viernes, 29 de enero de 2021

¡AY, MADRE! ¡ALCOYANAZO! ¡ALCORCONAZO 2.0!


Segundas partes nunca fueron buenas. Siempre pensaré que el mayor error de Zidane fue volver. Si ya te habías ido, Zinedine, inexplicable pero te fuiste y lo hiciste en todo lo alto, ¿para qué volviste? No me vale la teoría de "se fue porque sabía lo que se avecinaba" porque, entonces, repito, ¿para qué volvió? Sería explicable que se fuera tras un desastre grande pero ¿tras ganar cuatro champions y tres de ellas de manera consecutiva? Alucinante. Bueno, pues como buen visionario y sabiendo que la saciedad no trae hambre y los equipos se acomodan, el bueno de Zidane diría "y el que pueda que empate". Y se marchó. Comenzó la decadencia ¡y volvió! ¿Para qué? No sirvió para nada su visión y, prácticamente, para nada su vuelta. Una liga, sí. La liga del coronavirus la ganó el Madrid, pero ¿y el resto? Esperpénticas derrotas y eliminaciones como la que se marcó el señorito Varane ante el City, la que se marcó también Luquitas Vázquez  en la Super Copa contra el Bilbao y, ya por último, la reciente derrota contra el Alcoyano en la Copa del Rey. ¿Por qué, Zidane, por qué? ¿Por qué volviste a ilusionarnos anunciando cambios revolucionarios y has seguido tirando de los Marcelo, Isco, Asensio, etc, que te dieron la gloria tras la cual tú previste la hecatombe? ¿Para qué tanto Hazard que juega a lo que yo con cuatro whiskys en lo alto? ¿A cuento de qué no dar oportunidad a los que se parten la cara en el césped y tienen juventud y savia nueva? Pues todo ello ha dado lugar al Alcoyanazo, lo que viene siendo el Alcorconazo 2.0, vamos. Un guantazo del Alcoyano al Real Madrid. Tal cual.

He dejado pasar unos días para no escribir en caliente, pero es una vergüenza digas lo que digas, Zizou. Que en el debut copero de esta temporada un equipo de segunda B elimine al Real Madrid, no tiene nombre. Y lo malo es que la plantilla, aunque podría decirse que ya anciana y escasa, da para mucho, para mucho más. Sin ir más lejos, mira el partidazo que se marcaron el Sábado noche contra el Alavés: seriedad, compromiso y goleada. Y ojo que no estaban ni Ramos, ni Carvajal, ni Valverde... Ni siquiera tú en el banquillo por el maldito coronavirus. Con ello se demuestra que cuando se quiere, se puede. Porque saber claro que sabéis. Jugar, me refiero. Bettoni hizo de ti, Kroos pegó un recital, Modric dio una lección, Casemiro volvió a cerrar la puerta e incluso abrió la lata, Benzema se desmelenó de nuevo y Hazard, por fin, fue Hazard. ¿Por qué contra el Bilbao no? ¿Por qué contra el Alcoyano se hizo, consintió y consumió tal ridículo? No encuentro explicación por más que la busco. Y tampoco creo que sean problemas en el vestuario porque los jugadores te respaldan, dan la cara por ti y, ya lo he dicho, cuando quieren jugar, juegan. Por eso suena aún más triste que digas que "No fue una vergüenza". Lo fue, Zidane. Lo fue. Perder a primeras de cambio contra el Alcoyano en la Copa del Rey no es tolerable. Y me da igual que el Atlético hubiera perdido una semana antes contra el Cornellá y que éste mismo forzarse la prórroga contra el Barça. Lo que hagan los demás es problema suyo. A mí me duele lo nuestro. Y que un club cuyo presupuesto sea menos de lo que cuesta una ficha del Madrid, te pinte la cara, no es de recibo.

Evidentemente como la historia del fútbol es caprichosa, si al final de la temporada el Real Madrid ganase algún título se taparía la mancha. Lo que ocurre es que sólo quedan dos en juego: la liga y la champions. En la liga manda el Atleti que ha terminado la primera vuelta y nos saca siete puntos y, además, le falta un partido por jugar. Vamos que puede estar a diez perfectamente. Remontar eso implica que ese equipo que sólo perdido un partido en toda la primera vuelta, precisamente contra el Real Madrid, tendría que pinchar una, dos, tres y cuatro veces como mínimo, ¡ojo! y, a la vez, el Madrid no fallar. ¿Cómo lo ves? Pues eso. No lo veo. Y en Champions el Madrid no es el equipo de otros años que dominaba en Europa y eliminaba al Bayer, al PSG, a la Juve y a quien tocase. Vamos que las cosas como son, nos clasificamos de milagro en la fase de grupos, fuimos primeros por una carambola y en cuanto nos coja un grande nos pule. Así es que no pinta la cosa como para ganar ni el campeonato doméstico ni la orejona. Y eso hunde más el dedo en la herida del ridículo hecho hace unos días. Se ha dado lugar al Alcoyanazo y no se ven visos de pintura que puedan tapar esa mancha. Y mira que te quiero y te respeto, Zidane, pero creo que ha llegado tu momento. No te culpo de lo ocurrido pero sí te digo que se deberían haber hecho las modificaciones y renovaciones que se dijeron y que tú, principalmente, anunciaste varias veces. A final de temporada lucha por maquillar este año que no está siendo bueno, pégate un baño de madridismo de esos que muchas veces no hace falta ganar nada, basta pelear con garra y coraje y que la afición lo vea y, hecho todo ello, ve tranquilo. Te recordaremos siempre como jugador y como entrenador.

