jueves, 10 de mayo de 2018

EL CANGREJO, UN LUGAR PECULIAR

En el pueblo de La Solana, en pleno campo de Montiel, reside José Luis Salcedo, mi buen Selu, cofrade, compañero y amigo que pone voz a las cofradías en las ondas de Radio Horizonte a través del programa "El Escapulario". No es la primera vez que me acerco con él al estudio de la radio local solanera a pasar un agradable rato entre micrófonos charlando de lo que más nos gusta. Pero en esta ocasión, además, le dije que quería conocer el restaurante "El Cangrejo" pues me habían comentado que era parecido al famoso "Casa Pepe" de Despeñaperros, con todo tipo de ambientación franquista y de la más profunda España Nacional, siendo un reclamo turístico para todos aquellos curiosos de una u otra ideología que quieran conocer el lugar dejando aparte sus políticas.

Es evidente que a un lugar con tal decoración se ha de ir aislado de pensamientos y simplemente a observar la cantidad de detalles que lo plagan y a pasar un rato agradable en un lugar tan peculiar. De lo contrario es mejor no ir. Porque, a lo José Mota, "Que no es por no ir... que si hay que ir se va... pero ir pa ná... ir pa llevarte un mal rato... Si hay que ir se va pero a lo que hay que ir, no al zanganeo". Pues eso. Valga un mero detalle: si un aficionado del Real Madrid va a ver un partido al Wanda Metropolitano con la afición colchonera, debe ir mentalizado de que se mete en casa del enemigo y dedicarse a disfrutar del partido que va a ver, sea el que sea, obviando los insultos que oiga hacia el club de sus amores. Si a lo que va es a hacer gala de su madridismo en corral ajeno y a encararse con todo lo que allí ocurra o va a provocar a la casa del vecino y a imponer su criterio en un ejercicio de uno contra mil, es fácil que se vaya con los hocicos calientes por imbécil. Así de claro.
Sentada esa apreciación y con ganas de conocer el local y su ambientación pues había oído mucho hablar de ello, Selu reservó mesa para los cuatro que nos juntamos en el pueblo a grabar a la radio y a pasar un día entrañable: José Luis Fernández (Panuchero), el propio Selu, mi primo Fer y yo. Nos recibió en la entrada aparcado el coche del propietario del restaurante a modo de anticipo de lo que espera nada más pasar al local: los colores de la bandera nacional por toda la estancia y todo tipo de apología y memoria a los tiempos de la dictadura de Francisco Franco de principio a fin. Por supuesto José Antonio Primo de Rivera también está presente. Faltaría más. No queda rincón del restaurante sin decorar de una manera u otra y por los altavoces suena a menudo el "Cara al sol". Desde luego es digno de conocer el lugar. Los parroquianos que lo regentan, ya acostumbrados a ello, actúan con total naturalidad y normalidad, siendo los visitantes curiosos los que nos quedamos con cara de asombro ante todo aquello. Insisto una vez más en que merece la pena la visita pues entretenida es un rato y, las cosas como son, se come bastante bien y barato. Eso sí, lo recalco, se debe ir concienciado de lo que nos vamos a encontrar y obviar todo tipo de detalles y pensamientos. Es como el ateo que visita el Vaticano: "mire usté, admire el arte y olvide la religión". Aquí igual. Déjate llevar puesto que nadie te obliga a ir y saborea un lugar tan peculiar en plena Mancha y échate unas risas.


Llaman a la atención todo tipo de detalles que lanzan mensajes que logran incluso sacar una sonrisa bondadosa. Son destacables una gran fotografía del Caudillo ataviado con la camiseta del club de Concha Espina, a modo cartel, en la que puede leerse "En el Cangrejo se ven todos los partidos del Real Madrid" o una pancarta colgada del techo como si fuera una bandera de España con sendas águilas de San Juan a los lados con la leyenda "Las mejores gachas de España te las puedes comer aquí". Se encuentran también mil reseñas sobre la victoria del conflicto bélico, la falange, la Guardia Civil, el Valle de los Caídos y todo tipo de imágenes o reminiscencias que tenga algo que ver con Franco, su papel en la guerra y su posterior dictadura. La apología que hace el lugar a los tiempos pasados del dictador llega hasta tal punto que a la entrada del local, en la propia puerta, pone bien claro en un cartel: "¡Aviso! Entras en zona nacional. Si no te gusta vuelve por donde viniste. ¡Arriba España!". Y los manteles de las mesas del comedor llevan estampados el águila de San Juan y la leyenda "Una, grande y libre". No queda lugar del restaurante que se libre de vítores, imágenes, recuerdos o mensajes ajenos a la temática común del mismo. Incluso en la tienda de recuerdos (que los hay y muy curiosos) las bolsas de harina de almortas o pitos para hacer las famosas gachas manchegas también llevan por decoración una pegatina de la bandera de España con el águila. Y no, no es una exageración. Adjunto foto pues me reí bastante con tal detalle.

Total que Selu, Panuchero, Fer y yo pasamos un agradable rato en un sitio muy curioso. Y la gente que estando en tal lugar nos oía hablar de cofradías pasó mejor rato aún. Éramos una curiosidad dentro de la curiosidad. Y como decía por ahí arriba se come bastante bien. Un amplio y abundante menú por 10 euros que incluye primero, segundo, postre, bebida y pan y con unos platos de buen yantar entre los que hay patatas a la riojana, fideuá, chuletas, calamares, paella, entrecot, bistec, tarta de queso, suspiro de queso manchego, flan casero, etc. Vamos que nos pusimos como el quico y la visita mereció la pena pues el buen ambiente entre nosotros y la peculiaridad del local, evadiéndose de ideologías y políticas, ya lo he dicho, hacen que merezca la pena la visita a este reducto franquista que pervive en la Solana y que está, las cosas como son, bien asentado pues lleva más de treinta y cinco años existiendo y ganando fama. Y con los tiempos que corren políticamente no es fácil ganar turismo y visitantes con campañas permanentes de este tipo. Ese es el mérito de lugares como este: saber equilibrar lo extremo con la curiosidad. Para ello el fiel de la balanza es el respeto entre los de dentro y los de fuera. No existe otra manera. Os ánimo a conocer el local como si fuera un parque temático. Olvidad ideologías y visitad el Cangrejo. Un lugar diferente, sin duda.




