martes, 22 de diciembre de 2015

MI DESEO DE NAVIDAD

La verdad es que más que mi Deseo de Navidad es una oración a favor de todos vosotros. Mi forma de expresarlo quizás sea a través de la fe en la más intrínseca de las creencias ancestrales de la vida, y aunque haya quien no crea no por ello lo excluiré de mi deseo. Y esto no tiene nada que ver con la religión. Estas fiestas deseo que se haga en vosotros la esperanza y que os acompañe en aquello que la necesitéis hasta que termine su necesidad y sea ya una realidad. Estas fiestas deseo que no tengáis regalos sino que tengáis sonrisas. Desde el Rincón deseo que no tengáis principios sino finales: el fin de una enfermedad, el fin de una espera, el fin de un problema. Esta Navidad deseo más que nunca que no os toque la lotería a ninguno y que celebréis de verdad el Día de la Salud y así pueda desearos algo de nuevo el año que viene porque os tendré a todos sanos mi lado. Pero, oye, que si os toca algún pellizco bienvenido. Durante estos días no os deseo atracones de grandes productos gourmet sino humildes platos con la mejor compañía.

Mi Deseo de Navidad es un no deseo. No deseo que volváis a cometer los mismos errores que hayáis cometido, no deseo que vuestros ojos derramen lágrimas por la misma causa que ya las haya derramado, no deseo que tengáis infortunios ni adversidades y no deseo que nadie pase por los malos momentos que yo haya pasado este año que ya se va. Mi deseo de Navidad no puede ser más simple que la más pura vida. No os deseo nada malo a nadie y ese es mi mayor deseo.
Pero también mi deseo de Navidad es un deseo verdadero. Sí deseo que sigáis caminando por los senderos de este mundo y os sintáis peregrinos de la vida, teniendo por mochila una familia y por bastón un buen puñado de amigos. Sí deseo que seáis costaleros de este mundo cargando con kilos de felicidad y avanzando chicotá tras chicotá con alegría. Sí deseo que cocinéis un humeante puchero cargado de cariño, amor y buenas intenciones para los vuestros. Sí deseo que se cumplan vuestros sueños y metas y que el horizonte de esperanza se convierta en realidad. Sí deseo que disfrutéis de todo aquello que hoy tenéis y quizás no valoréis como debáis: pareja, cónyuge, hijos, sobrinos, nietos... Sí deseo que compartáis mañanas de Domingo, tardes de paseo, llamaradas de una lumbre y baños en espumosas aguas del mar.

Y todo ello, lo que os deseo y lo que no os deseo, forma en conjunto mi Deseo de Navidad. Y repito que más que un deseo es una oración. Me gustan los rezos con hechos y éste es uno. Y no hablo de religión como dije al principio. Y en caso de serlo sería la que proclamaba un tipo larguirucho, desmelenado, hippie y con redondas lentes que era llamado Jhon Lennon a través de un cántico titulado "Imagine" . Vivid todos la vida en Paz y tened Buen Camino en este sendero que recorremos juntos. Mi deseo de Navidad  y lo que pido por ustedes es que siempre sean felices y sonrían, por favor.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

miércoles, 25 de noviembre de 2015

EL CASTILLO DE DOÑA BERENGUELA

Murallas y Torre del Homenaje
Inmersos en pleno campo de Calatrava, localizamos la población llamada Bolaños, cuya etimología explicaré in fine a raíz de lo que descubrí en la visita al castillo del que hoy vengo a hablaros. Debo adelantar que para mí decir Bolaños de Calatrava es decir recuerdos de la niñez, Virgen del Monte, Ermita del Cristo, amistad, familia y boda. Si bien de pequeño ya visitaba muy a menudo dicho pueblo por amistades que mis padres tienen en él, la vida me deparaba una bella unión con el mismo, pues años después fui a conocer a quien hoy es mi mujer y no podía residir sino en Bolaños de Calatrava. Casualidades del destino o, como muchas veces digo, del Sino y su fuerza como Don Álvaro dijese. El caso es que Bolaños me ha visto crecer y casarme, pues las nupcias las contraje allí con Gemma por expreso deseo suyo. Y hete aquí que este pueblo en el que tantas horas y días paso tiene un castillo que llevo viendo desde que era infante, incluso en él me hice el reportaje de fotos de la boda, pero que nunca había visitado con afán de aprendizaje y estudio. Y el día que lo visité en profundidad no dudé en que posteriormente hablaría de él en el Rincón. Y aquí está. Hoy vengo a narrar sobre el Castillo de Doña Berenguela.

El Castillo de Doña Berenguela también conocido como Castillo de San Fernando es una construcción de los siglos X y XI realizada con piedra basáltica, caliza, ladrillo y yeso. Se edificó para custodiar la vía militar de Toledo a Córdoba y tras la reconquista cristiana, Doña Berenguela lo donó a la Orden de Calatrava. La tradición cuenta que en el castillo nació el Rey Fernando III "El Santo", hijo de Doña Berenguela Reina de Castilla y, aunque no es un hecho comprobado, no es disparatado pensarlo pues la reina tuvo bajo su regencia la villa de Bolaños antes de cederla a la Orden de Calatrava, así es que pudiera ser cierto el hecho. De ahí que al castillo se le conozca por ambos nombres: Doña Berenguela y San Fernando.

Murallas almenadas y Torre Prieta
Torre del Homenaje
Históricamente hay fechas importantes que conviene destacar para conocer algo más en profundidad la historia del castillo y las modificaciones y transformaciones que ha ido sufriendo. En el año 711 comenzó la invasión árabe en la península y por aquellos entonces los musulmanes llegaron al asentamiento conocido como Bolaños, tomaron el primitivo castillo que allí había y adaptándolo y construyéndolo a su antojo lo edificaron nuevamente entre los siglos X y XI como antes decía. Se puede hablar de nueva construcción más que de remodelación pues las obras fueron tan profundas que se cambiaron aspectos tan sustanciales como la composición, orientación e instalaciones, levantándose también edificaciones defensivas que antes no existían. Principalmente se levantaron la Torre del Homenaje que perdura a la fecha y otras dos pequeñas torres que no han llegado a nuestros tiempos. Así perduraría la novedosa construcción hasta la Reconquista en la que en el año 1212, tras la batalla de las Navas de Tolosa, con la vitoria cristiana el castillo pasase a manos del Rey Alfonso VIII quien lo regalaría como presente de bodas a su hija, Doña Berenguela. Ésta donó el castillo a la Orden de Calatrava en el año 1229, siendo dicha donación aceptada y respetada en el tiempo (ya se sabe cómo eran las donaciones por entonces) por el hijo y el nieto de la Reina de Castilla, a saber, el Rey Fernando III "El Santo" y el Rey Alfonso X "El Sabio". Era el año 1537 y hemos de tomarlo como punto de inflexión pues la Orden de Calatrava, en su esplendor en dicha fecha, dueña y señora de la fortificación, se fue debilitando hasta que en el año 1825 terminó desapareciendo quedando el castillo abandonado y sin legítimo propietario. De tal guisa fue la decadencia que la fortaleza fue subastada en 1864 convirtiéndose en un edificio privado del licitador que se hizo con ella en la puja. A mediados del siglo XX el castillo pasó a formar parte del patrimonio de la Diputación de Ciudad Real quién lo restauró debido al deterioro y abandono sufrido años atrás. Y ya, por fin, desde finales del siglo pasado el Castillo de Doña Berenguela pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Bolaños de Calatrava, su pueblo, y fue declarado Bien de Interés Cultural en 1982. A la fecha continúa con dicha licencia administrativa y goza de buena salud manteniendo las restauraciones que se le hicieron. Es visitable y ofrece una agradable sesión de historia viva entre sus muros y cimentaciones, a la que desde aquí os recomiendo conocer.

