lunes, 30 de mayo de 2022

Y EL MADRID, ¿QUÉ? ¿OTRA VEZ CAMPEÓN DE EUROPA?

Era el año 1994 cuando se hizo famoso un anuncio de televisión en el que un señor mayor, cabrero, en una aldea perdida decía la frase "Y el Madrid, ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa?", haciendo alusión a las seis Copas de Europa que ganó en los años 50 y a que a su aldea no llegaba la evolución, la actualidad, ni las noticias. Esa frase se hizo viral y más en aquellos años en los que se anhelaba por el madridismo volver a ganar la máxima competición continental a nivel de clubes y, más aún, desde que el formato de la competición cambió. Bien, pues a día de hoy, Majaelrayo, pequeña localidad de Guadalajara donde vivía el entrañable cabrero, ya no es un lugar recóndito donde apenas llegaba la vida o algún Mitsubishi Montero que se hubiera extraviado, sino que también llegan las noticias actuales y saben que el Real Madrid vuelve a ser, efectivamente, campeón de Europa. Y no es que lo sea flamantemente desde hace un par de días, no, es que lo ha sido desde entonces ocho veces. Llegó la ansiada séptima Copa de Europa en 1998, la octava en el año 2000 y la novena en el 2002. Doce años se tardó en conquistar la décima que cayó en el 2014 y, hoy, ocho años después, están en las vitrinas la undécima, duodécima, décimo tercera y décimo cuarta, logradas en los años 2016, 2017, 2018 y 2022. Increíble. Normal que la pregunta del anciano alcarreño esté de moda otra vez.

Peino cuatro décadas casi recién estrenadas y he visto a mi equipo ganar ocho Champios. El que pueda que empate. Así. Sin paños calientes. El que pueda que empate, repito. Claro, es que con Franco... Claro, es que con Aznar... Claro, es que Florentino... Claro, es que era fuera de juego... Claro, es que los árbitros sin var... Claro, es que los árbitros con var... Claro, es que el vino con gaseosa... Claro, es que mi tía la del pueblo... Y así. Cualquier discurso es bueno como excusa para intentar tapar lo evidente y real: 14 Copas de Europa. Y tal cosa no admite discusión, es impepinable e inapelable. Se puede buscar como ayudita a la Diosa Fortuna una vez, quizás dos, milagrosamente tres, ¿pero catorce? Podéis ir en paz y con vuestro cuento a otro lado. Y precisamente este año en los que no ha habido eliminatoria sencilla, más todavía. Os recuerdo, amigos, los cruces que ha tenido el Real Madrid en esta edición. Cuando de nuevo estabais los antis y odiadores con vuestro relato de la suerte y las ayudas nada más concluir el sorteo de los octavos de final, pues el rival que salió de la bola era el Benfica, se hubo de repetir el sorteo y quiso la ventura que el rival final fuese el París Saint-Germain. ¡Qué de risas, ¿eh?! El Madrid contra Mbappé, Di María, Messi, Neymar, Ramos, Icardi, Verrati, Paredes... ¡Hasta ahí han llegado estos suertudos! El resto ya lo sabéis, pero os lo voy a contar porque sois muy majos. ¡Ah! Entremedias de dicho resto también ganamos la liga, por si se os olvida. Y quedaban todavía cuatro jornadas por disputarse... En fin, que hoy estamos con la Champions. Sigo.

Se plantó el Real Madrid en la Galia y en un ejercicio de supervivencia total logró salir derrotado sólo por un gol en contra. No pasa nada, en el Bernabéu los funden. Y a otra cosa. Y pasó que en el Bernabéu nos metieron otro pero nosotros metimos tres. ¡Oh! Sorpresa. El Madrid pasaba el cruce con un hat trick de Benzemá que remontó la eliminatoria y la adversidad. Comenzó a llorar la llorería y las redes a llenarse de los argumentos de siempre nacidos de la envidia, la rabia y la ira. Nosotros a lo nuestro que los cuartos de final no pintaban fácil. Contra el Chelsea fue a tocar jugársela. Nos vinimos de allí con un tres a uno a favor, pero, ojito, que ya no existe la norma del valor doble a los goles metidos fuera de casa en caso de empate. Y en el Santiago Bernabéu se puso la cosa en plena Semana Santa entre flagelos y cruces. Tres cero a favor del Chelsea hasta que la bota de Modric envió una delicatessen a Rodrygo y éste metió la bola en las redes. Prórroga cuando ya los antimadridistas descorchaban el champán. Lo siguiente fue que, en el tiempo añadido, Karim culminó otra vez la remontada y el Madrid a semifinales. Vuelta a que Twitter y Facebook se llenasen de bilis que lo que hace es agrandar aún más al club de Concha Espina. Siguiente eliminatoria contra el Manchester City de Guardiola. Aquí sí que sí. Los blaugranas felones apelando a Pep: "¡Elimínalos, amado líder! A nosotros nos han eliminado de la Champions y también de la Europa League... ¡En el mismo año! ¡Pero tenemos a Pedri! Estamos a 12 puntos de ellos en la liga... ¡Pero les ganamos 0-4, tú! ¡Somos más que un club! En ti confiamos Pep, elimínalos con tu super poderoso equipo construido a base de escuela, ¡ah!, que no... que es con los petrodólares... bueno, elimínalos, Guardiolita mío". Y sí, casi. Casi de verdad. En el partido de ida perdió el Madrid por uno a cero y pudieron ser más. Y en el partido de vuelta, en el minuto 89 (de los 90 reglados) perdía el Madrid uno a cero también, en total 2-0 en contra en la eliminatoria. Quedaba un minuto más el descuento. ¿Qué pasó, queridos? Que somos el Real Madrid. Otra remontada épica y antes de que pitase el árbitro el final ya iba el marcador con un empate a dos. En la prórroga cayó el tercero y se acabó el asunto. Guardiola, el inventor y creador del fútbol, a su casa, los culés llora que te llora con él y los atléticos con sus argumentos sólidos de siempre basados en el insulto que origina la rabia cuando nada se puede objetar. El resto del mundo antimadridista planchando camisetitas del Liverpool para la final.

