jueves, 27 de agosto de 2020

LOS VAIVENES DEL FÚTBOL


Me gusta, de vez en cuando, releer mis propios textos y entradas viejas. Me traen recuerdos y sonrisas a mí mismo y, además, me sirven para corregir alguna falta ortográfica que, muy tuna ella, entre tecleos rápidos, odiosos correctores que yerran más que aciertan y lecturas fugaces, se empeña en permanecer en el lugar que no le corresponde. Y mira por donde, hoy releía las últimas veces que escribí de fútbol. En concreto las dos últimas. En la penúltima el Real Madrid volvía a estar de dulce y a ganar partidos casi por inercia. Y en la última, si antes lo digo, el Real estaba metido en una espiral autodestructora de la que no salía ni era capaz de levantar cabeza tras la caída. Y en esas estábamos cuando llegó el clásico en el Santiago Bernabéu, los goles de Vinicius y Mariano al Barcelona, el partido y el liderato para el Madrid, la derrota contra el Betis, el liderato de nuevo para el Barcelona y, ¡tachán! la pandemia del coronavirus. Una montaña rusa en la que el club de Chamartín volvía a lo más alto, acto seguido volvía a caer y para remate se desató una enfermedad a nivel mundial que conllevó la declaración del estado de alarma, la suspensión del torneo e incluso el confinamiento de la población durante prácticamente tres meses. Casi nada. Lógicamente la vida futbolera en su más amplio entendimiento se vio afectada y estrictamente nadie sabía si se reanudaría, si no, en qué estado y cuál sería el ánimo y rutina de su equipo. Los madridistas, acostumbrados a golpear cuando nos dan por muertos y a morder el polvo cuando nos quieren levantar un altar, no sabíamos si, en caso de reanudarse el campeonato doméstico, la senda a seguir volvería a ser la de la victoria o la del fracaso. Tocaba esperar.

Y llegó el retorno, el reinicio o la restauración. El caso es que por una cosa u otra la liga volvió a jugarse y de una manera peculiar. Había que acabar la competición como fuese (cosa que jamás entenderé muy bien por qué) y los mandamases del asunto estimaron propicio poner un calendario en el que los equipos jugasen cada tres días para disputar así las once jornadas que restaban. Y el Madrid decidió que esa liga sería suya. De los once partidos ganó diez de manera consecutiva y empató el último, ya intrascendente pues se hubo proclamado campeón la penúltima jornada. Hoy que lo escribo a toro pasado parece mucho más sencillo de lo que fue, si bien, todo hay que decirlo, hubo suerte en algunos partidos, mucha suerte en otros y una decadencia y acentuado declive en el eterno rival. Lo del Barcelona es otra película pero el final de temporada que ha tenido es bochornoso. Ocho veces bochornoso. Los vaivenes del fútbol. Se pasa de la cima a la base en un abrir y cerrar de ojos. Y además de manera ruidosa y con estrépito. Cuando los jugadores están saciados se nota y la hecatombe es terrible. Me viene a la cabeza la Selección Española, cuando tras ganar consecutivamente Eurocopa, Mundial y Eurocopa en los años 2008, 2010 y 2012, se derrumbó de tal manera que en el siguiente Mundial ni siquiera superó la fase de grupos. Increíble. 

Precisamente ese resquemor lleva un tiempo sobrevolando Concha Espina. El Real Madrid, único en eso, le duela a quien le duela, ha ganado últimamente cuatro Copas de Europa, ganó tres seguidas y, a lo que iba, la plantilla de jugadores era prácticamente la misma. Tras ello llegó la caída. La hubo. Ahí está la reciente historia y la hemeroteca. Y, por supuesto, no debe omitirse el baile de entrenadores habidos y las promesas desde la cúpula de grandes cambios y renovaciones. Pero nada. Ni llegaron grandes cambios ni hubo profundas renovaciones. Quedaron atrás los episodios de la salida de Zidane, quien sabía que habría caída, el fichaje extraño de Lopetegui, su casi inmediata salida, la llegada al puesto de Solari, los devenires de Isco, James, Bale, Marcelo, etc, la vuelta al banquillo de Zidane y mil cosas más que en el mundo del fútbol ocurren en muy poco espacio temporal. Y, ahora, años después, va el Madrid y con esa misma plantilla y aquella vieja guardia, se proclama campeón de la liga más rara de la historia. Son cosas que no dejan de sorprender. Y volviendo al primer párrafo, tras la derrota a manos del Betis, en ese incipiente mes de Marzo que será para siempre inolvidable, pocos habrían apostado que el ganador de la liga 19/20 hubiera sido finalmente el Real Madrid. Yo, personalmente, no lo tenía claro.