Patio interior del Castillo y restos de columnas, baños y cimentaciones
Y todo esto lo traigo a colación porque con todas las veces que he estado en Bolaños desde que era niño no ha sido sino hasta la decadencia de este verano cuando he visitado el castillo que tan accesible era para mí. Ya era hora de hacerlo y por supuesto de dedicarle un ratito. Se aprecian perfectamente los restos de los baños árabes que contuvo, gran parte de las cimentaciones, el antiguo foso que ha sido recuperado en dos de las cuatro murallas de cerramiento, la Torre Prieta y la Torre del Homenaje con cuatro pisos, mazmorra en el sótano y terraza superior con almenas.

Y como remate el dato curioso que muchos no saben, ni siquiera los habitantes del propio pueblo. El origen y etimología del nombre de Bolaños de Calatrava tiene una estrecha relación con el Castillo. Como decoración por el patio del propio castillo y por los jardines aledaños se observan por el suelo verdaderas bolas de piedra de tamaño aproximado al de un balón. Dichas piedras toscamente redondeadas a mano son restos de rocas extraídas de la cercana cantera, algunas con carácter volcánico ya que fueron bañadas en lava por erupciones casi con toda seguridad provenientes del Cerro de la Yezosa, volcán situado en la serranía de Moral de Calatrava, cercano al enclave de la referida cantera y del castillo que nos ocupa. Esas mismas piedras se tornaban en un tamaño idóneo para servir de munición a las antiguas máquinas de artillería usadas en tiempos de guerra. En esta zona muchas eran de ese aspecto negruzco por su proveniencia volcánica pero por lo general eran calcáreas. Y, ¿adivináis el nombre de esas piedras? Efectivamente, Bolaños. Un bolaño era ese proyectil esférico de piedra que se usaba en la artillería medieval y, por ello, la villa donde se enclavó el Castillo recibió el nombre de dichas municiones pétreas por el frecuente uso que de ellas se hizo durante las batallas desde tiempos almorávides. La tierra de los bolaños se llamó a la población durante la reconquista cristiana, quedándose definitivamente instaurado el nombre de Bolaños de Calatrava tras la batalla de las Navas de Tolosa en la que se recuperó el dominio del campo de calatrava. Amigos bolañegos, ¿sabíais este dato? De ahí viene el origen del nombre del pueblo, ese pueblo vuestro que hago mío a través de los vínculos que a él me unen.

Aspecto interior del Castillo y bolaños en primer plano.
Espero que hayáis disfrutado de esta entrada homenaje a uno de los inmuebles declarados patrimonio y catalogado de Bien de Interés Cultural y os animéis a visitar el castillo de Doña Berenguela donde nació el Rey Fernando III, "El Santo"... o no. Y si lo hacéis y vais a Bolaños ya sabéis por qué el pueblo se llama así. Y ya que os ponéis en marcha visitad la antigua cantera y el volcán llamado Cerro de la Yezosa. Será una excursión agradable. ¡¡Hasta la próxima, amigos!!

viernes, 30 de octubre de 2015

TOMÁS, EL ÚLTIMO TEMPLARIO

El Camino de Santiago es especial para mí. Quien me conoce lo sabe. Amo el Camino. Es mucho más que caminar. Es reír, es llorar, es sufrir, es enorgullecerse, es asumir el reto, es lograrlo, es superarse, es hundirse, es levantarse, es abrirse, es cerrarse, es vivir, vivir a tope las emociones y sentir con los cinco sentidos lo jamás sentido antes. Y dentro de los caminos soy fiel al de siempre, al mítico, al mágico, al de los secretos, al de las mil historias, al que es la madre de todos los caminos, al real Camino Francés. Lo conozco bien y él me conoce mejor a mí. He recorrido todas sus etapas desde Saint Jean Pied de Port hasta Santiago de Compostela, algunas incluso tres o cuatro veces y jamás me canso de hacerlo. Todavía le debo muchas letras al final de mi gran camino, a esa aventura que inicié en el año 2013 y he concluido este verano, a esas etapas que me han llevado desde León hasta Compostela. Pero antes de realizar esos escritos debo dar paso a otros. El Gran Camino Francés me atraía por muchas cosas y cada vez me atrapa más por motivos que él mismo ha ido enseñándome e incitándome a conocer a través de mis caminatas. Y esta última aventura ha sido especial porque pasaría por vez primera por lugares muy emblemáticos para los peregrinos y que yo todavía no conocía, como La Virgen del Camino, Hospital de Órbigo, Astorga, Foncebadón, la Cruz de Ferro y Molinaseca. Varios de ellos vienen reflejados en el Códex Calixtinus y tenía ganas de patearlos. Y entre ellos había un sitio y una persona que todo peregrino que se precie conoce o ha oído hablar de ellos. Historia viva y resucitada del Camino. Hablo del municipio de Manjarín y de Tomás, el último templario. Estos párrafos son para ellos y para inmortalizar aquella preciosa etapa.

Amanecimos en Foncebadón tras una jornada anterior durísima. La etapa que habíamos hecho fue Astorga - Foncebadón y los últimos kilómetros entre Rabanal del Camino y nuestro destino fueron terribles. Desgarradoras subidas entre piedra viva con un sol infernal que nos castigaron muchísimo física y moralmente. Pruebas de esas que el Camino te pone y que luego recuerdas con un cariño especial diciendo "yo lo hice" en un claro auto-homenaje que implica "lo logré". Nos quedaba subir algo más de terreno y coronaríamos el techo del Camino de Santiago: la Cruz de Hierro. Era una etapa que se antojaba carismática y con ganas de ser recorrida por todos los momentos inolvidables que depararía el día. Se notaba en el ambiente y se presagiaba entre nosotros: coronar el Camino, los vertiginosos descensos por El Acebo y Riego de Ambrós, atravesar Molinaseca y alcanzar Ponferrada. Y todo en el mismo día. Y, por supuesto, teniendo el punto de interés puesto en Manjarín, el Refugio Templario y Tomás, ultraconocido por los caminantes. La jornada se presentaba preciosa y singular por poder alcanzar dicho lugar y conocer al llamado "el último templario", conversar con él, visitar la zona y hacer fotografías que perduren en el tiempo con ese aroma que antes decía de "yo lo hice". Y sí, señor, lo hice. Lo hicimos. Mi padre, Iñaki y yo llegamos a Manjarín, sonó la campana tocada por el propio Tomás dándonos la bienvenida, lo conocimos y estuvimos allí.

En un lugar inhóspito de montaña con unos climas extremos tanto en verano como en invierno, en pleno Monte Irago donde la Maragatería da paso al Bierzo, hubo un municipio pequeño llamado Manjarín, el cual quedó abandonado hace varias décadas, siendo la última construcción en derrumbarse una vieja escuela sobre la cual, años después, Tomás ha ido construyendo un refugio para peregrinos. En la actualidad despoblado y con un pírrico censo de nueve habitantes, de lo que es el pueblo no queda absolutamente nada y las únicas construcciones rudimentarias que existen en el lugar son las levantadas por Tomás, siendo eminentemente medievales y con unos servicios justos y precarios. Los peregrinos allí hallarán un albergue muy conocido en el Camino, pero no encontrarán en él ni lavabos ni duchas, aunque sí un lugar para refugiarse de las terribles inclemencias del tiempo. Serán recibidos a toque de campana con un vaso de café, agua o caldo y podrán descansar en la tosca construcción, rodeados del aura mágica y la fuerza telúrica que emana del lugar, donde existe un panel con las distancias hacia los grandes lugares de peregrinación como Jerusalém, Roma, Machu Pichu y el propio Santiago de Compostela. Además, claro está, disfrutarán de una curiosa conversación con Tomás Martínez de Paz, el templario, hospitalero y constructor del refugio allí enclavado.