Y llegó el 28 de Mayo pero antes hubo traca. Justo la semana antes estallaba el final del culebrón Mbappé y los antis festejaron como un título que no viniera la temporada que viene al Madrid y que se montase ese circo mediático que también podía influir en desestabilizar al Real de su concentración para afrontar la final. Tras años de mareo con el fichaje de Kylian, éste decidió prorrogar su etapa en el PSG. Pues muy bien, cada uno elige lo que quiere. Fue un mazazo porque se daba por hecho que vendría y al final no. Risas otra vez de los odiadores que luego, como siempre, se convierten en lágrimas para ellos mismos. Las cosas del fútbol, es un toma y daca, correcto, pero algunos nunca aprenden. El Real Madrid siguió a lo suyo y no permitió despiste alguno. Se jugaba la final de la Champions, se había llegado a ella sin que nadie diera un duro por el equipo ni por la temporada, había costado mucho y había que pelearla como fuera. El Liverpool, además, el otro finalista, era un gran rival. Salah, Mané, Luis Díaz, Firmino, Thiago Alcántara, Alexander-Arnold, Fabinho... Poca broma en esos nombres. Y pitó el árbitro. Eso sí, pitó treinta y seis minutos después de lo previsto por la nefasta organización de Ceferín y sus secuaces y por la cantidad de chusma que habita en Francia a sus anchas, pero eso es otro capítulo. El caso es que el árbitro pitó en París y rodó el esférico. No voy a resumir el partido, para eso ya tenéis la prensa, cada uno la que quiera. Y lo que diré lo vio todo el mundo: Courtois, portero del Real Madrid, hizo varias veces de las suyas y negó que el balón llegase a las redes. Los que sí lo enviaron dentro y por dos veces fueron Benzemá y Vinicius. El primer tanto no subió al marcador por las cosas de diferente criterio que ocurren en la comunidad arbitral: unas veces sí y otras veces no. El segundo si apareció en el luminoso y con eso sobró y se acabó. Galopada de Valverde y el brasileño batió a Alisson. El Madrid, quizás, no sea el mejor en juego, pero es el mejor compitiendo. Y si este año ha batido por el camino a PSG, Chelsea, Manchester City y Liverpool, no hay excusa, es el mejor, sin duda. Y ya lo ha sido 14 veces. Querido jeque, querido Ceferín, querido Mbappé, querida UEFA, querido Guardiola, queridos antis todos: la copa a Cibeles, donde debe estar. Señor Klopp y señor cabrero de los años noventa, mis respetos y admiración. El Madrid otra vez Campeón de Europa.

jueves, 19 de mayo de 2022

EXCURSIÓN A ARGAMASILLA DE ALBA

Voy a decir una cosa que no creo que sorprenda a nadie: amo La Mancha. Pero hay una cosa que amo más aún y es enseñar a mi hija cómo hay que amarla. Desde que nació la hago partícipe de costumbres, tradiciones, romerías, ofrendas y todo lo que conlleve un arraigo de manchegas maneras. Tanto es así que Claudia, a sus cinco años que tiene, tiene pañuelos de hierbas impuestos por el Pandorgo de Hogaño desde el año en que nació, ya ha participado desde bebé en la ofrenda de la Virgen del Prado, en Bolaños ha salido en la procesión del Cristo de la Columna, ha visitado la Venta de Borondo, ha correteado por las cercanías del Castillo de Calatrava, ha trasnochado por escuchar cantar los Mayos, ha jugado con las estatuas quijotescas de la Plaza de Villanueva de los Infantes, conoce los entresijos más internos (y no miento) del Corral de Comedias de Almagro, ha librado "fiera y desigual batalla" con los molinos de Campo de Criptana y ha disfrutado de las Ferias de Fernán Caballero, Daimiel, Urda, Bolaños, Almagro y su Ciudad Real natal. Si hablamos de la faceta gastronómica, con lo pequeña que es, ya colabora en las conservas anuales de tomate, sopla las lumbres con fuelle, aliña aceitunas, te dice de memoria los ingredientes del pipirrana o moje manchego, disfruta comiendo migas, gachas y asadillo. Ve los paisajes y te señala la Atalaya, las grúas de Colomer y San Isidro. Y todo eso es porque le voy enseñando a amar nuestra tierra, a integrarse en ella y con sus gentes y, por supuesto, a identificarse con la obra literaria más universal: El Quijote. Y le encanta. Eso sí que le encanta. Desde los tres años recita el primer párrafo del tirón, conoce a todos los personajes, ojo, no sólo al hidalgo, su escudero, Rocinante, Rucio y Dulcinea que son los cinco elementales, no, no, también al ama, a la sobrina, a Teresa Panza, a Sanchica, al cura, al barbero, al porquero, a Clavileño, al ventero, al cuervo y, por supuesto, al galgo corredor.

Y, es por ello, que en mi afán de seguir recorriendo La Mancha con ella y verla feliz, le dije a Gemma que me había enterado que en Argamasilla de Alba (que bien pudo ser "...un lugar de la Mancha de cuyo nombre...") habían puesto hace un tiempo dos figuras de Don Quijote y Sancho Panza inspiradas en los dibujos animados que Pepe Romagosa nos regaló hace más de cuarenta años y que quería hacer una excursión para que Claudia los viese y jugase y, además, todo sea dicho, visitar de nuevo la Cueva de Medrano donde estando preso Miguel de Cervantes ideó y empezó a escribir las aventuras de Don Quijote. Yo llevaba muchos años sin ir, Gemma no había estado jamás y a nuestra niña Claudia le encantaría la sorpresa de sentarse en el sitio donde Don Miguel, pluma en mano y candil a la vera, comenzase a escribir el libro más vendido y traducido del mundo. Así se forjó la excursión y estuvimos toda la semana desde que se lo dije, aguardando la llegada del Domingo por la mañana para ir a Argamasilla de Alba e impregnarnos otro poquito más de nuestra amada Mancha y su cervantina y quijotesca historia. Teníamos muchas ganas e ilusión y Gemma estaba también contenta pues hacía tiempo que no íbamos los tres solos a disfrutar de una aventura por estos lares que tanto amo.