jueves, 26 de abril de 2018

LA SEMANA GRANDE 2018

Cuando al llegar el Domingo de Resurrección estoy abatido mentalmente y agotado físicamente es que la Semana Santa ha sido plena. Y así ha sido, por fortuna, este año. Abatido por la cantidad de vivencias, añoranzas, recuerdos, sensaciones, nostalgias y lágrimas que he derrochado estos días por tener las emociones a flor de piel. Agotado por los kilos de los pasos, las noches cortas de descanso, la cantidad de kilómetros recorridos andando, las horas esperando de pie y el dolor de espalda que todo ello acumula. Una Semana Santa plena. Y eso que amenazaba la nefasta lluvia con hacer acto de presencia en los días más intensos para todo cofrade. Entiéndase por nefasta la precipitación atmosférica indeseada en un oportuno momento. Las cosas como son. La lluvia era muy necesaria y gracias a Dios hemos tenido un final de invierno y un comienzo de primavera bien cargado de agua, lo que ha hecho que los pantanos y ríos se llenen de nuevo y los arroyos corran. Pero en Semana Santa hubo un parón y los capillitas lo agradecimos lo que no está en los escritos. Y más aún los que hemos podido disfrutar de nuestros planes hechos desde hacía meses atrás e inclusive nos hemos llevado alguna pincelada no esperada y precisamente regalada por una pequeña intrusión final de la odiada lluvia en esos días que quedó en una mera anécdota y unas estampas sin par. Pero las cosas han de empezarse por el principio y antes de la Gloria fue la Cuaresma. Cuarenta días y cuarenta noches que me dejaron algunos regalos inigualables y el sin sabor de no poder disfrutar del palio azul y plata que pasea por el Perchel el Viernes de Dolores consumándose la espera eterna de un nuevo Domingo de Ramos.

Entre ensayos, calendarios, tertulias, barras de bar y los fogones haciendo torrijas se fueron consumiendo los días que dan lugar lugar a la amanecida del gran Domingo aguardado por todos los cofrades. Este año he sacado sólo dos pasos y así será en los años venideros muy seguramente. El Rabí de los Ángeles Cautivo en su Prendimiento y el Señor de la Bondad que se erige Rey de reyes en su Flagelación. Soy inmensamente feliz en las dos cuadrillas y me considero un afortunado por poder pertenecer a las mismas. Y sí, me gustan las vísperas por todo lo que disfruto en y con ellas. Recordad: no quiero que llegues, quiero oírte llegar... ¡Qué bonita es la Cuaresma! Además este año mi muy querida Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva cumple quince años y celebró la efeméride a finales ya de los cuarenta mágicos días con un precioso y magistral Acto de Acción de Gracias en el que interpretaron diversas composiciones litúrgicas y hubo una enorme carga sentimental y emocional. Volvimos a juntarnos prácticamente todos los miembros de esta gran familia y surgieron inéditas estampas entre lágrimas. Para mí, personalmente, fue muy emotivo que los fundadores de tan magna Agrupación volviéramos a encontrarnos y abrazarnos con los ojos humedecidos por todo lo vivido y lo logrado. No puedo expresar lo sentido y haré uso de un pequeño extracto de las palabras que ya plasmé en su momento cuando se grabó el primer disco que creo que recogen mi amor por las siglas STV:
[...] Siempre la he tenido presente.
Si no es uno es otro...
y hasta Santo Tomás me informa
de lo que ocurre en su seno,
de cómo va mi señora,
de cómo trabaja y evoluciona.

Porque ya no es joven...
¡Que es “doña”! ¡Que es señora!
¡Que ya tenemos disco en la calle!
¡Que sois grandes, compañeros!
Que me inundo de emoción,
que esto va por vosotros
que os llevo en el corazón
que sois parte de mi ilusión,
que estéis donde estéis
sois todos mi Agrupación...
No me salen más poemas;
¡No puedo decir más!
¡Somos Santo Tomás! [...]

Y fue precisamente por la tarde, en ese mismo y quinto Domingo de Cuaresma, cuando se abrieron las puertas de San Pedro y enfiló la rampa la Hermandad del Nazareno. ¡Qué cúmulo de sensaciones al ver al Hijo del Hombre salir a vernos! Y entre la multitud me hallaba. Recuérdalo, Señor: fui yo tu costalero. Y los hombres que forman tu cuadrilla y vieron mis ojos mojados, vinieron a secarlos de la mejor forma que existe: mojándolos todos conmigo. Y eso sí que fue la Gloria. El sentirme de nuevo con ellos pero de la mano de mi hija. Sonaron marchas de Linares y con el bamboleo de la túnica morada te despediste de San Pedro escoltado por sus propios símbolos señeros: una mitra de santidad en el frontal, un gallo que cantó tres veces al alba ubicado en la trasera, un evangelio en un costero y en el otro las mismas llaves del Cielo. Mil derroches de arte puro caminaron por el centro. Y aquí murió mi Cuaresma y mi sueño perchelero. De las dos vísperas gloriosas sólo caminó el Nazareno ya que la Virgen de los Dolores fue privada por la lluvia de verter su salero por la Plaza de Santiago y su barrio pescadero. Fin de una Cuaresma de ensueño que me robó las primeras lágrimas grabándolas a fuego.

Así llegó el Domingo de Ramos y la mirada puesta en el Rabí y su Madre de Salud. Mi Hermandad del Prendimiento procesiona poniendo la guinda del día en que todo empieza a la vez que todo acaba. Por la mañana disfruté en familia de la Hermandad de las Palmas y por la tarde me entregué al oficio costalero, con amigos de los que te regalan las cofradías, con compañeros verdaderos de batalla y con Santo Tomás de Villanueva detrás. Apostando a dichos caballos el éxito estaba asegurado. Y así fue. Un año más que será inolvidable lo vivido bajo las trabajaderas del Cautivo. Volví a vivir lo soñado y a mecer al Maestro de la Blanca Túnica. Y aunque la lluvia acechaba con hacer acto de presencia conforme fue avanzando el día se fue diluyendo su porcentaje de aparición y se pudo vivir un Domingo de Ramos de ensueño con preciosos momentos protagonizados por el Rabí de Galilea que fue prendido en un huerto de olivos y por la Virgen de la Salud que acercó su nombre a quien más lo necesita.
Aún soñando con lo recién vivido amanecí el Lunes Santo, día de Vía Crucis y oración por estas calles de la Civita Regia. Cansado y dolorido pero con sonrisa costalera. Y como es costumbre y tradición compartí el día con mi padre como vengo haciendo desde que tengo uso de razón y al terminar el acto, con la Catedral abarrotada, marché a casa con la esperanza de que algún día llevaré a mi niña Claudia conmigo.
Al día siguiente, tras diez años ejerciendo el oficio costalero en la carmelitana hermandad de las Penas, disfruté de un Martes Santo diferente. Ya ni conocía los recorridos nuevos de las hermandades que vienen del Barrio del Pilar y tenía muchas ganas de verlas en la calle. Y conmigo vinieron mi padre, mi hermana y el carrito de mi hija que recibió mil detalles de todos aquellos que me conocen: galletas, pulseras de la banda, nazarenos de juguete, estampitas... Otra vez llorando por todo el cariño recibido y que por dentro algo me hace sentir que es merecido. Pero que sea partícipe de ello mi hija pequeña me supera y para ella eran los regalos. Jamás lo olvidaré. ¡Qué gran Martes Santo! Aunque he de reconocer que un repeluco me recorrió el cuerpo cuando vi al Señor de las Penas y yo no estaba debajo. Muchos recuerdos de Martes Santo... Concluyó la jornada viendo la Virgen del Mayor Dolor a su salida de San Pedro y, tras disfrutar un poquito de esta cofradía, seguí dirigiendo mis pasos a la entrada del Cristo de Medinaceli para disfrutar tranquilamente de mi gente, de mi banda, de Santo Tomás y del Barrio del Pilar donde se bautizó mi retoño y donde habita la Esperanza de Ciudad Real. Como antaño, como hace más de veinte años, era ya muy de madrugada cuando me acostaba nervioso porque al día siguiente saldría a la calle el Cristo que yo veo cuando rezo el Padre Nuestro.