Tomás, apodado "el último templario" reconoce no ser cierto su mote, pues según nos contó el Temple está vivo y existen varios círculos de caballeros templarios repartidos por el mundo por lo que, evidentemente, él no es el último caballero templario. Sintió la llamada del Temple en Ponferrada hace más de veinte años y desde entonces se convirtió en templario y hospitalero del Camino. Estuvo colaborando con otro mítico personaje del Camino como es Jesús Jato en el Albergue que éste mismo creó con sus propias manos, el Ave Fénix, sito en Villafranca del Bierzo. Estando allí llegó a sus oídos una anécdota de un peregrino que se perdió por el tramo de camino entre Foncebadón y El Acebo y no halló cobijo pues se encontraba desprovisto de todo tipo de refugio, albergue o punto de parada. Esto hizo que Tomás se instalase en Manjarín, situado entre esos dos citados pueblos y diera cobertura hospitalaria a ese largo tramo carente de dotación. Revivió y resucitó el despoblado municipio y construyó el refugio templario dando cobijo a los peregrinos. Es cierto que el lugar desprende una energía extraña y merece que todo peregrino se detenga un ratito allí. Tomás tañe una campana cuando avista a los peregrinos para que estos se guíen por el sonido hacia el refugio, al igual que hacían los antiguos templarios los días de niebla o tormenta de nieve para evitar que se perdieran los caminantes o para atraer a los ya perdidos hacia el cobijo del albergue. Echamos un buen rato charlando con él en lo que es sin duda uno de los rincones más fotografiados del Camino.


Hoy repasando mis vivencias camineras me he acordado del buen Tomás al que tuve el placer de conocer y no he dudado en verter estas líneas en mi humilde rincón. Sé que algún día podré decir nuevamente "yo lo hice", yo conocí a Tomás, el templario, el hospitalero de Manjarín. Me gustaría conocer en persona a Jesús Jato igualmente, pero a saber cuándo vuelva yo a pisar Villafranca del Bierzo. Aunque a decir verdad, antes de embarcarme en el mundillo peregrino jamás siquiera había oído nombrar dicho pueblo y ya he pasado por él haciendo el Camino dos veces. Nunca se sabe. En todo caso ambos son historia viva del Camino de Santiago, tanto que ya forman parte de él. Basta con teclear sus nombres en cualquier buscador de internet y salen diversas noticias sobre ellos. Personajes del Camino que viven por y para él desde mucho antes del boom de los Años Xacobeos. Y ésta, amigos, es una de las cosas que me gusta compartir y que queda grabada en mi retina de caminante: mi recuerdo de Manjarín y de Tomás, el último templario. Non nobis domine. ¡Hasta la próxima y Buen Camino!

viernes, 16 de octubre de 2015

LEYENDA DEL PAPAMOSCAS DE LA CATEDRAL DE BURGOS

Burgos, allí donde reposan los restos de Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, en la majestuosa e imperial construcción catedralicia bajo el cimborrio, allí donde el Camino de Santiago te hace cruzar el Río Arlanzón y te muestra la primera gran catedral que se erigió en España, allí donde llegué como peregrino y prometí mi regreso y el mismo se ha producido de inesperada manera reafirmando mi promesa de volver a volver, allí donde se fraguó la leyenda que hoy os vengo a contar, allí se encuentra este singular autómata que despierta la curiosidad de grandes y menores cuando el reloj marca las horas. Se trata de un singular personaje que con cada campanada del reloj abre la boca a la vez que mueve con su brazo derecho el badajo que hace sonar la campana y es conocido con el nombre de "Papamoscas". El nombre lo ha adquirido del pájaro "papamoscas cerrojillo" el cual mantiene el pico abierto esperando que las moscas se metan en su boca para servirle de alimento. Es evidente que el refrán "En boca cerrada no entran moscas" está íntimamente ligado a esta especie de ave y a nuestro protagonista en la entrada de hoy. Habéis acertado los que así lo hayáis pensado.


El Papamoscas es una figura de cintura para arriba que asoma sobre la esfera de un reloj que se halla en el primer tramo de los pies de la Catedral de Burgos, sobre el ventanal del triforio a unos quince metros de altura. Viste al estilo cortesano con una casaca encarnada cuyas bocamangas, hombreras y cuellos son de color verde azulado haciendo juego con el cinturón. Sus rasgos son grotescos y a base de cierta intimidación y fealdad despiertan simpatía para quienes conocen su historia. Y si no la conocéis hoy la descubriréis. Vengo a relataros la leyenda de este autómata y cómo llegó a instalarse esta figura en nada más y nada menos que la Catedral de Burgos, sitio que como estaréis pensando no está destinado a la colocación de estas figuras. Yo ignoraba por completo su existencia y la primera vez que supe algo de él fue a través de mi querido Camino de Santiago. En una de las guías mencionaban al Papamoscas como una de las mayores atracciones de la Catedral junto con la tumba del Cid Campeador y la Capilla de los Condestables. Pero no es lo mismo visitar una ciudad siendo un turista, excursionista o viajero que siendo un peregrino cuyo sino depende prácticamente en su totalidad del día de la semana y horarios en que el Camino te lleve allí. De este modo, a mi paso como peregrino por Burgos no pude admirar la Catedral en su interior ni conocer al Papamoscas, cuestión que recelaba en mi mente autopidiéndome volver algún día. Y en cuanto hubo ocasión así lo hice. Y conocí su leyenda. La leyenda del Papamoscas...

Cuentan que el Rey Enrique III llamado "el doliente" por su mala salud, acostumbraba a ir todos los días a rezar a la Catedral de Burgos. Un día durante sus plegarias advirtió la presencia de una bella joven que oraba frente a la tumba de Fernán González, de la cual quedó prendado y cuando ésta abandonó la basílica el monarca la siguió hasta su domicilio para ver dónde habitaba. Esta escena se repitió continuamente y el rey quería declararle su amor pero la timidez que lo embargaba le impedía articular palabra con la joven y cruzar diálogo con ella. Cuando la bella damisela iba a rezar a la Catedral sabía que era observada por el rey y aguardaba la ocasión en que éste le dijera algo. Cierto día cuando la joven se dirigía ya a abandonar la Catedral, al cruzarse con Enrique III dejó caer un pañuelo a su lado esperanzada de recibir alguna palabra del joven rey, quien lo recogió y se lo guardo en la pechera entregando a la joven uno de su propiedad mostrándole una amplia sonrisa, pero todo ello en silencio y sin emitir una sola palabra. La misteriosa joven recibió el pañuelo y siguió su camino pero al salir tras la puerta emitió un desgarrador lamento que retumbó en la Catedral. Al rey se le grabó al rey en el alma y salió tras ella al escucharla pero ya no la encontró. Hizo el recorrido que tantas veces había hecho siguiéndola hasta su casa y cuando llegó se encontró con que aquella hacienda estaba en ruinas. Preguntó a los lugareños y vecinos cercanos y le contestaron que esa vivienda llevaba así tiempo y que hacía años que en ella no vivía nadie pues todos sus habitantes habían fallecido a causa de la peste negra.
Tras aquel día en que se desvaneció la esperanza de la joven de que el rey Enrique III le dijera algo no la volvió a ver. "El doliente" todos los días iba a la Catedral y sus ojos miraban hacia la tumba de Fernán González a ver si veía a la joven orar, pero jamás apareció de nuevo. En su afán por mantener aquella idílica visión de su enamorada y el lamento que emitió y no podía sacar de su cabeza, encargó a un artífice veneciano la creación de una figura que recordase a la joven y que emitiera un sonido parecido al lamento que no podía borrar de su memoria. Pero al artista no sólo no atinó a plasmar el encargo del rey sino que, además de ni acercarse a la belleza que le describió el monarca, lo que hizo fue un grotesco muñecote con unos rasgos perversos e intrigantes que emitía un graznido horrible que años después hubo de silenciarse por lo molesto del mismo. El joven rey en su empeño de mantener el recuerdo de su amor ordenó colocar este autómata en la Catedral, pues de una manera u otra le recordaba la historia de su joven amada.



