lunes, 29 de junio de 2015

LEYENDAS DE TRIANA

Si bien ya saben todos ustedes que yo soy macareno de pro, en estos tiempos en los que no dejo de buscar dónde habita la esperanza, he de acordarme de la otra Esperanza que vive cruzando el río. Y si bien siempre pico a mis compadres de Triana diciéndoles el dicho de "Esperanza sólo hay una y no pasa por el puente" hoy vengo a decirles el otro dicho que reza "Que los puentes no son barreras sino lazos que se estrechan como abrazos entre hermanos". Y es que si algo hay que a mí me gustaría que fuese universal es la esperanza. Ese sentimiento es el que nunca debe perderse y es el que mantiene siempre un hilo de anhelo en lo deseado, añorando que se cumpla. Hay quien lo llama fe, hay quien lo llama deseo, hay quien lo llama sueño. Yo lo llamo Esperanza Macarena, Spes Nostra y Mater Dei. Y los del barrio allende el Puente de Isabel II lo llaman Esperanza de Triana. En todo caso esperanza, siempre esperanza. Y hoy esperanzado de nuevo vengo a acordarme de algunas de las leyendas más bellas que conozco acerca de la Hermandad de la Esperanza de Triana. Pero con un matiz, la protagonista no es Ella, la Reina de la Capilla de los Marineros, sino Él, el vecino más viejo de la calle Pureza: el Señor de las Tres Caídas. Y en una de ellas, más en concreto, el romano que le guía el camino al Señor en la Madrugá, digamos que conocido como Rafaé que cabalga a lomos de Calamar, como así se llama cariñosamente al caballo más conocido del barrio marinero de Sevilla. Les dejo con ellas. Me limito a transcribirlas tal cual las conocí. Emociónense y llénense de Esperanza.

"Y SOÑÓ SER COSTALERO DE TRIANA EL MISMO DIOS..."

La escuché en "El Llamador" de la semana después de la voz sevillana y cofrade de Charo Padilla. Pudo suceder en el año de gracia de 2004, no lo recuerdo exactamente, pero es tan digna de un relato de José María de Mena, extraído de su célebre "Tradiciones y Leyendas de Sevilla", como lo podía ser de la mejor literatura romántica y costumbrista.
Sucedió en Triana (natural de Sevilla) la noche más hermosa: Madrugá del Viernes Santo. La calle Ancha-Pureza como cada año estallaba de júbilo en apretada multitud recibiendo el paso de misterio del Santísimo Cristo de las Tres Caídas. En plena apoteosis de devoción la gente iba tomando posiciones. Detrás del paso, entre la muchedumbre que lo rodeaba, se colocó un niño de edad incierta y aspecto montañesino: pelo ensortijado, moreno, de facciones perfiladas y natural rubor en las mejillas. Caminaba sólo, marcando los pasos del tambor y las alpargatas costaleras y pronto se situó a la altura del zanco trasero derecho. Comenzó a disfrutar del delirio y de la plena conjunción de banda y cuadrilla: el izquierdo por delante, los solos de corneta interminables de Enmanuel y Rocío y la gracia y la anarquía del andar más genuino de Triana. El niño absorbido por la emoción del ambiente se hizo notar e intimidó al patero con la primera pregunta "¿pesa mucho el paso?", "¡Esto que va a pesar, miarma!", respuesta inmediata. Cruzó el puente, relente y mareadilla del puerto camaronero. Permanecía en su sitio. Inmune. Nada podía afectarle puesto que sus manos habían tocado la madera forrada del zanco y se habían aferrado a ella como a un clavo ardiendo. En los refrescos de Reyes Católicos los costaleros habían reparado en él. Le preguntaron si venía sólo, se preocuparon por buscar algún pariente, le recomendaron que tuviese cuidado con la bulla, insistieron en protegerlo y arroparlo casi pegado a los faldones. Sabían que se llamaba Jesús de nombre y como costaleros de Triana generosamente iniciaron una serie de dedicatorias al niño que iba acompañándolos desde la salida. En la Magdalena estando el paso parado a la altura de la entrada principal de la Parroquia, el niño se adelantó hasta el capataz, lo miró fijamente con sus ojos radiantes de asombro, "¿puedo llamar?", preguntó en inocente tono. Paco Ceballos quedó deslumbrado por ese brillo en la mirada que se confundía con el dorado esplendente del canasto. Lo miró con cariño y no pudo menos que dedicarle la mejor de sus sonrisas a la par que acariciaba tiernamente su pelo. El niño lo entendió y marchó a su sitio en la trasera del paso donde los costaleros comenzaban a echarlo de menos. "¿Dónde está Jesús? ¿Ha encontrado a sus padres? ¡Jesús! ¡Vente para acá, miarma, que vamos a entrar en Campana y allí se forma mucha bulla!" El niño se hizo un hueco en la trasera. Su peso y estatura se lo permitían. Iba a vivir todo el esplendor de la llegada oficial a Sevilla. Jesús casi no respiraba. Bajo la oscuridad sonora de los faldones sentía el estado febril de un costalero más, el sudor helado de la máxima concentración y responsabilidad, el entusiasta anhelo de rayar la perfección del trabajo bien hecho en Triana... Se confundían en sus oídos los aplausos y los solos de la blanca infantería marinera, los óles del público, las arengas y consignas de la gente de abajo, el trueno de la unánime ovación con que despide la Campana al paso cuando emboca Sierpes y los zancos se posan en el suelo después de una nueva chicotá de ensueño. Jesús despertó de su letargo emocional, levantó los faldones, respiró aire fresco de la anchura de los Palcos, pero continuó absorto pegado a la pata que ya lo consideraba su ahijado. Se lució por la Avenida y coronó junto a sus padrinos la cumbre de la Estación de Penitencia bajo el silencio gótico de la Catedral. Padeció las puñaladas en los pulmones que le asestó el frío de la Plaza de la Virgen. Comenzaba a amanecer. Jesús no había visto nunca en la calle un crepúsculo igual que el de las luces de la aurora en el Triunfo. Olor a calentitos de plata en el Postigo, color de la mañana para abrir el estómago. "¡Jesús, esto no ha hecho más que empezar!" le gritan los costaleros. "Esta levantá va por ti, miarma". Todos los celebraban por unanimidad. Esplendor en el Baratillo. En la calle Pastor y Landero el niño iba cogido de la mano del patero marcando el compás con sus menudos pies. El sol lo recibía en el puente y brillaba el lucero como Estrella de la mañana en San Jacinto. El niño aguantó la muchedumbre en Santa Ana protegido por todos. Ya formaba parte de la cuadrilla. Todos tomaban debida nota de él: desde del hombre de la caña hasta el de la escalera, pasando por contraguías, diputados y auxiliares. Tanto era así que cuando el paso enfiló de nuevo la calle Ancha-Pureza, Paco Ceballos reclamó su presencia y lo llevó de la mano hasta el frontal. Tocó el llamador con enjundia y se hizo el silencio. "¡Niño! Esta levantá va por el niño Jesús que ha salido con nosotros y va a entrar con nuestro Cristo aquí a mi vera. Lo quiero ver volar. ¡Oído que él toca el martillo! ¡Tos poriguá, valientes! ¡Al cielo con Triana! ¡A esta es!"
En plena efervescencia de emociones entre abrazos y besos plagados de lágrimas en los ojos, cuando todo acabó y el paso reposaba en el lugar que ocupa dentro de la Capilla, alguien confundido aún por los parabienes gritó su nombre: "¡Jesús! ¿Dónde está el niño? ¿Alguien ha visto a Jesús?" La cuadrilla entera salió a su encuentro pero ni rastro de Jesús...
Recuerdo que una representación de la cuadrilla del Santísimo Cristo de las Tres Caídas acudió al programa "El Llamador" para dar cuenta de esta historia y aprovechar los micrófonos para recabar información acerca de su paradero. Quizás la leyenda no fuera así como la he recreado, al pie de la letra, pero creo en ella como creo en ese Niño Jesús que, ¿por qué no?, bajó del cielo a Sevilla en la noche más hermosa para acompañar a los costaleros de Triana.
(Antonio Sierra Escobar)