Y, finalmente, el Real Madrid campeón de liga. Otra vez. Cosas que pasan y que deben estar ligadas con la historia de una manera que no conocemos porque siempre, siempre, siempre los capítulos más recordados los escribe el Real Madrid. No es que lo diga yo, es que es verdad. Y esta vez ha vuelto a ser así. Me llamó mucho la atención una rueda de prensa en la que el capitán, Sergio Ramos, afirmó en los micros que "Liga del Coronavirus sólo va a haber una y la quiere ganar el Real Madrid". Ese día es cuando supe que el Madrid ganaría. Independientemente de que Zidane ya dijera a principio de curso que su principal objetivo era alzarse con el título del campeonato doméstico, las dudas siempre estuvieron. Pero ese día se acabaron los vaivenes. No era cuestión de ánimo alto tras ganar el clásico o ánimo bajo tras perder con el Betis, era cuestión de que esas declaraciones de Sergio Ramos transmitían que el vestuario quería esta liga, ésta en concreto, la del año de la pandemia, la que pasará a la historia, la de los campos sin público, la que cuando pasen los años se dirá "la liga del año del covid la ganó el Madrid". Y así fue. Lo dice el himno: "Historia que tú hiciste, historia por hacer". Y la liga la ganó el Real Madrid. Costó, hubo suerte (ya lo he dicho antes) y se hicieron los deberes bien. Y aunque días después se tirase por la borda de manera estrepitosa la posible clasificación para cuartos de final de la Champions, el regustillo de esta temporada tan extraña es bueno. El fútbol es así, va y viene, viene y va. Y lo que llevo viviendo estos casi cuarenta años de vida que peino es que el Real Madrid siempre sigue ganando algo aunque venga y vaya. Entre unas cosas y otras treinta y cuatro ligas tiene ya el Madrid. Insisto: no es que lo diga yo, es que es verdad. 


viernes, 31 de julio de 2020

PUDO SER Y SERÁ

Hoy retumba en mi sesera la canción de Alejandro Sanz "¿Lo ves?" en la que dice "Pudo ser y no fue por ser la vida como es, nos dio la vuelta del revés, ¿lo ves?". Y es que estos días están siendo complicados por muchos motivos, algunos personales, otros intrascendentes, algunos de peso y otros banales. El caso es que podían haber sido muchas cosas y no las están siendo. Y me duele. Y me incomoda el volver a verter sentimientos dolidos en el blog en estas fechas que normalmente reboso alegría. Y por ello voy a cambiar la letra de mi querido Alejandro y va a ser "Pudo ser y será". Sin ir más lejos, el 30 de Julio es el día de la limoná. Y, por supuesto, lo es, no es que pudo serlo este año especial, no, es que lo es. Y la hice y la disfruté, no del modo que quisiera, evidentemente, pero para eso amo mi tierra, las costumbres y las tradiciones. Mi lebrillo los cuatro únicos ingredientes que necesito (vino, limón, azúcar y hielo) y otro 30 de Julio más con la limoná. Esta vez sin gente, sin corro de amigos y sin concurso. Pero surgió una sorpresa y de verdad fui feliz. Mucho. Pudo ser, lo fue y lo será. Y voy a ponerme mi blusón manchego y mi pañuelo de hierbas. Y voy a celebrar la Pandorga, porque, al fin y al cabo, es por y para Ella, la Virgen del Prado. Y voy a preparar mi Camino de Santiago ya que, si bien, no iré el primer día de Agosto como suelo ir, si Dios y el Apóstol me dejan, en Diciembre pondré mis botas de nuevo en la Ruta Jacobea. Así es que "Pudo ser y será".
Hay que subir el ánimo y disfrutar de lo que se pueda. Y pienso aprovechar todo resquicio que la vida me ofrezca para ello. Otros años estaría ya de vacaciones y este año me he dado cuenta que también lo estoy.  Sobra el condicional. Parece irreal pero estoy de vacaciones, aunque al no tener plan para gastarlas es como si fuera mentira, una sensación extraña, pero sí, mañana no tengo que venir al despacho y seguir la vida jurídica durante unos días. Y tengo a mi familia y mis amigos para pasar tiempo con ellos de la mejor manera que pueda. ¿A qué espero? Pudo ser y será. ¡Voy echando lumbre para hacer brasas y comenzar la barbacoa! ¡Y voy a tomarme unas cervecitas caseras que para eso las hice! Y voy a salir a andar por los campos de La Mancha que el Camino me espera, no en pocos días, pero sí en pocos meses. Hay que entrenar. Y también voy a ver si hago todas las excursiones cercanas que siempre voy posponiendo. ¿El Castillo de Calatrava? Ya iré, total está aquí al lado... ¿Los molinos de Campo de Criptana? Ya iré, total están cerca... ¿La Venta del Quijote de Puerto Lápice? Ya iré, total en un mañana la veo... Pues ha llegado el momento de todo ello. Así es que afloran los planes de nuevo para llenar estos días libres. ¡Vamos allá!
Tanto es así que esta entrada va a ser más corta de lo normal porque ya me apremia el tiempo para su disfrute. Tengo tiempo libre para gastarlo a mi antojo y a #MiNiñaClaudia con sus tres añitos dispuesta a que lo disfrute con ella. ¿Qué más puedo pedir? Y sin esperarlo he pasado en estos días tan extraños de Zurra y Pandorga verdaderos ratos de felicidad junto a ellos, esos guardianes de la tradición que me tratan como a uno más y a los que nos une el amor por las costumbres de nuestra tierra. Gracias, Pandorgos. ¡Viva la Pandorga! ¡¡Viva Ciudad Real!! ¡¡¡Y Viva la Virgen del Prado!!! Me espera la piscina, me espera una cervecita fría, me esperan un puñado de buenos ratos agazapados en la esquina, me espera mi mujer con una sonrisa, me espera mi hija llena de alegría. Y yo estoy de vacaciones. No termino de asimilarlo pero es cierto que he cerrado el despacho para unos días. Doy paso a un Agosto que se viene extraño igual que lo ha sido el mes que lo ha precedido. Pero siempre hago el cambio con aroma de limoná, con pañuelo de hierbas, con una oración a la Virgen del Prado y con la mochila de peregrino dispuesta a seguir cargando con kilómetros de vivencias. Y este verano de 2020 también va a ser así. Me pongo ya manos a la obra. Y como digo siempre: Sonrían, por favor. Pudo ser y será.
Vacaciones 2020

jueves, 16 de julio de 2020

JULIO, JULIO, JULIO...

