jueves, 28 de junio de 2012

VIAJE A CATANIA

Catania, para todos aquellos que no la conozcan, es una ciudad italiana que se encuentra en la Isla de Sicilia, allá donde la bota de Italia pega la patada al triangular balón geográfico que todos hemos estudiado alguna vez. La primera vez que yo oí nombrar dicha ciudad fue cuando el Tormento (para todo aquel -y aquella, no se me enfade Ministra de Igualdad- que sea nuevo seguidor del blog aclararé que "el Tormento" es como yo llamo a mi hermana Ana María) vino a casa un mediodía con la feliz idea estudiantil de pedir una Beca Erasmus e irse a cursar uno de sus años de carrera de Historia del Arte al extranjero. Y el destino elegido fue Catania. ¿Cómo? Catania. ¿Y eso está en...? Sicilia, Italia. Ah, vale, Catania entonces. Anda que no es grande la bola del mundo y el Tormento coge y se va allí, con el Padrino, con Don Vito Corleone, con la mafia. Selecto destino el suyo. Bien podría haber pedido la beca para irse a Sevilla, que por arte no será en esa bendita ciudad, pero no, ella solicitó... ¿cómo era? Eso. Catania. Así llegó a mis entendederas la palabra que da nombre a la ciudad donde marchó mi hermana en el mes de Agosto del pasado año, porque no es que pidiera la beca, no, es que el señor Erasmus, muy cordial él, va y se la concede. ¡¡Dios te guarde, Mr Erasmus, que me libras del Tormento un año!! Así pues, dos cosas en una de nuevo: una fue que aprendí que existe en Italia una ciudad que se llama Catania (seguro que hay más de un ilustrado lector que se carcajea de mi ignorancia y que se las dá de saber que existía esa ciudad, por favor, ¡cómo no!, y podría incluso decirnos el censo de población, el nombre del alcalde y la alineación del equipo local de fútbol, ilustrados hay muchos y cada día más, ya saben vuesas mercedes que prefiero ser un inepto socrático) y la otra fue que volvía a ocupar durante casi un año mi trono de hijo único que me fue usurpado a traición por el nacimiento del Tormento (trono que no volveré a recuperar nunca porque la niña, ya con más de dos décadas de vida, pero sigue siendo la niña porque es la más pequeña, se ha autoerigido como la predilecta de mamá y papá y lo triste es que ellos actúan como si ello fuere cierto y entre los tres se complementan en chincharme y rabiarme. Dos tollinas a cada uno... ¡cagüen tó! Si no fuera por mí... ¡Pero si soy el que está pendiente de todos! Carlos, vé y tráeme... Carlos, házme... Carlos, búscame esto... Carlos, lo otro... Y como Carlos se ponga en huelga, ¿qué? Menos mal que ya tengo apalabrada mi canonización con Su Santidad el Papa de Roma. Ganada a pulso me la tengo).
Pues a Catania que nos vamos a ver a Ana María. Es una de las principales ciudades de Sicilia junto con Palermo y Trápani. Sus símbolos más extendidos son la estatua del elefante que se encuentra en la Plaza del Duomo, en pleno centro de la ciudad (cuya foto encabeza este post) y la Trinacria (al margen), cabeza con tres piernas que significa la unión de Sicilia: un mismo pensamiento uniendo los tres vértices del triángulo, forma de la isla. Este icono que es, sin duda alguna, el emblema más carismático de la Isla de Sicilia, se ha convertido en uno de los símbolos más extendidos por Catania, junto con el elefante, el cual ha llegado a verse plasmado en el escudo de ésta ciudad.  Dicho esto, un poquito de cultura, rehilamos con el asunto. Oportunidad única para viajar con Gemma al extranjero y que mi mujer conozca el país vecino. Yo ya he estado un par de veces en Italia, ella no y la ocasión la pintan calva (siempre me he preguntado por qué se dirá esa expresión. Es curiosa. Calva... ¿por qué? Ocasión calva. Es que no le veo sentido. Es como dos ideas sin ninguna conexión conjuntadas en una expresión coloquial. La ocasión la pintan calva. Muy bien, ¿y? El charco lo tejen multicolor. ¡Toma ahí! Oye qué chulo me ha quedado. Qué gran expresión acabo de crear. ¿Os gusta? ¿No? Pues a mi no me gusta la ocasión calva y me aguanto. Así es que creada está. El significado lo ponéis vosotros. No lo voy a hacer yo también, ¡bastante tengo con lo que hago por mis padres y el Tormento!).

