sábado, 21 de agosto de 2021

¡QUÉ DÍAS MÁS BONITOS!

Te dije que seguramente volveríamos a vernos por estos lares antes de que marchase, con la mochila a la espalda, a recorrer mi amado Camino de Santiago. Y, es más, creo recordar que te prometí que intentaría que así fuera. Finalmente no pudo ser, querido Julio. Pero mira, aquí estoy. Escribiéndote de nuevo a ti y eso que ya ha pasado el ecuador de Agosto. A lo mejor vuestros diez hermanos se ponen celosos pero Enero y tú siempre desprendéis para mí una fragancia especial. Fíjate que Abril me encanta con sus palmas y su incienso y que Agosto me da la paz y tranquilidad que tanto deseo en ocasiones, pero Enero me permite llenar la agenda de sueños y metas y tú siempre me guardas alguna sorpresa. Este año me has hecho seguir integrándome y disfrutar con y en esa hermandad de hombres buenos, guardianes de la tradición, mantenedores de la esencia de nuestra raigambre que tan bien me acogen sin que yo sea uno de ellos, tratándome casi como uno más. Y que tengan ciertos detalles con mi hija es lo que más feliz puede hacerme. La veo a ella contenta entre ellos y sonrío. Lo confieso, a la par, también miro al cielo y evoco esa mirada almagreña que me anudó mi primer pañuelo de hierbas al alma. Y sé que desde arriba ella mira a mi pequeña Claudia y me ve a mí mismo feliz, recordándola y amando a mi hija en la más pura esencia de lo que el Prado, empapado de Catedral, Virgen del Prado y costumbre, rezuma en los últimos días del mes de Julio.

"Mi papá es pandorgo", dice mi niña. Me enternezco y pienso que debo serlo si ella lo dice, pero que, quizás, en ese sentido de amante de lo propio, ya lo soy. Amo mi Ciudad Real natal, sus tradiciones y sus gentes. Y me gusta que perduren, ayudar a que lo hagan, mantenerlas, enseñarlas, difundirlas y enorgullecerme de ellas. Y es lo que le inculco. Entiendo que ella ve que esos hombres que visten blusón y boina o traje de rico, dependiendo de la ocasión, hacen tales cosas y me asocia a mí con ellos. Y vuelvo a acordarme de mi abuela cuando desde niño me decía "tú tienes alma de pandorgo, ya actúas como tal". Y cuando, muchos años después, se lo conté a Gemma, mi mujer, me dijo "pues claro, ya lo eres, amas tu tierra profundamente". Y estos días tan bonitos cuando luzco mi pañuelo, impuesto por el pandorgo de hogaño -como debe ser- y lo paseo con todo el pecho lo más henchido posible, mi hija dice de nuevo "mi papá es pandorgo" y realmente pienso que, por y para ella, lo soy. Por ella, mi Lela, por ella, mi mujer y por ella, mi pequeña. Y por Ella, mi Patrona, por supuesto. Así actúo y me sale de dentro. Los tres consabidos vivas ya los gritaré en su momento, si no me quedo sin aliento por la emoción y, entonces, sí lo seré en todos los sentidos y acepciones. No sé cuándo será pero el caso es que volvamos a vernos con unos días tan preciosos como estos. Cada recuerdo me aflora una sonrisa al alma.

No ha corrido la limoná por los lebrillos pero para los que amamos la Pandorga ha sido especial. Hartos ya de mascarillas, restricciones y de este maldito virus, ladrón de abrazos y besos, poder aunar los sentimientos hacia la Morena del Prado y brindarle de nuevo una fiesta por y para Ella, lo es todo. Mientras sigan los ignorantes diciendo que la Pandorga es un macro botellón y no se impregnen de la fiesta de verdad, no se aprenderá nunca. Hay muchas actividades que pasan desapercibidas y son "pura pandorga". Pero, vamos, si los que consideran la fiesta de la tradición únicamente una borrachera social, no participan en ella, ¿qué decir? Pues que mejor. Más esencia y pureza para los que la vivimos de verdad. Así lo pienso. Eso sí, luego cuando quieran participar, puerta cerrada. Aunque siempre habrá alguno que se cuele y se dé de bruces con la realidad. Tampoco será malo eso. ¡Ya está bien! Pues lo dicho. Este año, tan extraño, tan anómalo, tan diferente al anterior y, espero, tan distinto al que viene, los que de corazón sentimos el pañuelo de hierbas anudado profundamente, hemos vivido la Pandorga intensamente. Se ha proclamado nuevo pandorgo que en nombre del pueblo ha dado gracias a la Patrona, ha habido ofrenda de frutos y flores y, como dice el himno, entre el Prado viejo y la Catedral se ha elevado un largo tablón y, por la noche, las agrupaciones han bailado a su alrededor. El año pasado no hubo nada. Este año, en esencia, ha habido de todo. Botellón, no. Pandorga, sí. Tomen nota aquí.

¡Qué días más bonitos! Se respira aroma de Ciudad Real, de capital de La Mancha y de Virgen del Prado a la que en peregrinación vienen a rendirse desde pueblos lejanos. Y, es curioso, estas letras que, como antes decía, quería haber publicado antes de que terminase Julio, finalmente están siendo plasmadas a mitad de Agosto, en plenos días de Ferias y Fiestas en honor a Ella, ¿a quién si no? Veo alegremente que la Hermandad de Pandorgos está muy activa, que la Asociación de Dulcineas y Damas Manchegas está disfrutando también estos días preciosos y que en los Jardines del Prado el ambiente no puede ser mejor. Se juntan en los mismos nuestras raíces, nuestros sentimientos, nuestros orígenes. Allí nació y se fundó la ciudad, allí se levantó la Catedral, allí surgió la Pandorga y allí preside toda Ciudad Real la vecina más vieja de esta villa, la de los ojos azules, la que habita en el Camarín donde se unen las miradas y oraciones de nuestros mayores y nuestras propias. Y yo, personalmente, viviendo y disfrutando todo ello con la mejor compañía posible. ¿Ya te he dicho que te quiero, mes de Julio? No te sorprendas si lo repito. Mi hija, desde niña, entre Pandorgos y Dulcineas. No puedo estar más feliz de enseñarla a amar nuestra tierra. ¡Qué días más bonitos!

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