El año pasado por estas fechas escribía una entrada llamada "Julio, ¡ay, Julio!" pues este séptimo mes del calendario siempre es especial para mí. Y este año también aunque por diferente causa. Julio siempre ha sido el mes del disparadero de sentimientos entremezclados. Conjuga el cansancio acumulado de llevar once meses trabajando sin más festivos que los días rojos del almanaque, los nervios de ver la cercanía de Agosto con la agenda llena de planes ilusionantes durante las vacaciones, la alegría de las primeras verbenas de verano, los ratitos de cofradía y costal en la Virgen del Carmen de Ciudad Real y en Santiago Apóstol de Granátula de Calatrava, los planes de un nuevo y continuo Camino por la ruta jacobea retomándolo y reencontrándome donde lo dejé y la llegada de mi bien amada Pandorga, con aromas de limoná y pañuelo de hierbas desde mi infancia anudado al cuello del alma. Y este año, sin embargo, vagabundeo por el mes de Julio sin ser consciente que ya he consumido la mitad del mismo y no hago sino seguir ejerciendo la abogacía en vez de descontando días para el descanso sumando días recuperados del tiempo en que estuve confinado. Un Julio atípico y atópico. Joaquín Sabina diría "¿quién me ha robado el mes de Abril?" y yo digo "¿quién me ha cambiado mi querido Julio de esta manera?"

Sin ir más lejos, hoy sacaría a costal a la Virgen del Carmen, como siempre con mi abuela en la memoria, me quedarían días contados para una nueva Pandorga, tendría mi blusón manchego de mil rayas preparado y estaría descontando estos últimos quince días  que me separan del mes de Agosto para volver a abrazar a mi amigo Iñaki y seguir recorriendo con él nuestro querido Camino de Santiago. Y, sin embargo, he aparcado el coche justo donde estarían los chiringuitos de la verbena, el costal reposa tranquilo en el armario de casa, la Pandorga de este año no va a existir y no tengo ni un albergue reservado porque no puedo pisar el Camino el mes que viene. ¿Dónde estás, Julio, amigo? ¿Qué ha ocurrido? Estos días en los que seguimos internos en la pandemia del Coronavirus, porque no se ha ido, sed conscientes, sigue ahí, me están golpeando el ánimo duramente. Y aunque siempre me gusta seguir haciendo planes y, a poder ser, aplazando los sueños mientras redundantemente sigo soñando con ellos, la realidad es la que es. Y duele. Cuando se es realmente consciente de todo lo que nos está robando el maldito virus hasta tal punto que ya no somos ni dueños de nuestras vidas, duele, fastidia y enrabieta mucho. Al menos a mí. Pero es lo que hay.

Y, ojo, no puedo quejarme. Ni quiero hacerlo, ni lo estoy haciendo. Desfogo mis sentimientos de este extraño mes de Julio en estas líneas personales que sé que serán leídas por los parroquianos fieles al Rincón, simplemente eso. Pero sigo viviendo con una sonrisa siempre que puedo y estoy haciendo cosas que otros meses de Julio "normales" no podría hacer. Lógicamente mentiría si no dijese que me duele no tomarme un botellín tras pasear a la Reina del Carmelo en el día de su fiesta, también me duele que este año no habrá salida procesional de Santiago con sus jóvenes costaleros debajo, me duele mucho, pero mucho que este año no haya verbena en el Perchel, mi barrio, mi infancia, mis raíces, mis recuerdos, me duele también muy profundamente que la Pandorga 2020 no vaya a existir y que la Virgen del Prado, Patrona de la Mancha, se quede sin la ofrenda de su pueblo y me duele por último no poder perderme unos días entre pueblecitos que van haciendo camino entre Roncesvalles y Compostela. Si no lo digo reviento y miento. Me duele. E insisto que no puedo quejarme pero es lo que siento. Y más me duele aún no el perderme todo eso, sino que cuarenta mil familias hayan visto igualmente todos sus planes truncados y encima estén llorando la muerte de un familiar por el puñetero coronavirus que jamás me cansaré de maldecir.

Entendedme que despotrique en mi espacio privado aún sin tener causa grave para ello. En realidad no tendría ni causa y mi queja es solo por no poder cumplir mis costumbres y tradiciones. Eso, lógicamente, es ínfimo al lado de lo ocurrido. Quien me conoce bien sabe que para mí Julio es un mes muy especial y por eso me flaquea el ánimo estos días. Y aunque llevo meses sabiendo que este Julio no sería como siempre, es ahora, cuando día tras día me topo de bruces con esta cruel verdad cuando más me duele y tomo plena conciencia de una realidad inevitable. Y quizás lo que más rabia me da es la impotencia de estar sumiso en la incertidumbre. Ojalá pudiera decir que este Julio y sólo este Julio de 2020 será el Julio anómalo, pero ¿quién me garantiza o me asegura que el próximo Julio del año 2021 volverá a ser normal? Eso sí que me enrabieta. La duda. Y ojalá no haya más ausencias en los planes de vida que haga la gente. ¿Tendremos Navidad? ¿Volverá la Cabalgata de Reyes con las gentes en las calles agolpadas entre ojos brillantes de niños? ¿Llegará Febrerillo loco con su Carnaval a cuestas? ¿Volverá a inundarse Sevilla de azahar cofradiero el mes de Abril? ¿Llegará un nuevo Julio con los sentimientos que siempre me ha despertado? Eso me ahoga y por ello suelto lo que me oprime en forma de letras en mi humilde blog. Estoy en unos días que tendrían que estar rebosando de sentimientos encontrados que llevo gestando desde que nací. Y, sin embargo, se han esfumado de una manera increíble. No lo voy a repetir más: no puedo quejarme por nada y vivo felizmente. Eso sí, hago gala de mi raza costalera y escribo lo que siento. Siempre de frente. Los Viernes los sueños seguirán brillando más y volverá mi amado Julio.

