lunes, 26 de abril de 2021

CITAS JAMÁS DICHAS

El otro día hablando con un viejo amigo me sorprendí de los acontecimientos que me estaba narrando y, al ver mi cara, me dijo "Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras". Y mirad por donde, amigos del Rincón, es una cita que yo uso mucho porque, las cosas como son, ayuda a expandir mi querida tierra de La Mancha, pues nada más oírla nos trae el recuerdo del ingenioso hidalgo hablándole a su fiel y noble escudero Sancho Panza. Sin embargo, dicha sentencia jamás fue dicha por Don Quijote y al mentarla parece que lo citamos él. En efecto, ¡qué "cosas veredes"! Y por tal motivo decidí contar en este espacio de la red algunas de las más famosas citas que nunca fueron dichas y que casi toda la población que las usa cree que sí. "Elemental, querido Watson". Pues no, no lo es. No es que no sea elemental es que esa cita tampoco salió de la boca de Sherlock Holmes. ¡Anda! ¡Qué sorpresa! Pues sí. Y de esas hay unas cuantas. Por eso la entrada de hoy os traerá un puñadito de citas que jamás fueron dichas ni escritas y que se han colado como tales haciéndose su hueco en el uso común, hasta tal punto que cuando alguien las menta, lo hace con rotunda creencia de su origen y sentando cátedra al enfatizar con un "como diría tal". Y es un error. Ya os adelanto que mucha culpa de ello la tiene el cine pues se cuela más en la memoria que la literatura. ¿Preparados? Empezamos.

Decía que mucha culpa la tiene el cine y comenzaré con una cita jamás dicha que vio la luz a través de las pantallas. "Mi nombre es Bond, James Bond". ¿Cómo os quedáis? Todos diréis ¡¡pero si la he oído mil veces!! Claro, oído, pero jamás leído. El autor del agente secreto 007, Ian Fleming, nunca escribió en sus novelas tal expresión, habiéndose popularizado la misma por la presentación cineasta. Podéis comprobarlo. Y acomodaos porque esto acaba de empezar. He mencionado antes a Sherlock Holmes y a su ayudante Watson y os he contado que la mítica "Elemental, querido Watson" tampoco es real. Su autor, Arthur Conan Doyle, nunca escribió esas palabras tal cuales en su obra holmesiana. Sí que podemos hallar expresiones tales como "interesante pero elemental" o "elemental" a secas en otras creaciones del mismo autor como "El Jorobado" o "El sabueso de los Baskerville", pero quien las puso en boca del más conocido detective fue la gran pantalla, no su creador. Curioso, ¿verdad? Y otra muy expandida cuya culpa también la tiene el cine es la cita tan expandida que reza "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos". No la busquéis en el Quijote. No está. De hecho no se sabe cómo se originó, lo que sí se sabe es que se popularizó y extendió cuando Orson Welles la colocó en boca de Don Quijote en su versión cinematográfica. Desde luego... "Cosas veredes", sí. Y no pocas.

Otra cita jamás dicha y muy expandida es la que da lugar a la máxima de la ultra conocidísima Ley de Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". El creador de la Ley que siempre se cumple, Edward Murphy, nunca expresó tal cosa. Su hijo explicó varias veces que la frase de su padre era "Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en un desastre, alguien lo hará de esta manera". Y eso dista mucho de la cita que tenemos asociada a Murphy. De este estilo es otra joya que vamos a descubrir ahora mismo a ver qué os parece. ¿Alguien no ha oído "Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña"? Bien, ¿de dónde viene esa frase? Pues sí, acertáis. Mahoma no la pronunció. ¿No os sonaba raro? La cita la originó el filósofo británico sir Francis Bacon y la incluyó en sus ensayos cuando contaba la vida del profeta. Y ahora otra de las míticas: "Houston, tenemos un problema". Esa frase tan repetida por todos en tono de réplica, guasa o broma no se pronunció tal cual aunque sí muy similar. El astronauta Jack Swigert lo que dijo en el aparatoso viaje del Apolo 13 al Centro Espacial tras observar una luz de emergencia y oír un estallido fue "Bien, Houston, hemos tenido un problema aquí".

Y he dejado para el final otras dos en concreto y ambas son quijotescas. Una es con la que empezaba esta entrada "Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras" y la otra es la tan manida y repetida "Con la Iglesia hemos topado". La primera ahonda su origen en el Cantar de Mío Cid cuando Don Rodrigo Díaz de Vivar le dice al rey Alfonso VI "Muchos males han venido por los reyes que se ausentan" y el monarca le contesta "Cosas tenedes, Cid, que farán fablar a las piedras" como diciéndole "¡vayas cosas dices (tienes)!". Ahí observamos que al principio no era "veredes" sino "tenedes" el verbo usado en la cita y cómo la misma nada tenía que ver con los personajes de Cervantes. Sin embargo, la derivación y el lenguaje arcaizante instauró la frase como una máxima del Quijote cuando jamás lo fue. Y la última, aunque algo más fiel a su origen también ha visto alterada su configuración y sobre todo su resultado. Os cuento. En una de sus aventuras, siendo de noche, iban Don Quijote y Sancho Panza buscando a ciegas la casa de Dulcinea y lo que hallaron fue, sin embargo, la Iglesia del Toboso. Así pues exclamó el ingenioso hidalgo "Con la iglesia hemos dado, Sancho". Ese contexto que plasmó Cervantes en su inmortal obra nada tiene que ver con la sorna anticlerical con la que hoy pronunciamos "Con la Iglesia hemos topado" cuando nos surge alguna traba compleja y terca de superar. Curioso, ¿verdad? Pues ya sabéis unas cuantas citas que jamás fueron dichas. Y os aseguro que hay muchas más. ¡Hasta otra, amigos!

miércoles, 31 de marzo de 2021

Y YA VAN DOS...