Llegó el día y allá que fuimos. Claudia estaba muy contenta y sólo por verla ya merecía la pena todo. Gemma, en su papel de madre y excursionista, preparó una mochila con picoteos, refrescos y agua, como si fuésemos a un lugar que estuviera a varias horas de viaje y tuviéramos que ir matando al gusanillo cada equis tiempo, aunque en realidad lo hizo porque le gusta que si el viaje se denomina "excursión" tenga tal carácter. Y una excursión sin mochila y patatas fritas no es excursión. En fin, puse en el navegador la dirección exacta de la Oficina de Turismo de Argamasilla de Alba y salimos. Nos aguardaba una buena mañana de disfrute y conocer lugares ligados a nuestra historia. Claudia quería ver los "muñecotes" de Quijote y Sancho pues le había contado que era como los que vemos en la televisión de casa y las figuritas que tenemos en la estantería y tengo yo en el despacho pero grandes y que nos haríamos fotos con ellos. Estaba deseando verlos y me contagiaba a mí las ganas. Y fue una mañana de disfrute y vimos todo lo que queríamos y jugamos a ser quijotes y dulcineas que comían duelos y quebrantos. Lo único que tuvimos que descartar fue ver la casa del bachiller Sansón Carrasco, pues la están construyendo de nuevo y, aunque la están recreando tal cual era, no queda resto de lo que fue y se encuentra en plena edificación así es que es como visitar cualquier obra en construcción, echarle imaginación y pensar cómo fue y cómo será.

Ni que decir tiene que nada más llegar al pueblo se respira ese aire manchego que tanto nos gusta a las gentes de aquí. Los modos, las costumbres y las maneras desprenden formas quijotescas por donde vayas y rápidamente se ven estatuas, bustos, imágenes y pinturas por cualquier calle o plaza de los protagonistas del libro que allí se ideó y comenzó a fraguarse a través de la mente y mano de Cervantes. Y esto sí que es impepinable por más que los hispalenses digan que fue durante su cautiverio en la Cárcel de Sevilla cuando inició a redactar su gran obra. No está demostrado en modo alguno. Y, además, no ha de pasarse por alto la figura de Rodrigo de Pacheco, hidalgo de ojos espantadizos y largos bigotes, aquejado de locura, quien, sin duda, por el parecer tanto físico como psíquico debió ser inspiración de Don Miguel para el personaje de Don Quijote, resultando que, no sólo fueron coetáneos, sino que además, vivía en Argamasilla de Alba y fue precisamente él quién ordenó que se encarcelase a Cervantes en la Cueva de Medrano (que en realidad no era cueva ni prisión, sino la subterránea bodega de la vivienda). Todas estas cuestiones encajan más que las suposiciones sevillanas acerca de la cuna del Quijote. Maravilloso estar de nuevo en la Cueva de Medrano y explicarle mil cosas a mi niña Claudia. Pero id, amigos. Id y disfrutad in situ de estas cuestiones, de nuestras raíces y nuestra génesis, mientras pasáis un rato agradable. Id a visitar los lugares de La Mancha. Y amadla, amadla como yo lo hago.

lunes, 9 de mayo de 2022

¿ROMERÍA? ¡HOMBRE, POR SUPUESTO!

Faltaría más. A ver si van a volver el fútbol, los toros, el carnaval y la Semana Santa y no va a volver la fiesta popular por antonomasia en cada paraje: la romería. No podía ser de otra manera. Aquí no caben medias tintas, ni grises. Es o todo o nada. Y en España nos gusta que sea todo. Y en La Mancha os podéis imaginar. Todo, todico, tó. Ha habido romería a la vieja usanza, con sus chozos, sus corros, sus lumbres, sus calderetas, sus chuletas y todos sus avíos. ¿Y con el gorro feo? ¡Por supuesto! ¿Y con minis de calimocho? ¡Claro! Si no, no es romería. Sigo sumando años pero la esencia es la misma. Me adapto a los momentos pero hay cosas que nunca cambian y mi amor por las tradiciones y costumbres es invariable y cada vez más arraigada. Ya sabéis que incluso en el año 2020, en pleno confinamiento, celebré la romería encerrado en casa y a través de videollamadas, humor y ganas de pasarlo bien, salió la cosa medio redonda. No hubo lumbre ni carne asada en la parrilla, pero no me puedo quejar. No faltó el ingenio, ni las risas, ni los momentos divertidos. Y, claro está, tampoco faltó el pacharán, ni las copitas, ni los cánticos populares. El pasado año ya se avanzó más y hubo fogata y guiso campero, pero aún no regresaron los chozos y los ratos de corro en corro. Eso sí, pude ver a la Virgen del Monte, Patrona de Bolaños en honor a quien se hace la romería y pedirle por la pronta vuelta a la vida que se nos había ido. Y este año hemos vuelto. Con todo. ¡Qué alegría! Esta vez sí que sí. Como siempre, como nos gusta, como la queremos.

Llegó el viernes que antecedía al fin de semana del último Domingo de Abril y me levanté ya sonriente y con ganas de lo que se avecinaba. Antes de ir al trabajo ya dejé los bártulos preparados para a mediodía salir hacia Bolaños de Calatrava, adentrarme en el Paraje de la Moheda y, una vez en los rasos de la Virgen del Monte, entregarme a la antigua y buena tradición de festejar la romería y perderme allende los cerros donde la cobertura móvil no habita, el vino peleón se derrama por los gaznates y se come con cualquiera al son de "cuchará y paso atrás". Vamos, que tenía unas ganas locas de disfrutar de aquella manera y emitir algún que otro cántico pseudo etílico cuando hubiera ingerido ya una curiosa cantidad de botellines que contarse con los dedos de ambas manos pudiera y no llegase aún a la docena, digamos que, por narices, entre seis y diez, aunque luego suelen ser más, no los dedos sino los botellines, incluso en ocasiones exceder de la docena antes mentada. Así pues, lo dicho, en llegando la hora del almuerzo fui aflojando el nudo de la corbata, me despojé del traje y la mentalidad jurídica por un par de días y puse rumbo (y rumbas en la radio) hacia el lugar que debía. Nada más llegar el gorro de siempre coronó mi cabeza y el vaso de mini se convirtió en mi fiel compañero.