martes, 30 de junio de 2020

LA "NUEVA NORMALIDAD"

Ríanse, ríanse de nuevo que ya lo hicieron. Cuando digo que lo mejor es la rutina una vez que la tenemos ya formada a nuestro deber y antojo me dicen que estoy loco, que eso es un aburrimiento y que hay que dejar paso a la aventura. Y se ríen de lo que digo. Bien pues ríanse otra vez si quieren pero ahora ven que es cierto. Se han pasado meses viviendo una aventura inesperada, de esas que añoraban, de esas que son imprevisibles, de esas que hay que dejarles paso para que rompan la rutina y resulta que estaban deseando volver a la normalidad, es decir, a la rutina. Ustedes que se reían de los que gustamos de tener la agenda planificada y llena. Ustedes se han visto inmersos de golpe en tal aventura azotando a la vida que les ha privado de sus trabajos, de sus prácticas habituales, de sus ratos de improvisación, de sus familias y amigos y, lamentablemente en algunos casos, hasta de un ser querido. Y ustedes, tan risueños meses atrás y tan graciosos comentando acerca de los que somos felices con una rutina establecida que en ocasiones nos ha costado años orquestar, han estado suplicando que volviera todo a la normalidad, a su normalidad, a su rutina, vamos, a la de ustedes, a la de los que decían no tenerla y sin embargo viven en el dos y dos son cuatro, trabajo de tal a tal hora, los Lunes voy a inglés, los Miércoles juego al pádel, los Jueves voy de cañas, los fines de semana alterno uno en el pueblo y otro en la ciudad y los Domingos como paella esté donde esté. Ríanse, ríanse de las barbas de su vecino pero cuando ustedes las tengan afeitadas porque los rutinarios que se las dan de aventureros son ustedes. Y hoy no vengo a a reírme yo, pero voy a poner el punto en la i.

No fueron pocos los que hace meses, cuando vertí unas líneas diciendo que todo ser humano lo que necesita para vivir cómodo y feliz es tener establecida una rutina de actividades y comportamientos, me tacharon de chalado. No sé si es que no lo entendieron o no lo quisieron entender. Pero así fue. Y les hace gracia cuando yo en el mes de Enero planifico el año que tengo por delante e intento, en lo que está en mi mano, que se cumpla. Quizás pasan por alto el detalle de la oración "en lo que está en mi mano" porque nadie es dueño del destino y de lo que el mismo traiga. Cojo mi agenda me marco las metas y lucho por ellas en lo que de mí depende pues es la única forma de intentar lograrlas y luego disfrutarlas. Pero claro, eso conlleva rutina y constancia. ¡Qué aburrido! Y sí, me aburro mucho. Vamos, muchísimo. Ya ven que aburrido estoy: no me faltan nunca planes, ni tiempo de ocio, ni gente con quien pasar un rato. Raro es el tiempo que no estoy haciendo faenas nuevas o trasteando tareas de antaño. Jamás estoy quieto mucho tiempo sin excursiones o viajes. Y, entremedias de todo ello, tengo mi familia, mi trabajo, mis costumbres y mis aficiones que no son pocas. Y sí, efectivamente es una rutina: vivir lo más feliz que pueda conjugando lo que traiga la propia vida y lo que yo pueda aportar.
Y todo ello viene por este tiempo llamado "nueva normalidad". ¿Qué es eso? ¿Hemos recuperado (o estamos en ello) nuestra rutina de antes o estamos iniciando una nueva? ¿Dónde están los aventureros que huyen de planificaciones y ven que ahora no dominan ellos su agenda vital? La "nueva normalidad" es una chufla. Mientras sigamos con uso obligatorio de mascarillas y saludándonos con el codo la situación no es normal. Y eso no es que lo diga yo, es que así. Vendedle la moto a otro. Otra cosa es que nos tengamos que adaptar a ella y seguir viviendo. Evidentemente no podemos estar sumisos y viviendo con miedo, hay que vivir, pero hay que ser conscientes también de que la vida sigue pero no como quisiéramos y nos gustaría sino que vuelve a su rutina de la manera que ella quiere y nos va revelando conforme acaece. Que ahora para ir al cine hay que asistir con el inseparable gel hidro alcohólico, la mascarilla y no se pueden llenar las salas, bien, pero que quien podía antes ir por costumbre un miércoles ahora puede también ir y apuntarlo en la agenda como un plan, también. Por lo tanto, la rutina va volviendo y los planes aflorando. Se trata de seguir viviendo de la manera más feliz posible que se pueda y que nos dejen.