"EL ROMANO RAFAÉ"

Cierto día, uno de esos días en hora temprana cuando la tranquilidad y el sosiego invaden la capilla, cuando de verdad se puede contemplar la dulce cara de la Esperanza y el bello mirar del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, ví que un abuelo con su nieto estaban de visita para ver el montaje de los pasos de la hermandad cuando el niño de ojos azules, tan azueles como el cielo de Triana, le preguntó al abuelo por el romano. "Abuelo, ¿por qué el romano tiene ese mirada? ¿Qué le dice al Señor?" Y el abuelo le contó la siguiente historia...
"Mira Daniel, ese romano se llama Rafaé, porque aunque lo veas así vestido no era de Roma sino de la Cava de los Gitanos, el cual se apuntó a las legiones romanas, lo mismo que hoy puede haber gitanos en la Guardia Civil y siempre estuvo en el paso acompañando al Señor. Hubo un tiempo en que fue detrás con las mujeres pero como el Señor ya tiene bastante con cargar con esa cruz que tanto le pesa, decidió un día ponerse delante para indicarle en la mágica y maravillosa Madrugá de Sevilla el camino que tiene que recorrer. Pero, además, va hablando con Él, con su Señor de Triana, y le va contando de los trianeros que por un motivo u otro no están ese día cuando ellos van camino de Sevilla. Le dice: -Mira en ese balcón falta fulanito, en esa esquina no está ese hombre o esa mujer que siempre estaba esperándonos con su pareja y hoy está sólo, aunque creo que no nos ve muy bien porque las lágrimas no lo dejan... -Y va uno a uno explicándole todos los que hoy no están en el barrio sino en la Gloria de Dios Padre-.
Y ya, por la mañana al salir de la Catedral, contempla como al Señor le va cambiando poco a poco el semblante, como cuando se cruza con la Señora en correos, en el Postigo se le tiene que abrir el apetito con el olor de los calentito que hacía Juana, casi igual que cuando llegan al puente, pero cuando entran en el Altozano el romano Rafaé le dice: - Maestro, que ya estamos otra vez en Triana, pero ya no nos falta nadie, todo lo contrario, hay muchos trianeritos nuevos, como aquel que está en brazos de su madre con la túnica de la hermandad, o el que está en el cochecito y los que antes nos faltaban son esos ángeles que están revoloteando de alegría por ver como siempre que Triana está con su hermandad, con su Cristo y con su Esperanza.
Así es que ya sabes, Daniel, quién es y cómo se llama ese romano que va a caballo delante del Señor, sirviéndole de cicerone en la Madrugá. Rafaé, un gitano de la Cava que se enroló en las legiones romanas..."

Y cuando abandonaron la capilla oí al chaval decirle "Adiós, Rafaé, hasta otro día" y mirando al romano me pareció ver que le contestaba haciéndole un guiño de complicidad.


Tras estas dos preciosidades de leyendas me despido hasta otra, no sin antes desearos de nuevo a todos que, bien a través de las cinco verdes esmeraldas tintineantes en su pechera de reina que se encuentran allá en el Arco, o bien a través del puñal cercano al corazón que también reposa en la pechera de reina que se halla cruzando el puente, os llenéis de Esperanza siempre. Y lo creáis o no, Jesús camina entre nosotros como aquella Madrugá y Rafaé le habla a Dios de nuestra vida. Hay que seguir, valientes, hay que seguir. De costero paseando a Roma por Sevilla o con izquierdos levantado al Señor de las Tres Caídas. Pero siempre de frente y con Esperanza.


martes, 9 de junio de 2015

EL TRIPLETE Y EL "HACHEDEPÉ" DE PIQUÉ

Podría decirse que en dialecto manchego de la zona del Campo de Montiel es un triple pequeño o un triple denominado con afecto. Pónganse en situación. Partido de baloncesto. Un jugador lanza desde la zona de los tres puntos y encesta. "¡Miá que triplete ha metío el chaval!" exclamaría un manchego, por ejemplo, de Alcubillas. Está claro, ¿no? Sin embargo hoy la acepción de triplete de la que vengo a hablar es la de "tres veces campeón", Triplete de títulos que ha ganado el Fútbol Club Barcelona en esta campaña 2014/2015. Narraré más que de ello, de su celebración. Y más aún del "hachedepé" de Piqué. A lo largo del texto iré desgranando el por qué y prometo desde ya no escribir ningún vocablo malsonante para referirme al "machocabríodegrantamaño" mencionado. Podría enervarme y enredarme en elípticas mentales interrogatorias como, por ejemplo, ¿por qué Pedrito que es canario celebra el título hablando en catalán? O, ¿qué pinta un extranjero como Rakitic diciendo "Visca Catalunya" en una celebración deportiva? O, ¿a cuento de qué un club deportivo se politiza desde arriba y usa el deporte como reinvidicación política? Pero no lo haré. Hoy se habla sólo de fútbol y de la conducta del "hachedelagranpé" de Piqué. Política no. Me quedo con la alegría de que por dos años consecutivos la Copa de Europa se queda en España. Sí, como leen. En España. Porque Barcelona ni es un condado de la Corona de Aragón, ni Cataluña es un país independiente, ni la milonga de los Països Catalans, ni nada. Cataluña es una Comunidad Autónoma de España, tiene en Barcelona (que es una de sus provincias) un equipazo de fútbol (que es el Barça) y dicho equipo es el justo vencedor de la recién concluida edición de la Champions League. Y el año pasado la Copa se quedo en España gracias al Real Madrid (y al Atlético de Madrid, pues ganase quien ganase el título era español) y este año la Copa se queda en España gracias al Barcelona. Sí señor. Y enhorabuena de nuevo. Dignos campeones. Y el que venga con rollos independentistas se ha equivocado de entrada. Ya lo he dicho varias veces: en el Rincón se habla de fútbol, entre otras cosas. Jamás de política.