Y así es como llegó este personaje a la Catedral de Burgos y en ella se hubo de quedar. Lógicamente al contemplarlo y ver su cara nadie puede evocar la historia de un joven rey enamorado y una bella dama emitiendo un suspiro de amor. Para eso está la leyenda. Sin embargo se ha ganado la simpatía, afecto y curiosidad de todos los visitantes a la ciudad burgalesa pues es muy curioso verlo abrir y cerrar la boca cuando da las campanadas. La mejor hora para verlo, sin duda, es a las 12;00 horas, pues es el momento del día en el que más veces abre y cierra la boca. No podía cerrar la entrada sin hacer mención a una de las cancioncillas más populares de nuestro simpático personaje. Y es que muchos de los que hemos observado al Papamoscas dar las campanadas y abrir y cerrar la boca nos hemos embobado en la visión quedándonos también boquiabiertos. Y esta cancioncilla recoge la graciosa escena y dice así:

El papamoscas soy yo
y el papamoscas me llamo,
éste nombre me pusieron
hace ya quinientos años.

Desde esta ojiva elevada
contemplo a la gente loca
que corre apresurada
para verme abrir la boca.

Y que contentos me miran
sin cansarse de esperar,
a los listos y a los tontos
los engaño de verdad...
Porque no es el papamoscas
el que sólo hace la fiesta,
también los que estáis abajo
y tenéis la boca abierta.

Y ésta es la Leyenda del Papamoscas, amigos. Espero que os haya gustado y hayáis aprendido una curiosidad más. Si vais a Burgos no dejéis de acercaros a la Catedral a verlo. Y para los más tacañones decir que no hace falta pagar la entrada para verlo, ni tenéis que aguardar a hacer la visita guiada. Al Papamoscas se puede acceder gratuitamente. ¡Ah! Ya que estáis por allí probad la morcilla y las viandas del lugar. Saludos a todos. ¡Hasta la próxima!

jueves, 8 de octubre de 2015

CONSERVA

Hace unos días abrí el primero de los botes para degustarlo. Esta vez los hube guisado a fuego lento. Friendo el tomate muy poco a poco, añadiéndole un buen puñado de almendras picadas y dándole un toque aromático con un espolvoreo generoso de orégano. Las tajadas fueron de pechuga de pollo. Mientras observaba como borboteaba todo junto en la sartén al amor de la lumbre, me relamía pensando en el día que me fuera comiendo los tarros que iba a rellenar en pocos minutos. El día estaba siendo duro y ajetreado y al día siguiente volvía al trabajo. Tenía que terminar la faena sí o sí. Esa faena anual que tanto me gusta y que aúna la tradición, la costumbre y a una familia en torno al fuego, a unas trébedes, a unas cajas de hortaliza y a una espuerta de frascos de cristal. El acto de la conserva es para mí un ritual entrañable que comienza en la decadencia del estío cuando se empiezan a buscar los mejores productos de la huerta para embotar y que espero con ilusión que se repita año tras año. Arde la lumbre, se calienta el aceite, comienzan a freírse los pimientos, el aroma a pisto se desprende. Un año más la conserva emergió en los últimos días de Agosto.


Este año compramos casi toda la hortaliza en Malagón, menos un cajón de tomates que provenía de Bolaños de Calatrava. La batalla duró varios asaltos pero el resultado mereció la pena. Tendremos botes de tomate en conserva hasta prácticamente el invierno que viene, vamos, que ha salido una remesa que se unirá a la venidera y, por supuesto, el bacalao con tomate del Viernes Santo tendrá recuerdos evocadores a estos últimos días de verano en el chalet. Yo, manchego puro, aficionado y amante a las costumbres y tradiciones de mi tierra, disfruto en estas labores como el que más y me encanta ir a comprar los productos de puerta en puerta y de pueblo en pueblo y hablar con los mayores de nuestro lugar. Soy feliz intercambiando palabras con ellos de cómo avanza la vida y cómo cambian las cosas del campo. Con suerte me enseñan básculas, balanzas y aperos de los que ya apenas quedan y que yo conocí siendo niño. En pocos años muchas de esos instrumentos se perderán definitivamente y no habrá generaciones que los recuperen ni los usen. Por eso disfruto yendo de casa en casa en los pueblos, en nuestros pueblos de manchegas maneras, allí donde las señoras venden los productos recién cosechados en las puertas falsas y portadas de sus viviendas. Son ratos que valoro mucho y más cuando ancianas personas comparten contigo sus palabras sabiendo que las escucho con atención y ganas de que pervivan esas costumbres. Y aunque parezca mentira todo ello es por la conserva. Por eso siempre digo que la conserva es mucho más que hacer pisto y freír tomate o pimientos para tener en la alacena tarros durante varios meses. Es algo más grande, más sentimental, tradicional y costumbrista. Insisto. Es mucho más.

Lo que es la tarea en sí este año consistió en varias tandas de tomate frito (una de ellas con carne y hierbas aromáticas como comentaba al principio) y alguna sartenada de fritada para comer en el campo entre las horas de trabajo. Logramos llenar casi dos espuertas de tarros que convenientemente abrigados con ropas viejas y trapos guardan el calor del guiso y quedan envasados al vacío hasta que les llegue el momento. Según el dicho popular de las abuelas del lugar "tarros para embotar y una semana sin tocar", lo que indica que durante todo el año se va haciendo acopio de tarros de cristal y sus tapas y una vez llegada la conserva y llenos los mismos del producto a conservar, colocados en la espuerta o lugar donde se vayan a abrigar, se cubren los mismos con telas y se dejan reposar quietos durante una semana. Estas cosas de la sabiduría tradicional me enamoran. Algunos para asegurarse que se envasan al vacío hierve los botes al baño maría. Hay gente que continúa con la cita de la conserva y aunque no la haga al fuego usa los fogones de casa para ello. Me alegra eso también pues en ellos pervive la tradición aunque adaptada a la nueva vida y a los medios disponibles. Yo sigo la costumbre aprendida de los viejos del lugar por dos motivos: porque tengo la suerte de poder hacerlo y los medios adecuados para ello y porque me gusta hacerlo de la manera clásica y tradicional y seguir expandiendo las formas de nuestros mayores. Mantengo a pies juntillas que nuestros conocimientos radican en los pueblos, en sus gentes y en sus formas de hacer y vivir. Nosotros, nuevos urbanitas, tan sólo hemos heredado y modificado adaptándolos a los nuevos tiempos esos conocimientos de antaño.



En resumen, creo recordar que en total se frieron cerca de 60 kilos de tomates entre unas cosas y otras. Se llenaron un buen número de botes de todos los tamaños y se dejaron reposar el tiempo preciso. Comenzaba esta entrada diciendo que hace unos días abrí el primero de ellos para degustarlo. Y de verdad no imagináis lo placentero que es para mí llegar a casa del despacho, quitarme la chaqueta y la corbata, ir a la estantería de la alacena, coger uno de esos tarros elaborados con tanto cariño y saborearlo ahora en estos días que anuncian el cambio de tiempo y la veleta señala los hielos venideros. Y lo mejor sin duda es que cada bote es un recuerdo y una esperanza envasados en torno a una misma obra, una misma acción y una misma costumbre y tradición: Conserva.

jueves, 24 de septiembre de 2015

TENÍA GANAS DE ESCRIBIROS

Aunque lo intente no lo puedo evitar. Formáis parte de mí, de mis sentimientos, de mi interior y tengo que sacar a la luz lo que me inspiráis porque si no rebosa. Todos los días os tengo en mente, bien por un recuerdo, bien por una oración, bien por una estampa o bien por la esperanza. Y sois el rostro de mi fe, la mirada de mis creencias y la representación de las advocaciones que más aprecio. Y es que sólo entiende mi locura quien comparte mi pasión. Sabia frase entre cofrades que entendemos dichos sentires y compartimos los mismos. Y a la prueba me remito con la práctica de ello: un macareno y un trianero podrán ser muy "enemigos" pero ambos entienden el amor por sus Marías, se comprenden el uno al otro sin compartir advocación y, si alguien que no los entienda se mofase del uno o del otro, ambos "enemigos" se harían amigos cerrando filas en torno al agresor. Y hoy, como loco de las cofradías que soy, tenía ganas de escribiros.


