viernes, 18 de octubre de 2013

EL GRAN CAMINANTE

Estaba en deuda con él. Llevaba viéndolo desde que salí de Saint Jean Pied de Port. Un rastro de pegatinas se encontraban dispuestas a lo largo de todo el Camino. Mostraban un peregrino de espaldas con capa de lluvia y alto bordón, recién salido del resguardo que ofrecen los bajos del Palacio de Rajoy tras haberse refugiado de una tromba de agua, mirando hacia la Plaza del Obradoiro. Pude ver esa estampa en cualquier poste, en cualquier indicador, en cualquier flecha amarilla... Está acompañando a los caminantes a lo largo de todo el majestuoso Camino Francés. Ya la había visto en Compostela pero no sabía qué era, qué quería decir, qué significaba o qué anunciaba. Tan sólo eran pegatinas. Una foto y un pequeño texto. Abajo tenían impresas un nombre y una dirección web.
Y caminando lo conocí. Mi querido Antxon, me has enseñado tanto... Al fin te dí alcance en Logroño, en el Albergue Check in Rioja, ante uno de los hospitaleros más agradables que he conocido: Nacho Nájera. La etapa no había sido dura pues la anterior la hube alargado unos kilómetros más para poder disfrutar así más horas en la capital riojana. Salimos pronto de Torres del Río y llegamos a Logroño, a la puerta misma del albergue, sobre las 13:30. Y allí te encontré. Nada más verte supe que vendrías conmigo en la mochila. Lucías espléndido en la estantería de objetos en venta y recuerdos del refugio de peregrinos en el que me hospedaba. Tantas veces había visto esa imagen que el veneno jacobeo de descubrir el misterio recorría mis venas a cada paso que daba por el Camino que nos une. ¡¡El Gran Caminante!!, exclamé. Sí, me dijo la hermana del hospitalero, es un libro, un libro que escribió un chaval vasco sobre el Camino. Salió andando desde su casa y llego hasta Santiago. ¡¡Lo conozco!!, le dije. ¿Al chico o al libro?, me espetó. El chico murió, lamentablemente... No, no, al chico no, le contesté. No lo conocí, a la imagen, me refiero. Llevo viéndola estampada en pegatinas por todas las etapas y ahora al verla en la vitrina se me ha disparado la vista hacia ellas para, por fin, saber qué es eso de "El Gran Caminante". Acabo de descubrir que es un libro pero conocía esa imagen. ¿Te gusta el Camino?, me inquirió. Me encanta, le respondí. Es la cuarta vez que me dirijo a Compostela. Pues... Un libro escrito por un peregrino sobre el Camino. Ya sabes, me dijo ella. Me lo llevo, sin duda, dije mientras le regalaba una sonrisa. Y unas cuantas pegatinas también. Y así fue. Entre la alberguera y yo pusimos el exlibris como siempre hago cuando adquiero un volumen nuevo: fecha, onomástica del día y nombre. Esta vez la onomástica fue sustituida por el sello del albergue y compartimos bolígrafo los dos.  Per secula...

Y así llegaste a mi mochila, mi querido Antxon. En el albergue me indicaron que te diagnosticaron una mortal enfermedad y que tan grande era tu espíritu y tu amor por el Camino que, una vez decidido a escribir el libro de tu gran aventura, nada pudo frenarte. Aun postrado ya inmóvil en un lecho del que nunca volverías a levantarte en esta vida, a través de sofisticadas y novísimas tecnologías que saben interpretar un guiño de ojos, un parpadeo y un movimiento de iris culminaste la redacción de tu gran obra. Nos dejaste tu legado. Un legado que no tiene precio y que está redactado con la humanidad, la ternura, la belleza y el amor. Un precioso regalo que nos entrega la convicción total de que esto no termina aquí. Ni el Camino, ni la vida. Eres grande, "Bolitx". Me niego a hablarte en pasado porque no te vea en este mundo terrenal. Sé que estás. Sé que cuando te llevaba en la mochila camino de Santo Domingo de la Calzada, aquella etapa que a ti tanto te costó en tu gran Camino, me insuflabas ánimo. Todavía no te conocía, pero ya íbamos juntos. Seguías recorriendo kilómetros. El alma del Camino tocó tu alma y tu alma tocó la mía.

