miércoles, 22 de mayo de 2013

IN PRINCIPIUM...

"En un principio era el Cielo y la Tierra. Y e hizo Dios al hombre. Y en su séptima vertebra cervical le regaló un apófisis óseo para que pudiera ser costalero. Y vio el hombre que era bueno y creó las cofradías para alabanza de Dios y Su Madre. Y se creó el oficio más bello del mundo para pasearlos con mimo: el costal..." Y así empezaría mi historia. Pero cuando yo llegué a este mundo terrenal y mundillo del costal ya habían pasado algunos años, por lo que mi verdadera historia en esto es la que hoy os vengo a relatar. Y ya de paso calmaré los ánimos de aquellos que creen que a mí me llegó el costal hace dos días o por alguna moda.Y a los que piensan que mi amor por Sevilla es algo pasajero o recién estrenado. Gente que seguramente hoy no llega a la mayoría de edad (ni física ni mental) o la acaba de alcanzar e ignora que antes de que ellos nacieran o dieran sus primeros pasos ya estaba yo disfrutando de las divinas maderas y enamorado de la Reina que habita en San Gil. A ellos y a los que de corazón me han preguntado de donde me viene el veneno del costal, taurinamente les digo: ¡Va por ustedes!

En el año 1995 es la primera vez que quien les escribe pisó la Muy Noble, Leal, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla en plan cofrade. Por entonces contaba con catorce años de edad y ya procesionaba y había procesionado como hermano de luz con la Hermandad de la Santa Cena, del Silencio y de la Soledad. Llevaba ya algunos años tocando la corneta en la Banda de la referida hermandad de la Santa Cena y soñaba con ser los pies de Dios por la calle desde que ví el paso de Nuestro Padre Jesús de la Bondad. En ese viaje a la gloriosa Híspalis conocería a la Esperanza Macarena y a Jesús del Gran Poder. Y conocería la tienda "Mundo Cofrade". Y me daría cuenta que la ciudad de mis sueños existía y que los semanasanteros de pro no éramos cuatro locos, éramos muchos más, éramos una familia, teníamos una razón de ser y de existir y teníamos un lugar donde siempre nos encontrábamos felices y donde siempre olía a incienso, a miel de torrija, a azahar recién despuntado... Bajo los pasos fuera donde fuera y en Sevilla fuera como fuera.

Y ese día compré mi primer costal. Blanco de yute, con arpillera basta de saco. Tenía catorce años os he dicho y con quince años me recibió Dios bajo su reino de crujientes maderas. La primera vez que levanté el paso era la Cuaresma del año 1996, fue una levantá a pulso aliviado y en el casette sonaba la marcha "Costalero". No podía ser de otra manera. Hombres jóvenes y valientes unidos por lo más grande que hay en el mundo del amor al prójimo: una faja de lana, un costal y unas alpargatas de esparto. La pena es que no me acuerdo del día exacto pero ese día marcaría un antes y un después. Ese día me hice costalero. Un oficio en el que nunca se deja de aprender y ahora que muchos jóvenes costaleros me miran como si fuera un maestro, sigo siendo yo el que aprende de ellos, de su ilusión, de sus ganas, de su compañerismo, de su afición... Aprender, siempre aprender. Aprender disfrutando, aprender trabajando, aprender enseñando. ¿Cómo no va a ser el oficio más bonito del mundo? Y por él no se cobra. 

Mi imposición de medalla de la Esperanza Macarena
Han pasado desde la primera fotografía que abre este escrito dieciocho años, una mayoría de edad bajo el costal. No me viene de ahora, por lo tanto. Me viene desde que era niño. Desde que para mi los costaleros sólo eran los pies que yo veía bajo los faldones y Sevilla la ciudad donde se celebró la Expo. Todo aquel que me conoce sabe que mi vida son las cofradías. No hay día del año que no me acuerde de ellas y pegue algún paso de costero en el pasillo de casa o silbe una marcha. No hay día en el año que no recuerde Sevilla y las vivencias que allí he pasado durante estos dieciocho años. Gente conocida, ensayos, viajes, hermandades en la calle... He igualado en varias cuadrillas, he ensayado con ellos, he conocido sus capataces y sus pasos, la lluvia me ha impedido sacar al Nazareno de la Cruz al Hombro de la Hermandad del Valle, he llorado con ellos, he disfrutado con ellos, soy hermano de la  Hermandad de la Sagrada Cena de la bética ciudad y soy, por supuesto, hermano de la Esperanza Macarena. Y todo esto no es nuevo. Es mi historia y se ha venido forjando durante muchos años y así sigue haciéndolo.

Nacido en el seno de una familia cofrade he ido fraguando mi amor a las cofradías y al costal. Y los hay (y las hay) que nada de ello conocen y sin siquiera conocer lo que sería mi carrera de la vida por este mundillo me ubican en el ojo del huracán de la moda. Sirvan estas líneas para apreciar el origen de mi existencia bajo las trabajaderas, cómo surgió el principio, cómo vivo el presente y cómo quiero retardar todo lo posible el final. Muchos han iniciado y se han retirado por el camino. Ahí se ve quién es costalero por moda o por convicción. Puedo vanagloriarme de toda la gente que me conoce y que conozco del mundo del costal. Y puedo vanagloriarme también de querer a Sevilla más que algunos sevillanos. Y demostrado ha quedado más de una vez. Y dos. Y tres. Y eso no es de un día. Ni de dos. Ni de tres. Eso es de toda una vida.

