Rincón cibernético para versar sobre Cofradías, Arte, Cultura, Fútbol y curiosidades de la vida en general.
martes, 22 de septiembre de 2020
LEYENDA DE LA SIRENA DEL CONGOSTO
martes, 8 de septiembre de 2020
DE BERENJENAS VA LA COSA
Llovía en tromba. La cofradía suspendió su salida procesional y algunos de los costaleros nos fuimos al bar mientras con pena veíamos como nos tocaba guardar la ropa hasta la siguiente Cuaresma. Era el día de Santa Teresa, el último paso del año que sale a la calle. Desde ese día no ha vuelto a salir paso alguno. Llegó la Cuaresma y con ella el coronavirus. Lleva mi cerviz sin toca trabajadera en procesión más de un año. Increíble. Bien, dicho ese apunte, aquel lluvioso día de Octubre en el bar "El Carmen" estaba hablando con Pablo Herreros, hombre bueno y costalero veterano, de viandas y guisos manchegos, pues a los dos nos une el gusto por la gastronomía de nuestra tierra. Y conversando sobre la conserva y llenar las alacenas para el invierno me dio una curiosa receta de uno de los platos más conocidos por estos lares: las Berenjenas de Almagro. Evidentemente un cocinillas como yo debería probarla y guardé celosamente la receta que a Pablo le hubieron dado unos lugareños de Pozuelo de Calatrava. Y este verano que he tenido la oportunidad me he puesto con ello y ya reposan aguardando su momento para ser abiertos unos hermosos tarros de conserva llenos de berenjenas.

jueves, 27 de agosto de 2020
LOS VAIVENES DEL FÚTBOL

Me gusta, de vez en cuando, releer mis propios textos y entradas viejas. Me traen recuerdos y sonrisas a mí mismo y, además, me sirven para corregir alguna falta ortográfica que, muy tuna ella, entre tecleos rápidos, odiosos correctores que yerran más que aciertan y lecturas fugaces, se empeña en permanecer en el lugar que no le corresponde. Y mira por donde, hoy releía las últimas veces que escribí de fútbol. En concreto las dos últimas. En la penúltima el Real Madrid volvía a estar de dulce y a ganar partidos casi por inercia. Y en la última, si antes lo digo, el Real estaba metido en una espiral autodestructora de la que no salía ni era capaz de levantar cabeza tras la caída. Y en esas estábamos cuando llegó el clásico en el Santiago Bernabéu, los goles de Vinicius y Mariano al Barcelona, el partido y el liderato para el Madrid, la derrota contra el Betis, el liderato de nuevo para el Barcelona y, ¡tachán! la pandemia del coronavirus. Una montaña rusa en la que el club de Chamartín volvía a lo más alto, acto seguido volvía a caer y para remate se desató una enfermedad a nivel mundial que conllevó la declaración del estado de alarma, la suspensión del torneo e incluso el confinamiento de la población durante prácticamente tres meses. Casi nada. Lógicamente la vida futbolera en su más amplio entendimiento se vio afectada y estrictamente nadie sabía si se reanudaría, si no, en qué estado y cuál sería el ánimo y rutina de su equipo. Los madridistas, acostumbrados a golpear cuando nos dan por muertos y a morder el polvo cuando nos quieren levantar un altar, no sabíamos si, en caso de reanudarse el campeonato doméstico, la senda a seguir volvería a ser la de la victoria o la del fracaso. Tocaba esperar.
Y llegó el retorno, el reinicio o la restauración. El caso es que por una cosa u otra la liga volvió a jugarse y de una manera peculiar. Había que acabar la competición como fuese (cosa que jamás entenderé muy bien por qué) y los mandamases del asunto estimaron propicio poner un calendario en el que los equipos jugasen cada tres días para disputar así las once jornadas que restaban. Y el Madrid decidió que esa liga sería suya. De los once partidos ganó diez de manera consecutiva y empató el último, ya intrascendente pues se hubo proclamado campeón la penúltima jornada. Hoy que lo escribo a toro pasado parece mucho más sencillo de lo que fue, si bien, todo hay que decirlo, hubo suerte en algunos partidos, mucha suerte en otros y una decadencia y acentuado declive en el eterno rival. Lo del Barcelona es otra película pero el final de temporada que ha tenido es bochornoso. Ocho veces bochornoso. Los vaivenes del fútbol. Se pasa de la cima a la base en un abrir y cerrar de ojos. Y además de manera ruidosa y con estrépito. Cuando los jugadores están saciados se nota y la hecatombe es terrible. Me viene a la cabeza la Selección Española, cuando tras ganar consecutivamente Eurocopa, Mundial y Eurocopa en los años 2008, 2010 y 2012, se derrumbó de tal manera que en el siguiente Mundial ni siquiera superó la fase de grupos. Increíble.