Lo demás es fácilmente imaginable. Ratos buenos, risas, disfrute y alegría, entre lumbres y sartenes, todo ello conjugado con familia y amistades. Si debiera dar mi definición de romería sería esa. Y me encanta, me hace feliz y me gusta transmitírselo a mi hija y vivirlo con ella. Este año, además, ha sido especial pues Claudia no recordaba cómo era la romería con todo montado. Ha cumplido cinco años y no veía toda esa vorágine desde que tenía dos. Ha sido totalmente una novedad para ella y se lo ha pasado pipa pues, el que suscribe, entre mini y mini, la subía a los cacharritos. Se ha divertido y reía mucho viéndome con el gorro puesto. Gemma también ha sido feliz, en familia y regañándome si ya canturreaba demasiado, pero, vamos, todo en orden. El sábado por la tarde que es el rato más peligroso estuvimos juntos y si quería descarriarme rápidamente me recogía la correa. Y, para colmo, algún iluminado ordenó poner una antena portátil que dotara de cobertura el lugar, por lo que ya no podía poner el móvil en modo avión y alegar que no había red... Me localizaba sí o sí. Es por ello que desde aquí no puedo dejar de mentar a la madre que parió al antenista y al que dio la orden, pues se ha cargado la pura tradición romeril de decir "voy a por tabaco y ahora vuelvo", sabiendo que ni fumo ni voy a volver (hasta que proceda). Y ya que si lo haces, vas listo y vas listo si no lo haces, pues, leche, hágase, pero que no haya cobertura hasta que tengas a bien volver al redil y la bronca del pastor te resbale. Se me entiende, ¿no?

Y poco más que añadir. Quien me conoce lo sabe. A mí estas cositas me enamoran y he disfrutado como un guarro harto de bellotas bañándose en un charco de barro. Lo que antes decía, si ya lo disfruté en pleno confinamiento y tirando de ingenio, como para no disfrutarlo ahora que la vida vuelve a ser vida y he tenido una romería como las de antes... Pasan los años y sigo con la misma mente juvenil, con las mismas ganas de relío, con los mismos alambres de tradición y costumbre y con la misma ilusión que un niño cuando se acercan los Reyes Magos o un adolescente al llegar las fiestas del colegio. Y de verdad que me gusta y no quiero cambiar en ello. Cuando miro el calendario y veo que ya llega el último Domingo de Abril, sonrío pensando cómo se dará y con quién, porque lo que sí tengo claro es lo que haré yo mismo. Y mientras pueda, así será. Y ojo que el gorro es feo, pero duradero el puñetero. Parece ayer cuando mi amigo Narciso, allí mismo de romería, se acercó a un puestecillo y dijo "Quiero el gorro más feo que haya" ante el asombro del mercader que se meaba de risa. Atinaron ambos en ser uno en concreto, reversible y llamativo. Y me lo regaló diciendo "A ver lo que te dura". Y desde entonces ha llovido y que siga lloviendo, oiga. Pero que no me falte el gorro. Ni la alegría. Ni el vino. Ni la Romería. ¡Viva la Virgen del Monte!

martes, 26 de abril de 2022

VOLVIERON LAS COFRADÍAS

Ha sido tan precioso que no sé por dónde empezar a narrarlo. Cuando la sensación el Domingo de Resurrección por la tarde es de tristeza y agotamiento es porque la Semana Santa ha sido espléndida. Y ya os digo que más triste y más cansado no pude estar la pasada Pascua. Ha sido todo muy rápido tras una espera tan prolongada. ¡Qué chicotá más cortita después de un relevo tan largo! ¡Qué rápido se nos ha escapado de nuevo! Llegó dejándose querer, con mimo, con dulzura, como siempre había llegado hasta que en plena vorágine de la Cuaresma de 2020 se nos parase la vida. Vino como a mí me gusta, susurrando y marcando la cuenta atrás de cuarenta días y cuarenta noches que han durado sólo unos segundos, pues conforme abríamos los brazos para estrecharla ya se nos estaba escapando. Su esencia pura. Siempre le digo que no quiero que llegue, que quiero oírla llegar. Y este año ha sido así. Me ha dejado gozar de su retorno entre amigos, buenos ratos, tertulias y ensayos, todo aderezado con familia, tradición, recuerdos y buenas costumbres. Ha habido de todo. ¡La quiero tanto que ya la sueño de nuevo! Desde ya anuncio que la que venga será diferente, al menos para mí, pues los años no pasan en balde y debo cambiar el modo de disfrutar de ciertas cosas, aunque no deje de exprimir los sentimientos. Ha sido precioso, decía. Y seguramente me quedo corto. Además, egoístamente, ha sido pleno mi calendario tal cual estaba trazado, tanto aquí como en Sevilla. Una vuelta a lo grande. La merecía, creo.

Comenzó el retorno propiamente dicho, por llamarlo así porque jamás nos fuimos, con mucha ilusión y ganas. Y con una sorpresa en forma de llamada telefónica. Pensaron en mí para ser el presentador y pregonero del XXIV Acto de Exaltación a la Saeta. Me encanta el atril para poner voz y sentimiento a las miradas que lo contemplan. Disfruté mucho en la vecina localidad de Miguelturra haciendo disfrutar a quienes tuvieron a bien de asistir a escucharme, deleitarse con la saetera invitada, Alicia Notario, antigua compañera de Universidad y a saborear las marchas que interpretó la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Piedad. Fue una tarde-noche preciosa y preludio del Domingo de Pasión, cuando se abre la puerta ojival de San Pedro y la primera de las procesiones de vísperas anuncia la Gloria que está por llegar. Había llegado a este punto agotando una Cuaresma como la de antaño, cargada de emociones dispares y con las agujas del reloj volando. Su quinto Domingo volvió el Nazareno a pasear por las calles y Ciudad Real entera se echó a las calles. ¡Qué bonito todo! Los reencuentros, las miradas, los abrazos, las sonrisas, las lágrimas, la vida. Volvíamos a la vida los cofrades. Casi sin darnos cuenta amanecía el Viernes de Dolores y el Perchel se engalanaba para su día grande. Me gusta ser perchelero. Me gusta mucho. Día azul y plata con banderolas en los balcones, torrijas en las cocinas y la Plaza de Santiago reluciente. La Dolorosa en su palio volvía a hacer latir el corazón del barrio y ya estaba todo consumado para que llegase la Semana Santa. Se acabaron las vísperas.