Me despido de esta entrada refiriendo mi Currículum Vitae Cofrade. Mi carrera de la vida en este mundo de locos enamorados del incienso y el redoble. Mi camino singular en los buenos y malos tiempos de las Hermandades y Semanas Mayores. Mi prueba de que amo las cofradías, amo mi tierra y amo Sevilla. No me pregunten más. No me cataloguen más. He ahí mi currículo. Pero no lo busquen por escrito. Aquí no se lo daré. Búsquenlo en las maderas de los pasos. Búsquenlo en las arpilleras de mis costales. Búsquenlo en las desgastadas suelas de mis botines. Búsquenlo en mis sudadas camisetas.  Búsquenlo en mis amigos costaleros. Sólo ahí lo encontrarán. Sólo ahí lo hallarán. Y cuando lo encuentren... Juzguen.

En esta foto de abajo me conocen bien, ¿verdad? Soy yo sin duda. Pues vayánse a la primera foto de este escrito. El hombre costalero que sale en esta foto y en el que han reconocido a mi persona es el mismo que en su día fuera niño y cargase con una mochila repleta de ilusiones cofradieras. Estoy en la foto de arriba, en la fila superior, a la izquierda. Sí. Soy yo. En la mochila llevaba mi primer costal y era mi primer viaje a Sevilla. Lo tenía muy claro ya desde pequeño.


"En un principio era el Cielo y la Tierra. Y e hizo Dios al hombre. Y en su séptima vertebra cervical le regaló un apófisis óseo para que pudiera ser... COSTALERO".

jueves, 9 de mayo de 2013

LAS TABLAS DE DAIMIEL

Recordaba de pequeño haber visitado este Parque Natural sito en término de Daimiel,  tan cercano a mi localidad natal y residencial de Ciudad Real. Recordaba igualmente llevar varias primaveras con la intención de ir a visitarlo pero bien por la arraigada sequía, la cual hizo al Ministerio oportuno incluso plantearse el descatalogar al Parque Natural de su condición, bien por otros quehaceres, bien por mera pasividad ante la excursión nunca llegaba el momento. De esta manera los años iban pasando y no se producía la excursión. Este año, con las generosas lluvias del invierno (el más pluvioso registrado desde antaño) y la llegada del buen tiempo primaveral, era vox populi que las Tablas de Daimiel habían recuperado su mayor esplendor y bien merecían una visita. Había que ir cuanto antes a disfrutar del paraje de tarayes que con tanto cariño recordaba.

Como viene siendo casi costumbre (y digo casi porque de lo contrario sería costumbre (entera) y la costumbre hace Ley y la Ley está para cumplirse) voy alternando la estancia de los fines de semana entre Ciudad Real y Bolaños de Calatrava. Como es casi costumbre no siempre es así, si fuera costumbre (y por tanto Ley) ya me habría costado algún berrinche en tiempo cuaresmal y no tan cuaresmal. En fin, decía que, como es casi costumbre, hace un par de fines de semana estando en Bolaños se me ocurrió la idea de visitar el Domingo por la tarde las Tablas de Daimiel y de vuelta a Ciudad Real, por la autovía, hice uso del ensañamiento, nocturnidad, alevosía y descampado necesarios y agredí con mi idea a Gemma, la cual no pudo sino sucumbir a la misma y comenzar a preparar mentalmente la excursión. Para mitigar el dolor de tan aguerrida agresión ideal-campestre recurrimos a las tiritas llamadas "Suegros (Versión Padres de ella)" y a la píldora "Cuñada (Versión Hermana de él)". De este modo organizamos una amena excursión para visitar, ¡por fin!, las Tablas de Damiel en la tarde del Domingo e iríamos Gemma, sus padres, mi hermana y yo.



El Domingo por la tarde salimos en comitiva desde Ciudad Real hacia Daimiel Gemma, mi hermana Ana María y el redactor de la presente. Allí nos encontramos con mis suegros Miguel y Sagrario que venían desde Bolaños y ya fuimos todos juntos hacia el Parque Natural. Tenía ganas de ver las Tablas y recordar aquella visita que hice de niño y de la cual aún conservo alguna fotografía en casa.

La tarde fue apacible entre humedales y pasarelas de madera. Realmente el Parque Nacional y Natural ha recobrado el esplendor que en su día tuvo y de nuevo las aves migratorias lo toman como su lugar de peregrinación y en él anidan, crían y conviven pacíficamente junto con la flora y fauna del entorno. Es de mencionar que en el lugar crece un tipo de árbol autóctono llamado Taray, el cual es específico de este Parque Natural y se caracteriza por tener una madera muy quebradiza y que arraiga fácilmente, lo que ha propiciado que ramas rotas por el mero viento haya enraizado dando lugar a nuevos ejemplares, formándose de esta manera bellos grupos y bosques de Tarayes. El lugar está bien dotado de paneles indicadores y rutas para recorrer disfrutando de la naturaleza y caminando y atravesando verdaderas islas formadas por este fenómeno natural propiciado por los acuíferos de la Mancha (que también da lugar a los famosos "Ojos del Guadiana"). Los estudiosos de la ornitología tienen una buena fuente de estudio en la cantidad de aves que habitan en las Tablas y, para colmo de sus bienes, hay varios guías especializados que dan explicaciones y enseñanzas acerca de la materia. Por supuesto la zona cuenta con observatorios desde los que apreciar los encantos que el lugar nos ofrece y contemplar la diversidad de aves.