Precisamente ese resquemor lleva un tiempo sobrevolando Concha Espina. El Real Madrid, único en eso, le duela a quien le duela, ha ganado últimamente cuatro Copas de Europa, ganó tres seguidas y, a lo que iba, la plantilla de jugadores era prácticamente la misma. Tras ello llegó la caída. La hubo. Ahí está la reciente historia y la hemeroteca. Y, por supuesto, no debe omitirse el baile de entrenadores habidos y las promesas desde la cúpula de grandes cambios y renovaciones. Pero nada. Ni llegaron grandes cambios ni hubo profundas renovaciones. Quedaron atrás los episodios de la salida de Zidane, quien sabía que habría caída, el fichaje extraño de Lopetegui, su casi inmediata salida, la llegada al puesto de Solari, los devenires de Isco, James, Bale, Marcelo, etc, la vuelta al banquillo de Zidane y mil cosas más que en el mundo del fútbol ocurren en muy poco espacio temporal. Y, ahora, años después, va el Madrid y con esa misma plantilla y aquella vieja guardia, se proclama campeón de la liga más rara de la historia. Son cosas que no dejan de sorprender. Y volviendo al primer párrafo, tras la derrota a manos del Betis, en ese incipiente mes de Marzo que será para siempre inolvidable, pocos habrían apostado que el ganador de la liga 19/20 hubiera sido finalmente el Real Madrid. Yo, personalmente, no lo tenía claro.
Y, finalmente, el Real Madrid campeón de liga. Otra vez. Cosas que pasan y que deben estar ligadas con la historia de una manera que no conocemos porque siempre, siempre, siempre los capítulos más recordados los escribe el Real Madrid. No es que lo diga yo, es que es verdad. Y esta vez ha vuelto a ser así. Me llamó mucho la atención una rueda de prensa en la que el capitán, Sergio Ramos, afirmó en los micros que "Liga del Coronavirus sólo va a haber una y la quiere ganar el Real Madrid". Ese día es cuando supe que el Madrid ganaría. Independientemente de que Zidane ya dijera a principio de curso que su principal objetivo era alzarse con el título del campeonato doméstico, las dudas siempre estuvieron. Pero ese día se acabaron los vaivenes. No era cuestión de ánimo alto tras ganar el clásico o ánimo bajo tras perder con el Betis, era cuestión de que esas declaraciones de Sergio Ramos transmitían que el vestuario quería esta liga, ésta en concreto, la del año de la pandemia, la que pasará a la historia, la de los campos sin público, la que cuando pasen los años se dirá "la liga del año del covid la ganó el Madrid". Y así fue. Lo dice el himno: "Historia que tú hiciste, historia por hacer". Y la liga la ganó el Real Madrid. Costó, hubo suerte (ya lo he dicho antes) y se hicieron los deberes bien. Y aunque días después se tirase por la borda de manera estrepitosa la posible clasificación para cuartos de final de la Champions, el regustillo de esta temporada tan extraña es bueno. El fútbol es así, va y viene, viene y va. Y lo que llevo viviendo estos casi cuarenta años de vida que peino es que el Real Madrid siempre sigue ganando algo aunque venga y vaya. Entre unas cosas y otras treinta y cuatro ligas tiene ya el Madrid. Insisto: no es que lo diga yo, es que es verdad.
viernes, 31 de julio de 2020
PUDO SER Y SERÁ


jueves, 16 de julio de 2020
JULIO, JULIO, JULIO...