En ocasiones han sido incluso tres o más los años en que una o varias cofradías no han podido salir a la calle. Condiciones meteorológicas adversas así lo han propiciado. Pero una sequía tan aterradora como la presente no la habríamos imaginado jamás. Sequía no por la ausencia de lluvia sino por la carencia más absoluta de pasos en la calle. Y, además, de una manera dura. El pasado año 2020 nos pilló todo esto del coronavirus de sorpresa, en mitad de una preciosa Cuaresma que iba exprimiendo sus días entre ensayos, charlas y preparaciones. De hecho, los pasos estaban ya a medio montar prácticamente cuando llegó el confinamiento. El palo moral fue enorme. Y no sabíamos lo que nos esperaba. No lo sabíamos en ningún sentido, en ningún ámbito. Como humanos que somos comenzamos a forjar sueños de futuro que nos ayudasen a salir de esa pesadilla de presente. Empezó a tomar fuerza el "Volveremos" y se empezó a fraguar el año 2021 como el año de la esperanza, el año en que todo volvería a su cauce, el año en que la vida nos devolvería lo que el puñetero virus este nuevo nos estaba robando. Pero no. El tiempo siguió pasando entre olas y altibajos de contagios, los meses caían del calendario y llegó el esperado año. Y tampoco. El maldito covid seguía estando muy presente y la lucha de la vacunación tan deseada, si bien comenzó en tiempo récord, lo hizo a una desesperante y lenta velocidad que nos hizo darnos de bruces con la realidad. Ni el 2021 iba a ser al año del "Volveremos" ni se solucionarían los males del modo que esperábamos. Y en la parcela cofrade nos quedábamos otro año sin Semana Santa. Y ya van dos...

Hoy tecleo estás líneas en un día muy especial para mí. Miércoles Santo. El ecuador de mi Semana Santa particular entre Ciudad Real y Sevilla. A estas alturas de la Semana Grande, en una situación normal, hoy sería un día espléndido. Ya habría disfrutado del oficio del costal el Domingo de Ramos paseando al Rabí de los Ángeles, Nuestro Padre Jesús Cautivo, con los sones de mi querida Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva y, también ya, entre dos días extraños de trabajo mezclados con cera e incienso, ayer mismo, en la noche del Martes Santo habría paseado al Señor de las Penas con zancada firme, seria y elegante, con una mezcla de aroma entre rancio y añejo que sólo el cofrade de paladar fino sabe apreciar en ciertos rincones. Y hoy, estaría a escasas horas de volver a ser costalero del Señor de la Bondad, de la cara que veo cuando rezo el Padre Nuestro, de esas divinas maderas en las que me forjé como hombre y costalero, de ese paso de misterio que aún ni lo era cuando yo, hace ya más de dos décadas y media, comencé a ir debajo. Hoy es Miércoles Santo y ni el Consuelo de María me quita de la cabeza que estoy frente a un día precioso en el que no se llenará de capirotes blancos el corazón de la ciudad. He pasado del mal sueño a la sumisión. Sé que es real. Hoy se abrirían las puertas de la gloria y saldría mi hermandad a la calle. Y no va a ocurrir. ¿Cómo encajar eso de nuevo? Muy difícil.

Y además flota la incertidumbre del año que viene. Tras el guantazo de pleno que nos ha pegado este año 2021 destrozando las esperanzas y las ilusiones del "volveremos" que antes decía, ¿quién se aventura a lanzar una nueva versión del "volveremos" de marras para el 2022 sabiendo que puede ser otro bofetón al alma? Y mañana amanecerá Jueves Santo. Otro día señalado en rojo en el calendario. Maleta preparada, medalla de la Esperanza Macarena, batería portátil del móvil para hacer las grabaciones de voz, un tupper de bacalao con tomate, ilusión, alegría, satisfacción por el trabajo bien hecho en Ciudad Real y billetes de AVE en la mano con destino a Sevilla. La sonrisa, imborrable. El alma, plena. El corazón, latiendo a mil por mil. Híspalis más bella que nunca. Pues tampoco. Llevo sin poder pisar mi amada bética urbe desde aquella Navidad de 2019 en la que nadie presagiaba lo que estaba por llegar. Me despedí de Ella con un beso en la mano y le dije en Primavera nos vemos. Y ya va por la segunda primavera que no la veo. Vamos que me quedo sin mi otra Semana Santa, la de los reencuentros, la de repetir las vivencias, la de los pies cansados y los programas de mano. ¿Hasta cuándo, Macarena? Tú eres la Esperanza en su más amplio sentido. Y tu hijo el Gran Poder al que aferrarse en estos días en que estaríamos viviendo lo soñado y sólo podemos soñar lo vivido. Haced que todo esto pase pronto y vivamos de nuevo.