¿Y del Alcoyano en sí qué decir? Sinceramente que me alegré de su gesta. Fue merecida, luchada y honrosa. Con un portero de cuarenta y un años y una dura travesía por estos lares del fútbol a sus espaldas, con el marcador en contra, con uno menos en el campo y con el tiempo apretando en una forzada prórroga. Sí, señor. ¡Enhorabuena y mil veces enhorabuena! David venció a Goliat. El Alcoyano, con su moral por delante, hizo lo que debía hacer: jugar a lo que sabe, como sabe, como puede y a lo que puede. Y no hay más. Ese es el secreto siempre. Quien sabe cuáles son sus armas y las usa debidamente siempre triunfa de una manera u otra. En el fútbol el triunfo tiene dos caminos: ganar el título o que la afición te reconozca y aplauda. Y si se conjugan los dos es cuando se llega a la élite y la excelencia. De hecho, todo aficionado lo sabe, no duele tanto una derrota si el equipo se ha entregado en el campo. Y el Club Deportivo Alcoyano lo hizo. Dio todo lo que tenía y conforme podía. Se ganó el respeto y obtuvo la victoria. Ya lo he dicho antes: fue merecida. Digna de aplauso del rival y en estas líneas está el mío. De hecho lo plasmo por escrito para que nunca se olvide: yo, Carlos Lillo, madridista, aplaudí el Alcoyanazo. ¡Enhorabuena de nuevo! Dicho esto, mucha suerte en la competición y siempre, siempre, siempre, ¡Hala Madrid! Y nada más.


lunes, 18 de enero de 2021

DESUBICACIÓN 2021

Ando desubicado por completo. Mirar la agenda recién estrenada este año y verla en blanco de planes me desespera. Está copada de juicios, pleitos, citas notariales, citas registrales y mil avatares más del trabajo, pero vacía totalmente de planes a corto, medio y largo plazo. Y no estoy acostumbrado a ello. Para mí Enero siempre es el mes de los sueños que se avecinan. Lo he contado alguna vez ya en el Rincón. En este primer mes del año abro la agenda y comienzo a rellenar campos en blanco. Éste día tengo igualá, éste, éste y éste tengo ensayos, este día me iré Cádiz y volveré este otro, estos días me iré a Sevilla, éste día es el Magno Pregón, de Jueves Santo a Domingo de Resurrección vuelvo a Sevilla, este año la Romería cae este fin de semana, aquí y aquí iré al Rocío, la Verbena del Carmen esta vez cae en Martes, la Pandorga es un Viernes (y los sueños brillan más), de éste día a éste otro de Agosto estaré en el Camino de Santiago, éste otro es la comida anual de la Abogacía, éstos días de puente (si no tengo guardia) Gemma y yo podemos hacer una escapada cercana, éste día le dan las vacaciones de Navidad a Claudia y, a la que me coma las uvas, de nuevo llega Enero y se llena todo de planes por cumplir. Y así llevo haciéndolo años ya y cumpliendo proyectos, sueños y aventuras programados con tiempo, mimo y esmero. Sin embargo ahora no puedo hacerlo y eso me tiene perdido.

La puñetera pandemia, además de todo lo que ha traído y conlleva, ha instalado uno de los sentimientos más desesperantes que existe. La incertidumbre. No saber a qué atenerse. Y es que como uno no sabe cómo va a evolucionar el asunto ni de qué manera, no puede planificar absolutamente nada so pena de ir viendo como se desmoronan las ilusiones una tras de otra en efecto cascada. Y lo llevo fatal. A mí me gusta tener controlado lo que quiero hacer, cuándo lo quiero hacer y cómo lo quiero hacer. Y nada. Es imposible. A ver, sé que este año no va a haber celebraciones ni en Carnaval, ni en Semana Santa, ni en las Romerías de la Virgen del Monte y de Alarcos, pero, ¡leche!, ¿en verano seguirá todo igual de dudoso? Quizás es que mi alma de macareno me hace tener demasiada esperanza, pero quiero hacer planes ya para Julio o Agosto. Necesito (y lo digo de verdad) saber que voy a poder coger mi mochila y mis botas y patear el Camino de Santiago. No ya es que necesite hacerlo, es que necesito, repito, saber que podré hacerlo. Romper ya con está indecisión, con está incertidumbre, con esta merma de libertad. Y si luego los planes fracasan que sea por cuestiones ajenas o insalvables, pero jamás por no haberlos preparado con entusiasmo. Es por eso que el Camino se recorre tres veces: cuando se sueña, cuando se hace y cuando se recuerda. Y dicha máxima es de aplicación a todo plan que se aborda con ilusión.

Pero en esta horrible "Desubicación 2021" que estoy (estamos) atravesando, ¿quién se atreve a planificar algo sin saber que se va a poder acometer? ¿Quién va a soñar con un viaje sin saber siquiera si tendrá la maleta? Y, es más, ¿quién se la juega a llenar esa maleta de ilusiones y que luego tenga que vaciarla sin haber ni subido al tren? Una pena. Y así ando vacío de ilusión. Bueno, quizás no. Vacío de ilusión no, ando vacío de ganas de ilusionarme. No es lo mismo. Siento si es un poco trabalenguas o metafísico, pero no sé cómo describirlo mejor. Ardo en deseos de hacer planes pero como sé que no sé si podré ejecutarlos, no los hago. No sabéis lo que daría, simplemente, por saber a ciencia cierta si podré estar dentro de unos meses comiéndome un papelón de adobo en La Isla. Sin más. Aunque no haya cofradías, aunque tenga que estar con la mascarilla, aunque no esté agotado de ver cera derretida. Y eso me consume, me desespera, me desubica como os digo. ¡Vaya mes de Enero extraño! ¿Nos pondremos el pañuelo de hierbas? ¿Podremos juntarnos a comer tranquilamente sin tener que estar pendientes de aforos, horarios, distancias, etc? No me venga nadie a decir que sí o que no, porque no se sabe. Y eso es lo que me revienta. La duda, la incertidumbre. Como diría nuestro paisano José Mota "es que paece que no, pero, ¿y sí sí?, ¿lo sabes tú?, ¿no?, pos chitón".

