jueves, 31 de diciembre de 2020

ADIÓS, 2020, ADIÓS

Hoy vengo a escribirte a ti. Y a despedirte. Te recibí a los pocos segundos de iniciar tu andadura dedicándote un tuit en la red social del pajarito, ¿te acuerdas? Yo sí. No se me olvidará nunca. Te puse: "Pasa, 2020. Te esperaba". Era un mensaje cargado de sueños y esperanzas y tú te has llevado todo por delante y sin preguntar. No sólo has destrozado los sueños y esperanzas sino que además me has traído encargos que jamás te pediría ni para mí ni para nadie. Has pasado a la historia haciendo historia. Miento si digo que no me dan ganas de insultarte hasta la saciedad pero tengo más honra que tú. Y mi alcurnia, perecedera por tiempo antes que la tuya, goza de más principios y educación. Además, yo personalmente, como costalero y peregrino, voy siempre de frente. Por eso no lo haré, no verteré despotriques hacia ti aunque me hayas desgarrado las costuras del alma. Eso sí, tampoco te defenderé ante quien lo haga y te aplomen sus palabras. Me quedo con la felicidad de haberte doblegado. E incluso disfruto el haberte superado y poder extraer el jugo del aprendizaje de tus doce meses. No contabas con ello pero quizás en mi joven vida tengo ya mucha vida. Tus hermanos pasados te lo habrán contado. Y llegarán tiempos malos de nuevo, así es la vida. Pero a ti, 2020, a ti ya te dejo atrás y, sí, te dedicaré otro mensajito en Twitter para que te lo lleves por delante igual que mi bienvenida, con la salvedad de que no tendrás tiempo de réplica pues ya no estarás vigente. Me has obligado a usar la inteligencia contigo, a dominar los sentimientos y a convertir los varapalos en ilusiones. Pero ahora toca decirte adiós.

No tuviste un mal inicio. Avanzaste casi un trimestre precioso. Y estalló todo. A mí, personalmente, me has dado donde me duele: en las costumbres y tradiciones. Era Domingo de Piñata cuando unas personas de raigambre preguntaron a mi mujer si estaba preparada y ella dijo que sí. Los protagonistas de la historia saben quiénes son. Y ellos, Gemma y yo sabemos lo que significaba. Yo era feliz. Mucho. Además ese día era el Madrid - Barça y le ganamos a los culés 2-0, con goles de Vinicius y Mariano. Sí, sí, leen bien. Vinicius y Mariano. Estábamos en plena Cuaresma y mi agenda bullía de ensayos y actos cofrades. Rebosaba planes con los amigos y buenos ratos. Y hasta aquí puedo leer, como decía la máxima del Un, dos, tres. Empezó a llegar el coronavirus cada vez más rápido, en cuestión de días, hasta que entre el famoso 8 de Marzo y, el cumpleaños del que suscribe, el 9 de Marzo, cambió el mundo y la vida. Se aceleraron los acontecimientos y llegó la cascada de malas noticias. Ahí sucumbiste, 2020. A lo mejor tú no querías y te gustaría que el malo hubiera sido uno de tus hermanos pasados o venideros, pero te tocó. Y, como antes te decía, has pasado a la historia en todos los sentidos. Nadie recordará si llegaste bien o mal. Todos te recordaremos como el año de la pandemia, el año del Covid, el año que se apoderó del mes de Diciembre de su hermano anterior y comenzó a gestar la que se avecinaba, el año que en su propio Diciembre murió corneando y matando ilusiones de su hermano pequeño 2021, sabiéndose ya perecedero.

Me has robado mis cofradías, mi Semana Santa, mi Sevilla, mi Romería de la Virgen del Monte, mi Romería de la Virgen de Alarcos, mi viaje al Rocío, mi Verbena del Carmen, mi Verbena del Perchel, mi Concurso de Limoná, mi Pandorga, mi Camino de Santiago, mi Feria, mis Fiestas del Pueblo, mi Acto de Santa Teresa y mi Navidad. Y digo a todo mío porque es la rutina de mi vida, mis costumbres, mis tradiciones, mis vivencias. Eso me ha dolido mucho. Quien me conoce sabe lo que es para mí ir a Sevilla a lo que voy. Quien me conoce sabe lo que es para mí el costal y lo que conlleva. Quien me conoce sabe mi amor por los rituales que se repiten año tras año. Lo he pasado muy mal por tu culpa, 2020. Muy mal. Tenía muchos sueños por cumplir en tu calendario y los he visto marchitar uno tras otro encerrado entre cuatro paredes. Por eso ahora me alegra tu adiós. También me has robado el trabajo durante unos meses, parte de salud y la libertad. Y lo peor, me has quitado lo más preciado para mí en el día a día: la gente. No puedo ni besar ni abrazar y eso me entristece mucho. No puedo reencontrarme con amigos y eso me machaca. Soy mucho de mi gente. Pero he sabido dominarlo y seguir sonriendo. Y sigo soñando y sé que lo lograré. Mis costales aguardan en el armario y tú ya te vas. La Macarena sigue esperándome en Sevilla y tú ya te vas. El Camino de Santiago sigue llamando a mis botas y tú ya te vas. Yo sigo y tú te vas. Vete lejos. No nos encontraremos de nuevo jamás. Y doy gracias que en mi mesa no hay ausencias y no puedo quejarme. Otros no te tratarán con el mismo respeto que yo. Vete. Vete ya.

Has querido también traer a mi casa una mala enfermedad. Y la estamos venciendo, ¿qué te creías? Vete y no vuelvas. No te olvidaré, 2020. Pero no por ti sino por mí. Y mira que has sido tan malo y cruel que ya te has cargado parte de mi vida para el año próximo. Tampoco llegará la Gloria en explosión de júbilo. No habrá guasas ni disfraces de Carnaval. Otra primavera nula se avecina y para Verano no sé cómo pintará la cosa. Sí, ya hay vacuna, pero el proceso va lento. Lento pero firme para cargarnos la puñetera pandemia y recuperar la vida. La vida de verdad. La de ver a un amigo y abrazarlo, la de sacar un paso, la de no llevar mascarilla, la de comer en corro sin importar cuántos seamos, la de salir a los bares que me dé la gana y cuándo me dé la gana, la de juntarse un pueblo entero entre el Prado viejo y la Catedral y festejar en torno a la Patrona. Y, ojito, 2020, aún a pesar de los malos tiempos que has traído he seguido haciendo de las mías. He logrado hacer diversos tipos de mi propia cerveza, una sidra artesana, aumentar mi pasión por la cocina incrementando las recetas e incluso meterme un poquito a repostería, seguir elaborando mi pacharán casero, aprender a hacer crema de orujo, guisar berenjenas, aliñar aceitunas, patear nuevos senderos y seguir disfrutando del pádel. Y he tenido momentos preciosos e inesperados. Gratas sorpresas pues la Verdad y la Bondad son tercas y siempre afloran. Y, aunque me has arrebatado sueños, se cumplirán y tú no estarás para verlos. Estoy bien rodeado de familia y amigos, tengo la mochila preparada, el costal planchado y el pañuelo de hierbas anudado. Es hora de despedirte. Adiós, 2020, adiós.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

CON LA VENIA, SEÑORÍA

Creo que será la primera vez que escriba del mundo jurídico aquí. Alguna vez habré soltado algún aforismo, cultismo, latinajo o chascarrillo acerca de la abogacía entre las líneas del Rincón, pero nunca he derramado letras al respecto del derecho y la abogacía dedicando una entrada completa para ello. Y no sé si es que ya tocaba o que el momento ha llegado porque la ocasión la pintan calva. Eso sí, ya hablé una vez por estos lares lo de la ocasión y su calvicie, cosa que jamás entendí hasta que aprendí (y hoy lo comparto con vosotros) que los romanos tenían una diosa llamada Ocasión, la cual era representada con forma de mujer muy bella, larga cabellera y alas bien en la espalda o en los pies. Sin embargo, por detrás de la cabeza estaba calva. El significado era que las ocasiones hay que aprovecharlas cuando llegan de frente (hermosas y llamativas), pues pasan volando rápido (alas) y una vez pasadas no hay como cogerlas  (calvicie que impide asir por los pelos). Curioso, ¿eh? Ya lo sabéis. Hay que ver lo que os enseño en el Rincón. Hilado con ello va lo de salvarse por los pelos. Los marineros se dejaban el pelo largo por si se caían al agua que hubiera por dónde cogerlos. Hay documentos que narran que más de uno se salvó así de caer al mar. En fin, que hoy venía la ocasión de frente, la he cogido y voy a contar una cosita jurídica. Más bien es una mera vivencia de la vida de las que me gusta plasmar aquí, pero es algo de lo que suele ocurrir en la abogacía. Y servirá para romper un tópico, hacer un alegato y dejarla por escrito por aquello del verba volant scriptum manet (las palabras vuelan y lo escrito permanece). Así pues, con la venia, señoría.

