga que no le gusta, miente. Cierto es que podríamos tener menos apreturas de calendario pero entonces perdería su esencia la Cuaresma. La concentración de actos y eventos, las prisas, los nervios y las apreturas forman parte de su esencia. Y, además, así ha de ser. Quien diga que tenemos todo el año para preparar ciertas cosas, no sabe de qué va este mundillo. ¿O dejamos los altares de cultos preparados en Agosto? No, hay que prepararlos en Cuaresma. ¿O ponemos los ensayos de costaleros en Noviembre? No, hay que ponerlos en Cuaresma. ¿O montamos los pasos en Enero? No, hay que montarlos en Cuaresma. Y la Cuaresma son cuarenta días y cuarenta noches. Y no da para más. De ahí estas apreturas que tan de cabeza nos traen pero que tanto amamos.

A decir verdad, esta Cuaresma está siendo como las de antes, como las de toda la vida. De las que se viven a tope y pasan raudas con una voracidad de momentos enorme. Ya hemos consumido tres cuartas partes de la misma casi sin enterarnos. Y no me han faltado, personalmente, ratos de costal, de banda, de atril, de radio y de disfrutar con la gente cofrade que tanto quiero. Desde que tuve la primera igualá volví a sentirme feliz en el añorado retorno a esta salsa en la que tanto me gusta mojar y, además, con la convicción y certeza de que este año no hay nada que lo pare y va a ser totalmente normal. El reencuentro fue maravilloso y las caras de todos volviendo a nuestro amado hobby tras dos años de inactividad fueron indescriptibles. Volvían los capataces con sus cuadrantes, volvían los aspirantes a pedir hueco, volvían las cornetas a ensayar en corro, volvían los priostes a aflojar tuercas y apretar tornillos, volvían los capillita a limpiar plata, volvían las charlas de cofradías a cualquier hora y volvían al bullicio los grupos de whatsapp tan apagados estas dos cuaresmas pasadas. Volvía, en definitiva, la Semana Santa.

He tenido la fortuna de poder volver al oficio costalero en los tres pasos que sacaba y de los que debo ir empezando a despedirme para disfrutar los años que me queden de peón de arpillera del mejor modo posible. He disfrutado también de un concierto cofrade de los que llevaba años sin disfrutar: marchas de cornetas y tambores, de agrupación musical y de banda de palio. Además, he sido nombrado presentador y mantenedor del Acto de Exaltación a la Saeta organizado por la Hermandad del Cristo de la Piedad de la vecina localidad de Miguelturra. Y, para colmo de mis bendiciones cofrades, he logrado capturar un momento con el que no sé la cantidad de veces y años que habría soñado: ir debajo del paso y llevar a mi hija de la mano. Eso ha sido lo más grande de esta Cuaresma. Y es que ésta da tanto de sí a la vez que aprieta la fechas... El cuaresmeo es lo que tiene. Conjuga nervios y estampas imborrables, nos desata los sentimientos, los recuerdos y los sueños. Los recuerdos nos hacen sonreír, los sueños están para cumplirse y los sentimientos es lo que une los unos con los otros. Lo dicho: disfrutad de estos días porque ya mismo se van. ¡Vividlo! Agotad el cuaresmeo y luego ¡a la Gloria!

viernes, 11 de marzo de 2022

DON REAL MADRID

La verdad es que no tenía en mente escribir en el blog una entrada futbolera ahora mismo. Más bien me rondaba escribir una entrada "cuaresmera" por los tiempos en los que estoy inmerso y la vuelta total a esas actividades anuales que ocupan mi mente todo el año: las cofradías. Avanzando esta Cuaresma estoy en la vorágine de ensayos, pregones, tertulias, programas de radio, marchas, incienso, túnicas, etc. Sin embargo, no podía pasar por alto en este Rincón lo ocurrido en el Santiago Bernabéu en esta última eliminatoria de Champions League. Puro Real Madrid. Cuando todos los sectores antimadridistas ya se relamen de su derrota, vuelve a dar la sorpresa y a poner el punto en la i. Y ya no sé ni cuántas van. Es increíble. Y, ojo, que lo hace incluso cuando los propios no confían en él. Varios madridistas se han quedado sorprendidos más de una vez al ver cómo Don Real Madrid (porque hay que llamarlo así) se levanta de la lona y aúpa la victoria. Experto en remontadas y en épicas, cabe recordar el cabezazo de Ramos en el minuto 93 o el hat trick de Cristiano Ronaldo contra el Wolfsburgo tras perder 2-0 en el partido de ida, esta vez ha levantado un resultado adverso contra un equipo de ensueño, pues, digan lo que digan, simplemente leer Mbappé, Neymar, Messi, Di María, Icardi, Verrati, etc, asusta. Y el mérito no fue levantar un uno a cero en contra, el mérito fue el ejercicio total de supervivencia que se hizo en el primer partido, donde nos pudieron haber endosado una manita y el empezar también perdiendo con otro gol en el Bernabéu. Dos a cero en contra y restaban sólo 45 minutos de los 180 de eliminatoria para meterle tres goles al PSG formado con renombre y petrodólares. Pintaba imposible y Europa veía caer al Real Madrid. Pero...