Y, por fin, Domingo de Ramos. El desborde de sentimientos y alegría se trasladaba a las caras de la gente. No he visto más emociones en los rostros que este año. ¡Cuánta falta nos hacía a los cofrades volver a pasear la fe! Las miradas de nuestros mayores clavadas en el rostro de María, las sonrisas de los niños, mezcladas entre la admiración y la novedad, al contemplar cómo anda un misterio, los rostros callados y hablando por el corazón de los costaleros... ¡Qué bonito ha sido todo! Volví a ver en mi Ciudad Real natal donde la Semana Santa empieza. A las 12 del mediodía del día más esperado del año para nosotros, me encontraba en la calle Ramírez de Arellano y vi salir la Borriquilla. Ya estaba la primera en la calle. Mi traje puesto, algo de estreno en el Domingo de Ramos por aquello de no quedarse sin pies y sin manos, la mariquilla de la Macarena en la solapa y el pecho lleno de orgullo. Aquí estamos de nuevo, en las calles huele a incienso y suenan marchas en la Semana Grande. Vi la cofradía en varios puntos y me fui a casa de mis padres a vestirme de costalero con la misma ilusión que hace más de dos décadas y media cuando empecé en el oficio. Por la tarde volví a pasear al Rabí de la blanca túnica que viene desde Los Ángeles ante un olivo Cautivo en su Prendimiento. ¡Que derroche de oficio costalero y qué manera de cerrar el día! ¡Cuántas sonrisas y cuántos abrazos! Y Santo Tomás de Villanueva, claro. Mi familia.


Lunes Santo de Vía Crucis de oración. Allí estuve de nuevo, con mi padre, como cuando era niño. Los dos entre el gentío acompañando al Cristo del que él es hermano. Incluso pude llevarlo un ratito sobre el hombro. Con la negrura del día amenazando agua volví a casa y amaneció el Martes Santo, lleno de Esperanza en el Barrio del Pilar y con silente racheo carmelitano en la Hermandad de las Penas. La lluvia no se atrevió a romper el sueño de los despiertos. Le prometí al Señor llevarlo de nuevo en mi cerviz cuando me necesitó. Y tras no poder despedirme de su zanco izquierdo hasta este año, lo hice como Él dispuso: de mármol a mármol, en argot cofrade. Ahí quedó, cansado y sonriente a descansar. Llegó el Miércoles Santo. Palabras mayores. La Bondad de Dios en las calles y el Consuelo de su Madre bajo palio. ¡Qué maravilla! Volver a la vida, volver a llevar en mi costal la cara que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro. Sin palabras lo que vivo ahí debajo. Una mezcla de lágrimas de recuerdos, presentes y porvenires me recorrieron el alma. Agotado cerraba el que viene siendo mi día grande desde que era pequeño. Y me quedaba algo sublime...

Enorme fue el verla de nuevo y llorar al tenerla cara a cara. ¡Te echaba de menos, Macarena! El reencuentro con mi querida Sevilla llegó el Jueves Santo a mediodía. Fui raudo y veloz a Santa Catalina a iniciar la jornada. Mayoría de edad se cumplía desde que la Exaltación no salía desde su templo y este año volvía a ser realidad. Allí empecé el disfrute de ese día. Tras ello fui viendo el resto de cofradías entre amigos, familia y tradición. Y llegó la noche... La Madrugá. Gran Poder y Macarena en las calles. Y con eso basta para mí. ¡Qué grandeza veros de nuevo! El Viernes Santo no pudo ser más radiante. Despedirme del Señor de la Sentencia y de la Esperanza en ambiente puro macareno, rodeado de alegría, comerme el tradicional bacalao con tomate y empezar la tarde-noche del día más romántico que tiene la Semana Santa disfrutando de cofradías con las que sueño todo el año. Inmejorable. Por supuesto, no faltó el pescaíto frito y se cumplieron las usanzas. Sábado Santo de contrastes y viejos reencuentros. Es una jornada peculiar pero bien disfrutada. Y, entre tanto, Don Joaquín en su Soledad. Fieles a la cita estuvimos ambos. Culminó todo el Domingo de Resurrección despidiéndome de la Virgen de la Aurora entrando en la Catedral y disfrutando luego de una preciosa chicotá del Señor de la Vida a los sones de Salud para los Enfermos. Inolvidable la Semana Santa vivida por muchas cosas. He sido tremendamente feliz. ¡A la Gloria!

jueves, 31 de marzo de 2022

EL CUARESMEO

Como decía la conocida voz en el antiguo compact disc que tantas veces hemos escuchado todos los cofrades: Llegó como llega siempre. Y así ha sido. Este año ha llegado la Cuaresma como siempre, como la conocíamos, como venía haciéndolo año tras año hasta que irrumpió la puñetera pandemia. Ha llegado dejándose querer, deshilachándose en charlas y mimos, entregándonos igualás, ensayos, corcheas de cornetas, ratitos de casa hermandad y, sobre todo, reencuentros. Eso es lo más bonito. Abrazos, besos, paño con paño, vueltas de faja, limpieza de plata, nervios en la priostía y todo ese batiburrillo que tanto hemos añorado. Pero ya está aquí y se nos va demasiado rápido. Siempre lo digo: no quiero que llegues, quiero oírte llegar. Bien es cierto que este año estoy deseando que llegue mi amada Semana Santa pero "el cuaresmeo" me encanta y ya hemos pasado y repasado más de su ecuador. Esos viernes de espinacas con garbanzos, esos Domingos de parihuelas, esos martes de papeletas de sitio, esos jueves de tertulias, esos lunes de radio, esos sábados de pregón y esos miércoles de un desorden ordenado, son los que nos hacen descontar día a día los cuarenta días y cuarenta noches que preceden a la explosión del júbilo desatado cuando sale la primera cruz de guía. ¡Qué bonita es la Cuaresma! ¡Cuánto me gusta el cuaresmeo!

Estos días tan bonitos mi agenda cofrade se dispara y no me supone agobio ninguno, al revés, voy con una sonrisa a cada cita. Termino muchas veces agotado, eso sí, pero satisfecho y feliz. Han sido ya dos fines de semana los que me han coincidido tres ensayos de costalero en menos de día y medio. Al terminar el último voy para el arrastre pero estos días son así. Se convierten estas fechas en un no parar constante. Y aquel cofrade que diga que no le gusta, miente. Cierto es que podríamos tener menos apreturas de calendario pero entonces perdería su esencia la Cuaresma. La concentración de actos y eventos, las prisas, los nervios y las apreturas forman parte de su esencia. Y, además, así ha de ser. Quien diga que tenemos todo el año para preparar ciertas cosas, no sabe de qué va este mundillo. ¿O dejamos los altares de cultos preparados en Agosto? No, hay que prepararlos en Cuaresma. ¿O ponemos los ensayos de costaleros en Noviembre? No, hay que ponerlos en Cuaresma. ¿O montamos los pasos en Enero? No, hay que montarlos en Cuaresma. Y la Cuaresma son cuarenta días y cuarenta noches. Y no da para más. De ahí estas apreturas que tan de cabeza nos traen pero que tanto amamos.