Resulta que llevo ejerciendo la abogacía ya quince años. Y desde el primer momento vengo oyendo en la ciudadanía que los letrados privados son mejores que los del Turno de Oficio. Yo, particularmente, de los quince años que tengo de ejercicio, llevo los quince como letrado privado pero, desde hace cinco, pertenezco también al Turno de Oficio en los órdenes civil y penal. ¡Qué cosas! Pues es lo normal. Ser letrado privado y estar también en el Turno de Oficio. Casi todos los abogados lo estamos. De hecho yo me incorporé al Turno tras diez años de ejercicio porque me apasiona el derecho penal y porque hay gente humilde que verdaderamente necesita un abogado. Y de paso me incorporé al turno civil porque también me gustan mucho los asuntos de familia (separaciones, divorcios, medidas para menores, incapacitaciones, filiaciones, etc). Así las cosas, primer punto: todos los abogados tramitamos asuntos privados. ¡Sorpresa! Pues sí, evidentemente. Vivimos de ello y es nuestro oficio. Segundo punto: casi todos los abogados estamos adscritos a algún orden del Turno de Oficio. ¡Sopresa de nuevo! Pues es lógico. Mucha gente no puede costearse un letrado para solventar los procedimientos y para ello debe valerse de la Asistencia Jurídica Gratuita, es decir, de los abogados del Turno de Oficio, cuya remuneración del asunto, en estos casos, depende de los fondos estatales, lo que nos garantiza un pequeño sobre sueldo a nuestras ganancias como autónomos.

Aclarado lo anterior y alegando que los letrados somos igual de competentes si actuamos de modo privado o si actuamos por designación del Turno de Oficio, ¡basta ya de hacer esa ridícula distinción!, pues todos mis compañeros y yo tratamos todos los expedientes por igual y con el mismo empeño, de hecho, en mi caso, las tres veces que he acudido al Tribunal Supremo ha sido defendiendo asuntos del Turno de Oficio, vengo a contaros una anécdota de un listillo, un espabilado, un "tolosa" (en La Mancha "todo lo sabe"), un Maestro Piñones que no sabe para él y da lecciones, etc, que cayó en mis manos un día que me tocó Guardia de Asistencia al Detenido y lo asistí por Turno de Oficio.

Bien, el señor Amaro, lo llamaré así por aquello de la Ley de Protección de Datos, además de salir bien parado del asunto penal que lo llevó al Juzgado (gracias a mi trabajo, letrado del tuno en este caso), tenía un problema gordo de derecho inmobiliario, temas de lindes, superficies catastrales y falta de inscripción en el Registro de la Propiedad. Una de mis especialidades, vaya. Curioso y cierto. Me gustan las peleas esas de Actas de Notoriedad, Expedientes de Dominio, Inmatriculación, etc. Pues el señor Amaro me comentó su asunto y a la vez me dijo (literal) "pero, claro, para esto es mejor un abogado privado que uno del turno. Perdóname porque tú has hecho muy bien tu trabajo pero uno privado es uno privado. Los del turno... No. Pediré dinero a mi familia y buscaré y costearé un letrado privado y bueno." Le expliqué pacientemente que los letrados tenemos el mismo bien hacer de una manera u otra y los mismos conocimientos de una manera u otra y que, los profesionales, seamos de la rama que seamos, ponemos el mismo empeño en nuestro trabajo nos pague públicamente el estado o nos pague un cliente privado. El señor Amaro sonrío y me dijo que sí pero no. No se fiaba. Aún así le dije que era una de las materias que dominaba y que podía estudiarlo si él lo consideraba. Me insistió en que no, que los letrados del Turno de Oficio para eso no sirven. No volví a explicarle lo de siempre porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y volver a repetirle la cantinela de que yo (y todos mis compañeros) trabajamos también de modo privado también ya me cansaba. El señor Amaro me conoció a través del turno, me etiquetó y fin. Ahí quedó la cosa.

Un tiempo después, más o menos quince o veinte días, recibo una llamada en el teléfono fijo del despacho preguntado por mí. ¡Sorpresa! Era el señor Amaro. No se acordaba ni de mi nombre o no relacionó nombre con rostro, pero hubo preguntado e indagado por un letrado "privado y bueno" que supiera tramitar su asunto de derecho inmobiliario y varias personas, compañeros algunos, conocidos otros y otras ni idea, lo remitieron a mí (cosa que me enorgullece y agradezco, si no lo dijera mentiría). Le di cita para pasados unos días. Al instante sonreí malvadamente y tracé mi plan. Os podéis imaginar. A lo mejor hace unos años (y tampoco lo habría hecho porque me conozco) habría tragado carros y carretas por llenar la nevera aún a pesar de un cliente que desprestigiase a un colectivo, como éste hizo respecto al de los Letrados del Turno de Oficio, pero ahora que, gracias a Dios, ni tengo por qué doblegar mi moral, ni faltar a mis principios, ni llenar la nevera más de lo necesario siempre que mi mujer y mi hija tengan pan, es cuando sí que sí no lo iba hacer. Se iba a enterar el señor Amaro. Se iba a enterar bien de lo que vale un peine. Y de lo que cuesta un letrado.

Llegó el día. Sonó el timbre y abrí la puerta. Al verme cara a cara el señor Amaro dijo "¡Anda! Pero si eres tú...". Lo invité a pasar a mi despacho y a que se sentase. Tan contento él me iba a explicar su problema y a llenarme la mesa de documentos. Ni lo dejé. Le pregunté primero que cómo había dado conmigo y a través de qué recomendaciones. Me dijo mil piropos y alabanzas. Sin cambiar mi rostro pétreo le pregunté que si tanto desconfió en su día del letrado del turno de oficio que lo atendió cuando estuvo detenido y tuvo un percance penal que ni recordaba su nombre, pues resulta que hube sido yo y que, además de solventarle aquello, tras haberle recomendado varias personas que acudiera a mí en este nuevo problema, recomendándome y diciéndole cómo me llamaba, ni se acordaba y hasta que me vio no supo quién era. Le cambió la cara. Me dijo "hoy vengo como cliente privado" con un tono entre querer cortejarme y pedirme disculpas a la vez. Y llegó el momento esperado. Con la venia de todos mis compañeros del Turno de Oficio, le solté: "Y yo hoy, como abogado privado, le digo que si no confió en mí como letrado del turno de oficio no entiendo por qué lo haría como letrado particular". Se quedó blanco como la paloma de la paz. "Así pues, señor Amaro, ya puede salir de mi despacho y mucha suerte en la búsqueda de un letrado privado y bueno que se haga cargo de su asunto. Quizás si me hubiera llegado por designación del Turno de Oficio le habría atendido. Adiós y gracias". Recogió sus bártulos y se fue. Le hice venir sólo para ello. Y me quedé tan ancho. ¡Ya está bien, hombre! Visto para Sentencia.

sábado, 28 de noviembre de 2020

OCHO AÑOS DE RINCÓN

A decir verdad no recuerdo bien qué me llevó a ello. Por aquel entonces afloraban espacios como éste y decidí sumarme a ello, no sin dudas. Expresarse muchas veces a corazón abierto conlleva mostrarse tal y como uno es, pero, claro, ¿qué temer? Quien teme algo esconde. Y yo no escondo nada. Así es que entre eso, dedicar unas líneas de entretenimiento y, a poder ser, alguna enseñanza curiosa al personal y valorando que, además, recogería vivencias y recuerdos míos que luego podría rescatar en un futuro y volver a revivir, decidí crear el Rincón. Tenía claro que no iba a ser un blog cofrade tal cual como muchos pensaron que era y/o sería cuando vio la luz. Las cofradías me apasionan pero también amo el Camino de Santiago y me gusta hablar de curiosidades. Además, me encanta mi tierra, sus costumbres, sus gentes, sus lugares y convivo junto a todo ello alimentándome de tradiciones y raigambre. Fijo que algo escribiría de eso. También soy muy futbolero y ese tema siempre tiene alguna salsa en la que mojar, a veces picantona y otra veces dulce. Y no descartaba aventurarme a contar, de vez en cuando, alguna vivencia digna de ello, alguna cosa de la vida en general. Todas esas temáticas antes referidas son mis mayores pasiones y quedarían sus retazos almacenados en mi "periódico de internet", como decía mi abuela, en un pequeño rincón cibernético que podría visitar quien placiera. Así nació y tomó el nombre "El Rincón de mis Pasiones".