No puedo mencionar ni el resto sin que me caigan lágrimas. Sigo mirando por la ventana. El cielo está azul como el del Domingo de Pasión y el del palio perchelero, antecedentes de la Gloria venidera, azul como el azul Hiniesta que se esparce por Sevilla cada Domingo de Ramos, azul como el color del Prendimiento, como el del babero de la túnica de los Negritos, como el del Domingo de Resurrección cuando embargados por una nostalgia ya bien conocida que significa que todo acaba y que todo empieza, el palio de la Aurora se pierde en la fresca sombra de Santa Marina. Este año ni la Carretería por el Arenal, ni la O por la Magdalena, ni el Cachorro por el Puente de Triana, ni la Soledad de San Buenaventura en Carlos Cañal, ni San Isidoro por la Cuesta del Rosario, ni la Mortaja en Dueñas, ni Montserrat por Doña Guiomar con Zaragoza, ni el pescaíto frito de La Isla, ni las copas en el Iscariote, ni dormir apalizado de cofradías en el Jentoft, ni el Sol por la Plaza Nueva, ni el Santo Entierro por Tetuán, ni la Trinidad en la Encarnación, ni los Servitas en el Cristo de Burgos, ni la Soledad de San Lorenzo por Cuna buscando ya su regreso a San Lorenzo, ni las risas entre amigos, ni el deseo de que ese momento se repita siempre, ni la Resurrección  por la estrechez de Francos, ni nada de nada. ¡Qué sensación más horrible! Quiero salir de esta pesadilla ya. Hoy es Miércoles Santo. Esta tarde me dan un reconocimiento por cumplir veinticinco años como hermano pero yo lo que quiero ya lo he dicho y, sobre todo, lo que más quiero es pasearte, Señor de la Bondad, pasearte con los míos y entre los míos. Y otro año más no podré hacerlo. Y ya van dos...

miércoles, 17 de marzo de 2021

DÍA DE ESPÁRRAGOS

Sinceramente, a mis cuarenta cuaresmas, creo que habré ido a coger espárragos premeditadamente sólo en dos ocasiones. Una fue siendo niño de la mano de mi abuelo Casildo. La otra fue el pasado Domingo. Mi abuelo falleció cuando yo tenía ocho años y hace unos días cumplí mi cuarta década. Es decir, entre una y otra vez han pasado, como poco, treinta y dos inviernos aunque, seguramente y por los recuerdos que tengo, fuesen alguno más. Eso sí, sin duda, reviví aquellos momentos de niñez grabados a fuego y los trasladé al presente con la mirada entre mi hija Claudia y el cielo. Es increíble como una cosa tan simple como una excursión dominguera puede llenarme tanto. Y es más increíble aún como sabiendo que esos planes los tenemos a mano los vamos dejando hasta que ellos mismos, de improviso, se hacen realidad. Fue mi hija, con cuatro añitos recién cumplidos, quien dijo "vamos a ir a coger espárragos". Ella no sabía bien ni lo que decía, ni lo que eso conllevaba, pero lo habría oído en la televisión o a algún amigo y le soltó muy ilusionada. De hecho conforme lo dijo nació esta pequeña aventura y se programó la excursión. Puedo asegurar que el espíritu de mi abuelo tuvo algo que ver y sonrió desde el cielo azul manchego que cubre Moral de Calatrava. Dicho y hecho. El Domingo pasado fuimos a coger espárragos trigueros. Con que poco soy feliz.

Amaneció soleado en el paraje de la Virgen del Monte donde fuimos a pasar el fin de semana al chalet de mis suegros. Claudia estaba muy contenta porque íbamos a ir en familia a coger espárragos y ella había tenido la idea. ¿Qué se le pasaría por la cabeza a ella que iba a ocurrir? Las cosas de los niños y su bendita imaginación. Mis suegros, Gemma y yo preparamos unos cuantos cuchillos, un par de bolsas y una mochila para llevarlo todo y salimos en busca de Lucío, sí, sí, Lucío (no Lucio) que se conoce el campo como la palma de su mano y sabe qué lugar es mejor para cada cosa. Unos cuantos kilómetros entre caminos de esta tierra nuestra nos separaban de unos olivares en los que a los pies de los olivos se encontraban lozanas esparragueras. Y, hala, a buscar se ha dicho. Lógicamente no somos los únicos "domingueros busca espárragos" por lo que la zona ya había sido visitada pero aún así obtuvimos un buen manojo de ricos espárragos trigueros. Y lo más importante, tuve ratos de soledad buscando a los pies de las olivas y sentí ese cosquilleo impaciente que tenía cuando aprendía cosas de campo con mi abuelo. Un viaje a mi niñez como el recuerdo que quizás le quede de este día a mi hija y recuerde cuando pasen los años. Estas vivencias son la pura historia de la vida.

A media mañana volvíamos contentos con un puñado curioso de espárragos que nos daría de sobra para hacer algunas tortillas y revueltos. De hecho, en la cocina me quedan unos cuantos y van a ir a la sartén con ajetes y jamón. Lo tengo claro. Y miento si digo que no me relamo pensando en ello. Como otras tantas veces he contado y como es clásico en mí, el resultado del plato no será bueno o malo por su sabor, será bueno o malo dependiendo de la compañía que haya en la mesa y de que cada bocado sea una caricia al alma, una evocación de tiempos pasados y un anhelo de esperanza para el futuro. Es por eso que estas cositas tan simples son la más pura esencia de la vida, al menos, de mi vida, por eso las disfruto tanto y me gusta compartirlas y dejarlas almacenadas en el Rincón, pues cuando las releo me refrescan los recuerdos y me hacen revivir una aventura tan cotidiana y al alcance de la mano de cualquiera como es coger espárragos una mañana de Domingo. Si tú mismo, lector de estas líneas, entornas los ojos y rebuscas vivencias en tu interior, a base de recuerdos, escribirás tu vida entera. Verás entonces que no es cosa mía ni que yo sea optimista como muchos me dicen, es realidad y lo tienes en tu mano.