Miércoles Santo y casi ecuador de la Semana Grande. Yo conocí al Señor allí donde los vencejos vuelan al claudicar la primavera. Y allí empezó mi amor por Él y así comenzó este año mi Miércoles Santo: en la Plaza de las Terreras. Son 23 años ya bajo sus maderas y con la misma ilusión que el primer día. El Rey de Reyes todo lo puede. Esa mirada de Bondad y amor infinito que precede al mismo Consuelo bajo palio se derramó por la ciudad de principio a fin. Y la Fábrica de los Sueños volvió a cerrar por un día para cumplir uno de ellos en realidad. ¡Qué cuadrilla más fiel! Es imposible enumerar la cantidad de sensaciones, emociones, escalofríos, recuerdos, esperanzas, anhelos, sonrisas y lágrimas que se esconden en mis costales cada Miércoles Santo. Y este año no ha sido menos y he tenido una pizca de todos aquellos sustantivos que dar cuerpo a la anterior oración de este texto. Y tras otro sueño hecho realidad a casa de mis padres como madrugada ya de Jueves Santo. Ese olor a torrijas costumbristas y esa fuente de bacalao con tomate son los últimos aromas y estampas que cerraron para mí un nuevo año de gloria costalera.
Amaneció el Jueves Santo y con él mi macarenismo desbordado y mi maleta para ir a Serva la Bari preparada. Algo grande se presiente cuando Mamá va a repartir su nombre al mundo entero: Esperanza. Dicen que vive en los restos de una antigua muralla, tras un Arco que se llama como Ella, en la Basílica adherida a la antigua Iglesita de San Gil, donde confluyen Bécquer y San Luis, en la muy noble, leal, invicta, heroica y mariana ciudad de Sevilla y que nadie, nadie se explica cómo con su pasar hasta el corazón nos hiela y nos lleva en volandas, sin darnos cuenta si quiera, hasta el barrio que lleva el nombre de su nombre: Macarena. Y eso son palabras mayores y allí que fui. Este año me iba a pegar una dosis de mi hermandad hispalense grande, pero grande. Llevaba soñándolo un año entero. Y la lluvia nuevamente respetó. Por delante un Jueves Santo lleno de amigos, primos, Negritos, Cigarreras, Monte Sión, Valle, Exaltación, Pasión y Quinta Angustia sería preludio de la noche más esperada del año. No hacen falta más palabras pero sí una pincelada. El palio de las Lágrimas por Sales y Ferré de vuelta con Soleá dame la mano. Para paladares cofrades selectos y de buen gusto fue lo presenciado. El disfrute fue enorme y la paliza física iba siendo ya considerable a esta alturas de la Semana Santa. Y por la noche, en la Madrugá, cinco verdes esmeraldas que Gallito le trajera del otro confín del mundo para realzar su belleza se repartieron por el planeta. Y salieron también a la calle la Madre y Maestra, el Calvario, la Hermandad de la Esperanza de Triana cuya avanzadilla con Rafaé y Calamar llenó los sentidos de los que admiran sus andares, los Gitanos y el Gran Poder. ¡Si sale Mamá cómo no va a salir Papá! Palabras mayores de nuevo. Se cumplió la maravilla. Otra vez Gran Poder y Macarena por las calles de Sevilla.

El Viernes Santo comenzó para mí muriendo el Jueves Santo frente a la Basílica que me tiene enamorado. Antes la lluvia quiso dejar su impronta e impidió que la Hermandad de los Gitanos llegase a la Catedral siendo así la única que este año no completó en Sevilla su estación de penitencia. Cosas que quedan para los anales de los estudiosos cofrades. Todas menos una. Pudo haber sido pleno y no lo fue. Cuatro gotas sueltas nada más pero ya mojaron lo que estaba siendo una Semana Santa de escándalo. Tras pegarme entre la Madrugá y la mañana varias horas de macarenismo tal y como quería fui al ataque y fin del último Viernes de abstinencia: el buen plato de bacalao con tomate que me llevé a Sevilla desde Ciudad Real. Eso es así y así seguirá. Igual que por la noche de ese tan mágico día cenar calamares de campo y cazón en adobo de la Isla a pie de calle en la esquina de Doña Guiomar con Zaragoza donde todo se convierte. Pero antes de ese gusto gastronómico estaban por las calles la Carretería, la Soledad de San Buenaventura, el Cachorro, la O, San Isidoro, la Mortaja, Montserrat y debía cumplir mi plan de todos los años que esta vez se vio alterado por la lluvia que, si bien, no impidió que procesionaran todas las hermandades me dejó imágenes inesperadas y algún disgustillo pues hubo cambios de recorrido. Me quedé sin ver San Isidoro por la estrechez de la Alcaicería como a mí me gusta y sin ver el portentoso misterio de la Conversión del Buen Ladrón en mi querida esquina de Zaragoza con Doña Guiomar. Pero como decía al principio, quedó todo en mera anécdota y unas estampas sin par. A cambio disfruté de San Isidoro por la Cuesta del Rosario y, al contrario de lo que viene siendo normal en el resto de pasos, bajándola en vez de subiéndola. Y en cuanto a Montserrat logré ver la entrada en primera fila tanto del misterio como del palio que venían en sentido opuesto al habitual por la Magdalena. Fin a un día precioso sin duda. Y agotador también.