En su momento me preguntaba hasta dónde llegaría el tecleo en la alacena de entradas pues en ocasiones tenía muchas cosas que contar y otras ninguna. Y, sin embargo, voy ya por el octavo año y tengo ganas de seguir. Me gusta. Me impongo la obligación de contarme y contaros cosas como las que escribo. No sé si todas os atraen o no, si tengo lectores de varios tipos dependiendo de la etiqueta de la entrada, si os sentís cómodos en el Rincón, etc, pero sé que a día de hoy hay prácticamente 145.000 visitas a mi humilde blog. No sé si para un blog como éste son muchas o pocas, pero me alegra que este espacio siga vivo. Recibo unas 1.200 visitas al mes, lo que significa que unas cuarenta veces por día hay personas que pasean por aquí. Y eso me reconforta. No por orgullo ni amor de padre a mi pequeña creación sino porque me entrego a vosotros, verdadera alma de este invento, en cada entrada que escribo. Os imagino leyendo las líneas que derramo y, dependiendo del tema que sea, sonriendo, con rostro simpático, riendo, reflejados en lo que narro e incluso, algún día, con los ojos humedecidos. Desde el primer minuto dije que os haría partícipes y mi blog es vuestro. Al menos así lo siento. El Rincón lo escribo yo para mí y para vosotros. Y sin vosotros perdería el sentido pues pasaría de ser un ágora de charla y compartimento a ser un mero diario o anecdotario. 

Yo mismo disfruto leyendo entradas antiguas y estoy pensando en ir recopilando todas y guardarlas en casa en formato físico. Me conozco y veo reflejado en mis líneas los estados de ánimo por los que he pasado y los momentos de la vida en los que escribía una cosa u otra y, efectivamente, noto en la lectura cómo plasmaba inconscientemente ciertos sentimientos o cómo trataba de camuflarlos. Al fin y al cabo forman parte del juego de la vida esas subidas y bajadas, si el camino fuese siempre recto sería monótono. Seguramente también mi gente muy cercana identifique de lo que hablo al leer esos retazos plasmados en el Rincón y, lo mejor, es que muchos, fieles a leerme, incluso me han conocido más y/o mejor gracias al blog. Y como antes decía, ya son ocho años así y tengo ganas de seguir. Me preguntaba si estaríais cómodos por estos lares pero lo que afirmo es que yo sí lo estoy. Me agrada.

Pues eso venía a contaros, amigos. En un año para olvidar como es éste, sigo teniendo ilusión por contar cosas y dejarlas por escrito para el futuro. Seguro que cuando pase un tiempo y relea, releáis, releamos, estas entradas del año 2020 en que el Rincón cumplió ocho años de edad justo cuando estalló la pandemia, lograré y lograremos recordar algo positivo y, Dios lo quiera, miraremos el pasado incluso con cierta ternura por haber sabido enfrentarnos hoy a él y salir airosos. Y espero que hayan pasado de nuevo casi dos lustros y todo esté en orden salvo aquello que, inevitablemente y por ley de vida, haya de ocurrir para bien o para mal y esté fuera de nuestro control. Ojalá cuando lleguen esos tiempos escriba que este "periódico de internet" cumple quince años. Y que hubo un tiempo en que la vida normal desapareció de nosotros y se llevó por delante muchas almas y, poco a poco, logramos reponernos y recuperar lo que era nuestro. Y se llenen de júbilo las calles cada Domingo de Ramos. Y no falten peregrinos en ninguno de los albergues del Camino. Y rebosen de limoná los lebrillos y se vista Ciudad Real de manchega con pañuelo de hierbas. Y siga teniendo, como decía, mil ganas de escribirme y de escribiros. Y vosotros de leerme. Ocho años de Rincón. ¡Que sean muchos más! Gracias a todos.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

¡¡¡ESPAÑA!!! ¡POM, POM, POM!

He vuelto a ilusionarme. Retumba en mi cabeza el mítico grito de ánimo de Manolo "el del bombo" alentando a nuestra selección. Los que ya tenemos cierta edad y avanzamos más o menos por el ecuador de nuestras vidas recordamos muchos momentos futbolísticos de nuestro combinado nacional. No, el combinado nacional no es el "dyc - cola" en este caso. Se trata del equipo que defendiendo los colores de nuestro país se bate en reglamentario y legal duelo deportivo contra otro equipo que hace lo propio. Ojo, que para ver esos eventos, a los que no gusta la guasa, nos tomamos unos combinados nacionales después de comer, pues también. Y nos alegramos un poquito. Pero, a lo que iba, que históricamente los recuerdos eran amargos. Véase el codazo de Tasotti a Luis Enrique cuando nos jugábamos llegar a las semifinales del Mundial USA´94, el robo con mayúsculas que nos hicieron en cuartos de final del Mundial de Corea y Japón en el año 2002, precisamente contra Corea, a través de aquel árbitro llamado Al-Ghandour, en Francia´98 que no pasamos ni de la fase de grupos y encima perdimos el último partido contra Chipre, etc. Y ayer volví a ilusionarme. Jamás en este mundillo del fútbol internacional nuestra humilde selección se habría visto capaz de endosarle una manita a la todopoderosa selección germana, siempre a la cabeza en estas lides del balompié. Ni siquiera en los gloriosos años de la triple corona, Europa-Mundial-Eurocopa, en los que España dominó futbolísticamente el continente y el mundo, habría sido esperable tal resultado. Y, sin embargo, sin aguardarlo, estos chavales con savia nueva, en un partido oficial y para nada amistoso, subieron al luminoso un histórico 6-0 a su favor. Punto, juego, set y partido para España.

El partido decidió meterse en los anales de la historia del minuto uno. De hecho, al descanso ya era tal la superioridad de España que Alemania ya perdía por tres a cero. Jamás se había dado ese hecho. ¡Alemania al descanso perdiendo por tres goles! ¡Y sin anotar ninguno! Pues sí. ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom! Desde siempre ha parecido una proeza doblegar a los germanos y más con el refuerzo moral que los rodea por su historia y el aura de protección que parecen tener desde la frase de Gary Lineker: "El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania". Pues mire usted, ya les hemos ganado alguna vez, precisamente una fue impidiéndoles llegar a la final de un mundial con un soberbio testarazo de Carles Puyol, mundial que más tarde nos llevo a la gloria futbolera en aquel verano de 2010 en Sudáfrica en el que España levantó la Copa del Mundo y, tras esa, inolvidable, la victoria de ayer ya está escrita también con tinta de oro. La medicina de los nuevos jugadores españoles que los vacunó por seis veces. Sí, sí, seis veces tuvo Neuer que sacar el balón de sus redes ante el estupor de sus compañeros y grandes del fútbol como Kroos, Sule, Gundogan o Sané. Poesía pura. Una exhibición a nivel mundial ante uno de los huesos más duros del panorama futbolero, comandado por, nada más y nada menos que, Joachim Löw, excelente técnico con el que Alemania ganó su cuarta copa del mundo.


Y he vuelto a ilusionarme, decía. Porque todo fue de dulce y no puede haber ni un demérito a la actuación de nuestros hombres. En absoluto. Todo fue mérito suyo. No es que ganasen a una Alemania decaída, no. Es que barrieron de principio a fin a una de las selecciones que siempre está en los puestos de cabeza del ránking mundial. La pequeña y humilde España, descontando sus años de gloria que culminaron con dolorosas eliminaciones posteriores, plantó cara a esos once hombres que siempre ganan y les pegó tal meneo que los apeó sin dudas de la Liga de Naciones. El cisma que se ha montado en Alemania por tal derrota histórica no es pequeño. Y no es exageración mía, ahí tenéis diversas noticias de prensas distintas en color, olor y sabor que concluyen igual: baño de España, meneo histórico, debacle germana, etc. ¡Qué grande, joder! ¡Qué grande! ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom! Esta victoria es tuya, Manolo, tuya y de tu bombo. También es tuya hostelero que pones el fútbol en tu local para que la parroquia lo vea mientras se toma un chato de vino y unas aceitunas. Y también es tuya, españolito de bien, que con tu trabajo mantienes vivo este país y te sobra energía, ánimo y fuerza para animar y creer otra vez en la Roja, en la selección, en el combinado que nos ha dado más penas que alegrías pero que cada alegría que nos regala vale por ciento cuenta penas.

Ya no queda casi nadie de aquel once que todo aficionado futbolero repetíamos a modo de "Con dos cañones por banda, viento en popa a toda vela...". Empezaba por Iker Casillas y terminaba por David Villa. Ya no están los Xavi, Iniesta (de mi vida), Alonso y compañía. Ahora están los que entonces eran mirlos y hoy son los aguerridos merecedores de vestir la elástica nacional. ¡Viva la madre que os parió! Ahora está Koke Resurrección a los mandos del tiempo del centro del campo, Gayá y Sergi Roberto a las bandas y Ferrán Torres, Morata, Rodri, Dani Olmo, Unai Simón y todos ellos, dueños y señores del balón, al igual que el resto de jugadores que engrosan la lista de Luis Enrique, el seleccionador. Hombres que son gente de bien y de orden y que tienen hambre de títulos. Y Sergio Ramos de la vieja guardia, todo hay que decirlo. Una hornada que es capaz de hacer cositas tan de altura como la mayor derrota sufrida por "Doña Alemania" en partido oficial. Hat trick de Ferrán Torres, otro de Morata, otro de Oyarzabal y otro de Rodri. Seis a cero, sí. Lo leen bien. Así fue. Seis a cero de España a Alemania. ¡Cagüen diez que cosa más grande! La mayor goleada de la historia a una selección que ha sido campeona de mundo. Este combinado nacional nos ha vuelto a ilusionar a muchos aficionados. ¡Y brindo por ellos con otro combinado en la mano! ¡Vamos! ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom!

jueves, 12 de noviembre de 2020

¡CUÁNTO OS ECHO DE MENOS!