Fue una bonita tarde de naturaleza y recuerdos. Aproveché para enseñar a mi hermana cosas de las que me enseñó mi abuelo cuando era niño. Recordaba con emoción y cariño cómo me hacía monaguillos con dos amapolas en primavera y así se lo mostré a Ana María, la cual lo aprendió y, algún día, lo enseñará ella también a quien proceda. Hicimos un par de ellos para que viera como abrir la incipiente amapola y convertirla en sotana y casulla. Observamos las burbujas del respirar de los peces y aprendió a cómo detectarlos en el agua sin verlos. Vimos más de un nidal de diversos patos y nos quedamos con las ganas de ver las pequeñas y amarillas crías. Estuvimos felices en una tarde de Domingo y disfrutamos de las Tablas de Daimiel, Parque Nacional y Natural enclavado en la Mancha. De eso se trataba. Y de eso se tratará algún otro día...


jueves, 25 de abril de 2013

IBA YO DE ROMERÍA...

Hoy me he despertado con muchas ganas de aromas de olor a lumbre, de ricas carnes dorándose a la brasa, de efluvios de vino de pitarra, de un fresquito pacharán, de alegres y dosificadas copitas de whisky, de un punteo de guitarra que arranque una conocida rumba, de mi caballo camina p´alante, mi caballo camina p´atrás, de MariCarmen tu hijo está en el "after auer" y de enorme ilusión de pasarlo bien y reírme con gente buena. Hoy me he despertado con ganas de Romería. Y es que ya llega esa fecha en la que tanto disfruto año tras año allá por el paraje del Monte de la Moheda. Este fin de semana, último Domingo del mes de Abril, tendrá lugar la Romería de Bolaños de Calatrava, fiesta mariana dedicada a la Virgen del Monte, Patrona del mentado pueblo. Ya son varios los años que llevo asistiendo a esta fiesta y muchos más los que me quedan por asistir, pues aparte de buen y tradicional romero, es el pueblo de mi mujer.

Sin duda el momento de máximo disfrute, dicho en estricto términos de puro gañán, el momento álgido,  el momento cumbre, el summun de la fiesta, la apoteosis de la romería, el despilporre padre, la guasa concentrada y el perejil de todas las salsas en lo que a "efectos romeriles" se refiere, llega el sábado por la tarde cuando los bienaventurados romeros (me incluyo) hacen gala de sus etílicos comportamientos y adornan el patio y regalan al personal bellos cánticos, chistes eternos, futboleras discusiones, abrazos en pro de la amistad, despotriques varios hacia los políticos de turno y algunos (y vuelvo a incluirme) simulan una cofradía a su paso entre los chozos. Es sin duda uno de los momentos del año que con más cariño y entusiasmo recuerdo hasta que vuelve a repetirse.

De hecho es algo ya similar a un ritual que procedo a repetir siempre bajo el mismo guión aproximadamente: tras comer un buen perolo de gachas manchegas regadas con buenos caldos y botellines fresquitos, no está de más un pacharán digestivo de sobremesa. Acto seguido un rebosante vaso de mini (maceta) portará los primeros cubitos de hielo, chorreón de 100 Pipers y fanta de naranja. Con él en la mano y mi gorro romero (rosa con flores blancas, más feo no lo había hasta que Narciso me compró uno horrible que también me lo pongo en plan Popeye) emprenderé la marcha en busca de los amigos Gofi y Marta y su chozo, donde me reciben afectuosamente todos los años y paso un agradable rato en el cual comienzan los efectos romeros a dar los primeros síntomas. Más temprano que tarde haré por ver a mi compadre "El Nabo de Triana" y seguramente me acompañen en tan ardua tarea Narciso y Junior rebotando de corro en corro visitando a grandes personajes como al mítico Pau. A esas horas es fácil que deambulemos por los parajes de la romería de chozo en chozo con lo que ello conlleva. "¡Hombreeeee! Echarse un botellín, carajo. ¡Cuánto tiempo sin vernos!" Y claro, botellín para dentro. "¡¡¡Eeeeeehhhh!!! ¿Qué os contáis? ¿Queréis una copa, un mini, un algo?" Y claro, mini para dentro. "¡Pero leche! ¿Qué hacéis por aquí? ¿A quién buscáis? Anda quedaros un rato y tomaros una cremita de orujo mientras tanto". Y claro, cremita de orujo para dentro. "- ¡Coño! Un año más que nos vemos, ¿eh? Venga, ¿qué queréis? - Pues mira, artista, a estas horas con que nos des la voluntad nos vale." Y claro, voluntad para dentro...

Y así pasa...Vamos, como antes decía, se llega al esplendor de la Romería y a la apoteosis del romerismo (que no ramerismo como alguna pre-alcóholica mente haya podido leer). Entre botellines, minis, cremitas de orujo, voluntades y las cervecitas y vinos que regaban las gachas se origina un popurrí que da lugar a las mejores versiones de "Operación Triunfo" y "La Voz" jamás escuchadas tipo "Que no semos de aquí, que semos da otro lao, que hemos vinio a f...á y no nus han dejao", a las más bellas declaraciones de amistad tipo "¡Cagontó! Si es que eres más grande que el Día del Señor", a los mejores chistes tipo "Uno que va por la autovía en dirección contraria y pone la radio y escucha: Atención, peligro, hay un conductor suicida. Y dice: ¡Cagüénlaputa! ¿Uno na más?", etc, etc.


E inevitablemente esto es así. Y quien lo lea y sea buen romero se sentirá identificado seguro. Y quien lo lea y no lo comprenda que se pase por la Romería y me diga si miento. Y si quien lo lee es mi mujer... Dios me pille confesado. "¡Si no doy un ruido! ¿Me puedo tomar otra copita, cariño? Si me aclaro perfectamente... ¡¡Venga va!! Y te canto una cancioncilla nueva que he aprendido... Y te cuento un chiste mu´ güeno!!"