Y precisamente a mi hija trato de inculcarle cosas como las que hoy plasmo. Nimiedades quizás pero que llenan el arcón de la memoria. Pues sí, un día de espárragos, ¿qué cosas, eh? Y fijaos para todo lo que da: un buen rato de campo, disfrutar de la familia, enseñar a los pequeños lo que aprendimos de los mayores, hacer un plato con tu propio logro, compartirlo con los tuyos y, además, dejarlo escrito para siempre. De verdad digo que estos planes inesperados me llenan por dentro. Espero y deseo que surjan y haya muchos más y que me reporten la misma felicidad que esta aventurilla me reportó. De hecho hoy mismo, viendo entradas del Rincón, estoy recordando cosas tan sencillas pero con tanta historia detrás como cuando hice mermelada de ciruela, cuando me compré un puchero de barro, cuando aliñé unas aceitunas, cuando aprendí a hacer pacharán, cuando me inicié en el mundillo de la cerveza casera, etc. Son, sin duda, cosas banales para muchos de quienes las lean pero son para mí retazos de mi propia historia, de mi vida, la que se va construyendo sola y día a día como el pasado Domingo que fue un simple día de espárragos...

domingo, 7 de marzo de 2021

TARTA DE SANTIAGO

Era el mes de Mayo del año 2010, Año Santo Compostelano o Año Xacobeo, como gusten vuesas mercedes llamarlo, cuando un asunto de toga y corbata me llevó de pleito a La Coruña. Aprovechando el viaje hice una excursión a Santiago de Compostela y me la encontré rebosante de peregrinos y vivencias. Yo, por entonces, no conocía el Camino de Santiago ni me había planteado jamás recorrerlo. Pero allí surgió la semilla y arraigo en mí de modo tal que año tras año intento patearlo unos días. De hecho, aquel mismo año de 2010, en el mes de Septiembre volví a pisar la Plaza del Obradoiro esta vez ya como peregrino. Y mi padre, por compañero, se preguntaba qué sería de nosotros el próximo Año Xacobeo para el que quedaban por entonces aún once años. Hay que decir que Año Xacobeo es aquel en el que el día de Santiago Apóstol, 25 de Julio, cae en Domingo y dicha situación ocurre siempre con la cadencia seis, cinco, seis y, once años, dependiendo del calendario y de la incursión del día 29 de Febrero en los años bisiestos. Vamos, que en 2010 tocaba el período de espera de once años para el próximo Año Santo, 2021, igual que desde este año quedan seis para el siguiente que será el 2027 y así. Total que llegado el presente año y transcurridos los once desde aquel que comentaba, lo que ha sido de nosotros es que hemos llegado a Santiago de Compostela como peregrinos ya en cuatro ocasiones, dos de ellas habiendo partido desde Francia y desde Portugal y habiendo recorrido paso a paso, literal, todo el recorrido nacional. Y este año, Dios mediante, será la quinta vez que lo logremos, tan completar un paseíto de unos 300 kilómetros que nos separan de León, donde paramos la última vez, hasta la capital gallega. Y, claro, entre tantos caminos y tantos menús del peregrino, si algo he probado, saboreado, contrastado y aprendido a hacer es la famosa Tarta de Santiago.

Lógicamente, como me gusta rizar siempre un poco el rizo aportando algo personal, tenía en mente hacer la Tarta de Santiago con almendras de mi propia cosecha que para eso tenemos un almendro en el chalet y mi madre y mi hija recogen las almendras y las almacenan. Sólo por esos ratitos conjuntos de abuela y nieta la tarta ya sería especial. Y además iba a dar mi toque gastronómico modificando el toque cítrico. En vez de ralladura de limón la pondría de naranja que también combina con otros postres. Sí, con el pacharán también. Y en esas venía yo forjando la idea hasta que llegó el momento. Me planté ante el calendario y le dije que antes de que se marchase el último fin de semana del mes de Febrero la haría. Y hoy os cuento el resultado al igual que otras veces os he contado esas cosas del día a día que son la verdadera vida. Fue un rato entretenido aunque el resultado puede ser mejorable y de hecho ya quiero repetir la aventura hasta que salga perfecto. Me exijo mucho en estas cosas y un problemilla técnico al desmoldar la tarta casi hace irse al traste el episodio.