Hoy estaba colocando ropa en el armario y los he visto. Limpios, planchados, apilados, preguntándose qué ocurre que ya no los uso y llevan casi año y medio sin tocar las divinas maderas que tantos momentos de gloria y sentimiento nos regalan. Todos mis costales estaban allí. A su vera se encuentran un par de fajas y siete u ocho camisetas de tirantes para desarrollar el oficio. Cuatro lágrimas me han caído. Dos por las mejillas y dos resbalando por el corazón y el alma. Ya no soy un chaval y cuando volvamos a meternos bajo los pasos no me quedará mucho tiempo para poder entregarme a los zancos como yo quiero. Este malnacido virus me está robando el ocaso de mi trabajo como costalero. Maldito sea. Maldito sea por siempre. Se ha llevado vidas que jamás volverán a ver el vaivén de unas bambalinas por la calle. Ha cerrado ojos que nunca verán de nuevo la levantá de un misterio a los pies de la Patrona. Ha destrozado familias que ya no podrán volver a juntarse en la mesa un Viernes Santo mientras suenan cornetas por las calles. Las cofradías... Mi esencia de vida. ¡Cuánto os echo de menos! Me traéis recuerdos de infancia, olores de barrio del Perchel, madrugás de silencio y frío, callejeos por Sevilla, sudor de costalero, tiempo de Glorias y amigos, charlas casi a diario y también pescaíto frito. Sois una parte tan importante de mí que quisiera tocaros como a un amigo y abrazaros en los momentos precisos. Pero para eso hace falta salud y una normalidad que antes desconocíamos. Lo normal era normal y no tenía otro sentido. Y ahora resulta que lo normal era lo divino. Poder igualar, estar bien juntitos, programar los ensayos, ir a los pregones, disfrutar de agrupaciones, de viajes, de excursiones y luego, durante el resto del año, hacer mil reuniones sin mirar cupo de asistentes para recordar los sueños vividos.

Un año hará en Navidad que no voy a verte, Mamá. ¡Qué cercano me queda San Gil y a la vez qué lejano! Sé que en esa muralla puso la hermandad su alcazaba y desde allí repartes Esperanza. Me llega hasta el alma desde el Arco donde emana desde tu carita morena la Esperanza, la Esperanza y la Esperanza. No te olvides de nadie, por favor. Cuando miro el cielo perchelero de mi barrio de Santiago veo reflejos de Siviglia y Compostela y las tres bóvedas celestes que Tú aúnas se llenan de tu nombre, Macarena. ¿Cuándo será Madrugá de nuevo y caminará el Señor de la Sentencia a los sones de un Hidalgo que ya se encuentra a su vera escoltado por un mar de plumas blancas en otra nueva primavera? El que espera, desespera y el que viene nunca llega. ¿Cuándo el látigo del sayón se bamboleará al viento una tarde noche de Miércoles Santo mientras la Bondad abre camino al Consuelo? Fui un dos de Octubre a verte y estaba tu puerta cerrada. Pero supe y sé que tras la misma estabas Tú y con eso me bastaba. Seguían flotando por el altar aquellas palabras que decían "¿Quién, mi hermandad, te pregone que tenga buen pregonar?". ¿Te acuerdas, Papá? Cuando la hermana más pequeña de tu cofradía tenía un mes y cinco días, juró tus reglas y luego subía su padre al atril a ponerle voz a la hermandad. Y hoy hago gala de esa frase que tanto me gusta: sueño con lo vivido. Pero sí, quiero volver a vivir lo soñado. ¡Qué chicotá más dura! ¡Qué relevo tan largo!

Y, ¿qué hay de ti, amigo carmelitano? Arrié tu zanco en el Carmen despidiéndome de tu soledad, esa misma que hace amarte y pregonarte. Al año siguiente te vi con la túnica blanca, como la del Rabí de los Ángeles. Y recordé todo lo vivido a tu vera. Y mira por dónde, el destino y la amistad me llevaron de nuevo a tus maderas. Un trabajo bien hecho, cimientos de savia nueva. Este año me habría despedido de nuevo. Mi cerviz comienza a estar vieja. Y este ladrón de besos y abrazos, como el buen Quimet lo llama, no me dejó tan siquiera derrochar mi casta cofradiera y acunarte por vez última en mi costal de rota arpillera. ¡Llega de nuevo, Martes Santo! Que resuene la madera cuando el muñidor llame a la puerta por vez tercera. ¿Cómo me voy a ir de tu cuadrilla nueva sin pasearte de nuevo por la Ciudad Real señera? Déjame despedirte, no prolongues la espera. No aumentes las penas aunque las lleves por nombre, Señor. Tu junta ya no es la que era, ni tampoco tu terno negro, pero Tú sigues andando solo, caminando muy sereno, con largo compás costalero y por eso yo te quiero. Miro las noches de antaño cuando tenías un andar perchelero y más de veinte años han pasado de esos recuerdos ya viejos. Ahora eres Rey de un convento y yo he sido tu costalero. ¡Te echo mucho de menos!

Con el trabajo bien hecho que sea Domingo de Ramos. Mi gente de oficio bueno, mi agrupación tras el paso y mi colegio un revuelo de capillos color azul igual que el cielo. Recién estrenada la Semana Grande y por delante el izquierdo con todos los sueños venideros. Esta levantá por los más pequeños que me gusta a mí salir de relevo y ver al divino Rabí contemplar sus rostros traviesos. Juventud entre sus filas y un paciente pavero que les da estampas y caramelos. ¿Quién nos robó el momento de reencontrarnos de nuevo? Salud te necesitamos. Demuestra tu poder eterno. Tu eres fuente de vida, llévate este tiempo lejos. Hazles un hueco en tu palio a los que no te verán de nuevo. Entiéndeme, no te verán sobre costaleros, porque verte te ven a menos de un metro. Están en tus cirios, tus manos, tu rosa y tu candelero. Guíñale un ojo a Sevilla y reparte también la Esperanza. Perdóname, Madre mía, soy tan macareno que en toda luz veo su cara menos en el Consuelo de mi alma. Los palios que a mí me demandan son el de las mariquillas verdes repleto de Esperanza y el de los faldones granates con el puchero en su cara. Uno porque es al que llamo Madre y el otro por ser el de mi juventud e infancia. No por ello me olvido del palio azul y plata que navega por la calle de Altagracia... Siempre ha sido especial para mí y para los de mi casa y barriada. Y en todos también estás Tú, Salud, desprendiendo tu gracia. Dile a tu Hijo, al Rabí, al de la mirada amada, al que reparte Bondad con su espalda flagelada, que vuelva pronto todo, que quiero ir a San Lorenzo y decirle Abbá y sonreírle a su zancada. ¡Cofradías de mi vida y mis anhelos! ¡Cuánto os echo de menos!

lunes, 26 de octubre de 2020

DE LOS DÍAS QUE NO HAGO NADA Y ME AGOTO

Es tremendo. Hay días que no hago nada de lo que quería hacer y termino reventado. A ver, ¿quién me lo explica? El día de antes compruebo la agenda. Juicio a las 11;30. El resto de las horas en blanco. Sonrío y pienso que tendré tiempo para poder organizar los expedientes, estudiar algún caso que tenga atrasado, arreglar en casa el grifo que gotea, dejar comida hecha para el día siguiente, jugar un rato con mi hija y pasar algo de tiempo con Gemma. Me acuesto contento y deseando amanecer para iniciar las tareas. No suelo tener muchos días casi sin apuntes en la agenda y hay que aprovecharlos. Además, con el rollo este de la pandemia me he visto obligado (como todo hijo de vecino) a recortar bastante vida social y aficiones, de modo que, con más motivo aún, las veinticuatro horas que se avecinan serán casi todas útiles para hacer todas esas cosas que siempre carecen de hueco en la rutina de los días que rellenan todas las horas de la agenda. ¿Y sabéis qué? Que esos días que tanto tiempo parece que me van a regalar al final lo que me regalan es un palizón y las cosas pendientes siguen sin hacer. Seguro que os sentís identificados. Os cuento.