Llegaba el fin de semana con su regustillo a añoranza y a que todo se acaba. El Sábado Santo disfruté de todas las cofradías en nuevos lugares y horarios que otros años venía haciéndolo, así es que pude repetir algunas y terminar, ésta vez sí, en la entrada de la Trinidad dentro del callejón. El Sol dirigiéndose desde la Catedral a su barrio, los Servitas en la Encarnación, el Santo Entierro por Hernando Colón y la Soledad de San Lorenzo por Orfila desde un lugar privilegiado: la presidencia de la Hermandad de los Panaderos gracias al bueno de Ángel Corpas. Y, desde allí mismo, poder saludar a Don Joaquín, sacerdote y amigo que es el Preste de dicha hermandad de la Soledad y que me unió en matrimonio con Gemma y bautizó a mi pequeña Claudia. Recuerdos imborrables de un Sábado Santo encantador junto con mil vivencias más de esas que se irán diluyendo con el tiempo dando paso a otras nuevas.
Y llegó el día contrario al primer Domingo de la Gloria. Domingo de Resurrección: día en que todo acaba a la vez que todo empieza. Me encanta la lasaliana hermandad y siempre digo que la Semana Santa acaba en Santa Marina y así es. La Resurrección pone fin y sentido a todo lo anterior por eso es la única gloria que se encuentra en Semana Santa. Desde el cambio de horario de esta hermandad no me quedo ya hasta la entrada pues debo volver a casa a media tarde y el viaje a Ciudad Real se me hace melancólico y triste. Este año la vi en el mismo sitio que al Señor de las Tres Caídas y a la Virgen de Loreto de mi admirada y esperada Hermandad de San Isidoro pero en sentido contrario. E iba de babero tanto el paso del Señor como el de la Virgen. El Resucitado subió del tirón la Cuesta del Rosario en una chicotá de escándalo que concluyó a los sones de Alma de Dios. Y la Virgen de la Aurora no iba a ser menos y su cuadrilla igualó la chicotá con un andar precioso y saleroso que hicieron las delicias de los que nos gusta ver un paso de palio irse alejando al compás de la música. Todavía me dio tiempo a ver el paso de Cristo en la Plaza del Cristo de Burgos y verlo revirar perdiéndose hacia Santa Ángela de la Cruz. Y ahí concluyó mi Semana Grande 2018. Plena, casi perfecta, para el recuerdo. Y yo abatido mentalmente y agotado físicamente. Buena señal como al principio decía. Y otra vez soñando lo vivido y esperando vivir lo soñado con la familia y los amigos. ¡Ahí quedó! Se acabó la Gloria. Comienza la cuenta atrás...

martes, 17 de abril de 2018

NIÑOS Y PEREGRINOS

Yo no sé quién disfrutó más, si los niños viendo la llegada de dos peregrinos a su cole o los dos peregrinos hablando del Camino a los niños. Lo que si sé es que todos disfrutamos lo que no está escrito. La historia comenzó cuando María Eugenia, amiga peregrina con la que coincidí en uno de mis múltiples caminos en el tramo de Sarria a Santiago por el Camino Francés (siendo el mismo la primera vez que ella recorría la Ruta Jacobea y aguantando mis monsergas de que el Camino más atrás es diferente y bellísimo), profesora en el Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel, me pidió si podía asistir un día al centro y hablar con sus alumnos del Camino de Santiago ya que era uno de los temas que se debían desarrollar en la docencia acerca de la Edad Media y lograr de los niños una motivación hacia el propio Camino. Serviría de estudio, de actividad y de animación a la vez. Yo, al ser autónomo, dispongo de ciertas libertades en mi horario laboral, libertades que luego me suponen trabajar un Domingo, un día festivo o hacer turnos de guardia de 24 horas, las cosas como son, pero libertades al fin y al cabo que me permiten amoldar mi tiempo siempre que el Juzgado no me lo impida, a poder escaparme de mi trabajo de abogados un Viernes por la mañana y hacer actividades como la que hice. Por eso acepté. Por eso, porque me lo pidió una amiga y peregrina, porque me sentí enormemente agradecido porque contara con mi persona para ello y porque los mayores beneficiados eran los niños. Estaba claro. Y allá que me presté.

Debía explicar mediante un teatrillo a los alumnos el por qué del Camino de Santiago, cómo surgió, como pervivió, por dónde pasa y cuáles son los principales caminos a día de hoy, de modo tal que los niños aprendieran todo ello y además llegasen a casa con la motivación de querer hacer ellos mismos el Camino. Y debía hacerlo con una ambientación medieval de peregrino antiguo y contarles también cosas de la actualidad. Así es que se me encendió una bombilla ilusionante. Mi padre había sido, como dice el refrán, cocinero antes que fraile, en el sentido que en realidad hubo sido maestro de escuela antes que abogado. Y además conoce el Camino igual de bien que yo. Era la persona idónea para explicar a los niños muchas cosas de la Ruta Jacobea. Así pues, iríamos los dos: él vestido de peregrino antiguo y yo de peregrino actual. Se lo dije a María Eugenia y le encantó la idea. En todos crecía la ilusión por la tarea a realizar. E insisto: los niños serían los verdaderos protagonistas. Estarían en su cole aguardando la llegada de dos peregrinos, uno del medievo y otro de los tiempos que corren, escucharían de ellos vivencias y aventuras y podrían hacerles preguntas, hacerse fotos con ellos y aprender muchas cosas de esos caminantes que aman y siguen las flechas amarillas...



Preparamos con mil amores las indumentarias precisas. De hecho yo mismo me llevé las mismas ropas que uso cuando hago el Camino, el sombrero, la mochila, las desgastadas botas y el bastón. A mi padre le hicimos con fieltro marrón un sombrero típico de peregrino de antaño con su vieira en el frontal, nos dejaron una capa marrón, un bordón con su calabaza y todo y un curioso bolso cuadrado y marrón hacía la suerte de zurrón donde los antiguos caminantes llevaban sus escasas pertenencias. Con algo de imaginación suplimos el resto de carencias en las vestimentas que pudiéramos tener y la alegría y el entusiasmo por la tarea encomendada hizo el resto. Improvisamos un teatrillo que contuviera de todo lo que había que explicar a los niños e ideamos un juego de intervenciones en los que los dos peregrinos nos preguntásemos el uno al otro cuestiones del Camino en la Edad Media y en los tiempos actuales para que, a la vez que los niños aprendían las diferencias y los distintos tipos de peregrinos de ayer y de hoy, fuesen aprendiendo también cómo ha ido evolucionando el Camino de Santiago y supieran que hay varios caminos que llegan a la mismísima Plaza del Obradoiro, conocieran la existencia de los antiguos hospitales y los albergues y cómo son hoy en día, supieran los requisitos necesarios para obtener la compostela y disfrutasen con algunas vivencias, experiencias y leyendas de la mágica Ruta Jacobea que puede seguirse incluso guiándose por las estrellas.