Cuando la tuve ante mí me vinieron a la cabeza mil recuerdos: la primera vez que la comí como peregrino en el año 2010 haciendo los últimos cien kilómetros entre Sarria y Santiago, la vez que Jesús, en aquel camino de 2012, fue a comprar una, cogió una oferta de tres y nos las teníamos que comer por no llevarlas en la mochila y merendamos, cenamos, desayunamos y almorzamos tarta del santo (de la marca Ancano, no se me olvidará jamás, ¡qué hartura de tartas de almendra nos dimos!), aquel camino de 2015 que siempre que me la ofertaban de postre la pedía y probé muchísimas tartas distintas por toda Galicia, la primera vez que para hacerla me descargué de internet la silueta de la Cruz de Santiago para lograr el decorado con azúcar glass, la alegría cuando vi que en Mercadona vendían bolsitas con la cantidad exacta de almendras trituradas que me hacía falta para hacer la tarta, el día que aprendí la simpleza de su receta, cuando por ella me lancé a la repostería pues es la faceta de cocina que menos me gusta y que apenas domino y, sobre todo, el día que decidí que haría una Tarta de Santiago con las almendras que recogemos del campo y que sería especial. Conforme mi madre iba quitando las cáscaras y el agua en mi casa hervía para escaldarlas y quitarles la piel, mi mente ya saboreaba el resultado, sin ni siquiera haberlas triturado.

Dicho todo esto y para quién se anime a hacerla, decir que es de los postres más fáciles que hay de elaborar y que a quien le guste el sabor a almendra no puede dejar de probarla. Tomen buena nota aquí de lo necesario: doscientos gramos de almendras trituradas (si son cogidas de almendros del campo mejor que compradas, aunque haya que trabajarlas el resultado lo agradece y mucho), doscientos gramos de azúcar, cuatro huevos, ralladura de medio limón y media cucharadita de canela en polvo. Para el molde un poquito de mantequilla derretida y para decorar azúcar glass. Fácil, ¿eh? No digáis que no y poner a precalentar el horno a 180 grados, mientras en un bol grande mezcláis el azúcar con la canela y la ralladura de limón. Por otro lado batid los cuatro huevos y echadlo al mismo bol. Removed e integradlo todo. Por último, añadís las almendras a todo lo anterior y lo mezcláis bien. Cuando terminéis lo dejáis reposar mientras untáis de mantequilla el molde donde vayáis a hacer la tarta, para que luego no se pegue y la podáis desmoldar bien. Con un molde redondo de unos 26-28 centímetros de diámetro sale de escándalo. Echáis la mezcla dentro y al horno durante unos 25 minutos. Cuando tengo un color doradito que os llama a voces y el olor os lleve a querer meter la cabeza dentro y liaros a bocados allí mismo, es el momento de sacarla. No obstante haced la prueba del palillo: pinchad con uno en el centro y si sale limpio la tarta está lista. Solo queda dejar enfriar, desmoldar y decorar con azúcar glass poniendo la silueta de la cruz de Santiago en el centro. Ya me contaréis. Ésta que hice en el último fin de semana de Febrero supo a familia, a hogar, a tradición, a madre, a nieta, a campo, a esposa, a Camino y, también, a Tarta de Santiago.

jueves, 18 de febrero de 2021

LEYENDA DE LOS CUERVOS DE LA TORRE DE LONDRES


Londres es, sin duda, una de las capitales más emblemáticas de Europa. Quizás por la forma de ser de los británicos, quizás por seguir manteniéndose en Reino Unido la libra esterlina, la yarda y los orígenes de la Ceca, desdeñándose el concepto de Unión Europea y arraigándose a lo propio, quizás por sus autobuses de dos plantas tan característicos, el mil veces fotografiado Big Ben, la gran noria conocida como el Ojo de Londres, los secretos que guardan en torno a ellas las joyas de la corona, los cambios de guardia de los beefeaters, el Puente de las Torres, etc. Londres es Londres y tiene una magia especial oculta en contrastes tan grandes como el de Notthing Hill y Candem Town. Todo viajero que llega a la capital de Inglaterra sabe qué tiene ver y dónde tomar sus instantáneas. Sin embargo, una de las leyendas más conocidas de esta fascinante ciudad suele pasar desapercibida y el excursionista o turista regresa del viaje sin haberse enterado. Se trata de la Leyenda de los Cuervos de la Torre de Londres. Hoy en el Rincón hablaré de ella y daré algunos datos curiosos al respecto, de modo que conozcáis esta leyenda y los que visitéis la capital inglesa os hagáis eco de la misma y podáis disfrutarla in situ. La visita a la Torre de Londres es obligatoria pues es de los sitios más llamativos de la ciudad por su historia y significado. En ella veréis a sus curiosos habitantes y lo que significan los mismos. Los cuervos.

Lo  primero a reseñar es que la Torre de Londres ha tenido diversos usos, como residencia real, armería y prisión. Fue conocida durante más de novecientos años como la "Torre del Terror" pues en ella eran encerradas todas aquellas personas que ofendían a la corona. La mayoría de los presos que allí vivieron lo hicieron en pésimas y horribles condiciones y no salieron de allí con vida o fueron torturados y ejecutados en la cercana Tower Hill (Colina de la Torre). Muchos personajes de gran relevancia tuvieron la desgracia de sufrir entre las paredes de la Torre de Londres, como por ejemplo, la reina consorte Ana Bolena, el barón William Hastings o el pensador y escritor Tomás Moro. Además de ello, en la Torre, entre otras cosas, se encuentran las Joyas de la Corona, una de las atracciones preferidas de los visitantes que se trata de una colección de incalculable valor de coronas, cetros y espadas, con connotaciones religiosas e históricas. El lugar aúna el poder y la grandeza del reino y, claro, alguien debe velar por su simbología, su permanencia y su fortaleza. Los encargados de ello no son otros que los cuervos de la Torre de Londres. Ahí radica su leyenda.