¡¡VIVA LA VIRGEN DEL MONTE!!
¡¡Y SU NIÑO!!

lunes, 15 de abril de 2013

UNA SORPRESA EN VALENCIA DE ALCÁNTARA

Miguel, mi suegro, llevaba tiempo rumiando la idea de que fuéramos a conocer el pueblo que le vió nacer. Le hacía ilusión enseñarme (hablo en singular porque su mujer y suegra mía, Sagrario, y su hija y por ende sargen... digo mujer mía, Gemma, ya lo conocían) las calles por las que corrió y jugó de pequeño así como los parajes que inmortalizaron sus primeros pasos, travesuras y correrías. Tal empeño tenía, no por cabezonería sino por gusto, todo hay que decirlo, que este año le anunciamos el día de su cumpleaños que iríamos un fin de semana al lugar: Valencia de Alcántara.
Es un pueblo de la provincia de Cáceres que quizás no sea lo suficientemente conocido que merece serlo. Mucha gente habrá oído hablar de él por ser el municipio natal de Soraya la de Operación Triunfo, cuestión que debido a su historia y evolución debería ser tan sólo una mera anécdota, pues son muchas otras las cosas que debieran darle fama, como su Iglesia de Nuestra Señora de Rocamador donde contrajeran nupcias el Rey Manuel de Portugal ("El Afortunado") y la Infanta Isabel, una de las hijas de los Reyes Católicos, o su barrio judío-gótico donde aún se conserva una sinagoga y peculiares accesos a las viviendas, o el castillo-fortaleza que tiene una de las bibliotecas más importantes de la provincia de Cáceres, o la cantidad de dólmenes prehistóricos que se encuentran en sus aledaños. Pero corremos en unos tiempos en los que impera más la prensa rosa que la Enciclopedia Álvarez y antes somos capaces de recitar de memoria las operaciones estéticas de Belén Esteban que las provincias que componen cada autonomía. Y así llegó mi sorpresa...
Siempre que viajo a algún lugar tengo la costumbre de estudiar anteriormente el destino: ubicación, cultura, costumbres, monumentos, etc, para sacar el máximo provecho posible de la visita. Y en esta ocasión no iba a ser menos y me puse a la labor. Sin embargo hubo un dato que no conocí. Y ahí radicaba la sorpresa que el destino habría de darme y que nunca habría esperado. Esos detalles del día en los que siempre digo que se fundamenta la verdadera felicidad del hombre...
Llegados al lugar, Loli, prima hermana de mi suegro, nos hizo de anfitriona y con ella recorrimos varios lugares de Valencia de Alcántara. Al pasar por el Museo de la Villa me sorprendió una recreación en cartón piedra de un dólmen prehistórico. Me pregunté qué pintaba eso en el museo y qué relación tendría con el municipio. No me encajaban las piezas de manera alguna. La visita por el pueblo prosiguió y fuimos a dar con el pequeño Mercado de Abastos. Pósters, fotografías dedicadas y cuadros de Soraya en las paredes de los puestos si me cuadraban algo más. Pero seguía pensando en el por qué de la maqueta del dólmen cuando observé en una glorieta de las calles otra recreación de un dólmen. Esto ya era mucha casualidad. Demasiados indicios que se dice en la jerga jurídica. Le pregunté a Loli al respecto y me dijo que Valencia de Alcántara posee una variada cantidad de dólmenes prehistóricos en sus aledaños y que existe una Ruta de los Dólmenes para gente que quiera visitarlos y conocerlos y que además está todo ello documentado en diversos libros. Quien me conozca sabrá de sobra que conforme me enteré de eso ya mi mente planeó el hacer en cuanto pudiera esa ruta y, por supuesto, llevarme a mi hermana de compañera, pues le encanta el arte y le emocionaría el vivir esa aventura...


Y ahora es cuando llega mi sorpresa de verdad. Tras terminar de comer se hizo el plan para pasar la tarde y la agenda incluyó: visita al cementerio del pueblo para ver a los abuelos de mi mujer (padres de mi suegro Miguel), visita a la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios y... ¡¡visitar un dólmen!! Nunca en la vida habría imaginado que hubiera construcciones de ese tipo en España (que se conservasen, quiero decir) y menos aún que yo tendría el placer de ver una en directo, tocarla con mis propias manos, visitarla, pisar el mismo terreno que pisaron nuestros ancestros al construir esos monumentos megalíticos y dejar volar la imaginación sintiendo sensaciones inexplicables acerca de la edad de las piedras y losas que contemplaba. Un dólmen al alcance de mi mano. Quizás para muchos sea una tontería; para un enamorado de la cultura y el arte como yo era una enorme sorpresa, un disfrute, un deleite, un detalle que hará de este viaje algo inolvidable. Estaba que no cabía en mí de gozo.



 

Ni que decir tiene que el paraje para acceder al monumento era precioso, enclavado entre las fronteras de España y Portugal y desprendiendo unas energías que ya en su día captaran los hombres primitivos para erigir allí sus monumentos funerarios. Espero que os gusten las fotografías que acompaño al texto y que os animéis si podéis a realizar la Ruta de los Dólmen. Yo ya la tengo en la agenda para algún día. Y la haré. Por supuesto que la haré. Esta sorpresa que me llevé en el viaje es la que me hizo darme cuenta que el pasado quedo atrás, que el futuro es incierto y que el ahora es un regalo y por eso lo llamamos "presente". En estos detalles inesperados es donde se esconde la esencia de la vida. Disfrutemos de ellos y agradezcamos cada "sorpresa" del día a día. Nunca sabía lo que me aguardaba en Valencia de Alcántara y ahora no lo olvidaré.



















lunes, 8 de abril de 2013

YA TOCABA UN POQUITO DE "FURGOL"


Acabadas las fechas de Pasión vuelve la Champions League. Ya estamos de batallas de twitter entre unos seguidores y otros. Seguidores de otros equipos que no pugnan en esta competición también se meten en dialécticas y picantes salsas futboleras. Barras de bar que se llenan de futboleros comentando el pasado partido y el que está por venir. Todos sacamos el entrenador que llevamos dentro. Y qué decir de los árbitros... Como pasan de ser ensalzados a ser unos sinvergüenzas en cuestión de un pitido de silbato )o de una opinión rival). Así es el fútbol. Así es el deporte rey y digan lo que digan ningún deporte mueve tantas masas como el fútbol. Es pasión arraigada. Es sentimiento de unos colores. Es emoción con una bandera. Es espíritu con un himno. Es fútbol en su más amplio sentido.