El año pasado por estas fechas escribía una entrada llamada "Julio, ¡ay, Julio!" pues este séptimo mes del calendario siempre es especial para mí. Y este año también aunque por diferente causa. Julio siempre ha sido el mes del disparadero de sentimientos entremezclados. Conjuga el cansancio acumulado de llevar once meses trabajando sin más festivos que los días rojos del almanaque, los nervios de ver la cercanía de Agosto con la agenda llena de planes ilusionantes durante las vacaciones, la alegría de las primeras verbenas de verano, los ratitos de cofradía y costal en la Virgen del Carmen de Ciudad Real y en Santiago Apóstol de Granátula de Calatrava, los planes de un nuevo y continuo Camino por la ruta jacobea retomándolo y reencontrándome donde lo dejé y la llegada de mi bien amada Pandorga, con aromas de limoná y pañuelo de hierbas desde mi infancia anudado al cuello del alma. Y este año, sin embargo, vagabundeo por el mes de Julio sin ser consciente que ya he consumido la mitad del mismo y no hago sino seguir ejerciendo la abogacía en vez de descontando días para el descanso sumando días recuperados del tiempo en que estuve confinado. Un Julio atípico y atópico. Joaquín Sabina diría "¿quién me ha robado el mes de Abril?" y yo digo "¿quién me ha cambiado mi querido Julio de esta manera?"
Sin ir más lejos, hoy sacaría a costal a la Virgen del Carmen, como siempre con mi abuela en la memoria, me quedarían días contados para una nueva Pandorga, tendría mi blusón manchego de mil rayas preparado y estaría descontando estos últimos quince días que me separan del mes de Agosto para volver a abrazar a mi amigo Iñaki y seguir recorriendo con él nuestro querido Camino de Santiago. Y, sin embargo, he aparcado el coche justo donde estarían los chiringuitos de la verbena, el costal reposa tranquilo en el armario de casa, la Pandorga de este año no va a existir y no tengo ni un albergue reservado porque no puedo pisar el Camino el mes que viene. ¿Dónde estás, Julio, amigo? ¿Qué ha ocurrido? Estos días en los que seguimos internos en la pandemia del Coronavirus, porque no se ha ido, sed conscientes, sigue ahí, me están golpeando el ánimo duramente. Y aunque siempre me gusta seguir haciendo planes y, a poder ser, aplazando los sueños mientras redundantemente sigo soñando con ellos, la realidad es la que es. Y duele. Cuando se es realmente consciente de todo lo que nos está robando el maldito virus hasta tal punto que ya no somos ni dueños de nuestras vidas, duele, fastidia y enrabieta mucho. Al menos a mí. Pero es lo que hay.
Y, ojo, no puedo quejarme. Ni quiero hacerlo, ni lo estoy haciendo. Desfogo mis sentimientos de este extraño mes de Julio en estas líneas personales que sé que serán leídas por los parroquianos fieles al Rincón, simplemente eso. Pero sigo viviendo con una sonrisa siempre que puedo y estoy haciendo cosas que otros meses de Julio "normales" no podría hacer. Lógicamente mentiría si no dijese que me duele no tomarme un botellín tras pasear a la Reina del Carmelo en el día de su fiesta, también me duele que este año no habrá salida procesional de Santiago con sus jóvenes costaleros debajo, me duele mucho, pero mucho que este año no haya verbena en el Perchel, mi barrio, mi infancia, mis raíces, mis recuerdos, me duele también muy profundamente que la Pandorga 2020 no vaya a existir y que la Virgen del Prado, Patrona de la Mancha, se quede sin la ofrenda de su pueblo y me duele por último no poder perderme unos días entre pueblecitos que van haciendo camino entre Roncesvalles y Compostela. Si no lo digo reviento y miento. Me duele. E insisto que no puedo quejarme pero es lo que siento. Y más me duele aún no el perderme todo eso, sino que cuarenta mil familias hayan visto igualmente todos sus planes truncados y encima estén llorando la muerte de un familiar por el puñetero coronavirus que jamás me cansaré de maldecir.
