viernes, 7 de abril de 2017

PREGONAR A TU COFRADÍA

Esta Cuaresma está siendo distinta. Y sin duda ha sido Dios quien lo ha querido. Me consta que mi nombre llevaba sonando un tiempo en el seno interno de mi Hermandad de la Flagelación para ser elegido pregonero. E igualmente llevaba un tiempo aguardando la llegada de mi paternidad y por unas cosas o por otras no ha sido hasta este mismo año. Y aquí juega el Señor de la Bondad que es quien ha tejido las entretelas del destino para que algo tan maravilloso para un cofrade se hiciera realidad en mi persona: mi hija Claudia con apenas un mes y una semana de vida se convertía en la hermana más pequeña de la cofradía el día que su padre subía al atril a pregonar su hermandad. No hay palabras para explicar la grandeza que ello conlleva a quien es un cofrade convencido y empapado de su sentir como yo. No me canso ni me cansaré de recordarlo jamás: mi hija juró reglas minutos antes de que yo tuviera el honor de pregonar nuestra hermandad. Grande, enorme, inmenso, incalificable e indescriptible lo que ello significó para mi humilde persona.


El día que me llamó el Hermano Mayor para comunicarme que la Junta de Gobierno había elegido mi nombre para ser el pregonero no supe decir que sí a la primera. He tenido ciertos problemas de enfrentarme al atril y además la responsabilidad de pregonar a la hermandad en un año tan especial como era éste, XXV Aniversario de la hechura y llegada de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, era muy grande. Pasé el día dándole vueltas y pensando que no había nada más bonito que pregonar a la hermandad de uno mismo, que muchos querrían estar en mi posición y, sobre todo, que otros muchos merecían que yo rompiera miedos y ataduras y lo hiciera por ellos y por aquellos que ya no están. Por la tarde le dije a los más cercanos que lo haría. Y al día siguiente llamé a Emilio, nuestro Hermano Mayor, y le comuniqué que contase conmigo. Pregonaría a mi cofradía el día 18 de Marzo de 2017 a las 20;00 horas de la tarde en la Iglesia de Santo Tomás de Villanueva. Y así fue.

No podía tener mejor compañía en el altar de la parroquia que el mismo Dios de la Bondad y su Madre del Consuelo. Me puse frente a Ellos un ratito antes de la misa y les brindé una oración. Después celebramos la eucaristía en hermandad y al comulgar me llené de Ti, de la cara que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro. Siguió el acto con la Jura de Reglas de nuevos hermanos y comenzaron las palabras a salir tras el atril. Primero el mantenedor del acto dio lugar a la presentación del cartel de la cofradía para este año 2017, segundo mi presentador como pregonero, Chefo, mi capataz y amigo, quien dedicó a mi persona unas palabras y halagos que considero inmerecidos y al que desde estas líneas del Rincón agradezco de nuevo y, tercero y último, mi humilde pregón y yo, anudados con un atado lazo de nervios, subimos al atril y se obró la maravilla. Pregoné a mi cofradía de la mejor manera que supe y pude: con sentimiento a flor de piel, rozando el llanto en ocasiones y exaltando el sentir personal y general. Sin duda disfruté e hice disfrutar. Esa era mi tarea autoimpuesta desde que acepté ser el pregonero. A más de romper mis miedos, claro está. Y lo hice. Y la satisfacción fue y es enorme. Todavía no me creo el haberlo superado y, como dicen los capataces para cerrar una chicotá, ahí quedó.




Y a juzgar por las palabras y gestos que me abrazaron al terminar de elevar la voz en nombre de toda la hermandad, debió ser bueno lo que hice y, cuanto menos, emotivo. Pero ya lo dije en el pregón y lo vuelvo a repetir: yo no tengo mérito alguno. ¿Quién, mi hermandad, te pregone que tenga buen pregonar? Este año recayó en mí la labor y me considero un afortunado por haber podido estar a la altura de lo que se me encargó y haber seguido la estela de muchos de mis hermanos que han sido magníficos predecesores en el pregón de la hermandad. La Flagelación es la hermandad en la que me he hecho cofrade, en la que he sabido lo que es hacerse costalero, en la que he tenido sonrisas y lágrimas y en la que mi alma se ha hecho conciencia de fe al mirar a la cara a Nuestro Padre Jesús de la Bondad y a María Santísima del Consuelo. Y me honra decirlo y ser su hermano, su costalero y haber hecho hermana a mi hija, porque no sé si habrá día más bonito para mí que el día que pregoné a mi cofradía y mi hija Claudia formó a engrosar nuestra nómina de hermanos. Siento el haberlo repetido, pero ya he anunciado al principio de estas líneas que no me canso ni me cansaré de decirlo. Y, es más, ojalá estuviera en mi mano el poder concederos a todos los que esta entrada leáis el mismo caudal de de sentimientos desmedidos que yo tuve ese día en este arrabal de la ciudad llamado Santo Tomás. Muchos pregoneros que tuvieron el don de pregonar a su hermandad me lo dijeron y lo pude comprobar y hoy lo digo a pecho abierto: qué grande es pregonar a tu cofradía.

Gracias al Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno, a mis hermanos y mis compañeros costaleros de la Fábrica de los Sueños por confiar en mí para esta misión de ser la voz de toda la cofradía en un año tan señalado como en el que celebramos el XXV Aniversario de la Hechura del Señor de la Bondad. No lo olvidaré jamás. Y gracias a mi familia y mis amigos por aguantar a este loco cofrade que soñaba todos los días del año con retazos de pregón que se hicieron realidad en esta inolvidable cuaresma del año 2017. ¡¡Gracias!!

...Y si Dios, el Padre bueno, 
te da la oportunidad
de decir si te reencarnas,
no lo hagas esperar.
Dile que te mande presto
de nuevo a Santo Tomás,
a volver a jurar las reglas
de una grandiosa hermandad
donde siempre serán eternos
el Consuelo y la Bondad.

He dicho.