Hoy no vengo a criticar a la culerada del Campo Nuevo, ni al piperío del Bernabéu. Hoy vengo a ensalzar el fútbol español. Y sí, con orgullo. Con mucho orgullo. Tenemos tres equipos luchando por entrar en semifinales de la Liga de Campeones. Y digo tres aunque uno de ellos no se considere de este país a tenor de lo que manifiestan muchos de sus seguidores y de sus propios jugadores, pero mientras estén en territorio español, españoles son. El Real Madrid lo tiene prácticamente hecho tras ganar al Galatasaray por 3-0 en casa. El Barcelona empató a domicilio 2-2 contra el Paris Saint Germain, un resultado bastante bueno al traerse dos goles metidos en campo contrario. Estoy convencido de que en el Campo Nuevo lograrán la victoria (aunque no es mi deseo, no lo oculto). Y para mí el gran triunfador, el equipo revelación que con buen fútbol y toque con clase se ha metido haciendo historia en cuartos de final de la Champions: el Málaga. Cuántas palabras debería tragarse Mourinho frente a Pellegrini... Sí señores, los boquerones blanquiazules terminaron el partido de ida de cuartos de final que jugaron en casa, en la Rosaleda, con un valioso empate 0-0 contra un fuerte de Europa como es el Borussia Dortmund. Recordemos que este equipo se cruzó contra el Real Madrid en la fase de grupos y en un partido se alzaron con la victoria y en otro empataron. No es moco de pavo la hazaña del Málaga. El árbitro decretó el final del encuentro con 0-0 en el marcador, lo que implica que Willy Caballero, cancerbero del equipo español, no hubo encajado ningún gol en contra por lo que al Málaga le valdría en el campo alemán con cualquier empate con goles para salvar la eliminatoria (por el doble valor de los goles marcados fuera de casa en caso de empate global).


Y como por soñar que no quede, a día de hoy, mi mayor ilusión futbolera es que el Málaga lograse un triunfo, aunque fuese con el marcador 1-1, en el partido de vuelta. Que un equipo modesto y humilde, con historia, con detalles que muchos ignoran como que hace veintidós años el Cádiz lo mandó a Segunda División, a la fecha se clasificase por primera vez en su trayectoria en semifinales de la Champions League sería un momento inolvidable. Además que el Málaga se lo merece. Está de dulce. Y repito, sí, es un orgullo para un futbolero de pro tener tres equipos de su país pujando por meterse en semifinales de la máxima competición continental.

Cuando amanezca el jueves de esta semana ya sabremos si todos se han clasificado, si sólo dos, si sólo uno o si por hecatombe ninguno. Y ahora sí que vengo a subrayar que el señor Mourinho ha manifestado en público y abiertamente que le encantaría la clasificación del Málaga. No sé yo si así comenzará la reconciliación entre Manuel Pellegrini y José Mourinho, pero tras el puyazo que soltó el de Setúbal cuando dijo que a ese equipo (Málaga) no lo entrenaría él, la competición doméstica equilibró la balanza cuando el Real Madrid fue doblegado por el mismo Málaga y, tiempo después, a día de hoy, quien ayer puyara hoy ensalzara diciendo que se alegraría de la clasificación blanquiazul para semifinales de la Liga de Campeones.

Por una cosa u otra, el equipo andaluz construido a base de talonario firmado en petrodólares cae en gracia al personal y no se ha visto en una situación igual en la vida. Me parecía preciso y justo dedicarle  estas líneas en el blog. Tocaba hablar un poquito de fútbol, no todo van a ser Cofradías y, en este caso, no todo va a ser el Real Madrid. Y por supuesto, en mi humilde blog, no todo va a ser largas entradas y prosa poética. Hay veces que dos palabras expresan todo lo que se quiere decir:

¡¡Vamos Málaga!!

martes, 2 de abril de 2013

LO QUE PUDO SER...

Podía haber sido grande, muy grande, recordada en el tiempo. Semana de lustroso sol y faldones resplandecientes. Semana abierta con grandes vísperas y cerrada con la Aurora en Santa Marina. Semana que se anunciase con un esplendoroso Domingo de Pasión y con un perchelero Viernes de Dolores. Que comenzase a contar el tiempo al revés con unas recién cortadas palmas y ramas de verde olivo e iniciara de nuevo la cuenta con cohetes en el Prado de la Reina Soberana. Un tiempo precioso, anhelado, esperado, deseado, aguardado y soñado. Podía haber sido grande, muy grande, enorme, inmenso. Y no lo fue. 
El Domingo Nazareno comenzó lluvioso, muy lluvioso. Ni siquiera se habría de refrescar la cuadrilla con agua anisada. Ya lo decía mi abuela: "El día que haga en Pasión será el tiempo de la Semana Mayor". Uno de esos refrancillos que de pequeño te marcan y que por una cosa u otra (llamadlo coincidencia, llamadlo casualidad, llamadlo como queráis) siempre viene cumpliéndose. Y el día que hizo en Pasión fue horrible. Y así ha sido el tiempo de la Semana Santa. Lluvia, lluvia y más lluvia. Tanto es así que no ha habido ni principio ni fin. Descontadas las vísperas no ha habido ni procesión de la Borriquita ni del Resucitado. No recuerdo haber vivido una cosa igual jamás. Podía haber sido grande. Y no lo fue.