Las 07;15 de la mañana. Suena el despertador. La chiquitilla ya se ha ido a trabajar. Está de turno de mañanas y abre a las 06;30. Claudia aún duerme plácida. Me levanto y preparo las cosas del cole. Hoy es martes y toca bocadillo para el almuerzo. Le hago un sandwich de philadepia con jamón de york que le encanta, se lo pongo en su tupper favorito junto con la botella de agua de la Patrulla Canina y, todo ello, a la mochila rosa de Minnie Mouse. La mochila amarilla de Snoopy es para ir a Inglés. Pongo el vaso de leche en el microondas listo para calentar minutos después. Desalojo el lavavajillas que pusimos anoche y orquesto la comida que haré a mediodía. Lomos de atún encebollados con tomate frito. No tardo mucho en hacerlo y nos gusta a todos mucho. Tras ello, me visto, por fin. Me pongo el traje y dejaré que me elija la corbata Claudia. Le gusta hacerlo y se ríe. Despierto a mi pequeña. A sus tres añitos ya le gusta remolonear en la cama. La lavo, la visto, le doy de desayunar y le cuento que hoy la llevo yo al cole y también la recogeré y enseguida ya viene mamá con nosotros a comer. Mientras tanto desayuno yo igual que un pavo puesto que ya son las 08;25 y empezamos a ir regular de hora. Hay que estar a las 08;45 entrando al cole. Me lavo los dientes, me anudo la corbata y bajo con Claudia a la cochera. Saco el coche y rumbo al colegio.

Miro el móvil. Las 09;15 y estoy abriendo el despacho. Genial. La niña en su clase, Gemma trabajando y yo al lío. El coche ya lo he dejado aparcado cerca del juzgado para cuando salga luego ir a Mercadona a comprar, dejar las cosas en casa e irme a recoger a la peque. Bien. Voy "on time" como dicen los británicos. Repaso el juicio de hoy, respondo los correos, atiendo llamadas, el cartero me trae correo, me llaman un par de clientes al móvil, descargo las notificaciones de LexNet, redacto un escrito de trámite, hago un apoderamiento apud acta on line y encargo otro poder en Notaría. Son cosa de poco pero, ¡leche! se comen el tiempo sin avisar. Ya no voy tan sobrado como esperaba hoy. Cuando me quiero dar cuenta no he podido imprimir lo que quería, no he logrado organizar los expedientes y ya voy con la hora pegada para llegar a tiempo a la sala de vistas. Cierro el despacho deprisa y corriendo y tiro para el Juzgado. He quedado con el procurador y el cliente a las 11;15 en la puerta. Ya organizaré los expedientes cuando pueda y a los que tengo atrasados les daré prioridad. Media mañana ya y no he hecho nada de lo que quería y, sin embargo, no he parado. El Juzgado, como prácticamente siempre, va con retraso. Joder. Mi juicio que era a las 11;30 al final comienza a las 12;30. Una hora de reloj vagabundeando por los pasillos y pensando que podía estar haciendo mis cosas y, encima, ya no voy a poder ir a Mercadona hasta por la tarde. Salgo del pleito a las 13;20. Juicio duro y peleón. Dos testigos inesperados y el Fiscal de mala leche. Va pesando la mañana y en menos de media hora sale Claudia del cole. Corro a por el coche y pongo rumbo al centro escolar de la pequeña. Logro aparcar cerca y a las 13;45 en punto sale corriendo a abrazarme. Nos vamos juntos a casa y promete ver dibujos animados sin dar guerra mientras me quito el traje y hago la comida. El atún nos aguarda. Las 14;00 en punto. Ya iré a Mercadona esta tarde y después arreglo el grifo. Con suerte incluso puedo jugar al pádel a las 21;30. Corto la cebolla, echo aceite a la sartén y me pongo el delantal. ¡Vamos allá!

Son ya las 14;45 cuando se abre la puerta de casa y llega la chiquitilla. ¡Hola mamá! Claudia y yo la saludamos al unísono. Corre, cámbiate y vente a la mesa que se enfría la comida. Esa media horita disfrutamos los tres juntos. Es raro. Tenemos horarios tan cruzados y dispares que esos ratos son la gloria. ¿Conciliación familiar? ¿Qué es eso? A esos de las Cortes los ponía yo a vivir como vivimos el común de los mortales. Terminamos de comer. Gemma y yo recogemos la cocina, charlamos un rato y le digo que no he podido ir a comprar que a las horas que son, las 15;30, no me voy a poner a dar lata con las herramientas para cambiar el grifo puñetero. Intentaré hacerlo a media tarde. Suena el móvil. Un cliente. Sí, no os asombréis. La gente cuando tiene un problema repentino ni tiene respeto, ni sabe de horarios, ni nada de nada. Llama a su abogado y punto. Mis compañeros de profesión pueden adverarlo. Total que a las 16;30 me tienes en el despacho otra vez porque le urge mucho y es un asunto delicado. Mal vamos. Más de medio día ya ha pasado y no he hecho absolutamente nada de lo previsto. Salgo del despacho y son las 18;15. Llamo a Gemma y me dice que está en el parque de al lado de casa con Claudia jugando, que intente ir un rato con ellas. Le digo que voy a ir a casa, me voy a quitar ya el traje, la corbata y la indumentaria de letrado y voy a ir a Mercadona, por fin, que si no al final no compro. Lo siento, no doy más de sí. Sigo pensando que era el día idóneo para haber organizado los expedientes y al final se me escapa esa tarea. ¡Y no he estado perdiendo el tiempo! No lo entiendo.


Con la tontería son las 20;15 cuando llego a la cochera y subo la compra a casa. Gemma ya está bañando a la niña. Coloco todo en su sitio mientras tanto y llamo a casa de mis padres un rato a saludarlos y saber cómo están. Hablo quince minutos con la chiquitilla y me dice que me nota cansado, que si el día ha sido duro. ¿Ha sido? No ha terminado pero le queda poco y no he hecho nada de lo que pretendía. Duro no sé pero son las 21;00 y voy a ver qué hago de cena. ¿Qué te apetece a ti? La chiquitilla me dice que se tomará un tazón de leche con cereales y se irá a la cama. Está levantada desde las 06;00 y está rendida. Mañana otra vez el mismo horario. Total que a las 21;30 me voy a tomar una ensalada y una tortilla francesa. A esta hora podría estar jugando al pádel... Hoy no tenía mucho lío. ¡Bah! Otro día. Otro día de estos que la agenda esté casi vacía, organizo los papelotes del despacho y orquesto un partido de pádel a las 20;30 para no terminar tan tarde como suelo. Trasteo el móvil en la soledad de la cocina. Whatsapp, Facebook, Instagram y Twitter se llevan sin darme cuenta tres cuartos de hora entre todos. ¡Andando! Las 22;45. Ya se me ha ido el día. ¡Mierda! ¡El grifo! Joder, joder, joder... Hace una semana que compré la válvula y la junta a cambiar y todavía no lo he hecho. ¿En qué he gastado mi día, Dios mío, si la agenda estaba vacía hoy menos el juicio de las 11;30?

Me voy al salón. Pienso que no he hecho absolutamente nada en todo el día. Me enfado conmigo mismo. Para colmo estoy rendido. Cojo un libro del Camino de Santiago. Lo añoro. Quiero reencontrarme con él a diario. Allí sí que me cunde el tiempo. Claro, me levanto a las seis de la mañana. Sí, pero a las diez de la noche estoy acostado. Entonces, ¿qué hago mal los días como hoy que tengo tiempo y no soy capaz de hacer las tareas que me propuse? Me funciona la mente más rápido que el cuerpo y no me entero ni de lo que leo. Sin darme cuenta he dejado el libro del Camino y he cogido otro que siempre me saca una sonrisa: "Sin noticias de Gurb". El reloj de la pared marca las 23;50, bostezo incesantemente y se me caen los párpados. Aguanto un poco más el libro me gusta, pero cuando soy consciente de que estoy pasando hojas casi por inercia y tengo que retroceder cada dos por tres varios párrafos porque he perdido el hilo, decido dejarlo. Me meto en la cama al fin. Jesusito de mi vida, cuatro esquinitas tiene mi cama, alarma del móvil puesta a las 07;15. Quedan para dormir seis horas y cuarenta y cinco minutos. Estoy agotado y no he hecho nada en todo el día: ni organizar los expedientes, ni dejar comida hecha para otro día, ni haber jugado con mi hija en el parque, ni nada. Y, en serio, no he parado y tenía el día casi libre entero. ¿Me lo explicáis? En fin, seguro que os pasa también a vosotros. ¡Hasta otra! Sí, prometo ya haber arreglado el grifo cuando vuelva.

miércoles, 14 de octubre de 2020

ALGUNAS ANÉCDOTAS QUE ME OCURRIERON EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Hoy tengo ganas de recorrerlo, de estar en él, de sentirme sólo en mitad de su trayecto, de descorchar una botella de sidra con peregrinos que seguramente jamás vuelva a ver, de intercambiar palabras con alguien de quien no conozco ni su nombre, de horadar con mis pisadas sin saberlo una piedra que ya han pisado miles de personas, millones tal vez, de bajar hacia Roncesvalles, de subir al Alto del Perdón, de divisar Burgos, de coronar la Cruz de Ferro, de recorrer sin vuelta la escalera de Portomarín, de meter los pies en las frías aguas que nos brinda Ribadiso y de llorar, otra vez, de alegría y tristeza conjunta al llegar al centro de la Plaza del Obradoiro. ¡Cuánto te quiero, canalla! Te recuerdo y me vienen a la mente también anécdotas imborrables, de las que por más que las repita siempre me arrancan la risa, de las que me hacen desearte aún más y combatirlas in situ, aunque cuando ocurren sean quisquillas pero por dentro se liguen entre los nervios y la sonrisa. Y estos días que estoy en la lucha contra los imprevistos y el calendario para verte de nuevo, que he vuelto a las andadas del pensamiento y de las piernas, que me quiero aprovisionar de telas para nuestro reencuentro porque será gélido no por nosotros sino por el tiempo, me bullían en la sesera algunos recuerdos que debía plasmar para vivirlos de nuevo. Anécdotas del Camino...