Así es que ríanse, ríanse y a la vez lloren y sucumban al reconocimiento de que la mejor manera de vivir es la rutinaria, la que llena las agendas de planes forjados con ilusión, la que parece que nos encorseta al calendario pero en realidad nos hace gozar de la libertad de tener el tiempo ocupado por contradictorio que parezca. Porque tener el tiempo ocupado es vivir, es compartir, es soñar, es recordar y es avanzar por un camino que creemos moldeable y dominable. Podemos quedar y desquedar, hacer y deshacer, estar atados al horario laboral y a las obligaciones, estar libres en los ratos de descanso y llenar como más nos apetezca el resto del tiempo. Y precisamente eso lo llevamos haciendo muchos (me incluyo) desde hace años mientras otros creen vivir a lo loco y a la aventura en un mundo que dominan y que, en realidad, cuando la vida se pone seria como ahora, se demuestra que no es así. Ríanse pero de verdad. Ríanse porque la vida les da la oportunidad de disfrutar de ella y les regala una agenda que llenar con los familiares y amigos. Vivan, vivan como mejor puedan, siguen vivos y conviviendo con una pandemia que ya es histórica e historia viva y real. Esa es la única verdad y "nueva normalidad" que existe. Amóldense, disfruten de todo lo que esté al alcance de sus manos, reconozcan que la mayor comodidad y confort es la rutina y sueñen con mil proyectos por cumplir. Y cuando los cumplan, rían de nuevo de felicidad. Ya volveremos a la normalidad, a la real, a la de siempre, a la "normal" de verdad. Pero por ahora lo normal es esto, ni viejo ni nuevo, esto, lo que hay, lo indominable, lo que nos crea sin saberlo nuestra rutina. Rían, vivan y sonrían. ¡Hasta otra!

miércoles, 17 de junio de 2020

A MIÑA SIDRIÑA

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo olvidarme por ser en el que habito y amo, no ha mucho tiempo que me aventuré a la elaboración de cerveza casera adquiriendo para ello un kit preciso de iniciación, si bien, juzguen vuesas mercedes lo que vieren y entendieren, debido al uso que del mismo hago y los avances en tan singular técnica ha devenido en hacerme ya efectivamente iniciado, sí, pero experto iniciado a sazón de los resultados y variedad de los mismos. Y no doy más pasos en aquesta aventura porque el lugar doméstico no lo permitiere en cuanto a espacio y, bien sabéis, porque mi esposa y ama, que no pasa de los cuarenta como Cervantes dijera de la que con Don Quijote vivía, podría bien partirme el palo de siete escobas en las costillas si introduzco más trastos y majaderías en la hacienda, llenando así de bártulos los espacios comunes y convirtiendo en maquiavélica fábrica cervecera el hogar donde residimos. Sin embargo, un descubrimiento hallado en los libros, no de caballerías más sí de cervecerías, dio en mi mente con la afortunada idea de usar el kit para otro licor que no fuere el extracto de cebada. Y así llegó a mí, una vez la elaboré, a miña sidriña, dicho sea de gallegas maneras, pues la misma, si bien procede del Reino Astur, me evoca recuerdos de la tierra donde se halla Finisterre. Y mi sidriña y su historia, sin duda alguna, en el blog ha de quedar plasmada per saecula.

Dicho lo anterior de cervantina manera, haciendo recuerdo de su obra más universal, ha de saberse que en los tiempos de confinamiento, con nocturnidad y alevosía hice el encargo a la web "Cocinista" (que es donde adquiero todos los "asuntos cerveceros") de un kit preparado para hacer algo más de una veintena de litros de sidra. Cierto es que me gusta esa bebida y las varias veces que he ido a Inglaterra he tomado más pintas de sidra que de cerveza y cierto es también que cuando compré el equipo para hacer cerveza pensé que sería una gozada poder hacer sidra también, lo que pasa que no sabía que sí que se podía con ese mismo equipamiento, hasta que un día, como todo, de casualidad, lo descubrí. Y desde ese día supe que la haría. El parón de la vida cotidiana que nos trajo la pandemia puso a huevo el momento pues no tenía otro entretenimiento mejor y sin pensarlo mucho compré lo necesario. Además ya estaba maquinando hacer y diseñar unas etiquetas para las cervezas caseras así es que incluiría otro modelo para la sidra y enviaría todo junto a la imprenta. Vamos que la cosa se ponía de cara y a mí esas iniciativas me gustan y me gusta más aún el culminarlas con éxito. Raro es que empiece un proyecto y lo deje a medias. Soy manchego y, por ende, cabezón y concienzudo. Mi primera sidra ya había comenzado a existir desde el momento en que supe que tenía lo necesario para ello. Y no he parado hasta que ha sido real y ya reposa dulcemente aguardando su consumo. Desde el embotellado y comienzo de la segunda fase de fermentación han de transcurrir cinco semanas mínimo para la cata. El estado óptimo lo alcanza a los seis meses. Así es que paciencia y en Navidad a disfrutar de los tercios de la "Sidra Sancha" a diario. Y, a lo mejor, de dos en dos. O de tres en tres si es día de villancicos. ¡Yeah!