Dios del Gran Poder que habitas en la Plaza de San Lorenzo, dentro de la Trinidad para mí sin duda eres el Padre. El Señor. Sin más. Basta ir a visitarte a tu casa de Sevilla y encontrarse con el Dios mismo. Creo que te sitúas en otra dimensión en la que no cabe la duda y en la que todo es unión. Podremos discrepar entre el Sentencia y el Tres Caídas, entre el Rabí de la Cena y el Soberano ante Caifás, entre el Señor de la Bondad y el Cautivo de los Ángeles, entre unos y otros, todo lo que queramos, pero por encima estás Tú: Jesús del Gran Poder. Eso no hay discusión y a todos nos unes. Dios es Dios. El Señor es el Señor. El silencio hecho puro respeto cuando los hombres que te portan rachean su paso solo se rompe con los trinos de las aves que gorgojean alegremente cuando vuelves a tu casa. Por las calles de Sevilla, Gran Poder, por las calles del mundo, Gran Poder, en mis más profundas oraciones, Gran Poder, omnipresente en la vida y presente en San Lorenzo, Gran Poder. Por eso he empezado por Ti, Dios verdadero. Dios Padre. Sobran más palabras. Con tu nombre basta, Papá: Gran Poder.

Señor de la Cena, Rabí de Galilea con la mirada al Cielo, moreno de ojos verdes que portas el cáliz de la vida, Príncipe de la Cuaresma que no olvido y anhelo de mis sueños costaleros. No sé si realmente sabes bien lo que siento al ver tu mirada elevada y soñar con una nueva primavera, pero eres de las caras que veo cuando rezo el Padre Nuestro. Siempre que voy a la ciudad hispalense me gusta pasar por la calle Sol y acariciar las rejas del Convento de los Padres Terceros, ese umbral donde tanta inocencia dejé y que me permitió pasear al Cautivo de la Blanca Túnica por los continuos desdenes que allí me hicieron. Hágase Tu voluntad. Y así se hizo. Padre, perdónalos. Y acuérdate de mí cuando elevo mi voz buscando clavar mis pupilas en las tuyas fundiendo los tonos verdes de los dos en una nueva esperanza. Hijo del Hombre.



Silencio de Martes Santo y racheo carmelitano. El bamboleo de tu túnica granate plasma la elegancia de los hombres valientes que te quieren y pasean. Porque no sólo eres Maestro de día sino también de noche, cuando no hay aplausos en las calles y cuando los kilos en la cerviz hacen imaginar tu cara impregnando bendiciones en esta ciudad de reyes. Señor de las Penas con la cruz a cuestas igual que el Gran Poder. Tolle crucem tuam et sequere me. El Hijo de Dios hecho hombre que se hace querer porque es un Cristo que está muy sólo. Y sólo, lo dice todo. Cuando se le reza hay soledad. A solas tú y yo, a solas con nuestras Penas, a solas con el Padre, con el Hijo y con el misterio y la fe que nos une. Eres una advocación especial para mí. Aunque representes al mismo Dios que es el Padre Gran Poder y al mismo Hijo, Señor de la Cena, Flagelado de Bondad y Maestro de la Blanca Túnica y otras advocaciones o representaciones más, eres especial para mí. Siendo la misma persona, me gusta desde siempre acompañarte la noche tuya del Martes Santo. Estás muy sólo y sin embargo cada vez estamos más contigo. O al menos los que siempre te fuimos fieles, antes con sorda tambora y hoy con lúgubre sonido de campanas de muñidor.

Cautivo en un Prendimiento de la Barriada obrera de los Ángeles te vistieron con túnica blanca color de la pureza, la paz y la sabiduría. Fue un Domingo de Resurrección cuando viendo a "tu hermano" por las calles de Sevilla me llamaste a ser tu costalero. Estaba claro que mi hueco en el Rabí no llegaría pues fui negado más de tres veces al alba. Y viéndote triunfal en el Palacio de Dueñas me embaucaste con tu mirada presa y tus manos cautivas, llevándome flotando en el vaivén de tu túnica a ser tus pies con la amistad a mi vera y tras el paso. Y he disfrutado mucho y sigo haciéndolo. Y te quiero como el Hijo que representas en el misterio alegórico y te oro por la Salud de una madre que aguardo con esperanza (¡cómo si no!) que lo sea en un futuro y traiga un blanco nazarenito en un brillante Domingo de Ramos. Maestro de la Blanca Túnica, te estoy agradecido por la felicidad que me has regalado y te siento cada día más cercano. Cautivo y Salud llevo amarrado a la mano en un lazo azul que hace gala de ser tu hermano.


A ti te dejo para el final. Veinte primaveras siendo tu cuna en la calle dan para muchos momentos de amor costalero y para muchas oraciones depositadas a tus pies junto a la columna donde van tus manos de Rey atadas. Sólo con verte hace dos décadas y media ya me llamaste a la fe. Ya supe que esa sería mi cofradía y que tu serías la imagen de mis rezos. Y así es. Tú eres la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro, aunque vea al Rabí con nostalgia, eres Tú para mí el Rey de Reyes. El Hijo predilecto del que habita en San Lorenzo, es difícil de entender sabiendo que Padre e Hijo sois el mismo, pero Dios hecho hombre eres Tú y el Señor Dios es Él. Así es como lo siento y así es como os quiero. Habrá quien no entienda ni comparta mi sentir, pero es mío únicamente. Mío y tuyo. Contigo he derrochado muchas lágrimas. Y he sido feliz. Y eso es algo tuyo y mío. Y sólo Tú y yo lo sabemos. Y si alguien hubiera entremedias sería la arpillera de mi costal uniendo mi rezo con la madera hacia Ti. Porque la fe es creer y yo creo en Ti: Nuestro Padre Jesús de la Bondad. Para mí, simplemente, Tú.


Y a Ti, ¿qué decirte? No estás en la Trinidad, no estás en el misterio, no eres Padre ni eres Hijo, estás en todos sitios y eres la mujer que dio a luz al Hombre y a la vez eres la Madre del Padre. Tienes muchísimas advocaciones, quizás más que las que goza tu propio Hijo y en cualquier lugar eres patrona. Unos ven una cara al rezar el Ave María, otros ven otra. Unos reflejan su fe en una corona, otros en un manto. Yo no tengo duda tampoco de cual es mi advocación mariana. Todo aquel que me conozca tan sólo un poco lo sabe. Esa mujer a la que llamo "Mamá" y que tengo necesidad de ver cada cierto tiempo, esa mujer que vive en San Gil al amparo de un Arco y una muralla, esa mujer que reparte Esperanza cada Madrugá de Viernes Santo, esa mujer que tiene cinco verdes esmeraldas en la pechera que recogen las oraciones del mundo, esa mujer que por un perfil sonríe y por otro llora, esa mujer morena que lleva por nombre el nombre del barrio que le da nombre: Macarena.