A decir verdad, esta Cuaresma está siendo como las de antes, como las de toda la vida. De las que se viven a tope y pasan raudas con una voracidad de momentos enorme. Ya hemos consumido tres cuartas partes de la misma casi sin enterarnos. Y no me han faltado, personalmente, ratos de costal, de banda, de atril, de radio y de disfrutar con la gente cofrade que tanto quiero. Desde que tuve la primera igualá volví a sentirme feliz en el añorado retorno a esta salsa en la que tanto me gusta mojar y, además, con la convicción y certeza de que este año no hay nada que lo pare y va a ser totalmente normal. El reencuentro fue maravilloso y las caras de todos volviendo a nuestro amado hobby tras dos años de inactividad fueron indescriptibles. Volvían los capataces con sus cuadrantes, volvían los aspirantes a pedir hueco, volvían las cornetas a ensayar en corro, volvían los priostes a aflojar tuercas y apretar tornillos, volvían los capillita a limpiar plata, volvían las charlas de cofradías a cualquier hora y volvían al bullicio los grupos de whatsapp tan apagados estas dos cuaresmas pasadas. Volvía, en definitiva, la Semana Santa.

He tenido la fortuna de poder volver al oficio costalero en los tres pasos que sacaba y de los que debo ir empezando a despedirme para disfrutar los años que me queden de peón de arpillera del mejor modo posible. He disfrutado también de un concierto cofrade de los que llevaba años sin disfrutar: marchas de cornetas y tambores, de agrupación musical y de banda de palio. Además, he sido nombrado presentador y mantenedor del Acto de Exaltación a la Saeta organizado por la Hermandad del Cristo de la Piedad de la vecina localidad de Miguelturra. Y, para colmo de mis bendiciones cofrades, he logrado capturar un momento con el que no sé la cantidad de veces y años que habría soñado: ir debajo del paso y llevar a mi hija de la mano. Eso ha sido lo más grande de esta Cuaresma. Y es que ésta da tanto de sí a la vez que aprieta la fechas... El cuaresmeo es lo que tiene. Conjuga nervios y estampas imborrables, nos desata los sentimientos, los recuerdos y los sueños. Los recuerdos nos hacen sonreír, los sueños están para cumplirse y los sentimientos es lo que une los unos con los otros. Lo dicho: disfrutad de estos días porque ya mismo se van. ¡Vividlo! Agotad el cuaresmeo y luego ¡a la Gloria!

viernes, 11 de marzo de 2022

DON REAL MADRID

La verdad es que no tenía en mente escribir en el blog una entrada futbolera ahora mismo. Más bien me rondaba escribir una entrada "cuaresmera" por los tiempos en los que estoy inmerso y la vuelta total a esas actividades anuales que ocupan mi mente todo el año: las cofradías. Avanzando esta Cuaresma estoy en la vorágine de ensayos, pregones, tertulias, programas de radio, marchas, incienso, túnicas, etc. Sin embargo, no podía pasar por alto en este Rincón lo ocurrido en el Santiago Bernabéu en esta última eliminatoria de Champions League. Puro Real Madrid. Cuando todos los sectores antimadridistas ya se relamen de su derrota, vuelve a dar la sorpresa y a poner el punto en la i. Y ya no sé ni cuántas van. Es increíble. Y, ojo, que lo hace incluso cuando los propios no confían en él. Varios madridistas se han quedado sorprendidos más de una vez al ver cómo Don Real Madrid (porque hay que llamarlo así) se levanta de la lona y aúpa la victoria. Experto en remontadas y en épicas, cabe recordar el cabezazo de Ramos en el minuto 93 o el hat trick de Cristiano Ronaldo contra el Wolfsburgo tras perder 2-0 en el partido de ida, esta vez ha levantado un resultado adverso contra un equipo de ensueño, pues, digan lo que digan, simplemente leer Mbappé, Neymar, Messi, Di María, Icardi, Verrati, etc, asusta. Y el mérito no fue levantar un uno a cero en contra, el mérito fue el ejercicio total de supervivencia que se hizo en el primer partido, donde nos pudieron haber endosado una manita y el empezar también perdiendo con otro gol en el Bernabéu. Dos a cero en contra y restaban sólo 45 minutos de los 180 de eliminatoria para meterle tres goles al PSG formado con renombre y petrodólares. Pintaba imposible y Europa veía caer al Real Madrid. Pero...

Arrancó la segunda parte y el runrún en la grada era patente. Aún así los futbolistas hacían gestos con los brazos recabando el apoyo de la afición, buscando esa conexión plantilla-graderío que los incultos de este mundillo futbolístico dicen que no existe en el coliseo blanco, pero que queda patente que tiene lugar cuando debe tenerlo y no en cualquier partido de trámite. Y en esas cambió el asunto. Una presión total del Madrid desembocó en un robo de balón de Benzemá a Donnaruma, cancerbero del París Saint German, que catalogarán de falta aquellos que cuando arbitró Aytekin fue todo maravilloso, el esférico lo controló Vinicius, aguardó que Karim se recolocase y evitase el fuera de juego y sirvió para que éste anotase el primero. Rugió el Bernabéu y se encendieron las creencias. He visto muchas veces, gracias a Dios, ese espíritu. Don Real Madrid lamiéndose las heridas y sacando las uñas para su ataque mortal. El PSG aún con el resultado a favor, 2-1 en el global, se vio inmerso en una vorágine merengue que todo rival conoce bien. El vendaval blanco cuando se desata es imparable. A los pocos minutos, Modric, eterno, hizo diabluras de las suyas, ¡qué futbolista!, trenzó entre la defensa azul parisina y Karim Benzemá, de nuevo, mandó la pelota a la red. Eliminatoria igualada. El Madrid creciendo y las figuras del París Saint German empequeñeciéndose. Hay cosas que el dinero no puede comprar.