Año 2010, Año Santo Xacobeo, cuando nos conocimos donde la Plaza de Quintana rebosaba gente para abrazar el busto de Santiago. Y debe ser ésta la primera anécdota. Entre cientos de peregrinos con sus ropas viejas que hacían cola para pasar a la Catedral me encontraba yo, vestido de traje y corbata, recién salido del Juzgado de la Coruña y aterrizado en Santiago en autobús. Ni un kilómetro andado y era el objetivo de las cámaras como cuando se cuela un garbanzo en un saco de lentejas. "¿Y tú qué haces aquí? ¿De dónde vienes así vestido? A ver cómo te explico...". Cuando ese mismo año, en Septiembre, llegué yo a Santiago tras mis cinco primeras etapas, (cinco nada más que no sabía si las aguantaría, cinco nada más que no sabía si te querría o te odiaría, cinco nada más que me vence más la duda que la aventura, cinco nada más que ya las he recorrido más de cinco veces después empezando muy atrás, cinco nada más que grabaron a fuego en mi alma mi querido caminito de Sarria a Santiago), me puse en la cola de nuevo. Ya estaba como ellos, vestido de peregrino, con los pies cansados y la ropa entre más usada que vieja. Me vi a mí mismo meses atrás en esa cola vestido de traje y me reí lo que no está escrito. ¡Vaya nota dí! Comencé a sonreír, a querer ahogar la risa y terminé entre carcajadas yo sólo y mis motivos. Risa contagiosa que se fue expandiendo. Una peregrina me preguntó: ¿de qué te ríes tanto de golpe? Y le dije que de mí mientras seguí riendo y le contaba el por qué. No sé si se quedaría muy conforme pero al rato me señalaba y se reía la gente con la que hablaba. ¡Lo que hace ser el nuevo! Anécdotas del Camino...

Camino Aragonés. Verano de 2018. Unos pueblecitos con una media de cuarenta habitantes cada uno. Ni miento ni exagero. Ahí están las guías. Llegamos exhaustos a Arrés, un pequeño municipio de Huesca que está escondido en el Monte Samitier. El albergue lindaba con una pequeña plaza a sus espaldas donde se había preparado un escenario y algunos altavoces grandes. ¿Esto qué es? Son las fiestas del pueblo y esta noche hay jaleo hasta las 04;00. ¿Cómo? Me voy de aquí. ¿Cuál es el siguiente pueblo? Uno que se llama Martés, no tiene albergue pero hay una casa rural llamada la Pardina del Solano. Allá que voy, así aprovecho y me afeito. Y llegué. Y tras amoldarme y demás me puse a afeitarme. A ver, Camino de Santiago, neceser, sólo una cuchilla de afeitar. Importante detalle. Y en una de éstas que sacudo la cuchilla en el lavabo, la muy p.ta se desprende del agarre y se cuela por la tragadera. ¡Mierda! Media cara afeitada y la otra media a medias, dícese, luces y sombras como en los buenos teatros. ¿Dónde voy yo así? Tengo la cara cual tablero de ajedrez y el bigote entre Franco y Cantinflas. ¡Posadero! ¿Hay tienda en este pueblo? Aquí no hay nada. Hasta que no llegues a Puente la Reina no podrás afeitarte bien, vaya cuadro te has hecho. ¿No jodas? ¿Tengo que ir con la barba como un trigal mal segado varios días? El cachondeo va a ser fino... Y así fue. De Martés a Puente la Reina me quedaban cuatro etapas, pasé por Sangüesa entremedias que es pueblo grande y con servicios, pero era Domingo y estaba todo cerrado. Ví las cuchillas desde el escaparate mientras mi media barba se reía. Y no, no encontré donde comprar una mísera cuchilla ni en Artieda, ni en Ruesta, ni en Undués de Lerda, ni en Izco, ni en Monreal, ni en Tiebas, ni en ningún sitio de los que atravesaba el Camino. ¿Qué habrá gente que no vuelva a ver que me recuerde como el medioafeitado? Pues seguro. Pasada la vergüenza inicial me reía hasta yo. Y en Puente la Reina, efectivamente, me afeité cuando ya ni se notaban los trasquiles. Anécdotas del Camino...

Año 2012. Iniciamos la aventura en Ponferrada. Llegados a Palas de Rei nos alojamos en el Albergue Mesón de Benito. Le tengo un cariño especial y dispensan buen vino con el menú. Mi padre y Jesús se fueron a echarse un rato la siesta. Me quedé con Albertucho agotando la botella de vino y la mesonera nos invitó a otra. Danger. Peligro. Pupita. La botella fue menguando a la par que la chispa fue aumentando. Alberto y yo entre risas comentando cosas del Camino, la botella vacía y la mesonera nos dice que de qué queremos el chupito. Es decir, no nos preguntó si queríamos un chupito, dio por hecho que nos lo íbamos a tomar. Correcto. Minipunto y punto para ella. Un fuerte aplauso y el juego del programa. Nos puso un chupitazo de licor de hierbas que para eso estábamos en Galicia. Brindamos, nos lo bebimos y fuimos a lavar la ropa con un estado etilíco-eufórico resultado del cansancio peregrino y de los efluvios ingeridos. Había más gente para lavar haciendo cola y nosotros, muy contentos y afables, nos ofrecimos a lavar la ropa de todos y que se marcharan a descansar. Nos alertó el alberguero de que no metiésemos los ropajes blancos y ya separados junto con la ropa de color pues, aunque en el Camino todo se mezcla en esas lavadoras albergueras, una peregrina hubo advertido de que una camiseta roja suya desteñía mucho. Claro, con la caraja del vino dije "sí, padre" y acto seguido metí todo junto. Cuando Alberto me avisó de lo que había hecho ya era tarde. El bombo de la lavadora giraba ya cogiendo agua. El desfile de calcetines, camisetas, pantalones, calzoncillos, braguitas y tangas que salieron teñidos de color rosa fue digno de ver. Creo que no nos regañaron mucho (tampoco me acuerdo muy bien), fue un percance que subsané con buena fe y algunas peticiones de perdón (si bien me meaba de risa). Los días siguientes cuando en los albergues veía una prenda rosa decía "¡¡esa la lavé yo!!". Y no fallaba. Anécdotas del Camino...

Y podría contar muchas más, pero algunas prefiero guardarlas para mí, otras las saben quienes las tienen que saber, otras quedarán diluidas en el tiempo y otras asaltarán mi memoria cuando ellas quieran regalándome un rato de ocio, nostalgia, recuerdos y sonrisas. Aquella vez que una paraguaya decía que había subido el Cebreiro con sandalias para notar los efluvios de la Madre Tierra... Aquella vez que hice el Camino con mi mujer y fui feliz explicándole en cada sitio mis vivencias anteriores... Aquella vez que harto de pacharán me confundí de litera y me dejé caer encima de un chino, koreano, japonés o lo que fuera... Aquella vez que una peregrina alemana siempre, siempre, siempre, preguntaba cosas raras a Iñaki y éste le respondía "Astorga" a todo... Aquella vez que al llegar a Santiago de Compostela estaba Gemma, mi mujer, con nuestra hija en brazos esperándome en pleno centro del Obradoiro... Aquella vez que en un restaurante no tenían frutica española y mi padre no quiso comer postre... Aquella vez en Carrión de los Condes que con unos vinos de por medio unos bicigrinos sevillanos habían hecho un tramo lleno de chinos gordos y esos eran los del sumo y éste puede ser de pera o de naranja... Aquella vez que... En fin, espero que el Camino y yo volvamos a vernos pronto, antes siquiera que acabe el año y vuelvan a ocurrir algunas. ¿Algunas qué? Anécdotas del Camino...

martes, 22 de septiembre de 2020

LEYENDA DE LA SIRENA DEL CONGOSTO

La Mancha tiene lugares recónditos, parajes que ocultan secretos y sitios desconocidos que guardan leyendas poco sabidas por las gentes del lugar. Y me gusta. Me gusta porque cuando se descubre algún dato de esos suele ser de casualidad y de imprevisto. Una serendipia, vamos. Y así conocí yo la leyenda que hoy traigo a este "periódico de internet" como mi abuela llamaba al blog. Fijáos si la tenía cerca que la misma tiene su origen en el paraje de "El Congosto" y éste se encuentra a escasos ocho kilómetros del chalet que tienen mis padres en Fernán Caballero desde hace más de veinte años y, sin embargo, nunca había oído hablar ni del lugar ni de la leyenda que esconde. Y gracias a la habitual práctica del senderismo, a la que me aficioné hace ya una década, cuando volví de mi primer Camino de Santiago, en Septiembre del Año Xacobeo 2010, descubrí una señal de madera cercana al Pantano de Gasset que señalizaba "El Congosto". Todo empezó, como antes decía, de casualidad. Si bien toda leyenda encierra algo de mito y algo de verdad, pudiera ser que la llamada a indagar sobre ese lugar, querer acercarme al mismo y enterarme totalmente de chiripa de la leyenda que existe, fuese el primer canto de sirena que me llegó de la protagonista de la misma... 