Lo malo, peor aún, es el juego político que se traen con nosotros, la falta de transparencia y la opacidad para no ver lo que todos vemos. La situación actual con cierres perimetrales, enorme subida de contagios y alarma social se venía fraguando (y consintiendo) desde antes de Navidad. Y eso lo vimos todos. Los resultados que trajo consigo la permisividad del Puente de la Constitución eran un claro indicador de lo que sería Enero si en las fiestas de Navidad no se ponía el punto en la i. Y eso también lo vimos todos. Menos ellos, parece ser. Claro, los dirigentes nuestros, alentados por la esperanzadora noticia de la vacuna, vendieron la moto de "el fin ya está aquí" y no. Y ahora mismo ni está ni se le espera. Y como no cuentan cómo avanza el asunto de la vacunación y, sin embargo, sí cuentan cómo está el tema de la pandemia y, entre llantos y crujir de dientes que habrían sido evitables, ahora toman medidas duras y nos tienen a todos locos. Andamos como pollo sin cabeza, sin saber qué se podrá hacer pasado mañana y sin poder planificar absolutamente nada. Y eso es la puñetera desubicación a la que nos están sometiendo por no decir las cosas de frente, sean buenas o malas, pero que sepamos lo que es. ¡Madre mía! Seguiré intentando llenar la agenda de sueños y convertirlos en realidad en cuanto me ubique. Eso no me lo quitará nadie. Amigos y lectores que el 2021 os traiga Esperanza, Salud y Limoná. Sigamos soñando y (sobre) viviendo entre tanto.

jueves, 31 de diciembre de 2020

ADIÓS, 2020, ADIÓS

Hoy vengo a escribirte a ti. Y a despedirte. Te recibí a los pocos segundos de iniciar tu andadura dedicándote un tuit en la red social del pajarito, ¿te acuerdas? Yo sí. No se me olvidará nunca. Te puse: "Pasa, 2020. Te esperaba". Era un mensaje cargado de sueños y esperanzas y tú te has llevado todo por delante y sin preguntar. No sólo has destrozado los sueños y esperanzas sino que además me has traído encargos que jamás te pediría ni para mí ni para nadie. Has pasado a la historia haciendo historia. Miento si digo que no me dan ganas de insultarte hasta la saciedad pero tengo más honra que tú. Y mi alcurnia, perecedera por tiempo antes que la tuya, goza de más principios y educación. Además, yo personalmente, como costalero y peregrino, voy siempre de frente. Por eso no lo haré, no verteré despotriques hacia ti aunque me hayas desgarrado las costuras del alma. Eso sí, tampoco te defenderé ante quien lo haga y te aplomen sus palabras. Me quedo con la felicidad de haberte doblegado. E incluso disfruto el haberte superado y poder extraer el jugo del aprendizaje de tus doce meses. No contabas con ello pero quizás en mi joven vida tengo ya mucha vida. Tus hermanos pasados te lo habrán contado. Y llegarán tiempos malos de nuevo, así es la vida. Pero a ti, 2020, a ti ya te dejo atrás y, sí, te dedicaré otro mensajito en Twitter para que te lo lleves por delante igual que mi bienvenida, con la salvedad de que no tendrás tiempo de réplica pues ya no estarás vigente. Me has obligado a usar la inteligencia contigo, a dominar los sentimientos y a convertir los varapalos en ilusiones. Pero ahora toca decirte adiós.

No tuviste un mal inicio. Avanzaste casi un trimestre precioso. Y estalló todo. A mí, personalmente, me has dado donde me duele: en las costumbres y tradiciones. Era Domingo de Piñata cuando unas personas de raigambre preguntaron a mi mujer si estaba preparada y ella dijo que sí. Los protagonistas de la historia saben quiénes son. Y ellos, Gemma y yo sabemos lo que significaba. Yo era feliz. Mucho. Además ese día era el Madrid - Barça y le ganamos a los culés 2-0, con goles de Vinicius y Mariano. Sí, sí, leen bien. Vinicius y Mariano. Estábamos en plena Cuaresma y mi agenda bullía de ensayos y actos cofrades. Rebosaba planes con los amigos y buenos ratos. Y hasta aquí puedo leer, como decía la máxima del Un, dos, tres. Empezó a llegar el coronavirus cada vez más rápido, en cuestión de días, hasta que entre el famoso 8 de Marzo y, el cumpleaños del que suscribe, el 9 de Marzo, cambió el mundo y la vida. Se aceleraron los acontecimientos y llegó la cascada de malas noticias. Ahí sucumbiste, 2020. A lo mejor tú no querías y te gustaría que el malo hubiera sido uno de tus hermanos pasados o venideros, pero te tocó. Y, como antes te decía, has pasado a la historia en todos los sentidos. Nadie recordará si llegaste bien o mal. Todos te recordaremos como el año de la pandemia, el año del Covid, el año que se apoderó del mes de Diciembre de su hermano anterior y comenzó a gestar la que se avecinaba, el año que en su propio Diciembre murió corneando y matando ilusiones de su hermano pequeño 2021, sabiéndose ya perecedero.

Me has robado mis cofradías, mi Semana Santa, mi Sevilla, mi Romería de la Virgen del Monte, mi Romería de la Virgen de Alarcos, mi viaje al Rocío, mi Verbena del Carmen, mi Verbena del Perchel, mi Concurso de Limoná, mi Pandorga, mi Camino de Santiago, mi Feria, mis Fiestas del Pueblo, mi Acto de Santa Teresa y mi Navidad. Y digo a todo mío porque es la rutina de mi vida, mis costumbres, mis tradiciones, mis vivencias. Eso me ha dolido mucho. Quien me conoce sabe lo que es para mí ir a Sevilla a lo que voy. Quien me conoce sabe lo que es para mí el costal y lo que conlleva. Quien me conoce sabe mi amor por los rituales que se repiten año tras año. Lo he pasado muy mal por tu culpa, 2020. Muy mal. Tenía muchos sueños por cumplir en tu calendario y los he visto marchitar uno tras otro encerrado entre cuatro paredes. Por eso ahora me alegra tu adiós. También me has robado el trabajo durante unos meses, parte de salud y la libertad. Y lo peor, me has quitado lo más preciado para mí en el día a día: la gente. No puedo ni besar ni abrazar y eso me entristece mucho. No puedo reencontrarme con amigos y eso me machaca. Soy mucho de mi gente. Pero he sabido dominarlo y seguir sonriendo. Y sigo soñando y sé que lo lograré. Mis costales aguardan en el armario y tú ya te vas. La Macarena sigue esperándome en Sevilla y tú ya te vas. El Camino de Santiago sigue llamando a mis botas y tú ya te vas. Yo sigo y tú te vas. Vete lejos. No nos encontraremos de nuevo jamás. Y doy gracias que en mi mesa no hay ausencias y no puedo quejarme. Otros no te tratarán con el mismo respeto que yo. Vete. Vete ya.