Ya metidos en faena, lo primero fue limpiar y desinfectar bien el fermentador pues el cambio iba a ser drástico. De haber tenido en su interior veinticinco litros de cerveza negra iba a pasar a albergar sidra en potencia, dando lugar a la fermentación del extracto con azúcar y levadura. Esos detalles de extrema limpieza y desinfección son claves para el éxito final pues cualquier descuido te puede estropear todo el proceso y lo peor es que lo descubres meses después. Hay que ser muy meticuloso con ello. Puse en orden también el borboteador, el densímetro y compré algunas botellas y chapas para esta nueva empresa. Estaba feliz y, sobre todo, entretenido pues como no tenga alguna tarea que hacer mato moscas con el rabo como un diablo aburrido. Y, hete aquí la mente divagando travesuras, limpiándolo todo para hacer la sidra tras haber hecho cerveza negra, ya pensaba en cuál sería el siguiente brebaje cervecero que acometería. Y lo decidí, vaya si lo decidí. Una cervecita tostada, de esas color cobrizo, con toque a caramelo y amargor final sabor a nuez que cuando la pruebas piensas "quiero un barril". Así como quien no quiere la cosa acabo de daros la primicia. La temperatura de fermentación es óptima en estos días pues mantiene la habitación a unos veintidós grados así es que estando el equipo de nuevo libre creo que en estos días haré esa cerveza para tener unas birritas frescas para el verano. Va, que me voy por las ramas. Hoy la cosa va de sidra. Mentiría si no dijese que estoy deseando probarla pero en estos casos ya me he acostumbrado a esta dulce espera.

La sidra se ha tirado fermentando con la levadura prácticamente dos semanas en el fermentador. Además el borboteo era constante y la gravedad original fue 1036 lo que presagiaba una graduación final de unos 5 grados. La gravedad final estuvo en 1002 así es que, a priori, ha quedado una señora sidra de 5,3 graditos de alcohol. Es decir, en Navidad con unas cuantos culines en lo alto vamos a cantar la Marimorena en do mayor sostenido sin problema. Ahora están las botellas en la última fase que es la de fermentación en botella con dextrosa. Tienen que permanecer así y en posición vertical un mínimo de cinco semanas para poder probarlas, como antes decía. Así es que sigo esperando a ver qué tal se da esta remesa de sidra para valorar si haré más en un futuro o sigo sólo con las cervezas que de momento me van saliendo bien y me gustan. La última prueba que hice en probeta me recordó a la típica sidra asturiana que hay que escanciar para que coja "vida", por eso decidí carbonatarla con dextrosa, darle gas, vaya. No creo que logre una tan gasificada como "El Gaitero" pero con que coja una fuerza tipo "Ladrón de Manzanas" me sirve. Bueno, si logro que el brebaje me quede como una "Bulmers" o una "Strongbow" ya sería el exitazo total. ¡Me encantan! Ya os contaré. De momento esta es la historia de "a miña sidriña" y veremos qué depara la misma. ¡Hasta otra!

miércoles, 3 de junio de 2020

MI GENTE EN LA CUARENTENA


Lo confieso. Quedé para tomarme una cerveza y fueron diez. De camino a casa entre efluvios, pensamientos embriagados por el zumo de cebada y la imaginación solitaria trabajando alegremente me fui acordando uno a uno de todos ellos. Y cada recuerdo era una sonrisa. En ese momento preciso pensé que plasmaría por escrito un pequeño homenaje a todas las personas que en estos días de confinamiento me han aportado alegría, cercanía, sosiego, risas y, simplemente, conversación en momentos determinados en los que el ánimo se tambalea. Creo que no me dejaré a nadie de los que he de mencionar, pero si así fuera, pido desde ya perdón por el olvido. Aunque seguro que otros recuerdos tendré con tales personas y todos buenos, sin duda. De hecho, ahora que estoy tecleando no dejo de tener elevadas las comisuras de los labios mientras afloran momentos vividos con quienes ahora indicaré, momentos que parecen ya muy lejanos y son de estos recién pasados e inolvidables meses asolados por la pandemia, sobre todo los horribles días y noches de mis queridos Marzo y Abril que este año me han privado de lo que más amo: las cofradías, las romerías y mi gente. Así pues, espero que los que leáis esto y os veáis incluidos en los nombres que iré poniendo, seáis conocedores y conscientes de que de una manera u otra os he hecho míos esta cuarentena y, gracias a vosotros, ha sido para mí mucho más llevadera la situación. ¡Gracias!


El primero creo que debe ser Paco. Bueno, Paco, no. Don Francisco José Pozo Elvira. El tío empezó a modo de guasa a subir vídeos parodiando canciones. Se disfrazaba en casa con el atrezzo que tuviera a mano de carnavales pasados y otros bártulos, se grababa haciendo playback de alguna conocida canción y subía el vídeo con el único afán de hacernos reír un rato. Pues lo estuvo haciendo día tras día haciéndonos estar pendientes de su facebook, aceptando incluso peticiones de canciones, regalando dedicatorias y evolucionando en el montaje de sus obras metiendo alguna sorpresa o guiño inesperado. Gracias, Paco. Eres de la gente buena y noble que me llevé del colegio siendo niño y eres un tío grande. El pasado mes de Marzo me pusiste la alegría y la sonrisa más de una mañana. Gracias de nuevo.

Lo siguiente a destacar es ese grupo humano llamado "Chusma selecta cofraude". Muchas bizarradas, muchos pañuelos de hierbas, muchas risas y muchas noches y horas de whatsapp, de conversaciones amenas, divertidas y distraídas. Además, con ellos y siguiendo los vídeos de Jano García hemos ido haciendo entre todos nuestra lectura particular de la pandemia sin que faltasen chascarrillos entremedias, menciones a "Don Antonio" y mucho humor. Creo que lo recordaré siempre como el grupo que surgió sin esperarlo y se convirtió en un toma y daca de moral conforme alguno estábamos más regular. Y lo creó uno que dicen que está loco... ¡Qué cosas! ¿Qué os voy a decir? Os quiero y mil gracias a todos. Ahora ya whatsapeamos menos, pero claro, nos vemos en las tabernas y de qué manera. Una cita, una tiempla. ¡Eh! Y que sean muchas más. Además tenemos algunas gordas pendientes y con aroma a limoná. Gracias otra vez.