Tras ello era el PSG quien estaba en la lona. La cara del jeque árabe Násser Al-Khelaifi era un poema. Veía como su chequera no era suficiente para batir a rivales que no juegan con dinero sino con deporte. Ya le ha pasado varios años seguidos y sigue erre que erre gastando millones y montando un equipo de play station para nada. Los títulos no se ganan con nombres, se ganan con hombres. Y todavía estaba el susodicho, presidente del club parisino, maldiciendo el segundo gol del Real Madrid, cuando un robó de balón nada más sacar de centro propició otra de las jugadas mágicas que tanto gustan en Concha Espina. Sonó el cuerno de caza y salieron los blancos al galope. ¡Qué zancada tiene Vinicius, Cristóbal! ¿Y Vinicius para cuándo? Eso canturreabas riéndote en los platós de televisión de un chiquete de dieciocho años, amparándote en tus palmeros y siéndote consentido por muchos, quienes encumbraban tu poca hombría y, a la vez, demostraban la poca suya. Los tíos se miden de igual a igual y no haciendo llorar a un niño. ¡Cobardes! Cuando te pongas derecho, Cristóbal, lo ves, doblado bajo los pasos, insultando el oficio costalero y mirando el suelo no verás a este niño de lo que es capaz de hacer. Su zancada propició el tercero y tus lágrimas. Metió un pase de la muerte, Marquinhos hizo lo que pudo para despejar y el balón cayó a los pies de Benzemá quien, conforme venía, a la carrera embocó la bola, fuerte, rasa, pegada al poste donde los porteros no llegan. La remontada se había consumado. Tres a uno en el luminoso del Santiago Bernabéu y tres a dos en el global.

El equipo que cuenta en sus vitrinas con más títulos de Europa que nadie, el equipo que tiene más enemigos generados por la envidia que nadie y el equipo en el que no confiaba en este cruce prácticamente nadie, lo había vuelto hacer. En un sorteo que, a priori, parió que la eliminatoria de octavos de final fuese Atlético de Madrid - PSG y que mientras los colchoneros maldecían cruzarse con los parisinos, hubo de repetirse, quiso el destino que tan poderoso rival cayese finalmente como contrincante del Real Madrid. Y en cuestión de minutos, pasaron los rojiblancos de maldecir y echar bilis por su mala suerte a relamerse y a reír a carcajadas por quitarse al tridente Neymar-Messi-Mbappé de encima y que además le tocase ese baile a su eterno rival. Risas que aumentaron y se unieron con las de los culés tras el partido de ida y ver la diferencia abismal de juego entre unos y otros. Risas que subieron de tono aún más cuando el Madrid perdía para el partido de vuelta a dos hombres clave como son Casemiro y Mendy. Risas que llegaron al éxtasis cuando Mbappé marcó el 0-1 en el Bernabéu. Risas que al final, como tantas y tantas veces, Don Real Madrid hizo suyas el pasado 9 de Marzo de 2022 al volver a escribir una página en la historia del fútbol contra todo y contra todos. ¡Hala Madrid!

miércoles, 23 de febrero de 2022

PAPÁ, ME HAGO PIS

"Papá, me hago pis". Esa fue la frase que dio lugar a la última gran aventura a la que me sometió mi hija antes de cumplir cinco años. Los niños son imprevisibles, desde luego. Pero inoportunos en su actuación, la mayoría de las veces, mucho más. Desde que nacen, ¿eh? Los que sois papás y mamás lo sabéis. Por ejemplo, te invitan a una boda. El bebé duerme plácido en su carrito. Lleva así dos horas. ¿Cuándo se va a despertar con una barraquera del copón? En mitad de la ceremonia, por supuesto. Tienes una entrevista de trabajo. Vas nerviosa y con la hora pegada porque has estado preparando todo el hato del niño para dejarlo con sus abuelos el rato que estarás ocupada. Justo a la hora de salir se le ocurre evacuar físicamente, por el aliviadero trasero, el potito que le habías dado cuarenta minutos antes. Claro, no vas a dejar al bebé a recaudo con el pañal lleno, so pena de malos olores, irritación cutánea y regañina de tus padres a la vez que te recuerdan que ellos contigo jamás hicieron eso. ¡A cambiarlo! Los nervios in crescendo, el reloj que no para y el abuelo mandándote un whatsapp preguntando cuándo le llevas al nieto a la vez que te dice que vas a llegar tarde a la entrevista. Todo maravilloso. ¿No tenía otro momento la criaturita de hacer caca? Pues no. Justo ahí. Y estas cosas que cuento son reales y ocurren a diario. Yo no me iba a librar, claro. Algunas he tenido ya. Pero la del otro día... ¡Qué situación! Duró, a lo mejor, únicamente quince minutos o veinte entre unas cosas y otras pero a mí me daba algo. Os cuento.

Hace unas semanas tuvimos que ir un Sábado a Madrid por motivos laborales de mi mujer y mi suegra. Rondando el mediodía, serían las 14;00 horas, estábamos por todo el centro. En concreto íbamos a Casa Labra (publicidad gratuita), seguramente la taberna más antigua de la capital del reino donde lo típico es tomarse un vermú y comerse una tajada de bacalao frito. La villa estaba rebosante de gente, había una cola enorme para poder pasar y Claudia quería ver "el reloj de las campanadas de Navidad", "el Oso y el madroño" y "el kilómetro cero". Aprovechando que todo estaba a tiro de piedra, literal, en la cercana Puerta del Sol le dije que la llevaba a ver esas cosas y, mientras, mis suegros y Gemma iban a aprovechar para pasar al Corte Inglés a echar un ojo a la ropa y comprarle algo a mi suegro que había sido su cumpleaños justo el día anterior. Bien, allá que fuimos mi niña Claudia y yo. Ella tan contenta y yo pendiente de ella que quería correr y jugar libremente entre el gentío que había en Madrid a esas horas. Os podéis hacer a la idea. La llevé a ver el reloj con su carrillón, la llevé justo debajo del mismo a que viera la placa que indica el punto inicial de todas las carreteras de España, la llevé a la estatua que simboliza el escudo de la ciudad y estuve haciéndole fotos y explicándole cosas. Y en esas estábamos cuando dijo la frase: Papá, me hago pis. Horror. ¡Socorro! ¿Ahora? ¡Dios mío! ¿Qué hago? Los que han tenido niños pequeños me entienden...