Lo mejor fue enseñar y explicar a los niños los valores del Camino y que centrasen su atención en recorrer el mismo por la experiencia y el aprendizaje y no por obtener la compostela. De hecho me reservé dos cuestiones importantísimas que sabe todo peregrino y que a su vez se aprenden en el Camino, con la esperanza de que alguno de los niños y niñas a los que tuve el enorme placer de hablarles lo descubran por sí mismos en algún tramo del Camino: que es mucho más bello recuerdo la credencial repleta de sellos de distintos lugares que la ansiada compostela y que el saludo más internacional entre todo peregrino es ¡Buen Camino! Parecen evidencias pero es precioso descubrirlo por uno mismo. Confío en que cuando realicen el Camino de Santiago ellos mismos aprendan a decir ¡Buen Camino! a todos y que disfruten del propio tránsito sin buscar en el mismo como objetivo el conseguir la compostela sino que bañen sus pies en las frías aguas de Ribadiso da Baixo, que coman cocido maragato en Astorga, que en plena subida a O Cebreiro en un mes de Agosto paren a refrescar su cabeza sin prisas en la fuente de la Faba, que recuerden con cariño Hornillos del Camino y su peculiar hospitalero y que conversen en un inglés improvisado y bastante erróneo con algún peregrino americano mientras bajan el Alto del Perdón...
Y espero que años después cuando revisen su credencial, detengan la vista en un sello de algún bar de un pueblecito por ahí perdido por Castilla y recuerden que el pincho de tortilla que se comieron allí fue un manjar en aquella calurosa etapa. Deseo que si algún día cuando hayan crecido han de hablarle del Camino a otros niños, como yo lo hice, no se lleven la compostela sino que se lleven credenciales llenas de recuerdos, como las que nosotros les enseñamos. Quiero que cuando esos niños que me miraban extasiados con los ojos bien abiertos y los oídos agudizados deseando escuchar más y más vivencias caminen siguiendo flechas amarillas, saluden con un cariñoso y entrañable ¡Buen Camino! a un peregrino del Congo, que no hable su idioma y que no lo hayan visto nunca jamás antes en su vida pero sepan que tan sólo es un peregrino de la vida más, igual que ellos. Quiero que a los pequeños que con tanto amor presté mi bastón, mi sombrero y mi mochila les haya inculcado el verdadero Camino: el de la vida. Sólo entonces la más bella etapa que he realizado obtendrá su compostela.
Dejad que los niños se acerquen a mí. Soy yo quien aprende de ellos.


 Gracias al Colegio Público Infante Don Felipe de Daimiel (Ciudad Real) 
y a su profesora María Eugenia 
por hacer posible esta preciosa etapa de un camino sin igual.

viernes, 6 de abril de 2018

MÁS DE 100.000 VISITAS

Jamás de los jamases imaginé que algún día haría un blog. Jamás de los jamases imaginé que me empeñaría en mantenerlo pues es parte de mí, de mis vivencias, de mis memorias y de mis sentimientos expuestos abiertamente a quien quiera leerlos y eso conlleva que pueda ser alabado o criticado. Jamás de los jamases imaginé que tanta gente leería mis líneas. Y jamás de los jamases imaginé que llegase a tener más de cien mil visitas en este humilde Rincón, en concreto 100.864 ahora mismo. Ya no sé si me abruma, me sorprende, me halaga o me asombra haber recibido tal número de lectores a mis entradas o si la sonrisa de bobo que asoma a mi cara es porque inconscientemente consciente he logrado el fin que propuse cuando construí el Rincón de mis Pasiones: disfrutar y hacer disfrutar. En todo caso, una sola palabra de siete letras es lo que soy capaz de expresar tras estos años y estas cifras: GRACIAS.

Todavía no sé como he caído en la obligación moral de mantener el blog por vosotros y no por mí, pero es maravilloso pues me hace sentir querido. Me explico. Si a alguien le interesa continuar con la libre expresión de sentimientos y el plasmar sus recuerdos en líneas es a mí, pues tiempo después me resulta precioso volver a releer algunas entradas y revivir los momentos que cuento en ellas y rememorar los sentimientos que se me despertaron en esas vivencias. Sin embargo sé que muchos esperáis alguna entrada en el Rincón para degustar conmigo el amor por las cofradías, compartir un chiste en torno a la hoguera en una romería, debatir de fútbol con sus más y sus menos, empaparos de mi enorme afecto al Camino de Santiago, simplemente leer alguna de las curiosidades, leyendas o historias que cuento de vez en cuando o disfrutar de esos ratos y cositas cotidianas que forman el más puro día a día y dan lugar a la historia de nuestra propia vida. Y como sé que lo hacéis, el leerme digo, porque así me lo decís y porque si no las famosas más de cien mil visitas no tendrían lugar, me siento en la obligación de mantener el blog, además de por mí, por todos vosotros que sois, como he dicho infinidad de veces, los que hacéis grande este Rincón. Soy consciente de que al escribir en un blog, como al principio decía, se abran al público mis narraciones y eso conlleve pros y contras pero viendo el respaldo obtenido me alegra el hacerlo y me anima a mantenerlo. ¿Otras cien mil visitas por delante? Vamos allá. Ya llegarán... Espero.

Y por ello mismo os debía esta entrada que gira en torno únicamente a daros las gracias por aguardar mis escritos, por leer los mismos, por visitar este espacio y por hacerme sentir que es útil. Es genial sentir respaldo a una empresa iniciada que no sabes cómo avanzará y, aunque el trabajo sembrado garantiza cosecha para uno mismo, se agradece la confianza del resto de agricultores. Bien está que el blog es por y para mí pero un blog sin público y lectores sería algo ridículo. Para eso escribiría un diario y no compartiría con vosotros mis líneas e impresiones. Y es por ello que aun sabedor de que el éxito de mi "periódico de internet" (como decía mi abuela) depende de mí mismo y lo que en él publique, sois vosotros quienes lo hacéis funcionar y lo mantenéis. Prometo seguir versando sobre cofradías, arte, cultura, fútbol y curiosidades de la vida en general. Prometo seguir ilustrando a mis vecinos en nuestras historias, tradiciones y costumbres. Prometo seguir contando aventuras del Camino de Santiago y amando al mismo en todo su ser. Prometo seguir expandiendo la Mancha y ser un Don Quijote coetáneo ejemplar. Prometo seguir manteniendo por mí y por vosotros el Rincón de mis Pasiones. ¡¡¡Gracias!!!

miércoles, 7 de marzo de 2018

DESCONTANDO DÍAS PARA LA GLORIA

"Todo pasa y todo llega, nazareno del Amor. La vida no es más que un seise al que le cambia la voz..." Esas palabras todavía flotan por el escenario del Teatro Quijano desde aquel pregón que se pronunciase y me dejase marcado que en la vida cofrade, como en la real, el tiempo pasa y no vuelve y hay que disfrutarlo paso a paso como buen costalero. Por ello cada Cuaresma como vengo haciendo desde hace ya años, descuento día a día los que quedan para la Gloria dando el pistoletazo de salida de la anhelada cuenta atrás el mismo Miércoles de Ceniza en el que quedan cuarenta días y cuarenta noches, pero ¡qué cuarenta días y qué cuarenta noches! Y, si bien, desde que llegase al mundo mi niña Claudia no puedo asistir a todos los eventos que quisiera por razones obvias y porque ella se merece todo el tiempo del mundo, siempre guardo para mí ratitos de esos que me gustan en los que el aroma a pregones, costales y ensayos se elevan como vaharadas de incienso dentro de mi ser. Y este año, por supuesto, no iba a ser menos. Y aquí ando "cuaresmeando", disfrutando de palabras salidas tras los atriles, de levantás potentes y de costales nuevos cargados de ilusión.