Cuando de vuelta al hogar me entregué a la ansiada lectura de tus líneas legadas es cuando te conocí de veras. Jamás había conocido a una persona a través de un libro, pero tú, Antxon, escribiste con tal realismo que te dabas a conocer a través de las palabras. He llorado en más de una ocasión leyéndote. Me niego a pensar que una persona tan grande como tú en todos los sentidos se haya marchado de esta vida porque sí. No puede ser. Sé que estás. Es injusto. Lloro de nuevo al pensar que esos pies de nenaza que tantas molestias te causaron en las primeras etapas no vuelvan a peregrinar. Pero sé que estás. Mi querido Antxon, te noto en la subida hacia el Refugio Orisson. Te siento en la bajada a la Real Colegiata de Roncesvalles. Te intuyo a lo lejos caminando por Navarra. Estás, sin duda, en Puente la Reina, allí donde los caminos a Santiago se hacen uno sólo. En Rioja permaneces conmigo donde nos encontramos. Qué decirte del Páramo... Lo conoces bien y te enamora el llaneo de Castilla, eres de los valientes que se enfrentan sin temor a la recta de Calzadilla. Por supuesto que atraviesas los montes de León y culminas disfrutando las pallozas en la niebla que se ofrecen en un O Cebreiro que acaba de abrirnos sus puertas a la Galicia celta. Te siento muy cercano cuando nos vamos acercando a Poniente y, sin duda alguna, hacemos juntos los "últimos cien" junto a la magnitud de peregrinos salidos de Sarria, como lo fueron Jeremías y Moniquilla. En Monte do Gozo tu presencia es inconfundible. Nos presentas en silencio a Madame Soledad y juntos nos presentamos satisfechos ante la Catedral de las bellas torres. Querido Antxon, estás por todo el Camino. Eres parte de él tanto como el árbol de Paula es parte del bosque de Telma.
A pesar de que no fueras muy creyente me atrevo a decirte que eras tan magnífico que Dios te llamó a su lado para tener un gran compañero caminante e incluso un buen jugador para cualquier partida de mus. Gracias a ti creo que he abierto más miras y ahora al caminar serás ejemplo. He saboreado con tanta intensidad la lectura de tu obra que parece que haya hecho el Camino a tu lado, espiándote, escondido entre los alemanes pétreos, ocultándome tras las volutas de humo de los canutos de los tiroleses, acechando tus conversaciones con Jimmy mientras degustabas un cruasán y un café con leche, pedaleando con los colombianos vagos que hacían en bici cada etapa los mismos kilómetros que los peregrinos a pie, agazapado tras Evaristo y Lucas mientras caminabas solitario, asomado tras la libreta de François que siempre aparecía tomando notas en cualquier rincón...  He llegado a conocerte, Antxon, a admirarte, a quererte. Eres grande. Sé que nos encontraremos en algún tramo del Camino.

Estaba en deuda contigo y quería rendirte este homenaje por haberte conocido y por todo lo que me has aportado tan sólo con leerte. Me has descubierto "la vida" paso a paso, me has hecho reír y llorar con tu obra, me has hecho sentirme caminante a tu lado... Tu libro es mucho más que un libro. Voy a intentar por todos los medios que estas palabras mías lleguen a tu familia para que sepan que, sin duda, una nueva estrella brilla en el cielo de Zumaia allá por tu tierra. Zorionak, mi querido Antxon, siempre has sido, eres y serás El Gran Caminante.

"Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos,
que el viento sople siempre a tus espaldas,
que el sol brille cálido sobre tu cara, 
que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos
y, hasta tanto volvamos a encontrarnos,
que Dios te lleve en la palma de su mano".

Gracias por todo, Bolitx.  ¡Bide on!

5 comentarios:

  1. Buahh!!! Q pasada Carlos me encantan tus palabras dedicadas a mi amigo Antxon, y me alegra saber que algunas de las pegatinas que yo y otras personas fuimos pegando durante el camino han tenido sus frutos. Tuvimos la suerte de compartir camino con Antxon y si a ti te ha enseñado cosas leyendo su obra imagínate a nosotros que compartimos muchos km con el. Nos enseñó entre otras muchas cosas a vivir. Te doy las gracias por hacerle este homenaje a nuestro amigo Antxon.

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    1. Gracias Manolo.
      Un placer el poder dedicarle unas líneas a Antxon y que logren el efecto que pretendía: que fueran leídas por su gente y rendirle tributo.
      Un abrazo.

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  2. Saludos Carlos, y muy sentido tu comentario, me has emocionado. Te he enviado un correo privado, confio lo hayas recibido. A tus amigos y seguidores animo a comprar el libro. Es una autoedición, y la distribución la hace su padre. Podeis hacer los pedidos en la web www.elgrancaminante.com El libro os llegará a casa. Buen Camino a todos.

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    1. Hola Gloria!
      Muchísimas gracias por tu comentario y tu mail personal. Lo recibí y lo contestaré, pero han sido muchas (gracias a Dios) las muestras de cariño y afecto recibidas por mis palabras hacia Antxon y quiero responderlas todas. Tu no serás menos, claro está.
      Un afectuoso saludo y... ¡Buen Camino!

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  3. !Que bonito ,Carlos ! es precioso este mini resumen que has hecho de tu Camino " junto " con Antxon, le hubiera encantado leerlo, pero ¿que digo ?
    ! le a encantado !!

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