El caso es que el viernes que viene, día 29 de Junio (mañana) Gemma y yo partiremos rumbo a Madrid en AVE y allí cogeremos un avión que nos llevará hasta Milán. Una vez en Milán tomaremos otro avión que, esta vez sí, nos trasladará hasta la ciudad con nombre que me parece "castaña" en catalán: Catania. Allí pasaremos un par de días y el lunes emprenderemos el mismo viaje pero a la inversa. Viaje raudo y fugaz pero que dará mucho juego, pues simplemente para hacer el trasbordo en Milán de un avión a otro, el aeropuerto de Linate nos deleita con unas seis horas de espera. Horas que gastaremos en el centro de Milán y horas que son suficiente tiempo para ver Il Duomo, La Scala y la Gallería Victorio Enmanuelle, vamos, lo que viene siendo lo más conocido y famoso de Milán. Yo ya conocí estas bellezas artísticas en un viaje que hice por Europa cuando tenía 17 años de edad. Desde entonces no había tenido ocasión (ni calva, ni melenuda) de volver a ir. Y ahora que surge y puedo ir con Gemma, no me lo pienso. 
Il Duomo de Milán
Llegados a Catania, Ana María nos hará de guía junto a sus amigas españorasmus, dícese de otras chicas españolas que también están allí de beca erasmus, entre las que mencionaré a las cinco que más me nombra ella: Aldara, Carmen y... "Saracamilú". Esta última son tres a la vez. El nombre es raro porque parece el nombre de un futbolista negro que va a fichar de delantero centro el Rayo Vallecano, pero es que son tres en una (como el "afloja todo"): Sara, Camino y Lucía. El Tormento cuando habla de ellas habla de "Saracamilú" y yo tal cual os lo transcribo. (Se me ocurre, otra vez con la ocasión, que también molaría mucho decir: "La ocasión la pintan saracamilú", pero vete tú a saber, lo mismo las integrantes de Saracamilú se ofenden por llamarlas calvas oportunistas -ocasiones pintadas calvas- o el Rayo Vallecano me demanda por hacer uso inapropiado del nombre del jugador que algún día fichará. Sape, sape. Mejor me quedo con "el charco lo tejen multicolor"). El caso es que con las guías españorasmus veremos Catania, sus rincones, su arte, su gastronomía... y su fiesta a poder ser, vamos, que será, querer es poder y yo, al menos, quiero.

Lo dicho entonces, en un viajecito de tres días iremos a Milán y a Catania (yo por segunda vez a ambas ciudades, a Milán ya fui cuando era un jovenzuelo pillo, para entendernos, como ahora pero con menos años, -sonrisitas picaronas- y en Catania estuve en Noviembre a visitar al Tormento y en ese viaje me convertí en Carolo Caraculo Curaculo Ubriaco, Rey de las Tres Sicilias, Catania, Mesina y Taormina, pero esa es otra historia que no tiene cabida en esta entrada. Algún día verá la luz). Así pues viajaremos a Catania y como al Tormento le queda muy poco tiempo allí porque se le acaba la beca y vuelve a su trono de reinona en casa de mis padres (Deo gratias, porque aunque para mí es insufrible la quiero mucho, leáse la entrada "Tormento est" que escribí en este blog meses atrás), Gemma y yo aprovecharemos para traernos todas sus pertenencias posibles y ahorrarle así kilos en sus maletas de viajera erasmus de vuelta a casa.

Catania nos espera. Milán también. Saracamilú meterá goles algún día. La ocasión, pintada o sin pintar, calva o no, hay que aprovecharla. ¡Pasajeros al tren!

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