Tenía ganas de escribiros. Me hacía falta. No sé si por daros gracias o por pediros algo. Simplemente os tengo presentes y de vez en cuando me gusta dedicaros un ratito. A las amistades hay que cultivarlas y más aún si eres su hijo. Y no me gusta ir a San Lorenzo o la calle Bécquer Nº 1 siendo un desconocido. Aquí gozo de las Penas, del Cautivo y del Dios de la Bondad pero en aquellas tierras de Sevilla, además de a mi Rabí, tengo a Papá y a Mamá.
He dicho.

viernes, 11 de septiembre de 2015

LA JÁMULA

Pues verán, independientemente de ciudades, pueblos, villas, localidades, concellos, lugares, parroquias, masías y pedanías, está La Jámula. Sí, tal cual. La Jámula. Es un sitio cuanto menos peculiar pues se trata de un anejo de Baza (Granada) en el que se registran 37 habitantes en el censo, de los cuales residentes hay entre 12 y 15 y se compone de un pequeño núcleo de cortijos situados en el altiplano de la serranía de Granada sita entre Baza y Cúllar. La cortijada está rodeada de grandes plantaciones de almendros y muy cercana al Cerro de la Jámula donde aún hay gentes que viven en cuevas adaptadas a vivienda que, sin duda, son historia viva del lugar. Y allí que fuimos a parar de la manera más singular e imprevista. Nuestros granadinos amigos José Manuel y Begoña pasan parte de la temporada estival en un cortijo propiedad de la familia de Begoña que está ubicado en el dicho anejo batestano. Y de esas veces que el destino traza un plan para ti sin que tú mismo lo sepas, se dieron las coincidencias necesarias para que cuadrasen días, horarios y posibilidades y mi compadre Junior, Mar, Gemma y yo nos pusimos en camino: destino La Jámula.

El cortijo que nos aguardaba estaba dividido en dos partes por el carreterín que divide el anejo en dos. A un lado el cortijo propiamente dicho y al otro el jardín, el pozo, la piscina, naves de labranza, cochera y terrenos. Lleva el nombre del padre de Begoña, Pedro Julián, y es una construcción similar a las antiguas quinterías, dotada de numerosas y espaciosas estancias, cocinas, dormitorios, salones, cochiqueras, pajares y habitáculos para los aperos de labranza y productos del campo y la matanza. Los baños estaban en el patio como antaño. A día de hoy está todo ello rehabilitado y reconvertido en dormitorios, salas de estar, cocina, garajes y trasteros, pero sigue rezumando el sabor añejo de lo que en su día fue y los muebles y ornamentos son la pura génesis del lugar y sus raíces. Y en dicho lugar estuvimos pasando un fin de semana entretenido y aderezado con buenos ratos y risas, todos juntos y en compañía. No faltaron unos chapuzones en las frías aguas de la piscina (y digo frías pues La Jámula está a más de mil metros de altitud sobre el nivel del mar), ni carnes asadas en la barbacoa, siendo la joya de la corona el cordero segureño, típico de la zona, ni la expansión gastronómica que nos gusta a los manchegos: hice una buena sartén de gachas en el paraje. Patria chica siempre.


La escapada dio para disfrutar de La Jámula, conocer el lugar, visitar el cerro y a Ramón, un entrañable abuelete que nos mostró alegremente su casa-cueva y nos contó que a sus 75 años de edad no conocía más mundo que aquello y que sus pocos viajes habían sido a Baza a cortarse el pelo y poco más. Eso sí, una vez fue a Madrid y a la vuelta le preguntaron que cómo era, a lo que él respondió que como Baza pero con las calles muy anchas. Genio y figura. La verdad es que esos ratitos entrañables me gustan y aderezan la vida poniendo como ingrediente una sonrisa en la cara de los que participan en ellos. Es muy curioso ver como en la vida absorbida por las nuevas tecnologías quedan rincones humanos habitados por personas que no saben lo que es un fax, ni conocen internet, ni entienden de siglas tipo TDT, ni utilizan anglicismos tipo selfie, pero tienen el corazón abierto hacia los frutos de una higuera, la caricia de un perro, el ronroneo de un gato o ver anochecer desde la ladera de un cerro.



Era evidente que esta excursión dejaría huella por uno u otro motivo y así fue. Primero por juntarnos un grupo de buenas gentes en el ambiente más campechano y sano que pudiera haber, segundo por conocer lugares tan recónditos como este rincón y tercero porque aventuras como ésta me hacen feliz y siempre las comparto en forma de líneas para que queden para el recuerdo. Además allí coincidimos también con Pedro, hermano de Begoña, y unos amigos suyos que también fueron a pasar el fin de semana al cortijo y tuvimos algunos ratos muy agradables. Especial mención al amor que tiene Pedro por los coches y motos y las joyas que allí guarda: verdaderas reliquias como un Seat 850. Pasamos un buen ratito con él viendo todo aquello. La verdad es que desde que comenzó el viaje tenía claro que le dedicaría una entrada en el blog. Alguna intuición tenía et voilá, aquí está. Espero que, especialmente a José Manuel y Begoña, les agrade este pequeño resumen de la experiencia por nosotros vivida en La Jámula y que se repita alguna vez. Y no podía cerrar el post sin mencionar "lo blanco". Es una especie de ali-oli hecho a base de almendras y ajo, con leche, aceite de girasol y miga de pan, aderezado al gusto con un chorreón ligero de vinagre y rectificado de sal. José Manuel bautizó esa receta típica de allí con el nombre de "almendrajo" por los ingredientes que le dan base. Begoña nos facilitó la receta a todos y yo, cocinillas de pro, tomé rápidamente nota del asunto para hacerlo en mi tierra. Junior, mientras tanto, tomó nota de lo blanco y del pan. Se ve que le gustó bastante. Cierto es que está bien rico. Y ahora sí, quedo a la espera de que se repita un crecimiento exponencial en los residentes de La Jámula aunque sea un fin de semana. Espero que no se asuste el alcalde pedáneo, acostumbrado a unos 12 residentes si nos juntamos 6 más suponemos un incremento del 50%... Pero nos portamos bien, hombre. ¡Viva La Jámula! Dicho queda. ¡Hasta la próxima!

martes, 1 de septiembre de 2015

VUELTA AL COLE

No sé si decir que he vuelto al cole, a ese cole de los pequeños donde todo son sueños, o decir que he vuelto al cole, a ese cole de los mayores donde todo es rutina. Creo que haré un híbrido de ambos y entre mi cuerpo cada vez más adulto y mi mente de cada vez más arraigada a los niños diré que he vuelto al cole donde los sueños son rutina. Al cole que no es otro que vivir y seguir soñando sueños y cumpliendo primaveras con esperanza. Al cole fuere como fuere. A ese mágico cole con similitudes de año nuevo que empieza cada primero de Septiembre. Y aquí me hallo. Entre tecleos de ordenador, papeles y teléfonos. Laboralmente hablando no he vuelto al cole, he vuelto al descuente de días para unas nuevas vacaciones. Y hoy será el primer día descontado. Pero me gusta vivir con sentido y en vez de descontar el día lo que haré será contarlo. "Haz que los días cuenten". Cada día es una oportunidad de o para algo. Y hay que saborearlo y disfrutarlo. Hoy he vuelto al cole. Hoy he vuelto a vivir, a caminar, a soñar y a ser feliz. Le vas cogiendo práctica a la vida, con sus regalos y sus reveses, y finalmente consideras entrañable a tal día como hoy. No me he comprado cuadernos nuevos, ni estreno bolígrafos. Pero vivo con mis cuadernos de recuerdos y escribo con la tinta de mi alma. Vuelta al cole.