Ojo. Cuidado. "El hijo puta de la O". Palabras mayores. Seguramente sea de los nombres de grupos de whatsapp más recónditos que haya en cuanto a su origen, pero sin duda integrado por personas que aman las cofradías por encima de todo. Con estos buenos hombres he disfrutado de la más pura esencia cofrade en un año tan inolvidable que en plena Cuaresma se nos partieron los sueños a guantazo limpio. De golpe y porrazo se anularon ensayos, pregones, citas, conciertos y lo más doloroso para los que vivimos siempre enamorados de este mundillo de imágenes, bandas y costales, se fueron anunciando una a una la suspensiones de todas las celebraciones de Semana Santa. No hemos tenido pasos en las calles, no hemos tenido marchas de bandas, no hemos tenido chicotás de costaleros, no hemos tenido Sevilla en su alma más pura. Y gracias a Josito, Fer, Guille y Selu no he perdido del todo este nefasto año el contacto con el incienso y la cera aunque haya sido de manera virtual. Un placer hablar y debatir con ellos de cofradías a nivel alto. Sin duda el grupo cofrade con el que más liviana se me ha hecho la pérdida de más de la mitad de la Cuaresma y de la propia Semana Grande. Os doy las gracias y os las daré mil veces. Por vosotros tuve Semana Santa. Habéis sido enormes para mí estas fechas. Y seguís siéndolo. Hay que seguir. Gracias, artistas.


No puedo olvidarme de Amanda. Para mí es especial. Y lo es porque la conocí en una de mis pasiones: el Camino de Santiago. Fue en el verano de 2018 y desde entonces, al igual que con sus amigas Alba y María, he seguido teniendo contacto. Me cayeron genial las tres, son buena gente y de sonrisa sana. Me acuerdo muchas veces de ellas. Pero esta cuarentena, la verdad no sé cómo ha surgido, he hablado mucho más con Amanda. Quizás porque los dos somos piscis y en muchas cosas nos vemos reflejados y nos reímos de lo mismo, quizás porque varias noches de soledad y confinamiento ha estado ella al otro lado del tablero virtual de parchís o quizás porque ambos hemos pasado un cumpleaños anómalo este año, pero sea como sea, Amanda ha sido esencial para mí en estos meses de atrás. Sé que quiero verla de nuevo, sé que espero que así sea y que estén María y Alba también, por supuesto, sé que me debe una copa por un concurso de instagram, sé que me pegaba unas tundas enormes al referido parchís, sé que al menos la primera vez que jugamos le gané yo, ¡ah! y la última también, sé que "El Gran Caminante" llegó a su poder y sé que cuando comamos lentejas, estemos donde estemos, nos acordaremos el uno del otro. Amanda... ¡gracias! Has sido mi sonrisa muchas ocasiones.


Y conforme voy tecleando me van viniendo más nombres, más momentos, más charlas, más detalles que, en definitiva, han hecho que este tiempo de confinamiento que nos ha robado el mes de Abril como diría Sabina, se me haya pasado de la mejor manera posible. Las risas con mi amiga Eva hablando del satisfyer para recoger las migas en un mantel, los incombustibles padeleros mandando toda noticia al respecto de nuestro deporte favorito, el gran Iñaki puntual a su cita de pacharán y Camino, el más inesperado de la agenda enviándome un mensaje de audio preguntando un mero "¿qué tal?". En definitiva, lo bueno seguramente de conocer a mucha gente es que rara vez te sientes solo, siempre están los fieles y leales como los ultra sur, la familia y los amigos íntimos, pero cuando la situación es difícil para todos, ellos inclusive, es agradable que quien menos esperas en ese preciso momento te acompañe un ratito, aunque sea en la distancia. Por y para vosotros han ido estas líneas. Habéis sido "Mi gente en la Cuarentena" y os quiero cerca siempre. ¡¡Gracias!!

jueves, 14 de mayo de 2020

UNA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL PRADO

Tenía ya ganas de contar otra leyenda en el Rincón. Buscaba alguna de las curiosas, recónditas y, a poder ser, que estuviera ligada a mi tierra. Y hete aquí que sin saberlo la tenía al lado y la descubrí, como todo, casi por casualidad, hace unos días. En estos tiempos de confinamiento he estado leyendo cosas que la vida rutinaria no me permitía hacer por escasez de tiempo libre que no tuviera ya encuadrado en otras tareas. Me apasiona saber cosas de mis raíces, de mi tierra, de mi gente y de las tradiciones que aúnan todo ello y leyendo siempre aprendo algo desconocido. Y este año que iba a ser muy especial para mí (y que el maldito coronavirus lo está impidiendo), se cumplen seiscientos años de que Juan II tras su liberación del Castillo de Montalbán concediera a Villa Real el nombramiento de Ciudad, así es que una de las temáticas que más he leído ha sido sobre la fundación y evolución de mi querida y natal Ciudad Real. Y en la historia de la misma es figura relevante, evidentemente, la Virgen del Prado. Así es que he releído algunos textos y he leído otros que jamás lo había hecho. Libros viejos, fascímiles y estudios que suelen ser apartados en las estanterías. Y un día de los que salí a andar al permitirse lo mismo tras los días de cuarentena, cumplí como buen ciudadano arraigado con los dichos populares: "Mañana voy a verte, ciudad realito, y a mi Virgen del Prado lo primerito". De esta manera me dirigí a ver a la Morena del Prado a través de la ventana de su Camarín. Allí me encontré a mi padre y hablando con él, en tal lugar, a través de las dichosas mascarillas comentamos una leyenda que desconocía completamente y entre él y las lecturas he aprendido. Os cuento.