Y parece ayer cuando comenzó una nueva cuenta atrás y ya hemos consumido más la mitad de la misma. Apenas una veintena de días nos separan de la rampa eterna del Domingo de Ramos que da comienzo a lanzarnos, otra vez, sin fin ni escapatoria, a una semana que cuenta el tiempo al revés consumiendo a su vez una Cuaresma que ha sido preludio de esa misma Semana Grande que se convertirá, nuevamente y cerrando el círculo de nuevo, en el proemio de otra cuenta atrás que arrancará el Miércoles de Ceniza venidero. Y así sea per saecula saeculorum. Vamos, en román paladino, que para los cofrades no deje nunca de reanudarse el bucle que nos apasiona y enlaza Miércoles de Ceniza, Cuaresma y Semana Santa, sabiendo que para nosotros, los jartibles, es Cuaresma todo aquel día del año que no está dentro de la Semana Santa. Y aquí seguimos. Descontando días para la Gloria y saboreando las intensas vísperas y preludios que nos depositarán en ella.
En estas fechas mi agenda se aprieta y no faltan citas a ensayos, pregones, tertulias, diversos actos de culto y compromisos. Vuelvo a los micrófonos de Onda Cero Radio con el programa Paso a Paso, vuelvo a pasar Domingos enteros fuera de casa por tener ensayo de costalero por la mañana y por la tarde, vuelvo a robar tiempo a mi familia para asistir a eventos y vuelvo a jugar con la paciencia de mi mujer en estos cuarenta días que para ella son el año entero. Los jartibles somos así. Podemos estar en Agosto en la playa y andar con la toalla como si fueran las bambalinas de un palio. Eso sí, nunca, nunca, nunca dejamos de evocar momentos preciosos e íntimos ya ocurridos o soñar con los que están por venir. Para nosotros el tiempo consta sólo de dos fases: "Esto acaba de terminar" o "Esto ya está aquí". Y en ambos períodos hablamos de cofradías. "Esto acaba de terminar" sirve para revivir todo lo pasado y soñar con lo vivido y abarca los meses de Abril, Junio, Julio, Agosto, Septiembre y Octubre. Y conforme comienza a olerse la Navidad llegamos al "Esto ya está aquí" que sirve para desear lo venidero y vivir lo soñado y conlleva los meses de Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero y Marzo. Y es que esto (la Semana Santa) ya está aquí (y de verdad). Mirad el calendario y planchad la túnica que os pilla el toro.



Y mientras tanto yo a lo mío. A disfrutar, a escribir poemas, a soñar pregones y vivencias, a entrevistar a gente en la radio, a debatir sobre cofradías, a tomarme algo con los amigos en la Casa Hermandad, a charlar con mis capataces, a degustar y paladear el proemio de los días mágicos que están por venir, a soñar con perderme por las calles de Sevilla, a anhelar el bacalao con tomate, a cocinar espinacas con garbanzos, a preparar almíbar de torrijas, a encender carbón para el incienso, a escuchar marchas de palio, a desear el Domingo de Ramos, a aguardar el Miércoles Santo, a imaginar el bamboleo de la blanca túnica del Rabí, a disfrutar otra primavera con el Señor de la Bondad, a querer que la Salud y el Consuelo nos cojan de la mano, a preparar un nuevo Martes Santo de una manera que llevo sin gozar muchos años, a entregarme al tintineo de cinco verdes esmeraldas donde habita la Esperanza, a encogerme por el silencio y el frío de la Plaza de Gavidia cuando el Gran Poder vuelve de recogida, a comerme un cartuchito de adobo o dos de la Freiduría La Isla, a coincidir donde siempre y con los de siempre en la esquina de Zaragoza con Doña Guiomar y a terminar toda la vorágine repetida y deseada en las puertas de Santa Marina. Y, por supuesto, a inculcar a mi hija los valores y la felicidad de ser cofrade y a inundarme de su carita de inocencia cuando ve la pasión de su padre. ¡¡A la Gloria!! Ya queda poco...

lunes, 12 de febrero de 2018

LEYENDA DE CASA LABRA

Hace algún tiempo, en uno de los viajes que me surgen a la capital del país, descubrí un lugar de solera que seguramente sea bien conocido por muchos pero que yo ignoraba de su existencia: el bar-restaurante Casa Labra. Me sorprendió hallar junto al Corte Inglés de la Puerta del Sol una taberna más que centenaria que esconde en sus muros una verdadera leyenda, una historia real que, esta vez, es desconocida para mucha gente. Y es que las cosas son como son. Casa Labra es muy conocida desde hace muchos años por sus sabrosas tajadas de bacalao, especialidad del lugar, de las que se dice que son las mejores del mundo. Pero no es tan conocida (aunque también debiera) por ser un sitio íntimamente ligado a la historia política de nuestro país. Así es, en Madrid, calle Tetuán Nº 12, llevan sirviendo tapas de bacalao desde el año 1860 y eso perdura y son muy famosas. Y en ese mismo lugar, en el año 1879, se fundó "clandestinamente" el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Y este dato muchas personas lo desconocen y mientras degustan una tapa de pavías de bacalao o atún con tomate ignoran la historia que los contempla y no saben que están en un lugar protagonista de la propia historia política de España.

La taberna conserva tanto en su fachada como en su interior la decoración de hace más de un siglo y mantiene, a la vieja usanza, el servicio separado, de modo que la comida se pide a través de una especie de taquilla con mostrador y la bebida en la barra. No dejan de salir de la cocina tajadas de bacalao frito, croquetas también de bacalao y buenos platos de tacos de atún. Y de beber sirven cañas de cerveza, vino de Valdepeñas y un exquisito vermú de grifo. Es de reseñar un gran espejo de época donde se aprecia una leyenda que reza "El que bien bebe hace lo que debe" cuyo mensaje ha de ser interpretado como la obligación de abonar lo consumido. En el interior del local existe un comedor donde se sirven "las recetas más clásicas de bacalao junto con alguna más innovadora". Y en cuanto a la decoración estrictamente dicha se aprecian mesas de mármol, mostrador de cinc, ventiladores en el techo, lámparas de la abuela y un aspecto generalizado intacto de hace más de ciento cincuenta años. En la fachada conserva la decoración estética que siempre tuvo.