Se dice que desde tiempo inmemorial y atraídos por los cadáveres de los ejecutados allí, ha habido siempre cuervos residiendo en los jardines y alrededores de la Torre de Londres y que ellos eran los custodios del lugar, hasta tal punto que arraigó la creencia de que si algún día no estuvieran los animales allí, la torre se desplomaría y, con ella, caería la grandeza de la corona y, por tanto, el reino, sumiéndose el país en el caos. Tal fuerza adquirió la leyenda que el rey Carlos II, mediante un Decreto real en el siglo XVII, ordenó que siempre debería haber un mínimo de seis cuervos en el lugar y, desde entonces, la superstición es tal que se crían allí cuervos en cautividad y se les recortan un poco las plumas para que puedan volar sólo distancias cortas y no huyan de la Torre. El encargado de ello es conocido como Ravenmaster (Maestro de los Cuervos) que es quien los cuida, los alimenta y les corta los extremos de una de las alas para evitar que escapen. No obstante, siempre hay siete cuervos, los seis dictaminados en el decreto y uno más, por si acaso. Así de grande es la creencia.

Los cuervos de la Torre están bajo el cuidado de los Beefeater, se les anilla para tenerlos identificados y se les pone nombre a todos y cada uno de ellos, siendo los actuales Poppy, Erin, Jubilee, Rocky, Harris, Gripp y Georgie, sumándose ahora Merlina, conocida como "la reina de los cuervos". Su alimentación consta de una dieta específica y son tratados casi como la realeza, viviendo en un palacio y teniendo criados para atenderlos. Tienen miles de anécdotas que podríamos contar. Entre las más destacables hay que traer a colación la ocurrida en la II Guerra Mundial. Parece ser que sólo uno de los cuervos sobrevivió a los bombardeos pues varios fallecieron y otros huyeron del lugar. Ante la situación, el primer ministro, Winston Churchill, temiendo que se cumpliese la profecía, ordenó que se llevasen más cuervos al entorno de la Torre de Londres y, estando en tiempos de guerra, los mismos fueron alistados en calidad de soldados del reino y se les emitieron tarjetas de certificación igual que al resto de militares, pudiendo incluso ser despedidos por conducta insatisfactoria o incorrecta. A día de hoy, estas aves tienen incluso habilidades verbales siendo llamativa la sorpresa que no hace mucho se llevó Vladimir Putin, presidente de Rusia, cuando en una visita uno de los cuervos le dijo "Buenos días".

Y esa es la leyenda que hoy os traigo al Rincón. Curiosa, sin duda y, aunque conocida, no muy expandida. Espero que os hayan entretenido y gustado los datos de la misma. Ya sabéis qué visitar si tenéis ocasión de ir a Londres y por qué siempre hay cuervos en la Torre, como mínimo seis. El día que no los haya... mal augurio para el Reino de Inglaterra. ¡Hasta otra, amigos!

viernes, 29 de enero de 2021

¡AY, MADRE! ¡ALCOYANAZO! ¡ALCORCONAZO 2.0!


Segundas partes nunca fueron buenas. Siempre pensaré que el mayor error de Zidane fue volver. Si ya te habías ido, Zinedine, inexplicable pero te fuiste y lo hiciste en todo lo alto, ¿para qué volviste? No me vale la teoría de "se fue porque sabía lo que se avecinaba" porque, entonces, repito, ¿para qué volvió? Sería explicable que se fuera tras un desastre grande pero ¿tras ganar cuatro champions y tres de ellas de manera consecutiva? Alucinante. Bueno, pues como buen visionario y sabiendo que la saciedad no trae hambre y los equipos se acomodan, el bueno de Zidane diría "y el que pueda que empate". Y se marchó. Comenzó la decadencia ¡y volvió! ¿Para qué? No sirvió para nada su visión y, prácticamente, para nada su vuelta. Una liga, sí. La liga del coronavirus la ganó el Madrid, pero ¿y el resto? Esperpénticas derrotas y eliminaciones como la que se marcó el señorito Varane ante el City, la que se marcó también Luquitas Vázquez  en la Super Copa contra el Bilbao y, ya por último, la reciente derrota contra el Alcoyano en la Copa del Rey. ¿Por qué, Zidane, por qué? ¿Por qué volviste a ilusionarnos anunciando cambios revolucionarios y has seguido tirando de los Marcelo, Isco, Asensio, etc, que te dieron la gloria tras la cual tú previste la hecatombe? ¿Para qué tanto Hazard que juega a lo que yo con cuatro whiskys en lo alto? ¿A cuento de qué no dar oportunidad a los que se parten la cara en el césped y tienen juventud y savia nueva? Pues todo ello ha dado lugar al Alcoyanazo, lo que viene siendo el Alcorconazo 2.0, vamos. Un guantazo del Alcoyano al Real Madrid. Tal cual.