Existe un idílico y bello paraje en el río Bañuelos, situado entre Peralbillo y Fernán Caballero, conocido como El Congosto. El Camino de Santiago manchego, el Camino Teresiano de Malagón y el Camino de peregrinación a Urda pasan a su vera. En dicho lugar siempre hay abundancia de agua incluso en los más duros años de sequía, de modo que se halla allí perenne una bella laguna que en sus entrañas esconde varios enigmas. Jamás se ha sabido qué profundidad tiene con exactitud. Los ancianos del lugar dicen que ha de ser infinita y extraña pues una vez se cayó un carro y nunca más se supo de él. Ni flotaron restos, ni se le vio por más que bajase el nivel de agua, ni nada de nada. Ese enigma de su profundidad ya acrecenta el misterio y la leyenda del Congosto que dice que en la laguna habita una extraordinaria y fabulosa criatura, una sirena que en la Noche de San Juan atrae con sus cantos a quienes la escuchan, los lleva hacia las aguas y mueren ahogados después. Del mismo modo narra Homero en la Odisea que la diosa Circe advirtió a Ulises y sus hombres de las artes de las sirenas. Encantaban literalmente con sus cantos a quienes las escuchasen, haciéndoles ir hacia ellas y, por ende, a su final.

De este modo, la leyenda del Congosto cuenta que en la noche mágica de San Juan, cuando culmina el día 23 y comienza la madrugada del 24 de Junio, cuando se confabulan los cuatro elementos de la existencia, tierra, aire, agua y fuego y cuando las fronteras entre el mundo real y el mágico desaparecen mezclándose lo humano con lo imaginario, la sirena del Congosto sale a la superficie y canta para atraer a quien la escuche. Sólo unos pocos afortunados fernanducos o gentes ligadas al pueblo de Fernán Caballero han logrado verla y regresar al pueblo según cuentan de viva voz nuestros mayores. Así, la sirena que vive en la laguna canta bellamente y atrae con sus cánticos a modo de artimaña a todos aquellos que les llega la melodía, haciendo que se sientan atraídos y encaminen sus pasos hacia el Paraje del Congosto donde ella los aguarda en las aguas. Nefasto encantamiento. Y, es curioso, cuando yo me enteré de la ruta que llegaba hasta tal lugar automáticamente pensé en hacerla y finalmente llegué hasta el sitio un día que ni pensaba hacerlo, ni lo tenía en mente, ni me lo había planteado. ¡Menos mal que no era la noche de San Juan! Aún así, poderosa atracción tiene aquello. Un remanso de agua quieta, pacífica, cargado de secretos y con un aura especial que lo rodea y te llama a visitarlo.

Salí con mi padre a recorrer caminos e íbamos preparados a indagar cuál era la famosa ruta del Congosto pero ni por asomo íbamos a ir en esa escapada. Serviría para preparar la salida definitiva hacia ese bello paraje del río Bañuelos otra mañana. Y hete aquí que andando, andando, andando como atraídos mágicamente, rompiendo el miedo a no atinar con el camino que buscábamos y perdernos en algún lugar de La Mancha, fuimos a dar tras varios kilómetros recorridos con un poste que indicaba "El Congosto, 1,7 kms". Esa distancia ya no era desdeñable y lógicamente decidimos recorrerla pues estábamos al lado. La sirena seguía haciendo de las suyas... Continuamos caminando y sin darnos cuenta nos salimos del camino pero nuestros pasos seguían hacia la laguna. Un tramo campo a través, apareció el camino de nuevo y llegamos. El lugar es maravilloso y se nota que encierra secretos. Estábamos sólos y al acercarnos oímos algo removerse en el agua. ¿Algún pez saltando? ¿Una nutria? ¿La sirena quizás? No logramos verlo y jamás sabremos que fue. Pero pegamos un respingo inolvidable. Y mayor fue el susto cuando de vuelta por el camino a casa observamos que éste es totalmente recto y marcado, sin posibilidad de pérdida. ¿Qué ocurrió en la ida? ¿Cómo nos salimos? ¿Por dónde llegamos al Congosto? Nos lo hemos preguntado cientos de veces y, de verdad, viendo el camino es imposible perderlo y ahí está si queréis comprobarlo. Pero así ocurrió. A lo mejor íbamos encantados por cantos imaginarios mientras la leyenda repiqueteaba en nuestra sesera... Acercaos a ver el lugar, merece la pena y seguro que se os ha despertado la curiosidad. Pero, ¡cuidadito con la sirena del Congosto que toda leyenda guarda algo de fantasía y algo de realidad!

martes, 8 de septiembre de 2020

DE BERENJENAS VA LA COSA




Llovía en tromba. La cofradía suspendió su salida procesional y algunos de los costaleros nos fuimos al bar mientras con pena veíamos como nos tocaba guardar la ropa hasta la siguiente Cuaresma. Era el día de Santa Teresa, el último paso del año que sale a la calle. Desde ese día no ha vuelto a salir paso alguno. Llegó la Cuaresma y con ella el coronavirus. Lleva mi cerviz sin toca trabajadera en procesión más de un año. Increíble. Bien, dicho ese apunte, aquel lluvioso día de Octubre en el bar "El Carmen" estaba hablando con Pablo Herreros, hombre bueno y costalero veterano, de viandas y guisos manchegos, pues a los dos nos une el gusto por la gastronomía de nuestra tierra. Y conversando sobre la conserva y llenar las alacenas para el invierno me dio una curiosa receta de uno de los platos más conocidos por estos lares: las Berenjenas de Almagro. Evidentemente un cocinillas como yo debería probarla y guardé celosamente la receta que a Pablo le hubieron dado unos lugareños de Pozuelo de Calatrava. Y este verano que he tenido la oportunidad me he puesto con ello y ya reposan aguardando su momento para ser abiertos unos hermosos tarros de conserva llenos de berenjenas.





En Fernán Caballero compré cinco kilos de berenjenas para aliñar y me entretuve en arreglarlas una a una cortándoles el rabo en su justa medida y quitándoles las molestas espinas que suelen tener estas plantas. Una tarea entretenida pero en la que no me da pereza invertir tiempo pues el resultado final lo merece. Luego, en una de mis salidas a caminar por el campo, junto con mi padre y mi hermana, tijeras y mochila en mano, fuimos cogiendo unas ramas de hinojo para proceder a cortarlas en palitos y en bisel, de modo que pudieran cumplir su función, esto es, atravesar las berenjenas de lado a lado y clavando en medio un trozo de pimiento rojo, previamente metido en un corte que se practica en el cuerpo de la berenjena. Vamos, lo que viene siendo, embuchar. Pues los cinco kilitos de berenjenas quedaron embuchados y listos para meter en el aliño. Aquí radica la novedad de la receta: en vez de cocer las berenjenas y luego meterlas en tarros con el aliño, se meten sin cocer en los tarros y se cubren de aliño. Y esos tarros se cuecen al baño maría durante el tiempo preciso, de modo que las berenjenas quedan cocidas, aliñadas y cerradas herméticamente a la vez. Jamás las había guisado así y deseando estoy abrir ya uno de los tarros y probar la dureza y sabor de las mismas.