Casa Labra es entrañable puesto que de más de las 1.500 tabernas que hubo en Madrid en aquellos tiempos, ésta ha pervivido y se ha mantenido prácticamente intacta hasta nuestros días. En sus servilletas puede leerse la historia de esta más que centenaria taberna. El texto dice así: "Estimado cliente: Existían más de 1.500 tabernas en Madrid en el año 1.900 para una población de 840.000 habitantes. Sólo en esta calle de Tetuán junto a Casa Labra éramos tres tabernas. Madrid nos ha premiado y la historia nos contempla. Hoy en día apenas somos una docena para dar testimonio de una cultura y una forma de vida tradicionales de esta villa y corte y que constituyen una gran parte de las señas de identidad de esta acogedora ciudad que es el Madrid de todos los españoles. Gracias. Bienvenido a ésta tu casa. Teresa Hernández". Cuando llegas al local y ves a los ciudadanos de hoy en día en un áurea fielmente conservada aprecias una curiosa escena. La gran mayoría del público acude al reclamo del bacalao, sobre todo en barra y en las mesas altas que se instalan a pie de calle, pues lo que es el comedor cuenta con escasas mesas que se encuentran entre paredes forradas de madera y espejos donde se pueden comer delicias gastronómicas de las de siempre: grandes tortillas de patata, suculentas raciones de callos a la madrileña, colmados platos de rabo de toro y postres que no fallan nunca como son las torrijas, las tartas de queso y el emblemático chocolate con churros. 

Y, por supuesto, el hálito histórico político que allí radica. En Casa Labra se han alcanzado grandes acuerdos, se han firmado importantísimos contratos y se ha fundado uno de los principales partidos políticos de nuestro país. Dice la leyenda que en un tiempo en el que los trabajadores no disponían de los derechos de libertad de reunión y asociación, se juntaron en esta taberna un grupo de ellos y, con Pablo Iglesias (el de verdad, las cosas como son) a la cabeza y Benito Pérez Galdós, fundaron el Partido Socialista. Se habla de que se hizo en clandestinidad por la ausencia que había de los derechos antes mencionados de cara a los trabajadores, pero por aquellos tiempos la práctica habitual para originar una tertulia, un debate o crear cualquier "asociación" era juntarse en una taberna. Ejemplo de ello es que también en Madrid, en aquel entonces, concretamente en el conocidísimo Café Gijón que abrió sus puertas en 1888, se juntaban a debatir en animadas tertulias grandes personajes como Ramón y Cajal, Pío Baroja, Ramón María del Valle Inclán y, nuevamente y también entre ellos, el propio Benito Pérez Galdós, quienes, como no eran trabajadores estereotipados no levantaban esas "sospechas" de "reunión ilegal".

Lo cierto es que en esta ocasión la leyenda está contrastada y es real. Es historia verdadera que en Casa Labra se produjo la base y fundación del PSOE, seguramente entre el olor a su característico bacalao frito. En la fachada se encuentra una placa que un siglo después conmemora dicho hito histórico y menciona que el 2 de Mayo de 1879 se fundó en aquella casa el Partido Socialista Obrero Español. Así es que ya sabéis, cuando vayáis a Madrid por cualquier motivo, o si queréis adrede por conocer un rincón de nuestra historia, acercaros a Casa Labra, muy cercana a la Puerta del Sol. Disfrutaréis de un lugar íntimamente ligado a nuestro país, a su gastronomía y a sus costumbres que se mantiene prácticamente igual desde que vio la luz. Os trasladaréis a otra época y os sentiréis partícipes de nuestra propia España. Disfrutad la visita y, por supuesto, probad el bacalao. Y el vermú también. ¡Hasta otra!

martes, 30 de enero de 2018

VENTA DE BORONDO

En el corazón de la Mancha, al sur del término municipal de Daimiel, cerca de Bolaños de Calatrava, en un singular cruce de caminos y en pleno despoblado de los Campos de Ureña, se encuentra una auténtica joya patrimonial que tomó su nombre del personaje daimieleño Diego López Borondo. Se trata de una venta cuya construcción del siglo XVI aún se mantiene en pie y cuya singularidad radica en que es la única que, a la vista de los campos llanos de la Mancha, se vislumbra desde la lejanía gracias a su torre emblemática. Seguramente fue en la que se inspiró Don Miguel de Cervantes para escribir su obra más universal y en la que se desarrolla el capítulo en que Don Quijote veló las armas y fue nombrado caballero. Este singular enclave, sin embargo, es desconocido para muchos castellano manchegos y, aún habiendo sido declarado Bien de Interés Cultural, no ha gozado del amparo que debiera por parte de las administraciones públicas, encontrándose en la actualidad en un estado ruinoso que hace que pueda desplomarse para siempre un monumento histórico-cultural y parte de un patrimonio irrecuperable. Con ustedes, la Venta de Borondo.


Yo la conocí haciendo rutas de senderismo. Cual Quijote la vi en lontananza y a ella llegué buscando posada que en mi caso era descansar un rato, comer algo de fruta y echar un trago de agua. Nada sabía de su historia, ni de los secretos que sus muros guardan, ni del áurea cervantina que se esconde en sus moradas, ni del patio empedrado donde se velasen las armas. Y ya me atrajo. Y me puse a indagar sobre esa construcción de mi tierra y su historia. Y descubrí mucho acerca de ella. Y mucho más aún desde que tuve la suerte de contactar con la Asociación Cultural Venta de Borondo y Patrimonio Manchego que nació en torno al sueño de restaurar la misma y a la que, a día de hoy, pertenezco y me entrego lo que puedo. Aunque parezca increíble que una joya de tal calibre pase desapercibida para la gente, es cierto que muchas personas han comenzado a saber de la Venta de Borondo desde que la Asociación y algunos manchegos puramente arraigados hemos empezado a expandir su nombre y a concienciar sobre la misma. No es moco de pavo que una construcción del siglo XVI se mantenga en pie pese a su mal estado actual y sea vivo ejemplo de las típicas ventas que antaño poblaban los campos de la Mancha, máxime cuando ésta en concreto pudiera ser, sin problema alguno, una de las que realmente conoció Cervantes y en las que pernoctó alguna vez cuando era recaudador de impuestos por la zona.
Detalle de la torre de la Venta
Sobra con estudiar un poco su localización y su historia para darnos cuenta de que no es ninguna locura quijotesca el pensar con tanto cariño en ella. La Venta, así se ha constatado, se enclava sobre restos de época romana en un cruce de caminos de especial relevancia: el Camino de las Carretas y el Camino Real de Alicante a Ciudad Real. A quien no conozca dichos caminos un par de datos lo ilustrarán bastante. El Camino de las Carretas va uniendo puntos de singular importancia desde hace siglos. Basta decir que si salimos andando por el mismo desde la Ermita de la Virgen de Alarcos, pasaremos por el Santuario de Virgen de las Cruces, por la propia Venta de Borondo, por la desaparecida Ermita de la Virgen de Ureña, llegaremos a la Ermita de la Virgen de Fátima en Alhambra y el camino seguirá su curso uniendo curiosos lugares de los que, religión aparte, emanan fuerzas telúricas por algún motivo ignoto. Y en cuanto al Camino Real de Alicante a Ciudad Real, decir que ciertamente une ambas ciudades desde hace varios siglos, que era de los más transitados en la época puesto que recorría España de Este a Oeste, sirviendo la Mancha como punto neutro para enganchar otros caminos que bajaban al Sur dirección a Andalucía (pues antes de que se abriese el Paso de Despeñaperros había que cruzar Sierra Morena), al Norte dirección Madrid e, inclusive, siendo el mismo uno de los ramales del Camino de Santiago que termina en la misma Plaza del Obradoiro. Dicho camino era vía comercial paralela a la antigua calzada romana que recorría Sierra Pelada, a cuyas faldas se encuentra la Venta de Borondo, de obligado paso para todo aquel que por aquellos siglos del XVI al XX se movilizase por la zona, con especial mención al tránsito que había hacia Almagro que era la capital económica del Campo de Calatrava. Vamos que la Venta no se hizo por hacer en un descampado llano perdido por Castilla la Nueva, sino en un enclave que todo viajero que cruzase España transversalmente tuviera que pasar por ella y localizarla desde la distancia con facilidad. Alcanzó su máximo esplendor en el siglo XVII y en la actualidad se encuentra en muy mal estado y amenaza derrumbe inminente. Y repito y tomen nota aquí de nuevo: está declarada Bien de Interés Cultural. Incomprensible su estado a la fecha. El caso es que desde la creación de las nuevas carreteras y con la paulatina desaparición de la trashumancia, los caminos que a ella conducen, aunque no perdieron su importancia y ambos se mantienen tal cual estaban trazados, sí que perdieron casi la totalidad de su tránsito y con ello, evidentemente, comenzó la decadencia de la Venta de Borondo que se vio separada de las grandes vías de circulación. Y es curioso, cuanto más decae la misma más crece su leyenda. ¡¡Salvemos Borondo!!