Has querido también traer a mi casa una mala enfermedad. Y la estamos venciendo, ¿qué te creías? Vete y no vuelvas. No te olvidaré, 2020. Pero no por ti sino por mí. Y mira que has sido tan malo y cruel que ya te has cargado parte de mi vida para el año próximo. Tampoco llegará la Gloria en explosión de júbilo. No habrá guasas ni disfraces de Carnaval. Otra primavera nula se avecina y para Verano no sé cómo pintará la cosa. Sí, ya hay vacuna, pero el proceso va lento. Lento pero firme para cargarnos la puñetera pandemia y recuperar la vida. La vida de verdad. La de ver a un amigo y abrazarlo, la de sacar un paso, la de no llevar mascarilla, la de comer en corro sin importar cuántos seamos, la de salir a los bares que me dé la gana y cuándo me dé la gana, la de juntarse un pueblo entero entre el Prado viejo y la Catedral y festejar en torno a la Patrona. Y, ojito, 2020, aún a pesar de los malos tiempos que has traído he seguido haciendo de las mías. He logrado hacer diversos tipos de mi propia cerveza, una sidra artesana, aumentar mi pasión por la cocina incrementando las recetas e incluso meterme un poquito a repostería, seguir elaborando mi pacharán casero, aprender a hacer crema de orujo, guisar berenjenas, aliñar aceitunas, patear nuevos senderos y seguir disfrutando del pádel. Y he tenido momentos preciosos e inesperados. Gratas sorpresas pues la Verdad y la Bondad son tercas y siempre afloran. Y, aunque me has arrebatado sueños, se cumplirán y tú no estarás para verlos. Estoy bien rodeado de familia y amigos, tengo la mochila preparada, el costal planchado y el pañuelo de hierbas anudado. Es hora de despedirte. Adiós, 2020, adiós.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

CON LA VENIA, SEÑORÍA

Creo que será la primera vez que escriba del mundo jurídico aquí. Alguna vez habré soltado algún aforismo, cultismo, latinajo o chascarrillo acerca de la abogacía entre las líneas del Rincón, pero nunca he derramado letras al respecto del derecho y la abogacía dedicando una entrada completa para ello. Y no sé si es que ya tocaba o que el momento ha llegado porque la ocasión la pintan calva. Eso sí, ya hablé una vez por estos lares lo de la ocasión y su calvicie, cosa que jamás entendí hasta que aprendí (y hoy lo comparto con vosotros) que los romanos tenían una diosa llamada Ocasión, la cual era representada con forma de mujer muy bella, larga cabellera y alas bien en la espalda o en los pies. Sin embargo, por detrás de la cabeza estaba calva. El significado era que las ocasiones hay que aprovecharlas cuando llegan de frente (hermosas y llamativas), pues pasan volando rápido (alas) y una vez pasadas no hay como cogerlas  (calvicie que impide asir por los pelos). Curioso, ¿eh? Ya lo sabéis. Hay que ver lo que os enseño en el Rincón. Hilado con ello va lo de salvarse por los pelos. Los marineros se dejaban el pelo largo por si se caían al agua que hubiera por dónde cogerlos. Hay documentos que narran que más de uno se salvó así de caer al mar. En fin, que hoy venía la ocasión de frente, la he cogido y voy a contar una cosita jurídica. Más bien es una mera vivencia de la vida de las que me gusta plasmar aquí, pero es algo de lo que suele ocurrir en la abogacía. Y servirá para romper un tópico, hacer un alegato y dejarla por escrito por aquello del verba volant scriptum manet (las palabras vuelan y lo escrito permanece). Así pues, con la venia, señoría.

Resulta que llevo ejerciendo la abogacía ya quince años. Y desde el primer momento vengo oyendo en la ciudadanía que los letrados privados son mejores que los del Turno de Oficio. Yo, particularmente, de los quince años que tengo de ejercicio, llevo los quince como letrado privado pero, desde hace cinco, pertenezco también al Turno de Oficio en los órdenes civil y penal. ¡Qué cosas! Pues es lo normal. Ser letrado privado y estar también en el Turno de Oficio. Casi todos los abogados lo estamos. De hecho yo me incorporé al Turno tras diez años de ejercicio porque me apasiona el derecho penal y porque hay gente humilde que verdaderamente necesita un abogado. Y de paso me incorporé al turno civil porque también me gustan mucho los asuntos de familia (separaciones, divorcios, medidas para menores, incapacitaciones, filiaciones, etc). Así las cosas, primer punto: todos los abogados tramitamos asuntos privados. ¡Sorpresa! Pues sí, evidentemente. Vivimos de ello y es nuestro oficio. Segundo punto: casi todos los abogados estamos adscritos a algún orden del Turno de Oficio. ¡Sopresa de nuevo! Pues es lógico. Mucha gente no puede costearse un letrado para solventar los procedimientos y para ello debe valerse de la Asistencia Jurídica Gratuita, es decir, de los abogados del Turno de Oficio, cuya remuneración del asunto, en estos casos, depende de los fondos estatales, lo que nos garantiza un pequeño sobre sueldo a nuestras ganancias como autónomos.