Dicen los ancianos de la ciudad y así se constata en algunos libros que la antigua talla de la imagen de la Virgen del Prado tenía una mancha en la mejilla que no había forma de quitar y que por más que se intentaba ocultar la misma al final salía de nuevo a la luz. ¿A qué se debía ello? Cuenta la leyenda que unos caballeros que eran los encargados de llevar la imagen de una Virgen llamada "Virgen de las Batallas" de un lado a otro en las contiendas del monarca Alfonso VI, por ser deseo del mismo y considerarla talismán de sus victorias, se detuvieron en un lugar llamado Pozuelo Seco de Don Gil (actual Ciudad Real) a tomar un descanso en su trayecto. Y allí los lugareños, en su mayoría labriegos y pastores, observaron con intriga que la comitiva escoltaba una caja que mostraba una riqueza exterior llamativa, lo que aventuraba que algo valioso transportaba dentro. De este modo preguntaron qué iba en su interior y el capellán que viajaba con los caballeros accedió a mostrar lo que con tanto celo se guardaba, viendo los habitantes de Pozuelo Seco la imagen de la Virgen y quedando al instante prendados de su belleza. Cuando los caballeros decidieron reanudar su marcha quedaron los lugareños entristecidos pues querían que la talla de la Virgen quedase allí con ellos y prometían levantarle un templo en su honor. Pero aquellos siguieron su camino y llevaron la imagen consigo.

Uno de los humildes pozueleños, llamado Antón, llegada la noche, no se había movido del prado donde estuvo la comitiva descansando y se encontraba allí rezando y cantando unas coplas a la Virgen cuando, de pronto, una blanca paloma se posó en la encina donde horas antes había estado la sagrada talla. Con ganas de cazarla le lanzó una piedra y al impactarle la misma se convirtió en la imagen de la Virgen entre ráfagas de luz y resplandores. Ante tal suceso, Antón, al grito de milagro, corrió a alertar a sus vecinos de que la Virgen había vuelto. Los labriegos se postraron a los pies de la misma y desde aquella aparición se la llamó la Virgen del Prado. Allí se quedó la imagen y ello dio lugar a que aquel caserío del Pozuelo Seco de Don Gil se convirtiera en una puebla, la puebla en una villa y la villa en una ciudad. Y de la mano con esta historia y a la piedra que lanzó Antón a la Virgen surgió la leyenda de la mancha en la mejilla...

Siempre se dijo que la referida mancha era el cardenal que le hizo a la Virgen la pedrada de Antón. De ahí que apareciera en el rostro de la Virgen y que por más que se intentase disimular siempre saliese de nuevo. Esto es así hasta tal punto que el documento número 848 del Archivo Parroquial de Santa María del Prado se hace eco de la leyenda de la mancha del cardenal de la Virgen y prueba lo milagroso de su aparición incluso en obras que replicaban el rostro de la imagen. De este modo, dicho documento cuenta lo ocurrido acerca de la creación de un estandarte que se regaló años después a la Cofradía Virgen de la siguiente manera:

"En el año 1750, un vecino de Almagro, don Juan de Contreras, encargó a don Francisco Llunell, de Barcelona, la confección del bordado de un estandarte para la Cofradía de la Virgen del Prado, en el que se debía de reproducir la imagen. El Sr. Llunell hizo la combinación de sedas para el bordado y al terminarlo observó que en el rostro soberano sobresalía una como mancha en la seda. Rehizo su obra por tres veces y aunque las sedas empleadas las pasó y repasó sin que notara cambios de color, al final salía siempre la mancha. Desesperado trajo su obra y la entregó en Almagro y al verlo la esposa de don José García Ximénez, que era muy devota de la Stma. Virgen del Prado, por haber vivido en Ciudad Real, exclamó: -"Admirable, admirable, y lo mejor que tiene es esa mancha en la mejilla". Creyó el artista catalán que se burlaban de él y entonces aquella señora explicó que la sagrada imagen tenía en el mismo rostro un cardenal semejante al que se descubría en el dibujo, por lo que el propio artista vió claramente que se trataba de un hecho milagroso".

Así pues rescato hoy para que perdure, para mí y para vosotros, la leyenda que había del origen de la mancha en la mejilla del Nuestra Patrona la Virgen del Prado. El conflicto bélico de 1936 y la nefasta destrucción de aquella imagen gótica de María llevaron al traste esta leyenda que conocieron y contaban nuestros abuelos. Y respecto a la Virgen en sí, en 1940 se realizó otra talla por el imaginero catalán Vicente Navarro, pero debido a un grave ataque de carcoma que sufrió la madera tuvo que ser reemplazada por la actual, obra de los imagineros valencianos Rausell y Llorens. Ella, Nuestra Virgen del Prado, sea como sea, lleva entre nosotros desde el 25 de Mayo de 1088 y seguro que aún se toca dolorida la mejilla por la pedrada que le dio Antón. Juntos sonríen en el Cielo de la Mancha y dieron lugar a una leyenda que forma parte de la historia de Ciudad Real, desde su fundación hasta hoy.
Vale.