Y ahora voy a lo que voy. El triplete. Y el "hachedepé" de Piqué. Además de la "orejona" el Barça ha ganado la edición de la Copa del Rey y el trofeo de la regularidad. Las cosas como son. Histórico triplete que ya consiguieran en 2009 y vuelven a hacer en 2015: Liga, Copa y Champions. Y eso es digno de aplauso. Y yo, madridista, llevo felicitando a los culés por su hazaña ya unos días. Y educadamente he dado la felicitación a todos los seguidores del Barça conforme ganaron la liga, la copa y la champions. En ese orden. Y todo esto del triplete es una pasada y es una gozada y es una maravilla y es digno de admirar y es histórico y es todo hasta que llega la celebración, Gerard Piqué abre la boca, suelta una de las suyas y se le ríe la gracia y se le aplaude. Y entonces toda esa maravilla se convierte en lamentable. Por eso hoy vengo a despotricar contra el "hachedelagranpé" de Piqué. Si sóis dignos vencedores, si habéis hecho historia, si tenéis un equipo de dulce, si habéis ganado todo, si estáis celebrando a vuestra manera, si está todo bien y correcto, ¿por qué tiene que soltar una tontería de las suyas?


¿Cuántas Champions nos saca todavía el Madrid?
Gracias, Gerardo.
Y no me vengan ahora los culés haciendo gala como los políticos del "Y tu más" trayendo a colación cuando Raúl cantó o cuando Guti bailó, porque tiro de hemeroteca y les pongo el famoso "¡Madrid! ¡Ca***n! Saluda al campeón" de Samuel Eto´o o, sin ir más lejos, el "Boti, boti, boti, madridista el que no boti" del propio Piqué no hace tanto. Sí, del mismo. Del mismo "hachedepé" que también hizo burla con la manita y los cinco dedos desplegados cuando el Barça le endosó un tremendo 5-0 al Real Madrid hace pocos años. Por cierto y como mero apunte, en el mítico 5-0 que le metió el Madrid al Barça, uno de los goleadores fue Luis Enrique, precisamente actual técnico entrenador del Barcelona. Bueno, que uno puede equivocarse una vez. Incluso dos. Y llevarse reprimenda, o no. Pero equivocarse adrede continuamente y encima ser aplaudido por ello, ya pasa de castaño a oscuro. Y el único que sigue y sigue y sigue siempre con la misma cantinela de cara a la galería para que le rían la gracia es el "hachedepé" de Piqué. Y madridistas serios como yo (y sabe quien me conoce que no lo digo por decir) no merecemos que un "hachedelagranpé" se mofe gratuitamente de nuestro club, de sus jugadores ni de su afición. Repito que he sido de los primeros en dar mi enhorabuena y en felicitar a los seguidores del Barça por su merecido triunfo y su triple corona en una misma campaña. Y sigo diciendo que es una gesta grandiosa. Y me quito el sombrero ante ello. Y sigo aplaudiendo la temporada magnífica que ha hecho el Barcelona. Y a mí, noblemente, me gusta celebrar el triunfo propio, no la derrota ajena. Por eso mi indignación con el "hachedepé" de Piqué, el desfasado en momento y lugar que celebra el no-triunfo de otro en vez del triunfo propio. Valiente "hachedepé".



Piqué, hijo mío, me retiro y no te educo. Eres muy tonto. (Carles Puyol)
Es asombroso que el club que se vanagloria de inculcar a sus jugadores lo que ellos dicen ser "seny, valors y humildat" permita conductas como las de Piqué. Estoy convencido de que si llega a estar el señor Carles Puyol en esa celebración, rápidamente le da un capón al pedazo de "machocabríodegrantamaño" conforme dijo su imbecilidad de Kevin Roldán. Puyol si que llevaba "seny, valors y humildat" por donde iba. Por eso era un gran capitán, un emblema y un tío respetado por los madridistas de bien como el que escribe. No se puede decir lo mismo del "hachedelagranpé" de Piqué. Pero claro, siempre ha habido gente con clase y clases de gente. Y ese "hachedepé" no se qué clase de gente será, pero desde luego no es gente con clase. Es muy importante saber perder y mantener las formas. Pero es mucho más importante saber ganar y comportarse. Y el "hachedepé" de Piqué lleva ya demostrado en varias ocasiones que no sabe. Buscar un minuto de gloria cuando no es necesario... incluso es comprensible por estar de celebración, pero que el minuto de gloria sea a costa de mofa, befa y burla del rival cuando no hay motivo para ello, es totalmente innecesario. Y el "hachedelagranpé" de Piqué es lo que hizo. Seny. Valors. Humildat. Retratado una vez más.

Lo dicho. Mi enhorabuena y reiterada felicitación al Fútbol Club Barcelona por el triunfo conseguido. Mi máxima congratulación para la hinchada y simpatizantes del Barça. Óle, óle y óle por el triplete conseguido y revalidado, por el fútbol de Iniesta, por el espléndido juego de Luis Suárez, por las genialidades de Messi, por las grandes paradas tanto de Claudio Bravo como de Ter Stegen, por el gran entrenador Luis Enrique, etc, etc. Aquí un madridista cerrado os aplaude. Pero a ti, Piqué, a ti no me cansaré de decirte que eres un "hachedelagranpé". ¡Ojo! Y sin haber escrito ni un taco en todas las líneas. Búscalo, lector, búscalo a ver si lo encuentras. Ni uno. Y con el seny, valors y humildat que tu no tienes, yo que no estoy de celebración, ni tengo por qué ganarme a nadie, ni mi pequeño blog va a tener minuto de gloria por ello, vuelvo a repetirte que eres un "hachedepé". Con todas las letras. Vamos, mayormente para que veas lo que es una mofa sin sentido y fuera de lugar. "Hachedepé" que eres un "hachedelagranpé".