Aclarado lo anterior y alegando que los letrados somos igual de competentes si actuamos de modo privado o si actuamos por designación del Turno de Oficio, ¡basta ya de hacer esa ridícula distinción!, pues todos mis compañeros y yo tratamos todos los expedientes por igual y con el mismo empeño, de hecho, en mi caso, las tres veces que he acudido al Tribunal Supremo ha sido defendiendo asuntos del Turno de Oficio, vengo a contaros una anécdota de un listillo, un espabilado, un "tolosa" (en La Mancha "todo lo sabe"), un Maestro Piñones que no sabe para él y da lecciones, etc, que cayó en mis manos un día que me tocó Guardia de Asistencia al Detenido y lo asistí por Turno de Oficio.

Bien, el señor Amaro, lo llamaré así por aquello de la Ley de Protección de Datos, además de salir bien parado del asunto penal que lo llevó al Juzgado (gracias a mi trabajo, letrado del tuno en este caso), tenía un problema gordo de derecho inmobiliario, temas de lindes, superficies catastrales y falta de inscripción en el Registro de la Propiedad. Una de mis especialidades, vaya. Curioso y cierto. Me gustan las peleas esas de Actas de Notoriedad, Expedientes de Dominio, Inmatriculación, etc. Pues el señor Amaro me comentó su asunto y a la vez me dijo (literal) "pero, claro, para esto es mejor un abogado privado que uno del turno. Perdóname porque tú has hecho muy bien tu trabajo pero uno privado es uno privado. Los del turno... No. Pediré dinero a mi familia y buscaré y costearé un letrado privado y bueno." Le expliqué pacientemente que los letrados tenemos el mismo bien hacer de una manera u otra y los mismos conocimientos de una manera u otra y que, los profesionales, seamos de la rama que seamos, ponemos el mismo empeño en nuestro trabajo nos pague públicamente el estado o nos pague un cliente privado. El señor Amaro sonrío y me dijo que sí pero no. No se fiaba. Aún así le dije que era una de las materias que dominaba y que podía estudiarlo si él lo consideraba. Me insistió en que no, que los letrados del Turno de Oficio para eso no sirven. No volví a explicarle lo de siempre porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y volver a repetirle la cantinela de que yo (y todos mis compañeros) trabajamos también de modo privado también ya me cansaba. El señor Amaro me conoció a través del turno, me etiquetó y fin. Ahí quedó la cosa.

Un tiempo después, más o menos quince o veinte días, recibo una llamada en el teléfono fijo del despacho preguntado por mí. ¡Sorpresa! Era el señor Amaro. No se acordaba ni de mi nombre o no relacionó nombre con rostro, pero hubo preguntado e indagado por un letrado "privado y bueno" que supiera tramitar su asunto de derecho inmobiliario y varias personas, compañeros algunos, conocidos otros y otras ni idea, lo remitieron a mí (cosa que me enorgullece y agradezco, si no lo dijera mentiría). Le di cita para pasados unos días. Al instante sonreí malvadamente y tracé mi plan. Os podéis imaginar. A lo mejor hace unos años (y tampoco lo habría hecho porque me conozco) habría tragado carros y carretas por llenar la nevera aún a pesar de un cliente que desprestigiase a un colectivo, como éste hizo respecto al de los Letrados del Turno de Oficio, pero ahora que, gracias a Dios, ni tengo por qué doblegar mi moral, ni faltar a mis principios, ni llenar la nevera más de lo necesario siempre que mi mujer y mi hija tengan pan, es cuando sí que sí no lo iba hacer. Se iba a enterar el señor Amaro. Se iba a enterar bien de lo que vale un peine. Y de lo que cuesta un letrado.

Llegó el día. Sonó el timbre y abrí la puerta. Al verme cara a cara el señor Amaro dijo "¡Anda! Pero si eres tú...". Lo invité a pasar a mi despacho y a que se sentase. Tan contento él me iba a explicar su problema y a llenarme la mesa de documentos. Ni lo dejé. Le pregunté primero que cómo había dado conmigo y a través de qué recomendaciones. Me dijo mil piropos y alabanzas. Sin cambiar mi rostro pétreo le pregunté que si tanto desconfió en su día del letrado del turno de oficio que lo atendió cuando estuvo detenido y tuvo un percance penal que ni recordaba su nombre, pues resulta que hube sido yo y que, además de solventarle aquello, tras haberle recomendado varias personas que acudiera a mí en este nuevo problema, recomendándome y diciéndole cómo me llamaba, ni se acordaba y hasta que me vio no supo quién era. Le cambió la cara. Me dijo "hoy vengo como cliente privado" con un tono entre querer cortejarme y pedirme disculpas a la vez. Y llegó el momento esperado. Con la venia de todos mis compañeros del Turno de Oficio, le solté: "Y yo hoy, como abogado privado, le digo que si no confió en mí como letrado del turno de oficio no entiendo por qué lo haría como letrado particular". Se quedó blanco como la paloma de la paz. "Así pues, señor Amaro, ya puede salir de mi despacho y mucha suerte en la búsqueda de un letrado privado y bueno que se haga cargo de su asunto. Quizás si me hubiera llegado por designación del Turno de Oficio le habría atendido. Adiós y gracias". Recogió sus bártulos y se fue. Le hice venir sólo para ello. Y me quedé tan ancho. ¡Ya está bien, hombre! Visto para Sentencia.