Entendedme que despotrique en mi espacio privado aún sin tener causa grave para ello. En realidad no tendría ni causa y mi queja es solo por no poder cumplir mis costumbres y tradiciones. Eso, lógicamente, es ínfimo al lado de lo ocurrido. Quien me conoce bien sabe que para mí Julio es un mes muy especial y por eso me flaquea el ánimo estos días. Y aunque llevo meses sabiendo que este Julio no sería como siempre, es ahora, cuando día tras día me topo de bruces con esta cruel verdad cuando más me duele y tomo plena conciencia de una realidad inevitable. Y quizás lo que más rabia me da es la impotencia de estar sumiso en la incertidumbre. Ojalá pudiera decir que este Julio y sólo este Julio de 2020 será el Julio anómalo, pero ¿quién me garantiza o me asegura que el próximo Julio del año 2021 volverá a ser normal? Eso sí que me enrabieta. La duda. Y ojalá no haya más ausencias en los planes de vida que haga la gente. ¿Tendremos Navidad? ¿Volverá la Cabalgata de Reyes con las gentes en las calles agolpadas entre ojos brillantes de niños? ¿Llegará Febrerillo loco con su Carnaval a cuestas? ¿Volverá a inundarse Sevilla de azahar cofradiero el mes de Abril? ¿Llegará un nuevo Julio con los sentimientos que siempre me ha despertado? Eso me ahoga y por ello suelto lo que me oprime en forma de letras en mi humilde blog. Estoy en unos días que tendrían que estar rebosando de sentimientos encontrados que llevo gestando desde que nací. Y, sin embargo, se han esfumado de una manera increíble. No lo voy a repetir más: no puedo quejarme por nada y vivo felizmente. Eso sí, hago gala de mi raza costalera y escribo lo que siento. Siempre de frente. Los Viernes los sueños seguirán brillando más y volverá mi amado Julio.martes, 30 de junio de 2020
LA "NUEVA NORMALIDAD"
Ríanse, ríanse de nuevo que ya lo hicieron. Cuando digo que lo mejor es la rutina una vez que la tenemos ya formada a nuestro deber y antojo me dicen que estoy loco, que eso es un aburrimiento y que hay que dejar paso a la aventura. Y se ríen de lo que digo. Bien pues ríanse otra vez si quieren pero ahora ven que es cierto. Se han pasado meses viviendo una aventura inesperada, de esas que añoraban, de esas que son imprevisibles, de esas que hay que dejarles paso para que rompan la rutina y resulta que estaban deseando volver a la normalidad, es decir, a la rutina. Ustedes que se reían de los que gustamos de tener la agenda planificada y llena. Ustedes se han visto inmersos de golpe en tal aventura azotando a la vida que les ha privado de sus trabajos, de sus prácticas habituales, de sus ratos de improvisación, de sus familias y amigos y, lamentablemente en algunos casos, hasta de un ser querido. Y ustedes, tan risueños meses atrás y tan graciosos comentando acerca de los que somos felices con una rutina establecida que en ocasiones nos ha costado años orquestar, han estado suplicando que volviera todo a la normalidad, a su normalidad, a su rutina, vamos, a la de ustedes, a la de los que decían no tenerla y sin embargo viven en el dos y dos son cuatro, trabajo de tal a tal hora, los Lunes voy a inglés, los Miércoles juego al pádel, los Jueves voy de cañas, los fines de semana alterno uno en el pueblo y otro en la ciudad y los Domingos como paella esté donde esté. Ríanse, ríanse de las barbas de su vecino pero cuando ustedes las tengan afeitadas porque los rutinarios que se las dan de aventureros son ustedes. Y hoy no vengo a a reírme yo, pero voy a poner el punto en la i.