miércoles, 3 de junio de 2015

VIRGEN DE LA CABEZA

Soy consciente de que esta entrada llega un poco tarde, pero he tenido un ajetreo fuera de lo común en mi metódica vida y no he podido verter unas líneas antes en el Rincón. De modo que a los que os haya hecho esperar demasiado os pido perdón a lo Antonio Orozco. Pido perdón a sabiendas que no lo concedas, pido perdón de la única forma que sé: escribiendo. Dicho esto me inmiscuyo de pleno en la gramática y comienzo un incesante tecleo hasta que concluya esta pequeña entrada dedicada a la gente buena que con costal y faja realizan el más bello oficio que exista: pasear la fe por las calles. En esta ocasión y como siempre ocurre en el mes de Mayo la imagen paseada de ferviente manera fue la Virgen de la Cabeza, nuestra querida pequeñita y morenita, la célebre aceitunita bendita. Cuántas oraciones se esconden bajo sus gruesos faldones verdes que reflejan la esperanza. Cuántas ilusiones y cuánta amistad compartida en esa calurosa tarde de Mayo en que la Morenita sale a las calles...

Esta cofradía de Gloria quizás sea de las que mejores ratos me ha dado por muchas cosas: por compartir trabajadera con quien la comparto, por ser el primer paso que saqué a costal fuera de la Semana Grande, por los buenos ratos en la igualá y en la desarmá, por acercar la imagen mariana a unas monjitas residentes en la periferia de la ciudad, etc, etc. La verdad es que me gusta por varios motivos y este año fui feliz con Ella (como siempre) y más aún cuando al salir de relevo estaba Gemma viéndome. Fue emotivo y ella sabe por qué, aunque puedo adelantar que a ella no le gustan las cofradías  y yo no me esperaba que finalmente viniera, por lo que, que ella viniera y verla, me alegró mucho. Espero algún día explicar el por qué y eso me haría triplemente feliz: feliz por pasear a la Virgen de la Cabeza, feliz por estar Gemma por allí y feliz por poder explicar por qué aquello me hizo tan feliz. El caso es estar feliz fuere de la manera que fuere y ojalá estuviera en mi mano que todo el que leyere estas líneas también estuviera siempre feliz. Si yo puedo contribuir a ello que no dude en decírmelo. Al fin y al cabo la vida es mucho más bella así.

Lo que es la procesión en sí transcurrió con la elegancia y buen hacer que viene demostrando esta cuadrilla de amigos desde hace años. La conjunción entre veteranos y noveles (como en el Himno del Real Madrid) viene siendo total y ello se transmite de parihuela para arriba meciendo a la Aceitunita con gracia y salero por un lado y con arte y esmero por otro. El caloret (como diría Rita Barberá) hizo acto de presencia y la cuadrilla de los chiquinines que hacía la salida nos dio el relevo a la cuadrilla alta con las maderas ya humedecidas por el sudor y el termostato autoregulado a 40 grados aproximadamente. Cuánto nos gusta el oficio costalero para meternos en estas faenas, de verdad. Pero la satisfacción y la sonrisa no se comprenden si no se ha estado nunca bajo los pasos. Por eso me siento orgulloso de ser costalero. Conozco bien esa satisfacción y esa sonrisa generadas por el esfuerzo hecho con el más profundo sentimiento que oculta y merma todo resquicio de cansancio físico que pueda aparecer.

Un año más me quité el costal con los ojos humedecidos y mirando a la Madre de Dios le suspiré un "Ahí quedó" cargando la suerte hacia la nostalgia y la esperanza. Ella me entiende y aunque no sea mi Macarena del alma ni la Virgen de la Salud a la que tanto afecto estoy cogiendo, no dejan de ser una representación más de la misma y única que escucha cuando desde el corazón sale un Ave María sin que se tercien palabras. ¡Viva la Virgen de la Cabeza! ¡Viva la Morenita! ¡Viva la Aceitunita Bendita! ¡Y viva la Madre de Dios!

martes, 19 de mayo de 2015

SENDERISMO POR LA SIERRA DE MALAGÓN

Como no todo es sacar cofradías y jugar al pádel, me refiero, evidentemente, al tiempo libre pues el resto lo ocupo ejerciendo la abogacía, también gusto de patear caminos con mochila y bordón. Y además del Camino de Santiago, en especial el Camino Francés, madre de todos los caminos, me encanta caminar por senderos y rutas de mi tierra que, en ocasiones, no llevan a ningún lugar sino a la mera satisfacción y encuentro con uno mismo. Si bien he recorrido ya bastantes caminos y todos me han llevado a algún lugar, hay rutas que son de ida y vuelta y al lugar al que te llevan no es visible a los ojos sensoriales sino a los ojos del corazón. Ya lo decía el Principito: "lo esencial es invisible para los ojos". Y en esta ocasión así fue la ruta. El punto de salida y retorno comenzó donde el coche quedó aparcado. Lo esencial es lo que acaeció entremedias. Unos cuántos kilómetros que nos llevaron hasta la "Plaza de los Moros" y nos volvieron a regalar vivencias y pasos a cuatro amigos, dos padres y dos hijos, que llevamos recorridos algo más que un puñado de kilómetros juntos en esta vida: Jesús Cecilio Velascoín y su hijo Alberto, mi padre y yo.