He dejado pasar unos días para no escribir en caliente, pero es una vergüenza digas lo que digas, Zizou. Que en el debut copero de esta temporada un equipo de segunda B elimine al Real Madrid, no tiene nombre. Y lo malo es que la plantilla, aunque podría decirse que ya anciana y escasa, da para mucho, para mucho más. Sin ir más lejos, mira el partidazo que se marcaron el Sábado noche contra el Alavés: seriedad, compromiso y goleada. Y ojo que no estaban ni Ramos, ni Carvajal, ni Valverde... Ni siquiera tú en el banquillo por el maldito coronavirus. Con ello se demuestra que cuando se quiere, se puede. Porque saber claro que sabéis. Jugar, me refiero. Bettoni hizo de ti, Kroos pegó un recital, Modric dio una lección, Casemiro volvió a cerrar la puerta e incluso abrió la lata, Benzema se desmelenó de nuevo y Hazard, por fin, fue Hazard. ¿Por qué contra el Bilbao no? ¿Por qué contra el Alcoyano se hizo, consintió y consumió tal ridículo? No encuentro explicación por más que la busco. Y tampoco creo que sean problemas en el vestuario porque los jugadores te respaldan, dan la cara por ti y, ya lo he dicho, cuando quieren jugar, juegan. Por eso suena aún más triste que digas que "No fue una vergüenza". Lo fue, Zidane. Lo fue. Perder a primeras de cambio contra el Alcoyano en la Copa del Rey no es tolerable. Y me da igual que el Atlético hubiera perdido una semana antes contra el Cornellá y que éste mismo forzarse la prórroga contra el Barça. Lo que hagan los demás es problema suyo. A mí me duele lo nuestro. Y que un club cuyo presupuesto sea menos de lo que cuesta una ficha del Madrid, te pinte la cara, no es de recibo.

Evidentemente como la historia del fútbol es caprichosa, si al final de la temporada el Real Madrid ganase algún título se taparía la mancha. Lo que ocurre es que sólo quedan dos en juego: la liga y la champions. En la liga manda el Atleti que ha terminado la primera vuelta y nos saca siete puntos y, además, le falta un partido por jugar. Vamos que puede estar a diez perfectamente. Remontar eso implica que ese equipo que sólo perdido un partido en toda la primera vuelta, precisamente contra el Real Madrid, tendría que pinchar una, dos, tres y cuatro veces como mínimo, ¡ojo! y, a la vez, el Madrid no fallar. ¿Cómo lo ves? Pues eso. No lo veo. Y en Champions el Madrid no es el equipo de otros años que dominaba en Europa y eliminaba al Bayer, al PSG, a la Juve y a quien tocase. Vamos que las cosas como son, nos clasificamos de milagro en la fase de grupos, fuimos primeros por una carambola y en cuanto nos coja un grande nos pule. Así es que no pinta la cosa como para ganar ni el campeonato doméstico ni la orejona. Y eso hunde más el dedo en la herida del ridículo hecho hace unos días. Se ha dado lugar al Alcoyanazo y no se ven visos de pintura que puedan tapar esa mancha. Y mira que te quiero y te respeto, Zidane, pero creo que ha llegado tu momento. No te culpo de lo ocurrido pero sí te digo que se deberían haber hecho las modificaciones y renovaciones que se dijeron y que tú, principalmente, anunciaste varias veces. A final de temporada lucha por maquillar este año que no está siendo bueno, pégate un baño de madridismo de esos que muchas veces no hace falta ganar nada, basta pelear con garra y coraje y que la afición lo vea y, hecho todo ello, ve tranquilo. Te recordaremos siempre como jugador y como entrenador.

¿Y del Alcoyano en sí qué decir? Sinceramente que me alegré de su gesta. Fue merecida, luchada y honrosa. Con un portero de cuarenta y un años y una dura travesía por estos lares del fútbol a sus espaldas, con el marcador en contra, con uno menos en el campo y con el tiempo apretando en una forzada prórroga. Sí, señor. ¡Enhorabuena y mil veces enhorabuena! David venció a Goliat. El Alcoyano, con su moral por delante, hizo lo que debía hacer: jugar a lo que sabe, como sabe, como puede y a lo que puede. Y no hay más. Ese es el secreto siempre. Quien sabe cuáles son sus armas y las usa debidamente siempre triunfa de una manera u otra. En el fútbol el triunfo tiene dos caminos: ganar el título o que la afición te reconozca y aplauda. Y si se conjugan los dos es cuando se llega a la élite y la excelencia. De hecho, todo aficionado lo sabe, no duele tanto una derrota si el equipo se ha entregado en el campo. Y el Club Deportivo Alcoyano lo hizo. Dio todo lo que tenía y conforme podía. Se ganó el respeto y obtuvo la victoria. Ya lo he dicho antes: fue merecida. Digna de aplauso del rival y en estas líneas está el mío. De hecho lo plasmo por escrito para que nunca se olvide: yo, Carlos Lillo, madridista, aplaudí el Alcoyanazo. ¡Enhorabuena de nuevo! Dicho esto, mucha suerte en la competición y siempre, siempre, siempre, ¡Hala Madrid! Y nada más.


lunes, 18 de enero de 2021

DESUBICACIÓN 2021

Ando desubicado por completo. Mirar la agenda recién estrenada este año y verla en blanco de planes me desespera. Está copada de juicios, pleitos, citas notariales, citas registrales y mil avatares más del trabajo, pero vacía totalmente de planes a corto, medio y largo plazo. Y no estoy acostumbrado a ello. Para mí Enero siempre es el mes de los sueños que se avecinan. Lo he contado alguna vez ya en el Rincón. En este primer mes del año abro la agenda y comienzo a rellenar campos en blanco. Éste día tengo igualá, éste, éste y éste tengo ensayos, este día me iré Cádiz y volveré este otro, estos días me iré a Sevilla, éste día es el Magno Pregón, de Jueves Santo a Domingo de Resurrección vuelvo a Sevilla, este año la Romería cae este fin de semana, aquí y aquí iré al Rocío, la Verbena del Carmen esta vez cae en Martes, la Pandorga es un Viernes (y los sueños brillan más), de éste día a éste otro de Agosto estaré en el Camino de Santiago, éste otro es la comida anual de la Abogacía, éstos días de puente (si no tengo guardia) Gemma y yo podemos hacer una escapada cercana, éste día le dan las vacaciones de Navidad a Claudia y, a la que me coma las uvas, de nuevo llega Enero y se llena todo de planes por cumplir. Y así llevo haciéndolo años ya y cumpliendo proyectos, sueños y aventuras programados con tiempo, mimo y esmero. Sin embargo ahora no puedo hacerlo y eso me tiene perdido.