En cuanto al caldito o aliño hay que jugar con la potencia de los sabores, depende de cómo le gusten a cada uno. Hay que tener en cuenta que los ingredientes son todos de sabor muy fuerte y peculiar y equilibrarlos es un arte. Un caldo que conjuga vinagre, pimentón y cominos, entre otras cosas, tiene que hacerse con mucho mimo para que no destaque por encima ningún sabor, así es que me entretuve en ir añadiendo poco a poco y probando el resultado hasta que elaboré seis litros (se dice pronto) de aliño para rellenar los tarros de las berenjenas. Los tarros, por cierto y para los curiosos, son de dos kilos cada uno, de modo que quepan varias berenjenas y sus palitos de hinojo, puedan acoger además una cantidad de caldo aceptable y, a la vez, sean manejables y de cierto tamaño dócil para que quepan en la olla o cacerola para el proceso de ebullición. Y como os voy dejando la receta entre líneas para los avispados lectores, aquí va otro dato a tener en cuenta: los tarros se meten en el agua una vez que ésta ya ha roto a hervir y, desde ese momento, entre veinte y veinticinco minutos dejan las berenjenas óptimas de textura. Cocerlas aparte en una olla conlleva que te puedes pasar de tiempo y queden blandas o que te quedes corto y queden duras. Y además hay que tener preparada agua fría o con hielo para cuando las saques de la olla romperles la cocción, pues puedes haberlas sacado en su punto justo y que con el calor residual que guardan sigan cociendo interiormente y al final se queden blandas.

Y ahora que tecleo desde casa en mitad del teletrabajo, recoger la colada, hacer la comida y cuidar de mi hija, pues eso de la conciliación familiar es un mal chiste y como muchos sabéis Gemma y yo apenas logramos coincidir un rato juntos, veo en el calendario que, entre unas cosas y otras, ya han pasado más de quince días desde que me puse a la faena con las berenjenas. Eso implica dos cosas: 1) que rara vez puedo escribir una entrada en el blog del tirón y tardo varios días, a ratos sueltos, en terminarla y 2) que las berenjenas ya se pueden comer. Así es que esta misma tarde a ver si saco un hueco y voy al campo a por uno de los tarros y me lo traigo a casa y me garantizo el aperitivo durante unos días. Además, en estos tiempos que deberíamos seguir de ferias, verbenas y romerías por estos lares de La Mancha, no hay mejor entrante que una berenjena aliñada y un chato de morapio. Y ya os diré qué tal pero creo que mal no va a ser. ¡Ah! Para los cocinillas os dejo el último punto a saber: además de los ingredientes ya dichos, el caldo lleva agua, ajos machacados y sal. Releed y os correrá el vinagre por las venas. Yo ya estoy salivando pensando que esta noche las pruebo. Y si yo puedo hacer estas cosas, podéis todos. No me refiero a probarlas sino a guisarlas, ¡golfos! ¡¡Hasta otra!!

jueves, 27 de agosto de 2020

LOS VAIVENES DEL FÚTBOL


Me gusta, de vez en cuando, releer mis propios textos y entradas viejas. Me traen recuerdos y sonrisas a mí mismo y, además, me sirven para corregir alguna falta ortográfica que, muy tuna ella, entre tecleos rápidos, odiosos correctores que yerran más que aciertan y lecturas fugaces, se empeña en permanecer en el lugar que no le corresponde. Y mira por donde, hoy releía las últimas veces que escribí de fútbol. En concreto las dos últimas. En la penúltima el Real Madrid volvía a estar de dulce y a ganar partidos casi por inercia. Y en la última, si antes lo digo, el Real estaba metido en una espiral autodestructora de la que no salía ni era capaz de levantar cabeza tras la caída. Y en esas estábamos cuando llegó el clásico en el Santiago Bernabéu, los goles de Vinicius y Mariano al Barcelona, el partido y el liderato para el Madrid, la derrota contra el Betis, el liderato de nuevo para el Barcelona y, ¡tachán! la pandemia del coronavirus. Una montaña rusa en la que el club de Chamartín volvía a lo más alto, acto seguido volvía a caer y para remate se desató una enfermedad a nivel mundial que conllevó la declaración del estado de alarma, la suspensión del torneo e incluso el confinamiento de la población durante prácticamente tres meses. Casi nada. Lógicamente la vida futbolera en su más amplio entendimiento se vio afectada y estrictamente nadie sabía si se reanudaría, si no, en qué estado y cuál sería el ánimo y rutina de su equipo. Los madridistas, acostumbrados a golpear cuando nos dan por muertos y a morder el polvo cuando nos quieren levantar un altar, no sabíamos si, en caso de reanudarse el campeonato doméstico, la senda a seguir volvería a ser la de la victoria o la del fracaso. Tocaba esperar.

Y llegó el retorno, el reinicio o la restauración. El caso es que por una cosa u otra la liga volvió a jugarse y de una manera peculiar. Había que acabar la competición como fuese (cosa que jamás entenderé muy bien por qué) y los mandamases del asunto estimaron propicio poner un calendario en el que los equipos jugasen cada tres días para disputar así las once jornadas que restaban. Y el Madrid decidió que esa liga sería suya. De los once partidos ganó diez de manera consecutiva y empató el último, ya intrascendente pues se hubo proclamado campeón la penúltima jornada. Hoy que lo escribo a toro pasado parece mucho más sencillo de lo que fue, si bien, todo hay que decirlo, hubo suerte en algunos partidos, mucha suerte en otros y una decadencia y acentuado declive en el eterno rival. Lo del Barcelona es otra película pero el final de temporada que ha tenido es bochornoso. Ocho veces bochornoso. Los vaivenes del fútbol. Se pasa de la cima a la base en un abrir y cerrar de ojos. Y además de manera ruidosa y con estrépito. Cuando los jugadores están saciados se nota y la hecatombe es terrible. Me viene a la cabeza la Selección Española, cuando tras ganar consecutivamente Eurocopa, Mundial y Eurocopa en los años 2008, 2010 y 2012, se derrumbó de tal manera que en el siguiente Mundial ni siquiera superó la fase de grupos. Increíble. 

Precisamente ese resquemor lleva un tiempo sobrevolando Concha Espina. El Real Madrid, único en eso, le duela a quien le duela, ha ganado últimamente cuatro Copas de Europa, ganó tres seguidas y, a lo que iba, la plantilla de jugadores era prácticamente la misma. Tras ello llegó la caída. La hubo. Ahí está la reciente historia y la hemeroteca. Y, por supuesto, no debe omitirse el baile de entrenadores habidos y las promesas desde la cúpula de grandes cambios y renovaciones. Pero nada. Ni llegaron grandes cambios ni hubo profundas renovaciones. Quedaron atrás los episodios de la salida de Zidane, quien sabía que habría caída, el fichaje extraño de Lopetegui, su casi inmediata salida, la llegada al puesto de Solari, los devenires de Isco, James, Bale, Marcelo, etc, la vuelta al banquillo de Zidane y mil cosas más que en el mundo del fútbol ocurren en muy poco espacio temporal. Y, ahora, años después, va el Madrid y con esa misma plantilla y aquella vieja guardia, se proclama campeón de la liga más rara de la historia. Son cosas que no dejan de sorprender. Y volviendo al primer párrafo, tras la derrota a manos del Betis, en ese incipiente mes de Marzo que será para siempre inolvidable, pocos habrían apostado que el ganador de la liga 19/20 hubiera sido finalmente el Real Madrid. Yo, personalmente, no lo tenía claro.

Y, finalmente, el Real Madrid campeón de liga. Otra vez. Cosas que pasan y que deben estar ligadas con la historia de una manera que no conocemos porque siempre, siempre, siempre los capítulos más recordados los escribe el Real Madrid. No es que lo diga yo, es que es verdad. Y esta vez ha vuelto a ser así. Me llamó mucho la atención una rueda de prensa en la que el capitán, Sergio Ramos, afirmó en los micros que "Liga del Coronavirus sólo va a haber una y la quiere ganar el Real Madrid". Ese día es cuando supe que el Madrid ganaría. Independientemente de que Zidane ya dijera a principio de curso que su principal objetivo era alzarse con el título del campeonato doméstico, las dudas siempre estuvieron. Pero ese día se acabaron los vaivenes. No era cuestión de ánimo alto tras ganar el clásico o ánimo bajo tras perder con el Betis, era cuestión de que esas declaraciones de Sergio Ramos transmitían que el vestuario quería esta liga, ésta en concreto, la del año de la pandemia, la que pasará a la historia, la de los campos sin público, la que cuando pasen los años se dirá "la liga del año del covid la ganó el Madrid". Y así fue. Lo dice el himno: "Historia que tú hiciste, historia por hacer". Y la liga la ganó el Real Madrid. Costó, hubo suerte (ya lo he dicho antes) y se hicieron los deberes bien. Y aunque días después se tirase por la borda de manera estrepitosa la posible clasificación para cuartos de final de la Champions, el regustillo de esta temporada tan extraña es bueno. El fútbol es así, va y viene, viene y va. Y lo que llevo viviendo estos casi cuarenta años de vida que peino es que el Real Madrid siempre sigue ganando algo aunque venga y vaya. Entre unas cosas y otras treinta y cuatro ligas tiene ya el Madrid. Insisto: no es que lo diga yo, es que es verdad.