Jesús y mi padre subiendo hacia la Plaza de los Moros
Al grano. La ruta empezaba atizando nada más empezar. Me gusta llanear unos kilómetros antes para templar bien las piernas antes de comenzar una ascensión pero en esta ocasión el camino comienza con una cuesta arriba, no muy exigente al lado de otras que ya he pateado pero sí lo justo para hacerte brotar las primeras gotas de sudor en la frente. Al menos hay camino y digo esto porque conforme continúa el ascenso el camino se va convirtiendo en una vereda minúscula que finalmente pasa a ser una senda de tamaño para una sola persona y por último desaparece entre las hierbas primaverales. Pero el objetivo estaba claro: seguir y seguir hasta coronar el cerro. A decir verdad yo llevaba años sin trepar por riscos y, entre eso y el tendoncillo de la rodilla izquierda que me da guerra cuando quiere, iba con cierto respeto en la aventura. Pero feliz. Caminar con Jesús, Alberto y mi padre me gusta. Vamos, mi padre es mi padre y Jesús y Alberto son como de la familia pero sin el "como". ¡Qué coño! Jesús me ha tenido a mí en brazos y yo he tenido a Alberto en los míos. Son más que de la familia. A Albertucho lo quiero como a un hermano pequeño y su padre fue mi padrino jurídico cuando juré la Constitución. Son muchos recuerdos, muchas experiencias y no concibo la vida sin saber que están ahí al lado. Por eso iba feliz. Y con la mochila y el bordón subiendo y caminando. La ruta la habían elegido ellos y fue un acierto. Y mi padre también estaba contento. Compartir ratos con su amigo Jesús le llena el espíritu.
En la Cruz a mitad de subida. In memoriam
Entre piedras y riscos fuimos subiendo por un sendero en el que a mitad de camino a mano derecha se levanta una cruz metálica que no sé bien lo que conmemora, pero desprende hálitos de tiempos de guerra y sierra de maquis. A la altura de la dicha cruz ya se aprecia bastante la subida acometida y comienzan a merecer la pena las vistas de la comarca que desde allí se aprecian. Pero lo mejor estaba por llegar. Había que continuar subiendo hasta llegar a la cima del cerro, al punto álgido de la sierra. En las siguientes fotos se ve a Alberto ya arriba y a mi padre y a mí continuando la subida. Fue una preciosa aventura sin lugar a dudas.
Alberto coronando el cerro
Mi padre y yo continuando el ascenso
Arriba del todo, coronando el conjunto se halla un rollo de piedra que indica un punto geodésico nacional: una de las puntas de la corona de la Mancha, uno de los puntos más altos de la región sobre el nivel del mar, uno de los vértices geográficos que se usan para la medición de coordenadas en los gps. Para acceder al mismo hubo que trepar (literalmente) por peñascos y rocas y, finalmente, llegamos a él. Se asienta en la llamada "Plaza de los Moros" y bajo la misma se esconden restos de una antigua fortaleza. En el paraje todavía se ven grandes piedras pertenecientes a las cimentaciones de lo que allí hubo. Muchas de ellas están desprendidas y dan un aire histórico-medieval al lugar. Mejor hacer la ruta y comprobarlo in situ. Con las fotografías que os voy poniendo intento ilustraros lo que pudimos disfrutar en la mañana de senderismo. Tanto los lugares por los que estuvimos como las caras de felicidad y las vistas que os decía creo que quedan patentes.


Placa hallada a los pies del vértice geodésico

De izquierda a derecha: mi padre, Alberto y Jesús.
La mañana concluyó saboreando una fresca jarra de cerveza con limón que nos hizo recuperar los líquidos perdidos y escondernos un poco del calor primaveral que ya empezaba a hacerse notar de forma más que directa. Previamente y para ganarnos aún más la recompensa pateamos un tramo de la Ruta del Quijote viendo el viejo molino Carrillo, las esclusas de agua, el río Bañuelos y el canal del mismo que va a parar al Pantano de Gasset. No sé los kilómetros que haríamos en la jornada, pero volvería a hacerlos sin duda más de una vez y con los mismos. Vale.

Finalmente llegué al vértice geodésico. Y fui feliz.
Al fin y al cabo... La vida es caminar.

martes, 5 de mayo de 2015

UNA ROMERÍA MÁS EN LA VIRGEN DEL MONTE

Los que seáis asiduos lectores del Rincón os habréis fijado que el reloj de eventos siempre descuenta el tiempo que queda para cuatro fechas: Vacaciones de Verano, Navidad, Semana Santa y la Romería de la Virgen del Monte. Quizás en alguna ocasión haya metido alguna fecha más entremedias por considerar que era merecedora de ello, pero lo normal es que siempre figuren esas cuatro y llegada una actualice el reloj cuenta atrás a la siguiente. Bien, pasada La Gloria de las Cofradías (Semana Santa) la siguiente fecha es la de la Romería de la Virgen del Monte. Van seguidas y su diferencia temporal lo más que llega es a un mes mal contado, pues la Semana Grande siempre es en Marzo o Abril dependiendo de la luna del Parasceve y la Romería es siempre el último Domingo del mes de Abril. De esta manera el relojillo que marca la cuenta para la fiesta mariana entre lumbres, calderetas y chozos, es el que menos luce puesto en el blog pues enseguida caduca. Pero no por ello es el que menos saboreo. Al contrario. La romería es una de esas fiestas que siempre estoy deseando que llegue por todos los momentos de felicidad que me regala. Y este año vuelvo con ilusión a hablar de ella tras no hacerlo el año pasado por motivos que, igual que me los quitó la vida, espero que me los dé pronto. Vamos a ello. Por cierto, si miráis ahora el reloj ya no está el de la Romería. Está el que va restando días para las vacaciones de Verano un año más. Cuenta atrás para el día 31 de Julio... Y ahora sí, vamos con la Romería.



Y como lo primero es lo primero, antes del cachondeo me gusta cumplir marianamente con la protagonista de todo esto que es quien lo hace posible (se piense como se piense y se crea como se crea sin Ella no existiría este evento). Me gusta ir a verla, darle recuerdos de otros, hablarle un ratito y evocar en su santuario aquellos años de tierna infancia en los que un pequeño infante al que enseñaban a volar una cometa y se quemaba (literalmente) el culo sentándose en una piedra al sol por mojar pan con avidez en el caldo de un bote de berenjenas, era feliz en el dominio de sus rasos sin saber que la vida le depararía unirse a ellos unos veinticinco años después. Y año tras año me embargan la mente esos recuerdos y fiel a la cita sonrío ante la Virgen del Monte comenzando la romería que tanto me entusiasma.
Así pues llegó la Fiesta de la Virgen y con ella la alegría de los romeros. Me gusta sacar del cajón mi gorro feo de romerías y ponérmelo en estos días en los que la máxima celebración humana es festejar a base de comer y beber. Me gusta reencontrarme con los mismos y en los mismos sitios. Soy tradicional y me gusta serlo y sentirlo. Me apasiona estar de lumbre en lumbre pasando buenos ratos y risas, recordando esos buenos ratos y risas de otros años y brindando por los venideros. Y este año no iba a ser menos y allá que fui y allá que estuve, evidentemente. Y me pasó una cosa muy curiosa. Yo soy fiel a mi 100 Pipers con naranja pero este año no me tomé ni una copa igual. Fui buscando mi 100 pipers y no lo encontré y a lo tonto me transformé de romero a controlador. Y me dediqué a controlar donde podría estar el puñetero elixir de los 100 gaiteros. No lo encontré pero probé siete u ocho whiskys diferentes. Pero ¡eh! por aquello del control de calidad, no por estar de romería. Hombre, por favor. Pasaron con nota la prueba el Jameson, el Cutty Shark, el Ballantines, el Dyc reserva 8 años, el J.B (Justerine and Brooks, como domino el asunto) y los otros que ya no recuerdo pero que estaban muy ricos y fresquitos. De alguno incluso repetí porque quedaban dudas de si se habían curado en la barrica adecuada o no. Cuando me dí cuenta que mi estado etílico era más de romero que de controlador, decidí dejar el alcohol de romero y volver al alcohol de controlador, pero ya era tarde porque el romero es una hierba aromática y el alcohol me controlaba a mí y deambulaba cual marioneta, total que junto con Justerine and Brooks seguí buscando a 100 Pipers y volví a encontrarme a mi buen Jameson que se había convertido en romero, romero, romero que salga lo malo y entre lo bueno y tocando palmas nos fuimos Justerine, 100 Pipers, Jameson y yo a buscar a Brooks que había discutido con Jack Daniel´s y se había ido a ver a Cutty al chozo de Dyc.