sábado, 28 de noviembre de 2020

OCHO AÑOS DE RINCÓN

A decir verdad no recuerdo bien qué me llevó a ello. Por aquel entonces afloraban espacios como éste y decidí sumarme a ello, no sin dudas. Expresarse muchas veces a corazón abierto conlleva mostrarse tal y como uno es, pero, claro, ¿qué temer? Quien teme algo esconde. Y yo no escondo nada. Así es que entre eso, dedicar unas líneas de entretenimiento y, a poder ser, alguna enseñanza curiosa al personal y valorando que, además, recogería vivencias y recuerdos míos que luego podría rescatar en un futuro y volver a revivir, decidí crear el Rincón. Tenía claro que no iba a ser un blog cofrade tal cual como muchos pensaron que era y/o sería cuando vio la luz. Las cofradías me apasionan pero también amo el Camino de Santiago y me gusta hablar de curiosidades. Además, me encanta mi tierra, sus costumbres, sus gentes, sus lugares y convivo junto a todo ello alimentándome de tradiciones y raigambre. Fijo que algo escribiría de eso. También soy muy futbolero y ese tema siempre tiene alguna salsa en la que mojar, a veces picantona y otra veces dulce. Y no descartaba aventurarme a contar, de vez en cuando, alguna vivencia digna de ello, alguna cosa de la vida en general. Todas esas temáticas antes referidas son mis mayores pasiones y quedarían sus retazos almacenados en mi "periódico de internet", como decía mi abuela, en un pequeño rincón cibernético que podría visitar quien placiera. Así nació y tomó el nombre "El Rincón de mis Pasiones".

En su momento me preguntaba hasta dónde llegaría el tecleo en la alacena de entradas pues en ocasiones tenía muchas cosas que contar y otras ninguna. Y, sin embargo, voy ya por el octavo año y tengo ganas de seguir. Me gusta. Me impongo la obligación de contarme y contaros cosas como las que escribo. No sé si todas os atraen o no, si tengo lectores de varios tipos dependiendo de la etiqueta de la entrada, si os sentís cómodos en el Rincón, etc, pero sé que a día de hoy hay prácticamente 145.000 visitas a mi humilde blog. No sé si para un blog como éste son muchas o pocas, pero me alegra que este espacio siga vivo. Recibo unas 1.200 visitas al mes, lo que significa que unas cuarenta veces por día hay personas que pasean por aquí. Y eso me reconforta. No por orgullo ni amor de padre a mi pequeña creación sino porque me entrego a vosotros, verdadera alma de este invento, en cada entrada que escribo. Os imagino leyendo las líneas que derramo y, dependiendo del tema que sea, sonriendo, con rostro simpático, riendo, reflejados en lo que narro e incluso, algún día, con los ojos humedecidos. Desde el primer minuto dije que os haría partícipes y mi blog es vuestro. Al menos así lo siento. El Rincón lo escribo yo para mí y para vosotros. Y sin vosotros perdería el sentido pues pasaría de ser un ágora de charla y compartimento a ser un mero diario o anecdotario. 

Yo mismo disfruto leyendo entradas antiguas y estoy pensando en ir recopilando todas y guardarlas en casa en formato físico. Me conozco y veo reflejado en mis líneas los estados de ánimo por los que he pasado y los momentos de la vida en los que escribía una cosa u otra y, efectivamente, noto en la lectura cómo plasmaba inconscientemente ciertos sentimientos o cómo trataba de camuflarlos. Al fin y al cabo forman parte del juego de la vida esas subidas y bajadas, si el camino fuese siempre recto sería monótono. Seguramente también mi gente muy cercana identifique de lo que hablo al leer esos retazos plasmados en el Rincón y, lo mejor, es que muchos, fieles a leerme, incluso me han conocido más y/o mejor gracias al blog. Y como antes decía, ya son ocho años así y tengo ganas de seguir. Me preguntaba si estaríais cómodos por estos lares pero lo que afirmo es que yo sí lo estoy. Me agrada.

Pues eso venía a contaros, amigos. En un año para olvidar como es éste, sigo teniendo ilusión por contar cosas y dejarlas por escrito para el futuro. Seguro que cuando pase un tiempo y relea, releáis, releamos, estas entradas del año 2020 en que el Rincón cumplió ocho años de edad justo cuando estalló la pandemia, lograré y lograremos recordar algo positivo y, Dios lo quiera, miraremos el pasado incluso con cierta ternura por haber sabido enfrentarnos hoy a él y salir airosos. Y espero que hayan pasado de nuevo casi dos lustros y todo esté en orden salvo aquello que, inevitablemente y por ley de vida, haya de ocurrir para bien o para mal y esté fuera de nuestro control. Ojalá cuando lleguen esos tiempos escriba que este "periódico de internet" cumple quince años. Y que hubo un tiempo en que la vida normal desapareció de nosotros y se llevó por delante muchas almas y, poco a poco, logramos reponernos y recuperar lo que era nuestro. Y se llenen de júbilo las calles cada Domingo de Ramos. Y no falten peregrinos en ninguno de los albergues del Camino. Y rebosen de limoná los lebrillos y se vista Ciudad Real de manchega con pañuelo de hierbas. Y siga teniendo, como decía, mil ganas de escribirme y de escribiros. Y vosotros de leerme. Ocho años de Rincón. ¡Que sean muchos más! Gracias a todos.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

¡¡¡ESPAÑA!!! ¡POM, POM, POM!

He vuelto a ilusionarme. Retumba en mi cabeza el mítico grito de ánimo de Manolo "el del bombo" alentando a nuestra selección. Los que ya tenemos cierta edad y avanzamos más o menos por el ecuador de nuestras vidas recordamos muchos momentos futbolísticos de nuestro combinado nacional. No, el combinado nacional no es el "dyc - cola" en este caso. Se trata del equipo que defendiendo los colores de nuestro país se bate en reglamentario y legal duelo deportivo contra otro equipo que hace lo propio. Ojo, que para ver esos eventos, a los que no gusta la guasa, nos tomamos unos combinados nacionales después de comer, pues también. Y nos alegramos un poquito. Pero, a lo que iba, que históricamente los recuerdos eran amargos. Véase el codazo de Tasotti a Luis Enrique cuando nos jugábamos llegar a las semifinales del Mundial USA´94, el robo con mayúsculas que nos hicieron en cuartos de final del Mundial de Corea y Japón en el año 2002, precisamente contra Corea, a través de aquel árbitro llamado Al-Ghandour, en Francia´98 que no pasamos ni de la fase de grupos y encima perdimos el último partido contra Chipre, etc. Y ayer volví a ilusionarme. Jamás en este mundillo del fútbol internacional nuestra humilde selección se habría visto capaz de endosarle una manita a la todopoderosa selección germana, siempre a la cabeza en estas lides del balompié. Ni siquiera en los gloriosos años de la triple corona, Europa-Mundial-Eurocopa, en los que España dominó futbolísticamente el continente y el mundo, habría sido esperable tal resultado. Y, sin embargo, sin aguardarlo, estos chavales con savia nueva, en un partido oficial y para nada amistoso, subieron al luminoso un histórico 6-0 a su favor. Punto, juego, set y partido para España.