Sin darnos cuenta siquiera se esfumaron las vísperas y llegó la Semana Grande. Estaba tan triste por las predicciones meteorológicas que no era consciente de la gran tarde que me esperaba. Mi debut con la cuadrilla de los Ángeles mejor aún de lo que podía haber soñado. Amigos bajo el paso y mi querida Agrupación Musical tras él me aguardaban y me hicieron ver clara la realidad: bien fajado y la ropa ajustada prometían una tarde gloriosa de Domingo de Ramos. Mi primera papeleta de relevo la guardaré como un tesoro. Me fue entregada a la vez que a mi hermandad sevillana de la Sagrada Cena la sorprendía la nefasta lluvia en la calle. Se humedecían los ojos del Divino Rabí que no podría repartir eucaristía por la mariana ciudad. Siempre lo tengo muy presente. Deseaba pasear al Prendimiento y que al mismo tiempo pasease el Señor de la Cena. Podía haber sido grande, muy grande, enorme, inmenso. Y no lo fue.



La Gloria cuya cuenta atrás hube venido pregonando toda la Cuaresma llegó con el Señor Cautivo en su Prendimiento. Disfruté debajo de ese paso de tal manera que me acordé menos de lo esperado de mi sueño con el Moreno de Ojos Verdes y mirada al Cielo que habita en el Convento de los Padres Terceros allá por la calle Sol. Esa fue mi mayor y única gloria. La lluvia se encargaría de estropearme todo lo demás. El Martes Santo el Rey del Carmelo hubo de volver al templo sin sobrecoger a la Civita Regia. La lluvia arruinaba por segundo año consecutivo el paseo del Señor de las Penas. Palo gordo que me llevaba en esta Semana Santa. Podía haber sido grande. Y no lo fue.


Lluvioso se marchó el Martes Santo y  amanecía igual de lluvioso el Miércoles Santo. Uno de mis días más esperados del año. Y este año con muchas circunstancias y sensaciones que lo hacían más especial aún. Cumplía mi mayoría de edad como costalero: dieciocho años bajo el Señor de la Bondad. No había faltado a ninguna de las citas de ensayo y tendría un relevo que llevaba años sin disfrutar de él. Además sería por primera vez, oficialmente, patero de mi paso, el zanco de mi hermandad amada. Estaba ya envalentonado y crecido para llevar en cada levantá al cielo a Nuestro Padre Jesús de la Bondad, Rey de Reyes, Flagelado de mi corazón y mi alma. Miércoles Santo de Bondad y Consuelo. Año de duros ensayos y de vaivenes de gentes que me obligaban a estar más involucrado que nunca en mi cuadrilla. Había llegado el día. Teníamos que pasear al Hijo del Hombre con el sentimiento costalero más puro. Era indiferente ya si la banda era mala o peor; era indiferente los tramos de relevo que tuvieran unos u otros; era indiferente todo lo bueno o malo que hubiera ocurrido en la Cuaresma. Era su momento. Era el día de su majestuoso paseo anual. Era mi mayoría de edad junto a él. Era algo grande. La lluvia lo arruinó. Con el cordón de mi medalla desgastado por los años y mirándolo a los ojos le recé un Padre Nuestro. Era la primera vez en la historia de la Cofradía que mi Dios Bueno no cruzaría el umbral de salida. Maldije la lluvia una y otra vez y no veo la hora de dejar de hacerlo. Era un día muy especial para mí. Podía haber sido grande, muy grande, enorme, inmenso. Y no lo fue.

Todavía con el alma encogida me fui a Serva la Bari. Muy Noble, Leal, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla que tiene la dicha cada Madrugá de ser refugio de la Esperanza. El día no estaba metido en aguas pero tampoco era el fulguroso tiempo de otros Jueves Santo en la bética ciudad. Lamentablemente nos estamos acostumbrando cada vez más a ello. Al menos, el Nazareno de la Cruz al Hombro, Rey del Valle, Maestro de la mano extendida que todo lo perdona, iba surcando las calles y plazas con el buen hacer de su humilde cuadrilla a la que tuve la dicha de pertenecer y la nefasta lluvia impidió mi oficio durante años seguidos. Este año sí que se paseó. Mi esperanza era otra. Mi Esperanza (esta vez con mayúsculas) era disfrutar de la Macarena. Como el Padre Cué dijera y diera por título a uno de los libros que escribiera, yo me encontraba en situación de "Esperar con esperanza a la Esperanza Macarena". Y gracias al Gran Poder así fue. La noche se iba tornando oscura y llegué a pensar que no procesionarían las seis hermandades que confabulan la magia de la Madrugá más grande de Sevilla. Pero los hermanos de la Macarena lo último que perdemos es la esperanza. La Madre de Dios cruzaba el atrio de su Basílica y derramaba emociones por Híspalis. Para mi eso ya es grande. Ya merece toda la espera la pena. "Se cumplió la maravilla. Otra vez la Macarena por las calles de Sevilla". Tras disfrutar de las cofradías del Silencio y del Dios que vive en San Lorenzo me embauqué viendo la Sentencia de Cristo. Disfruté del "Guapo de la Muralla" por la Alameda de Hércules, por Trajano y por Plaza del Duque de la Victoria. Fui a su encuentro y a Ella la ví también por la Alameda y por Trajano. Un celestial regalo verla navegar a los sones de "Coronación de la Macarena". Ya estaba viviendo lo soñado y soñaba con seguir viviéndolo de recogida. Quería acompañar a la Madre de Dios de nuevo hasta San Gil y otra vez la lluvia lo impidió. Habría sido un perfecto recuerdo, como todos los años, desde Santa Ángela de la Cruz hasta el barrio que lleva el nombre de su nombre: Macarena. Podía haber sido grande. Y no lo fue.