Al final yo no sé que pasó pero terminé harto de ellos (los whiskys)  y opté por tomarme un botellín de cruzcampo que para eso estábamos de Romería. La gente me miraba raro pues deambulaba por la romería con un caminar un tanto curioso a la vez que contaba chistes y cantaba coplillas, algunos y algunas se reían diciendo "¿cuántos botellines te has tomado?" y yo les decía que ese era el primero y se meaban de risa. No entienden la dura vida romera del controlador y encima se toma uno un botellín y ya se creen que va templado... Pues el año que viene a 100 Pipers lo buscáis vosotros. Eso sí, si me tiemplo a botellines no me digáis luego "¿cuántas copas de whisky te has tomado?" Bacines que sóis unos bacines. Hombre ya. ¡Viva la Romería!


Por la noche no sé muy bien que pasaría pero según Gemma pegué unos ronquidos que no sabía si estaba en el paraje de la Virgen del Monte o en Mordor convertido en orco. Se ve que en sueños encontré el 100 pipers y empecé a gritar: ¡¡Es míoooo!! ¡¡¡Mi tesssoorooo!!! pero en un dialecto entre la lengua de Gollum y arameo antiguo. Según ella eran ronquidos y ruidos guturales dignos de bestias del jurásico. Según mi leal saber y entender (como dicen los peritos) un botellín de cruzcampo (sólo uno) no provoca eso. Y cuando me dijo: "Va a ser del 100 Pipers", le dije "imposible. Ni una copa de eso me tomé". Y bien verdad que es porque no lo ví en toda la romería. De Justerine, Jameson, Ballantines y esa gente no le hablé. Son buenos chicos, la verdad, además os recuerdo que aprobaron con nota el control de calidad. Y en mi faceta de romero me alegraron bastante.

En fin que entre el control de calidad, los inseparables elixires que iban introduciéndose en el vaso que yo portaba, los unos, los otros, los de siempre en sus lugares y el cumplir con la tradición, me pasé una buena romería y disfruté todo lo que me dejaron que no todo lo que pude, porque uno además de controlador es controlado y hay veces que lo ponen a escuadra y se le quedan las orejas como a un pachón. Pero, vaya, eso se cura debatiendo si eran ronquidos o dulces respiraciones fuertes melódicas y acompasadas en torno a una lumbre en la que se está guisando una buena sartén de gazpachos manchegos o una rica fideuá. Y entre medias unas tapejas que estamos de romería, mujer. ¡Que no nos falte de ná, que no que no! ¡¡Viva la Virgen del Monte!! ¡¡Y su Niño!!


Dedicado a todos aquellos que año tras año me hacen reír y ser feliz de chozo en chozo.

miércoles, 15 de abril de 2015

MI SEMANA SANTA 2015

Hacía mucho tiempo que quería disfrutar de una Semana Santa tan plácida y feliz como la recién acabada. Y este año por fin ha llegado el momento de disfrutar lo soñado y de no dejar de soñar lo vivido esos días. Espléndido tiempo de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, incluidas las vísperas del Viernes de Dolores y el Domingo de Pasión aunque en el último tramo de este día la lluvia apareció de manera testimonial, si bien no volvió a dar noticias de existencia en todos los posteriores días de gloria cofrade. Felicidad máxima en mi persona al poder pasear mis cofradías en un año tan especial como éste en el que cumplía veinte primaveras paseando sin interrupción al Señor. Veinte años siendo los pies de Dios es un privilegio.

Llegó el Domingo de Ramos y se acabó la más preciosa de las esperas cuando el pueblo recibió con palmas y olivos la primera de las hermandades que habrían de caminar por esta civita regia. Encendí el incensario que humea de año y año y me eché a la calle a ver los primeros nazarenos de la Hermandad de la Borriquita que dan comienzo a la Gloria. Y así fue bajó un sol espléndidamente azul y una temperatura óptima. Ví con Gemma la cofradía en varios puntos y marchamos a casa pues por la tarde sacaba la primera de las tres cofradías que saco a costal. A media tarde con los Legionarios de los Ángeles sacamos al Dios Cautivo en su Prendimiento hasta el corazón de la ciudad. Para mí es especial esta cofradía y cada vez más. Impera el buen ambiente en la cuadrilla, cada vez son más amigos los que tengo allí y mi amada Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva es la que pone los sones al caminar del Señor. Todo un disfrute para los sentidos que culminó cuando mi cuadrilla, que este año hacía la entrada, arrió el paso con la última orden del capataz. Y para más honra y orgullo debutó en las trabajaderas mi último costal. Hecho con amor de madre y esposa y conjugando la inocencia y juventud de "Manolín, el niño costalero" y la sapiencia y legado del capataz poeta Don Manolo Santiago. Savia nueva y experiencia. "Que los años se rompan en el tiempo pero el amor del costalero siga vivo". Así moría el Domingo de Ramos. Ahí quedó.

El Lunes Santo transcurrió como siempre en esta ciudad en la que todavía (incompresiblemente) no se ha abierto la veda a las hermandades en dicha jornada. Por la noche, fiel a mi cita, acudí al Vía Crucis de Penitencia. Me gusta reencontrarme allí con mi amigo Willy y rezar con él por los tiempos pasados y los que han de venir. Todavía resonando el eco en la Catedral de los últimos rezos de las gentes marchaba para casa a descansar y a soñar con un Martes Santo de ensueño que comienza para mí cuando el muñidor llama por tres veces a las puertas del Carmelo.

