lunes, 2 de diciembre de 2013

EXCURSIÓN A LA FUENTE DEL CHORRILLO

Esta visto y comprobado que para hacer cualquier cosa hace falta algo indispensable: determinación. Ya os contaba entradas atrás que me había costado trece años hacer un plato de lentejas. Pues bien esta vez no me ha llevado la tarea trece años... Me ha llevado veintitrés. Me voy superando. Recuerdo haber estado por última vez en el lugar cuando mi madre aún tenía un chandal azul clarito de algodón con letras verdes y lucía una hermosa barriga dentro de la cual estaba a punto de ver la luz del mundo el Tormento (mi hermana pequeña). Desde entonces no he vuelto. Y por eso sé el tiempo transcurrido. Mi hermana nació el verano de aquel año de 1990 y estamos agotando el año 2013. Veintitrés años han transcurrido desde mi última visita a la Fuente del Chorrillo. Y desde entonces llevaba pensando en cuándo volvería a ir. Estos días por motivos de trabajo he pasado varias veces por la carretera que conduce hasta ella y la veía en su lado izquierdo. Me llamaba.
Y llegó el día. No el día de ir sino el día en que cogí la determinación de ir. Fue un Viernes cuando iba al Juzgado de Paz de Calzada de Calatrava. Cuando pasé a la altura de la fuente y ví su lejano bombo me dije que ese mismo Domingo que se avecinaba iría. Y así fue. Llegué a casa rumiando la idea y se lo dije a Gemma, la cual, a su vez, ya llevaba un tiempecillo reclamando el hacer alguna excursión dominguera a parajes cercanos. Así es que el plan nos vino como anillo al dedo. Eso sí, el agua que allí mana es ferruginosa y a mí no me gusta nada. Y a la Chiquitilla menos. Pero ya que íbamos habría que cargar un par de garrafas, una para cada pareja de suegros, no fuera a ser que les diera envidia. Garrafas preparadas, coche listo, el Domingo día 17 de Noviembre se produjo mi reencuentro con la Fuente del Chorrillo y los baños contiguos a la misma, que algunos historiadores (y yo con mis escasos conocimientos y estudios me incluyo entre ellos) datan (datamos) de orígenes romanos, a modo de termas naturales. De hecho no son las únicas que hubo por la zona. Allá que fuimos. Estaba contento y feliz.


Encontré en la ruta paneles informativos del lugar y de los puntos de interés que se encuentran en la misma, de modo tal que aproveché para tomar algunas notas y hoy poder ilustrar algo mejor esta entrada del blog. Procedo a transcribiros literalmente la información concreta que encontré al respecto de una de las fuentes de mi infancia (la otra es un piloncillo que recuerdo en Picón y que algún día hablaré de ella):
Nos encontramos ante uno de los más representativos "Hervideros". El Chorrillo tiene historia hasta tal punto que ya en el Siglo XVIII el Cardenal Lorenzana los citaba en su obra "Las Descripciones de la Diócesis del Arzobispado de Toledo", en concreto las referentes a la provincia de Ciudad Real y en el apartado de Pozuelo (Contestación nº 14): "...una fuente de agua llamada Chorrillo, cuya agua es mineral y mui delgada y sutil, y bebida por los enfermos, siendo la dolencia que padecen prededida de humores crasos y lentorosos, los hatenúa, liquida y los pone en movimiento natural y tono, como la antecedente..."
También el doctor Limón Montero en el 1967 publicó El Espejo Cristalino de las aguas de España, hermoseado y guarnecido por el marco de Variedad de Fuentes y Baños, destaca en su tercer libro "Las aguas acedadas del Campo de Calatrava y sus medicinas", entre las que se encontraba la fuente que ahora admiramos en este recorrido cargado de historia y en el siglo XIX, 1853, Don Pedro María Rubio, cita este hervidero diciendo ..."aguas que son claras y transparentes, inodoras, de sabor agrio" en su libro "El tratado completo de fuentes minerales de España".
Podemos observar dos referentes arquitectónicos: la poza o baño circular y la característica fuente original protegida por un "bombo" de planta circular con bóveda. La composición química denota presencia de bicarbonatos, sodio, magnesio, calcio y potasio, cóctel minero-medicinal muy indicado para afecciones gástricas y cutáneas. Justo enfrente podemos observar en ladera los vestigios de una antigua mina de magnesio también conocida por "el Chorrillo".


Recordaba que de niño mi padre aparcaba en un camino denominado Cañada Real, que cruzábamos andando un puente sobre el Río Jabalón y tomábamos el camino que salía a la derecha y nos llevaba hasta la fuente. Y tal cual lo hice, si bien, para sorpresa mía, el camino está ensanchado y a día de hoy se puede ir hasta la propia fuente en el coche y no tener que cargar con el peso de las garrafas llenas cuando se va de vuelta. Iba disfrutando de recordar aquello en mi infancia y de irle contando a mi mujer detalles de mi niñez. La verdad es que el lugar ha cambiado mucho y ahora es parte de una ruta de senderismo ilustrada con paneles y puntos de interés. Pero mi mayor sorpresa llegó al alcanzar el bombo donde se encontraba la Fuente del Chorillo antaño. La construcción se encuentra tal cual la recordaba pero en su interior ya no está la entrañable fuente que yo conocí y tantas ganas tenía de volver a ver. Dentro del bombo había una poceta a ras de suelo donde manaba el agua y desde allí con un jarrillo y un embudo se iban llenando pacientemente las garrafas. Ahora la poceta está tapiada y el bombo sólo es un recuerdo de lo que un día albergó. A escasos metros se ha construido la novedosa y actual fuente del Chorrillo y se ha dotado el lugar de una rudimentaria escalinata que baja hasta la nueva fuente. Bajo tierra y desde la antigua poceta donde emergía el agua se ha canalizado la misma hacia una somera y simple construcción dotada de un actual grifo de manivela donde se pueden llenar las botellas y bidoncillos de esta peculiar agua. El lugar sigue siendo muy reconocible y apenas ha cambiado en esencia pero me quedé con las ganas de volver a ver aquella fuente que yo conocí de pequeño. Es que no puedo tardar veintitrés años en volver a ir un lugar que quiero visitar... Mea culpa.

La excursión mereció la pena. Volvía muchos años después a uno de los lugares que marcó mi infancia. Ahora quiero llevar a mi hermana a que conozca aquello ya de que de aquellas aguas bebió mi madre durante todo su embarazo y seguro que le gustará ver el lugar y conocer algo más las raíces de su tierra. Espero no tardar otros veintitrés años en volver. Y eso sí, la próxima vez llevaré el coche hasta la misma fuente, pues la vuelta por el camino cargando con las garrafas se hace muy pesada. Menos mal que Gemma me ayuda... ¡¡Hasta otra!!

3 comentarios:

  1. Que recuerdos de veraneo yendo en bicicleta al chorrillo.... o con la dkv a cargar decenas de cajas de botellas de la casera... que tiempos.... a ver si yo vuelvo

    un saludo

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