Y bien. Un nuevo curso laboral frente a mí. ¿Qué exámenes me pondrán esta vez? Tendré que estudiar a diario para superarlos con nota, pero no me asusto de ellos. Los afrontaré conforme vayan viniendo. No queda otra. Juicios de los juzgados, juicios de la vida misma, juicios obligatorios y algunos que sean regalados. Creo que obtendré los aprobados que merezca y creo que abordaré nuevos retos que me regale la vida simplemente por vivir. La verdad es que, más que fuerte, lo que estoy es ilusionado. Pienso lo que me queda por venir hasta unas nuevas vacaciones y me pongo alegre: no sólo regresa el trabajo, regresan también mis costumbres, mis fechas marcadas, mis quehaceres diarios, los partidos de pádel, el fútbol los fines de semana, alguna excursión, la Champions League, los viajes a los Juzgados, una nueva Navidad, otra Cuaresma, entremedias un poquito de Carnaval, mi pequeño espacio radiofónico, otra Semana Santa, las Romerías, incluso un nuevo horizonte por caminar siguiendo esas flechas amarillas que me apasionan, etc. La vida me regala otro año nuevamente maravilloso a bote pronto y, ojalá, con algún destello de suerte que lo haga mejor aún que este curso 14/15 que hoy se convierte en 15/16 y al cual despido entre besos y collejas.

Hoy, 1 de Septiembre, ya he vuelto a mi querida abogacía. Y entre tramitación de expedientes, correos electrónicos y llamadas escribo estas líneas. También me hace ilusión reanudar la andadura del Rincón, el cual lleva "abandonado" desde finales de Julio pues en Agosto no he podido dedicarle ni un sólo minuto. Sé que mucha gente lo visita y por ello me veo en la obligación de verter líneas que sirvan de entretenimiento y lectura a quien guste de leer mis textos y sirvan a la par de desahogo temporal para el que suscribe. Una de las tareas o retos de este nuevo curso es mantener este humilde blog a la altura que gracias a vosotros ha cogido. No me canso ni me cansaré de repetir que el verdadero alma del Rincón de mis Pasiones sois todos aquellos que lo leéis. Tengo en mente varios textos que quiero reproducir aquí y a los que os guste leerme os anuncio que pronto contaré leyendas, curiosidades y pequeños regalos de esos que la vida ofrece en forma de pequeños viajes y me gusta compartir. A quienes me leéis os invito a todos a hacerlo también en el blog que comparto con mi amigo Narciso: Pictura et Verba. Seguramente no os decepcionará y os arrancará algún sentimiento incipiente, olvidado o cubierto de polvo por los vaivenes de la vida. Otro de los exámenes de este curso vendrá de la mano de ese blog... Ya os lo contaré pero esa asignatura me gusta y mucho.

Vuelvo al cole con ganas. Hace tan sólo unas horas de ello y ya estoy metido en jarana. Ya apunto citas en la agenda, ya calzo los zapatos de diario, ya saco las corbatas del armario, ya mismo llega el Otoño con sus primeras vaharadas de castañas asadas, ya asoma La Pilarica en el calendario con el primer puente del año, ya llega el chocolate caliente de la mano de la Fiesta de Todos los Santos, ya se ven en televisión hoy anuncios de coleccionables y de turrones mañana, ya los pequeños escriben la carta a los Reyes Magos... Hace tan sólo unos días y ya es del curso pasado. Ya recuerdo a Iñaki caminando por Astorga, ya recuerdo a Isis y su reencuentro... ¡cinco años han pasado! Y también me acuerdo de Julia y de Montse, mis queridas peregrinas, mis sonrisas del Camino, hoy he vuelto al cole y mi pie rehabilitado otra vez quiere surcar caminos, caminos de la vida, de esa vida que nos hizo encontrarnos y que hace que este día 1 de vuelva al cole agradecido y sueñe de nuevo una infancia con un padre y un Camino... Y pienso en María Jesús queriendo marchar tras Manjarín, sin llegar al Acebo, ni a Riego de Ambrós, ni luchar con Molinaseca, ¿dónde ibas peregrina?, si la vida es caminar y no volver pasos atrás... A todos Finisterre nos espera con su faro y Muxía con el Santuario. ¡Poneos ya las botas y volvamos al Camino! Que el abrazo de Santiago es solo coger impulso y volver con el calendario. No os olvido, caminantes, fuisteis sin yo esperarlo la Matrícula de Honor del curso que se ha acabado. Vuelvo al cole felizmente. Vuelvo al cole con sonrisas que me traen vuestros recuerdos. Vuelvo al cole soñando con los sueños que Dios quiera que se cumplan este año. Vuelvo al cole. Vuelvo. 

jueves, 30 de julio de 2015

EL GRAN CAMINO

Parecía ayer cuando comencé a planear este gran camino. Me planteé recorrer entero todo el gran Camino Francés en tres tramos. Estaba recién iniciado el año 2013 y fraguaba en mi mente los trancos que recorrería y cómo hacerlo para en un futuro y semi lejano año 2015 llegar al Obradoiro de nuevo. Y ya ha llegado. El proyecto se fraguó, calculé los trancos y se fueron haciendo realidad. Pasó el año 2013 y paso a paso recorrí desde Saint Jean Pied de Port hasta Santo Domingo de la Calzada. Nueve etapas en las que crucé los Pirineos a pie, pasé de Francia a España, recorrí toda Navarra y prácticamente toda La Rioja, quedándome a escasos kilómetros de adentrarme en Castilla. Empezaba esta aventura que en unos días finalizaré. Me detuve en Santo Domingo de la Calzada concluyendo aquel primer tramo. Todavía quedaba muy lejano Santiago y hoy ya sé que se acabará este camino. Y otro empezará. Santiago no es el final es el principio. Con esa idea llegaba el año 2014 y reanudaba mi marcha desde Santo Domingo de la Calzada hasta los pies de la Catedral de León. Once etapas en las que concluí de atravesar La Rioja y crucé íntegramente las provincias de Burgos y Palencia, adentrándome ya bastantes kilómetros en la provincia de León. Estaba cruzando toda Castilla León de este a oeste, con mochila, botas y bordón. Era el verano pasado de 2014 y estaba a caballo entre el inicio de la aventura en 2013 y el fin de la misma en 2015. Pero el sol no para. Ha llegado el 2015 y el día 1 de Agosto parto hacia León para retomar mi andadura. Desde la Catedral reanudaré mis pasos con un único final en mente: Santiago de Compostela. Hoy vengo a contaros lo que me depara el Camino de este año, mi mayor camino de todos los recorridos hasta ahora. Pondrá fin al proyecto iniciado en 2013 y merecerá la pena sin duda. Trece etapas me separan del templo catedralicio de Compostela. Y allá voy.



Este día 1 de Agosto que ya llega partiré en tren desde Ciudad Real hasta Madrid, donde cogeré un autobús que me llevará a León y allí haré noche para iniciar la caminata el Domingo día 2. El albergue donde pernoctaré es Check in León y desde él saldré para comenzar la primera etapa: León - San Martín del Camino. Llegado a este pueblo descansaré en el Albergue Vieira y sellaré mi credencial dando testimonio de mi paso. Al día siguiente me enfrentaré a una de las etapas que más ganas tengo, la que culmina en Astorga. Punto emblemático del Camino de Santiago donde me reencontraré con el amigo Iñaki, peregrino que conocí el año pasado y que este año retoma la andanza con mi padre y conmigo, aunque Astorga también me llama por el cocido maragato. El yantar y yo. Desde que comencé el Camino estoy deseando llegar a esta etapa para comerme el famoso cocido. Comido que sea el cocido y allá en Astorga habrá que descansar bien en el Albergue de las Siervas de María pues al día siguiente la etapa será dura: comienza la dura subida hasta la Cruz de Ferro, punto más alto de todo el Camino Francés. La etapa concluirá sin haber coronado dicho punto, en Foncebadón, donde dormiremos en el Albergue La Posada del Druida y desde allí saldremos al amanecer siguiente para concluir la subida de la Cruz de Ferro y tocar el techo del Camino. Ese día pasaremos por otro enclave mágico y conocido por todos los peregrinos que amamos esta aventura: Manjarín y el refugio de Tomás, el último templario. La jornada será bella y dura pues la bajada por El Acebo y Riego de Ambrós hasta que lleguemos a Ponferrada es agotadora. En Ponferrada nos detendremos en uno de los albergues parroquiales que con más afecto recuerdo de todo el camino: San Nicolás de Flüe. Este punto viene a ser para los bicigrinos ideal para cumplir el mínimo objetivo, pues dista (según hito enclavado en los propios jardines del albergue) 202,5 kilómetros de Santiago y para obtener la compostela haciendo el Camino en bici se exige haber recorrido mínimo 200. Podría decirse que Ponferrada es al bicigrino como Sarria al peregrino.