El Viernes Santo fue íntegramente derruido por la lluvia. Ni la Expiración del Cachorro, ni el Jorobaíto de Triana, ni los dos ladrones y el Mesías que lleva la Carretería, ni la Soledad de San Buenaventura, ni la Sagrada Mortaja de Bustos Tavera, ni Tres Caídas de San Isidoro, ni nada de nada. Lluvia y más lluvia es lo único que se podía observar en la bética urbe. Día para olvidar. Lágrimas de cofrades, impotencia y rabia.


El Sábado Santo amaneció dando una tregua el tiempo. Con sensación agridulce ví al Señor de las Tres Caídas regresar hacia su barrio de Triana por Pastor y Landero. Debía completar el recorrido que la lluvia le impidió en la Madrugá. El vecino más antiguo de la calle Pureza durmió en la Catedral y volvía a casa escoltado por la Esperanza Marinera. Tras ello me acerqué a ver a Mamá... Está preciosa en su paso de palio. La Basílica de la Macarena rebosaba gente. Ya lo dice su himno: "El Arco es imán de fe". Estuve con Ella un rato y le dí gracias por haber podido verla un año más aunque no hubiera cumplido entero su paseo. Le mandé algún recadito en forma de oración. Ella siempre escucha. Marché por la calle San Luis hasta Santa Marina y pasé a ver al Dios bueno de la Resurrección y su Madre Aurora. Me encanta esa hermandad. Sin ella nada de lo anterior tendría sentido. Hice alguna foto por obedecer a la providencia. Horas después la odiosa lluvia impediría que la cofradía pusiera el broche de oro a la Semana Mayor. Salió la Comunidad Servita, la joven hermandad del Sol, el solemne desfile del Santo Entierro, la Cofradía Trinitaria y Salesiana de María Auxiliadora y San Juan Bosco y la Soledad de San Lorenzo. Un Sábado Santo de ensueño si el tiempo no hubiera empezado a defraudar otra vez y a forjar negras borrascas que impedirían al alba que Dios resucitase de nuevo en las calles. Era ya patente que me acostaría en vez de disfrutando el recuerdo de los pasos vistos renegado por no poder ver el último. Ese momento de magia y embrujo que se produce año tras año cuando se abre el portón de Santa Marina, más allá de la Plaza del Pumarejo y antes de llegar a San Luis de los Franceses, escuchando los sones de las marchas "Y al tercer día", "Gustad y ved" y "Resucitó". Ese momento que me apasiona cuando la Hermandad del Colegio de la Salle pone su Cruz de Guía en la calle. Ese momento en que comienza el fin de la Gloria y una nueva cuenta atrás para la siguiente Cuaresma... Ese momento cofrade que me enamora y tantos recuerdos me trae fue arruinado por la insaciable lluvia. Podía haber sido grande, muy grande, enorme, inmenso.Y no lo fue...


La nefasta lluvia ha arruinado mis sueños de este año, lo que me da más ganas todavía para el año que viene. Los dos grandes momentos que me ha respetado han sido el Domingo de Ramos con Jesús Cautivo (Prendimiento) y mi Macarena repartiendo Esperanza. Es lo único que recordaré con cariño de esta Semana Santa para olvidar. Soñaba toda la Cuaresma con una Semana Santa para enmarcar. Domingo de Ramos de palmas y olivos abriendo paso a Dios por las calles. Estrenar hermandad siendo el zanco izquierdo del Prendimiento y primer trabajo costalero de la Semana Grande. Lunes Santo "extraño" entre lo laboral y lo cofrade. Martes Santo paseando al Señor de las Penas. Miércoles Santo dándolo todo con mi Hermandad de la Flagelación. Jueves Santo macareno total. Viernes Santo disfrutando al máximo mi pasión cofrade por la ciudad de los sueños. Sábado Santo agotando fuerzas y gozando de las hermandades más solemnes de Híspalis. Y Domingo de Resurrección cerrando y poniendo el cierre de oro en Santa Marina con la Resurrección. Esta vez no dejé de soñar lo vivido para vivir lo soñado. Eso es lo que pudo ser. Podía haber sido grande. Y no lo fue.

jueves, 21 de marzo de 2013

EL PRINCIPIO DEL FIN



Tan larga ha sido tu espera, tan ansiada tu llegada, tan ardiente mi deseo de tenerte un año más que antes siquiera de que llegues ya te estoy diciendo adiós. Siempre lo he dicho: "Quedémonos con las vísperas porque cuando llega se va". Ahora que en casa comienza a oler a canela y miel, ahora que lucen los colores morado y verde en mi corazón, ahora que los costales están planchados, ahora que el papel de estraza elimina los restos de goterones de cera que del año pasado quedasen, ahora que penden de los balcones gallardetes y banderas, ahora que he consumado todos los ensayos, ahora que mi Sevilla querida me espera, ahora que despunta el azahar en esta nueva estrenada primavera, ahora que todavía no he dado el primer paso de costero en la rampa eterna del Domingo de Palmas, ahora ya se intuye tu marcha que no tu llegada.