El partido decidió meterse en los anales de la historia del minuto uno. De hecho, al descanso ya era tal la superioridad de España que Alemania ya perdía por tres a cero. Jamás se había dado ese hecho. ¡Alemania al descanso perdiendo por tres goles! ¡Y sin anotar ninguno! Pues sí. ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom! Desde siempre ha parecido una proeza doblegar a los germanos y más con el refuerzo moral que los rodea por su historia y el aura de protección que parecen tener desde la frase de Gary Lineker: "El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania". Pues mire usted, ya les hemos ganado alguna vez, precisamente una fue impidiéndoles llegar a la final de un mundial con un soberbio testarazo de Carles Puyol, mundial que más tarde nos llevo a la gloria futbolera en aquel verano de 2010 en Sudáfrica en el que España levantó la Copa del Mundo y, tras esa, inolvidable, la victoria de ayer ya está escrita también con tinta de oro. La medicina de los nuevos jugadores españoles que los vacunó por seis veces. Sí, sí, seis veces tuvo Neuer que sacar el balón de sus redes ante el estupor de sus compañeros y grandes del fútbol como Kroos, Sule, Gundogan o Sané. Poesía pura. Una exhibición a nivel mundial ante uno de los huesos más duros del panorama futbolero, comandado por, nada más y nada menos que, Joachim Löw, excelente técnico con el que Alemania ganó su cuarta copa del mundo.


Y he vuelto a ilusionarme, decía. Porque todo fue de dulce y no puede haber ni un demérito a la actuación de nuestros hombres. En absoluto. Todo fue mérito suyo. No es que ganasen a una Alemania decaída, no. Es que barrieron de principio a fin a una de las selecciones que siempre está en los puestos de cabeza del ránking mundial. La pequeña y humilde España, descontando sus años de gloria que culminaron con dolorosas eliminaciones posteriores, plantó cara a esos once hombres que siempre ganan y les pegó tal meneo que los apeó sin dudas de la Liga de Naciones. El cisma que se ha montado en Alemania por tal derrota histórica no es pequeño. Y no es exageración mía, ahí tenéis diversas noticias de prensas distintas en color, olor y sabor que concluyen igual: baño de España, meneo histórico, debacle germana, etc. ¡Qué grande, joder! ¡Qué grande! ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom! Esta victoria es tuya, Manolo, tuya y de tu bombo. También es tuya hostelero que pones el fútbol en tu local para que la parroquia lo vea mientras se toma un chato de vino y unas aceitunas. Y también es tuya, españolito de bien, que con tu trabajo mantienes vivo este país y te sobra energía, ánimo y fuerza para animar y creer otra vez en la Roja, en la selección, en el combinado que nos ha dado más penas que alegrías pero que cada alegría que nos regala vale por ciento cuenta penas.

Ya no queda casi nadie de aquel once que todo aficionado futbolero repetíamos a modo de "Con dos cañones por banda, viento en popa a toda vela...". Empezaba por Iker Casillas y terminaba por David Villa. Ya no están los Xavi, Iniesta (de mi vida), Alonso y compañía. Ahora están los que entonces eran mirlos y hoy son los aguerridos merecedores de vestir la elástica nacional. ¡Viva la madre que os parió! Ahora está Koke Resurrección a los mandos del tiempo del centro del campo, Gayá y Sergi Roberto a las bandas y Ferrán Torres, Morata, Rodri, Dani Olmo, Unai Simón y todos ellos, dueños y señores del balón, al igual que el resto de jugadores que engrosan la lista de Luis Enrique, el seleccionador. Hombres que son gente de bien y de orden y que tienen hambre de títulos. Y Sergio Ramos de la vieja guardia, todo hay que decirlo. Una hornada que es capaz de hacer cositas tan de altura como la mayor derrota sufrida por "Doña Alemania" en partido oficial. Hat trick de Ferrán Torres, otro de Morata, otro de Oyarzabal y otro de Rodri. Seis a cero, sí. Lo leen bien. Así fue. Seis a cero de España a Alemania. ¡Cagüen diez que cosa más grande! La mayor goleada de la historia a una selección que ha sido campeona de mundo. Este combinado nacional nos ha vuelto a ilusionar a muchos aficionados. ¡Y brindo por ellos con otro combinado en la mano! ¡Vamos! ¡¡¡España!!! ¡Pom, pom, pom!

jueves, 12 de noviembre de 2020

¡CUÁNTO OS ECHO DE MENOS!