El día amaneció tal cual iba a ser la tónica general de la semana. Totalmente despejado e invitando a disfrutar de las cofradías en la calle. A las nueve en punto de la noche se abrían las puertas del Convento del Carmen y mi Hermandad de las Penas comenzaba su caminar. Yo me encontraba en el sitio que más me gusta. Bajo el paso del Señor. En esta ocasión no suenan aplausos ni bandas. Suena racheo de costaleros y el silencio de la noche. Es indescriptible lo que siento siendo peón de esta cofradía. Recogimiento y fe. Los kilos del caminar de Dios sobre mi cerviz. Y esto no es un autopiropo, ni una medalla de calle a la galería. Es un orgullo y un privilegio: el pasado Martes Santo no hubo relevo en la primera trabajadera que es la mía y desde el zanco izquierdo saqué al Señor de mármol a mármol, de salida a entrada. Ahí queda en mis recuerdos el paseo carmelitano al Nazareno de la túnica granate. Esa mezcla de sentimientos, de fe, de oración, de trabajo, de esfuerzo, de emoción, de hermanamiento, de sudor, de aroma a incienso de canela, de letanía y de sabor rancio y añejo que deja la Hermandad de las Penas en la calle solo es apta para paladares cofrades sublimes.


Casi sin darme cuenta amanecía ya un nuevo Miércoles Santo y debía cumplir de nuevo con raza costalera con la última de las tres cofradías que paseo. Día grande para mí desde mi más incipiente juventud cofrade. Veinte años ya amarrado a la columna del Dios bueno de la Flagelación siendo sus pies por las calles. Qué honor. Este año la unión de la cuadrilla ha sido enorme. No recuerdo nada igual en las dos décadas que llevo ahí debajo. He echado de menos a muchos amigos y he conocido a otros tantos. Jamás me cansaré de decir que lo mejor de las cofradías son las amistades que regalan. Aquella frase de Don Rafael Díaz Palacios me marcó y cuán cierta es. El paseo con mayúsculas que le dimos a Nuestro Padre Jesús de la Bondad todavía no me lo creo. El espíritu siempre arriba y la gente del costal derrochando casta y raza. El barco de oro para el Pescador de Hombres surcó la ciudad y nos regaló momentos tan emotivos como el rezo a los pies del Camarín de la Patrona y la levantá en las Puertas del Cielo (Convento de las Hermanitas de la Cruz) en la Plaza de Santiago.

¡¡Qué gran cuadrilla tiene el Señor de la Bondad!! Cuánto oficio costalero se esconde tras esos faldones. Mi gente, mis hermanos, mi sangre. Si la palabra "orgullo" tiene significado es pertenecer a esa cuadrilla. Al terminar la Estación de Penitencia y quitarme el costal dos sentimientos, uno externo y uno interno. Externo el abrazo a todos mis compañeros. Interno el regustillo de las cosas bien hechas y cumplidas. Gracias, Señor de la Bondad.

Jueves Santo ecuador de la Semana Grande y día que por la noche sale la Esperanza. La Madre de Dios sale a repartir su nombre por Sevilla y por el mundo entero. Y eso no hay macareno que deba perdérselo. Yo juré las reglas de la Hermandad de la Macarena y allí estaba. Conforme me levanté de la cama tras bien descansar de mi última salida de costalero en la Semana Santa, prendí mi maletilla y puse rumbo a Serva la Bari. En la mágica y bética urbe ya bullía el ambiente de lo que estaba por venir. A las cuatro de la tarde abandonaba mi querido Hostal Jentotf y partía hacia el centro de Sevilla a empaparme de cofradías con la compañía de mis primos que ya estaban por allí. Había mucho por ver y muchas horas por vivir en esa tarde-noche. Fue todo un bucle. Vimos juntos todas las cofradías de la recién estrenada tarde del Jueves Santo: Negritos, Cigarreras, Exaltación, Monte Sión, Quinta Angustia, Pasión y Valle. Cayó la noche y fuimos a verla salir. El pueblo esperaba a su Esperanza. Miles de personas nos dimos cita en los alrededores de la muralla y el Arco donde dicen que vive la Madre de Dios, que lleva por nombre el nombre de su barrio y que según la mires sonríe o llora de pena, Macarena. Y salió radiante a pregonar su sentimiento por las calles. Y allí estuve yo. A la salida y a la entrada. Unas doce horas entremedias desde la salida a la entrada me sirvieron para ver al Dios mismo caminando por las calles, Jesús del Gran Poder, "El Señor" sin más, y a otras grandes hermandades como El Silencio, El Calvario y La Esperanza de Triana. En esta ocasión Los Gitanos hicieron su recorrido sin que me diera tiempo a verlos. Tras quince horas seguidas viendo cofradías, pues desde las 16:00 que salí de mi alojamiento me retiraba a dormir a las 07;00 de la mañana, caí en la cama rendido y me puse la alarma a las 13:30 horas para irme de nuevo a San Gil, a la Basílica de la Macarena, a disfrutar de la entrada del palio de mi hermandad. Cuando se recogió la Esperanza de su paseo anual marché a comer y a prepararme para ver todas las cofradías del Viernes Santo. Qué grandes y macarenos momentos pasé este año con mis hermanos de morado y verde. Somos ya más de 15.000 las almas las que conformamos esa familia.

Con igual énfasis seguí mi gloriosos días en la Gloria. Pateando Sevilla el Viernes Santo que llegó de la mano del Jueves Santo a través de otra imborrable Madrugá. Disfruté de todas las hermandades de este gran día. Son dispares entre sí y cada una con su encanto: el sabor antiguo de la Soledad de San Buenaventura, el luto y llanto de la Mortaja, las tres cruces que vienen de Real de la Carretería, las otras tres de la cofradía de Montserrat, el Nazareno y palio de la O, el silencio de las Tres Caídas de San Isidoro y el Cachorro expirando por el Puente de Triana camino del centro de Sevilla. Tras tan ardua batalla para las piernas y pies, acompañado de mis primos, cerré un precioso Viernes Santo con una buena dosis de pescaíto frito y paseando con un helado camino del hostal. En esos momentos la palabra felicidad me invadía.


Continuó la Semana Grande siendo espléndida y dejándose acariciar como hacía años que no lo hacía. El Sábado Santo llegó con una agradable bajada de temperatura que hizo que el día fuera más delicioso todavía para disfrutar de las cofradías. Las hermandades del Sol, Los Servitas, La Soledad de San Lorenzo, La Trinidad y el Santo Entierro plagaron las calles de la mariana ciudad de Sevilla con capillos, cirios e incienso. Me encanta la solemnidad de la cofradía que representa el entierro del Señor. Me apasiona el señorío de la Soledad en todo su recorrido. Me gusta muchísimo la cofradía de la Trinidad desde la Cruz de Guía hasta la presidencia del Palio. Me sigue sorprendiendo la joven Hermandad del Sol con su alegoría del Varón de Dolores y su llamativo palio. Pero si para mí el Sábado Santo hubiese de describirse en dos palabras sería "Comunidad Servita". El romanticismo y buen hacer de esta cofradía en la calle es de babero. Impresionante la Hermandad de los Servitas.