Arrancó la segunda parte y el runrún en la grada era patente. Aún así los futbolistas hacían gestos con los brazos recabando el apoyo de la afición, buscando esa conexión plantilla-graderío que los incultos de este mundillo futbolístico dicen que no existe en el coliseo blanco, pero que queda patente que tiene lugar cuando debe tenerlo y no en cualquier partido de trámite. Y en esas cambió el asunto. Una presión total del Madrid desembocó en un robo de balón de Benzemá a Donnaruma, cancerbero del París Saint German, que catalogarán de falta aquellos que cuando arbitró Aytekin fue todo maravilloso, el esférico lo controló Vinicius, aguardó que Karim se recolocase y evitase el fuera de juego y sirvió para que éste anotase el primero. Rugió el Bernabéu y se encendieron las creencias. He visto muchas veces, gracias a Dios, ese espíritu. Don Real Madrid lamiéndose las heridas y sacando las uñas para su ataque mortal. El PSG aún con el resultado a favor, 2-1 en el global, se vio inmerso en una vorágine merengue que todo rival conoce bien. El vendaval blanco cuando se desata es imparable. A los pocos minutos, Modric, eterno, hizo diabluras de las suyas, ¡qué futbolista!, trenzó entre la defensa azul parisina y Karim Benzemá, de nuevo, mandó la pelota a la red. Eliminatoria igualada. El Madrid creciendo y las figuras del París Saint German empequeñeciéndose. Hay cosas que el dinero no puede comprar.

Tras ello era el PSG quien estaba en la lona. La cara del jeque árabe Násser Al-Khelaifi era un poema. Veía como su chequera no era suficiente para batir a rivales que no juegan con dinero sino con deporte. Ya le ha pasado varios años seguidos y sigue erre que erre gastando millones y montando un equipo de play station para nada. Los títulos no se ganan con nombres, se ganan con hombres. Y todavía estaba el susodicho, presidente del club parisino, maldiciendo el segundo gol del Real Madrid, cuando un robó de balón nada más sacar de centro propició otra de las jugadas mágicas que tanto gustan en Concha Espina. Sonó el cuerno de caza y salieron los blancos al galope. ¡Qué zancada tiene Vinicius, Cristóbal! ¿Y Vinicius para cuándo? Eso canturreabas riéndote en los platós de televisión de un chiquete de dieciocho años, amparándote en tus palmeros y siéndote consentido por muchos, quienes encumbraban tu poca hombría y, a la vez, demostraban la poca suya. Los tíos se miden de igual a igual y no haciendo llorar a un niño. ¡Cobardes! Cuando te pongas derecho, Cristóbal, lo ves, doblado bajo los pasos, insultando el oficio costalero y mirando el suelo no verás a este niño de lo que es capaz de hacer. Su zancada propició el tercero y tus lágrimas. Metió un pase de la muerte, Marquinhos hizo lo que pudo para despejar y el balón cayó a los pies de Benzemá quien, conforme venía, a la carrera embocó la bola, fuerte, rasa, pegada al poste donde los porteros no llegan. La remontada se había consumado. Tres a uno en el luminoso del Santiago Bernabéu y tres a dos en el global.

El equipo que cuenta en sus vitrinas con más títulos de Europa que nadie, el equipo que tiene más enemigos generados por la envidia que nadie y el equipo en el que no confiaba en este cruce prácticamente nadie, lo había vuelto hacer. En un sorteo que, a priori, parió que la eliminatoria de octavos de final fuese Atlético de Madrid - PSG y que mientras los colchoneros maldecían cruzarse con los parisinos, hubo de repetirse, quiso el destino que tan poderoso rival cayese finalmente como contrincante del Real Madrid. Y en cuestión de minutos, pasaron los rojiblancos de maldecir y echar bilis por su mala suerte a relamerse y a reír a carcajadas por quitarse al tridente Neymar-Messi-Mbappé de encima y que además le tocase ese baile a su eterno rival. Risas que aumentaron y se unieron con las de los culés tras el partido de ida y ver la diferencia abismal de juego entre unos y otros. Risas que subieron de tono aún más cuando el Madrid perdía para el partido de vuelta a dos hombres clave como son Casemiro y Mendy. Risas que llegaron al éxtasis cuando Mbappé marcó el 0-1 en el Bernabéu. Risas que al final, como tantas y tantas veces, Don Real Madrid hizo suyas el pasado 9 de Marzo de 2022 al volver a escribir una página en la historia del fútbol contra todo y contra todos. ¡Hala Madrid!