Hoy estaba colocando ropa en el armario y los he visto. Limpios, planchados, apilados, preguntándose qué ocurre que ya no los uso y llevan casi año y medio sin tocar las divinas maderas que tantos momentos de gloria y sentimiento nos regalan. Todos mis costales estaban allí. A su vera se encuentran un par de fajas y siete u ocho camisetas de tirantes para desarrollar el oficio. Cuatro lágrimas me han caído. Dos por las mejillas y dos resbalando por el corazón y el alma. Ya no soy un chaval y cuando volvamos a meternos bajo los pasos no me quedará mucho tiempo para poder entregarme a los zancos como yo quiero. Este malnacido virus me está robando el ocaso de mi trabajo como costalero. Maldito sea. Maldito sea por siempre. Se ha llevado vidas que jamás volverán a ver el vaivén de unas bambalinas por la calle. Ha cerrado ojos que nunca verán de nuevo la levantá de un misterio a los pies de la Patrona. Ha destrozado familias que ya no podrán volver a juntarse en la mesa un Viernes Santo mientras suenan cornetas por las calles. Las cofradías... Mi esencia de vida. ¡Cuánto os echo de menos! Me traéis recuerdos de infancia, olores de barrio del Perchel, madrugás de silencio y frío, callejeos por Sevilla, sudor de costalero, tiempo de Glorias y amigos, charlas casi a diario y también pescaíto frito. Sois una parte tan importante de mí que quisiera tocaros como a un amigo y abrazaros en los momentos precisos. Pero para eso hace falta salud y una normalidad que antes desconocíamos. Lo normal era normal y no tenía otro sentido. Y ahora resulta que lo normal era lo divino. Poder igualar, estar bien juntitos, programar los ensayos, ir a los pregones, disfrutar de agrupaciones, de viajes, de excursiones y luego, durante el resto del año, hacer mil reuniones sin mirar cupo de asistentes para recordar los sueños vividos.

Un año hará en Navidad que no voy a verte, Mamá. ¡Qué cercano me queda San Gil y a la vez qué lejano! Sé que en esa muralla puso la hermandad su alcazaba y desde allí repartes Esperanza. Me llega hasta el alma desde el Arco donde emana desde tu carita morena la Esperanza, la Esperanza y la Esperanza. No te olvides de nadie, por favor. Cuando miro el cielo perchelero de mi barrio de Santiago veo reflejos de Siviglia y Compostela y las tres bóvedas celestes que Tú aúnas se llenan de tu nombre, Macarena. ¿Cuándo será Madrugá de nuevo y caminará el Señor de la Sentencia a los sones de un Hidalgo que ya se encuentra a su vera escoltado por un mar de plumas blancas en otra nueva primavera? El que espera, desespera y el que viene nunca llega. ¿Cuándo el látigo del sayón se bamboleará al viento una tarde noche de Miércoles Santo mientras la Bondad abre camino al Consuelo? Fui un dos de Octubre a verte y estaba tu puerta cerrada. Pero supe y sé que tras la misma estabas Tú y con eso me bastaba. Seguían flotando por el altar aquellas palabras que decían "¿Quién, mi hermandad, te pregone que tenga buen pregonar?". ¿Te acuerdas, Papá? Cuando la hermana más pequeña de tu cofradía tenía un mes y cinco días, juró tus reglas y luego subía su padre al atril a ponerle voz a la hermandad. Y hoy hago gala de esa frase que tanto me gusta: sueño con lo vivido. Pero sí, quiero volver a vivir lo soñado. ¡Qué chicotá más dura! ¡Qué relevo tan largo!

Y, ¿qué hay de ti, amigo carmelitano? Arrié tu zanco en el Carmen despidiéndome de tu soledad, esa misma que hace amarte y pregonarte. Al año siguiente te vi con la túnica blanca, como la del Rabí de los Ángeles. Y recordé todo lo vivido a tu vera. Y mira por dónde, el destino y la amistad me llevaron de nuevo a tus maderas. Un trabajo bien hecho, cimientos de savia nueva. Este año me habría despedido de nuevo. Mi cerviz comienza a estar vieja. Y este ladrón de besos y abrazos, como el buen Quimet lo llama, no me dejó tan siquiera derrochar mi casta cofradiera y acunarte por vez última en mi costal de rota arpillera. ¡Llega de nuevo, Martes Santo! Que resuene la madera cuando el muñidor llame a la puerta por vez tercera. ¿Cómo me voy a ir de tu cuadrilla nueva sin pasearte de nuevo por la Ciudad Real señera? Déjame despedirte, no prolongues la espera. No aumentes las penas aunque las lleves por nombre, Señor. Tu junta ya no es la que era, ni tampoco tu terno negro, pero Tú sigues andando solo, caminando muy sereno, con largo compás costalero y por eso yo te quiero. Miro las noches de antaño cuando tenías un andar perchelero y más de veinte años han pasado de esos recuerdos ya viejos. Ahora eres Rey de un convento y yo he sido tu costalero. ¡Te echo mucho de menos!

Con el trabajo bien hecho que sea Domingo de Ramos. Mi gente de oficio bueno, mi agrupación tras el paso y mi colegio un revuelo de capillos color azul igual que el cielo. Recién estrenada la Semana Grande y por delante el izquierdo con todos los sueños venideros. Esta levantá por los más pequeños que me gusta a mí salir de relevo y ver al divino Rabí contemplar sus rostros traviesos. Juventud entre sus filas y un paciente pavero que les da estampas y caramelos. ¿Quién nos robó el momento de reencontrarnos de nuevo? Salud te necesitamos. Demuestra tu poder eterno. Tu eres fuente de vida, llévate este tiempo lejos. Hazles un hueco en tu palio a los que no te verán de nuevo. Entiéndeme, no te verán sobre costaleros, porque verte te ven a menos de un metro. Están en tus cirios, tus manos, tu rosa y tu candelero. Guíñale un ojo a Sevilla y reparte también la Esperanza. Perdóname, Madre mía, soy tan macareno que en toda luz veo su cara menos en el Consuelo de mi alma. Los palios que a mí me demandan son el de las mariquillas verdes repleto de Esperanza y el de los faldones granates con el puchero en su cara. Uno porque es al que llamo Madre y el otro por ser el de mi juventud e infancia. No por ello me olvido del palio azul y plata que navega por la calle de Altagracia... Siempre ha sido especial para mí y para los de mi casa y barriada. Y en todos también estás Tú, Salud, desprendiendo tu gracia. Dile a tu Hijo, al Rabí, al de la mirada amada, al que reparte Bondad con su espalda flagelada, que vuelva pronto todo, que quiero ir a San Lorenzo y decirle Abbá y sonreírle a su zancada. ¡Cofradías de mi vida y mis anhelos! ¡Cuánto os echo de menos!