No fueron pocos los que hace meses, cuando vertí unas líneas diciendo que todo ser humano lo que necesita para vivir cómodo y feliz es tener establecida una rutina de actividades y comportamientos, me tacharon de chalado. No sé si es que no lo entendieron o no lo quisieron entender. Pero así fue. Y les hace gracia cuando yo en el mes de Enero planifico el año que tengo por delante e intento, en lo que está en mi mano, que se cumpla. Quizás pasan por alto el detalle de la oración "en lo que está en mi mano" porque nadie es dueño del destino y de lo que el mismo traiga. Cojo mi agenda me marco las metas y lucho por ellas en lo que de mí depende pues es la única forma de intentar lograrlas y luego disfrutarlas. Pero claro, eso conlleva rutina y constancia. ¡Qué aburrido! Y sí, me aburro mucho. Vamos, muchísimo. Ya ven que aburrido estoy: no me faltan nunca planes, ni tiempo de ocio, ni gente con quien pasar un rato. Raro es el tiempo que no estoy haciendo faenas nuevas o trasteando tareas de antaño. Jamás estoy quieto mucho tiempo sin excursiones o viajes. Y, entremedias de todo ello, tengo mi familia, mi trabajo, mis costumbres y mis aficiones que no son pocas. Y sí, efectivamente es una rutina: vivir lo más feliz que pueda conjugando lo que traiga la propia vida y lo que yo pueda aportar.
Y todo ello viene por este tiempo llamado "nueva normalidad". ¿Qué es eso? ¿Hemos recuperado (o estamos en ello) nuestra rutina de antes o estamos iniciando una nueva? ¿Dónde están los aventureros que huyen de planificaciones y ven que ahora no dominan ellos su agenda vital? La "nueva normalidad" es una chufla. Mientras sigamos con uso obligatorio de mascarillas y saludándonos con el codo la situación no es normal. Y eso no es que lo diga yo, es que así. Vendedle la moto a otro. Otra cosa es que nos tengamos que adaptar a ella y seguir viviendo. Evidentemente no podemos estar sumisos y viviendo con miedo, hay que vivir, pero hay que ser conscientes también de que la vida sigue pero no como quisiéramos y nos gustaría sino que vuelve a su rutina de la manera que ella quiere y nos va revelando conforme acaece. Que ahora para ir al cine hay que asistir con el inseparable gel hidro alcohólico, la mascarilla y no se pueden llenar las salas, bien, pero que quien podía antes ir por costumbre un miércoles ahora puede también ir y apuntarlo en la agenda como un plan, también. Por lo tanto, la rutina va volviendo y los planes aflorando. Se trata de seguir viviendo de la manera más feliz posible que se pueda y que nos dejen.
Así es que ríanse, ríanse y a la vez lloren y sucumban al reconocimiento de que la mejor manera de vivir es la rutinaria, la que llena las agendas de planes forjados con ilusión, la que parece que nos encorseta al calendario pero en realidad nos hace gozar de la libertad de tener el tiempo ocupado por contradictorio que parezca. Porque tener el tiempo ocupado es vivir, es compartir, es soñar, es recordar y es avanzar por un camino que creemos moldeable y dominable. Podemos quedar y desquedar, hacer y deshacer, estar atados al horario laboral y a las obligaciones, estar libres en los ratos de descanso y llenar como más nos apetezca el resto del tiempo. Y precisamente eso lo llevamos haciendo muchos (me incluyo) desde hace años mientras otros creen vivir a lo loco y a la aventura en un mundo que dominan y que, en realidad, cuando la vida se pone seria como ahora, se demuestra que no es así. Ríanse pero de verdad. Ríanse porque la vida les da la oportunidad de disfrutar de ella y les regala una agenda que llenar con los familiares y amigos. Vivan, vivan como mejor puedan, siguen vivos y conviviendo con una pandemia que ya es histórica e historia viva y real. Esa es la única verdad y "nueva normalidad" que existe. Amóldense, disfruten de todo lo que esté al alcance de sus manos, reconozcan que la mayor comodidad y confort es la rutina y sueñen con mil proyectos por cumplir. Y cuando los cumplan, rían de nuevo de felicidad. Ya volveremos a la normalidad, a la real, a la de siempre, a la "normal" de verdad. Pero por ahora lo normal es esto, ni viejo ni nuevo, esto, lo que hay, lo indominable, lo que nos crea sin saberlo nuestra rutina. Rían, vivan y sonrían. ¡Hasta otra!miércoles, 17 de junio de 2020
A MIÑA SIDRIÑA
En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo olvidarme por ser en el que habito y amo, no ha mucho tiempo que me aventuré a la elaboración de cerveza casera adquiriendo para ello un kit preciso de iniciación, si bien, juzguen vuesas mercedes lo que vieren y entendieren, debido al uso que del mismo hago y los avances en tan singular técnica ha devenido en hacerme ya efectivamente iniciado, sí, pero experto iniciado a sazón de los resultados y variedad de los mismos. Y no doy más pasos en aquesta aventura porque el lugar doméstico no lo permitiere en cuanto a espacio y, bien sabéis, porque mi esposa y ama, que no pasa de los cuarenta como Cervantes dijera de la que con Don Quijote vivía, podría bien partirme el palo de siete escobas en las costillas si introduzco más trastos y majaderías en la hacienda, llenando así de bártulos los espacios comunes y convirtiendo en maquiavélica fábrica cervecera el hogar donde residimos. Sin embargo, un descubrimiento hallado en los libros, no de caballerías más sí de cervecerías, dio en mi mente con la afortunada idea de usar el kit para otro licor que no fuere el extracto de cebada. Y así llegó a mí, una vez la elaboré, a miña sidriña, dicho sea de gallegas maneras, pues la misma, si bien procede del Reino Astur, me evoca recuerdos de la tierra donde se halla Finisterre. Y mi sidriña y su historia, sin duda alguna, en el blog ha de quedar plasmada per saecula.
