miércoles, 3 de junio de 2015

VIRGEN DE LA CABEZA

Soy consciente de que esta entrada llega un poco tarde, pero he tenido un ajetreo fuera de lo común en mi metódica vida y no he podido verter unas líneas antes en el Rincón. De modo que a los que os haya hecho esperar demasiado os pido perdón a lo Antonio Orozco. Pido perdón a sabiendas que no lo concedas, pido perdón de la única forma que sé: escribiendo. Dicho esto me inmiscuyo de pleno en la gramática y comienzo un incesante tecleo hasta que concluya esta pequeña entrada dedicada a la gente buena que con costal y faja realizan el más bello oficio que exista: pasear la fe por las calles. En esta ocasión y como siempre ocurre en el mes de Mayo la imagen paseada de ferviente manera fue la Virgen de la Cabeza, nuestra querida pequeñita y morenita, la célebre aceitunita bendita. Cuántas oraciones se esconden bajo sus gruesos faldones verdes que reflejan la esperanza. Cuántas ilusiones y cuánta amistad compartida en esa calurosa tarde de Mayo en que la Morenita sale a las calles...

Esta cofradía de Gloria quizás sea de las que mejores ratos me ha dado por muchas cosas: por compartir trabajadera con quien la comparto, por ser el primer paso que saqué a costal fuera de la Semana Grande, por los buenos ratos en la igualá y en la desarmá, por acercar la imagen mariana a unas monjitas residentes en la periferia de la ciudad, etc, etc. La verdad es que me gusta por varios motivos y este año fui feliz con Ella (como siempre) y más aún cuando al salir de relevo estaba Gemma viéndome. Fue emotivo y ella sabe por qué, aunque puedo adelantar que a ella no le gustan las cofradías  y yo no me esperaba que finalmente viniera, por lo que, que ella viniera y verla, me alegró mucho. Espero algún día explicar el por qué y eso me haría triplemente feliz: feliz por pasear a la Virgen de la Cabeza, feliz por estar Gemma por allí y feliz por poder explicar por qué aquello me hizo tan feliz. El caso es estar feliz fuere de la manera que fuere y ojalá estuviera en mi mano que todo el que leyere estas líneas también estuviera siempre feliz. Si yo puedo contribuir a ello que no dude en decírmelo. Al fin y al cabo la vida es mucho más bella así.

Lo que es la procesión en sí transcurrió con la elegancia y buen hacer que viene demostrando esta cuadrilla de amigos desde hace años. La conjunción entre veteranos y noveles (como en el Himno del Real Madrid) viene siendo total y ello se transmite de parihuela para arriba meciendo a la Aceitunita con gracia y salero por un lado y con arte y esmero por otro. El caloret (como diría Rita Barberá) hizo acto de presencia y la cuadrilla de los chiquinines que hacía la salida nos dio el relevo a la cuadrilla alta con las maderas ya humedecidas por el sudor y el termostato autoregulado a 40 grados aproximadamente. Cuánto nos gusta el oficio costalero para meternos en estas faenas, de verdad. Pero la satisfacción y la sonrisa no se comprenden si no se ha estado nunca bajo los pasos. Por eso me siento orgulloso de ser costalero. Conozco bien esa satisfacción y esa sonrisa generadas por el esfuerzo hecho con el más profundo sentimiento que oculta y merma todo resquicio de cansancio físico que pueda aparecer.

Un año más me quité el costal con los ojos humedecidos y mirando a la Madre de Dios le suspiré un "Ahí quedó" cargando la suerte hacia la nostalgia y la esperanza. Ella me entiende y aunque no sea mi Macarena del alma ni la Virgen de la Salud a la que tanto afecto estoy cogiendo, no dejan de ser una representación más de la misma y única que escucha cuando desde el corazón sale un Ave María sin que se tercien palabras. ¡Viva la Virgen de la Cabeza! ¡Viva la Morenita! ¡Viva la Aceitunita Bendita! ¡Y viva la Madre de Dios!

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