La Semana Santa concluía ya y sólo quedaba ver la última cofradía y, aviso los resabiados que dicen que la Semana Santa termina en San Lorenzo, la que pone sentido a todo lo anterior. La Resurrección. Sin ella todas las cofradías anteriores no servirían. El gozo del cofrade es el Domingo de Ramos y el gozo de la Semana Santa el Domingo de Resurrección. Y no es que yo lo diga. Es que es así. Y por tanto la Semana Santa termina en Santa Marina con el Dios Resucitado y su Madre Aurora sin lágrimas en la cara. Y volvió a pasear por las calles la Cofradía de la Resurrección y allí estaba yo para verlo. El aroma de esta hermandad a su paso por el Convento de las Hermanitas de la Cruz es de lo mejor de la Semana Grande. Y desde ahí hasta su entrada el cofrade disfruta de las últimas chicotás y marchas que a la vez que ponen fin a una Semana Santa comienzan la cuenta atrás para la próxima.
Este año ha sido espectacular. A ver cuándo es el siguiente que sea como este: pleno de cofradías en la calle y sentimiento, unión y disfrute en iguales partes. Mi Ciudad Real natal y mi Sevilla del alma. Y como compañeros un Dios Cautivo con blanca túnica, un Nazareno de Penas en el Carmen, la Bondad de Dios que pasea los Miércoles Santo y la mirada siempre puesta en la Esperanza. Así sea.

jueves, 26 de marzo de 2015

"PASO A PASO" EN LA RADIO

Mi primera intervención en Paso a paso de Onda Cero
Estas líneas narrarán mi trayectoria radiofónica. Es novísima y por supuesto muy escueta y ligera pero quería dedicarle unas palabras y un agradecimiento a Onda Cero Radio por confiar ciegamente en este loco cofrade y atreverse a ponerlo delante de sus micrófonos para dar voz a las cofradías. La verdad es que nunca me había planteado ni ponerme delante de un micrófono, ni tan siquiera ponerme unos cascos en la cabeza y meterme en un estudio de radio. Pero por las cofradías puedo hacer cualquier locura y ésta fue una de ellas. Amigos de las hermandades me invitaron a suplir el hueco dejado por el colaborador literario en el programa radiofónico cofrade "Paso a paso", cuya labor era redactar y recitar en la radio como cierre del magazine un poema de temática cofrade. Acepté sin pensarlo pues me gusta escribir. Y además hacerlo hacia algo que amo como es la Semana Grande y, para mayor abundamiento, poderlo expresar abiertamente era una oportunidad que no podía dejar pasar. Así es que, nuevamente tirando de raza costalera, venga de frente y al lío.


El debut fue como lo esperaba. Lleno de nervios y me tocó recitar la poesía dos o tres veces pues no atinaba a pronunciarla entera de manera correcta y no quería dejar en mal lugar a quienes hubieron apostado por mí y, evidentemente, no quería quedar yo mismo mal en antena la primera vez que se escuchase mi voz. El caso es que salió finalmente todo bien y acorde a lo esperado y ya me guardaron un sitio como colaborador literario e incluso me dieron voz como contertulio en alguno de los programas. Aguardaba cada Lunes de antesala a la Gloria con ilusión para grabar mi colaboración en el magazine cofrade y que la gente pudiera escucharlo en Onda Cero cada Martes de Cuaresma. Y hoy sigo haciéndolo con la misma alegría que entonces. El pasado año 2013 grabamos cinco programas de "Paso a paso" y en todos ellos puse el cierre poético, mientras disfrutaba de charlar de cofradías con los invitados y aprendía de Paco Pérez y de Gonzalo López de Coca, directores del programa, la actitud y aptitud ante los micros dependiendo de la situación.


Paco Pérez Corrales, Gonzalo López de Coca y Carlos Lillo
Directores del programa radiofónico cofrade "Paso a paso"
Esperaba con ganas una nueva Cuaresma para continuar mi pequeña aportación radiofónica al programa cuando recibí la noticia a través de Paco Burgos. Este año "Paso a paso" contaba con un nuevo miembro en el magazine que se incorporaba junto a Paco Pérez y Gonzalo. Cuando pregunté quién era para darle la enhorabuena se rió y me dijo que era yo. Me quedé mudo. Mudo y blanco. Contaban conmigo para co-dirigir el programa junto con los dos fenómenos que ya lo hacían. No me lo esperaba para nada ni sabía en absoluto que eso ocurriría. No me lo creí hasta que en la primera grabación de este año, Consoli Romero, "la jefa" de Onda Cero que nos permite grabar nuestro programa, dio presentación al programa y, efectivamente, me nombró como uno de los directores del espacio. No olvidaré la sintonía promocional del magazine ni el inicio de cada uno de los programas de esta Cuaresma donde se ha escuchado: "Aquí comienza Paso a paso, con Francisco Pérez Corrales, Gonzalo López de Coca y Carlos Lillo Talavera".

Antonio Centellas y Daniel López, invitados al programa
Así pues este año he colaborado en los programas participando en las entrevistas a los invitados, poniendo a alguno de ellos en apuros, haciéndoles baterías de preguntas cortas para que los oyentes los conozcan mejor, proponiendo nombres de personas que podríamos llevar al magazine, preparando el programa, eligiendo alguna marcha, aportando algún detalle y, siempre, adaptándome a la decisión de Gonzalo y sobre todo de Paco Pérez como directores con solera del programa. Yo soy el último en llegar y demasiado han confiado en mí y me han dejado colaborar en todo, incluso en el programa que dedicamos a tertulia de capataces y costaleros me dotaron de libertad total para elegir a los invitados. No puedo olvidarme del enganche entre el mundillo cofrade y Onda Cero que recae en la persona de Paco Burgos. Capillita, costalero, contraguía, trabajador de la radio, buena persona y amigo que hace posible que podamos emitir "Paso a paso" y que lidia entre nosotros y Consoli para que salga todo lo mejor posible. Su trabajo en la sombra es gran culpa de que todo esto sea posible y de que yo me encuentre tan feliz entre ellos.

Cuando terminamos la última grabación de esta Cuaresma me quedé unos minutos sólo en el estudio, hice algunas fotografías, pensé por enésima vez que estas pequeñas cosas son la esencia de la vida y tuve claro que vertería unas líneas sobre ello en el Rincón. Aquí están y sirvan de agradecimiento a Onda Cero Radio Ciudad Real, a Consoli Romero, a Paco Burgos, a Paco Pérez y a Gonzalo López de Coca. ¡¡Gracias!! Espero repetir muchas veces más mi característico "Buenas tardes. Un Martes más, poniendo voz a las cofradías" y seguir con vosotros paso a paso en "Paso a paso". Gracias de nuevo. Gracias.