La puñetera pandemia, además de todo lo que ha traído y conlleva, ha instalado uno de los sentimientos más desesperantes que existe. La incertidumbre. No saber a qué atenerse. Y es que como uno no sabe cómo va a evolucionar el asunto ni de qué manera, no puede planificar absolutamente nada so pena de ir viendo como se desmoronan las ilusiones una tras de otra en efecto cascada. Y lo llevo fatal. A mí me gusta tener controlado lo que quiero hacer, cuándo lo quiero hacer y cómo lo quiero hacer. Y nada. Es imposible. A ver, sé que este año no va a haber celebraciones ni en Carnaval, ni en Semana Santa, ni en las Romerías de la Virgen del Monte y de Alarcos, pero, ¡leche!, ¿en verano seguirá todo igual de dudoso? Quizás es que mi alma de macareno me hace tener demasiada esperanza, pero quiero hacer planes ya para Julio o Agosto. Necesito (y lo digo de verdad) saber que voy a poder coger mi mochila y mis botas y patear el Camino de Santiago. No ya es que necesite hacerlo, es que necesito, repito, saber que podré hacerlo. Romper ya con está indecisión, con está incertidumbre, con esta merma de libertad. Y si luego los planes fracasan que sea por cuestiones ajenas o insalvables, pero jamás por no haberlos preparado con entusiasmo. Es por eso que el Camino se recorre tres veces: cuando se sueña, cuando se hace y cuando se recuerda. Y dicha máxima es de aplicación a todo plan que se aborda con ilusión.

Pero en esta horrible "Desubicación 2021" que estoy (estamos) atravesando, ¿quién se atreve a planificar algo sin saber que se va a poder acometer? ¿Quién va a soñar con un viaje sin saber siquiera si tendrá la maleta? Y, es más, ¿quién se la juega a llenar esa maleta de ilusiones y que luego tenga que vaciarla sin haber ni subido al tren? Una pena. Y así ando vacío de ilusión. Bueno, quizás no. Vacío de ilusión no, ando vacío de ganas de ilusionarme. No es lo mismo. Siento si es un poco trabalenguas o metafísico, pero no sé cómo describirlo mejor. Ardo en deseos de hacer planes pero como sé que no sé si podré ejecutarlos, no los hago. No sabéis lo que daría, simplemente, por saber a ciencia cierta si podré estar dentro de unos meses comiéndome un papelón de adobo en La Isla. Sin más. Aunque no haya cofradías, aunque tenga que estar con la mascarilla, aunque no esté agotado de ver cera derretida. Y eso me consume, me desespera, me desubica como os digo. ¡Vaya mes de Enero extraño! ¿Nos pondremos el pañuelo de hierbas? ¿Podremos juntarnos a comer tranquilamente sin tener que estar pendientes de aforos, horarios, distancias, etc? No me venga nadie a decir que sí o que no, porque no se sabe. Y eso es lo que me revienta. La duda, la incertidumbre. Como diría nuestro paisano José Mota "es que paece que no, pero, ¿y sí sí?, ¿lo sabes tú?, ¿no?, pos chitón".

Lo malo, peor aún, es el juego político que se traen con nosotros, la falta de transparencia y la opacidad para no ver lo que todos vemos. La situación actual con cierres perimetrales, enorme subida de contagios y alarma social se venía fraguando (y consintiendo) desde antes de Navidad. Y eso lo vimos todos. Los resultados que trajo consigo la permisividad del Puente de la Constitución eran un claro indicador de lo que sería Enero si en las fiestas de Navidad no se ponía el punto en la i. Y eso también lo vimos todos. Menos ellos, parece ser. Claro, los dirigentes nuestros, alentados por la esperanzadora noticia de la vacuna, vendieron la moto de "el fin ya está aquí" y no. Y ahora mismo ni está ni se le espera. Y como no cuentan cómo avanza el asunto de la vacunación y, sin embargo, sí cuentan cómo está el tema de la pandemia y, entre llantos y crujir de dientes que habrían sido evitables, ahora toman medidas duras y nos tienen a todos locos. Andamos como pollo sin cabeza, sin saber qué se podrá hacer pasado mañana y sin poder planificar absolutamente nada. Y eso es la puñetera desubicación a la que nos están sometiendo por no decir las cosas de frente, sean buenas o malas, pero que sepamos lo que es. ¡Madre mía! Seguiré intentando llenar la agenda de sueños y convertirlos en realidad en cuanto me ubique. Eso no me lo quitará nadie. Amigos y lectores que el 2021 os traiga Esperanza, Salud y Limoná. Sigamos soñando y (sobre) viviendo entre tanto.