Comienza la aventura. Busco un bar cercano para poderla pasar al baño. El primero que veo es La Mallorquina. Por cierto, sirven unos dulces espectaculares. Bien, allí que voy. Una cola del copón, para variar. Explico a la gente que mi hija pequeña se hace pis, que no quiero colarme sino pasarla al baño y ya está. La gente, algunos amablemente, otros refunfuñando, finalmente me deja acceder. Claudia me dice que se hace pis, como si yo no lo supiera ya. Logro entrar en la pastelería y me preguntan los empleados qué deseo. Les digo que ir al baño con la niña. Me dicen que el baño es solo para uso de clientes, les digo que me pongan lo que sea y me dicen que si quiero consumir debo volver a la cola y aguardar mi turno. Cojo a Claudia de la mano, nos damos la vuelta y abandono el local no sin antes dedicarles una maldición gitana por su empatía. Es necesario indicar que Claudia tenía cuatro añitos cuando ocurrió esto. Sigo. Volvemos a Sol, lleno todo. Miro hacia arriba, hacia abajo y decido probar suerte en el Corte Inglés. Debe haber baño, digo yo. Mi pequeña me dice que se hace mucho pis y que la ponga a hacer pis aunque sea entre dos coches o un árbol. Justo en todo ese meollo de Madrid no hay un árbol y la zona es peatonal así es que ni una cosa ni otra. Imposible. Pasamos al Corte Inglés, atino a buscar el directorio, lo leo rápidamente entero y no hay baño. Debo ir al otro acceso, al del edificio de enfrente. Vamos corriendo y Claudia empezando a decirme "Papá, no me aguanto". ¡Madre mía!

Entramos en la otra sección del Corte Inglés, localizo el directorio y veo que hay baño en la primera planta. ¡Al lío! Diviso las escaleras mecánicas y llevo rápidamente a la niña a las mismas. ¡Ya llegamos, Claudia! ¡Aguanta! Por Ley de Murphy el baño debe estar en la otra punta de donde paren las escaleras. Es directamente proporcional: a mayor necesidad, mayor lejanía. Busco el panel, las señales, las indicaciones y... ¡Correcto! En la otra punta. A correr hacia el baño que la niña se me orina aquí mismo en la sección de corbatas. Llegamos al puñetero acceso, Claudia diciéndome a medias voces "¡¡no me aguanto más!!", la gente mirándome en plan compasivo "pobre-niña que se mea, pobre-padre vaya situación" abro la puerta y localizo el baño para minusválidos, me dirijo a él para no entrar en el aseo de señoras (lógico) y para no meter a una niña de cuatro años en un baño de caballeros, en cuyo interior suele haber un olor horrible, algún tío con la chorra fuera y restos de orines en todos sitios menos donde debe. Pues en esas me dice el Guardia de Seguridad que no puedo entrar ahí. "Mireusté" la niña se hace pis... Lo siento. Ahí no. Mi respuesta fue el silencio. Fui a probar suerte al de mujeres, a ver si no hubiera nadie, limpio y preparo una taza para mi pequeña y... Entre "¡pervertido!!" y "¡habrase visto!" me echaron de allí conforme quise abrir la puerta. Discúlpenme, señoras, perdón. Mi hija se orina y es pequeña. No pretendo matar a nadie, ya me voy. Sólo quedaba una opción y por mi hija doy todo. Claudia, tenemos que pasar al baño de hombres...

Conforme abrí la puerta mi hija se llevó la mano a la nariz y gritó: ¡Papá, huele muy mal! ¡En Madrid son unos guarros! ¡No quiero venir más! La verdad es que causó silencio y risa ahogada a partes iguales. Razón no le faltaba en lo del olor. Ya descubrirá que eso no es cosa sólo de Madrid. Había tres pequeñas portezuelas cuyas tazas, tras ellas, estaban todas ocupadas, así es que no pude abrir ninguna. Pensaba limpiar un poco como fuese lo que hubiera y, aún así, mantener a mi niña en vilo, pero ni por esas. En los lavabos había un vagabundo con una mochila que contenía sus escasas pertenencias depositada en el suelo, junto a sus pies. Estaba afeitándose, sus ojos reflejaban bondad y estaba ensimismado en su tarea. Es más, al ver la situación fue el único que emitió un "Buenos días" sin dejar de mirar al espejo, pero, al menos, saludó. Pobre hombre, rica persona. Dos hombres que estaban orinando en los urinarios de pared terminaron prácticamente a la par y fueron a lavarse las manos, en los lavabos de al lado del vagabundo. Se quedaron todos los urinarios vacíos, las portezuelas de tazas seguían cerradas y el del afeitado estaba a lo suyo. Cogí a Claudia en brazos, me aseguré de que no mojase su ropita y la acerqué todo lo que pude al urinario de la esquina, sin que ninguna parte de su cuerpo tocase el mismo. Mi hija me miraba extrañada y le dije que tenía que hacer pis así y ahí. La pobre, en su afán de ayudarme y terminar la historia cuanto antes, me decía que podía apoyarse ella en el urinario y le dije que ni arrimase la mano. Vaya cuadro. Conforme ella empezó a liberar su vejiga, yo comencé a escuchar el pis caer al suelo. Lo siento mucho, Madrid. Es lo que hay. Otro charco más que limpiar no es nada al lado de la cantidad de plastas de perro que campan por tus calles en cuanto te alejas un poco del centro.

En cuanto terminó, la puse de pie y la limpié con unos kleenex. Mis zapatillas estaban literalmente meadas y mi pantalón vaquero repleto de salpicaduras. Sonreí. Pensé que cosas de esas, supongo, son anécdotas que todo padre y madre tendrán sobre sus hijos por doquier. Es más, a saber en las que yo siendo niño fuese protagonista y metiera en aventuras así a mis padres. Nos lavamos ambos las manos, nos despedimos del vagabundo que estaba perfilándose una patilla y obvió completamente nuestra escena y salimos de allí triunfantes. Claudia seguía con su manecilla sobre la nariz intentando esquivar el olor que se adueñaba del baño. Yo tan orgulloso de haber logado capear una situación que había ido pasando de novillo a morlaco conforme se sucedían los acontecimientos. Nada más enfilar el pasillo de salida, miré al vigilante de seguridad y le dije un "Gracias" cargado de desprecio que a la sazón de su gesto de agachar la mirada debió entender. Así tenga trillizas y le meen las tres el uniforme y las botas cuando esté lejos de casa. Uda. Y, justo antes de salir, ¡tachán!, aparecen mi suegra y mi mujer que iban ellas al baño. ¡Venga, por favor! Encima me dice Gemma que donde voy con el pantalón y las zapatillas así... ¿Por qué no aparecieron diez minutos antes y nos habrían ahorrado a la pequeña y a mí una maratón de sinsabores? En fin... Sonrío otra vez. Miro a Claudia. Le guiño el ojo. Miro a Gemma y señalando a mi pequeña y encogiéndome de hombros le digo: "Papá, me hago pis".