Porque llegarás, nadie lo duda, pero una vez que lo hagas no te detendrás, pasarás rauda, embrujando nuevamente a los cofrades, a los que te amamos, a los que sabemos exprimirte tu visita anual en una buena revirá de paso palio, a los que nos embobamos viendo las caprichosas formas de la derretida cera al caer de una candelería, a los que detenemos el tiempo en un sonoro golpe de martillo que ordena elevarse a un gran misterio, a los que saboreamos cada nota del corneta solista interpretando música con el alma, a los que pasamos noches soñando con el color de los claveles que más se ajusten al monte de los pasos, a los que sabemos que cada paso dado es un paso que no ha de volver atrás y no se repetirá hasta la siguiente llegada de la luna llena del Parasceve...

Siempre te lo digo llegadas estas fechas, prefiero decirte ¡Hasta la próxima! que decirte ¡Hola!. Un "Hasta la próxima" hace que vuelva la ilusión de tu espera, el oír tambores en Agosto, el pensar con igualás en Navidad, el sacar Cofradías de Gloria fuere cual fuere la fecha, en reunirnos en torno a un incensario y hablar de lo que nos gusta, el planificar itinerarios de idas y recogidas... Un "Hola" es fundirme contigo en un abrazo celestial que no puedo disfrutar. Es tan efímero que cuando abro mis brazos para cogerte ya se ha marchitado el Domingo de Ramos y el Lunes Santo va camino de recogerse. Sin salir de mi asombro en la santidad de estos días el Martes da paso al Miércoles y ya es inminente el amor fraterno que derrocha el Jueves Santo. Por fin te tengo abrazada y de una sacudida para evitar que te impida avanzar ya pendes de la Cruz en un agonizante Viernes Santo que abre un Sábado de luto. Llantos de Soledad dan paso a tu día triunfal de Resurrección en el que los cofrades más que gozo sentimos pena porque nos abandonas de nuevo. Tanta espera para que consumas nuestra ilusión en un fugaz abrazo que durante cuarenta días y cuarenta noches he preparado. Hace un instante estaba en la rampla del Salvador y ya me despides en Santa Marina.


Por eso hoy me anticipo a ti. Hoy soy yo el que sabe que cuando llegue la Gloria comenzará el principio del fin. Cuando llegue la semana que cuenta el tiempo al revés comenzará tu final y ya no se repetirá tu dulce llegada hasta que despertemos del letargo con una nueva imposición de ceniza. Pero antes y aunque sea minúsculo el tiempo que dure nuestro abrazo me uniré a ti con tal pasión que mientras se agiten palmas de bienvenida al Hijo del Hombre, mi costal bajo el Cautivo en su Prendimiento gozará como nunca del Domingo de Ramos a los sones de Santo Tomás, meciendo al Dios de los Ángeles son suaves cimbreos de olivo pasional,  que el Lunes Santo oraré por todos aquellos que nos juntemos y por los que no puedan hacerlo en torno a la Buena Muerte de un fiel Vía Crucis nocturno, que el Martes Santo mientras la Esperanza y su Hijo Esclavo acercan la Barriada del Pilar al centro este costalero cruzará el umbral del Carmelo convirtiéndose mi séptima vertebra cervical en cuna y Cirineo que ayuda a Nuestro Señor de las Penas a portar su cruz.  Que amanecerá el Miércoles Santo y la Bondad de Dios se paseará por las calles anticipando el Consuelo que pregona. Rey de Reyes que convierte sus azotes en caricias derramadas en torno a la columna de la vida. Cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro y poquito a poco, sobre los pies y de costero, dará paso al Jueves Santo en que Santa Justa me abre las puertas de mi Serva la Bari querida y amada donde se pasea la Esperanza del arco y del puente, que no hay enemigo trianero ni macareno, que los puentes no son barreras sino lazos de compañeros como así lo quiso el Nazareno de la Cruz al Hombro que bajó del campo de estrellas para habitar en la Anunciación. Que el Viernes Santo el Dios de la Expiración dará su último sorbo de vida entre Triana y Sevilla y la Piedad de Cristo será mecida en la Ciudad de Reyes. Que el Sábado Santo la comunidad Servita hará su estación de penitencia por las calles donde la Trinidad caminará mostrando su misterio a la mirada del pueblo mientras la Amargura y Soledad conquistarán la gloria de San Pedro. Que llegará el Domingo de Resurrección y al Tercer Día, al alba, escoltado por la Aurora comenzará a caminar triunfal el Dios que emocionó al capataz poeta a las puertas de Sor Ángela y cuando bendiga al pueblo de nuevo volviendo a Santa Marina el paso, se acabará un año más la Gloria que tanto he anunciado, pregonado y esperado. Se acabará nuestro abrazo. Pero el aflorar de sentimientos que emane el pequeño tiempo que dure me dará la vida otra eternidad. Con eso sí que me quedo. Y con ello muero.


Ya se fue el Domingo de Pasión. Brota un nuevo Viernes de Dolores. Comienza el principio del fin. Prefiero ser noble y decirte ¡Hasta la próxima! que decirte ¡Hola! Ya te lo he dicho. Un "¡Hasta la próxima!" depara un nuevo "¡Hola!"; un "¡Hola!" conduce de nuevo a un "¡Hasta la próxima!" Durará poco pero será intenso. Muy intenso. Y sabes que lo disfrutaré como si no fueras a volver más. Se me han ido ya la vísperas sin darme cuenta siquiera. Conforme vienes te vas. Esa es tu magia. Comienzo ya a abrir mis brazos para abrazarte y saco ya mi pañuelo para calmar mi llanto. Todos los años te lo grito...

"No quiero que llegues; Quiero oírte llegar".