Recorridas esas cuatro etapas ya conoceré todo el Camino Francés íntegramente, pues las otras etapas ya las he pateado alguna vez. De hecho una de las veces que llegué al Obradoiro fue saliendo precisamente desde Ponferrada, en el año 2012. Este año será un lugar de paso y desde allí realizaré las etapas igual que la otra vez. Así pues, la siguiente parada con descanso y pernocta será en Villafranca del Bierzo en el Albergue Leo. La otra vez me alojé en el Albergue La Piedra del que tengo gran y bonito recuerdo. Al día siguiente toca la etapa reina de la Ruta Jacobea: la temida subida al Cebreiro. Durísima pero eternamente recordada después. "Yo subí el Cebreiro, el Monte de la mala faba". La verdad es que yo que he hecho las dos etapas más duras que hay en todo el Camino, Saint Jean Pied de Port - Roncesvalles y Villafranca del Bierzo - O Cebreiro, prefiero ésta última a la etapa pirenaica. Pero de largo. La subida a O Cebreiro es dura, muy dura, pero de toda la etapa que es aproximadamente de unos veintinueve kilómetros, la crudeza máxima son doce kilómetros. Sin embargo el cruce de los Pirineos es criminal, pues de los veintisiete kilómetros de etapa que te separan de Roncesvalles, veintidós son en desgarradora y continua ascensión. Eso sí, el triunfo moral que deja el haberlas recorrido las dos lo recomiendo a todo caminante. Ahí quedan. Dicho esto y retomando mi querido O Cebreiro, cuando llegue el final de esa etapa descansaré en la Venta Celta, al igual que ya hiciera la otra vez. Y desde allí mismo dirigiré al día siguiente mis pasos hacia Triacastela, no sin antes enfrentarme a los últimos coletazos montañosos que nos ofrecen el Alto de San Roque y el Alto do Poio, para después dar lugar a un llaneo y un brusco descenso hasta la referida Triacastela, donde encontraremos comida y descanso en el Albergue Refugio del Oribio. Al alba del sía siguiente tendremos dos opciones, ambas con el mismo destino: Sarria. O elegimos la opción larga que pasa por Samos y su monumental Monasterio, variante que mi padre y yo ya conocemos de caminos anteriores, o elegimos la variante corta que pasa por San Xil pero comienza con una dura cuesta. Mi idea es esta vez ir por la variante de San Xil para conocerla y para recorrer la etapa más corta del camino que cuenta con sólo dieciocho kilómetros. La más larga debe ser la de Estella a Torres del Río o la de Logroño a Nájera, peinando ambas la treintena de kilómetros. Sea la que sea ya la he recorrido. Ojo, hablo de etapas preestablecidas a nivel medio, hay peregrinos que se aprietan de golpe la cifra de treinta y siete kilómetros que distan entre Burgos y Hontanas y se quedan tan anchos. En fin, fuere como fuere, Sarria nos espera, en concreto el Albergue Monasterio de la Magdalena. Será la cuarta vez que camino por Sarria y le tengo un cariño especial. Allí comenzó mi espíritu peregrino y allí nacen los 112 kilómetros más recorridos de toda la ruta jacobea. Antes hacía referencia a que Ponferrada es al bicigrino lo que Sarria al peregrino y os explico por qué. Si Ponferrada está a una distancia ideal de Santiago de Compostela para que el bicigrino obtenga su compostela por haber recorrido su mínimo exigido que son 200 kilómetros, Sarria está excelentemente colocada en la geografía gallega, distanciada con Santiago en 112 kilómetros y siendo 100 los kilómetros mínimos exigidos a los peregrinos para obtener su compostela, por lo que es el mayor punto de salida de peregrinación de todo el Camino. Sarria, mi querida Sarria.

Y de Sarria para adelante, ¿qué decir? Las míticas y clásicas cinco últimas etapas del Real Camino Francés. Las he realizado varias veces y he dormido en el Albergue Don Álvaro, en el Albergue Internacional y en el Albergue Monasterio de la Magdalena, en el que este año repetiré descanso para enfrentarme a "los últimos cien" y obtener la que será mi cuarta compostela, si bien mi meta en el Camino no es ganar un título escrito sino la experiencia y sabiduría personal. Desde Sarria y por la placentera salida del Ponte Áspera encaminaré mis pasos a Portomarín, donde me esperan por cuarta vez en el Albergue Ferramenteiro. Es de los mejores albergues por los que he pasado y como buen animal de costumbres repito en él. Si algo va bien, ¿por qué cambiarlo? Saliendo de Portomarín, cruzando el Miño y subiendo la cuesta hacia Gónzar iniciaremos la etapa que pondrá fin en Palas do Rei, pueblo en el que también voy siempre al mismo refugio de peregrinos: Albergue Mesón de Benito. Sus literas azules y su vino peleón me conocen bien. Y yo a ellos, claro. En Palas do Rei empieza la última etapa dura del Camino hasta llegar a la Praza do Obradoiro. Palas do Rei - Arzúa. Etapa larga, dura y rompepiernas por los continuos toboganes de subidas y bajadas que hacen imposible mantener un ritmo constante. Pero preciosa sin duda. Atravesar San Xulián do Caminho, Leboreiro, Furelos, Melide, Boente, Castañeda y Ribadiso da Baixo es mágico y reconfortante. Etapa dura pero bella que pondrá su fin en Arzúa, en concreto en el Albergue Don Quijote. ¡Que me gusta a mí ese albergue con nombre de mi tierra allá en el Camino! Repuestos del etapón anterior se continúa con una etapa más corta y liviana que nos conduce en unas cuatro horas y media a Pedrouzo (Arca O Pino). Allí nos alojaremos en el Albergue Edreira, el mismo donde me hospedé en el Año Santo Xacobeo 2010 y el mismo que me ofreció cama cuando estaba todo desbordado en Agosto de 2013. Se merece mi total confianza. Y los últimos pasos que darán forma a la treceava y última etapa de este gran camino son los que unirán Pedrouzo (Arca O Pino) con Santiago de Compostela. Veinte kilómetros nos separarán ese día de la Ciudad del Apóstol y allá irán nuestras botas dejando huellas y descontando metros, paso a paso, de este largo camino iniciado hace años ya.

Cuando llegue a Santiago lloraré, habré cumplido un gran camino, un precioso reto de tres años de duración, habré recorrido prácticamente toda España caminando y le pediré al Santo Patrón que continúe dándome fuerzas para poder visitarlo. Le daré gracias por todo y un gran abrazo. Comeré mi último menú del peregrino de esta aventura en "Casa Manolo" y llenaré de nuevo mi mochila de recuerdos, vivencias y emociones para seguir caminando en esta vida. Al fin y al cabo la vida es caminar...

Feliz verano a todos y ¡Buen Camino!