Ya metidos en faena, lo primero fue limpiar y desinfectar bien el fermentador pues el cambio iba a ser drástico. De haber tenido en su interior veinticinco litros de cerveza negra iba a pasar a albergar sidra en potencia, dando lugar a la fermentación del extracto con azúcar y levadura. Esos detalles de extrema limpieza y desinfección son claves para el éxito final pues cualquier descuido te puede estropear todo el proceso y lo peor es que lo descubres meses después. Hay que ser muy meticuloso con ello. Puse en orden también el borboteador, el densímetro y compré algunas botellas y chapas para esta nueva empresa. Estaba feliz y, sobre todo, entretenido pues como no tenga alguna tarea que hacer mato moscas con el rabo como un diablo aburrido. Y, hete aquí la mente divagando travesuras, limpiándolo todo para hacer la sidra tras haber hecho cerveza negra, ya pensaba en cuál sería el siguiente brebaje cervecero que acometería. Y lo decidí, vaya si lo decidí. Una cervecita tostada, de esas color cobrizo, con toque a caramelo y amargor final sabor a nuez que cuando la pruebas piensas "quiero un barril". Así como quien no quiere la cosa acabo de daros la primicia. La temperatura de fermentación es óptima en estos días pues mantiene la habitación a unos veintidós grados así es que estando el equipo de nuevo libre creo que en estos días haré esa cerveza para tener unas birritas frescas para el verano. Va, que me voy por las ramas. Hoy la cosa va de sidra. Mentiría si no dijese que estoy deseando probarla pero en estos casos ya me he acostumbrado a esta dulce espera.
La sidra se ha tirado fermentando con la levadura prácticamente dos semanas en el fermentador. Además el borboteo era constante y la gravedad original fue 1036 lo que presagiaba una graduación final de unos 5 grados. La gravedad final estuvo en 1002 así es que, a priori, ha quedado una señora sidra de 5,3 graditos de alcohol. Es decir, en Navidad con unas cuantos culines en lo alto vamos a cantar la Marimorena en do mayor sostenido sin problema. Ahora están las botellas en la última fase que es la de fermentación en botella con dextrosa. Tienen que permanecer así y en posición vertical un mínimo de cinco semanas para poder probarlas, como antes decía. Así es que sigo esperando a ver qué tal se da esta remesa de sidra para valorar si haré más en un futuro o sigo sólo con las cervezas que de momento me van saliendo bien y me gustan. La última prueba que hice en probeta me recordó a la típica sidra asturiana que hay que escanciar para que coja "vida", por eso decidí carbonatarla con dextrosa, darle gas, vaya. No creo que logre una tan gasificada como "El Gaitero" pero con que coja una fuerza tipo "Ladrón de Manzanas" me sirve. Bueno, si logro que el brebaje me quede como una "Bulmers" o una "Strongbow" ya sería el exitazo total. ¡Me encantan! Ya os contaré. De momento esta es la historia de "a miña sidriña" y veremos qué depara la misma. ¡Hasta otra!