Patio interior de la Venta de Borondo
Su construcción es la típica de las antiguas ventas en las que hallaba "parada y posta" tanto el caminante y el comerciante, como el viajero y sus animales, contando entre sus muros con varias dependencias en torno a un patio central repartidas en dos alturas y un torreón en una de sus fachadas laterales. Cuenta con todo tipo de alcobas para distintos huéspedes que se clasificaban según su nivel económico, corrales, cuadras, pajares, establos y diversas cocinas de gañanes con chimeneas y hogariles. Y posteriormente se anexionaron otras construcciones. No cabe duda que sus muros rezuman historia, curiosos acuerdos de pernocta para los pastores y miles de vivencias. Todo ello le da un nivel de romanticismo histórico que merece la pena mantener y más todavía para los que estamos plenamente enamorados de nuestras raíces, nuestra historia y nuestro patrimonio que tanto habla con sólo ver su tipo de construcción, preparada para sobrellevar de la mejor manera posible el asfixiante calor del verano y el cruel frío del invierno que se dan en la Mancha. Hay que tener muy en cuenta que otras ventas han sido modificadas y reformadas para seguir manteniéndose pero ésta se conserva fiel a su origen primitivo, lo que la hace un ejemplar único de estudio y del que se extraen claras ideas de cómo se construían estas edificaciones en los tiempos de atrás. Os animo desde ya a que contactéis con la Asociación (si queréis a través mía) y a visitar la Venta y su entorno. Todos los primeros fines de semana al mes organizamos visitas guiadas. ¡Apuntadlo! Es una bonita y enriquecedora experiencia que no os dejará indiferentes. Repito: ¡¡Salvemos Borondo!!


Y os gustará más aún si ya habéis indagado algo al respecto y tenéis ganas de conocerla y visitarla. Terminaréis, igual que yo y otros tantos, plenamente convencidos de que fue el lugar donde realmente Don Quijote veló las armas y fue nombrado caballero. Y no lo digo por decir y profundizo ya en el asunto. Está estudiado. Veamos. Desde el siglo XVIII comienzan diversos autores a decir que la Venta de Borondo es a la que se refiere Miguel de Cervantes en su obra cuando habla de la primera salida del ingenioso hidalgo, por lo que sería la primera venta que se menciona en la novela. Esa afirmación se mantiene inalterada por otros autores del siglo XIX y del XX. Y tiene su por qué y su fundamentación. Cuando Don Quijote abandonó el Campo de Montiel (abro paréntesis aquí para indicar que posiblemente según los últimos estudios el "lugar de la Mancha" fuese Villanueva de los Infantes), cabalgó desde el alba hasta el anochecer, siendo en ese momento cuando decidió tomar descanso. Bien, por aquella época, cabalgar, como es el caso, durante una jornada completa equivale a recorrer entre 45 y 60 kilómetros. Y Don Quijote cabalgaba siempre hacia poniente que era donde ocurrían todas las aventuras de los libros de caballerías, dato igualmente contrastado. Reitero que está todo estudiado y no son cosas mías. Pues, qué casualidad, que si se sale del Campo de Montiel y se recorren a caballo entre 45 y 60 kilómetros con dirección hacia poniente sólo se llegaría al anochecer a dos posibles ventas: la de Puerto Lápice o la Venta de Borondo. Y si seguimos desgranando el texto de Cervantes veremos que dice que donde llegó nuestro protagonista es a una venta como salida de la nada que confundió con un castillo. La venta de Puerto Lápice, de acuerdo a los datos topográficos ya existentes en tiempos de Felipe II, se encontraba dentro de la propia aldea y rodeada de casas y población pero, sin embargo, la Venta de Borondo estaba tal cual está: en mitad del campo y solitaria.
Por todo ello, la distancia entre el Campo de Montiel y la propia venta, por su orientación y por su situación aislada es prácticamente seguro que es a la que se refirió Cervantes en su gran obra, quien, por cierto y como antes adelantaba, casi con toda certeza la conoció personalmente y en alguna ocasión dormiría en la misma. Estoy plenamente convencido de ello tras haber investigado y contrastado todos los datos obtenidos: Don Quijote de la Mancha veló sus armas y fue nombrado caballero en la Venta de Borondo, aquella que "vio no lejos del camino por donde iba y que a él le parecía castillo". Interesante, ¿verdad? Hay que mantenerla viva como sea.

Podría daros muchos datos y detalles más, pero hay gente mucho más preparada y sabia que yo para ello. Así es que solo espero que quien haya leído estas líneas y haya sabido por primera vez algo de tan singular enclave, haya disfrutado de ello y aprendido un poquito sobre mi querida venta, se le haya despertado el gusanillo por querer conocerla y visitarla y, sobre todo, hable y difunda su existencia ayudándonos entre todos a concienciar sobre la importancia que tuvo y tiene este monumento catalogado, de lo que significa su riqueza patrimonial para nuestra tierra y de su necesaria reparación urgente para que no se desmorone y caiga en el olvido una construcción que tiene siglos de historia muy ligada a la más pura esencia de la Mancha. ¿Hace falta que lo diga de nuevo o ya lo sabéis? Quijotes y Dulcineas: ¡¡¡Salvemos Borondo!!!